Literatura






Madrid.- 12 de junio de 2026


Emocionante homenaje a Alicia Llarena en Madrid

La Delegación del Gobierno de Canarias en Madrid acogió el lunes lunes, 8 de junio, un homenaje a la escritora Alicia Llarena, protagonista del Día de las Escritoras 2025. La iniciativa forma parte de las acciones del Gobierno en el marco de la Feria del Libro de Madrid, donde este año las islas han contado con caseta propia, con el fin de divulgar las letras canarias más allá de la barrera insular.


Al acto asistieron la consejera de Universidades, Ciencia e Innovación y Cultura del Gobierno de Canarias, Migdalia Machín, y el viceconsejero de Cultura, Horacio Umpiérrez. Machín destacó la proyección universal de la literatura canaria y el papel desempeñado por Alicia Llarena en la difusión de la cultura del archipiélago. “La insularidad nunca ha sido un límite para el pensamiento ni para la creación”, afirmó la consejera, quien subrayó además la necesidad de reivindicar el lugar de las escritoras en la historia cultural de Canarias.

Por su parte, Umpiérrez destacó de la última protagonista del Día de las Escritoras “su capacidad para conmover al público a través de su obra» y confesó que “volvemos a sentirnos emocionados al escucharla”.

La música y la poesía fueron los ejes de un acto que combinó la lectura de una selección de sus poemas, con la intervención artística de la actriz Sara Álvarez y el músico Yul Ballesteros, bajo la dirección de Nacho Cabrera, al frente de Teatro La República y Crescénica, quien articuló una propuesta para poner en valor la trayectoria y el universo creativo de la escritora.



Feria del Libro de Madrid- Del 29 al 14 de junio

NOTICIAS Y TIPS

Les estaremos informando, todas las novedades y noticias que acontecen en esta 85ª edición de La Feria del Libro de Madrid, como uno de los eventos culturales, mas importantes de España.

Programa: 12 de junio 2026

*Del error al humor (Desde el ajedrez)
17:30 a 19:00-Espacio Talento a Bordo

*Escritores en Letras de Costa Rica: Un puente literario entre Costa Rica y España

17:30 a 18:30-Pabellón Iberoamericano- Adultos

*Contamos, reímos, cantamos y bailamos(cuentacuentos para bebés)

17:30 a 18:30-Pabellón Infantil

*Presentación de la 'Antología de cuentos taiwaneses contemporáneos' y 'Antología de la poesía taiwanesa contemporánea'

18:00 a 19:00-Taller de Ideas Biblioteca Eugenio Trías

* Taller ‘Escribir humor’ con Dario Adanti

18:30 a 20:30-Sala Polivalente Biblioteca Eugenio Trías

*Lo raro es la vida: entre la conspiranoia y las fake news con Ignatius Farray, Clara Jiménez y Noel Ceballos

18:30 a 19:30-Pabellón CaixaBank

Revolver las palabras: el humor en la poesía con Berta García Faet, Carlos Pardo, Laura Chivite y Luis Chaves

19:00 a 19:45- Pabellón Iberoamericano-Adultos

Programa: Sábado 13

*Más allá de la épica: el humor como alma de la fantasía con Alba Zamora, C.A. Todorova y Raquel Villamil

12:30 a 13:30-Pabellón CaixaBank-Juvenil

*Presentación 'Bajo este cielo abierto'

12:30 a 13:30-Salón de actos Biblioteca Eugenio Trías-Adultos

Continuar con mas horarios y fechas en este enlace:


Madrid.- 11 de junio de 2026


Ana María López Expósito





Mito de la Diosa del Amor

Rita Hayworth (Margarita Carmen Cansino, era hija de un bailarín español sevillano. Desde muy pequeña recibió clases de baile) era un cóctel de emoción, música y ante todo imagen condensada en un primer plano. Me atrevo asegurar que ella tenía la capacidad para declamar personajes y encarnarlos con tal intensidad que trascendía la historia. Podría decirse que interpretaba con maestría a la femme fatale, pero nunca fue un arquetipo plano. Lo cierto es que la convirtieron en un símbolo de la maquinaria de sueños de Hollywood, a pesar de que en pantalla era fuego; fuera de ella, una mujer marcada por la inseguridad y el peso de la fama, aspecto en el que pocas veces reparan los espectadores, todo esto debido a su ajetreada vida personal y familiar. Su propio padre la obligó a que mantuviese relaciones sexuales con él, una experiencia traumática. El crítico e historiador James Agee subrayó que su presencia era “hipnótica”, pero también apuntó que Hollywood tendía a encasillarla en papeles que explotaban más su imagen que su talento dramático. Me cuesta poco imaginar un diálogo en la película de Gilda con tintes de cante jondo: Él: —Te quise como se quiere al fuego… sin saber que quema. Ella: —Y yo te di candela, pa’ que no me olvidaras…y me convertí en ceniza. Él:—No pude apartarte de mi mente, en estos años. Ella: —Ni falta que hace…si el olvido no canta como canta mi pena. Él: —Clavada en la copla queda tu voz…. Su formación como bailarina se tradujo en una gestualidad fluida. Su mirada profunda, rostro, facciones delicadas parecían diseñadas para el claro-oscuro. Según la Wikipedia se destacaba de todas formas por la sensualidad de sus movimientos, su aspecto provocativo, su extrema belleza y su habilidad para el baile —era especialista en ballet, tap, baile de salón y danzas españolas. Apareció en 61 películas en total a lo largo de 37 años y la prensa acuñó el término «La diosa del amor», a su vez, la convirtieron en el símbolo cinematográfico más elegante de la época. Sus raíces sevillanas me inspiraron estas letras:

RITA, AROMA DE SOLEÁ

Sevilla te rememora, /con voz clara fuego-sangre, /tierra lejana con

clavel. /Mujer, tus días de gloria/en los espejos del cine:/brillo rojo

eres cartel. /Difuminan los retratos, /raíces del cante jondo, /se te

queman como incienso. /Rita Hayworth, la gardenia/del olvido te

despoja:/Gilda llora en silencio. /No hay ni vestigio ni sombra/de

aquel guante que posaste/en la mano de un silencio. /Sí, al dorado de

los focos, /piel morena prisionera/tu alma es leyenda fiel. Rita siempre

fuiste luz del deseo, donde el amor era un juego, mujer misterio,

Margarita de nostalgias. Frágil tu eternidad, hoy tu imagen aún arde en la 

memoria del tiempo como un verso que navega en cenizas de oro y viento.

*Ana María López Expósito, (Almería) es maestra, novelista, poeta, prologuista, articulista, ponente y guionista. Pertenece a la directiva de la Asociación de escritores “Sábados Poéticos” ”La nueva Barraca” de España, Coordinadora de la revista América sin Fronteras.Ha escrito varios libros, entre novelas y poemarios. Y ha obtenido también, numerosos premios literarios nacionales e internacionales.


 Gastón Segura

Ferrera o la dignidad recuperada

La indigna pasividad demostrada por los grupos parlamentarios que tanto conforman como sostienen al gobierno ante el torrente de escandalosos indicios y otras pruebas palmariamente delictivas, con que las investigaciones judiciales han ido sobresaltando, durante estas últimas semanas, a la nación, sumadas a las boberías argumentadas, tras cada escándalo, por señalados ministros e incluso por su cada vez más aborrecido presidente, han ido esparciendo entre los ciudadanos —quizá, con más hondura, entre sus antiguos simpatizantes— un íntimo y desolado sentimiento de desdicha patria. No es algo nuevo por estos parajes; básteme recordar aquella terrible sentencia de Cánovas del Castillo de «español es quien no puede ser otra cosa» o la culpable asunción, durante centurias, de esa tergiversación siniestra llamada la Leyenda Negra, por señalar algunos socorridos ejemplos. Pero en este instante, a un paso de introducirnos en la Galaxia Digital, que supondrá, según síntomas, una nueva era para la humanidad, cuesta creer el retorno de esta amarga verecundia nacional; pero es así, o así lo percibo. Y en absoluto por leerlo en los más ecuánimes comentaristas periodísticos, sino por escuchar al vuelo en este o aquel comercio, o durante la espera de un semáforo, o entre la cola del autobús: «¡qué vergüenza!; ¡esto en Europa no pasa!»

Y con este agrio runrún entre pecho y espalda me senté, hace un par de domingos, en uno de esos tendidos entre sol y sombra, para abstraerme con la envestida de los ariscos e infatigables saltillos de Adolfo Martín; tal vez la ganadería que, por algunas variadas y hasta sorprendentes vicisitudes, más haya contemplado lidiar —ojo, porque a estos toros se los lidia; lo de torearlos ya es un anhelo de cuadrillas y público escasamente cumplido— en Las Ventas.

Entre mis vecinos de asiento aún se comentaba la elegancia dejada, hacía ocho días, por Sebastián Castella, con el cuarto de Victoriano del Río, la faena, hasta esa tarde, de la isidrada. Pero he aquí que no siendo de la misma índole nos aguardaba el prodigio y por partida doble.

La cosa comenzó según se adivinaba cuando se trata de los adolfos: una sucesión de duelos entre el pavor y la astucia. Tal lo cumplió Volador al abrir corrales, quien salía de cada pase sacando del cacho a Antonio Ferrera; incluso diría que quién toreaba era el toro, codicioso de cada terreno y a cada momento más avisado y buscador del bulto. Como quiera que lo del engaño no regía para él, aquello acabó con tres pinchazos y una media al borde de atravesada. Y eso que si alguien está ducho con los cárdenos de Adolfo Martín, es Ferrera, que se encerró, aquí mismo, con seis de ellos en octubre de 2021.

De modo que todo transcurría según lo previsto: más peligro y susto que detalle y exquisitez. Y el tercero cumplió con cuanto se pronosticaba y empitonó, durante un triple revolcón, a Paco Ureña. Con el grito en los tendidos y alzado por su cuadrilla, Ureña se resistió a dejar el ruedo, y aun sangrando por el muslo izquierdo, se despachó con una media estocada y descabello para, contra su cojera, cruzar los medios hacia el portón de la enfermería, solo y admirable. Aquel gesto de hidalguía cambió la tarde. Así lo sentía el público atiesando la compostura, y así lo entendió también el maestro de lidia, Antonio Ferrera. Ahora le tocaba demostrarlo si el cuarto se lo permitía. Y se lo permitió o lo derrotó, pero no en un poder a poder pericioso y temerario; al contrario, con tres tandas de muleta de mano baja que exaltaron a la plaza y una fulminante estocada recibiendo, que puso al respetable en pie. Hubiesen caído no una, sino las dos orejas, de no mediar un pinchazo previo.

Pero a Ferrera aún le quedaba poner la plaza boca abajo; sería con el sexto, el segundo de Paco Ureña, herido y en el quirófano. Lo recibió con verónicas apremiadas que apuntaron que había faena, y Ferrera, para asombro de la concurrencia, pues no se conocía tal en Las Ventas, tomó la montura del picador y le arrimó las dos varas para sublevar el entusiasmo en la grada y, sin receso y de un salto, todavía alcanzó a sacarle tres chicuelinas antes del cambio de tercio; aquello fue el acabose. Para que el fervor no decayera, le brindó el toro al ausente Ureña y se fajó —está vez, sí— en un poder a poder sometedor y esforzado, hasta que llegó el momento de la espada. Fue en los medios y concediéndole mucha distancia al grisote de Adolfo Martín para clavarle, sobre el trote, una estocada cumbre y de nuevo recibiendo. La plaza desbaratada y en pie, la segunda oreja en la talega y la puerta grande de par en par.

Y al pisar la acera, entre aquellos rostros entusiasmados, tras haber revivido con un toreo sin remilgo de truco y con el valor por delante, me di cuenta que Antonio Ferrera nos había devuelto, al menos a quienes lo presenciamos, una porción de esa dignidad burlada, con un descaro bochornoso y una pachorra abyecta, por toda esa tropa de diputados. ¿Y acaso merecen tal magistratura quienes eluden su deber con el pueblo y con sus propias conciencias? En efecto; penosa cuestión que hoy sobrevuela España, ante la que el triunfo de Antonio Ferrera no resulta, a pesar de su modélica honradez, sino un fugaz consuelo.

Artículo publicado por el "Imparcial" el lunes 08 de junio de 2026

*Gastón  Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.



Ricardo Gil Otaiza 

La ingente tarea del Ser

El lector hallará aquí a personajes diversos, extraídos de múltiples flancos y contextos, del ayer y del presente, y todos ellos confluyen, desde sus perfiles y aportes, en una suerte de amalgama dialéctica

Leí hace pocos días un libro interesante, que me ha dejado inquieto, porque es de esas obras que guardan en sus entrañas más de que lo que muestran o entregan de manera explícita, se trata de En busca de los hombres. Ante los ojos de la historia (Vía Directa Ediciones, 2026), de Roberto Carlos Mirás Mirás, y si quisiera transmitirles con certeza y precisión de qué trata, creo que con el epígrafe que trae me bastaría: “Hay tres grandes misterios de la vida. Para el pájaro, el aire. Para el pez, el agua. Para el ser humano, él mismo” (Dicho tradicional budista).

En otras palabras: este libro trata del papel del ser humano en la historia, así pues, Mirás se da a la compleja tarea de buscar aquí y allá todo aquello que lo lleve a intentar comprender a su objeto de estudio, pero no se contenta con detenerse en lo obvio, o enfocarse en lo que está en la cubierta, o en lo que yace ante nuestros ojos, sino que echa mano de la religión, de la filosofía, de la sabiduría ancestral y hasta de la teoría ovni y extraterrestre, para cumplir su cometido, y su foco es, precisamente, su mirada plural, multidisciplinar y, si se quiere, caleidoscópica (aunque a veces necesariamente maniquea): indaga en todo aquél (o aquello) que haya dado su aporte a una humanidad muchas veces desconcertante y cruel, y que este legado deje en cada uno de nosotros esa inquietud de la que hablaba en el primer párrafo y nos empuje a llevarnos la mano al mentón, detenernos por instantes a reflexionar, hurgar en nuestro interior y proseguir en la búsqueda.

Por supuesto, muchos dirán que un título taxativo como En busca de los hombres, está desfasado, en un mundo en el que lo genérico se disgrega para otorgarle a la naturaleza humana una pluridimensionalidad que va más allá de la sexualidad y de las formas, pero entiendo que el autor no desea caer en la dicotomía hombre-mujer, que hoy no es tal y se hace “líquida” (para usar un vocablo de moda), y se pierde en un sinnúmero de gradaciones que harían ininteligible un discurso que pretende ser certero o aproximativo a la realidad primigenia del Ser, hoy agotada desde miradas que solo buscan congraciarse y hacerse pertinente en un “ahora” sin sustancia y sin esencia, y que amenazan con la disolución total.

Estos “hombres”, que son entendidos por el autor como influyentes, han empujado la historia hasta nuestros días, y es por ello que en estas 274 páginas aparecen y desaparecen nombres, nociones y hechos y no hay, a mi entender, un continuum, ni mucho menos un orden clásico en la estructura del libro (amén de los capítulos), sino que su estructura es aleatoria y propia, algo así como un caos cuyos choques de partículas traen consigo reflexiones, muchas de ellas ya conocidas, otras menos expuestas, pero que intentan despertar en el lector unas ansias que vayan más allá de lo meramente anecdótico y retórico, para hacerse en sí mismas puntos de partida para un pensamiento propio, que congregue y disgregue a la vez, que impele a seguir el derrotero, que busque más allá de lo aparente para adentrarse en la densidad del existir.

El lector hallará aquí a personajes diversos, extraídos de múltiples flancos y contextos, del ayer y del presente, y todos ellos confluyen, desde sus perfiles y aportes, en una suerte de amalgama dialéctica, en la que la contradicción suscitada desde el haz y el envés de cada uno de ellos, haga de la parte un todo y del todo la parte, y que tal ejercicio del intelecto y la razón (sin más, filosófico) nos permita la reflexión ontológica, la comprensión profunda de la existencia como noción multiforme, que empuja nuestro derrotero hacia ámbitos sapienciales que nos humanizan en una dinámica de transformación histórica.

Tal ejercicio (frenético y muchas veces desaforado y oceánico), suma en cada uno de nosotros atisbos de verdad que anhelan sabiduría, y desde esta posición el conocimiento se hace más certero, porque trae consigo el cotejo entre lo físico (como realidad posible) y lo inasible (como realidad anhelada), lo profundo y lo que está a flor de piel, y por este contraste, que no resulta nada fácil para la mente no organizada, acostumbrada a recibir todo desde afuera sin pasar por un tamiz, se estructura una obra inclasificable, fuera de todo precepto, que puede ser leída sin la prosecución tradicional de comienzo a fin, sino que, como en una suerte de oráculo, que contiene pistas que nos llevan desde un eje aglutinador espiritual-mental-intelectual a la búsqueda del hombre (que es en sí misma la del Ser), podamos acceder desde cualquier punto sin perdernos del contexto.

Por estas páginas, que conjuntan múltiples referencias y lecturas, se pasean personajes tan icónicos como Jesús de Nazaret, y otros más antiguos aún (los filósofos griegos), pero estas cumbres no son más que meras excusas para dejar ver la aspiración humanista del autor (y esto no es retórica: Mirás echa mano de la historia, la religión, la filosofía, la literatura, la geopolítica y la cultura con una ambición y una naturalidad que llaman poderosamente la atención), su sed de comprensión de la existencia y sus ansias de completitud en el ahora, nos invitan sin orden ni concierto, y con un lenguaje diáfano, a reflexionar sobre la vida y sus circunstancias, a entender que somos más que meros caprichos de la genética y la evolución, sino también seres ganados a un infinito, que luce muy lejano, transijo, pero que desde la apertura de los sentidos, de la mente y del espíritu, podamos aspirar a la ingente tarea de ser más de lo que estamos llamados a ser.

*Escritor y académico venezolano

rigilo99@gmail.com

 

 

Gabriel Jiménez Emán

Algunos textos breves de Franz Kafka

(En otro aniversario luctuoso de Kafka)

“La construcción” es sencillamente la descripción de un laberinto: pasillos, galerías, rincones, habitaciones de un inmenso edificio donde siempre hay alguien cavando; la construcción de un espacio siniestro para perecer de inanición; el proceso de edificación del monumental edificio revela su propio sinsentido: llegado un momento se tiene la sensación de que la obra jamás fue instalada con vistas a la defensa, mejor dicho, “la atención se temía pero el peligro del ataque y por tanto la preparación de la defensa parecían lejanos.” Uno de los trabajos más laberinticos, absurdos y hostigantes de Kafka, donde la sensación de nada o vacío se instala en el relato de un modo casi intolerable.

Lo opuesto al anterior relato en el sentido de construcción lo tenemos en “La muralla china” donde se registra de modo pormenorizado cómo fue y a qué respondió la mayor edificación que se ha llevado a cabo en la humanidad en toda su historia; en efecto, se trata de un relato magistral donde Kafka no parece dejar nada por fuera; el estudio histórico que realiza, a la par de su seguimiento de ingeniería, esfuerzo humano, significación cultural, portento bélico y táctico, metidos en un texto donde se lleva a cabo un estudio casi psicológico de la conciencia del pueblo chino y sus emperadores, a la vez que nos inserta de nuevo en el origen de las guerras y contiendas que lleva a cabo la humanidad para defenderse, y a la vez imponer su poderío. Pieza clave de otra de las obsesiones kafkianas, la cual he destacado al inicio de mi trabajo sobre El castillo.

“Un artista del hambre” y “Un artista del trapecio”.

En el primero, el personaje que ayuna de manera permanente se presenta como si fuese normal, como si su condición fuese un espectáculo cotidiano, como si el hambre que padecen las personas, los ciudadanos, puedan sobreponerse por sí solos a su debilidad, y hasta pueden “cantar” mientras dura la guardia para distraer a los vigilantes, quienes “se admiraban de su habilidad para comer mientras cantaban”.

Se trata de una de las sátiras extremas de Kafka. Pareciera aquí que el escritor retrata a la gente humilde del pueblo que puede tolerar el hambre hasta límites insospechados; incluso después de morir. A este artista lo entierran bajo un pajar en el circo, y lo sustituyen pronto con una joven pantera.

En “Un artista del trapecio” aparece la fuerza muchísimo más sutil de alguien que permanece día y noche en el trapecio, como una muestra de la cuasi esclavitud al empresario circense que le contrata: el trapecista siempre está solo y hasta pudiera vivir tranquilo, de no ser por los viajes del circo, que le importunan.

Pero en el tren habían conseguido un departamento especial para él, hasta que un día le reclama al empresario que necesita dos trapecios. El empresario está de acuerdo y el trapecista se echa a llorar de pronto. ¿Por qué?

Después de ser consolado por el empresario, que da la orden inmediata de conseguir el segundo trapecio, éste no está del todo convencido. ¿No irán a intensificarse estos sentimientos con el tiempo? Sí, en efecto, el trapecista había comenzado a envejecer: el empresario advierte una gran arruga en sus ojos. A las claras, Kafka indica la relación trabajador-jefe, la explotación de un artista ya viejo en una empresa, la necesidad de ser convertido en espectáculo cotidiano; idea que Kafka desarrollaría en el ya citado “Un artista del hambre.”

“Preparativos de boda en el campo” es una obra también fragmentaria (escrita en el año 1906) anterior a los textos que conforman Un médico rural donde el protagonista, Raban, parece no querer a su novia y hasta siente aburrimiento por la boda que pronto va a efectuarse; mira todo de manera plana, no hay ninguna emoción particular en sus observaciones ni palabras, es como un ojo que pasa impasible sobre las cosas para detallarlas, sin que importe el trasfondo de los acontecimientos, de los preparativos que se arman para el matrimonio con su novia, una mujer entrada en años. Aparece aquí la imagen de un coleóptero que puede ser vista como antecedente del insecto en La metamorfosis cuando leemos:

“Tengo, tal y como estoy en la cama, la forma de un gran coleóptero, la forma de un siervo volante, o de un abejorro, creo. (…) Un coleóptero de gran tamaño, sí.

Yo hacía como si se tratara de un letargo invernal y apretaba las patitas contra mi abombado cuerpo... Y murmuro un pequeño número de palabras, son instrucciones a mi triste cuerpo, que está de pie muy cerca de mí, inclinado. Pronto he terminado: él hace una reverencia, se marcha de prisa y todo lo llevará a cabo inmejorablemente mientras yo descanso en la cama.”

La lectura de los textos breves de Kafka fue siempre para mi algo alentador, un estímulo para mi propio hacer, para mi vocación. Siempre lo percibí como a alguien que nos estaba hablando en un solo idioma: no en alemán o castellano, francés o inglés, sino en un lenguaje humano universal que atravesaba y atraviesa todas las barreras geográficas y nuestras diferencias culturales o históricas, para sembrarse en nosotros mediante una lengua plena de mundos, de universos complejos muy complicados o inciertos, llenos de dudas e interrogantes, pero también de una inteligencia profunda que habla a la sensibilidad y al conocimiento al mismo tiempo, revelándonos nuestras carencias, quiebres, fallas y derrotas, pero pleno también de los secretos que nos alientan desde otras realidades más hondas y desde una escritura meticulosa, dotada de una fantasía ceñida, certera en sus apuestas humanas, inaudita en su capacidad de hacernos ver nuestra propia humanidad.

*Gabriel Jímenez Emán, es escritor, narrador, poeta, ensayista, compilador y traductor venezolano, destacando más en el ámbito de la narrativa y la poética, la cual ha sido traducida a varios  idiomas  y recogida en antologías latinoamericanas y europeas.



Madrid.- 10 de Junio de 2026

Feria del Libro de Madrid- Del 29 al 14 de junio

NOTICIAS Y TIPS

Les estaremos informando, todas las novedades y noticias que acontecen en esta 85ª edición de La Feria del Libro de Madrid, como uno de los eventos culturales, mas importantes de España.


“Existe interés por la diversidad, calidad y vitalidad de la literatura canaria”

La consejera de Cultura, Migdalia Machín, y el viceconsejero, Horacio Umpiérrez, visitan la caseta ‘Canarias’, dedicada a la producción literaria del archipiélago

Hacía más de 20 años que el Gobierno de Canarias no tenía una caseta propia en la Feria del Libro de Madrid, uno de los expositores más importantes de las lenguas hispánicas. La consejera de Universidades, Ciencia e Innovación y Cultura del Gobierno de Canarias, Migdalia Machín, y el viceconsejero de Cultura, Horacio Umpiérrez, han acudido al stand ‘Canarias’, situado en el número 431 de la Zona 21C del Bloque de Gremios y Asociaciones de Editoriales.

“Después de más de dos décadas, Canarias vuelve a contar con una caseta oficial en la Feria del Libro de Madrid”, destacó Machín. “Recuperamos un espacio que nos permite dar visibilidad al talento creativo de nuestras islas y acercar nuestras letras a nuevos lectores. Lo hacemos en un momento especialmente positivo para la literatura canaria, con una amplia representación de editoriales, autoras y autores que reflejan la diversidad, la calidad y la vitalidad de nuestro panorama literario. La acogida está siendo muy positiva y demuestra que existe interés por conocer la literatura que se escribe y se edita en Canarias cuando cuenta con oportunidades para proyectarse y llegar a más personas”.

Por su parte, Horacio Umpiérrez ha destacado cómo esta gran cita madrileña “constituye uno de los dos encuentros más importantes de la literatura en este país. Hemos vuelto con el objetivo de poner este espacio a disposición del gremio de editores. Por ahora, está siendo todo un éxito: el público lo está acogiendo muy calurosamente”.

Con la colaboración del gremio editorial canario, esta edición reúne cientos de títulos procedentes de una quincena de editoriales de todo el archipiélago, así como obras de cerca de medio centenar de autores canarios. Entre las figuras participantes destacan las escritoras Lana Corujo y Alicia Llarena, dos voces de referencia en el panorama literario actual.

 

*El pasado domingo 7 de junio en Madrid: concierto de Bad Bunny, visita del papa León XIV, elecciones a la presidencia del Real Madrid y un calor que invitaba más a refugiarse bajo cualquier sombra antes que recorrer la Feria del Libro de Madrid.  

Pero pese a que la actualidad parecía pretender contraprogramar desde las primeras luces del día, y de las sospechas de posibles problemas de movilidad, cortes de tráfico y aglomeraciones, esa suerte de apocalipsis logístico que vaticinaban no ha sido tal.

Eso sí, la Feria ha vivido su segundo domingo con menos visitantes de los esperados. Un rápido trabajo de campo a pie de caseta permitía detectar los efectos de la visita del pontífice en las ventas: lo que se ha vendido con mayor alegría han sido encíclicas, su biografía, libros relacionados con la patrística y biblias para niños en cartoné. 

El humor volvió a ser uno de los grandes protagonistas del día y en esta ocasión como una manera de hacerse escuchar y de encontrar un lugar propio en el mundo.

Reirse en serio

Jonathan Coe aportó una perspectiva distinta a la conversación sobre el humor de la jornada del domingo. El escritor británico recordó que la tradición literaria inglesa siempre ha concedido un lugar destacado a la comedia. Para Coe, el humor no es incompatible con la ambición literaria ni con la reflexión política. 

Al contrario. Muchas de las situaciones que inspiran su escritura nacen precisamente de la incongruencia y el absurdo del presente. «Un escritor debe estar en el medio del mundo», afirmó, reivindicando una literatura capaz de acompañar al lector, desafiarlo y ayudarle a comprender una realidad cada vez más fragmentada.

Desde escenarios muy distintos, las conversaciones del domingo parecieron coincidir en una misma intuición: una carcajada puede hacer algo más que provocar diversión. Puede convertirse en una manera de acercarse al otro. Y, en ocasiones, en la herramienta más eficaz para desarmar una diferencia que nunca estuvo en quien la sufría, sino en la mirada de quien la observaba.

Fotos © Gustavo Valiente


Programa: Miercoles 10 de junio

*Ciclo 'Iberoamérica, un libro abierto': Taller Macondo sí tiene quien le escriba

11:00 a 12:30-Pabellón Iberoamericano

 

* Presentación de Getafe Negro

12:30 a 13:30-Pabellón de la Comunidad de Madrid

 

*Letras Aragonesas en Madrid

12:30 a 14:00-Pabellón CaixaBank

 

*Presentación del libro: Herencia Oculta, de Julieta Deossa

13:00 a 15:00 – Caseta del Libro- 258- 259- Bloque 30B

 

*La Cabina del Libro con: Joaquín Reyes

17:30 a 18:00-Espacio Talento a Bordo

 

*Encuentro con los Parques Nacionales Españoles: su historia a través de una mirada colectiva

18:00 a 19:00-Casa Árabe


Ver mas la Programación y Firmas:

https://ferialibromadrid.com/firmas/

y enlace para las actividades programadas:

https://ferialibromadrid.com/programacion/



Madrid.- 07 de Junio de 2026

PROGRAMA: Lunes 8 de junio 

*De la razón al espectáculo: anatomía del poder y la Europa contemporánea

Lunes 8, 2026 – hora: 19:00 a 20:30 - Pabellón Europa

Una conversación que propone reflexionar sobre la deriva de la política hacia la lógica del espectáculo. Desde una perspectiva europea, ambos analizan cómo el poder contemporáneo se apoya cada vez más en la representación, el exceso y la simplificación, debilitando el espacio para la razón y el pensamiento complejo.

Lejos de la polarización, se trata de pensar Europa como espacio de pensamiento y de convivencia, de crítica inteligente y entendiendo los complejos mecanismos sociales que la componen. Europa es ese espacio donde el Parlamento Europeo debate en 24 lenguas oficiales, donde la política debería ser, por excelencia, el espacio del matiz, del diálogo y de la complejidad. Un espacio de complejidad a reivindicar frente al fenómeno de un poder que ya no argumenta.

Participan: Phillipe Claudel , Pino Aprile

Moderado por: Jordi Gracia

 

* Homenaje a Alicia LLarena-Presentación del libro "Tiempo de ciruelos y adjetivos" y representación del espectáculo basado en su obra poética "El fulgor de lo efímero". 


Lunes 8, 2026 – hora: 19:00 – Delegación del Gobierno de Canarias en Madrid- Calle Fernanflor 8, Madrid

El evento contará también con la presencia de la consejera de Universidades, Ciencia, Innovación y Cultura del Gobierno de Canarias, Migdalia Machín.

 



*Presentación del libro 'Las Mareas que me habitan' de Patricia García

Lunes 8 de junio -10:30 a 11:30- Pabellón CaixaBank

 

* Calicó, la gata callejera. ¿Cómo se hace un libro?

Lunes 8 de junio-11:00 a 12:00- Pabellón Infantil

 

*Presentación de Don Quixote Express (teatro) & 'Cuando llega la nube' Gracia Texidor

Lunes 8 de junio - 17:30 a 19:00-Taller de Ideas Biblioteca Eugenio Trías- Adultos

 

*El humor en Jane Austen: un homenaje a la escritora en el 250 aniversario de su nacimiento

Lunes 8 de junio -18:30 a 19:15 -Pabellón CaixaBank

 

*La risa es un estallido: lecturas en voz alta y muestras performáticas

Lunes 8 de junio-19:00 a 20:30- Casa de Vacas

 

* Ciclo 'Iberoamérica, un libro abierto': Derechos culturales: cómo fortalecer el sector editorial a partir de los derechos de las personas creadoras

Lunes 8 de junio - 20:00 a 21:00- Pabellón Iberoamericano

 

* Jane Austen: ella, las autoras de su tiempo y su influencia en retellings y variaciones de su obra

Lunes 8 de junio - 20:00 a 21:00 - Espacio Talento a Bordo-Adultos

 

 

Madrid.- 05 e Junio de 2026


Feria del Libro de Madrid- Del 29 al 14 de junio

NOTICIAS Y TIPS

Les estaremos informando, todas las novedades y noticias que acontecen en esta 85ª edición de La Feria del Libro de Madrid, como uno de los eventos culturales, mas importantes de España.

Entre la herida y la carcajada

En ‘La risa enlutada’, Marta Sanz, Miguel Ángel Hernández y Jon Bilbao exploraron la relación entre el humor negro, el dolor y los límites de lo decible.

Lejos de entender el humor como una forma de borrar la tragedia, los participantes reflexionaron sobre su capacidad para acercarse a ella desde otro lugar. Miguel Ángel Hernández defendió que la transgresión no elimina el tabú, sino que lo suspende durante un instante para permitirnos cruzarlo y observarlo. Marta Sanz recordó que el humor también puede servir para señalar aquello que no funciona en la realidad.

La conversación dejó una idea especialmente sugerente: el humor negro tiene su propia cronología. Hay un momento para quien sufre una tragedia y otro para quien la observa desde fuera. Hay heridas que admiten la risa como alivio y otras que la convierten en una forma de incomodidad o de denuncia. No todo el humor negro busca consolar. A veces también busca obligarnos a mirar.



Un bocadillo al día: el humor de actualidad con Adela por dios, Riki Blanco, KAP y Mauro Entrialgo.Esa complejidad reapareció durante ‘Un bocadillo al día: humor de actualidad’, donde Adela por Dios, Riki Blanco, Kap y Mauro Entrialgo reflexionaron sobre el oficio de transformar la actualidad en viñetas. La pregunta parecía sencilla: ¿es más difícil hacer reír o hacer pensar? Las respuestas dibujaron un territorio mucho más amplio que la carcajada. Riki Blanco reivindicó un humor capaz de confrontar y descolocar. Adela por Dios habló de esa satisfacción intelectual que produce una idea brillante incluso cuando no provoca una risa inmediata. Kap recordó que el humor también debe adaptarse al momento social y acompañar el ritmo emocional de la sociedad. Entre todos acabaron perfilando una idea compartida: el humor no siempre persigue la risa. A veces busca la reflexión. Otras veces la ternura. Y, en ocasiones, simplemente ofrece una nueva manera de mirar lo que tenemos delante.


Madrid.-

El Gobierno de Canarias participa en la Feria del Libro de Madrid

La programación arrancó con una mesa redonda ‘Publicar desde Canarias’, sobre el sector editorial en el archipiélago

 


La caseta ‘Canarias’ reúne hasta el 14 de junio una amplia representación de voces, obras y editoriales de las islas

El Gobierno de Canarias regresa a la Feria del Libro de Madrid con una caseta propia y diferentes actividades para divulgar la diversidad de nuestra literatura insular. Bajo el nombre de ‘Canarias’, el stand, situado en el número 431 de la Zona 21C del Bloque de Gremios y Asociaciones de Editoriales, ofrece a los visitantes la oportunidad de descubrir una amplia representación de voces, obras y editoriales canarias, contribuyendo así a la proyección nacional e internacional de la creación literaria de las islas en uno de los principales escaparates del sector editorial.

Con motivo de la inauguración, el pasado viernes 29, se celebró la mesa redonda ‘Publicar desde Canarias’, en la que participaron Lana Corujo, Víctor Álamo de la Rosa, Rubén Acosta, Nauzet Pérez y Jorge Liria, junto a la editora María José Alonso.

Además, como parte de la programación, la Delegación del Gobierno de Canarias en Madrid acogerá el próximo 8 de junio, a las 19:00 horas, un recital poético-musical en torno a la figura de la escritora Alicia Llarena. El evento contará también con la presencia de la consejera de Universidades, Ciencia, Innovación y Cultura del Gobierno de Canarias, Migdalia Machín.


FIRMAS


Alba Quintas- Premio SM Gran Angular

'LA CUARTA VIDA DE BLANCA CUERVO'

Sábado, 6 de junio-  De 12 a 14 h. de junio - Caseta 109 (Editorial SM)

 



Enlaces:

https://ferialibromadrid.com/firmas/

y enlace para las actividades programadas:

https://ferialibromadrid.com/programacion/



Madrid.- 01 de junio 2026

* Martes 2 de junio- 10:00 a 14:00 - Adultos

Taller: ‘Cómo se hace un libro de investigación’

Sala Polivalente Biblioteca Eugenio Trías

El Máster de Periodismo de Investigación de la Universidad Rey Juan Carlos, El Confidencial, PEN España, la editorial Dahbar y la librería Primera Página convocan la segunda edición del Taller “Cómo se hace un libro de Periodismo de Investigación”, liderado por Antonio Rubio, periodista, escritor, editor, doctor y director del posgrado.

Participan: Antonio Rubio (periodista, escritor, editor, doctor y director del posgrado ), Gerardo Reyes (periodista y escritor) , Santiago Torres (ex-magistrado y asesor legal de la Asociación de Periodistas de Investigación -API-), Sergio Dahbar (director de la editorial Dahbar), Miguel Ángel García, Tamara Crespo, Enrique Yeves

 

*Martes 2 de junio - 11:00 a 12:00- Adultos

Premios UNED: Fallo del XXXVII Premio de Narración Breve, VIII Premio de Poesía y V Premio de Jóvenes Escritores

Pabellón CaixaBank

 El jurado del XXXVII Premio de Narración Breve de la UNED dará a conocer el fallo del premio. Se anunciará también el poemario ganador del VIII Premio de Poesía de la «Facultad de Filología». Además, se dará a conocer el fallo del V Premio de Jóvenes Escritores.

Participarán, entre otros, el rector de la UNED, Ricardo Mairal Usón, la vicerrectora de Internacionalización y Multilingüismo, Laura Alba Juez, y el decano de la Facultad de Filología, Rubén Chacón Beltrán

Participan: Ricardo Mairal Usón, rector de la UNED, Laura Alba Juez, vicerrectora de Internacionalización y Multilingüismo , Rubén Chacón Beltrán, decano de la Facultad de Filología

* Martes 2 de junio – 11:00 – 12:00  Infantil

Europa Ilustra para coles: el humor en el cómic

Pabellón Europa

Miila Westin, la representante finlandesa en la muestra Europa Ilustra, de la red EUNIC Madrid, imparte un taller para niños.

Este taller se centra en dibujar personajes de cómic y crear historias visuales. Dibujaremos pequeñas historias, personajes divertidos y reflexionaremos sobre cómo dibujar cosas graciosas. ¿Qué hace que un cómic sea divertido? ¿Qué nos parece divertido leer o dibujar, y por qué?

* Martes 2 de junio - 18:00-18:45- Adultos

Presentación proyecto: Centenario de la Generación del 27 – Ministerio de Cultura

Pabellón CaixaBank

La sesión se abrirá con la intervención de María José Gálvez, directora general del Libro, que presentará la Comisión Nacional del Centenario de la Generación del 27, exponiendo sus principales objetivos, líneas de trabajo e iniciativas conmemorativas. A continuación, las poetas y profesoras universitarias Ana Merino (VIU) y Julia Barella (Universidad de Alcalá) dialogarán sobre la vigencia de la Generación del 27 en la actualidad, abordando su relevancia para lectores, estudiantes y amantes de la poesía. El acto culminará con un cierre artístico a cargo de Pablo Benavente, poeta y voz destacada de la poesía oral contemporánea, que ofrecerá un recital de poemas del 27.

* Martes 2 de junio - 20:00 - 21:00- Adultos

Mirar al abismo (y caerse en él) con Sofía Balbuena, Daniel Saldaña París y Julián Herbert

Pabellón Iberoamericano

No se trata tanto de la adicción como tema literario, sino de la forma que adopta: retorno, repetición. Tiene que ver con el tiempo, con el cuerpo y, sobre todo, con el yo. Escribir sobre ella es menos una confesión que un ejercicio de revelación: el intento de conocer ese yo que se desintegra, se emborrona y duda incluso de su propia presencia.

Participan: Julián Herbert, Sofía Balbuena, Daniel Saldaña París

Moderado por: Carlos Pardo


FIRMAS:

* Martes 2 de junio - 19:30- 20:45

Caseta Planeta- 269- Bloque 29B

Herencia oculta, de Julieta Deossa







* Martes 2 de junio - 11:00 - 13:00

Grupo Editorial Sial Pigmalión- Caseta 138

Varias obras de Ana Ortega Romanillos


https://ferialibromadrid.com/firmas/

y enlace para las actividades programadas:

https://ferialibromadrid.com/programacion/



Madrid.- 31 de mayo 2026

Feria del Libro de Madrid- Del 29 al 14 de junio

La Gatera Press


NOTICIAS Y TIPS

Les estaremos informando, todas las novedades y noticias que acontecen en esta 85ª edición de La Feria del Libro de Madrid, como uno de los eventos culturales, mas importantes de España.

Fotos: LaGateraPress





Se ha inaugurado la 85.ª Feria del Libro de Madrid, el viernes 29, en una jornada marcada por el calor a 33 grados, con la visita inaugural de la reina Letizia, y autoridades de la institución, que recorrieron  varios espacios del Paseo de Coches del Parque del Retiro. 

Esta edición esta dedicada al tema del humor. 

      

Diecisiete días para celebrar el humor


Hasta el 14 de junio, la Feria del Libro de Madrid desplegará una programación cultural atravesada por el humor, eje temático para esta edición. Escritores/as, ilustradores/as, periodistas, humoristas gráficos/as, autores/as de cómic y creadores/as de distintas disciplinas reflexionarán sobre la ironía, la sátira, el ingenio y el humor como formas de creación y de lectura crítica de la realidad.

La programación reunirá a algunas de las voces más destacadas de la creación contemporánea, entre ellas Jonathan Coe, Maitena, Liniers, Bob Pop, David Safier, Kevien Johansen, Eva Hache, Edu Galán, Flavita Banana, Camila Sosa Villada o Leila Guerriero, entre otros.

Participan este año, 366 casetas, editoriales 220 , librerías 118,y distribuidoras 16

La firma de los autores, es uno de los momentos mas atractivos para acercarse y conversar, con sus escritores favoritos.

Adjunto el enlace para el día de las firmas: 

https://ferialibromadrid.com/firmas/

y enlace para las actividades programadas:

https://ferialibromadrid.com/programacion/


* Miguel Pang es ilustrador del cartel y reside en Barcelona.

 

 




Madrid.- 28 de mayo de 2026

Gastón Segura

 

Políticos de ida y vuelta

 

Desde niños nos enseñan que, estando de visita, debemos comportarnos de forma más decorosa y prudente que la exhibida en nuestra casa, pero a la señora Díaz Ayuso, tal vez mal aconsejada o tal vez eufórica por el pródigo agasajo de sus anfitriones, se le olvidó y practicó en México un descaro que, si bien encuentra buena acogida aquí, sentó a rayos a las autoridades de allá; al punto que debió interrumpir, de forma más bien intempestiva, su tournée por aquellas tierras. Un lastimoso incidente tanto para México como supongo que para la propia presidenta de la Comunidad de Madrid, aunque no se avenga a admitirlo o lo haga a regañadientes. Y no me extraña, porque es una fea y extendida costumbre entre nuestros actuales dirigentes, aun sabiendo que reconocer los errores, templa el carácter y sosiega la conciencia.

No obstante; este lamentable patinazo de Díaz Ayuso donde menos debiera escandalizar es en México, cuya historia como república no es sino un cúmulo de truculentos excesos: dos emperadores fusilados, un par de invasiones de potencias extranjeras, una revolución que, entre corrido y corrido, dejaba un rastro de matanzones y canalladas, y posteriormente, una sucesión de crueles abusos que han abocado, en nuestros días, en ese espanto impuesto, en muchos de sus Estados, por los narcos. Pero si de todos estos desmanes hay uno que a los españoles nos suele resultar desconocido, es la Guerra de los Cristeros, de la que, en agosto, se cumplirá el centenario de su estallido.

Curiosamente, aquella insurrección, bajo la proclama de «¡Viva Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe!», duró, con la intermitencia de un frágil armisticio disfrazado de amnistía, casi tres lustros —o sea; el doble que la célebre Revolución—; aunque sus causas, apenas las indagamos, nos remontan al gobierno de Benito Juárez, allá por 1859, cuando al incautar los bienes eclesiásticos y promulgar las secularizadoras Leyes de Reforma, el Vaticano rompió sus relaciones diplomáticas para los siguientes ciento treinta años. Naturalmente; tal gesto germinó un anticlericalismo gubernamental y liberalote, acrecentado tanto durante el Porfiriato como en la Revolución. Pero no sería hasta la Constitución de 1917 cuando quedó palmariamente sancionado, al restringir ciertas ceremonias, acotar el número de sacerdotes, expropiar más bienes y otros derechos eclesiásticos, y hasta expulsar a las ordenes monásticas. Con todo y pese a que el presidente Plutarco Elías Calles había alentado la fundación de una iglesia nacional mejicana en 1925, la revuelta de los cristeros no prendió hasta agosto del año siguiente cuando, promulgado un nuevo Código Penal, la república mejicana disponía por fin de los instrumentos para aplicar aquellas anticatólicas disposiciones constitucionales a lo largo de su extensísimo y dispar territorio. Así se alumbró un trienio sangriento —al que escaparon solo los Estados norteños y la península del Yucatán—, que devoró más de doscientas mil vidas entre el ejército regular y sus oponentes, un fervoroso gentío de humildes campesinos. Y aunque se llegara en 1929 a un supuesto acuerdo entre ambas partes, pues continuó el furtivo asesinato de cristeros, de nuevo Calles, en 1934, ya no como presidente, sino como gran manejero de la república desde su jefatura del partido institucional, lanzó el Grito de Guadalajara, donde exigía una educación «socialista». Otra vez se alzaron los Estados centrales del Pacífico, aunque sin la misma potencia y practicando un combate más bien montuno y de emboscada, cuyos más perjudicados fueron los maestros estatales, mutilados y hasta linchados. Aquella lucha de partidas fue languideciendo a partir de 1939, tras un entendimiento entre el obispo de México y el presidente Cárdenas, y al filo de 1940, quedó sofocada. Aún así, este segundo rebrote se cobró otras tres mil almas y una ingente cuenta de sevicias.

Sin embargo, todo este conflicto ha tenido, contra lo sucedido con la Revolución, una parca huella literaria; tal vez porque los mismos mejicanos hayan querido orillarlo, si no ya silenciarlo, avergonzados por la vileza sanguinaria que desencadenó; básteles al caso, repasar alguno de los reportajes gráficos sobre aquella barbarie. Pero verán; entre el contado material literario sobre este conflicto destaca El poder y la gloria (1940), en buena medida por la nombradía de su autor: Graham Greene. Aunque, ciertamente, siempre me interesó mucho más su adaptación cinematográfica, titulada El fugitivo (1947), de John Ford; el único film que le conozco rodado en México, y donde un Henry Fonda, impecable, interpreta a un cura acobardado y prófugo de las tropas federales, y donde destacaría también a ese mendigo delator, entre repelente y digno de toda nuestra piedad, encarnado por el Indio Fernández. La película, por lo demás, impresiona por la maestría fordiana para utilizar el expresionismo que, en sus momentos netamente simbolistas, resulta sencillamente estremecedora; y donde, desde luego, conviene mencionar la soberbia fotografía de Gabriel Figueroa, el operador de Los olvidados (1950), de Luis Buñuel.

Y al acercarme al punto y final, percibo cómo desde un torpe percance pasajero, por desgracia, como casi todos cuantos ocupan nuestra política presente, he llegado a rememorarles terribles quebrantos, dentro de poco, centenarios, y aun anteriores. La verdad, soy el primer sorprendido, y todavía lo estoy más de no haber incurrido en la defensa de Hernán Cortés; por lo que ha llegado el momento: lean Las cartas de relación (1519-26) y admírense ante quién fue un político magistral. Y, luego, si les quedan ganas, compárenlo con los actuales de aquí y, sobre todo, de allá. Huelgan los comentarios.

Artículo publicado por el "Imparcial" el lunes 25 de mayo de 2026 

*Gastón  Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.

 

 

Ricardo Gil Otaiza

                  Hotel de paso


No hay nada peor que un profesor que no esté a la altura de las circunstancias: se lo comen vivo sus alumnos, y eso no me pasaría por nada de esta vida

“La vida es como un árbol frondoso

que con solo sacudirlo deja caer

los asuntos a montones; pero uno puede

apenas recoger y convertir en arte

unos cuantos, los que verdaderamente

lo conmueven.”

 

Augusto Monterroso

La vaca

La enseñanza es un arte que muchos disfrutan (yo entre ellos), pero enseñar aquello que todavía nos toca aprender es una osadía mayúscula, y esto a propósito de las clases de literatura (cuento y ensayo) que me propusieron dictar hace ya muchos años (finales del siglo pasado), en una céntrica biblioteca de una institución pública, y sin más credenciales que tener en mi haber unos cuantos libros publicados (en aquel entonces no más de cuatro), acepté, y me veo entonces documentándome, buscando material para fotocopiar y entregar a los alumnos, con la tensión propia de quien hacía frente a un grupo diverso, cuyos miembros indagaban acerca de lo humano y lo divino y me interpelaban en mi propia experiencia literaria, como parte y todo de un nutrido palco: expectante, crédulo e incrédulo, malicioso y también ansioso por aprender.

Como en aquel entonces era profesor universitario activo a dedicación exclusiva, con un férreo horario que cumplir, solo disponía de mis horas de descanso para acometer el compromiso con la palabra escrita, lo que se traducía, como cabría de esperarse, el tener que echar mano de mis horas nocturnas, cuando ya el cansancio del día pesaba sobre mí como una enorme piedra y, así y todo, debía presentarme ante el grupo heterogéneo (gente muy joven, pero también señores y señoras que podrían tener la edad de mis padres) con mi cara bien lavada y fresca como si acabara de levantarme, y con la mente despejada y lúcida para enfrentar las constantes embestidas sapienciales, que me hacían ver como a un tímido reo en el banquillo de los acusados.

Aquella tarde estaba inquieto, no había podido prepararme con la detención acostumbrada, y ya casi tenía encima la hora de inicio de la jornada (7:00 pm), así que decidí ir a la biblioteca a la buena de Dios: confiado en que todo saldría bien, que mi experiencia docente me permitiría zanjar con dignidad las expectativas de aquella noche, en la que estudiaríamos el cuento breve, subgénero nada fácil, como muchos supondrán erróneamente, porque requiere de una concreción y perfección rayanas en lo divino para alcanzarlo, y en este campo hay verdaderos maestros en América Latina que intimidan: Augusto Monterroso, Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, Juan Carlos Onetti, Salvador Garmendia, Álvaro Mutis, Julio Garmendia, Arturo Uslar Pietri, Denzil Romero y Horacio Quiroga, entre muchos otros.

Al llegar a la biblioteca me sentía aterrado e inseguro, pero lógicamente hacía un enorme esfuerzo para disimularlo y que no lo advirtieran (no le daba la mano a nadie para que no se notara que la tenía helada), porque no hay nada peor que un profesor que no esté a la altura de las circunstancias: se lo comen vivo sus alumnos, y eso no me pasaría por nada de esta vida, así que respiré hondo, di las buenas noches a todos con voz potente, anuncié la temática de la jornada y me paré cerca de una ventana panorámica que daba a una avenida marginal, en cuyos costados había unos cuantos hoteles de paso a los que iban las parejas furtivas a desahogar sus urgencias y apetitos sexuales.

De inmediato, y como ráfaga destellante, aquella imagen me llamó poderosamente la atención y, para mi suerte (el universo conspira a nuestro favor), en ese preciso instante se asomó una pareja a través de la ventana de uno de los hotelitos del frente, y como quien sacude el árbol frondoso del que nos habla Monterroso en el epígrafe, el asunto de aquella noche me cayó del cielo para salvarme en la raya.

Sin hacer alarde ni aspaviento, les dije a los participantes que con cautela y sin llamar la atención, se asomaran uno a uno a la ventana para que vieran a la pareja, y así lo hicieron, luego les dije: tomen lápiz y papel y en una cuartilla cuenten lo que aquella imagen les inspira como historia. Les di media hora para el ejercicio y plena libertad creativa: podían escribir un cuento irónico, satírico, triste, gótico, humorístico, hiperbólico, fantástico, distópico, policial, erótico, épico, urbano, realista, mágico, paródico y hasta  político.

Cumplido el plazo, les dije a todos: dejen de escribir y vamos ahora a leer y a comentar cada uno de los cuentos, y así se hizo, y créanme, esta clase, cuya temática cayó de lo alto (o del árbol sacudido), ha sido una de las más divertidas, libérrimas e interesantes que he dictado en el complejo campo de la literatura, porque rompió con la cuadratura de lo meramente académico, para internarse en los hondos intersticios de lo creativo: nos reímos a más no poder, reflexionamos y hasta hubo lágrimas furtivas: hubo cuentos muy buenos, otros geniales, otros meros ejercicios, pero aprendimos aquella noche que la literatura no es ajena a la vida, sino que se realimenta de ella, es su imagen especular, porque por más que echemos mano de lo fantástico y hasta de lo mágico, siempre estará de por medio lo humano.

Pasados los años de todo aquello, y ya cerrado el ciclo de estos talleres de escritura creativa, que durante décadas fueron canteras de autores y de textos narrativos, ensayísticos y poéticos, abrí una prestigiosa revista literaria editada en Buenos Aires y, para mi sorpresa, hallé uno de los cuentos de aquella memorable noche. ¿Qué cómo lo supe? Al pie estaba esta nota: “dedico al joven profesor Ricardo, quien, en un lejano taller de Venezuela, nos hizo ver en una furtiva pareja de un hotel de paso, lo que los demás no podían ver y lo que verdaderamente nos conmueve.”

Me eché a llorar.

*Escritor y académico venezolano

rigilo99@gmail.com

 

Gabriel Jiménez Emán

             Hart Crane y su poema "EL PUENTE"


La vida de Hart Crane se encontró muy influida por su homosexualidad, y de hecho su preferencia por Nueva York venía en parte por la tolerancia que esta ciudad mostraba por la comunidad gay durante esta época. Sin embargo (y recordando que su madre le inculcó profundamente el cristianismo), siempre se sintió por este motivo un paria con respecto a la sociedad, y se refería a sí mismo como un fracasado. No obstante, aceptó todo esto porque consideraba que era necesario para proseguir su actividad como poeta (como insinúa en el poema Repose of Rivers). Pero incluso este pensamiento fue incapaz de evitar que se sintiera un desgraciado. Por la beca Guggenheim pasó un tiempo en México, época en que se sumió profusamente en la bebida (en ello influyeron las feroces críticas a su obra cumbre,. " El puente".

Solo mantuvo una relación heterosexual, con Peggy Cowley, la mujer de su amigo Malcolm Cowley, y ese período de su vida se consideró bastante estable. Sin embargo, acabaron rompiendo y Crane volvió a mantener relaciones homosexuales. En 1932, cuando se encontraba realizando en barco el viaje de vuelta desde México a Nueva York, trató de establecer relaciones con un marinero, lo cual hizo que la tripulación le pegara una paliza. Convencido definitivamente de que no podía ser feliz debido a su condición de homosexual, se arrojó pocas horas después desde la borda del barco delante de decenas de testigos gritando "¡Adiós a todos!".

Su cuerpo nunca fue recuperado; este suicidio inspiró varios trabajos de Jasper Jones (Periscope, Diver) y algunos poemas del poeta y escultor Carl Andre, como "Sónnet on a Drowned Poet" (1959). (Wikipedia)

EL PUENTE

Hart Crane

(Traducción de Gabriel Jiménez Eman)

Cuántas auroras, frías en su descanso ondulante,

cómo alas de gaviota se sumergirán y pivotarán,

derramando blancos anillos de tumulto, erigidos en lo alto,

sobre las encadenadas aguas de la bahía, la Libertad —

Luego, con curvas inviolables, abandonarán nuestros ojos

tan aparentes como velas que pasan

alguna página por archivar;

— hasta que los ascensores nos dejan caer de nuestro día...

Pienso en los cines y sus ardides panorámicos

con multitudes inclinadas hacia alguna escena centelleante

Jamás revelada, pero apresurada una vez más,

vaticinada por otros ojos en la misma pantalla;

Y Tú, a través del puerto, de pasillos plateados

como si aún el sol caminara sobre nosotros,

y aun así dejara algún movimiento inagotable

en tu zancada,— tu libertad deteniéndote!

De alguna pequeña trampa de metro, celda o desván

un loco corre hacia tus parapetos,

inclinándose allí por un momento, su camisa chillona hinchándose,

hacia Wall Street; desde la viga hasta la calle se filtra el mediodía,

un diente desgarrado del acetileno del cielo;

toda la tarde las grúas de nubes vuelan...

Tus cables respiran aún en el Atlántico Norte.

Oscuro como aquel cielo de los judíos,

tu recompensa... El galardón de anonimato  que otorgas

el tiempo no puede elevar:

Con la vibrante tregua y el perdón que tú muestras.

Oh arpa y altar, fundidos en la furia.

(¡cómo pudo el simple trabajo alinear tus cuerdas corales!)

terrible umbral de la promesa del profeta,

plegaria del paria y clamor del amante,—

De nuevo las luces de tráfico rozan tu veloz

idioma indivisible, inmaculado suspiro de estrellas,

perlando tu senda — se condensa en la eternidad:

y hemos visto a la noche alzarse en tus brazos.

bajo tu sombra, junto a los muelles, esperé;

solo en la oscuridad sobre tu sombra clara.

Los paquebotes de fuego de la Ciudad todos deshechos,

ya la nieve sumerge un año de hierro...

Oh, Insomne como el río que corre  bajo tus pies,

bóveda sobre el mar,  suelo soñador de las praderas,

hacia nosotros, los humildes, desciende alguna vez, baja

y de tu curvatura toma prestado un mito para ofrecerlo a Dios.

Hart Crane

(Trad.Gabriel J Eman) 

*Gabriel Jímenez Emán, es escritor, narrador, poeta, ensayista, compilador y traductor venezolano, destacando más en el ámbito de la narrativa y la poética, la cual ha sido traducida a varios  idiomas  y recogida en antologías latinoamericanas y europeas.



Madrid.- 21 de mayo de 2026


Presentación del libro en la Fundación Ramón Menéndez Pidal

Cela, Soler y Rojas con Baroja al fondo

del escritor Gastón Segura

Después de haberse presentado en el mes de febrero, en La Biblioteca Municipal de Villena y en Caudete, nuevamente el pasado 19 de mayo Gastón Segura, presentó en la Fundación Ramón Menéndez Pidal su nueva obra, Cela, Soler y Rojas con Baroja al fondo. Con la intervención de conocidos intelectuales, entre ellos: Jesús Antonio Cid, Carmen Caro, Jon Juaristi, Julio Guillen y el autor. Abrió el acto Jesús Antonio Cid, presidente de la Fundación y luego intervinieron los otros participantes. Al contrario de ser un acto académico frio, el evento se convirtió en un apasionante coloquio sobre los secretos epistolares del siglo XX.

Gastón Segura, ha realizado un trabajo de investigación literaria, en la que ha rescatado una serie de cartas de Cela, Rojas y Soler, transformando esta investigación en una crónica humana. Es un curioso epistolario real. El libro recoge las cartas y otros documentos que nos permiten conocer relaciones entre todos estos personajes. Entre preguntas y respuestas, finalizó el coloquio de esta presentación del libro, para luego pasar a un brindis.

Izda.Julio Guillen, Carmen Caro, Jesús Antonio Cid, Jon Juaristi y Gastón Segura

*Gastón Segura nació en Villena en 1961. Se trasladó a Caudete a los siete años, y entre ambos pueblos pasó su vida hasta que, a su debido tiempo, marchó a Valencia para licenciarse en Filosofía. En 1990, se instala en Madrid, y tras probar suerte en diversos oficios, en 1996 decide dejarlo todo para dedicarse a la escritura.

En 1999, resultó finalista absoluto del XXIII Premio Azorín con su primera novela, Las calicatas por la Santa Librada, editada en 2019. Ha publicado las crónicas africanas A la sombra de Franco (2004) e Ifni: la guerra que silenció Franco (2006), también la crónica local, El coro de la danza (2006), y el ensayo Gaudí o el clamor de la piedra (2011), que resultaría seleccionado como lectura recomendada en los cursos de doctorado de Escuela Superior de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid, más la novela Stopper (2008), que también sería distinguida como «lectura imprescindible» por el Dpto. Lenguas Modernas de la Universidad Estatal de California. Posteriormente ha editado Los cuadernos de un amante ocioso (2012), y las novelas Las cuentas pendientes (2015), Un crimen de Estado (2017), Los invertebrados (2021) y Saga nostra (2024).


Del 21 al 24 de mayo

Llega la 41.ª Feria del Libro de Fuenlabrada 

Ana Merino, Nieves Herrero, Concha Calleja, Estrella Alonso y Santiago Díaz forman parte de la programación literaria de la nueva edición de una de las ferias más antiguas de España

La Feria del Libro de Fuenlabrada llega a la 41.ª edición con un programa repleto de actividades gratuitas y la participación de Ana Merino, Nieves Herrero, Concha Calleja, Estrella Alonso y Santiago Díaz entre más de cuarenta autores y autoras que celebrarán encuentros con el público y firmarán sus obras a partir del próximo jueves 21 de mayo. Desde entonces, y hasta el domingo 24 de mayo, la Plaza de España acogerá más de una veintena de casetas de venta de librerías y comercio local, instituciones, entidades y editoriales invitadas como Nórdica y Huerga&Fierro, y otras de nueva incorporación como Maeva. La Asociación de Revistas Culturales (ARCE) dispondrá de caseta propia y la editorial Lecturia traerá por primera vez la lectura fácil, un avance más hacia una feria inclusiva, una feria para todos.

La programación de animación y fomento de la lectura se llevará a cabo en las diferentes estancias del Espacio Joven La Plaza, ubicado en la misma plaza.

“La 41.ª Feria del Libro de Fuenlabrada se consolida, un año más, como una de las citas culturales más relevantes de nuestro municipio y de la Comunidad de Madrid, reafirmando su calidad, diversidad y plena vigencia en el panorama literario actual. Lejos de ser únicamente un evento comercial, esta Feria se configura como un verdadero espacio de encuentro donde conviven propuestas consolidadas con nuevas voces y proyectos independientes, enriqueciendo así la vida cultural de nuestra ciudad y fomentando el amor por la lectura en todas sus formas”, en palabras del alcalde de Fuenlabrada, Javier Ayala.

Cristina Mora, quinta Teniente de Alcalde, responsable de Área Ciudad Viva, subraya que, “tras más de cuatro décadas, la Feria del Libro de Fuenlabrada demuestra su solidez y capacidad de renovación. La ubicación en la Plaza de España, junto con el apoyo del Espacio Joven La Plaza, contribuye además a generar un entorno accesible y dinámico, que invita a la ciudadanía a vivir la cultura en el espacio público. Esta cercanía con el público es clave para entender el éxito y la continuidad de este evento que tan cuidadosamente preparamos año tras año”.

Citas literarias destacadas 

La jornada inaugural del 21 de mayo contará con la participación destacada de la Asociación de Editores de Madrid (AEM), que ha convocado sendos encuentros de Nuevos editores madrileños, a las 19:00 h, en la Sala Las Artes, y de editores de fantástico, Hablan los editores: el auge de la fantasía junto al terror y la ciencia ficción, a las 19:45 h, en la Sala La Participación, seguidos de un cóctel de bienvenida. El viernes 22 de mayo habrá un coloquio de Introducción a la Lectura Fácil: acercar la literatura a las personas con dificultades de comprensión lectora, con Javier Alcázar de Lecturia, en la Sala Las Artes, a las 18:00 h. A partir de las 19:30 h, en esta misma ubicación, se hablará de “Memoria histórica, jóvenes y mujeres”, en la presentación de la novela La verja roja (Espasa) de Estrella Alonso, que combina el retrato íntimo de una joven que busca entender quién es con la exploración del trauma y la memoria colectiva de un país, conectando con el debate sobre la memoria histórica y el peso del pasado en las nuevas generaciones desde una mirada contemporánea y femenina. A las 20:00 h, en la Sala La Danza, tendrá lugar la presentación de La travesía del mar del Este de A. J. Ogayas (Apache Libros).

La mañana del sábado 23 de mayo contará con la visita de Fuenli, que realizará una ruta de cortesía por todas las casetas, firmará autógrafos, interactuará espontáneamente con el público y repartirá fotos como recuerdo oficial de la feria; y con la actuación de El carro de cómicos del Teatro Destellos, dedicada a Gulliver y sus aventuras.

A las 11:30 h, se hablará de “Criminología, investigación y casos reales” en la Sala Las Artes con la periodista, perito judicial y escritora Concha Calleja, que presentará su obra más reciente, El psicópata invisible (Sekotia), y abordará algunos de los casos más mediáticos del panorama internacional, analizando la trastienda de la investigación criminal. Recordará sus otros libros tales como La maldición de los Windsor, Diana, réquiem por una mentira y Objetivo, Michael Jackson. A las 12:30 h, en la misma ubicación, se conversará sobre “Novela histórica femenina. Misterio, pasión y glamur” con la reconocida periodista y escritora superventas Nieves Herrero, que presentará su nueva novela La prometida (ediciones B), una obra repleta de misterios con la boda de Fabiola y Balduino de Bélgica de telón de fondo y el tema del amor como arma de doble filo, que pone tras la pista de la hija desaparecida de unos marqueses por los círculos selectos de Madrid y París al filo de los años 60, desde el atelier de Balenciaga hasta el salón de la vidente que conoce todas las confidencias de la alta sociedad. A la tarde, será el turno del autor fuenlabreño Jorge Sánchez, que presentará su novela Fin del juego (RBA), en la Sala de Las Artes, a las 17:00 h; y se dará paso a los Diálogos de ciencia ficción de Apache Libros con los autores de referencia españoles Dioni Arroyo, Eduardo Vaquerizo y Ramón San Miguel, a las 20:00 h.

El domingo 24 de mayo se charlará sobre “Mujeres, del desamor a reinventarse” con Ana Merino. Será a las 12:00 h, en la Sala de las Artes, cuando la polifacética escritora, Premio Nadal 2020, presentará su novela El camino que no elegimos (Destino), que habla de tres mujeres que deben hallar su nuevo lugar en el mundo: de Juana que acaba de cumplir 50 años cuando su marido Connor la deja tras dos décadas de matrimonio; de su amiga Cécile, reacia al compromiso pero que siente gran atracción por el policía Marco; y de la joven Lieke que ha dejado atrás su país y a su pareja, e inicia una relación con Connor. También tendrá lugar la presentación de El amo de Santiago Díaz (Alfaguara), a las 12:15 h, en Sala La Participación.

 

Madrid.- 18 de mayo de 2026

Gastón Segura

Una enciclopedia de poesía

Las páginas periodísticas padecen fatalmente de urgencia. Su destino es perecer sepultadas en las hemerotecas. Luego, raramente resucitan en una antología sobre su autor o en una crónica sobre el caso que las ocupó hace décadas, o en las siempre sugerentes notas al pie de un ensayo, donde, constreñidas por su codificación académica, presentan, para mi fastidio, la adusta apariencia de una esquela; por lo que no hay forma de que los escritos para un diario se sacudan de encima el fúnebre sello de la caducidad. Bueno; esto sucedía antaño, en la actualidad, con la proliferación de los periódicos digitales, ignoro donde se archivan las gacetillas y los artículos para la posteridad, pero seguro que las eminencias de Sillicon Valley ya lo tienen resuelto. Ahora bien; cuando estas páginas perecederas son redivivas en compendios, siempre cobran un sentido novísimo y, además, del todo aleccionador; básteme citar como ejemplos la inmensa mayoría de los títulos del maestro Azorín o las correrías y averiguaciones que procuraron la manduca a ese zascandil socarrón que fue Josep Pla.

Sin ser de semejante urdimbre a las compilaciones de estos prohombres de nuestra prensa, Sonidos de otras lenguas, de mi amigo Jaime Siles, pertenece al mismo género: la recopilación de artículos; pues lo constituye cerca de un cuarto de siglo de reseñas, aparecidas en su mayoría en el suplemento cultural del diario ABC, dando noticia de las traducciones de poemarios en los más diversos idiomas; desde el chino y el japonés, hasta los eslavos y el árabe, abundando, naturalmente, los más próximos —las provenientes del anglogermano, o del italiano, o del francés, o del catalán, y, por supuesto, de nuestros maestros ancestrales, el latín y el griego—.

Como supondrán, anunciar ponderadamente una novedosa versión al español encierra mucho de azaroso, porque deja escaso margen a la elección: el crítico se halla al albur de cuanto le brinda el momento y, a menudo, bajo la indicación del director de la sección. Sin embargo; estos más de trescientos artículos, al agruparse en este tomazo de mil cien hojas, cobran una singularidad independiente de su ocasional y hebdomadario origen; es más, Sonidos de otras lenguas, con su recién ganada unicidad, conquista el venerable e ilustrado timbre de enciclopedia.

Y en absoluto es un vacuo halago; es mera y abrumada conclusión tras su lectura. Al punto que su copiosidad en nombres, herencias y escuelas me impele no solo a calificarlo de tesauro, sino a emparentarlo, tantos siglos después, con las orientadoras doxografías de Teofrasto y sus peripatéticos menores o con la inspiradora Biblioteca (s. II a.C.) de Apolodoro, pues, como aquellos cartapacios helénicos, más que una intrincada selva donde extraviarse, es un inagotable portulano para emprender las más sugestivas sendas por el arte lírico.

En efecto; Sonidos de otras lenguas presenta el neto aire de vademécum dispuesto para cualquier novel y entusiasta poeta, porque las reseñas de Siles, sobre el cotejo erudito de la traducción en cuestión con las editadas anteriormente en español, y las más o menos breves notas biográficas del autor y hasta del traductor, señala lo más valioso: la estética exhibida por el poemario en su lengua original; acotación indispensable para sopesar el acierto de la versión, mientras engarza, al tiempo, algo muy sustancioso y tentador para un liróforo novato: la relación del texto y su creador con otros versificadores —de quienes fue legatario o sobre quienes influirá—, reparando con atención en los deudores en nuestra lengua. En estas constataciones y ligaduras se halla la inapreciable invitación para acceder a otros tonos que procuren la exacta expresividad a quien, sintiéndose poeta y obsesionado, ronda, acecha, paladea, pero todavía no alcanza.

No es mi caso por mi torpeza para cualquier ritmo, pues bien sé que, desde Enheduanna de Ur —y ya han llovido sus cuarenta y tantas centurias—, la poesía no es sino palabra cantada; a pesar de las obnubilantes ingeniosidades de aquellos termodinámicos vanguardistas, empeñados en convertirla en encantadoras mangas y celestes capirotes, cuando Europa aún usaba el salacot para visitar sus colonias y el jazz era un frenesí traído en discos de pizarra, pues de la melodía —o sea, del sutil manejo de las tónicas y de sus pautas estróficas— emana el embrujo ancestral del poema y cuanto procuró que, durante milenios, los pueblos alabasen —y sigan alabando— a la divinidad, y hasta recordasen, con los ojos inflamados de lágrimas, quienes eran y de dónde venían. Tanto es así que, en la ingenua sublevación de la emoción, se halla la tarea esencial del poeta. Y aun cuando con el devenir de los tiempos, la poesía se haya enmascarado de coqueta, de divertida, de rijosa y hasta de hermética, ese anhelo de «volver, en un feliz olvido de sí mismo, al todo», como escribió Hölderlin, permanece inconmovible. Y en concordancia con Martin Heidegger y María Zambrano, Jaime Siles, desde su acendrado conocimiento de exquisito poeta y de enorme filólogo, lo sabe, y tal es el criterio que, bajo el torrente de datos, ahorma secretamente esta portentosa summa.

Y resulta paradójico descubrir que esta remotísima e inmarcesible verdad nos retorne entre las páginas efímeras de los diarios, por la crítica de unos cientos de traducciones y, en su mayoría, sobre escritores más bien recientes; o quizá se deba a que, como sentenció Heráclito, los dioses habitan en el lugar más insospechado; entonces, solo debería saberse cómo invocarlos. Ah; pero eso ya es potestad del poeta.

Artículo publicado por el "Imparcial" el domingo 10 de mayo de 2026

*Gastón  Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.

 

 

Ricardo Gil Otaiza


Confesión in pectore

Quien esto cuenta, halló la carta en un antiguo archivo shakespereano, y desea darla a conocer como homenaje póstumo a Christopher Marlowe, el verdadero creador, pero execrado por la gloria

 “¿Qué hay en un nombre? Lo que

llamamos rosa

con cualquier otro nombre olería igual.”

William Shakespeare

(Romeo y Julieta, Acto II, Escena II)

Nadie miente en su lecho de muerte, a menos que esconda algo tan importante, que cambie el rumbo de la historia, por lo que no podrá jamás conocerse la verdad y el supuesto hecho quedará asentado como fidedigno e inamovible por los siglos de los siglos, pero las estadísticas revelan, con cierta precisión (y digo “cierta”, porque la estadística no es una ciencia exacta sino aplicada; algo así como una herramienta para…), que mucho de lo dicho por agonizantes famosos, era cierto, y encerraba el deseo explícito de redimirse frente a ese “algo” que lo atormentaba por años, y solo deseaba liberarse de esa carga pesada que le quemaba el pecho como un —y con el perdón por el pleonasmo— tizón encendido.

Según los datos que tenemos a la mano, el poeta y dramaturgo William Shakespeare murió en Stratford-upon-Avon (Reino de Inglaterra) el 23 de abril de 1616, esto según el calendario juliano (en vigor para aquel entonces en Inglaterra), y según el calendario gregoriano adoptado por otros países, sería con precisión el 3 de mayo el día de su muerte, y lo hizo a la temprana edad de 52 años, aunque para la época una persona de esa edad era considerada una anciana, porque la esperanza de vida estaba entre los 35 y 40 años.

Pero volviendo al asunto de la muerte de Shakespeare, hemos de precisar, que “coincidió” con apenas un día de diferencia con la de otro grande de las letras, el español Miguel de Cervantes, ya que según el calendario gregoriano, vigente en España desde 1582, su muerte ocurrió el 22 de abril de 1616 y fue enterrado el 23, y, por convenciones asumidas por diversas circunstancias de orden histórico, se toma el 23 (a pesar de la diferencia de días de acuerdo a los dos calendarios) como la fecha de la muerte de ambos hombres, y la misma se adoptó como día del libro.

Volvamos a nuestra historia.

Shakespeare está moribundo aquella aciaga madrugada del día 23 (o del 3, como queramos), y alrededor de su lecho de enfermo hay el corre-corre típico de los infaustos momentos: la luz del candelabro dibuja en las paredes espectros y sombras, y lo más oscuro del ser aflora ante la inminencia de lo impostergable. En el rostro del poeta se otea ya la muerte, produciendo a sus facciones el cambio irreversible y doloroso de quien tiene un pie en el umbral de lo desconocido.

Pero… quienes son testigos de aquello, observan en el moribundo una inquietud acezante, como si quisiera expresar algo y la voz estertórea quedara aletargada, vacilante, bronca y espasmódica; algo que emana desde las profundidades del poeta quiere aflorar, pero el acceso de tos acalla su intención, y a ratos se duerme en el inconfundible sopor de lo improbable, aunque certero.

A hurtadillas, llaman a un cura para que William reciba la extremaunción, porque a pesar de que se definía como miembro de la iglesia anglicana (y era su obligación en la Inglaterra de entonces), la leyenda confirma que era un católico a las sombras, y en ese momento de la verdad no hay espacio para la ambigüedad (paréntesis: esto al parecer había sido su voluntad, cuando aún no había caído en el ingrato sopor de la muerte), así como también —al parecer— tal deseo estaba asentado en su testamento espiritual, que muy pocos conocían y que luego de su muerte no apareció en los archivos.

Aprovechose así la oportunidad de que el cura obrara el milagro de que el poeta dijera algunas palabras, para preguntársele al oído acerca de ese “algo” que desde hacía unas cuantas horas quería expresar, y que no había podido, pero siempre cauto y receloso, aún in extremis, Shakespeare indicó con un dedo que se retirara el clérigo: no deseaba tener a un extraño como testigo de lo que quería confesar a su mujer, por más que lo uniera a él una estrecha amistad de larga data, pero una cosa es lo religioso y otra lo literario. Igual para el médico de cabecera, quien tuvo que salir cabizbajo de la habitación.

Una vez a solas con su mujer, Anne Hathaway, le pide que tome la pluma y el pergamino y transcriba sus palabras:

 “A mi muy amada esposa, la buena Anne, consuelo de mis días. Sabed, señora mía, que estas palabras no nacen del capricho, sino del peso que por años ha gravado mi pecho. Y así, antes de que el tiempo me reclame como temo ahora, quiero que quede en vuestra memoria lo que jamás osé decir ante otros.

En toda mi vida no he escrito una sola línea de las comedias, tragedias y versos que el vulgo y los señores atribuyen a mi nombre. No fue mi pluma la que dio voz a príncipes atormentados ni a amantes desdichados; no fue mi ingenio el que pobló los teatros de reyes, brujas ni fantasmas.

El verdadero artífice de tales obras es Christopher Marlowe, hombre de genio ardiente y atendimiento sin par. El mundo le cree muerto desde aquel infausto año del Señor de 1593, mas yo afirmo —y ante Dios lo sostengo en esta hora sin par— que no murió entonces, ni yace en tumba alguna. Vive aún, oculto de miradas indiscretas, y bajo mi nombre ha dejado correr su caudaloso talento que por mi intermediación apreciáis.

Yo he sido, en esta empresa, sombra y máscaras; él, la llama secreta. Si algún día la verdad saliera a la luz, sabed que no obré por ambición sino por necesidad, pues tiempos recios exigen ardides extraños.

Guardad esta confesión con prudencia y no la confiéis sino a quien juzguéis digno de tal secreto.

Vuestro esposo que os ama,

William Shakespeare”

Dicho esto, el poeta entregó su alma al Creador y su mujer guardó en su seno la enigmática carta, y a partir de entonces nada se supo de ella, la buena de Anne no dijo ni una sola palabra al respecto y la misiva se perdió en la neblina de los tiempos.

Quien esto cuenta, halló la carta en un antiguo archivo shakespereano, y desea darla a conocer como homenaje póstumo a Christopher Marlowe, el verdadero creador, pero execrado por la gloria. Solo Dios sabe que no miento.

*Escritor y académico venezolano

rigilo99@gmail.com

 

Gabriel Jiménez Emán


Margot Benacerraf y la Cinemateca: Una vida por el cine

(En los 60 años de la Cinemateca)

En algunas de las crónicas que he escrito sobre el séptimo arte, he referido circunstancias de mis encuentros con viejas películas cuando nuestro padre Elisio nos llevaba, a mi hermano Ennio y a mí, a presenciar obras que se exhibían en salas del centro de Caracas, trabajos sobre personajes históricos o mitológicos como el Cid Campeador, Hércules, Moisés, Sansón y Dalila, Odiseo o Aquiles, cuyas cintas se exhibían en cines de Caracas ya desaparecidos. Luego, en la adolescencia, aquella fiebre fílmica se trasladaría al cine Broadway de Sabana Grande o en los “multi-cines” del Centro Comercial Chacaíto; el cine Altamira, el cine del Centro Plaza (donde solían ofrecer ciclos de cine francés) odel Teatro del Este en Plaza Venezuela, donde veíamos buena parte de las películas producidas en Hollywood y producciones italianas, francesas o alemanas.

Justamente,los filmes europeos del llamado Cine de Autor comencé a disfrutarlos en la Cinemateca, ubicada en la Galería de Arte Nacional de Caracas y en el Cine Arte de la Universidad de los Andes en Mérida, durante mis años de estudiante de Letras, donde presenciamos grandes ciclos de cine europeo y latinoamericanoy a formarnos ideas claras acerca de los desarrollos cinematográficos en estos países, también en lo relativo a novela, cuento, ensayo o música y la relación de éstos con la fotografía, el arte y el teatro. Bien recuerdo los ciclos fílmicos en la Cinemateca Nacional cuando nos dirigíamos a aquella sala en cuya pantalla se proyectaban ciclos completos de Orson Welles, Luis Buñuel, Michelangelo Antonioni, Federico Fellini, cineastas de la Nueva Ola francesa de los años cincuenta como FrancoisTruffaut, Jean-Luc Godard, Jacques Rivette, Eric Romer, Alain Resnais o Claude Chabrol; disfrutando también del viejo cine expresionista alemán en artistas como Fritz Lang (Metrópolis es una joya de la ciencia ficción), Ernst Lubitchtz, Robert Wiene o Frederick Murnau (padre del cine de terror con Nosferatu),cuyos filmes fundaron la tradición cinematográfica europea de donde también participaban directores soviéticos como Kuleshov,Pudovkin, Vertov y Eisenstein (El acorazado Potiemkim es película de culto).

Tendencias naturalistas, vanguardistas y experimentales de diversos países nos permitieron obtener, así, una idea clara de la tradición cinematográfica del siglo veinte, incluyendo en ella la del cine  estadounidense, bien fuera a través de los westerns considerados clásicos --como los de John Ford o Edwin Porter--, las geniales comedias de los hermanos Marx o disfrutar de clásicos como El nacimiento de una nación de David Griffith, --llamado también “padre del cine moderno”-- y otros tantos fundadores de la expresión fílmica como los hermanos Auguste y Louis Lumiére en Francia.  Aparte, por supuesto, de la nutrida tradición del cine mexicano que tanto influjo ejerció en la cultura de la América Latina, o la del cine brasilero que abrió otras compuertas a nuestra sensibilidad social y personal. Justamente, en estos días ha estado circulando en formato digital un volumen de mi autoría donde ventilo este y otros temas sobre el séptimo arte, titulado "El síndrome cinéfilo" (2025).*

En este sentido, la Cinemateca Nacional y distintas cinematecas regionales, tanto como departamentos de cine de varias universidades, fueron verdaderas cátedras para quienes deseábamos disfrutar o estudiar la naturaleza del fenómeno fílmico. Por supuesto, tal recorrido nos hizo tomar conciencia de aquello que debíamos forjar para el cine de nuestra América Latina, donde Venezuela también aspiraba a obtener un reconocido lugar. Viendo con atención --en estos días y en retrospectiva- -numerosas películas venezolanas del siglo veinte vía You Tube debo decir que –con sus altos y bajos- hemos conquistado un lugar bastante honroso en el cine de nuestro continente.

La iniciativa de Margot Benacerraf de fundar este primer espacio para el cine en Venezuela, el cual constituyó la Cinemateca --a objeto de promover y preservar el patrimonio fílmico de nuestro paísy de América Latina-- pasó a consolidar a esta institución como un centro cultural de avanzada, precedida por conversaciones de Margot con el cineasta francés Henry Lanclois de la Cinemateca de Paris, quien apoyó el proyecto para su fundación, en el año 1966. A la par de estimular la cultura cinematográfica, Margot abogó por la preservación de películas y, sobre todo, por crear un ambiente afable y positivo hacia la producción del cine venezolano, que consiguió el respeto y el reconocimiento de quienes la trataron de cerca. Aun cuando yo no disfruté de ese privilegio, si estuve cerca de ella en algunas ocasiones, en reuniones o fiestas con amigos escritores en Caracas en las casas de Hugo Baptista, Rodolfo Izaguirre, Salvador Garmendia o Rodolfo Santana. También me enteré,años después, que Margot visitaba con frecuencia la ciudad de San Felipe para visitar aquí una pequeña posada de ambiente campestre donde disfrutaba del paisaje y el clima de Yaracuy.

Aprovecho la invitación que me ha extendido la Cinemateca a participar de este homenaje a nuestra cineasta, poniendo de relieve sus conocidas películas "Araya" (1959) y "Reverón" (1952). La primera se presenta como un documental sobre la principal planta salina de Venezuela, pero la obra no se queda allí; se trata más bien de una narración mágica y sugestiva sobre el trabajo que gente del oriente del país ha llevado a efecto en el seno de ese paisaje, presentándolo a modo de fresco narrativo con visos poéticos, donde la portentosa voz de José Ignacio Cabrujas va hilando una suerte de épica cotidiana, un suceso social con tintes emotivos:  hombres, mujeres y jóvenes cuyos gestos y afanes confluyen mientras se entregan a trabajar la salina:todo ello resuelto en destellos ciertamente sugestivos y emocionantes, donde se compendia buena parte de lo que Alejo Carpentier definiera como "lo real maravilloso americano".

La repercusión de este filme en el Festival de Cannes en 1959 tuvo gran resonancia, pues compitió con películas de cincuenta países, obteniendo juicios elogiosos por parte del jurado de calificación, emanados de la Comisión Superior Técnica. Tal reconocimiento le sirvió de impulso a nuestra cineasta para cumplir posteriores invitaciones a festivales, en Venecia y Moscú.

La otra película escrita y dirigida por Margot, "Reverón" (1952) es obra de montaje compartido con Francino Grubert y música de Guy Bernard, fotografía de Boris Doroslovackiy voz narradora de Carlos Augusto León. Se trata de un documental de treinta minutos sobre la personalidad de este gran artista plástico de la primera mitad del siglo veinte, cuya compleja condición mental forjó una personalidad única e hipersensible con rasgos de santo, poeta, pintor y creador de trazos impresionistas del trópico, ejecutados en su vivienda en El Castillete de Macuto. El filme también obtuvo el reconocimiento de varios países, contando con proyecciones en Francia, Alemania o Bélgica, yla participación en los Festivales de Cannes y Edimburgo. El filme formó parte, asimismo, del programa Studio Etoile de Paris, de la Colección Permanente de la Cinemateca Eastman House en Nueva York y de la Cinemateca Francesa en Paris.

Al intentar captar el complejo mundo de Reverón, la cineasta opta por interpretar el espacio anímico del artista, optando por recrear su mundo simbólico e indagandoen sus latencias recónditas. El filme comienza presentando uno a uno los ambientes del Castillete: las muñecas, los bohíos, la pequeña capilla, Juanita dormitando en la hamaca, Reverón yendo de un lado a otro y tomando sus pinceles para plasmar su autorretrato, en medio de un magnífico juego de espejos. Conocida es la compleja condición mental del artista, tratada por reconocidos psiquiatras de entonces. Opta entonces la cineasta, en esta oportunidad, por concentrar su atención en una de las crisis creativas del pintor de Macuto que, en cuanto se recupera, se estimula a culminar uno de sus mejores autorretratos, el último de los suyos. Memorable es, ciertamente, la escena del artista dando pinceladas frente a un espejo mientras la cámara lo capta desde distintos encuadres, que convergen en una sumatoria de imágenes dramáticas. Apartándose de esquemas narrativos lineales, Benacerraf se interna en la complejidad existencial de nuestro gran artista, logrando así crear un clima sugestivo en un filme de enorme delicadeza plástica, bien matizado consoberbios toques dramáticos, realzados por la música de Guy Bernard. Se trata de un verdadero clásico del cine nuestro.

Según hemos advertido en algunas entrevistas concedidas por la cineasta, otras dos películas suyas quedaron pendientes de realizarse, debido a inconvenientes o despropósitos de última hora: una sobre la personalidad de Pablo Picasso acordada con el gran artista español, y otra sobre un cuento del narrador colombiano Gabriel García Márquez: "La cándida Eréndira y su abuela desalmada". En ambos casos, se realizaron contactos y acuerdos iniciales para llevar a cabo los filmes, pero debido a equívocos o inconvenientes de última hora, no pudieron lograrse los objetivos. Lo que si logró Margot, --y con creces--en los últimos años de su vida, fue el lanzamiento de una Biblioteca sobre cine creada en Venezuela con el apoyo de la Embajada Argentina, la cual pasó a formar parte de los espacios de la Cinemateca Nacional, a través de la cual Margot aspiraba contribuir al estudio y difusión del cine latinoamericano. En este sentido, siempre fue y será lugar donde albergan nuestros sueños, para continuar recorriendo los rumbos de la creación.

Algunos de los presidentes de la Cinemateca en las décadas iniciales de su funcionamiento han sido, luego de Margot Benacerraf (1996-68), Rodolfo Izaguirre (1968-1988), Carmen Luisa Cisneros (1968), Ricardo Tirado (1988-1990), Ildemaro Torres (1990-1991), Oscar Lucien (1991-1994), Fernando Rodríguez (1994-1999) y Jacobo Penzo (1999-2002). Siendo presidente Fernando Rodríguez –hombre ameno, culto y educado- visité la institución a ver si era posible llevar a cabo una edición de un libro mío,que al fin apareció con el título de "Espectros del cine" (1998) y recoge varios ensayos míos sobre el tema. En cierto modo, esta publicación significó mi ingreso informal a la gran familia de la Cinemateca.

Aun cuando no tuve la suerte de tratarla personalmente, siempre le admiré en secreto, celebrando su festiva sonrisa y su jovial personalidad, su aplomo y su porte de dama elegante, discreta e inteligente, que los venezolanos celebramos hoy honrando su legado, y reconociendo en su labor uno de los aportes sustanciales y significativos para la cultura venezolana.

*Gabriel Jímenez Emán, es escritor, narrador, poeta, ensayista, compilador y traductor venezolano, destacando más en el ámbito de la narrativa y la poética, la cual ha sido traducida a varios  idiomas  y recogida en antologías latinoamericanas y europeas.

 

 

Madrid.-12 de mayo 2026. 


De la editorial Betania

Presentación de Las Crónicas de Juan Tanamera. De Cuba traen un cantar, de Manuel Rodríguez Ramos

El Centro Cultural Cubano de Nueva York invita a la presentación del libro Crónicas de Juan Tanamera. De Cuba traen un cantar,  del escritor cubano Manuel Rodríguez Ramos (Jatibonico, 1953). Con la actuación del reconocido actor Juan Sandor.

En el prólogo el ensayista y poeta cubano Jorge Luis Arcos, señala: «Este es un libro escrito con mucha gracia y humor, toda vez que el centro de sus relatos proviene de una recreación de la mitología popular, creada a partir de la trova tradicional cubana: los personajes pintorescos, las letras de las canciones, o el teatro vernáculo, que viven en la imaginación de varias generaciones del pueblo cubano».

Manuel Rodríguez Ramos (Jatibonico, 1953). Narrador, dramaturgo y cineasta cubano. Doctorado por la Universidad de Arizona, ejerce la docencia universitaria en Estados Unidos, donde reside. Entre su filmografía destacan los documentales: Lezama, inalcanzable vuelve (1998), Retrato de Gastón Baquero (2024) y Las vivencias poéticas de Francisco Brines (2016).

Autor de la novela Las estaciones del viajero (Verbum, 2017). En 2024 se lleva a escena su obra El rey de las aves en LA NACIONAL de Nueva York, escrita en 1989 y estrenada en la Casa de la cultura de La Habana.

Fecha: miércoles 13 de mayo (2026).

Hora:  6.30 pm.

Lugar: La Nacional (239 W. 14 St. e/ 7ma y 8va Ave. Nueva York).

Entrada gratis, aforo limitado.


Madrid, 07 de mayo 2026. 

Sonia Muñoz Guevara


Presentación del libro

“Del esplendor de la lengua española”, de Gonzalo Celorio


En el Instituto Cervantes se ha llevado a cabo, el acto de la presentación del libro, “Del esplendor de la lengua española”, ante distinguidas personalidades de la literatura, catedráticos, profesores y demás instituciones e invitados que asistieron el pasado 27 de abril.

Los intervinientes a participar en esta conferencia, fueron:
Esperanza Gutiérrez Redomero, Vicerrectora, de La Universidad de Alcalá de Henares, Manuel Lazcano Ávila, director del Fondo de Cultura Económica, Gonzalo Celorio, premio Cervantes 2025, Jesús Marchamalo, escritor y periodista, y Juan Cruz, narrador y periodista.

El escritor mexicano Gonzalo Celorio, recientemente ha sido reconocido con el Premio Cervantes 2025, en el Paraninfo de la Universidad de Alcala de Henares, el 23 de abril, por su trayectoria como escritor integral, destacando su labor intelectual y contribución al idiomas español. Celorio es el séptimo escritor mexicano en recibir este prestigioso premio.

Durante su participación el escritor, nos ha contado sus anécdotas de familia de sus doce hermanos, sobre memoria, en donde su sentido de de humor, estuvo presente en la conversación. Ha sido una velada agradable. Luego la firma de sus libros. 

Mas fotos:https://www.facebook.com/lagaterapress/?locale=es_ES


Madrid.- 04 de mayo de 2026

48ªedición

Feria del Libro Antiguo y de Ocasión

Ilustrador, Juan Berrio

El Ayuntamiento de Madrid respalda por sexto año consecutivo la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión, organizada por la Asociación de Libreros de Lance de Madrid, que celebra su 48ª edición del 30 de abril al 17 de mayo en el paseo de Recoletos. El apoyo municipal se concreta en una subvención de 15.000 euros, en el marco del convenio suscrito entre el Área de Cultura, Turismo y Deporte y la entidad organizadora, que impulsa esta cita desde 1977.

La edición de 2026 cuenta con la participación de 37 librerías especializadas procedentes de distintos puntos de España: 22 de Madrid, cinco de Barcelona, tres de Valencia, dos de Granada y una de Sevilla, Pamplona, Salamanca, Zaragoza y Huesca, respectivamente.

Durante más de dos semanas, el público podrá descubrir una amplia oferta bibliográfica y documental que abarca desde libros de segunda mano y títulos descatalogados hasta volúmenes antiguos, primeras ediciones firmadas, incunables, manuscritos originales, grabados, mapas, ediciones raras, periódicos y revistas, cómics y piezas de coleccionismo en papel. La propuesta se completa con restos de edición, conocidos como libros de saldo.

Lugar: Paseo de Recoletos, Madrid.

Fechas: Del 30 de abril al 17 de mayo de 2026.


Madrid.- 30 de abril de 2026


Por Gastón Segura

Las tribulaciones de un cordobés

Entre el estruendo bélico internacional y los no menos estridentes testimonios ante nuestros más altos tribunales, ignoro si habrán sabido que, bajo el auspicio de varias instituciones públicas y privadas andaluzas, más la colaboración de la Casa Árabe, se está conmemorando el noningentésimo aniversario del nacimiento de Averroes; quien, con Séneca, constituye la pareja de pensadores nacidos en el solar hispano —y ambos, concretamente, en Córdoba—, que más prolongada influencia tuvieron, al menos, en Occidente. En el caso del andalusí, incluso decisiva. Por tanto, es una benemérita y oportuna celebración, independientemente del acento político —siempre espurio y pasajero— que alguno de los organizadores pretenda darle, pues el eco de Averroes, si en un terreno fue determinante, y donde permanece como un incólume jalón, es en el devenir de la Metafísica y, derivadamente, en la recuperación del quehacer científico, durante aquellas centurias oscuras del Medievo. Y no lo tuvo fácil.

Averroes nació en 1126; o sea, al poco de cumplirse un siglo del estallido de la Fitna; es decir, de la gran revuelta —o, si prefieren, de la guerra civil— de los ochenta años en al-Ándalus. Verán; tras la muerte de Almanzor, en 1002, se desataron las tensiones entre sus mercenarios bereberes y los habitantes de Córdoba, que se elevarán, una década después, a un encarnizado enfrentamiento, cuya consecuencia no solo fue el asalto y destrucción de Medina Azahara y la desacralización del califa, sino la irreversible partición del imperio en diversos señoríos por las principales facciones en liza —hispanomusulmanes, magrebíes y esclavos—; en fin, las Taifas —que significa literalmente banderías—. Circunstancia manejada en su momento con pingüe habilidad por Alfonso VI —el primer rey cristiano que ejercitó verdaderamente una política—, pues alquilaba sus mesnadas a todos los bandos contendientes; al punto que las batallas se disputaban casi entre castellanoleoneses y vencía, claro es, la Taifa que conviniese pecuniariamente al monarca leonés. Esta situación, sobre chocante, quebrantó al alza el sistema tributario prescrito por El Corán (656); por tanto, no solo inflamó sublevaciones religiosas en Toledo y en otras capitales andalusíes, sino que fue la ocasión para la llamada, en 1086, de los rigoristas almorávides, con los que sacudirse la usufructuante opresión alfonsina. Pero el auxilio de los hombres velados del Sahara se tradujo en una ocupación y de tan escaso acomodo para sus correligionarios ibéricos, que propició, entre 1147 y 48, su deposición por los todavía más dogmáticos almohades.

Y reparen en que, durante la sucesión de una invasión africana por la siguiente, transcurrió la juventud de Averroes. Y aunque no le impidiesen proseguir la carrera de juez como su padre y su abuelo, aquellos exaltados creyentes permearon decisivamente su ingenio. Pues a pesar del parecer reinante en el Islam, alentado por la Refutación de los filósofos (1093), de Algacel, donde, sobrepasando el platonismo de Avicena, se defendía, contra cualquier razonamiento, un abandono místico como única forma de comprender la Creación, dado que las disputas entre los distintos pensadores no evidenciaban sino sus errores, Averroes acometió la restauración de la razón —inesperadamente inducido por el sultán almohade Abu Yaqub Yusuf— con sus comentarios a la obra general de Aristóteles. Es más; para superar al imperante misticismo, expuso la llamada, por Sigerio de Brabante, tesis de la «doble verdad», donde proponía que la doctrina religiosa —o sea, exotérica o revelada— ocultaba entre sus palabras otro mensaje esotérico igualmente veraz, y cuya develación solo era posible mediante un escrupuloso análisis lógico.

Con este postulado de la doble manifestación de la verdad pretendía salvar el conocimiento racional, descrito por Aristóteles, de la voraz creencia, al que añadiré su concepto del intelecto agente o universal, que permite, sobre el intelecto receptivo o individual, formular abstracciones a los hombres y, en consecuencia, el saber. Ambas propuestas convulsionaron las universidades cristianas tras su divulgación por los sefardíes establecidos en Francia y las consiguientes traducciones de Jacob Anatoli y de su cuñado Moisés ibn Tibbon. Así, a través de un Averroes por manos hebreas, aconteció la gran exégesis del fisicismo aristotélico; o sea, la escolástica con sus disputas entre averroístas y antiaverroístas. Y, durante el siglo siguiente, con las agudas objeciones a los anteriores de Duns Scoto y de Tomás de Occam —impulsores del nominalismo—, el camino hacia una ciencia empírica.

Y les decía que Averroes no lo tuvo fácil porque sus exposiciones siempre suscitaron el recelo de los doctores de la ley coránica, quienes aprovecharon la estancia en Córdoba del sucesor de Abu Yaqub Yusuf, soliviantado por la expansión de Alfonso VIII más allá de Calatrava, para obtener su condena pública por herético, la quema de sus libros y su confinamiento entre Lucena y Cabra, en 1195. Y aunque un par de años después fuera recuperado para la corte de Marraquech, donde apenas alcanzó a vivir sus últimos diez meses, su obra padeció siempre aquella sórdida tachadura, por cuanto se vio cercada por las sucesivas corrientes místicas que han prevalecido en el Islam, cuando no, simplemente olvidada. De modo que Averroes nos aparece como el último filósofo —en el sentido helénico del término— surgido bajo ese credo, a la par que su pérfida persecución quizá fije el momento preciso cuando el Islam se apeó del progreso de la Historia. Pues este derrotero ha sido impulsado por los posteriores descubrimientos científicos, y estos fueron obra del escueto empleo de esa razón que rescató, contra el sentir dominante de su tiempo, aquel talento cordobés.

Artículo publicado por el "Imparcial" el lunes 27 de abril de 2026  

*Gastón  Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.


Por Ricardo Gil Otaiza

 

 

Cuando aparezcan las sombras

En el libro, Castro Picón trata la crisis en sus distintas facetas: economía, sanidad, democracia, ecología, vivienda, derechos ciudadanos, fascismo, racismo, la violencia contra la mujer, y muchas otras

Cuando nos acercamos al término apocalipsis, nos estremecemos ante sus hondas implicaciones, no en vano el Diccionario de la Lengua Española (23ª ED), de la RAE, nos dice al respecto (en sus dos primeras acepciones): 1. “El fin del mundo”, y 2. “Una situación catastrófica ocasionada por agentes naturales o humanos, que evoca la imagen de destrucción total.”, y traigo esto a colación a propósito del libro La fiesta del fin del mundo. Apocalipsis cultural en periodo de crisis (España, 2008-2023), de Natalia Castro Picón (Menorca, 1989), con el que obtuviera el importante Premio Anagrama de Ensayo 2025, y que publicara la propia editorial a finales de ese año en su colección Argumentos.

De entrada, intimida su extensión: 445 páginas en apretados caracteres, pero, a medida que nos adentramos en ellas, nos insertan en una suerte de oleaje, que nos lleva por diversidad de temas y circunstancias, de los que no podemos desentendernos, porque sencillamente nos atañen como ciudadanos de un mundo complejo, cruzado e interconectado por cientos de variables, que se entretejen para hacer de nuestra realidad todo un fresco de posibilidades de múltiple orden.

Aborda la autora una temática puntillosa, difícil de tratar en medio de una época intransigente y ciega frente al poder de las ideologías y las telecomunicaciones, que se van a los extremos (tanto la izquierda como la derecha; aquí no cabe el centro ni el fiel de la balanza que pueda mover los platillos), que obnubilan los sentidos y la razón, hasta llevarnos por oscuros callejones de mentiras disfrazadas de verdades, y que asumimos sin pensar, como si fueran parte del paisaje, pero que nos afectan hasta lo indecible y hacen de nuestra existencia una suerte de mural al que, cada uno, y según sus “apetitos” (de toda laya), da una pincelada del color de su preferencia, pero el que a la postre termina destruido, tergiversado: rotos su eje e intención, y desdibujado hasta la náusea.

En el libro, Castro Picón trata la crisis en sus distintas facetas: economía, sanidad, democracia, ecología, vivienda, derechos ciudadanos, fascismo, racismo, la violencia contra la mujer, y muchas otras. Yerra la autora al sesgar el análisis ideológico, y no insertar la problemática de la izquierda radical, cerrada a cal y canto a todo aquello que no exprese su misma narrativa, lo que produce, ni a qué dudarlo, el choque de trenes entre los extremos que hoy se atrincheran como en épocas que creíamos superadas, de allí la tragedia  política de muchas naciones, de la que no escapa España, su objeto de estudio, y que la llevan al borde del abismo.

Hay, no faltaba más, el imaginario del fin, o apocalíptico, y cuyo discurso toca (no tangencialmente, por cierto) aspectos tan relevantes como los medios, las artes visuales, la literatura, la música, que inciden de manera determinante en el qué y en el cómo pensamos, que nos mueven en el día a día, que guían y ralentizan (aunque no lo creamos) nuestro comportamiento y nuestras acciones; de allí la crisis presente no tan soterrada, como algunos políticos ultrosos quieren, y por la que se frotan las manos y sacan sus cuentas, y que se refleja en un afán de supremacía y poderío que aterra, que abre cauces a situaciones indeseadas, que busca el quiebre del “orden establecido” para obtener rédito político o crematístico (o ambos, por supuesto), lo que trae a mi mente un libro capital del pasado, pero que hoy cobra plena vigencia, que leí hace ya unos cuantos años con enorme perplejidad y desconcierto, y, que por cierto, no aparece en la bibliografía de este libro que reseño (motivado, tal vez, a su data): me refiero a El choque de las civilizaciones. Y la reconfiguración del orden mundial de Samuel Huntington.

A pesar de lo grueso de la temática tratada, la prosa de la autora discurre, se deja leer, permite asentir y disentir, y se observa algo que luce interesante, como es su estilo juvenil y fresco (ella es una mujer muy joven), lo que no va en contraposición con los estándares exigidos para el género ensayístico, y lo que dice mucho a favor de la obra y del jurado que la valoró. Es más, a veces el lenguaje tiene atisbos de lo lúdico (hallamos al respecto metáforas e imágenes muy gratas y festivas, no en balde aparece el vocablo fiesta en el propio título).

En este sentido, apocalipsis y festín se mecen al unísono en la obra: uno deriva del otro (y en ambos sentidos) en un ejercicio de realimentación, que nutre y enriquece las páginas, lo que aleja toda posibilidad de lo fatídico y desesperanzador en un ejercicio literario pleno y sensorial, en cuyo trasiego se nos abren boquetes y vislumbres de lucidez, así como del anhelo de los tiempos por venir, que tendrán que ser mejores que los actuales, ya que las nuevas generaciones de intelectuales asumen, con rigurosidad y método, la densa trama del devenir, y se atreven, de manera colectiva, a llevar las riendas de procesos que conlleven cambio y apertura, que orienten en medio de la pérdida de los hilos históricos, que afecta al presente.

El celebérrimo nihilismo de muchos intelectuales (entre ellos el ya citado Huntington) se cae a pedazos en esta obra, porque en ella la autora no se vanagloria de mostrarnos la puerta del averno, y su trabajo es, si se quiere, alentador, porque indaga más allá de los referentes epocales, para decirnos que podemos otear futuros diversos de tomarse ya soluciones y correctivos, que ahuyenten el miedo a los extremos políticos (que deberán trabajarse con tino y voluntad política), para reinventar el ahora sobre bases firmes que, como las de esta obra, nos sirvan de espejo en el que podamos mirarnos cuando aparezcan las sombras.

*Escritor y académico venezolano

rigilo99@gmail.com



Por Gabriel Jiménez Emán

                                             

Díalogo postrero entre Sancho Panza y Alonso Quijano, oído por el autor del Quijote


Cide Hamete, autor de "El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha", escribió un diálogo para este libro que hasta ahora no se había dado a conocer, y es dado hoy a la luz con la intención de agregarlo a la célebre obra, y así todas las villas y lugares de la Mancha, de España y del mundo compitan entre sí por divulgar y hacer suyas su fama y su memoria.

Dicho episodio comienza cuando Sancho Panza se encuentra ahogado en mares de llanto, viendo a don Alonso Quijano postrado en su lecho, pocas horas antes de morir.

En una de esas pausas de llanto en que Sancho fue a procurarse un poco de vino para mitigar su sed, don Alonso sorpresivamente se inclinó, le vio a Sancho y le hizo señas de que se acercase a su lecho. Sancho, ni corto ni perezoso, se acercó a su amo; aquel le tomó de un brazo y con una sonrisa pícara le susurró al oído:

—Sancho, de haber nacido otra vez, ¿quién habrías querido ser?

—¿Yo, mi señor?

—Sí, Sancho, dime quién.

—Pues usted, mi señor, en otra vida me gustaría ser usted y cabalgar por los campos de Castilla y de España junto a Sansón Carrasco y Sancho Panza.

—¿Estás hablando en serio, Sancho, o de nuevo estás diciendo disparates?

—No, mi señor Alonso Quijano, ya que usted recuperó la cordura y ahora se arrepiente de sus locuras, yo le digo que si mi Dios Jesucristo me permitiera nacer otra vez, me gustaría ser Don Quijote de la Mancha y volver a recorrer los caminos del mundo y ganar batallas y los amores de bellas mujeres.

¿Y usted, señor mío, si a usted le dieran la oportunidad de vivir su vida otra vez, quién le hubiera gustado ser?

—Pues tú, Sancho, me hubiera gustado ser Sancho Panza, un buen hombre que se atrevió a creer en la locura de otro hombre porque sí, sin más esperanza y herencia que ser gobernador de una isla que no existe.

—Pues entonces estamos a mano, amo y señor mío, nuestras vidas están cumplidas y nuestros destinos realizados, creo yo.

—Así es, Sancho, así lo quiso nuestro señor Jesucristo, que es grande y sabio.

Alonso Quijano dijo esto y después expiró. Sancho tomó el brazo de su amo —que había permanecido hacía pocos segundos temblando sobre su hombro— y lo colocó suavemente en el pecho exánime de don Alonso.

Cide Hamete, el escritor, y el bachiller Sansón Carrasco los contemplaban a ambos cuando esto tuvo lugar; ellos fueron únicos testigos de las postreras palabras que cruzaron Sancho Panza y Alonso Quijano. Entre Hamete y Carrasco hubo el acuerdo tácito de que tales palabras debían ser insertadas en la novela, pero por algún desconocido percance el diálogo no pudo ser incluido en la edición que el impresor Juan de la Cuesta hizo de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, en 1615.

Mientras se dirigían a hacer los preparativos para dar cristiana sepultura a don Alonso, Sansón Carrasco preguntó a Cide Hamete Benengeli cuál de los tantos personajes que había creado la febril imaginación del Quijote, y que él había recogido en su pluma, le habría gustado ser.

—Me habría gustado ser el Caballero de los Espejos, que es justamente el personaje que tú creaste disfrazándote, para divertirte y darle más vida a Don Quijote. Ese es un invento genial, te lo aseguro. Por ello te doy las gracias. Fue el único Caballero que logró vencer en batalla limpia a Don Quijote.

¿Y usted, Sansón, quién le habría gustado ser de entre todas esas fantásticas aventuras imaginadas por Don Quijote?

—Pues le digo con toda sinceridad que más bien me hubiera gustado ser un escritor diestro como usted, maestro Hamete, con tanta facilidad para manejar esa pluma, la misma que parecía decir «para mí sola nació Don Quijote, y yo para él; él supo obrar y yo escribir; solo los dos somos para en uno, a despecho y pesar del escritor fingido».

—Le agradezco mucho su elogio, bachiller, pero me parece que otorga usted más honores a esa pluma que a mi persona —replicó Cide Hamete, sonriendo apenas y al unísono con el bachiller Carrasco, mientras se encaminaban ambos a contribuir con los arreglos del sepelio. Hamete re-cogió estos hechos y palabras postreros y los mantuvo largo tiempo consigo, atesorados en un manuscrito de pergamino.

El mencionado manuscrito fue hallado hace poco en el anaquel de una vieja posada de Madrid, donde un tal Miguel de Cervantes solía pasar largas horas descansando o escribiendo, por aquel año de 1615.

( Del libro "Historias imposibles", Monte Ávila Editores. Caracas).


*Gabriel Jímenez Emán, es escritor, narrador, poeta, ensayista, compilador y traductor venezolano, destacando más en el ámbito de la narrativa y la poética, la cual ha sido traducida a varios  idiomas  y recogida en antologías latinoamericanas y europeas.



Madrid.- 27 de abril de 2026

Carabaña(Madrid)

La Gatera Press

Encuentro con el escritor Juan Miguel Sánchez Vigil

Izda.Alcalde Mario Terrón, escritor Juan M.Sánchez Vigil y Cjal.de cultura Luis Moraleda 
El pasado 23 de abril, Día del Libro, se ha presentado en la Biblioteca de Carabaña, la última programación de la Semana del Libro 2026, el Encuentro con el autor, Juan Miguel Sánchez Vigil, escritor, documentalista y fotógrafo, “Carabaña. Un libro de libros. Paisaje y Paisanaje”.

En una sala concurrida, se dieron cita a esta charla literaria, para escuchar al autor sobre la evolución del municipio del pueblo de Carabaña,y así mismo comentarnos sobre su fotografía. 

Ha publicado una veintena de libros de temática diversa (historia de la fotografía, viajes, literatura infantil y juvenil), El valle del Tajuña, España en blanco y negro, Cuentos y leyendas de la comunidad de Madrid, Marabo el último bandolero, Historias de San Torondón, El universo de la fotografía, Carabaña. Documentación histórica, es continuación y complemento a la obra, Carabaña. De la prehistoria al siglo XXI, como indica el insigne profesor Fernández Álvarez en el prólogo, un interesante corpus para el estudio de la historia de España desde la perspectiva local.

Juan Miguel Sánchez Vigil

Es doctor en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense, profesor del Departamento de Comunicación, de esa Facultad, documentalista gráfico de la editorial Espasa Calpe y fotógrafo profesional. Ha sido comisario de varias exposiciones de fotografía, entre ellas las dedicadas al académico Alfonso Sánchez Portela, y a la dinastía Calvache, y jurado del prestigioso premio Kaulak que otorga el Ayuntamiento de Madrid.

Catedrático de la UCM. Doctor en Ciencias de la Información (1995, UCM); Doctor en Historia del Arte (2005, Universidad de Castilla la Mancha); y Doctor en Geografía e Historia (2020, UCM). Editor, fotógrafo, documentalista gráfico. Imparte docencia desde el año 1997 en las Facultades de CC. de la Información y CC. de la Documentación de la UCM, con especialidad en Documentación Fotográfica y Editorial. Es profesor de Grado, Máster y Doctorado.

Ha sido un placer, conocer al autor y darnos una charla bastante enriquecedora y llena de recuerdos del pueblo de Carabaña.

 




Madrid 

GONZALO CELORIO, recibe el PREMIO CERVANTES 2025

Entregado por los Reyes de España: Felipe VI y Leticia Ortiz

El 23 de abril, ha sido entregado el Premio Cervantes, al escritor mexicano, ensayista y novelista Gonzalo Celorio, en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá, convirtiéndose en un ambiente literario y de fiesta, Alcala de Henares.

Autoridades municipales y representantes institucionales, presentes en esta acto, para recordar  el aniversario del fallecimiento de Cervantes, en el año 1616, la alcaldesa Judith Piquet, la directora general del libro Maria José Galvez, el ministro de cultura Ernest Urtasun, la presidenta de la comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, Luis García Montero: Escritor y director del Instituto Cervantes, Sergio Ramírez, escritor nicaragüense y Premio Cervantes 2017, Luis Mateo Díez: Escritor español y Premio Cervantes 2023, Santiago Muñoz Machado: Director de la Real Academia Española (RAE) y familiares del premiado de Gonzalo Celorio, y representantes y personalidades del gremio universitario y cultural.

Gonzalo Celorio (Ciudad de México, 25 de marzo de 1948) es un editor, ensayista, narrador, catedrático y crítico literario mexicano. Desde febrero de 2019 se desempeña como director de la Academia Mexicana de la Lengua. De 2000 a 2002, fue director del Fondo de Cultura Económica.

Obtuvo la licenciatura en lengua y literatura por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y el doctorado en literatura iberoamericana por la misma universidad.

Es autor de las novelas Amor propio (1992), Y retiemble en sus centros la tierra (1999), la trilogía Una familia ejemplar, formada por Tres lindas cubanas, El metal y la escoria (2014), Los apóstatas (2020), Mentideros de la memoria (2022), entre otros más.

Celorio se convirtió en el séptimo mexicano en recibir el premio Cervantes, luego de Octavio Paz, Carlos Fuentes, Sergio Pitol, José Emilio Pacheco, Elena Poniatowska, y Fernando del Paso

“La nacionalidad mexicana no puede disociarse de la historia y la cultura españolas”, dijo, el escritor ganador del Premio Cervantes. Aplausos grandes para este escritor, designado con este merecido premio.

 

 

Madrid.- 22 de abril de 2026

La GateraPress

Homenaje Vargas Llosa: una vida

A un año de su fallecimiento 14 de abril 2025, su hijo Álvaro Vargas Llosa, ha querido hacerle un homenaje, en el Ateneo de Madrid.


Se ha llevado a cabo, el 13 de abril de 2026, en este lugar emblemático, como es el Ateno de Madrid. Su hijo  Álvaro Vargas y el Ateneo, le han rendido un cálido homenaje a una de las voces mas importantes de la literatura latinoamericana,  “Mario Vargas Llosa: una vida”. 

Abrió el acto el poeta y novelista, Joaquín Pérez Azaústre , Gerardo Bongiovanni y Raul Tola, y luego intervino Álvaro Vargas Llosa, quien condujo la conferencia. Entre los participantes, se encontraban: Mercedes Monmany, Juan Gabriel Vásquez, Sergio Ramirez, Carlos Granés, Magüi Mira, Maribel Luque, David Gallagher, Gina Montaner, Roberto Salinas, y el actor José Sacristán, quien participo en pantalla y fue grabada su participación. Después de dar cada uno de ellos su opinión y contar sus anécdotas de cómo conocieron y la relación, que mantuvieron con el escritor homenajeado. Luego se procedió a las lecturas dramatizadas, por parte de cada uno de los exponentes.

Álvaro Vargas Llosa, definió a su padre como un hombre que la vida le quedaba chica, un hombre inquieto, en conocer las artes, cine, teatro, también destaco, que la constante búsqueda de experiencias, le llevo a “poner patas arriba”  a su propia familia, pero siempre reconocerlo arrepentirse y pedir perdón por sus errores.

Luego entre brindis y amigos, disfrutaron de una velada literaria.


Madrid.- 21 de abril de 2026

 

Llega a librerías 'La muerte de la autora'

de Nnedi Okorafor

Es la esperada novela de una de las más importantes autoras internacionales de ciencia ficción, que combina la mejor ficción especulativa con una fuerte base de narrativa contemporánea.

Compleja, trepidante, rompedora. Es un ambicioso metadrama sobre qué nos hace humanos. Integra un mundo posapocalíptico de robots e Inteligencia Artificial que sigue reafirmando a Nnedi Okorafor como una de nuestras grandes creadoras de mundos.

El título está inspirado en el ensayo La muerte del autor de Roland Barthes. Pertenece al subgénero del africanfuturism.

Es el relato de una mujer en los márgenes que lo arriesga todo para ser escuchada. Excéntrica, impredecible y adorable.

Destaca la fuerte dimensión metaficcional: reflexión sobre la autoría y la creación literaria en el siglo XXI, incluyendo la idea de la obra dentro de la obra.

Explora otros temas: la identidad individual, el feminismo, la discapacidad y su relación con la tecnología, el impacto de la tecnología en la vida y la cultura; también el éxito, la fama y la presión pública en la era digital, las redes sociales y la cultura de la cancelación.

Argumento

Zelu es una mujer parapléjica de treinta y dos años con un máster en escritura creativa, aunque de pequeña quería ser astronauta. De ella ya no se espera gran cosa, se siente una marginada en el seno de su familia, que es amorosa pero muy exigente y tradicional, criticada e incomprendida por sus padres y sus cinco hermanos. También se siente sobreprotegida, debido a su discapacidad. La vida le ha dado algunos golpes, pero cuando la despiden de su trabajo y rechazan su última novela, su vida da un vuelco. No sabe qué va a ser de ella, y entonces toma una decisión arriesgada: escribir un libro muy diferente a los demás. Será su primera historia de ciencia ficción, sobre androides e inteligencia artificial tras la extinción de la humanidad. Y todo cambia. Lo que viene después es una historia de amor y pérdida, fama e infamia, y acontecimientos extraordinarios en un mundo y en otro, donde la línea entre la ficción y la realidad se difumina.


Madrid.- 15 de abril de 2026


Por Gastón Segura

Melodía de arrabal


Podría titularse así, como este artículo y como aquella película protagonizada por Carlos Gardel e Imperio Argentina para la Paramount, en 1933; como también podría llamarse Recuerdo de los olvidados o hasta El rastro de los sin huella, o cualquier otro de los muchos títulos que se me ocurren en este momento; sin embargo, se titula Singapur por una canción de Tom Waits. Se trata de la reciente novela de mi amigo Alfons Cervera. Y como quiera que no pude acudir a su presentación, hace tres o cuatro sábados, en la madrileña Sin Tarima, del incombustible Santiago Palacios, me propongo escribirle, como disculpa y también como fraterno abrazo, estas líneas, que no dejan de ser —qué duda cabe— una invitación para que se conmuevan con las vidas que, como si fuesen los caliches o los papelorios viejos o esas otras mil inmundicias que arrastra una súbita ventolera, asoman a retazos en sus páginas o en esa plazuela del confín de los sueños, donde solo unos cuantos bancos proclaman que hasta allí llegó, nadie recuerda cuándo, el impulso municipal; luego, el consistorio se olvidó del paraje para siempre. Suele suceder.

Sí; el relato se centra en una plaza suburbial, que se abría por un flanco a los cegadores descampados donde se avista un horizonte de puro hastío y, por el otro y al final de una de sus callejas, a una autovía de turismos veloces y camiones abarrotados, que imponía la infranqueable frontera con el mundo de la algarabía multicolor de las luces nocturnas, del fulgor destellante de los tentadores escaparates y del rumor confortable de las cafeterías acristaladas, donde los clientes sonríen acomodados sobre un mañana que nunca llegará allí, a aquella cuadrangular y desamparada linde donde asoman una barbería, la del Josito; un bar con mostrador de cinc e imponente cafetera cromada, el del Rodri, y hasta un quiosco de aquellos que vendían el Interviú, entre la prensa diaria, el Marca y el Lib, donde las estrellas del destape, por solo veinte duros, procuraban un amanuense y solitario desahogo con que ir mitigando la frustración de saberse ese donnadie en quien nunca se fijarán, ni para pedirle fuego, unas mujeres tan descaradas y tan de bandera como aquellas.

Un lugar de esos donde nacían, respiraban y deambulaban —a veces, incluso soñaban— los desheredados desde la cuna; ajenos al mundo entorno si no era para dar un palo o celebrar una boda con todo el postín que se les alcanzaba, exhibiendo una desgreñada libertad —pero libertad, al fin y al cabo— que solo se truncaba cuando se les jodía un trinque en esa joyería de la barriada vecina o se empleaban en una chapuza ocasional para remediar sus incesantes aprietos. Una plazoleta y un grupo de tipos que van desde la barbería del Josito al bar del Rodri, o al garaje donde vigila una escuadrilla de autobuses el Lomax; un paisaje de cuitas y anhelos que nos refiere de inmediato a la trilogía barojiana La lucha por la vida (1904-5), en una época, cuando esta especie de hombres ya no encontraba incentivos para esa lucha, porque el mundo que los postergaba rebosaba de golosinas, y bastaba con alargar sigilosamente la mano en un descuido o, si era necesario, enseñar el filo del pincho. En fin; un rincón sin preocupaciones porque sus habitantes acumulaban tantas y tan elementales que su cuenta sería eterna.

Pero si por algo merece la pena que lean Singapur es por su estilo; tan coloquial y tan pegado al aliento de todos ellos, desde su innominado protagonista —quien evoca a los demás desde vaya usted averiguar dónde, y como se recuerdan los fragmentos de la vida cuando se transita a contratiempo de la necesidad, por momentos pasajeros y sin ilación— hasta su amante la Lola, pasando por la entusiasta y cantarina Alma, o por el tronado del Búnker, que desnucó al Silvio de una trompada, o por el Márshal, un pasma que boxeó, cuando los días del NO-DO, con el gran Fred Galiana, o por el Chispa que leía novelitas del Oeste y era todo un intelectual entre aquellas almas raquíticas desde el Bautismo y que bailoteaban sus alegrías de dos perras gordas ante el junkebox del café del Rino o en el karaoke que montaron donde el Rodri, para matar a gorgoritos su tiempo difunto de antemano. Un estilo que te va encogiendo las tripas a base de convertirte en su colega por la sórdida desventura. Una prosa que, en su decir lastimero y sin calendarios, enraíza en Mientras agonizo (1930) o en Desciende Moisés (1942), ambas de Faulkner, y que supone, para cualquier novelista, todo un reto mantenerla sin la menor quebradura durante el manojo de folios que imponga este romance de ciego con acompañamiento de cassettes de bar de carretera; por supuesto, guindados al desgaire entre las risas de un canuto bien cargado. Y Alfons lo ha conseguido.

En fin; el retrato de esa gente que cuando la Transición llamábamos el lumpen —entonces es que éramos muy leídos y doctrinarios— y ahora, perroflautas; y que son esos perdularios que si no fuese por novelistas como Cervera, o como Baroja, o como Marsé, no dejarían huella, porque solo figuran en las gacetillas de sucesos —desde luego, servidas por agencia—, donde se estila, muy pulcramente, mencionarlos por las iniciales, para que su condena al anonimato se mantenga por los siglos de los siglos, amén.

Artículo publicado por el "Imparcial" el domingo 12 de abril de 2026  

*Gastón  Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.


Por Ricardo Gil Otaiza

 

Cuando aparezcan las sombras

En el libro, Castro Picón trata la crisis en sus distintas facetas: economía, sanidad, democracia, ecología, vivienda, derechos ciudadanos, fascismo, racismo, la violencia contra la mujer, y muchas otras

Cuando nos acercamos al término apocalipsis, nos estremecemos ante sus hondas implicaciones, no en vano el Diccionario de la Lengua Española (23ª ED), de la RAE, nos dice al respecto (en sus dos primeras acepciones): 1. “El fin del mundo”, y 2. “Una situación catastrófica ocasionada por agentes naturales o humanos, que evoca la imagen de destrucción total.”, y traigo esto a colación a propósito del libro La fiesta del fin del mundo. Apocalipsis cultural en periodo de crisis (España, 2008-2023), de Natalia Castro Picón (Menorca, 1989), con el que obtuviera el importante Premio Anagrama de Ensayo 2025, y que publicara la propia editorial a finales de ese año en su colección Argumentos.

De entrada, intimida su extensión: 445 páginas en apretados caracteres, pero, a medida que nos adentramos en ellas, nos insertan en una suerte de oleaje, que nos lleva por diversidad de temas y circunstancias, de los que no podemos desentendernos, porque sencillamente nos atañen como ciudadanos de un mundo complejo, cruzado e interconectado por cientos de variables, que se entretejen para hacer de nuestra realidad todo un fresco de posibilidades de múltiple orden.

Aborda la autora una temática puntillosa, difícil de tratar en medio de una época intransigente y ciega frente al poder de las ideologías y las telecomunicaciones, que se van a los extremos (tanto la izquierda como la derecha; aquí no cabe el centro ni el fiel de la balanza que pueda mover los platillos), que obnubilan los sentidos y la razón, hasta llevarnos por oscuros callejones de mentiras disfrazadas de verdades, y que asumimos sin pensar, como si fueran parte del paisaje, pero que nos afectan hasta lo indecible y hacen de nuestra existencia una suerte de mural al que, cada uno, y según sus “apetitos” (de toda laya), da una pincelada del color de su preferencia, pero el que a la postre termina destruido, tergiversado: rotos su eje e intención, y desdibujado hasta la náusea.

En el libro, Castro Picón trata la crisis en sus distintas facetas: economía, sanidad, democracia, ecología, vivienda, derechos ciudadanos, fascismo, racismo, la violencia contra la mujer, y muchas otras. Yerra la autora al sesgar el análisis ideológico, y no insertar la problemática de la izquierda radical, cerrada a cal y canto a todo aquello que no exprese su misma narrativa, lo que produce, ni a qué dudarlo, el choque de trenes entre los extremos que hoy se atrincheran como en épocas que creíamos superadas, de allí la tragedia  política de muchas naciones, de la que no escapa España, su objeto de estudio, y que la llevan al borde del abismo.

Hay, no faltaba más, el imaginario del fin, o apocalíptico, y cuyo discurso toca (no tangencialmente, por cierto) aspectos tan relevantes como los medios, las artes visuales, la literatura, la música, que inciden de manera determinante en el qué y en el cómo pensamos, que nos mueven en el día a día, que guían y ralentizan (aunque no lo creamos) nuestro comportamiento y nuestras acciones; de allí la crisis presente no tan soterrada, como algunos políticos ultrosos quieren, y por la que se frotan las manos y sacan sus cuentas, y que se refleja en un afán de supremacía y poderío que aterra, que abre cauces a situaciones indeseadas, que busca el quiebre del “orden establecido” para obtener rédito  político o crematístico (o ambos, por supuesto), lo que trae a mi mente un libro capital del pasado, pero que hoy cobra plena vigencia, que leí hace ya unos cuantos años con enorme perplejidad y desconcierto, y, que por cierto, no aparece en la bibliografía de este libro que reseño (motivado, tal vez, a su data): me refiero a El choque de las civilizaciones. Y la reconfiguración del orden mundial de Samuel Huntington.

A pesar de lo grueso de la temática tratada, la prosa de la autora discurre, se deja leer, permite asentir y disentir, y se observa algo que luce interesante, como es su estilo juvenil y fresco (ella es una mujer muy joven), lo que no va en contraposición con los estándares exigidos para el género ensayístico, y lo que dice mucho a favor de la obra y del jurado que la valoró. Es más, a veces el lenguaje tiene atisbos de lo lúdico (hallamos al respecto metáforas e imágenes muy gratas y festivas, no en balde aparece el vocablo fiesta en el propio título).

En este sentido, apocalipsis y festín se mecen al unísono en la obra: uno deriva del otro (y en ambos sentidos) en un ejercicio de realimentación, que nutre y enriquece las páginas, lo que aleja toda posibilidad de lo fatídico y desesperanzador en un ejercicio literario pleno y sensorial, en cuyo trasiego se nos abren boquetes y vislumbres de lucidez, así como del anhelo de los tiempos por venir, que tendrán que ser mejores que los actuales, ya que las nuevas generaciones de intelectuales asumen, con rigurosidad y método, la densa trama del devenir, y se atreven, de manera colectiva, a llevar las riendas de procesos que conlleven cambio y apertura, que orienten en medio de la pérdida de los hilos históricos, que afecta al presente.

El celebérrimo nihilismo de muchos intelectuales (entre ellos el ya citado Huntington) se cae a pedazos en esta obra, porque en ella la autora no se vanagloria de mostrarnos la puerta del averno, y su trabajo es, si se quiere, alentador, porque indaga más allá de los referentes epocales, para decirnos que podemos otear futuros diversos de tomarse ya soluciones y correctivos, que ahuyenten el miedo a los extremos políticos (que deberán trabajarse con tino y voluntad política), para reinventar el ahora sobre bases firmes que, como las de esta obra, nos sirvan de espejo en el que podamos mirarnos cuando aparezcan las sombras.

*Escritor y académico venezolano

rigilo99@gmail.com

 

 

Por Gabriel Jiménez Emán

Ética y psicoanálisis en Erich Fromm

 

La historia de la filosofía occidental se puebla a menudo de altibajos conceptuales, propiciados por las propias categorías creadas por los filósofos. Desde este punto de vista categorial, nos pudiéramos perder en un laberinto. En este sentido, valdría la pena observar el desarrollo que estas involucran para desentrañar un poco más ese arduo camino. Con la aparición de la psicología como "ciencia" o disciplina humana, la historia de la filosofía estaría dando un vuelco, creo, cuando se funda la psicología a finales del siglo XIX con Wilhelm Wundt (1832-1920), y a principios del siglo XX con la publicación de La interpretación de los sueños (1900) de Sigmund Freud, basada ante todo en una investigación sobre el inconsciente, y otras obras de Freud en pro de la comprensión de la mente humana, como el sexo y las patologías surgidas de la vida cotidiana. Todas estaban dedicadas al estudio de la psique al usar una serie de categorías a través de las cuales se inauguraría un nuevo modo de investigar no solo la mente o la personalidad, sino también el propio desenvolvimiento de lo que hoy conocemos como filosofía moderna.

Uno de los discípulos más aventajados de Sigmund Freud fue Erich Fromm (Alemania, 1900-1980), quien justamente hace énfasis en el desarrollo de las potencialidades sensitivas y emocionales para posibilitar luego las intelectuales y creativas, y estas a su vez hiciesen posible una plenitud humana basada en la productividad y la creación, y con ellas la libertad; es decir, cada ser humano sería el autor de su propia realización. En este sentido, la obra de Fromm se perfila en todo el siglo XX como una de las más coherentes, al adentrarse en la naturaleza del amor, la identidad o la trascendencia. Desde que en mi juventud leí El arte de amar (1956) o El miedo a la libertad (1941), sus ideas fueron para muchos de mi generación una revelación. Fromm es autor de numerosas obras sobre filósofos como Karl Marx, Sigmund Freud, corrientes como el budismo zen y otras reflexiones profundas sobre el humanismo como utopía real, ética, política, la condición humana y la crisis del psicoanálisis. Otras relevantes obras suyas son La revolución de la esperanza (1970) y El corazón del hombre (1981). Trabajó con pensadores de la llamada Escuela de Fráncfort (Benjamin, Adorno, Marcuse). Estando en Ciudad de México, impartió clases en la Universidad Autónoma y fundó allí la Sección Psicoanalítica en la Escuela de Medicina.

Hoy quiero hacer referencia a Ética y psicoanálisis (1947), libro que me ha acompañado en los últimos años, donde he hallado explicaciones impresionantes sobre las personalidades psicológicas del ser humano. Me ha sido central para comprender procesos y fenómenos que antes se me presentaban muy abstractos o velados por categorizaciones abstrusas o deliberadamente complicadas. No dispongo aquí de espacio para llevar a cabo una mediana meditación sobre el contenido de este libro, donde se tratan diversos tópicos: el problema de la ética humanista; la ciencia aplicada al arte de vivir y su conexión con la tradición y el psicoanálisis, para luego dirigirse a la naturaleza humana, el carácter y su debilidad biológica, la dicotomía existencialista e histórica en el hombre, la personalidad, el carácter y, finalmente, los problemas de la ética humanista: egoísmo, conciencia, placer, felicidad, fe, asuntos morales y ética relativa. El pequeño volumen que siempre releo ha sido editado en la colección Breviarios del Fondo de Cultura Económica de México, en el año 2013. De sus 269 páginas, extraigo el siguiente fragmento:

La felicidad es la indicadora de que el hombre ha encontrado la respuesta al problema de la existencia humana: la realización productiva de sus potencialidades, siendo simultáneamente uno con el mundo y conservando su propia integridad. Al gastar su energía productivamente, acrecienta sus poderes; "se quema sin ser consumido".

La felicidad es el criterio de excelencia en el arte de vivir; de virtud, en el sentido que posee para la ética humanista. La felicidad es considerada con frecuencia como lo opuesto lógicamente al pesar y al dolor. El sufrimiento físico o mental es parte de la existencia humana y el experimentarlo es algo inevitable. El reunir la pena a toda costa solo puede lograrse al precio de un aislamiento total, el cual excluye la capacidad para experimentar la felicidad. Lo opuesto a la felicidad no es, por consiguiente, el pesar o el dolor, sino la depresión que resulta de la esterilidad interior y de la improductividad.

Erich Fromm

Libros libres,publicado el 02 de marzo de 2026

*Gabriel Jímenez Emán, es escritor, narrador, poeta, ensayista, compilador y traductor venezolano, destacando más en el ámbito de la narrativa y la poética, la cual ha sido traducida a varios  idiomas  y recogida en antologías latinoamericanas y europeas.

 

 

Madrid.- 06 de abril de 2026

 

Santa Cruz de Tenerife

 

La Real Academia Canaria de Bellas Artes publica un libro sobre las sociedades recreativas en Santa Cruz

La Real Academia Canaria de Bellas Artes de San Miguel Arcángel (Racba) publica el libro “Las sociedades recreativas en Santa Cruz de Tenerife”. Una alternativa de autogestión sociocultural (1902-1925), escrito por el académico Conrado Álvarez Fariña y que será presentado mañana martes, 7 de abril, a las 19.00 horas en la sede de la institución académica en Santa Cruz de Tenerife (plaza Ireneo González, 1).

El acto, que cuenta con la colaboración del Gobierno de Canarias, será presidido por el propio autor junto con la doctora en Geografía e Historia Pilar Carreño Corbella.

El libro “demuestra cómo los residentes de Santa Cruz de Tenerife, especialmente a través de las actividades y acciones de animación cultural organizadas por las sociedades Ateneo, Círculo de Amistad XII de Enero, Juventud Republicana y Salón Frégoli, fueron determinantes en la configuración del paisaje cultural que hoy reconocemos como propio e identitario”, asegura Álvarez Fariña, quien añade que “una de las consecuencias del regeneracionismo del reinado de Alfonso XIII y sus políticas culturales en Canarias fue la autogestión y el cooperativismo ciudadano, que redundó en el empoderamiento social”.

Durante este período, y a pesar del lastre que significaba la capitalidad provincial, “los ciudadanos lograron desarrollar, como manifestación de progreso social, altos niveles de ocio, entretenimiento y cultura, a pesar de las carencias, dificultades y premuras de toda índole”, asegura el autor. La investigación indaga sobre las programaciones acometidas por estas sociedades, una buena muestra del poder del asociacionismo y el altruismo de los santacruceros en la conformación de la historia cultural contemporánea.

Conrado Álvarez Fariña es académico numerario de la Real Academia Canaria de Bellas Artes, diplomado en Protocolo, Eventos y Relaciones Institucionales por la Universidad Miguel Hernández de Elche, graduado en Historia del Arte por la Universidad de La Laguna y graduado en Gestión Cultural por la Universidad Internacional de La Rioja. Es también gestor cultural y docente.

Pilar Carreño Corbella es doctora en Geografía e Historia, ha sido profesora titular en el departamento de Historia del Arte de la Universidad de La Laguna. En los últimos años, se ha centrado en su faceta de investigadora en arte contemporáneo, especializada en las vanguardias, y en la de autora-editora de libros como Óscar Domínguez en tres dimensiones. Catálogo razonado de obras (2010); Los surrealistas en Tenerife (2015) y El triángulo de las artes. Barcelona-Madrid-Tenerife (2018), entre otros muchos. Actualmente prepara las ediciones de los libros Círculo de Bellas Artes: vanguardia y retaguardia 1925-1939 y una revisión de la biografía de Óscar Domínguez.


 

 Madrid.- 01 de abril de 2026

 

Por Gastón Segura

     


De Fráncfort a Blade Runner

Sin que este par de páginas tenga la intención de convertirse en un obituario, debo volver a recordarles, por la magnitud de sus indagaciones y propósitos, a un recién fallecido: Jürgen Habermas; el más eminente continuador de la Escuela de Fráncfort —o también conocida como la Teoría Crítica—, que fue una revisión desengañada del marxismo desde los años treinta, cuando, casi de inmediato, sus integrantes tuvieron que hacer las maletas y salir de naja de la ciudad del Meno.

A grandes trazos, aquellos pensadores no pretendieron sino recuperar la actitud de la Ilustración. No en balde, encontraban en la Iluminación —pues así se dice en alemán: Aufklärung— dieciochesca tanto un momento previo al enajenante maquinismo capitalista como una postura ecuánimemente crítica con la que oponerse al autoritario y anulador bolchevismo moscovita, tan extendido en aquella Europa entre los movimientos obreros, como a su embriagador y beligerante rival, el recién surgido fascismo. Pues, según ellos, aquel espíritu analítico del Setecientos había arrumbado todas las subyugaciones que atenazaban el pensamiento humano hasta entonces, como, a su vez, había abierto la posibilidad, con el criticismo kantiano, para cumplir, por fin, una atávica aspiración humana: la emancipación. ¿O acaso tanto Adorno, como Horkheimer, Fromm o Marcuse no persiguieron con sus reflexiones, a veces demasiado procelosas, pero siempre agudas y provocadoras, otra cosa que no fuera la liberación consciente y vigorosa del hombre?

Y emancipación; ¿de qué? ¿De lo material, como en el marxismo clásico; del lenguaje, con su centenaria e imborrable carga semántica; o de las ambiciones con el egoísmo «objetualizante» que comporta?

Y no una de estas facetas, sino todas, con mayor o menor amplitud, fueron materia de las dilucidaciones de aquellos integrantes del Instituto de Ciencias Sociales de Fráncfort. Sin embargo; cuando Habermas se incorpora a estas investigaciones, allá por mediados de los cincuenta de la pasada centuria, lo hace con una visión más porosa y abarcante, pues incluyó de forma sustancial tanto las perspectivas de otras escuelas filosóficas del s. XX, ajenas al marco socioeconómico que había ocupado a sus predecesores en la Teoría Crítica, como el neopositivismo y la hermenéutica, sin dejar de empaparse de otras nuevas disciplinas como la lingüística y, especialmente, de la gramática generativa. Así, Habermas fue componiendo una crítica bien trabada a las sociedades del postrocapitalismo —o también llamado capitalismo tardío— con una propuesta denominada la «democracia deliberativa». Este concepto y la construcción teórica que encierra, formulada paso a paso desde su libro más significativo Conocimiento e interés (1968), hasta su Teoría de la acción comunicativa (1981), con jalones tan ejemplares como Problemas de legitimación en el capitalismo tardío (1973), pretende regenerar las democracias representativas con que nos gobernamos, y para ello propugna un modus operandi —esto es: un debate— igualitario, imprescindiblemente racional y necesariamente comprensivo, donde el ciudadano vuelva a recuperar activa y decisivamente el ejercicio político, para disolver la deslegitimación producida al delegar la gestión de las cuestiones comunitarias —es decir, del poder— en la mal llamada clase política —o según la despectiva denominación italiana: la casta—, como sucedía —y sigue sucediendo— en nuestras sociedades desarrolladas; cuya consecuencia, como ya señaló nuestro autor en su discurso ante el Congreso de los diputados, en 1984, era —y es, añado yo— tanto un recelo e incluso desdén hacia los políticos, cuanto la emergencia y hasta preferencia de los votantes por opciones radicales, propugnadoras de soluciones tan tajantes como milagrosas; es decir, el hoy llamado populismo.

¿Y no les recuerda todo esto a la principal reivindicación que animó aquel ilusionante e ingenuo 15-M que acampó, hace ahora exactamente tres lustros, en algunas de las más señeras plazas de nuestro país? Desde luego; pues en su lema, «no nos representan», latía mucho de las denuncias de Habermas, pero, desgraciadamente, carecía de la solidez intelectual de su propuesta. Pues la mayoría de los reunidos en aquellas manifestaciones era de una candidez —como escenifiqué en mi novela Los invertebrados (2021)— digna si no de sonrojo, al menos de la fraterna compasión; mientras que una minoría de avispados, encaramada oportunísimamente en Podemos, vio la ocasión para granjearse un holgado y hasta suntuoso modus vivendi, con lo que aquel saludable estallido sucumbió, avergonzado hasta los tuétanos, en un chabacano chalet de Galapagar.

En cuanto a nuestra actualidad, inmersa en la Galaxia Digital, que nos arroja a una representación del mundo e incluso de la misma condición humana, ¿qué papel juega la basta y compleja obra de Habermas, tan lastrada de eticidad y universalismo en un tiempo envuelto de arriba abajo por una incesante espiral de simulaciones, percibida, a menudo fervorosamente, desde la más caprichosa individualidad, cuando no, desde el más hermético egotismo? No es fácil de responder a esta cuestión; pero me atrevo a decir que Habermas aqueja, en este ámbito, una cierta miopía, heredada de la obra de Theodor Adorno, al concebir la instrumentalización de la técnica por los intereses dominantes, sin interiorizar, al contrario de cuanto vislumbró Heidegger en 1938, que la técnica convertida, en nuestra época, en tecnología encierra una inercia transformadora de sí misma que no solo escapa a quienes estamos sumidos —si no es ya sojuzgados— por ella, sino también a quienes la dominan; es decir, la tecnología se desarrolla y revitaliza desde sí y en neta competición consigo, y el hombre, a la inversa de cuanto nos pudiera parecer, ya no es su creador y dueño, sino su mero subordinado. Escalofriante, ¿verdad?

Artículo publicado por el "Imparcial" el lunes 30 de marzo de 2026

*Gastón  Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.


Por Ricardo Gil Otaiza

El señor Galleta

En el cuento de R., el niño se vuelca ansioso sobre la caja de galletas con la intención de comérselas de un tirón, pero una de ellas, la de jengibre, salta de la caja y cobra vida

El señor Galleta, nacido entre especias

y fuego, sabía que hasta la masa más frágil

puede desafiar al destino.

De autor anónimo

El niño R. va en la fila con sus compañeros de clases en plena avenida, lleva una cosquilla en el estómago porque anida un presentimiento, la maestra al frente no logra disimular su cara de fastidio, al tener que salir a la calle con sus alumnos, porque está cansada de tanto trabajo: en pie cada día desde la madrugada para llegar a las 7 a la escuela, sus propios hijos y el marido (que es como si fuera otro hijo), las reuniones con la directora, los exámenes, las boletas de notas, la rivalidad con sus colegas que son todos unos chismosos (amén de insustanciales), el sueldo que a duras penas le llega para aportar a la casa, los años que no pasan en vano, los anhelos truncados de otro destino y, en fin, muchas cuestiones, pero este es ya otro asunto del que podríamos hablar luego.

El niño R. es, por su tamaño, el primero de la fila, y es, además, asustadizo, pero esa mañana se siente feliz y seguro en medio de la calle, y su seguridad no es tanto por estar con sus compañeros y la maestra, que, si se quiere, le son bastante ajenos e incómodos, sino porque la ilusión lo sostiene y esa noción, aunque invisible y volátil, yace dentro como una llama y lo mueve a esperar lo mejor de la vida, porque a esas edades tempranas no existen todavía los claroscuros que matan, que envilecen y dañan, sino que reina —¿cómo decirlo?— una liviandad inexplicable con palabras, porque solo el que la vive se hunde en ella como en nubes de algodón y flota en el aire a sus anchas, y esto es precisamente lo que siente el niño: que flota ingrávido mientras cruzan la avenida con rumbo al taller de títeres.

Los títeres le gustan, de más está decirlo, y eso lo alegra, pero la cosquilla que siente en la barriga no es precisamente de la emoción de ver un espectáculo más de títeres (de los muchos que había visto en su corta existencia), o de presenciar cómo Javier Villafañe, el famoso titiritero venido de la Argentina, los fabricaba en su consabido taller de la universidad (en el que contaba además hermosas historias), sino porque esa mañana el propio Villafañe dará el veredicto del concurso de cuentos infantiles convocado por su taller (en el que R. participó, al igual que algunos de sus compañeros), y que escenificará con sus muñecos, porque en esto consiste precisamente el premio: que el cuento ganador, así como los finalistas, sean puestos en retablo allí mismo: con los autores de las obras y las maestras como espectadores.

Villafañe era un personaje estrafalario y a la vez maravilloso, y no tan solo por su manera de vestir, o por sus modos desenfadados y a gritos, sino porque hacía reír a los niños y a los adultos con sus humoradas y ocurrencias, y en aquella mañana estaba circunspecto, porque daría un veredicto literario, y con esa cara serísima, que nadie se creía, intentaba darle al evento un cariz de mucha altura, y ¡lo tenía!, porque ese público infantil y la maestra estaban igualmente prestos y expectantes, y en el ambiente flotaba un aire algo tenso porque en pocos minutos se sabría el título del cuento ganador, así como el de los finalistas.

Los niños fueron ubicados sobre el piso de manera estratégica, de forma tal que pudieran acceder con facilidad al escenario los que fueran llamados para la premiación, y todos vieran con comodidad la función, mientras que R. lucía atento en la primera fila, con los ojos vidriosos y las manos sudadas: las cosquillas en la barriga habían pasado a francos retortijones, que de vez en cuando lo obligaban a doblarse sobre sí para soportar sus embestidas.

Como se estila en estos actos, Villafañe nombró de primero al segundo finalista, y así hasta llegar al ganador. Cuando en su acento porteño dio el título del mejor cuento para ser llevado a las tablas, R. sintió que las piernas le flaqueaban, que no podían sostenerle, y pudo subir a la pequeña tarima luego de un breve desmayo (Villafañe y la maestra fueron en su auxilio y solo entonces despertó en medio del alboroto de sus compañeros). Su cuento, El señor Galleta, era el vencedor.

Poco le importaba a R. el diploma que recibiría como constancia de su triunfo, solo quería ver en la puesta en escena al señor Galleta y al niño, sus dos personajes. De pronto, Villafañe pidió a todos que hicieran silencio, se metió tras bastidores y segundos después se asomó frente al público el niño de la historia, que lucía muy feliz porque había recibido de regalo de Navidad una magnífica caja de galletas. En ese punto del cuento los niños y la maestra se rieron muchísimo, porque era como ver al propio R., pero en versión títere: pequeño y flaco, muy blanco, de labios rosados, grandes ojos marrones y una sonrisa retorcida.

En el cuento de R., el niño se vuelca ansioso sobre la caja de galletas con la intención de comérselas de un tirón, pero una de ellas, la de jengibre, salta de la caja y cobra vida. Incrédulo, el niño muerde una de sus piernas, y la galleta da un grito de dolor. Espantado, el niño quiere salir corriendo para contárselo a su madre, pero la galleta lo ataja y le dice con voz aflautada: —“No temas, niño, soy el señor Galleta, gusto en conocerte” —y le tiende su pequeña mano.

A partir de entonces, el niño y el señor Galleta se hicieron buenos amigos y, como era un gran caballero, le contaba aleccionadoras historias, le ayudaba a hacer las tareas y a ordenar su cuarto. Cada vez que R. partía para el colegio, dejaba al señor Galleta sobre la mesita de noche, y al regreso le gustaba observar sus ojos negros y redondos, su nariz grande y roja, su tímida sonrisa, el hermoso corbatín verde jaspeado en rojo, y la cofia blanca que le daba carácter e importancia.

Sin lugar a dudas, no ignoraba el señor Galleta lo efímero de su vida, solo que le gustaba desafiar el destino.

*Escritor y académico venezolano

rigilo99@gmail.com

 

 

Por Gabriel Jiménez Emán

JULIO CORTAZAR: Encuentro en Caracas

Breve diálogo con el Cronopio Mayor

1976. Me encuentro bajando enseres de un departamento, en Caracas. Mi familia y yo acabamos de hallar una nueva residencia para establecernos. Nos mudamos. Antes de llegar a la nueva casa, me detengo en la vía y compro el periódico. Allí leo la noticia de la visita de Julio Cortázar a la ciudad, donde me entero de que viene a dar unas charlas. Se encuentra alojado en un hotel, a pocas cuadras de donde estoy. No puedo casi creer que el gran escritor argentino a quien tanto admiro ande por ahí, cerca. El narrador que cambió mi vida con sus cuentos, con aquellos libros como Final del Juego, Todos los fuegos el Fuego o El Perseguidor, con su figura desenfadada y sus valientes y reveladoras declaraciones políticas y literarias, Cortázar luce para nosotros entonces como el escritor completo; creador de un mundo propio y fantástico, al tiempo que se compromete también con las causas sociales de América Latina, sus revoluciones, sus cambios, sus ilusiones. Es un hombre altísimo, barbado, de mirada franca y serena y de aspecto juvenil.

Contiene en sí varias nacionalidades: nacido en Bruselas (en 1914) y criado en Buenos Aires, marcha en su juventud a París, donde se adapta y escribe sus principales obras: la magistral Rayuela, (al decir de Lezama Lima es “el Ulises de América”), La vuelta al día en ochenta mundos, Las armas secretas, Bestiario, Queremos tanto a Glenda, Historias de cronopios y de famas, libros heteróclitos donde se respira una fiesta del lenguaje, en plena libertad de géneros y formas cambiantes.

Me ducho en el nuevo apartamento, me pongo fresco y voy en busca de Julio Cortázar. Está en un pequeño hotel de la urbanización Bello Monte, en Caracas, recién inaugurado. Pregunto por él en recepción, casi temblando de emoción. Sí, se encuentra ahí, me dicen, y luego a él que abajo lo espera un joven que se identifica como escritor. Qué pedantería, identificarme como tal con Julio Cortázar. Que ya viene bajando, me dicen.

Aparece el hombre, con una camisa manga corta muy holgada, que deja ver sus largos brazos y grandes manos; una de ellas se tiende hacia mí y me invita a una salita de estar. Se sienta, abre un paquete de cigarrillos, enciende uno, aspira largo, larguísimo, y luego expele el humo lentamente. Le digo mi nombre, no sé de qué hablarle, se me ocurre decirle que me gustó su prólogo a la obra de Felisberto Hernández aparecido en Biblioteca Ayacucho de Caracas; me dice que Ángel Rama también ha hecho un prólogo muy bueno en Argentina, y hablamos un rato sobre el entrañable uruguayo Felisberto.

Más tarde le digo que he conocido hace un año a José Lezama Lima en La Habana, y se alegra; le cuento algunas anécdotas con Lezama y el rostro se le ilumina. Salí del apuro citando a dos grandes, y me felicito. El gran escritor cuenta entonces en ese año 1976 con 62 años, y el pichón de escritor que soy 26, la cifra inversa. Todo un 62 modelo para armar, otra broma feliz del azar concurrente.

Después le obsequio unas revistas venezolanas y un libro mío, Los dientes de Raquel. Me lo agradece. Me anuncia que en unos momentos José Balza viene a buscarlo para llevarlo a la Universidad Central a una cita con los estudiantes. Le tiendo una edición de Prosa del observatorio para que me la firme.

 –Nunca dedico libros—me dice. Discúlpeme usted. Pero le anoto mi dirección en Paris, por si va por allá me visita.

Y pone la dirección en el libro suyo que tengo a la mano, Prosa del observatorio.

 –Gracias, le digo.

 Entonces me despido.

 –No, quédese mientras llega Balza- me dice.

 Ordena dos cafés, saca y se prepara a encender otro de sus casi míticos galoises, los fuertes cigarrillos franceses.

 –Me gustan el clima y el paisaje de Venezuela- dice. -Tengo planes de ir a Mérida y a Cumaná, también a Guayana.

Le hablo descriptivamente de esas regiones. Tomamos los cafés y él fuma su galoise. Le digo que en Cumaná fabrican muy buenos habanos, que harían las delicias suyas y de Lezama. Mientras fuma su cigarro me dice que Lezama es quizá el escritor más culto de América, y cómo todo lo que nombra lo transforma en conocimiento o en literatura.

Hace comentarios sobre La Habana, sobre los olores de la ciudad mezclados al mar. Se levanta. Yo también. Entonces me despido, estrecho su mano y me doy vuelta, bajo los escalones hacia un pequeño jardín y me voy silbando hacia Sabana Grande. Busco una buena barra en un bar cercano y bebo una cerveza fría, para disfrutar a solas de mi buena suerte. Ya les contaré a mis amigos de este encuentro, con un escritor que para mí entonces era como una suerte de deidad, como Rubén Darío lo era para los modernistas.

Releo sus libros Historias de cronopios y de famas, Prosa del observatorio –donde acaba de poner su firma y de anotarme su dirección (B.P. 33 75022 Paris I Cedex 01 FRANCIA)– y Deshoras. Me deleito con sus dos últimos libros, Salvo el crepúsculo y Los autonautas de la cosmopista. Me preparo a escribir un ensayo sobre ellos, titulado “Últimas pistas de Julio Cortázar”, proyecto que voy posponiendo hasta hoy, y que ve su resultado en la revista Imagen (N° 1 Nueva Época, Caracas, 2011)

Sigue Cortázar con su intensa vida, asistiendo a encuentros en universidades, y a eventos internacionales donde aboga por la independencia social y espiritual de América Latina y, ante todo, por una defensa de la literatura en todo su espectro: social, humano, intelectual. Dediqué a Cortázar varios escritos, uno titulado “Cortázar de vuelta” en la revista española Quimera, ampliado luego para mi libro Diálogos con la página en 1984.

Supe de sus visitas a Venezuela mucho después, y quise saludarle de nuevo en una ocasión en que formaba parte del Tribunal Russell, para lograr la libertad de escritores encarcelados por razones políticas; o por intelectuales que han sido víctimas de persecución. Era tal la afluencia de público en un auditorio de Parque Central en Caracas, que no me atreví a acercarme. Yo estaba allí con mi hermano Ennio y el poeta Rafael Garrido. Cortázar fue invitado a pasar al proscenio, le tocaba intervenir. Nosotros estábamos de pie.

Él se levantó y miró hacia atrás por un momento, saludó y a mí me pareció que era para mí. Le respondí nerviosamente, sin estar seguro de ello. ¿Sería a mí de verdad?, consulto a mis hermanos. Sí, Gabriel, fue a ti, me aseguran ellos. Qué gran memoria, qué gran regalo, les digo. Oímos su discurso. Los medios de comunicación se vuelcan sobre él. Abandonamos la sala de conferencias en busca de un restorán donde hablar y refrescarnos.

Aquel saludo fue para mí uno de los mejores estímulos para proseguir en mi trabajo literario, este difícil camino de la escritura, contra viento y marea, desde lo profundo, aquel saludo que llevaré siempre tatuado y que se fue haciendo más fuerte desde su adiós físico en 1984, justo a los 70 años. En Venezuela se celebra el 12 de febrero el día de la juventud, una fecha para mí inolvidable porque fue el día en que nació mi madre. Es también la fecha del fallecimiento en París de Julio Cortázar, quien sufría de una enfermedad que le hacía parecer siempre joven. Una feliz enfermedad, digo, que contagió a su literatura, joven por siempre. Su mujer, Carol Dunlop, había fallecido hacía pocos meses, y según parece, Julio no pudo con tanta soledad. Habían realizado juntos un viaje intemporal París-Marsella que reseñaron en Los autonautas de la cosmopista, ejercicio vital de “dos cronopios que por puro amor recorrieron durante un mes la autopista más transitada del mundo, con un propósito que cualquier persona consideraría absurdo y disparatado, donde la enajenación de lo cotidiano se rompe para dar lugar a la inventiva, a la reflexión, a la búsqueda de lo humano por lo humano, al encuentro constante de una auténtica escritura”.

Ese texto de presentación, creo, pudiera aplicarse a toda su obra literaria.

El fallecimiento de Cortázar en 1984 me dolió mucho entonces, pero también afianzó mi vocación y mi destino. Gracias, Julio, ya hace rato cumpliste los cien y te queremos tanto, siempre andas por ahí.

*Gabriel Jímenez Emán, es escritor, narrador, poeta, ensayista, compilador y traductor venezolano, destacando más en el ámbito de la narrativa y la poética, la cual ha sido traducida a varios  idiomas  y recogida en antologías latinoamericanas y europeas.



Madrid.- 25 de marzo de 2026

Santa Cruz de Tenerife

La presentación de los nuevos tomos será el miércoles 25, a las 19.00 horas, en el Centro de Arte La Regenta

Gaspar de Quevedo y Fabiola Ubani se incorporan a la Biblioteca de Artistas de Canarias

La presentación de los libros será el miércoles 25 de marzo, a las 19.00 horas, en el Centro de Arte La Regenta, con entrada libre. En el acto intervendrá el viceconsejero de Cultura del Gobierno de Canarias, Horacio Umpiérrez, el director de la BAC, Carlos Díaz-Bertana, la artista Fabiola Ubani y los autores de los estudios críticos.

Los monográficos podrán adquirirse en librerías, así como consultarse en las diferentes bibliotecas del archipiélago a través de la red BICA.

Uno de los primeros pintores tras la conquista

Gaspar de Quevedo fue un pintor tinerfeño del siglo XVII. Aunque en los primeros estudios sobre la plástica canaria antigua su nombre aparecía apenas de manera tangencial, finalmente se ha consolidado como un referente fundamental de la historia del arte en Canarias.

Explica el investigador Carlos Rodríguez Morales que el mayor conocimiento de su figura y legado ha venido gracias a diversas exposiciones desde 1964 hasta la actualidad. Destacan entre ellas la presentación de obras restauradas a finales de los años sesenta en el Palacio Insular de Tenerife, así como la primera muestra monográfica dedicada a él en el Museo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife en marzo de 1977, bajo el título Pinturas religiosas de Gaspar de Quevedo, coincidiendo con la publicación de la monografía de Fraga González.

En 1991, con la edición de su segunda monografía, se organizaron tres exposiciones simultáneas —en Santa Cruz de Tenerife, Puerto de la Cruz y Las Palmas de Gran Canaria— que reunieron dieciocho pinturas y una escultura, reforzando su reconocimiento como artista del barroco canario.

Más allá de estas muestras excepcionales, la mayor parte de su obra puede contemplarse hoy sin dificultad, ya que forma parte del patrimonio de la Iglesia católica y se conserva en templos y museos. Cabe destacar que, hasta finales de los años sesenta, el Museo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife carecía obra suya y solo tras la recomendación de Tarquis, quien propuso adquirir la obra que permanecía en el oratorio doméstico de los Lercaro en La Laguna, se incorporó a la colección pública, convirtiéndose en la única pieza del artista en una galería de titularidad pública

Fabiola Ubani: la experimentación

Fabiola Ubani (1956) se licenció en la Facultad de Bellas Artes de San Jordi (Barcelona). Es doctora por la ULPGC y máster PhotoEspaña de proyectos fotográficos. Durante cuatro décadas ha compaginado su labor creativa con la enseñanza, siendo la universidad pública de Gran Canaria donde desempeña casi la totalidad de su docencia.

Esta es la primera monografía dedicada a la artista, por lo que, en palabras de la historiadora del arte Laura Morales, “hemos querido reflejar el significado y la trascendencia de su trabajo a lo largo de toda su trayectoria, mostrando de manera ordenada su evolución estilística desde los inicios hasta el desarrollo pleno de su discurso actual”.

A pesar del considerable volumen de referencias hemerográficas y otros textos dedicados a Fabiola Ubani durante casi cuarenta años de carrera, la mayoría se ha centrado, salvo excepciones, en la presentación de sus proyectos. En este sentido, cobran especial valor los catálogos de sus exposiciones, cuyos textos incluyen las inestimables colaboraciones de artistas y literatos cercanos a ella. Estos aportan la inmediatez propia de la emoción nacida de la experiencia estética en el momento y el contexto en que la obra fue creada.


Madrid.- 20 de marzo de 2026

Llega a librerías

'Paty Centella y el círculo de las hadas'

de Antonio Sánchez-Escalonilla

La editorial Palabra completa con este volumen la trilogía de fantasía de aventuras de Paty Centella para convertirla en su buque insignia de fomento de la lectura infantil y juvenil.

“Creo que me ha visitado una banshee. Un hada oscura que se asoma a la ventana de los moribundos y les anuncia la muerte con un aullido. Su propia muerte o la de personas queridas”

Paty Centella

Todo comenzó en el primer libro (Paty Centella y el enigma de la roca lunar, 2023) con una máquina de escribir mágica, abandonada en un desván, que aguardaba a que Paty la despertarse con su poder para imaginar historias.

Convertida en maestra escritora a los once años, Paty está llamada a liderar una sociedad secreta de exploradores con sus amigos Íñigo y Tina, a la que se unirá otro más: Guille, que está atrapado entre el presente y los años 70.

Tras su paso por el Reino Estelar y el Reino Legendario en el segundo libro (Paty Centella y el mapa de las islas perdidas, 2024), los cuatro niños se enfrentarán en el tercer libro, Paty Centella y el círculo de las hadas, a la Reina de las pesadillas que es una hechicera que escribe sueños oscuros y anuncia la muerte.

Sus armas: un cubo de Rubik, un frasco vacío y un espejo sucio. Se reencontrarán con sus maestros mentores para preparar la gran batalla final. Tendrá lugar en el Reino Mágico, contra los enemigos que amenazan el mundo humano y el de los cuentos de hadas.

Más viajes por el multiverso, bosque animado gallego y folclore irlandés, y nuevos peligros fantásticos en esta aventura definitiva. A la vez que Paty afrontará en el hospital la última fase de tratamiento de su enfermedad, su auténtico dragón.

Familia, amistad, amor preadolescente, un niño fantasma y la perrita Wendy. Nadie sabe qué sucederá el día en que se reúnan los tres talismanes dentro de un puerto mágico.

¿Qué puede salir mal?

Antonio Sánchez-Escalonilla es experto en guion y relatos de fantasía de aventuras. Se formó en la Universidad de California en Los Ángeles y actualmente dirige el Máster en Guion Cinematográfico y Series de TV de la Universidad Rey Juan Carlos, donde ejerce como catedrático de Artes y Humanidades. Es autor de la trilogía sobre Paty Centella, una chica de 11 años con poderes sobre una extraña máquina de escribir, capaz de transportarla a ella y a su equipo de exploradores hasta mundos fantásticos.

Ha publicado una biografía sobre Steven Spielberg y las novelas La palabra impronunciable, El príncipe de Tarsis y Ana y la Sibila, dirigidas al público infantil y juvenil, que han sido leídas en numerosos colegios españoles y latinoamericanos. Su manual Estrategias de guion cinematográfico ha conocido catorce ediciones y es un clásico en asignaturas de narrativa audiovisual. Su último libro sobre cine es Planeta Hollywood. American Dream y sueño espacial.

Sus personajes favoritos son los héroes y heroínas corrientes que descubren sus propios poderes. Más allá de las aulas universitarias, también mantiene sesiones con jóvenes lectores en colegios e institutos.


Madrid.- 18 de marzo de 2026

Por Gastón Segura

     

Ha muerto el continuador de Faulkner

 

Miren que lo han pretendido muchos, no digo convertirse en sus divulgadores, esos sumamos legión; no, me refiero a aquellos que intentaron seguir la traza tortuosa que William Faulkner imprimía a sus relatos como un lamento irreparable de quejas y rencores que, en su atrabiliaria miseria, se emborrascaba de leyenda, y, la verdad, ninguno que haya conocido lo consiguió, salvo António Lobo Antunes; como ya sabrán, fallecido hace un par de semanas.

Todavía recuerdo cuando supe por primera vez de su existencia. Fue una noche de hace unos cinco lustros, en una de aquellas Mandragoras (1997-2001) que dirigía, para la televisión estatal, Félix Romeo, entre un obtuso decorado de sofás rescatados de un chamarilero y neones de colorín para darle un toque de estridente actualidad, cuando apareció, sentado sobre una de aquellas aparatosidades de felpa un hombre rubianco, de mirada fatigada y de un laconismo renuente, tras la credencial de novelista portugués. Y contra cuanto normalmente me sucedía y me sucede, que apenas escucho un par de termodinámicas y pretendidamente ingeniosas respuestas del entrevistado, pierdo cualquier gana por saber qué publicó y por supuesto de cuanto le quede por publicar, aquel hombre mereció mi atención, pues se expresaba con la desgana propia de quien ha palpado demasiadas piltrafas de humanidad como para no verter, línea tras línea, la larga y repetida cuenta de los sórdidos errores de sus congéneres desde los días en que Dios, creado el mundo y sus criaturas, se retiró a descansar.

De inmediato, no solo memoricé su nombre, sino cuando tropezaba con uno de sus títulos recién editado, pasaba las manos por sus cubiertas como si en el manojo de hojas que encuadernaban se encontrasen los arcanos más veraces y pesarosos de nuestras almas. Y, por supuesto, las páginas de cuantos de estos tomos fui leyendo a salto de mata, nunca me defraudaron, porque sus personajes atorados, como la mayoría de nosotros, en un renuncio estruendoso del pasado, deambulaban por la tristeza o, aún peor, por un hastío sin redención posible. Era algo tan faulkneriano, como el otro elemento casi constante de sus novelas: las posesiones africanas y sus guerras de independencia, donde Lobo Antunes había servido como oficial médico en Angola, y donde descubrió el problema de la sumisión del negro, a la vez provocador de la mala conciencia cuanto enemigo acechante en las entrañas de la selva, y de cuya presencia en la memoria de tantos combatientes como él mismo, Portugal ya no podría desprenderse ni aunque hubiese abandonado aquellas inmensidades australes como un vetusto imperio, y tan derrotado que su dictadura, de casi medio siglo, se desplomó una madrugada de abril, con una alegría tan contagiosa y popular que dejó estupefactos a los jerarcas de este lado de la raya.

De modo que lo racial con sus aversiones y sus culpabilidades, o el desmoronamiento de un Estado de altisonantes proclamas sobre una escombrera de pobretería y analfabetismo, o las consiguientes utopías de un signo u otro condenadas luego, por el trantrán inexorable de los calendarios, al desván polvoriento de los ayeres traicionados, siendo asuntos constantes en Lobo Antunes, no se me antojaron sino la traslación a este lado del Atlántico de aquel derrumbe del Dixie, que tanto había subyugado a William Faulkner como para dedicarle toda su narrativa, excepto esas dos primeras novelas que si no fuera porque viene impreso su nombre en la portada y por su conocida y fracasada experiencia como piloto de combate, nadie se atrevería a atribuirle.

Claro que con los argumentos y sus devaneos, sean sórdidos o esplendentes, no basta; se precisa de un tipo peculiar de expresión, y como en Faulkner, Lobo Antunes recurrió a la voz —normalmente a varias— que nos van desvelando en su decir un corazón arrepentido u ofuscado que se retuerce acosado por sus heridoras claudicaciones o por sus secretísimas crueldades, e incluso que busca astutamente nuestra caridad en la justificación obsesiva de sus fechorías. De ahí que Lobo Antunes mantuviese su desinterés por las peripecias y su preferencia por los sentimientos como los grandes motores de toda narración; es decir, como los verdaderos impulsores del personaje; a fin de cuentas, dueño absoluto de una novela cuando merece llamársela cabalmente así. Y entre los sentimientos, sin duda, Lobo Antunes reparó siempre en los más pérfidos por su ineludible y avergonzadora flaqueza y por su mácula indeleble para lo que resta de vida. ¿No les suena todo esto a cuánto nos estremeció en Mientras agonizo (1930), en Luz de agosto (1932), en ¡Absalón, Absalón! (1936), en Desciende Moisés (1942)…?

Entonces; ya me dirán si no debo considerar a António Lobo Antunes el más esforzado continuador de una forma de relatar practicada incesante y, a la vez, proteicamente por William Faulkner. Una manera admirable, pues si empleaba cuantos recursos el arte narrativo acababa de ensayar durante el recién nacido s. XX, lo hacía con la singular habilidad de retrotraer al relato a la más elemental experiencia del contar; aquella que paladeamos al pronunciar los primeros libros bíblicos o los grandes poemas épicos que los precedieron, donde el decir memorioso es tan ineludible como la exigencia de un auditorio turbado por los hechos que se van a evocar, dado que el argumento, por variadas vicisitudes que presente, no será sino la conciencia de los desdichados límites del hombre y de cuantos quebrantos acarreó todo intento por superarlos; ¿o acaso conocen otra preocupación más genuinamente humana?

Artículo publicado por el "Imparcial" el domingo 15 de marzo de 2026 

*Gastón  Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.

 

 Por Ricardo Gil Otaiza

 

La montaña roja

Lentamente, la mujer se fue adentrando hasta quedar sumergida en las aguas, que ya no eran gélidas ni paralizantes, sino aclimatadas por la temperatura corporal, y entonces sintió un placer indescriptible

El tiempo no estaba como para ir de playa, pero ella se empeñó y tenía razón, porque una tarde a orillas del Atlántico canario es una experiencia que marca en lo profundo (y el asunto de las nubes grises, podría dar un vuelco en pocos minutos y esfumarse a nuestro favor) y, si se tiene su edad, unos setenta y dele (casi ni recuerda la fecha de su nacimiento), pues con mayor argumento, ya que a esas alturas de la vida no se tienen por delante todas las oportunidades del mundo, y cada instante hay que vivirlo con denodada pasión.

Claro, las coyunturas adoloridas e inflamadas de Mariluz, requerían más que unos baños de mar (tal vez fisioterapia, masajes linfáticos, esteroides y paremos de contar, aunque ese sea otro asunto del que podríamos hablar luego), pero ella tenía muy claras las palabras de su médico de cabecera la tarde de su última consulta: “Cuando pueda, mi niña, dese unos baños de mar, que le sentarán muy bien para esas piernas encalambradas e hinchadas”, pero lo que no le había dicho su médico, y aquí estuvo su error (de ella, me refiero), fue que se marchara sola a la playa, porque hay edades, como la suya, que requieren de compañía y de apoyo, porque cualquier detalle, por nimio que parezca, a esas alturas se magnifica a extremos un tanto peligrosos.

A eso del mediodía, Mariluz comió algo frugal, no fuera a darle un paro digestivo con el mecerse de las aguas: pescado sancochado, papas al vapor y arroz seco, cada uno en su justa medida (poco en verdad, ya que con la edad le había entrado una inapetencia que no lograba desterrar de su vida), pero se sintió satisfecha, que es lo más importante, y muy alegre llamó al taxista de confianza para que la llevara a la playa, con el compromiso de que la regresara a casa en unas tres horas como máximo, ya que el frío y las corrientes de aire de las postrimerías del otoño, se hacen fuertes en este lado del mundo al acercarse las fiestas navideñas.

Una vez en el coche, el chofer le preguntó el nombre de la playa a la que deseaba ir, y cuando ella le dijo “llévame a La montaña roja”, el hombre no pudo contener la risa, cuestión que le llamó poderosamente la atención a la doña, porque él siempre había sido callado y discreto, y al notar que seguía riendo, le preguntó el motivo para su risotada: él, sonrojado le dijo: “Ay, mi doña, perdóneme por esto, pero no sé si usted sabe que es una playa…”, y no terminó la oración, y al cabo de unos segundos agregó: “Mi niña, cuando esté en la playa usted sacará sus propias conclusiones”.

Media hora después, el chofer dejó a Mariluz casi a orilla de mar, porque si bien es cierto que los coches quedan aparcados a mucha distancia de la playa, él se tomó el trabajo de acompañarla con paciencia por entre los arenales, montarle la sombrilla y dejarla instalada y lista para el baño y, con respecto al tiempo, ambos notaron que había mejorado: los nubarrones se habían desvanecido muy pronto, y un cielo despejado se abría frente a ellos y daba a la playa un tinte de verano.

Mariluz estaba dichosa, deseaba ardientemente meterse en el mar y así tener la sensación de ingravidez de quien nada: olvidarse por instantes del torturante reumatismo, sentir que sus brazos y piernas se movían con destreza como en sus años juveniles y activar, ¿por qué no?, una que otra técnica de nado aprendidas en su prehistoria, cuando el mundo se mostraba ante ella con el esplendor de la esperanza y de una vida llena de enormes desafíos.

La mujer se quitó con parsimonia la ropa que llevaba encima, y dejó ver el traje de baño: una pieza entera y colorida que su nieta única le había enviado desde una lejana isla griega, y que había reservado para una gran oportunidad, y esa tarde de playa en La montaña roja, sin duda lo era, porque la sacaba del mutismo y del ensimismamiento del piso, que le agarrotaban los huesos y la hundían en una extraña sensación de melancolía que ya tardaba en desaparecer.

Sin mirar a los lados, Mariluz se acercó a la orilla, metió un pie en el agua y la sintió fría, luego metió el otro y soportó con entereza la templanza de aquellas aguas profundas, empozadas en hermosos recodos que las hacía transparentes y diáfanas, y juraba, si sus ojos no la engañaban, que veía hermosos ejemplares de peces de múltiples tamaños y colores, que se acercaban con cautela a ella y luego se marchaban a sus destinos.

Lentamente, la mujer se fue adentrando hasta quedar sumergida en las aguas, que ya no eran gélidas ni paralizantes, sino aclimatadas por la temperatura corporal, y entonces sintió un placer indescriptible.

Pudo bracear y nadar, se sentía renovada y juvenil, las rodillas no le dolían y percibía la liviandad propia del espíritu (pensaba mientras avanzaba y se alejaba de la orilla), y luego, sin percatarse siquiera, fue golpeada bruscamente por una ola y quiso levantarse, pero no fue posible, y con voz estertórea gritó ¡auxilio! para quien pudiera oírla, pero el ruido ensordecedor del mar acallaba su voz y sintió que era el final: que sería devorada por las olas, que su cuerpo inerme sería llevado al fondo donde las algas y otras vidas marinas le harían compañía para siempre.

A duras penas, Mariluz nadó hasta la orilla, pero sus fuerzas pronto la abandonaron y cayó de rodillas en la arena: las olas la golpeaban con furia y no podía levantarse. En ese instante, dos hombres jóvenes que la veían: la tomaron cada uno por un brazo y la ayudaron con rapidez a ponerse de pie. Para su asombro, pudo ver muy cerca de su rostro la desnudez felina de aquellos cuerpos tersos e impávidos, así como el vaivén frenético de los miembros viriles frente a sus ojos, entonces sintió vergüenza, y fue en ese aciago momento cuando comprendió que se hallaba en una playa nudista y, entre dientes, maldijo a su chofer.

*Escritor y académico venezolano

rigilo99@gmail.com

 

Por Gabriel Jiménez Emán 

 

Ser, Dolor y Utopía en César Vallejo

Deuda con un poeta

Desde hace tiempo le debía –y me debía a mí mismo— una reflexión a la poesía de César Vallejo. Han pasado muchos años desde que en mi adolescencia veía, junto a poetas de mi generación, la figura de este escritor sentado en el banco de una plaza en Paris en actitud absorta, percibiéndolo acaso como un símbolo de la poesía americana, (un indio triste que vagaba y escribía en Europa) y representaba para nosotros una especie de esencia de la poesía americana por toda la carga anímica, histórica e intelectual que aportaban su figura y su obra para la configuración cultural de nuestra literatura, en momentos ciertamente cruciales para América.

Sin embargo, su obra no conquistó en su momento los lectores suficientes ni fue interpretada a cabalidad. Tampoco, creo, en las décadas iniciales del siglo XX, cuando aparecieron sus primeros libros (1920-1930), ni en las sucesivas (1940-1950) aun cuando su poesía ya fue reconocida, se le dedicaron estudios críticos que calibraran de manera suficiente sus aportaciones. Ni poetas coetáneos suyos como Vicente Huidobro, Oliverio Girondo, Pablo Neruda o Jorge Luis Borges, ni posteriores como Octavio Paz, Gonzalo Rojas, José Lezama Lima, Juan Liscano o Vicente Gerbasi, dotados todos para el ensayo crítico, le dedicaron trabajos críticos de relevancia.

Aparecieron, sí, prólogos enjundiosos a su poemas completos (Folios, en Francia; Ayacucho, en Venezuela) y estudios críticos en diversas publicaciones universitarias de escasa circulación; pero en general la poesía de César Vallejo se ha dado por entendida e interpretada. Sus amigos Xavier Abril, Antenor Orrego, André Coyné, Juan Larrea, José Bergamín y José Carlos Mariátegui en un primer momento, y mucho después Enrique Ballon Aguirre, Guillermo Sucre, Américo Ferrari, Julio Ortega, Saúl Yurkievich o Fernando Alegría emprendieron trabajos de suficiente peso. 

Nos propondremos examinar en este ensayo algunas de las temáticas, motivos y líneas maestras de la poesía de César Vallejo mediante el tratamiento ensayístico, de riesgos y vaivenes, aunque intentando releer esta obra desde una perspectiva que nos permita ofrecerla a los lectores de un modo libre e imaginativo, no exento de voluntad crítica.

Para ello nos detendremos en cada libro siguiendo un orden cronológico, explorando en cada uno de ellos los signos que nos parecen significativos. Aclaro que se trata de una lectura personal, de recepción directa del texto original y no de una valoración exhaustiva soportada en una estructura académica prefigurada.

Índice de la obra

Deuda con un poeta, 6

1. Cronología vital, 7

2. Omnipresencia de la muerte, 11

3. Dicotomía espiritual, 15

4. Impacto de Los Heraldos negros, 17

5. La aventura verbal y existencial de Trilce, 29

6. Poemas en prosa, la narración lírica, 46

7. Poemas humanos, la expresión depurada,56

8. La utopía social de Vallejo, 63

9. Cartas a Pablo Abril, 64

10. Contexto y condición cultural de América, 68

11.Vuelta a Poemas humanos, 69

12. La solidaridad: España, aparta de mí este cáliz, 78

13. La prosa de ficción, 83

14. Obra periodística, 93,

15. Vallejo ante la crítica, 96

16. Coda metafísica, 11

Índice de la obra Ser.Dolor y Utopía en César Vallejo, Fábula Ediciones, Coro, Venezuela, 2020

*Gabriel Jímenez Emán, es escritor, narrador, poeta, ensayista, compilador y traductor venezolano, destacando más en el ámbito de la narrativa y la poética, la cual ha sido traducida a varios  idiomas  y recogida en antologías latinoamericanas y europeas.


Madrid.- 13 de marzo de 2026

La Gatera Press

Martín Chirino y Rafael Monagas:

La fragua de la amistad

El pasado 5 de marzo se presentó en la Delegación del Gobierno de Canarias en Madrid, el acto sobre el libro La fragua de la amistad, dedicado a la relación sobre la trayectoria artística de la escultura y pintura, de estos dos grandes artistas Martín Chirino y Rafael Monagas.

Izda. Rafael Monagas, consejera de Cultura Migdalia Machín, y Antonio Puente.


Martín Chirino (Las Palmas de Gran Canaria, 1925- 2019) y Rafael Monagas, (1947, Vega de San Mateo,Gran Canaria) pintor, colaborador y amigo cercano del escultor en hierro forjado.

Entre recuerdos, arte, palabras compartidas, y anécdotas, el acto evocó la atmósfera de la casa-taller de Morata de Tajuña, donde nació una amistad marcada por el respeto, la inspiración mutua y el diálogo constante entre escultura y pintura.

Un homenaje a la creación, pero también al valor profundo de la amistad en la trayectoria del arte de estos artistas.

La presentación contó con la intervención del propio artista Rafael Monagas, el Vice consejero de Cultura y Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias, Horacio Umpiérrez, la consejera de Universidades, Ciencia e Innovación y Cultura, Migdalia Machín, y el editor del libro Antonio Puente. Con ensayos firmados por Nilo Palenzuela, Javier Durán, Sonia Mauricio, Christian J. Perazzone, Idalmy González y Antonio Puente.

Entre artistas, profesores, amigos e invitados, canarios y no canarios, se llevó a cabo esta presentación, en coincidencia de su centenario del nacimiento de Martín Chirino.

 


Madrid.- 04 de marzo de 2026

Por Gastón Segura

             

El Tirano cumple cien años

Cuando este 2026 llegue a su fin se cumplirá el centenario de la publicación de Tirano Banderas, de Valle-Inclán. Lo apropiado hubiese sido abstenerme hasta el próximo quince de diciembre para recordarlo entonces; sin embargo, tras un rápido vistazo al presente, no me cupo ninguna duda de que era más gozoso anticiparles la conmemoración de ese prodigio de nuestra narrativa y aliviarles, con estas dos páginas, del estruendo de escándalos que nos acucia.

En cuanto a la portentosa singularidad de Tirano Banderas, indudablemente emana de su transformación de un relato en un retablo. Esta maña le fluía con soltura a Valle-Inclán hacía un par de años cuando, con Luces de bohemia (1924), había cuajado un lenguaje forjado durante casi una década, entre el artificio y la germanía, indispensable para el discurrir sobresaltado del esperpento, que si bien concibió para el teatro, empleó deslumbrantemente en esta novela y en las posteriores; es decir, en su ciclo inconcluso de El ruedo ibérico (1927-34). Un lenguaje impostado en cuyo seno, hasta las muchas voces americanas empleadas en esta novela, lejos de anclar la trapisonda en aquella realidad supuestamente tropical, contribuyen a levantar un guiñol hiperrealista. Un atrevimiento arriesgado porque, al menor descuido, la narración podía derrotar hacia la ridiculez, o bien alcanzar, como es el caso, la ejemplaridad de la fábula. Tanto es así que Tirano Banderas, desde su grotesca ucronía, devino en el germinador de toda una saga: las novelas del sátrapa americano.

Suman un buen puñado de títulos, que más o menos dista desde Odisea en tierra firme (1931), de Mariano Picón, hasta La fiesta del chivo (2000), de Vargas Llosa. Entre todos ellos escogería El Señor Presidente (1946), de Miguel Ángel Asturias, y El otoño del patriarca (1975), de García Márquez. Es más; opino que ambas narraciones se pueden codear sin rubor con la afantochada corte del general Santos Banderas de Valle-Inclán; pues para comenzar, tanto Asturias como García Márquez abandonaron desde la primera página cualquier pretensión realista, transponiendo todo calendario concreto e incluso el país, para ubicar sus relatos en una imprecisa y calenturienta América caribeña, de semejante manera a Valle-Inclán, que situó Tirano Banderas en la imaginaria República de Santa Fe de Tierra Firme, y para proseguir, también ambos necesitaron urdir una portentosa y genuina forma expresiva. Verán; si Valle-Inclán se asentó sobre un lenguaje propio, el del esperpento; Asturias, previo a la escritura, recurrió a una melopea que se repetía incesantemente por los cafés parisinos hasta memorizarla; mientras que García Márquez optó por una multitud anónima cuyas voces, más que una biografía, ensueñan, página tras página, una leyenda.

Y no obstante, contra el padrinazgo que se le reconoce entre la crítica y que le acabo de atribuir, ese de ser la precursora de las novelas del tirano americano, les precisaré que la peripecia del general Santos Banderas no fue la primera narración en abordar este asunto, pues la habían precedido Amalia (1851), de José Mármol; El conspirador (1892), de Mercedes Cabello; El cabito (1909), de Pedro María Morantes, La máscara heroica (1923), de Rufino Blanco-Fombona, y la sucederá casi de inmediato La sombra del caudillo (1928), de Martín Luis Guzmán; todas concebidas y escritas por hispanoamericanos. Y aunque influidas por la estética de su época; o sea, desde el romanticismo de Amalia hasta el realismo, más o menos mitigado y postrero, de La sombra del caudillo, todas mantienen un afán de verosimilitud y de denuncia opuesto al espíritu bufonesco que vierte Valle-Inclán. Al punto que, aun reconociendo tanto Blanco-Fombona como Martín Luis Guzmán la singularidad artística de Tirano Banderas, no dejó de antojárseles una caricatura de los temibles gerifaltes que sojuzgaban sus países, tejida con prejuicios europeos de cartón piedra; en resumen, un folletón compuesto por un gachupín, ajeno del todo a aquellas destrozantes tragedias. Desconozco, y es lástima, qué opinó Guzmán —Blanco-Fombona ya había muerto— cuando veinte años después vio la luz El Señor Presidente en México, pues la monumental novela de Asturias recurrió sin recato, como Tirano Banderas, al estampado en agua fuerte como la mejor manera de universalizar a un tipo y a una sociedad; en definitiva, se acogió a la hipérbole. Idéntico recurso, pero rebozado en la salaz eutrapelia, al empleado, tres décadas después, por García Márquez para su cuenta de la desmemoria inmemorial del general Zacarías Albarado.

Empero, ese guarecerse bajo la exageración de apariencia desvergonzadamente deshumanizada para ir trabando una farsa o goteando las mayores crueldades de un viejo insomne, que no respondía sino un enigmático «ajá» a cuanto le planteaban alarmados sus ujieres y edecanes, nos las tornan en relatos iluminadores —o sea, explicativos por su creación de un prototipo— de cuantos cabecillas montunos se adueñaron sucesivamente de aquellas repúblicas, por medio de cargas a degüello o de sigilosas emboscadas nocturnas, durante el último par de calamitosas centurias. Incluso hoy, sujetos como Alejandro Toledo disfrazado de Inca para oficiar un estrafalario ceremonial al Sol o el sandunguero Nicolás Maduro, muy puesto de chándal, impartiendo consejos domésticos por la televisión, mientras en El Helicoide amontonaba almas descerrajadas de cualquier esperanza, son fieles calcos de aquellos patriarcas de la patria retratados con una guasa ácida y sin concesiones a la caridad por Valle-Inclán, Asturias y García Márquez. Porque la moraleja y su correlato vocinglero, la política, se sublevarán de improviso en nuestras conciencias cuando bisbiseemos sus puntos y finales. De modo que échenles una leída y estremézcanse tras la última carcajada.

Artículo publicado por el "Imparcial" el domingo 01 de marzo de 2026  

*Gastón  Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.


Por Ricardo Gil Otaiza

 

La atemporalidad en M.

Nuestra protagonista es una figura cuasi fantasmal, apenas la inicial de un nombre, M., que vive exiliada en la ciudad B., debido a la guerra que su país natal lleva adelante con su vecino

La aventura intelectual de leer trae consigo inesperados encuentros, gratas experiencias y cierre de abismos, y en esta última categoría incluyo el poder acercarnos a autores desconocidos, que se erijan frente a nosotros como grandes retos, y el solo hecho de poder llegar a la otra orilla con la sensación de disfrute estético y de enriquecimiento luego de la travesía, es valor agregado y se agradece de veras, y es lo que me ha pasado con la novela breve Desaparecer (Acantilado, 2025), de María Stepánova (Moscú, 1972), con traducción de Jorge Ferrer, inserta en la colección Narrativa del Acantilado, 389, que pude leer de un tirón.

Nuestra protagonista es una figura cuasi fantasmal, apenas la inicial de un nombre, M., que vive exiliada en la ciudad B., debido a la guerra que su país natal lleva adelante con su vecino: es una mujer de mediana edad, escritora (pero con una suerte de bloqueo creativo que la mantiene inactiva) y es invitada a participar en un evento literario en otro país, pero una serie de circunstancias le impiden llegar a su destino, y en el ínterin se abre ante ella un espacio inusitado y, si se quiere, liberador, porque en lugar de maldecir su suerte al no poder leer la conferencia que había preparado para la ocasión, se deja abrazar sin mayores reticencias por la realidad que tiene ante sus ojos, y se entrega a ella dispuesta a emprender una nueva vida.

No se nos dice de manera explícita, pero intuyo que M. es nihilista, o una escéptica visceral, que se cuestiona todo lo que la rodea, que nada la ata, ni siquiera el recuerdo de su país al que en varias oportunidades califica de bestia, y del que se ha marchado sin mirar atrás: ni siquiera a su familia o afectos; vive un presente reflexivo, eso sí, de allí su permanente revisión y crítica a lo establecido, y sus días transcurren como si de una sucesión de hechos fugaces se tratara, que va sorteando con sobresalto, es muy cierto (y de esto va la trama novelesca), pero con la convicción (que no es tal en el sentido lato del vocablo) de vivir a como se vayan presentando las cosas, capoteando aquí y allá el vendaval, pero siempre dispuesta a seguir adelante muy a pesar de los innumerables obstáculos que halla en el camino.

La prosa de María Stepánova es lineal y sin retruécanos o inesperados giros lingüísticos, o cambios en la temporalidad, lo que nos permite seguir la historia con la sensación de placidez propia de un texto que busca en esencia comunicar, llegar al lector y que lo conecte sin mayores dificultades, lo que sin duda se agradece, pero la clave de esta novela de apenas 148 páginas es, ahora que lo pienso, dejar sentado que nada podemos asumir como definitivo, que no hay un destino que nos aguarde de manera estática, sino que somos presas de la sinuosidad del vivir, que nuestros días serpentean por agrestes caminos, que hoy estamos aquí y mañana veremos o quién sabe, que lo establecido (como ese lugar al que debemos llegar desde nuestra propia experiencia y que la cultura nos machaca a partir de la tierna infancia), es un sofisma, un alegato pueril y engañoso, que busca hacer de nosotros piezas clave de un ajedrez del que no tenemos ningún control, a menos que, como M., decidamos romper con la cuadratura del círculo, y echar a andar sin mucha carga encima y exentos de una brújula que nos marque el derrotero.

La novela está narrada en tercera persona, y tal circunstancia le permite a la autora tomar distancia frente a lo que cuenta (aunque sabemos que lo autobiográfico está presente con desgarradora fuerza a todo lo largo del texto) y a pesar de contarnos episodios en la vida de una mujer perdida en su presente, deslastrada de añejos atavismos, desprejuiciada de su realidad y lo que se espera de ella (o que ella esperaría de sí misma), hay atisbos de unos valores que le llegan desde su cultura, y ellos, si se quiere, mueven a su antojo los hilos de la historia y de su devenir, lo que nos lleva a los lectores al necesario cotejo entre lo que se anhela y lo que se alcanza, de allí la tensión que percibimos en la historia; de allí la subjetividad que se patentiza en cada página como cruel estigma personal y colectivo.

Nunca un título ha sido más pertinente que el de este libro: Desaparecer, verbo regular que funciona como intransitivo, nos dice la gramática española, porque conjunta en sí mismo lo que nos plantea la autora: su personaje M. busca dejar de estar a la vista de los suyos y de los otros, y el propio hecho de que ni siquiera tengamos un nombre, apenas una inicial, se conjuga en una misma intención de carácter filosófico: “ser y no ser”; reconocernos humanos con expectativas y proyectos de vida, pero que en ciertos momentos de nuestro tránsito terrenal quisiéramos esfumarnos, estar y no estar: vivir sin que apenas se note; ser presas de una atemporalidad que haga de nosotros esencia y olvido a la vez.

Me llamó poderosamente la atención la traducción de Jorge Ferrer, que supo, con indudable maestría, trasladar la novela del ruso al español, sin las asperezas propias del enorme salto “cualitativo” que conlleva una y otra lengua (¿y por qué no?: una y otra cultura), y la sutileza de su trabajo nos permite asomarnos a la vida de M. desde una óptica y referentes propios de lo humano: deslastrada de lo meramente argumental, a pesar de tener que sortear aspectos esenciales como la fonética, los modismos y la sintaxis, y evitar la literalidad, que a los ojos y oídos del lector en lengua española, introducen ruidos y desfases, que torpedean la unidad textual y resquebrajan el disfrute de lo estético.

*Escritor y académico venezolano

rigilo99@gmail.com

 

Por Gabriel Jiménez Emán 

                      

      Diálogo con SALVADOR GARMENDIA :

" He estado perseguido continuamente por la poesía”


Salvador Garmendia, uno de los referentes notables de la novela y del cuento hispanoamericanos del siglo XX, fue uno de mis maestros y gran amigo. Le conocí en Mérida en el año 1972, cuando yo cursaba estudios de Letras en la Universidad de los Andes; solía frecuentarlo en las oficinas de la revista “Actual”, en el conocido edificio administrativo de la ULA, donde también estaban la Galería La Otra Banda, el Departamento de Cine y de Radio de la Universidad, y en la planta baja el grato cafetín “Ohm 2000” donde nos dábamos cita artistas, escritores, cineastas, músicos y gente de la cultura para compartir con profesores y estudiantes. Recuerdo que Salvador vivía a pocas cuadras de allí con su mujer Amanda, en el edificio “Hermes”, situado diagonal a la plaza Bolívar de Mérida, donde íbamos a visitarlo con frecuencia. Por entonces, la capital andina era una de las ciudades más culturalmente activas del país; además de su prestigiosa Universidad había un ambiente bohemio, fresco, repleto de actividades deportivas y turísticas que donaban a la ciudad una fisonomía extraordinaria, complementada por su extraordinario clima, la cordillera con sus picos nevados y otros paseos y lugares de esparcimiento únicos en el país.

Salvador Garmendia fue figura central de la narrativa venezolana; articulista, cronista, escritor de guiones para televisión y cine, ganado también a las tertulias, a decir cuentos y anécdotas con las cuales nos hacia reír a carcajadas, y ello lo convertiría también en un narrador oral de extraordinaria dimensión.

Además de su conocido ciclo de novelas sobre la ciudad compuesto por Los pequeños seres (1959), Día de ceniza (1964), Los habitantes (1961), La mala vida (1968) y Los pies de barro (1973), Salvador también es autor de un prominente conjunto de volúmenes de cuentos, entre los cuales destacan Doble fondo (1965), -el primero de sus libros que yo leí-, luego Difuntos, extraños y volátiles (1970); luego, la colección de Los escondites (1972), por la cual recibiría el Premio Nacional de Literatura. De ahí en adelante, su producción cuentística desplegaría su poder, alcanzando los importantes títulos Memorias de Altagracia (1974), El inquieto AnacoberoEl brujo hípico y otros relatos (1979), Enmiendas y atropellos (1979), El único lugar posible (1981), Hace mal tiempo afuera (1986), La casa del tiempo (1986), Cuentos cómicos (1991), La gata y la señora (1991) y La media espada de Amadís (1998), amén de las numerosas crónicas que publicaba en revistas como “El sádico ilustrado” y en el Diario de Caracas; otra colección de crónicas publicada en la ULA bajo el título de La vida buena (1995) y una buena cantidad de cuentos para niños, género del cual decía era el más difícil.

Acerca de algunos de éstos escribí ensayos en su momento: sobre su libro de microrrelatos Hace mal tiempo afuera (donde me dedica uno); sobre su novela Día de ceniza, y un prólogo para una colección de sus cuentos realizada para Monte Ávila Editores bajo el título de El inquieto Anacobero y otros relatos (2004) que realizara su compañera Elisa Maggi. Fue conocida la amistad y admiración que Salvador tuvo hacia Daniel Santos, uno de los boleristas más importantes del caribe, a quien apodaban “el inquieto Anacobero”; Salvador escribió un relato basado en la figura bohemia y transgresora del cantante, que causó un escándalo en la moral pública oficial, y Salvador fue llevado al banquillo de los acusados, como un Gustave Flaubert cualquiera.

*Gabriel Jímenez Emán, es escritor, narrador, poeta, ensayista, compilador y traductor venezolano, destacando más en el ámbito de la narrativa y la poética, la cual ha sido traducida a varios  idiomas  y recogida en antologías latinoamericanas y europeas.

 


Madrid.- 04 de marzo de 2026

La Gatera Press

Jerónimo Saavedra, el último prócer, presentado en el Ateneo de Madrid

Con numerosa asistencia fue presentado el pasado 16 de febrero en la Sala Pérez Galdós del Ateneo de Madrid, el libro Jerónimo Saavedra, el último prócer.

Jerónimo Saavedra (Las Palmas de Gran Canaria 1936-2023) político, abogado laboralista y académico español, desempeñó en la Presidencia del Gobierno de Canarias en dos ocasiones, 1983 a 1987, y nuevamente de 1991 a 1993. 

Marta Saavedra

El libro fue presentado por la autora Marta Saavedra, sobrina del escritor canario y senadora por Gran Canaria y portavoz de Cultura por el grupo socialista en el Senado. También fueron invitados: 
Francina Armengol, presidenta del Congreso, Ángel Víctor Torres , Ministro de Política Territorial y Memoria Democrática. Entre anécdotas de los invitados, se llevó a cabo la presentación, para dar la última palabra, la escritora Marta Saavedra.

El contenido del libro se basa en cuarenta entrevistas a personalidades de la política, cultura, el arte, la música, la masonería, la homosexualiad y la libertad.

El libro ha sido diseñado por la ilustradora María Luisa Hodgson, y el prólogo de Pedro Sánchez, editada por Los libros de la Catarata.

Mª Luisa Hodgson
Iustradora de la portada del libro

Ángel Víctor Torres y Francina Armengol


                       

                                



 

Madrid.- 20 de febrero de 2026

El 24 de febrero en el Teatro La Latina

La empresa de creación, gestión y promoción cultural celebra su trayectoria con reconocimientos y renovación institucional de su compromiso al servicio de la ciudadanía

Doce premios culturales en la gala del 40 aniversario de Tritoma

Luis Alberto de Cuenca, Raquel Lanseros, Fernando Vicente, “El Brujo”, Manuel Galiana y Karmele Aramburu serán algunas de las personalidades galardonadas durante el acto de celebración de los cuarenta años de recorrido que tendrá lugar el próximo 24 de febrero en el Teatro La Latina (Madrid).

Foto: Rafael Álvarez, 'El Brujo', galardonado por Tritoma

Desde 1986, Tritoma Gestión Cultural viene desarrollando en Madrid una línea de trabajo de crecimiento y expansión sobre campos tan diversos como la gestión cultural, los programas de educación y formación, las actividades dirigidas a la infancia y la juventud, los servicios sociales y la cooperación al desarrollo. A lo largo de estas cuatro décadas, “ha sabido acuñar un modelo profesional que entiende y respeta la Cultura como un pilar estructural de la sociedad”, en palabras del nuevo director gerente, Pablo Martínez García, que actualmente lidera un equipo de más de 600 personas dedicadas a poner en pie, “con rigor y sensibilidad”, una programación para el ciudadano, “rica y diversa, desde una perspectiva participativa, constructiva, global e intercultural”.

El brindis “por el éxito logrado y un futuro de excelencia” tendrá lugar el próximo 24 de febrero, en el Teatro La Latina de Madrid. Será a las 19:00 h cuando arranque el festejo grande con el que se inaugurará oficialmente este año conmemorativo para la empresa. Esta gala del 40 aniversario de Tritoma estará presidida por los socios fundadores, José Luis Manzanares López y Paloma Sousa Leal, junto a Pablo Martínez García. Contará con varias actuaciones musicales, un monólogo y la entrega de varios reconocimientos a personalidades de relevancia por su contribución a la Cultura. Rafael Álvarez “El Brujo” (actor), Manuel Galiana (actor), Karmele Aramburu (actriz), Luis Alberto de Cuenca (escritor), Raquel Lanseros (poeta), la Fundación Excelentia, Isabel Rubio (directora de orquesta), Fernando Vicente (ilustrador), la Asociación Española de Pintores y Escultores, Raúl Cancio (fotoperiodista), Marisa Flórez (fotoperiodista), Jesús Fernández Úbeda (periodista y escritor) serán los premiados.

Al acto se sumarán otras autoridades relacionadas con los ámbitos de actuación de Tritoma, destacados miembros de consistorios como el Ayuntamiento de Torrejón de Ardoz y concejales-presidentes de las diferentes Juntas del Ayuntamiento de Madrid, además de invitados de empresas del sector y afines, y compañías de teatro, música y danza.

La Cultura por bandera

En este aniversario, “Tritoma no solo mira al pasado con legítimo orgullo por haber logrado un porfolio con los valores de calidad y sostenibilidad sino que también proyecta su experiencia hacia un horizonte de grandes posibilidades que se compromete a continuar explorando con responsabilidad, vocación de servicio y el objetivo fundacional de salvaguardar y fortalecer el acceso plural de todas las capas de la sociedad a la Cultura”, afirma el director gerente, Pablo Martínez García. “Celebrar estas cuatro décadas es reivindicar el peso de la Cultura como herramienta de cohesión, desarrollo y pensamiento crítico, y, ahora, además, posicionarse a la vanguardia con el apoyo de las nuevas herramientas digitales entre las que destacan nuestros canales de Instagram y YouTube con más de 20.000 suscriptores”, concluye.

Tritoma también seguirá enfocando parte de su actuación en programas de educación y formación, actividades dirigidas a la infancia y la juventud, servicios sociales y cooperación al desarrollo mediante su colaboración con la Fundación Asha-Kiran, entidad sin ánimo de lucro que apoya a los niños más desfavorecidos de India.

 


Madrid.- 19 de febrero de 2026

Por Gastón Segura

Cuentos chinos

Durante buena parte del siglo pasado, la mención de China suscitaba un mundo misterioso y lejano, que reducíamos aquí a magos que recorrían el país serrando a su ayudante metida en un baúl o se tragaban antorchas enteras sin que se les quemase ni el hanfu ni el guanmao, y que, normalmente, solían ser un señor de Albacete o de Plasencia, que, por un mal trance o por una pasión desbocada por las candilejas, se había enrolado en una compañía de variedades para cubrir el número de adivinación, disfrazado con los vistosos restos de la guardarropía de la zarzuela Chin-Chun-Chan (1904) o de la imponente Turandot (1926). No obstante; fuera mejor o peor ataviado aquel improvisado taumaturgo, los carteles lo señalaban muy sonoramente como chino y él abusaba del lambdacismo sobre el escenario para que al respetable no le cupiese ninguna duda. Solo así se certificaba la verosimilitud de sus asombrosos poderes, pues eran ingénitos a cualquiera nacido en China; siempre entenebrecida por densos pebeteros de sándalo y por gongs retumbando entre inacabables estancias palaciegas; es más, ese halo enigmático cobró su anverso y su reverso en el cine con las aventuras, por un lado, del flemático Charlie Chan —una especie de Hércules Poirot de las costas del Pacífico— y, por otro, del pérfido Fu Manchú y su cohorte de sicarios, capaces de los más acrobáticos jeribeques para rebanarte el pescuezo. Por su parte, la realidad, impresa en revistas y diarios, se presentaba carente de cualquier embrujadora intriga, con un Mao Tse-Tung, asomado a las almenas de la Ciudad Prohibida, saludando a una inmensa multitud sonriente que levantaba sus brazos agitando el Libro rojo (1964). Todos, la verdad, parecían la mar de contentos; luego supimos que no, que era un cuento chino. Pero cuando nos desengañamos, se habían cumplido un puñado de calendarios y los chinos se habían vuelto habituales entre nosotros con sus restaurantes aposentados en los bajos más destartalados de nuestras ciudades, y hoy, qué decirles, cuando no queda pueblo donde no se halle un comercio cuyas estanterías están abarrotadas por los más dispares productos para salvarnos de cualquier imprevisto, porque su horario ni respeta fiestas ni encuentra momento de cierre, y tras cuya caja registradora nos aguarda un chino de una impenetrable displicencia, como garantía de su sempiterna fama de misteriosos e impenetrables.

Sin embargo; siendo ecuánime, el epíteto “cuento chino” como sinónimo de trola encuentra su genuino exponente en el Libro de las maravillas (1298), de Marco Polo, tan desmentido luego como fascinante en su tiempo y aún ahora. En cambio, quien no recurrió a fantasía alguna en su extraordinaria Relación de las cosas de China (1602), para el prepósito general de su orden, Luis de Guzmán, fue el jesuita Diego de Pantoja. Tal es así que en pocos años y por su impresión a las distintas lenguas continentales se convirtió en el gran vade mecum de las cortes europeas sobre los dominios del Hijo del Cielo. Y no obstante, no fue Pantoja el primer español que dio veraces noticias de aquel mundo sino el agustino Martín de Rada, con su Relación verdadera de las cosas del reino de Taibin por otro nombre China y del viaje que a él hizo (1575), como tampoco quien debutó en la traducción del chino a una legua occidental o en trasladar a ideogramas algún doctrinal cristiano; también en estos menesteres se le adelantó otro agustino hispano, Juan Cobo, con su Beng Sim Po Cam, que quiere decir Espejo rico del claro corazón (1590) o con su Bian zhengjiao zhenchuan shiku [Testimonio de la verdadera religión] (1593). Aun así, la aventura de Pantoja y de su superior en la misión jesuita de Pekín, el italiano Matteo Ricci, y de las singulares aportaciones de ambos a la corte del emperador Wanli, en cartografía y conocimiento del mundo exterior a China, en pequeña y casi socorrida ingeniería hidráulica, en cronometría y relojería, en matemáticas y geometría, e incluso en música, conocimientos que fueron sus seguros avales para poder penetrar en la Ciudad Prohibida; aunque, asombrosamente, nunca contemplasen al emperador, como tampoco Wanli a ellos, por cuanto su divina majestad encargó retratos de ambos jesuitas.

A pesar de estas contradicciones y otros impedimentos que encontró aquel primer establecimiento europeo en la capital de China, su estancia se prolongó más de quince años y sus frutos fueron no solo esas aportaciones arriba citadas, o el método de aprendizaje de aquel idioma redactado por Pantoja en caracteres latinos pero con la ingeniosa innovación de escribirlo sobre una escala tonal, pues sin observar las modulaciones silábicas, esa lengua resulta incomprensible, cuanto, ante todo, por su novísima y entonces casi herética decisión de adaptarse al mundo chino para conseguir su evangelización, no solo armonizando el credo cristiano al confucionismo, sino tomando nombres nativos (Ricci fue Lì Mǎdòu, y Pantoja, Shunyang Diwo Pang) y, por descontado, indumento de mandarines, como nuestro mago del principio pero sin descerrajar a nadie sobre un escenario ni hacer más adivinaciones que las presfebrerocriptas por el álgebra y los astrolabios. En fin; una aventura que encontrarán expuesta, por doce especialistas, en todos sus pormenores y consecuencias en el tomazo Diego de Pantoja (1571-1618), agente de Globalización en China (2024), que han editado mi amigo Pedro Bonet y el profesor Ignacio Ramos, y que de cuento chino no tiene sino la circunstancia, porque introducirse en aquel reino secularmente hermético y cautivarlo solo puede calificarse de admirable gesta.

Artículo publicado por el "Imparcial" el domingo 15 de febrero 2026

*Gastón  Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.


Por Ricardo Gil Otaiza

La guagua 467

Durante tres días, el padre se quedó varias horas sentado en la misma parada, a la espera de un “algo” que solo él sabía definir: recibía el calor y el frío, la pegajosa humedad del verano, el frescor de los vientos al atardecer, y el reflejo de la luna

El niño subió de primero al bus y detrás el padre, luego este se detuvo un instante frente al chofer y pagó. La unidad estaba sobrecargada, no cabía nadie más, y cuando el padre entró a la cabina el bus arrancó de pronto y debió agarrarse con fuerza de un tubo para no perder el equilibrio. Miró a su alrededor, pero no vio a su hijo: era pequeño y tremendo, con apenas cinco años de edad. Sin preocuparse, miró aquí y allá, buscó entre la gente, indagó en los puestos laterales y en los del fondo, miró en cada rincón y no perdió la calma, sabía por lógica deducción que su hijo tenía que estar allí, que no se podía esfumar en el aire.

Sin demostrar que estaba en pánico, el padre miró debajo de los asientos, entre los espaldares y las piernas de los pasajeros, en los escondrijos en donde se metían los bolsos y las mochilas, escudriñó a cada persona, miró al techo y al piso, y muy pronto se le agotaron las posibilidades. Si bien la unidad era bastante grande, con dos vagones enlazados por una suerte de acordeón que permitía la articulación y el movimiento en cada curva y redoma, no halló en dónde más buscar y decidió acercarse al chofer para notificarle lo que pasaba.

De entrada, el chofer no le hizo mucho caso al padre, le dijo que no había buscado bien, que era imposible que un niño se perdiera en un bus herméticamente cerrado, que aún no había llegado a su primera parada y que no había abierto todavía ninguna puerta por donde pudiera escaparse. No obstante, cabría la posibilidad de que hubiese salido inmediatamente por la puerta trasera una vez que entró. Al ver en los ojos la desesperación del padre, el chofer decidió contravenir las normas de la empresa: detuvo el bus en un sitio seguro, bajó de su puesto de mando y junto al padre se dio a la tarea de buscar al niño a lo largo y ancho del mismo.

La indagación de ambos no trajo resultados, el niño no fue hallado, entonces el chofer decidió preguntarles a los pasajeros si vieron salir a un niño, si se percataron de su presencia, y en los rostros de los presentes se dibujó el desconcierto. El chofer decidió enfrentar al padre y recriminarle en tono irónico que les hiciera perder el tiempo a todos, porque él no entró con ningún niño.

El padre, iracundo, apeló al ticket de pago de los pasajes, y se lo mostró al chofer. Este, con un amago de sonrisa en los labios, chequeó el comprobante y corroboró lo que pensaba: que efectivamente el hombre solo había pagado su pasaje. Incrédulo frente a la evidencia, y completamente descontrolado, el padre dijo a gritos que él era testigo de que había entrado al bus con su pequeño hijo y de que algo extraño e inexplicable había sucedido dentro de la unidad para que no estuviese allí con él. Miró a los pasajeros y los increpó para que lo apoyaran o a que lo desmintieran, pero nadie dijo nada.

El calor arreciaba en el bus, así como la impaciencia de los pasajeros, y fue así que el chofer le dijo al padre que lo dejaría en la primera parada porque estaba perturbando la paz y la tranquilidad. El hombre le respondió que, de ninguna manera, que él no se bajaría del bus hasta que le devolvieran a su hijo. El chofer dio el parte a la policía y a los pocos minutos se presentó en el sitio una patrulla con dos funcionarios, y sacaron al hombre a empujones de la unidad.

No hallaron rastro del niño, al parecer nadie en la unidad lo vio, y no había cámaras que pudieran verificar la versión del padre. El niño parecía nunca haber existido. El padre se obsesionó con encontrarlo y cada día esperaba el bus en la misma parada en la que lo tomó aquel aciago día. A veces se topaba con el mismo chofer, quien sin inmutarse le daba entrada y proseguía en su ruta. Él no se sentaba y como autómata se daba a la desconsoladora tarea de recorrerlo y revisarlo.

Cada vez que entraba un niño a la unidad, el hombre se quedaba perplejo, sumido en el letargo, rebobinando su tragedia. Recordaba con claridad que el niño entró de primero y que él se quedó con el chofer pagando los pasajes, pero en su recuerdo no había más elementos, por lo que todo entraba en una suerte de vacío y oscuridad: como una película detenida en un punto preciso de la historia.

El padre imprimió carteles con el rostro del niño y con la ayuda de un amigo los pegó en los postes de luz cercanos a la parada de buses, así como en las paredes y veredas, y pidió permiso a la Alcaldía y a la empresa para pegarlos en las unidades de transporte. Su hijo era real, tenía en su poder el documento de nacimiento y con él en la mano increpó al chofer del bus y le dijo que no se lo había inventado, que su hijo existía, que era de carne y hueso, a lo que el chofer replicó con dureza, que no lo ponía en duda, solo que no había entrado con ningún niño en el bus.

Una mañana, al observar varios de los carteles que había fijado, pudo percatarse de que había en ellos señales inquietantes y a la vez alentadoras, aunque imperceptibles para los demás: dibujos de animales y corazones, el sol y las estrellas, un papá y un niño subiendo en un bus, y de inmediato supo que se trataba de su hijo.

Durante tres días, el padre se quedó varias horas sentado en la misma parada, a la espera de un “algo” que solo él sabía definir: recibía el calor y el frío, la pegajosa humedad del verano, el frescor de los vientos al atardecer, y el reflejo de la luna.

Ya desalentado, se levantó de la parada y decidió marcharse, y fue así cuando escuchó una voz que lo llamaba ¡papá! Volteó y vio a alguien muy parecido a él. Esperaba al niño de cinco años que perdió en el bus pocos días antes, y, para su asombro, halló a un hombre casi de su misma edad.

*Escritor y académico venezolano

rigilo99@gmail.com

 

 

Por Gabriel Jiménez Emán

 

Nihilismo y crítica social en Allen Ginsberg

I

Hay dos figuras referenciales en el mundo de Allen Ginsberg: Walt Whitman y Vachel Lindsay. Ambas sembraron en él nutrientes para construir una poética alimentada con las mejores fuentes de rebeldía en los Estados Unidos. A Whitman lo encuentra cien años después en los pasillos de Un supermercado en California hurgando entre frutas, duraznos, el neón, las penumbras y los corredores con maridos o bebés, donde de paso se topa a García Lorca junto a las sandías. Ginsberg puede pintarnos a Whitman, viejo solitario y crápula, hurgando entre las carnes en el refrigerador y mirando de reojo a los muchachos del almacén. En este poema en prosa – donde Ginsberg se identifica con la homosexualidad de su maestro--  recorre con él el supermercado probando golosinas, y después fuera del local van ambos por las calles solitarias soñando con una América perdida. En este poema hay una prefiguración de otro que no por casualidad tiene el título de América: nación inmersa en la “guerra humana” que usa la bomba atómica y sobre la que el poeta se pregunta: “América, ¿por qué tus bibliotecas están llenas de lágrimas? / Me disgustan tus locas exigencias (…) Tu maquinaria es demasiado para mí / tú me hiciste querer ser un santo”.

En Vachel Lindsay se inspiró Ginsberg para recorrer Estados Unidos leyendo sus poemas ante grandes auditorios, e intentando recuperar la condición de bardo de multitudes, de trovador acompañado de música y gestos teatrales, como lo hacía Lindsay yendo de casa en casa y diciendo sus poemas a cambio de comida o alojamiento. A Vachel le dedicó un poema “A Lindsay”, donde al final le ve sentado con sus tirantes en una cama: “la sombra de tu mano levanta una pistola sobre tu cabeza / tu sombra cae sobre el piso”, dice de modo conmovedor.

Ginsberg y sus amigos del grupo Beatnik, (Ferlinghetti, Kerouac, Burroughs, Kesey y Corso, entre otros, no todos necesariamente escritores) emularon esta actitud de bardos públicos que combinaban su nihilismo con la crítica social en un momento tan decisivo para la cultura del siglo XX como la década de los años 60 en el siglo XX, en que la política bélica de las potencias y las megacorporaciones de Estados Unidos estaban causando estragos en el mundo (lo cual no cesa hoy, y es por ello, entre otras cosas, que están tan vigentes), los beatniks coparon entonces la escena con sus actitudes contestatarias, rebeldes y bohemias que motivaron y movilizaron no sólo a numerosos jóvenes de su país, sino de varios países americanos y europeos donde su radio de influencia se dejó sentir, especialmente en Francia y en América Latina. Venían los beatniks de admirar a los músicos de jazz (negros que habían logrado una expresión a contracorriente de la cultura blanca) y luego pasarían a formar parte de una serie de movimientos donde se destacan los hippies, el underground, los happenings, el camp, el action painting, la experimentación con drogas (que dio origen al arte psicodélico y al pop, y no a una mera drogadicción), el rock ácido y el cine francés de la nouvelle vague irían todos ellos a constituir un movimiento contracultural donde participaban movimientos filosóficos o psicológicos como el marxismo, el existencialismo, el budismo oriental y el psicoanálisis en autores como Jean Paul Sartre, Albert Camus, Theodore Rozack, Herbert Marcuse, Norman Brown, Alan Watts o Susan  Sontag. Tales experiencias atentaban contra la cultura institucional (rígida, heredada, diseñada y difundida por los mass media para que nada cambiara) y a la postre vendría a definir el mercantilismo aupado por el capitalismo, la dominación ideológica llevada cabo por el cine de Hollywood (al cual los beats llamaban disneynisación) y el uso de una tecnología desenfrenada, propiciadora del consumismo.

Justamente, Allen Ginsberg se convierte en uno de los adalides de esta nueva actitud, expresada  a través de sus desenfadados versos torrenciales, enumeraciones delirantes y un brillante coloquialismo, imperfecciones deliberadas que llevan implícitas una crítica al arte “hecho” o “equilibrado” que ostentan los perfeccionismos formales europeos como el clasicismo, el simbolismo y luego el modernismo hispanoamericano. En 1955, Ginsberg publicó su Aullido en Inglaterra y al año siguiente en San Francisco, donde se deja llevar por una marea de asociaciones libres de la mente, por un caudal que puede ser violento o estridente (aunque diferenciado del surrealismo) pero también musical y encantatorio, poblado de prosaísmos vigorosos que implican todos ellos una tensión. “Estoy contigo en Rockland / donde las facultades del cráneo ya no admiten los gusanos de los sentidos (…) Estoy contigo en Rockland / donde golpeas en el piano catatónico que el alma es inocente e inmortal y no debería morir impíamente en un manicomio armado.”

Asimismo, Ginsberg deja ver lo más desnudo de su condición judía en Kaddish y otros poemas (1960),  libro donde a partir del lamento por la muerte de su madre, hace una descarnada autocrítica donde predomina una visión caleidoscópica de la realidad que incluye descripción de calles, establecimientos, estaciones, oficinas, carreteras, bahías y paisajes de todo tipo; recurso que le permite la identificación plena de lugares determinados, y con ello la precisión de un topos muy suyo (Ginsberg nació en New Jersey en 1926) pero también una condición mental interior: “Polvosos sacos de correo llenándose / 1948 N.Y. octava avenida fue / o cuando Peter conducía el camión / de corres 1955 / desde el anexo rincón / resplandor de luces brillantes en el parabrisas / temblor de adrenalina en los hombros (…) No será ocioso anotar que Ginsberg, antes de estudiar en Columbia, fue portero, cafetero, marino y reseñador de libros en la revista Newsweek. También un activo fotógrafo y memorialista de su generación, con varios libros de fotografías editados. Muchas de éstas fueron expuestas en el Museo Whitney de Nueva York en 1995, dentro de una gran exposición que se dedicaría al revolucionario grupo. Otros libros suyos que debemos mencionar son Espejo vacío (1960), Sándwiches de realidad (1963) y Noticias del planeta (1969). El poeta dejaría de existir en 1997.

Creo que le debemos a este poeta el haber realizado una crónica alucinante de la realidad, una lectura transfiguradora que es a su vez una mirada lúcida y crítica de su país, con todo lo que ésta logra cuando desnuda desde conflagraciones bélicas hasta la vida en tugurios, burdeles y aventuras amorosas y existenciales, experiencias con drogas en textos que pueden parecer letanías, evocaciones o constituir en si mismos imágenes abigarradas de ciudades que revientan en su paradoja de lujo y miseria, de placer y muerte, de amor y de horror.

II

En el año 1985 estuve en Roma, Italia, asistiendo a un Festival Mundial de Poesía en Villa Borghese, junto a los poetas venezolanos Carlos Contramaestre, Ramón Palomares y Enrique Hernández D’ Jesús. Había escritores de diferentes nacionalidades. Entre los muy conocidos que recuerdo estaban Juan Gelman, Alberto Moravia, Allen Ginsberg, Gregory Corso (a quien Ginsberg salvó de la locura por medio de la catarsis poética) y Leroy Jones (Amiri Baraka) a quienes me acerqué un rato para charlar con ellos. Saludé a Ginsberg y a Corso; recuerdo que Corso libaba frenético de una botella de whisky y me ofreció un trago, que inmediatamente acepté. En cambio Ginsberg aspiraba extasiado un cigarrillo de marihuana; al rato subió al escenario pero no a leer sus poemas, sino a tocar el banjo. Acompañó con el instrumento a un grupo de jazzistas y cantantes country, y lo hizo muy bien.

En el fondo, los beatniks fueron unos trovadores que decían a la gente sus poemas o canciones, como lo habían hecho Whitman o Lindsay, y como luego lo harían Bob Dylan, John Lennon o Tom Waits; en América Latina serían Víctor Jara, Violeta Parra, Mercedes Sosa, Silvio Rodríguez, Alí Primera, Ismael Rivera, Juan Luis Guerra o Rubén Blades; en España Joan Manuel Serrat o Joaquín Sabina; en Francia Georges Moustaki y en Canadá Leonard Cohen. En fin, cantautores, trovadores y jazzistas influirían en un buen número de escritores y músicos en varios países; en Venezuela los ecos de Ginsberg y los poetas beat se hacen notar en la poesía de Víctor Valera Mora, Caupolicán Ovalles, William Osuna, Jorge Nunes, Julio Valderrey, Gabriel Jiménez Emán, Benito Mieses y Antonio Robles, entre otros. En el fondo, a quienes hacemos caso omiso de los convencionalismos cívicos y de las poses de poetas “exitosos” laureados o premiados por academias (incluyendo al aburrido Premio Nobel, al que Jean Paul Sartre rechazó con toda razón) le debemos algo a Ginsberg, principalmente por haber tuteado a nuestro abuelo Whitman e invocado al entrañable García Lorca, pero también por incluir en su lista nada menos que a Mahoma y a Cristo: los acercó a todos ellos a nosotros y con ello nos aproximó también a una actitud más fresca y sincera de apreciar la literatura; a ser más humanos y auténticos en el momento de asumir nuestras responsabilidades personales,  sino con el objeto asumir un compromiso social como agentes históricos que somos,  renunciando a los clisés e imposiciones del poder, y poder despojarnos de prejuicios para vislumbrar, con mayor ecuanimidad, caminos más libres de transitar la condición humana.

*Gabriel Jímenez Emán, es escritor, narrador, poeta, ensayista, compilador y traductor venezolano, destacando más en el ámbito de la narrativa y la poética, la cual ha sido traducida a varios  idiomas  y recogida en antologías latinoamericanas y europeas.

 

Por Samir Delgado




La lluvia roja

Hay flechazos de Cupido que son instantáneos, los amoríos a primera vista tienen un hechizo especial, todo cambia para siempre. Así en el amor como en la vida, también están las saetas profundas y perpetuas que se clavaron en el cuerpo de San Sebastián, cuyas heridas nunca cicatrizan en el tiempo de los mitos. Sucede igual con los libros y los viajes, la experiencia de compartir las imágenes que provienen de un mundo en constante devenir hace que muchas historias sean seductoras, quien las cuenta hace de su vida un espacio de sinceridad íntima, cada testimonio es un arco con flechas con una tensión permanente a la espera de nuevas atracciones, posibles desenlaces y enamoramientos más allá de cualquier frontera.

En estos días de febrero, se ha conocido el fallecimiento del escritor europeo Cees Nooteboom, uno de los grandes y últimos viajeros que hizo de todos sus libros un tintero infinito de sensaciones, en sus pliegos de papel latieron el arte y los paisajes que cautivan todavía a la mirada del ser humano. Nació en La Haya, una de las ciudades de los Países Bajos, ese país que está bajo el nivel del mar, la misma patria del pintor Vincent van Gogh, quien nació a una hora de distancia, ochenta años antes que él, en el territorio onírico de los tulipanes. La voz del escritor neerlandés sonó en español, amó desde sus años de juventud los paisajes de la península ibérica y estuvo en México, exactamente hace diez años, en un festival de Querétaro, donde cautivó a lectores y lectoras con su obra literaria.

Entre novelas, ensayos y poesía, Cees Nooteboom siempre tuvo un guiño vital sobre su propia vida, en un peregrinaje constante que le llevó a visitar países exóticos como Japón, Brasil y Australia, además de cartografiar casi todos los museos de Europa, a la búsqueda incesante de la belleza y de las gradaciones de su luz. Muchos de sus libros, publicados en varios idiomas, se articulan como susurros y cadencias, un hilo de narración que contempla a la vez los cuatros puntos cardinales del planeta. El ensueño y la pasión del autor siempre fueron viajar y escribir. De hecho, su compañera de vida, la fotógrafa Simone Sassen, puso el objetivo en cada instante fulgurante que pensó necesario para acompañar a las páginas de algunos de sus libros, como aquel de la visita a tumbas de poetas y las crónicas de la Alemania antes y después de la caída del muro de Berlín.

Y el amor a un horizonte se concretó en la vida de Cees Nooteboom en torno a la isla mediterránea de Menorca, en el archipiélago de Baleares, allí pasaba los días de una parte importante de cada año, era su doble vida, allí murió. En su libro “Lluvia roja”, en holandés se pronuncia “Rode regen”, legó a las futuras generaciones el enigma de todas las islas y el mar, con el viento de la tramontana que capturó su vigilia hasta la eternidad. Entre esa lluvia roja, el poeta Cees Nooteboom describió con elocuencia que en las islas, “el mundo se divide en salado y dulce”, además de que la luz allí es “de verdad, brillante y omnipotente, un poder”. En los inviernos de su casa de Ámsterdam, donde acumuló premios literario y se convirtió en una de las voces más singulares de la literatura contemporánea, a veces le asaltaba la nostalgia y cerraba los ojos, para pensar en su jardín, un lugar mágico que se encontraba “en el camino de la luna”. Lo dejó escrito, y en su paz halló el refugio del nómada incansable, el coleccionista de cruces de caminos, un hombre que hizo suyo el pálpito de todos los atardeceres, en la isla sucedió el principio y el final de su flechazo de la vida.

Artículo publicado por el "Sol de Durango" el viernes, 13 de febrero de 2026 

* Samir Delgado (Las Palmas de Gran Canaria 1978) es un poeta y ensayista español especializado en arte y literatura contemporánea. Premio Internacional de Poesía Tomás Morales y el Premio Internacional de Literatura Antonio Machado en su edición 2020. Licenciado en Filosofía por la Universidad de La Laguna y especialista en Bellas Artes de la Universidad de Castilla-La Mancha.

 

 



Madrid.- 12 de febrero de 2026

Sonia Muñoz Guevara


La magia poética de Álvaro Pombo, en la Real Academia Española 

       

Fotos: La Gatera Press

Izq.Presidente de la RAE, Santiago Muñoz Machado, el poeta Álvaro Pombo, Gema Igual Ortiz,

alcaldesa de Santander, y el escritor Juan Antonio González Fuentes.

Ayer 11de febrero, a pesar de la lluvia y las protestas de los agricultores, acompañados del ruido, y el insoportable tráfico en Madrid, no impidieron que la sala de actos, de la institución de la RAE, estuviera con poca asistencia, sino, todo lo contrario.

El poeta y novelista, santanderino Álvaro Pombo, Premio Cervantes (en el año 2024), estaba en la sala de acto, dispuesto a leernos sus poemas, de su nueva publicación de la antología titulada Substancia. (Renacimiento-Fundación Gerardo Diego).

El acto fue presentado por el presidente de la RAE,  Santiago Muñoz Machado, la alcaldesa de Santander, Gema Igual Ortiz y presidenta de la Fundación Gerardo Diego, y el  escritor- editor, Juan Antonio González Fuentes, quién  mantuvo la conversación, con el poeta.

Álvaro Pombo, nos recitaba de memoria sus poemas, a sus 87 años, y con su humor característico en él, se nos hizo corta la noche.

Es reconocido como un escritor culto, cuidadoso en los aspectos formales, con una obra narrativa y poética de gran riqueza. Maestro indiscutible de la literatura española contemporánea.

Álvaro Pombo (Santander, 1939) es licenciado en Filosofía por la Universidad de Madrid, Bachelor of Arts por el Birkbeck College de Londres y miembro de la Real Academia Española. Ha publicado varios libros, entre ellos , “El héroe de las mansardas de Mansard”,  " El hijo adoptivo", "El parecido", "Relatos sobre la falta de sustancia", “Los delitos insignificantes”, “El metro de platino iridiado”, “Contra natura”, “El exclaustrado”, “La fortuna de Matilda Turpin”, entre otros muchos más libros, siendo traducidos a numerosos idiomas.

Ha sido un placer haber asistido, a esta presentación, para luego tener la oportunidad de saludarlo.

A la salida, la llovizna continuaba, acompañada del silencio de la noche, por las calles céntricas de Madrid.



Madrid.- 05 de febrero de 2026



Por Gastón Segura


Los protectores

Más que hastiado, desolado, escribo estas líneas mientras el gobierno, en un pérfido ejercicio de huida, busca denodadamente a alguien a quien endosarle el atroz descarrilamiento de los trenes en Adamuz —en este momento, sus argumentos, aún titubeantes, apuntan hacia un anónimo soldador de vías—. Cuando a estas alturas, todos sabemos de sobra cómo, desde hace un trienio, menguó la conservación de los trayectos, y no solo de este tipo de complejísima circulación, sino hasta de las cercanías y del largo recorrido, y que el par de «trenes auscultadores», encargado de la revisión de toda la excesiva, para la potencia económica de nuestro país, red de Alta Velocidad, estaba fuera de servicio por averías y otras razones técnicas. De modo que resulta, sobre patético, sumamente indignante el papel de bausán a punto de la quema mantenido durante la semana pasada por Óscar Puente. Mientras, el parlamento —máximo representante de los ciudadanos y, por consiguiente, su leal defensor— ya debería de haber iniciado los trámites reglamentarios —sin atender a algo más que no fueran sus conciencias como individuos— para la destitución no ya de este ministro, sino del gobierno en pleno. ¿O acaso no acumula demasiadas catástrofes —con su lacónica y estremecedora lista de estragos y mortandad— durante su ejercicio?... No lo hará; de sobra lo sé. Diputados y senadores se parapetarán tras esa añagaza llamada «disciplina de partido» y el resto de embustes de leguleyo para permanecer impertérritos; por cuanto desacreditarán con esta miserable pasividad al actual sistema y lo empujarán, tantaleante y andrajoso, hacia su agonía y su desplome.

Y, créanme, intentando eludir cualquier pensamiento sobre ese desastrado porvenir que se anuncia, repaso los diarios con desgana hasta que reparo en una noticia resumidora de cuanto sucede: «El gobierno usa una ley de violencia infantil para vetar a los menores en los toros» (ABC, 28 de enero). Según parece la ministra de Juventud e Infancia, doña Sira Abed Rego, se conoce que solidarizada con el señor Puente y, por tanto, muy dispuesta a compartir aunque sea un cacho de la ira ciudadana, está redactando una Ley Orgánica de Protección Integral a la Infancia y la Adolescencia, donde por recomendación del Comité de los Derechos del Niño, de la ONU, pretende prohibir la entrada e incluso la enseñanza de la tauromaquia a los menores porque, según dicta el preámbulo del proyecto de ley, «la exposición temprana a la violencia puede desensibilizar a las personas menores de edad frente al sufrimiento ajeno, afectando negativamente el desarrollo de la empatía, normalizando la violencia como una forma de entretenimiento, influenciando la percepción de las personas menores de edad sobre la resolución de conflictos y el uso de la fuerza, con efectos duraderos en su bienestar emocional». Perplejo, primero, al enterarme de la existencia de un ministerio cuyo cometido debe de ser algo parecido a la revisión de los parques de atracciones, de las películas de dibujos animados y de las PlayStations, porque billares donde enseñarse a liar canutos como Dios manda, a jugar al futbolín con cara de matachín de esquina y a completar una carambola a tres bandas sin que te tiemble ni un milímetro la ceniza del pitillo ya no quedan; así que ustedes me dirán en qué emplea el tiempo tal departamento. Luego, más centrado en el texto, deduzco que doña Sira, sus sesudos asesores y esas eminencias de la ONU debieron de sopesar la morbosa distorsión en la sensibilidad que produjo la asistencia a las corridas en Goya, Ramón Casas, Valle-Inclán, Picasso, García Lorca, Gómez de la Serna, Ortega y Gasset, Bergamín y Orson Welles; por no enumerar a los más recientes, como Vargas Llosa, Miquel Barceló, Joaquín Sabina, Gómez Pin, Albert Boadella, Fernando Savater, Félix de Azúa y otra multitud más bullanguera entre la que me cuento, quienes, según se desprende de tal preámbulo, además de observar el mayor desprecio por cualquier sentimiento e impelidos por nuestras irrefrenables ganas de emular a Harry el Sucio, guardamos una Magnum del 42 bajo la almohada, con el gravísimo riesgo para la comunidad de que una noche, por un quítame allá esas pajas con la parienta o por una desastrosa tarde de Morante, salgamos a la calle dispuestos a freír a balazos al primer insensato que nos endilgue una palabra intempestiva, mordiendo aquello de «Venga; alégrame el día».

En fin; una manía casi clerical por prohibirnos las gozosas aficiones con el remilgado pretexto de proteger nuestra salud; mientras que ellos, el gobierno, nos desprotegen con total descaro de cuanto tienen encomendado como deber fundamental; basta con un repaso a sus acciones durante el estallido y propagación del covid, o al retraso en la ayuda a los palmeros, o a su demora de cuatro días en el socorro a la huerta sur de Valencia, o a su privación de medios a los cuerpos policiales, o a su sordera ante las advertencias técnicas del posible apagón, o a su descuido de la maleza de los montes, o, ahora, al horrible y sangriento descubrimiento de su desidia en el mantenimiento de las vías. Claro que prohibir es barato; basta con escribirlo en el BOE y enviar, luego, a los guardias a detener —ángel mío— al desavisado infractor. En cambio, defendernos —o, al menos, auxiliarnos presurosa y correctamente— de catástrofes como las enumeradas arriba, requiere no solo de dinero, sino de cierta moralidad y de una indispensable capacidad intelectual; algo, al parecer, ausente en este gobierno.

Artículo publicado por el "Imparcial" el martes 03 de febrero de 2026

*Gastón  Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.



Por Ricardo Gil Otaiza






Josue y el santo de Hipona

Josue, vuelve otra vez al tenso rostro de San Agustín: aquel ser perdido en la neblina de los siglos, y ante él se materializa con pérfida insolencia, como quien reclama a su creador el porqué de la apuesta a su ya olvidada figura

Montado en un andamio, mientras modelaba los detalles en el rostro del que se revelaría en pocos días como el gran San Agustín de Hipona (escritor, teólogo y filósofo cristiano, y reputado eje del pensamiento occidental), Josue se entregaba a su tarea artística sin dar tregua a la fatiga, olvidando que tenía que comer, abstraído por completo en un oficio que, no aprendió en las aulas universitarias (no tenía aún edad para ello), sino que emergió de su ser siendo muy pequeño, cuando poseído por el deseo de tener un juguete que su familia no podía darle, aceptó a cambio la caja de plastilinas que le obsequió su padre, y él mismo esculpió sus sueños.

Desde entonces, Josue hizo de la plastilina su mundo, y comprendió que todo aquello que anhelaba lo podía hacer realidad con sus propias manos, que ellas respondían presurosas a sus deseos: dóciles y gráciles iban de aquí a allá, reptaban en sus artificios erigidos en portento, como queriendo hallar en cada palmo de su obra escultórica, un inaudito (¿y quizá posible?) hálito de existencia.

Josue buscaba la talla perfecta y, como toda perfección requiere de un esfuerzo enorme (y sobrenatural), se internaba en las noches a solas en su taller, arrancando a la arcilla todo aquello que podía darle: textura, rasgos, edad, presencia ultramundana, latido y movimiento, mientras la ciudad dormía sus pesadillas y acallaba sus ecos, en una suerte de extraña complicidad y simbiosis, que llevaba a ambos a una reciprocidad inaudita y pocas veces vista.

La familia y los amigos lo llaman, pero él ignora sus voces. Se siente (y está) poseído por los demonios de la creación. Nada de lo que afuera acontece, lo toca, sus ojos y demás sentidos se concentran en la obra, y ningún hecho logra arrancarlo de las entrañas de una pasión que lo desborda, que tira hacia adelante, que va más allá del tiempo y del espacio en una rueda sinfín que aterra a quienes le conocen, al observarlo ya fuera del alcance de su presente y de su realidad: meciéndose en las alas de una dimensión inasible y etérea. Ellos intuyen; es más, lo saben, que la creación artística es eternidad patentizada en el ahora.

Mientras talla y perfecciona, Josue percibe movimientos en la periferia: inquieto mira a su alrededor y solo ve el silencio, que pesa más que las toneladas de arcilla, hierro, cemento, piedra, arena, madera, fibra de vidrio y mármol, que en sus manos son objeto de profunda metamorfosis, hasta hacer de ellos imagen y esencia, presencia y corporeidad estética.

Mira de nuevo, y todo bien, pero se siente observado, un leve frío le estremece la nuca y pierde la abstracción, entonces abre y cierra los ojos como queriendo espabilar el cansancio y las conjeturas. Continúa así, no sin temor, con sus estecas, punzones y espátulas sobre la arcilla.

Josue, vuelve otra vez al tenso rostro de San Agustín: aquel ser perdido en la neblina de los siglos, y ante él se materializa con pérfida insolencia, como quien reclama a su creador el porqué de la apuesta a su ya olvidada figura: en su mirada le pide, le ruega, le exige que lo deje descansar en paz, que ya no golpee con ímpetu su atormentado rostro, que su lúgubre existencia hundida en camándulas, folios y libros, está, por la fuerza del glorioso y necesario paso del tiempo, asentada en los anales de la historia, y ya no requiere de más pedestales ni artificios.

Josue se sobresalta, la escultura gira ligeramente la cabeza y lo mira, pero la imagen desaparece cuando el artista parpadea con fuerza. Gracias a que está atado al andamio con arneses, no cae por el susto de bruces al vacío. Ya agotado, desciende lentamente de las alturas, y se dispone a marcharse.

Repuesto, Josue intenta recoger sus cosas y cambiarse de ropa, pronto llegará su padre a buscarlo para llevarlo a casa, pero en ese instante se percata, no sin terror, que las esculturas en ciernes, y las ya acabadas, cobran vida. Lo rodean y lo arrastran hacia una Galería que parece hecha de sueños y de mármol, donde todo es irreal, pero tangible como la vida.

Cada escultura tiene conciencia de sí misma: San Agustín de Hipona perorata sin parar de rezos y teología, de griegos y romanos, San José Gregorio Hernández se quita el sombrero y habla con pausa y sentido de la ciencia, de las tribulaciones médicas de algunos de sus pacientes, José Antonio Abreu mueve la batuta de arriba a abajo queriendo arrancarle notas musicales al silencio del recinto, Yulimar Rojas gira sus largas piernas como aspas de viejos molinos de viento, y se dispone a saltar la verja que separa a la Galería de la calle.

Josue Benjamín grita, y su grito rompe con vaga estela la estulticia de la noche caraqueña. El guardián recurre presuroso en su ayuda, y le explica que los artistas que se obsesionan quedan atrapados en su propia obra. Deberá elegir —le advierte capcioso— entre terminar la obra y quedar atrapado, o destruirla para así escapar y volver al regazo de los suyos.

No sabemos cómo, pero Josue logra escapar, aunque parte de su esencia queda en la Galería. Al volver al mundo real ve a sus esculturas moverse ligeramente, y esto ya no lo inquieta; todo lo contrario: lo toma como parte de su ancestral oficio. Para el bien de la cultura, finalizó la gigantesca obra de San Agustín de Hipona, y desde la entrada de Guacara, estado Carabobo, en donde fue colocada, observa silente a sus habitantes, y cuentan, quienes la visitan y se hacen selfis con ella, que sienten como si tuviera vida, como si sus ojos los siguieran, y dicen también que escuchan broncos quejidos, rezos truncados e ininteligibles peroratas filosóficas, pero ya nadie le teme a eso.

*Escritor y académico venezolano

rigilo99@gmail.com


Por Gabriel Jiménez Emán

JAMES JOYCE

(Del libro : "El Ulises de James Joyce, Una revolución narrativa. A 100 años de una obra maestra")

James Joyce viene a representar a veces ese tipo de escritor cuya obra oculta, de alguna manera, la personalidad humana de su autor; una obra que casi devora la humanidad de quien la creó, que existe porque se alimentó a expensas de su autor, quien debió sortear penurias, limitaciones materiales, fracasos y enfermedades para poder alcanzar la expresividad aun a costas de la posible felicidad de quien la concibió.

En cierto modo James Joyce y otros escritores de su generación, aparecen en la escena literaria de Europa y los Estados Unidos signados por una serie de circunstancias históricas y culturales que los impulsaron a construir un nuevo modo de asumir el mundo y, sobre todo, de expresarlo. Aquí entonces la literatura recobra su función de recrear la vida humana frente al mundo, buscando plasmar voces que puedan trascenderla en el tiempo.

En este sentido, la literatura viene a cumplir una función mayor, al moverse con el lenguaje de la ficción o la poesía, la literatura integra en si (sin proponérselo muchas veces) a las demás ciencias sociales, en ella convergen los mejores momentos del arte o la filosofía, para convertirse en una de las artes más completas de las creadas por el ser humano, pues puede integrar a otras disciplinas hacia su centro: la música, la pintura y el cine se contemplan tantas veces en el espejo de la literatura, asumen la responsabilidad de captar aquellos lenguajes particulares para incorporarlos a su cauce significante, convirtiéndolos en matrices generadoras.

En cierto modo, James Joyce fue un escritor que vivió para la literatura;

sacrificó todo por ella. En ese sentido fue ambicioso, hollando un territorio pocas veces frecuentado. Así lo entendieron sus compañeros de generación.

Ezra Pound, T.S. Eliot y John Madox Ford, Silvia Beach o Wallace Stevens, entregados a sus obras creadoras como pocos, alcanzando una expresividad inédita hasta entonces.

Su obra gravita ciertamente sobre su ciudad natal, Dublín, sus ambientes, personajes e instituciones, tomando pronto conciencia de cuanto le ocurre y rodea: familia, escuela, iglesia, situación social y guerras permanentes, y todos estos se convierten para él en fuentes de conflictos creadores, que van juntándose en un dédalo de experiencias. Este laberinto personal de latencias se convierte, poco a poco, en obsesión y él va dedicando su minuciosa atención de absorber los conflictos que le dominaron a lo largo de su vida.

El nombre de su personaje más conocido, Stephen Dedalus, intenta acopiar toda una serie de intuiciones, sensaciones, ideas y creencias compartidas con otros personajes también harto conocidos como Poldy, Buck Mulligan, Molly y Leopold Bloom. Joyce tomó parte de un movimiento de vanguardia moderna anglosajona y americana que compartió con muchos contemporáneos suyos, e intentaron abrir nuevos caminos para la literatura desde una perspectiva surgida del conflicto de las dos guerras mundiales, llevando consigo un cúmulo de concepciones cristianas, católicas, medievales o renacentistas, o bien recogiendo fragmentos del romanticismo visionario, lo cual proveyó a la vanguardia europea de elementos transgresores, menos amoldados al canon clásico, y al mismo tiempo replantea las mejores vetas del romanticismo, para salirle al paso a un realismo que, dicho sea de paso, constituye con seguridad la principal tradición novelística de Occidente.

Las vanguardias históricas se permiten, entonces, abrir compases de innovación para no perecer frente al realismo y a las nuevas crisis surgidas en la sociedad industrial. Mientras T.S. Eliot muestra en su Tierra baldía una versión despojada (y despiadada) de la poesía inglesa de su época --ofreciendo una visión desolada de la sociedad moderna-- y Ezra Pound en sus Cantares conducía a la poesía inglesa a nuevos territorios parodiando formas, idiomas y lenguas occidentales, James Joyce hacía lo suyo desde la prosa de ficción.

"Retrato del artista adolescente", su primera novela, es una obra perteneciente en cierto modo a las novelas de formación (Bildungsroman) pero con un toque distinto en la forma, mucho más festivo y humorístico. El artista adolescente, personaje inmaduro que se siente poseído por el genio, portento en estado puro, se reconoce en la obra inicial de Joyce, donde se advierte su peculiaridad transgresora, mediante un poder verbal poco frecuente en el momento de abordar el tema de la formación interior del ser humano en su proceso de alcanzar la madurez, debiendo antes atravesar la fase problemática de la adolescencia, tema central de la Bildungsroman europea.

Si deseas leer todo el ensayo, existe una versión del mismo en la revista SEPARATA de Quito Ecuador. disponible en el siguiente enlace:

https://xn--campaadelectura-2qb.com/clee/wp-content/uploads/2022/06/SEPARATA-2022-Junio-Bloomsday.pdf?fbclid=IwY2xjawPxXw9leHRuA2FlbQIxMABicmlkETFzMjJqT0FvR0lOcHh4NE1kc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHlR8JCroxUO_4bPOxOZ_JPnI0bQfwrx_fWhZ3SUBjA--bV1bt08LUnWaong7_aem_pJKQoQkdOFlGxHk6B7gnQA

 

*Gabriel Jímenez Emán, es escritor, narrador, poeta, ensayista, compilador y traductor venezolano, destacando más en el ámbito de la narrativa y la poética, la cual ha sido traducida a varios  idiomas  y recogida en antologías latinoamericanas y europeas.

 



Madrid.- 03 de febrero de 2026


 Jueves 5 de febrero, a las 18:30 h.

Concha Calleja presenta ‘El psicópata invisible’

en el IAACC Pablo Serrano de Zaragoza

La escritora, perito judicial y especialista en psicología forense, presentará su investigación más reciente, publicada por Sekotia, en el Instituto Aragonés de Arte y Cultura Contemporáneos el próximo jueves 5 de febrero, a las 18:30 h, con la colaboración de la librería Albareda.

La escritora Concha Calleja, una de las expertas españolas más reconocidas en Criminología y análisis de casos mediáticos, visitará Zaragoza para charlar sobre El psicópata invisible (Sekotia). Será el 5 de febrero cuando el tour de presentaciones del libro recale en la sala de conferencias del IAACC Pablo Serrano (Paseo de María Agustín, 20), donde la autora ofrecerá una charla exclusiva sobre esta guía divulgativa que ofrece claves para detectar a esos lobos sociales que tenemos a nuestro lado y parecen normales, que están en la empresa, en la política y en los vínculos más íntimos, que no llevan cuchillo sino carisma, y no dejan huellas sino efectos.


El lado oscuro del éxito social

El psicópata invisible es una denuncia de esas personas que no sienten culpa, que no empatizan y que saben exactamente qué botón pulsar, con estrategia y precisión, para obtener lo que quieren. A veces, en palabras de la escritora, “solo vienen a conseguir lo suyo y tú estás en medio”, y el perjuicio que te puedan ocasionar en la esfera profesional, familiar o personal será un efecto colateral que no les provocará ningún remordimiento.

Estas páginas, por tanto, se refieren a relaciones tóxicas, figuras públicas y el lado oscuro del éxito; y advierte que “el psicópata integrado no aparece en la escena del crimen porque su escenario es otro: una oficina, una relación, una campaña electoral, una sala de juntas”. No necesita recurrir a la violencia física porque maneja la violencia emocional y simbólica con una destreza mucho más eficaz”.

En palabras de Calleja, esta obra que sirve para conocer las diferencias entre los perfiles psicopáticos, “no solo nos ayudará a identificar a los que nos acechan sino que también nos proporcionará las herramientas necesarias para anticipar sus movimientos y poner en marcha medidas preventivas”. Porque saber a qué tipo de psicópata nos enfrentamos cambiará completamente el enfoque de cómo gestionamos nuestra interacción con él y podremos actuar “con más claridad, más firmeza y, lo más importante, con mayor seguridad”.  La comprensión de los perfiles psicopáticos “nos otorgará el poder de ver más allá de la fachada, de entender lo que realmente motiva a estas personas, y, sobre todo, de poner límites”.

Violencias cotidianas

“La violencia no siempre tiene forma de puño. A veces tiene forma de ascenso, de adulación, de silencio, y de relación que te dejó vacía, sin entender por qué”, escribe la autora. En este marco, ¿hay un único psicópata? Los perfiles, según Calleja, obedecen a diferentes patrones, cuyos rasgos explica en un amplio abanico: los hay impulsivos, controlados, emocionales, supervivientes (uno de los más complejos y difíciles de detectar), encubiertos, narcisistas y paranoicos.

¿Se puede hablar de un número estimado de psicópatas? La estadística más repetida durante años es la que fija la prevalencia de la psicopatía en torno al 1 % de la población general, uno de cada cien. En el caso de España, con más de 47 millones de habitantes, “estaríamos hablando de al menos 470.000 personas con rasgos psicopáticos lo bastante marcados como para hacer daño. No hablo de gente con mal genio ni de jefes estresados, hablo de sujetos sin empatía, sin remordimiento, sin conciencia moral. Personas que te usarían como una silla; útil mientras les sirves, prescindible cuando ya no”, explica Calleja.

Casos como el de Bernie Madoff, que diseñó una estafa piramidal a nivel mundial durante décadas sin ser detectado y arruinó vidas sin pestañear; Elizabeth Holmes, que sedujo a inversores con bata blanca y promesas vacías, o Jeffrey Epstein, que manipuló a las élites internacionales, muestran a juicio de la autora “hasta qué punto la psicopatía puede ser premiada con poder y prestigio. Incluso figuras icónicas como Steve Jobs, cuya genialidad iba de la mano de un trato despótico, revelan cómo el carisma eclipsa el coste humano”, afirma Calleja.

El nuevo ego psicopático

A través de un lenguaje claro, conciso y directo, ampliamente divulgativo, Concha Calleja explora los territorios más íntimos, como es el de la familia, donde el psicópata puede anidar en forma de madre manipuladora o cónyuge destructivo y alcanza los escenarios colectivos, como son las empresas dominadas por líderes sin alma o gurús espirituales y coaches que disfrazan la explotación bajo la etiqueta de “autoayuda”. Abre debates (“¿hay cura para el lobo”), y también expone cómo las redes sociales son hoy el nuevo teatro del ego psicopático. Frente a ello, el libro ofrece herramientas de autodefensa emocional, ayuda para reconocer las señales invisibles y estrategias para sobrevivir sin caer en la paranoia.

Concha Calleja es escritora y perito judicial especializada en Criminología, Psicología forense y perfiles criminales. Investiga casos reales de crímenes sospechosos con gran repercusión internacional.  Actualmente, colabora en el programa Fiesta (Telecinco), en el canal Divinity y en el diario digital H50 Policial. Sus libros sobre la duquesa de Alba sirvieron de base para la serie La duquesa, y su libro La mujer morena inspiró un documental emitido en televisión. Entre sus títulos más recientes destacan Diana, réquiem por una mentira, Objetivo: Michael Jackson, Contagiados y Tres reinas.               

 

 

Madrid.- 27 de enero de 2026


La Gatera Press

Conferencia

Tenerife-Arona

‘Una vida dedicada al noble arte de la escritura’, conferencia del escritor Juan Manuel de Prada

El próximo jueves 29 de enero, a las 18:30 h. en la Sala Guaza del Centro Cultural de Los Cristianos, Arona, será el escenario de un encuentro literario abierto al público. El invitado será el escritor Juan Manuel de Prada (Baracaldo, Vizcaya, 8 de diciembre de 1970), Premio Planeta 1997, una de las voces más reconocidas de la literatura española contemporánea.

La intervención del autor se centrará en la fuerza de la palabra como herramienta de pensamiento, creación y posicionamiento crítico, abordando la escritura no solo como técnica, sino como vocación y responsabilidad intelectual. A partir de su trayectoria literaria y ensayística, Juan Manuel de Prada reflexionará sobre el papel del escritor en la sociedad actual y sobre la vigencia de la literatura en un contexto marcado por la inmediatez.

El acto será presentado por el periodista Roberto González, quien contextualizará la figura del autor y acompañará el desarrollo de la conferencia, concebida como un espacio de reflexión abierto a la ciudadanía y al público interesado en la literatura y el pensamiento contemporáneo.

El concejal de Cultura, Turismo y Patrimonio Histórico del Ayuntamiento de Arona, Naím Yánez, ha señalado que “esta cita refuerza la apuesta del municipio por una programación cultural que fomenta el pensamiento crítico y acerca a la ciudadanía propuestas literarias de primer nivel, consolidando nuestros espacios culturales como lugares de encuentro y reflexión”.

Con esta iniciativa, el Ayuntamiento de Arona continúa impulsando una oferta cultural de calidad, orientada a fortalecer el acceso a la literatura, el pensamiento y el debate cultural en el municipio

Entrada libre, hasta completar aforo.


Madrid.- 22 de enero de 2026


Coloquio sobre el libro Saga nostra de Gastón Segura

Hoy jueves 22 de enero, se hablará sobre el libro Saga nostra, en la Fundación Menéndez Pidal, C/ Menéndez Pidal, 5. Madrid, a las 19:30 horas.

En este coloquio, los intervinientes serán: Jesús Antonio Cid, Gabriel Tortella, Francesc de Carreras y el autor escritor Gastón Segura.

Jesús Antonio Cid, es Presidente de la Fundación Ramón Menéndez Pidal y Catedrático del departamento de Literaturas Hispánicas y Bibliografía de la Universidad Complutense.

Gabriel Tortella, Catedrático emérito de Historia de la economía en la Universidad de Alcalá de Henares. Presidente de la Asociación de Historia Económica. Premio Rey Juan Carlos I de Economía 1994. Promotor de la Revista de Historia Económica. Fue Presidente del "Academic Advisory Council" de la Asociación Europea de Historia Bancaria. Expresidente de la International Economic History Association y de la Asociación de Historia Económica.

Es miembro de la Academia Europea de Ciencias y Artes desde 2003. Doctor honoris causa por la Universidad de Alicante (2014).

Francesc de Carreras, Jurista, catedrático, es miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, desde el año 2016. Escritor y articulista en varios medios de prensa.

Fue secretario general de la Universidad Autónoma de Barcelona (1980-1981) y director del Departamento de Ciencia Política y Derecho Público en la Facultad de Derecho de la dicha universidad (2001-2004).

Gastón Segura

Nació en Villena en 1961. Se trasladó a Caudete a los siete años, y entre ambos pueblos pasó su vida hasta que, a su debido tiempo, marchó a Valencia para licenciarse en Filosofía. En 1990, se instala en Madrid, y tras probar suerte en diversos oficios, en 1996 decide dejarlo todo para dedicarse a la escritura.

En 1999, resultó finalista absoluto del XXIII Premio Azorín con su primera novela, Las calicatas por la Santa Librada, editada en 2019.

Ha publicado varios libros, entre ellos Los cuadernos de un amante ocioso (2012) Las cuentas pendientes (2015) Un crimen de Estado (2017), Los invertebrados (2021), Saga nostra (2024) y el último Cela, Soler y Rojas con Baroja al fondo (2025)


Sinopsis de la novela

Saga nostra (Drácena ediciones) relata tres días, durante el final de la pandemia del covid-19, en la vida de Agustín Cañizares, un ingeniero gerundense, bastardo de una poderosa familia catalana del sector turístico. A través de sus recuerdos, vividos o escuchados, conocemos cómo se creó ese emporio económico en las postrimerías de la Guerra Civil y en los primeros años de la Dictadura hasta llegar a su actual pujanza.

Contada desde la intimidad dolida de un hombre y sobre las intimidades, con sus sórdidos secretos, de cuantos le rodean, Saga nostra se convierte sin pretenderlo en el retrato de la sociedad catalana y, por ende, de su compleja y, a menudo, conflictiva circunstancia.

Con un pulso narrativo cada vez más acelerado hasta el inmediato presente, la novela avanza sobre una cuenta de sorpresas que, por cotidianas, desvelan la humanidad de sus personajes cuanto acrecientan el interés por su desenlace.



Madrid.- 21 de enero de 2026

Por Gastón Segura



De las masas al solipsismo virtual

Cuando dos aviones comerciales derribaron las Torres Gemelas en la isla de Manhattan, toda la prensa nacional —supongo que también la internacional, porque estos lemas suelen tomarse allende de nuestras fronteras— proclamó que el siglo XXI había entrado con toda propiedad. Me pareció un mote idóneo para trazar titulares y hasta pseudosesudas editoriales pero poco más. No niego que, en aquel 2001, el auge de la Globalización, con cuanto de transformación de las relaciones internacionales conllevaba, contribuyó también al convencimiento de que la humanidad estaba estrenando una nueva época. Sin embargo; me faltaba algo para admitir aquella rimbombante afirmación: un cambio en la configuración general de las mentalidades; eso que en Filosofía se denomina Weltanschauung; es decir, una «concepción del mundo». Y ni el colosal ataque —tornado en un pasmoso y estremecedor espectáculo al contemplarlo en directo millones de telespectadores— a la primera potencia del planeta, ni tampoco el establecimiento de un inmenso mercado mundial, modificaron durante los meses siguientes nuestra concepción de la existencia.

Este giro anímico, en cambio, lo percibo y a velocidades de vértigo desde 2007 con la propagación de los smartphones. Su uso ha creado una morbosa dependencia —y no solo entre los adolescentes— de las llamadas redes sociales —que de sociales tienen poco, pues solo han exacerbado un grotesco egotismo entre sus adictos—, tanto como están saturando a las conciencias con una ridícula fantasmagoría icónica —abocándonos sobre una «Nueva Edad Media»— en detrimento de la comprensión lectora, porque el empleo de este más que teléfono portátil, prodigioso artilugio polivalente, lleva aparejado una raquitización del léxico empleado en el habla general de nuestras sociedades, cuya consecuencia es un veloz empobrecimiento de nuestra capacidad de definir y de razonar; o dicho paladinamente, una galopante analfabetización. Pero aún hay más; si se leen el artículo de Víctor Gómez Pin, titulado «Palabras sin peso», publicado en el diario El País, el martes 6 de enero, colegirán como esta depauperación del lenguaje ha impregnado la política mundial hasta situarla sobre un escenario donde la minusvaloración de las palabras impone el factum desnudo como la única y acreditada manifestación posible.

De modo que esa Weltanschauung que adivinaba ausente en la combinación entre los descomunales atentados de Manhattan y la Globalización, ahora sí la percibo nítidamente en la conjugación entre el dominio sobre nuestra individualidad por la Galaxia Digital y la sorprendente captura de Nicolás Maduro por un comando norteamericano; es decir, que considero al arresto del sátrapa sandunguero de Venezuela —por quien no siento sino el mayor desprecio, como por la corte de acólitos que ha dejado sobre este país hermano— como la inauguración efectiva del siglo XXI y, además, con premoniciones más bien lúgubres; al menos, para Europa.

Más allá del debate de si Trump ha violentado el Derecho Internacional o de si los gringos han vuelto a ejercer el más descarado imperialismo —discusiones, a mi parecer, absolutamente bizantinas—, lo radicalmente singular, como habíamos ya contemplado con la asombrosa eliminación por la seguridad israelí del jefe de Hamas, Ismaíl Haniya, y de los cuadros dirigentes y organizativos de Hizbulá —que no se olvide: causó el inmediato desplome de la tiranía siria—, es el imperio absoluto de la actual tecnología digital. Esa misma tecnología que es tanto sustento de nuestros smartphones —por consiguiente, acaparadora y mutadora de lo más íntimo del individuo— como creadora, simultáneamente, de una nueva realidad mundial. Una tecnología, además, desarrollada por un puñado de empresas localizadas en un restringido grupo de países —EEUU, Israel, China, Taiwán, y quizá Corea y el Japón— que está postergando, por su expansión incontenible, al resto de los Estados de la estructuración y dominio del actual siglo.

Y si a lo largo de la historia contábamos con sobrados ejemplos sobre cómo la posesión de una técnica innovadora —preferentemente bélica— impulsó a naciones e incluso a pequeñas repúblicas como Roma a elevarse a avasallantes imperios, la peculiaridad de la actual no es solo su poder para reordenar la política mundial, sino su inmensa capacidad para controlar los movimientos de todos los individuos que la emplean —la casi totalidad de la humanidad— cuanto su ductilidad para persuadirlos sobre sus decisiones más cotidianas o incluso para proveerlos de envolventes y mendaces realidades virtuales. Circunstancia que torna a los dueños de esas empresas desarrolladoras de la nueva tecnología en una oligarquía mundial como jamás se había conocido, por sus poderes sutilmente coercitivos sobre individuos y gobiernos. En fin; en sus manos poseen aquello anhelado sempiternamente por los grandes sacerdotes de la antigüedad: el dominio sobre las conciencias de los súbditos y, ante cuyos oscuros designios, el emperador —fuera cual fuese— no podía sino plegarse.

Así la Galaxia Digital está postergando a la Galaxia Gutenberg y, con ella, a la Ilustración y a las formas políticas alumbradas por la civilización de la letra impresa. Y si el siglo XX descubrió a las masas con su convulsa presencia, este siglo XXI empacha a los individuos con un incesante torrente de información, indiscernible en su intencionalidad —o sea, en su verdad o en su falsedad—, hasta clausurarlos en un solipsismo digital. Esta condición de una conciencia vigilada y, a la vez, complacida y anegada por una avalancha de datos, cuyo motivo y certidumbre resultan imposibles de señalar, constituiría la nueva situación existencial del hombre en el siglo XXI; y ante cuyo advenimiento, apenas cabe defensa, salvo que optásemos por convertirnos en primitivos eremitas.

Artículo publicado por el "Imparcial" el domingo 18 de enero  de 2026

*Gastón  Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.



Por Ricardo Gil Otaiza







Poe, en edición impagable

Nunca había sentido con mayor fuerza y contundencia la certeza que siempre tuve, de que la lengua es un organismo vivo, que palpita al pulso de los tiempos, que emerge como lava ardiente con cada texto revisitado

Recibí hace algunos días un maravilloso libro, que quería desde hacía varios meses, se trata de los Cuentos Completos (Edición Comentada e Íntegra) de Edgar Allan Poe (Páginas de Espuma, 2025). Ha hecho esta casa un esfuerzo enorme, porque se trata de una edición de lujo dirigida por Fernando Iwasaki y Jorge Volpi, con prólogos de Mariana Enriquez y Patricia Esteban Erlés, y que estrena traducción, esta vez a cargo de Rafael Accorinti Gorillo.

De entrada, como bibliófilo, lector y autor no venzo la tentación de solazarme con la belleza y el cuidado del objeto (o pieza) como tal: pasta dura, papel de primera calidad, marcapáginas de seda, ilustraciones de Arturo Garrido y comentarios de cada cuento por parte de figuras de las letras en lengua española.

Son 1164 páginas que nos llevan por el universo literario de Poe, que es, qué duda cabe, uno de los autores clásicos norteamericanos más queridos y recordados por los lectores en diversas orillas y de todos los tiempos, que ha influido en descollantes figuras de las letras y que, a 175 años de su fallecimiento (de su inaudito y misterioso fallecimiento), se le reconoce aún como a un maestro del relato breve de misterio y de horror, y como el precursor del género policial, tan en boga en nuestros días.

Los cuentos de Poe los he leído y releído a todo lo largo de mi existencia, y son parte del material del que echo mano en mis talleres literarios. Es decir, su encanto no se agota, y es, por expresar lo menos, un autor cantera y espléndido, que en su corta existencia (apenas 40 años) escribió una obra en literatura breve que lo eternizó. Por supuesto, sus textos se insertan en diversos géneros (poesía, cuento, ensayo, artículo y discurso), pero son sus relatos el ineludible gancho que nos lleva de la mano por disparatados mundos, que no se quedan anclados en su admirable y reconocida veta gótica, sino que se diversifican y se contraponen para hacer de ellos enclaves de lo diverso y lo múltiple, en un espectro que se pierde en el horizonte.

Esta espléndida edición de los Cuentos Completos de Poe, que nos entrega Páginas de Espuma, marca un hito literario que debo resaltar, ya que se aparta de una versión ya fijada desde finales de la década de los años 50 del siglo pasado, cuando un atribulado Julio Cortázar, mudado de Francia a Italia, tradujo hasta el agotamiento (y en tiempo record) los cuentos para el público hispanohablante, y que hasta hoy considerábamos inamovibles y definitivos.

No se trata, como se ha dicho en las redes, de una adaptación de la obra breve de Poe a la lengua española contemporánea. Eso es inexacto y malicioso. Es verter del inglés decimonónico en el que fueron escritos y publicados los cuentos, a la lengua española del presente, todas las potencialidades de unos relatos que deberán hablarnos y movernos a los lectores del nuevo siglo. En este sentido, pasados ya 70 años del ingente esfuerzo de Cortázar, nos comenta el traductor Rafael Accorinti en Descendientes. A modo de presentación, lo siguiente: “Nuestra mirada lectora, sin embargo, nos advierte de que todo autor clásico merece una traducción contemporánea. Así, traducir una vez más a Poe, dejando que el tiempo haga reposar y atemperar los cuentos, es ser consciente de una descendencia literaria, de un legado histórico, editorial y lector”.

Hay consenso entre los estudiosos de la obra del autor de Boston, en que son 67 la totalidad de sus cuentos. Por supuesto, nada podría descartar que apareciese por allí alguna nueva pieza inédita, guardada en un cajón, oculta entre la bruma documental de alguna biblioteca privada, familia o linaje. Su primer relato, titulado Metzengerstein, vio luz en el Saturday Courier de Filadelfia en 1832 y tenía Poe 23 años (había nacido en 1809) y, su último relato, La cabaña de Landor, apareció en Flag of Our Union (de Boston) el 9 de junio de 1849, a escasos cuatro meses de su fallecimiento. Es decir, toda su obra en cuento la desarrolló el autor en 17 años.

La edición que reseño, ha sido celosa en respetar el orden cronológico de aparición de cada cuento y, como lo expresé párrafos arriba, a cada pieza narrativa le antecede un comentario de un autor hispanohablante, tanto de América Latina como de España, entre quienes destacan: Leonardo Valencia, Fernando Iwasaki (quien también es editor), Ignacio Padilla, Edmundo Paz Soldán, Mayra Santos-Febres, Andrés Newman, Manuel Vilas, Esther Cross, el venezolano Juan Carlos Méndez Guédez, Espido Freire, Patricia Esteban Erlés (además, prologuista), Santiago Roncagliolo, Andrea Maturana, Juan Gabriel Vásquez, Jorge Volpi (también editor), y Alejandro Zambra. Ah, se agregó un Epílogo, titulado: Noche de brujas en Baltimore de Iwasaki, que cierra el volumen.

Debo expresar con franqueza, que lo primero que hice al recibir el tomo, fue leer mis cuentos favoritos (alrededor de diez), y no pude refrenar la inquietud del cotejo con las versiones cortazarianas. Nunca había sentido con mayor fuerza y contundencia la certeza que siempre tuve, de que la lengua es un organismo vivo, que palpita al pulso de los tiempos, que emerge como lava ardiente con cada texto revisitado. Que, como lo expresa Accorinti, somos descendientes de nuestros clásicos, que ellos nos hablan también en el ahora, que su expresión y sentir no son muy distintos a los nuestros, y que sus susurros y voces al oído, son inteligibles a pesar del paso del tiempo (o gracias a ello), de allí el gozo con esta nueva edición, así como el agradecimiento a Páginas de Espuma por poner de nuevo a Poe en nuestras manos, y en una edición impagable.

*Escritor y académico venezolano

rigilo99@gmail.com

 
 

Por Gabriel Jiménez Emán

Julio Cortázar: Encuentro en Caracas

 
Breve diálogo con el Cronopio Mayor

1976. Me encuentro bajando enseres de un departamento, en Caracas. Mi familia y yo acabamos de hallar una nueva residencia para establecernos. Nos mudamos. Antes de llegar a la nueva casa, me detengo en la vía y compro el periódico. Allí leo la noticia de la visita de Julio Cortázar a la ciudad, donde me entero de que viene a dar unas charlas. Se encuentra alojado en un hotel, a pocas cuadras de donde estoy. No puedo casi creer que el gran escritor argentino a quien tanto admiro ande por ahí, cerca. El narrador que cambió mi vida con sus cuentos, con aquellos libros como Final del Juego, Todos los fuegos el Fuego o El Perseguidor, con su figura desenfadada y sus valientes y reveladoras declaraciones políticas y literarias, Cortázar luce para nosotros entonces como el escritor completo; creador de un mundo propio y fantástico, al tiempo que se compromete también con las causas sociales de América Latina, sus revoluciones, sus cambios, sus ilusiones. Es un hombre altísimo, barbado, de mirada franca y serena y de aspecto juvenil. Contiene en sí varias nacionalidades: nacido en Bruselas (en 1914) y criado en Buenos Aires, marcha en su juventud a París, donde se adapta y escribe sus principales obras: la magistral Rayuela, (al decir de Lezama Lima es “el Ulises de América”), La vuelta al día en ochenta mundos, Las armas secretas, Bestiario, Queremos tanto a Glenda, Historias de cronopios y de famas, libros heteróclitos donde se respira una fiesta del lenguaje, en plena libertad de géneros y formas cambiantes.

Me ducho en el nuevo apartamento, me pongo fresco y voy en busca de Julio Cortázar. Está en un pequeño hotel de la urbanización Bello Monte, en Caracas, recién inaugurado. Pregunto por él en recepción, casi temblando de emoción. Sí, se encuentra ahí, me dicen, y luego a él que abajo lo espera un joven que se identifica como escritor. Qué pedantería, identificarme como tal con Julio Cortázar. Que ya viene bajando, me dicen.

Aparece el hombre, con una camisa manga corta muy holgada, que deja ver sus largos brazos y grandes manos; una de ellas se tiende hacia mí y me invita a una salita de estar. Se sienta, abre un paquete de cigarrillos, enciende uno, aspira largo, larguísimo, y luego expele el humo lentamente. Le digo mi nombre, no sé de qué hablarle, se me ocurre decirle que me gustó su prólogo a la obra de Felisberto Hernández aparecido en Biblioteca Ayacucho de Caracas; me dice que Ángel Rama también ha hecho un prólogo muy bueno en Argentina, y hablamos un rato sobre el entrañable uruguayo Felisberto. Más tarde le digo que he conocido hace un año a José Lezama Lima en La Habana, y se alegra; le cuento algunas anécdotas con Lezama y el rostro se le ilumina. Salí del apuro citando a dos grandes, y me felicito. El gran escritor cuenta entonces en ese año 1976 con 62 años, y el pichón de escritor que soy 26, la cifra inversa. Todo un 62 modelo para armar, otra broma feliz del azar concurrente.

Después le obsequio unas revistas venezolanas y un libro mío, Los dientes de Raquel. Me lo agradece. Me anuncia que en unos momentos José Balza viene a buscarlo para llevarlo a la Universidad Central a una cita con los estudiantes. Le tiendo una edición de Prosa del observatorio para que me la firme.

–Nunca dedico libros—me dice. Discúlpeme usted. Pero le anoto mi dirección en Paris, por si va por allá me visita. Y pone la dirección en el libro suyo que tengo a la mano, Prosa del observatorio.

–Gracias, le digo.

Entonces me despido.

–No, quédese mientras llega Balza- me dice.

Ordena dos cafés, saca y se prepara a encender otro de sus casi míticos galoises, los fuertes cigarrillos franceses.

-Me gustan el clima y el paisaje de Venezuela- dice. -Tengo planes de ir a Mérida y a Cumaná, también a Guayana.

Le hablo descriptivamente de esas regiones. Tomamos los cafés y él fuma su galoise. Le digo que en Cumaná fabrican muy buenos habanos, que harían las delicias suyas y de Lezama. Mientras fuma su cigarro me dice que Lezama es quizá el escritor más culto de América, y cómo todo lo que nombra lo transforma en conocimiento o en literatura. Hace comentarios sobre La Habana, sobre los olores de la ciudad mezclados al mar. Se levanta. Yo también. Entonces me despido, estrecho su mano y me doy vuelta, bajo los escalones hacia un pequeño jardín y me voy silbando hacia Sabana Grande. Busco una buena barra en un bar cercano y bebo una cerveza fría, para disfrutar a solas de mi buena suerte. Ya les contaré a mis amigos de este encuentro, con un escritor que para mí entonces era como una suerte de deidad, como Rubén Darío lo era para los modernistas.

Releo sus libros Historias de cronopios y de famas, Prosa del observatorio –donde acaba de poner su firma y de anotarme su dirección (B.P. 33 75022 Paris I Cedex 01 FRANCIA)– y Deshoras. Me deleito con sus dos últimos libros, Salvo el crepúsculo y Los autonautas de la cosmopista. Me preparo a escribir un ensayo sobre ellos, titulado “Últimas pistas de Julio Cortázar”, proyecto que voy posponiendo hasta hoy, y que ve su resultado en la revista Imagen (N° 1 Nueva Época, Caracas, 2011) Sigue Cortázar con su intensa vida, asistiendo a encuentros en universidades, y a eventos internacionales donde aboga por la independencia social y espiritual de América Latina y, ante todo, por una defensa de la literatura en todo su espectro: social, humano, intelectual. Dediqué a Cortázar varios escritos, uno titulado “Cortázar de vuelta” en la revista española Quimera, ampliado luego para mi libro Diálogos con la página en 1984.

Supe de sus visitas a Venezuela mucho después, y quise saludarle de nuevo en una ocasión en que formaba parte del Tribunal Russell, para lograr la libertad de escritores encarcelados por razones políticas; o por intelectuales que han sido víctimas de persecución. Era tal la afluencia de público en un auditorio de Parque Central en Caracas, que no me atreví a acercarme. Yo estaba allí con mi hermano Ennio y el poeta Rafael Garrido. Cortázar fue invitado a pasar al proscenio, le tocaba intervenir. Nosotros estábamos de pie. Él se levantó y miró hacia atrás por un momento, saludó y a mí me pareció que era para mí. Le respondí nerviosamente, sin estar seguro de ello. ¿Sería a mí de verdad?, consulto a mis hermanos. Sí, Gabriel, fue a ti, me aseguran ellos. Qué gran memoria, qué gran regalo, les digo. Oímos su discurso. Los medios de comunicación se vuelcan sobre él. Abandonamos la sala de conferencias en busca de un restorán donde hablar y refrescarnos.

Aquel saludo fue para mí uno de los mejores estímulos para proseguir en mi trabajo literario, este difícil camino de la escritura, contra viento y marea, desde lo profundo, aquel saludo que llevaré siempre tatuado y que se fue haciendo más fuerte desde su adiós físico en 1984, justo a los 70 años. En Venezuela se celebra el 12 de febrero el día de la juventud, una fecha para mí inolvidable porque fue el día en que nació mi madre. Es también la fecha del fallecimiento en París de Julio Cortázar, quien sufría de una enfermedad que le hacía parecer siempre joven. Una feliz enfermedad, digo, que contagió a su literatura, joven por siempre. Su mujer, Carol Dunlop, había fallecido hacía pocos meses, y según parece, Julio no pudo con tanta soledad. Habían realizado juntos un viaje intemporal París-Marsella que reseñaron en Los autonautas de la cosmopista, ejercicio vital de “dos cronopios que por puro amor recorrieron durante un mes la autopista más transitada del mundo, con un propósito que cualquier persona consideraría absurdo y disparatado, donde la enajenación de lo cotidiano se rompe para dar lugar a la inventiva, a la reflexión, a la búsqueda de lo humano por lo humano, al encuentro constante de una auténtica escritura”.

Ese texto de presentación, creo, pudiera aplicarse a toda su obra literaria.
El fallecimiento de Cortázar en 1984 me dolió mucho entonces, pero también afianzó mi vocación y mi destino. Gracias, Julio, ya hace rato cumpliste los cien y te queremos tanto, siempre andas por ahí.

*Gabriel Jímenez Emán, es escritor, narrador, poeta, ensayista, compilador y traductor venezolano, destacando más en el ámbito de la narrativa y la poética, la cual ha sido traducida a varios  idiomas  y recogida en antologías latinoamericanas y europeas.

 


Madrid.- 16 de enero de 2026


Coloquio sobre el libro Saga nostra de Gastón Segura

El próximo jueves 22 de enero, se hablará sobre el libro Saga nostra, en la Fundación Menéndez Pidal, C/ Menéndez Pidal, 5. Madrid, a las 19:30 horas.

En este coloquio, los intervinientes serán: Jesús Antonio Cid, Gabriel Tortella, Francesc de Carreras y el autor escritor Gastón Segura.

Jesús Antonio Cid, es Presidente de la Fundación Ramón Menéndez Pidal y Catedrático del departamento de Literaturas Hispánicas y Bibliografía de la Universidad Complutense.

Gabriel Tortella, Catedrático emérito de Historia de la economía en la Universidad de Alcalá de Henares. Presidente de la Asociación de Historia Económica. Premio Rey Juan Carlos I de Economía 1994. Promotor de la Revista de Historia Económica. Fue Presidente del "Academic Advisory Council" de la Asociación Europea de Historia Bancaria. Expresidente de la International Economic History Association y de la Asociación de Historia Económica.

Es miembro de la Academia Europea de Ciencias y Artes desde 2003. Doctor honoris causa por la Universidad de Alicante (2014).

Francesc de Carreras, Jurista, catedrático, es miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, desde el año 2016. Escritor y articulista en varios medios de prensa.

Fue secretario general de la Universidad Autónoma de Barcelona (1980-1981) y director del Departamento de Ciencia Política y Derecho Público en la Facultad de Derecho de la dicha universidad (2001-2004).

Gastón Segura

Nació en Villena en 1961. Se trasladó a Caudete a los siete años, y entre ambos pueblos pasó su vida hasta que, a su debido tiempo, marchó a Valencia para licenciarse en Filosofía. En 1990, se instala en Madrid, y tras probar suerte en diversos oficios, en 1996 decide dejarlo todo para dedicarse a la escritura.

En 1999, resultó finalista absoluto del XXIII Premio Azorín con su primera novela, Las calicatas por la Santa Librada, editada en 2019.

Ha publicado varios libros, entre ellos Los cuadernos de un amante ocioso (2012) Las cuentas pendientes (2015) Un crimen de Estado (2017), Los invertebrados (2021), Saga nostra (2024) y el último Cela, Soler y Rojas con Baroja al fondo (2025)


Sinopsis de la novela

Saga nostra (Drácena ediciones) relata tres días, durante el final de la pandemia del covid-19, en la vida de Agustín Cañizares, un ingeniero gerundense, bastardo de una poderosa familia catalana del sector turístico. A través de sus recuerdos, vividos o escuchados, conocemos cómo se creó ese emporio económico en las postrimerías de la Guerra Civil y en los primeros años de la Dictadura hasta llegar a su actual pujanza.

Contada desde la intimidad dolida de un hombre y sobre las intimidades, con sus sórdidos secretos, de cuantos le rodean, Saga nostra se convierte sin pretenderlo en el retrato de la sociedad catalana y, por ende, de su compleja y, a menudo, conflictiva circunstancia.

Con un pulso narrativo cada vez más acelerado hasta el inmediato presente, la novela avanza sobre una cuenta de sorpresas que, por cotidianas, desvelan la humanidad de sus personajes cuanto acrecientan el interés por su desenlace.

 




Madrid.- 12 de enero de 2026

 

Presentación del poemario de Cicatrices que sangran de Laia Chamorro

El próximo jueves 15 de enero a las 20:00 h, en El Camba- Chamberí Bar, Restaurante y otros menesteres, ubicado en la calle Santísima Trinidad, 26 Madrid. Se presentará el poemario de Laia Chamorro, titulado Cicatrices que sangran. Estará presentado por el poeta Antonino Nieto Rodríguez, y la música a cargo del cantautor José Luis Pardo.

La poesía hidrata al vacío/ pone piernas y brazos y vientre al corazón del diente:/ del sueño, ese sueldo, aún por vencer /o es por celebrar/ del grito la sed /del basta la hambruna/ la poesía viste al polvo/ y enrostra a la alegría/ esa desnudez/ encala al tiempo, a la verdad/ y a su más prolífica dictadura: a la muerte///

Antonino Nieto Rodríguez

Los esperamos a todos los amantes de la poesía a disfrutar de una velada, entre amigos e invitados el jueves 15 de enero en el Camba-Chamberí


Madrid.- 07 de enero de 2026

Por Gastón Segura

Una sugestiva tentación

A nadie le cabe la menor duda que ha irrumpido en nuestra cotidianidad de un modo transformador. Su facilidad de manejo y sus múltiples aplicaciones en casi todos los ámbitos de nuestras vidas es y será decisiva en el porvenir humano y por tan radical circunstancia surge continuamente en la prensa y, por supuesto, en cualquier conversación; me refiero a la Inteligencia Artificial. Ya les hablé aquí sobre este prodigio tecnológico con motivo de la trigésima edición de Artfutura que instaló, hace apenas un año, en Madrid, Montxo Algora. Sin embargo; en aquella ocasión solo les comentaba mi admiración ante sus creaciones visuales que preludiaban una mutación tan radical en la concepción y la factura de la cinematografía como la que supuso la introducción del sonido en este arte.

Ahora bien; hay un terreno donde su uso se torna especialmente vidrioso: el conocimiento; además, aquí su manejo se ha incrementado fulgurantemente tanto en los sectores mercantiles como en la investigación. Ante tal apabullante presencia, me gustaría que reparasen por un instante en su funcionamiento: algoritmos capaces de modificar sus respuestas y adecuarlas según la información que se va vertiendo en la red, puesto que la velocísima solución que ofrecen es la síntesis de una exhaustiva búsqueda, en segundos, entre todos los datos circulantes o depositados en este inmenso canal y soporte. Hecho, en principio utilísimo, porque lo mismo ofrece —repito, en segundos— un raro porcentaje estadístico, como una fórmula físico-matemática o un dato histórico; por no hablar de reseñas biográficas u otras menudencias que nos asaltan en un momento de duda y que se nos despejan con una rápida consulta al smartphone o al ordenador. Pero imagínense que veinte o treinta avezados talentos en el manejo de la red desde distintos puntos del planeta se aliasen para trucar estos datos a su antojo.

No es difícil de suponer; ¿o acaso uno de los deseos más antiguos y repetidos de los hombres no ha sido reescribir la Historia según sus apetencias? Basta con recordar como algunos faraones borraron los cartuchos de sus predecesores para sustituirlos por los suyos como el método más eficaz para atribuirse un suntuoso monumento o una victoria bélica, y desde entonces no ha habido monarca, sátrapa o tiranuelo que no haya sucumbido a la tentación de imponer un relato donde sus fechorías fuesen elevadas a hazañas o simplemente disimuladas, si no ya ocultadas. Sin embargo; hasta hace unas décadas, estas falsificaciones, de clara índole propagandístico, solo estaban al alcance de los poderosos, mientras que en el presente y gracias a la red pueden convertirse en el divertimento de unos cuantos perversos geniecillos anónimos. Les bastaría con operar con la suficiente cautela para evitar su inmediato descubrimiento.

Imagínense, por ejemplo, que este puñado de hábiles gamberros tomasen como modelo un artículo de una prestigiosa revista científica o la ponencia de un congreso internacional de especialistas en una disciplina (arqueología, economía, física…), permutasen sus datos por falsificaciones o variasen sus conclusiones, la firmasen con el nombre de un imaginario profesor de universidad y le añadiesen una referencia bibliográfica (fecha, paginación y edición) también falseada y el producto lo introdujesen en Internet. Llegados a este punto, con uno o varios bots solo les bastaría hacerlo «escalar» en la red hasta que no solo cualquier incauto se tragase el embeleco, sino también la misma Inteligencia Artificial divulgase su estafa.

En muy poco tiempo y por el uso incontenible de este sistema de obtención de soluciones, ese puñado de artículos falsos —encima in crescendo por semanas— circularía privilegiadamente para armar tal pandemónium que la comunidad científica no ganaría para desmentidos y denuncias. Y aun así, siempre permanecería imperturbable el reducto de los llamados conspiranoicos sosteniendo, en sus panfletos y plataformas de difusión, ante esa multitud, tan crédula como suspicaz, que integran sus seguidores en todo el planeta, que la academia —por descontado, obedeciendo a los grandes poderes ocultos— solo pretendía silenciar la «auténtica verdad», que no sería sino los camelos puestos en circulación por la pandilla de duchos subversivos, quienes, desde luego, estarían partidos de la risa ante la colosal confusión creada.

Y aun cuando esta fabulación pudiera antojárseles un delirio, les puedo asegurar lo contrario. Verán; durante la redacción de mi último título, Cela, Soler y Rojas con Baroja al fondo (2025), me encontré entre la documentación descargada de la red con la referencia a un artículo, publicado en Cuadernos Hispanoamericanos, donde se señalaban algunos gravísimos errores y otros deslices indecorosos cometidos por Camilo José Cela acerca de la correspondencia objeto de mi libro. He aquí que ese número de la revista no era accesible por la red, ni tampoco se encontraba en la bien nutrida hemeroteca municipal de Madrid; solo di con él en la Nacional y, para mi perplejidad, descubrí que no existía dicho artículo. No obstante, ahí permanece ese documento —una pretendida ponencia congresual— insinuando un puñado de infundios sustentados en un artículo inexistente. Y no solo me he tropezado con este flagrante caso, sino que, de las variadas consultas realizadas a la Inteligencia Artificial, al menos en una cuarta parte he recibido respuestas erróneas o tergiversaciones bastante chocantes de los datos reales.

En definitiva; que se prevengan ante las respuestas de la Inteligencia Artificial y que, en caso de necesidad, crucen varias fuentes —a ser posible impresas— como se ha hecho siempre. En cuanto al futuro, constatada nuestra incontenible dependencia de la IA, mejor ni pensarlo.

Artículo publicado por el "Imparcial" el 04 de enero de 2026

*Gastón  Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.

 

Por Ricardo Gil Otaiza

Comerse el mundo

El tiempo iba pasando y se hacía mayor, y las fuerzas ya no eran las mismas de antes, pero no cejaba en su empeño de querer triunfar en América y en conquistar un destino que se le resistía a cada instante

Ramón Puertas era el encargado de abrir y de cerrar las puertas de la Casa Hogar en la que vivía, y había llegado a tal posición sin pretenderlo, por azares del destino, cuando la soledad y los años se presentaron ante él como fuerzas ineludibles, y no le quedó otra opción sino quedarse con los sueños y las ilusiones rotas

El paso del tiempo fue mitigando en él la tristeza, hasta hacerse, si se quiere, indispensable y mano derecha de las religiosas que regentaban desde el siglo anterior aquel apretado espacio para ancianos desamparados, en el que era huésped y empleado a la vez desde hacía varias décadas.

Abrir y cerrar las puertas fue de pronto una actividad no tal maquinal, al hacerse amigo de muchas personas, sobre todo de aquellas que, como él, habían emigrado desde España en la década de los años cincuenta, y se hallaban en el aire, atadas a un pasado reciente y doloroso, aunque también a un hilo de esperanza frente al futuro al que se agarraban con fuerza, pero con previsible incertidumbre.

Llegó solo a América y en su hogar quedaron su esposa y dos pequeñas hijas. Hizo de todo para mantenerse en su nueva tierra, con el anhelo de poder ahorrar lo suficiente y llevarse consigo a su familia, pero la vida se le convirtió poco a poco en veinte horas de duro trabajo sin descanso, en faenas extenuantes que dejaban en Puertas la sensación de fracaso, de estar nadando a contracorriente en un mundo complejo y pintado en escala de grises.

El tiempo iba pasando y se hacía mayor, y las fuerzas ya no eran las mismas de antes, pero no cejaba en su empeño de querer triunfar en América y en conquistar un destino que se le resistía a cada instante. Con todo y eso, seguía en ello una y otra vez, empeñado como el que más, mientras que año a año daba largas a su retorno. A cada carta de su mujer pidiéndole que regresara, y en las que le decía que ella envejecía y que las hijas se hacían mujeres y lo extrañaban, respondía con la vaga promesa de un pronto retorno.

Las cartas de su mujer se fueron espaciando, hasta que se cortó toda comunicación entre ambas orillas y cada uno fue haciendo como pudo su propia vida. De vez en cuando la esposa lo recordaba y quería saber de él: tomaba lápiz y papel y le escribía una breve carta o un telegrama, que presurosa llevaba al correo, pero que jamás tenían respuesta.

Fue tan honda la brecha abierta entre ellos, que la esposa llegó a pensar que Puertas había muerto, y pudo contactar a algún conocido quien, con pocas palabras, le notificó que su marido había tenido que ingresar a un hogar de ancianos menesterosos, y que allí cumplía la labor de portero. Para su fortuna, agregó el conocido, su marido conservaba intactas sus facultades físicas y mentales, y esto le permitía tener una vida sin las ataduras de una cama o de una silla de ruedas.

A partir de entonces, y en cada Navidad, la esposa enviaba a la dirección de la Casa Hogar San Juan de Dios una carta dirigida a la madre encargada, preguntándole si su esposo aún vivía y, si bien es cierto, que la pregunta le molestaba cada vez que la hermana se la refería, sabía que tal interrogante no era descabellada, que él tenía la culpa de todo por no responder a las cartas, por desentenderse de su mujer y de sus hijas, por aferrarse a un sueño imposible y por no haber regresado a España cuando todavía estaba a tiempo de reparar los jirones de su vida. Vistas las cosas en retrospectiva, no podía esperar otra pregunta.

Nadie recuerda ya cuándo dejaron de recibirse las cartas de la mujer y Puertas en cada Navidad le preguntaba a la religiosa si había algo para él, entonces la hermana, conocedora de su historia y de su tragedia, por toda respuesta lo miraba compungida y guardaba silencio. Él regresaba a su puerta cabizbajo, arrastrando los pasos, y se recriminaba en voz baja por su absoluta estupidez.

La ancianidad trajo consigo soledad y tristeza, y Puertas supo en uno de sus no tan esporádicos ataques de melancolía, que debía regresar. ¿A dónde? No lo sabía. No tenía una dirección familiar a la cual recurrir, ni tampoco la de algún amigo de la vieja guardia, al suponer (con razón) que ya habían muerto.

Una tarde, Puertas salió de la Casa Hogar sin decir nada, y caminó con dificultad hasta la papelería de unos viejos paisanos y amigos. Luego de muchos rodeos y vueltas, así como de prolongados silencios, les pidió con rostro avergonzado y mirada esquiva, que lo ayudaran a reunir el dinero para comprar un pasaje porque quería regresarse a España.

Los amigos echaron a andar el proceso en el Viceconsulado español, pero no resultaba nada fácil el retorno: Puertas no tenía al día ningún documento y mucho menos un pasaporte, lo que requería de unos cuantos meses de trámites con extranjería y el Consulado en la capital. Su edad y su condición mendicante, así como la figura del español retornado, sirvieron para que los trámites se agilizaran y se consiguiera el dinero, y tres meses después todo quedó resuelto para que pudiera viajar.

Compungido, Puertas entregó las llaves de las puertas, se despidió de todos sus compañeros y de las religiosas, pero antes lo hizo con los pocos amigos que le quedaban en la ciudad. Un sábado en la mañana fue acompañado hasta el aeropuerto local rumbo a la capital, y en la tarde de ese mismo día pudo abordar el avión que lo llevaría a Madrid.

Tal y como había sido acordado, Puertas tomó un taxi que lo llevaría a su nuevo hogar de ancianos. Pensó: “vuelta a comenzar, pero sin la fuerza ni el empuje para comerme el mundo”.

Suspiró…

El taxista dio el parte a las autoridades españolas de la repentina muerte del pasajero.

*Escritor y académico venezolano

rigilo99@gmail.com


Por Felipe Lázaro







Reinaldo Arenas: 35º Aniversario de su muerte en el exilio

En la Cuba “revolucionaria” de 1980 se produjo un masivo éxodo de ciudadanos cubanos, huyendo literalmente por el puerto del Mariel hacia el “enemigo del norte”, que representó un gigantesco puente marítimo de un pueblo que escapaba del ya entonces fracasado modelo estalinista; copiado burdamente por el castrismo desde los años 60.

Lo cubanos que huyeron en esa estampida popular ya no eran batistianos ni siquiera latifundistas o burgueses. Mucho menos comerciantes o propietarios, pues ya todos habían sido eliminados. En realidad, por el Mariel salió el pueblo llano y pobre (trabajadores, funcionarios, estudiantes, etc.) porque para esa fecha ya en la isla no quedaba ningún vestigio del capitalismo prerrevolucionario (que fue erradicado entre 1960 y 1968). Tampoco había “cuentapropistas” ni “emprendedores”, porque en ese año todo el pueblo cubano trabajaba para el Estado opresor y, sencillamente, esta descomunal huída a través del Estrecho de la Florida fue una gran espantada (unos 125.00 cubanos) que buscaron el camino de la libertad y el progreso que se les negaba en su patria.

En esa trayectoria de días (una verdadera odisea) salieron decenas de escritores, pintores y artistas cubanos. La lista de autores cubanos que se marcharon en ese inmenso éxodo ha crecido por su obra intelectual posterior, publicada ya en exilio, y que hoy son reconocidos en sus respectivos campos de creación, conformando orgullosamente la extraordinaria generación del Mariel.

No obstante, debemos resaltar -con rotundidad- que estos compatriotas jamás fueron emigrantes, sino cientos de miles de nuevos exiliados políticos, sumándose a un largo exilio histórico que ya contaba con varios millones desde 1959. Vale recordar que las autoridades norteamericanas consideraron a esos ciudadanos cubanos como solicitantes de asilo y no los catalogaron como emigrantes económicos, sino como refugiados.

Solo  la lista de creadores e intelectuales cubanos que escaparon en esa arriesgada travesía es una muestra de la gran pérdida de apoyo popular que afrontaba el régimen castrista tras los sucesos de la embajada del Perú y su consiguiente éxodo marítimo.

Reinaldo Arenas en Betania

Como nuestra casa editora se fundó siete años después de esos hechos históricos, en 1987, no fue hasta finales de los 80 y principio de los 90, que publicamos a algunos autores de este bien valorado grupo exiliado, como la poesía casi completa del ícono de esa generación, el narrador y poeta cubano Reinaldo Arenas (Holguín, 1943- Nueva York, 1990):Voluntad de vivir manifestándose (1989) y Leprosorio. Trilogía poética (1990). También los poemarios de «marielitos»: Acrobacia del abandono (1988) de Rafael Bordao y Venías (1990) de Roberto Valero. Además, de Arenas publicamos otros dos libros: Conversación con Reinaldo Arenas (1990) del profesor cubano Francisco Soto y el libro de documentos: Un plebiscito a Fidel Castro (1990) en colaboración con el reconocido pintor cubano Jorge Camacho, como coautor. La edición de este libro fue un proyecto personal de Arenas, al cual dedicó -con sumo ahínco-  sus últimos meses de vida. Obra que se difundió gratuitamente entre intelectuales españoles e hispanoamericanos, preferentemente políticos y periodistas, escritores y profesores, etcétera.

Ejemplares impresos de estos cuatro libros mencionados los recibió su autor en su apartamento de Nueva York (antes de su suicidio) y me consta –como su editor- que se involucró en su difusión y promoción, dentro de las posibilidades de ese momento final de su vida. Un año antes de su partida, visitó Madrid donde Betania organizó una presentación de su ya mencionado poemario Voluntad de vivir manifestándose en la prestigiosa Tertulia Literaria Hispanoamericana, dirigida por el ya fallecido poeta español Rafael Montesinos; celebrada en noviembre de 1989 en el Instituto de Cooperación Iberoamericana (ICI) de Madrid.

Como simpática anécdota de esa velada madrileña (y noche cubana, porque asistió casi toda la  nutrida colonia de intelectuales cubanos exiliados, encabezados por Gastón Baquero -sentado en primera fila- además de José Mario, Pío E, Serrano, Luis Cartañá, Waldo Balart, Pancho Vives, Edith Llerena, Carlos Manuel Suárez Radillo, etcétera) recuerdo  que en medio de la lectura se fue la luz y Reinaldo Arenas que leía con su cadencia habitual, gritó, como horrorizado. “¡Dios mío, por un momento pensé que todavía estaba en Cuba!” y siguió declamando sus poemas –de memoria y sin luz- lo que motivó que tan pronto se acabara el apagón, un sonoro aplauso del público le premió por continuar leyendo a pesar de la adversidad de la oscuridad.

Además de estas obras de Arenas en Betania, hay  que señalar que poemas suyos fueron seleccionados por Felipe Lázaro para la antología Poetas cubanos en Nueva York (1988) con prólogo del profesor cubano José Olivio Jiménez: “Aportes”, “Sinfonía”, “Premio”, “Cuando te dijeron”, “Un cuento” , Esas espléndidas diosas” y “Voluntad de vivir manifestándose”. También, Lázaro seleccionó poemas de Arenas para  Al pie de la memoria. Antología de poetas cubanos muertos en el exilio, 1959-2002 (2003 y 2026) con prólogo del poeta cubano Manuel Díaz Martínez y Prefacio de la escritora cubana Uva de Aragón: “Aportes”, “Voluntad de vivir manifestándose”, Cuando le dijeron”, “Mar”, “El otoño me regala una hoja” y “Autoepitafio”.  

Referente al libro de poesía Voluntad de vivir manifestándose, este se divide en cuatro partes: Esa sinfonía que milagrosamente escuchas, Sonetos desde el infierno, Mi amante el mar y El otoño me regala una hoja, mientras que el poemario Leprosorio. Trilogía poética tiene tres divisiones: El Central (Fundación), Morir en junio y con la lengua afuera (Ciudad) y Leprosorio (Éxodo). Es de destacar que Arenas  sumó a esta segunda entrega betaniana su primer poemario publicado con anterioridad en España: El Central (Barcelona: Seix Barral, 1981). O sea, que estos dos poemarios betanianos (Voluntad… y Leprosorio) reunían toda la producción poética de Arenas hasta la edición de Inferno. Poesía completa (Barcelona: Lumen, 2001) y su segunda edición (Argentina, 2018) con prólogo del escritor cubano Juan Abreu.

Algún crítico ha señalado de Arenas fue un poeta tardío porque publicó su primer libro de poesía –el citado El Central (1981)- a sus 38 años, pero con toda certeza podemos afirmar que ya escribía poesía desde su llegada a La Habana a principio de los años 60, aunque no la pudo publicar por la represión imperante. Como se sabe, él publicó su primer libro con 24 años: su reconocida novela Celestino antes del alba (1967), única obra publicada en la Cuba castrista, pues su segunda novela El mundo alucinante (1969) la tuvo que publicar en el extranjero y con su destierro de 1980 publica (en cascada)  toda su magnífica obra: innumerables novelas y libros de cuentos, ensayos y teatro, además de su mencionada poesía que suman una extensa bibliografía y lo convierten en una de las voces literarias más representativas del siglo XX  cubano.

Sin embargo, como autor cubano (él siendo tan cubano y guajiro confeso) tuvo que publicar la mayoría de su obra literaria en el destierro hasta su temprana muerte a los 47 años en su exilio neoyorkino (1990) cuando hizo pública su estremecedora carta de despedida, donde culpaba al dictador Fidel Castro de su tragedia personal y la todo un pueblo.

Hoy en día, no solo sus libros siguen censurados por el oficialismo cultural castrista y no se publica nada de él, sino que su obra está prohibida y borrada, como si no existiese, pero todo este intento represor ha sido en vano, pues Reinaldo Arenas ya es un símbolo de la lucha de los cubanos por su libertad.

35º Aniversario de su muerte en el exilio

Al cumplirse otro aniversario del fallecimiento de Reinaldo Arenas (un 7 de diciembre, como la muerte de Maceo) hay que destacar que su trayectoria literaria ya ha trascendido a su muerte con una obra espléndidamente lúcida y rebelde, atrevida y contestataria, profundamente cubana, de una constante oposición al régimen del 59. Su genuina literatura siempre ha sido disidente y su narrativa, poemas, ensayos y teatro han desafiado a todo poder represor, pero, sobre todo su vida y sus obras son irrefutables testigos y veraces testimonios que condenan al Estado totalitario castrista que lo machacó sin piedad -lo trituró en vida- tanto en la isla, como en el exilio.

*Felipe Lázaro, es cubano. Poeta, narrador y editor de Betania. Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid. Graduado de la Escuela Diplomática de España. Máster en Administración de Empresa por el Instituto de Empresa de Madrid.

 

 

Por Myriam García-Grande Carromero

El tirano y sus tiranicidios

El «pueblo» tiene a veces una reprochable admiración por el que toma y detenta el poder incluso enfrentándose a la ley, y como no, por la fuerza.

La historia nos muestra el furor popular apoyando un golpe de estado. La Grecias y Romas clásicas son buenos ejemplos y que decir del mundo actual.

Hay países, tan actuales como las redes sociales, que configuraron su territorio por las armas, ofreciendo incluso dinero. Y si no se avenía a razones el futuro expoliado, entonces por las armas, con el mismo coste o mejorando el saldo. Sus pobladores se sienten mayoritariamente orgullosos de ese malquehacer doloso.

Con ese deteriorado curriculum moral nos han gobernado desde la distancia estos ladrones del orden institucional que predican de puertas adentro y roban a los de afuera.

Y antes de Reyes, esa fiesta que nos quieren quitar nuestros vecinos del norte por singularidad, hemos observado atónitos otro acto tirano que ha abocado en un tiranicidio chapucero.

¿Cómo detectamos a los tiranos? Son gente de difícil parlamento, con un ego expansivo que ocupa todo el espacio del mundo mundial e imposibles de contrariar. Personajes así, es cierto, hay muchos, incluso fuera de la esfera política. Pero estos de los que hablamos hoy tienen el poder de las armas, de las instituciones y hasta del pueblo. Poco a poco las adhesiones se van enfriando y entonces evolucionan eliminando instituciones y dando paguitas desde al ejército a los «vulnerables».

Los que no «tragan» se exilian económicamente, primero, y luego hasta políticamente. Esto último a veces solo por acelerar el papeleo.

Si ves diásporas de una nacionalidad, detrás hay un tirano.

Pero cuidado, que también hay tiranos en política internacional. Su población no emigra, pero donde posan sus reales no vuelve a crecer la yerba, digo, la democracia. Esos elementos se pasan el día creando y eliminando países con una escuadra y un cartabón, y siempre con fuerzas multilaterales de apoyo, al final, para disimular.

La tiranía no es territorio exclusivo de lo que conocemos por dictadura. Hay tiranos al frente de democracias liberales. La diferencia es que a estos últimos les leen la cartilla varios poderes y no se mantienen en el poder decenas de años. El tiempo es un factor fundamental.

Vuelvo a la madrugada del 3 de enero. Una organizada acción militar con apoyo de la CIA y la DEA invadió el espacio aéreo de un país ajeno sin contar con la aprobación de su congreso ni del país invadido, aun menos de la ONU o cualquier organismo internacional.

Obvio, te dirán algunos, si así lo hiciera, el merluzo objeto de la operación habría «volado». Y es verdad, ese capón no estaría ahora en la cazuela.

El tema es quién determina el «sexo político» de los enemigos del planeta. Y de qué lado del planeta son enemigos.

Lo del día 3 de enero ha sido una patada en la boca al derecho internacional, incluso habiendo, y lo hay, un gran consenso en el mundo liberal sobre el carácter tirano del que hoy es reo.

El otro tirano, el institucional, se ha permitido el lujo de amenazar a tres países más de la región, algunos con un pasado narco muy superior al hoy defenestrado, y otros con más escarapelas de tiranía.

A todos se les tiene muchas ganas, sin embargo, ¿es lícito que una potencia extranjera se meta en los asuntos de sus vecinos hasta el grado de deponer a sus dirigentes?

De los tres países mencionados, dos son ricos en materias primas. El tercero es un maldito incordio.

Alguno, en un sueño húmedo, ha visualizado el Delta Force sobre el palacio presidencial de su país. El rollo se le ha terminado rapidito: los tiranos de afuera colocarían a un vicepresidente como presidente interino.

No quiero imaginarme a algunos/as vicepresidentes/as defendiendo al presidente «extraído» con su gracejo verbal. Maldita pesadilla.

Lo del día 3 ha pasado otras veces, pero esta vez ha habido más «sinceridad». Han declarado con empacho que lo han hecho por el petróleo. El tirano «sustraído» tiene las infraestructuras hechas un asco y eso hay que arreglarlo. Respecto al gobierno, la figura externa será la «vice» aunque esté condenada internacionalmente, empero controladita por el hombre del presi del país más fardón del planeta.

Y con ese tono chulesco, ha declarado que van a hacer grande de nuevo al país usurpado.

Las elecciones se van a celebrar en los próximos meses con toda la oposición que sea capaz de organizarse.

¿Y de los presos políticos?

—Coño, presi, que se nos han olvidado.

—Marco, hijo, no seas pelotudo y disfruta. Podemos hacer lo que queramos. Tenemos más armas y más gordas.

 *Myriam García-Grande Carromero, es escritora de ficción y novelista.


Madrid.- 27 de diciembre de 2025

Por Gastón Segura

 

Discursos sobre una lengua

Camilo José Cela repitió en varias ocasiones que no se habla con frases sino con palabras; toda una advertencia contra ese español que hoy cunde ufano y engalanado con el fugaz relumbre de la pedantería. Desde luego, porque cuenta con el aval de nuestros políticos y periodistas; y, claro, ante tan acreditada vitola, quienes pretenden presumir de «informados» no pierden ocasión en exhibirlo y, de seguido y por consuetudinaria imitación, el siempre sufrido paisanaje.

Se trata de ese puñado de modismos bastante abstrusos cuanto enemigos de cualquier llaneza, y supongo que, por mera correspondencia —pues pensamos con palabras—, de todo razonamiento. Me refiero tanto a esos absurdos pleonasmos como «a día de hoy» (por simplemente «en este momento» o «en la actualidad», o el sencillo «ahora»), o «amigo personal» (¿cuándo un amigo no ha sido personal?), o «todos y cada uno» (si son todos, está incluido hasta el último miembro del conjunto); como esas otras locuciones engoladas de «poner en valor» (por «ponderar», «valorar», «significar», «destacar»…), o «poner en riesgo» (por «poner en peligro», o simplemente por su verbo: «arriesgar»), u «hoja de ruta» (por el escueto y acertado «plan» o «proyecto»), o aquella con tintes metafóricos de «líneas rojas» (por «límite», «tolerable», «linde»…). Además, quienes alardean de su uso, para no apearse de la petulancia, sazonan su discurso con esas nuevas voces —todas de una fatua vacuidad— como «sostenible», «empoderar», «impactar» o «evento», cuyo abuso, en consonancia con los anteriores giros, también han ocultado —si es que no han borrado ya— el manejo de una variedad de designaciones mucho más atinadas con la circunstancia de la que se habla o trata en cada ocasión.

Con esta protesta no pretendo ni pasar por purista y menos por filólogo —de hecho, no lo soy—, pero hace unos años un fontanero, mientras me desembozaba la cañería de la cocina, me dijo:

—El tema del atasco es…

Me quedé estupefacto al escuchar un culto helenismo mezclado con la mugre que obturaba el desagüe. Poco a poco comprobé por la calle que «tema» se había convertido en el enfático y, a la vez, vulgarísimo aditamento para cualquier sustantivo, mermando su significado de asunto de un discurso o de contenido de una exposición didáctica. Es más; desde el episodio con el fontanero comencé a prestar atención —incluso a coleccionar— estas expresiones propias de un personaje del más genuino esperpento vallinclaniano, cuyo pernicioso vicio consiste en atiplar ridículamente el limpio discurrir de nuestra sintaxis, al punto de conducir, a sus más consumados practicantes, hacia estrafalarios galimatías de difícil comprensión. Válgales como toda una obra maestra de este tipo de alocución ininteligible, el video promocional de sus cursos universitarios, colgado en Youtube, por la esposa del actual presidente del Gobierno; constituye una pieza tan absolutamente inimitable como modélica para su género.

Consecuentemente, me he interesado cuanto me ha sido posible por nuestra lengua y su bamboleante devenir, buscando mucho más que la corrección de mi expresión, las intrigantes causas de estas chocarreras distorsiones. Y por esta razón y por mi gran afecto por la institución, acudí al ciclo de seis conferencias sobre la «Historia de la lengua española», organizado por la Fundación Ramón Menéndez Pidal, bajo la dirección de la académica Inés Fernández-Ordoñez, que se ha impartido durante estos dos últimos meses con el patrocinio y en el salón de actos de la Ramón Areces. Con la mejor intención didáctica, las lecciones siguieron un orden cronológico, y así comenzaron con la huella euskérica en el castellano, impartida por Jon Juaristi, para entrar ya en el nacimiento e índoles de su escritura durante la Edad Media, a cargo de los profesores Rodríguez Molina y Fernández-Ordoñez, pasando por las curiosas disputas filológicas del Siglo de Oro, expuestas por la doctora Lola Pons, o por el alumbramiento del español moderno durante el s. xviii, según Pedro Álvarez de Miranda, para concluir con los enrevesados avatares de nuestro habla en la época digital, dictada por Carlota de Benito. Como quiera que no asistí a todas las disertaciones, remedié mis ausencias acudiendo a sus grabaciones insertas en la página WEB de la Fundación Ramón Areces, cuanto les animo a emprender —en www.youtube.com/user/FundacionAreces— a quienes que por esta o aquella coyuntura no hayan podido presenciarlas. Les aseguro que no se arrepentirán; al contrario, apreciarán mejor y casi reconfortados ese valiosísimo y etéreo instrumento que urde no solo nuestro cavilar sino cuanto somos y podemos decir sobre nosotros mismos.

Y respecto a esas ridículas expresiones del comienzo, sobre demostrarme el tamaño del engreimiento de quienes las gastan, solo me acreditan su acendrada ignorancia. Sin embargo; contra mi desprecio, son también valiosa materia de estudio para los filólogos porque caracterizan nuestro habla actual. Así, su etimología o proveniencia —a menudo, transposiciones del inglés mercantil norteamericano—, su ámbito de difusión y empleo, y su pervivencia y alcance entre los hispanos de aquí y de ultramar —pues es palpable que allá también las han adoptado con el mayor desparpajo— constituyen el acervo investigativo de los lingüistas, quienes las trasladarán a los diccionarios, para plasmar, con sus escrupulosas anotaciones, la atinada radiografía del pensamiento oficial —si tal concepto cupiese— de nuestra sociedad. Mientras, desconozco cual será su vigencia pero, recordando las muchas que las precedieron y hoy olvidadas, estoy convencido de su caducidad, como también de su substitución por otras, todavía más descacharrantes, con la insaciable y humanísima pretensión de seguir metiendo bombo a la fanfarria.

Artículo publicado por el "Imparcial" el domingo 21 de diciembre de 2025

*Gastón  Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.

 

 

Por Ricardo Gil Otaiza

La razón poética en Fermín Higuera

Hallo a un autor culto (y el detallazo me fascina), que tira de la prosa y del verso con un cuidado y sutileza que echo de menos en muchos autores, y esto no es cualquier cosa, sobre todo cuando pienso en los hilos que mueven al hecho literario...

Termino de leer un libro interesante, de un autor interesante y diverso, que me atrevería a catalogar como inclasificable, porque si bien hay en él poesía libre, prosa poética, narrativa y ensayo, hurga en los densos territorios de la épica, de lo atávico, de lo telúrico y de lo testimonial, así como de la creación literaria libre de ataduras y corsés, que rompen, sin más, la cuadratura del denominado canon: hablo de Metamorfosis de la espada (Palabras al límite, 2025), del nuevo amigo tinerfeño Fermín Higuera (1961), quien además es músico y profesor de conservatorio, y tiene, para mi sorpresa, su propio récord personal, al haber publicado con apenas 19 años su primer poemario que tituló La carne de las hojas (1980).

Fermín divide su obra en dos etapas productivas y bien marcadas. La primera comienza con el ya citado poemario, al que le siguen: El idilio de los ausentes (1991), Querella del dolor (1994), El hijo del ir (1996), Bisagras en la hoguera (antología, 2002), y lo cierra Sangre al cielo (s/f). La segunda etapa se abre con Roto está el cordón de la plata (2007), Religare (2010) y Sinfonía de la sombra blanca (2013). Asumo que Estratos de la llama y el libro que hoy reseño, ambos de este año, formarán parte (por el hiato que los antecede) de una tercera etapa.

De entrada, hallo a un autor culto (y el detallazo me fascina), que tira de la prosa y del verso con un cuidado y sutileza que echo de menos en muchos autores, y esto no es cualquier cosa, sobre todo cuando pienso en los hilos que mueven al hecho literario, tejidos con la palabra que busca eternizarse en el texto, y cuan más la golpea hasta el estropicio, creyendo que con esto le imprime a lo plasmado una huella personal imperecedera; y quizás sea una marca, pero en el sentido negativo de la impronta, y deja en quien lee una sensación de vacuidad imposible de sortear desde la lógica del lenguaje.

El libro, de 134 páginas, se divide en varias partes (u otros “libros” de pequeña extensión, que no capítulos: porque no hay en ellos el necesario continuum en la razón de los textos), estos son: Domus (el más copioso), Cuchillo casi flor, Luces sobre las zozobras del enojo, Vuelven los acantilados sobre el esquife, Meteorología de las metáforas y Liturgia del filo y los badajos, y a pesar de esa discontinuidad señalada (o precisamente por ella), hay ejes articuladores y vasos comunicantes que permean a cada texto, que les insufla fuerza y lírica, que nos llevan por los territorios de la memoria, del pasado, del retorno a la tierra de los ancestros, y de la épica de lo que se nos narra.

Percibo en este libro un juego caleidoscópico de metáforas, que se sumerge en los abismos del ser y busca redimirlo, salvarlo de su destino, hacer de él fuerza atávica que renazca desde las sombras, y que luego se yerga por sobre su realidad y la transforme y la asemeje al sueño y al anhelo. “Dame otro lugar / en el que mi canción / no sea prerrogativa / de mi cautiverio / sino expresión / de la libertad del cielo / abrazo diferente / desconocida entonación”, nos dice el poeta casi agónico y acezante, presa de la angustia óntica frente a lo inefable.

Es Fermín poeta de la razón y lo profundo: en sus textos hay un latir que lo impulsa a denodadas simas, y esa dicotomía, propia del creador que se enfrenta a la sublimidad de la obra y a la aridez de la existencia, se metamorfosea en espíritu que, como ave Fénix, se levanta de las cenizas y sobrevuela con las aristas que hacen del “ahora” esencia y necesidad del vivir, del estar y del sentir, de la memoria y del olvido que son, qué duda cabe, parte y todo de nuestro tránsito por este mundo.

“¿Cómo separar la llama / del fuego sin sofocarla? // ¿Cómo segregar un tronco / del tumulto de la hoguera?”, se pregunta el poeta, y acudimos en su ayuda en la proximidad del ahora, y en tales circunstancias enarbolamos la esencia que todo lo dirime, que nos conjunta aquí y allá, que hace de nosotros objeto y sujeto a la vez: denso claroscuro en el que no podemos discernir la luz de la tiniebla sin alterar para siempre los procesos, sin desnaturalizar la intención de la realidad poética, y que parecieran contrapuestos, pero que se hacen uno cuando se asientan en el ser.

La razón poética en nuestro autor es parte consustancial de lo escrito y lo vivido, de la alternancia propia de una existencia forjada entre la palabra escrita y la nota musical, que en él se erigen en carta de presentación, en camino bifurcado entre Madrid y Tenerife, en texto asentado en la página y en pieza articulada para el piano, en las secuelas de una veta poética precoz, nacida del asombro del imberbe joven quien se asoma al abismo y se lanza sin pudor ni temor al vértigo o a la caída, y allí se queda: ensimismado, perplejo, oteando en las neblinas de su interioridad.

La Metamorfosis de la espada que nos entrega Fermín Higuera, no es otra entidad que el cambio de piel: el asumir un antes y un después sin interpelarse por la ambivalencia prosa-poesía, que en él se mecen y reafirman sin importar los vacíos y hallan en estas densas páginas el fuego que macera y funde al mismo tiempo, que erige y depura, que libera al espíritu de aquello que lo inflama, y a cambio lo transforma y empina en obra literaria, en razón y pasión sublimadas en espíritu, en letra y melodía, que en sí mismas son grietas a través de las cuales escapa aquello que le otorga un sentido del ser, una noción de su tiempo y al mismo tiempo un nombre, y, como nos dice en un fino verso: “…así canta la alegría / que decide despedir a la zozobra”.

*Escritor y académico venezolano

rigilo99@gmail.com

 

 

Por Gabriel Jiménez Emán

La personalidad múltiple y transgresora...

de Fernando Pesoa

Hay escritores para quienes la literatura es una manera de ganarse la vida, forjar una profesión o tener un oficio determinado; para otros, ella sería un modo de existir, una ética o un apostolado; incluso pueden llegar a considerarla un compromiso consigo mismos, o una pasión. Grandes figuras de la antigüedad clásica, de la Edad Media o el Renacimiento, hasta arribar al Romanticismo o al impresionismo, desde autores como Dante Alighieri, Shakespeare, Shelley, Keats, Yeats, Cervantes, Quevedo, y luego Goethe, Flaubert, Balzac o Marcel Proust, Kafka, T.S. Eliot, César Vallejo, Miguel Hernández, Juan Antonio Pérez Bonalde, José Antonio Ramos Sucre o Fernando Pessoa, podrían constatar lo que afirmo en cuanto a dignidad ético-estética de la literatura.

Hoy deseo rendir un mínimo homenaje a quien considero cima de la literatura europea: el portugués Fernando Pessoa, nacido en Lisboa en 1888 y fallecido, aún joven, en 1935. Se dedicó Pessoa al ocultismo, la astrología, el ensayo y la poesía, asumiendo diversos nombres y personalidades —llamados heterónimos— como Alberto Caeiro, Ricardo Reis o Álvaro de Campos, a través de los cuales desarrolló una literatura y un estilo que podríamos calificar de asombrosos, no solo por la multiplicidad y riqueza de sus voces, sino también por su osadía y carácter transgresor. Con el tiempo, la obra de Pessoa no ha hecho sino crecer en trascendencia, a medida que ha venido siendo exhumada y reconocida en todo el mundo, aun cuando toda ella posee valor inmenso, de acuerdo a sus peculiares búsquedas y registros vanguardistas, que incluyen orbes estéticos, filosóficos y éticos; cuestiones que logra usando el más fino e inteligente humor que pueda imaginarse, y le permite a su autor moverse por cualquier espacio o tiempo, a través de una sensibilidad detonante.

Hoy deseo evocar y reseñar su Libro del desasosiego, cuyo manuscrito se mantuvo inédito hasta 1982 y constituyó poco menos que una revelación en el panorama de las letras contemporáneas. La edición que manejo de esta obra es la de Seix Barral (Biblioteca Breve, 1997), cuya traducción del portugués al castellano corresponde a Ángel Crespo, quien además se ha encargado de la organización y notas del volumen y realizado una introducción brillante a esta obra donde desglosa, mediante una indagación lúcida, varios de los motivos y razones que la hicieron posible. Anota Crespo al inicio de este volumen: “La historia de la redacción y la publicación del que en adelante llamaremos Libro del desasosiego, a la que enseguida he de referirme, me parece de gran importancia, no solo desde el punto de vista filológico, sino también desde el punto de vista artístico, y ha condicionado, por supuesto, el trabajo de traductor y publicista en castellano que me ha sido encomendado y al que tanta devoción y cuidado he puesto”.

Se trata de un volumen de casi cuatrocientas páginas, donde he hallado un universo completo (y complejo) de sugerencias creadoras y donde la prosa adquiere cimas o rangos elevados que, a mi manera de ver, sobrepasan cualquier expectativa del lector; Pessoa puede moverse de modo inesperado de la melancolía a la alegría, de la depresión al éxtasis de manera encantatoria, dejando al lector completamente impregnado de halos mágicos.

“He rechazado siempre que me comprendiesen. Ser comprendido es prostituirse. Prefiero ser tomado en serio como el que no soy, ignorado humanamente, con decencia y naturalidad.

“Nada podría indignarme tanto como que me extrañasen en la oficina. Quiero gozar conmigo la ironía de que no me extrañen. Quiero el cilicio de que me crean igual a ellos. Quiero la crucifixión de que no me distingan. Hay martirios más sutiles que aquellos que se mencionan de los santos y de los eremitas. Hay suplicios de la inteligencia como los hay del cuerpo y del deseo. Y de estos, como de los otros suplicios, existe una voluptuosidad”. (Fernando Pessoa)

*Publicado el 21 de diciembre de 2025 por Ciudad Caracas, en la columna Libros Libres

*Gabriel Jímenez Emán, es escritor, narrador, poeta, ensayista, compilador y traductor venezolano, destacando más en el ámbito de la narrativa y la poética, la cual ha sido traducida a varios  idiomas  y recogida en antologías latinoamericanas y europeas.



Madrid.- 19 de diciembre de 2025

 

‘El psicópata invisible’ (Sekotia) ya está a la venta         

La escritora Concha Calleja, una de las expertas españolas más reconocidas en Criminología y análisis de casos mediáticos en España, presenta El psicópata invisible (Sekotia), una guía divulgativa con claves para detectar a esos lobos sociales que tenemos a nuestro lado y parecen normales, que están en la empresa, en la política y en los vínculos más íntimos, que no llevan cuchillo sino carisma, y no dejan huellas sino efectos.

Estas páginas son una denuncia de esas personas que no sienten culpa, que no empatizan y que saben exactamente qué botón pulsar, con estrategia y precisión, para obtener lo que quieren. A veces, en palabras de la autora, “solo vienen a conseguir lo suyo y tú estás en medio”, y el perjuicio que te puedan ocasionar en la esfera profesional, familiar o personal será un efecto colateral que no les provocará ningún remordimiento.

El lado oscuro del éxito social

El psicópata invisible, por tanto, se refiere a relaciones tóxicas, figuras públicas y el lado oscuro del éxito; y advierte que “el psicópata integrado no aparece en la escena del crimen porque su escenario es otro: una oficina, una relación, una campaña electoral, una sala de juntas”. No necesita recurrir a la violencia física porque maneja la violencia emocional y simbólica con una destreza mucho más eficaz”.

En palabras de Calleja, este libro que sirve para conocer las diferencias entre los perfiles psicopáticos, “no solo nos ayudará a identificar a los que nos acechan sino que también nos proporcionará las herramientas necesarias para anticipar sus movimientos y poner en marcha medidas preventivas”. Porque saber a qué tipo de psicópata nos enfrentamos cambiará completamente el enfoque de cómo gestionamos nuestra interacción con él y podremos actuar “con más claridad, más firmeza y, lo más importante, con mayor seguridad”.  La comprensión de los perfiles psicopáticos “nos otorgará el poder de ver más allá de la fachada, de entender lo que realmente motiva a estas personas, y, sobre todo, de poner límites”.

Violencias cotidianas

“La violencia no siempre tiene forma de puño. A veces tiene forma de ascenso, de adulación, de silencio, y de relación que te dejó vacía, sin entender por qué”, escribe la autora. En este marco, ¿hay un único psicópata? Los perfiles, según Calleja, obedecen a diferentes patrones, cuyos rasgos explica en un amplio abanico: los hay impulsivos, controlados, emocionales, supervivientes (uno de los más complejos y difíciles de detectar), encubiertos, narcisistas y paranoicos.

¿Se puede hablar de un número estimado de psicópatas? La estadística más repetida durante años es la que fija la prevalencia de la psicopatía en torno al 1 % de la población general, uno de cada cien. En el caso de España, con más de 47 millones de habitantes, “estaríamos hablando de al menos 470.000 personas con rasgos psicopáticos lo bastante marcados como para hacer daño. No hablo de gente con mal genio ni de jefes estresados, hablo de sujetos sin empatía, sin remordimiento, sin conciencia moral. Personas que te usarían como una silla; útil mientras les sirves, prescindible cuando ya no”, explica Calleja.

Casos como el de Bernie Madoff, que diseñó una estafa piramidal a nivel mundial durante décadas sin ser detectado y arruinó vidas sin pestañear; Elizabeth Holmes, que sedujo a inversores con bata blanca y promesas vacías, o Jeffrey Epstein, que manipuló a las élites internacionales, muestran a juicio de la autora “hasta qué punto la psicopatía puede ser premiada con poder y prestigio. Incluso figuras icónicas como Steve Jobs, cuya genialidad iba de la mano de un trato despótico, revelan cómo el carisma eclipsa el coste humano”, afirma Calleja.

El nuevo ego psicopático

A través de un lenguaje claro, conciso y directo, ampliamente divulgativo, Concha Calleja explora los territorios más íntimos, como es el de la familia, donde el psicópata puede anidar en forma de madre manipuladora o cónyuge destructivo y alcanza los escenarios colectivos, como son las empresas dominadas por líderes sin alma o gurús espirituales y coaches que disfrazan la explotación bajo la etiqueta de “autoayuda”. Abre debates (“¿hay cura para el lobo”), y también expone cómo las redes sociales son hoy el nuevo teatro del ego psicopático. Frente a ello, el libro ofrece herramientas de autodefensa emocional, ayuda para reconocer las señales invisibles y estrategias para sobrevivir sin caer en la paranoia.

“La violencia no siempre tiene forma de puño. A veces tiene forma de ascenso, de adulación, de silencio, y de relación que te dejó vacía, sin entender por qué”



Madrid, 11 de diciembre de 2025

Por Gastón Segura

El rescate de unos títulos

Lo sé por experiencia; las obras completas siempre están en peligro. De pronto, se difunde el hallazgo de un original descarriado y quedan cojitrancas y como contristadas por la ausencia de esa pieza que, sin ser capital, cobra, por la intriga de su extravío bajo largas y sepultadoras décadas, una importancia cautivante. Y tanto da que se trate de un epistolario sobre cotidianidades insulsas, o de un borrador desechado y plagado de indescifrables correcciones, o de un terne y desmerecedor folleto editado durante un arrebato juvenil, porque su ausencia, entre los tres o cuatro tomazos donde se reunía, hasta ayer mismo, la totalidad de los títulos de uno de nuestros autores predilectos, crece y crece sin cesar ante nuestra defraudada mirada, al punto que, apenas tropezamos con sus tejuelos, nos embarga esa porfía casi infantil por el venturoso día cuando una editorial anuncie la inmediata publicación del recién aparecido, para que nuestras incompletas obras queden, por fin, restauradas.

De vez en cuando se propaga uno de estos turbadores descubrimientos; sin ir más lejos, hace un par de semanas y, además, doblemente y de géneros y autores de índole distinta. Verán; con motivo de la próxima inauguración de la exposición por su centenario en la Biblioteca Nacional, la institución divulgó entre la prensa el hallazgo del profesor Álex Alonso Nogueira, en los archivos de la censura, de dos novelas de Ignacio Aldecoa: Ciudad de tarde (1952), premiada con el Café Gijón de ese año, y la misteriosamente ignota, El gran mercado (1953), presentada para su aprobación por la editorial Planeta. Pocos días después, en las páginas del diario ABC, de Madrid, se daba cuenta de la recuperación en su

completud de un poemario primerizo de Manuel Machado, de los dos que imprimió a medias con Enrique Paradas, & (1895). Y si la vida de Paradas, hilvanada por oficios de una provisionalidad errabunda —desde cochero de punto a fotógrafo ambulante, pasando por partiquino escénico y acabando de librero de lance—, daría tanto para un reportaje de varias páginas cuanto más para una entusiasmante biografía, el hallazgo del poemario de título tan breve como extravagante: Et —a la tironiana; con anterioridad denominado Etcétera—, carece de estos vagabundajes bohemios, porque se debe, como las novelas de Aldecoa y como tantos otros hechos semejantes, a la silenciosa perseverancia de un estudioso.

De &; —o antes, Etcétera— se conservaba un original en la Biblioteca Machado de la Real Academia Burgalense, sobre el que el estudioso Miguel D’Ors ya había señalado, en un artículo de 1979, no solo el error en su intitulación sino la sospecha de que estaba mermado, pues no se justificaba la coautoría del mayor de los Machado cuando solo presentaba seis páginas suyas. Eran unas tesis para y entre machadianos que, en 2022, un seguidor del poeta y del profesor, Manuel Márquez de la Plata, certificó en todos sus supuestos cuando adquirió en una librería de viejo un ejemplar sin mermas del poemario. En efecto; no solo autentificaba su título sino que el libro constaba de 191 páginas, de las que setenta y una, contra las seis conocidas, estampaban la firma machadiana. Tuvo la gentileza de enviarle unas fotocopias al profesor y ahí quedó el asunto hasta esta primavera, cuando otro investigador, Víctor Olmos, habló con D’Ors, quien lo animó tanto a contactar con el dueño del original íntegro como a que ambos divulgasen su existencia.

Lo sorprendente de esta mínima peripecia entre eruditos es la demora de un trienio en su difusión, aunque, al menos, la noticia se haya convertido en el espléndido colofón al bienio machadiano. Por su parte; la publicidad del rescate de las novelas de Aldecoa ha sido casi consecutiva a su hallazgo, durante este verano, por el investigador de la Universidad de Nueva York. Empero; ambos descubrimientos se han producido durante notables celebraciones de sus autores para dotarlas de un elemento más duradero y consistente que las exposiciones y catálogos por extraordinarios que nos resultasen.

Personalmente también me cumple haber intervenido en otro rescate: el de Pólvora mojada (1972), de Andrés Berlanga. Esta magnífica novela, por descatalogada, se encontraba en el circuito de libros usados soportando aún los cortes de censura. Raúl Pereda y yo nos empeñamos, hace más de una década, en reeditarla sin estas atrabiliarias podas. Andrés Berlanga —novelista de obra corta, aunque magistral en su manejo de la oralidad— nos escuchó con cierta guasa y prometió legárnosla en su testamento. ¡Quién nos iba decir que desdichadamente moriría dos años después! Pero, cuando se había vencido casi un decenio, retomamos nuestro empeño y telefoneamos a su hijo Juan, quien, para nuestro pasmo y alegría, nos respondió que nos la tenía reservada, cumpliendo así la palabra de su padre. Y de ella disponen, desde 2024 en Drácena, sin las tachaduras del censor.

Pues Pólvora mojada relata algunos caracterizadores sucesos de aquella Universidad Complutense, en vísperas de 1969 —el año del Estado de Excepción y del asesinato de Enrique Ruano—, cuanto presenta ahora, con la celebrada serie sobre la novela de Javier Cercas y, sobre todo, por la infausta conmemoración de la muerte del dictador para ocultar varios estropicios gubernativos y, de paso, entenebrecer arteramente la coronación de Juan Carlos I, un interés singularísimo, porque, al recoger de forma exacta el lenguaje de los estudiantes del momento y sus hoy peregrinos proyectos políticos, preserva intacta una sensibilidad indispensable para entender el prodigioso septenio de la Transición.

Artículo publicado por el "Imparcial" el lunes 08 de diciembre de 2025

*Gastón  Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura. 



Por Ricardo Gil Otaiza

Los imposibles

Hoy deseo referirme a la categoría que denomino “los imposibles”, es decir, aquellos libros que por más que les pongamos el ojo, el diente y todo lo que queramos, no logramos domesticar

Como en todo, en el mundo de los libros hay categorías, y no me refiero solo a las que la crítica, los expertos, las propias editoriales y los organismos culturales etiquetan, como multipremiados, best sellers, long sellers, incunables, novedades, clásicos, y paremos de contar, sino aquellas que llegan desde la experiencia de los lectores, que somos el último eslabón en la cadena de comercialización del libro y, por lo tanto, estamos “facultados” (por decir lo menos) para expresar muchas cuestiones acerca de los libros que leemos.

Hoy deseo referirme a la categoría que denomino “los imposibles”, es decir, aquellos libros que por más que les pongamos el ojo, el diente y todo lo que queramos, no logramos domesticar, porque es tal su complejidad, densidad, trama, laberintos y escondrijos, que no les llegamos, y tenemos entonces que huir de ellos como la plaga, porque, tantas energías nos han robado, que quedamos exhaustos, realmente cansados (y hasta fastidiados), sumergidos en el desconcierto y la desesperanza, de allí que sea importante cerciorarnos antes con fuentes dignas de crédito (ajenas a las propias editoriales, por supuesto) de las posibilidades que tenemos con una obra: bondades y caminos para su abordaje.

Ya lo dije acá: me costó mucho leer el Libro del desasosiego de Fernando Pessoa, y cuando digo mucho, es mucho, poco más de tres décadas, lo cual pareciera exagerado, pero esta fue mi experiencia lectora con este clásico universal, que terminé porque sí: me planté frente a él y me dije: “¡no va a poder conmigo!”, y así fue. Estaba en una verdadera encrucijada, porque era inminente mi emigración, y para mi salud mental decidí cerrar ese proceso iniciado en mi lejana juventud y, como soy quien más me conoce, sabía que, si dejaba ese libro a mitad de camino, sería una traición a mi ejercicio intelectual y lector, y una mañana de comienzos del 2024 lo abrí de nuevo y no lo cerré hasta que lo terminé. ¿Cuál era la razón que se interponía entre el libro de Pessoa y yo? Pues, su tristeza, su pena y desconsuelo, la oscuridad que brota muchas veces de sus páginas, y yo, que tiendo a la melancolía, me hundía en una suerte de purgatorio inexpugnable, del que me costaba enorme esfuerzo salir, y hallaba mil razones para dejarlo de nuevo a medio camino: a la espera de un momento propicio para su prosecución.

Otro libro que me costó mucho leer fue Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, y la dificultad partía del hecho de la intrincada genealogía del texto, que hacía que me perdiera en largos laberintos y que terminara por abandonarlo. Cometía el error de interrumpir la lectura para mirar el mapa de los ancestros, y así saber cuál de los Aurelianos tenía frente a mí en cada circunstancia. Como lector experimentado que soy, opté por varias estrategias que me sacaran a flote, y una de ellas fue la de comprar diversas ediciones, para ver si por esta vía me topaba con la versión que me diera el empujón final, y hallé la maravillosa Edición Conmemorativa de la Real Academia de la Lengua y la Asociación de Academias de la Lengua Española (Alfaguara, 2007), que mucho disfruté, pero el truco para su lectura sin mayores tropiezos, fue olvidarme de los hilos genealógicos de la estirpe de los Buendía, y me adentré en esta obra maestra absoluta con un gozo pocas veces alcanzado en mi larga travesía como lector (que parte de mi niñez).

Una obra que se resistía a mis sucesivos intentos era Madame Bovary, de Gustave Flaubert: siempre la dejaba a mitad de camino y me ponía a leer otro libro, y en el ínterin de mi salida, como me pasó con el de Pessoa, comencé de nuevo con la obra y pude leerla y disfrutarla, y esta vez lo hice con la edición de Planeta y El Nacional (2000). Ahora que lo analizo, la circunstancia de mi partida hizo que me enseriara con el libro, que sacara de mi cabeza las enormes reticencias frente al estilo un tanto arcaico de la narrativa, y de las circunstancias contadas. En esta nueva oportunidad, Emma y Charles se erigieron frente a mí y me contaron su vida, y ese hiato que se abre entre los dos personajes me mostró en todo su esplendor todo aquello que nos presenta Flaubert: la infidelidad, la hipocresía de un mundo machista y oscuro, así como la mentira y la simulación frente a los atavismos sociales, que terminaron por conducir sus destinos hacia la tragedia.

Otro imposible (y en este caso absoluto) fue la súper novela 2666 de Roberto Bolaño, en edición original de Anagrama (2005), con sus 1128 páginas a cuestas, y debo confesar que el mayor impedimento en el presente caso, fue su extensión y que son varios libros en uno solo, lo que complejiza la experiencia y la hace cuesta arriba para un lector con miles de tareas profesionales y familiares por delante. Por más que lo intenté, no pude, como sí lo hice con su maravilloso predecesor, que fue Los detectives salvajes, que leí sin mayores dificultades (aunque reconozco que no es una novela fácil ni para principiantes).

El último “imposible” es muy reciente, la novela La península de las casas vacías de David Uclés, que compré hace tres semanas, azuzado por el enorme despliegue propagandístico montado a su alrededor, y confieso (no sin rubor) que no pude con ella: me senté para internarme en ese complejo mundo y de inmediato supe que no la finalizaría, que sería una lectura frustrada como muchas otras, y en esta oportunidad no me resigné a mirar el libro de soslayo, acomodado en el anaquel, sino que fui a la librería y lo cambié por otro, y hasta ahora ese “otro” fluye con tropiezos, pero, ¡vamos!, fluye.

*Escritor y académico venezolano

rigilo99@gmail.com



Por Nelson Rivera




 



Sobre el poeta cubano-venezolano Julio E. Miranda (1945-1999)
 

Amigos lectores:

I.

De las distintas versiones que he leído sobre el periplo de Julio Enrique Miranda Luque, seguiré el relato que él hizo a Teresa Casique, en una entrevista de 1988 (incluida en esta edición). Nació en La Habana en junio de 1947. A los 16 viajó a Miami, donde vivió un año. Allí un dominico lo convenció de tomar el camino del sacerdocio. Enviado a España, hizo vida conventual durante cuatro años dedicado al estudio, primero en Córdoba y luego en Granada. Tras un castigo, derivado de la publicación de su primer libro, el seminarista dejó el convento. Le siguió un duro período de sobrevivencia: Madrid, París, Bruselas. En 1968 llega a Venezuela y permanece poco tiempo. A continuación, vive un año en España y cinco en Bélgica (“conseguí un trabajo en la radio-televisión belga, haciendo programas de radio para América Latina”). En 1976 regresa y se residencia en Venezuela. A partir de 1981 se instala en Mérida, ciudad que haría suya.

II.

Pienso en la obra de Julio E. Miranda y me conmueve. No sólo por el volumen de libros y artículos publicados (Miranda aceptaba sonriendo el diagnóstico del crítico y ensayista Francisco Rivera: grafómano). Me refiero al torrencial activismo lector, creativo y escritural que puso en movimiento durante sus 24 años de vida venezolana, hasta su tempranísimo fallecimiento en 1998, con apenas 53 años de edad. Mientras armaba el dossier en su homenaje, posible por la ayuda militante de Ednodio Quintero, Josune Canales -esposa de Miranda- y Ainara Miranda Canales -hija de ambos nacida en 1990-, releyéndolo o conversando con amigos sobre el profuso y peculiar carácter de su obra, he pensado: oculta tras su inagotable sentido del humor y su abrumadora productividad, había en Julio E. Miranda una generosidad intelectual, una forma civil e intelectual de apostolado, que lo impulsó a poner su sensibilidad despierta y su aguda capacidad crítica en los empeños de escritores y cineastas venezolanos. Miranda desparramó su inteligencia entre nosotros sin esperar retribución alguna.

III.

Fue poeta, narrador, ensayista, crítico literario, crítico de cine, traductor, profesor universitario y responsable editorial (como jefe de redacción u otros cargos afines) de las revistas Zona Franca, Letras Nuevas, Con-Texto, Solar y Criticarte. Más: Asesor Literario de Biblioteca Ayacucho, integrante del Consejo de Redacción de la revista Babilonia, del Consejo Literario de Editorial Planeta Venezolana y del Comité Editor de la Revista de Literatura Hispanoamericana. Y, por fortuna, un autor reconocido: Premio CONAC de Poesía en 1982, Premio Fundarte de Ensayo en 1991, Premio de Cuentos de la Bienal Mariano Picón Salas en 1991, Premio de Ensayo de la Bienal Mariano Picón Salas en 1993, Premio Narrativa Breve del Instituto de Cooperación Iberoamericana en 1994, Premio Unesco 50º Aniversario en 1995, Premio Municipal de Cuento del Distrito Federal en 1996 y Premio de Novela corta de la Bienal Mariano Picón Salas en 1997.

IV.

Además de su fundamental obra como poeta (unos quince o más títulos si sumamos los cinco libros publicados en España antes de 1976); narrador (una novela y tres libros de relatos, si no me equivoco); ensayista (¿cuatro, quizá cinco títulos?); y traductor (de Cesare Pavese, Henry Michaux y Claude Simon, entre otros), me resultan sorprendentes los ocho o nueve títulos sobre el cine venezolano, y no sabría afirmar con precisión si fueron nueve o diez las antologías que produjo de narrativa y de poesía venezolana. Y he aquí que debo advertir: estoy seguro de que a esta relación le faltan cosas. Los 24 años de Miranda en Venezuela son excepcionales. Me devuelven a señores como Pedro Grases, Graziano Gasparini, José Del Rey S.J. o Pedro Cunill Grau, autores que vinieron de otros países ya adultos, y produjeron obras enormes y significativas. Julio E. Miranda pertenece a esa liga, nada menos.

V.

El poeta y crítico literario español Pedro Provencio se refiere, en su texto incluido en nuestro dossier, a la facilidad de Julio Miranda para escribir. Una tarde de 1988, llegó Miranda a la oficina que Pablo Antillano tenía en la Avenida Andrés Bello. Allí hacíamos Lectores, suplemento de libros que circulaba encartado en el Diario de Caracas. Estábamos en la hora cierre, cuando Miranda declaró: no tengo mi artículo todavía, dame una máquina y media hora y lo resuelvo. Se sentó y veinte minutos después había terminado un limpio híbrido -un poco reseña, un poco ensayo- sobre Oscar Rodríguez Ortiz. Cuento esto para redondear mi tesis: Miranda tenía de apóstol y de mago.

VI.

El dossier va de las páginas 1 a la 9. Arranca con El cubano invisible, texto de Miranda que publiqué en abril de 1997. Entonces organicé una serie titulada Autorretratos, en la que participaron 17 autores. El cubano invisible indaga en su identidad (“Uno va siendo, entonces, venezolano, español, cubano, sin ser del todo ninguna de esas calificaciones pero también sin dejar de ser alguna de ellas. Y al pensarlo, reconoce un extraño sistema de equivalencias vitalmente establecidas entre Granada en España y Mérida en Venezuela, o entre el mar Caribe y el mar Mediterráneo. Uno va siendo un mediterráneo del Caribe o un caribeño del Mediterráneo. Sobre todo, uno va siendo”), cargado de ingenio y paradojas.

VII.

Siguen los textos de:

Ednodio Quintero: Para un homenaje en tres tiempos a Julio Miranda.

Rowena Hill: Julio Miranda.

Pedro Provencio: Amistad parapoética.

Miguel Ángel Campos: En el umbral y más allá.

Margarita Arribas: Julio en Maracaibo.

Estela Aganchul: Mi amigo-confidente.

Ainara Miranda Canales: Para Julito.

Fran G. Matute: No se hagan ilusiones. Los años “españoles” de Julio Miranda.

Teresa Casique: Confesiones de un grafómano.

Antonio López Ortega: Tres instancias.

VIII.

Este dossier incluye, además, retratos de Miranda de sus años previos a 1976, realizados por dos fotógrafos  españoles fundamentales: Demetrio E. Brisset y Publio López Mondéjar, ambos sus amigos. Por último, quiero agregar dos recomendaciones. Una, la revista Calle del aire, número 4 (abril de 2022) publicó un documentado ensayo de Fran G. Matute, Maquillando el cadáver español de Julio Miranda, sobre sus años españoles. Dos: en la revista Encuentro de la cultura cubana, números 12 y 13, 1999, está Desapareció un cubano invisible, homenaje de Demetrio E. Brisset a Miranda, en el que señala: “dejó diez textos inéditos, entre ellos, dos novelas”. Ambos están disponibles en la web. Insisto por una consideración obvia: nuestra visión de Julio E. Miranda queda incompleta si no nos hacemos cargo de sus libros y avatares antes de que se estableciera en Venezuela.

IX.

La página 10 trae un artículo de la actriz, directora teatral, guionista y periodista Yoyiana Ahumada Licea dedicado a Profundo, la obra de José Ignacio Cabrujas (1937-1995): “De esta tribu se sirve Cabrujas para exponer la superstición, la cultura del azar y la creencia en un milagro capaz de procurar riqueza instantánea, en una operación mágica que se erige como mito en el inconsciente colectivo nacional: la de que por generosidad de la providencia Venezuela es un país rico, en el que el estado es un rey Midas sin fecha de caducidad”.

X.

En la parte superior de la página 11 viene El espía que amó a una venezolana, la más reciente entrega de la columna de Oscar Hernández Bernalette, Memorias de un diplomático. Cuenta el caso de un oficial de los servicios de inteligencia de Egipto, cuando el militar se enamoró de una venezolana, y las consecuencias que ello produjo sobre la delegación diplomática de Venezuela en El Cairo, donde Hernández Bernalette se desempeñaba durante el gobierno de Luis Herrera Campíns.

XI.

Escribe Rodrigo Lares Bassa sobre Ana Teresa Torres: “Si en La herencia de la tribu el problema era la herencia del héroe, en Desterrados es la orfandad del alma. La frase de Torres —“el futuro siempre será, paradójicamente, pretérito”— mantiene hoy su filo, pero el foco se ha desplazado: ya no se trata de una nación que repite sus mitos, sino del sujeto que ha perdido su lugar en un mundo que no cesa de fragmentarse”. Parte inferior de la página 11.

XII.

Se cumplen 30 de Sucre, película dirigida por Alidha Ávila, en la que Luigi Sciamanna interpretó a José Antonio Sucre, y Guillermo Díaz Yuma a Simón Bolívar. En la página 12 reproducimos fragmentos de los diarios de Sciamanna correspondientes a los días de 1994, en que la película era filmada: “Puerto Cabello. En medio de esta tribu he encontrado la paz. Una extraña y profunda paz que me hace estar en silencio, disfrutar del ver y del oír. A mi alrededor estos hombres y mujeres se divierten y trabajan. Entre ellos, en medio de ellos, con ellos, yo he abandonado mi alma al encuentro del mártir cumanés. Y al volver de la dura jornada, que a pesar de todo me deja una dolorosa insatisfacción, caigo de rodillas en mi estancia  y agradezco al señor por tanta mágica y potente revelación”.

XIII.

Listo, pacientes lectores. Ojalá disfruten: hay tela.

Publicado en Papel Literario, suplemento literario del periódico El Nacional(Caracas, 7 diciembre 2025).

Nelson Rivera. Periodista e investigador venezolano. Es miembro fundador del Consejo Editorial del diario El Nacional (1993), en Venezuela, y desde 1995 dirige su suplemento cultural: Papel Literario.

 


Madrid.- 01 de diciembre de 2025

Conferencia

El CINE EN EL CAMINO DE SANTIAGO


El pasado domingo 30 de noviembre, se presentó en el Ateneo de Madrid, la conferencia sobre "El cine en el Camino de Santiago".

La  conferencia trató sobre una descripción comentada de todo lo filmado para la grande y pequeña pantalla, sobre el Camino de Santiago, de interés para caminantes y estudiosos de la historia del  Camino,  así como para los amantes del cine. Supone un reconocimiento al género Cine Xacobeo a través de 50 títulos que incluyen películas, series de televisión y documentales desde 1915 a 2022.

La ponente fue Pilar Falcón, periodista, escritora y gestora cultural. Es Doctora en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Ha sido profesora de Historia del Periodismo en dicha Universidad. Está Diplomada en Marketing y Publicidad por la Universidad Autónoma de Barcelona. Es la directora de Relaciones Institucionales y Actividades Socioculturales del grupo PSN.Presidenta del Club de Periodistas Gallegos de Madrid. Pertenece a la Asociación de Prensa de Madrid y a la Asociación de Periodistas Europeos. Academia de número de la Academia Xacobea. Destacan entre sus obras: “Desde mi ventana”, “Mujeres transparentes” “Un camino de cine Xacobeo. La mejor recopilación del Camino de Santiago” y los libros de cuentos” Faustino”, ”El lagarto”, ”Run, Run” y “Besos de Miel”.

Moderó el acto Juan López, Consiliario de Educación de la Agrupación Agustín Argüelles del Ateneo de Madrid.



Madrid.- 01 de diciembre de 2025

 

Santa Cruz de Tenerife


Presentación del libro Islas de Ángel Lobo Rodrigo

Día 04 a las 18:00 h.

El Ilustre Colegio de Abogados de Santa Cruz de Tenerife, continuando con la difusión y el apoyo al desarrollo de la cultura, les invita a la presentación del libro Islas, que se desarrollará en el salón de actos del Colegio el jueves día 4 de diciembre a partir de las 18:00h.

El autor de esta novela es nuestro compañero Ángel Lobo Rodrigo, colegiado del ICATF y profesor de Derecho Administrativo de la Universidad de La Laguna.

El acto estará presidido por nuestro decano, José Manuel Niederleytner, acompañado de la secretaria de la Junta de Gobierno del ICATF, Esther Medina Castilla.

La presentación del libro correrá a cargo de nuestro compañero abogado Gerardo Pérez Sánchez, profesor de Derecho Constitucional en la ULL.

El escritor se desliza por la cuestión del nacionalismo utilizando la universalidad del surf como hilo conductor de un relato que ensalza los lazos familiares y el amor como vías de redención. Con un ritmo que parece ajustarse a la cadencia del oleaje, Ángel desgrana historias que suceden en distintas épocas, pero dan la impresión de discurrir en paralelo.

El encuentro entre personajes con orígenes diversos sirve de coartada para desmitificar el aislamiento al que se ven condenadas las sociedades por motivos políticos, sea durante el proceso independentista catalán o en una isla de la Polinesia que no aparece enlo s mapas y cuyos habitantes viven en la creencia de ser únicos y especiales.

Ángel logra desenmascarar las contradicciones de quienes sueñan con una patria separada del resto por muros mentales que aspiran a construir un paraíso excluyente. El triángulo formado por las trayectorias vitales que se desarrollan entre Canarias, País Vasco y Cataluña, reúne los ingredientes necesarios para plantear una reflexiónsose gada sobre la identidad.

La figura materna aparece como elemento catalizador que otorga un nuevo y sorprendente sentido de unión dentro de ese mar desordenado que tan bien describe Ángel subido a su tabla de pensador. Las olas, trasfondo filosófico del tiempo en su continuo fluir, determinan la evolución de Pau, personaje principal y alter ego del autor en una novela muy coral.

 


Madrid.- 26 de noviembre de 2025

 Por Gastón Segura

La merienda de los pescadores

Apenas se detengan a pensarlo con detenimiento, pronunciarán: colapso. No es una exageración: el gobierno carece de presupuestos, de modo que se halla imposibilitado —ellos dirían, con su profiláctica jerga, discapacitado— para su más elemental ejercicio; en tanto, el parlamento permanece atenazado por el rechazo a toda iniciativa legislativa —sea del gobierno o de la oposición— de los siete escaños obedientes a Puigdemont. Mientras, este reconocido prófugo vive en Flandes y, además, a cuerpo de president, con el consentimiento de la Unión Europea y, de lo que es peor, de nuestra pretendida defensa, la OTAN, cuando encima no tienen forma de inhibirse porque ambos ampulosos organismos ubican sus majestuosas sedes cabe la residencia de este, si no ya pregonado traidor, al menos individuo peligrosamente sedicioso para un Estado asociado. O quizá su disimulo se deba a que nuestro inválido gobierno le enviaba rumbosos embajadores —uno de ellos, para aumentar esta farsa, ahora imputado por suculentas mangancias—; en fin, una circunstancia digna de una fabulación de Witold Gombrowicz o, volviendo la vista a España, de una desternillante novela de Jardiel Poncela o de Jorge Llopis, cuando existe —al menos, en la Constitución— una salida para todo este bufonesco embrollo en donde hemos caído; además, la mar de oportuna y, encima, la supuestamente más democrática de todas: unas elecciones.

Digo supuestamente porque según parece el gobierno, como las viejas dictaduras de aquí y de ultramar, asegura que persevera en su esforzadísimo cometido por nuestro bien y que, claro, si nos dejase votar, constatados nuestros descabellados antojos, podríamos instaurar el caos. ¡Y hasta ahí podía llegarse; hasta interrumpir el progreso de la nación!; aunque al país, durante el trayecto, se le fundan los plomos o se le socarren los bosques, le aumenten los precios de los productos básicos cada semana o los jóvenes, aun teniendo trabajo, recurran a un alquiler compartido —a veces, en tumulto— como la única manera posible de lograr una pizca de independencia; en fin, grotesco.

Y toda esta parálisis —si no es ya la agonía terminal de nuestro sistema—, me recuerda mucho a los llamados «años de plomo» de Italia —aquí, ese epíteto, llegó luego, como el de la «casta»; se conoce que lo copiamos todo de los italianos—, cuando se erigían gobiernos de penta y hasta heptapartidos, que apenas duraban un puñado de meses y entre los que siempre figuraba el incombustible —bueno; esta cualidad la conservó hasta la detención de Toto Riina— Giulio Andreotti, quien le explicó a Alfonso Guerra la virtud de la finezza en política. Después, ya conocen lo sucedido: con finezza y todo, uno tras otro, se suicidaron —judicial o silenciosamente— cuantos partidos habían gobernado desde la II Guerra Mundial, sin dejar más rastro que las ejemplares novelas de Leonardo Sciascia y esas estremecedoras películas sobre la Tangentopoli. Y valga esto como aviso a todos esos navegantes y otros corsarios que transitan por las mullidas alfombras de nuestras instituciones con el pecho inflamado de hondas vanidades y altas aspiraciones.

Y hablando de cine y de Andreotti, Paolo Sorrentino —quien acaba de estrenar por los festivales una nueva película, La grazia— rodó una memorable etopeya sobre aquel sinuoso e impenetrable político, titulada Il divo (2008). Personalmente la considero su mejor obra, aunque presente el gaje de disfrutarse hasta el último detalle por quienes aún recordamos a don Giulio, no digo ya quienes lo padecieron; esos debieron entusiasmarse durante sus proyecciones como escolares en una confitería. En efecto; sostengo que Il divo es un film mucho más acertado y agudo no ya que Partenope (2024), sino incluso que la tan celebrada La gran belleza (2013) y, por descontado, muy superior, hasta en su común intención, a su largo y demasiado dislocado retrato de Berlusconi, Silvio y los otros (2018). Pues a pesar de la sorprendente cromática elegancia de sus planos y hasta de los muy sugestivos episodios independientes que van hilvanando la trama principal, siempre encuentro en estas otras películas de Sorrentino algún defecto recóndito o explícito en el resultado final que, por más interesantes y hasta recomendables que me resulten, me dejan un pálpito de insatisfacción; mientras, durante y tras la visión de Il divo, no sentí el menor atisbo de ese sentimiento; muy al contrario, me embargó una profunda admiración por este relato sobre un tipo tan opaco como refractario a cualquier intento de narrarlo. ¿O acaso no es toda una temeridad pretender rodar un divertimento fílmico sobre un alma tan inaccesible, incluso cuando sonreía, como la de Andreotti? ¿Y no es ya una proeza que, durante casi dos horas, uno no aparte los ojos de la pantalla, sin discernir bien si está reviviendo sus recuerdos de aquel hombre singularmente encorvado y de cauteloso paso cardenalicio, o si más bien está descubriendo subyugado cuánto le intrigaba cada vez que aparecía al fondo de las fotografías oficiales, siempre velado tras sus gruesas gafas de oscuro teólogo?

Y en cuanto al actual colapso nacional, recuerdo una anécdota que casa de molde con estas erráticas líneas: un financiero norteamericano telefoneó alarmado a Berlusconi, cuando todavía era un prominente constructor e incipiente empresario de la televisión:

—Acabo de saber que estáis sin gobierno; ¡menuda catástrofe!

—En absoluto —le respondió Il Cavaliere—; estamos mejor que nunca.

Y si, al itálico modo, nuestra estéril coyuntura es la óptima para los Berlusconis locales, ya supondrán que nos hallamos en el turbio trance de «a río revuelto, merienda de…

Artículo publicado por el "Imparcial" el domingo 23 de noviembre de 2025

*Gastón  Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura. 



Por Ricardo Gil Otaiza

El que voy siendo

No hay nada más complejo en este mundo que escribir un libro autobiográfico y de memorias (y tiene su lógica, por las reticencias propias de quien se muestra sin ropajes ante la gente). Y lo digo yo que no soy principiante en las artes de la escritura

Mi infancia no fue feliz, las intemperancias de mi padre así como su endemoniado carácter, hacían que viviera aterrado y presa de fantasmas que me acechaban por doquier. Eso generó en mí un oscuro rencor, que se prolongó hasta bien entrada la adolescencia, cuando comenzó a desvanecerse ese abismo abierto entre los dos y que llegó a su culmen cuando yo ya era un adulto, y él comenzó entonces a verme de manera distinta al díscolo hijo menor que se empeñaba en contradecirlo, porque en el fondo no se parecía a él.

Pero el tiempo pasa y es cuando uno comienza a ver la realidad con otros ojos. Ahora que me aproximo a la temprana edad que mi padre tenía cuando se fue de este mundo, mi mirada introspectiva luce deslastrada de rencores y de críticas, y me acerco a su figura con otros lentes: los de la comprensión y la nostalgia. A la luz de mi madurez de hoy siento que él tenía razón en muchas de las cuestiones que en aquel entonces me desarticulaban y sacaban de las casillas, pero que no podía entender, porque no estaba preparado para ello en la dura y auspiciosa escuela de la vida.

En el 2020, en plena pandemia, terminé de corregir un libro que me costó demasiado trabajo escribir, que titulé Pronto llega octubre. Memorias, que publicó en hermosa edición JustFiction! Edition ese mismo año. Sí, me costó mucho escribirlo. Había comenzado a redactarlo años atrás, y cada vez que me acercaba a sus páginas terminaba cambiando todo y reescribiéndolo, en un afán por precisar sin ruidos lo que había sido mi vida.

No hay nada más complejo en este mundo que escribir un libro autobiográfico y de memorias (y tiene su lógica, por las reticencias propias de quien se muestra sin ropajes ante la gente). Y lo digo yo que no soy principiante en las artes de la escritura, y que tengo sobre mis hombros una extensa obra literaria. La dificultad que hallé estaba en el tono que no lograba articular, y con el que estuviera identificado y me hiciera sentir en plena libertad de expresar lo que llevaba dentro. Primero ensayé con la tercera persona del singular (tratando de buscar distancia), y terminé por fastidiarme y aburrirme al sentir que todo resultaba impostado, como aquellos sonetos que tienes que ponerles una camisa de fuerza para que rimen, y terminan perdiendo su encanto y la poesía misma.

Poco a poco fui depurando el libro (no tan extenso: 230 páginas). Y como el oficio me ha enseñado, lo dejaba enfriar y regresaba a él para encontrarme con la penosa sensación de estar errado en la perspectiva. Un ruido gigantesco se atravesaba en mi camino y terminaba por rehacer de nuevo lo escrito. En ese proceder transcurrieron unos tres o cuatro años, hasta que me pregunté a mí mismo, ¿qué era lo que pasaba?, y la respuesta no tardó en llegar: no es fácil desnudarse frente a los lectores y temía mostrarme, caer en el vacío.

Cuando lo entendí, y tomé la decisión de lanzarme sin frenos ni atavismos, todo comenzó a fluir. Como por arte de magia se desvanecieron las brumas, y con la excusa de la pandemia y de su larga encerrona, logré por fin ponerle punto final a un libro que me parecía imposible terminar. No obstante, a pesar de lo alcanzado, algo flotaba en las páginas y no daba con ello. Dejé enfriar el texto por enésima vez y con la claridad de una versión definitiva, capté lo que había pasado: mi padre regresaba del pasado y me interpelaba con cariño.

Sin proponérmelo, mi padre era el gran protagonista de la obra. No hallé un solo capítulo en el que él no apareciera jugando un papel importante y articulando hechos. No podía creerlo, pero allí estaba, patentizado en la obra, traído de nuevo a la vida y esta vez para saldar nuestras cuentas pendientes. Su figura en cada página me mostraba, no ya al hombre de carácter atrabiliario que marcó con fiereza mi niñez, sino al hombre generoso, capaz de dar a los demás lo que tenía y lo que no tenía, el hombre desprendido que disfrutaba haciendo el bien, aunque en casa sacara sus peores humores.

Comprendí entonces su manera de ser, el porqué de sus drásticas decisiones, y le agradecí por hechos que en mi juventud me parecieron que me dañaban, pero que a la postre fueron por mi bien. Mis memorias se convirtieron así en una carta de despedida, en un cierre de ciclos, en un mágico reencuentro en el que la palabra reconciliación no está presente, pero no hacía falta, porque es el eje central de un libro que escribí de memoria, sí, pero con adrenalina y sobresalto, con la certeza de avistar nuevos horizontes, así como cerrar hiatos presentes desde mi lejana niñez, y que no había podido conjurar por el temor a destapar la botella y dejar así escapar los demonios que nos atenazan a todos.

El niño que llevo dentro renació en mis páginas, así como también el adolescente tímido que se ruborizaba con facilidad, y el adulto que se abrió camino sin tirar codazos a nadie, pero eso sí: ayudando a los otros sin mezquindad alguna. El hombre de hoy cuya juventud quedó muy atrás, pero que se reconoce y se palpa en cada palabra puesta con suma dificultad en la obra, y que lo relativiza, lo contextualiza y lo lleva en volandas a otear otros caminos. El hijo que se ve en el espejo de su padre, al que ya se parece en lo físico, aunque los distancien estilos y atavismos, humores y sobresaltos. El hombre que en definitiva voy siendo, en medio de alegrías y tristezas, de aciertos y de enormes errores, pero sin perder las esperanzas por un nuevo renacer del país y del mundo, que hoy se caen a pedazos atenazados por lo más atrabiliario y oscuro del corazón y del espíritu humano.

*Escritor y académico venezolano

rigilo99@gmail.com

 


 Por Gabriel Jiménez Emán

EL CÓNSUL

El cónsul viene cada mañana a desayunar. Ordena algo pero no logra comer; prefiere mirar una nube cruzando el lago, allá lejos, o hacia un árbol cercano con pájaros, que a veces logran sacarle alguna sonrisa por un solo lado de la cara. Con esa primera sonrisa comienza el rito: tiene a la mano un cuaderno y un lápiz, y muy pronto las líneas aparecen en la página, corregidas luego sin descanso.

El cónsul tiene una mirada clara. Con sus ojos azules parece que desviara el curso de la mañana. Nosotros le vemos desde aquí, desde la barra del Café y no podemos interrumpirle ni siquiera si le hablamos. El nos mira y sonríe brevemente, y no dice nunca casi nada, excepto algunas frases aisladas como “un poco más de agua”, u “otra caja de cigarrillos”. Mira el reloj con intervalos de treinta minutos –eso cuando permanece dos horas a la mesa- aunque casi nunca se está menos de media hora sentado, cavilando, haciendo notas, tomando algún refresco o infusión. Le gusta mucho el café, pero ha dejado de ingerirlo hace tiempo porque aumenta su insomnio, según nos confesó alguna vez.

En ocasiones algunos jóvenes se acercan a la mesa a saludarlo y él los atiende, aunque no los invita a sentarse. Les fija día y hora de la cita y luego los precisa en su agenda, que siempre coloca bajo el cuaderno de notas.

Eso lo digo como si lo estuviese viendo ahora mismo, pero ocurrió hace mucho tiempo. Recuerdo bien que le llegaba una sorpresa al rostro cada vez que estos jóvenes se le acercaban, llamándole profesor o poeta.

Abandonaba la mesa a las nueve o diez de la mañana, y durante el día no regresaba. En los años que tengo regentando este café a las orillas del lago aquí en Ginebra, nunca he visto en Suiza una persona más atildada. Aquí impartía clases de español a los estudiantes, sin cobrar nada. Ejerció sus funciones de Cónsul sin permitir que ningún detalle en su quehacer diplomático se descuidara, según supe por las palabras de un compañero suyo de trabajo. Me narró este amigo que el Cónsul era infeliz por las noches. Dormía solo en una habitación de hotel. Dormir no es el verbo exacto: más bien pasaba la noche, pues es sabido que el Cónsul no descansaba, sino que se vigilaba a si mismo; no soñaba, pero sí sufría de pesadillas; no se entregaba al benéfico abrazo de Morfeo ni viajaba con liviandad por el laberinto de Oneiros. El apenas lograba captar las voces dulces de las sirenas muy de vez en cuando, al salir estas de las historias mitológicas de los libros hacia la habitación, buscando acaricias las horas de su noche.

Mi hija Belinda se enamoró de él. Tenía apenas dieciséis años, y sufría. Pero el amor de él estaba volcado a una prima suya, que nunca le correspondió. Una vez Belinda, muy diligente, le preguntó al Cónsul qué platos y qué sazones le gustaban especialmente. El estuvo un poco atónito durante un rato, sin poder responder nada, y finalmente le dijo: “Una ensalada verde muy mezclada con artificios dulces y salados, frutas, aceitunas y queso de cabra, rociada de fragante limón y aceite de oliva”.

Aquellas palabras fueron suficientes para que mi hija hiciera una ensalada magnífica, cuya preparación y sabor sobrepasan todo lo imaginable. Eso fue lo que degustó el Cónsul un buen día, y aquella delicia fue suficiente para que él dejara caer unas lágrimas sobre el plato.

Sus ojos agradecidos miraron a Belinda desde el fondo de una música que casi hizo desfallecer a mi hija. Un día por fin él se atrevió a invitarla a salir, le compró flores y le regaló un libro de poemas clásicos.

A mí me costaba comprender que un hombre así hubiese nacido en un país de América llamado Venezuela, del cual nunca obtuve muchos comentarios. Me gustaba el sonido del nombre y también el de la ciudad donde había nacido el Cónsul, Cumaná. Cada vez que este hombre los pronunciaba, una franja de colores translúcidos atravesaba su rostro y su voz cobraba una hermosa cadencia. En una ocasión –la única en que le ví alegre de verdad- estaba hablando como hablaban los cumaneses y aquello fue una especie de fiesta para nosotros, oír los sonidos armonizados en una lengua de un país tan lejano.

No sabíamos español, pero él traducía sus poemas al francés y luego al alemán, para ilustrar la sonoridad de cada idioma.

Tiempo después supe que se encontraba con algunos amigos por los mercados y plazas, y que en las noches compartía mesas en las tabernas. Pero no era un bebedor; envidiaba a los bebedores, quienes le aconsejaban el alcohol para dormir. Pero él sentía horror de las alucinaciones etílicas; les temía a éstas mucho más que a las pesadillas.

Belinda perdió a su héroe predilecto. Yo perdí a mi cliente matutino, pero gané para los hijos de mi hija –que ahora corretean alegremente por el café- la historia de un poeta que sufría de males y extrañamientos del trópico.

Descanse en paz allá, en su tierra solar.

(En homenaje a José Antonio Ramos Sucre)

*Gabriel Jímenez Emán, es escritor, narrador, poeta, ensayista, compilador y traductor venezolano, destacando más en el ámbito de la narrativa y la poética, la cual ha sido traducida a varios  idiomas  y recogida en antologías latinoamericanas y europeas.


Madrid.- 21 de noviembre de 2025

 

Sabores, historias y cine: un fin de semana para disfrutar en Eñe

Este fin de semana, Eñe celebra el placer en todas sus formas, con la gastronomía y el cine como protagonistas. Madrid y Pinto se convierten en escenarios donde el sabor, la memoria y la narrativa se entrelazan para ofrecer experiencias que se disfrutan tanto con el paladar como con la mirada.

Hoy la Biblioteca Regional de Madrid, se abre con dos conversaciones que ponen el foco en la cocina como territorio cultural. Heba Kharouf (Farah) y Nino Redruello (La Ancha) explorarán cómo Madrid se ha convertido en un mosaico de cocinas vivas, mientras que Diego Guerrero (DSTAgE) y Andoni Luis Aduriz (Mugaritz) reflexionarán sobre cómo romper reglas desde los fogones y convertir la creatividad culinaria en un gesto de libertad.

El viaje continúa en Pinto, donde el fin de semana gira en torno al chocolate como relato y símbolo: su dulzura, su historia y esa mezcla entre lo luminoso y lo oscuro que lo convierte en un ingrediente lleno de significados.

El domingo se suma el cine como un nuevo territorio del placer: en los Cines Embajadores se proyectará El crimen del padre Amaro, dentro del ciclo dedicado al cine portugués, una ocasión para disfrutar en pantalla grande de uno de los títulos más emblemáticos surgidos de la literatura lusa. Además, el cine portugués volverá a esta sala la próxima semana con la proyección de La metamorfosis de los pájaros. Ambas proyecciones llegan a Eñe gracias al impulso del ICA – Instituto do Cinema e do Audiovisual.  

Un homenaje a Walt Whitman en el Teatro de la Abadía

En la tarde del domingo, el Teatro de La Abadía reunirá a Hugo Mujica, María Gómez Lara, Manuel Vilas, María José Bruña y Ginés García Millán en una evocación colectiva del espíritu de Walt Whitman, celebrando “el placer de la euforia” desde la palabra, la poesía y la escena.

Y la próxima semana...

La próxima semana el festival seguirá desplegando una agenda muy rica, con encuentros que cruzan música, literatura y pensamiento. Carlos Ares y Virginia Díaz llevarán su mirada musical a FNAC Callao; Héctor Abad Faciolince regresará con varias conversaciones en la ciudad; y en Serrería Belga se reunirán Rodrigo Leão y Santiago Hernández Junto a ellos pasarán por el festival, entre otros,  Aleksandra Lun, Margaryta Yakovenko, Ana María Shua, Victoria Gabaldón y Catarina Vasconcelos, dibujando una semana que mantiene el placer como hilo conductor.

Ver Programa

https://festivalene.lafabrica.com/programa/?utm_source=clientify&utm_medium=email-marketing&utm_campaign=ene-2025_biblioteca-regional-y-resto-de-semana


Madrid.- 20 de noviembre de 2025

Santa Cruz de Tenerife

 

Diálogos en La Granja

Conversaciones literarias con José Ramón Sampayo

El día 20 de noviembre, a las 20:00 horas , en la Biblioteca Pública del Estado en Santa Cruz de Tenerife, dentro del programa Diálogos en La Granja, será entrevistado el escritor cubano, José Ramón Sampayo, quien estudió Magisterio en Santiago de Compostela, para luego trasladarse en 1975 a Cataluña, donde estudio Filología Hispánica, en la Universidad de Barcelona, trabajó como maesro y profesor de Lengua y Literatura española en diversos colegios e institutos.

En 1986 publicó un curioso y documentado ensayo, Rasgos erasmistas de La locura del Licenciado Vidriera, en la editorial alemana Reichenberger de Kassel.

En 2007 se establece en Tenerife, para trabajar como profesor en el IES Tegueste. Recupera su investigación sobre lo real maravilloso de Alejo Carpentier, dándole formato de tesis doctoral. En una de sus visitas a León escribe su primera novela de viaje, Cuaderno feriado.

Fue director del Libro Fórum en el TEA de Santa Cruz de Tenerife entre 2009 y 2010.

Se jubila y pone en marcha una nueva etapa del Libro Fórum Canario en Tegueste, con el apoyo de la Alcaldía y del Área de Cultura. Participa como Profesor/Coordinador en el Taller literario La Escritura Desatada de Tejina desde 2014. Colabora con un relato creativo propio, “Ida y Vuelta”, en el libro narrativo creado por el Taller en el curso 2016/17, titulado La soledad acompañada, publicado en 2017 por M.A.R. Editor, Madrid.

Será entrevistado por el escritor, ensayista, promotor cultural y crítico literario Antonio López Ortega.

Invitamos a todos, a esta conferencia literario-cultural, que nos trae Diálogos en La Granja. La entrada es libre, hasta completar aforo.


Madrid.- 15 de noviembre


Hasta el 16 de noviembre, en Casa del Lector (Matadero Madrid)

La exposición ‘Legendaria II’ y la III Feria del Libro de Géneros Especulativos arrancan el fin de semana del festival Sui Generis Madrid

Una decimoséptima edición consagrada a la memoria, la imaginación y la disidencia que cuenta con un centenar de autores entre los que se encuentran los internacionales Fonda Lee (EE UU), Gabino Iglesias (Puerto Rico), Luciano Lamberti (Argentina), María Fernanda Ampuero (Ecuador), Aliette de Bodard (Francia) y Ramiro Sanchiz (Uruguay).

La programación de fin de semana de la XVII edición del festival internacional de géneros especulativos Sui Generis Madrid, dirigido por Marjorie Eljach, se desarrollará durante tres jornadas con el lema de “Futuros rotos, pasados vivos”. Se explorarán nuevos temas como la raza y la diáspora, la dictadura y la represión, el sincretismo religioso o el colonialismo y la migración.

Desde el viernes 14 de noviembre, se celebra la III Feria del Libro de Géneros Especulativos con la participación de editoriales como Albo & Zarco, Apache Libros, Applehead, Caja Negra, Cicely, Cuadernos del Laberinto, Trama, FCE, Hermenaute, Impedimenta, Insólita, La Biblioteca de Carfax, La Biblioteca del Laberinto, La Máquina que hace ping!, Libros de las Malas Compañías, Pez de Plata, Runas, SM, Edebé y Edelvives. También se podrá visitarse la exposición Legendaria II en la Nube de Casa del Lector. Se continúa explorando el rico catálogo de mitos y criaturas fantásticas de España en una nueva entrega de la muestra, tras el éxito de la primera edición de Legendaria (2022-23) que superó 25.000 visitas en cinco meses en Casa del Lector y se extendió posteriormente por las bibliotecas de la Comunidad de Madrid (2023-24).

Entre los hitos destacados del programa, se concederá el Premio Sheridan Le Fanu 2025, en la categoría de creación, a los escritores P. Djèlí Clark y Rubén Sánchez Trigos, y en la de divulgación al proyecto La Nave Invisible. La entrega tendrá lugar el sábado 15 de noviembre, a las 19 h, en el Auditorio FGSR, frente a Casa del Lector (Matadero).

Se dará clausura el domingo con la mesa redonda Rascacielos, autopistas y catástrofes: la vida según J.G. Ballard con los expertos Beatriz García Guirado, Andreu Navarra, Alberto Santamaría y Mario Ramos Vera, moderados por el periodista Sergio Fanjul.

Toda la programación del festival, información sobre venta de entradas y eventos gratuitos en https://www.suigenerismadrid.com/

 

Madrid

ebetania





Roberto Ferrer, in memoriam

En este mes de noviembre ha fallecido el poeta cubano Roberto Ferrer (La Habana, 1951 – Miami, 2025) dejando tras de sí una obra poética y ensayística que merece no ser olvidada.

En Cuba estudió Agronomía e Historia en la Universidad de La Habana, donde se licenció en Filología en la especialidad de Literatura Cubana. Trabajó por más de veinte años en la Editorial de Ciencias Sociales, donde realizó, entre otras, las funciones de editor y Jefe de Redacción. Formó parte del equipo de redacción de La Revista del Libro Cubano.

Ya en el exilio, publicó los poemarios Numeritos (2007) y Palabras (2009). Poemas escritos en Cuba y que fueron salvados del naufragio. Persiguiendo el instante raro de la poesía o tocado por ella, estos poemas se fueron conformando en estos dos volúmenes de versos hasta su edición, después de que los tenía confinados –durante años-  en una gaveta en su patria. Pero sus circunstancias y su vida cambiaron y pudo publicar en el destierro con absoluta libertad.

En 2014,  publicó su libro de ensayo Estudios Literarios (Enrique Serpa, Carlos Felipe, José R. Brenes, Antonio Machado, René López, Francisco de Arango y Parreño, César Vallejo, J. D. Salinger y Lino Novás Calvo) reflexiones en torno a la poesía, el teatro y la narrativa. En estas páginas desfilan autores y obras entrañables para el autor.

Roberto Ferrer nos dejó escrito uno de los poemas más desgarradores de estas seis décadas de tragedia cubana. Como un homenaje al poeta, ofrecemos este poema a nuestros lectores:

NI POR PIEDAD

Murió ciego y solo en su exilio.

Dicen que por su propia mano.

En el vecindario casi todos conocen la historia

menos su madre

que a ratos

-de año en año-

húmedos los ojos

nos dice:

No llega ni una carta de Manolito

ni por piedad

escribe.

 

¡Descansa en paz, Poeta!

 

Madrid.- 15 de noviembre de 2025

De la editorial Maeva

En las librerías El cine ambulante de Mr. Saito, de Annete Bjergfeldt

Maeva selecciona cada año una novela que pone el colofón al calendario editorial. Es EL LIBRO DEL AÑO DE MAEVA, que destaca por su calidad y el éxito internacional que le precede.

El cine ambulante de Mr. Saito de la escritora, compositora y cantante danesa Annette Bjergfeldt se alza en 2025 como la elegida y tiene los elementos para convertirse en gran favorita de los lectores españoles.


Una novela con la que conmemorar el 40º aniversario de la editorial, y que ya es un éxito internacional en más de veinte países.

La historia trae un nuevo realismo mágico a nuestras vidas lectoras a través de la voz imaginativa de una niña, Lita, que trata de entender el mundo de los adultos, a veces con toda su dureza.

 Llena de reflexiones filosóficas e inspiradoras, describe un recorrido de madurez personal, en el que un cine ambulante y su misterioso dueño marcan los destinos.

Las localizaciones en Buenos Aires y Canadá son el punto de partida para el desarrollo de extraordinarias atmósferas de ficción que serán, a la vez, intimistas y acogedoras.

La seducción del tango, el amor al cine que rompe fronteras y te abre al mundo, el encanto de lo cotidiano en comunidades pequeñas, la importancia del hogar para ser feliz, el valor de los sueños, la fuerza de la amistad entre mujeres, y el amor por la aventura y los destinos inesperados, con un toque de romance y otro de leyenda, son algunos de los temas.

Las protagonistas son mujeres excepcionales, inolvidables y asombrosamente libres.

Se trata de un cuento de fin de año que invita a disfrutar del placer de la lectura y a la relectura en calma. Pensado para los que echan de menos escuchar relatos en voz baja.

 

 

Santa Cruz de Tenerife

Alfonso García Ramos, propuesto como figura para protagonizar el Día de las Letras Canarias en 2026

 

La propuesta, formulada por una comisión de expertos, será elevada al Consejo de Gobierno para su aprobación

La Consejería de Universidades, Ciencia e Innovación y Cultura del Gobierno de Canarias a través de su consejera, Migdalia Machín, elevará a Consejo de Gobierno la propuesta de Alfonso García Ramos (1930–1980) como figura protagonista del Día de las Letras Canarias en 2026. Su nombre ha sido seleccionado por una comisión de expertos que ha analizado y debatido las diferentes propuestas enviadas por instituciones culturales y científicas durante los últimos meses.

La comisión ha estado conformada por José Ramos Arteaga, Alicia Llarena González, Beatriz Morales Fernández, Katya Vázquez Schröder, Humberto Hernández Hernández, María Isabel García Bolta, Marcos Martín Hormiga, Eduardo García Rojas y Lázaro Santana Nuez.

Día de las Letras Canarias

Desde 2006, el Gobierno autónomo rinde homenaje cada año, a través del Día de las Letras Canarias, a una figura destacada de la literatura del Archipiélago. Durante doce meses, se le dedica un amplio programa de actividades que ayuda a difundir su obra y poner en valor su legado.

La agenda arranca cada 21 de febrero con el acto institucional que recuerda la fecha del fallecimiento de José de Viera y Clavijo, en 1813. En ediciones recientes, han sido protagonistas de esta celebración autores de gran relevancia como Ángel Guerra, Alonso Quesada y, en 2026, Alfonso García Ramos.

Impulsor del periodismo contemporáneo en Canarias

Alfonso García Ramos fue un escritor, periodista y crítico literario tinerfeño, considerado una de las voces más significativas de la narrativa canaria de la segunda mitad del siglo XX. Nació en Garachico (Tenerife) en 1930, y desde muy joven mostró una profunda sensibilidad hacia la realidad social y cultural de las Islas Canarias, un interés que marcaría toda su obra.

Tras estudiar Filosofía y Letras en la Universidad de La Laguna y más tarde en Madrid, desarrolló una destacada carrera periodística. Fue director de la revista Gaceta de Arte y colaborador habitual en medios como La Tarde, El Día y La Gaceta del Norte, donde destacó por su rigor intelectual y su mirada crítica, siempre atenta a los problemas de la identidad canaria y al papel del arte en la sociedad contemporánea.

‘Guad’

En el ámbito literario, García Ramos alcanzó reconocimiento con su novela ‘Guad’ (1971), considerada una de las cumbres de la narrativa canaria moderna. En ella, aborda temas como la insularidad, el conflicto entre tradición y progreso, y la búsqueda de sentido en un mundo en transformación, todo con un estilo sobrio, poético y profundamente reflexivo. Su obra se caracteriza por una prosa cuidada, de tono existencial y humanista, y por su capacidad para captar las tensiones entre lo local y lo universal.

Además de su faceta literaria, fue un intelectual comprometido con la cultura de su tierra: participó activamente en la vida cultural de Tenerife, impulsó proyectos editoriales y contribuyó al debate sobre la modernidad en Canarias durante el tardofranquismo y la transición democrática.

Murió prematuramente en 1980, dejando una obra breve pero influyente, y un ejemplo de integridad intelectual que lo convirtió en referencia para las generaciones posteriores de escritores canarios.

 

Madrid.- 12 de noviembre de 2025

Por Gaston Segura

Una atenta cortesía

El viejo adagio de «rectificar es de sabios», en la actualidad, cuenta con escaso crédito, porque ese gesto, corregirse, desprende un vago tufo a derrota; o eso, al menos, le enseñaba Roy Cohn —su maestro en argucias— a Donald Trump; es más, le aconsejaba que, ante cualquier metedura de pata, hiciese lo inverso a cuanto la caballerosidad impone: en lugar de pedir disculpas, arremeter con toda vehemencia contra el menor asomo de suspicacia. Y según parece no es un proceder que haya usado solo y con la mayor desenvoltura el actual presidente de los EEUU, sino que también los nuestros han gastado tal actitud pero bajo una colorida variedad de tonalidades, que va desde la meliflua ambigüedad del «salvo alguna cosa» de Rajoy hasta la chulesca desfachatez del actual habitante de La Moncloa, muy a pesar de que sepamos todos —incluido ellos— lo torpe que resulta eso de «sostenella y no enmendalla».

A allá cada cuál con su proceder, pero por mera consideración a ustedes, que me conceden unos minutos de sus vidas leyendo este par de páginas, debo rectificar y, en este caso, lo más rápidamente posible. En mi anterior entrega, titulada «Entre el hombre-masa», afirmaba que don José Ortega y Gasset murió hace setenta y cinco años; no es cierto, fue hace setenta; en concreto, el 18 de octubre de 1955. Dos buenos amigos —uno de ellos hasta me comentaba en su advertencia que había asistido al entierro– me lo comunicaron de la forma más discreta, apenas leyeron mi estrepitoso resbalón. De inmediato, me invadió el bochorno y me propuse redactar estas líneas; no solo eso, ya puesto a pedirles disculpas, les confesaré también que otro muy buen amigo, hace unos meses, me indicó que el bosque caminante de Macbeth (1606) no es el de Birman —como también había escrito en el artículo titulado «A la luz de Shakespeare», publicado aquí, el pasado 8 de junio—, sino el de Birnam. Quizá se les antoje un leve error, y como el anterior, debido a mi apresurada lectura...Qué más da; lo importante —o al menos para servidor— es, contra los usos del momento, reconocerlo cuanto antes; desde luego, con el secreto afán de obtener su indulgencia.

Pero si estas enmiendas mías quedan entre nosotros, la de Bill Gates, por el contrario, ha desconcertado al mundo entero. En efecto; el poderosísimo autor de Cómo evitar un desastre climático (2021), se inclina ahora —según un comunicado divulgado el pasado 28 de octubre— por investigar otras formas de producir «energía limpia» menos costosas y por reducir el alarmismo; es más, afirma que «la perspectiva catastrofista hace que gran parte de la comunidad climática se concentre demasiado en los objetivos de emisiones a corto plazo [desviando] recursos de las cosas más eficaces que deberíamos estar haciendo». Y como remate añade: «la temperatura no es la mejor forma de medir nuestro progreso sobre el clima»; en fin, una tajante censura al vaticinio apocalíptico del «cambio climático», que Gates ha corroborado con su ausencia de la COP30 de este año, donde había figurado siempre como imprescindible.

Y, al margen de sus nuevos intereses económicos, ¿no sucederá queel señor Gates acumula sobre su mesa demasiadas pruebas no solo sobre los estropicios producidos por la doctrina del cambio climático, como de que, en tal fenómeno, no intervienen tan decisivamente los llamados gases de efecto invernadero producidos por la industrialización, sino otros colosales factores —las leves variaciones del eje del planeta, las tormentas solares, las erupciones volcánicas…— ajenos a la acción humana? Válganos como ejemplo que en época de Carlos III, Las Alpujarras permanecían, como mínimo, aisladas tres meses por la nieve, o que en la antigüedad, Mileto se alzaba sobre tres puertos y desde hace algunos siglos se halla a varios kilómetros de la costa; asombrosas alteraciones térmicas y geográficas donde no pudo intervenir la reciente contaminación industrial.

Con esto no pretendo que desistamos de nuestro empeño por conseguir procesos productivos exentos de polución, ni que nos abstengamos de incorporar disciplinados hábitos cotidianos contribuyentes a la preservación del medio; al contrario, debe ser una causa común de la humanidad, pero con el exacto ritmo marcado por la ciencia y sus eficaces aplicaciones técnicas, y en absoluto bajo el cerril trágala impuesto por un dogmatismo. Pues basta sopesar como implantaron desde los poderes un puñado de lemas más que conceptos —sostenibilidad, resiliencia, transición energética…—, por supuesto, tan vacuos como sojuzgadores, para percibir de inmediato como la preocupación por la conservación del planeta había devenido en un avasallador dogmatismo, ante el que no cabía sino doblar la cerviz so pena de ser acusado de negacionista. Y si sofocaron cualquier crítica, no pudieron con sus desastrosos resultados: graves daños a sectores industriales o la reciente y vergonzosa vuelta de Europa al consumo a todo meter de «combustibles fósiles», porque las fuentes renovables, por sus impredecibles alteraciones, no satisfacen la demanda energética. En cuanto a España; las avenidas intempestivas de aguas, o aquella interrupción general del flujo eléctrico, o los últimos y devastadores incendios constatan suficientemente sus mortíferos efectos.

No obstante; supongo que tras la rectificación de Gates, sumada a esos notorios fracasos donde sobresale señero el coche eléctrico, sosegará este furor climático hacia una vía más efectiva y práctica para la conservación del planeta. En cuanto a mi rectificación, al lado de la suya, se reduce a una atenta cortesía; hábito imprescindible ahora que los tiempos arrecian en su contra.

Artículo publicado por el "Imparcial" el lunes 10 de noviembre de 2025

*Gastón  Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.

 

Por Ricardo Gil Otaiza

Una autora enorme

Esta obra podría ser definida además como un libro de crónicas y, desde esta perspectiva, se pierde en los meandros de historias acaecidas, muchas veces (posiblemente) cotejables con la realidad, contadas desde la perspectiva propia de una autora

Todo un descubrimiento en mi carrera literaria ha sido la lectura de Los íntimos (Memoria del pan y las rosas), Anagrama 2024, de la autora española Marta Sanz. Hallo así a una escritora singular: precisa, contundente, conocedora de la naturaleza humana, desinhibida y a veces lenguaraz (y procaz), que nos lleva con fuerza por los territorios de la memoria literaria y libresca. En poco más de quinientas páginas, se pasea Sanz por diversos períodos de su historia literaria, que son al mismo tiempo los de la literatura hispanoamericana, que ella conoce en detalle por ser testigo (a veces protagonista en primera fila) del ir y venir de toda una generación de autores, que han marcado huella en las letras en ambas orillas.

Resulta difícil definir el género de la obra. De entrada, y como el subtítulo lo enuncia, es memorialístico, y desde lo más profundo del ser sanzgesiano, brotan en estas páginas un sinfín de recuerdos, anécdotas, experiencias (buenas y malas), éxitos y fracasos, así como todos aquellos sueños que ha acariciado, y la impulsan a seguir por el nada fácil derrotero de las letras. Hay también una denodada ensayística en estas páginas, y desde este género dilucida con agudeza e incisión las etapas vividas, los sinsabores hallados en el camino, la complejidad de un arte que no da tregua a la dinámica existencial, y la empuja por disímiles encrucijadas hasta hacer de sus protagonistas sujetos (y también objetos) de inusitados destinos.

Hallo además diarismo en este libro, lo que le permite relatar el día a día de episodios vividos en Cali (Colombia), cuando visitaba a aquel país en su permanente deambular planetario (a pesar de afirmar que no le gusta viajar); en su constante ir y venir por los caminos de la vida (que dicho sea de paso acercan la obra a los linderos del libro de viajes). Hay, qué duda cabe, narrativa, y con ella busca equilibrar los altibajos propios de una lectura que, muchas veces, se torna cuesta arriba (diría que sobran unas cien páginas en este libro), pero que no resta brillo a una obra que se abre ante el lector como un panóptico pluridimensional, fríamente hilado, tejido desde una astucia y un brillo que pocas veces observamos en la literatura contemporánea: sujeta, qué más da, a los dictámenes de una industria que pide “gancho” a más no poder, y que no siempre piensa en el hecho literario como una suerte de valor intangible (intelectual y espiritual), sino que se pierde en lo crematístico y en los senderos de lo meramente bursátil.

Esta obra podría ser definida además como un libro de crónicas y, desde esta perspectiva, se pierde en los meandros de historias acaecidas, muchas veces (posiblemente) cotejables con la realidad, contadas desde la perspectiva propia de una autora, que no requiere de ir a las fuentes para verificar los recuerdos y así poder contar con “propiedad” su verdad. Por cierto, no hay linealidad en estas páginas, Sanz brinca de aquí a allá y, desde su admirable destreza de narradora, logra hilvanar, conjuntar y aglutinar la lluvia de hechos que se pierde en el tiempo y en el espacio, y que el lector no se extravíe en sus densos entramados.

En cuanto al estilo de la autora, su prosa es honesta, directa y de enorme fuerza léxica, echa mano de oraciones cortas y contundentes, lo que le insufla rapidez y ritmo a lo contado. Se nota en falta el uso de las metáforas y de otras figuras retóricas (y en realidad no las necesita, al contar sus propios recuerdos y debido a las características y al conocimiento que tenemos los lectores de muchos de sus personajes, que son figuras públicas por todos admiradas), habla desde la primera persona del singular, lo que nos lleva a establecer con ella una suerte de intimidad, que la hace cercana, afable, horizontal y familiar. Hay énfasis en mucho de lo que cuenta, y esto mantiene en vilo al lector, quien a pesar de la extensión del libro (excesiva, ya lo expresé), avanza sin mayores tropiezos. La personalidad de Marta Sanz, seduce, encanta, nos lleva a sentirnos empáticos frente a las circunstancias vividas, al echar mano del autorreproche y la flagelación, que la llevan a reconocer sin más su finitud y sus propios límites, y ello la humaniza ante los ojos del lector, la hace reconocible e “igual”, y todo esto se agradece y valora.

Desfilan en estas páginas decenas de escritores y personajes de la cultura española y de América Latina, la mayoría de ellos conocidos e identificables para el común de los lectores, y esta precisa circunstancia hace de este libro una suerte de vitrina, en la que se transparenta un mundo reconocido y reconocible, entrañable y afable, que busca poner sobre la mesa toda una época de esplendor. La memoria de Sanz trae consigo a figuras como Javier Marías, Javier Cercas, Manuel Vilas, Sara Mesa, Almudena Grandes, Mario Vargas Llosa, Isaac Rosa, Jorge Herralde, Gabriel García Márquez, Héctor Abad Faciolince, Arturo Pérez Reverte, Juan Benet, y Rosa Régas, entre otros. Asimismo, entre idas y vueltas, nos cuenta acerca de la hechura de su obra, de los trasiegos en su conquista, de la huella que cada uno de estos libros ha dejado en su piel y en su espíritu: Black, black, black, Clavícula, Daniela Astor y la caja negra, La lección de anatomía, Farándula (Premio Herralde de Novela), Pequeñas mujeres rojas, y Persianas metálicas bajan de golpe (entre otros), se entretejen acá en una sutil red de afectos y de logros, de la que los lectores nos regocijamos y también nos hacemos cómplices, hasta caer rendidos y ganados frente a su atrevida propuesta literaria.

*Escritor y académico venezolano

rigilo99@gmail.com

 


 Por Gabriel Jiménez Emán







HISTORIAS

24 de agosto

Dizque hoy cumple años Borges, dicen por ahi, bueno pues, entonces refresco su memoria  con este  pequeño homenaje dónde recopilo textos suyos que el ha titulado HISTORIAS

Índice

Prólogo. Algunas célebres historias de Borges, por Gabriel Jiménez Emán, 

De Historia universal de la infamia

Un teólogo en la muerte,

La cámara de las estatuas,

Historia de los dos que soñaron,

El brujo postergado,

El espejo de tinta,

Un doble de Mahoma,

El enemigo generoso,

Del rigor en la ciencia,

El impostor inverosímil Tom Castro,

El asesino desinteresado Bill Harrigan,

Historia de la eternidad,

Historias de jinetes,

Historia del tango,

Historia del guerrero y de la cautiva,

Historia de los ecos de un nombre,

Historia de Rosendo Juárez,

Historia de la noche, 

Dossier. Dos textos sobre el arte de narrar,

El arte de contar historias,

El arte narrativo y la magia,

Prólogo  (Fragmento)

ALGUNAS CÉLEBRES HISTORIAS DE BORGES  

Existen interesantes peculiaridades en los dos libros que Jorge Luis Borges escribió, titulándolos con el común nombre de "Historia", y quizá no es casual que éstos se encuentren publicados sucesivamente. El primero, Historia universal de la infamia, en 1935, y al año siguiente Historia de la eternidad, en 1936, creo que con una clara intención de crear contrastes entre ellas. La primera de éstas peculiaridades reside en que, aún llamándose ambas "Historias", no poseen entre ellas similitudes temáticas: las historias a que eluden los textos, en Historia universal de la infamia, son ficciones, mientras que en Historia de la eternidad se trata de un solo ensayo que da título al libro, donde se revela una voluntad de historiar, cronológicamente, el concepto de eternidad en la tradición filosófica occidental. Los demás trabajos del libro son independientes, y poco tienen que ver con el ensayo principal. La tendencia de Borges a titular muchos libros suyos con el nombre de un solo cuento se produjo ante todo luego de la publicación de éste último; así, tenemos a El aleph, El libro de arena, El informe de Brodie y El hacedor, entre otros.

También, en muchos de sus libros de poesía observamos esta inclinación, aunque todo esto no pase de ser una observación puramente formal o secundaria.

Quizá lo resaltante en Historia universal de la infamia es su unidad de estructura narrativa, rasgo no muy visible en la mayoría de los libros de Borges, caracterizados por reunir trabajos heterogéneos (cuentos, ensayos y poemas), que pueden tomar sus nombres aleatoriamente de alguno de ellos. En el Prólogo a la primera edición (1945), Borges fija que ha escrito los textos que lo componen entre 1933 y 1934, desarrollando luego su peculiar entonación para los prefacios, donde cita lecturas, admite influencias, torpezas y enumera características, casi siempre en tono autocrítico. Resonancias de Chesterton, Stevenson, y aún de las películas de Joseph Von Sternberg son citadas, ampliado este tinte cinematográfico a su célebre cuento Hombre de la esquina rosada, en el que acusa un "propósito visual". Se halla en este brevísimo prólogo la conocida frase suya: "A veces creo

que los buenos lectores son cisnes aún más tenebrosos y singulares que los buenos autores".

Casi veinte años después, Borges llama a estas páginas "el irresponsable juego de un tímido que no se animó a escribir cuentos, y que se distrajo en falsear y tergiversar (sin justificación estética) ajenas historias", haciendo de paso un duro alegato contra el estilo barroco, lo cual hace notar en el título del volumen. Dice nada menos que "el barroco es aquel estilo que deliberadamente agota sus posibilidades y que linda con su propia caricatura". De no ser por el adverbio "deliberadamente", el barroco sería para Borges algo poco menos que execrable, además de constituir esa "etapa final de todo arte, cuando éste exhibe y dilapida sus medios", es decir, un estilo puramente intelectual. De todo ello se disculpa Borges, especialmente de "la infamia que aturde en el título", de su apariencia y de su "superficie de imágenes".

 Sirva todo ello para afirmar que los excesos de este libro no son precisamente barrocos; más bien corresponden al repertorio de historias exageradas de algunos personajes que crean en sí mismos actitudes infames o reprobables: un espantoso seductor, un impostor inverosímil, un asesino desinteresado, un proveedor de iniquidades, un incivil maestro de ceremonias, un tintorero enmascarado y una viuda pirata. En pocos libros suyos, Borges cumple un esquema narrativo tan unitario, al menos en el capítulo así titulado para el conjunto de historias de la primera parte; a saber, fragmentos breves donde se intenta precisar lugares, personajes, fenómenos o hechos para cada tipo o carácter.

 Valga citar el de uno solo a modo de ejemplo: para El impostor inverosímil Tom Castro tenemos los siguientes acápites "El idolatrado hombre muerto", "Las virtudes de la disparidad", "El encuentro", "El carruaje" y "El espectro", los cuales sirven de guías a las distintas secuencias del relato, o como diría Borges, "la seducción de la vida entera de un hombre en dos o tres escenas", donde revela el ya referido propósito visual tan propio del cine. Para los demás personajes, Borges cumple con un parámetro similar. Los citados filmes de Von Sternberg y sus procedimientos expresionistas, bien valdrían un estudio aparte. Por lo pronto, anotemos que esta peculiaridad es básica en el momento de acercarse a los textos de Borges donde privan las referencias a las técnicas fílmicas, como la ya citada en Hombre de la esquina rosada.

En mi ensayo Borges y el cine he rozado algunos puntos de la relación del autor con el mundo cinematográfico, a partir de un trabajo titulado Films, que éste incluyó en su libro Discusión (1932). Mi trabajo puede leerse en el libro Espectros del cine (1999).

*Es escritor, narrador, poeta, ensayista, compilador y traductor venezolano, destacando más en el ámbito de la narrativa y la poética, la cual ha sido traducida a varios  idiomas  y recogida en antologías latinoamericanas y europeas.

 

Por Myriam García-Grande Carromero

El mal gusto de morirse

Hace mucho tiempo en ese lugar llamado Iberia un señor bajito se moría. El sujeto estaba por no llevarle la contraria a la parca, más que nada porque llevaba una vida de mierda, pero el resto de los vivos que usufructuaban del status que no estaban por la labor.

Desde que tuvo la mala idea de clavarse en un sillón para ver un mundial de fútbol, lo suyo iba de mal en peor.

Que si flebitis, que si las heridas de guerrero en el bajo vientre, que si Parkinson, candiditis, insuficiencia coronaria… y otra larga lista hasta que una sepsis se lo llevó por delante.

En los últimos días de su mala muerte se convirtió en una fuente de fluidos que los derrochaba tiñendo de rojo tapices, alfombras y resto de mobiliario.

Ni aún con estas muestras evidentes de sufrimiento pararon las torturas. Fue intervenido a vida y muerte en tres ocasiones en el último mes de su no fallecimiento.

Su cuerpo fue envuelto en una alfombra que chorreaba sangre para operarlo en un botiquín de pueblo.

Se le extrajo el estómago y once ulceras sangrantes. Se le sometió a una bajada de temperatura y consumo basal para mantener el corazón latiendo. O para mantener la esperanza a un régimen muerto.

Ni todas esas atrocidades pudieron salvar al dictador de la hora temida.

Su muerte fue una gran mentira a la vida. Incluso la fecha real fue trucada por unas horas para seguir la lírica del régimen y sus símbolos.

Muchos han dicho que fue una lástima que muriera en la cama. No sé qué decir porque murió en una cama de hospital troceado como un gorrino.

En esas últimas horas de lucidez no sé si le dio tiempo a arrepentirse de sus ejecuciones, torturas y sometimiento de un pueblo a la voluntad de un montón de viejos mitómanos.

A lo mejor solo recordó las películas de su amada manchega, las marchas militares que escuchó con su médico para vencer el sedentarismo o el sueño que nunca alcanzó: ser eterno sin sufrir.

Este mes y este año se cumple el cincuenta aniversario de una práctica antihumana: mantener vivo a toda costa a un muerto.

*Myriam García-Grande Carromero, es escritora de ficción y novelista

 


Madrid.—11 de noviembre de 2025

 

XVII Festival Sui Generis Madrid

Del 13 al 16 de noviembre en Casa del Lector (Matadero)

"Sankofa" (detalle). Imagen del XVII Festival Sui Generis Madrid creada por BillyPhobia
 © Besarilia 2025

El XVII Festival Sui Generis Madrid está consagrado a la memoria, la imaginación y la disidencia. Junto a nuestros temas habituales, exploramos otros como la raza y la diáspora, la dictadura y la represión, el sincretismo religioso, o el colonialismo y la migración en los géneros especulativos. Un plan resumido en un lema que os invitamos a recitar como un mantra de supervivencia: "Futuros rotos, pasados vivos".

Programa XVII Festival Sui Generis Madrid

Del jueves 13 al domingo 16 de noviembre

Casa del Lector (Matadero)

Acceso por Paseo de la Chopera, 14.

Jueves 13 de noviembre

10:45 - 11:00 h.

La Nube, Casa del Lector (planta inferior)

Presentación del Encuentro de Editores a cargo de la Asociación Cultural Besarilia y la Asociación de Editores de Madrid.

11:00 - 12:00 h.

La Nube, Casa del Lector (planta inferior)

"Publicar terror en la contemporaneidad". Diálogo entre Fernando Navarro, escritor y guionista, y Enrique Redel, editor de Impedimenta. Más sobre el Encuentro de Editores.

11:00 - 12:15 h.

Saint Ignacio Hall Auditorium, SLU-Madrid

"Using fantastic literature as a critical thinking tool" (Broken futures, alive pasts). Round table with authors Fonda Lee and P. Djèlí Clark (USA). Exclusive event for Saint Louis University-Madrid students. Read more.

 12:00 - 13:00 h.

La Nube, Casa del Lector (planta inferior)

"El pulp nunca muere", a cargo del autor y editor Javier Alcázar (Albo&Zarco) y del ilustrador Fernando Vicente. Más sobre el Encuentro de Editores.

12:30 - 13:45 h.

Aula por confirmar, SLU-Madrid

Creative Writing Meeting / Coffee with students. Exclusive event for Saint Louis University-Madrid students. Read more.

13:00 - 14:00 h.

La Nube, Casa del Lector (planta inferior)

"El relato especulativo entre la apuesta independiente y la resistencia comercial". Mesa redonda con el escritor Ángel Luis Sucasas, los editores José Luis del Río (Apache Libros) y Ángel Luis Fernández (Jot Down Magazine), y la escritora Marjorie Eljach. Más sobre el Encuentro de Editores.

16:30 - 18:00 h.

La Nube, Casa del Lector (planta inferior)

"1001 aventuras en la punta de tu bolígrafo: Taller para empezar a escribir novelas de fantasía (y que una editorial te publique)". A cargo del escritor R. G. Wittener y Cicely Editorial. Próximamente más información del taller. Más información sobre este taller. Más sobre el Encuentro de Editores.

18:00 - 19:00 h.

La Nube, Casa del Lector (planta inferior)

"La ciencia ficción como herramienta crítica política", con los escritores Dioni Arroyo Merino y Ramón San Miguel. Modera José Luis del Río (Apache Libros). Más sobre el Encuentro de Editores.

19:00 - 20:30 h.

La Nube, Casa del Lector (planta inferior)

Preguntas abiertas del público a autores internacionales, con invitados al XVII Festival Sui Generis Madrid: Luciano Lamberti (Argentina), Fonda Lee y P. Djèlí Clark (Estados Unidos), y Gabino Iglesias (Puerto Rico). Más sobre el Encuentro de Editores.

 Continuar con la programación en este enlace

https://www.suigenerismadrid.com/



Santa Cruz de Tenerife.-11 de noviembre de 2025

La publicación editada por el Gobierno de Canarias se presenta el miércoles 12, a las 18.30, en el Círculo de Bellas Artes de Tenerife

La marca Discos Manzana marcó una época imborrable en la memoria de varias generaciones de Canarias, especialmente de Tenerife. La historia de la mítica empresa discográfica es tan intensa que da para mucho. Por eso, el Gobierno de Canarias ha querido apoyar la edición de un libro que, bajo el título ‘Y en eso llegó Manzana’, se cuenta su trayectoria en una publicación llena de recuerdos, fotografías, testimonios y anécdotas, escrita y coordinada por Alberto J. González Segura.

Una edición de 272 páginas, con prólogo de José Manuel Pérez Lorenzo e introducciones de los periodistas Carmelo Rivero y Juan Cruz Ruiz, que será presentada el miércoles 12 de noviembre, a las 18.30 horas, en un acto que tendrá lugar en el Círculo de Bellas Artes de la capital tinerfeña, con entrada libre hasta completar aforo.

La presentación contará con la intervención de Cristóbal de la Rosa, director general de Innovación Cultural e Industrias Creativas del Gobierno de Canarias, y con los principales protagonistas de su historia, Alberto y Javier Segura, que prometen dar alguna que otra sorpresa para conmemorar los 50 años del grupo, con el periodista Carmelo Rivero como maestro de ceremonias.

El libro, en formato de tapa dura, ha sido editado por el área de Cultura del Gobierno, a través del Instituto Canario de Desarrollo Cultural (ICDC), y estará a disposición del público em las bibliotecas públicas, así como en varias librerías de las islas. Asimismo, al término del acto de presentación sus autores se desplazarán a su actual tienda de vinilos y vintage ‘El Cinematógrafo’, localizada en la cercana plaza del Chicharro, para la firma de ejemplares.

Discos Manzana fue un negocio mítico. Abrió sus puertas en La Laguna, en septiembre de 1975, por lo que la publicación viene a coincidir con los 50 años de su fundación. Durante casi tres décadas revolucionó la música en Canarias. Llegó a tener 25 locales de venta de discos y un sello discográfico propio con los que editó los mayores y mejores éxitos de múltiples grupos.

La publicación recoge infinidad de imágenes míticas, anécdotas y testimonios de una época irrepetible de la música y sirve de homenaje a una experiencia que muchos denominan “extraordinaria”. Alberto Segura, ideólogo, junto a su hermano Javier, del grupo Manzana, describe en estas páginas cómo fueron los inicios, con referencias a muchas de las personas con las que, de una manera y otra, le acompañaron en el camino.

También cuenta la fuerte huella que supuso el cierre del grupo en 2002, una experiencia que “con la perspectiva de los años creí oportuno mostrarla, no solo para el recuerdo, sino para la constancia de un posible legado a nuevas generaciones, que caminan por un mundo que nada tiene que ver con el que se vivió en aquellos años dorados de los ochenta, incluso los noventa”.



Madrid.- 11 de noviembre de 2025

Izda.Samir Delgado y Joaquín Pérez  

Samir Delgado, autor del libro ALONSO QUESADA. La Irremediable Temperatura Universal

Con motivo del centenario de Alonso Quesada en Madrid desde 1925-2025, el pasado 3 de noviembre, el libro ALONSO QUESADA. La irremediable temperatura universal, del autor  canario Samir Delgado, se presentó en la Delegación del Gobierno Canario en Madrid, con la apertura de Rosa María Aguilar, delegada de esta institución, intervino también el escritor Joaquín Pérez Azaústre, locutor del reconocido podcast 'No eran molinos' de RNE, que obtuvo el Premio Nacional de Fomento de la Lectura.

‘Alonso Quesada: la irremediable temperatura universal’, una obra que profundiza en la vida, el contexto y la creación literaria del autor homenajeado en el Día de las Letras Canarias 2025. El libro se ha presentado en varios lugares de Canarias, entre ellas, la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, con la participación de Beatriz Morales, y en la Biblioteca Pública del Estado en Santa Cruz de Tenerife, acompañado por Ramiro Rosón Mesa.

El libro ha sido publicado en 2025, por el Gobierno de Canarias.

 


Madrid.- 03 de noviembre de 2025


Del 6 al 9 de noviembre

I Festival de Novela de Aventuras en el Centro Cultural Sanchinarro-Hispanidad


El I Festival de Novela de Aventuras (Centro Cultural Sanchinarro-Hispanidad, Madrid) arrancará el jueves 6 de noviembre de la mano de Tritoma y Literocio. Será la inauguración a las 19 h con la mesa literaria ¡Al abordaje! Piratas de la Isla del Tesoro, mujeres piratas y una princesa prometida, en la que participarán el poeta Luis Alberto de Cuenca, reciente Premio José Luis Sampedro, el novelista Lorenzo Silva, que cuenta en su haber con el cuento Mis viajes con papá (Bruño) y la adaptación juvenil de La isla del tesoro de Robert Louis Stevenson (Destino);  y Claudia Casanova, directora editorial de Ático de los Libros, responsable de la publicación en España de La princesa prometida de William Goldman y de Como desees del actor Cary Elwes.

Fernando Vicente,autor del cartel

Continuará la siguiente jornada del viernes 7 de noviembre, a las 19 h, con la mesa redonda peterpaniana, de libros y cine, ¡Todo recto hasta el amanecer! en la que participarán la poeta, novelista y ensayista Noemí Trujillo, autora de La maternidad era eso (Destino); y el catedrático Antonio Sánchez-Escalonilla, autor de la serie juvenil de fantasía de aventuras protagonizada por Paty Centella (Palabra). Los expertos hablarán del pirata Garfio, Peter Pan y Wendy en la obra de James Matthew Barrie, y de infancia, nostalgia del paraíso perdido y maternidad, entre otros temas.

La última mesa redonda, el sábado 8 de noviembre, a las 12 h, se dedicará a la literatura infantil y juvenil con la participación de la escritora Ana Alcolea (premio Cervantes Chico 2016 y Premio de las Letras Aragonesas 2019) y el ilustrador David Guirao (premio Artes y Letras LIJ 2016). Charlarán de libros que han publicado (Anaya) como El pirata de Alcolea, la adaptación de La vuelta al mundo en 80 días de Julio Verne que ilustró David Guirao, y sus obras conjuntas como El maravilloso mundo de los libros.

Habrá venta y firma de ejemplares de los autores participantes en los distintos coloquios literarios del festival, que serán gratuitos, de libre acceso hasta completar aforo.

La jornada del sábado concluirá a las 18 h, con la adaptación de La isla del tesoro de Robert Louis Stevenson por la compañía de teatro infantil La Maquineta, cuyas entradas ya se encuentran a la venta.

Homenajes a C.S. Lewis y Tolkien

Durante todas las mesas redondas, pero especialmente en la última, se recordará la figura del escritor C.S. Lewis, por ser noviembre el mes de su nacimiento y fallecimiento (1898-1963). Especialmente en la matinal de sábado dedicada a la LIJ, se celebrará la nueva publicación de Las crónicas de Narnia por HarperCollins Ibérica, que también estarán a la venta.

Asimismo J.R.R. Tolkien tendrá su espacio, el domingo 9 de noviembre, a las 12 h, gracias al concierto teatralizado de clausura de El Fuego Secreto que sumergirá al público en el mundo mitológico tolkieniano, a través de las melodías y atmósferas inspiradas en la Tierra Media. Una experiencia inmersiva donde la música, la narración y la interpretación se combinarán para evocar la magia, el heroísmo y la belleza de los relatos de Tolkien. Con esta propuesta, Endor Lindë invitará a conectar la literatura y la música, despertando la imaginación y acercando el universo de Tolkien a espectadores de todas las edades, y las entradas ya se encuentran a la venta.

Toda la programación del festival, información sobre venta de entradas de la obra de teatro y el concierto, y eventos gratuitos en: noveladeaventurasmadrid.es


Madrid.- 05 de noviembre de 2025

Con motivo de la reciente presentación del libro: Alonso Quesada. La Irremediable Temperatura Universal, del escritor-poeta Samir Delgado, en la Delegación del Gobierno de Canarias en Madrid, el  día 3 de noviembre.

 

Imagen del poema y la fotografía inédita localizada del primer ejemplar de
'El lino de los sueños' que está en Alicante.
 CORTESÍA DEL ARCHIVO SÁNCHEZ MONLLOR


"El sueño se hizo pan entre tus manos"

El archivo Sánchez Monllor de Alicante atesora una primera edición del poemario 'El lino de los sueños', aquel volumen prologado por Unamuno que representó el estreno lírico del poeta grancanario Rafael Romero Quesada. Publicado en 1915, con el apoyo infinito de su amigo Luis Doreste Silva desde Madrid, tuvo una cuidada edición patrocinada por Luis García Bilbao, a quien dedicará Alonso Quesada sus versos en varias ocasiones. El ejemplar del libro quesadiano ha permanecido entre el patrimonio de la familia de Gabriel Miró, el destinatario de una correspondencia vital y cuyas cartas firmadas por Alonso Quesada desaparecieron tras la trágica muerte de Félix Delgado en la Barcelona de 1936. Las cartas entre ambos autores representaban el diálogo crucial entre el Mediterráneo y el Atlántico, nunca llegaron las cartas a José Bergamín que tenía previsto publicarlas una década después de la muerte del poeta, fallecido un 4 de noviembre de 1925, en Santa Brígida.

En el libro de Alonso Quesada, aparece una dedicatoria a Clemencia Miró, junto al retrato del poeta canario, y en su interior de modo sorpresivo ha aparecido una fotografía inédita de Rafael Romero junto a su esposa Rita Suárez y la pequeña Amalia. Una imagen inédita de la joven pareja que emprendía su nueva vida con ilusión, aunque la enfermedad de la tuberculosis sería protagonista en la agonía final del escritor modernista. Años atrás había fallecido Tomás Morales, el poeta médico, Quesada dedicó a su amigo nuevos versos y la publicación de las obras teatrales habían tenido un capítulo esencial en la escritura quesadiana. Agaete y Teror fueron un escenario vital del escritor y sus últimos días transcurrieron en Santa Brígida, el poemario 'Los caminos dispersos' quedó finalista del Premio Nacional de Poesía, resultando ganador Rafael Alberti con su 'Marinero en tierra'. No vería la luz hasta 1944, en edición del Gabinete Literario de Las Palmas.

Los dos libros de poesía de Alonso Quesada se han significado como un eslabón imprescindible para comprender el desarrollo de las poéticas de la modernidad insular, justo en el umbral histórico de la efervescencia de las vanguardias. Junto a la fotografía inédita se encontraban unos versos manuscritos dentro del libro del archivo alicantino, un poema inédito no aparecido en libro que muestra el sentir del poeta Alonso Quesada en aquellos momentos, como cuenta Gabriel Miró en sus cartas, la pequeña Clemencia Miró había convertido 'El lino de los sueños' en uno de sus libros favoritos, el autor grancanario remitió fotos, versos, confesiones, incluso un huacal de plátanos para su amigo alicantino, exponente singular de la novela española, con su personaje paradigmático, Sigüenza, cuyas andanzas por la cartografía mediterránea representaban el auge de la nueva sensibilidad.

Los poetas de la generación del 27, en la conocida reunión fundacional de la cita sevillana en homenaje a Góngora, remitieron una postal firmada por sus integrantes a Gabriel Miró, ahí estaban Federico García Lorca, Alberti, Jorge Guillén, Luis Cernuda, una constelación de voces que tendrían en sus libros el gran capítulo de la poesía española en años previos a la II República. Quesada murió en 1925, acompañado en su lecho de muerte por el gran amigo Saulo Torón, su obra literaria ha vuelto a ser noticia en fechas recientes por la edición en la prestigiosa Visor de un volumen de poesía reunida al cuidado de Andrés Sánchez Robayna. Además de la aparición del 'Poema truncado de Madrid' en la editorial sevillana Renacimiento, un hito que ha llevado a que la obra quesadiana cobre plena actualidad.

En estos días, el escritor Joaquín Pérez Azaustre, locutor del reconocido podcast 'No eran molinos' de RNE, que obtuvo el Premio Nacional de Fomento de la Lectura, dedicó un nuevo programa al escritor Alonso Quesada, varias reseñas nacionales se han publicado sobre el autor y en el libro 'Alonso Quesada, la irremediable temperatura universal' publicado por el Gobierno de Canarias, se ha incluido un amplio ensayo sobre la vida, obra y legado de Alonso Quesada. Entre los autores de mayor influjo que han trasladado en su quehacer poético la estela del poeta insular, figuran Lázaro Santana como artífice del rescate de la obra literaria de Rafael Romero, así como Manuel Padorno, quien dedicó multitud de poemas y textos al oficinista del banco inglés.

El poema inédito de Alonso Quesada se suma a nuevas cartas que han visto la luz, sus libros traducidos a varios idiomas y la publicación de nuevas piezas teatrales han sido logros impulsados por el Cabildo de Gran Canaria, en un año marcado por el centenario luctuoso de uno de los escritores más singulares de las letras atlánticas. Numerosos críticos han dedicado su mirada a Alonso Quesada: María Rosa Alonso, Ventura Doreste, Oswaldo Guerra Sánchez, Yolanda Arencibia, Jorge Rodríguez Padrón. Y la herencia de la obra de Rafael Romero se ha diseminado entre sus libros de prosa y verso, configurando su legado una de las referencias de mayor trascendencia para la futura historia de la literatura de todas las islas del mundo.

Como dicen su último verso inédito hasta la fecha en una página del libro 'El lino de los sueños', dedicado a Clemencia Miró: «el sueño se hizo pan entre tus manos».

Fuente:https://www.canarias7.es/cultura/libros/samir-delgado-sueno-hizo-pan-tus-manos-20251105124815-nt.html



Madrid.—05 de noviembre de 2025

 

XVII Festival Sui Generis Madrid

Del 13 al 16 de noviembre en Casa del Lector (Matadero)

"Sankofa" (detalle). Imagen del XVII Festival Sui Generis Madrid creada por BillyPhobia
 © Besarilia 2025
El XVII Festival Sui Generis Madrid está consagrado a la memoria, la imaginación y la disidencia. Junto a nuestros temas habituales, exploramos otros como la raza y la diáspora, la dictadura y la represión, el sincretismo religioso, o el colonialismo y la migración en los géneros especulativos. Un plan resumido en un lema que os invitamos a recitar como un mantra de supervivencia: "Futuros rotos, pasados vivos".

Programa XVII Festival Sui Generis Madrid

Del jueves 13 al domingo 16 de noviembre

Casa del Lector (Matadero)

Acceso por Paseo de la Chopera, 14.

Jueves 13 de noviembre

10:45 - 11:00 h.

La Nube, Casa del Lector (planta inferior)

Presentación del Encuentro de Editores a cargo de la Asociación Cultural Besarilia y la Asociación de Editores de Madrid.

11:00 - 12:00 h.

La Nube, Casa del Lector (planta inferior)

"Publicar terror en la contemporaneidad". Diálogo entre Fernando Navarro, escritor y guionista, y Enrique Redel, editor de Impedimenta. Más sobre el Encuentro de Editores.

11:00 - 12:15 h.

Saint Ignacio Hall Auditorium, SLU-Madrid

"Using fantastic literature as a critical thinking tool" (Broken futures, alive pasts). Round table with authors Fonda Lee and P. Djèlí Clark (USA). Exclusive event for Saint Louis University-Madrid students. Read more.

 12:00 - 13:00 h.

La Nube, Casa del Lector (planta inferior)

"El pulp nunca muere", a cargo del autor y editor Javier Alcázar (Albo&Zarco) y del ilustrador Fernando Vicente. Más sobre el Encuentro de Editores.

12:30 - 13:45 h.

Aula por confirmar, SLU-Madrid

Creative Writing Meeting / Coffee with students. Exclusive event for Saint Louis University-Madrid students. Read more.

13:00 - 14:00 h.

La Nube, Casa del Lector (planta inferior)

"El relato especulativo entre la apuesta independiente y la resistencia comercial". Mesa redonda con el escritor Ángel Luis Sucasas, los editores José Luis del Río (Apache Libros) y Ángel Luis Fernández (Jot Down Magazine), y la escritora Marjorie Eljach. Más sobre el Encuentro de Editores.

16:30 - 18:00 h.

La Nube, Casa del Lector (planta inferior)

"1001 aventuras en la punta de tu bolígrafo: Taller para empezar a escribir novelas de fantasía (y que una editorial te publique)". A cargo del escritor R. G. Wittener y Cicely Editorial. Próximamente más información del taller. Más información sobre este taller. Más sobre el Encuentro de Editores.

18:00 - 19:00 h.

La Nube, Casa del Lector (planta inferior)

"La ciencia ficción como herramienta crítica política", con los escritores Dioni Arroyo Merino y Ramón San Miguel. Modera José Luis del Río (Apache Libros). Más sobre el Encuentro de Editores.

19:00 - 20:30 h.

La Nube, Casa del Lector (planta inferior)

Preguntas abiertas del público a autores internacionales, con invitados al XVII Festival Sui Generis Madrid: Luciano Lamberti (Argentina), Fonda Lee y P. Djèlí Clark (Estados Unidos), y Gabino Iglesias (Puerto Rico). Más sobre el Encuentro de Editores.

 Continuar con la programación en este enlace

https://www.suigenerismadrid.com/


Canarias-La Gomera

 

El Cabildo acoge este martes la presentación del libro ‘El viaje de las momias canarias’

Esta obra colectiva profundiza en el recorrido histórico de las momias canarias y su expolio a lo largo de los siglos

El próximo martes, 4 de noviembre, el Salón de Plenos del Cabildo, a partir de las 19:00 horas, será escenario de la presentación del libro ‘El viaje de las momias canarias’, una obra colectiva que profundiza en el recorrido histórico de las momias canarias y su expolio a lo largo de los siglos. La presentación contará con la presencia de los autores y colaboradores, y estará abierta al público hasta completar aforo.

Coordinado por el catedrático de Arqueología y Premio Canarias, Antonio Tejera Gaspar, el libro ha sido fruto de un riguroso trabajo de investigación desarrollado durante tres años por un equipo multidisciplinar de especialistas integrado por Ángel Ignacio Eff-Darwich Peña, Dolores Delgado Miranda, Nathalie Le Brun, Pedro Luis Pérez de Paz, Manuel Fariña González, Daniel García Pulido, Daniel Méndez Rodríguez y Pedro Fernández Goicochea.

La publicación se estructura en dos partes principales. La primera analiza las técnicas de embalsamamiento utilizadas en las momias de Tenerife, Gran Canaria y La Palma, así como el expolio histórico al que fueron sometidas, motivado por el interés de coleccionistas y gabinetes científicos europeos de los siglos XVIII y XIX.

La segunda parte documenta el viaje y la localización actual de momias procedentes de Canarias que fueron trasladadas a Madrid, Guipúzcoa, Alemania, Argentina, Austria, Canadá, Cuba, Dinamarca, Francia, Holanda, Inglaterra, Rusia y Suiza, algunas de las cuales se encontraban hasta ahora sin una ubicación conocida.

‘El viaje de las momias canarias’ destaca por su rigurosidad documental y su amplitud de contenidos. Con un total de 328 páginas, la obra incluye numerosas fotografías, anexos e índices temáticos que permiten una lectura dinámica y flexible, invitando al lector a adentrarse en cualquiera de sus más de veinte capítulos o cincuenta epígrafes.

Para su elaboración se han consultado miles de documentos históricos, más de 400 libros y las principales bibliotecas digitales del mundo, incorporando más de 530 citas bibliográficas que en su mayoría permanecían inéditas. Además, el proyecto ha contado con la colaboración de personal científico de más de treinta universidades y museos internacionales, un esfuerzo conjunto que ha permitido documentar la salida de cerca de cincuenta momias canarias actualmente conservadas fuera del archipiélago.

La publicación ha sido posible gracias al respaldo del Gobierno de Canarias, a través de la Dirección General de Cultura y Patrimonio Cultural, así como a la implicación de los Cabildos de Tenerife, Gran Canaria, La Palma, La Gomera y El Hierro, más de treinta ayuntamientos del Archipiélago, y la Fundación Canaria Cajasiete - Pedro Modesto Campos.

‘El viaje de las momias canarias’ constituye una aportación fundamental al conocimiento y la preservación del patrimonio arqueológico y antropológico de las Islas, y supone un homenaje a la memoria histórica de los antiguos pobladores canarios, así como una llamada a la reflexión sobre la necesidad de proteger y recuperar los testimonios materiales de nuestro pasado.

 

 

Madrid.- 31 de octubre de 2025

 

Del 11 al 26 de nov.  Madrid y del 26 al 30 de nov. Málaga


eñe

Festival internacional de literatura y creación

                                        Placer, una reivindicación subversiva.

Eñe celebra el deseo, la belleza y la emoción como formas de resistencia.

Literatura, arte, música, cine y pensamiento se unen en una gran fiesta del placer sin culpa.

Eñe. Festival internacional de literatura y creación es la gran cita de la literatura en español. Cada otoño, Madrid y Málaga se convierten en escenarios de creatividad, encuentro y celebración, con más de 100 actividades gratuitas que reúnen a escritores, editores y miles de lectores apasionados.


Premios Festival Eñe 2025

El Festival Eñe celebra la palabra en todas sus edades.

El gran hispanista Ian Gibson, maestro de la biografía y la memoria cultural, recibe el Premio Eñe 2025 por una vida dedicada a iluminar nuestras letras.

La poeta Andrea Abello, autora de Duende, obtiene el Premio Festival Eñe – Fundación Antonio Gala 2025 por una voz nueva que emociona y renueva la mirada sobre el mundo.

Con el apoyo de la Fundación Belondrade Arte y Vino y la Fundación Antonio Gala.



El festival se celebra en más de 30 sedes emblemáticas de Madrid y Málaga, como: Círculo de Bellas Artes, Museo del Prado, Teatro de la Abadía, Instituto Cervantes, Real Academia Española, Centro Cultural Generación del 27, La Térmica, Biblioteca Nacional de España, Ateneo de Madrid, Biblioteca Regional de Madrid Joaquín Leguina, Fundación Ortega-Marañón, Casa de América, Librerías de Madrid.

Más de 20 días de actividades culturales de acceso gratuito para disfrutar de la literatura en todas sus formas.

Portugal, país invitado

En el marco de la Programación Conjunta Portugal–España: 50 años de Cultura y Democracia

Portugal es el país invitado del Festival Eñe 2025, una edición que celebra la riqueza y diversidad de la literatura en lengua portuguesa y su proyección internacional. A lo largo de diferentes encuentros, autores y artistas portugueses dialogarán con creadores españoles e iberoamericanos para explorar los vínculos que unen nuestras lenguas, historias y sensibilidades.

 


Madrid.- 29 de octubre de 2025

 Por Gastón Segura

Entre el hombre-masa

Hace poco más de una semana se cumplió el septuagésimo quinto aniversario del fallecimiento de Ortega y Gasset en su último domicilio madrileño de la calle Monte Esquinza. Lo supe por una «tercera» de Andreu Jaume en ABC, mientras ningún otro de los grandes diarios de la capital daba la menor cuenta del mismo; ¿y acaso no hubiese merecido al menos un par de páginas, si no ya una conmemoración institucional? Por descontado; pues para calibrar lo desidioso de este olvido, basta con un vistazo a su portentosa labor como editor, donde sobresalen las todavía vivas Espasa-Calpe o Revista de Occidente, sin olvidar otras muy estimables cabeceras fenecidas, como el semanario España o el diario El Sol y sus continuadores durante la II República, Crisol y Luz; puñado de publicaciones donde Ortega y Gasset cobró una envergadura social y política señera en aquella España del primer tercio del siglo pasado.

Su empeño por europeizar —o sea, por modernizar e higienizar— las mentalidades nacionales comenzó sobre 1907, apenas vuelto de Alemania y en compañía de Gabriel Maura, con un intento por reformar el esclerotizado liberalismo del momento hacia una nueva concepción donde cupiesen algunas notables reivindicaciones —hoy incorporadas a nuestro acontecer— de la socialdemocracia alemana. No hubo manera; y don José hasta rompió con el diario de su familia, este mismo Imparcial —el más importante del país en aquellos días—, y acometió sucesivamente las ya mencionadas iniciativas editoriales —algunas con el sólido apoyo del empresario papelero Nicolás María de Urgoiti—, a la par que también empresas de un sesgo declaradamente didáctico —según los postulados de la Institución Libre de Enseñanza de la que era tan deudor—, como su pródiga participación en la recién nacida Residencia de Estudiantes o la fundación, en 1913, de la Liga de Educación Política Española, donde se integraron personajes decisivos en el inmediato discurrir del país, como Manuel Azaña, o Luis Araquistáin, o Fernando de los Ríos... En cuanto a su paso por la política activa, tras una distinguida adscripción al Partido Reformista, de Melquiades Álvarez, cobrará todo su empuje con la Asociación al Servicio de la República, que le procuró un escaño durante las cortes constituyentes de 1931 y también un inmediato y amargo desengaño, como testimonia su celebre artículo «Un aldabonazo», de 9 septiembre de 1931, en las páginas de Crisol. Y aunque nunca abandonase su defensa del régimen republicano, desde febrero de 1932 se abstuvo de cualquier intervención hasta la guerra, cuando emprendió un temprano y cauteloso exilio, con la consiguiente animadversión de ambos bandos, y cuyo agrio resultado fue la postergación de todo reconocimiento oficial y aun de cualquier empleo estatal a su regreso, durante el verano de 1945.

Entre tanto, desde su cátedra de Metafísica había forjado la llamada Escuela de Madrid de filosofía (Zambrano, Zubiri, García Morente, Gaos…) y, sobre todo, un impulso admirable: refundar esta disciplina, raquitizada desde el Renacimiento, en el solar y en la lengua hispana. Lo prodigioso —y en parte disipador— es que no lo hizo solo desde las aulas de la Central, sino también y constantemente desde esas mismas publicaciones mencionadas antes y con un decir distante del críptico academicismo, pues trasladó su lectura de la fenomenología —conocida durante su viaje de 1911 a Alemania— a un español llano, salpicado de iluminadoras metáforas y, solo en ocasiones, remontado por cultismos y casticismos oportunos. Es decir; don José impartía la más reciente y radical gnoseología al alcance de cualquier entendimiento; de ahí que su recordadísimo «yo soy yo y mis circunstancias» no sea sino una atinada anticipación —con las precisiones oportunas— del cáustico dasein heideggeriano.

Pero si hay parcelas de su pensamiento de una vigencia, a mi parecer, indudable, son su indagación sobre la técnica y su concepto de hombre-masa, que en esta era digital, como en su obra, se nos presentan indiscerniblemente ligadas. ¿O acaso no estamos rodeados de ese hombre-masa —o casi abocados a serlo—; de ese «niño mimado» ansioso de todo y «con derecho a todo», inconsciente de que su «circunstancia» es el producto de un esfuerzo técnico milenario para vencer la necesidad? Ese desfachatado olvido incubaría una brutalidad, por su molicie y su avaricia, finiquitadora de nuestra civilización. Pensamiento expuesto primero en La rebelión de las masas (1930) y completado en su curso «Meditación de la técnica» (1933), donde Ortega, desde la anterior conclusión, tacha también a la técnica de déspota ignorante de su origen: la perseverancia científica; ese anhelo de «verdad».

Y aunque Ortega afirmase lo distante que se hallaba del pensador de la Selva Negra durante las conferencias de Darmstadt, de agosto de 1951, estas conjeturas nos suscitan demasiado a la «existencia inauténtica» y a la «consumación de la metafísica en la tecnología», de Martin Heidegger; empero, por la sencillez orteguiana nos desvelan hoy y más nítidamente nuestra subyugación a este presente digital, que no es solo una vacua y cambiante representación del mundo, sino también una clausura del ingenio donde aquel hombre-egregio, que reclamaba don José como reacción al hombre-masa, exige de un extenuante esfuerzo heroico; en fin, de un vivir alejado de los «páramos del mundo», como señaló Heidegger en sus últimas obras.

¿Y no merecía quién apuntó, hace casi un siglo, reflexiones tan palpitantes, al menos un recuerdo, cuando la semana pasada se cumplió el septuagésimo quinto aniversario de su fallecimiento? Claro que pudiera suceder que tan desmerecido silencio solo indicase nuestra definitiva inmersión entre el hombre-masa.

Artículo publicado por el "Imparcial" el domingo 26 de octubre de 2025

*Gastón  Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura. 

 

Por Ricardo Gil Otaiza

La cultura como industria

En lo particular, prefiero pensar que el lector no es un cliente (hay quienes me apoyan conceptualmente en esta percepción, sobre todo los románticos, amantes de la literatura y de las artes en general)

Décadas atrás, las artes y las letras (que no entiendo por qué las separan, si las letras son una forma de arte) eran parte de un oficio artesanal: erigidas desde la paciencia de quien se entregaba por completo a construir una obra en solitario, y, que una vez concluida, podía permanecer en un estudio, taller o despacho un tiempo indefinido, hasta que ocurriese el “milagro” del descubrimiento, que la diera a conocer al mundo. Pero podía ocurrir el no-descubrimiento (dado en montones de artistas, que hoy son tomados como clásicos), y la obra quedaba olvidada y era el azar el que se encargaba del antes y el después. El gran pintor neerlandés Vincent van Gogh, pudo vender en vida una sola de sus pinturas, titulada El viñedo rojo, y alrededor de este hecho, y de todo lo que fue su vida, hay toda una polémica y una suerte de teorías aun por clarificar, pero lo cierto fue que se autopercibía como un fracasado, y, tal “sensación”, solo fue matizada gracias a la ayuda de su hermano Theo, quien era marchante de arte y anhelaba darlo a conocer al mundo.

En el caso de la literatura, los autores tenían que echar mano de la autoedición (Borges fue uno de ellos, con su primer poemario Fervor de Buenos Aires, por citar a una figura universalmente emblemática), porque no existía una industria que tomara el texto y lo pusiera a volar por infinitos destinos, hasta que su nombre lograra (o no) el reconocimiento. En Venezuela está el caso del merideño Tulio Febres Cordero, quien al tener una imprenta editaba con celo sus propios libros. La obra fundamental de Franz Kafka (El castillo, El proceso y América) fue publicada (y modificada) de manera póstuma por su amigo Max Brod, contraviniendo así el expreso deseo del novelista de que fuera destruida (cuestión que hoy se debate, porque bien pudo él mismo hacerlo y dejó en manos de su amigo la decisión, impulsado, tal vez, por el vivo deseo de que no se perdiera).

En el caso específico de la literatura, hoy en día se da también el fenómeno de la autoedición (Amazon hizo de él un hecho menos bochornoso, sobre todo para quienes no han tenido la “suerte” de hallar una editorial, que se interese por sus libros, y, dicho sea de paso, algunos de ellos se han convertido en best sellers: toda una realimentación). Empero, quienes sí logran insertarse en la rueda sinfín del negocio editorial, transforman sus textos en libros que se hacen mercancía en el contexto global, y podemos ver a autores que alcanzan a vender cientos de miles de ejemplares, que no siempre responden a los criterios estrictamente literarios (ya me he referido a este aspecto en anteriores entregas), sino que forman parte de una categoría un tanto indefinida de “materiales de consumo” para lectores no tan exigentes, o que solo buscan entretenimiento y pasar un buen rato.

Ahora bien, surge una interrogante: ¿es el lector un cliente? Visto desde el ángulo de lo mercantilista, algunos teóricos del área afirman que sí entra en tan compleja categoría, porque compra un libro en una casa comercial (librería), que se surte de una editorial o distribuidora al por mayor, y que a su vez deben dar razón de su venta al autor (que, dicho sea de paso, recibe un bajo porcentaje por cada ejemplar). Por lo tanto, desde la visión del marketing el lector es el consumidor final del producto. Claro, tal concepción queda en entredicho cuando pensamos en las bibliotecas públicas, que prestan servicios comunitarios casi siempre sin costo alguno para los lectores. Pero… ¿de quién es cliente el lector? ¿De la librería? ¿De la casa editorial? ¿Del autor?

En lo particular, prefiero pensar que el lector no es un cliente (hay quienes me apoyan conceptualmente en esta percepción, sobre todo los románticos, amantes de la literatura y de las artes en general). El lector es un consumidor de un bien cultural, transijo, pero si partimos de la noción inicial de las artes y de las letras de la que hablara al inicio, definitivamente no lo es, porque ser lector es ya una categoría única y pluridimensional, que no admite derivaciones de esta naturaleza, porque es alguien que se acerca a una obra de arte con fines de disfrute estético de la misma, y eso no tiene precio. Como no es un cliente quien paga un boleto de entrada para ver las obras en los museos. Como no lo es tampoco, quien entra a un concierto sufragando una onerosa entrada.

Pero, más allá del ámbito romántico (al que me adhiero, como queda dicho), el libro es un producto, y como tal se comercializa. Así pasa con la plástica, con la música, y paremos de contar. Independientemente de que yo, Ricardo, prefiera sentirme como lector en su concepción práctica y filosófica, como también espiritual, y que tal circunstancia ha producido en mi vida (y en la de muchas personas) un impacto inmedible e incuantificable, lo que no podemos negar es que la cultura es una poderosa industria, que mueve cuantiosos capitales en todos los órdenes del acontecer humano, y que tal desbordamiento (la industria editorial en España es poderosa, así como en Francia, EEUU, Argentina, México y Colombia, entre muchos otros, y ni se diga de la industria audiovisual, cuyos alcances se pierden de vista), hace de la misma centro de interés planetario.

Años ha, la cultura era una burbuja a la que no todos tenían acceso, y hoy se ha masificado. Sin embargo, surge así la realidad de su carácter crematístico, y la incidencia en la pérdida de la calidad y del halo sublime (y hasta beatífico) de antes. ¿A cuál de los eslabones corresponde, entonces, poner el cascabel al gato?

*Escritor y académico venezolano

rigilo99@gmail.com 



Por Gabriel Jiménez Emán






ODA A LOS LICORES EN LAS TABERNAS

                      A Orlando Araujo y Livio Delgado

Luego de una noche parecida a un día despierto

Me dirigí a una de tantas barras

A consultar el oráculo de la existencia

Y éste me dijo lo siguiente sobre mi porvenir en las cálidas barras:

De la cerveza que remoja la memoria en canciones de antes

Es una cerbatana saltando de una a otra hoja húmeda del cuarto de baño

Una dulce agua egipcia para refrescar el alma

Con su espuma densa y seca ha sido nuestra cónyuge desde el bachillerato

Lloviendo sobre cada suspiro y cada congoja

Del whisky como oro en los placeres desconocidos debo decir que nunca

Me ha dejado plantado el muy pícaro siempre me sigue a las alcobas

Tratando de interpretar mi corazón

Salta sobre las sábanas como un animal rubio

Los hielos lo aman licúan sus lágrimas en la mañana

En cambio el transparente vodka me devuelve la memoria

Sobrelleva los recuerdos y los conduce por pasillos brillantes

Desenfunda sus limones y pone a conversar los tonics en patios verdes

Siempre es una promesa que me nombra con sus labios fragantes

La olorosa ginebra le hace competencia en tardes de piscinas

Transparencias turquesas se ahogan en los crepúsculos tratando de salir a flote

Nadando de la cosmopolita Italia viene el Campari a buscarnos

En la adolescencia nos hace probar su amargo sabor de mujer

Entonces nos sentimos más despiertos para compartir la sinuosa tarde

La ancha tarde de los bulevares primorosos

Cuba cubata libre azarosa de rones del trópico

Me hiciste sentir un marino en medio de puertos que decían adiós

Me hiciste oler a barril envejecido de barcos

A trasatlántico asombrado que se pierde en el humo

Mientras las melancólicas gaviotas custodian los caprichos del mar

Y qué decir de los bosques perdidos del anís

Donde la adolescencia se esfumó entre los tocadiscos en plazas y parques

Ahí donde la música salsosa nos sorprendió estudiando biología

Pero era más parecido a la palabra álgebra

El anís turgente blanqueado a veces con el cálido hielo del espíritu

La menta la fragante menta verdiblanca que en el centro de las mesas del gran restorán

Se desliza bajo los manteles y sopla con su aliento de golosinas callejeras

Y el brandy aquel que se derramaba en el páramo en busca de las nieves

Su olor espeso por sí solo me hacía palpitar las sienes y tenía que dejarlo

Qué lástima por ti brandy aunque pude vengarme en España por obra de los carajillos

De los cafés de las cinco de la tarde a orillas de las ramblas

Y dónde están ahora vinos míos arenques misteriosos reclamados por las uvas

En los prados de Francia o Chile

Qué importa son ellos vinos blancos en botellas ámbar ahora descorchadas quienes me permiten recordar

Los queridos diciembres míos donde baño mi nostalgia en vino tinto

En sedoso vino que curte mi lengua y la hace apta para el amor

Para probar la lengua de mujer con aliento de guanábana

El vino afrutado que busca a su hermano el queso en los rincones de las cocinas

Y las migas de pan en los desórdenes de la mañana

Uva amada mía madre de todos los vinos de esta tierra increíble

Yo te amo en tu verde dulce pequeñito o en tu glotón estado de rojo gozoso

En tu rosado paso por la brevedad de la vida

O tú lujoso champán que suenas en las fiestas donde van mujeres

Con jugosos senos orlados de vestidos negros y rubias pelucas

Joya de la espuma champán te pareces a un príncipe solitario te pareces

A los campos fértiles donde los buenos libros explayan su luz

Licores de todos los nombres vosotros me habéis dado de puntapiés en la conciencia

Me habéis castigado duro con vuestro terrible alcohol

Me habéis hundido en gloriosas pesadillas y hecho delirar al borde del viaje

En los ríos en las habitaciones desoladas de los suburbios

En los departamentos alquilados por viudas de ojos tristones

En los penthouses de los hoteles de cinco estrellas cabizbajas

En la soledad de las cocinas donde cavilo mientras trabo amistad con las moscas

Enajenado por el dulce suicidio he dejado mi pistola de píldoras

Al borde de la mesa de noche

Y he vuelto otra vez a la vida He caminado por las aceras como si

Estuviese naciendo

Naciendo ahora estoy al invocarlos compañeros crueles

Que aguardáis en las tabernas tan quietos

Tan míos y puntuales

Como mi nombre

Gabriel Jiménez Eman

*Es escritor, narrador, poeta, ensayista, compilador y traductor venezolano, destacando más en el ámbito de la narrativa y la poética, la cual ha sido traducida a varios  idiomas  y recogida en antologías latinoamericanas y europeas. 

 


Por Myriam García-Grande Carromero



 


18 de octubre

Hace diez días fue 18 de octubre y ni una letra pude escribir para recordarlo.   Leí las opiniones de uno y otro lado, porque siempre hay extremos.

Ninguno contó el miedo, la sensación de abismo que se creó, la perdida de referencias para muchos cabros chicos, el abuso al que nos sometieron unos supuestos desconocidos que nos quemaban el metro, las calles, los negocios y la libertad.

Si, la libertad, la libertad de movernos sin que tuvieras que bailar para unos ¿payasos? que se habían convertido en los dueños de la calle. La libertad de llegar a casa a la hora que te saliera del cogote, sola, sin miedo a una trifulca de megalómanos que cortaban calles y las incendiaban. La libertad de comprar en tu tienda de toda la vida que ahora habían calcinado. La libertad de tener un pequeño negocio y vivir de él, cuando este ya no existía. La libertad de opinar sin que la nueva autoridad, la brutalidad,  te cortara de raíz la opinión con violencia verbal e incluso física porque la razón solo estaba en un lado, en quien ejercía la fuerza. La libertad de analizar los hechos desde la objetividad sin televisores ni medios que nos trataban como menores de edad, medios que extasiados por el horror anunciaban eufóricos el destrozo a puros combos de cada trozo de Santiago.

La libertad fue el tesoro que perdió Chile ese 18 de octubre. En realidad, no lo hemos vuelto a recuperar porque el miedo está ahí.

En qué pasará otro 18. En si ganan los «unos» o los «otros», entonces, ¿qué ocurrirá?

Mi mirada pasea por las iglesias quemadas, el patrimonio destrozado, las calles violadas con pintadas del tipo «All Cops Are Bastards». Escucho las canciones monotemáticas: «El estado es un macho violador», y lloro. Lloro con un caudal inagotable.

El mismo 18 de octubre de este año inauguraron una de las estatuas destrozadas durante el mal llamado estallido social: la Fuente Alemana del Parque Forestal. Inmaculada duró horas. La volvieron a vandalizar con una pintada en forma de arenga: «Ni perdón ni olvido».

A lo mejor, los artistas del rayado creen que el ciudadano pacífico olvida y perdona, quizás porque no arremete con un machete contra la injusticia. 

No,  tampoco perdonamos ni olvidamos. Y lo más importante, no dañamos.

La libertad nunca se gana con violencia, cabros. Nunca.

 *Myriam García-Grande Carromero, es escritora de ficción y novelista



Madrid.-27 de octubre de 2025

 

El Gobierno de Canarias presenta ‘Alonso Quesada: la irremediable temperatura universal’
       

El Gobierno de Canarias presenta el ensayo de Samir Delgado, ‘Alonso Quesada: la irremediable temperatura universal’, una obra que profundiza en la vida, el contexto y la creación literaria del autor homenajeado en el Día de las Letras Canarias 2025. El libro se dará a conocer en dos actos públicos que tendrán lugar el 30 de octubre en la Universi-dad de Las Palmas de Gran Canaria, con la participación de Beatriz Morales, y el 31 de octubre en la Biblioteca Pública del Estado en Santa Cruz de Tenerife, acompañado por Ramiro Rosón Mesa. Ambas presentaciones arrancarán a partir de las 19.00 horas.

En este ensayo, Delgado ofrece una reflexión amplia y documentada sobre la figura de Alonso Quesada, abordando tanto su trayectoria vital como su entorno histórico y literario. A través de una mirada crítica y contemporánea, el autor establece conexiones entre Quesada y otros escritores de su tiempo, destacando su relevancia en el panorama cultu-ral de las Islas y su proyección más allá del contexto insular.

Asimismo, el libro plantea una propuesta de lectura innovadora que sitúa a Alonso Que-sada como un autor macaronésico y vinculado a las letras caribeñas, subrayando la im-portancia de la insularidad como elemento central en su obra. Con esta publicación, el Gobierno de Canarias reafirma su compromiso con la difusión y el estudio de las figuras esenciales de la literatura del Archipiélago, promoviendo una revalorización crítica de Alonso Quesada dentro de la cultura universal y en el marco de su protagonismo en el Día de las Letras Canarias.

Presentación de ‘Turisferia’

Aprovechando la visita del autor, residente en México, se presentará también su libro ‘Turisferia’, un ensayo que forma parte de la colección Clavijo y Fajardo del Gobierno de Canarias. En esta obra, Samir Delgado explora el imaginario compartido entre la literatura del turismo y el arte contemporáneo, abordando cómo ambos campos dialogan en la sociedad actual. A través de una reflexión histórica sobre la insularidad, el autor propone una lectura que revela la polifonía de voces e imágenes que conforman el devenir de Canarias como un espacio esencial de mestizaje y cultura cosmopolita.

Las presentaciones de ‘Turisferia’ tendrán lugar el miércoles 29 de octubre, a las 19.00 horas, en el Centro Cultural de Maspalomas, junto a Pedro Franco y Jorge Millares. El 10 de noviembre, a las 19.00 horas, el encuentro se desarrollará en el Instituto de Estu-dios Hispánicos del Puerto de la Cruz, acompañado por el investigador en turismo Pa-blo Estévez.

 

Madrid.- 27 de octubre de 2025

 

PON TU PENSAMIENTO EN MÍ

 de Cesiah Hernández y León De la Hoz

Le satisface a la editorial (Betania, 2025)anunciar el libro Pon tu pensamiento en mí ( El arte de la mentalización), de Cesiah Hernández y León De la Hoz. Aunque el título a los cubanos viejos pueda recordarles el programa en que Clavelito solucionaba a larga distancia los problemas de la gente, en este caso se refiere a la solución de los problemas a corta distancia, con uno mismo y con los demás. En él se trata de mejorar la capacidad humana de conocer, interpretar y comprender los estados mentales propios y de los otros para desarrollar relaciones más sanas a partir de uno mismo.

Como dice la contraportada, es un libro contracorriente, y también novedoso, que enfrenta el criterio en boga y corrompido de que todo te saldrá bien si eres positivo, y adopta una racionalidad distinta para la felicidad. Ni se trata de ser positivo ni de querer ser feliz, según los autores, sino de encontrar la armonía donde también podría estar la felicidad, mediante la mentalización que es una forma distinta de conocernos, interpretarnos y comprendernos.

Los autores, valiéndose de la hermenéutica de los filósofos Heidegger y Gadamer, fundamentalmente, han dado un giro a la Mentalización, que es un método terapéutico para enfrentar trastornos mentales como el de la personalidad, y lograron adaptar sus fundamentos para el uso de las personas sanas, poniendo en las manos del lector un libro que si bien no es de autoayuda, nos permite desarrollar una conciencia nueva de nuestros actos y las relaciones con los demás para facilitar una convivencia mejor.

Aunque la Dra. Hernández y De la Hoz, ya habían trabajado juntos en un manual de auxilio para una situación concreta en Ejercicio de Convivencia: Guía emergente para sobrevivir al virus sin morir de aburrimiento (2020), en este nuevo libro abarcan todas las situaciones y las relaciones en las que el bienestar depende de nosotros. Han hecho un esfuerzo porque el libro no fuera para entendidos, ni un manual, según nos dicen en la «Introducción», sin embargo cada capítulo cuenta con ejemplificaciones prácticas, más una sección final dedicada a ejercicios para mejorar la mentalización en situaciones y con fines concretos.

El libro está disponible en Amazon en ambos formatos de papel y digital.

Cesiah Hernández tiene un doctorado en Psicología General y un Máster en Ciencias, ambos en Estados Unidos. Es Licenciada en Psicología de La Universidad de La Habana, Cuba. Es Facilitadora del Círculo de Seguridad para Padres. Es Licenciada en Salud Mental y Consejera en el Estado de Carolina del Norte donde actualmente radica.

Es miembro del Consejo Asesor del Gobernador sobre el Envejecimiento en el Estado de Carolina del Norte, y Miembro de IAN UK – Reino Unido. Ha publicado Ejercicio de convivencia: Guía emergente para sobrevivir al virus sin morir de aburrimiento. (Betania. Madrid, 2020). Es creadora del Programa “Abuelitas 911”.

León De la Hoz, escritor y periodista. Ha publicado entre otros: La poesía de las dos orillas, Cuba (1959-1993), Cuerpo divinamente humano, La semana más larga, Los indignados españoles: Del 15M a Podemos, Vidas de Gulliver, La mano del hijo pródigo, Fragmentos del descuartizador, Gastón Baquero, lo que no se ve.

Ganó entre otros los premios de poesía David (1984) y Julián del Casal (1987), ambos de la UNEAC, Cuba. Su obra ha sido antologada en diferentes ocasiones. Dirigió la revista cultural La Gaceta de Cuba, en La Habana y tuvo a su cargo el Consejo Técnico Asesor del Ministerio de Cultura.

 https://ebetania.wordpress.com/


Madrid.- 23 de octubre de 2025


En otoño, el soplo del león Aslan nos devuelve a Narnia

“Las crónicas de Narnia: La silla de plata” de C.S. Lewis

Una niña llora porque un grupo de escolares la intimidan. Otro compañero en la misma situación le cuenta que existe un país con animales que hablan, hechizos, dragones y todas las cosas de los cuentos de hadas. Él ha estado allí, lo que no sabe es que está a punto de volver, junto a ella: han de cumplir una misión con el anciano rey Caspian...

¡vivirán la penúltima aventura de Narnia!

Ya está a la venta Las crónicas de Narnia: La silla de plata (Libro 6), antesala de La última batalla.

La historia cuenta que en el país de Narnia vive un rey anciano, un viejo conocido: Caspian Décimo, que está triste porque no tiene heredero debido a que le robaron a su único hijo hace muchos años. Será el mismísimo Aslan quien encomiende a dos niños humanos, Eustace Scrubb y Jill Pole, la misión de encontrar al príncipe perdido.

El último libro que completará la serie de publicará el 29 de octubre. Los siete títulos cuentan con las impecables traducciones de Gemma Gallart, así como nuevas y espectaculares cubiertas a cargo del diseñador norteamericano Owen Richardson.

En el 75 aniversario del comienzo de la saga, se trata de una gran apuesta de HarperCollins Ibérica que devuelve a la actualidad esta serie heroica para todas las edades.

Más de 115 millones de ejemplares vendidos en 70 países y el próximo estreno de un ciclo de películas y serie de televisión, avalan su plena vigencia. 



Madrid.- 17 de octubre de 2025

 Por Gastón Segura

 Un embajador para la leyenda

Nada me resulta más estimulante que recorrer las ciudades y detenerme contra los escaparates de cualquier comercio; tanto me da ante los que venden sugerentes chismes electrónicos, cada vez más escuálidos, para integrarnos con diligencia en la nueva realidad digital, como ante los reviejos tabucos, donde en un batiburrillo entre dickensiano y vallinclanesco me admiran ajadas bolsas de golf, gorras de marinos ya fallecidos cuando se botó el Titanic, ingenuos juguetes de hojalata y otros mil artilugios como esa lánguida bailarina de porcelana con el brazo tronchado en mitad de un pas de deux, que me suscitan vaga, pero hondamente, a quienes un día los poseyeron. En fin; desvaríos de paseante.

Durante esos recorridos hacia algún recado también me entretengo, si ando holgado de tiempo, en leer las placas callejeras, sean campanudas lápidas de mármol en labrada caligrafía inglesa o esas otras romboidales y de latón que ha colocado el ayuntamiento para que sepamos del paso o del aposento en este o en aquel edificio de alguna celebridad, cuando hace un par de domingos, atravesando la Plaza de la Paja, me sorprendió una que decía: «En este lugar estuvieron las casas del madrileño Ruy González de Clavijo embajador de Enrique III ante el gran Tamorlán de 1403 a 1406».

¿Quién era este intrépido González de Clavijo?; ¿cómo fue que viajó tan lejos, ni más ni menos que a la Bactria, y en tiempos del temible Tamerlán? Esas dos preguntas me dejaron tan fascinado como para dedicarles este par de páginas, sospechando que quizá muchos de ustedes permanezcan aún ayunos de aquella memorable empresa, pues no consistió sino en surcar, apenas nacía el s. XV, mares y tierras hasta los confines del mundo conocido entonces. Y no debería de serlo, pues tras casi dos siglos de andar la crónica del viaje traspuesta por nobilísimos legajos, en 1582, Gonzalo de Argote, imprimió el infolio, y desde entonces se han publicado unas cuantas ediciones —la última por Castalia, no hace ni ocho años—, y cada vez con mejores y más jocundos comentarios al texto de Clavijo o de uno de sus acompañantes, el dominico Alfonso Páez de Santamaría. Pero fuere escrito por puño de uno o del otro, figura a nombre de Clavijo y redactado apenas pisó Castilla, en marzo de 1406, tras un trienio de trotar por tierras ignotas cuando no, ensoñadas; de lo que el texto —al contrario de muchos pasajes del Libro de las maravillas (posiblemente 1298), de Marco Polo— da cuenta con un pormenor ejemplar y enemigo siempre de la fabulación; cuanto lo emparenta con el patrón marcado por la Historia (sobre el 430 a.C.), de Heródoto, donde, sobre el sucinto memorando historiográfico, prima la afanosa descripción de naciones y lugares; en suma, de cuanto hoy llamamos antropología.

Más allá de la muy estimable relación del viaje, el origen de aquella embajada a Tamerlán es del todo asombroso: tras la terrible derrota de los cruzados de Segismundo de Hungría en Nicópolis, al borde del Adriático, Bayaceto I y sus turcos se afirmaban soberbiamente sobre los Balcanes para aislar, por un lado, a su ansiada Constantinopla, y aterrorizar, por otro, a la desavenida cristiandad. Y ahí, Enrique III, a pesar de su juventud y de los enrevesados problemas intestinos de la Castilla de su tiempo, atisbó en la incontenible irrupción de Tamerlán por la retaguardia del atemorizador otomano un formidable salvavidas. Rápidamente envió dos emisarios a tantear algún tipo de pacto con aquel caudillo que, victoria tras victoria, se estaba apoderando de Asia entera; eran Pelayo de Sotomayor y Fernando de Palazuelo. Los castellanos no solo llegaron a encontrarse con el ya legendario descendiente del gran kan, sino a contemplar su triunfo sobre los turcos en Angora y el apresamiento del desvelo de los monarcas cristianos: Bayaceto. Sobre este inmenso alivio, regresaron a España con tres nobles húngaras esclavizadas por el sultán otomano en Nicópolis: doña Angelina, doña Catalina y doña María; casadas recién llegadas a la corte del joven Trastamara; la primera y del linaje real de Hungría, con el corregidor de Segovia; el otro par de damitas, con los heraldos que las trajeron.

Pero sobre este suceso que daría materia para un puñado de novelas de esas llamadas históricas, les acompañó hasta el trono de Enrique el Doliente un legado del Tamerlán, Mohamad Alcagi; salvoconducto imprescindible para la inmediata embajada de nuestro González de Clavijo y su séquito de doce dilectos castellanos entre los que se encontraba el dominico Páez de Santamaría, se supone que como políglota y erudito en los variados pueblos que habrían de encontrar durante el trayecto. En cuanto a las vicisitudes de la peripecia, se relatan en esta crónica, titulada habitualmente Embajada al Tamorlán, incluidas observaciones de lo más sagaces como el señalamiento del lugar donde fue Troya, perdido entonces y aun en los siglos posteriores, o los fastos por la boda del nieto y sucesor del imponente Tamerlán, Ulug Beg. Y sobre esto, el propio Clavijo, quien concita personajes nada despreciables, como su mujer, doña Mayor Arias, una de las primeras, si no es la primera poetisa en castellano, o don Enrique de Villena el Nigromante, acogido en su casa —dónde figura la placa— durante un tiempo, e introductor del Renacimiento en los reinos hispanos.

En fin; un tipo admirable que debiera figurar como el primer embajador del reino. Por si lo dudasen, lean su crónica y lo comprobarán.

Artículo publicado por el "Imparcial" el lunes 13 de octubre de 2025

*Gastón  Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.  

 

 

Por Ricardo Gil Otaiza

Lo demás es historia

Un buen mediodía, estando a la mesa almorzando, mi esposa recibió una llamada en casa, y al otro lado de la línea una voz ahuecada y bronca preguntó por mí, ella me pasó el auricular y al decir ¡aló! la persona expresó con fuerza: ¡soy Juan Liscano...!

Por azares del destino, hoy recordé a Juan Liscano Velutini (Caracas 1915-2001). Y digo “por azares del destino”, ya que no tuve acceso a alguna imagen, texto o libro que me lo recordara, sino que de pronto llegó a mi mente su rostro y quise rendirle un pequeño homenaje, en primer término, por ser un amigo a quien quise mucho, y luego, por su impronta de figura capital de la cultura en Venezuela y América Latina.

Conocí a Juan Liscano en una de las tantas oportunidades en las que fue a Mérida, y en aquel entonces (21 de septiembre de 1993) lo hizo de nuevo para asistir a un homenaje que le ofrecería la Universidad de Los Andes, con motivo de su trayectoria y a propósito de presentar una Antología Poética publicada ese año por Monte Ávila Editores Latinoamericana. Por supuesto, adquirí el libro y en el brindis me colé en la mesa de la directiva, y le pedí con timidez (qué le puedo hacer, los grandes personajes me intimidan) que me lo dedicara. No tengo a la mano el ejemplar para verificarlo, pero recuerdo que fue una nota breve y genérica que decía: “A Ricardo Gil muy cordialmente, en recuerdo de este homenaje que me favoreció y al cual él asistió”. Estampó su firma y agregó la fecha: 21/9/93. Guardo con celo el tomo en mi biblioteca de Venezuela, por tener para mí un profundo significado intelectual y espiritual.

En 1996, el Consejo de Publicaciones de la Universidad de Los Andes publicó mi primer libro de cuentos, titulado Paraíso olvidado, que dejó en mí una huella profunda, porque fueron relatos que causaron un magnífico impacto en los lectores y recibió diversos textos elogiosos en la prensa regional y nacional. Un bueno amigo común, el también escritor Alberto Jiménez Ure, me facilitó gentilmente su directorio personal de escritores venezolanos y de América Latina, con direcciones postales, números telefónicos y demás, para que les enviara un ejemplar de mi libro; tarea a la que me entregué de inmediato y con empeño.

Como cabe suponerse, metí dentro de sobres manila tamaño carta más de ochenta ejemplares de mi libro, y los remití a sus destinos por correo ordinario, y uno de esos envíos era para el gran Juan Liscano. No mentiré acá, recibí pocas respuestas (o por lo menos, no tantas como aspiraba), y eso no me amilanó (a pesar del ego autoral del que he hablado acá), y seguí con mi vida de profesor universitario, escritor y columnista de prensa regional y nacional.

Un buen mediodía, estando a la mesa almorzando, mi esposa recibió una llamada en casa, y al otro lado de la línea una voz ahuecada y bronca preguntó por mí, ella me pasó el auricular y al decir ¡aló! la persona expresó con fuerza: ¡soy Juan Liscano, quiero hablar con Ricardo Gil Otaiza! Pensé que era una broma de mi amigo Jiménez Ure, con quien me chanceaba siempre, y le dije: ¡sí, Alberto, mame gallo! (una expresión coloquial muy nuestra, que denota guasa y camaradería), y al otro lado me dijeron con mayor énfasis aún: ¡que soy Juan Liscano, páseme a Ricardo! Luego de otros vanos intentos por descubrir la broma de Alberto, caí en la cuenta de que no era tal, y que se trataba nada más y nada menos que del gran Liscano.

Ese mediodía comenzó nuestra amistad, que fue breve pero intensa en lo intelectual y espiritual. Recuerdo como si fuera hoy, su entusiasmo juvenil por mi libro (tenía para entonces 80 años), y sus palabras se quedaron dando vueltas en mi cabeza como partículas enloquecidas. Me habló de cada uno de los relatos, del impacto que le produjeron los personajes, de la prosa sencilla, pero de hondura ontológica y metafísica (esas fueron exactamente sus palabras). No exagero al decir acá que aquella conversación duró no menos de hora y media (yo me pasaba el auricular de una a otra oreja). Me prometió que escribiría para la prensa nacional un artículo acerca de mi libro, pero, que era tanto su entusiasmo por la lectura, que no podía esperar para decirme muchas cuestiones acerca de aquellas páginas.

El artículo, que tituló Cuentos fuera de serie. El Paraíso Olvidado por Ricardo Gil Otaiza, salió en el extinto diario El Globo de Caracas el 24 de octubre de 1997, y después de una serie de consideraciones de orden técnico e intelectual (recordemos que era, amén de poeta y ensayista, un enorme crítico literario), cerró su ensayo con una expresión que me electrizó: “Paraíso reencontrado, obra de la descripción inspirada de un joven escritor a quien rindo, gustoso, este tributo de reconocimiento”.

Nunca antes me habían rendido un tributo por mi escritura; es más: prácticamente me estrenaba en el oficio públicamente (mi primera novela, Espacio sin límite, había salido un año antes, es decir, en 1995, aunque ya era desde hacía años atrás columnista de prensa y escribía furtivamente mis primeros cuentos).

¿Qué tecla pulsé con mi libro de cuentos, que movió a tal extremo a un hombre curtido en las letras como Juan Liscano, de una trayectoria gigantesca, que se aprestaba pronto a cerrar su ciclo vital, para reconocer a un pichón de escritor como lo era yo para entonces? Lo digo con palabras que ya expresé hace tiempo en esta misma columna: Liscano estaba de regreso de los caminos de la vida y se hallaba en una búsqueda interior. Encontró en mi libro “iluminación lírica y espiritual”, amén de una elevada carga filosófica y ontológica. Escribió en su artículo-tributo: “La narrativa venezolana discurre, en general, por otros cauces que los de las preguntas fundamentales del Ser, de la Filosofía, de las religiones…”

Eran tantos los libros que le llegaban a Liscano, que sin abrir los paquetes los lanzaba a la papelera (así me lo contó). Un “algo” que él ni yo supimos, lo impulsó a abrir el sobre. Lo demás es ya parte de la historia: por lo menos de mi historia personal.

*Escritor y académico venezolano

rigilo99@gmail.com

 

Por Myriam García-Grande Carromero



     


 

 

Quitapesares y una Moto

El viento frío de la sierra golpea mi cogote y yo recién salida de la peluquería. Ni el pañuelo que llevo Gme protege del destrozo. Me agarro muy digna a la cintura de Pablo que maneja esta Vespa infernal como si corriera las 24 Horas de Le Mans, ajeno a la mochila que lleva detrás. Intento mantener la postura a la señorita sin perder el poco decoro que todavía lucha mano a mano con la velocidad y mi avanzado estado.

Como una ráfaga, veo el cartel del Quitapesares; montones de imágenes se amontonan en mi cabeza: habitaciones blancas, soledad y miradas perdidas.

Mi antojadiza imaginación me impide visualizar a un par de presentes tricornios que hacen signos a Pablo para que detenga su bólido. Hasta que no siento el derrape de su pie contra la tierra anaranjada, no entiendo por qué me abalanzo sobre él.

Recupero la posición de princesa y recojo bajo el pañuelo los mechones maltratados por la frenada.

Y los veo: cuatro botas negras que se interrumpen por cañas envueltas en pantalones de tejido verde oliva.

Pablo parlamenta con los uniformados, les explica que vamos al hospital a la visita mensual al ginecólogo. Total, nos quedan unos pocos kilómetros, argumenta.

Pero a los  oficiales no les bastan las apostillas y el más pequeño me ayuda a descender de la moto, cuidando mis movimientos de porcelana china envueltos en paso de paloma.

Me conduce galante hasta el coche celular sin dejar de mirar mi abultado vientre. El compañero me cede el asiento delantero. Por el rabillo del ojo huelo el mosqueo de Pablo que pisotea con rabia el suelo.

Monta en Petrita, la Vespa, y nos sigue con cara de malas pulgas y una multa en el bolsillo.

Detrás dejo a Quitapesares y sus locos con carné. Los que estamos fuera, bastante tenemos con mantenernos vivos, mastico mientras mis nalgas rememoran el zumbido de Petrita.

Acaricio a mi bebé, casette de mi vientre, con los dedos de la imaginación, a Myriam, mi pequeña salvaje. Descubro por el retrovisor mi desnuda melena mientras mi pañuelo vano yace yerto sobre mis manos .

Hay una sensación obsesiva que me persigue. Incluso dentro del coche de la Benemérita persiste en mis sentidos la locura blanca de las paredes del Quitapesares mientras el edificio se aleja. Aprieto con aprensión mi vientre.

Quitapesares, que bello nombre para un falso descanso…

A traición, somnolienta a raíz de las conversaciones formales  de mis nuevos tutores, siento la primera patada con sabor a gol que rompe mis quimeras,  empapando de agua salada mis piernas hasta inundar el habitáculo móvil.

Ahora son los agentes los que corren que se las pelan con mi pañuelo resucitado como señera al viento. Mi melena desatada por el aire que se arremolina por las ventanillas abiertas me deja ciega mientras concentro mis sentidos en lo que está próximo a suceder.

Mi pequeña salvaje nace en primavera bajo la insignia lunática de otra espantada. Entre contracciones y empujones, solo deseo una cosa: que nazca calva.

*Myriam García-Grande Carromero, es escritora de ficción y novelista

 

Por Luis de la Paz





Roberto Cazorla El Poeta

Poeta descarnado, intenso, apasionado, poseedor de un dominio del lenguaje, del ritmo y la emoción, además de visceralmente anticastrista, pasó gran parte de su vida en Madrid, donde trabajó por 40 años para la agencia de noticias EFE. Desde la capital española escribía varias columnas semanales para Libre, medio de su coterráneo Demetrio Pérez Jr. (1947-2023), en la que abordaba la situación cubana, la europea y temas de personalidades de la farándula.  

Nació en un pueblo muy pequeño donde pasó muchas vicisitudes. En 1999 expresó sobre su novela autobiográfica Ceiba Mocha (1997): “Es un libro que me había prometido escribir a mí mismo. Son los primeros 12 años de mi vida, que los pasé en aquel pueblo. No tuve niñez ni adolescencia. Me pasaba el tiempo huyendo del entorno, especialmente de mi padre, que era el ser más cruel que he conocido en mi vida. Disfrutaba torturando a mi madre, y mi madre era mi adoración. Terminé de escribirlo en 1984. No quise publicarlo mientras viviera mi madre.  Porque ella era un personaje clave; además en él hago confesiones de mi niñez que le hubieran podido herir”.

Roberto Cazorla fundó en la ciudad de Matanzas el grupo teatral Atenas: “Yo tenía 9 años y repartía los once periódicos a los suscriptores que había en Ceiba Mocha. Todas las tardes iba a la Carretera Central y recogía el paquete con 15 ejemplares que tiraba un ómnibus de la Flecha de Oro. Pero antes de repartirlo, leía desde la primera hasta la última página. Estaba al corriente de todos los movimientos artísticos de La Habana. Soñaba con ser actor. Cuando me trasladé a Matanzas viajaba dos veces a la semana a la capital para estudiar Arte Dramático. Fundé en Matanzas el grupo Atenas, con el que representábamos obras en los centros culturales y por los pueblos de la provincia. Cuando la hiena del Caribe (léase Fidel Castro) se apoderó de Cuba, yo estaba en muy buen momento como actor, y no pude continuar. Luego partí al exilio. La poesía evitó que yo muriera de nostalgia por el teatro”.

De Cazorla escribí que parecía un niño enorme, amistoso, desbordado y tierno. Era una de esas raras personas que al conocerlas, se convierten de pronto en un amigo que ha de ser desde ese preciso instante, alguien entrañable.  Y así fue para mí Roberto Cazorla, un ser especial.

Afirmaba ser “un poeta visceral”. Decía: “Para mí escribir poesía es un tormento. Salvo raras excepciones he escrito un poema feliz. Cada verso es una herida que me abre la piel. Reflejo en ella mi entorno. Durante mi estancia en Chicago (década del 60) escribí el libro de poemas Subir de punto, por el cual me gustaría que me recordaran”.    

El poeta editó la mayoría de sus libros con la Editorial Betania, fundada y dirigida en España por el poeta Felipe Lázaro. Allí publicó casi la totalidad de su poesía. El último de esos libros fue  No llueve. Dios se está lavando la conciencia (2023).

Su editor Felipe Lázaro expresa: “Conocí a Roberto Cazorla a finales de los años 70 en Madrid. En ese entonces, era uno de los poetas cubanos más activos en la capital española con lecturas y reuniones poéticas en su Tertulia Carilda Oliver Labra y su reconocido Premio de Poesía. Como editor, debo resaltar que Cazorla es uno de los autores más prolífico que hemos publicado en Betania con sus 15 poemarios y su libro de relatos autobiográficos Ceiba Mocha, que es su obra más importante, aunque su extensa obra poética es un ejemplo de un prolongado quehacer poético y quizás resume los dos amores de su vida: Cuba y la poesía”.

El narrador Humberto López y Guerra, residente en Estocolmo, Suecia, escribió en Facebook: “A Roberto lo conocí a mediados de la década de 1950, en Matanzas, cuando comencé como joven actor en el Grupo Teatral Atenas, que él había fundado. Los domingos hacíamos radioteatro en directo en Radio Menocal. Volvimos a encontrarnos años después en Madrid, durante la presentación de mi novela El traidor de Praga. Que en paz descanse, mi querido Roberto”.

En un correo electrónico la poeta Sara Martínez Castro, muy amiga y admiradora del escritor matancero escribió: “Muy triste noticia. Me faltan las palabras para expresar tantas emociones. Que Dios bendiga el recuerdo de mi querido amigo y hermano del alma Roberto Cazorla”.

El escritor José Abreu Felippe señala: “Sensibilidad, sencillez, ternura y dureza, caracterizan a Roberto Cazorla, un gran amigo, inquieto y anticastrista hasta la médula. Es triste que haya muerto en el exilio. Pero nos queda su obra”.

En una reseña de Abreu Felippe sobre el relato de Cazorla «Una blancura empecinada», publicado en Cuentistas del PEN (Alexandria Library, 2011) resaltó que se trataba de: “un bellísimo texto sobre una época y un sitio que ya sólo existen en la memoria”.

Roberto Cazorla tomó el camino del exilio en 1963, estableciéndose en Chicago, luego estuvo en Nueva York y se trasladó a Madrid, donde se desempeñó como periodista para la agencia de noticias EFE por cuatro décadas hasta su jubilación. Su obra literaria es fundamentalmente poética. Entre sus libros de poesía se encuentran Que me cante un gallo para morir en colores, Una cruz de cenizas en el aliento, Le puse alas al mar para que viniera a verme y La isla que me llamaré siempre.

El escritor y editor Pío Serrano, que llegó a Madrid en la década del setenta resalta: “Cazorla, un gran tipo, buen amigo y creador insaciable desde su juventud matancera. Fue el primer poeta cubano exiliado en Madrid y a todos los que íbamos llegando nos ayudaba a abrir las puertas”.

El escritor y preso político José A. Albertini reaccionó a la triste noticia: “Lamentable pérdida la de Roberto Cazorla. Aunque lejos de Cuba y su amado terruño matancero, en España desarrolló una intensa labor periodística. También nos deja sus poemas y crónicas, todas ellas de añoranza y amor por su Cuba querida. Un cubano más que parte a la eternidad desde una tierra prestada. Cuba espera”.

El escritor fue miembro del PEN Club de Escritores Cubanos en el Exilio y fue distinguido con la Medalla Excelencia Nacional Cubana (2022), que le entregó el Instituto San Carlos de Cayo Hueso, patronato creado por el Dr. Rafael Peñalver, a profesionales que por su ejecutoria enaltecieron a la República de Cuba. A lo largo de su extensa vida recibió también otros importantes reconocimientos.

La medalla tuvo contratiempos en el correo y me escribió: Querido Luis: Estoy convencido que últimamente me ha picado una mosca verde. Bastaba la ilusión que me hacía recibir la medalla que, gracias a ti, me concedieron, para que no me haya llegado ni su sombra. En cuanto averigüe en correo te dejo saber, yo no estoy en condiciones de subirme a una guagua ni al Metro, soy hipocondriaco y lo del virus me tiene más enfermo aún”. 

Ha fallecido Roberto Cazorla, Cuba está más sola, a la poesía le falta una de sus voces. Que en paz descanse.

Publicado en Exclusivo para LIBRE. (Miami, 8 de octubre de 2025)

*Luis de la Paz, narrador cubano residente en Miami


Canarias- Santa Cruz de Tenerife.- 16 de octubre de 2025

 

Alicia Llarena y el amor ciego: el Gobierno de Canarias homenajea a la autora por el Día de las Escritoras


Con este reconocimiento se pone en valor su compromiso con la creación literaria y la divulgación de autoras anteriores como Mercedes Pinto.

El acto Por ello, se organizará un acto abierto el miércoles 22, a las 19.00 horas, el Teatro Guiniguada

Una vida viajando entre el pasado y presente de la literatura. Alicia Llarena, escritora y emblemática profesora de Filología en la ULPGC, es la autora distinguida este año por el Gobierno de Canarias para el Día de las Escritoras, efeméride que se conmemora el lunes 13 en todo el territorio español. En las islas, se celebra a través de un acto con música y teatro en torno a la obra de Llanera, abierto al público de forma gratuita y que tendrá lugar el miércoles 22 de este mes, a las 19.00 horas, en el Teatro Guiniguada de Las Palmas de Gran Canaria.

El acto se completará con intervenciones de expertos académicos y representantes del área de Cultura del Gobierno, que acercarán a la ciudadanía la importancia de Alicia Llarena como escritora y también su faceta de una vida dedicada a difundir la obra de otras autoras. La elección tuvo lugar a través de una comisión experta, que puso de relieve que su “destacada figura y trayectoria la consolidan como una indiscutible figura de las letras canarias”.

Palabras importantes

Llarena comenzó su trayectoria literaria en 1979 publicando poemas en ‘Cartel de las letras’ del Diario de Las Palmas. Su primer poemario, ‘Vuelo libre’ (1981), recibió la Mención de poesía en el VIII Certamen ‘Miguel de Cervantes’. Durante los años 80 publicó regularmente en medios canarios y participó en los principales recitales literarios de las islas.

En 1995 obtuvo el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Santa Cruz de La Palma con ‘Fauna para el olvido’. Posteriormente publicó ‘El arte de las flores secas’ (2009), ‘El amor ciego’ (2019) y ‘Las palabras importantes’ (2022).

En narrativa, Llarena ha sido reconocida con múltiples premios, entre ellos el Primer Premio de prosa en el certamen ‘María Agustina’ (1985) y el Primer Premio en el I Certamen de Narrativa Corta Casa de Venezuela (1985). Su libro de relatos ‘Impresiones de un arquero’ fue publicado en 1991 por el área de Cultura del Gobierno de Canarias en la colección ‘Nuevas escrituras’.

Su obra forma parte de numerosas antologías y volúmenes colectivos de poesía y narrativa canaria. Ha participado en festivales internacionales y recitales en países como México, Estados Unidos, El Salvador e Italia, y en exposiciones de arte colectivo en Canarias desde 2005 hasta 2022.

Yo por ellas, madre, y ellas por mí

Comprometida con la visibilización de las escritoras de las Islas Canarias, Alicia Llarena ha desarrollado una destacada labor de recuperación y estudio de dos autoras fundamentales: Mercedes Pinto y Pino Betancor. De la escritora, poeta y dramaturga Mercedes Pinto, ha impulsado diversas reediciones de su obra —entre ellas ‘El divorcio como medida higiénica’—, así como estudios y ensayos dedicados a su figura, como ‘Yo soy la novela: vida y obra de Mercedes Pinto’. Además, dirige la Biblioteca Mercedes Pinto, colección de la editorial Renacimiento que busca preservar y difundir su legado.

Su trabajo ha sido igualmente decisivo en la revalorización de Pino Betancor, gracias a su labor de selección, estudio y edición de los poemarios de la autora y artista fallecida en 2003.

Además, junto a esa vertiente de rescate y difusión, sus líneas de investigación también exploran figuras contemporáneas como Alexis Ravelo, Santiago Gil, Dolores Campos-Herrero, Andrea Abreu, así como la poesía y narrativa insular de los años 80.

Día de las escritoras

El Día de las Escritoras es una conmemoración de carácter anual, que se celebra desde 2018 en Canarias con el objetivo de visibilizar y reconocer el legado de las autoras. La celebración se convoca en torno a la festividad de Teresa de Jesús, el 15 de octubre. Con esta ya son ocho las ediciones de reconocimiento protagonizado por primera vez por Elsa López, y que posteriormente estaría dedicado a Isabel Medina, Olga Rivero Jordán, María Teresa de Vega, Roberta Marrero, Cecilia Domínguez, María Joaquina de Viera y Clavijo y, ahora, Alicia Llarena.


Madrid.- 05 de octubre de 2025

Del polvo no he venido, del poeta cubano Omar Rodriguez García

Por Manuel C. Díaz


Publicada en Betania 2025, la antología poética Del polvo no he venido del poeta cubano Omar Rodríguez García (Remedios, 1952-2009) publicada en el Nuevo Herald (Miami) el 28 de septiembre.

Los propósitos de las antologías son múltiples. Uno de ellos, quizás el más importante, es la conservación y difusión de la obra del antologado. Sin embargo, cuando esa antología es la de un poeta que, como el cubano Omar Rodríguez García, fue marginado y condenado al ostracismo en su propio país, el propósito inicial se convierte entonces en algo todavía más importante: la reparación de una injusticia.

Y es justamente eso lo que la editorial Betania acaba de hacer al publicar en España Del polvo no he venido, una abarcadora antología en la que se incluyen no solo poemas escogidos de sus libros -tanto de los publicados como de los inéditos- sino también aquellos que el autor, en su vital y azarosa andadura, fue dejando olvidados en el camino.

La antología, cuya selección y prólogo estuvieron a cargo de la licenciada Mirladys Ventura Portal, comienza con los del libro, Pequeña epopeya de un ángel, escrito en 1980, pero nunca publicado. Como muestra, escojo el verso que, además de dar título al volumen, sienta el tono de sufrimiento y desesperanza de los que le siguen: “Del polvo no he venido,/ ni del barro procedo con mis alas de sol, / que a pesar de sus mustios revuelos de penumbras, / son mis alas de ser, de sufrir, de soñar/, y de acusar de paso con dedo inquisidor/ los crímenes del viento”.

De su segundo libro, De flor y soledad (Editorial Capiro, 2003), la licenciada Ventura Portal escogió acertadamente una veintena de logrados sonetos cuyos endecasílabos parecen cantarle, primero, al amor: “Bien sé de una mujer, quizás de estrella, / quizás mejor de rosa vespertina. / Mujer de soledad, casi divina, / por quien pasa el dolor sin dejar huella. / Bien sé de esa mujer, y sé por ella, / que es de cielo el amor, que el cielo existe; / y a veces triste, como un ángel triste, / resulta siempre esa mujer tan bella”.

Solo para, enseguida, retomar la angustia y el desamparo que siempre permearon sus versos: “¿Qué soy, que a veces pienso en mi locura/ -en mi eterna locura de egoísmo-, / que no existe el amor, que es espejismo, / de aquello que sin ser, es desventura?”.

Rodríguez García no solo dominó, como ya vimos, el difícil subgénero del soneto, sino que, también, lo hizo con la décima. Una prueba de ello son las del titulado, Casi al estilo de Dios, en las que, a caballo entre el reclamo histórico y el elogio merecido, hace desfilar líricamente a los personajes populares de San Juan de los Remedios, su ciudad natal.

O las que aparecen en Para no perder la locura, donde le canta una vez más a su terruño: “Vieja ciudad, con balcones / de estrellas en los vitrales, / como ensueños coloniales / de pasadas ilusiones”.

En A cielo errante, su último libro -inédito como casi todos- regresa al soneto. Y lo hace retomando algunos de sus viejos temas, como el propósito y el sentido de la vida: “¿Entonces qué de mí, si no distingo/ mi divina porción, mi Yo soñado? / ¿Soy por fuerza no más el resultado/ de la alquimia del polvo en que me extingo?”.

Escojo como cierre el que escribió, ya casi al final de su vida, en la Prisión Provincial de Santa Clara: “He soñado un país inexistente, / utópico tal vez por soberano;/ de plena libertad, sin presidente. / Que pueda devenir después tirano”.

Del polvo no he venido no solo es una muestra cuidada y representativa de la obra de Omar Rodríguez García, sino también, en mi opinión, una merecida respuesta a la forma injusta en que las autoridades culturales de Cuba lo trataron. Y es, también, una excelente y oportuna manera de otorgarle póstumamente el reconocimiento que nunca le dieron en vida.

*Manuel C. Díaz, escritor y crítico literario cubano residente en Miami


Madrid.- 30 de septiembre de 2025

 Por Gastón Segura


La huida de un robot

La ópera presenta una suntuosidad y un aparato que, no siendo italiano, ineludiblemente me abruma; incluso, cuando escucho una transmisión, sea en casa o sea en un automóvil, sus exquisitos agudos o sus tonantes graves me empequeñecen. En fin; que es un arte que siempre me exige la etiqueta. Quizá por eso me alegre tanto que mi amigo Pedro Halffter haya representado de nuevo —esta vez sobre la tarima de la sala de cámara del auditorio de Tenerife— su Klara (2022), hace apenas tres semanas. Y no crean que es una adaptación para escenario reducido, al contrario; las peculiaridades de esta composición lírica para dos pianos y soprano lo permiten sin modificaciones, y hasta su escueta escenografía, constituida por una sucesión de etéreos hologramas, ideados por Antón Armendáriz, tampoco sufre menoscabo. En cuanto a su música, prefiero ceder la palabra al gran Arturo Reverter, quien escribió, tras su segundo reestreno, en San Lorenzo del Escorial, el 18 de julio de 2023 —cuando Halffter había perfeccionado y ampliado la partitura original presentada, en Villafranca del Bierzo, un año antes— que es «detallista y siempre al servicio de la historia, a la que colorea, subraya y explica. Parte de una base tonal constantemente modulante con un desarrollo en principio repetitivo, de raíz minimalista, pero de aire muy informal […] Aunque hay partes en los que el espectro se ensancha, se espesa y nos lleva a mundos armónicos en los que creemos escuchar lejanas resonancias wagnerianas»; mientras que sobre su argumento y su recitado —obra del mismo Halffter— ya me permito opinar con toda desenvoltura.

Trata de un androide, Klara, de los calificados de «última generación» que, por un incidente casual —el tropiezo con un desgalichado espantapájaros—, se descubre doloridamente —por su apariencia femenina— tan cercano a los humanos como tarado para sentir conceptos que maneja y que hasta es capaz de simular su rostro: el amor y la tristeza. Tal incapacidad y sobre emociones tan vitales, lo empuja hacia una búsqueda agónica; o sea, hacia la huida. No hace falta que les indique que tan breve y trágica peripecia si, por un lado, nos evoca de inmediato al esclavo de la caverna platónica que contempla por primera vez el sol, por otro y más cercano en los siglos, a la conclusión de Frankenstein (1818), de Mary Shelley, cuando el monstruo, hastiado de su forzosa soledad, confiesa al capitán Walton su propósito de inmolarse para hallar al fin el sosiego en la nada. Aunque si tratásemos de androides o de robots conscientes, quizá no los haya más populares en el presente que los cinematográficos «replicantes» de Blade Runner (1982), de Ridley Scott, desesperados por vencer su caducidad, o el HAL, de la serie 9000, de 2001 (1968), de Stanley Kubrick, aquel hipócrita suspicaz, cuya lente escarlata y cuya agonía final entonando Daysie Bell (1892) —por otra parte, la primera melodía cantada por un ordenador IBM, en 1961— todavía me estremece.

Y no obstante, Pedro Halffter cuando se propuso escribir Klara no quería abundar sobre la tan debatida, desde hace varias décadas, posibilidad de construir robots sintientes, sino de darlo por hecho para invertir la situación. Es decir; convertir a la máquina con conciencia en la dramática alegoría de nuestro sometimiento cada vez mayor a la tecnología, donde la realidad, como ya pronosticó Martin Heidegger en La época de la imagen del mundo (1938), será —si no lo es ya— una mera representación o, en términos de Jean Baudrillard, un simulacro; y como tal espejismo tecnológico no solo nuestras palabras, sino hasta nuestros sentimientos, hayan devenido en vacuas menciones —una especie de flatus vocis— tras las que no hallemos ya sino un leve rastro de las emociones que las suscitaron en su origen.

Sin embargo; Pedro Halffter, al permitirle a su androide la fuga final hacia un «no se sabe dónde», esboza una vaga esperanza, cuando los últimos avances tecnológicos, tan útiles y conformadores de nuestra cotidianidad, sumergen al individuo en una Galaxia Digital que, contra la preterida Galaxia Gutenberg de la página impresa, lo instalan en un presente fugaz y, por lo excesivo de su información y por su índole primordialmente icónica, borrador de toda memoria. Sin hablar de la tan en boga «inteligencia artificial», que prestamente sirve un conocimiento filtrado y compuesto «por no se sabe quién» o de las adictivas redes sociales; un par de instrumentos que, por su fácil manejo y por su «ilusión» globalizadora, paradójicamente, encapsulan al individuo en un extenuante solipsismo narcisista, como ha expuesto recientemente Byung-Chul Han. Por cuanto esa huida esbozada por Halffter en su ópera se nos dibuja como un tornarnos en Prósperos shakesperianos o en unos Peter Klein de Auto de fe (1936), de Elias Canetti; por tanto, en personajes trágicamente pervertidos.

Lo peor es que, optemos por permanecer en esta Galaxia Digital, subyugados por sus estimulantes e incesantes simulacros, u optemos por fugarnos —sea hacia el místico y aislado silencio, sea hacia una hermética y selecta biblioteca como los quebrantados personajes que acabo de citar—, se nos disuelve siempre el sentimiento de comunidad; en definitiva, de la más elemental e inmediata política; ¿y no dictó Aristóteles que el hombre es un animal político? Y a fuer de pecar de apocalíptico; ¿no sería ese el gran reto del porvenir: recuperar lo netamente humano? Empero, no soy capaz de atisbar cómo, salvo anotándoles, por manidas e incluso ya fracasadas, un puñado de torpes soluciones.

Artículo publicado por el "Imparcial" el lunes 29 de septiembre de 2025

*Gastón  Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.   

 

  

Por Ricardo Gil Otaiza

       Nuestro poder e importancia

La lectura no es solo un mero acto de entretenimiento, sino un ejercicio dialéctico, un intercambio activo (punto de encuentro); una manera de reescribir la obra desde nuestra propia interioridad

1.Nos dice Milan Kundera en Los testamentos traicionados (TusQuets, 2023): “El recuerdo es una forma de olvido”, y pareciera una antinomia, una magra contradicción, pero el recordar implica que estamos dejando a nuestras espaldas lo vivido, que todo aquello que formó parte de nuestra existencia se va quedando atrás, se va desdibujando, porque cada vez que evocamos lo hacemos como un ejercicio del intelecto, pero también como una forma de invención (literatura en estado puro), ya que adornamos todo aquello, lo reacomodamos, le insuflamos una luz y un brillo que en realidad no tiene, porque recordar implica también sacar lo que llevamos guardado en el abismo de la melancolía: que es hondo, inmensamente denso y tejido por claroscuros, y los recuerdos son apenas ráfagas de una verdad contenida que es y no es, que serpentea y nos juega malas pasadas, y con dolor a veces tenemos que reconocer que lo recordado es un olvido jamás aceptado por el orgullo y la razón, que intenta mantenernos en pie, sostenernos, hacernos creer que es un “algo” inamovible e inconmovible, y no es así: en eso nos equivocamos, caemos en su trampa y nos dejamos arrastrar como hojas que lleva el viento.

2. El autor español Fernando Aramburo, expresa en una entrevista hecha por el periodista y autor tinerfeño Juan Cruz Ruiz, para su libro Secreto y pasión de la literatura. Los escritores en primera persona de Borges a Almudena Grandes (TusQuets, 2025), lo siguiente: “Los libros suelen morir pronto en este país”, y no le quito razón, porque la industria del libro es tan poderosa y de tal impacto mediático en España, que el mundo de la novedad es una suerte de espuma, o de nube de algodón, porque salen tantos libros al mercado semanalmente, que a los avezados lectores nos es imposible estar al día (y resulta cuesta arriba por los altos precios de los libros), y al poco tiempo de estar en las vidrieras y mesones de las novedades en las librerías con bombos y platillos, muchos de ellos pasan a la trastienda y se pierden en las neblinas del olvido, y solo algunos (los más “afortunados”), los de los poderosos grupos editoriales, los de las “luminarias” (falsas, muchas de ellas), se mantienen en las listas de los más vendidos durante semanas y, entre ellos, muy pocos se convierten en los llamados “superventas”, y estos son los tocados por la varita de la suerte y de la magia, que los multiplica edición tras edición (con tirajes fabulosos), presentaciones aquí y allá, notas arrebatas y exultantes en la prensa (pagadas casi siempre por las más conocidas casas editoriales), ferias en todo el país y en el extranjero, ruido mediático, y un sinfín de estrategias de marketing.

Por cierto, el propio Aramburo vivió con deleite el impacto de su libro  Patria (en el 2016): una cantera en ventas, que estuvo una muy larga temporada en los tops de la prensa y de las revistas especializadas, hasta que lentamente cesó su ruido e impacto y hoy es considerado un clásico. Ahora bien, luego de su estruendoso éxito literario, sus nuevas publicaciones no han contado (ni de cerca) con la misma atención del público ni de los medios, y me imagino que su “queja”, expresada en la entrevista con Juan Cruz, destila un poco la amargura de ver sus novedades morir a poco de nacer, de recibir escasa atención, de no poder sentir hervir su sangre por la efervescencia de las emociones encontradas, de ser durante meses (incluso algunos años) el centro focal de la prensa ávida de noticias y de “novedades”, que realimentan a la gran maquinaria editorial y tanto placer nos proporcionan a los lectores, y a la industria editorial enriquece hasta el hartazgo.

3. La lectura no es solo un mero acto de entretenimiento, sino un ejercicio dialéctico, un intercambio activo (punto de encuentro); una manera de reescribir la obra desde nuestra propia interioridad. Cuando relatamos lo leído (o cuando lo recordamos), lo hacemos desde nuestra visión del mundo y, al hacerlo, engrandecemos la obra, aportamos referentes y experiencias, transformamos el libro en parte de nuestro ser: lo asimilamos, lo asumimos como nuestro, nos hacemos coprotagonistas y coautores, y en este ejercicio hay también la recreación de los personajes (y la fábula dada a nuestra manera), de allí la enorme importancia de leer.

La forma de acercarnos a una obra (sucede también con las otras artes) jamás será objetiva, o libre de sujeciones ulteriores, porque se echan a andar mecanismos insospechados, que interconectan lo leído con lo vivido (incluso con lo visto en otras obras), y esto nos hace crecer, cambiar referentes en nosotros: nos lleva a estadios de extrapolación que modifican la percepción del mundo de relaciones y, sin saberlo, nos conecta con dimensiones sutiles del Ser: eleva nuestro espíritu, acelera el flujo de ideas y hace de nosotros presas de nuevas y ricas experiencias vitales.

Cuando somos lectores (el subrayado exalta su importancia) nos convertimos en jueces de lo acaecido en las páginas, pero también optamos por ponernos en la piel de los personajes, y ello nos lleva a ser los buenos y los malos, la mujer o el hombre, el asesino o el santo, y con esta multiplicidad nace la confluencia de los hechos y las circunstancias, así como la visión caleidoscópica que nos lleva a atisbar derroteros e intenciones, coincidencias o divergencias, desenlaces y finales, porque la lectura activa (tiene que ser activa, no me canso de afirmarlo) nos hace ver el “todo” desde el terreno y a la vez tomar distancia (el hecho complejo), de allí nuestro poder e importancia.

*Escritor y académico venezolano

rigilo99@gmail.com 



Por Gabriel Jiménez Emán





Ser, Dolor y Utopía en Cesar Vallejo


Deuda con un poeta

Desde hace tiempo le debía –y me debía a mi mismo— una reflexión a la poesía de César Vallejo. Han pasado muchos años desde que en mi adolescencia veía, junto a poetas de mi generación, la figura de este escritor sentado en el banco de una plaza en Paris en actitud absorta, percibiéndolo acaso como un símbolo de la poesía americana, (un indio triste que vagaba y escribía en Europa) y representaba para nosotros una especie de esencia de la poesía americana por toda la carga anímica, histórica e intelectual que aportaban su figura y su obra para la configuración cultural de nuestra literatura, en momentos ciertamente cruciales para América. Sin embargo, su obra no conquistó en su momento los lectores suficientes ni fue interpretada a cabalidad.

Tampoco, creo, en las décadas iniciales del siglo XX, cuando aparecieron sus primeros libros (1920-1930), ni en las sucesivas (1940-1950) aun cuando su poesía ya fue reconocida, se le dedicaron estudios críticos que calibraran de manera suficiente sus aportaciones. Ni poetas coetáneos suyos como Vicente Huidobro, Oliverio Girondo, Pablo Neruda o Jorge Luis Borges, ni posteriores como Octavio Paz, Gonzalo Rojas, José Lezama Lima, Juan Liscano o Vicente Gerbasi, dotados todos para el ensayo crítico, le dedicaron trabajos críticos de relevancia. Aparecieron, sí, prólogos enjundiosos a su poemas completos (Folios, en Francia; Ayacucho, en Venezuela) y estudios críticos en diversas publicaciones universitarias de escasa circulación; pero en general la poesía de César Vallejo se ha dado por entendida e interpretada. Sus amigos Xavier Abril, Antenor Orrego, André Coyné, Juan Larrea, José Bergamín y José Carlos Mariátegui en un primer momento, y mucho después Enrique Ballon Aguirre, Guillermo Sucre, Américo Ferrari, Julio Ortega, Saúl Yurkievich o Fernando Alegría emprendieron trabajos de suficiente peso.    

   *Gabriel Jiménez Emán escritor, narrador, poeta, ensayista, compilador y traductor venezolano, destacando más en el ámbito de la narrativa y la poética, la cual ha sido traducida a varios  idiomas  y recogida en antologías latinoamericanas y europeas.

 


 

Myriam García-Grande Carromero



    

         

América, Poesía en Español: El Volcán Encendido

 Cuando era niña, atravesaba, con el corazón encendido, el pequeño       sistema montañoso para alcanzar la casa de mi abuela. Cruzaba el puerto, Navacerrada, y todas las cumbres tenían nombre: Siete Picos, Pico del Lobo, Almanzor, Cuerda Larga… la Mujer Muerta.

Era ese nombre y esa montaña en concreto la que hacía volar mi imaginación con más intensidad. La mujer yacente, con el vientre abultado, la cara mirando al cielo siempre azul de Castilla, vigilando quizás a todos los que franqueábamos sus dominios.  Y entonces cambie su tratamiento, ya no sería Mujer Muerta, si no, Mujer Dormida, la que guardaría mis sueños.

Y fue esa costumbre de buscar la poesía en los topónimos, mi primer contacto con las palabras acróbatas, con aquellas que abandonan su significado literal para crear la emoción, ese gusanito que se demora en las entrañas.

Caí rendida al ritmo que imponían aquellas pequeñas gotas de locura, a los sonidos que evocaban, a las imágenes que imprimían. Y entonces pensé, qué regalo más increíble he recibido sin tan siquiera saberlo: una lengua que canta, estremece, sueña, vibra y glotona, crece con los riachuelos que recibe de nuevas voces.

Sin darme cuenta me vi arrullada por las aguas rápidas de esas láminas saltarinas entre montañas y empecé el viaje de esta mestiza, tragona de fonemas y evocadora de historias no vividas.

Desde una primitiva embarcación, escuché los ecos de las botas romanas mientras luchaban con los naturales y se les caían de la boca los primeros vocablos, que esta tierra fértil en impregnarse de todo, acogió y modificó.

En mi viaje, mi pequeña barca no dejó intacto espacio alguno en la tierra de las columnas de Hércules. Me detuve en los monasterios donde el conocimiento creó miniaturas hermosas mientras el imperio romano se hacía piedra. Allá, en aquellas salas de silencio y oración, me aprovisioné, ansiosa, de una Vulgata buscando las glosas de aquel primer romance primitivo.

Tragaldabas de vocablos melosos, sentí que el río que me arrastraba engordaba con cada fonema, con cada rima, con cada ritmo. En Córdoba, me atiborré con la esencia del amor con un empedrado elegante de poemas en árabe, El collar de la paloma. En Castilla, las hazañas de un héroe proscrito, Mio Side, recuperaba la honra a través de una rima asonante con versos de extensión caprichosa.

El río que me arrastraba cada vez era más caudaloso, tan pronto de épica galante; otras, desatado discurso del amante de Dios, a veces, verdulero y jocoso, riendo a la muerte, y llorando la vida.

Una tremenda corriente me arrastró a un océano plagado de naos y carabelas. Y en la Santa María me escabullí. A la lengua que me había llevado hasta allí le pedí que nos llevara al mar ignoto, a encontrar otras tierras donde seguir yantando. Con la gramática de Antonio de Nebrija y la barriga abierta en canal, lamí las costas de aquel continente imprevisto al que otros llamaron las Indias Occidentales, y dejé de ser corriente, para ser manantial de nuevas lenguas con la mochila de la décima espinela canturreando en mi cabeza.

Escuché de un Ercilla que hacía mito al supuesto enemigo en el poema más bello de la fiera tierra de Chile. Sor Juana Inés de la Cruz componía versos llenos de pasión si no a Dios, a su representación del amor infinito. El Inca Garcilaso hacía de la epopeya y la utopía su bandera. Y así mi nave se vió empujada a una poesía salvaje, unas veces, otras, moderada dentro de la demasía. Y las más de las veces, única, brillante y explosiva.

Sin apenas sentirlo, me zambullo en la tierra que me acoge y me hago barro subterráneo, ojos de agua en la profundidad. Me usan como himno de nuevas repúblicas y luego como letra de constituciones imperfectas. Desde mi escondrijo, mantengo los vocablos de los naturales aprisionados entre mis enaguas, mientras recibo voces de otras tierras que se pegan a mi piel.

Y llega el siglo de las luces, de la letra que envuelve de oro, tierra, verde y agua. El realismo mágico tira de mí a la superficie, pero estoy tan gorda, tan llena de sal y agua que solo dejo que me vean unos pocos. Los agradecidos con mi donosura, descubren un mundo de exaltación donde la palabra se convierte en artista de circo y en acrobacias mortales, crea el código de los iluminados con las voces sin límites.

De lago subterráneo me convierto en explosión, los volcanes de toda América escupen mi mensaje. La tierra duele y yo soy fuego incombustible. A veces salpico de humor mi glosa, otras de ira, y siempre, de belleza.

América me duele y solo la poesía me calma. Las mujeres desnudan sus almas envueltas en mi lengua de ira, amor, sensualidad y deseo.  El volcán está listo para explotar y seguir descubriendo la belleza desde los extremos.

Si tú lo estás, si tú también estás listo para explotar, es porque perteneces a esta lengua mestiza, hija de gramáticas latinas rebozadas en lenguas de tierra y mar.

Bienvenidos todos, poetas,  a mi volcán encendido, a mi excéntrica singladura.

Resumen presentación en el XLIV Congreso Mundial de Poetas.

  *Myriam García-Grande Carromero, es escritora de ficción y novelista




Madrid.- 29 de septiembre de 2025

Sonia Muñoz Guevara

Presentación del libro:

Negra sangre del Sáhara, de Manuel Jiménez Delgado

La Asociación Cultural Espiques Itinerantes, nuevamente nos presentan otra actividad cultural, el día 3 de octubre, en el Auditorio Sala Contemporánea del Municipio de Adeje, c/La Huerta s/n, a las 19:00 h. 

Javier Velázquez director de esta asociación cultural, y Sita Sánchez, promocionan este acto literario. La presentación y entrevista, al autor Manuel Jiménez Delgado, estará a cargo del escritor Alberto Linares.

Negra sangre del Sáhara, de la editorial Almuzara, es la última novela, después de haber escrito: Y las cartas dejaron de llegar, Siroco 1957 y Humo en el cielo.

Descripción


El Aaiún, 1961. En pleno corazón del Sahara español, un asesinato sacude la aparente tranquilidad de la capital del desierto. Lo que parece un simple crimen esconde una intrincada red de conspiraciones donde el petróleo, el poder y las ambiciones se entrelazan con traiciones y secretos enterrados bajo las arenas. Fernando Ramírez de Viedma, un comisario marcado por su oscuro pasado en los servicios secretos, se enfrenta a un caso que lo llevará a los rincones más turbios de una sociedad en transformación, donde ricos empresarios, militares y viejas alianzas dictan las reglas del juego. A medida que tira del hilo, descubre que la verdad no solo es peligrosa, sino que puede costarle todo. "Negra sangre del Sáhara" es una novela histórica cargada de suspense y tensión, que nos traslada a una época de intrigas políticas y sociales en un entorno tan fascinante como implacable. Un crimen, un secreto y un escenario único que te atraparán desde la primera página.

Manuel Jiménez Delgado, nacido en Adeje, Tenerife en la década de los setenta. Es licenciado en Pedagogía por la Universidad de La Laguna en 2002. Ha publicado tres novelas. En la actualidad reside en el municipio que lo vio nacer, trabaja como bibliotecario desde hace dos décadas en la Biblioteca Municipal. Apasionado de la historia de España, comparte su amor por la escritura con el mundo del modelismo, la pintura y el cine, mientras retoca varias historias que espera ver convertidas en libros pronto.

No olviden, este viernes 03 de octubre a las 19:00 h. en el Auditorio Sala Contemporánea del Municipio de Adeje, c/La Huerta s/n

Invitados quedan.




Madrid.- 29 de septiembre de 2025

Poesía Recitada    

Nadia Ghulam

 De Fonoteca de Poesía   

 La Tradición oral en Afganistán: una antorcha y un grito

por M. Carmen Gascón B.

 

Nadia Ghulam es escritora afgana,

activista por los Derechos Humanos.

Desde la organización Puentes por la Paz dirige aulas clandestinas y talleres de costura donde mujeres en Afganistán aprenden a leer y se expresan a través del arte; también crea redes para alfabetizar a mujeres afganas que actualmente viven fuera de su país.


Ante tantos escombros y dolor en el mundo, cuando nuestra alma se tambalea y te preguntas si hay grietas de luz, el testimonio de Nadia Ghulam es una antorcha; quedamos con ella para conversar sobre la importancia de la transmisión oral en Afganistán, para que nos recitara algunos landai, ese tipo de poesía oral normalmente anónimo, que expresa amor, dolor... y que se compone de dos versos con 22 sílabas aleatoriamente distribuidas. Muchos de esos poemas se improvisan y se anclan en la memoria colectiva. Cada frase que Nadia Ghulam nos dice es grito, relámpago o llama.

 Os invitamos a escucharle y a caminar con ella construyendo puentes de paz.

https://fonotecapoesia.com/wp-content/uploads/2025/09/nadia-ghulam-170-ok.mp3

Proponemos leer el libro de Nadia Ghulam El secreto de mi turbante y también a la poeta afgana Rabia Balkhi, que vivió en el siglo X.

Promovido por la Fonoteca Española de Poesía hemos recitado en los últimos años algunos landai en encuentros de sanación poética, en reuniones por la Paz... Han servido de base el libro El Suicidio y El Canto. Poesía popular de las mujeres pastún de Afganistán. Escrito por Sayd Bahodín Majruh. Versión de Clara Janés.

 



Madrid.- 29 de septiembre de 2025

'Las crónicas de Narnia:

La travesía del Viajero del Alba'

de C.S. Lewis

El mes de septiembre sorprende a Lucy y a Edmund, los más pequeños de los hermanos Pevensie, surcando grandes olas en un barco con cabeza de dragón, junto al niño Rey de Narnia, Caspian.

En la tripulación estará el Gran Ratón Reepicheep, el más valiente de todas las Bestias Parlantes, y el insoportable primo Eustace.

¡Unidos en la búsqueda de los siete señores de Narnia y el país del gran león Aslan!

Ya está a la venta Las crónicas de Narnia: La travesía del Viajero del Alba (Libro 5), otra de las entregas más famosas de esta saga de fantasía épica gracias a la adaptación de Michael Apted hace 15 años.

La historia cuenta cómo Narnia cumple la promesa de traer una vez más de regreso a los menores de los Pevensie, Edmund y Lucy, que se reembarcan en una nueva misión con Caspian, que también tiene que cumplir su promesa. El día de su coronación, juró que si conseguía instaurar la paz en Narnia, zarparía para encontrar a los amigos de su padre desterrados. En caso de que hubieran muerto, habría de vengarlos. Más allá, una esperanza aún más grande: alcanzar el extremo más oriental del mundo para encontrar el país de Aslan.

Los dos libros restantes de la colección harán su aparición el próximo mes de octubre. Los siete títulos cuentan con las impecables traducciones de Gemma Gallart, así como nuevas y espectaculares cubiertas a cargo del diseñador norteamericano Owen Richardson.

En el 75 aniversario del comienzo de la saga, se trata de una gran apuesta de HarperCollins Ibérica que está devolviendo a la actualidad esta serie heroica para todas las edades.

Una tripulación de valientes héroes pone rumbo al este, más allá del fin del mundo, van en busca de los siete señores de Narnia, injustamente desterrados. Su travesía los llevará hasta aguas inexploradas y tendrán que enfrentarse cara a cara con sus miedos más profundos y los grandes peligros que se les presentan.

Y esto es solo el comienzo de la aventura.

Más de 115 millones de ejemplares vendidos en 70 países y el próximo estreno de un ciclo de películas y serie de televisión, avalan su plena vigencia.

 



Madrid.- 29 de septiembre de 2025


POEMAS:

Luis Josè Oropeza

 

Me perdonaron

por error

desde mi casa

derrumbada

y me lastimaron

las esquirlas

del aguacero

que se colaba

desde el techo

de las olas

como un mar.

 

De todos modos

comencè a sentir

desde entonces

mi corazón deteriorado.

 

Mi jaula

se mecía

sin romperse

y mis pájaros

tristes

            se marcharon.

 

Si me es posible

llegaré a tiempo

para leerte

el último capítulo

de mi novela

antes de que me vaya

por el mar de los lamentos

y me tope con un misil...

Si me es posible.

 

Cuánto quiero

leer de nuevo

esta campana

y su badajo

a la hora del Ángelus

antes del último disparo.

 

Mi casa 

es una trampa

bajo el cosmos

de los amuletos.

Un río

de excusas

acecha

bajo sus adoquines

                   solitarios.



Madrid.- 17 de septiembre de 2025


Arena-s de Carmen Paloma Martínez, circula por Madrid



El pasado 12 de septiembre, se presentó el poemario Arena-s de Carmen Paloma Martínez, en la Librería Mujeres, de Madrid. La periodista y poeta Aida González Rossi, presentó el poemario.

Carmen Paloma Martínez, nació en Madrid y pasó años de su infancia en Andalucía y en otras provincias españolas.

Es licenciada en Dirección de Empresas Turísticas, realizó sus estudios en Madrid. Vivió durante casi quince años en La Habana y reside desde hace 2005 en Tenerife.

Arena-s, el nuevo libro de Carmen Paloma Martínez, que acaba de ver la luz en Escritura entre las Nubes, es un poemario, sí, pero también es un canto elegíaco, un manifiesto, una crítica feroz y ardiente, un rezo, un conjunto de sentencias, un aviso, una llamada urgente a la cordura. Es, tal vez, una premonición, una misiva apocalíptica, un viaje lírico y visceral que entreteje imágenes de origen y ruina, infancia y catástrofe, delicadeza y violencia. Según su autora, en esta obra, «es la Tierra quien nos habla», nos comenta Elena Morales de la editorial Escritura entre las nubes.

«Hay una suerte de apocalipsis rondando cada poema. Un cielo que tiembla. El fin de un ciclo. La tierra elevando una queja agonizante, mostrando su desesperanza, su pérdida de fe en ese ser humano que también muere». Rosa M. Ramos Chinea

Ha presentado su obra en varios lugares de Tenerife: Librería de Mujeres en Santa Cruz de Tenerife, en La Laguna, Librería El Refugio, en el Centro Cultural de Los Crisitanos, (Arona) y ahora en Madrid, en la Librería Mujeres. Para luego continuar con un circuito por las islas Canarias.

Desde La Gatera Press, les deseamos muchos éxitos en sus futuras presentaciones.

 


Madrid.- 17 de septiembre de 2025

Por Gastón Segura

 

Evocación de un grafómano

 

Por estas fechas, hace veinte o treinta años y en mitad de una columna, Francisco Umbral solía contar que ya había enviado a Planeta el libro que nos había anunciado poco antes de agosto; mes aprovechado para el remate de estos tomos anuales gracias al asueto de la paginita diaria en El Mundo, y antes en El País, y mucho antes, en La Vanguardia y, remontando calendarios, hasta llegar a las oficinas de El Norte de Castilla y a la revista del SEU, cuando apenas sumaba veintidós años y Ava Gardner sublevaba las pistas del Pasapoga y del Casablanca, de taxi en taxi y con un enano rijoso. Desde entonces, Umbral jamás descansó; no podía. Pues, como me lo definiera Javier Krahe una noche de velador y whisky, Umbral no era un escritor sino un grafómano. Cesar de teclear su Olivetti, aunque fuese por un día, le suponía descender a la insoportable desolación de una infancia avergonzada y enfermiza allá, en Laguna de Duero, a una escolaridad interrumpida para eludir estrecheces y a las hoscas soledades de una Valladolid de sesión continua, tufo a zotal y cantos imperiales que sonaban más bien a almas desnutridas. Un tiempo demasiado acerbo para no sepultarlo jornada a jornada ametrallando palabras sobre la máquina portátil. Y tanto daba que fueran ingeniosidades del golfillo del final de la barra o extraídas al albur de una gruesa antología de poetas con gola velazqueña, lo excepcional, lo que convertía a Francisco Pérez Martínez en Paco Umbral es que aquellas palabras escogidas por su rabia de perpetuo hospiciano para redondear una frase o para estampar a un preboste tomando posesión siempre sonaban con una gracia tan nueva y tan precisa que, a la mañana siguiente, ya las propagaban las emisoras del país y, de inmediato, el paisanaje entero con una asiduidad imprevista.

Umbral no fue un intelectual; no pudo; primero las precariedades y luego las urgencias de redacción se lo impidieron; de modo que sus concepciones ideológicas no superaron lo escuchado en una conferencia o en un circunspecto cocktail o en un libro de esos de candente actualidad. Tampoco un novelista; sus relatos no excedieron a un Umbral trasladado a ámbitos ensoñados o entrevistos, y menos todavía, un biógrafo; sus títulos de este género se quedaron en sutiles etopeyas y astutas relecturas de sus autores predilectos, donde el dato concreto se ausentaba por innecesario. La verdad; Umbral, con un empeño insomne, no escribió otra cosa que sus memorias, veras o ficcionadas, y con tal descaro y porosidad —su oficio de jornalero de la página se lo imponía— que se tornaron en el escaparate donde la nación descubría, cada mañana, desde lo más empingorotado hasta lo más chocarrero tras un dengue de malicia. De manera que Umbral no alcanzando para escritor de género, acabó siendo un género en sí mismo; nacido de la intuición y del oído, del aprecio por lo insólito y la atención ante lo nuevo, y por encima de todo, del apremio por la entrega cotidiana de las cuartillas al periódico de turno para ganarse la manduca. Visto así, su mérito es enorme, porque, ante tal aprieto, incurrir en lo manido es lo corriente, pero convertir lo consabido y lo vulgar en resultón y hasta en sorprendente es lo excepcional; y ahí se ubicó cimero Umbral. Lo malo ha sido la secuela de imitadores que nos empalagan todos los días con sus cotidianidades de puro bostezo en los periódicos del país e incluso en las televisiones, dándoselas de ingeniosos cuando su prédica no va más allá de la de un feriante sin fortuna y, a veces, ni eso.

En cuanto a Umbral, a la par de sus memorias interminables, le fue naciendo el personaje; sus admirados Valle-Inclán y Gómez de la Serna se lo habían prescrito, y su mentor en tantas lides, Cela, se lo explicó sin decírselo, y tras todos estos, aquel niño desvalido y ocultado en un pueblo friolento de la alta Castilla se lo exigía con aullidos de dolor. Y ante tales demandas no cabía otra que transformarse en el Paco Umbral mundanal y callejero: un tipo que lo mismo se retrataba en cueros vivos bajo sus gafas de culo de vaso o que despotricaba con aquella voz de autoridad en trance de suspender la fiesta; un personaje construido en los espejos de la egolatría y en el aspaviento de la impertinencia, y con tal tino que acabó convirtiéndose en imprescindible para cualquier sarao gubernamental o aristocrático. No obstante, detrás había otro hombre llamado Francisco Pérez Martínez, frágil hasta la temeridad y anhelante de comprensión. A ese Francisco fue a quien traté una tarde de agosto, cuando los pájaros del Paseo de Recoletos se desmayaban bajo un calor vietnamita y Madrid dormitaba un vacío espectral. Hablamos —o mejor y para mi asombro, hable yo; él escuchaba con meticulosa atención— de literatura, sin tiempo y con esmero. Quedamos en vernos más veces para proseguir donde lo habíamos dejado; no hubo ocasión. Una verdadera lástima.

Quizá por eso, por esa cita pendiente, ahora, varias décadas después y vencido este último agosto, recuerde aquella tarde en el Gijón y con el gran Pepe Díaz como sobresaliente de espadas; o quizá, por habérseme pasado, durante este mes de abril, que hace veinticinco años le concedieron el Cervantes, premio enjugador de muchas de las amarguras de Francisco Pérez Martínez; sobre la pasarela y en los anaqueles, Paco Umbral.

Artículo publicado por el "Imparcial" el lunes 15 de septiembre de 2025

*Gastón  Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.   

 

 

Madrid.- 17 de septiembre de 2025

Por Ricardo Gil Otaiza

  

Matrimonio fantasma

Como lo indica la tradición ancestral china en remotas zonas campesinas, si un joven muere sin haberse casado, su existencia ultraterrena será solitaria y desafortunada, por lo que su familia deberá buscarle una esposa muerta o también viva...

La familia y los amigos estaban reunidos para celebrar el cumpleaños número veinte de Yong-ai y así dar continuidad a la vieja tradición de la China campesina (ancestral y profunda), de desear a cada miembro larga vida. Los fideos de la longevidad (o shòu miàn) los preparó la madre en la sopa para ser comidos con cuchara, y así evitar que, al pretender comerlos con palillos, se rompieran al comienzo o por la mitad, lo cual significaría un mal presagio; un terrible presagio para el cumpleañero.

En realidad, los asistentes al festejo eran personas en su mayoría ancianas (incluso, algunas casi centenarias), con mucha experiencia en este tipo de tradición milenaria, que se ha preservado pese a la fuerza del cambio epocal, que incluye ya en muchas familias, aposentadas en la ciudad, cuestiones propias de Occidente, como las tartas, las velitas y el canto del Cumpleaños Feliz.

La madre de Yong-ai, alborozada y dispuesta, sirvió los fideos más allá del mediodía, y todos se sentaron alrededor de una rústica mesa para comerlos y llevar adelante el ritual. No se sabe qué sucedió en realidad, pero en el preciso momento en el que su hijo se llevó la primera cucharada a la boca, cayeron en el plato parte de los fideos: destrozados, cortados en muchas partes, mutilados en su larga estructura moldeada en trigo y huevo. Ni qué decirlo, la madre entró en llanto, y los asistentes comprendieron en el mismo instante, lo que tal cuestión auguraba.

Por su parte, Yong-ai, impávido y, si se quiere, inmune a la vieja creencia, no le dio importancia al hecho y continuó su festejo sin mayores preocupaciones. Pronto lo sucedido quedó en el olvido.

Una mañana, a escasos tres meses del cumpleaños, la madre extrañada de que Yong-ai no se hubiera levantado, fue hasta su estera y no pudo despertarlo. El corrillo dio cuenta de que el joven murió pacíficamente durante el sueño por una causa desconocida. La madre lo lloró y enterró en silencio, y desde entonces su vida cambió: su presencia era casi fantasmal y ensimismada, y sus ojos ya no veían el mundo. La tristeza se había instalado para siempre.

Como lo indica la tradición ancestral china en remotas zonas campesinas, si un joven muere sin haberse casado, su existencia ultraterrena será solitaria y desafortunada, por lo que su familia deberá buscarle una esposa muerta o también viva, para que le haga compañía. Sin mayor demora, y para así evitarle sufrimiento al difunto, la madre de Yong-ai fue a la casa de un médium conocido en su zona, para que le ayudara a buscarle una esposa a su hijo.

El médium entró en trance y le dijo a la mujer que por ahora no había disponible una difunta con la que pudiera casar a su hijo, y que tendría que hallarla entre los vivos. En este punto del encuentro, puso los ojos en blanco y le dictó paso a paso lo que tenía qué hacer, le dio el santo y seña del alma gemela de su hijo y la alertó de que tendría que emprender un viaje para buscarla en una población vecina de la misma provincia de Hebei. Su trabajo consistiría en convencerla para que aceptara desposarse con el difunto y, una vez convencida, él oficiaría la ceremonia del matrimonio fantasma.

La madre, agradecida, emprendió de inmediato el camino hacia el poblado, tomó un destartalado bus que salía una sola vez al día, y con las señas del médium llegó a la puerta de la casa de la mujer. La recibió de malas maneras una anciana quien, reticente y desconfiada, llamó a gritos a su nieta, y pronto tuvo frente a sí a una joven espléndida: hermosa y bien plantada, que la miraba con desconcierto y duda.

La madre le contó de la tragedia y le dijo a la chica que, si aceptaba casarse con el fantasma de su hijo, honraría a sus ancestros y a los de él, y que se liberaría para siempre de tener que casarse con un vivo, con todo el empeño y el trabajo que traen consigo el llevar adelante una casa. Le dijo, además, que ganaría una nueva familia, y que cuando partiera de este mundo lo poco que tenía pasaría a sus manos. No dejó escapar la oportunidad para decirle que, en muchos años, cuando ella falleciera, tendría en el más allá a un compañero que prolongaría su felicidad, ya que así lo dice su nombre: Yong-ai es amor eterno.

La joven no aceptó la propuesta de la madre y molesta le pidió que se marchara. La mujer entristecida tomó el mismo bus de la mañana y fue en busca del médium para contarle lo sucedido. Éste, sin inmutarse, le dijo que, si el alma gemela de su hijo no aceptaba en vida unirse con él en matrimonio, tendría que hacerse con ella difunta. Habría entonces que matarla, o él sería para siempre muy desdichado.

Aunque alarmada, la mujer aceptó la idea por el bien de su amado hijo, pero no sabía cómo hacerlo. El médium le dijo que no se preocupara, que por poco dinero él conseguiría quien hiciera el trabajo: dos amigos suyos la secuestrarían y se la llevarían a su casa, y que ella debería tener todo listo para la ceremonia del matrimonio fantasma, que debería hacerse con el cadáver fresco. Él la oficiaría.

Llegado el día, la madre de Yong-ai tenía dispuesto todo para el matrimonio, mientras que la joven yacía casi agonizante sobre la antigua estera de su difunto hijo. De pronto, entró de manera intempestiva el médium y con el rostro mofletudo y demudado le dijo a la mujer, que él se había equivocado, y lo supo al conocer el nombre de la joven: Fei-lin, que significa “volar como un ave”. Ella no es el alma gemela de Yong-ai —agregó—: su sacrificio será en vano, él no tendrá con ella la compañía que necesita en la eternidad.

*Escritor y académico venezolano

rigilo99@gmail.com

 

 

Madrid.- 17 de septiembre de 2025

Por Myriam García-Grande Carromero

Cuando la guerra era tan solo una palabra

Algunos creerán que estoy loca, incluso yo lo temo. Vivo en una ansiedad angustiosa producto del bombardeo de noticias atroces desde el año 2019.

¿Por qué desde el 2019?

Quizás no lo saben, pero ese año el mal se escapó de la corteza terrestre y nos intoxicó a todos. Los pequeños ángeles caídos en la trampa de Lucifer llevaban décadas preparándolo. Como alquimistas del mal y del disfraz, nos tentaban con experimentos de tiranía y autocracia sin darnos tiempo al espanto mientras sus secuaces movían los hilos para mantener el arte tradicional de la guerra.

Sin embargo, en ese año, en el 2019, ocurrió algo excepcional, aunque pasó desapercibido para parte de Occidente: varios países sudamericanos fueron golpeados por una violencia inaudita que salió de las cloacas para zumbar a sus ciudades principales. En cosa de horas las calles fueron tomadas por el fuego y una horda enfurecida reclamaba bajadas de combustibles, o del billete del metro, para pedir, sin tiempo a la reflexión, una utópica igualdad largo tiempo esperada.

Yo viví en uno de esos países. Cuando ya me había acostumbrado al humo de las barricadas y a la tiranía de elementos con pasamontañas que me obligaban a un óvolo o a bailar para transitar por la calle, el demonio se inventó otra trampa: una pandemia con nombre codificado, COVID19.

Sin haber podido asimilar mi pérdida de derechos constitucionales me los volvieron a arrebatar bajo el miedo a una muerte segura si desobedecía. A cambio podía cantar todas las tardes desde el balcón en medio de caos de la excentricidad.

Convertida en campo de pruebas médicas como sacrificio para poder viajar, me sometí a vacunas, palitos por la nariz, escupir en una probeta y rellenar infantiles formularios para traspasar fronteras.

Tan absorta estaba en esos procedimientos burocráticos propios de la corte de Tolomeo que mi mente estaba anestesiada. No era capaz de predecir el siguiente movimiento del maligno.

Y ocurrió, una mañana nos levantamos y un señor bajito vestido de verde anunció que estaba en guerra con otro señor igual de bajito con la cara hinchada.

Ambos justificaban, cada uno por su lado, la acción ofensiva y defensiva en afrentas basadas en la cochina historia, origen de todos los males. Puertas mal cerradas por donde sigue pasando la corriente hasta que alguien decide abrirlas y se monta la gorda.

Desde el Occidente evangelizador se hicieron llamados para aumentar los presupuestos militares. Nos explicaron que la paz sólo era posible con la acumulación de violencia metálica y digital.

Sin haber digerido esta pesadilla, la televisión nos brindó otra nueva una mañana de octubre. Octubre es un mes maldito. Los medios audiovisuales del planeta nos regalaban imágenes de jóvenes, mujeres embarazadas, bebés y ancianos mutilados, antes perseguidos como conejos, luego transportados al modo de basura codiciada en camiones abiertos.

Sus cuerpos pisoteados por los ultrajantes se mostraban de forma obscena en todos los medios del mundo y otro conflicto, este agazapado en una red de túneles, se exhibía a cielo abierto, provocando la mayor mortandad de civiles nunca antes vista en el siglo XXI.

Al finalizar la noticia creí notar un aroma a azufre, luego confirmé que era pólvora.

Otra guerra sin fuego recorría el mundo: la opinión. Unos pocos se movilizaron para ayudar en lo que pudieran, aunque la mayoría estorbaba con sus blanquecinas opiniones de salón.

Mientras todo esto ocurría, una nueva sorpresa nos abofeteó sin piedad: el tirano sirio había huido, Damasco había sido tomada por los extremistas islámicos y Occidente aplaudía.

El bien y el mal viven en ósmosis continua y los demonios intercambian sus uniformes. El péndulo tiene todavía mucha energía y sigue visitando los extremos enfrentados, los hace afines.

La guerra, hasta hace poco, era solo una palabra. Ahora golpea las puertas de Occidente y la industria armamentística aumenta el PIB de nuestros salvadores.

Decenas de drones recorren los cielos del mundo, amedrentando, vigilando. Me pregunto, atolondrada por el aluvión informativo: ¿Cuánto durará este impase o tregua?, ¿cuándo la guerra dejará de ser una palabra digital o de papel cuché? ¿cuándo la sangre dejará de ser una imagen congelada en el televisor?

Estas preguntan golpean mi conciencia antes de entrar en anestesia, y al instante contesto despreocupada:

—No sé, ahora no tengo tiempo para pensar. Tengo que contar todo esto, alimentar de “stories” a mis pequeños diablos: mis seguidores de Instagram.

*Myriam García-Grande Carromero, es escritora de ficción y novelista

 

Madrid.- 17 de septiembre de 2025

Por Juan López

 

Educación para el Diálogo

“La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales” Artículo 27.2 de la Constitución Española.

La educación es efectivamente esa tarea que consiste en formar personas responsables y libres, activamente democráticas, conscientes del significado de la profunda dimensión de la dignidad del ser humano. Por eso es una tarea capaz de dar sentido a toda una vida, pues su objetivo último es precisamente ayudar a descubrir el sentido de la vida a nuestros alumnos y alumnas.

Se trata de enseñarles lo que significa el hecho de ser persona, de poseer la profunda dimensión de la dignidad del ser humano, nuestra gran riqueza, la que nos hace merecedores a todos por igual del más profundo respeto , independientemente del color de nuestra piel, de nuestro origen social o cultural, de nuestra religión, ideología u opinión, de nuestro género o nuestra edad, de nuestra posición coyuntural en la sociedad.

En la actual crisis de alejamiento de la sociedad de la vida política es necesario enseñar a nuestros jóvenes, que han nacido ya en democracia y que pueden creer que la democracia es algo natural, que no sólo la democracia no es algo natural, sino que ha sido y es una conquista continua de la humanidad, una conquista de algunos pueblos, que ni siquiera disfrutan todas las sociedades, que ha supuesto muchos dolores y sacrificios y, que como toda conquista humana, como las propias relaciones personales, puede debilitarse o perderse, si no se cuida, si no se realimenta, si no se rejuvenece cada día.

Se trata de explicar a nuestros alumnos y alumnas por qué la democracia es la forma de gobierno que mejor garantiza los derechos humanos, con el objetivo de movilizar la vigilancia para fortalecer y mejorar nuestra calidad de vida democrática. Y debe hacerse desde la educación para el diálogo, que nace de la conciencia de que es mucho más lo que nos une que lo que nos separa, que es mucho más lo que nos une a los demócratas que lo que nos separa, que es mucho más lo que une a las diversas culturas del mundo que lo que las separa.

Una educación para el diálogo y la convivencia en las aulas y en los patios de nuestros centros educativos, para mantener a nuestros jóvenes activamente alerta contra cualquier forma de exclusión racial o social, a partir de una formación dirigida al desarrollo de su capacidad para ejercer la libertad y la responsabilidad, la solidaridad y el respeto a las personas, que constituyen la base de nuestra vida en sociedad.

Para formar ciudadanos libres, que piensen y decidan por sí mismos, libres de estereotipos y de los condicionamientos de raza, frontera,sexo o condición social. Alumnado que sepa comprender la realidad social en que se vive, cooperar, convivir y ejercer el diálogo para construir proyectos compartidos en una sociedad plural, así como comprometerse a contribuir a su mejora.

Capacidad de diálogo para construir la unidad en la toma de decisiones en las más diversas situaciones y para responsabilizarse de las decisiones adoptadas. Para construir desde el diálogo el juicio moral para elegir y ejercer activa y responsablemente los derechos y deberes de la ciudadanía, desde una comprensión crítica de la realidad que exige experiencia, conocimiento y conciencia de la existencia de distintas perspectivas al analizarla.

Sabiendo que los conflictos de valores e intereses forman parte de la convivencia y deben resolverse con actitud constructiva y tomando decisiones a partir de una escala de valores construida mediante la reflexión crítica y el diálogo. Ello exige conocerse y valorarse, saber comunicarse en distintos contextos, expresar las propias ideas y escuchar las ajenas, ser capaz de ponerse en el lugar del otro y comprender su punto de vista aunque sea diferente del nuestro.

Por eso, educar en el diálogo no es otra cosa que educar para el pluralismo, porque la democracia también se debilita cuando se debilita el pluralismo, porque el pluralismo se fundamenta en el rechazo a que nadie se imponga o perjudique a nadie. En definitiva, en el respeto a los derechos inalienables de las personas y a su dignidad. Sabiendo además que si no hay reciprocidad no hay relación de respeto. Pues el pluralismo se apoya en el respeto a la diversidad y valora la disensión y, la transforma en elemento de unidad, que es el éxito final de toda convivencia.

Por eso nuestra propuesta es educar en el diálogo como modo de participación social, partiendo de un modo de construir la sociedad desde lo que nos une y no desde lo que nos separa.

Trabajar desde el diálogo nos lleva a sentir la opinión y la posición del escuchar atentamente al otro como posible portador de una contribución válida, conscientes de que cabe objetivamente la posibilidad de que nuestra posición pudiera no ser acertada.

*Juan López, es Inspector de Educación

Consiliario de Educación del Ateneo de Madrid


Santa Cruz de Tenerife.- 17 de septiembre de 2025

 

Abierto el plazo de propuestas para elegir la figura protagonista del Día de las Letras Canarias en 2026

Instituciones culturales, académicas y administrativas de Canarias podrán proponer candidaturas antes del 30 de octubre

El Gobierno de Canarias, a través de la Viceconsejería de Cultura, invita a academias, centros culturales y de investigación, universidades, ayuntamientos y cabildos insulares a presentar propuestas para la elección de la figura protagonista del Día de las Letras Canarias 2026.

Las candidaturas deberán presentarse al área de Cultura del Gobierno de Canarias antes del 30 de octubre por sede electrónica. Una vez cerrado el plazo, serán valoradas, por primera vez, por una comisión asesora, compuesta por nueve destacadas personalidades de la literatura canaria.

Este órgano estará conformado por José Ramos Arteaga, Alicia Llarena González, Beatriz Morales Fernández, Katya Vázquez Schröder, Humberto Hernández Hernández, María Isabel García Bolta, Félix Martín Hormiga, Eduardo García Rojas y Lázaro Santana Nuez. Así, la comisión evaluará la calidad, relevancia y aportación innovadora de las obras presentadas y seleccionará tres finalistas. La propuesta definitiva se presentará al Consejo de Gobierno, y se dará a conocer públicamente antes del antes del 30 de noviembre.

El Día de las Letras Canarias es una cita anual que celebra y difunde el legado literario de las Islas, rindiendo homenaje a figuras que han dejado una huella imborrable en la cultura del archipiélago. Instituido en 2006, este reconocimiento incluye un amplio programa de actividades que se desarrolla durante todo el año, con un acto institucional que tiene lugar cada 21 de febrero, fecha en que se conmemora el fallecimiento de José de Viera y Clavijo en 1813.

En sus últimas ediciones, el Día de las Letras Canarias ha estado dedicado a nombres destacados como Ángel Guerra, Félix Francisco Casanova o Alonso Quesada, escritor protagonista en 2025.



Madrid.- 12 de septiembre de 2025


'Las crónicas de Narnia: 
El príncipe Caspian'
de C.S. Lewis

 

¡Cuatro hermanos de regreso a la escuela!
Ha transcurrido un año desde que Peter, Susan, Edmund y Lucy volvieran del mundo maravilloso que descubrieron al abrir la puerta de un armario mágico, donde vencieron a la Bruja Blanca, reinaron y batallaron por la libertad bajo los designios del gran león Aslan. Ahora están de camino a la rutina escolar, esperando el tren en la estación… 
¡pero Narnia les llama de nuevo!


Ya está a la venta Las crónicas de Narnia: El príncipe Caspian (Libro 4), una de las entregas más famosas de esta saga de fantasía épica gracias a la adaptación de Andrew Adamson en 2008.

La historia cuenta que, un año después de la primera aventura, es decir, mil años después en tiempo narniano, los cuatro niños a quienes conocimos en El león, la bruja y el armario son convocados para defender al legítimo heredero del trono de Narnia, que ha sido usurpado por un tirano. Los hermanos Pevensie ayudarán al príncipe Caspian a reinar como le corresponde, habrá un combate de honor que decidirá el destino de todo un mundo… y ésta será la última aventura en Narnia de dos de los niños. 
 Los tres libros restantes de la colección harán su aparición a lo largo de este trimestre. Los siete títulos cuentan con las impecables traducciones de Gemma Gallart, así como nuevas y espectaculares cubiertas a cargo del diseñador norteamericano Owen Richardson.
 En el 75 aniversario del comienzo de la saga, se trata de una gran apuesta de HarperCollins Ibérica que devuelve a la actualidad esta serie heroica para todas las edades.
Más de 115 millones de ejemplares vendidos en 70 países y el próximo estreno de un ciclo de películas y serie de televisión, avalan su plena vigencia. 




Madrid.- 09 de septiembre de 2025

Canarias-La Gomera

San Sebastián de La Gomera abre el plazo para participar en el IV Concurso Literario Félix Casanova de Ayala

La cuarta edición de este certamen literario se enmarca en la celebración de las Fiestas de Octubre 2025

El plazo de presentación de obras finaliza el 26 de septiembre y toda la información está disponible en la sede electrónica https://eadmin.sansebastiangomera.org/

El Ayuntamiento de San Sebastián de La Gomera abre el plazo para participar en la cuarta edición del Concurso Literario Félix Casanova de Ayala con motivo de la celebración de las Fiestas de Octubre 2025. El plazo de presentación de las obras, tanto de relato corto como de poesía, finaliza el 26 de septiembre y tiene una dotación de 300 euros para cada modalidad.

La alcaldesa de San Sebastián, Angélica Padilla, adelantó que esta edición contará con la celebración del "Encuentro Literario Félix Casanova de Ayala", una jornada en la que se debatirá y anunciará el veredicto del certamen con la participación de Dulce Xerach, escritora de novela negra y ensayo, y de la poeta Irina Daria.

Creadoras del movimiento denominado 'Generación i', las dos autoras canarias compartirán este punto de encuentro literario que servirá para dialogar sobre sus respectivas trayectorias y analizar las nuevas tecnologías en el proceso creativo. Además, presentarán el proyecto de "Neuroliteratura" que estudia, entre otras cuestiones, las diferencias neurológicas en el procesamiento de la lectura, desde la comprensión, la empatía y la memoria hasta la capacidad sanadora de la literatura terapéutica.

Angélica Padilla remarcó que este certamen literario tiene, entre sus objetivos, la promoción de la creación literaria vinculada a la isla de La Gomera, "para que podamos descubrir y apoyar a nuevos talentos en el ámbito de las letras en nuestro archipiélago, ofreciéndoles esta plataforma para dar a conocer su obra".

Aday Herrera, concejal de Cultura, añadió que "es un homenaje que debemos rendir a uno de los poetas, novelistas y ensayistas más importantes de nuestro panorama literario, reconocido por su trabajo a nivel internacional y con una extraordinaria bibliografía. Félix Casanova de Ayala, popularmente conocido por su novela 'El Collar de Caracoles', es un referente indiscutible de la creación literaria de nuestra isla".

Herrera informó que, dentro de la programación de las Fiestas de Octubre de San Sebastián de La Gomera, "la cuarta edición de este concurso literario tendrá como temática principal las fiestas, la tradición y la idiosincrasia de la isla. Solo pueden participar autores mayores de edad y las obras deben ser originales e inéditas, tanto en la modalidad de poesía como en la de relato corto".

En la modalidad de poesía, la extensión mínima deberá ser de 12 versos y la máxima de 30, mientras que en el relato corto la extensión mínima se establece en 3 folios y la máxima en 5, que deberán presentarse en un tamaño de letra de 12, en tipografía Times New Roman o Arial.

Tan solo podrá presentarse una obra por modalidad y deberá hacerse en la Oficina de Registro de Entrada o a través de la Sede Electrónica del Ayuntamiento de San Sebastián de La Gomera. Cada relato deberá presentarse en sobre cerrado, por cuadruplicado y en páginas numeradas. Además, deberá incluirse otro sobre, también cerrado, en cuyo anverso figure el seudónimo y, en su interior, se adjuntará el nombre del autor o autora, fotocopia del DNI, documento acreditativo de su residencia en Canarias, dirección postal, número de teléfono y correo electrónico.

Las bases que rigen la convocatoria de este concurso literario están disponibles en la sede electrónica del Ayuntamiento de San Sebastián de La Gomera: https://eadmin.sansebastiangomera.org/publico/edictos/2025000084

 




Madrid.- 03 de septiembre de 2025

Por Gastón Segura

 

 Entre los perdedores

—No gana nadie; solo unos pierden más que otros.

¿Recuerdan esta lacónica respuesta de Harry Moseby a su mujer, cuando le preguntó quién vencía en aquel partido de fútbol americano que estaba mirando en el televisor? En efecto; sucedió en mitad de aquella —al menos para mí— admirable La noche se mueve (1975), de Arthur Penn. Y desde que se la escuché al defraudado detective interpretado por Gene Hackman, una tarde de un sábado cualquiera, inapetente y tumbado sobre un tresillo de skay de un destartalado apartamento de estudiantes, la he masticado ya demasiadas veces; siempre, por un suceso tan catastrófico como lo fuera, apenas unos meses antes, evitable.

Este verano, contemplando las imágenes de los incendios que han devastado de norte a sur la raya con Portugal, volví a morderla como lo que es para mí: una siniestra y resignada jaculatoria. Al momento y para levantarme el ánimo y, de paso, distraerlos —primera obligación de estas líneas— se me ocurrió que podía dedicarle este par de páginas a la película. Además, me venía de molde al cumplirse su cincuentenario. El resto era detallarles porque considero a La noche se mueve una de las más sugestivas narraciones del cine negro, con Chinatown (1974), de Roman Polanski, y El Ojo Público (1994), de Howard Franklin, desde que este género se envolvió en el todo color y abandonó, en el trasunto, la desgalichada trinchera y el embriagador stetson de ala ancha, ante el que se elevaban las sinuosas volutas de un Lucky Strike o de un Camel desemboquillado.

Pero he aquí que, mientras cavilaba sobre esto y aquello para armar el artículo, se me cruzó la tribuna, en el diario El País (del jueves 21 de agosto de este año), «Apostar por la seguridad climática», de Teresa Ribera, la máxima responsable de esta consunción de nuestros bosques y, apenas echando un vistazo hacia atrás, de la mortífera anegación de la Huerta Sur de Valencia. No en balde, ha sido secretaria de Estado de Cambio Climático (2008-11) y ministra para la Transición Ecológica (desde junio de 2018 a septiembre de 2024; es decir, hasta antes de ayer). Huelga decirles que la tribuna era un repertorio de sentenciosas vacuidades para enmascarar la inutilidad del gobierno ante las colosales igniciones de nuestros bosques, comenzando con el apocalíptico cambio climático y siguiendo con el bálsamo de Fierabrás de la transición energética, y por ahí todo seguido, el resto de petulancias: la sostenibilidad, la resiliencia, la transversalidad, y de cuando en cuando, hasta la solidaridad con las víctimas. En suma; una proclama tan fatua como inoperativa y, por descontado, de todo punto indignante ante la mera constatación de la voracidad incontenible de las llamas, a las que, por supuesto, no dedicaba ni una línea no fuera a salpicarle alguna pavesa.

Más estupefacto que enojado, me puse en contacto con los verdaderos peritos en el asunto: un par de amigos ingenieros de Montes, quienes, sobre sus cualificados criterios, me enviaron tres diagnósticos de otros tantos colegas suyos. Los cinco —y de diversas adscripciones políticas— coincidían en determinar las causas de la devastación: la ingente masa forestal —acumulación excesiva de biomasa, así la llaman técnicamente— por la «deshumanización» de las forestas españolas; es decir, por la carencia de todo aprovechamiento —prohibidísimo por la rimbombante Ribera y sus acólitos, escudados tras las directrices europeas y otros celebrados prontuarios internacionales—, cuya consecuencia es una selvatiquez que, sobre emitir diversas partículas excesivamente combustibles, produce una abigarrada acumulación leñosa, combinación indispensable para una ignición veloz e intempestiva, apenas se produce un aumento momentáneo de las temperaturas. Para lo demás, para su ingobernable y aterradora propagación, basta con un repentino ventarrón o de una intrincada escarpadura del terreno.

Entretanto, se ha perseguido despóticamente a los ganaderos y a los agricultores —recuerden las manifestaciones de esta primavera—, oficios que más aprovechan y transforman el bosque, al compás de una disminución hasta la ridiculez de la inversión en la limpieza invernal de estas superficies y de otros medios de intervención como retenes de bomberos especializados y sus dotaciones técnicas (drones, maquinaria…), con el añadido de la dificultad para la obtención de subvenciones con fines de desbrozamiento para aquellos terrenos que son de propiedad privada —proporción muy elevada en el caso de Andalucía—. Por tanto; más le hubiese valido a Teresa Ribera haberse preocupado por estos remedios menos campanudos y más inmediatos o por el fomento de un mercado leñero —por cupos y debidamente regulado— con que alimentar industrias que transformasen los ramajes y los árboles sobrantes en fuente energética alternativa para los establecimientos rurales, y suplir, al tiempo, el secular consumo de esta materia y estimular un nuevo usufructo y la consiguiente limpieza de las masas forestales; todo esto, sin mencionar el olvido de cualquier repoblamiento de los bosques con especies herbívoras silvestres o domesticadas. En fin; soluciones sencillas y al alcance durante su mandato, y tal vez no nos hubiese legado estos estropicios de auténtico pavor.

No obstante, estas calamidades se me antojan irremediables mientras el presidente del gobierno, converso del catecismo de la fantasiosa Ribera, siga emperrado en el pacto de Estado sobre el cambio climático; algo tan efectivo contra esta oleada de incendios —y cuantas se vaticinan— como lo de las rogativas al santo cuando aquello de la pertinaz sequía. De modo que, como Moseby, no me queda sino mascullar:

—No gana nadie; solo unos pierden más que otros.

Algunos hasta la vida.

 

Artículo publicado por el "Imparcial" el domingo 31 de agosto de 2025

*Gastón  Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.    

  


Madrid.- 03 de septiembre de 2025

Por Ricardo Gil Otaiza

 

La cultura como industria

En lo particular, prefiero pensar que el lector no es un cliente (hay quienes me apoyan conceptualmente en esta percepción, sobre todo los románticos, amantes de la literatura y de las artes en general)

Décadas atrás, las artes y las letras (que no entiendo por qué las separan, si las letras son una forma de arte) eran parte de un oficio artesanal: erigidas desde la paciencia de quien se entregaba por completo a construir una obra en solitario, y, que una vez concluida, podía permanecer en un estudio, taller o despacho un tiempo indefinido, hasta que ocurriese el “milagro” del descubrimiento, que la diera a conocer al mundo. Pero podía ocurrir el no-descubrimiento (dado en montones de artistas, que hoy son tomados como clásicos), y la obra quedaba olvidada y era el azar el que se encargaba del antes y el después. El gran pintor neerlandés Vincent van Gogh, pudo vender en vida una sola de sus pinturas, titulada El viñedo rojo, y alrededor de este hecho, y de todo lo que fue su vida, hay toda una polémica y una suerte de teorías aun por clarificar, pero lo cierto fue que se autopercibía como un fracasado, y, tal “sensación”, solo fue matizada gracias a la ayuda de su hermano Theo, quien era marchante de arte y anhelaba darlo a conocer al mundo.

En el caso de la literatura, los autores tenían que echar mano de la autoedición (Borges fue uno de ellos, con su primer poemario Fervor de Buenos Aires, por citar a una figura universalmente emblemática), porque no existía una industria que tomara el texto y lo pusiera a volar por infinitos destinos, hasta que su nombre lograra (o no) el reconocimiento. En Venezuela está el caso del merideño Tulio Febres Cordero, quien al tener una imprenta editaba con celo sus propios libros. La obra fundamental de Franz Kafka (El castillo, El proceso y América) fue publicada (y modificada) de manera póstuma por su amigo Max Brod, contraviniendo así el expreso deseo del novelista de que fuera destruida (cuestión que hoy se debate, porque bien pudo él mismo hacerlo y dejó en manos de su amigo la decisión, impulsado, tal vez, por el vivo deseo de que no se perdiera).

En el caso específico de la literatura, hoy en día se da también el fenómeno de la autoedición (Amazon hizo de él un hecho menos bochornoso, sobre todo para quienes no han tenido la “suerte” de hallar una editorial, que se interese por sus libros, y, dicho sea de paso, algunos de ellos se han convertido en best sellers: toda una realimentación). Empero, quienes sí logran insertarse en la rueda sinfín del negocio editorial, transforman sus textos en libros que se hacen mercancía en el contexto global, y podemos ver a autores que alcanzan a vender cientos de miles de ejemplares, que no siempre responden a los criterios estrictamente literarios (ya me he referido a este aspecto en anteriores entregas), sino que forman parte de una categoría un tanto indefinida de “materiales de consumo” para lectores no tan exigentes, o que solo buscan entretenimiento y pasar un buen rato.

Ahora bien, surge una interrogante: ¿es el lector un cliente? Visto desde el ángulo de lo mercantilista, algunos teóricos del área afirman que sí entra en tan compleja categoría, porque compra un libro en una casa comercial (librería), que se surte de una editorial o distribuidora al por mayor, y que a su vez deben dar razón de su venta al autor (que, dicho sea de paso, recibe un bajo porcentaje por cada ejemplar). Por lo tanto, desde la visión del marketing el lector es el consumidor final del producto. Claro, tal concepción queda en entredicho cuando pensamos en las bibliotecas públicas, que prestan servicios comunitarios casi siempre sin costo alguno para los lectores. Pero… ¿de quién es cliente el lector? ¿De la librería? ¿De la casa editorial? ¿Del autor?

En lo particular, prefiero pensar que el lector no es un cliente (hay quienes me apoyan conceptualmente en esta percepción, sobre todo los románticos, amantes de la literatura y de las artes en general). El lector es un consumidor de un bien cultural, transijo, pero si partimos de la noción inicial de las artes y de las letras de la que hablara al inicio, definitivamente no lo es, porque ser lector es ya una categoría única y pluridimensional, que no admite derivaciones de esta naturaleza, porque es alguien que se acerca a una obra de arte con fines de disfrute estético de la misma, y eso no tiene precio. Como no es un cliente quien paga un boleto de entrada para ver las obras en los museos. Como no lo es tampoco, quien entra a un concierto sufragando una onerosa entrada.

Pero, más allá del ámbito romántico (al que me adhiero, como queda dicho), el libro es un producto, y como tal se comercializa. Así pasa con la plástica, con la música, y paremos de contar. Independientemente de que yo, Ricardo, prefiera sentirme como lector en su concepción práctica y filosófica, como también espiritual, y que tal circunstancia ha producido en mi vida (y en la de muchas personas) un impacto inmedible e incuantificable, lo que no podemos negar es que la cultura es una poderosa industria, que mueve cuantiosos capitales en todos los órdenes del acontecer humano, y que tal desbordamiento (la industria editorial en España es poderosa, así como en Francia, EEUU, Argentina, México y Colombia, entre muchos otros, y ni se diga de la industria audiovisual, cuyos alcances se pierden de vista), hace de la misma centro de interés planetario.

Años ha, la cultura era una burbuja a la que no todos tenían acceso, y hoy se ha masificado. Sin embargo, surge así la realidad de su carácter crematístico, y la incidencia en la pérdida de la calidad y del halo sublime (y hasta beatífico) de antes. ¿A cuál de los eslabones corresponde, entonces, poner el cascabel al gato?

*Escritor y académico venezolano.

rigilo99@gmail.com


Madrid.- 03 de septiembre de 2025

Por Myriam García-Grande Carromero

Fuego

 

Este verano la noticia es el fuego, algo que como la sequía no se anticipa; se sufre y se comenta.

Bares y demás tribunas imparten sentencia sobre lo sucedido y la manera de solucionar este mal que como los ríos de estiaje es novedad predecible: cuando las lluvias de estación anegan las huertas milenarias, hay que prepararse para el desastre.

El fuego es parte de la historia del mundo, en general, y en particular, de esta península de múltiples climas y alocadas ideas. El fuego es el hipnotizador con el que celebramos la muerte de lo viejo y la llegada de lo nuevo: el solsticio de verano.

El fuego o su manejo es una herramienta para eliminar plagas, para repartir semillas e incluso para preservar el crecimiento de bosques que lo necesitan para crecer, para ser reciclados. Pero también es una herramienta de destrucción y cambio que el hombre usa para su interés, el que sea, por necio que el motivo parezca.

Para el hombre es un hito en su desarrollo el descubrimiento del fuego. Quiere decir, aunque no se atreve, de su control. Pero en realidad, solo sabemos encenderlo. Apagarlo es mucho más difícil.

Abrumada por el ruido vacío de cotorras tanto oficiales como oficiosas, mi cabeza vuela a Yosemite, al Parque Nacional protegido por el Capitán, el domo invencible. Me veo años atrás, con mi familia, delante de un marshall que nos explica la necesidad del fuego en ese ecosistema, en el parque de coniferas y pastos. Un parque invadido por tomas de agua y caminos de asfalto, con grupos de bomberos equipados a lo Fahrenheit 451 para provocar el fuego que extinguen horas después. Pero a veces el fuego es indisciplinado y corre juguetón entre los enormes secuoyas. Lame y marca sus troncos; las columnas más atrevidas, sus copas.

En muchos países boscosos, el fuego tiene una institución gubernamental que lo usa con diligencia.  No veo instituciones de ganado que hagan esa función y me confunde.

El fuego solo es noticia cuando el hombre no ha podido dominarlo o festejarlo, como en San Juan. Y digo repetidamente hombre porque la mujer es minoría en este gremio.

Desde el aire, con nuestros intrépidos artilugios, arrojamos tierra, espuma y agua. Desde la tierra, entregamos vidas y esperanzas.

Después mi mente caprichosa recuerda los fuegos indomables que todos los años acosan a Los Ángeles, la Amazonía, Siberia, la Patagonia o a grandes superficies de Australia.

Evoco lo lejano y no puedo mirar lo que tengo al lado.

Hasta Madrid, la ciudad borbónica e hija de Habsburgo, hasta ese pedazo de tierra que no es ciudad sino villa, el fuego ha asediado a sus vecinos despreocupados en este fatídico 2025. Año y desgracias que pronto se olvidarán por el aluvión precipitado de nuevas tragedias.

Y yo no quiero verlo. Cuando mire la montaña chata de nuevo quizás sea solo pasto de ceniza, y no quiero verlo.

Desde la España calcinada hasta la España inaudita, todos hemos sido pedernal y lumbre, alguna vez.

Lo sorprendente de esta vez, de este año de milagros tecnológicos, es que el hombre desde el poder no ha querido ser protagonista —¡terrible patriarcado! —, y le echa la culpa al empedrado:  al cambio climático o  al comodín del publico.

El nuevo puritanismo nos condena al fuego, inundaciones y mares desatados mucho antes del próximo milenio. El planeta se calienta, claman hordas amaestradas que no ven el fuego arrancando páginas de historia convertidas en virutas. ¿Es irremediable? Mientras unas cabras diligentes abren cortafuegos en algunos lugares olvidados y ahuyentan las hogueras.

El ser humano, patriarcal o no, lo quiere controlar todo:  la naturaleza, los prójimos y a la historia. Sin embargo, si no puede hacerlo, se acuerda de Dios, y entonces es una maldición.

A las cabras se les están uniendo unas vacas trepadoras que huyen del ardiente sol, y siguen pastando, construyendo nuevas heridas en los chisqueros para convertirlos en ignífugos.

Estas nuevas maldiciones, las de un planeta que ya no nos quiere, ya no se arreglan con el rezo y el arrepentimiento: se transforman en castigo y se olvidan vociferando.

Estos nuevos chamanes despellejaran tierra y gargantas con estos infalibles métodos, y el próximo año de lluvias pródigas y estiaje extremo, el fuego nos volverá a quemar con la ayuda del hombre.

Las ovejas se han unido al resto de rumiantes, son un ejercito que ara el follaje, lo machaca, mastica, digiere, excreta y deja pelada la tierra. Son los últimos supervivientes de la tierra yerma que florecerá la próxima primavera.

*Myriam García-Grande Carromero, es escritora de ficción y novelista. 


Madrid.- 03 de septiembre de 2025

Por Peter Schmidt Bubath

 



La peregrinación del nombre Bubath

 

Existen nombres que, como guijarros en la corriente de la historia, se desgastan hasta perder su forma. Y existen otros que, como un cristal duro, viajan a través de los siglos – raros, inconfundibles, un destello en la oscuridad.

Así es el nombre Bubath.

Apenas aparece – cinco veces en la guía telefónica alemana, como un puñado de semillas en un mar de Schulze, Schmidt y Müller. Pero cuanto más raro se muestra, más clara resulta su huella.

¿Su origen? Quizá allí donde el Nilo brilla al sol. En Bubastis, la ciudad de la diosa gata Bastet, se alzaba un templo que ya en la Antigüedad era venerado: Per-Bastet, la casa de Bastet. Allí estaba la fuente. Un nombre envuelto en la fuerza de la gata: protectora del hogar, guardiana del misterio, tierna y a la vez salvaje.

De allí, cuenta la leve leyenda, los hombres llevaron el nombre consigo.

Quizá judíos que tuvieron que abandonar Egipto. Quizá comerciantes en ruta. O quizá solo un hombre, que en tierra extraña fue nombrado con esa palabra en los labios: “Bubathis… uno de allí”.

La huella conduce a Tesalónica. Un puerto, un laberinto de callejuelas, un refugio para refugiados y mercaderes. Allí vuelve a aparecer el nombre, como “Bubat-” con múltiples sufijos – todavía en la guía telefónica de 2005, como raíces que se ramifican bajo las casas de la ciudad. Tesalónica fue el puente: una ciudad que guardaba lo que otros expulsaban.

Y luego, un salto hacia el norte. Durante siglos, a través de matrimonios, destierros, azares – el nombre se encontró en el Báltico, en Lituania. Allí se convirtió en el apellido de un cochero, que en un invierno gélido perdió la paciencia. El señor lo dejaba helarse en el pescante mientras él se entretenía en estancias cálidas. Unos tragos de vodka encendieron su valentía – y así lanzó a su amo las viejas palabras:

„Laižyk man subinę!“ – „¡Lámeme el culo!“

Una frase que rompió el orden. Un insulto tan poderoso que retumbó como un trueno a lo largo de las generaciones. El cochero perdió su empleo, la familia su lugar – pero el nombre Bubath permaneció. Viajó de boca en boca, de corazón en corazón.

La memoria de la sangre

No solo viajó el nombre, también la sangre.

Fluía por los cuerpos, millones de veces en círculo, siempre por el corazón, el órgano de la sensación. Así no llevaba solo vida, sino también recuerdo.

La sangre era como un disco duro del carácter – un depósito del alma de grupo.

Y esta herencia era pesada.

En la sangre de esta familia corría una melodía oscura:

una dureza que no sabía perdonar,

una memoria que conservaba cada ofensa,

una voluntad que no quería soltar el pasado.

Así, en el corazón – donde la sangre late siempre de nuevo –

no se alimentaba calor, sino la vieja brasa del rencor.

La ofensa no se perdía,

se deslizaba por las venas

y buscaba otro corazón, otro rostro –

hasta la “tercera generación”.

Era una herencia como una maldición:

implacable, rencorosa, inflexible.

Una corriente que no quería olvidar.

Pero esa misma corriente que puede conservar,

también puede transformar.

Porque la sangre no es solo memoria,

es también presente.

No lleva solo la vieja melodía,

espera el instante

en que alguien la reconozca –

y la conduzca a otra tonalidad.

Así vive el nombre.

De Bubastis a Tesalónica, del Báltico hasta hoy – a través de siglos y generaciones. Es un pequeño templo, un eco de la diosa gata Bastet, un insulto en la nieve, un sello familiar en tierra ajena.

Y en ti comienza la corriente que no solo guarda esa melodía,

sino que la transforma.



Madrid.- 19 de agosto de 2025

Por Gastón Segura

 

 

Nenia por un patriota

Bajo este calor de agosto, cuando apenas se habían desvanecido los vuelos fugaces de las Perseidas, se consumaba en el cadalso de Roa de Duero uno de los hechos más vergonzosos de la historia de la nación y, a mi parecer, también sino de cuánto sucederá en los dos siglos que han transcurrido ya desde aquella aciaga tarde. Juan Martín El Empecinado, a quién, salvo su vehemencia y su inabdicable independencia, poco puede reprochársele; ni crueldades, tan propensas en el ejercicio irregular de las armas, ni tampoco la rapiña desmesurada, pues sus botines se atuvieron siempre a lo estipulado por la Junta Central y de la Regencia; y acaso, revolviendo aquí y allá, solo le encontrásemos una lacha: su pasión por las mujeres. Los tres hijos concebidos fuera del matrimonio y aquel primerizo secuestro, cerca de Carabias, de una aristócrata francesa, que penó con cárcel en El Burgo de Osma, son prueba de esta mácula —si cupiese considerarla así por alguien—; pero nada más hay que pueda ensombrecer su peripecia en defensa de la patria, y sobre esta, de la libertad de los españoles. Y, sin embargo, como una bestia sanguinaria, amarrado de brazos y tirado desde un caballo, fue llevado desde Olmos, donde se le capturó —cuando se creía amnistiado por Fernando VII—, la noche del 22 de noviembre de 1823, en casa de su hermano, hasta Roa de Duero, donde, tras subirlo a un tablado para el vilipendio y la laceración pública, padecería diecinueve meses de presidio en un torreón y, por medio, juicio sentenciado ya por aquella frase del rey felón: «Ya es tiempo de […] despachar al otro mundo a Chaleco y al Empecinado»; luego, vino la ejecución injuriosa de malhechor —como al mismo Riego, dos años antes, en Madrid—, con paseo sobre un burro desorejado y entre una multitud venida para desfogarse y complacerse con su óbito, hasta que llegado al pie del cadalso, «dio tan fuerte golpe con las manos, que rompió las esposas —según relata con vil gracejo el alcalde de Roa—. Se tiró sobre el ayudante del batallón para arrancarle la espada, que llegó a agarrar; pero no pudo quedarse con ella porque el ayudante no se intimidó y supo resistir. Trató de escapar entonces en dirección a la Colegiata y se metió entre las filas de los soldados […] Por fin, los voluntarios realistas pudieron sujetarlo y lo colocaron en el mismo sitio donde estaba cuando rompió las esposas, esto es, junto a la escalera de la horca. Los sacerdotes intentaron exhortarle, pero, viendo que no les hacía caso, y, por el contrario, parecía burlarse, el fray Ramón, dirigiéndose al público como si echase una plática cristiana, gritó:

—¡No recéis por este perverso, que muere condenado! [...] Entonces, para evitar forcejeos y trabajos, se trajo una gruesa maroma y se ató por medio del cuerpo, y así se le subió hasta el punto donde tenía que hacer su trabajo el ejecutor de la justicia, que, ayudado por algunos voluntarios realistas, le sujetó fuerte, cogiéndole por los cabellos, y le preparó bien los cordeles [...] y quedó colgado con tanta violencia que una de las alpargatas fue a parar a doscientos pasos de lejos, por encima de las gentes. Y se quedó al momento tan negro como un carbón».

Porque no faltara traición contra quien fuera mariscal de España y laureado de San Fernando, ese fray Ramón se plugo en relatar los secretos de su última confesión por escrito a los absolutistas. Claro que, en la vida de El Empecinado, se cruzó Domingo Fuentenebro; quien ya lo encausara con encono cuando el episodio de la francesita, e incluso cuando era caudillo invicto del Bajo Aragón, la Alcarria y la Manchuela emitió, desde Sigüenza, gruesos pliegos en su contra a la Junta Central, y en su último juicio, corrió a Roa para encargarse de la alevosa instrucción; destruida al poco, para no dejar testimonio de su avilantez y de la de su señor y soberano, que le premió al punto con una muy suntuosa corregiduría. Y ha sido triste para todos, como les decía al principio, que durante estos dos siglos no se hayan sucedido en los estrados sino fray ramones y fuentenebros; esos bufeteros, ávidos de despacho público, y que en la administración y en los partidos se pliegan abyectos al superior mientras miran con torva inquina al insumiso; ¿o acaso me negarán que las cortes no se hallan cuajadas de ellos?; ¡si hasta un altísimo tribunal es presidido por quien se afana en emularlos!

Qué distintos de aquel hombre, espejo de lealtad a su pueblo y a la libertad, que conocida la traición del rey y ante las proposiciones de títulos y enormes capitales que le ofrecía, los rechazó con: «Diga usted al rey que si no quería la constitución, que no la hubiera jurado; que el Empecinado la juró y jamás cometerá la infamia de faltar a sus juramentos». Por eso les ruego que este martes, cuando se cumplirá el bicentenario de aquella ignominia en Roa, tengan un recuerdo para este héroe, ofendido por nuestra cobardía de entonces y, por lo visto, de ahora; tanto que ni el monumento de Burgos, levantado por suscripción pública y donde reposa, ni tampoco el de Alcalá de Henares, enjugan esta vergüenza. Y luego piensen que, pese al desgobierno venal vigente, aún disponemos de ejemplos en nuestro pasado para reconstruir la honra.

Artículo publicado por el "Imparcial" el domingo 17 de agosto de 2025

*Gastón  Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.    

  


Madrid.- 19 de agosto de 2025

Por Ricardo Gil Otaiza

Linchamiento en las redes

Los autores de calidad, que son también enormes vendedores de libros, lo son (o lo fueron) por su densidad y hondura argumental, por contar grandes y conmovedoras historias, por echar mano del ingenio y del talento

Ya no se requiere de un garrote para acallar al otro, o para ponerlo a la fuerza al servicio de una determinada causa (sea esta de cualquier calibre), porque las redes sociales se han convertido de un tiempo a esta parte en una trinchera oprobiosa, desde la que se busca acallar la voz que no conviene, la que molesta a los oídos de muchos, la que se atreve a pensar y a expresar distinto a la mayoría (y la contraviene), la que se singulariza precisamente por decirlo todo sin filtros ni tapujos, y es entonces cuando una masa ciega (muchas veces anónima y analfabeta) se vuelca contra esa voz solitaria y le cae a piñazos, la insulta, la erige en punto focal para sus constantes arremetidas, sin importarle si con ello se destruye un nombre y una reputación, porque la masa no piensa, solo sigue sus instintos, y cuando se topa con una víctima, pues la transforma en carne de cañón.

No es la primera vez que por decir algo en Facebook, en Instagram, o en X (no sigo otras redes, por fortuna), soy víctima de insultos, sobre todo cuando me atrevo a ir a contracorriente en muchos territorios, particularmente en el político. No obstante, curado como estaba de esos fantasmas, porque desde hace años juré no patinar en las pistas de la declaración política o electoral, me replegué en la literatura, en la que me siento holgado y cómodo (y con mucha cancha: toda la vida trajinando las letras), pero con un criterio estético que va más allá de lo comercial, para insertarme en una crítica basada en mi experiencia, y también en la realidad literaria del mundo global, que hoy adquiere dimensiones avasallantes y también esperpénticas.

Me atreví (debo reconocerlo: soy un atrevido e iconoclasta, y a mí me cuesta un tanto callarme cuando siento que tengo una verdad en mis manos) a criticar a la escritora chilena Isabel Allende, autora superventas que es idolatrada en muchos contextos de América Latina y de Europa, de quien expresé en Instagram que es una escritora mediocre y una mercantilista del libro. La reacción y linchamiento no tardaron mucho en darse, por la instantaneidad de lo electrónico, y los mensajes, todos subidos de tono, se salieron del contexto literario para adentrase en lo personal y en el insulto. Claro, no soy de los que se quedan callados, repito (y a veces es aconsejable dejar pasar si no deseamos quebraderos de cabeza), y las trincheras se armaron en mi contra, hasta el punto de que pocos me apoyaron y el aluvión me cayó en encima, sin que se lograra entender el sentido de mi crítica.

La masa no piensa, se deja arrastrar por la emoción, y si hay quienes azucen la bandera (por diversas circunstancias) de la “dignidad de la pobre mujer vapuleada por un don nadie, machista para menor ventaja y envidioso del éxito ajeno”, ya me dirán del zafarrancho que se armó, y al que tuve que desistir por fastidio, porque no me daban tregua ni un ápice de condescendencia, sino el ataque frontal para hacerme pagar la supuesta afrenta hecha a la Allende, que a entender de algunos es “una gran escritora” y, por ende, intocable por los cuatro costados.

Lo que jamás comprenderán los supuestos defensores de la autora (y digo supuestos, porque muchas veces quienes participan en tales reyertas, jamás conocen a fondo la materia tratada, sino que se suman mecánicamente a ella, para “gozar” y jorobar la paciencia a un fulano que osó ir más allá de lo aceptado), es que vender muchos libros no es un hecho necesariamente reñido con la calidad de una obra, y ejemplos hay montones en la historia de la literatura que lo avalan. Vendieron muchos libros luminarias como Vargas Llosa, Javier Marías y Julio Cortázar, por solo nombrar algunos autores, y enormes obras de la literatura se venden hoy como pan caliente y nadie, en su sano juicio, se atrevería a dudar de su calidad: El Quijote de Cervantes, Ulises de James Joyce, El lobo estepario de Hermann Hesse, Cien años de Soledad de Gabriel García Márquez, Romeo y Julieta de William Shakespeare, Crimen y castigo de Fiódor Dostoyevski, Cumbres Borrascosas de Emily Brontë, Madame Bovary de Gustave Flaubert, y dejo hasta acá la lista.

¿Es Isabel Allende una autora clásica y entrará en una lista como la anterior, por el solo hecho de vender cientos de miles de ejemplares de sus novelas a una masa informe y decididamente fanatizada? Perdónenme de nuevo, pero no. Y no lo digo yo solamente (no es algo que yo tenga entre ceja y ceja o en su contra, y exude mi veneno como un oscuro elixir): la crítica en general es unánime al expresar, que la novelística de la autora es comercial y de una medianía abismal; como abismal es la calidad de la obra total de un superventas como Paulo Coelho, que ha hecho una fortuna colosal comercializando sus libros, que son un río, aunque de un centímetro de profundidad.

Los autores de calidad, que son también enormes vendedores de libros, lo son (o lo fueron) por su densidad y hondura argumental, por contar grandes y conmovedoras historias, por echar mano del ingenio y del talento, alcanzando así belleza en el lenguaje y elevadas cimas de madurez humana. La literatura que hoy es clásica, fue posible porque toca con maestría el espíritu del hombre y de la mujer, en donde se cuecen las emociones, así como la alegría de vivir, pero también su tragedia y dolor. Son libros que, a pesar del paso del tiempo (o gracias a él), les siguen hablando con fuerza a las sucesivas generaciones, y nunca envejecen, porque son universales: muchos nos miramos en su espejo y nos vemos reflejados, tocados también por el inasible espíritu del arte.

*Escritor y académico venezolano.

rigilo99@gmail.com



Madrid.- 19 de agosto de 2025  

Myriam García-Grande Carromero



El rugido de la tierra, la garganta subterránea que templa caldos mineros

Desde Linares a Cartagena, el pico y el barreno desmenuzaron la roca en terrones, glebas antaño de azada que escondían plata, oro, plomo o zinc. El que debía ser siglo de la ilustración, compaginó las guerras de leyes viejas, religión y atisbos de liberalismo, con la explotación soterrada de la madre tierra.

Faenas olvidadas sacaron huesos de nuestros ancestros, como Atapuerca; otros agujeros naturales nos descubrieron las pinturas más bellas del mundo, Altamira, a base de tintura de la tierra, el fuego y las huellas del cuerpo.

Unos pocos se afanaron en exprimir las vetas, a golpe de martillo y sudor, para extraer el metal que construye útiles, o el combustible para olvidar el viento helado de las láminas yermas.

Los valles se cuajaron con el estruendo de la dinamita y el repicar cadencioso del pico y el martillo, ritmo antiguo, binario, casi animal, versos melódicos sobre quintillas o cuartetos octosílabos.

“Ay que adónde andará mi muchacho,

Ay, hace tres días que no lo veo

dime dónde está este muchacho

sí estará bebiendo vino

o andará por ahí borracho

ay, o una niña me lo habrá comprometido.”

Y bajo la tierra apretada, apalancada entre marcos de madera, allá abajo, en la soledad del eco de las palabras, fandangos y otros palos se ciñeron a las margas para ahogar el quejío eterno de los sepultureros de su propia sombra.

“Hay que madrugar

Madrugar y trabajar

Subir y bajar la cuesta

A mí me da poco el jornal

Eso no me llega la cuenta

A la mina no voy más.”

Las coplas cambiaron de ritmo y se volvieron boquetes en las gargantas. La tristeza de la pérdida, la soledad, el miedo, la pasión maldita y hasta la ausencia de honra se cantó desde las entrañas, con litros de alcohol barato y algún canario como impredecible aviso de la muerte.

Había nacido el cante minero, la taranta, los tarantos, la cartagenera, los levantinos, la murciana. El flamenco había salido de Andalucía para desentrañar caldos de cantes emparedados en el miedo de no ver al sol.

“Conchita la Peñaranda

la que canta en el café,

ha perdío la vergüenza

siendo tan mujer de bien”

Las letras eran y son anónimas, incluso acuñadas improvisaciones del día a día en forma de faena hercúlea, cantadas y modificadas por cada cantaor. Versiones sin derechos de autor, arte sin teatro, voces que templaban sin maestros ni fastos. Los primeros autores fueron los propios mineros que acompañaban el llanto de sus herramientas con las gargantas rotas por la niebla eterna de la galería.

Las mujeres fueron la vigía del minero enterrado para seguir vivo, para luego cantar con dignidad sus desdichas. Las que, con la prole y el recuerdo del cálido abrazo, obligaban al hombre a bajar día sí, día también, a enfrentarse con sus miedos. Más tarde fueron protagonistas en primera persona, producto de la viudez y la soledad-

El maestro Chacón, y luego otros, dio estructura a estos nuevos caldos, los perfeccionó y lo entroncó con el futuro nuevo flamenco. Creó el concepto de autoría sin eliminar nunca la raíz coral de este canto que es de todos. Don Juanito Valderrama los sacó del olvido, retando a sus compañeros de faena a sacar de la tierra amarga el canto silenciado por abandono y también por los nuevos ritmos, ritmos sin hondura, sin pasión, cantados mientras las manos de las mujeres enrojecían bajo el agua helada o los fogones ardientes.  Rojo el Alpargatero grabó las letras en el fondo de las minas y se hizo inmortal. Y Concha la Cartagenera se convirtió en mito.

Este año, en verano, se celebrará otra vez un festival que nos recuerda un pasado cercano, en tierra que fue de minas, en La Unión.  Transito entre el calor de fuego del asfalto y los viajes a lejanas latitudes con el canto de esta tierra domesticado en un pendrive.

Escucho a la gran Linares, a doña Carmen, recordar al minero que canta en la mina, por una oscura galería, y recuerda que dejó a su prenda durmiendo. El maestro Camarón se atreve con minera de la Unión y escucho el invisible zapateo de un taranto de la reina sin igual del género, la inmensa Carmen Amaya. Los cantos y bailes ya tienen algunos apellidos e incluso algún nombre propio, pero todos, todos son fruto amargo de un sentir colectivo, de la tradición oral de un canto que se transmite de minero en minero, de viuda a viuda, de maestro a sus discípulos. Los intérpretes colorean con sus voces la creación colectiva que no anónima de este canto sin fin. Las minas hace tiempo que muchas cerraron, pero la memoria sigue viva, el chorro de voz es hoy más fuerte que nunca, el quejío duele como barreno que explotara en nuestras entrañas.

Contagiada por esta magia, traigo las alforjas llenas con estas letras y estos ritmos, y se las presento a ustedes, desvelando un secreto, un patrimonio inmaterial que quizás desconocían.

Lo comparto con todos ustedes a modo de rito y reto, a modo de inspiración, para que ustedes creen sus propias coplillas que el tiempo y la humedad doliente de la mina convertirán en patrimonio doliente, anónimo y permanente.

“Tu una joya y yo el joyero

Tu eres el agua y yo la corriente

Tu una joya y yo el joyero

Tu el pueblo y yo soy la gente

Tú la maquina y yo el fuego

Ay, que tu el pecaor y yo el penitente.”


*Myriam García-Grande Carromero, es escritora de ficción y novelista. 

 


Madrid.- 19 de agosto de 2025

Por Juan López

 

JORGE VOLPI: La Poesía como terapia

Jorge Luis Volpi, es un escritor mexicano , miembro de la llamada Generación del Crack, movimiento de novelistas mexicanos que con El Manifiesto Crack pretende renovar la estética del “Boom latinoamericano” de los Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez, y Mario Vargas Llosa, de gran éxito editorial en Europa y en todo el mundo, planteando un nuevo modo de creación literaria alternativo.

Se integran en la Generación del Crack, además de Jorge Volpi, Ignacio Padilla, Eloy Urroz, Pedro Ángel Palou, Ricardo Chávez Castañeda, Alejandro Estivil y Vicente Herrasti.

Titulado en Derecho por la Universidad Autónoma de México y doctor en Filología hispánica por la Universidad de Salamanca, Jorge Volpi es un escritor genuinamente atípico, interesado por la política y el pensamiento actual y  apasionado del mundo de la Ciencia y sus implicaciones, como su padre, médico, con quien confrontó ideológicamente, pero del que aprendió la admiración por el funcionamiento del organismo humano. Sus novelas tienen siempre un trasfondo de reflexión ética.

Recibió el Premio Planeta-Casa de América en 2012 por una de sus obras más definitorias: “La tejedora de sombras” sobre su relación con Henry Murray, el director de la Clínica Psicoanalítica de Harvard, creadores ambos del Test de Apercepción Temática.

Además ha cultivado el ensayo con obras como “La imaginación y el poder”, “Una historia intelectual de 1994”, donde aborda la Revolución Zapatista o “El manuscrito de Jorge Cuesta”, que le valió el Premio Plural de Ensayo.

Jorge Volpi cuenta, además, entre otros, con  el prestigioso Premio Iberoamericano de las Letras “José Donoso” y  el reconocimiento de la Orden de Isabel La Católica en 2016.

Actualmente es el Director del Centro de Cultura Contemporánea “Conde Duque” de la Comunidad de Madrid.

Jorge Volpi describe de forma profunda las relaciones del organismo humano, con la psicología y la vida interior, así como la función terapéutica de la literatura tanto para el creador como para el lector, singularmente la poesía, la parte más significativa y, para quien esto escribe, la más bella y admirable.

Su última gran obra “Exámen de mi padre”, su libro más íntimo, nos desvela el de su vocación literaria y de sus aficiones, las controversias ideológicas con él,  en un contexto de autopsia de México.

 

*Juan López, es Inspector de Educación.

Consiliario de Educación del Ateneo de Madrid



Madrid.- 11 de agosto de 2025

Sonia Muñoz Guevara

A 6 años de su ausencia

José Carlos Cataño
JOSE CARLOS CATAÑO, SU PROFUNDA HUELLA LITERARIA, sigue viva tras su fallecimiento

El poeta y también artista plástico, nació en San Cristóbal de La Laguna (Tenerife), el 30 de agosto de 1954 y nos deja el 08 de agosto del año 2019 en Barcelona.

Todavía me cuesta creer, que nos haya dejado este gran hombre, de una sensibilidad extraordinaria, tanto para sus poemas, diarista, narrador, ensayista y también artista plástico, en la fotografía, pintura y collage.

En el Centro Cultural de Los Cristianos, (Arona)Tenerife,  en el año 2005 del 17 de junio, presenta su libro Los que cruzan el mar, aunque anteriormente ya lo había conocido, en una de las Ferias del Libro, en Santa Cruz de Tenerife. Conversamos de todo y así de sencillo, y contento de estar nuevamente en Tenerife. Por la noche, el público estaba esperándolo en la sala, para hablarnos de su obra.

Sus estudios, los llevó a cabo en la Escuela de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife, luego se licenció en Filología Románica en la Universidad de Barcelona en el año 1977. Se convierte al judaísmo en Marruecos, lo que influyó notablemente en su obra y pensamiento.

Fue miembro honorario de la Academia Canaria de la Lengua desde 2009. También fue director del ciclo cultural El papel de Canarias en Barcelona, en los años 1993 y 1996, impulsando la literatura canaria fuera del archipiélago.

Su poesía está marcada por la insularidad, el mar y la isla son figuras recurrentes que atraviesan su poesía, narrativa y diarios. En una entrevista dijo: “Escribo para conocerme y desconocerme, pero sobre todo por una necesidad vital”

Entre sus poesías, destacan: Disparos en el paraíso, Muerte sin ahí, El cónsul del mar del Norte, A las islas vacias, entre otras mas.

En Narrativa: De tu boca a los cielos, Madame.

Entre sus diarios: Los que cruzan el mar. Diarios 1974-2004 (2004), De rastros y encantes, La próxima vez.

Ensayos: Aurora y exilios. Escritos,1980-2006 (2007)

Izda. Reynaldo Perez So, Candido Hdez. Sonia Muñoz G. y José Carlos Cataño 

Con estas líneas, recuerdo a este amigo-poeta y también amante de los gatos, para suavizar la tristeza, que me ocasionó, el día que nos dejó, en su residencia de Barcelona.

A sus familiares y a su compañera Carmina de Luna, mi abrazo grande.


https://www.youtube.com/watch?v=MSlKPLsVMpE

AMORES ILUSTRES

(de El cónsul del mar del Norte, 1990)

 

Yo también podría decir algo acerca de eso.

Guardaos vuestras estrellas polares, vuestras

interminables noches de amor, vuestras damas

exquisitas, vuestras hembras calientes como,

una mañana por Nyangabulé. Tanto me da.

 

Acaso el amor sea el instante en que tiemblan

dos cuerpos demorando derramarse el uno en

el otro, los ojos en los ojos, la lengua en el

secreto previo al desfallecimiento.

José Carlos Cataño

 

MI COPA DE VINO

(de Disparos en el paraíso, 1982)

Alguien,

si alguna vez, tan intensamente

fue, como el recuerdo gime,

arde tan lejos que ya lo creo

verdadero en la distancia.

Quise arder sobrevivo de su cuerpo

que no fue. Mas mi empeño, de dañarlo.

José Carlos Cataño

 




Madrid.- 06 de agosto de 2025

 Por Gastón Segura

 

UNCIDOS A LA PROEZA

Apenas se había cumplido mes y medio de la boda entre Catalina de Bora y Martín Lutero, suceso estupefactante para la Iglesia, pues ambos eran, sobre proclamados herejes, monjes exclaustrados, partía de La Coruña la flota —ni más ni menos que siete naos— bajo el mando de quien también se le titulaba freyre por profeso caballero de Malta, García Jofre de Loaysa. Esta expedición llevaba dos grandes cometidos: asentar plaza en las Molucas —entonces posesión portuguesa— y, entretanto, averiguar qué había sido —y en su caso, rescatar— a los tripulantes de la Trinidad; aquel otro barco que partiera, tres años antes y a la par que la Victoria de Elcano, de Tidore, bajo el mando de Gómez de Espinosa, pero con rumbo inverso; es decir, desde poniente a levante para arribar, sobre el extensísimo Pacífico, a las costas mejicanas. Por lo demás, la salida de esta escuadra de La Coruña supuso tal acontecimiento en la ciudad y en la corte imperial que hasta se pensó en abrir allí nueva y exclusiva Casa de Contratación para el pingüe comercio de las especias.

Y aunque supongo que habrán tenido ya noticias por la prensa, pues hace unos quince días se celebró su quingentésimo aniversario, no me he resistido a dejarles estas líneas por lo hazañoso de la aventura y, sobre todo, por los personajes enrolados en la misma, que, cuanto menos, son señeros jalones de nuestra historia. Por lo pronto; mencionaré a Juan Sebastián Elcano, vero conocedor de los mares del viaje, quien, contra toda prudencia, no era el almirante sino solo el capitán de la Sancti Spiritus. Y no es que Loaysa fuese un estafermo puesto al gobierno por su pariente fray Francisco García de Loaysa, confesor de Carlos I y presidente del Consejo de Indias; al contrario, contaba con una muy conveniente experiencia diplomática para pactar con los aborígenes y los comandantes lusitanos, adquirida durante sus embajadas ante la Sublime Puerta, en Estambul. Pero aun así, la travesía era ignota, dado que constituía la segunda navegación por aquel derrotero. Y para muestra lo sucedido: apenas embocaron el estrecho de Magallanes, la Sancti Spiritus se desbarató contra los farallones. Visto el tamaño de los tumbazones antárticos, la Anunciada desertó rumbo al cabo de Buena Esperanza y jamás se supo de ella; mientras la San Gabriel, más cauta, giró de bordo y para España. Así que de siete, quedaron cuatro navíos ante el Pacífico, cuando una nueva tormenta los dispersó: de la San Lesmes perdióse todo rastro; en cambio, la Santa María del Parral, aunque desgajada, afirmó su propósito y arribó a las islas Célebes, donde sus tripulantes fueron esclavizados, y en cuanto al patache Santiago, en cabotaje andino, ascendió hasta la Nueva España; total, que tras aquel turbión, la Santa María de la Victoria, la capitana, se halló absolutamente desmerecida; y más al mes siguiente, cuando el 30 de julio moría en su cámara Loaysa, y a las cinco jornadas, su sucesor en el mando, Juan Sebastián Elcano.

Tal que bajo un capitán de improviso, el contador Martín Íñiguez de Carquizano, llegó a las Molucas el 29 de octubre de 1526 —tras un año, tres meses y cuatro días de navegación—, con ciento cinco hombres, entre los que se hallaba el grumete Andrés de Urdaneta. Les aguardaba por delante una década de pugna con los portugueses, porque, en efecto, lograron alzar fuerte y bojear el archipiélago de la especiería, y todavía más allá cuando apareció, desde Zihuatanejo, al norte de Acapulco, la Florida, al mando de Saavedra Cerón, quien tentará en dos ocasiones el tornaviaje, por Nueva Guinea al sur y por el norte hasta Cipango, para dejar de estos conatos una enjundiosa relación que servirá años después a Urdaneta.

Este mozo con su último capitán en las Molucas, Hernando de la Torre, pisó al cabo Castilla en junio 1536, huidos de Lisboa, donde Urdaneta fue despojado de toda su valiosa documentación, pero en absoluto de la memoria. Con su minucioso recordar rehízo lo vivido y sabido durante aquellos diez años ante el Consejo de Indias; luego, recibió compensación acorde y hasta licencia para retornar a América. Ya en la Nueva España, ofició como capitán y corregidor hasta 1553, cuando con cuarenta y cinco años se enclaustró como agustino en el cenobio de México. De allí saldría, dos lustros después, por real orden para servir, como reconocido peritador de las geografías australes, de cosmógrafo en la expedición de López de Legazpi, cuyo objetivo era afirmar el aposento de las Filipinas. Y allí arribaron el 13 de febrero de 1565. Aunque llegado el 1 de junio, Urdaneta acometió el segundo mandato de la empresa, donde habían fracasado tanto la Trinidad como la Florida de Saavedra. Y zarpó de Cebú con la San Pedro rumbo norte hasta superar la latitud de Cipango. Allí aguardaba, según sus antiguas noticias aquilatadas durante decenios, que la corriente de Kuro-Shivo lo pusiese a la vista de La California. Así ocurrió en septiembre, y frente a Acapulco, el 8 de octubre; una derrota de apenas cinco meses; asombroso.

Acababa de trazar el tornaviaje del célebre Galeón de Manila, que cambiará la economía de China y de Europa, mientras convertía, durante los dos siglos siguientes, a México en la ciudad donde el derroche y la suntuosidad no conocían parangón en el mundo. Y, a su través, este manojo de proezas que debiéramos evocar cada tanto, aunque fuese por mero orgullo.

Artículo publicado por el "Imparcial" el domingo 04 de agosto de 2025

*Gastón  Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.    

 

Madrid.- 06 de agosto de 2025

Por Ricardo Gil Otaiza

   

COMO LAVA ARDIENTE

Vistas las circunstancias, pronto concluí que hay libros que se escriben para la mera contemplación (de allí el título), y que la misma te coteja con el “Yo”, te enfrenta con dureza a tu realidad y hace que reacciones

Quienes escribimos, no necesariamente lo hacemos para exponer nuestros textos a la vindicta de un lector, sino como una manera de reconciliarnos con nosotros mismos, de establecer en nuestra interioridad una suerte de hilo conductor, que nos amalgame y haga de nuestro ahora un espacio para la vida, y para esto nada mejor que los diarios, en donde asentamos el día a día, y vamos concretando a largo plazo un relato de nuestra propia historia.

En realidad, nunca me había planteado llevar un diario, hasta que un recordado profesor de mi primera maestría, quien era consultor personal y psicólogo, nos invitó a escribir un diario, y la experiencia me gustó: esos textos están en el cuaderno de gran formato de tapas duras y negras que compré para la ocasión (por sugerencia del mismo profesor), y que dejé en Venezuela, y créanme que jamás estuve tentado a publicar todo lo que allí asenté, que fueron unas cuantas páginas (tal vez unas cincuenta) con cuestiones personales y familiares, y con el correr de los meses el ejercicio perdió fuerza y sin percatarme abandoné su escritura.

Por supuesto, si hoy me propusiese transcribirlo y publicarlo, pues no me reconocería, porque estaría hablando del hombre que fui y que ya no soy, del hombre que dio un giro de ciento ochenta grados a su existencia, y no me sentiría “identificado” con aquellas entradas que daban cuenta (sobre todo) de mis lecturas asociadas con episodios del día a día, y hasta la prosa sería para mí algo ininteligible, porque cambié drásticamente mi manera de escribir, de relatar hechos e historias, y no sentiría en ese libro que estuviese hablando de mí mismo, sino de otro; posiblemente de un heterónimo.

Años después (el 1 de enero de 2019) emprendí la dura tarea de llevar un diario en una hermosa agenda que compré para tal fin (me gustan las agendas), y no hubo un solo día en el que, a pesar de la fatiga y del cansancio por mis obligaciones (y por la inmensa crisis nacional que teníamos encima, que me doblaba los hombros casi hasta derrumbarme), no asentara mis emociones y sentimientos que salían de lo más profundo de mi ser, y el 31 de diciembre de aquel año (el más duro de mi existencia, ya que mi familia había emigrado y yo me hallaba solo en la casa), puse el punto final al libro.

Sí, trescientas sesenta y cinco páginas que palpitaban como un corazón herido, que me llevaban a recomponer (si es que aquello era posible) los girones de mi vida quebrada hasta más no poder, desgastada y avasallada por los acontecimientos personales y familiares, lacerada hasta la total pesadumbre, y fue así como en el 2020 me di a la fatigosa y compleja tarea de transcribir y de corregir los textos, de darles (a veces) la coherencia y la lógica que la rapidez de la escritura resquebrajaban, de insuflarles el reacomodo y la vitalidad inexistentes en un espíritu trastocado como el mío, que sentía cómo su mundo se había ido a fondo y que ya no había vuelta de página posible; que todo estaba consumado.

Cada entrada era un tormento, y no por la autocompasión, precisamente, tan común en estos casos, pero que jamás ha sido mi consejera (por fortuna), sino porque me sentía vaciado del espíritu, exento de energía y de fuerzas, carente de aquella animosidad con la que desde siempre acometía la preparación de un libro (y que me lanzaba en los brazos del sueño y de la esperanza), y sin ilusión no hay posibilidad alguna de una obra, aunque esta sea un libro diario, que daba cuenta de tantas cosas: buenas y malas, de obras ajenas y propias, de proyectos y de realizaciones en los que había invertido todos mis sueños.

Apurado como estaba, y en medio de una espantosa epidemia (que se sumó con codicia a mis subyacentes males del espíritu), pronto contacté a una editorial mixta (de aquellas que editan bajo demanda y que colocan el libro en versión electrónica en las plataformas) y les mandé mi libro, que titulé: La imagen que me contempla. Diarios 2019, que supongo nadie habrá leído en papel (cada impresión es muy costosa), pero que trajo a mi ser una paz inexplicable: una serenidad que hacía tiempo no recordaba, y que surtió en mí una suerte de catarsis emocional y me dejó una insospechada liviandad, que tardó mucho tiempo en marcharse.

Vistas las circunstancias, pronto concluí que hay libros que se escriben para la mera contemplación (de allí el título), y que la misma te coteja con el “Yo”, te enfrenta con dureza a tu realidad y hace que reacciones, aun en medio de difíciles circunstancias, y esto es sencillamente sanador.

Claro, es sanador si los diarios son de veras, es decir, escritos en el día a día, lo que trae consigo fluctuaciones, declives y hasta elevadas cimas (como habrá de suponerse), porque la vida no es tabula rasa, sino la genuina representación de una sinuosidad, que muchas veces nos desborda hasta el desvarío, y otras tantas nos lleva por los insospechados territorios del alma, que no siempre se muestran iluminados sino en medio de terribles sombras.

Hay también los falsos diarios, que se escriben con fines literarios, que buscan diversificar los intereses temáticos bajo la figura de entradas con sus fechas, y, que, dicho sea de paso, se disfrutan enormemente, como La letra e de Augusto Monterroso, que he leído infinidad de veces y que ya es un clásico.

Y hay también, finalmente, los diarios que jamás se publican y se quedan durmiendo en las gavetas (como los primeros que llevé), pero que nos llevan a disciplinar la escritura y el pensamiento, a discernir situaciones, a dejar que aflore todo aquello que nos posee como lava ardiente.

rigilo99@gmail.com

 

Madrid.- 06 de agosto de 2025

 Por Gabriel Jimenez Emán

ZIZEK

La creciente notoriedad del esloveno Slavoj Zizek se debe sobre todo al permanente empleo de medios masivos de comunicación para transmitir sus ideas. Se ha valido del cine y del video para poner ejemplos concretos acerca de lo que está exponiendo, y lo ha hecho con brillantez y osadía. Sus películas y videos le han servido para hacer hincapié en los problemas que desea elucidar, y con ello ha ganado un auditorio importante. Posee gran sentido del humor, es desenfadado y desaliñado, y eso gusta a los jóvenes. Se ubica de modo presencial en los escenarios de crisis y desde ahí emite sus juicios y valoraciones, que le han dado la vuelta al mundo. Es prolífico y no tiene miedo a equivocarse; es blanco de críticas y acusado de plagio, rectifica, va hacia adelante.

La formación de Zizek es esencialmente marxista. hegeliana y psicoanalítica, y su estilo barroco y suntuoso; hace permanentes parodias y se involucra con el tema a tratar hasta quedar exhausto. Así lo ha mostrado en sus numerosos libros, de donde citamos Porque no saben lo que hacen. El goce como factor político (1998), El acoso de las fantasías (1999), Reflexiones sobre el multiculturalismo (1998), La revolución blanda (2004), El espinoso sujeto. El centro ausente de la ontología política (2001), Amor sin piedad. Hacia una política de la verdad (2005). 

En todos ellos hay aseveraciones inquietantes y acaso sorpresivas (o sorprendentes), pero dotadas de un fuerte sustento conceptual. Me ha gustado especialmente su libro El discreto encanto de la ideología (1989), uno de sus primeros trabajos, obra donde aborda uno de los nudos gordianos de la contemporaneidad: el monstruo de la ideología; monstruo que ha devorado casi todos los demás estamentos: historia, cultura, política, poder: todo ha sido pasto de la ideología. En ésta hay páginas admirables que discurren observando primero lo que Zizek llama el “Síntoma”, por donde desfilan acercamientos a Marx y Freud, el fetichismo de la mercancía, la risa totalitaria, el cinismo como forma de ideología, la fantasía ideológica y la objetividad de la creencia; también nos presenta a Kafka como crítico indirecto de Althusser y a la fantasía como soporte de la realidad; luego lo que él llama el plus-valor y plus de goce. En la segunda parte del volumen nos encontramos con lo que él llama la falta en el otro, la identidad (el colchón ideológico), la anamorfosis ideológica y la retroactividad del significado, la fantasía como pantalla para el deseo del Otro y la fantasía social. Para finalizar esta sección, hace parodia de una película de James Bond: Sólo se muere dos veces (la película se titula Sólo se vive dos veces): entre éstas dos muertes se hallan la revolución como repetición, el amo y el dirigente. En la parte tercera de este notable libro nos encontramos con un acercamiento al sujeto: el significante fálico, el antagonismo como encarnación de lo Real, la opción obligada de la libertad y el sujeto supuesto, intercalados con un “chiste” hegeliano (no olvidemos que Zizek tiene como uno de los referentes de su filosofar a Hegel) y el supuesto saber. En fin, el filósofo esloveno se da gusto en la titulación provocativa de sus enunciados, para concluir con la lógica de la sublimidad; “la riqueza es el yo”, “el espíritu es un hueso”; rematando con varias postulaciones y presuposiciones que pueden ser intercambiables, en este permanente juego conceptual que realiza Zizek para encantar al lector. Lo que me atrae más de Zizek es que en su discurso coloca a todos los filósofos en el mismo rasero, no tiene preferencia por ninguno, disfruta pensando, todos dialogan en él por igual.

También acierta Zizek cuando emplea el método psicoanalítico                          –especialmente el lacaniano- lo aplica a la posmodernidad y a la sociedad global del siglo XXI. Mediante un estilo provocador, ha conseguido atraer una nueva atención hacia la filosofía, que había entrado en una especie de hibernación pública, y ello tiene su mérito. En todo caso, ha puesto de nuevo a nuestra disciplina en la palestra y ha hecho que muchos jóvenes se interesen en ella no como mera curiosidad (se hallan embebidos muchos de ellos en los medios visuales, a punto de convertirse en ágrafos) encontrando en Zizek a un interlocutor ideal para ventilar sus preocupaciones.

Zizek no ha creado propiamente categorías, sino conceptos atractivos adaptados a nuevas realidades, sin la pretensión eurocéntrica (él es de Europa del este, zona afortunadamente marginal) de alzarse con demasiadas ideas originales, hace énfasis en la naturaleza de lo real (real-simbólico; real-real; real-imaginario) en donde asoma diversas nociones para pensar nuestra sociedad, mediante la observación de grandes películas de la historia del cine, usando el psicoanálisis y desmembrando por momentos el núcleo duro de lo real. Similar procedimiento emplea con lo simbólico; se refiere a la pantalla de televisión o al interfaz como mediadores entre el observador y el material cultural observado.

Creo que, con ello, Zizek ha realizado contribuciones al pensamiento del siglo XXI cuando habla sobre fenómenos como el ciberespacio, las realidades virtuales o las pandemias. En esta dirección se han editado sus obras La guía perversa del cine (2006) y La realidad de lo virtual (2004) y Guía perversa de la ideología (2012) y Pandemia (2020).

Zizek sigue activo como cineasta, apoya los procesos soberanistas de Europa y ha ocupado importantes cátedras en varias universidades europeas.

© Copyright 2022 Gabriel Jiménez Eman. Tomado del libro "Del logos moderno a la razón global". Coedicion Fabula-Oikos. Incudef, Coro Falcón, 2022.

*Gabriel Jiménez Emán escritor, narrador, poeta, ensayista, compilador y traductor venezolano, destacando más en el ámbito de la narrativa y la poética, la cual ha sido traducida a varios idiomas y recogida en antologías latinoamericanas y europeas.


Madrid.- 06 de agosto de 2025

Imagen del logotipo del sitio

 Poesia recitada

«Parte meteorológico» Nuria Ruiz de Viñaspre (España)

   https://www.youtube.com/watch?v=qp_reMRlUIE

    


Madrid.- 29 de julio de 2025

En ocasión de las Fiestas Patrias del Perú, celebrado ayer 28 de julio, el poeta peruano, Manuel Ramirez Santos,  y fundador de SPNB (Sábados Poéticos la Nueva Barraca), nos envía su poema



TUPANANCHISKAMA

 

Un día marché a lo desconocido,

dejando mis playas, mis cordilleras y mis selvas,

volé por el aire y desde el aire pude despedirme,

despedirme de mi mundo, de mis padres, de mis

amores y de mi presente hasta entonces.

 

El viento me llevó a un mundo que solo conocía

en sueños y desde allí solo quedó

el recuerdo de mi vida pasada.

 

El aroma a monte, algarrobo y retama

aún están presente en mi vida.

 

Pasarán los años y seguiré recordando aquel día

en el que subí a las nubes para llegar hasta aquí.

 

Seguiré recordando el llanto amargo que de los

ojos de mi madre brotaban y la seriedad y el

silencio de mi padre.

Pasarán los años y hasta el día en que mi espíritu

vuele por última vez y vuelva a ver,

una lágrima asomará tímidamente por mis mejillas.

 

Ese día volaré tras mis pasos, pisaré verdes montañas

regadas de retamitas, hundiré mis pies descalzos en

cálidas y candentes arenas, aspiraré un olor a mar y a

selva, miraré el palacio de la plaza mayor de la gran

Lima, haré una reverencia a la catedral y

caminaré por ese largo jirón hasta llegar a la otra

gran plaza, la plaza San Martín.

 

Allí miraré el teatro Colón y las tres gracias,

mientras la garúa moja mis cabellos.

 

Volaré también hacía el cerrito de Acuchimay

desde donde miré una noble Huamanga,

desde donde vi los bailes de sus hijos.

 

Sin pensarlo volaré también sobre el desierto de

Sechura, escucharé un chilalo cantar y mi corazón

se regocijará al cruzar el puente viejo de mi bella

Piura.

 

Mi vuelo llegará a su fin, mi espíritu se marchará

agradecido por haber podido volar por última vez,

tras mis pasos del ayer.

Tupananchiskama, hasta volver a ver.



Madrid.- 25 de julio de 2025

Presentado el libro:

Viajes de Autor por España obra colectiva de 14 autores.

Una jornada memorable con la Federación Mundial de Periodistas de Turismo en España,(FIJETEspaña) que presentó el pasado 16 de julio al mediodía su nueva obra colectiva Viajes de Autor por España en el emblemático Círculo de Bellas Artes de Madrid.

El acto fue presidido por Miguel Ángel González Suárez, presidente de FIJETEspaña; Enrique Sancho, director de Open Comunicación; y el decano del periodismo español, Rafael Ansón Oliart.

Viajes de Autor por España, es una colección única que presenta una visión caleidoscópica, de nuestro país a través de la pluma de experimentados periodistas especializados en turismo. Cada uno de los 14 autores aporta su perspectiva personal y profesional, creando un mosaico literario que revela los secretos, historias, y rincones más fascinantes de la geografía española.

Los autores participantes son:

Adrián González Padilla, Diana Isabel Esteban Alonso, Diego Caballo Ardila, Enrique Sancho Blanes, Hernán Dobry, Joaquín Muñoz Coronel, Luis José López Paadín, María del Carmen Cespedosa Sánchez, María José Cavadas Gormaz, Miguel Ángel González Suárez, Miguel Ángel Sánchez De La Morena Del Olmo, Momo Marrero, Néstor Luis Trujillo Herrera, y Nuria Alberti.






Madrid.- 23 de julio de 2025

Por Gastón Segura

 

La resurrección de un creador

Cuando, tras cuatro meses de emprenderla innumerables veces, Stanley Kubrick por fin había terminado su respuesta a una carta laudatoria de quien tanto admiraba, descubrió, entre atónito y desolado, cuán inútil había sido aquel largo devanarse ante el papel, porque su destinatario, Akira Kurosawa, acababa de morir.

Esta anécdota valdría como prueba del imponente respeto que suscitaba el japonés entre los grandes directores (Fellini, Polanski, Bergman…); es más, los barbudos yankees de la generación de los setenta (Lucas, Coppola, Spielberg, Scorsese…) le produjeron —o buscaron el modo de producirle— sus últimas y epopéyicas obras: Kagemusha (1980), Ram (1985) y Los sueños (1990); y después, aún le quedaron fuerzas e ingenio, pese a sus ochenta y tres años, para rodar Madadayo [Aún no] (1993) y para escribir los guiones de El mar nos mira (1993) y de Después de la lluvia (1995), que ya se filmarán póstumamente.

Sí; porque Akira Kurosawa había nacido el 23 de marzo de 1910, en el barrio tokiota de Higashioi y se había introducido en el oficio en parte por la influencia de su hermano Heigo, crítico de cine hasta su suicidio en 1933, y en parte porque su desafiante solicitud de trabajo, en 1935, a los recién fundados estudios Photo Chemical Laboratories (luego rebautizados Toho) causó una simpática curiosidad en el realizador Kajiro Yamamoto, bajo quien aprenderá los rudimentos del menester hasta completar en solitario el film, entre comercial y propagandístico, La leyenda del gran judo (1943). Por lo demás y como saben, su nombre cundió por primera vez entre la profesión y los aficionados —y con él, la atención por la filmografía nipona, hasta entonces ignorada en el circuito internacional— cuando Giuliana Stramigioli, representante de una productora italiana en el Japón, se le ocurrió incluir a Rashomon (1950) en el Festival de Cine de Venecia de 1951, donde ante el asombro general —comenzando por el propio Kurosawa, recién despedido de Daiei, la productora, por considerar aquella narración, amén de incomprensible, injustificadamente cara— recibió el León de Oro. De seguido; la RKO la distribuyó por EEUU, y aquello ya se tornó, sala tras sala, en una marcha triunfal.

Les cuento todo esto porque pasado mañana se cumplirá el cincuentenario de la concesión del Gran Premio del Festival internacional de cine de Moscú a, quizá, su película más popular: Dersu Uzala (1975). Y es que Dersu Uzala, más allá de la inmensa humanidad que respira la aventura por la taiga del «Capitán» y del cazador hezhen, es la resurrección de Kurosawa para el cine y, sobre todo, para sí mismo.

Desconozco exactamente por qué el estudio estatal soviético Mosfilm se empeñó en rodar de nuevo la crónica del explorador y topógrafo Vladimir Klavdievich Arseniev, cuando en la URSS ya lo había sido en 1961, y por qué eligieron a Kurosawa, pero en cambio puedo asegurarles cuán devastado se hallaba entonces el gran maestro, al punto de haberse intentado suicidar sangrientamente el 22 de diciembre de 1971; y no tanto por la indiferencia de sus paisanos —pese a los premios y menciones internacionales— ante su primera película en color, Dodesukaden [¿Dónde estás?] (1970), como por el profundísimo desengaño, ocasionado un par de años antes, por el desbarate del más emocionante proyecto que jamás se le hubiese ofrecido: Tora! Tora! Tora! (1970).

Se trataba de una producción de la 20th Century Fox sobre el ataque a Pearl Harbor; la acción del lado imperial la narraría Kurosawa, mientras que de los estragos y el caos en la base hawaiana se encargaría ni más ni menos que David Lean; ¿cómo no iba a entusiasmarse ante una propuesta así, que podría convertirse en la más extraordinaria de cuantas películas bélicas pudiesen verse?

Pero cuando Kurosawa llevaba algo más de un semestre, con Ryuzo Kikushima y Hideo Oguni, enfrascado en el guion de su porción de metraje, el presupuesto se redujo drásticamente y sus cuatro horas planificadas se vieron comprimidas de un tajo a noventa minutos; en cuanto a la participación de Lean, también se desveló como una mera ilusión porque el contratado finalmente para aquella otra mitad del film era Richard Fleischer; y si a todo esto le añadimos que los métodos de preproducción —incluidos los meticulosos ensayos— de Kurosawa no se conjugaban de ninguna manera con las exigencias prácticas de los ejecutivos hollywoodienses, obtenemos el resultado: apenas habían transcurrido tres semanas de rodaje cuando la 20th Century anunció que Kurosawa abandonaba el proyecto por enfermedad. Una socorrida manera de despedirlo. Y, por supuesto, su nombre ya figuraría para siempre en la lista de los directores reprobados por la industria, con Orson Welles o Joseph Losey o tantos otros creadores, salvo milagro… Y ese fue Dersu Uzala.

Ahora comprenderán mis ganas por recordarles el lanzamiento mundial de esta cinta, hace cincuenta años, en Moscú, avalado, luego, por un taquillaje internacional espléndido para tratarse de un producto soviético, y cuya consagración —con un ineludible eco a abochornada disculpa— fue la concesión del óscar a la Mejor película en lengua extranjera.

Después, como ya mencioné antes, vinieron sus casi operísticas Kagemusha y Ram, apoyadas por los jóvenes revitalizadores de los grandes estudios de Los Ángeles, y con las que Kurosawa se desquitó doblemente de su reconcomida necesidad de acometer no solo una majestuosa superproducción sino de mostrar al mundo cuán deslumbrante podía ser su manejo del color. Ya solo un deseo le quedó por cumplir: morir rodando; una desgraciada caída se lo impidió.

 Artículo publicado por el "Imparcial" el domingo 20 de julio de 2025

*Gastón  Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.    


 

Madrid.- 23 de julio de 2025

Por Ricardo Gil Otaiza

   

Y los he llorado

Si algo me enseñó la vida en materia de libros, es no comprar a ciegas; es decir: sin haber constatado una y mil veces que es realmente necesario para mis intereses literarios tener un determinado título

Por cuestiones propias del algoritmo, me llegó un viejo video en TikTok del escritor español Arturo Pérez-Reverte (grabado en su biblioteca), y a la pregunta: “Y tú prestas libros?, el autor responde contundente: “No prestaría ningún libro, ninguno de estos libros saldrá de aquí jamás, nunca, cuando era joven cometí el error de prestar libros, y los perdí para siempre. No, no, aquí no hay nada que prestar, cada cual que…, yo oriento, enseño, muestro, señalo, me preguntan, digo, recomiendo, pero jamás dejaría un libro de mi biblioteca, jamás.”

Déjenme decirles que yo era de la misma opinión (y sigo pensando como él), pero cuando tienes que emigrar, porque sí, tu biblioteca entera no cabe en una maleta, y te encuentras angustiado pensando con cuáles de tus libros te quedarás. De toda esa gran cantidad de espléndidos volúmenes que están frente a ti, necesariamente deberás escoger los que se irán contigo, y la punzada directa al corazón te llega cuando tienes que devolver a los anaqueles aquellos que no podrán viajar (que son la gran mayoría de ellos), y aunque los ames, aunque sean parte de tu ser, aunque estén inscritos con cincel en la historia de tu vida, no pueden acompañarte en tu larga travesía personal, y eso es tan doloroso para los amantes de los libros como yo, que debo reconocer la tristeza que llevo encima por haber dejado atrás miles y miles de tomos que atesoré toda la vida (unos cuatro mil quinientos, que no son tantos si los comparo con los veinte mil de un amigo), que cuidé con esmero, que evité (como Pérez-Reverte) dar en préstamo para no perderlos, y así no tener que llorarlos jamás.

Y los he llorado (metafóricamente hablando), qué le puedo hacer, ya habrá un punto de quiebre en el que el dolor amaine y diga mirando al horizonte: “haré una nueva biblioteca, recuperaré ediciones originales, me haré de aquellos tomos que para mí son fundamentales”. Pero el problema, queridos lectores, es que toda mi biblioteca es esencial en mi tarea como escritor e intelectual. Créanme: cada vez que me pongo a escribir, siento la atávica pulsión de levantarme para ir a mi biblioteca y hacer las inevitables consultas, y me he visto a mitad de pasillo camino hacia mi ya fantasmal biblioteca dejada atrás, y de pronto reacciono, tomo conciencia del asunto y me recrimino (no sin pesadumbre): “¿qué haces Ricardo?”

En eso estoy, me explico: armando otra vez la que será una pequeña biblioteca (nunca como la que dejé, aunque por ahora he repetido dos volúmenes imprescindibles: El Quijote de Cervantes, que con esta nueva edición suman ya cuatro las que he adquirido en mi vida, y El infinito en un junco de Irene Vallejo), y pienso ampliar el espectro y sumar a mi acervo libresco e intelectual las obras de otros autores, a los que en este contexto puedo alcanzar sin mayores dificultades. Compré Los diarios de Emilio Renzi, del argentino Ricardo Piglia (en edición de bolsillo), y que desde hacía años me apetecían y no podía conseguir. He de agregar, que de Piglia tengo en Venezuela más de doce obras imprescindibles en narrativa, que leí con absoluta e inefable fidelidad.

Compré el primer tomo de los Diarios. A ratos perdido 1 y 2 del autor español Rafael Chirbes (lamentablemente fallecido): todo un tomazo que todavía no he empezado a leer, pero cuyos referentes son sencillamente extraordinarios. A Chirbes no lo conocía, pero sé que su obra es considerada por muchos críticos como verdaderos clásicos, y su nombre podría alcanzar mayor relevancia en los próximos años. Leo en estos días la más reciente obra (2024) de la escritora madrileña Marta Sanz, que me tiene agarrado del cuello: Los íntimos (Memoria del pan y las rosas).

Si algo me enseñó la vida en materia de libros, es no comprar a ciegas; es decir: sin haber constatado una y mil veces que es realmente necesario para mis intereses literarios tener un determinado título, y no prestarle demasiada atención a la promoción de las editoriales comerciales, que, lógicamente, buscan vender sus productos así sean mediocres, así como tampoco a los premios de las propias casas, porque suelen pagarse y darse el vuelto sin ningún escrúpulo.

Por supuesto, y no lo voy a ocultar, sigo indagando embelesado los catálogos y me gustaría contar con mucho dinero para tener los libros que anhelo, solo que ya no estoy en la edad en la que pueda decir sin rubor alguno: “lo leeré algún día”, y debo ser más racional en los planes de lectura. A ver si me explico: mi interior clama por comprar desaforadamente como lo hacía hace cuarenta años, que no me medía y llegaba a mi casa con una torre de libros y la dejaba sobre mi mesa con cara de triunfo; hoy, ya maduro, y emigrante para colmo de males, una voz interior me aconseja que no caiga de nuevo en el vicio y la tentación, y que adquiera con mesura y criterio de responsabilidad los libros que humanamente pueda leer.

Esto no quiere decir que haya sido un irresponsable en mi juventud al adquirir tantos libros, porque leí la mayoría (muchos los releí hasta el hartazgo), me formé intelectualmente, eché a andar mi propia carrera como autor y académico, y todo ello ha sido maravilloso y me ha marcado con huella profunda. Hoy espero, eso sí, continuar con la labor libresca, pero con mayor sosiego, intentando recapitular en muchos aspectos de mi ser, y no perder el ímpetu interior que me ha convertido en un amante extraviado (y enloquecido) de la palabra impresa, y en el triste dueño de una biblioteca que quedó atrás, pero que sigue latiendo en mi pecho como me acontecía en lejanos días de esplendor.

rigilo99@gmail.com

 

Madrid.- 23 de julio de 2025

Por Gabriel Jimenez Emán


Libros libres | La creación proteica de Juan Calzadilla

Mi memoria viaja tratando de atrapar ahora imágenes y momentos de aquellos años en que Juan Calzadilla llegó a Mérida a laborar en el Taller Literario de la Escuela de Letras de la ULA, donde muchos escritores participamos con él de las sesiones, compartiendo con tantos jóvenes escritores de entonces. Después, la cercanía con Calzadilla se produjo cuando yo laboraba en la revista Imagen en Caracas, cuando las oficinas de esta publicación funcionaban en el Edificio Macanao de Las Mercedes. Juan habitaba en otra residencia cercana con su familia y compartíamos momentos efusivos en estos espacios con otros poetas como Eli Galindo, Luis Sutherland, Baica Dávalos, Víctor Valera Mora y Ángel Ramos Giugni. También es muy conocida la estadía de Juan en La Vela de Coro en el estado Falcón, donde dictaba talleres de poesía a escritores jóvenes, para regresar luego en Caracas, ciudad adonde había viajado Juan muy joven desde su natal Altagracia de Orituco en el estado Guárico, para hacerse escritor en los años 60 del siglo XX, formando parte de grupos y revistas de vanguardia como El Techo de la Ballena, junto a otros destacados escritores y artistas, convirtiéndose, de paso, en uno de los más agudos críticos de arte, cuestión probada en una bibliografía profusa y lúcida que aún no ha sido igualada en nuestro país, donde resaltan, sobre todo, sus acercamientos a la obra de Armando Reverón.

Juan Calzadilla se convierte en uno de los escritores que renuevan la poesía nuestra, introduciendo elementos distintos, urbanos, absurdos, abstractos, paradójicos, alejándose de los lirismos al uso y empleando construcciones en prosa, textos yuxtapuestos y complejos que nos remiten a otros niveles de comprensión y donde campean el humor negro y amargo, la ironía, la permanente paradoja del hombre de la ciudad expresada en títulos como Dictado por la jauría (1962), Malos modales (1965), Las contradicciones sobrenaturales, Ciudadano sin fin (1969), Oh smog (1978), Minimales (1993), Bicéfalo (1978), Diario sin sujeto (1999) y tantos otros libros sobre arte como El ojo que pasa (1979), obras todas cuyo influjo se hizo sentir en las nuevas generaciones; junto a sus trabajos sobre nuestro Armando Reverón, donde destacan Voces y demonios de Armando Reverón (2004). Tales actividades le harían merecedor del Premio Nacional de Artes Pláticas y del Premio Nacional de Literatura.

Conocido también como “el más joven de los viejos poetas venezolanos” por su afabilidad y alegría, Juan Calzadilla nos ha legado sus dibujos, collages y pinturas –las cuales tuvieron acogida nada menos que en la Bienal de Venecia (Italia)–, su obra crítica y su natural desenfado y permanente cercanía con las nuevas generaciones, dejándonos el compendio elocuente de un ser humano que vivió desde y para la cultura, la reflexión y la creación en nuestro país, con influjo expansivo en otras latitudes, sobre todo en Colombia, Argentina, Chile y otros países de la América Latina, donde su obra crecerá, estoy seguro, en los tiempos venideros.

 

El que huye de la ciudad huye de sí


Entiendo que hay un golpe que no sabe renunciar

A la tinta de escribir con sangre

un golpe en voz alta que reside en el ojo de la tormenta

desde cuya empuñadura nos mira.

Advierto que sus aristas al rojo vivo

entran en el cálculo de las probabilidades matemáticas.

Un golpe cuyo efecto no será juzgado

por la clarividencia del eco

y cuya sonoridad ciega omite todo exceso

de retórico alrededor de lo acontecido.

Un golpe que no deja lugar

para los ejercicios de la memoria.

Bien dibujado en el extremo opuesto de la forma

que toman en el puño al ser arrojado.

Un golpe para el que la estupefacción

es solo el recibo que él nos pasa.

Juan Calzadilla

 

*Gabriel Jiménez Emán escritor, narrador, poeta, ensayista, compilador y traductor venezolano, destacando más en el ámbito de la narrativa y la poética, la cual ha sido traducida a varios idiomas y recogida en antologías latinoamericanas y europeas. 

 

Madrid.- 23 de julio de 2025

Por Juan López Mártinez






La prensa como instrumento educativo

La prensa escrita es un medio de información  que impulsa el análisis objetivo de la realidad, su gran tarea es ser la conciencia crítica de la sociedad, que  transforma las diferentes situaciones , sino también para interpretar textos que fomenten  la capacidad crítica y analítica de los estudiantes y su propia autonomía de pensamiento.

La prensa puede convertirse en un medio de aprendizaje importante en las aulas, pues no solo sirve para ampliar información, sino también un instrumento para enriquecerse y aprender la propia Lengua.

En las aulas, frente al torbellino de noticias de televisión y la fugacidad de la comunicación audiovisual, el periódico permite la creación de un espacio personal de lectura, que da ocasión a reflexionar sobre la noticia y sus consecuencias para el conjunto de la sociedad.

Por otro lado, es importante que el alumnado adquiera el hábito de leer críticamente los medios de comunicación, en el caso de la prensa que nos ocupa, analizando las diferentes formas de tratar la noticia en los distintos medios periodísticos.

A finales de los años 60, el escolapio José Luis Corzo, voluntario de un programa de apoyo extraescolar para chavales de una humilde barriada romana, descubrió en la obra de D. lorenzo Milani, “Carta a una maestra”,  como luchar contra el fracaso escolar de origen social, aplicando la lectura de la prensa como vínculo de la escuela con la realidad y como cultivo de la palabra. Decía Corzo: “No se trata de utilizar los periódicos en la escuela, sino de usar la escuela para poder entender la actualidad que está en los periódicos”.

  1. Se trata, pues, de:
  2. Introducir el periódico como elemento motivador para el aprendizaje.
  3. Adaptar las actividades sobre el periódico de manera creativa.
  4. Llevar diferentes periódicos para realizar comparaciones y acceder también a periódicos on-line.
  5. Trabajar alguna noticia en grupos cooperativos.
  6. Relacionar acontecimientos actuales con otros de la Historia, en dicha asignatura.
  7. Estudiar el contexto geográfico del acontecimiento para aprender dicha materia.

Y como actividad final: Crear un periódico escolar,  que sirva al alumnado para aprender a redactar y a analizar cuestiones, que suceden en su entorno escolar y social.

EL PERIÓDICO ESCOLAR supone un trabajo cooperativo, que educa en el debate como arma de pensamiento , en la escucha mutua, en la selección de ideas y en la participación democrática desde la libertad de expresión. Ayuda al alumnado a profundizar en el conocimiento del medio y facilita la adquisición de la competencia en el ámbito de la expresión y la comunicación. Aprendizaje en el que se realizan procesos cognitivos, a partir de la interacción con fuentes diversas y variadas de información, donde dominar el acceso a la misma y la adecuada utilización de las fuentes es un aspecto básico del aprendizaje, pues se trata de aprender a aprender.

Supone la posibilidad de desarrollar destrezas relacionadas con la búsqueda, selección, recogida y procesamiento de la información, destrezas de razonamiento para organizar, analizar y comprender la misma y la valoración positiva del uso de  la información, para poder intervenir en los procesos de cambio social. Así como la utilización de la lengua propia en diferentes contextos y situaciones comunicativas diversas, como instrumentos de comunicación escrita, de aprendizaje y socialización,

Leer y escribir incluye las habilidades que permiten buscar, recopilar y procesar información y ser competente para comprender, componer y usar distintos tipos de textos escritos.

La contribución de la COMPETENCIA LINGÜÍSTICA al desarrollo de la persona, se produce desde el triple valor que se le concede como instrumento para la construcción personal de saberes, para organizar el propio pensamiento y para aprender a convivir con ideas distintas a las nuestras.

El periódico escolar puede servir para favorecer actitudes de tolerancia, en el conjunto de saberes actitudinales y axiológicos en relación con los otros: saber escuchar, contrastar opiniones, tener en cuenta las ideas de los demás y también con uno mismo: favorecer la expresión, la precisión del lenguaje y la confianza para expresarse en cualquier contexto y situación.

Como decía eL gran periodista Luis del Olmo: “el periódico y la radio escolares son las mejores Escuelas de periodismo”. Radio escolar con atributos semejantes al periódico escolar, de la que el gran Gonzalo Estefanía fue su gran valedor desde muy jovencito. 

*Juan López Martínez, es Inspector de Educación y  miembro de la Unión Nacional de Escritores de España.


Madrid.- 19 de julio de 2025

 

Betania participa en el II Encuentro con el Libro Cubano Exiliado (Dr. Juan Clark, in memoriam) que se celebra en Miami.

Lugar: Centro Comunitario Rebeca Sosa de West Miami.

1700 SW  62nd Ave. Miami 33155

Fecha: sábado 19 y domingo 20 de julio (2025).

Horario:  de 9.00 a.m. - 5.00 p.m.

Durante los días 19 y 20 de julio, el público podrá pasar por la MESA de la editorial BETANIA donde tres de nuestros más recientes autores firmarán sus libros: los poetas cubanos exiliados (residentes en Miami) Mireya Goñi Camejo, Milena Ferrer Saavedra y Carlos Ramos Gutiérrez. En dicha mesa, podrán leer nuestro Catálogo General y el Catálogo Digital con 40 ebook de temática cubana que se pueden descargar y leer de forma GRATUITA en nuestro Blog: http://ebetania.wordpress.com

Son libros cubanos libres que deben ser leídos en Cuba y el exilio.

Además, el sábado de 19 julio (a las 3.45 p.m.) se celebra el PANEL titulado "Betania, poesía cubana desde el exilio", moderado por el Dr. Eduardo Lolo, donde los betanianos Mireya Goñi Camejo, Milena Ferrer Saavedra y Carlos Ramos Gutiérrez leerán sus poemas.

Felipe LázaroEditor-DirectorEditorial Betania (Fundada en 1987)





Madrid.- 19 de julio de 2025

Por Ricardo Gil Otaiza

   

Repetición y sinonimización

No he hallado mejor método en mi larga carrera como escritor profesional (de más de treinta y cinco años), que leer tomando notas o subrayando en la página

Escribir no es nada fácil; bueno, me refiero a escribir para publicar: que llegue a los otros y toque fibras muy íntimas en quienes leen los textos, que comunique con precisión y también con belleza aquello que anhelamos transmitir, y así nuestras palabras queden en las cabezas de los demás, orbitando, dando vueltas y vueltas, horadando conciencias, generando sinapsis, produciendo destellos que se transformen en imágenes imborrables, y puedan (hipotéticamente) impactar la vida de la gente: su mundo interior, su manera de pensar y de sentir.

Para que todo esto acontezca, se requiere de varios elementos, no necesariamente tangibles, pero, es a través de lo que vemos, cómo podemos llegar al público y alcanzar los objetivos que nos hemos trazado, entiéndase: objetivos comunicacionales, y en ellos entra, ni qué dudarlo, la literatura (en todos sus géneros), pero también esto que escribo en este instante (una crónica o artículo de opinión), que muchos (como mi querido Augusto Monterroso, el mismo Borges y otros grandísimos escritores) aceptan como parte de la literatura, mientras que otros la (o lo) incluyen en lo meramente periodístico. Pero óiganme, hay textos periodísticos que son parte de la gran literatura, y en este punto recuerdo libros como Crónica de una muerte anunciada y Noticia de un secuestro, del escritor colombiano Gabriel García Márquez, quien con su magia transformaba todo lo que tocaba en “algo” digno y de enorme belleza.

En lo tangible entra, ni qué dudarlo, la escritura (aunque también es intangible, cuando toca nuestro “yo” interior y nos mueve o impele a entrar en otros mundos y dimensiones del Ser), y a ella nos debemos quienes trajinamos la palabra y hacemos de ella instrumento a través del cual mostramos la realidad, pero también la fantasía, que, dicho sea de paso, nos posee para bien o para mal (depende de la visión). Y como lo expresé de entrada, plasmar la palabra por escrito (y también oralmente, aunque no me detendré en ello) no resulta muy sencillo, porque debemos cuidar la lengua, mostrarla en todo su esplendor, articularla de tal forma, que su conjunto resulte armonioso y elegante, sugerente y atractivo, cautivante y ensoñador, pero hay estructuras gramaticales que necesariamente rompen de manera drástica o sutil con lo establecido y lo llevan a inexploradas fronteras.

En este sentido, quiero detenerme un poco en la repetición y la sinonimización, como estrategias de la escritura que buscan enfatizar algo, derivar situaciones, llevar al lector a estadios de mayor hondura argumental. Repetimos, o nos vemos en la necesidad de hacerlo, cuando queremos que en la mente de nuestros lectores quede una noción clara acerca de algo; cuando buscamos dejar asentada una tesis o postura intelectual o académica, o de mera cortesía. Ejemplo de esto sería cuando escribimos: “Nunca, pero nunca debemos tutear a las personalidades, y menos si acabamos de conocerlas”.

Cuando en una pieza literaria o crónica periodística, aparece en un mismo párrafo (ni se diga en una frase) repetido un vocablo, la maestra de la escuela primaria (en mi caso, fue mi madre la de primer y segundo grado) solía tacharnos con lápiz rojo la repetición y nos ponía al margen de la hoja un sinónimo, y de paso nos bajaba nota, porque, decía ella (y estaba en toda la razón), que repetir palabras en una misma oración va contra las normas morfosintácticas, y nos recordaba de la riqueza de nuestra lengua, de los sinónimos: de la variedad de vocablos que podrían sustituir nuestra socorrida palabra, sin caer en el sonsonete cacofónico que tanto ruido nos hace, y le resta belleza y cadencia al texto.

Créanme, no hay mayor quebradero de cabeza para un autor, que las fulanas repeticiones, y en mi experiencia leo mil veces cada frase a la caza de tales “gazapos”. Ahora bien, fíjense que he puesto gazapos entre comillas, porque la dinámica de la escritura es más o menos la misma que la de la oralidad y, en la segunda, la repetición no nos hace tanto ruido y forma parte del habla cotidiana. Si tomamos nota de los discursos de los políticos (y de algunas figuras públicas), en los mismos hay toneladas de repeticiones, y es lógico que las halla, porque el inventario lingüístico del habla cotidiana no suele ser muy rico (con sus excepciones, por supuesto): nos conformamos con lo que tenemos a la mano, y siempre sacamos de ese arsenal y nos expresamos sin preocuparnos de diversificar el habla.

La cosa se pone cuesta arriba cuando tenemos que enfrentarnos con la página en blanco, porque tales repeticiones plasmadas en la página electrónica o de papel, suelen verse como vicios de la escritura y como pobreza léxica (y lo son, sin duda alguna), y es nuestra obligación buscar resolverlas. No he hallado mejor método en mi larga carrera como escritor profesional (de más de treinta y cinco años), que leer tomando notas o subrayando en la página. Hago lo primero y no lo segundo, porque no me gusta rayar mis libros (aunque en un lejano tiempo lo hice), y no contento con esto, busco nuevos vocablos, indago en los diccionarios e intento hacer un ejercicio mnemotécnico que aprendí en mis lejanos tiempos de la escuela, y es repetir la nueva palabra incorporándola en el habla en disímiles o posibles situaciones

La repetición y la sinonimización son dos caras de una misma moneda, y ambas buscan hacer de la escritura territorio de lo posible, en el que la correcta expresión y la belleza del texto se den la mano, y hagan de la experiencia de la lectura un suceso intelectual o artístico que nos marque para siempre.

rigilo99@gmail.com



Madrid.- 19 de julio de 2025

«Reverso de la cordura» Aura Re (Argentina)

https://www.youtube.com/watch?v=YgXFE2GdZk4




Madrid.- 08 de julio de 2025

Por Gastón Segura

 

Un par de Alfonsos duodécimos

Huyendo de la ofuscación —si no es ya del destrozo— en donde ha sumido a la nación y a su patrimonio histórico e institucional este Gobierno, por el afán de su presidente de sobrevivir en el cargo hasta configurar su impunidad y la de sus familiares, me refugio en el pasado, que siempre presenta algo de consolador. Y no tanto por releer hechos consumados e incapaces ya de suscitar la menor inquietud, sino por cuanto de grato y hasta ensoñador encierra el mero ejercicio de la curiosidad. Y apenas ojeo unas páginas, reparo en que este año se ha cumplido —sin que nadie lo proclame debidamente— el exacto siglo y medio de la toma de posesión del trono de Alfonso XII, sobre un país quebrantado no solo por el catastrófico final de la I República sino por la crudeza de la última y encorajinada Guerra Carlista.

Por lo demás; la parca década de su reinado nos testimonia a un joven esforzado por comprender a la nación y en enjugar los muchos quebrantos acarreados por aquel siglo; básteme recordar su viaje de socorro a la Murcia anegada por la riada de 1879, o a la Andalucía desbaratada por el terremoto de 1884, o su propio auxilio a los contagiados por el cólera en Aranjuez, cuando ya la tisis lo carcomía, en agosto de 1885. Pero he aquí que mientras husmeaba entre estas iniciativas caritativas, absolutamente inusuales en aquella época e incluso contrarias a los mandatos del Gobierno, que quiso siempre resguardar al enfermizo monarca en el palacio de Oriente, no dejaba de tropezarme, aquí y allá, con otro Alfonso XII precedente, al que raramente se menciona y menos acompañado del título de duodécimo o del mote con que lo señala Jorge Manrique en las inmortales Coplas (sobre 1480): el Inocente. Y si la biografía del joven y restaurado Borbón suma, sobre los mencionados antes, otros sucesos dignos del folletín y hasta convertidos en cuplé, la de este otro pretérito Alfonso es más bien un novelón y con todos los alicientes de la más lúgubre intriga.

En efecto; si el Renacimiento italiano, en política, no deja sino de parecer un agotador cúmulo de conspiraciones y batallas entre grandes señores locales, monarcas hispanos y franceses más el solio pontificio, quien en absoluto se privó de echar también su cuarto a espadas y bombardas, con lo que no quedó ciudad o posesión al margen de estragos y combates, el solar ibérico era otro tanto y más espinoso pues los soberanos cristianos estaban emparentados durante varias generaciones y sucesivos enlaces harto enrevesados, donde predominaba un linaje, los Trastamara —entronizados en Castilla, Aragón y, por este, también en Navarra— con constantes injertos de los Avís portugueses. Entre esas disputas familiares, avivadas astutamente por la codicia de los nobles, que estallaron fragorosamente en la primera batalla de Olmedo, durante 1445, llega al trono Enrique IV; un rey merecedor de toda compasión por su apodo, el Impotente, que se conjuga al dedillo con su desangelado final en el alcázar madrileño, allá por el invierno de 1474, cuando ya era un endeble fantasma despreciado por todos. Pues bien, este don Enrique contó desde su juventud con un gran amigo y valedor, don Juan Pacheco, primer y gran marqués de Villena, quien superada aquella mocedad cuando fueron uña y carne, se tornó en su feroz enemigo al ver peligrar su privanza y con ella, el gobierno de Castilla, por don Beltrán de la Cueva y otros caballeros. Entonces rescató al medio hermano de Enrique del confinamiento en Arévalo —tramado por él mismo—, y lo proclamó rey con aquella pantomima injuriosa motejada como la Farsa de Ávila. Este es el Alfonso XII de aparición intermitente mientras repasaba algunos apuntes sobre el Borbón. Lo conmovedor de aquel chiquillo es su muerte a los catorce años: tras un trienio de mantener corte paralela a la de Enrique IV, falleció, según lenguas, envenenado —cuanto el reciente análisis de sus huesos no ha desmentido— por el mismo Pacheco que le había encasquetado la corona en el tablado de Ávila. Pero cuando Enrique IV, tras la segunda batalla de Olmedo, recobró su pujanza, al taimado marqués ya le estorbaba su rey de juguete para amistarse de nuevo con su antiguo compañero de galopadas. Es más; con la desaparición del Inocente, lo consiguió al punto.

En cambio; el moderno Alfonso XII acabó con el sobrenombre del Pacificador, porque, desde el exilio, sus pasos fueron tutelados por un hombre de moralidad bien distinta a la del Pacheco: Antonio Cánovas del Castillo. Quien, desde La Vicalvarada de 1854, había ido perfeccionando su proyecto integrador, de clara inspiración británica, donde cupiesen desde los carlistas hasta los republicanos templados y que se plasmó en la Constitución de 1876 y, tras la muerte de su rey, con el Pacto del Pardo y su casi mecánico turnismo —con cuantos gajes hoy queramos oponerle— de dos partidos moderados —uno, conservador, y el otro, de cariz aperturista—, cuyo cometido primordial era la construcción de un Estado fuerte que, por su eficaz existencia, aboliese toda tentación de un pronunciamiento militar o de una sublevación revolucionaria.

Vistas las biografías de ambos Alfonsos duodécimos, se nos alumbra cuan funesto es confiar los gobiernos a hombres como el Pacheco, cuyo exclusivo provecho rige sobre ualquier otra consideración, incluso sobre la unidad y la paz del reino; ¿y acaso no nos hallamos ahora ante tan graves aprietos?

Artículo publicado por el "Imparcial" el 07 de julio de 2025

*Gastón  Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.    



Madrid.- 08 de julio de 2025

Por Gabriel Jimenez Emán

Un día 16 de junio del año 1904 tiene lugar la acción de una de las obras más revolucionarias de la literatura del siglo veinte: la novela ULISES del escritor irlandés James Joyce, la cual vendría a ser publicada en 1922 y en cuyo centenario yo escribí un  ensayo periodístico cuya portada aprecian aquí. De ahí extraje unos pocos párrafos como los que siguen.

Dublín, centro del mundo

James Joyce se propuso profundizar en su voluntad de experimentación que ya había mostrado en Dublineses y Retrato del artista adolescente y se volcó por completo en el Ulises (1922), donde lleva a cabo una de las parodias más ambiciosas de la literatura moderna. En efecto, se propuso imitar los estilos del periodismo, los cánones clásicos, los poemas, cartas, informes, narraciones orales o radiales, jergas, juegos fonéticos del habla cotidiana presentados en toda su frescura y naturalidad, y a los personajes haciendo sus cosas de todos los días. Al mismo tiempo, debe dotarlos de profundidad simbólica, y entonces se da a la tarea de tener como modelo al héroe más célebre de la literatura occidental: Odiseo. El personaje debe cumplir su periplo por la vida, un viaje completo; pero ese trayecto no es tan dilatado en el tiempo, pues también puede ser el trayecto que el personaje cumple en su interioridad en un solo día, en una ciudad. Y esa ciudad es Dublín; ni siquiera se propone recorrer toda la ciudad sino apenas una parte de ella, el centro, sus bares, calles, cafés, lupanares, barrios; viejas casas; sus héroes no llevan atuendos militares ni armas ni artimañas para atacar o defenderse; son personas del común con sus ropas de diario; solo van a enfrentarse a su cotidianidad, a sus habitaciones, sus fiestas, sus charlas, sus dudas, sentimientos, afectos, traiciones, juegos, y sobre todo a sus conversaciones.

Van a estrechar sus sentimientos de amistad, de deseo o de sexo, van a hablar, a conversar, a intercambiar palabras y diálogos, quieren retar a la realidad, ponerla a tope, hacer bromas y chanzas, jugar con el lenguaje, divertirse con las palabras.

Joyce se enfrenta a la realidad de Dublín y a la realidad de Irlanda, que es a su vez la realidad de Europa y posiblemente la realidad de su tiempo, a la situación política de Irlanda frente a Inglaterra y frente al mundo. Joyce se había esmerado en estudiar en la Universidad y de instruirse en bibliotecas para indagar sobre lenguas e idiomas. Ha descubierto la infinita riqueza del idioma inglés y debe incluir la mayor parte de esa fuerza verbal en su libro, teniendo el cuidado de narrar una historia. Pero esa historia no es sólo una historia deacciones o procederes, sino también la historia de lo que piensan o desean aquellos personajes, incluso de aquello que dejan de hacer. Debe incluir en esa historia sus presentimientos, intuiciones o pesadillas. Piensa dejar allí plasmado no sólo un fresco social o intelectual, sino también un fresco de la cotidianidad del hombre corriente, justamente para probar que tal hombre no es tan corriente como se ofrece a primera vista, que los seres humanos ejecutan odiseas cotidianas en medio de guerras constantes, enfrentados a nuevos monstruos y peligros, nuevos azares y nuevos tipos de represión.

El héroe de Joyce es un héroe corriente (no un antihéroe existencialista), ni tampoco un héroe absurdo como el de Kafka, sino un héroe más sensual, un hombre libertino y apasionado.

Pero este héroe no es uno solo. Ese Ulises es Leopoldo Bloom y es Stephen Dedalus y es incluso Molly Bloom y Poldy y es Buck Mulligan. Son todos ellos héroes que buscan cosas distintas, pero convergen en las mismas calles.

El héroe joyceano es un héroe múltiple o multiplicado. Es a la vez un héroe hecho de lenguaje, de aquello que dice y de aquello que no dice (es decir, de su silencio) y sobre todo un héroe hecho de aquello que piensa o presiente, y de aquello que sueña. El llamado flujo de la conciencia se incorpora al lenguaje literario como elemento de primer orden: el lenguaje en Joyce pasa a configurar a los personajes más que sus propias acciones, y de este modo la escritura se enriquece como nunca antes. Con ello, Joyce inaugura una serie de técnicas narrativas, multiplicando su influjo en otros modos de contar que serán decisivos para el desenvolvimiento de la prosa en la segunda mitad del siglo XX y comienzos del XXI, pues en lugar de verse empobrecida por las expresiones visuales o musicales de su tiempo, la prosa  de Joyce se vuelve a poner a la vanguardia de las experimentaciones lingüísticas y de las infinitas posibilidades del lenguaje oral.

Escultura de Joyce en una calle de Dublín

Hay dos elementos implícitos en la narrativa de Joyce. La ambigüedad y la significación progresiva. En Joyce la realidad visible está cuestionada por el lenguaje (como lo está en Portugal por un contemporáneo suyo, Fernando Pessoa, también acechado por las utopías del lenguaje) y éste a su vez funciona como una herramienta para re-semantizar la realidad, es decir, para ubicarla primero en un plano fantasmagórico, luego trascenderla y otorgarle un rango cómico o trágico, para dotarla de sentidos, no para explicarla o analizarla. La realidad en Joyce no admite conclusiones; está ahí para aparearse a ella, para disfrutarla en toda su inescrutable magnitud. En cierto modo, la realidad no es tan real como parece; más bien se parece a una suerte de enciclopedia de consulta, para regocijarse en ella, sin más ni más.

A su vez, Joyce multiplicó su influjo en las narrativas de los países de lengua inglesa, además de Inglaterra, Irlanda o Escocia, también en Estados Unidos y los países del caribe angloparlante y luego también en la literatura de lengua francesa, italiana, alemana o castellana; pues las técnicas de Joyce se universalizaron y sirvieron para dar frescura a los diversos lenguajes orales de cada país. Los discípulos más visibles de Joyce sean tal vez Samuel Beckett, Flann O`Brien, WilliamFaulkner, Virginia Woolf, Carlo Emilio Gadda, Ítalo Calvino, y en la prosa hispanoamericana del siglo XX es visible su influjo en escritores como Alejo Carpentier, Julio Cortázar, Carlos Fuentes y todas las narrativas experimentales europeas, sobre todo francesas, Joyce cumplió un papel de venero de formas.

La resonancia de James Joyce se extendió también al cuento y al cine, donde las narraciones interruptas, fragmentarias o yuxtapuestas son requeridas para plasmar la complejidad de la experiencia humana. Desconozco cuales son en verdad los héroes literarios de James Joyce, pero desde mi personal punto de vista creo que puede haber estado influido por Laurence Sterne, Marcel Proust, Fedor Dostoievski y Henry James, aunque esto no lo puedo demostrar ahora. No me atrevo a aludir en este caso al genio de Honoré de Balzac o al de Gustave Flaubert, quienes influyeron en prácticamente todos los narradores del siglo XX, incluso por oposición o contraste, querámoslo o no, todos le debemos algo a estos genios irrepetibles. Refiero estos posibles influjos sólo de manera indirecta, apelando a la acertada noción expuesta por Harold Bloom sobre la angustia de las influencias, cuya idea central es que los grandes escritores siempre ocultan o disfrazan sus verdaderas influencias citando a otros autores, y no a aquellos que los han influido directamente.

Por supuesto, a los lectores hispanoamericanos nos resulta complicada una primera lectura del Ulises debido a la comprensión previa que debemos poseer de sus contextos históricos, culturales o religiosos, que son los contextos de la Irlanda de Joyce; importa, en todo caso, la manera de captar y expresar la vida humana en estos contextos: es un asunto de forma, no de fondo, para ponerlo más sencillo; podemos “aplicar” las técnicas de Joyce a nuestros propios contextos para transmitir al lector la sensación de vida que respira esta obra maestra, al hacer de la ficción un vehículo importante para comprender la existencia humana y sus avatares, razón última de toda obra literaria que se precie de tal.

Las obras que conozco más directamente influidas por Joyce son, como ya anoté más adelante, La boca pobre y En nadar-dos-pájaros de Flann O`Brien; Desciende Moisés de William Faulkner; El zafarrancho aquel de Via Merulana de Carlo Emilio Gadda; y en la narrativa en castellano la novela Larva del español Julián Ríos, Rayuela de Julio Cortázar (que, según la opinión del cubano José Lezama Lima es “el Ulises de América”) y en la novela del venezolano Luis Britto García  Abrapalabra pueden observarse ecos de la técnica joyceana.

Del libro "El Ulises de James Joyce. Una revolución narrativa. Cien años de una obra maestra" por Gabriel Jiménez Eman,  ediciones Fabula, Venezuela, 2022.

*Gabriel Jiménez Emán escritor, narrador, poeta, ensayista, compilador y traductor venezolano, destacando más en el ámbito de la narrativa y la poética, la cual ha sido traducida a varios idiomas y recogida en antologías latinoamericanas y europeas.

 

Madrid.- 08 de julio de 2025

Por Ricardo Gil Otaiza

   

Lo heteróclito en Nery Santos Gómez

La prosa de la autora es fluida y cuidada (así como su poesía), y está en perfecta correspondencia con su manera de sentir y de expresar la vida bajo el abrigo de lo literario

Narrar sin la sujeción a lo que en la teoría literaria se conoce como “unidad genérica”, es la propuesta que nos trae la querida colega y amiga venezolana (naturalizada estadounidense) Nery Santos Gómez, en su libro Fronteras desdibujadas (Pigmalión, 2021), y que he leído con inmenso disfrute estético. Si bien, no es la primera vez que esto se intenta (lo hicieron Borges, Cortázar, Monterroso, Bolaño, Vila-Matas, Tabucchi, Chirbes, Piglia, Garmendia, Cadenas, Febres Cordero, Romero, y muchos otros entre clásicos y contemporáneos), en el presente caso observo un eje temático, que busca describir la vida desde disímiles flancos: enlazar sucesos e historias teniendo como punto de referencia la memoria.

No contenta con esto, la autora conjuga realidad y ficción, sin que se noten sus linderos y costuras (allí observo maestría: y no me refiero solo a la noción de verosimilitud, sino también a que no hay discordancia entre lo contado desde distintas perspectivas, lo que rompería sin más con la intención literaria), y que el “todo” sea una suerte de artefacto literario, que nos lleve de la mano por diversos mundos (los de la infancia y la juventud, entre otros), y que la multiplicidad de géneros se amalgame, hasta hacer de la experiencia de la lectura un viaje maravilloso y sin retorno.

En las 181 páginas de la obra, hallamos múltiples textos de disímil calibre y tesitura, y en ellos nos topamos con cuentos, microrrelatos, poesía en prosa y en verso, crónicas, reflexión ontológica, autoficción, aforismos, y otros de difícil clasificación literaria. Esta versatilidad, deliciosa y sorprendente por demás, nos impele a romper a cada instante con la normal ilación a la que aspira el lector común y desprevenido, y lo sumerge en territorios insospechados, en los que el Ser enfrenta con gallardía (y mucho juicio) su destino: nada hay azaroso, aunque lo pareciera, y en cada recodo del texto hallamos las claves que nos permiten desvelar la intención, así como rehuir al fardo del extravío.

La prosa de la autora es fluida y cuidada (así como su poesía), y está en perfecta correspondencia con su manera de sentir y de expresar la vida bajo el abrigo de lo literario, hay en estos textos múltiples registros y busca con cada uno de ellos, ¿qué dudas caben?, tocar las fibras más íntimas del lector (y lo logra). En lo particular, me conmovieron algunas de sus narraciones (Máscara, De basura a basura, El más dulce e inolvidable caleño, El universo es nuestro), y no porque la escritora eche mano de viejos artilugios sensibleros (que los hay en nuestro oficio, sin duda), sino porque hallo en ellos hondura, emoción y sentimiento, y por muy duros que seamos y que estemos vacunados contra la lágrima furtiva (como es mi caso), pues se escapa con libertad, y muy pronto estamos sumergidos en inenarrables emociones.

Hay fuerza en la obra de Nery Santos, y no me refiero solo a la calidad de su escritura per se, como queda dicho, sino a lo que la sustenta: su interioridad, sus vivencias (ergo, la memoria), la manera de plasmar lo cotidiano con elegancia y gracia (lo que solemos denominar como “andadura”), la pasión que brota de cada frase con ímpetu juvenil, la alegría de vivir (la autora es una trotamundos y coleccionista de buenos momentos), y la fe que hallamos tras su propuesta escritural, que busca dejar huella en el lector, moverlo a reconocer en cada texto a la vida misma, a interpelarlo en el “ahora” (como la única posibilidad que se tiene de la existencia), a ganarlo para siempre a la causa de su propuesta, y que ese lector vuelva a reencontrarse una y otra vez con sus libros y personajes.

Es posible que los textos incluidos en este tomo hayan sido escritos en épocas distintas, y que terminaran constituyendo, exprofeso, una misma obra, pero lo que se puede observar a medida que recorremos sus páginas, es una perfecta unidad en medio de las diferencias en los registros, y este punto preciso resulta interesante y capital, porque no hallé disonancias, a pesar de la pluralidad de géneros, y esta “armonía” (no encuentro otro vocablo) es crucial, ya que el lógico rompimiento luego de cada inserción genérica (me refiero a la discontinuidad dada como propuesta artística sin fronteras), se muestra sin mayores traumas: el lector lo asume como parte del “juego” intertextual planteado, y avanza sin dificultades hacia el final.

Empero, el lector puede abordar el libro de manera arbitraria (aunque no fue esta mi experiencia: siempre me gusta ir de menos a más en las obras heterogéneas, por muy interdependientes que sean sus constituyentes), seleccionando cada texto con base en sus preferencias y estética personal y, a pesar de esto (o gracias a ello: tal vez encuentre otras opciones), siempre habrá un eje articulador, que busque conjuntar lo disjunto y congregar lo que en principio es autónomo y libérrimo, de allí la magia y lo acertado en la obra de nuestra autora, que se mece en un tablero en el que podemos trajinar cada pieza a nuestro real entender.

Quedan sobre mi mesa dos libros más de Nery Santos Gómez, que cierran su trilogía: Almazuela (Fronteras desdibujadas II), 2023 y ¡Pruébame! (Desdibujando fronteras), 2024, que me propongo leer en los siguientes meses, y que terminarán de desvelar su propuesta heteróclita, pero a la vez unitaria, que desnuda el alma humana y nos lleva por territorios inexplorados del Ser: aquellos que anidan en la memoria, pero que están a flor de piel y diluyen las fronteras genéricas y temáticas, y en su recorrido reinventan la existencia.

rigilo99@gmail.com

 

Madrid.- 08 de julio de 2025

Por Felipe Lázaro

Recordando a David Lago

Conocí al poeta cubano David Lago González en el año 1982 cuando llegó como exiliado a Madrid. En esos años, nos reuníamos con frecuencia un nutrido grupo de escritores exiliados, entre otros José Mario y Pío E. Serrano. Benita C. Barroso y Roberto Cazorla, y asistíamos a las reuniones-fiestas en la casa-estudio del pintor cubano Waldo Balart en la calle San Cosme y San Damián (y después en San Ildefonso).

Durante tres décadas (desde los alegres años 80, pasando por los 90, hasta principios de este siglo)  coincidíamos siempre en los actos del exilio cubano en Madrid (presentaciones de libros, lecturas de poesía o exposiciones de pinturas de artistas plásticos cubanos) en Casa América, El Ateneo, Círculo de Bellas Artes, Centro Cubano, la Fundación Hispano Cubana, en la calle Orfila, y los primeros domingos de cada mes en la tertulia cubana que coordinaba la Dra. Martha Frayde en el Café Central. Siempre recuerdo al bueno de David Lago en la Tertulia que organizaba nuestra casa editora en el bar SUNSET BOULEVARD (cerca de la SGAE) donde nos reuníamos escritores y artistas cubanos exiliados junto a otros hermanos latinoamericanos y españoles. Esa infinidad de actividades culturales (cubana exiliada) de esos años madrileños nos permitieron soñar que aún seguíamos en nuestra patria o que, al menos, estaba  más cercana.

Cuando comencé el proyecto antológico Poesía Cubana Contemporánea (Catoblepas, 1986) como coordinador internacional de esa casa editora, seleccioné cinco poemas inéditos de David Lago, que aún no tenía ningún libro publicado. Los poemas eran: "Camagüey", ·Matajíbaro", "Aire frío", "Aditamentos", y "La víspera" . Años más tarde, al año de fundar Betania, también lo incluí en la antología Poetas Cubanos en España (Betania, 1988) donde incluí seis poemas:  "Júbilo (desde la Plaza del Mercado de Abastos de Santa Rosa", Being There ", "Una idea dividida", Desde un pueblo de España", "La mano cae al igual que la hoja" y "La blanca meseta azulejada".

Con posterioridad, como editor, le publiqué sus primeros dos poemarios: Los hilos del tapiz (Betania, 1994) con Prólogo de Rolando D.H. Morelli; libro que Gastón Baquero considerara entre los diez mejores títulos leídos por él en ese año (La Esfera del periódico El Mundo:Madrid,17 de diciembre de 1994) y La resaca del absurdo (Betania, 1998) con Prólogo de Carlos Victoria. También seleccioné tres largos poemas de él en la antología Poesía cubana: La Isla Entera (Betania, 1995 y 2024): "Tríptico de la noche musical en la isla del siguaraya", " La tertulia de los fantasmas roza el nombre de otra noche" y "Performance".

Años más tarde, David Lago funda dos editoriales artesanales, caseras, donde publica sus próximos libros. En las Ediciones Timbalito publicó sus poemarios: La fascinación de lo difícil (1999),  La mirada de Ulises (2000), Tributos (2000), Jazz Session (2000), Lobos (2000). y en la editorial OFFOFFShores Unlimited otra entrega suya: Hilos, tapices y telares. Ebriedades y resacas ( 2001). Es de destacar que en las Ediciones Timbalito pubicó poemarios de otros poetas cubanos, como:  El lado humeante (2000) de Antonio Desquirón Oliva, Foxtrot. Sombras y variaciones (2000) de Raúl Ibarra Parladé y Coral Reef. Voces a la deriva (2001) de Rolando H Morelli.Sobre la obra poética de David Lago recomiendo la lectura de un excelente artículo sobre la poesía de David Lago que merece ser leído: "El exilio del paisaje y el paisaje del exilio: la poesía de David Lago y Felipe Lázaro" de la profesora cubana Mirza L. González (De Paul University, de Chicago) y publicado en la Revista Hispano Cubana (Madrid, Nº 33, 2009, págs. 145-160.

El reconocido narrador cubano Carlos Victoria comentó: "David Lago es uno de los mejores poetas cubanos en el exilio. Su dominio del lenguaje, la originalidad de sus imágenes, sus sutiles consideraciones acerca de los fundamentos humanos y sus significados, su afinado oído para el ritmo poético, crean en el lector una impresión duradera". También el profesor y escritor cubano Rolando D.H. Morelli señaló en el prólogo a su primer poemario betaniano: "Si la historia que nos han obligado a escribir con mayúscula llegara a pesar demasiado, si mañana la isla en peso desapareciera arrastrada por tanto como se acumula y pesa sobre ella, quedarían estos vestigios imborrables que la poesía y el amor hacen posibles y perdurables". Y, finalmente, un breve comentario que se publicó en la revista literaria cubana Linde Lane Magazine (Vol.VII. Nº 2, 3 y 4, abril-diciembre, 1988): "Su poesía es abierta como un abanico donde cupiera el dolor, el amor y la muerte con la misma intensidad que la mirada extraviada por el paisaje novedoso".

La poeta y editora cubana, exiliada en Francia, Margarita García Alonso publicó ocho poemarios a David Lago y en su blog puede leerse mucha información, poemas y reseñas de sus libros: https://editionhoynohevistoelparaiso.wordpress.com Tras el inesperado fallecimiento de David Lago en su destierro madrileño, el poeta cubano León de la Hoz escribió un sentido texto en su blog: https://leondelahoz.com/2011/10/11/david-contra-goliat/  Más tarde, Ladislao Aguado y el citado León de la Hoz publicaron en el segundo número de la revista literaria OTROLUNES (Madrid) un sentido homenaje al poeta camagüeyano. También De la Hoz escribiría otro texto: "Celebro con el poemario 4C el 63 aniversario de David Lago González, el poeta condenado por honesto", en el blog: https://editionhoynohevistoelparaiso.wordpress.com/2013/05/23-celebro-con-el-poemario-4C-el-63-aniversario-de-david-lago-gonzalez-el-poeta-condenado-por-honesto/

Como celebración al amigo que me honró con su amistad, compartiendo este larguísimo destierro madrileño, ofrecemos un poema suyo, de uno de sus libros betanianos:


El hombre está partiendo


Un hombre está partiendo,

un hombre siempre está partiendo, alejándose de la orilla,

como un náufrago que va y viene en su balsa,

bajo el quitasol que ha fabricado en su afán por sobrevivir

en un mar que por dentro y fuera le devora.

Un hombre está partiendo,

recogiendo constantemente sus aperos,

la diminuta poesía que forma su vida,

la gravedad del misterio que le lleva hacia la lejanía del que mira

marchar la orilla, fuera ya de toda vuelta de olas.

Las aguas que ascienden, boca que traga su figura y sombra,

hacen de un hombre arena que asoma y se hunde.

Él y la orilla nunca se encuentran: un hombre que siempre parte

y una orilla que al parecer se detiene cuando en realidad se aleja

fantasmagóricamente, como una gran fragata requerida por un aviso monárquico.

El hombre, aunque amado más el deseo de vivir que la misma vida,

reconoce que las verjas por donde puede comenzar su nuevo mundo,

la isla que él mira y que le mira,

será también gota del mar,

un irretenible fustazo de luz bajo las olas.

 

*Felipe Lázaro, es de La Habana, Cuba, Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid, y es editor-director de la editorial Betania, con mas de 30 años de experiencia.


Madrid.- 03 de julio de 2025

Por Ricardo Gil Otaiza

   

Borges: una veta salvífica

Borges es universal porque sus textos hablan desde la pluridimensionalidad del Ser, desde la perspectiva de diversas aristas que se entrecruzan para hacer de sus textos lecturas del disfrute y del asombro

Me gusta mucho contar esta historia, que es parte de mi historia personal y literaria, y es la referida a mi encuentro con el gran Jorge Luis Borges desde su portentosa obra, que me llevó a descubrirlo, a desvelar su narrativa, su ensayística y su poesía, para hacerme su admirador indiscutible; y uno de sus fieles y más devotos seguidores. Corre el año 1991, estoy recién casado con la mujer más maravillosa de la que me haya podido enamorar en mi vida, con quien llevo casi treinta y siete años de matrimonio, es el Día del Amor y la Amistad, jueves 14 de febrero, nos hallamos en el pequeño Centro Comercial Glorias Patrias de la ciudad de Mérida, en el que tenía su sede la vieja y emblemática Librería Selecta, hoy lamentablemente desaparecida, y mi esposa y yo nos acercamos a la muy abastecida vidriera de las novedades. Y ella, que tanto me conoce, sabe en dónde están puestos mis ojos aunque lo disimule, me toma de una mano y entramos en el pequeño local. Sin pensarlo dos veces le dice a la dueña que “queremos saber el precio de un libro que está en la exhibición”, y lo señala. La atenta señora va hasta la vidriera de las novedades y saca el ejemplar, nos da el precio y a la vez nos alerta de que es el único ejemplar en existencia.

Se trataba de las Obras Completas (1923 – 1972) de Borges, editadas en 1974 por Emecé de la Argentina en un único tomo de 1161 páginas, pasta dura verde con sobrecubierta glasé del mismo color, en ella podíamos observar por contraste a un Borges mirando al infinito, con la boca un tanto abierta en la que se muestran los dientes de inferiores, el labio que sobresale y las arrugas del cuello (que revelan la avanzada edad del autor). Ya en el interior pudimos ver la imagen de Borges con más detalle: la luz le llega desde la izquierda, lleva una corbata a rayas que está bastante torcida, la camisa blanca deja ver las extravagantes puntas aladas a la usanza de la época, el paltó se halla separado del cuello, la mano izquierda luce como agarrotada sobre una superficie, como si estuviera manipulando un mouse de computadora (que tardaría todavía muchos años en llegar), y por detrás se pueden observar libros en un anaquel. El grueso tomo congrega los siguientes libros: Fervor de Buenos Aires, Luna de enfrente, Cuaderno de San Martín, Evaristo Carriego, Discusión, Historia universal de la infamia, Historia de la eternidad, Ficciones, El Aleph, Otras inquisiciones, El hacedor, El otro, el mismo, Para las seis cuerdas, Elogio de la sombra, El informe de Brodie y El oro de los tigres.

Al llegar a la casa mi esposa estampó en la página de guarda una hermosa dedicatoria, que eterniza aquél día y hace de este magnífico tomo un regalo que he apreciado desde entonces al unirse a una emoción y a un profundo sentimiento. No me canso de afirmar que me hice borgeano (o borgesiano) por amor, y lo sigo siendo, porque siempre regresé al gran autor y al tomo de aquel entonces, que luce fatigado, para usar un vocablo propio de Borges, a pesar de haber atesorado años después otras versiones de las Obras Completas, que se hicieron necesarias por la aparición de nuevos escritos, así como por los denominados “textos recobrados”, que aumentaron ostensiblemente las primeras tentativas en vida del autor. Llegaron a mi existencia las Obras Completas editadas por RBA – Instituto Cervantes en dos tomos en el año 2005, así como una versión de la Editorial Planeta en cuatro tomos y estuche de 2008.

Borges es Borges. Tal vez suene a lugar común, pero la expresión conjuga su esencialidad, su fina originalidad, su poder de seducción, los intrincados caminos en prosa (me concentraré en ella) que nos llevan por mundos ignotos jamás explorados por otros narradores. Si bien sus cuentos son perfectos desde la técnica, amasan diversidad de elementos que los hacen únicos: intelecto y erudición (demasiados, diría yo), profusa fantasía, historia, obsesiones (el tiempo, la muerte, la eternidad, el universo), acertijos, la cábala, la realidad como sueño, el desvarío, símbolos (laberintos, la rosa, espejos, bibliotecas, números, tigres), la mitología griega, la antinomia, la cosmogonía, el ocultismo, el coraje y la valentía, la ambivalencia del existir, y todo aquello que nos muestra un mundo en el que todo es posible, incluso la vasta cultura libresca como leitmotiv de la creación literaria (la autarquía propia de su rica propuesta estética).

Borges es universal porque sus textos hablan desde la pluridimensionalidad del Ser, desde la perspectiva de diversas aristas que se entrecruzan para hacer de sus textos lecturas del disfrute y del asombro. Borges le habla, no al argentino o al latinoamericano, sino que se empina sobre su realidad y su tiempo y otea mucho más allá de sus fronteras naturales, para hacerse consustancial con lo humano, con aquello que lo inquieta y mueve, con lo que subyace en su interioridad y lo hace desde un mensaje encriptado, cuya clave está en manos de cada autor y de cada lector, de allí que su obra jamás sea de grandes masas, ni la más vendida, sino que se hace esencial en grupos de iniciados cuyos espectros se expanden hasta alcanzar nuevas fronteras. A Jorge Luis Borges lo citan miles, pero esos miles de seguro no lo han leído (o lo han hecho de manera parcial y superficial), sólo que su halo y su brillo son tan generosos e inmensos, que dan hasta para ser citado desde lo que otros leyeron con inmenso gozo personal. Lo mismo pasa con Don Quijote, o con el Ulises de Joyce, y esto hay que decirlo sin rubor y con la alegría de quien descubre una veta salvífica.

rigilo99@gmail.com




Madrid.- 03 de julio de 2025


'Las crónicas de Narnia:

El caballo y el muchacho'

de C.S. Lewis

Un viaje a la Edad de Oro de Narnia para disfrutar de los personajes más queridos de la saga de fantasía épica más famosa de todos los tiempos. Nuevos protagonistas, la historia más medieval y un destino heroico.

Todos harán frente a una invasión a fuego y espada de traidores en una batalla inolvidable para defender la libertad.

Después de las dos primeras entregas, se publica Las crónicas de Narnia: El caballo y el muchacho (Libro 3), que vio la luz por primera vez en 1954.

La historia sucede durante el reinado de los hermanos Pevensie, a quienes conocimos en el anterior libro El león, la bruja y el armario. Arranca en el país de Calormen, donde el joven Shatsa, que desconoce su verdadero origen, siente el extraño deseo de viajar a las tierras del norte. Junto a dos caballos parlantes y una muchacha de alta alcurnia que huye de un matrimonio indeseable, responderá a esa llamada del destino bajo los designios del león Aslan, el gran libertador que ya acabó antes con la bruja y el invierno.

Todos a una defenderán la libertad de los pueblos norteños de Archeland y Narnia, con la ayuda de personajes inolvidables como el ermitaño de la Linde Meridional.

Los cuatro libros restantes de la colección harán su aparición en los próximos meses hasta final de año. Los siete títulos cuentan con las impecables traducciones de Gemma Gallart, así como nuevas y espectaculares cubiertas a cargo del diseñador norteamericano Owen Richardson.

En el 75 aniversario del comienzo de la saga, se trata de una gran apuesta de HarperCollins Ibérica que devuelve a la actualidad esta serie heroica para todas las edades.



Madrid.- 28 de junio de 2025

Canarias-La Gomera

Vallehermoso acoge la presentación de los libros ‘Vallehermoso, una mirada matemática’
 

El acto tendrá lugar el lunes 30 de junio, a partir de las 18.00 horas, en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Vallehermoso

Los autores de la obra, Gara Verónica Molina Mendoza y José Molina González, invitan a descubrir el municipio gomero a través de las matemáticas aplicadas

El próximo lunes 30 de junio, a las 18:00 horas, el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Vallehermoso será el escenario de la presentación del libro ‘Vallehermoso, una mirada matemática’, de José Molina González y Gara Verónica Molina Mendoza.

El acto se enmarca en la programación de las Fiestas Lustrales de Vallehermoso 2025 y cuenta con la colaboración del Cabildo de La Gomera, el Ayuntamiento de Vallehermoso, y la Comisión de Fiestas, como parte de su compromiso con la divulgación cultural y científica desde el ámbito local.

Esta obra ofrece una propuesta innovadora que vincula ciencia, territorio y divulgación educativa. En ‘Vallehermoso, una mirada matemática’, los autores invitan a descubrir el municipio gomero a través de las matemáticas aplicadas: desde sus calles, plazas, arquitectura y simbología, hasta la vegetación autóctona o la estructura de los bancales. Se trata de un recorrido visual y analítico que revela patrones geométricos, simetrías, proporciones y modelos matemáticos presentes en el paisaje cotidiano.

La obra busca fomentar el interés por la ciencia de forma accesible, contextualizada y visualmente atractiva, además de poner en valor el patrimonio natural y urbano de Vallehermoso a través de una lectura multidisciplinar del territorio.

Desde la Institución insular se invita a la ciudadanía a participar en este acto cultural que une tradición, ciencia y educación en un mismo espacio.

 

 

Madrid.-28 de junio de 2025

Conferencias

"RAÍCES DE LAS LETRAS VERACRUZANAS"

 y "MEMORIA Y LITERATURA"

 

El próximo miércoles 02 de julio, a las 19:00 horas en el Instituto Cultural de México y la Embajada de México, en España, en la carrera de San Jerónimo 46, Madrid, el académico mexicano Raúl Hernández Viveros impartirá las conferencias “Raíces de las letras veracruzanas” y “Memoria y literatura” en el Instituto Cultural de México en España, ubicada en carrera de San Jerónimo 46 Madrid.

Raíces de las letras veracruzanas. Las letras veracruzanas tienen sus raíces en la labor educativa de los jesuitas durante la época colonial, quienes fundaron colegios como el del Espíritu Santo en Puebla y promovieron la creación literaria. En el Puerto de Veracruz arribaron los primeros libros clásicos, fundamentales en la formación intelectual. Escritores veracruzanos continúan nutriéndose de esta tradición hispánica.

Memoria y literatura. La narrativa personal permite explorar la memoria como un espacio creativo donde el tiempo se reconstruye. La escritura organiza recuerdos y experiencias, entre la historia y la imaginación, como una forma de resistir el paso del tiempo y enfrentar el envejecimiento. Esta labor simbólica convierte la autobiografía en un puente entre la vida y la muerte.

 

 

Madrid(Arganda del Rey).- 25 de junio de 2025

La Gatera Press

POESÍA VIVA EN ARGANDA

El pasado 14 de junio, se llevó a cabo en el Centro de Mayores de Arganda del Rey, el recital Poesía Viva en Arganda,  a cargo de Francisco Luque, colaborador y socio de la Asociación Cultural  "Sábados Poéticos la Nueva Barraca.

14 poetas participaron en este recital, entre ellos:
Álvaro Rodríguez,  Ana María López, Antonio Machado, Antonio Ruíz, Antonio Villar, Cristóbal Cobo, Emi Martín, Feli Moreno, Francisco Luque, Gonzalo Vásquez, Manuel Ramirez, Rosa Saumell, Serafín Aznar y Chega Gómez (cantautora).

Francisco Luque Bonilla, agradeció a los asistentes:

En primer lugar, quiero expresar mi más profundo agradecimiento al Excmo. Ayuntamiento de Arganda del Rey. Gracias por abrirnos las puertas de este Centro de Mayores y ofrecernos este espacio acogedor para celebrar la poesía. 

Su apoyo es fundamental para la cultura en nuestra ciudad. Pero hoy, sobre todo, el agradecimiento más sentido va dirigido a vosotros, queridos participantes y asistentes. Su presencia aquí, compartiendo sus versos o escuchando con el corazón abierto, es el alma de este recital. Su generosidad es inmensa. Esto es especialmente cierto para aquellos que han hecho el esfuerzo de desplazarse desde Madrid y otros puntos, para estar hoy con nosotros. Su viaje es un regalo que valoramos enormemente. Sabemos que este compromiso con la poesía se suma a tantos otros que ya tienen. Muchos de vosotros dedican su tiempo y energía a incontables actividades vecinales, sociales y culturales, tejiendo día a día la red solidaria y vibrante de nuestras comunidades. Hoy, aquí, ese compromiso toma la forma de versos. 

Vemos representada esa labor incansable en miembros de la Asociación Vecinal de la Poveda, la Asociación de Vecinos de Arganda del Rey, la asociación de artistas y escritores "Arte Total" de Madrid, la asociación cultural "Océanos de Tinta" de Alcalá de Henares. Y especialmente a la asociación "Sábados Poéticos la Nueva Barraca" Gracias a todas estas asociaciones por ser semilleros de creación y encuentro.




Madrid.- 24 de junio de 2025

En sus 101 años de su deceso, me acuerdo otra vez de mi héroe literario.

Por Gabriel Jiménez Emán







Mutaciones íntimas del hombre-insecto

Dentro del relato La metamorfosis de Franz Kafka coexisten varios niveles de lectura en los que vale la pena detenerse, pues estos contienen, además de una acerba mirada crítica a la sociedad donde Kafka vivía, una serie de detalles autobiográficos tratados con una técnica narrativa que no vacilo en tildar de expresionista, la cual va armando (y desarmando a la vez) tejidos anecdóticos que, a mi modo de ver, inauguran en el siglo XX un tipo de relato objetual con el cual Kafka inaugura un estilo nuevo, suyo, propio, que no se asemeja a ninguno de los estilos ni modos de escribir empleados en la literatura alemana y europea de su tiempo, dominados unos por el realismo y otros por la fantasía romántica o el impresionismo. Kafka, gran lector de la literatura del siglo XIX, encauzó toda su energía en su relato más conocido, La metamorfosis, donde conjuga recursos para examinar su experiencia personal profunda, tanto en el plano familiar y afectivo como en el social y existencial, de donde derivan otros asuntos eminentemente morales, por un lado, y estéticos por otro, que conviene ir observando en la medida que nos adentremos en el relato.

Se ha advertido en la escritura de esta obra, el hecho de que sus interpretaciones estén dotadas de demasiados psicologismos; sin embargo, no es posible evitar algo fundamental que se irá desmontando a lo largo de nuestro comentario, y es la relación con su padre, luego con su hermana y su madre, quienes conforman el triángulo de figuras afectivas reales (a las que habría que agregar el nombre de su novia Felice Bauer) que engendrarán a su vez los personajes del relato con características ficcionadas, y quienes van a proyectar en él (en su papel de hijo y hermano) una serie de movimientos anímicos que van a aparecer en el texto de ficción de manera transfigurada, elaborada literariamente, para configurar un texto que se ha vuelto representativo de la literatura del siglo XX, cuestión que probablemente Kafka ni siquiera sospechaba.

Kafka escribió este texto cuando contaba apenas 32 años, en plena juventud.

No son aleatorios los datos que nos dicen que estudió y se licenció en Derecho y que trabajó en una Compañía de Seguros. La relación con su padre fue extremadamente difícil, pues éste era una persona autoritaria y tiránica, (y a su vez representaba a una sociedad similar); el joven Kafka sufrió de tuberculosis, no pudo nunca formar familia propia y tuvo una vida amorosa accidentada, por no decir traumática. No vamos a adelantarnos a realizar un catálogo de las carencias de Kafka antes de adentrarnos en la observación de su relato, pues ello equivaldría a tomar ventajas conceptuales en torno al fenómeno.

Desde el primer párrafo de La metamorfosis, Kafka nos ubica en el terreno fantástico, al presentarnos a un hombre –un comerciante de telas en un almacén— convertido en un monstruoso insecto. No se nos anuncia cómo ni por qué se ha operado tal transformación; del modo más natural ya el personaje ha mutado. Sigue pensando como humano, un viajante de comercio dedicado a su oficio, guiado por un imperioso deber: mantener a su familia. Tiene una obligación material y moral y la cumple a cabalidad; sin embargo, ya está convertido en insecto y esto le impide seguir trabajando; se preocupa por ello y por el daño que por esta razón está causando a su familia. Está siendo testigo de la vida que lleva, pero no puede moverse bien. Intenta seguir cumpliendo con sus obligaciones y de pensar razonablemente, aun dentro de una situación extrema.

Entre la humillación, el hambre y la abyección  Gregorio no quiere asustar a su familia con su aspecto. Quiere sobre todo protegerla, aun cuando sean personas sanas, una madre robusta, una hermana joven, un padre aún sano, todos con capacidad para trabajar y mantenerse por sí mismos. Se preocupa también por lo que pudiera estar ocurriendo en el almacén de telas donde trabaja. Ha cumplido su rutina laboral por años, sin faltar un solo día.

Aún convertido en insecto, Gregorio dice a su jefe y su familia que sólo sufre de “una ligera indisposición”, y poco a poco va tratando de acostumbrarse a su nueva forma animal. Lo notable es cómo Kafka logra que se acepte una nueva realidad (insólita, absurda, fantástica o asombrosa) de la manera más natural, en lo cual reside la primera apuesta narrativa de Kafka: la verosimilitud llevada al límite. El insecto-hombre posee un gran vientre y unas patas pequeñas; tiene un dolor en el abdomen, pero ello no le preocupa: debe adquirir pronto habilidades para moverse;

lo que realmente le preocupa es la felicidad de sus padres y saberse incluido entre los seres humanos. Aún humillado, agradece al cerrajero y al médico que han acudido a verle, el primero para abrir la puerta y el segundo a hacerle indicaciones de salud. Éstos le desprecian con sus palabras y aun así él les ruega no preocuparse, pues sólo se trata de “un bajón”

También, ya lo dijimos, le preocupa su puesto en el almacén de telas, pues su empleo fijo y su ingreso se encuentran amenazados.

Pero muy pronto Gregorio comienza a padecer peores humillaciones: el padre le golpea con el bastón; después queda atascado en la puerta, y su padre le da un empujón para meterlo en el cuarto; más adelante lo vemos ostentando una llaga en un costado, o soportando una habitación llena de polvo y suciedad. Todo ello lo tolera al límite, cuando exclama: “¡Qué vida tan tranquila lleva mi familia!”.

Después se mete debajo de un sofá, donde se siente más a gusto. Su cuerpo está estrujado, pero a él no le importa; sólo le anima el hecho de comer y de que su hermana Grete le visite y le lleve leche.

Del libro EL LABERINTO ENSIMISMADO DE FRANZ KAFKA

*Gabriel Jiménez Emán escritor, narrador, poeta, ensayista, compilador y traductor venezolano, destacando más en el ámbito de la narrativa y la poética, la cual ha sido traducida a varios idiomas y recogida en antologías latinoamericanas y europeas.



Madrid.- 24 de junio de 2025

Por Ricardo Gil Otaiza

  

Una pequeña y gran obra

Lo importante acá es que la tragedia de los personajes nos llega, nos toca desde lo humano y nos vemos impelidos a ponernos del lado de ellos y hacernos parte y todo del drama contado

Termino de leer la novela  Y apenas nada (Drácena, 2025), del autor mexicano (residenciado en Galicia) Eduardo Rojas Rebolledo, y he quedado impactado. Se trata de una novela breve, tal vez brevísima (145 páginas), en la que se nos narra en capítulos muy cortos una de esas historias que nos dejan reflexionando, cabizbajos, rumiando las cuestiones propias de la existencia, y que nos llevan a exclamar sin titubeos: “¡realidad y ficción son una misma esencia”.

Napoleón Chicomóztoc desaparece el primer domingo de septiembre y se despliega ante nosotros el drama de Lobina, su madre, quien en medio del abatimiento se da a la tarea de buscarlo. Su hijo es un adulto, pero como si no lo fuera, porque como lo expresa el novelista “le patina la sesera”, y no por culpa suya, o de algún insospechado vicio, sino como herencia de su padre, Rito Cué, quien también anduvo perdido en las inconsistencias de la mente y fue hallado muerto (muertito, como diría Monterroso) a la semana de la búsqueda, y lo único que le quedó a su mujer y a su hijo, aparte de la casa, fueron dos fotografías que ella clavó con tachuelas sobre la cama de Napoleón, para que supiera que alguna vez hubo un padre.

La madre solo halló de su hijo la bicicleta amarilla en la que se marchó de la casa, y que había sido un regalo de su mejor amigo (el Plebe, que había conocido en sus tiempos de la secundaria), y cuando se cumplieron los cien días de su desaparición, ya todo estaba consumado: su hijo no regresaría, se había marchado a perseguir la lluvia una mañana de septiembre “en pleno calorón”. Se marchó y la dejó a ella, llorando la pena, inmersa en los recuerdos, anhelando que todo aquello no fuera más que una pesadilla. Atrás quedó, no solo su Napoleón, sino también el “Popito”, su nieto: el niño de más de un año que su vástago había tenido con la mujer que amaba, y quien en plena crisis psicótica de su marido tomó al niño en los brazos y se marchó para siempre.

Napoleón Chicomóztoc era un muchacho bueno, de clara inteligencia, y su madre se perdía en la ilusión de que al terminar la secundaria se inscribiría en la universidad y se iría a estudiar junto con su amigo, pero esos sueños lentamente se dispersaron por los vientos del desquiciamiento, que pronto le llegaron y lo hundieron para siempre en las crisis del desvarío: solo atenuadas con las altas dosis de psicotrópicos.

Una vez desaparecido el hijo, Lobina se dijo, sin más, que estaba muerto, que “algo” en su interior, tal vez la intuición, se lo gritaba, así que su búsqueda era en los manglares, en las redes de sus tentáculos, con el desasosiego propio de quien espera hallar un cadáver descompuesto como le ocurrió con Rito Cué. Lo buscó largamente, su tiempo lo entregó a esa causa, pero poco a poco el ánimo se desvaneció, y a los cien días de la desaparición aquella certeza se le vino al piso y hasta pensó que podría hallarlo vivo. En una oportunidad las autoridades la llamaron para que fuera a reconocer un cuerpo encontrado en la costa, y con las tripas en las manos se atrevió a mirarle el rostro al cadáver, y supo que no era su hijo, que su búsqueda continuaba, que la vida entera la daría hasta darle sepultura a su Napoleón.

La novela está fragmentada en tres partes: la primera, titulada “El plano”, se subdivide a su vez en veintiún capítulos; la segunda, “La línea”, en cuarenta y nueve, y la tercera, “El punto”, en veinticinco, lo que le imprime al libro una inaudita fluidez, y he de expresar que lo que más me impactó del texto fue la prosa de Rojas Rebolledo, su estilo es personal y en extremo perfecto: cada palabra y cada frase han sido estudiadas con milimétrica precisión: nada sobra y nada falta, en él la lengua es un hermoso tablero de ajedrez en el que juega con absoluta maestría y dominio.

He de confesar, que pocos autores pueden preciarse de un ejercicio tan libérrimo de la prosa literaria, que nos lleva con cautela a recorrer los escenarios de lo narrado, y es tal su agudeza estilística, que somos arrastrados por las palabras a cada rincón como si pudiéramos ver lo contado a través de una ventana, o desde las imágenes proyectadas en una pantalla, lo que resulta maravilloso, porque esta novela podría llevarse perfectamente al cine, debido a su nitidez y clara estructura literaria.

He sido un constante predicador de que una novela no tiene por qué ser un amasijo de palabras y de circunstancias (algo así como una densa red de acaecimientos, que buscan innecesariamente la complejidad), que el ahorro argumental y de lenguaje resultan esenciales a la hora de plasmar una historia, y que esta pueda ser seguida sin mayores problemas por parte del lector, para que dé razón, sin obstáculo alguno, de su eje argumental.

 Y apenas nada es una novela con criterios muy sencillos: una historia que podría ser la de muchas personas en cualquier ámbito rural de América Latina (incluso de Europa o de otros continentes; ergo, la universalidad de lo contado). Lo importante acá es que la tragedia de los personajes nos llega, nos toca desde lo humano y nos vemos impelidos a ponernos del lado de ellos y hacernos parte y todo del drama contado. A pesar de que en el libro hay muchos vocablos del habla popular y autóctona de México, esto no es obstáculo alguno para su correcta comprensión, porque la esencia de lo contado es tan profunda, tan honda, que podría afirmar, sin caer en el exabrupto, y sin sesgo alguno, que hay en ella una densidad metafísica y filosófica propia de una gran obra, que celebro con alegría, porque me ha dado un inmenso gozo como lector y como autor.

rigilo99@gmail.com

 

 


Canarias-La Gomera.- 23 de junio de 2025

 

El Archivo Insular acoge la presentación del libro ‘Memorias de una treintañera’, de la autora Paola Díaz

La periodista hispanovenezolana afincada en La Gomera dará a conocer su primera obra el próximo jueves, 26 de junio, a partir de las 20:30 horas

"Memorias de una treintañera" es una colección de relatos breves, con títulos que recorren el abecedario de la A a la Z, basados en hechos reales

El Archivo General Insular de La Gomera será el escenario, el jueves 26 de junio, a partir de las 20:30 horas, de la presentación de "Memorias de una treintañera", el primer libro de la escritora hispanovenezolana Paola Díaz, residente en la isla.

Licenciada en Comunicación Social, Paola Díaz combina su formación profesional con una vocación literaria que ya ha recibido reconocimientos. En 2023, fue galardonada con el segundo premio en la categoría regional del Concurso de Relato Hiperbreve Ruiz de Padrón convocado por el Cabildo insular, con la obra ‘Una sobreviviente empoderada’, consolidando así su proyecto de autora en el panorama literario insular.

"Memorias de una treintañera" es una colección de relatos breves, con títulos que recorren el abecedario de la A a la Z, basados en hechos reales. Cada texto ofrece un vistazo íntimo a distintas etapas y experiencias de la autora, en un ejercicio de memoria y autoafirmación. Con honestidad y sensibilidad, Paola honra el legado de la niña que fue, de la que hoy se siente orgullosa, y evalúa con admiración a la mujer en la que se ha convertido.

El acto contará con la participación del prologuista de la obra y vicepresidente primero del Cabildo, Adasat Reyes, y estará moderado por la periodista gomera Sheila Herrera, especializada en marketing de contenidos para comunidades lectoras y estrategias digitales para el sector editorial.

Esta cita, con entrada libre hasta completar aforo, servirá al público para descubrir una obra que invita a la reflexión, al recuerdo y al autoconocimiento, desde la mirada cálida y personal de una periodista que ha encontrado en La Gomera su hogar y su fuente de inspiración.

 



Madrid.- 19 de junio de 2025

 

PoeMorias de Luis Alberto de Cuenca

Imagen del logotipo del sitio

Poesía recitada       

De Fonoteca de Poesía

Cuando un admirador de la poesía épica universal

                                                   camina con Tintín

                 y se pone al volante con “Línea Clara”.                                                            

 

 M. Carmen Gascón Baquero

La colección PoeMorias de la FONOTECA ESPAÑOLA DE POESÍA son diálogos sin prisa en los que grandes figuras de la poesía relacionan su vida y su literatura; con luz matizada nos leen poemas, descubren huellas y alguna confidencia.

En esta ocasión entramos con Luis Alberto de Cuenca a una de sus bibliotecas. Tú, lector y oyente de la Fonoteca, también estás invitado.

Es marzo de 2025; dos meses después gana el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Según el jurado se ha premiado la carrera literaria de De Cuenca por “mostrar una profunda erudición literaria y un estilo que se mueve entre la reflexión filosófica, la exploración de la cultura clásica y la introspección personal”.

La colección PoeMorias de la FONOTECA ESPAÑOLA DE POESÍA son diálogos sin prisa en los que grandes figuras de la poesía relacionan su vida y su literatura; con luz matizada nos leen poemas, descubren huellas y alguna confidencia.

En esta ocasión entramos con Luis Alberto de Cuenca a una de sus bibliotecas. Tú, lector y oyente de la Fonoteca, también estás invitado.

Es marzo de 2025; dos meses después gana el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Según el jurado se ha premiado la carrera literaria de De Cuenca por “mostrar una profunda erudición literaria y un estilo que se mueve entre la reflexión filosófica, la exploración de la cultura clásica y la introspección personal”.

Agradecemos el tiempo que Luis Alberto nos regala; nos va a conducir por la “Línea Clara”, esa poesía natural, sin retórica y, en su caso, enraizada en lo mítico, en lo más profundo de todos los tiempos y lugares.

En su biblioteca nos esperan personajes trovadorescos junto a protagonistas de cómics. Cine y literatura se abrazan, los héroes de Homero se sientan junto a los gansters del siglo XX. Es una aventura donde no hay límites pero sí tiempo para escuchar lírica irónica, satírica, elegante.

Él, que es filólogo, ensayista, poeta, traductor… sabe que la razón no es suficiente para comprender el mundo. Qué lujo escuchar a un escritor capaz de titular un poema “El editor Francisco Arellano disfrazado de Humphrey Bogart tranquiliza al poeta en un momento de ansiedad recordándole un pasaje de Píndaro”. Y sólo es un ejemplo.

En algún momento se respira la grisura moral contemporánea pero mientras le escuchamos nos sentimos a salvo de las inclemencias del exterior ¡y eso que algunas estanterías rebosan Terror fantástico!

Sus respuestas incitan incluso a estudiar más sobre los guionistas de grandes películas como Star Wars. Su poesía concilia la mitología clásica con las mitologías actuales. Nos habla de algunos hilos de Ariadna que todavía nos ayudan a caminar por el laberinto de 2025, por esos mitos que se adaptan para explicar las sociedades del momento.

Nos cuenta cómo entró en el mundo de la canción, sobre los poemas suyos que han sido musicados y sus letras de canciones.

Luis Alberto nos habla como un trovador sin miedo ni esperanza que ha abordado la vida con humor inteligente, con romanticismo feroz; es una invitación a disfrutar de la vida y como norma exhorta al lector a convertir la memoria en escenario del triunfo del goce sobre el dolor.

Vamos a escucharle y ojalá sepamos convertir lo vivido en literatura porque tal vez ello nos sirva para convivir mejor y también, al tomar distancia, para que no nos duela tanto el desamor y la existencia conflictiva. Cuando terminemos de escuchar estas PoeMorias, Luis Alberto seguirá escribiendo, corrigiendo, rescatando poemas… y nosotros, que habremos escuchado su poema matemático “El teorema de Pitágoras” nos miraremos en un juego de espejos y saldremos de esta conversación con nuevos anhelos, sueños, amores y necesidades. ¿Irrumpirá lo cotidiano y nos sentiremos un poco héroes?

Luis Alberto de Cuenca

Doctor en Filología Clásica

Profesor de investigación del CSIC

Académico de número de la Real Academia de la Historia

Director de la Biblioteca Nacional (1996-2000)

Premio de la Crítica por “La caja de plata”

Premio Nacional de traducción por su versión del cantar de Valtario

Premio de la Comunidad de Madrid por la totalidad de la obra poética

Premio Nacional de Poesía por “Cuaderno de vacaciones”

Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana por su carrera literaria.


Tenerife-Arona.- 17 de junio de 2025

El 20 de junio

Presentación del poemario ARENA-S de Carmen Paloma Martínez

Este viernes 20 de junio, a las 20:00 h.  en el Centro Cultural de Los Cristianos, Arona,Tenerife, se presenta el poemario ARENA-S, de su autora Carmen Paloma Martínez, editado en Escritura de las Nubes, de Elena Morales.

Continuando su circuito de presentaciones, después de haberse presentado en la Librería de Mujeres, (Santa Cruz de Tenerife), Librería El Refugio(La Laguna), y ahora el sábado 20, será en el Centro Cultural de Los Cristianos, para continuar en otros municipios de la Isla y de Canarias, para luego ser presentado en Madrid

Arena-s: una misiva apocalíptica

Nos comenta su editora Elena Morales. Arena-s, el nuevo libro de Carmen Paloma Martínez, que acaba de ver la luz en Escritura entre las Nubes, es un poemario, sí, pero también es un canto elegíaco, un manifiesto, una crítica feroz y ardiente, un rezo, un conjunto de sentencias, un aviso, una llamada urgente a la cordura. Es, tal vez, una premonición, una misiva apocalíptica, un viaje lírico y visceral que entreteje imágenes de origen y ruina, infancia y catástrofe, delicadeza y violencia. Según su autora, en esta obra, «es la Tierra quien nos habla». Como comenta, en el magnífico prólogo, Rosa M. Ramos Chinea: «Hay una suerte de apocalipsis rondando cada poema. Un cielo que tiembla. El fin de un ciclo. La tierra elevando una queja agonizante, mostrando su desesperanza, su pérdida de fe en ese ser humano que también muere».

Para entender este libro que se divide en los bloques temáticos «Arena - Agua», «Desierto - Fuego», «Ceguera», «Desasosiego», «Expolio» y «Polvo», hay que sumergirse en sus arenas con la mente limpia. Porque estamos ante un poemario que requiere una inmersión, un buceo profundo. Y cuando logras abrir la mente y adentrarte en las entrañas del poemario, entonces te das cuenta de que estás frente a una obra de una densidad que asusta, una poesía que interpela, con un mensaje que sacude…

Nada tiene que ver que su autora sea una mujer empresaria, empoderada, cariñosa, alegre, luchadora. Ella mira a la realidad y pone ante nuestros ojos un libro sumamente original  y provocador, tan críptico como sugestivo.

La obra se abre con esos versos: «En mis noches persigo sueños. / Mas / tal vez la puerta no se abra en billones de años». Y, a continuación, en seguida, constatamos, como la palabra se convierte en arena que se escurre (es una arena fugaz, inútil para la construcción); la palabra se convierte, asimismo, en agua, que puede ser portadora de vida, pero también es agua que inunda; saliva que suplica, espuma que libera.

La riqueza de sus figuras retóricas, el ritmo irregular deliberadamente no uniforme, con rupturas, espacios tipográficos, y versificación libre otorga un carácter performático a la voz lírica, que se mueve entre el canto, el grito y la plegaria.

El texto nos confronta con lo inevitable: la disolución, la muerte, la pérdida de sentido, pero también nos recuerda la persistencia del niño que insiste, sin cesar, en construir su castillo de arena.

La arena, en el libro, representa lo finito, lo erosionado, el desgaste del tiempo y de la memoria. Es símbolo de descomposición ecológica y espiritual. El agua, por su parte, es fluido primordial, matriz de la vida y la muerte, fuente y amenaza.

Sus referencias a lo afroespiritual introducen, en uno de sus poemas, un ligero peso ancestral y religioso, nos induce a evocar lo sagrado femenino, lo cíclico, lo oceánico. «Yemayá» representa la madre, el origen, el útero acuático que contrasta con la aridez de la arena.

La autora combina, en su intertextualidad, referencias occidentales muy conocidas por todos (Octavio Paz, Jorge Luis Borges, Rafael Cadenas, Alberti…) junto con guiños orientales a Lao-Tsé.

En el poemario, la autora alude al fuego como destrucción (ardor, desierto), a la ceguera espiritual y ética del ser humano contemporáneo, donde el deterioro interior se proyecta en un mundo que también se desmorona desde dentro y desde fuera, desde lo individual y desde lo colectivo.

Así mientras que en el poema «Desasosiego», Carmen Paloma Martínez se centra en su viaje intrapsíquico, en «Expolio» se desplaza hacia una voz colectiva, que se funde con la Tierra ultrajada, los pueblos oprimidos y los elementos cósmicos.

Encontramos en las páginas de Arena-s, imágenes de tormentas, tifones y mareas que devoran, lo que remite al desequilibrio de los ecosistemas y la imposibilidad humana de contener las consecuencias. Y es que estamos frente a un texto complejo, pero humano y necesario en su intento de nombrar el caos y encontrar sentido entre las ruinas.

Su último bloque o apartado, «Polvo», no busca consolar, sino confrontar. Funciona como un colofón perfecto para una obra que está atravesada por la crítica a la ceguera moral, el deterioro espiritual, la violencia estructural y la desconexión con lo sagrado (no necesariamente religioso, sino ético y vital). Es un cierre contundente, oscuro y honesto, que nos habla de la necesidad de ver el abismo para tal vez, alguna vez, empezar de nuevo. Y así, como culmina la autora: «La voraz serpiente / hinca su colmillo en tus labios de trapo: / Tachar-te del mapa /  –abrupta   salvajemente–».  Y termina con un guiño al inicio, y una estructura, por tanto, circular, que al final resulta ambigua, o, al menos, no tan pesimista como se podía pensar en un principio: «En mis noches persigo sueños… / El más persistente se repite: / sueño con una «Nueva Humanidad».

Desde la revista de cultura y noticias La Gatera Press, les enviamos toda clase de éxitos.

La entrada es gratis, y será una tertulia amena, entre poesías, lecturas y los amigos y amantes de la poesía, que deseen asistir.

 


Izda.Carlos Aganzo, Gastón Segura, Gabriel Tortella y Jordi Canal.

Madrid.- 17 de junio de 2025

La Gatera Press

Gastón Segura, autor del libro Saga Nostra, y los historiadores Gabriel Tortella y Jordi Canal, en el coloquio sobre la Vida íntima del Procés

Con notable asistencia, se llevó a cabo el pasado 12 de junio, en la Sala María Zambrano, del Circulo de Bellas Artes, (Madrid), el coloquio Vida íntima del Procés. Asistieron como, invitados los historiadores Gabriel Tortella, Jordi Canal y el escritor Gastón Segura, autor de su reciente libro Saga Nostra, y como moderador, estuvo el periodista Carlos Aganzo director del Aula de Cultura ABC.

Tres días de 2021, en el tramo final de la pandemia, sirven para reconstruir en la novela "Saga nostra" la vida íntima de una poderosa familia catalana en los tiempos del Procés. Un pulso con la realidad desde la ficción que deja al descubierto algunas de las claves sociales y familiares de un momento complejo como pocos en la historia reciente de Cataluña.

Luego del acto, se procedió a la firma del autor.




Madrid.- 16 de junio de 2025

 La Gatera Pess

Betania presenta libro en Miami

El 21 de junio

De orillas, robles y madreselvas de la escritora cubana Mireya Goñi Camejo, residente en Miami.

Quedan invitados a la presentación del poemario De orillas, robles y madreselvas (Betania, 2025) de la escritora cubana Mireya Goñi Camejo, residente en Miami.

Se llevará a cabo el sábado 21 de junio de 2025, a las 20:30 horas, en la sala ARTEFACTUS, ubicada en 123028SW 133 rd Ct. Miami, Fl.

Este poemario es su segunda entrega poética, tras publicar Magras Estaciones. Poemas del amor y de la vida (2022) que se puede adquirir en AMAZON.

En esta ocasión, la autora divide esta obra en cuatro partes: Poética armónica, del destierro,  de la angustia y  familiar que totalizan 36 poemas que conforman este nuevo libro.

Como muestra de su buen quehacer literario, ofrecemos un poema:

Simplemente

Nos consumamos la humedad de los deseos

entre el miedo y tanto amor desperdiciado.

Vivaldi suena en sus violines

y  ayer te estuve deseando.

Tuvimos miedo de formarnos ataduras,

en la huida del calor,

extraño tus palabras.

La poesía me sumerge,

esa noche roja me sorprendió

pensando en hijos.

Mi mano te llama.

Vivaldi suena.

Me desvelé en el irremediable

curso de tu nombre,

en los incansables acordes del violín,

en el deseo húmedo del beso.

 


Madrid.- 12 de junio de 2025

La Gatera Press

Presentación del  VII FESTIVAL HISPANOAMERICANO DE ESCRITORES, en Casa de América

Ayer miércoles 11 de junio, se ha convocado, ante los medios de prensa, y algunos invitados, a la presentación de la VII edición del Festival Hispanoamericano de Escritores, que se llevará a cabo los días del 22 al 27 de septiembre de 2025, en Los Llanos de Aridane, en la isla de La Palma, Canarias,  siendo el país invitado en esta edición España.

Izda.a dcha.: Javier Serena, Moisés Morera, León de la Torre, J.J. Armas Marcelo, Horacio Umpiérrez, 
Pablo Díaz Cobiella, y Nicolás Melini. Foto cedida por Casa de América
Abrió el acto dando la bienvenida, el director general de la Casa de América, León de la Torre Krais, para continuar el Viceconsejero de Cultura del Gobierno de Canarias, Horacio Umpiérrez , el Consejero de cultura del Cabildo Insular de La Palma, Pablo Díaz Cobiella, el Director de Cuadernos Hispanoamericanos, Javier Serena, el Director del Festival Hispanoamericano de Escritores, Nicolás Melini y J. J. Armas Marcelo, presidente de la Orden Galdosiana de la isla de La Palma, también presidente ejecutivo del Festival Hispanoamericano de Escritores, y también recientemente fue reconocido con el Premio Canarias de Literatura.

Por su parte, el director del festival, Nicolás Melini, ofreció el listado de invitados, que este año ha sido potestad del presidente del festival y de la Orden Galdosiana, J.J. Armas Marcelo. 50 escritores y escritoras entre los que se encuentran los novelistas Juan Bonilla (Premio Bienal Vargas Llosa de Novela), Jesús Ferrero (Premios Azorín, Plaza y Janés, Anagrama y Fundación José Manuel Lara, entre otros), Andrés Ibáñez (Premio de la Crítica a la mejor novela) Miguel Ángel Hernández (finalista del Premio Herralde de novela) y Gonzalo Hidalgo Bayal; los poetas Olvido García Valdés (Premio Reina Sofía de Poesía), Jaime Siles (premios Teresa de Ávila, de las Letras Valencianas, Andrés Bello y UNESCO España, concedidos los cuatro al conjunto de su obra), Elsa López (Premio Canarias de Literatura), el ex ministro César Antonio Molina y el multipremiado Pedro Flores.

Destaca también la participación de escritores y periodistas, como Sergio del Molino (Premio Alfaguara de Novela) y Jesús Ruiz Mantilla, ambos colaboradores de El País. Los editores Joan Tarrida (Galaxia Gutemberg), Phil Camino (La Huerta Grande), María José Solano (ZendaEdhasa) y Valerie Miles (Granta en español). Este año, además, el Hispanoamericano contará con una nutrida nómina de nombres canarios, en una edición en la que además se homenajeará a tres figuras imprescindibles de la literatura escrita por canarios, los recientemente desaparecidos Luis Alemany, Andrés Sánchez Robayna y Yolanda Arencibia: a los canarios ya mencionados más arriba hay que añadir al narrador Anelio Rodríguez Concepción, al poeta y cuentista Bruno Mesa, al novelista y decano de la prensa de Canarias Emilio González Déniz, al poeta Iván Cabrera Cartaya, al novelistta y crítico Jonathan Allen, Santiago Gil, que además de periodista ha publicado una obra extensa en novela, cuento y poesía, Javier Hernández Velázquez, autor de novela negra, la poeta e investigadora Alicia Llarena, el autor de teatro Toni Tabares, los poetas Tina Suárez Rojas, Acerina Cruz y Federico J. Silva, el narrador David Cabrera, el director de escena y productor teatral Cuco Afonso, la investigadora teatral Carmen Márquez, la novelista debutante Lana Corujo y la joven poeta Alba Tavío.

Habrá también una pequeña representación hispanoamericana: el novelista Alonso Cueto (Perú) acudirá para homenajear a su gran amigo y compatriota Mario Vargas Llosa, la narradora Mónica Lavín (México) acudirá para homenajear al desaparecido narrador Hernán Lara Zavala, y participarán los novelistas David Toscana (México, Premio Bienal Vargas Llosa de Novela) y Karla Suárez (Cuba). Entre los que se encuentran especialmente vinculados al periodismo, la crítica y el estudio de la literatura, estarán Marcedes Monmany (ABC), Rubén Gallo (Universidad de Princeton), la rumana Mariana Sipos (ex embajadora de Colombia), Miguel Ángel Santamarina (revista Zenda), Eduardo García Rojas (Diario de Avisos), Lourden Ventura (ABC) y Mónica Uriel (Agencia ANSA Latina). Nombres importantes para esta edición son también los de la novelista Irene Gracia, la novelista y articulista Carmen Posadas, la jovencísima narradora Irene Reyes Noguerol, el poeta Aurelio Major, el novelista y cuentista José María Conget (Premio de las letras aragonesas), el novelista de novela negra Enrique Montiel y la especialista en literatura infantil Paula Acuña.



Madrid.-11 de junio de 2025

 

Llega el esperado regreso de un clásico

'Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario' de

C.S. Lewis

El libro más popular de la saga de fantasía épica más famosa de todos los tiempos ya está a la venta con nuevas y espectaculares cubiertas en librerías.¡También en la Feria del Libro de Madrid!





Tras la primera entrega Las crónicas de Narnia: El sobrino del mago (Libro 1), se publica la siguiente y más conocida, adaptada al cine por Andrew Adamson hace 20 años.

Los cinco libros restantes de la colección harán su aparición a lo largo de los próximos meses hasta final de año. Todos cuentan con las impecables traducciones de Gemma Gallart, así como nuevas y espectaculares cubiertas a cargo del diseñador norteamericano Owen Richardson.

En el 75 aniversario del comienzo de la saga, se trata de una gran apuesta de HarperCollins Ibérica que devuelve a la actualidad esta serie heroica para todas las edades.

Más de 115 millones de ejemplares vendidos en 70 países y el próximo estreno de un ciclo de películas y serie de televisión, avalan su plena vigencia.

Cuatro hermanos atraviesan un misterioso armario y entran en la tierra mágica de Narnia, un país que sufre a la cruel Bruja Blanca. Solo el regreso del gran león Aslan conseguirá poner fin a la tiranía de la bruja y restaurar la paz. Pero para que el invierno llegue a su fin y vuelva la primavera, habrá que hacer un sacrificio…

 

  

Madrid.- 10 de junio de 2025

Por Juan López Mártinez





Don Quijote, paradigma educativo

 

La Mancha como territorio literario, va asociada inevitablemente a D. Quijote.

El protagonista, Alonso Quijano, D. Quijote, es un símbolo de lucha contra las injusticias y defensa de ideales nobles y, desde ese punto de vista, es un paradigma educativo.

Su trascendencia educativa está, en que nos hace reflexionar sobre los grandes temas de la condición humana como la fe, la justicia, la realidad social, el amor y el libre albedrío. Y, por eso, es un material propicio para una Escuela que pretenda educar en valores.

El proyecto de la OCDE sobre “Competencias y saberes que deben adquirir los alumnos de la enseñanza obligatoria” incluye entre las ocho que propone ”la competencia cívica”, que es “la que facilita la convivencia democrática” en palabras textuales de la OCDE. Su adquisición supone, en el ámbito profesional, el desarrollo de la autoestima, la dignidad, la libertad y la responsabilidad. Y, en el ámbito relacional, la aceptación de las diferencias, la tolerancia y el respeto por los otros (sus valores, lengua y cultura).

Es una competencia básica para convivir, asociada a los derechos democráticos y comprometida con los Derechos Humanos.

La competencia cívica incluye el conocimiento y compresión de los códigos de conducta para la construcción de una sociedad cohesionada, libre, equitativa y justa.

Me decía mi abuela Cándida, hija de Romanones (Guadalajara), un pequeño pueblo de 500 habitantes, cuando yo era ya profesor de Instituto: “Ahora, Juanito, mucho saber, mucha enseñanza, pero muy poca educación”. Tal vez, se refería a esto que recomienda la OCDE y que según dicho organismo” exige aceptar y practicar normas sociales, comportamiento cívico, reclamar derechos a la vez que se cumplen los deberes ciudadanos”.

Porque el ejercicio de la ciudadanía, efectivamente, supone comportamientos responsables.

Adquirir esta competencia supone poner en práctica el respeto. Decía Fernando de los Ríos “la revolución pendiente en España es la revolución del respeto”. El Quijote nos enseña la importancia del respeto hacia los demás. Siempre trata a las personas con resto y cortesía, incluso a sus enemigos. Nos enseña la importancia de la educación. D. Quijote es un hombre culto y educado. Su amor por la lectura y la cultura nos muestra la importancia de la educación en la vida. D. Quijote nos enseña la valentía ante la adversidad. A pesar de las múltiples situaciones difíciles que enfrenta, siempre se mantiene firme en su propósito y capaz de enfrentar miedos y temores, para defender lo que cree justo.

Por todo ello, D. Quijote es una referencia para una Escuela que pretenda educar en Valores. Porque somos lo que es nuestra educación, “somos nuestra educación” decía ya Marco Aurelio. Porque Educación son conocimientos y valores, que nos permiten situarnos ante el mundo, ante la historia, ante la sociedad y ante nosotros mismos. Educación es comprender la trascendente dimensión de la persona, del ser humano, de su dignidad. Comprender que lo mejor que nos ha pasado en la vida es ser personas. Porque, por ser personas, todos merecemos la misma consideración yrespeto, independientemente del color de nuestra piel, de nuestro sexo, religión, origen social o cultural, imagen física o posición social. Por eso nuestra mayor riqueza es nuestra dignidad y también por eso no hay mayor pobreza que la indignidad.

Educación es comprender que lo mejor del ser humano “no se ve con los ojos de la cara, sino con los ojos del corazón” como nos dice El Principito de Saint-Exupéry. Educación es comprender hasta qué punto la felicidad es, sobre todo, una aventura interior, que se basa en lo que damos, mucho más que en lo que recibimos.

Educar es, pues, formar ciudadanos responsables y libres, críticos y autocríticos, capaces de pensar, de soñar, de hacerse preguntas. Como nos dice el profesor Fernando Robles, Hector Alterio, en la película de Adolfo Aristarain “Lugares comunes”: “Enseñar es mostrar, es dar información, pero, a la vez, enseñando el método para entender, analizar, razonar y cuestionar esa información. Pónganse como meta, les dice a sus estudiantes de Pedagogía, enseñar a sus alumnos y alumnas a pensar, que duden, que se hagan preguntas. No les valoren por sus respuestas en los exámenes. Las respuestas no son la verdad. Valórenles por sus preguntas. Cumplan esta misión: despierten en ellos el dolor de la lucidez, sin límites, sin piedad”

Y añado yo, modestamente, tienen ustedes un oficio como maestros: sigan a D. Quijote, escuchen y enseñen su mensaje atemporal de valores universales, siempre pertinentes y actuales.

Juan López Martínez, es Inspector de Educación y  miembro de la Unión Nacional de Escritores de España.

 


Madrid.- 10 de junio de 2025

 Por Gastón Segura

     

 

A la luz de Shakespeare

Les iba a contar que hace unos diez días se cumplieron los tres cientos años de la muerte de don Juan Manuel Fernández Pacheco y Zúñiga, duque de Escalona y marqués de Villena, fundador y primer director de la Real Academia de la Lengua, y para amenizarlos, alguna que otra anécdota sobre sus notorias peculiaridades y sus variadas andanzas como virrey de aquí y de allá. Con ello pensaba celebrar con toda solemnidad la entrada en esa docta casa de mi amigo Luis Alberto de Cuenca. Pero, vaya, los hados se pronunciaron —por decirlo de un modo fino— aviesamente adversos, y ni él ni el otro candidato obtuvieron el refrendo necesario para ocupar el sillón «o»; y ahí quedó esa «o» vacante, en más minúscula y desairada que nunca.

Triste episodio —al menos, para mí— que seguramente les habrá pasado inadvertido ante las últimas e indignantes revelaciones publicadas por la prensa sobre esos conchabeos del jaez más tabernario, para chantajear —pues no era otro su propósito— a jueces, a fiscales e incluso a un alto mando de la policía judicial, en este caso, perteneciente a la Guardia Civil. Y todo para torcer las investigaciones sobre las sólidas evidencias delictivas en las variadas, y en ocasiones hasta delirantes —como pretenderse docente sin titulación que lo acredite—, conductas de los más cercanos colaboradores e íntimos familiares del presidente del Gobierno; quien según se han vertido y se vierten los testimonios —algunos de auténtico bochorno; bástenos de muestra la declaración de su hermano David ante la juez de Badajoz— solo se le concibe como gran aval —si no es ya impulsor— de cada una de estas pútridas componendas.

Y si en un principio, todos los casos conocidos nos insinuaban un chusco abuso de su alta magistratura, y aun asentadas sus fundadas sospechas, fueran solo merecedoras de su inmediata dimisión más la imputación por un posible delito menor; este último complot contra altos funcionarios del Estado para que alterasen sus indagaciones a cambio de no enterrar sus carreras o incluso de no mancillar sus intimidades, de confirmarse, como se han ido confirmando todos los anteriores chanchullos, le granjearía calificativos más contundentes mientras lo implicaría en infracciones penales muy graves. Por cuanto, acorralado por la indeleble y rotunda sospecha, no le quedaría sino, como a Macbeth, resistir con cada vez más saña contra la tenebrosa sombra de la acusación e incluso contra el propio Estado, hasta el avance final de su singular bosque de Birman. Lo terrible sería el destrozo que causaría al país y a las instituciones durante ese tiempo de ira baldía.

En cuanto a mí y atisbando esta desazonante circunstancia, no me corresponde sino vaticinarles lo lesivo de ese posible porvenir tanto como proclamar mi hartazgo de un gobierno que ha demostrado sobradamente no solo su incapacidad sino su desprecio al pueblo español. ¿O de que otro modo puede interpretarse la inexistencia todavía de la prometida auditoría donde se iban a peritar las excepcionales medidas adoptadas durante la pandemia —por ejemplo; la razón para decretar la extraña fecha de la cuarentena, el computo exacto de fallecidos, los contratos del material sanitario…—, o qué decir de la provisionalidad de la población de La Palma o de la desdeñosa demora para restablecer las infraestructuras públicas y privadas en los municipios devastados por la atroz riada de otoño, por no mentar las averías cotidianas de los ferrocarriles, o las silenciadas causas del reciente apagón cuando cualquier ingeniero te las explicaba a las horas escasas de producirse, o ese otro insólito corte telefónico; sobre otros aconteceres menos estruendosos pero no exentos de sumo peligro, como es la privación de medios a los cuerpos policiales para su arriesgado aunque fundamental cometido, con el menoscabo de su seguridad en primer lugar y, en segundo y más importante, de la de todos nosotros? Y, entre tanto, el desfachatado incumplimiento de su primer mandato constitucional: la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado; cuanto implica de facto, ni más ni menos, que las administraciones han quedado al albur del improviso y del recurso extraordinario. En definitiva; que no hay gobierno.

Este sucinto memorial de agravios, donde si a la oposición pudiera achacársele su notoria torpeza para denunciarlo y propagarlo con eficacia entre los ciudadanos, en cambio no deja la menor duda de quien es su único culpable: el grupo parlamentario socialista. Porque cualquiera adivina que ellos deben saber muchos y más perniciosos extremos sobre todos estos sucesos, y aun así y pudiéndoselos evitar al pueblo antes de que afloren para estupor general y degradación de su formación y sus siglas, soportan a semejante presidente, cuando les resultaría tan fácil sustituirlo por otro camarada; ¿o acaso deba recordarles a sus señorías la advertencia de Casio en la inmortal Julio César (1599): «¡La culpa, querido Bruto, no es de nuestras estrellas, sino de nosotros que consentimos en ser inferiores!»?

Pero si a ellos, como parece, los retiene de acometer tan higiénica medida el pancístico —y de todo punto indigno— «ande yo caliente y ríase la gente», nos corresponde, entonces, a nosotros componer ese caminante bosque de Birman, pues no solo últimamente se han detallado, en sucesivos y enjundiosos estudios, los acechantes enemigos de nuestro sistema de gobierno, sino que ya Platón, en el Libro VIII de La República (s. IV a.C.), pronosticó que toda democracia, presa de la arbitrariedad y el capricho, se conduce irremediablemente hacia la más feroz tiranía.

Artículo publicado por el "Imparcial" el 08 de junio de 2025

*Gastón  Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.   

 


Madrid.-10 de junio de 2025

Por Ricardo Gil Otaiza

 

El ego, motor de la creación

La escritura es un arte, pero nadie podrá negar que en ella (como en tantas otras) es el ego el motor que nos mueve a acrecentar la obra, a volver las noches días por el mero afán de ver la sumatoria de páginas, que es en sí misma un éxito personal

1. Leí del escritor cubano Leonardo Padura, en una entrevista que le hiciera el también autor y periodista tinerfeño Juan Cruz Ruiz, para su reciente libro Secreto y pasión de la literatura (TusQuets, 2025), la siguiente frase: “Mi biografía son mis libros”, y me sentí bastante identificado, porque la obra se escribe a lo largo de nuestras vidas, como producto de un denodado trabajo en el que dejamos mucho de nosotros, y cada uno de sus componentes representa parte importante de nuestro trajinar. No en vano, los libros se convierten en nuestros interlocutores, en las voces autorizadas que logran traspasar la barrera del tiempo y del espacio: ellos son nuestras mejores cartas de presentación frente al potencial lector (y ante la fantasmal e hipotética posteridad), quien se asoma con curiosidad en sus páginas y establece —sin pretenderlo— una suerte de diálogo con nosotros, y se hace (aunque no siempre se alcanza) cómplice y aliado.

2. Desde que trajino las letras me he preguntado: ¿hasta qué punto un texto literario es estrictamente realidad o ficción? Compleja la interrogante, porque siempre habrá atajos, vacíos, hiatos, lagunas, que nuestra mente (la del escritor) busque llenar desde la invención. A ver: no de manera deliberada, sino como vicio mental, como vía expedita para conferirle fluidez a lo contado; como tabla de salvación frente a la caída en el abismo de la insustancialidad y de la nada. Se cuentan hechos reales, porque sucedieron, pero en el proceso narrativo se impregnan de imágenes, figuraciones, detalles, y vislumbres de lo que pudo ser. Es decir, no hay texto narrativo químicamente puro, exento de los elementos propios de la imaginación: ergo, de la ficción, y ella exige necesariamente verosimilitud, y no, consecuentemente, la verdad como hecho incontrovertible.

Se cree en la verdad y se cree en la buena ficción: entre ambas categorías hay límites precisos, así como reglas de todo tipo (incluso, legales y hasta morales), solo que las líneas de lo real y de lo literario son tan sutiles e indecisas, que las pasamos sin apenas enterarnos. A veces, de manera paradójica, creemos en la ficción y no así en la realidad, y para que esto suceda han de presentarse muchas cuestiones, pero lo básica es el pacto que deberá establecerse entre el emisor y el receptor: en la ficción, que sea tan buena que convenza, a pesar de tratarse de hechos claramente fantasiosos; en la segunda, que sea tan traída de los cabellos (perturbadora, descabellada y transgresora), que quienes se enfrenten a ella sientan que es imposible que pase el filtro de la razón, y automáticamente la cataloguen como mera ficción.

Realidad y ficción establecen así una interesante dialógica, que se entreteje y anuda como en una extraña simbiosis, que es en sí, atisbo de la vida misma. A diario nos topamos con hechos tan sorprendentes, que para definirlos solemos decir con naturalidad: “no me lo puedo creer”, los sentidos nos engañan, somos presas de una alucinación, pero está allí frente a nosotros y no podemos menos que asombrarnos frente a tal portento. Visto así, no tendría que exigírsenos a los narradores la “verosimilitud” como artificio, es más, tal noción (lejana en el tiempo) debería desaparecer, porque al narrar la vida lo hacemos también con sus propios portentos, y si a todo ello le aunamos lo que nuestra mente recrea en su afán totalizador como queda dicho (desde la propia vida, porque no somos marcianos ni venusianos, sino sencillamente terrícolas contando desde nuestra propia piel), pues estamos ante un hecho realmente desafiante: la existencia contada en todo esplendor, por maravilloso o aterrador que parezca.

3. Ser lector es ser el bueno y el malo de la novela o del cuento; es ser todos los personajes, porque infinidad de veces nos sentimos atraídos por seres recreados que representan, en nuestra interioridad, la antítesis de la bondad o del sacrificio personal, y de pronto nos vemos aplaudiendo a la callada las malas acciones, o sonriendo y disfrutando ante las picardías de un ser recreado por el autor, y sin percatarnos declaramos con ello que la existencia es un drama o una comedia, y en ambas circunstancias respondemos desde nuestros propias creencias y referentes, desde nuestras ambiciones y anhelos, desde nuestras certezas y dudas, y ello es la vida en bruto, sin imposiciones dogmáticas ni filosóficas ni morales: se expresa nuestro lado oscuro, nuestra sombra.

4. La escritura es un arte, pero nadie podrá negar que en ella (como en tantas otras) es el ego el motor que nos mueve a acrecentar la obra, a volver las noches días por el mero afán de ver la sumatoria de páginas, que es en sí misma un éxito personal, independientemente de cuál sea su recepción (eso declaramos, pero en realidad no es así).Todo artista tiene un ego bastante desbalanceado (yo diría, desproporcionado) y cuando publicamos una obra (o nos la publican, en todo caso) nos sentimos el centro del mundo, como si todo girara a nuestro alrededor, que lo alcanzado es superior a lo visto hasta ahora y que nada podrá desmeritar tamaño esfuerzo, so pena de “reconocer” en ese otro a un ser infame, carcomido por el innoble sentimiento de la envidia. Poco dura esta emoción: ese trance que se mece entre la razón y lo sutil del espíritu, y pronto caemos en un vacío inconmensurable, que solo podrá ser llenado por un nuevo proyecto, que nos insufle renovadas energías y nos devuelva a esa suerte de “nirvana” que es el ego, que nos obnubila, es cierto, pero nos mueve a seguir creando desde el fuego interior.

rigilo99@gmail.com





Madrid.- 10 de junio de 2025

Por circunstancias extraordinarias, la sesión de la jornada académico-cultural "Cantinflas en España" programada para realizarse en las instalaciones del Instituto Cultural de México en España el miércoles 11 de junio cambiará al lunes 16 de junio (18.00 horas). En esta jornada se presentará la mesa redonda "Pensar en español: Cantinflas en el debate académico". La proyección de la película "Ahí está el detalle" en Casa de América se mantiene en la fecha y horario previstos originalmente (jueves 12 de junio, 19.00 horas). 

Jornada académico-cultural "Cantinflas en España"

Los próximos 11 y 12 de junio se realizará en las sedes del Instituto Cultural de México en España (ICME) y la Casa de América la jornada académico-cultural ”Cantinflas en España”.

Programa de la jornada:

11 de junio (18:00 h). Instituto Cultural de México en España

Inauguración de la jornada académico cultural “Cantinflas en España”.

Mesa redonda "Pensar en español: Cantinflas en el debate académico". Participan: Dr. Alberto Vital, Dra. Yolanda Guasch, Dr. Ángel Bahamonde y Dr. José Francisco Mejía. Modera: Emb. Laura Beatriz Moreno Rodríguez.

Inauguración de la exposición “¡No se olvide joven que somos hispanos! Presencia de Cantinflas en España”. La muestra podrá visitarse también el 12 de junio.

12 de junio (19:00 h). Casa de América

Proyección de la película "Ahí está el detalle" de Juan Bustillo Oro y protagonizada por Cantinflas.

Presentan: Emb. León de la Torre, Dr. José Francisco Mejía y Min. Jorge Arturo Abascal Andrade.

La jornada “Cantinflas en España” es organizada por el Acervo Histórico Diplomático de la Secretaría de Relaciones Exteriores del Gobierno de México, la Embajada de México en España (a través del ICME), la Embajada de México en Chile, el Seminario Iberoamérica Contemporánea del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe de la UNAM, la Subdirección de Archivos Estatales del Ministerio de Cultura del Gobierno de España y el Museo Mario Moreno Cantinflas.



Madrid.- 10 de junio de 2025

La Gatera Press

La Feria del Libro de Madrid continúa hasta el DOMINGO 15 DE JUNIO 







Entre lectores y visitantes, acuden a la Feria del Libro de Madrid, que finalizará el domingo 15 de junio.

Aunque este año, se ha visto varias incidencias, por motivo de la condiciones meteorológicas, por el fuerte calor, o algunos vientos, como el mismo día de la inauguración por la tarde, que se tuvo que cerrar, luego al día siguiente se abrió una hora más, en el horario de la tarde, y ayer lunes 09 de junio, a las 18:00 se cerró por precaución a las alertas del calor. No es nada favorecedor para el sector de los libreros como el de las editoriales, que sus ventas se vean reducidas, si este año, ha sido afectada por las fuertes olas del calor, el año pasado fueron las lluvias.

La Feria continua y como siempre la firma de autores, esa alegría tan cercana, que siente el lector a acudir a conocer a su autor preferido, y sale contento con el libro en su brazo. También las conferencias, mesas redondas o podcast en vivo, que se llevan a cabo en los estands, de CaixaBank, Iberoamérica, o el del pabellón Europa, igualmente la Biblioteca Eugenio Trías, ofrece los talleres para los niños, y otras presentaciones de libros.

La música está presente, como el grupo Emeterians reague, que se presentó en días pasados, en el stand de RTVE.

Este año, el lema ha sido para “New York ilumina la feria”

Desde las primeras horas de la mañana hasta la noche, el Parque del Retiro se convierte en una fiesta de libros,  intercambiando ideas y opiniones, y acompañados del calor!.

Para  ver la programación, pueden entrar a este enlace:

https://ferialibromadrid.com/programacion/





Madrid.-06 de junio de 2025

Feria del Libro de Madrid

 

La ganadora del premio SM El Barco de Vapor firma en la #FLMadrid25

Ledicia Costas es la ganadora del Premio SM El Barco de Vapor 2025 con Feriópolis “por proponernos un viaje en una montaña rusa que transita desde la inquietud hacia la empatía y la esperanza, pasando por un camino lleno de emociones y personajes inolvidables; una historia que crea un universo fantástico donde se da voz al mundo interior de los niños en toda su complejidad, ofreciéndoles un refugio”

Firma: Ledicia Costas -'FERIÓPOLIS'

Sábado, 7 de junio – de 18 a 21 h.

Caseta Número 123 (SM)


Madrid.—06 de junio de 2025

Feria del Libro de Madrid

 

Nando López firma 'Teníamos 15 años'

en la #FLMadrid25


Novela literaria + novela gráfica. Ofrece un formato de novela con cómic que lleva las ilustraciones de Nicolás Castell.

"Teníamos 15 años" - Nando López

«Necesitaba volver a esos 90 que tantos vivimos desde una periferia que fingía no serlo, en medio de un país cuya modernidad encubría una inminente crisis. Y reflexionar sobre cómo nos mentimos cuando recordamos, pero también sobre la amistad que nos sostiene y la ficción que —ya sea una novela, una película o una tdk con temas grabados de la radio— nos ayuda a construirnos». Nando López

Sinopsis

Manu regresa como profesor al instituto donde estudió en los años 90 tras una excedencia que ha aprovechado para escribir y dibujar la novela gráfica de su época adolescente. En ese viaje de vuelta se enfrenta a dos tiempos vitales: el ahora, una lucha necesaria; y el ayer, un territorio difícil en el que perdonarse a uno mismo y asumir que nuestros errores, sobre todo los que cometimos cuando tuvimos 15 años, son parte inevitable de esta asignatura siempre pendiente que es vivir.

Una novela sobre cómo nos marcan esos 15 años en los que nos creemos eternos y donde cada primera vez es un paso más hacia un futuro al que tenemos tanta prisa por llegar como miedo de que suceda.

Firma:"Teníamos 15 años" - Nando López

Sábado 7 de junio de 12 a 14 h.

Caseta Número 244(Loqueleo Santillana)

 

 

Madrid.- 06 de junio de 2025


Jornada académico-cultural "Cantinflas en España"

Los próximos 11 y 12 de junio se realizará en las sedes del Instituto Cultural de México en España (ICME) y la Casa de América la jornada académico-cultural ”Cantinflas en España”.

Programa de la jornada:

11 de junio (18:00 h). Instituto Cultural de México en España

Inauguración de la jornada académico cultural “Cantinflas en España”.

Mesa redonda "Pensar en español: Cantinflas en el debate académico". Participan: Dr. Alberto Vital, Dra. Yolanda Guasch, Dr. Ángel Bahamonde y Dr. José Francisco Mejía. Modera: Emb. Laura Beatriz Moreno Rodríguez.

Inauguración de la exposición “¡No se olvide joven que somos hispanos! Presencia de Cantinflas en España”. La muestra podrá visitarse también el 12 de junio.

12 de junio (19:00 h). Casa de América

Proyección de la película "Ahí está el detalle" de Juan Bustillo Oro y protagonizada por Cantinflas.

Presentan: Emb. León de la Torre, Dr. José Francisco Mejía y Min. Jorge Arturo Abascal Andrade.

La jornada “Cantinflas en España” es organizada por el Acervo Histórico Diplomático de la Secretaría de Relaciones Exteriores del Gobierno de México, la Embajada de México en España (a través del ICME), la Embajada de México en Chile, el Seminario Iberoamérica Contemporánea del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe de la UNAM, la Subdirección de Archivos Estatales del Ministerio de Cultura del Gobierno de España y el Museo Mario Moreno Cantinflas.



Madrid.- 06 de Junio de 2025

Por Ricardo Gil Otaiza

 

UNA NUEVA REALIDAD

Realidad y ficción se dan la mano siempre, en todas las circunstancias de nuestras vidas, y más todavía en lo literario (que es en sí una expresión de la creatividad humana)

A propósito de la más reciente novela del escritor español Javier Cercas, El loco de Dios en el fin del mundo (2025), que no he leído, y que nació gracias a que un representante del Vaticano contactó al autor y lo invitó a acompañar al papa Bergoglio a un viaje a Mongolia, y que de ello escribiera un libro con plena libertad, la editorial Random House nos informa, que no se trata de ficción: todo lo contado en el libro es “tal cual” como sucedió. Al respecto, me permito algunas consideraciones de carácter eminentemente teórico.

Presumo que los personajes que aparecen en la obra están tomados de la realidad, y que conservan sus propios nombres y responsabilidades (empezando por el Papa), y ello le imprime a lo contado fuerza y verosimilitud. Hasta aquí, todo bien. Empero, desde el ángulo de la literatura, aquello que entre en ese portentoso artefacto llamado novela, independientemente de su técnica, estructura y noción, alcanza por la magia de lo contado la categoría de ficción y de obra de arte, y en el caso contrario no podríamos hablar de novela; tal vez de crónica (un tanto en desuso, por cierto).

No obstante, asumiéndose que se trate de una crónica, recordemos que ella es en sí misma una narración histórica o un relato (también: un artículo periodístico, pero esto es otra cuestión), y que muchas veces quienes las escriben ponen de su inventiva para aderezarlas y hacerlas inteligibles a los lectores, y esos elementos extraños a lo acaecido (artísticos, sin más), la acercan a lo ficcional, por lo que lo contado se mece en una suerte de media verdad. De hecho, los límites entre ambos géneros (aunque la crónica nunca recibiera de buena gana tal categoría), siempre fueron difusos: recordemos las deliciosas crónicas de los viajeros de Indias, en las que los autores relataban toda clase de portentos, muchos de ellos sobrenaturales, que vistos hoy podrían perfectamente entrar en lo que llamamos “ciencia ficción”, tal vez “realismo mágico”, y hasta de lo “real maravilloso” (ergo, literatura). Mario Vargas Llosa, en su siempre ponderada obra La verdad de las mentiras, es categórico en este sentido, y el propio título del libro da razón del eje central de su posición intelectual: verdad y mentira se dan la mano para hacer de lo contado una nueva “realidad”.

Por tanto, y volviendo al libro de Cercas, hasta su propio título da fe de lo aquí expuesto: el autor denota elementos claramente literarios (“El loco de Dios” y “en el fin del mundo”: ni Dios es loco, ni el Papa lo es, y el mundo no tiene un punto de llegada que denote su fin), ajenos por completo a la noción de lo que sería una gira del Sumo Pontífice en aquellos apartados rincones de mundo, en los que, dicho sea de paso, los católicos pueden contarse en pocos miles, lo que hace a la gira vaticana una verdadera quimera, digna de la vieja serie hollywoodense Indiana Jones, en la que el magnífico actor Harrison Ford azuzaba mi mente infantil y juvenil, al introducirme en un mundo de ensueños, con mil aventuras y peligros, con escollos imposibles de salvar, pero que, gracias al séptimo arte, era tan reales y verosímiles, como enfrentarme por ejemplo a las dificultades propias de aquellos años: la escuela y el colegio, el bullying por mi absoluta incapacidad deportiva y mi baja estatura (siempre fui el más pequeño de la clase).

Realidad y ficción se dan la mano siempre, en todas las circunstancias de nuestras vidas, y más todavía en lo literario (que es en sí una expresión de la creatividad humana). Suele pasarme con frecuencia, que cuando cuento algo que me ha sucedido, me pillo agregándole detalles que en realidad no acaecieron, y si tengo que contar el hecho varias veces, pues esa montaña de agregados (no deliberados, solo que mi mente me hace esas pasadas) crece hasta lo risible y la historia se deforma para convertirse en otra.

Eso “otro” que resulta de nuestra clave imaginativa, es en sí mismo una nueva realidad, que se emparenta con su origen, pero constituye un universo aparte, que hace de lo contado un “algo” inédito y a veces novedoso (digo a veces, porque pudieran salir meras tonterías y estupideces), y esto es un artificio literario. Es decir, sin pretenderlo, todos, sin excepción (unos más que otros), literaturizamos la existencia, la adornamos con elementos que la hagan posiblemente más atractiva (en otros casos repulsiva, pero bajo la égida de la creación).

En cuanto a lo “repulsivo”, tengo que detenerme un instante, y con esto culmino, porque hay autores y hay obras que son producto de la sombra de lo humano, del lado oscuro de la vida, de los fondos menos explorados de nuestra propia interioridad, y el resultado es: historias terribles, descarnadas y profanas, pero que dicen mucho a todo un espectro de lectores. Y sin ir muy lejos, varias de estas historias han pasado a la posteridad como literatura del horror, como textos que muestran el lado pérfido de todo y, querámoslo o no, están ahí como signo de las luces y sombras que nos habitan.

En este sentido, no soy especialmente admirador de la literatura del autor estadounidense Stephen King, pero no puedo obviar su huella e importancia, y que como pocos se ha adentrado en la literatura del horror, de lo sobrenatural y del misterio (muchas veces de la ciencia ficción), y que goza de una respetabilidad propia de un escritor creativo y diverso, que ha sabido desvelar aquello que subyace, pero que se oculta en el Ser, y su obra resulta toda una amalgama de realidad y ficción, de allí el atractivo de su arte, así como su legado y renombre.

rigilo99@gmail.com

 



Madrid.- 02 de junio de 2025

La Gatera Press

Después de inaugurado el pasado 30 de mayo, La Feria del Libro de Madrid, por la reina Letizia y demás autoridades, se inicia la apertura de esta 84ª edición, y continuará hasta el 15 de junio.  


El Parque de El Retiro, se convierte en una biblioteca

Este fin de semana ha sido muy concurrido el Parque de El Retiro, a pesar del calor, como si fuera un pleno agosto.

Se esta llevando a cabo esta 84ª edición en el Parque de El Retiro, y la temática central es “Nueva York ilumina la Feria”, destacando la influencia de la literatura hispana en esta ciudad estadounidense.




La firma de libros siguen siendo el gran atractivo para el público. Con mas de 300 escritores participan en sesiones diarias. Autores reconocidos como Juan Eslava Galán, Elvira Lindo, Ray Lorgia, Irene Vallejo, Julia Navarro, Javier Cercas, Luis Alberto de Cuenca, entre otros mas escritores.

Para mañana martes 03 de junio por la tarde se tiene previsto la firma de los autores: Carolina Pecharróman, Juan Eslava Galán, Adri Contreras y Lourdes Tello, Gregorio Planchuelo, entre otros mas escritores.

También en esta edición, Canarias participa en La Feria del Libro de Madrid, a nivel institucional como literario. Así el Cabildo de Lanzarote ha acudido por primera vez a esta feria.

Participan destacados autores como, Rafael-José Díaz, Jose Luis Correa, Pablo Martín Carbajal, Nicolas Mellini, Santiago Gil, Pascal Buniet, entre otros mas.

El pabellón Iberoamericano, se ha  inaugurado en esta edición, es una iniciativa promovida por el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación de España, con el fin de fortalecer los lazos culturales y lingüísticos entre los países iberoamericanos. Homenaje a los escritores, Vargas Llosa, Carmen Martín Gaite, Federico García Lorca, Paul Auster y Gabriel Mistral y las charlas de editoriales y conferencias.

Para obtener más información puedes entrar a la página web de la feria del libro de Madrid, o entrar a su programación:

https://ferialibromadrid.com/programacion/


 

Madrid.- 02 de junio de 2025

 

“Desde las orillas: escritoras canarias en el centro literario”

Desde la Viceconsejería del Gabinete de la Presidencia, Octavio Caraballo de León, nos hace llegar la invitación al acto, “Desde las orillas: escritoras canarias en el centro literario”, un encuentro con jóvenes autoras del archipiélago que están renovando la literatura contemporánea desde una mirada insular, feminista y comprometida.

El acto contará con la participación de las escritoras Aida González Rossi, Melania Domínguez, Elena Correa y Lana Corujo, y será moderado por Felicidad Batista. La presentación institucional estará a cargo de la consejera de Cultura del Gobierno de Canarias, la Sra. Migdalia Machín.

Este encuentro forma parte del compromiso del Gobierno de Canarias con la proyección cultural de nuestras creadoras y se enmarca en la Agenda Canaria 2030.

Fecha: miércoles 4 de junio a las 18.00 h.

Lugar: Delegación del Gobierno de Canarias en Madrid, C. Fernanflor 8

 


Madrid.- 02 de junio de 2025

 

Se ha presentado en la Librería Laurel

"Desde mis sábanas lilas"

La escritora grancanaria Mayte Martín-Feo, ha presentado el jueves 29 de mayo su libro "Desde mis sábanas lilas" en la Librería Laurel.  Acompañada por amistades y algunas personas del club de lectura de la librería que dirigen Loli y Alfonso, fue una velada emotiva, con lecturas y debate de sus microrrelatos. Le acompañó en la presentación el también escritor madrileño, Miguel Ángel González, quien formuló varias preguntas e hizo algunas reflexiones sobre el libro editado por Mercurio y que está siendo un éxito entre el público. A la presentación en Madrid le precedió la de Las Palmas de Gran Canaria, donde también hubo mucha participación e interacción con la autora.


Un libro que además de los textos de prosa poética con perspectiva de género y mucha reivindicación van acompañados del trabajo de 30 fotógrafos y fotógrafas canarios, nacionales e internacionales que han cedido sus obras para ilustrar algunos de los textos.

La escritora y periodista canaria estará próximamente firmando en la Feria del Libro de Madrid, el día 15 de junio en horario de 10.30 a 12.30 en la caseta de Diwán número 91.

 


Madrid.- 02 de junio de 2025

 
HarperCollins Ibérica es la nueva casa editorial de ‘Las crónicas de Narnia’

Tras una larga espera, la famosa saga de fantasía épica de C. S. Lewis vuelve a las librerías españolas en un ambicioso proyecto que arranca esta semana y culminará a final de año

HarperCollins Ibérica es el nuevo editor en España de Las crónicas de Narnia de C. S. Lewis, que volverán a publicarse en nuestro país siguiendo el orden natural de los hechos narrados en la historia (y no el cronológico del lanzamiento original), el más coherente para su lectura, y con el que el propio autor creyó estar más de acuerdo.

Serán siete entregas mensuales hasta octubre, que arrancan este mes de mayo con el lanzamiento de El sobrino del mago, a la que seguirán en meses sucesivos: El león, la bruja y el armario, El caballo y el muchacho, El príncipe Caspian, La travesía del Viajero del Alba, La silla de plata y La última batalla.

La serie, que mantiene la traducción de Gemma Gallart, llevará nuevas y espectaculares cubiertas con ilustraciones realizadas por el diseñador norteamericano Owen Richardson. Conserva plena vigencia para lectores de todas las edades a partir de 8 años.

‘Las crónicas de Narnia: El sobrino del mago (Libro 1)’

Es la sexta crónica en el orden de publicación original, la primera en el orden de lectura. Más conocida como la precuela de El león, la bruja y el armario (1950) por ser ésta la primera que vio la luz y la más popular, El sobrino del mago (1955) es la novela fundacional que narra el momento de la creación del mundo mágico de Narnia, puro y radiante, y cómo las fuerzas malignas penetran en él apenas cinco horas después. Se registra la primera aparición de la Bruja Blanca, presentada como la malvada reina Jadis, hechicera y destructora de Charn; y se sientan las bases de todas las idas y venidas que acontecerán entre nuestro mundo y el de Narnia, iniciadas con la exploración del misterio de los portales de acceso. También se refieren los antecedentes del armario que será la puerta a Narnia en la siguiente aventura, y del icónico farol que marcará el camino, popularizado por la primera adaptación cinematográfica de las crónicas por el cineasta Andrew Adamson en 2005.

La narración de C. S. Lewis tiene más de cuento de hadas que de alegoría en sentido estricto. A la simbología platónica, la impronta indeleble de su formación cristiana y la remisión de su lectura a títulos como El paraíso perdido de John Milton, el autor británico suma la influencia de clásicos  paganos, referencias de la mitología del mundo griego, romano y nórdico, del mundo antiguo y medieval, e influencias de la literatura inglesa  y europea, así como reminiscencias folclóricas irlandesas, e inspiraciones en las atmósferas de George MacDonald o los animales parlantes de Beatrix Potter y El viento en los sauces de Kenneth Grahame, entre otras.

Argumento

Digory Kirke se ha mudado, junto a su madre gravemente enferma y a punto de morir, a la casa del tío Andrew y la tía Letty Ketterley en pleno Londres victoriano. Dan comienzo las vacaciones del verano más frío que se recuerda, pero conocerá a su vecina Polly Plummer, que tampoco irá a la playa ese año, y se divertirán juntos a cubierto de la lluvia. Sus juegos caseros les conducirán hasta el estudio prohibido del tío Andrew, que se descubrirá como un mago cruel y les hará protagonistas involuntarios de un experimento con unos anillos que funcionan como un portal mágico. Será el principio de una serie de peligrosas aventuras entre mundos desde un bosque intermedio. Los niños conocerán la desolación pero también contemplarán hechos maravillosos como la creación de Narnia por el magnífico león Aslan, gran rey de las bestias parlantes, cuya misteriosa canción despertará una nueva esperanza y un mundo nuevo, que se verá muy pronto amenazado por la malvada reina Jadis. Digory habrá liberado accidentalmente de su hechizo a esta bruja feroz, soberbia y sedienta de poder, que está dispuesta a esclavizar a todas las criaturas, destruir a todos los seres vivos y todos los mundos. Digory aceptará la misión de proteger Narnia de ella bajo las instrucciones de Aslan y partirá junto a Polly a buscar una manzana mágica, a lomos de un caballo alado. Es el inicio de las hazañas heroicas y batallas épicas entre el bien y el mal que se desarrollarán en las siete crónicas con un telón de fondo propio de la pluma de Lewis, entre la alegría y la nostalgia inconsolable.

 

Madrid.- 02 de junio de 2025

 

“Desde las orillas: escritoras canarias en el centro literario”

Desde la Viceconsejería del Gabinete de la Presidencia, Octavio Caraballo de León, nos hace llegar la invitación al acto, “Desde las orillas: escritoras canarias en el centro literario”, un encuentro con jóvenes autoras del archipiélago que están renovando la literatura contemporánea desde una mirada insular, feminista y comprometida.

El acto contará con la participación de las escritoras Aida González Rossi, Melania Domínguez, Elena Correa y Lana Corujo, y será moderado por Felicidad Batista. La presentación institucional estará a cargo de la consejera de Cultura del Gobierno de Canarias, la Sra. Migdalia Machín.

Este encuentro forma parte del compromiso del Gobierno de Canarias con la proyección cultural de nuestras creadoras y se enmarca en la Agenda Canaria 2030.

Fecha: miércoles 4 de junio a las 18.00 h.

Lugar: Delegación del Gobierno de Canarias en Madrid, C. Fernanflor 8

 

 

Madrid.- 02 de junio de 2025

Presentación del libro

La Máscara Invisible de Estela González

El próximo jueves 05 de junio a las 19:00 horas, en el Instituto Cultural de México en España, carrera de San Jerónimo 46 Madrid, se presentará el libro La Máscara Invisible de la escritora mexicana Estela González .

Una máscara oculta, pero a la vez da fuerza y poder. La máscara invisible y otros relatos revelan desde esa energía que busca protegerse: la migración, las voces y el habla de diferentes partes de América Latina, así como el sentir de su gente se filtra entre sus páginas para crear espacios que nos invitan a conocer, pensar y entender el movimiento de nuestro continente. Estela González, con una potente voz, se levanta entre los narradores contemporáneos para dar también a la experiencia LGBTQ+. El presente volumen dejará al lector con sabores de la diversidad que nos abren a nuevas posibilidades.

Evento en colaboración con la Editorial Textofilia.

 


Madrid.- 02 de junio de 2025


Del 28 de mayo hasta el 07 de septiembre 2025

Obras maestras de la BIBLIOTECA DE LÁZARO

El 28 de mayo, ha sido inaugurado por la directora del Museo Lázaro Galdiano, Begoña Torres y Carmen Peguero de la Biblioteca y el archivo de la Fundación Lázaro Galdiano.

Izda.Begoña Torres y Carmen Peguero                                                                                 



Una exposición excepcional que muestra una treintena de ejemplares representativos de las colecciones de Madrid, París y Nueva York, reunidas por José Lázaro en las diferentes ciudades en las que residió. Será la primera vez que se expongan juntas, reconociendo la labor del coleccionista y su deseo de que permaneciesen unidas.






En ella, se podrán contemplar, entre otros, ejemplares como uno de los más bellos del Siglo de Oro, el Libro de retratos de Pacheco, maestro y suegro de Velázquez, quien pretendió mantener viva la memoria de algunos de los más insignes ingenios de la época en este libro; Livre des propiétes des choses, un manuscrito miniado, copia lujosa de principios del s. XV de carácter enciclopédico, con miniaturas al comienzo de cada capítulo y una encuadernación herádica en terciopelo sobre tabla del siglo XVI; Cartas de Goya a Zapater, su amigo de juventud en Zaragoza, donde trata temas personales e incluye dibujos entre el texto, revelando el lado humano del genio; un grupo de hojas profusamente iluminadas que forman parte del conjunto de manuscritos persas; el Libro de horas de William Hastings, un manuscrito flamenco encargo de William Hastings, Grand Chamberlain de Edward IV; o el Liber Chronicarum, del humanista e historiador alemán Hartmann Schedel (1440-1514), quien llevó a cabo una extraordinaria labor de recopilación de tradiciones orales que sirvieron de fuentes para esta obra monumental, en la que se ilustra la historia del mundo, desde la Creación hasta finales del siglo XV.

La exposición estará abierta al público hasta el 07 de septiembre, 2025

En el Museo Lázaro Galdiano, de la C. de Serrano 122-Madrid



Madrid.- 29 de mayo de 2025

La Gatera Press

Arranca este viernes 30 de mayo

La Feria del Libro de Madrid, ha sido declarado como Bien de Interés Cultural, por El Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid 

La Feria del Libro de Madrid 2025, un puente literario entre Madrid y Nueva York

La 84ª edición de la Feria del Libro de Madrid se inaugurará el 30 de mayo a mediodía, como siempre por la reina Leticia, y terminará el 15 de junio, en el Parque de El Retiro. Bajo el lema “Nueva York ilumina la Feria” destacará la presencia del español en la ciudad estadounidense, promoviendo el intercambio cultural con universidades como Columbia, NYU y Yale

Se contará con mas de 2.000 firmas donde autores como: Julia Navarro, Joël Dicker, Lorenzo Silva y Maria Dueñas, entre otros más autores, compartirán sus obras con los lectores.

Se llevará a cabo además de las tradicionales firmas, y presentaciones de libros, actividades culturales y académicas. Mesas redondas, charlas y debates, promoviendo el intercambio de ideas y experiencias entre autores, lectores y profesionales del sector editorial.

La ilustradora argentina Coni Curi ha diseñado el cartel de este año, inspirándose en la estética vintage de principios del siglo XX, evocando la conexión entre Madrid y Nueva York. Un oso abrazando un rascacielos neoyorquino, que simboliza la acogida y el mestizaje cultural que caracteriza a estas ciudades.

La programación lo pueden consultar en la web de la Feria del Libro de Madrid

 https://ferialibromadrid.com/programacion/



Santa Cruz de Tenerife.- 29 de mayo de 2025

Presentación del libro HOY 29 de mayo-hora 19:00

 

'Paisajes del alma', de Eduardo García Rojas

TEA Tenerife Espacio de las Artes acoge el 29 de mayo, a las 19:00 horas, la presentación del libro “Paisajes del alma”. Canarias, cine e identidad (Ediciones Idea, 2025), del periodista tinerfeño Eduardo García Rojas. En este trabajo, en el que participan un total de 23 cineastas, García Rojas indaga en las relaciones que estos autores mantienen fundamentalmente con el paisaje en sus películas, sean cortos como largometrajes. En este acto, que es de acceso libre, el autor estará acompañado de Emilio Ramal, Conservador de Cine y Video de TEA, de Manuel Díaz Noda y Benjamín Reyes.

“Paisajes del alma” toma su título por sugerencia de uno de los directores entrevistados, José Víctor Fuentes, que a su vez lo había leído de un libro de Miguel de Unamuno, y que durante la entrevista le indicó la idoneidad de “bautizar” así esta obra en la que se ha invertido un año de trabajo.

Como apunta Eduardo García Rojas en la presentación, ninguno de los cineastas entrevistados declinó participar en esta obra, un libro en el que se cruzan variedad de opiniones en torno a un cuestionario más o menos común entre todos los que aceptaron finalmente colaborar. En este sentido, Paisajes del alma cuenta con las voces de directores ya consagrados como son Teodoro y Santiago Ríos (Guarapo, Mambí y El vuelo del guirre) con otros que comienzan a despuntar. Las opiniones que vierten unos y otros resultan en algunos de los casos muy diferentes pero esta diversidad es lo que refuerza el interés por una obra pionera en el archipiélago ya que, nos consta, se trata de la primera que reúne las voces de 23 directores/as de cine nacidos o residentes en las islas.

Los cineastas entrevistados son Mercedes Afonso, Javier Fernández Caldas, Jenifer Castañeda, Lucas Fernández, Juan Carlos Fresnadillo, José Víctor Fuentes, Manuel González Mauricio, Raúl Jiménez, Andrés Koppel, Daniel León Lacave, Iván López, Fátima Luzardo, Dácil Manrique de Lara, Estrella Monterrey, Miguel G. Morales, Sergio Morales, Elio Quiroga, David Pantaleón, Armando Ravelo, Omar Razzak, Teodoro y Santiago Ríos, Luis Roca y Josep Vilageliu.

El libro se complementa con un apéndices que incluye una selección de críticas cinematográficas de algunas de las películas dirigidas por los directores entrevistados así como un breve apéndice fotográfico.

 





Madrid.- 28 de mayo de 2025

 

Premio Bibliodiversidad de honor 2025 para ediciones Morata, por su centenario

Es el arranque oficial de un calendario conmemorativo para celebrar que Ediciones Morata cumple 100 años en 2025.

Los Premios Bibliodiversidad fueron creados por la Comisión de Pequeños Editores de la Asociación de Editores de Madrid para reconocer a las instituciones, medios de comunicación y personalidades que apoyan la edición independiente.

La entrega al editor Paulo Cosín tendrá lugar el próximo 4 de junio, en el marco de la Feria del Libro de Madrid.

La Comisión de Pequeños Editores de la Asociación de Editores de Madrid (AEM) ha fallado los Premios Bibliodiversidad 2025.

El Premio de Honor se ha otorgado a Ediciones Morata “al cumplir un siglo de existencia, consolidándose como uno de los catálogos más prestigiosos de España en materia de ciencias sociales, psicología y pedagogía, con obras y autores de prestigio internacional. Morata, creada por Javier Morata Pedreño, cuya labor continuaron con empeño y talento sus dos hijas, Flora y Caridad, ha sabido mantener y renovar su oferta editorial en el siglo XXI con la llegada de Paulo Cosín a la dirección editorial de la empresa, ampliando su repertorio hasta superar más de 400 referencia vivas.” Como ha expresado Manuel González, presidente de la AEM, “los editores de Madrid queremos reconocer con este galardón la trayectoria editorial de Morata, que cumple cien años ofreciendo, desde el rigor académico de sus contenidos, elementos de reflexión y análisis acerca de la educación, la salud mental y la justicia social en estos tiempos tan necesitados, como hace un siglo, de valores y saberes que contribuyan a lograr un mundo más humano y solidario”.

Cien años haciendo Historia

El proyecto comenzó con fundación de la librería Minerva, en 1920, por Javier Morata Pedreño. El primer producto que vendió fue la Enciclopedia Espasa por volúmenes. Cinco años después comenzaba su trayectoria como editorial publicando su primera obra en 1925, Presente y futuro de la UGT en España, de Largo Caballero. Desde entonces, esta editorial independiente ha tenido como objetivo ayudar a comprender el mundo, visibilizar a los más desfavorecidos y aportar las claves para la construcción de una sociedad más justa. Tras el fallecimiento de su fundador, fueron sus hijas Flora y Caridad quienes asumieron la dirección, y después lo haría la nieta, Florentina Gómez Morata, en 1974. Será en 2005 cuando tome la dirección Paulo Cosín, que en 2016 adquiere la editorial con el compromiso personal de garantizar su continuidad.

Cosín defiende que “es una editorial de relevancia incuestionable en la Historia y que, a día de hoy, sigue haciendo Historia”, y concluye: “Nuestra identidad viene marcada por estos cien años que han aportado un catálogo único, capaz de entrelazar el pensamiento reflexivo de las Ciencias Sociales con la Educación, la Investigación y la Psicoterapia Familiar”. Más allá de un proyecto editorial con más de cuatrocientos títulos vivos en su catálogo, Ediciones Morata se manifiesta como grupo humano que mantiene un compromiso personal permanente con la sociedad por la difusión de la cultura, la educación y la ciencia en siglo XXI en todos los países con los que compartimos nuestra lengua.

 


Madrid.- 27 de mayo de 2025

 Por Gastón Segura

     

Lecciones de una mujer

Este recién vencido domingo se cumplió el centenario de una mujer excepcional. Era mejicana y aun siendo una precursora —si no es la gran precursora— del feminismo en su país, aquí, en España, y a pesar de cuanto se escribe sobre el asunto, apenas escucho su nombre: Rosario Castellanos. Básteme contarles que se licenció en Filosofía con la tesis Sobre cultura femenina, leída el 25 de junio de 1950; es decir, al año siguiente de la publicación del crucial ensayo sobre la materia, El segundo sexo, de Simone de Beauvoir; título que Castellanos no conocerá hasta un sexenio después, cuando se edite su traducción allá, en México. Y aunque a bote pronto entre ambas escritoras asoman notables semejanzas —por ejemplo; el empeño común por la creación literaria sobre la exposición reflexiva—, en la comiteca observo peculiaridades que me la convierten en mucho más sugerente; sin ir más lejos, la ironía exhibida durante toda su docencia universitaria y hasta en algunos de sus poemas y en casi todos sus ensayos, por no mencionar su indiferencia, si no era ya un rehuir la etiqueta de feminista; quizá, por considerarla solo eso, un manoseable calificativo, cuando para ella, saberse y vivir como mujer, desde su niñez en Chiapas, constituyó una circunstancia trágica en el más original sentido helénico.

No había cumplido los ocho años cuando falleció su único hermano, y sobre el inmediato espanto y el dolor posterior, pesó durante el resto de su infancia el tácito reproche de sus padres por no haber sido ella, la hembrita, la elegida por la guadaña. Absurdo y doliente remordimiento acrecentado por la costumbre estanciera de confiarla a una tata tzeltal y acompañada de una «cargadora» —una niña, también maya, de su misma edad como divertimento y juguete—. Tal despego familiar, la imbuyó, sin apenas apercibirse, de su condición desmerecida de mujer cuanto de la ínfima de las indias. Y fue esa gelidez doméstica, donde solo la ausencia de su hermano pequeño palpitaba entre los salones, el acicate para que, con apenas quince años, alumbrase sus primeros poemas en el periódico chiapaneco El Estudiante; oficio —como ella lo consideraba— de poeta que ejerció hasta un bienio antes de su muerte, cuando publicará el poemario En la tierra de en medio, incluido en la primera y última compilación de toda su lírica: Poesía no eres tú (1972).

Pero, sobre la evolución de sus versos desde un primer intimismo hasta lo comunitario de los últimos, quería hablarles de su narrativa que tanto me fascina; en concreto, de su segunda novela, Oficio de tinieblas (1962). Y no es que Castellanos se prodigase, como en el periodismo o en la poesía, en el relatar; solo contamos con dos títulos grandes Balún Canán (1957) —editado en España por Cátedra con un magnífico prólogo de mi querida Dora Sales— y Oficio de tinieblas —póstumamente, debo sumarles Rito de iniciación (1997), escrito en 1964 pero desechado como fallido por ella misma—, más sus tres colecciones de cuentos: Ciudad Real (1960), Los convidados de agosto (1964) y Álbum de familia (1971). En cuanto a su primera novela, Balún Canán, trata del tanteante descubrir de una niña, estremecida por la muerte de su hermanito, del conflicto entre los criollos y los tzeltales, agudizado por la reforma agraria del presidente Cárdenas; una situación vivida por la escritora y similar, si reparamos en el desamparo afectivo de los protagonistas, a Los ríos profundos (1958), de José María Arguedas; aunque el relatar poético de la comiteca nos la diferencia sobradamente de esta última gran novela peruana. Oficio de tinieblas es costal aparte; inspirado en la rebelión chamula de 1867, pero solo inspirado porque Rosario Castellanos amoldó aquellos hechos a la misma época de Balún Canán, para servirse de su bien conocida pujanza del enfrentamiento entre grandes finqueros y desposeídos indios como la aparente trama de la narración, cuando es solo el cúmulo de acciones en cuyo envés transcurre la verdadera y sinuosa urdimbre de esta novela: la cadena de cerriles envidias entre sus mujeres; sean causadas por la amarga esterilidad o sean por la posesión del macho. Al punto que ese discurrir, disimulado hasta la mendacidad, de rencores y míseras ambiciones se torna, inopinadamente, en el detonante de la sangrienta sublevación indígena, tras un sacrificio iniciático y envalentonador —tomado de aquella antigua insurrección en la meseta chiapaneca— que todavía me asalta, de cuando en cuando, con toda su espantosa crueldad.

En suma; un constatar cómo la mujer mejicana se veía condenada a conjurar mucilaginosamente y en lo más oscuro para obtener sus aspiraciones, y tanto daba que fuera una india como Catalina Díaz Puiljá, la proclamada sacerdotisa por sus desvaríos furiosos, o unas blancas como la adúltera jaquetona Julia Acevedo o la alcahueta con pretensiones señoritiles Mercedes Solorzano; todas, duchas en lo torcido, porque no se les permitía mejor proceder. Así, con Oficio de tinieblas, Rosario Castellanos emerge como una soberbia maestra, pues su disección de estas almas extraviadas en mezquindades ofrece, ante todo, una lección para novelistas sobre cómo desde la minucia ocasional, entrevista apenas bajo la altisonante y varonil pugna por la tierra, traba un relato conmocionador. Un relato, por demás, desbordador de cualquier epíteto, como pudieran ser los de indigenista o feminista, por su radical e inclemente muestra de la desdicha humana. Eso sí; tan a la chita callando, que no consigue sino paralizarnos de estupor y que no admite otro adjetivo que admirable.

 Artículo publicado por el "Imparcial" el 25 de mayo de 2025

*Gastón  Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.    


Santa Cruz de Tenerife.- 27 de mayo de 2025

Presentación del libro el 29 de mayo-hora 19:00

 

'Paisajes del alma', de Eduardo García Rojas

TEA Tenerife Espacio de las Artes acoge el 29 de mayo, a las 19:00 horas, la presentación del libro “Paisajes del alma”. Canarias, cine e identidad (Ediciones Idea, 2025), del periodista tinerfeño Eduardo García Rojas. En este trabajo, en el que participan un total de 23 cineastas, García Rojas indaga en las relaciones que estos autores mantienen fundamentalmente con el paisaje en sus películas, sean cortos como largometrajes. En este acto, que es de acceso libre, el autor estará acompañado de Emilio Ramal, Conservador de Cine y Video de TEA, de Manuel Díaz Noda y Benjamín Reyes.

“Paisajes del alma” toma su título por sugerencia de uno de los directores entrevistados, José Víctor Fuentes, que a su vez lo había leído de un libro de Miguel de Unamuno, y que durante la entrevista le indicó la idoneidad de “bautizar” así esta obra en la que se ha invertido un año de trabajo.

Como apunta Eduardo García Rojas en la presentación, ninguno de los cineastas entrevistados declinó participar en esta obra, un libro en el que se cruzan variedad de opiniones en torno a un cuestionario más o menos común entre todos los que aceptaron finalmente colaborar. En este sentido, Paisajes del alma cuenta con las voces de directores ya consagrados como son Teodoro y Santiago Ríos (Guarapo, Mambí y El vuelo del guirre) con otros que comienzan a despuntar. Las opiniones que vierten unos y otros resultan en algunos de los casos muy diferentes pero esta diversidad es lo que refuerza el interés por una obra pionera en el archipiélago ya que, nos consta, se trata de la primera que reúne las voces de 23 directores/as de cine nacidos o residentes en las islas.

Los cineastas entrevistados son Mercedes Afonso, Javier Fernández Caldas, Jenifer Castañeda, Lucas Fernández, Juan Carlos Fresnadillo, José Víctor Fuentes, Manuel González Mauricio, Raúl Jiménez, Andrés Koppel, Daniel León Lacave, Iván López, Fátima Luzardo, Dácil Manrique de Lara, Estrella Monterrey, Miguel G. Morales, Sergio Morales, Elio Quiroga, David Pantaleón, Armando Ravelo, Omar Razzak, Teodoro y Santiago Ríos, Luis Roca y Josep Vilageliu.

El libro se complementa con un apéndices que incluye una selección de críticas cinematográficas de algunas de las películas dirigidas por los directores entrevistados así como un breve apéndice fotográfico.

 





Madrid.- 27 de mayo de 2025

Por Ricardo Gil Otaiza

 

Sapos y culebras

La lengua es un patrimonio común y en el caso de la nuestra, pues con más razón, ya que, según el Instituto Cervantes, constituye la segunda materna del mundo y la cuarta en el cómputo mundial de hablantes, pero no todos estamos conscientes de esto

La violencia sobre el idioma, las notas disonantes, la jerga gruesa: ¿lo embrutecen?, ¿lo dañan? Analicemos. Podría adelantar que lo llevan más allá de sus propias fronteras, lo fuerzan a buscar nuevos derroteros. Quedarse con lo que hay y sin nuevas exploraciones en todas las orillas, lo petrifican, lo convierten en algo estático y obtuso, y lo condenan tarde o temprano a su extinción. La riqueza de nuestra lengua estriba no solo en que es compartida por millones de personas en distintos continentes, sino en la diversidad que ello representa: giros, neologismos, ensayos lingüísticos y amalgamas dialécticas le otorgan fuerza y dinamismo, y lo impelen a explorar fuera de sus propios linderos y posibilidades.

Ir más allá de lo establecido por la norma podría ser un desafío que, ante la mirada de algunos, condena a la lengua a su pérdida y transformación, pero otros nos sentimos motivados a hacerlo como muestra de su plasticidad, de cambio permanente, de reto frente a los tiempos y las circunstancias. Cuando leemos el Quijote nos topamos con frases, expresiones y hasta páginas enteras de disonancias con respecto al “ahora”, lo que significa evolución (como mejora), que es inherente a la vida misma, y la lengua es una de sus expresiones.

Esos más de cuatro siglos que nos separan de la obra máxima de las letras españolas, son muestra de su latir, porque en ese ir y venir nos hemos topado con una lengua capaz de reinventarse, de extender sus propios territorios, de metamorfosearse al extremo de la ruptura con el pasado (sin olvidar sus raíces), pero que no significa pérdida, ni daño, ni mucho menos derrota, sino las pulsaciones de una lengua viva, que lucha por abrir trochas, que busca con curiosidad asomarse a la oscuridad y al vacío, sin tener que dejar por ello su esencia primigenia y su impronta de ser lo que en verdad es: una extraordinaria herramienta de comunicación, un instrumento que hace inteligible el paso del tiempo y sus complejos avatares.

Esa disonancia entre el ayer y el ahora es, precisamente, el vaso comunicante entre ambos, lo que posibilita recomponer en el presente lo que se dijo en otrora (con diferente lenguaje), y que hoy ya no resulta incomprensible gracias precisamente (y volviendo al caso del Quijote) al ejercicio literario, a su permeabilidad y atajos (figuras retóricas), al cambio epocal traducido en nuevas formas (no así el espíritu) y convencionalismos. El hoy es el ayer, pero bajo una mirada distinta, que permite articular sin mayores traumas todo aquello que dibuja el espíritu de lo humano.

La lengua expresa y da sentido a la existencia, es ella, no solo el mecanismo de articulación entre los momentos (presente y pasado), sino que recompone los hiatos propios de la experiencia civilizatoria; de allí su importancia capital; de allí su huella perenne, pero también busca proyectarse en el hipotético futuro y tiende puentes con lo que ha de venir. Empero, ya para entonces no será la misma, su propia dinámica y elasticidad la llevan a reinventarse, a ser lo que por la fuerza de las circunstancias tendrá que ser, y en esta realimentación halla su destino.

Es por ello, que la literatura ha de ser en todo caso exploradora de abismos, osada en sus formas expresivas, sagaz en cuanto a sus fisonomías y maneras, y que busque siempre ir más allá para así otear nuevos horizontes. No hablo, como ha de suponerse, de un mero ejercicio rompedor de moldes per se, que solo busque la mirada instantánea y la moda con fines crematísticos, sino de una manera de mecerse en el vacío: siempre intentando expandir los linderos de lo posible.

Es la literatura un termómetro que permite determinar la fuerza, la belleza y la eficacia de la lengua en la que está escrita, y es por esto que su vitalidad y preciosismo lo serán también para las claves lingüísticas que subyacen tras cada vocablo, frase y oración, de allí el enorme compromiso autoral frente a su lengua, porque ella tiende puentes con el habla cotidiana (como también lo hacen los medios y los artilugios tecnológicos del presente), y se realimenta a su vez de ella, y en este complejo juego dialógico, imperceptible para el común, pero de potente efecto persuasivo y modificador, se organizan y consolidan las bases civilizatorias.

La lengua es un patrimonio común y en el caso de la nuestra, pues con más razón, ya que, según el Instituto Cervantes, constituye la segunda materna del mundo y la cuarta en el cómputo mundial de hablantes, pero no todos estamos conscientes de esto, y es una lástima, porque ella podría erigirse en mecanismo de conjunción y no solo de disyunción, y la vida cambiaría enormemente, haciendo del día a día una fuente permanente de crecimiento y de disfrute en medio de las normales diferencias personales y culturales.

Podemos lanzar aquí y allá barrabasadas, altisonancias y maledicencias (“echar sapos y culebras por la boca” es una expresión que ya aparece en el diccionario de Esteban Terreros de 1787), y esto puede que enriquezca la lengua con inusitados giros y neologismos propios de cada localidad (los hay interesantísimos, sin lugar a dudas), solo que la comunicación se bloquea al extremo de la inquina y del odio, al ser proferidos sin ton ni son en cualquier instante, sin mediar el juicio y bajo la égida del cerebro reptil.

Como se desprende, nuestra lengua alcanza insospechados territorios de belleza, riqueza léxica e ingenio, incluso con el lenguaje grueso y malsonante, y nosotros somos co-creadores de tales portentos. Ahora bien, por ingeniosas que sean las palabrotas, no dejan de serlo.

rigilo99@gmail.com



Santa Cruz de Tenerife.- 21 de mayo de 2025


«Arena-s», el nuevo poemario de Carmen Paloma Martínez

El libro, que ha visto la luz en Escritura entre las Nubes, será presentado por la poeta Rosa M. Ramos Chinea

Escritura entre las Nubes acaba de publicar el nuevo poemario de Carmen Paloma Martínez, titulado Arena-s, una obra que en opinión de la poeta Rosa M. Ramos Chinea «nos sumerge en un microcosmos revelador. Dependerá de nuestra experiencia y de nuestra propia agudeza como lectores encontrar claves para ahondar en los mensajes herméticos que cada poema oculta».

El  volumen se presentará el próximo viernes, 23 de mayo, a las 19:00 horas, en la Librería de Mujeres de Canarias, radicada en la calle Sabino Berthelot, 42, de Santa Cruz de Tenerife. El acto será introducido por la poeta Rosa María Ramos Chinea, experta en la obra de Carmen Paloma Martínez, y también intervendrá, junto a la autora, la editora de la obra, Elena Morales.

El volumen se divide en varios bloques temáticos: «Arena - Agua», «Desierto - Fuego», «Ceguera», «Desasosiego», «Expolio» y «Polvo».

Como comenta, en el prólogo, Rosa M. Ramos Chinea: «Hay una suerte de apocalipsis rondando cada poema. Un cielo que tiembla. El fin de un ciclo. La tierra elevando una queja agonizante, mostrando su desesperanza, su pérdida de fe en ese ser humano que también muere».

Asimismo, la prologuista concluye: «La gran pregunta que flota en la atmósfera de este excelente libro es: ¿Nos queda tiempo? Y la gran sentencia que nos deja en un estado de esperanza es el verso «Y una nueva humanidad poblará la Tierra».

 


Madrid.- 21 de mayo de 2025

Por Ricardo Gil Otaiza

 El problema de contar historias

Nos topamos con la crónica, que pretende contar lo real, pero que casi siempre se hunde en los meandros de la ficción, que la desnaturaliza hasta hacer de ella un pesado fardo ininteligible y atroz.

He trabajado casi todos los géneros: unos con mayores aciertos que otros, pero hay historias en las que la vida fluye a la ene potencia, y otras en las que discurre o se queda detenida en un pretérito imperfecto, capaz de doblarle los hombros a cualquier autor no avezado. Aunque parezca sencillo echar mano de nuestras pretendidas capacidades narrativas, es difícil sostener el ritmo, pero, cuando se logra, es una auténtica delicia, porque nada podrá detenerte a menos que se agote el argumento y caigamos en el espantoso vacío, que todo lo arruina y echa por tierra. Por cierto, y en contra de la creencia generalizada (y que parezca una contradicción por lo que acabo de afirmar), es más sencillo narrar en pretérito imperfecto que en el perfecto (y lo disfruta más el lector), y de esto ya habrá tiempo para ahondar un poco más en futuras entregas.

El género narrativo más socorrido suele ser el de la narrativa breve, llamado también cuento (relato corto, brevísimo, minimalista, short story, etcétera), pero es el más complejo desde mi perspectiva autoral, porque como lo decía Augusto Monterroso hasta el cansancio (y él era un maestro en estas artes), un vocablo de más podría liquidarlo: así de frágil es su estructura. Si en la primera línea no atrapas al lector, lo perderás para siempre, y de nada te valdrá que hagas magia en las líneas subsiguientes, porque se habrá roto ese “continuum” (inasible, por cierto), que muchos desdeñan, pero que es esencial a la hora de asumir un relato y que sea exitoso. En el relato breve no hay chance para las digresiones, ni para las disyunciones, y mucho menos para las divagaciones, y ese extracto condensando en pocas páginas deberá contener la vida misma; de otro modo es inservible.

En la novela otra es la historia, porque aquí la compresión de nada nos servirá, ya que se busca prolongar en extensión todo aquello que pretendemos contar, pero esto es en sí mismo el mayor escollo del género (hoy todavía tan en boga), porque se requiere echar mano de todas nuestras argucias para mantener la atención del lector (a veces tan frágil como un cristal), y al menor descuido de nuestra parte lo lanzaremos fuera de nuestro radar y lo habremos perdido. Narrar in extenso es toda una aventura, y para ello debemos articular infinidad de variables, muchas de las cuales las ponemos en nuestra contra sin percatarnos siquiera.

La enorme ventaja de este género es que no requerimos de entrada el tener la historia completa en nuestra cabeza, sino que, a medida que vayamos avanzando, la misma dinámica literaria nos empuja en una suerte de caída libre, pero que a veces nos sobrepasa y truncamos lo que en principio era tremendo y prometedor.

La novela nos permite ir desvelando en medio de la oscuridad; nada está dado (aunque a veces acontezca): el ritmo se hace cadencioso y acompasado, solo que en esa dinámica podemos caer en el exabrupto de ir agregando más y más, hasta convertir nuestro libro en un bodrio elefantiásico, engullidor de cientos de páginas (muchas veces innecesarias), que le arruinan la vida al lector que busca finalizar a toda costa, porque es como hallarse perdido en medio de un espeso bosque.

Nos topamos con la crónica, que pretende contar lo real, pero que casi siempre se hunde en los meandros de la ficción, que la desnaturaliza hasta hacer de ella un pesado fardo ininteligible y atroz. La crónica, como género periodístico (también sumido en la magia literaria como queda dicho), busca narrar historias acontecidas en un tiempo y en un espacio determinados, y se supone que sus personajes son reales (de carne y hueso), con nombres y apellidos, con fechas de nacimiento y de muerte, solo que en cada cronista hay un cuentista en potencia (algunos deslenguados los llaman cuentistas frustrados), y sin percatarse siquiera se zambulle en los predios de la fábula, y luego de la lógica batalla que deberá darse con las fechas y los hechos (ergo, la verosimilitud), se halla en medio de un artefacto perfectamente hilvanado entre la realidad y la ficción, en el que es casi imposible separar lo acontecido de lo recreado; ergo, los límites entre uno y otro género.

Algo parecido acontece con la biografía, que es un género historiográfico, pero que, al igual que el anterior, se mece entre la realidad y la ficción, entre lo indagado y lo recreado, entre lo contrastable y lo insondable. De hecho, muchos asumen la biografía como un género literario, y créanme que no están tan descamisados, porque algunos biógrafos en lugar de atenerse a lo investigado (que debería dar para narrar la historia sin ningún tipo de artilugio), se sienten en el aire y echan mano de lo que tienen más cercano, y llenan los normales hiatos de toda historia con vagas suposiciones, digresiones, extrapolaciones y datos imposibles de verificar, lo que impregna al texto de un halo novelesco que no se comparece con la naturaleza primigenia del género, y pone en duda su autenticidad histórica; su verdad.

Y, por último, me referiré a la autobiografía, que da para todo: para mentir y para confesarse (el denominado mea culpa), para discurrir y para regodearse, para hacer un mero ejercicio literario sin las ataduras propias de lo historiográfico, y así explayarse en un sinfín de situaciones que podrían colindar también con lo novelesco (y que casi siempre acontece). El onanismo autobiográfico se presta para todo, porque es la palabra del autor (juez y parte de lo contado) contra la del lector, que le observa atónito y muchas veces incrédulo ante su ceguera y desmesura.

rigilo99@gmail.com



Madrid.- 15 de mayo de 2025

La Gatera Press

 

Luis Alberto de Cuenca, Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2025

El 8 de mayo de 2025, el poeta español, ensayista y traductor Luis Alberto de Cuenca ha sido distinguido con el XXXIV Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, el máximo galardón otorgado a una trayectoria literaria en el ámbito hispano y luso. Este reconocimiento, es otorgado por la Universidad de Salamanca y Patrimonio Nacional.

El jurado destacó su obra por su erudición literaria, su reflexión filosófica y su capacidad para entrelazar la cultura clásica con la contemporánea. Su estilo se caracteriza por una lírica irónica y elegante, a veces escéptica, en la que lo trascedental convive con lo cotidiano.

Nacido en Madrid en 1950, es filósofo helenista, traductor ensayista, columnista, crítico, editor literario y ex político. Además ha ejercido diversos cargos en instituciones culturales como la Biblioteca Nacional y el Museo del Prado.

Desde La Gatera Press, nos unimos en desearle muchas felicidades.

A continuación, les dejamos un poema, que invita a mirar hacia adelante con esperanza, a valorar los momentos felices y a aprender de las experiencias vividas, adoptando una actitud positiva ante los desafíos de la vida.


OPTIMISMO

Luis Alberto de Cuenca

 

No dejes que la vida te maltrate.

No dejes que te engañe el corazón.

No digas “sí” cuando debas decir “no”.

No firmes un contrato que te ate.

 

Que nadie te desmonte el andamiaje

donde se asienta tu filosofía.

Que no te importe lo que diga un traje

sobre ti, ni la iglesia, ni la espía.

 

Camina por el borde de la acera

si eso es lo que te gusta. Sé valiente.

Defiende lo que amas. No prospera

quien vive de perfil, aunque lo intente.

 

Sé tú, sin más, a plena voz y cara,

aunque el mundo te ladre y te disparen.

Sé tú, sin más, y no te importe nada.

Que la vida son dos días. O ni eso.



Madrid.- 15 de mayo de 2025

La Gatera Press 

DE ORILLAS, ROBLES Y MADRESELVAS de Mireya Goñi

La editorial Betania, (2025), nos trae otra novedad, de la autora cubana, residente en Miami,  Mireya Goñi, DE ORILLAS, ROBLES Y MADRESELVAS. 

Este poemario es su segunda entrega poética, tras publicar Magras Estaciones. Poemas del amor y de la vida (2022) que se puede adquirir en AMAZON.

En esta ocasión, la autora divide esta obra en cuatro partes: Poética armónica, del destierro,  de la angustia y  familiar que totalizan 36 poemas que conforman este nuevo libro.

Como muestra de su buen quehacer literario, ofrecemos dos poemas a los lectores.

 

Simplemente

Nos consumamos la humedad de los deseos

entre el miedo y tanto amor desperdiciado.

Vivaldi suena en sus violines

y  ayer te estuve deseando.

Tuvimos miedo de formarnos ataduras,

en la huida del calor,

extraño tus palabras.

La poesía me sumerge,

esa noche roja me sorprendió

pensando en hijos.

Mi mano te llama.

Vivaldi suena.

Me desvelé en el irremediable

curso de tu nombre,

en los incansables acordes del violín,

en el deseo húmedo del beso.

 

Abismo

Deseos de cristales, sonidos, espejos.

El cielo refleja una isla en su celo.

Acordes extraños, números enteros.

Una seguidilla de dolores muertos,

Punzón de aguijones, ojos que arden dentro.

Exilios, garrotes, torturas, lamentos.

Desaparecidos, locos, botas, cientos.

Niños que no saben, repiten contentos.

Padres temerosos, callan, muerden lento.

Hermanos que huyen, nadan, mueren, viento.

Fronteras cerradas, abiertas, intentos.

Mar, monte, montaña, vuelo, cruce incierto.

Llegadas tardías, fortuitas, de invento.

Inviernos de fuego, veranos de hielo.

Almas extasiadas, corazas de inciensos.

Nostalgias baldadas, cicatrices lejos.

Puentes invisibles, abismos mugrientos.

Nubes en fracaso, pechos, juramentos.

Credos encerrados, hambrientos, violentos.

Gritos de cenizas, alientos segmentos.

Cuerpo incinerado, recuentos, sedientos.

 

Mireya Goñi Camejo se suma a esa pléyade de poetas cubanas que conforman el fondo editorial, como las fallecidas: Dulce María Loynaz, Ana Rosa Núñez, Arminda Valdés Ginebra, Lilliam Moro, Lourdes Gil,  Aimée G Bolaños, Alina Galliano, Lucía Ballester, Benita C. Barroso y Ada Bezos.  Y a las que siguen aumentando sus respectivas obras poéticas, como: Magali Alabau, Lina de Feria, Carlota Caulfield, Iraida Iturralde, Maya Islas, María Elena Blanco, Laura Ymayo, Margarita García Alonso, Daína Chaviano, Juan Rosa Pita, Amelia del Castillo, Ena Columbié, Yairen Jerez Columbié, Laura Domingo Agüero y Milena Ferrer, entre otras. Con la presencia de estas voces femeninas en el catálogo, queda patente el interés constante de Betania por la literatura cubana escrita por mujeres.

Fotos de Sandra Rossi Brito (La Habana, 1967) ilustran la portada y páginas interiores, enriqueciendo este cuaderno de poesía.

 



Madrid.- 14 de mayo de 2025

Por Gastón Segura

    

Y el Retiro sigue sin Javier Krahe

Los gallegos, con su guasa, le tienen puesta no una, sino dos estatuas a Javier Krahe, para contradecirle con este doble agasajo una de sus primeras canciones, … Y todo es vanidad (1985). En cambio, aquí, en su Madrid, ni amago; y miren que, desde su fatal jamacuco, se han sucedido consistorios de varia coloración; pero de Krahe, ni acordarse ninguno. Y a mí —qué quieren que les diga— me sienta fatal, porque me hubiese gustado verlo donde la Casa de Fieras sobre un podio de granito, haciéndole compañía a Galdós, al Ángel Caído y a don Ramón de Campoamor. Ven; sobre un pareado, me ha salido una ilustre partida de mus, juego donde era un hacha; al ajedrez, no; aunque empeño, ¡vaya si le puso! En cambio, los amigos, contra el desdén de los ayuntamientos, ya le hemos organizado, durante esta década que dista desde aquel julio aciago, tres homenajes en el foro; el último, hace unos viernes y obra de Andreas Prittwitz, en el Círculo de Bellas Artes. La verdad, no cabía un alfiler y encima discurrió con notable elegancia. Pero supongo que, como a mí, a los demás, nada nos consoló de su ausencia y eso que Maui y Javier Ruibal sobresalieron entre los cumplidos participantes al imprimirle sus peculiares lirismos a las humoradas de Krahe.

Sin embargo, más allá del rimero de anécdotas sucedidas a su lado, entre las que figura la escritura de un libreto de zarzuela (El revoltoso [1991]), preferiría que reparasen en Javier Krahe como poeta. Y no se confundan; no lo califico de tal por devota amistad o, como es habitual, por engolado y gratuito elogio, no. Lo digo muy justificadamente porque contemplé noche tras noche su habilidad para la rima y la métrica; o sea, para el veraz y sólido manejo del oficio. Pero a Javier, en su momento, le pudo más su propensión para la broma y el trajín, y en ningún lugar para que confluyan tales facetas de la vida —si hay suerte y las cosas se enredan— como en los escenarios. Y bajo este afán y con una determinación de acero —porque zancadillas le pusieron; algunas de puro bochorno— llegó a convertirse en el cantante que durante un puñado de años y, encima, consecutivos, más actuaciones ofreció en España. Y no obstante, a Javier Krahe el marchamo de cantautor no le casaba —o le casaba mal—, porque ni su irreductible independencia, ni su cultura cosmopolita, ni su deslumbrante ingenio se compaginaban con el tópico de practicante de la queja y del himno coral, a ser posible con el puño levantado. Exactamente como a su generación poética coetánea, los novísimos, superadores de la poesía social por mera sensibilidad y conocimiento; por tanto, de encuadrarlo en algún movimiento poético, debiéramos de situarlo ahí, cuando además, aparte de conocer su escritura, Javier Krahe nunca se alejó de la sensibilidad proteica que los caracteriza. Pero esta natural atención por lo inmediato, no le restaba un ápice de interés por los clásicos, máxime si la etiqueta de jocosos los precedía. Tal es que, en una ocasión, me lo encontré enfrascado con Marcial, cuyos epigramas aún me resultan intraducibles en toda su punzante gracia por el manejo de los sobrentendidos y coloquialismos de la Roma donde vivió. Y todo esto mientras su oído permanecía avizor a una romanza de zarzuela, o a un éxito de la radio, o al estribillo estruendoso de un grupo punk; nada, ni siquiera la quedona réplica de esquina le era extraña si le venía de molde para acentuar la comicidad de un verso. Eso sí; antes comprobaba minuciosamente los escurridizos significados por los diccionarios. A este respecto, solo le sacaban de quicio los latiguillos habituales entre los más petulantes y supuestamente bien hablados, como cuando le preguntó Gerardo Pérez, al verlo entrar en el Café Central de mal humor, qué le había sucedido. Le respondió:

—Han dicho en el telediario que robaron una sucursal a punta de pistola; ¿desde cuándo las pistolas tienen punta?

Imagínense qué juicio le merecería cualquiera de esas homilías, embarulladas por una abstrusa y esclerotizada jerigonza, que nos endilga, en cuanto afrontamos una catástrofe, nuestro actual presidente del Gobierno o alguna de sus termodinámicas vicepresidentas.

Sí; Javier Krahe era escrupuloso en la selección de las palabras tanto como lo era para escoger las estrofas, quienes, de por sí, le prescribían —consideradas las licencias utilizadas— los ritmos musicales idóneos; desde un pasodoble a un twist, pasando por un chotis o una habanera. En cuanto a los contenidos; la vida misma, repleta de ridículas contradicciones, proporcionaba a su inteligentísima mirada argumentos a mansalva; de modo que no necesitaba sino pasear ante los escaparates, leer las gacetillas de sucesos o escuchar a hurtadillas una conversación en el Metro, y ronda que te ronda, con ingenio y destreza, componía una canción con que arrancarnos una carcajada.

Pero, ay, el Retiro continúa un poco entristecido sin su estatua, allí, donde la Casa de Fieras. Yo, en este momento, algo menos, porque le acaban de conceder a otro amigo, Luis Alberto de Cuenca —precisamente, uno de los novísimos—, el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Y me basta con recordar cómo Javier Krahe me lo elogió y hasta me descubrió la manera adecuada para recitar sus poemas, una mañana de hace treinta y tantos años, para adivinar, ante esta noticia, su sincera sonrisa de complacencia.

Artículo publicado por el "Imparcial" el 12 de mayo de 2025

*Gastón  Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.    



Tenerife-Granadilla de Abona.- 14 de mayo de 2025

 

Granadilla de Abona despliega su VIII Feria del Libro el próximo domingo 18 de mayo
 

La plaza de El Médano acoge esta iniciativa cultural que contará con librerías, presentaciones, firmas, teatro, talleres y música

El Ayuntamiento de Granadilla de Abona, a través de la concejalía de Cultura, despliega su VIII Feria del Libro el próximo domingo, 18 de mayo, en la plaza de El Médano. Este evento está dedicado en esta edición a los escritores canarios y su madrina será la escritora granadillera, Balbina Rivero.

La Feria del Libro de El Médano es un proyecto cultural que nació en 2017, celebrándose desde entonces en la plaza de este núcleo costero, a pocos metros de la playa, por lo que siempre ha ofrecido una imagen inusual en este tipo de actos culturales, al ser su seña de identidad la mezcla de libros, escritores, turistas y playa.

El alcalde, José Domingo Regalado, y el concejal de Cultura, Carlos Abismael Díaz Barrero, presentaron oficialmente hoy esta feria, que se desarrollará de 10:00 a 20:00 horas, y que ofrecerá una jornada repleta de propuestas literarias para todos los públicos. Los asistentes podrán disfrutar de la participación de librerías locales y de otros puntos de la Isla; editoriales y autores, quienes presentarán y firmarán sus obras.

Además, se han programado una serie de actividades como talleres infantiles y cuentacuentos, así como actuaciones musicales y teatrales, todo ello con el objetivo de crear un ambiente festivo y cultural en esta parte costera del municipio.

El alcalde, José Domingo Regalado, invita a las familias a participar en esta cita cultural, que nació hace ya ocho ochos para enriquecer la vida cultural del municipio, a través de una amplia programación que refleja la firme apuesta del Ayuntamiento por acercar la literatura a la ciudadanía, fomentando la participación activa de la comunidad en eventos culturales.

Por su parte, Carlos Abismael Díaz Barreto explica que desde sus orígenes ha sido un evento literario que ha tenido una gran acogida y señala que se ofrecerá una programación variada para todas las edades y para el disfrute en familia, lo que propiciará una dinamización cultural de la costa durante toda la jornada del domingo.

Esta iniciativa se ha convertido en una cita ineludible y en un referente cultural en el municipio, promoviendo el hábito lector y el disfrute de la literatura entre los vecinos y vecinas de Granadilla de Abona. Para más información y detalles sobre la programación se puede consultar la página oficial del Ayuntamiento de Granadilla de Abona.

 

Madrid.- 14 de mayo de 2025

Imagen del logotipo del sitio

Poesía recitada

 

«La metáfora del llanto» Sandra Galina Fabela Poblano (México)

https://www.youtube.com/watch?v=qgQm3glI7kU


       


 


Madrid.- 12 de mayo de 2025

Por Ricardo Gil Otaiza

 

La maestría de Pombo

Logra Pombo hundirse en la psique de sus personajes y, desde el narrador omnisciente, nos pone al tanto de su intimidad y desvaríos: en un perderse sin remedio en un laberinto de circunstancias, que crean una enorme tensión en la trama

Termino de leer El exclaustrado (Anagrama, 2024), del autor español Álvaro Pombo, Premio Cervantes 2024, y me ha dejado múltiples sensaciones, como si hubiera estado inmerso en un mundo de tal complejidad, que todo lo que se nos cuenta es y no es; como si cada personaje asumiera de pronto diversos roles frente a sus circunstancias, y eso nos descolocara como lectores, al no poder asumir, de entrada, un perfil que cambia en el tiempo (como cabría suponerse), pero que aquí se da a tal velocidad y a tal grado, que no sabemos qué pensar frente a una historia desconcertante, realmente dura, que se desgrana desde una visión “beatífica” y desasosegada a la vez, que busca por todos los medios cotejar luz y oscuridad sin espacio para los tonos de grises, ni para un espectro que pueda orientarnos frente a lo que subyace en las profundidades del libro: la eterna lucha entre el bien y el mal.

Narra Pombo con maestría una historia que nos atrapa de entrada, que intenta, y lo logra, ¿qué dudas caben?, sentarnos en primera fila para ser espectadores de una trama burlesca, a veces absurda, irónica y sinsentido, que hace de nosotros testigos de excepción de un “algo” que conocemos e intuimos, pero que no termina de darse hasta muy avanzada la obra, cuando ya no hay posibilidad alguna de desentenderse, a menos que abandonemos su lectura: cuestión realmente imposible, por esa gruesa atmósfera que logra el narrador que atrapa y toca fibras muy humanas y sensibles en el lector, quien dicho sea de paso se siente a veces identificado con un personaje, y pocas páginas después cambia de opinión, porque no halla en cada uno de los cuatro protagonistas de la novela, referentes fácticos y ontológicos que le permitan asumir su pensamiento y sus acciones como propias.

El personaje principal es Juan Cabrera, un exclaustrado ya anciano quien busca escapar de años y años de encierro conventual, y para ello no encuentra otro camino que internarse en su pequeño piso de Argüelles, con sus libros teológicos y filosóficos (y con su propia conciencia), pero sin contacto alguno con el mundo. Es decir, se ha exclaustrado para enclaustrarse otra vez, pero de otra manera: sin tener que cumplir con normas y preceptos, sin tener que entregarse a horas de oración y meditación cuando algo por dentro se había roto: no la fe, sino “el cómo” en aquella comunidad conventual se buscaba el encuentro con el infinito, algo que para él resultaba ya un tanto cuesta arriba.

Antón Rubial es un personaje crucial en la trama, porque siendo muy joven y con aspiraciones a convertirse en monje, a causa de unas acusaciones hechas por Cabrera ante la jerarquía del convento, de haberlo hallado bañándose desnudo en un rio con algunos de sus compañeros novicios, fue expulsado sin miramientos y lanzado a la nada del rencor perpetuo que, con el correr del tiempo, intentará zanjar desde la venganza.

Hallamos a Petri Guillard, una chica un tanto díscola y disparatada, quien no halla un lugar en el mundo y quema su tiempo y su juventud en un antro llamado Machupichu, haciendo el papel de “periquita”, que atrae y seduce a algunos clientes. Y es precisamente allí en donde se topa con Rubial, quien, haciendo uso de sus estratagemas y don de palabra (por ser ahora un admirado profesor universitario), la enamora y se casan, pero pronto lo abandona, a pesar de cumplir con él su viejo sueño de tener una casa bien al lado de un esposo que la respete y la ame. Pero, Rubial ni la respeta ni la ama, solo juega con ella y la manipula como a una marioneta; igual intenta hacerlo con todo aquel que se le acerque.

En el ínterin, hace su entrada al escenario Jaime, sobrino de Cabrera, estudiante de derecho y alumno de Rubial. Jaime llama a su tío con quien no tiene ninguna relación desde hace mucho tiempo, y decide ir a su piso a visitarlo. Claro, lo hace con reticencias, al saber de la personalidad huidiza y sombría de aquél, pero dicha impresión poco a poco cambia y comienza a sentir afecto por el viejo ensimismado y lúgubre, a quien no le hace mucha gracia la idea, pero no le queda otra alternativa que recibirlo ese día, y varios días después.

Pronto Rubial echa a andar su plan de venganza contra el viejo exmonje, y para ello lo urde desde su propio sobrino, a quien manipula a su antojo. Y no oculta su molestia al enterarse de que Petri, su esposa huida, sale con Jaime en un supuesto noviazgo que poco tiempo después se hará trizas. Se teje así una trama en la que los cuatro personajes se dan a la tarea de armar el enorme rompecabezas de sus propias existencias, y se mueven en un espectro de emociones que van de la certeza absoluta y la felicidad, al extravío de la incertidumbre y el dolor.

Logra Pombo hundirse en la psique de sus personajes y, desde el narrador omnisciente, nos pone al tanto de su intimidad y desvaríos: en un perderse sin remedio en un laberinto de circunstancias, que crean una enorme tensión en la trama, y nos llevan con los nervios de punta a un inesperado e impredecible desenlace. Hay solidez en la novela, y la misma nos llega por la vía del circunloquio del exclaustrado, quien echa mano de aspectos de raíz metafísica y filosófica y nos pone en contacto con los misterios de la vida conventual y su compleja relación con Dios. Empero, no nos olvidemos que Rubial fue novicio, y desde su formación conventual truncada por la intolerancia y cerrazón mental de Cabrera, así como desde sus estudios universitarios, establece a distancia con el exclaustrado una suerte de dialógica por los inescrutables senderos de la intelectualidad, que ninguno de los dos logra dejar sentados ni concluidos.

A medida que nos acercamos al cierre de la novela, la claridad y las certezas se esfuman, para dar paso a la insignificancia de los personajes y de nosotros mismos, lanzándonos sin miramientos por el tobogán de la desazón y el vacío. Nada es seguro en la realidad, pero la ficción no escapa a este derrotero plenamente humano.

rigilo99@gmail.com



Tenerife-Arona.- 07 de mayo de 2025

La Gatera Press

Espiques Itinerantes, en el Museo de Historia de Granadilla

 

Presentación del libro:

DE CORCHOS y COLMENEROS. La tradición apícola en Arafo

Nuevamente La Asociación Cultural Espiques Itinerantes, nos traen en su recorrido cultural, otra actividad literaria, la presentación del libro De Corchos y ColmenerosLa tradición apícola en Arafo. Editado por  LeCanarien, en el municipio del Ayuntamiento de Granadilla de Abona.

Descripción

Comenzamos nuestro recorrido explicando la dilatada relación simbiótica del hombre con la abeja, para centrarnos posteriormente en esta actividad en el Valle de Güímar en general y la Villa de Arafo en particular.

Iniciamos nuestro estudio poco tiempo después de finalizada la conquista castellana, con los primeros asentamientos de colonos. Continuamos dejando patente el gran valor económico que esta actividad representó para el municipio y sus habitantes. Recogemos testimonio de primera mano de personas que han dedicado su vida a este oficio y que nos han relatado sus recuerdos, conocimientos y anécdotas. Finalizamos dejando constancia del presente y posible futuro de este sector, con los esfuerzos que se realizan para fomentarlo y los peligros que lo amenazan.

Varios autores expertos conocedores de esta materia, acompañan en este libro:

ARNOLDO SANTOS GUERRA, es Dr. en Biología Premio Extraordinario de Doctorado por la ULL; Licenciado en Geografía e Historia, también por la ULL. Con más de 50 años de experiencia en investigación. Ha participado en numerosos proyectos relacionados con la flora y vegetación canaria.

RAMÓN A. RODRÍGUEZ BETHENCOURT y ANA C. MARTÍ DUCHEMENT, investigadores etnográficos, espeleólogos y montañeros con más de 30 años recorriendo caminos, las cumbres y cavidades de Canarias, coautor entre otros, de diversos artículos sobre vulcanoespeleología, colmenas o sobre los pozos de nieve.

JUAN ANTONIO CURVELO RIVERO, es técnico de medioambiente del Ayuntamiento de Arafo, uno de los mayores conocedores de la orografía del Valle de Güímar y promotor de varios proyectos relacionados con la recuperación de espacios naturales y plantas autóctonas.

La cita será el día viernes 9 de mayo a las 19:00 h. en el Museo de Historia de Granadilla, C/Arquitecto Marrero 11. La entrada es gratis.

Invitados quedan a asistir, y disfrutar un rato ameno, y de conocimientos, de este sector de la apicultura y colmenas. Organizado por Espiques Itinerantes, y la colaboración de la Asociación Artística Granadilla.

Los esperamos.



Madrid.- 02 de mayo de 2025

Por Gastón Segura

    

La oportunidad para un desagravio

Cuando era niño se decía mucho que este país era muy desagradecido con sus hijos más ilustres, y a continuación se despachaba aquello de «ya se sabe que nadie es profeta en su tierra». Al escuchar el cenizo refrán, todos los circunstantes asentían con resignada mala conciencia y el orador ya podía meterle otro trago al vermuth con el meñique en ristre, y acto seguido, abandonar el casino sintiéndose un Demóstenes o un Castelar, que entonces también se citaban a menudo en la prensa; ahora creo que no; que ya no se estila mentar a nadie que no aparezca en una teleserie o —los más finos— en el noticiero de la CNN. Pero como las décadas pasan y todo encuentra su arreglo —normalmente a destiempo y cómo se puede—, en estos días se les presenta una ocasión para enmendar esa desabrida conseja.

Verán; la fundación de su nombre ha reeditado por fin la Historia de la lengua española, de don Ramón Menéndez Pidal. Son un par de tomazos que suman dos mil y pico páginas, pero donde no hallarán línea de sobra y sí mucho y acertado conocimiento de un saber, la filología, y sobre todo, un afán vital, tanto que ocupó sus noventa y nueve años. Comenzó con sus investigaciones iniciales sobre la épica popular (La leyenda de los infantes de Lara [1896] o el conocido Cantar del mío Cid: texto, gramática y vocabulario [1908-12]), seguida de la renovación científica de la lingüística nacional con la fundación, en 1914, de un precioso instrumento, la Revista de Filología, donde dar cabida y divulgar internacionalmente los trabajos de sus colaboradores y alumnos; algunos tan insignes como Tomás Navarro Tomás, Américo Castro, Antonio Rodríguez Moñino, Rafael Lapesa… e incluso, otros, que no siéndolo sino de pasada y entre apuros biográficos, como el mejicano Alfonso Reyes, les aprovecharon de tal manera sus enseñanzas que, al retornar a sus países, se auparon a patriarcas de los jóvenes literatos.

Nos cuenta Diego Catalán en «Una catedral para una lengua (Introducción a la Historia de la lengua de Menéndez Pidal)», nieto y editor de esta magna obra póstuma —y, por descontado, a quién debemos agradecérsela casi página por página—, que don Ramón dejó una nota, encabezada por «Planes, 10 julio 1901», donde enumeraba las investigaciones que pensaba publicar durante los siguientes veinticinco años —todas, asombrosamente, precedidas por la fecha prevista de conclusión—; en séptimo lugar figura: «1912: Historia del idioma español». Cuando redactó aquel propósito aún faltaban seis años para la creación de la Junta para la Ampliación de Estudios y nueve para que se alumbrase en su seno el Centro de Estudios Históricos, regido desde entonces por don Ramón hasta que, por una envenenada confusión, fue cesado en 1937 por aquella ya desbaratada II República, mientras se hallaba en Nueva York.

Y fue allí, en ese peregrino desterrarse por América y por Francia para huir de las temibles ventoleras de los piquetes del mono azul, cuando comenzó a compendiar, fiándose de su memoria y desvalido de su valiosísimo archivo —un verdadero patrimonio nacional, por fortuna conservado— esta monumental obra. Tarea proseguida con su documentación a mano durante su retorno y a pesar de ser sometido por los vencedores al Tribunal de Responsabilidades Políticas, de donde salió privado de su jubilación de catedrático de la Central —lo había sido desde 1899— y destituido de la Real Academia —elegido en 1901 y su director desde 1925—. Un oprobio que debería pesar sobre todos nosotros —adscribámonos donde nos queramos adscribir—, aunque Pemán y Casares —según cuenta Pedro Álvarez de Miranda— lo subsanasen, con visita al Pardo incluida, en 1947, cuando fue repuesto en el sillón «b» y nombrado ipso facto director hasta su muerte en 1968, con la continua aquiescencia y admiración de sus miembros.

En cuanto a esta Historia quedó haciéndose en carpetas, mientras don Ramón publicaba El idioma español en sus primeros tiempos (1942), La lengua de Cristóbal Colón y otros ensayos (1942)… Y sobre todo retomaba un proyecto colectivo de 1935, que no verá su término hasta este siglo: la enjundiosa Historia de España, en cuarenta y tres tomazos (la mayoría divididos en dos y hasta tres voluminosas entregas), donde tantas veces he encontrado la sólida guía para ganarme la manduca.

Al año siguiente de concluir la edición de esta colosal empresa, en 2005, Diego Catalán, bajo el auspicio de la Real Academia, publicaba esta Historia de la lengua española. Llevaba trabajando en los apuntes dejados por su abuelo desde 1998, con el delicado imperativo de quien, sin modificar nada, debe conjugar escritos a veces inconclusos o que remiten a otros pretéritos hasta ahormar un corpus coherente. Por eso aproximadamente un tercio de esta obra ya era conocida por anteriores títulos de don Ramón; sin embargo, aguardaban otros muchos asuntos —la exposición sobre el s. XV o los capítulos dedicados al ceceo y al seseo y al conceptualismo y el conceptismo— que aquí ven la luz. Y aún cuando otras historias posteriores sobre la materia la hayan superado en algunos apartados, no deja de ser, por su peculiar llaneza y amenidad y por su profundo conocimiento, un jalón inexcusable y, a la vez, avinanteza para reparar aquellos agravios a quien con mayor perseverancia y más certeramente contribuyó a que los españoles conociésemos los fundamentos constitutivos de nuestra nación; aunque él, humildemente, se considerase «otro más del noventa y ocho».

Artículo publicado por el "Imparcial" el 27 de abril de 2025

*Gastón  Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.    

 


Madrid.- 02 de mayo de 2025

Por Ricardo Gil Otaiza

 

El escribidor

Me quedo con el Mario Vargas Llosa creador literario, articulador de fábulas, artífice del perfeccionismo de la lengua, que supo convertir en obra de arte sus vivencias y fantasmas, así como su trasiego existencial

Cuando los medios anunciaron el fallecimiento del notable narrador peruano-hispano Mario Vargas Llosa, sentí una suerte de conmoción: como si un “algo” en mi interior se hubiera quebrado, como si parte de mi mundo de las letras desapareciera con su partida, y era de esperarse, habiendo sido su ferviente lector en mis años de formación literaria, y admirase su figura como un claro referente estético e intelectual que había que seguir porque sí. Por supuesto, eran los años en los que como aprendiz de escritor buscaba con ansias figuras que marcaran mi norte, voces que anunciaran con fuerza los derroteros propios de un oficio que no se enseña en las aulas universitarias, sino que se aprende sobre la marcha y ello es a veces caminar en medio de la oscuridad, otear aquí y allá en lo que otros han hecho, devorar  libros en la búsqueda de un grial que no es fácil de hallar, a menos que se deje en ello años tras año de esfuerzo intelectual y creador.

Fueron los años en los que cayó en mis manos La ciudad y los perros, en edición de Seix Barral de España, que venía de ganar el relevante premio de dicha editorial, que leí con fruición, no exenta de envidia y de espanto, porque era tal la maestría desplegada por Vargas Llosa en aquel  libro (que de paso era su primera novela), que sentí sobre mis hombros el pesado yunque de lo imposible. A esta obra siguieron otras, aunque no en orden cronológico, ya que los lectores leemos como podemos y cuando las circunstancias se prestan para que este hecho se dé: La guerra del fin del mundo, La casa verde (ganadora del Premio Rómulo Gallegos), ¿Quién mató a Palomino Molero?, El hablador, Lituma en los Andes (ganadora del Premio Planeta), Conversación en La Catedral (cuya complejidad me distrajo largo rato y me robó placer), Pantaleón y las visitadoras (un libro magistral con el que Vargas Llosa se reinventa como novelista), Los cuadernos de don Rigoberto (una novela con una poderosa carga erótica y de humor que disfruté enormemente), Travesuras de la niña mala (una novela menor), El héroe discreto (una novela menor) y La fiesta del Chivo. Detengo aquí la lista para señalar, que de todas estas obras la que más me gustó y a mi parecer es una obra maestra absoluta, es la última de las citadas, con la que alcanzó el autor una elevada cima estética y fue, qué duda cabe, su mayor punto de inflexión y dio paso (hay que decirlo sin titubeos) a su declive como narrador.

Años después leí Tiempos recios (que pretendió ser una continuación de La fiesta…), pero que no alcanzó ni su impacto ni su resonancia, y en mí no dejó mayor eco interior. Y ni se diga de Le dedico mi silencio, su última novela, que leí poco antes de marcharme de Venezuela, y que disfruté, claro que sí, pero no con el arrobo ni la exaltación estética y espiritual de los años anteriores, por carecer, ¿qué se le podía hacer?, de la fuerza y de la garra que caracterizaron las narraciones vargasllosianas. Como un maravilloso complemento al vacío de su última novela, pude acceder a comienzos de 2024 a un libro compilatorio de algunos de sus más relevantes cuentos, en Obra reunida. Narrativa breve, editado por Alfaguara (que estaba perdido en los intersticios de mi biblioteca y que hallé con sorpresa), y volví al disfrute esencial de su narrativa.

Leí al Vargas Llosa ensayista, y en este género también era un maestro. El primero que cayó en mis manos fue El pez en el agua (una especie de amalgama entre ensayo y autobiografía), que publicó como desquite a su intento fallido de hacerse con la presidencia del Perú, y que le devolvió al autor su vena literaria, perdida en los tejemanejes esperpénticos de la política, a la que jamás debió entrar. Le siguieron: La orgía perpetua. Flaubert y Madame Bovary, La verdad de las mentiras (al que siempre regreso buscando el tono en mi propia escritura), La utopía arcaica. José María Arguedas y las ficciones del indigenismo, Cartas para un joven novelista, La tentación de la imposible. Víctor Hugo y los miserables, El viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti, La civilización del espectáculo, La llamada de la tribu, y Conversación en Princeton con Rubén Gallo (entrevista).

Leí al Vargas Llosa articulista de prensa: no perdía sus crónicas originalmente publicadas quincenalmente en El País de España (en su columna Piedra de toque), y que en Venezuela reproducía El Nacional. En ellas podía constatar, a veces con alegría y otras tantas con estupor, sus contradicciones: su ir y venir en el complejo tablero de la política, sus enormes aciertos como crítico y analista, pero también sus frecuentes metidas de pata al apoyar a personajes de la política, que a la postre se erigieron en autócratas y depredadores de la cosa pública. Su giro de la izquierda marxista leninista, que abrazó con fuerza en la juventud, a su postura de derecha liberal (rayana a veces en el más clásico conservadurismo), y que asumió en su madurez y ancianidad, le ganó detractores y enemigos, así como la pérdida paulatina de su credibilidad ideológica.

Me quedo con el Mario Vargas Llosa creador literario, articulador de fábulas, artífice del perfeccionismo de la lengua, que supo convertir en obra de arte sus vivencias y fantasmas, así como su trasiego existencial. Me quedo con el escritor (o escribidor como le gustaba decir) que ubicó en la más empinada cumbre de las letras universales, el mundo de la esquilmada y vapuleada América Latina, que no termina de emerger de sus propias cenizas, como aspiraba, con justicia, este entrañable e ilustre hijo de la república del Perú.

rigilo99@gmail.com

 

Madrid.- 02 de mayo de 2025

La Gatera Press 

Charla del  escritor MARIO VARGAS LLOSA, y aniversario de la Revista Digital LA GATERA PRESS

Abril, fecha importante, en las letras, celebrándose el 23,  Día del Libro, conferencias, charlas, presentaciones de libros, han sido como todos los años bastante notorias, contagiándose hasta el mes de Mayo e inclusive hasta Junio, como es el caso de la Feria del Libro, en el Retiro (Madrid), que será desde el 30 de mayo al 15 de junio 2025.


En muchos lugares, se han visto, se están viendo y se verán, estas actividades literarias, que nos traen diferentes centros culturales, bibliotecas entre otros más lugares, para celebrar el Día del Libro.





Así también, el pasado 24 de abril, fui invitada, por el Ayuntamiento de Carabaña, a través de su Concejalía de Cultura, que dirige, el concejal Luis Moraleda, a una Charla sobre  el escritor peruano Mario Vargas Llosa, fallecido recientemente, (Arequipa 28 marzo, 1936- Lima-Perú del 13 de abril -2025 ). Uno de los más importantes novelista y ensayistas contemporáneos.

Y la otra charla, fue sobre el recorrido del nacimiento de la Gatera Press , desde sus inicios (Tenerife, 23 de abril 2010), para continuar en Madrid. 

Muchas gracias, por esta invitación, a la Concejalía de Cultura, y Biblioteca, del Municipio de Carabaña,(de la Comunidad de Madrid), por esta charla, en ocasión del Día del Libro.   

 

Madrid.- 02 de mayo de 2025

 

Del 30 de abril al 11 de junio

Nuevas exploraciones del género fantástico con el festival 'Sui Generis Madrid Itinerante'

Llega la programación itinerante de Sui Generis Madrid, festival dirigido por Marjorie Eljach, que sigue expandiendo su universo más allá de su edición anual. Regresa con la nueva gira literaria de SGM Itinerante para descubrir caras inéditas del terror a nuevos públicos. Desde el 30 de abril, llevará el género fantástico a bibliotecas públicas de distrito de la Comunidad de Madrid con una travesía a cargo voces imprescindibles de nuestro terror contemporáneo: Layla Martínez, Ismael M. Biurrun, Rubén Sánchez Trigos y María Fernanda Ampuero. A través de esta serie de encuentros y charlas, de la mano de David Hidalgo, coordinador de literatura de SGM, se explorará el género desde múltiples ángulos como la carga política, el regreso de los fantasmas, la reinvención del mito zombi y cómo el horror refleja los miedos y realidades de su tiempo.

PROGRAMA ‘SGM ITINERANTE’

Miércoles, 30 de abril-Los sótanos del terror. Una historia política del género

Invitada: Layla Martínez.Horario: De 19 a 20 h.

Biblioteca Pública José Hierro (Usera).Entrada gratuita.

Recorrido por las metáforas políticas de algunas obras clave del género para revelar cómo vienen siendo (re)interpretadas con sus mitos, desde el vampiro hasta la posesión, pasando por la casa encantada. La escritora invitada, Layla Martínez (Madrid, 1987), es también editora en el sello independiente Levanta Fuego. Ha publicado el ensayo Utopía no es una isla (Episkaia) y la novela Carcoma (Amor de Madre), traducida a 17 idiomas y en proceso de adaptación a cine y teatro.

 

Martes, 13 de mayo

¿Para qué sirve un fantasma?

Invitado: Ismael Martínez Biurrun.

Horario: De 19 a 20 h. Biblioteca Pública Elena Fortún (RETIRO).

Calle del Doctor Esquerdo, 189 (Madrid, 28007)

Entrada gratuita.

Encuentro sobre los simbolismos, significados y funcionamientos de la figura del fantasma y otros mitos de lo fantástico a través de la literatura y el cine. El escritor invitado, Ismael Martínez Biurrun (Pamplona, 1972), es autor de nueve novelas (Infierno nevado, Rojo alma, negro sombra, Mujer abrazada a un cuervo, El escondite de Grisha, Un minuto antes de la oscuridad, Invasiones, Sigilo, Solo los vivos perdonan y Duración de un fantasma) y coautor del ensayo Soy lo que me persigue: el terror como ficción del trauma.

Miércoles, 21 de mayo

El camino del muerto viviente: de la cultura universal al papel

Invitado: Rubén Sánchez Trigos.

Horario: De 19 a 20 horas- Biblioteca Pública Luis Rosales (Carabanchel)

Calle Antonia Rodríguez Sacristán, 7-9 (Madrid, 28044).

Entrada gratuita.

Viaje por la figura del muerto resucitado a lo largo de la Historia, desde el folclore hasta su irrupción en la literatura popular del siglo XX. El escritor invitado, Rubén Sánchez Trigos (Madrid), es doctor en Comunicación Audiovisual con una tesis sobre el cine de zombis españoles. Especializado en narrativa fantástica, de terror y ciencia ficción, ha publicado las novelas Bajo el barro (Planeta), La noche de Venus (Dolmen) y Vuelve a mí (Grijalbo, 2025). Como guionista, ha colaborado en películas como Verónica (Paco Plaza).

 

Miércoles, 11 de junio

La noche de los fascistas vivientes

Invitada: María Fernanda Ampuero.

Horario: De 19 a 20 horas-Biblioteca Pública Pedro Salinas (Centro)

Glorieta Puerta de Toledo, 1 (Madrid, 28005). Entrada gratuita.

Charla sobre los miedos cercanos y su canalización a través de la literatura y el cine de terror que vienen haciendo crítica de su tiempo desde Frankenstein y el miedo a la tecnología, a la soledad, al desamor o el racismo. La invitada María Fernanda Ampuero (Guayaquil, Ecuador, 1976) fue elegida una de las latinoamericanas más relevantes de Madrid, donde vive desde hace veinte años. Su primer libro de relatos Pelea de Gallos, traducido a varios idiomas, recibió el premio Joaquín Gallegos Lara; y sus últimas publicaciones son la novela Visceral y la antología Dantescas.

Colabora la Red de Bibliotecas de la Comunidad de Madrid


Madrid.- 02 de mayo de 2025

Uno de los mayores logros de nuestra casa editora ha sido publicar tres libros del narrador cubano Daniel Iglesias Kennedy (La Habana, 1950), como: La hija del cazador (1995), Esta tarde se pone sol (2001) y Espacio Vacío. Novela testimonial (2003).

Daniel Iglesias Kennedy en Betania

Como un rescate de esa nueva narrativa cubana, de entonces, ofrecemos unas breves reseñas o síntesis de cada una de estas entregas:

La hija del cazador cuenta la historia de la convulsa vida interior de una adolescente que vive en la Cuba de finales de los años ochenta. Su obsesión por hallar respuestas dentro de un ambiente social claustrofóbico y asfixiante, sin puntos de referencia ni de contacto con los demás personajes, con una familia rota, la desidia de un padre que marchó a la guerra de Angola y la hostilidad de un entorno donde predominan la delación, la superchería y la ausencia de apoyos humanos con los que poder identificarse, empujan a la protagonista de esta novela a una progresiva enajenación como única salida posible para escapar de un pueblo que se hunde en la mediocridad y el fanatismo. Este libro es, además, una reflexión sobre la soledad, el fracaso y el desamor a una edad especialmente difícil: los dieciséis años.

Esta tarde se pone el sol  es una novela que cuenta un día en la vida de Jacobo, un muchacho de dieciocho años, pesimista e irreverente, que subsiste como un náufrago en La Habana de 1968. Como Holden Caulfield, el emblemático personaje de Salinger, Jacobo lucha por asegurarse un espacio donde poder respirar, mientras intenta eludir el compromiso con una sociedad y una familia demasiado exigente en sus expectativas y que él percibe como fuerzas hostiles que ahogan su libertad. Se siente solo; ninguna ayuda puede llegarle del exterior. Las frustraciones, el desarraigo y el escepticismo que transmiten el comportamiento y los recuerdos del protagonista, un alter ego del propio autor, lo colocan en el polo opuesto al ideal de hombre nuevo elaborado por el Che Guevara y que fue durante años el estandarte propagandístico del régimen cubano. (Esta novela fue censurada en Cuba y retirada del Concurso Casa de las Américas en 1973 antes de que llegara a manos del jurado internacional).

Espacio vacío (Novela testimonial) es como un testimonio autobiográfico con la estructura de una novela de intrigas donde se desvelan los métodos utilizados por los servicios de inteligencia cubanos en contra de los intelectuales y de los extranjeros que viajan a Cuba como turistas, así como la implicación de estos servicios en el tráfico de drogas y el contrabando de personas hacia Estados Unidos, y la elección del territorio español como lugar de inversión y refugio en la etapa postcastrista. El autor aprovecha su relato para reflexionar sobre diversos conceptos como la amistad, el proceso creativo, las trampas de la fe, el vértigo del poder, la traición, la obsesión por la venganza, la falacia del patriotismo y por supuesto el amor, desarrollando un proyecto literario que resulta en una apología de la libertad y en la lucha individual de un hombre por conseguirla.

Daniel Iglesias Kennedy se gradúo en Literatura Inglesa por la Universidad de La Habana y es Doctor en Filología Inglesa por la Universidad Complutense de Madrid. Obtuvo la Beca Cintas concedida por el Institute of International Education de Nueva York. Desde 1985 reside en España, actualmente en Talavera de la Reina (Toledo), donde fundó y dirigió un Instituto de Idiomas. Ha ejercido la docencia, la traducción y ha realizado documentales para las televisiones inglesa y canadiense.

Bibliografía: La ranura del horizonte en llamas (Tusquets, 1987), El gran incendio (Tusquets, 1989), La hija del cazador (Betania, 1995), Esta tarde se pone el solo (Betania, 2001), Espacio vacío (Betania, 2003), El marmitón apacible (Aduana Vieja, 2006).   Autor de diversos textos sobre lingüística aplicada en publicaciones especializadas, como: “El apoyo del cine al aprendizaje de la lengua inglesa”, Los ejes paradigmáticos y sintagmático: aplicaciones en la confección de diccionarios bilingüe” y “Los anglicismos en el lenguaje deportivo”.

 

 

Madrid.- 29 de abril de 2025

 

‘ARTILECTURA’ DE PAULO COSÍN EN EL DÍA DEL LIBRO

 Claves para entender la importancia de la lectura en la sociedad que vivimos

El director editorial de Morata, Paulo Cosín, pone en su nuevo libro nombre al proceso artístico que incluye la lectura en toda su complejidad: creativa, estética, ética, ontológica, filosófica, existencial y democrática. Al considerarse como Artilectura, la lectura amplía su significado para proyectarse en todas esas dimensiones. El objetivo del autor es el de dar valor a la lectura entendida como arte, legitimarlo y visibilizarlo; e invitar a la reflexión colectiva sobre el arte de leer convertido, tras años de evolución, en una necesidad humana.

Desde la Filosofía, como capacidad exclusiva del ser humano, la Artilectura le permite encontrar sentido a la vida. La Artilectura se lanza como una vía de empoderamiento del lector como artista: le orientará hacia una nueva dimensión transformadora en la que será capaz de detectar oportunidades de crecimiento personal que, a su vez, le irán abriendo puertas de la dimensión existencial y ética. Desde el punto de vista terapéutico, la Artilectura se describe como una actividad sanadora, que contiene la dimensión fundamental de la salud y el bienestar.

“Al ser arte, la lectura transforma y nos trasforma”, argumenta Cosín. Tomada como herramienta de activismo, estas páginas explican que la Artilectura facilita la reflexión profunda sobre la justicia social en toda su amplitud. Más allá del acto individual, pasa a ser una acción creativa compartida, dinámica, multimodal e ilusionante, cuyo sentido nos lleva a la participación para la configuración de una sociedad democrática plena.

“Como Artilectura, una biblioteca escolar o pública se convierte en algo más que un lugar de almacenamiento de libros, un centro de estudios o un lugar de encuentro y conexión wifi. Podemos imaginar a un grupo de jóvenes grabando un pódcast en radio, viendo una película, en un debate, montando un vídeo, representando un musical, una obra de teatro, pintando o haciendo una escultura, escribiendo un guion todo alrededor de la palabra escrita, esto le aporta una dimensión de comunidad, ciudadanía y democracia porque la Artilectura construye una sociedad lectora”, en palabras de Paulo Cosín para dar una imagen clara de cómo la Artilectura “es ese proceso artístico en el que conviven múltiples formas de expresión artística interconectadas y en el que la lectura es una parte esencial”.

Respecto a la felicidad, Cosín la relaciona con la experiencia lectora “entendiendo la lectura como un instrumento imprescindible para encontrar la vida que queremos, para hallar plenitud, que es algo que va más allá del disfrute o placer”.

La lectura es el arte entendido como “el proceso que nos permite construir relaciones entre lo que percibimos por nuestros sentidos y las emociones que nos producen, a las que damos forma a través de los sentimientos, nuestros pensamientos y nuestros actos. Es decir que relaciona los cuatro dominios: perceptivo, afectivo, cognitivo y conductual”. Desde un marco teórico interdisciplinar, Artilectura, destinada a un público general a partir de 18 años, se desarrolla en cinco capítulos que se cierran con una guía del pódcast que es la semilla germinal de este libro, Leer te da más, “donde encontrarás todo lo que necesitas saber para estimular la lectura en jóvenes que dicen que no les gusta leer”. Porque, junto a las dos obras anteriores, Para qué leer (Morata, 2022) y La emoción de leer (Morata, 2023), Artilectura conforma una serie ensayística orientada al fomento de la lectura que nació para apoyar dinamizar a las comunidades adolescentes y apoyar en las acciones a educadores, padres y madres. 

Este año que se conmemora el centenario de Morata, “Artilectura es un libro homenaje a este momento de esta editorial que ha hecho Historia y seguirá haciéndola en la construcción de una sociedad con relaciones humanas más satisfactorias para toda la sociedad mediante un catálogo amplio de libros que son un instrumento esencial de profesionales de la educación, psicoterapeutas, investigadores sociales, trabajadores sociales y profesorado”, explica Cosín. “Todos los libros que hemos publicado, así como las experiencias personales y profesionales que he tenido en los 20 años que llevo dirigiendo esta editorial han contribuido al proyecto de fomento de lectura que forma la trilogía que cierra Artilectura, el pódcast Leer te da más y las conferencias que imparto en España y Latinoamérica sobre este tema”.


Madrid.- 22 de abril de 2025

Del autor Alejandro Varderi

Desde Manhattan: Visiones a contracorriente 

Alejandro Varderi, es un escritor venezolano radicado en Nueva York, desde hace 30 años aproximadamente.

Desde Manhattan: Visiones a contracorriente. reúne conversaciones, entrevistas, ensayos y publicaciones del medio literario, cine y arte en general de Nueva York.

Alejandro Varderi, un destacado escritor, ensayista y académico venezolano, se formó como economista, pero su pasión por las letras, lo desarrolló en una prolífica carrera literaria.

Es profesor e imparte clases de Estudios Hispánicos en la Universidad de New York.

La presentación de este libro, Desde Manhattan: Visiones a contracorriente, es editado por Five Point, 2025.

Esta es la información para conectarse, via Zoom, este viernes 25, a las 4:00 de la tarde ((hora NY).

https://bmcc-cuny.zoom.us/j/81992690939

Clave: 076721

Desde España, estaremos viendo esta presentación, en el horario de 6 horas de diferencia, por delante de N.York, que sería, a las 10 de la noche en España.

Invitados quedan, para ver cómodamente desde su casa.

 

 

Madrid.- 22 de abril de 2025

 

Celebra el Día del Libro y Sant Jordi con

 ‘TENÍAMOS 15 AÑOS’, DE NANDO LÓPEZ

Una novela sobre cómo nos marcan esos 15 años en los que nos creemos eternos y donde cada primera vez es un paso más hacia un futuro al que tenemos tanta prisa por llegar como miedo de que suceda.

«El Miguel Hernández sigue siendo el Miguel Hernández. Las mismas paredes verde lánguido. Los mismos pupitres en idéntico verde,  como si se hubiera decidido convertir ese color, aparentemente inofensivo,  en la amenaza cromática de las seis horas al día que, durante los próximos nueve meses, aguarda a sus dueños». Manu regresa como profesor al instituto donde estudió en los años 90 tras una excedencia que ha aprovechado para escribir y dibujar la novela gráfica de su época adolescente. En ese viaje de vuelta se enfrenta a dos tiempos vitales: el ahora, una lucha necesaria; y el ayer, un territorio difícil en el que perdonarse a uno mismo y asumir que nuestros errores, sobre todo los que cometimos cuando tuvimos 15 años, son parte inevitable de esta asignatura siempre pendiente que es vivir.

Nando López (1977) es novelista, dramaturgo y doctor en Filología Hispánica. En 2010 fue finalista del Premio Nadal con La edad de la ira, un long-seller convertido en serie televisiva de éxito internacional —Francia, Italia, Bélgica, Grecia…— con el que inició una sólida trayectoria narrativa en la que figuran Los elegidos, Presente imperfecto, Cuando todo era fácil, El sonido de los cuerpos o Hasta nunca, Peter Pan.  Galardonado con el Premio Arcoíris 2023, el Premio Triángulo Cultura 2022 y el Premio Gran Angular 2020 por La versión de Eric, es un reconocido autor de libros juveniles (Nadie nos oye, Por qué tiene que ser todo tan difícil, El río de las primeras veces, El reino de las Tres Lunas o la trilogía La leyenda del Cíclope). 

Como dramaturgo, ha sido finalista en tres ocasiones a los Premios Max de Teatro (por #malditos16, Desengaños amorosos y Tito Andrónico) y sus obras teatrales se han estrenado en numerosos países (Estados Unidos, Chile, Perú, Costa Rica, Panamá, México…). 

Además, también ha abordado la creación audiovisual como guionista y productor ejecutivo de contenido en Red Flags, serie basada en una idea original suya. www.nandolopez.es

GIRA NACIONAL

 23 abril - Barcelona - Sant Jordi

 11 mayo - Boadilla - Feria del Libro

 15 mayo - Zamora - Librería Ler

 17 mayo - Madrid - Feria de Vallecas

 18 mayo - Fuenlabrada - Feria del Libro

 22 mayo - La Unión - Festival La Unión

 2 julio - Santander - Feria del Libro

 6 julio - Gijón - Semana Negra


Madrid.- 16 de abril de 2025

El Instituto Cervantes lamenta la muerte del escritor y premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa

García Montero agradece la «calidad» de las novelas y la «lucidez literaria» del autor, que tuvo una carrera «ejemplar»

El director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, ha lamentado este lunes 14 de abril el fallecimiento del escritor hispanoperuano y premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, a los 89 años de edad, con unas palabras en las que agradece su carrera «ejemplar»:

«Como lector, agradezco a Mario Vargas Llosa la calidad de sus novelas y la lucidez literaria de sus ensayos. Como director del Instituto Cervantes, le agradezco su ayuda generosa y su compromiso. Como amigo, siempre le agradecí que la diferencia de opiniones políticas no supusiese un motivo de enemistad.

Lo que ha sido ejemplar a lo largo de la carrera de Mario Vargas Llosa es una conciencia doble. Por un lado, su compromiso con la renovación literaria y, por otro, su constante vigilancia para no degradar la calidad.

Ha sido ejemplar su última época, cuando comprendió que estaba perdiendo capacidad y escribió una última novela, Le dedico mi silencio.

También fue ejemplar la decisión de dejar de publicar sus artículos, porque entendió que lo mejor, en esos momentos, era su silencio.

Podemos destacar muchas obras suyas como La ciudad y los perros, que le convirtió en un autor de referencia, La fiesta del chivo o Conversación en La Catedral. El próximo Congreso de la Lengua Española se celebrará en Arequipa (Perú) este otoño a instancias de él, que como buen arequipeño la sugirió como sede de esta gran fiesta del español».

El Instituto Cervantes ya está preparando un homenaje en el Congreso con la publicación del Diccionario Vargas Llosa, en el que se ha pedido a 100 escritores una palabra que le defina. Además, durante este evento está previsto celebrar unas jornadas sobre el autor peruano en su faceta como articulista, que se desarrollarán en la Biblioteca Mario Vargas Llosa de la ciudad blanca.

Una vida vinculada al Cervantes

Vargas Llosa formó parte del Patronato del Cervantes desde el año 1992 y siempre ha estado vinculado a esta institución. Con motivo de la concesión del Premio Nobel de Literatura 2010, el escritor hispanoperuano ofreció una rueda de prensa en el centro de la institución en Nueva York tras conocer la noticia.

En ese encuentro, aseguró que el Nobel «no sólo premia a un escritor, también a lo que lo rodea», en referencia a «la maravillosa lengua española en la que hablan más de 500 millones de personas, que une a gente de países, tradiciones, costumbres y creencias distintas y que es una de las más dinámicas, enérgicas y creativas en el mundo moderno».

Vargas Llosa recibió también un homenaje en octubre de 2020 en el Instituto Cervantes de Madrid cuando se cumplió una década de la concesión del Nobel. El autor de La fiesta del Chivo mantuvo entonces una charla con su hijo, el escritor y periodista Álvaro Vargas Llosa y amigos, colegas y personalidades del mundo de la cultura participaron de forma presencial o en vídeo para dedicar unas palabras al autor.

También el pasado 11 de abril del año 2023 tuvo lugar su última participación en un acto público en la sede madrileña del Cervantes. Vargas Llosa asistió al inicio de la jornada doble titulada como uno de sus libros, El fuego de la imaginación, y en la que fue homenajeado a través de autores contemporáneos como Sergio Ramírez o Carlos Granés.

 

Santa Cruz de Tenerife.- 16 de abril de 2025

Presentación el 19 abril de 2025

'La lección de las ruinas', por Susan Stewart

El museo TEA Tenerife Espacio de las Artes recibe el sábado 19, a las 12:00 horas, a la poeta y crítica literaria de la Universidad de Princeton, Susan Stewart, que impartirá la conferencia titulada La lección de las ruinas: una introducción. Esta ponencia está inspirada en su libro más reciente, La lección de las ruinas: significado y materia en la cultura occidental (2020), una obra que aún no ha sido traducida al español y en la que reflexiona sobre el valor de ruinas que van desde antiguas inscripciones de sociedades ya extintas hasta monumentos conmemorativos del avance de la modernidad. El interés de Stewart pasa por comprender las causas de la fascinación que todavía generan las ruinas, sus imágenes y las interpretaciones que de ellas han hecho algunas de las voces más prominentes de las artes y la literatura contemporáneas. Esta actividad, que forma parte del programa No-Todo: crítica y negatividad, es de acceso libre.

Susan Stewart recorre las formas inquietantes que describen las ruinas, recalando en las alegorías y leyendas fundacionales de las que estos materiales suelen rodearse. Consciente de cómo Occidente ha moldeado durante siglos las representaciones más comunes que tenemos del pasado, su lectura incide en algunas de sus creaciones culturales más representativas, con el objetivo de mostrar cómo lenguaje y pensamiento son indispensables para la existencia del deseo de perdurar.

Para esta autora, las ruinas son materia trascendente debido a que suelen utilizarse como ejemplo de la existencia de algo que las sobrepasa, sobre todo cuando son tomadas en consideración desde una perspectiva eminentemente histórica. En sus propias palabras, “el pasado narrado sigue siendo un recurso abierto para la experiencia futura”, cuyo desconocimiento nunca es suficiente para eximirnos de nuestra necesidad de significación.


Madrid.- 15 de abril de 2025

Por Gastón Segura

   

 El publicista como ideólogo

Desde hace unos veinte años barajo, de cuando en cuando, la pregunta: ¿un sistema de gobierno concebido durante la Ilustración es capaz de digerir la nueva era digital o acaso lo fulminará? Me surgió simplemente mirando cómo los transeúntes de la calle manejaban el teléfono móvil con la mayor desenvoltura. Además, ya me constaba que los ordenadores personales habían superado el ámbito laboral para ir asentándose como un nuevo y singularísimo electrodoméstico, y en algunos hogares disponían de, al menos, un par, más algún portátil.

Por el contrario, nuestro sistema de gobierno, la democracia representativa, había sido trazado durante la expansión de la llamada Galaxia Gutenberg por Marshal McLuhan, cuya aspiración y, a la vez, sustento era la alfabetización de todos los hombres hasta convertirlos en ciudadanos libres; en consecuencia, el fomento y la práctica de la lectura eran inherentes a este tipo de gobierno, en tanto su ejercicio, al exigir la traducción de las grafías para su comprensión, imponía un mínimo sosiego y un necesario cavilar. Sin embargo; este otro nuevo paisaje de telefoneadores callejeros, incrementado vertiginosamente desde la llegada de los smartphones hasta permear la intimidad, donde ha germinado incluso dependencias morbosas, ha mutado aquella Galaxia Gutenberg en una Galaxia Digital. Y uno de los síntomas más notables de este novísimo periodo es precisamente la veloz disminución de la lectura de los diarios; hábito —la adquisición de información con exigencias de veracidad— casi imprescindible para cualquier ciudadano, consciente de su poder decisorio en una sociedad democrática.

Y aunque esta nueva circunstancia hubiese sido vaticinada por Martin Heidegger en su célebre conferencia «La época de la imagen del mundo» (1938), donde pronosticó un porvenir sometido a la tecnología, no me suponía el menor consuelo, cuando su consecuencia, en palabras de Jean Baudrillard, ha sido tornar la realidad en mero simulacro. Bastaría con que observásemos la proliferación de los avatares y otras invenciones virtuales como las criptomonedas o la más monumental y regidora de todas: el mercado financiero mundial, basado en especulaciones y expectativas sobre valores fluctuantes, para captar cómo se disipa el topos llamado realidad y cómo la existencia va deviniendo en una mera representación. De ahí que sea muy significativo escuchar con suma frecuencia el uso del término relato —con cuanto de ficción conlleva— suplantando las voces de exposición o de explicación. Paralelamente, las aplicaciones o plataformas de comunicación instaladas en los smartphones, alentadoras del mensaje breve, han restringido, por su constante uso, el campo lingüístico de sus practicantes, cuya notoria consecuencia es la esclerotización de la habilidad para argumentar; corolario: se va imponiendo, como tajante sustituta de todo razonamiento, la escueta aserción. ¿Y quienes si no los publicistas son los más capacitados en el alumbramiento de la frase corta eficaz —el slogan— y en la mostración de un mundo tan falso como placentero —el spot—?

Es más, su presencia como prescriptores no tanto de la apetencia —la campaña de ventas— sino hasta del lenguaje y los juicios cotidianos se siente incluso antes de la implantación de esta nueva Galaxia Digital; reparen, por ejemplo, en la divulgación desde hace lustros entre la prensa y los políticos —y luego, naturalmente, entre los ciudadanos— de una voz propia de su jerga profesional: impacto; después prolongada en verbo, impactar, y hasta en feo calificativo, impactante, postergador de otros muchos y contradictorios (estremecedor, sobrecogedor, abrumador, sorprendente, entusiasmante…). Una difusión constatadora de la simbiosis de los publicistas con los otros dos oficios —políticos y periodistas— tan fundamentales, por otra parte, para nuestro sistema de gobierno. Al punto que los políticos, durante las campañas, precisaban y precisan de las certeras orientaciones de los publicistas para persuadir a la muchedumbre a través de los mass media. Y por esta vinculación, tan semejante a la de Mefistófeles y Fausto, descubrieron ambos —publicista y político— en cuán obsoletas habían devenido las ideologías y en cuán formidable para sus embaucadores propósitos era un reciente e imprevisto fenómeno: la mella causada por las aplicaciones digitales en la capacidad de razonamiento del elector, encima embotado por la avalancha de mensajes —sean verosímiles o no— depositados diariamente en su imprescindible teléfono móvil y donde podían intervenir a conveniencia.

Y si por un momento admitiésemos la célebre sentencia de McLuhan «el medio es el mensaje»; y el mensaje —o sea, el slogan— no es más que un simulacro ocasional para obtener el favor de las urnas; entonces, ¿cómo no deducir que el propio político —el medio— es otro simulacro? Esto aclararía el advenimiento de figuras como Donald Trump —adiestrado para el manejo del simulacro durante sus años de showman televisivo— allá, y más acá, de Pedro Sánchez, quien carente de esas habilidades, utiliza la propagación de consignas galvanizadoras de la opinión pública que duran desde tres a quince días, sin importarle si incurren en estruendosas falsedades, pues su pretensión es disimular constantemente la incapacidad injerta en su gobierno por su forzado origen; aun cuando el recurso permanente a estos burdos mensajes ha acabado desvelando lo grotesco del empeño. Algo sumamente dañino para el imaginario pacto social donde descansa nuestro sistema; y sin esa ilusión admitida por los ciudadanos, la democracia representativa queda en el entredicho y al borde de su desplome. Lo fatídico de tal amenaza máxime cuando, para sucederla, no se ha pensado todavía un sistema capaz de asimilar la Galaxia Digital sin menguar derechos— atañe a las cómodas libertades disfrutadas hoy por todos, que resultarían sepultadas durante ese calamitoso derrumbe.

Artículo publicado por el "Imparcial" el 13 de abril de 2025

*Gastón  Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.    



 Madrid.-15 de abril de 2025

 La Gatera Press

 Sonia Muñoz Guevara


MARIO VARGAS LLOSA

NOS DEJA A SUS 89 AÑOS, EL ESCRITOR MAS DESTACADO EN LA HISTORIA DE LA LITERATURA HISPÁNICA.

El escritor peruano, de nacionalidad española y también dominicana, Premio Nobel de Literatura en el año 2010, reconocido con otros muchos títulos a lo largo de su carrera de escritor, nos ha dejado el 13 de abril, 2025.

Entre sus obras se han destacado, Conversación en la Catedral, La fiesta del chivo, La guerra del fin del mundo, La ciudad de los perros, entre otras mas obras, siendo su última novela, Le dedico mi silencio

Foto:Redes Sociales


Un escritor puro de raza, y excelente comunicador, quería ser solo escritor, y lo consiguió.

Arequipa(Perú), 28 de marzo de 1936, muchos años viviendo en España, para luego regresar a su país natal, según dijo, regresaré a mi país a morir, como hacen los elefantes. Alli, acompañado por sus hijos y esposa, en el hermoso barrio y bohemio distrito de Barranco (Lima), con vista hacia el mar Pacífico, ha sido su hogar, su refugio, para esperar su último día.

Conocí, a este gran escritor, en Tenerife, en una conferencia, llevada a cabo en una de las salas de La Pirámide de Arona, ubicada en la Playa de Las Américas, (Tenerife sur), muy cerca a la playa de El Camisón, sala repleta, con más de dos horas de conferencia, pocas personas fueron dejando la sala, quedándome hasta el final, y poder saludarlo. Una experiencia agradable e inolvidable.

Nos quedan sus numerosos libros, y recordar a uno de los escritores que más influencia ha tenido en la literatura hispánica. Que en paz descanse.



Madrid.- 15 de abril de 2025

Imagen del logotipo del sitioPoesía Recitada


«El mar ya no es» Marcelo Gatica Bravo (Chile)

 


Madrid.- 12 de abril de 2025

 Por Ricardo Gil Otaiza

 

El fantasma de Javier Marías

En un abrir y cerrar de ojos lo que era la existencia de una pareja feliz (con los traspiés propios del devenir de dos seres muy distintos entre sí, que se habían puesto de acuerdo para hacer el mismo recorrido a pesar de ello), se rompe para siempre...

Hallé un libro “raro” de la pequeña editorial Reino de Redonda, creada por el fallecido escritor español Javier Marías (1951-2022) para recuperar libros olvidados, y de inmediato lo pedí desde una librería en físico, se trata de Duelo sin brújula (2024), de Carme López Mercader, viuda del gran autor. En este bello y pequeño tomo (de apenas 126 páginas con tapa dura y papel glasé) expresa una suerte de catarsis emocional frente al vacío dejado por su marido al fallecer a una edad (71 años no cumplidos) en la que mucho se esperaba aún de su pluma. No se trata, como lo pensé antes de comprarlo, debo confesarlo, de esos libros curiosos, en los que a modo de obituario los legatarios de una figura pública se dan a la tarea de desnudar a sus difuntos (voyerismo, lo llaman algunos), y así contarnos detalles acerca de su vida para alimentar el morbo de los lectores. Nada de eso. Si bien encontré sutiles tips que nos acercan al Marías humano y autor, y que la prensa jamás reseñó, estas páginas buscan cerrar en López Mercader un ciclo de toda una vida de camaradería y acompañamiento, con una de las figuras más importantes de las letras hispánicas de las últimas cinco décadas.

No hay en Duelo sin brújula ansias de hacer literatura o de lucimiento estilístico por parte de la autora (es más: hay ciertos descuidos de forma e innecesarias repeticiones), solo el denodado empeño de despedirse de un amor y reiterarle desde el más acá (ella afirma que es escéptica en cuestiones paranormales) su pasión y admiración, así como dejar constancia de un dolor que solo a ella le incumbe, y que nada de lo que le digan para consolarla podrá rebajar ya la pesadumbre anclada para siempre en el alma. Nos dice casi al final del texto (que, por cierto, pone candado a nuevas publicaciones, por ser un proyecto económicamente inviable) algo realmente conmovedor: “Me compadezco bastante de mí misma, de hecho diría más, me doy un montón de pena, porque soy consciente de que quiero tanto estar con él que hasta estoy dispuesta a suspender la incredulidad y aceptar la presencia de un fantasma a mi lado para lograrlo.”

Esto cobra sentido cuando recordamos que a Javier Marías le fascinaban los fantasmas, hasta el extremo de titular a dos de sus libros como Literatura y fantasma y Vida del fantasma, y en los que indagó, desde lo literario, su peso e importancia en nuestra cultura. Eso sin contar con otras publicaciones en las que se asoman figuras fantasmales, que buscan ahondar en ese otro lado de la moneda de la existencia. Nos aclara López Mercader, que aun teniendo su esposo esa “pasión” por la creencia en los fantasmas, nunca dio pie a explicaciones desde lo esotérico, mediúnico o desde el espiritismo (jamás se entregó a la charlatanería): lo suyo era un encanto por una figura que le atraía desde lo literario, y que le llegaba (especulo yo) desde la propia infancia. Agrega la autora: “No temía al no mundo, porque para él éste no consistía en la nada. Por el contrario, sus muertos lo poblaban y acompañaban, muertos siempre amables, quizás porque habían sido muy queridos por él y a su vez lo habían querido.” Empero, tal certeza no hizo de Marías un ser hundido en la melancolía o pesadumbre: era divertido porque amaba la vida.

Cuando dije al comienzo que hallé “un libro raro” me refería, en todos los sentidos, a una pieza que tiene como centro de atención a una figura clave de las letras en lengua española, pero que no habla de ella ni ahonda mayormente en su persona. El novelista es sólo la excusa. La viuda se ensimisma en unas páginas en las que gravita por doquier el “fantasma” de Javier Marías, y es ella la que de manera tangencial (aunque protagónica) busca con este libro una razón para seguir creyendo en la vida, con la válida sentencia de su enorme pena. Es, qué duda cabe, un texto autorreferencial (autobiográfico) y el libro es una autoedición (la editorial ahora es suya) y con él discurre sin mostrarse en demasía: dice bastante, pero es más lo que calla, quiere contar muchas cosas, pero las palabras se quedan en la travesía de un texto doloroso y denso, que muestra los quiebres y hendiduras del espíritu humano.

El título, Duelo sin brújula, es significativo, porque en realidad no hay un norte definido, un objetivo literario o meramente biográfico, o un eje que articule las piezas del rompecabezas; hay, qué dudas caben, un deambular sin coordenadas por dos vidas que estuvieron enlazadas varias décadas y ahora una de ella se queda a la zaga en el camino, y no le queda a la sobreviviente otra opción que seguir adelante y volar con plomo en el ala, recomponer los jirones de su proyecto vital, juntar las piezas de su tragedia personal y familiar, y emprender nuevos derroteros, muy a pesar de su desesperanza. En un abrir y cerrar de ojos lo que era la existencia de una pareja feliz (con los traspiés propios del devenir de dos seres muy distintos entre sí, que se habían puesto de acuerdo para hacer el mismo recorrido a pesar de ello), se rompe para siempre y comienza un duelo desgarrador, profundo y escatológico, que descarta alivios y frases hechas o baratas, que llegan de familiares, conocidos y amigos, y que intentan paliar la desdicha sin éxito.

Atrás queda la vida en común, los pisos que los cobijaban en Madrid y Barcelona, los muebles, libros y recuerdos de años de unión y complicidad. Pronto llegó el ocaso de una relación que marcó en ambos huella profunda, y ahora queda ella con la mente convulsa y el alma deshecha en recuerdos y en cavilaciones, tal vez: lo que quedó por decirse, lo que se emprendió y no se concluyó, el saludo no respondido y el abrazo no dado por las urgencias propias del existir. Que sea la autora la que cierre con las líneas finales de su libro: “Que me lleve a creer en esa eternidad que Javier decía concebir sólo conmigo exista y que él esté aguardándome pacientemente en ella. Que me haga soñar con lo que no puede ser.

Y sin embargo…”

rigilo99@gmail.com




Madrid.- 07 de abril de 2025

 

Casa América, rinde homenaje a la escritora Elsa López

Mañana día martes 8 de abril, a las 19:00 horas, en el Anfiteatro Gabriela Mistral. Acceso por C/ Marqués del Duero, 2, de esta destacada institución cultural, se le rendirá un homenaje bajo el título Poetas con Ñ: Mujeres en verso, homenaje a Elsa López”, quien estará acompañada por las escritoras Gioconda Belli, de Nicaragua y Valeria Correa, de Argentina.


Elsa López nació en 1943 en Fernando Poo, Guinea Ecuatorial, y en 1947 se mudó a la isla de La Palma, donde en 2018 recibió el reconocimiento de Hija Adoptiva. Es poeta, narradora, profesora y activista. Es autora de una extensa obra entre la que se cuentan más de 40 títulos: 17 poemarios, tres novelas, cinco guiones, 11 libros de antropología y dos biografías, además de centenares de artículos de prensa. Elsa López, como digna representante de la identidad canaria, ha sabido reflejar en su obra el carácter mestizo y atlántico, reivindicando la esencia de Canarias como un espacio de confluencia entre España, África y América Latina. Elsa no es solo poeta de su tierra, es también un puente hacia Iberoamérica. Su diálogo con las letras latinoamericanas, su afinidad con autores y culturas del otro lado del Atlántico, han enriquecido su visión poética y la han convertido en embajadora de un sentir compartido. Elsa López es, entre otras menciones, Doctora Honoris Causa de la Universidad de La Laguna, Académica Honoraria de la Academia Canaria de La Lengua y Premio Canarias de Literatura 2022.

La bienvenida estará a cargo de Moisés Morera, director de la Programación de Casa de América.

Los participantes: Sergio Rodríguez Fernández, presidente del Cabildo Insular de La Palma. Juan Jesús Armas Marcelo, escritor y periodista. Elsa López, poeta y editora española. Gioconda Belli, escritora nicaragüense y Valeria Correa, escritora argentina.

La presentación estará por Adriana Bertorelli, escritora y gestora cultural. Juan Carlos García-Sampedro, creador audiovisual.

La entrada será libre, hasta completar aforo.




Madrid.- 07 de abril de 2025


Presentación en Madrid:

Miércoles 9 de abril

Librería Rafael Alberti (Tutor,57), 19:00 h.



LOQUELEO publica‘TENÍAMOS 15 AÑOS’ de Nando López

Ofrece un formato de novela con cómic integrado que lleva las ilustraciones de Nicolás Castell.

Una autoficción sobre cómo marca la adolescencia (robada o existente), con sus primeras veces: a los jóvenes que lo fueron en los 90, a la Generación Alfa.

Sobre la necesidad de la conciencia de clase y del activismo para construir el futuro desde los barrios y las periferias.

Sobre la amistad que nos sostiene, cómo nos mentimos al recordar y la ficción  —ya sea una novela, una película o una TDK con temas grabados de la radio—para (re)construirnos.

«Es uno de mis libros más personales. Quizá haya nostalgia hacia ese momento de descubrimiento que es la adolescencia, en especial, en lo que tiene que ver con lo cultural: lo que leemos, vemos y escuchamos con 15 se nos queda para toda la vida. Ésta es la novela que el chaval de barrio que fui en los 90 le debe a quienes le permitieron soñar con el escritor que hoy es»

Nando López


ARGUMENTO
Manu regresa como profesor al instituto donde estudió en los años 90 tras una excedencia que ha aprovechado para escribir y dibujar la novela gráfica de su época adolescente. En ese viaje de vuelta se enfrenta a dos tiempos vitales: el ahora, una lucha necesaria; y el ayer, un territorio difícil en el que perdonarse a uno mismo y asumir que nuestros errores, sobre todo los que cometimos cuando tuvimos 15 años, son parte inevitable de esta asignatura siempre pendiente que es vivir.



Madrid.- 01 de abril de 2025

Por Gastón Segura

   

La aspirina de Cristino Mallo

Cuando Cristino Mallo, sentado en la grada que preside la entrada del Café Gijón, pedía a los camareros una Aspirina, suponía el inicio de un breve ceremonial: luciéndola casi como una sagrada hostia, entre la pinza de su pulgar y su índice, se la llevaba a la boca con ostensible y geométrico gesto. Acto seguido, aclaraba al soslayo, por si le rodeaba algún desavisado: «Es que tengo que visitar a mi hermana». Su hermana, por supuesto, era la inefable Maruja Mallo.

Les cuento esto porque en la espléndida exposición de la Fundación Mapfre, Otros surrealismos, donde se exhiben algunas significadas piezas de Dalí, de Óscar Domínguez, de Remedios Varo y de tantos otros; incluso un par de documentales de 1930; el célebre Esencias de verbena, de Giménez Caballero, con la insustituible comicidad de Gómez de la Serna, y otro no menos interesante aunque más ignorado, Comiendo erizos, de Luis Buñuel, donde el padre de Salvador Dalí es orondo protagonista, encontrarán también tres óleos y un dibujo de Maruja Mallo. Todos pertenecen a las vísperas y al regreso de su viaje a París; o sea, a su turbulenta serie Cloacas y campanarios (1929-31), y a la siguiente, Arquitecturas minerales (1932-3).

Si cuando Maruja Mallo se fue para la capital francesa ya era un personaje descollante entre aquella muchachada —como ella decía—, conocida luego como Generación del 27 —no en balde, es la única persona a quien don José Ortega y Gasset le procuró en 1928 una exhibición de sus Verbenas y Estampas, en los salones de Revista de Occidente—, cuando volvió lustrada por la admiración del genuino núcleo surrealista —André Breton, el gran patriarca y fundador, incluso le había comprado el óleo Espantapájaros (1929)— ya encontrará asiento en todas las tertulias de Madrid, tanto en la del Mirlo Blanco de los Baroja, como en la pudibunda del Gato Negro de Azorín y Benavente, y por descontado en la que le era más propincua, la de Alberto Sánchez y Benjamín Palencia en el Gran Café de Oriente, ante la estación de Atocha; punto de partida para sus frecuentes excursiones a los desmontes de Vallecas, en busca de una integración telúrica sobre aquel secarral y de las que tomará nombre este grupo de pintores merodeadores, la Escuela de Vallecas. Momento cuando, amén de prodigarse como ilustradora en tantas revistas de la época (La Gaceta literaria, Alfar, Revista de Occidente…), iniciará sus incursiones en las escenografías de La Barraca y de las Misiones Pedagógicas, que culminará con los telones y los figurines para la inédita —por el estallido de la Guerra— y luego perdida ópera bufa, Clavileño (1935), de Rodolfo Halffter; en suma, que durante aquel quinquenio republicano, Maruja Mallo se entronizará como la gran vanguardista, que desde un incipiente surrealismo había ido tentando una expresión al borde mismo de la militancia política; algo, la verdad, inconjugable con sus querencias por lo esotérico y lo gnóstico, cuanto nos muestra la irreductible singularidad del personaje.

Pues bien; entre 1934 y 35 inicia su duradera amistad con Pablo Neruda y también otra, mucho más carnal y de más honda huella, con Miguel Hernández. Si Maruja Mallo había sido la amante de Rafael Alberti desde 1925 hasta la irrupción de María Teresa León sobre 1930, y cuya presencia es ineludible en Sobre los ángeles (1929), lo será de forma mucho más deslumbrante y decisiva en El rayo que no cesa (1936), de Hernández, por más que este poemario aparezca dedicado a su prometida, Josefina Manresa. Esta relación entre la fulgurante pintora y el joven poeta se produce durante la segunda estancia del oriolano en Madrid, cuando trabaja para la monumental Los Toros (publicada en 1943), de José María de Cossío, goza de la protección de Vicente Aleixandre y frecuenta la tertulia de María Zambrano, donde se unirá a otro joven —entonces aprendiz de liróforo—, Camilo José Cela, que nos legó unas notas —quizá escasas aunque gamberras— de los fogosos abrazos entre la desinhibida pintora y el virginal Hernández en Memorias, entendimientos y voluntades (1993).

Sin embargo, para mí —y quizá vera causa de estas líneas—, Maruja Mallo es un personaje de aquella inmensa pandiculación nacional que fue la Transición. Entonces, convocada en más de una ocasión por Paloma Chamorro a sus programas, nos asombraba por su físico menudo, su nariz de tucán y sus maquillajes faraónicos, y claro es, por su incontenible y estrafalaria locuacidad, que me confirma Ignacio Gómez de Liaño, entre risas, como su más señera característica, quien la trató durante aquellas fechas en casa de Inés Ortega. Sí; Maruja Mallo forma parte de aquellas figuras que despabilaron al país hasta 1982, desde un underground desgreñado y autóctono, como fueron Ocaña, Jaume Sisa, Pau Riba o el cine de Iván Zulueta o de Bigas Luna, o aquel Fernando Savater apostolando un anarquismo nietzschiano por los paraninfos o Dragó con su proceloso Gárgoris y Habidis (1978) bajo el brazo, o el regreso del parisino Arrabal con sus descacharrantes vocinglerías escénicas, y claro, la misma Maruja Mallo, emergiendo en las recién coloreadas pantallas de los televisores como el exacto reverso de una moneda encarada por Salvador Dalí. En fin; un sexenio libérrimo y entusiasmante, sepultado para siempre bajo aquel otoño de los diez millones de votos y la acharolada insulsez de la Movida Madrileña. Y ahora, qué decirles con tanto oportunista insolentándonos con sus chabacanerías. ¡Cómo no echarte de menos, Maruja!

 Artículo publicado por el "Imparcial" el 31 de marzo de 2025

*Gastón  Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.   



Madrid.- 01 de abril de 2025

Gastón Baquero: lo que no se ve (Betania, 2024) de León de la Hoz

Por: Gabriela Díaz Gronlier

Publicada en su blog elcopoylarueca.com

«Qué pasa, que está pasando siempre debajo de la sombra…». Gastón Baquero

Tres amigos, tres intelectuales que han enriquecido con su labor la cultura cubana, y que fueron bautizados por el dios Apolo en tiempos distintos, se reúnen en este espejo revelador de inquietudes, de pensamientos y de emociones que es Gastón Baquero, lo que no se ve. Es este libro el salón de una tertulia donde la voz protagónica es la del autor que da nombre a la antología.

Los poemas de Gastón Baquero (1917-1997), el prólogo de León de la Hoz y las dos entrevistas que componen el Epílogo—Conversaciones de Gastón con Felipe Lázaro las nombra el editor —hacen del título que hoy reseño anzuelo para almas ansiosas de cantos.

Las antologías, en nuestro mundo de prisas y de titulares, son útiles, porque son como breves biografías de obras que nos permiten apreciar la evolución de un autor: las antologías son caleidoscopios que ofrecen una secuencia ininterrumpida de cambios de estilos, de temas recurrentes y de temas que anidaron en la mente del creador para después volar.

Pero las antologías tienen también una misión subliminal: ahogan el vértigo que provoca una edición a solas, mostrando, al hacerlo, el alma de los que participan en ella.

León de la Hoz, por ejemplo, decidió complacer al amigo y dio preferencia a «lo intelectual» y no a «lo sentimental», aunque, como bien afirma en el prólogo, estas voces en la obra poética de Gastón son permeables —Gastón Baquero, quien seccionó su poesía en dos partes, arropó los versos que incluyó en lo que llamó «lo sentimental».

Leyendo Gastón Baquero, lo que no se ve descubrí que al autor le motivaban las estaciones del año, de modo que he seleccionado, para poner tentación a tus pupilas, los poemas donde se cuelan la primavera, el verano y el otoño. He añadido, aunque no está en el libro, el soneto dedicado al invierno. Y, cómo no, El río, porque es de mis preferidos. Los ilustro con pinturas de Joan Miró.

Gastón Baquero, lo que no se ve es pájaro en vuelo que ahoga silencios con su aleteo.


OTOÑO

Las hojas caen, caen, como de la distancia,

así como lejanos jardines en los cielos

que empiezan a secarse.

 

Y la pesada tierra por las noches cae

de todas las estrellas hacia la eternidad.


Todos caemos. Esta mano ahí cae,

y contemplas las otras: en todas es igual.

 

Y sin embargo hay Uno que en sus manos

infinitamente suave

sostiene este caer.


PRIMAVERA EN EL METRO

Entre Goya y Velázquez

se detuvo de súbito lo oscuro.

Sentimos que brotaban amapolas detrás de los ladrillos;

una revelación sonora, un himno, un telón descorrido de repente nos transportaba

de la noche al alba, de la melancolía al júbilo, de la indiferencia a la sorpresa.

¡Cuánta luz de repente entre Goya y Velázquez!

Y el Metro transformado

en plazoleta de oro para el muchacho ciego,

en alegre pan tierno para el anciano solo;

columpiado de la sombra a la luz, mágicamente,

siendo otra cosa ya en un instante:

carroza de las hadas, corcel, jardín al mediodía.

 

Entre Goya y Velázquez,

¡todos felices de pronto, todos gozosos

devorando el asombro de la luz!

 

Yo había descendido con pensamientos de invierno

—sonetos de Quevedo y cenizas de Paul Klee—;

y cada cual, ceñudo, leía entre vaivenes para olvidar el tiempo.

 

Un son inesperado, un aviso imperioso, una luz que cantaba,

nos arrastró de un golpe hacia regiones áureas:

del carbón de Goya pasamos en un vuelo al aire de Velázquez.

Y el Metro danzaba jubiloso, como si escuchase

poemas de Jorge Guillén musicalizados por Vivaldi;

y el serio oficinista cerraba su ABC,

y la joven de lentes desdeñaba un final de Agatha Christie,

y —¡prodigio!— los novios dejaban de mirarse,

y los niños se hastiaban de Supermán y volvían a ser niños

¡todos gozosos, mudos por felices,

sentíamos que el planeta derramaba de nuevo su luz sobre nosotros,

como vuelca una aldeana sobre sus hojaldres una jarra de miel!

 

Sí: entre Goya y Velázquez, en el Metro, una mañana,

yo he asistido al nacimiento de la Primavera.

 

 

Madrid.- 01 de abril de 2025

Por Ricardo Gil Otaiza

 

Benedicto XVI

Su Introducción al cristianismo no es sólo lo que anuncia el título, ya que, más que un pórtico para adentrarse en la fe cristiana, es en sí el anuncio de una esperanza, cuyo impacto ha significado un enorme punto de inflexión en la historia

Cada vez que me acerco a la figura del papa Francisco, más echo en falta al gran Joseph Ratzinger, Benedicto XVI, cuya trayectoria trasciende el hecho puntual de haber llegado a Papa, para internarse en el mundo de las ideas, de la abstracción filosófica y teológica, de la comprensión del papel de la Iglesia en un mundo complejo como el nuestro, que requiere de sus líderes claridad y perspectiva del momento histórico, así como pulso firme frente a sus enormes desafíos.

Seguí a Ratzinger desde sus tiempos cuando era prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe en Roma, y me llamó poderosamente la atención su firmeza en cuanto a la doctrina, pero a la vez su extraordinaria flexibilidad para adentrarse en un contexto que cambiaba a paso vertiginoso, y hacía de la Iglesia un punto focal desde el cual articular acciones que le permitieran anclarse verdaderamente en la modernidad, sin perder su esencia y núcleo: Jesús, y su mensaje salvífico.

Fue el cardenal Ratzinger mano derecha de Karol Wojtyla, el Papa polaco, y desde su preeminente posición supo anteponer los intereses reales de la Iglesia y su proyección a futuro, a las modas light, que buscan siempre lo efímero en aras de la atracción mediática (frente a hechos intrascendentes pero atractivos), olvidando, peligrosamente, lo que subyace, lo que da contenido y sustancia a una institución fundante de lo civilizatorio.

En Joseph Ratzinger es clave su obra intelectual, que se adentra en los territorios del Ser, que va más allá de lo conocido como “verdad” para intentar desvelar, con fina y densa prosa, su propuesta doctrinaria que, si bien, no fue rompedora de lo establecido para fundar su propia escuela, buscó con afán impregnarla de nuevos aires, refundarla con base en novedosos argumentos, hacerla más cercana a los ojos de un mundo cada vez indiferente a la noción de un Dios cercano y amigo, inmanente y siempre presente, aunque intangible y silencioso desde los cánones de una humanidad ahíta de mensajes e imagen.

Su Introducción al cristianismo no es sólo lo que anuncia el título, ya que, más que un pórtico para adentrarse en la fe cristiana, es en sí el anuncio de una esperanza, cuyo impacto ha significado un enorme punto de inflexión en la historia de la humanidad. Si bien es cierto que en su prosecución se han cometido infinidad de errores y tropelías, que hoy son parte del lado oscuro de su largo recorrido, ha significado para millones de personas fuente de inmensa alegría y confianza.

El Jesús de Nazaret del tímido y circunspecto Benedicto XVI, es una obra esencial para la comprensión de la cualidad humana y divina del hombre de Nazaret, cuya figura dividió la historia universal en un antes y un después, y queda expuesto en estas magníficas páginas sin artificios ni piruetas; todo lo contrario: la sencillez y diafanidad de la obra contrasta con la importancia de lo que nos cuenta, lo que la hace cercana, asequible al mundo; adecuada a una cristología exenta de todo aquello que pudiera elevarla a una insuperable ininteligibilidad argumental.

En sus ocho años de pontificado, Benedicto XVI publicó apenas tres encíclicas: Deus caritas est, Caritas in veritate y Spe Salvi, empero, son de tal importancia, que en su momento llegaron a editarse con tirajes sorprendentes (millones de ejemplares en todo el mundo y en todas las lenguas) y aún hoy siguen siendo fuente de interés y de consulta, así como una cantera de relevancia para la comprensión de su mensaje: la esperanza cristiana lanzada a un mundo de intereses divergentes, que marcha hacia un futuro incierto carente de rumbo y de objetivos vitales.

La personalidad afable y sencilla de Benedicto XVI “chocó” con el mundo, tan habituado a la manipulación y a la farsa, su palabra certera (que a su entender “debe estar ahí siempre para la gente”) buscó erigirse en vaso comunicante, en eje articulador de la noción de Dios y la realidad del mundo, y era a menudo tan sugerente, pero tan sutil y brillante, que pasaba como mero artificio propio de la pompa y la vanidad de un cargo tan relevante como el que ostentaba, y para muchos coló inadvertida su portentosa hondura, su afilada estatura intelectual, su elevada carga cristológica y salvífica, desperdiciándose (quizás para siempre) la valiosa oportunidad de convertirla en guía en medio de las tinieblas.

Hace ya dos años de la partida de este mundo de Benedicto XVI (para entonces papa emérito), ocurrida el 31 de diciembre de 2022 a los 95 años, en el monasterio Mater Ecclesiae del Vaticano, y dejó tras de sí un legado filosófico, teológico y pastoral a cuestas tan portentoso y admirable, que hoy tirios y troyanos (entiéndase: amigos y detractores) coinciden en afirmar que ha sido una de las obras de mayor envergadura en toda la historia de los pontificados, que lleva ya unos cuantos siglos.

A muchos sorprendía su brillo personal (que era enorme), su hablar pausado y voz musical aflautada, su mirada y sonrisa tímidas a más no poder (había perdido la visión de su ojo izquierdo), sus movimientos torpes sobre el estrado (que para Peter Seewald, su más conspicuo biógrafo, eran propios de un Charlie Chaplin), su trato cordial y sin ambigüedad, su saber escuchar a los otros, su absoluta ausencia de arrogancia o de aires de superioridad; todo hacía de él una figura entrañable y discreta.

La renuncia al trono petrino por parte de Benedicto XVI, independientemente de sus razones personales (miedo a la llegada de los “lobos”, como lo había anunciado con bastante anterioridad, su estado de salud y su deseo de volver a ser uno más en la viña del Señor para orar, leer, tocar al piano y cuidar a sus gatos), fue un acto de desprendimiento al poder y a la gloria del mundo, como pocas veces se ha visto en los anales de la historia eclesiástica (y ni se diga de la universal), que lo eleva a la categoría de un ser de excepción.

Fue, —¿qué dudas caben? —, un gran doctor de la Iglesia y, posiblemente, un beato y un santo.

rigilo99@gmail.com



Madrid.- 26 de marzo de 2025

 

Presentación del libro:

Y apenas nada de Eduardo Rojas

Editorial Drácena, nos trae en esta ocasión, la nueva obra del autor Eduardo Rojas(La Paz, Baja California Sur, México, en 1970).

Se presentará este jueves 27 de marzo, a las 19:00 h. en la Librería Juan Rulfo, C/Fernando el Católico, 86. Madrid

Intervienen el escritor Gastón Segura y el autor del libro Eduardo Rojas.

Y apenas nada no es sino el lamento de una madre por la espectral desaparición de su hijo, Napoleón Chicomóztoc, una tarde, en el médano de las afueras de su aldea costera del Golfo de California. ¿Pero quién era Napoleón Chicomóztoc? Un tipo inútil, aquejado de una aguda neurastenia y abandonado a su nulidad hasta por su esposa con su único bebé, del que ya no queda sino esa bicicleta y el intenso desgarro de su madre que se resiste a creer que no vaya a regresar nunca.

Contra esta sencillez argumental, Eduardo Rojas, como en su anterior novela, La mujer ladrillo (2016), levanta una melancólica relatoria casi magistral, donde la añoranza con que discurren cada una de sus frases no hace sino avivar el pobre desamparo en que yacen sus personajes. Al punto que Rojas, en su manejo de esta peculiarísima prosa, no solo frisa la obra maestra sino que hasta establece una modalidad para la narrativa hispana y que, tanto por su sencillez como por su hondura dolorida, podríamos llamar el «realismo poético».

Hacemos extensiva esta invitación a los que deseen asistir, y pasar una tertulia literaria, entre amigos y escritores. Los esperamos.

 







Madrid.- 18 de marzo de 2025

Por Gastón Segura

  

Un pícaro con peluca y chupa de damascos

Como ningún otro, su apellido, Casanova, evoca al libertino, y si me apuran, incluso a una corte más que su propio rey y emblema, Luis XV; aquella de las pelucas blancas y las caras empolvadas con insinuante lunar en la mejilla. Sin embargo, pocos han alcanzado hasta la última línea de las más de cuatro mil páginas que suman las memorias —inconclusas por defunción— que le otorgaron esta nombradía, Historia de mi vida (1798), a pesar de constituir, sobre sus pregonados lances de coyunda, el más minucioso catálogo de los hábitos europeos, durante la segunda mitad de aquel siglo llamado de las Luces. No en balde, se conservan en Praga las detalladas anotaciones de estas andanzas de cuarenta años y aun de las posteriores. En esos cartapacios figuran desde la compra del más insólito adminículo hasta el abono de la más copiosa cena, suceda en San Petersburgo o en Madrid, pasando por los imponentes Versalles y Sanssouci, sin escatimar postas de aldea, truhanescas timbas de tugurio o tentadoras celdas de convento. En cualquier parte donde se albergó este, sobre escritor, agudo farsante tanto en lo íntimo como en lo social —ostentó el título de Caballero de Seingalt, se ignora con qué legitimidad—, apuntó sus gastos y sus encuentros; siempre bajo el sino de aspirante perpetuo a lograr un confortable acomodo en cualquier palacio, fuese papal o imperial. Y cuando estas anotaciones las convirtió en su truncada autobiografía, durante sus postreros años como bibliotecario del castillo de Dux, en la alta Bohemia, expuso sin pudor y hasta con un atropellado gracejo sus astucias de granuja y de conseguidor de lo más disparatado; valga al caso que inventó la lotería para aliviar las estrecheces monetarias de aquel antepenúltimo Capeto o si la situación apremiaba —circunstancia casi perpetua en su trashumante vida— no despreció oficiar como confidente de la Inquisición aun siendo masón o simulándolo a conveniencia. Ya ven, un consumado embustero, pero tan humanísimo como Lázaro de Tormes, aunque con pretensiones y dengues del gran señor que nunca consiguió ser, y que nos divierte casi a uña de caballo porque nada lo detiene. De modo que, tras los nuestros, no encontrarán otro pícaro más genuino, por páginas que lean, como Giacomo Casanova.

&nbspPorque no olviden que su ocupación más socorrida fue la de tahúr sin desdeñar los menesteres ya mencionados, y aún tentar otros de mayor vitola como el de tratadista político —ahí nos queda su Historia de las turbulencias de Polonia (1772)—, y hasta el de nigromante, aun cuando desenmascarara en Soliloquio de un pensador (1786), uno de sus casi treinta títulos —la mayoría en su dislocado francés—, al más famoso de su tiempo, Cagliostro, y a otro no menos célebre entonces, el conde de Saint Germain.

&nbspPues bien; en un par de semanas se cumplirá el tricentenario de su nacimiento en Venecia, de donde también huyó a los treinta años, como cuenta en su relato más popular en vida, Historia de mi fuga de la prisión de Venecia llamada Los Plomos (1788)… En suma; una existencia entre la trampa y el exceso, acorde con su estatura de uno noventa, cuanto convertía en indisimulable su presencia, acompañada siempre de una sarcástica retranca y de una insaciable glotonería que asombrará, dos siglos y pico después, al mismo Camilo José Cela.

&nbspDesde 2009 disponemos de la versión española del manuscrito original de sus memorias, realizada para la editorial Atalanta por mi amigo Mauro Armiño, con un prolijo aparato de notas y un amplísimo índice onomástico, que le valió el Premio Nacional de traducción. Se precede de un espléndido prólogo de Félix de Azúa, donde subraya el vitalismo proclamado, renglón a renglón, por quien había sido rutilante centro de tantas tertulias galantes y que se veía, mientras los escribía, preso de austeros y gélidos muros —hoy remozados de un ampuloso rococó— y bajo los plúmbeos e interminables inviernos bohemios. Su época más patética, retratada como una fantasía operística por Federico Fellini en su Casanova (1976); la más desbordante y prodigiosa de las veintitantas películas donde el gran libertino ha figurado como protagonista o, al menos, como personaje sustancial, aun cuando prefiera La noche de Varennes (1982), de Ettore Scola, donde Marcello Mastroianni nos lo torna sencillamente conmovedor.

&nbspEsta novela de Catherine Rihoit, elevada a extraordinario film por los ingenios de Scola y Amidei, cuenta cómo, por un torpe accidente, Casanova se verá en una diligencia que sigue la ruta de Luis XVI, recién escapado de Las Tullerías, y acompañado de Restif de la Bretonne, el autor de Las noches de París (1788-94), la crónica más vivaz de aquellos días del Terror revolucionario, y del también escritor Thomas Paine, ferviente defensor de los nuevos e insurgentes tiempos con su tratado Los derechos del hombre (1791). Feliz encuentro que, conforme avanza el metraje, se convierte en una impecable alegoría sobre la caída de cualquier régimen, pues los variados ocupantes del carruaje se nos descubren como la representación de todas las clases sociales, con sus afanes y sus temores, ante cualquier profunda mudanza social. Y al compás, certero retrato de aquel decrépito Casanova, tan uncido por biografía y devoción al Ancien Régime, y cuyo desdén por el ventarrón que sacude Francia es fiel resumen de los juicios vertidos por los rincones de sus colosales memorias. En suma; un luminoso homenaje, incluyendo su retruécano final del conocido cuento de Hans Christian Andersen.

Artículo publicado por el "Imparcial" el 16 de marzo de 2025

*Gastón  Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.   


Madrid.- 18 de marzo de 2024

 

SOLO CON EL FUEGO, de LUIS MARCELINO GÓMEZ

La editorial Betania, nos trae este título del escritor cubano Luis Marcelino Gómez

Sinopsis de SOLO CON EL FUEGO

Solo con el fuego es una obra que rompe con el canon clásico de la novela. Es onírica, metafictiva, polifónica, iconoclasta, carnavalesca. Tiene dos temas que confluyen, uno contemporáneo (viaje desde Estados Unidos a los Llanos venezolanos), y otro histórico (reinado de Felipe II de España). El punto de vista narrativo no es convencional. Como trasfondo presenta el desprendimiento amoroso del protagonista que llena su retiro con personajes, escenarios y aventuras.

Foto de X 
Hay en la novela disquisiciones sobre la obra de arte, la escritura, la literatura y su hermenéutica, la música, la pintura, el comportamiento humano y la situación política cubano venezolana.La novela se divide en tres secciones: Primer Fragmento, Bozzetto y Otros fragmentos (Gesamtkunstwerk) que representan un periplo hipnagógico y lúcido.

Luis Marcelino Gómez (Holguín, 1950). Escritor, psiquiatra y Doctor en Letras Hispánicas.Se desempeñó como profesor de Español, Portugués y Escritura Creativa en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill.

En 1985 se le confirió el Premio Nacional de Cuento en La Habana, Cuba. En 2007 fue Finalista del Premio de Cuento Juan Rulfo en París, Francia.

Bibliografía: Ha publicado varios poemarios, entre ellos Hambre de Pez (Betania, 1999) y tres libros de relatos: Donde el sol es más rojo (1994), Oneiros (2002) y Cuando llegaron los helechos (2009). Una narración suya aparece en la antología Isla tan dulce y otras historias. Cuentos cubanos de la diáspora (La Habana, 2002).

Editorial Betania-Colección NARRATIVA.

PV: 20.00 euros.

 

  

Madrid.- 18 de marzo de 2025

Por Ricardo Gil Otaiza

  

El señorío de la imagen

Hoy no importan tanto las sinapsis neuronales logradas desde la reflexión y el estudio serio y sistemático, sino el mostrarnos con poca ropa y así atraer automáticamente las miradas y los likes

Busco en una página de la Web el concepto de Imagología, y encuentro que se la define como “estrategias de posicionamiento de imagen ante los públicos”, todo esto basado, como ha de suponerse, “en conocimientos psicológicos, de comunicación, mercadotecnia, Relaciones Públicas y negocios. Con la finalidad de enfocar los recursos hacia la mejora y cambio de imagen de una marca, empresa o persona”. Y todo esto viene a cuento, por tres razones fundamentales: terminé de leer la estupenda biografía que escribió y publicó Florence Noiville, titulada: Milan Kundera. Un retrato íntimo (TusQuets, 2024), en la que el extinto novelista habla de dicho concepto, y su visión con respecto al mismo era la de la obsesión por la imagen y la comunicación, y que para él sustituye a la ideología (y yo diría que a las ideas). En segundo lugar, porque termino de ver en un viejo video (1979) una entrevista que se le hizo al autor de Pedro Páramo y El llano en llamas, el mexicano Juan Rulfo, y mi gran conclusión luego del disfrute de esta pieza antológica de la comunicación, es que en este autor había un afán de no hacerse notar, de pasar desapercibido, de bajar las expectativas de quienes se le acercaban con inmensa admiración e intentaban halagarlo desde la peligrosa trampa de la hipérbole. En tercer lugar, porque tengo en proceso de lectura un librazo: Benedicto XVI. Últimas conversaciones con Peter Seewald (Ediciones Mensajero, 2016) y en él Joseph Ratzinger, el gran papa alemán, minimiza en cada oportunidad su papel protagónico y los méritos que le atribuimos sus seguidores y admiradores (entre ellos Seewald). Hay, en sus respuestas, si se quiere, el ánimo, la intención y la fuerza interior de dejar sentado para la “posteridad” (en la que no creo, ya lo dije en esta columna) que era un ser humano como el resto, que sus logros y hazañas intelectuales (libros, encíclicas, estudios, discursos y carrera como Cardenal y Pontífice) fueron el mero producto de un esfuerzo continuado que dio “algún resultado”.

Me interesa el tema, porque en nuestro tiempo histórico es la imagen y su posicionamiento con fines diversos (a veces, francamente deleznables), el eje alrededor del cual gira el interés civilizatorio. Cuan más quiere mostrar y mostrarse, hacerle ver a los otros (y al mundo) lo “importante” que es, la valía que tiene, lo mucho que gana y las propiedades que posee; hay, obviamente, ostentación, burda manipulación mediática, interés por impactar desde la imagen que muestra, aunque no haya mucho de fondo ni de contenido. Somos presas del poder de la imagen, a veces sus esclavos, consumimos horas en ver las pantallas de nuestros móviles y quemamos un tiempo precioso que podría servirnos para alcanzar, sólidamente, nuestros objetivos personales. Hoy no importan tanto las sinapsis neuronales logradas desde la reflexión y el estudio serio y sistemático, sino el mostrarnos con poca ropa y así atraer automáticamente las miradas y los likes, que nos llenan de falso orgullo y de la vaga sensación de logro, pero que al final caen en el vacío. Claro, transijo, muchos monetizan así, es decir: por tantos seguidores y descargas el sistema y el algoritmo van sumando numeritos (y más seguidores), lo que a la postre se transforma en divisas, y son muchos los que desde su supina vulgaridad han alcanzado una notoriedad que ya muchos investigadores, académicos, profesionales y artistas (entre tantas categorías), quisieran alcanzar. Nuestro mundo está al revés, nada es lo que debería ser, aunque en este orden comprenda que todo ha cambiado en los últimos años y que los referentes no sean los mismos del pasado, siento que no estamos en el camino correcto, que desviamos y equivocamos el rumbo, que vamos directo al fracaso, y de no parar o enmendar la tarea, tendremos un mundo enloquecido, en el que la imagen, y solo ella, sea el aval que nos empuje a seguir, aunque esté construida sobre medias verdades y falsas premisas.

Volviendo al comienzo, cuando analizo los tres casos esbozados (Kundera, Rulfo y Ratzinger) siento que ellos sí tenían muy claro su papel, su égida y su impronta, y para nada estaban interesados en mostrarse al mundo “inflados”, mediatizados y exaltados, aunque todos sepamos que dejaron un legado inmenso en sus respectivas áreas, y que su contribución fue sencillamente magistral e imperecedera. No sé en realidad si cada uno de ellos en su trato directo fuera arrogante, altanero o distante, pero lo que sí sé (y sabemos) es que la imagen que deseaban proyectar era de una sencillez impagable, de una horizontalidad precisa y de una diafanidad que hoy nos conmueven. Me imagino que como artistas (los dos primeros casos) y como religioso (el tercero) estaban conscientes de su propia valía, de los límites entre lo anhelado y lo conseguido desde el esfuerzo, de lo trascedente e intrascendente en sus caminos, pero no usaban la imagen como instrumento de exaltación, ni de manipulación.

Ahora bien, no deseo dejar aquí la sensación de que estoy en contra de la imagen como mecanismo de la comunicación (todo ello lo he estudiado, tanto en maestría como en el postdoctorado), pero lo que sí anhelo transmitir, es que hacer un uso equivocado de ella nos podría llevar al abismo (fraudes, estafas, distorsión de la noción de la realidad, frustración, desengaño, bloqueo, y paremos de contar), o ser víctimas de sus encantos. La imagen por la imagen misma (su señorío) no es lo ideal ni lo sano, porque se parte de la falsa premisa “que somos sólo lo que proyectamos”, cuando sabemos de sobra que dentro de cada uno de nosotros bulle todo un mundo de posibilidades, que una imagen muchas veces no está en la capacidad de transmitir de manera correcta (por exceso o por defecto). Diría que la imagen y su cotejo certero con el accionar en cada ámbito (ejecuciones y obra), podrían erigirse en una dupla interesante, que nos conduzca, sin mayores riesgos, por el camino de la realización personal y del éxito.

rigilo99@gmail.com




Madrid.- 12 de marzo de 2025

 

Foto:LaGateraPress

Presentación de la I Feria del Cómic de Madrid


Se ha presentado oficialmente la I Feria del Cómic de Madrid, ayer a mediodía. Durante los días del 27 al 30 de marzo, se llevará a cabo en el Matadero Madrid, y  está organizada por el Área de Cultura, Turismo y Deporte del Ayuntammiento de Madrid y la Asociación de Librerías de Madrid, en colaboración con la Fundación Germán Sánchez Ruipérez

Luis Miguel Tigeras, presidente de la Asociación de Librerías de Madrid, la delegada de Cultura del Ayuntamiento de Madrid, Marta Rivera de la Cruz, y la comisaria Elisa McCausland, han hecho hincapié que no había, esta feria, ya que siendo una gran tradición en el mundo de la historieta, se sienten orgullosos y felices, de haber organizado esta primera Feria del Cómic.

Será un encuentro para los amantes del cómic, creadores, creadoras, editoriales y librerías especializadas, celebrando la riqueza y diversidad del noveno arte. Como parte activa de la industria del entretenimiento incluye desde superhéroes hasta manga.

Uno de los momentos más esperados será la conversación inaugural con el diseñador gráfico estadounidense y colaborador de The New Yorker Richard McGuire, autor de Aquí, quien abrirá la Feria como invitado con una charla junto a la periodista de la Cadena SER Pepa Blanes y Elisa McCausland, seguida de la proyección de la adaptación cinematográfica de su obra, Here, dirigida por Robert Zemeckis. 

Durante los cuatro días, el público podrá disfrutar de mesas redondas, entrevistas con los autores y autoras, talleres, proyecciones de cine, asi como también los programas de radio y pódcasts en directo.

Matadero Madrid, del Paseo de La Chopera 14, metro Legazpi.La entrada es gratis.

*El autor del cartel es el ilustrador Javier Olivares.





8 comentarios:

  1. Me alegra ver de nuevo La Gatera. Le auguro larga vida. Me contenta ver a Dario Lancicni ..nuestro Dario Lancini venezolano--- rondando por La Gatera con sus geniales palindromos. Todos son magistrales, pero el que mas me gusta es ADAN ALABA LA NADA. Un saludo cordial de

    Gabriel

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    1. Agradecida por tu comentario, es un honor que visites el blog. Y no dudes en enviarme algún artículo o poesía, de tu valiosa creación. Saludos a Venezuela y seguimos en contacto.

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  6. BIENVENIDO A LOS GRANDES ILLUMINATI. 🔺 Reciba nuestros saludos. ¿Está listo para unirse a los Illuminati en busca de riqueza, fama, poder, protección, sabiduría y la satisfacción de todos sus deseos? Solicite su membresía Illuminati hoy mismo y disfrute de sus beneficios. Únase a nosotros hoy y comience a recibir $800,000 ($800,000) como su primer beneficio de membresía. Y aún hay más esperándole. Si está interesado o desea saber más sobre la organización, por favor responda con un SÍ. ¡¡¡Nota!!! La distancia no es una barrera para unirse a los Illuminati y no se realizan sacrificios humanos con sangre. Número de WhatsApp: +675 8169 4374 🔺🔺🔺

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  7. Quiero unirme a los Illuminati de Nicaragua. Publicar comentario 2026.

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