Madrid.- 12 de junio de 2026
Emocionante homenaje a Alicia Llarena en Madrid
La Delegación del Gobierno de Canarias en Madrid acogió el lunes lunes, 8 de junio, un homenaje a la escritora Alicia Llarena, protagonista del Día de las Escritoras 2025. La iniciativa forma parte de las acciones del Gobierno en el marco de la Feria del Libro de Madrid, donde este año las islas han contado con caseta propia, con el fin de divulgar las letras canarias más allá de la barrera insular.
Al acto asistieron la
consejera de Universidades, Ciencia e Innovación y Cultura del Gobierno de
Canarias, Migdalia Machín, y el viceconsejero de Cultura, Horacio Umpiérrez.
Machín destacó la proyección universal de la literatura canaria y el papel
desempeñado por Alicia Llarena en la difusión de la cultura del archipiélago.
“La insularidad nunca ha sido un límite para el pensamiento ni para la
creación”, afirmó la consejera, quien subrayó además la necesidad de
reivindicar el lugar de las escritoras en la historia cultural de Canarias.
Por su parte, Umpiérrez
destacó de la última protagonista del Día de las Escritoras “su capacidad para
conmover al público a través de su obra» y confesó que “volvemos a sentirnos
emocionados al escucharla”.
La música y la poesía fueron
los ejes de un acto que combinó la lectura de una selección de sus poemas, con
la intervención artística de la actriz Sara Álvarez y el músico Yul
Ballesteros, bajo la dirección de Nacho Cabrera, al frente de Teatro La
República y Crescénica, quien articuló una propuesta para poner en valor la
trayectoria y el universo creativo de la escritora.
Les estaremos informando, todas las novedades y noticias que acontecen en esta 85ª edición de La Feria del Libro de Madrid, como uno de los eventos culturales, mas importantes de España.
*Escritores en Letras de Costa Rica: Un puente literario entre Costa Rica y España
17:30 a 18:30-Pabellón Iberoamericano- Adultos
*Contamos, reímos, cantamos y bailamos(cuentacuentos para bebés)
17:30 a 18:30-Pabellón Infantil
*Presentación de la 'Antología de cuentos taiwaneses contemporáneos' y 'Antología de la poesía taiwanesa contemporánea'
18:00 a 19:00-Taller de Ideas Biblioteca Eugenio Trías
* Taller ‘Escribir humor’ con Dario Adanti
18:30 a 20:30-Sala Polivalente Biblioteca Eugenio Trías
*Lo raro es la vida: entre la conspiranoia y las fake news con Ignatius Farray, Clara Jiménez y Noel Ceballos
18:30 a 19:30-Pabellón CaixaBank
19:00 a 19:45- Pabellón Iberoamericano-Adultos
Programa: Sábado 13
*Más allá de la épica: el humor como alma de la fantasía con Alba Zamora, C.A. Todorova y Raquel Villamil
12:30 a 13:30-Pabellón CaixaBank-Juvenil
*Presentación 'Bajo este cielo abierto'
12:30 a 13:30-Salón de actos Biblioteca Eugenio Trías-Adultos
Continuar con mas horarios y fechas en este enlace:
Actividades programadas:
Ana María López Expósito
Mito de la Diosa del Amor
Rita Hayworth (Margarita Carmen Cansino, era
hija de un bailarín español sevillano. Desde muy pequeña recibió clases de
baile) era un cóctel de emoción, música y ante todo imagen condensada en un
primer plano. Me atrevo asegurar que ella tenía la capacidad para declamar
personajes y encarnarlos con tal intensidad que trascendía la historia. Podría
decirse que interpretaba con maestría a la femme fatale, pero nunca fue un
arquetipo plano. Lo cierto es que la convirtieron en un símbolo de la
maquinaria de sueños de Hollywood, a pesar de que en pantalla era fuego; fuera
de ella, una mujer marcada por la inseguridad y el peso de la fama, aspecto en
el que pocas veces reparan los espectadores, todo esto debido a su ajetreada
vida personal y familiar. Su propio padre la obligó a que mantuviese relaciones
sexuales con él, una experiencia traumática. El crítico e historiador James
Agee subrayó que su presencia era “hipnótica”, pero también apuntó que Hollywood
tendía a encasillarla en papeles que explotaban más su imagen que su talento
dramático. Me cuesta poco imaginar un diálogo en la película de Gilda con
tintes de cante jondo: Él: —Te quise como se quiere al fuego… sin saber que
quema. Ella: —Y yo te di candela, pa’ que no me olvidaras…y me convertí en
ceniza. Él:—No pude apartarte de mi mente, en estos años. Ella: —Ni falta que
hace…si el olvido no canta como canta mi pena. Él: —Clavada en la copla queda tu
voz…. Su formación como bailarina se tradujo en una gestualidad fluida. Su
mirada profunda, rostro, facciones delicadas parecían diseñadas para el
claro-oscuro. Según la Wikipedia se destacaba de todas formas por la
sensualidad de sus movimientos, su aspecto provocativo, su extrema belleza y su
habilidad para el baile —era especialista en ballet, tap, baile de salón y
danzas españolas. Apareció en 61 películas en total a lo largo de 37 años y la
prensa acuñó el término «La diosa del amor», a su vez, la convirtieron en el
símbolo cinematográfico más elegante de la época. Sus raíces sevillanas me inspiraron
estas letras:
RITA, AROMA DE SOLEÁ
Sevilla
te rememora, /con voz clara fuego-sangre, /tierra lejana con
clavel.
/Mujer, tus días de gloria/en los espejos del cine:/brillo rojo
eres
cartel. /Difuminan los retratos, /raíces del cante jondo, /se te
queman
como incienso. /Rita Hayworth, la gardenia/del olvido te
despoja:/Gilda
llora en silencio. /No hay ni vestigio ni sombra/de
aquel
guante que posaste/en la mano de un silencio. /Sí, al dorado de
los
focos, /piel morena prisionera/tu alma es leyenda fiel. Rita siempre
fuiste
luz del deseo, donde el amor era un juego, mujer misterio,
Margarita de nostalgias. Frágil tu eternidad, hoy tu imagen aún arde en la
memoria del tiempo
como un verso que navega en cenizas de oro y viento.
*Ana María López Expósito, (Almería) es maestra, novelista, poeta, prologuista, articulista, ponente y guionista. Pertenece a la directiva de la Asociación de escritores “Sábados Poéticos” ”La nueva Barraca” de España, Coordinadora de la revista América sin Fronteras.Ha escrito varios libros, entre novelas y poemarios. Y ha obtenido también, numerosos premios literarios nacionales e internacionales.
Ferrera
o la dignidad recuperada
La indigna pasividad
demostrada por los grupos parlamentarios que tanto conforman como sostienen al
gobierno ante el torrente de escandalosos indicios y otras pruebas
palmariamente delictivas, con que las investigaciones judiciales han ido
sobresaltando, durante estas últimas semanas, a la nación, sumadas a las
boberías argumentadas, tras cada escándalo, por señalados ministros e incluso
por su cada vez más aborrecido presidente, han ido esparciendo entre los
ciudadanos —quizá, con más hondura, entre sus antiguos simpatizantes— un íntimo
y desolado sentimiento de desdicha patria. No es algo nuevo por estos parajes;
básteme recordar aquella terrible sentencia de Cánovas del Castillo de «español
es quien no puede ser otra cosa» o la culpable asunción, durante centurias, de
esa tergiversación siniestra llamada la Leyenda Negra, por señalar algunos
socorridos ejemplos. Pero en este instante, a un paso de introducirnos en la
Galaxia Digital, que supondrá, según síntomas, una nueva era para la humanidad,
cuesta creer el retorno de esta amarga verecundia nacional; pero es así, o así
lo percibo. Y en absoluto por leerlo en los más ecuánimes comentaristas
periodísticos, sino por escuchar al vuelo en este o aquel comercio, o durante
la espera de un semáforo, o entre la cola del autobús: «¡qué vergüenza!; ¡esto
en Europa no pasa!»
Y con este agrio runrún
entre pecho y espalda me senté, hace un par de domingos, en uno de esos
tendidos entre sol y sombra, para abstraerme con la envestida de los ariscos e
infatigables saltillos de Adolfo Martín; tal vez la ganadería que, por algunas
variadas y hasta sorprendentes vicisitudes, más haya contemplado lidiar —ojo,
porque a estos toros se los lidia; lo de torearlos ya es un anhelo de
cuadrillas y público escasamente cumplido— en Las Ventas.
Entre mis vecinos de asiento
aún se comentaba la elegancia dejada, hacía ocho días, por Sebastián Castella,
con el cuarto de Victoriano del Río, la faena, hasta esa tarde, de la isidrada.
Pero he aquí que no siendo de la misma índole nos aguardaba el prodigio y por
partida doble.
La cosa comenzó según se
adivinaba cuando se trata de los adolfos: una sucesión de duelos entre el pavor
y la astucia. Tal lo cumplió Volador al abrir corrales, quien salía de cada
pase sacando del cacho a Antonio Ferrera; incluso diría que quién toreaba era
el toro, codicioso de cada terreno y a cada momento más avisado y buscador del
bulto. Como quiera que lo del engaño no regía para él, aquello acabó con tres
pinchazos y una media al borde de atravesada. Y eso que si alguien está ducho
con los cárdenos de Adolfo Martín, es Ferrera, que se encerró, aquí mismo, con
seis de ellos en octubre de 2021.
De modo que todo transcurría
según lo previsto: más peligro y susto que detalle y exquisitez. Y el tercero
cumplió con cuanto se pronosticaba y empitonó, durante un triple revolcón, a
Paco Ureña. Con el grito en los tendidos y alzado por su cuadrilla, Ureña se
resistió a dejar el ruedo, y aun sangrando por el muslo izquierdo, se despachó
con una media estocada y descabello para, contra su cojera, cruzar los medios
hacia el portón de la enfermería, solo y admirable. Aquel gesto de hidalguía
cambió la tarde. Así lo sentía el público atiesando la compostura, y así lo
entendió también el maestro de lidia, Antonio Ferrera. Ahora le tocaba
demostrarlo si el cuarto se lo permitía. Y se lo permitió o lo derrotó, pero no
en un poder a poder pericioso y temerario; al contrario, con tres tandas de
muleta de mano baja que exaltaron a la plaza y una fulminante estocada
recibiendo, que puso al respetable en pie. Hubiesen caído no una, sino las dos
orejas, de no mediar un pinchazo previo.
Pero a Ferrera aún le
quedaba poner la plaza boca abajo; sería con el sexto, el segundo de Paco
Ureña, herido y en el quirófano. Lo recibió con verónicas apremiadas que
apuntaron que había faena, y Ferrera, para asombro de la concurrencia, pues no
se conocía tal en Las Ventas, tomó la montura del picador y le arrimó las dos
varas para sublevar el entusiasmo en la grada y, sin receso y de un salto,
todavía alcanzó a sacarle tres chicuelinas antes del cambio de tercio; aquello
fue el acabose. Para que el fervor no decayera, le brindó el toro al ausente
Ureña y se fajó —está vez, sí— en un poder a poder sometedor y esforzado, hasta
que llegó el momento de la espada. Fue en los medios y concediéndole mucha
distancia al grisote de Adolfo Martín para clavarle, sobre el trote, una
estocada cumbre y de nuevo recibiendo. La plaza desbaratada y en pie, la
segunda oreja en la talega y la puerta grande de par en par.
Y al pisar la acera, entre
aquellos rostros entusiasmados, tras haber revivido con un toreo sin remilgo de
truco y con el valor por delante, me di cuenta que Antonio Ferrera nos había
devuelto, al menos a quienes lo presenciamos, una porción de esa dignidad
burlada, con un descaro bochornoso y una pachorra abyecta, por toda esa tropa
de diputados. ¿Y acaso merecen tal magistratura quienes eluden su deber con el
pueblo y con sus propias conciencias? En efecto; penosa cuestión que hoy
sobrevuela España, ante la que el triunfo de Antonio Ferrera no resulta, a
pesar de su modélica honradez, sino un fugaz consuelo.
Artículo publicado por el
"Imparcial" el lunes 08 de junio de 2026
*Gastón Segura, es licenciado en Filosofía por la
Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos
trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.
La
ingente tarea del Ser
El lector hallará aquí a
personajes diversos, extraídos de múltiples flancos y contextos, del ayer y del
presente, y todos ellos confluyen, desde sus perfiles y aportes, en una suerte
de amalgama dialéctica
Leí
hace pocos días un libro interesante, que me ha dejado inquieto, porque es de
esas obras que guardan en sus entrañas más de que lo que muestran o entregan de
manera explícita, se trata de En busca de los hombres. Ante los ojos de la
historia (Vía Directa Ediciones, 2026), de Roberto Carlos Mirás Mirás, y si
quisiera transmitirles con certeza y precisión de qué trata, creo que con el
epígrafe que trae me bastaría: “Hay tres grandes misterios de la vida. Para el
pájaro, el aire. Para el pez, el agua. Para el ser humano, él mismo” (Dicho
tradicional budista).
En
otras palabras: este libro trata del papel del ser humano en la historia, así
pues, Mirás se da a la compleja tarea de buscar aquí y allá todo aquello que lo
lleve a intentar comprender a su objeto de estudio, pero no se contenta con
detenerse en lo obvio, o enfocarse en lo que está en la cubierta, o en lo que
yace ante nuestros ojos, sino que echa mano de la religión, de la filosofía, de
la sabiduría ancestral y hasta de la teoría ovni y extraterrestre, para cumplir
su cometido, y su foco es, precisamente, su mirada plural, multidisciplinar y,
si se quiere, caleidoscópica (aunque a veces necesariamente maniquea): indaga
en todo aquél (o aquello) que haya dado su aporte a una humanidad muchas veces
desconcertante y cruel, y que este legado deje en cada uno de nosotros esa
inquietud de la que hablaba en el primer párrafo y nos empuje a llevarnos la
mano al mentón, detenernos por instantes a reflexionar, hurgar en nuestro
interior y proseguir en la búsqueda.
Por
supuesto, muchos dirán que un título taxativo como En busca de los hombres,
está desfasado, en un mundo en el que lo genérico se disgrega para otorgarle a
la naturaleza humana una pluridimensionalidad que va más allá de la sexualidad
y de las formas, pero entiendo que el autor no desea caer en la dicotomía
hombre-mujer, que hoy no es tal y se hace “líquida” (para usar un vocablo de
moda), y se pierde en un sinnúmero de gradaciones que harían ininteligible un
discurso que pretende ser certero o aproximativo a la realidad primigenia del
Ser, hoy agotada desde miradas que solo buscan congraciarse y hacerse
pertinente en un “ahora” sin sustancia y sin esencia, y que amenazan con la
disolución total.
Estos
“hombres”, que son entendidos por el autor como influyentes, han empujado la
historia hasta nuestros días, y es por ello que en estas 274 páginas aparecen y
desaparecen nombres, nociones y hechos y no hay, a mi entender, un continuum,
ni mucho menos un orden clásico en la estructura del libro (amén de los
capítulos), sino que su estructura es aleatoria y propia, algo así como un caos
cuyos choques de partículas traen consigo reflexiones, muchas de ellas ya
conocidas, otras menos expuestas, pero que intentan despertar en el lector unas
ansias que vayan más allá de lo meramente anecdótico y retórico, para hacerse
en sí mismas puntos de partida para un pensamiento propio, que congregue y
disgregue a la vez, que impele a seguir el derrotero, que busque más allá de lo
aparente para adentrarse en la densidad del existir.
El
lector hallará aquí a personajes diversos, extraídos de múltiples flancos y
contextos, del ayer y del presente, y todos ellos confluyen, desde sus perfiles
y aportes, en una suerte de amalgama dialéctica, en la que la contradicción
suscitada desde el haz y el envés de cada uno de ellos, haga de la parte un
todo y del todo la parte, y que tal ejercicio del intelecto y la razón (sin
más, filosófico) nos permita la reflexión ontológica, la comprensión profunda
de la existencia como noción multiforme, que empuja nuestro derrotero hacia
ámbitos sapienciales que nos humanizan en una dinámica de transformación
histórica.
Tal
ejercicio (frenético y muchas veces desaforado y oceánico), suma en cada uno de
nosotros atisbos de verdad que anhelan sabiduría, y desde esta posición el
conocimiento se hace más certero, porque trae consigo el cotejo entre lo físico
(como realidad posible) y lo inasible (como realidad anhelada), lo profundo y
lo que está a flor de piel, y por este contraste, que no resulta nada fácil
para la mente no organizada, acostumbrada a recibir todo desde afuera sin pasar
por un tamiz, se estructura una obra inclasificable, fuera de todo precepto,
que puede ser leída sin la prosecución tradicional de comienzo a fin, sino que,
como en una suerte de oráculo, que contiene pistas que nos llevan desde un eje
aglutinador espiritual-mental-intelectual a la búsqueda del hombre (que es en
sí misma la del Ser), podamos acceder desde cualquier punto sin perdernos del
contexto.
Por
estas páginas, que conjuntan múltiples referencias y lecturas, se pasean
personajes tan icónicos como Jesús de Nazaret, y otros más antiguos aún (los
filósofos griegos), pero estas cumbres no son más que meras excusas para dejar
ver la aspiración humanista del autor (y esto no es retórica: Mirás echa mano
de la historia, la religión, la filosofía, la literatura, la geopolítica y la
cultura con una ambición y una naturalidad que llaman poderosamente la
atención), su sed de comprensión de la existencia y sus ansias de completitud
en el ahora, nos invitan sin orden ni concierto, y con un lenguaje diáfano, a
reflexionar sobre la vida y sus circunstancias, a entender que somos más que
meros caprichos de la genética y la evolución, sino también seres ganados a un
infinito, que luce muy lejano, transijo, pero que desde la apertura de los
sentidos, de la mente y del espíritu, podamos aspirar a la ingente tarea de ser
más de lo que estamos llamados a ser.
*Escritor
y académico venezolano
Gabriel Jiménez Emán
Algunos
textos breves de Franz Kafka
(En
otro aniversario luctuoso de Kafka)
“La construcción” es sencillamente la
descripción de un laberinto: pasillos, galerías, rincones, habitaciones de un
inmenso edificio donde siempre hay alguien cavando; la construcción de un
espacio siniestro para perecer de inanición; el proceso de edificación del
monumental edificio revela su propio sinsentido: llegado un momento se tiene la
sensación de que la obra jamás fue instalada con vistas a la defensa, mejor
dicho, “la atención se temía pero el peligro del ataque y por tanto la
preparación de la defensa parecían lejanos.” Uno de los trabajos más
laberinticos, absurdos y hostigantes de Kafka, donde la sensación de nada o
vacío se instala en el relato de un modo casi intolerable.
Lo
opuesto al anterior relato en el sentido de construcción lo tenemos en “La
muralla china” donde se registra de modo pormenorizado cómo fue y a qué
respondió la mayor edificación que se ha llevado a cabo en la humanidad en toda
su historia; en efecto, se trata de un relato magistral donde Kafka no parece
dejar nada por fuera; el estudio histórico que realiza, a la par de su
seguimiento de ingeniería, esfuerzo humano, significación cultural, portento
bélico y táctico, metidos en un texto donde se lleva a cabo un estudio casi
psicológico de la conciencia del pueblo chino y sus emperadores, a la vez que
nos inserta de nuevo en el origen de las guerras y contiendas que lleva a cabo
la humanidad para defenderse, y a la vez imponer su poderío. Pieza clave de
otra de las obsesiones kafkianas, la cual he destacado al inicio de mi trabajo
sobre El castillo.
“Un
artista del hambre” y “Un artista del trapecio”.
En
el primero, el personaje que ayuna de manera permanente se presenta como si
fuese normal, como si su condición fuese un espectáculo cotidiano, como si el
hambre que padecen las personas, los ciudadanos, puedan sobreponerse por sí
solos a su debilidad, y hasta pueden “cantar” mientras dura la guardia para
distraer a los vigilantes, quienes “se admiraban de su habilidad para comer
mientras cantaban”.
Se
trata de una de las sátiras extremas de Kafka. Pareciera aquí que el escritor
retrata a la gente humilde del pueblo que puede tolerar el hambre hasta límites
insospechados; incluso después de morir. A este artista lo entierran bajo un
pajar en el circo, y lo sustituyen pronto con una joven pantera.
En
“Un artista del trapecio” aparece la fuerza muchísimo más sutil de alguien que
permanece día y noche en el trapecio, como una muestra de la cuasi esclavitud
al empresario circense que le contrata: el trapecista siempre está solo y hasta
pudiera vivir tranquilo, de no ser por los viajes del circo, que le importunan.
Pero
en el tren habían conseguido un departamento especial para él, hasta que un día
le reclama al empresario que necesita dos trapecios. El empresario está de
acuerdo y el trapecista se echa a llorar de pronto. ¿Por qué?
Después
de ser consolado por el empresario, que da la orden inmediata de conseguir el
segundo trapecio, éste no está del todo convencido. ¿No irán a intensificarse estos
sentimientos con el tiempo? Sí, en efecto, el trapecista había comenzado a
envejecer: el empresario advierte una gran arruga en sus ojos. A las claras,
Kafka indica la relación trabajador-jefe, la explotación de un artista ya viejo
en una empresa, la necesidad de ser convertido en espectáculo cotidiano; idea
que Kafka desarrollaría en el ya citado “Un artista del hambre.”
“Preparativos
de boda en el campo” es una obra también fragmentaria (escrita en el año 1906)
anterior a los textos que conforman Un médico rural donde el protagonista,
Raban, parece no querer a su novia y hasta siente aburrimiento por la boda que
pronto va a efectuarse; mira todo de manera plana, no hay ninguna emoción
particular en sus observaciones ni palabras, es como un ojo que pasa impasible
sobre las cosas para detallarlas, sin que importe el trasfondo de los
acontecimientos, de los preparativos que se arman para el matrimonio con su
novia, una mujer entrada en años. Aparece aquí la imagen de un coleóptero que
puede ser vista como antecedente del insecto en La metamorfosis cuando leemos:
“Tengo,
tal y como estoy en la cama, la forma de un gran coleóptero, la forma de un
siervo volante, o de un abejorro, creo. (…) Un coleóptero de gran tamaño, sí.
Yo
hacía como si se tratara de un letargo invernal y apretaba las patitas contra
mi abombado cuerpo... Y murmuro un pequeño número de palabras, son instrucciones
a mi triste cuerpo, que está de pie muy cerca de mí, inclinado. Pronto he
terminado: él hace una reverencia, se marcha de prisa y todo lo llevará a cabo
inmejorablemente mientras yo descanso en la cama.”
La
lectura de los textos breves de Kafka fue siempre para mi algo alentador, un
estímulo para mi propio hacer, para mi vocación. Siempre lo percibí como a
alguien que nos estaba hablando en un solo idioma: no en alemán o castellano,
francés o inglés, sino en un lenguaje humano universal que atravesaba y
atraviesa todas las barreras geográficas y nuestras diferencias culturales o
históricas, para sembrarse en nosotros mediante una lengua plena de mundos, de
universos complejos muy complicados o inciertos, llenos de dudas e
interrogantes, pero también de una inteligencia profunda que habla a la
sensibilidad y al conocimiento al mismo tiempo, revelándonos nuestras
carencias, quiebres, fallas y derrotas, pero pleno también de los secretos que
nos alientan desde otras realidades más hondas y desde una escritura
meticulosa, dotada de una fantasía ceñida, certera en sus apuestas humanas,
inaudita en su capacidad de hacernos ver nuestra propia humanidad.
*Gabriel Jímenez Emán, es escritor, narrador, poeta, ensayista, compilador y traductor venezolano, destacando más en el ámbito de la narrativa y la poética, la cual ha sido traducida a varios idiomas y recogida en antologías latinoamericanas y europeas.
Les estaremos informando, todas las novedades y noticias que acontecen en esta 85ª edición de La Feria del Libro de Madrid, como uno de los eventos culturales, mas importantes de España.
“Existe
interés por la diversidad, calidad y vitalidad de la literatura canaria”
La consejera de Cultura, Migdalia Machín, y el viceconsejero, Horacio Umpiérrez, visitan la caseta ‘Canarias’, dedicada a la producción literaria del archipiélago
Hacía más de 20 años que el
Gobierno de Canarias no tenía una caseta propia en la Feria del Libro de
Madrid, uno de los expositores más importantes de las lenguas hispánicas. La
consejera de Universidades, Ciencia e Innovación y Cultura del Gobierno de
Canarias, Migdalia Machín, y el viceconsejero de Cultura, Horacio Umpiérrez,
han acudido al stand ‘Canarias’, situado en el número 431 de la Zona 21C del
Bloque de Gremios y Asociaciones de Editoriales.
“Después de más de dos
décadas, Canarias vuelve a contar con una caseta oficial en la Feria del Libro
de Madrid”, destacó Machín. “Recuperamos un espacio que nos permite dar
visibilidad al talento creativo de nuestras islas y acercar nuestras letras a
nuevos lectores. Lo hacemos en un momento especialmente positivo para la
literatura canaria, con una amplia representación de editoriales, autoras y
autores que reflejan la diversidad, la calidad y la vitalidad de nuestro
panorama literario. La acogida está siendo muy positiva y demuestra que existe
interés por conocer la literatura que se escribe y se edita en Canarias cuando
cuenta con oportunidades para proyectarse y llegar a más personas”.
Por su parte, Horacio
Umpiérrez ha destacado cómo esta gran cita madrileña “constituye uno de los dos
encuentros más importantes de la literatura en este país. Hemos vuelto con el
objetivo de poner este espacio a disposición del gremio de editores. Por ahora,
está siendo todo un éxito: el público lo está acogiendo muy calurosamente”.
Con la colaboración del
gremio editorial canario, esta edición reúne cientos de títulos procedentes de
una quincena de editoriales de todo el archipiélago, así como obras de cerca de
medio centenar de autores canarios. Entre las figuras participantes destacan
las escritoras Lana Corujo y Alicia Llarena, dos voces de referencia en el
panorama literario actual.
*El pasado domingo 7 de junio en Madrid: concierto de Bad
Bunny, visita del papa León XIV, elecciones a la presidencia del Real Madrid y
un calor que invitaba más a refugiarse bajo cualquier sombra antes que recorrer
la Feria del Libro de Madrid.
Pero pese a que la actualidad parecía pretender
contraprogramar desde las primeras luces del día, y de las sospechas de
posibles problemas de movilidad, cortes de tráfico y aglomeraciones, esa suerte
de apocalipsis logístico que vaticinaban no ha sido tal.
Eso sí, la Feria ha vivido su segundo domingo con menos
visitantes de los esperados. Un rápido trabajo de campo a pie de caseta
permitía detectar los efectos de la visita del pontífice en las ventas: lo que
se ha vendido con mayor alegría han sido encíclicas, su biografía, libros relacionados
con la patrística y biblias para niños en cartoné.
El humor volvió a ser uno de los grandes protagonistas del día y en esta ocasión como una manera de hacerse escuchar y de encontrar un lugar propio en el mundo.
Reirse en serio
Jonathan Coe aportó una perspectiva distinta a la conversación sobre el humor de la jornada del domingo. El escritor británico recordó que la tradición literaria inglesa siempre ha concedido un lugar destacado a la comedia. Para Coe, el humor no es incompatible con la ambición literaria ni con la reflexión política.Al contrario. Muchas de las situaciones
que inspiran su escritura nacen precisamente de la incongruencia y el absurdo
del presente. «Un escritor debe estar en el medio del mundo», afirmó,
reivindicando una literatura capaz de acompañar al lector, desafiarlo y
ayudarle a comprender una realidad cada vez más fragmentada.
Desde escenarios muy distintos, las conversaciones del domingo parecieron coincidir en una misma intuición: una carcajada puede hacer algo más que provocar diversión. Puede convertirse en una manera de acercarse al otro. Y, en ocasiones, en la herramienta más eficaz para desarmar una diferencia que nunca estuvo en quien la sufría, sino en la mirada de quien la observaba.
Fotos © Gustavo Valiente
Programa: Miercoles 10 de junio
*Ciclo 'Iberoamérica, un libro abierto': Taller Macondo
sí tiene quien le escriba
11:00 a 12:30-Pabellón Iberoamericano
* Presentación de Getafe Negro
12:30 a 13:30-Pabellón de la Comunidad de Madrid
*Letras Aragonesas en Madrid
12:30 a 14:00-Pabellón CaixaBank
*Presentación del libro: Herencia Oculta, de Julieta
Deossa
13:00 a 15:00 – Caseta del Libro- 258- 259- Bloque 30B
*La Cabina del Libro con: Joaquín Reyes
17:30 a 18:00-Espacio Talento a Bordo
*Encuentro con los Parques Nacionales Españoles: su
historia a través de una mirada colectiva
18:00 a 19:00-Casa Árabe
Ver mas la Programación y Firmas:
https://ferialibromadrid.com/firmas/
y enlace para las actividades programadas:
*De
la razón al espectáculo: anatomía del poder y la Europa contemporánea
Lunes 8, 2026 – hora: 19:00 a 20:30 - Pabellón Europa
Una conversación que propone
reflexionar sobre la deriva de la política hacia la lógica del espectáculo.
Desde una perspectiva europea, ambos analizan cómo el poder contemporáneo se
apoya cada vez más en la representación, el exceso y la simplificación, debilitando
el espacio para la razón y el pensamiento complejo.
Lejos de la polarización, se
trata de pensar Europa como espacio de pensamiento y de convivencia, de crítica
inteligente y entendiendo los complejos mecanismos sociales que la componen.
Europa es ese espacio donde el Parlamento Europeo debate en 24 lenguas
oficiales, donde la política debería ser, por excelencia, el espacio del matiz,
del diálogo y de la complejidad. Un espacio de complejidad a reivindicar frente
al fenómeno de un poder que ya no argumenta.
Participan: Phillipe Claudel
, Pino Aprile
Moderado por: Jordi Gracia
*
Homenaje a Alicia LLarena-Presentación
del libro "Tiempo de ciruelos y adjetivos" y representación del
espectáculo basado en su obra poética "El fulgor de lo efímero".
Lunes 8, 2026 – hora: 19:00 – Delegación del Gobierno de Canarias en Madrid- Calle Fernanflor 8, Madrid
El evento contará también con la presencia de la consejera de Universidades, Ciencia, Innovación y Cultura del Gobierno de Canarias, Migdalia Machín.
*Presentación del libro 'Las Mareas que me habitan' de Patricia García
Lunes 8 de junio -10:30 a
11:30- Pabellón CaixaBank
*
Calicó, la gata callejera. ¿Cómo se hace un libro?
Lunes 8 de junio-11:00 a 12:00-
Pabellón Infantil
*Presentación
de Don Quixote Express (teatro) & 'Cuando llega la nube' Gracia Texidor
Lunes 8 de junio - 17:30 a
19:00-Taller de Ideas Biblioteca Eugenio Trías- Adultos
*El
humor en Jane Austen: un homenaje a la escritora en el 250 aniversario de su
nacimiento
Lunes 8 de junio -18:30 a
19:15 -Pabellón CaixaBank
*La
risa es un estallido: lecturas en voz alta y muestras performáticas
Lunes 8 de junio-19:00 a
20:30- Casa de Vacas
*
Ciclo 'Iberoamérica, un libro abierto': Derechos culturales: cómo fortalecer el
sector editorial a partir de los derechos de las personas creadoras
Lunes 8 de junio - 20:00 a
21:00- Pabellón Iberoamericano
*
Jane Austen: ella, las autoras de su tiempo y su influencia en retellings y
variaciones de su obra
Lunes 8 de junio - 20:00 a
21:00 - Espacio Talento a Bordo-Adultos
Madrid.- 05 e Junio de 2026
Les estaremos informando, todas las novedades y noticias que acontecen en esta 85ª edición de La Feria del Libro de Madrid, como uno de los eventos culturales, mas importantes de España.
En ‘La risa enlutada’, Marta Sanz, Miguel Ángel Hernández y Jon Bilbao exploraron la relación entre el humor negro, el dolor y los límites de lo decible.
Lejos de entender el humor como una forma de borrar la tragedia, los participantes reflexionaron sobre su capacidad para acercarse a ella desde otro lugar. Miguel Ángel Hernández defendió que la transgresión no elimina el tabú, sino que lo suspende durante un instante para permitirnos cruzarlo y observarlo. Marta Sanz recordó que el humor también puede servir para señalar aquello que no funciona en la realidad.
La conversación dejó una idea especialmente sugerente: el humor negro tiene su propia cronología. Hay un momento para quien sufre una tragedia y otro para quien la observa desde fuera. Hay heridas que admiten la risa como alivio y otras que la convierten en una forma de incomodidad o de denuncia. No todo el humor negro busca consolar. A veces también busca obligarnos a mirar.

Un bocadillo al día: el humor de actualidad con Adela por dios, Riki Blanco, KAP y Mauro Entrialgo.Esa complejidad reapareció durante ‘Un bocadillo al día: humor de actualidad’, donde Adela por Dios, Riki Blanco, Kap y Mauro Entrialgo reflexionaron sobre el oficio de transformar la actualidad en viñetas. La pregunta parecía sencilla: ¿es más difícil hacer reír o hacer pensar? Las respuestas dibujaron un territorio mucho más amplio que la carcajada. Riki Blanco reivindicó un humor capaz de confrontar y descolocar. Adela por Dios habló de esa satisfacción intelectual que produce una idea brillante incluso cuando no provoca una risa inmediata. Kap recordó que el humor también debe adaptarse al momento social y acompañar el ritmo emocional de la sociedad. Entre todos acabaron perfilando una idea compartida: el humor no siempre persigue la risa. A veces busca la reflexión. Otras veces la ternura. Y, en ocasiones, simplemente ofrece una nueva manera de mirar lo que tenemos delante.
Madrid.-
El
Gobierno de Canarias participa en la Feria del Libro de Madrid
La
programación arrancó con una mesa redonda ‘Publicar desde Canarias’, sobre el
sector editorial en el archipiélago
El Gobierno de Canarias
regresa a la Feria del Libro de Madrid con una caseta propia y diferentes
actividades para divulgar la diversidad de nuestra literatura insular. Bajo el
nombre de ‘Canarias’, el stand, situado en el número 431 de la Zona 21C del
Bloque de Gremios y Asociaciones de Editoriales, ofrece a los visitantes la
oportunidad de descubrir una amplia representación de voces, obras y
editoriales canarias, contribuyendo así a la proyección nacional e
internacional de la creación literaria de las islas en uno de los principales
escaparates del sector editorial.
Con motivo de la
inauguración, el pasado viernes 29, se celebró la mesa redonda ‘Publicar desde
Canarias’, en la que participaron Lana Corujo, Víctor Álamo de la Rosa, Rubén Acosta,
Nauzet Pérez y Jorge Liria, junto a la editora María José Alonso.
Además, como parte de la
programación, la Delegación del Gobierno de Canarias en Madrid acogerá el
próximo 8 de junio, a las 19:00 horas, un recital poético-musical en torno a la
figura de la escritora Alicia Llarena. El evento contará también con la
presencia de la consejera de Universidades, Ciencia, Innovación y Cultura del
Gobierno de Canarias, Migdalia Machín.
FIRMAS
Alba Quintas- Premio SM Gran Angular
'LA CUARTA VIDA DE BLANCA
CUERVO'
Sábado, 6 de junio- De 12 a 14 h. de junio - Caseta 109
(Editorial SM)
Enlaces:
https://ferialibromadrid.com/firmas/
y enlace para las actividades programadas:
Taller:
‘Cómo se hace un libro de investigación’
Sala
Polivalente Biblioteca Eugenio Trías
El Máster de Periodismo de
Investigación de la Universidad Rey Juan Carlos, El Confidencial, PEN España,
la editorial Dahbar y la librería Primera Página convocan la segunda edición
del Taller “Cómo se hace un libro de Periodismo de Investigación”, liderado por
Antonio Rubio, periodista, escritor, editor, doctor y director del posgrado.
Participan: Antonio Rubio
(periodista, escritor, editor, doctor y director del posgrado ), Gerardo Reyes
(periodista y escritor) , Santiago Torres (ex-magistrado y asesor legal de la
Asociación de Periodistas de Investigación -API-), Sergio Dahbar (director de
la editorial Dahbar), Miguel Ángel García, Tamara Crespo, Enrique Yeves
*Martes
2 de junio - 11:00 a 12:00- Adultos
Premios
UNED: Fallo del XXXVII Premio de Narración Breve, VIII Premio de Poesía y V
Premio de Jóvenes Escritores
Pabellón
CaixaBank
El jurado del XXXVII Premio de Narración Breve
de la UNED dará a conocer el fallo del premio. Se anunciará también el poemario
ganador del VIII Premio de Poesía de la «Facultad de Filología». Además, se
dará a conocer el fallo del V Premio de Jóvenes Escritores.
Participarán, entre otros,
el rector de la UNED, Ricardo Mairal Usón, la vicerrectora de
Internacionalización y Multilingüismo, Laura Alba Juez, y el decano de la
Facultad de Filología, Rubén Chacón Beltrán
Participan: Ricardo Mairal
Usón, rector de la UNED, Laura Alba Juez, vicerrectora de Internacionalización
y Multilingüismo , Rubén Chacón Beltrán, decano de la Facultad de Filología
*
Martes 2 de junio – 11:00 – 12:00
Infantil
Europa
Ilustra para coles: el humor en el cómic
Pabellón
Europa
Miila Westin, la
representante finlandesa en la muestra Europa Ilustra, de la red EUNIC Madrid,
imparte un taller para niños.
Este taller se centra en
dibujar personajes de cómic y crear historias visuales. Dibujaremos pequeñas
historias, personajes divertidos y reflexionaremos sobre cómo dibujar cosas
graciosas. ¿Qué hace que un cómic sea divertido? ¿Qué nos parece divertido leer
o dibujar, y por qué?
* Martes 2 de junio - 18:00-18:45- Adultos
Presentación
proyecto: Centenario de la Generación del 27 – Ministerio de Cultura
Pabellón
CaixaBank
La sesión se abrirá con la
intervención de María José Gálvez, directora general del Libro, que presentará
la Comisión Nacional del Centenario de la Generación del 27, exponiendo sus
principales objetivos, líneas de trabajo e iniciativas conmemorativas. A continuación,
las poetas y profesoras universitarias Ana Merino (VIU) y Julia Barella
(Universidad de Alcalá) dialogarán sobre la vigencia de la Generación del 27 en
la actualidad, abordando su relevancia para lectores, estudiantes y amantes de
la poesía. El acto culminará con un cierre artístico a cargo de Pablo
Benavente, poeta y voz destacada de la poesía oral contemporánea, que ofrecerá
un recital de poemas del 27.
* Martes 2 de junio - 20:00 - 21:00- Adultos
Mirar
al abismo (y caerse en él) con Sofía Balbuena, Daniel Saldaña París y Julián
Herbert
Pabellón
Iberoamericano
No se trata tanto de la
adicción como tema literario, sino de la forma que adopta: retorno, repetición.
Tiene que ver con el tiempo, con el cuerpo y, sobre todo, con el yo. Escribir
sobre ella es menos una confesión que un ejercicio de revelación: el intento de
conocer ese yo que se desintegra, se emborrona y duda incluso de su propia
presencia.
Participan: Julián Herbert,
Sofía Balbuena, Daniel Saldaña París
Moderado por: Carlos Pardo
FIRMAS:
* Martes 2 de junio - 19:30- 20:45
Caseta Planeta- 269- Bloque 29B
Herencia oculta, de Julieta Deossa
* Martes 2 de junio - 11:00 - 13:00
Grupo Editorial Sial Pigmalión- Caseta 138

Varias obras de Ana Ortega Romanillos
https://ferialibromadrid.com/firmas/
y enlace para las actividades programadas:
La Gatera Press
Les estaremos informando, todas las novedades y noticias que acontecen en esta 85ª edición de La Feria del Libro de Madrid, como uno de los eventos culturales, mas importantes de España.
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| Fotos: LaGateraPress |
Se ha inaugurado la 85.ª Feria del Libro de Madrid, el viernes 29, en una jornada marcada por el calor a 33 grados, con la visita inaugural de la reina Letizia, y autoridades de la institución, que recorrieron varios espacios del Paseo de Coches del Parque del Retiro.
Esta edición esta dedicada al tema del humor.
Hasta el 14 de junio, la Feria del Libro de Madrid desplegará una programación cultural atravesada por el humor, eje temático para esta edición. Escritores/as, ilustradores/as, periodistas, humoristas gráficos/as, autores/as de cómic y creadores/as de distintas disciplinas reflexionarán sobre la ironía, la sátira, el ingenio y el humor como formas de creación y de lectura crítica de la realidad.
La programación reunirá a algunas de las voces más
destacadas de la creación contemporánea, entre ellas Jonathan Coe, Maitena,
Liniers, Bob Pop, David Safier, Kevien Johansen, Eva Hache, Edu Galán, Flavita
Banana, Camila Sosa Villada o Leila Guerriero, entre otros.
Participan este año, 366 casetas, editoriales 220 , librerías
118,y distribuidoras 16
La firma de los autores, es uno de los momentos mas
atractivos para acercarse y conversar, con sus escritores favoritos.
Adjunto el enlace para el día de las firmas:
https://ferialibromadrid.com/firmas/
y enlace para las actividades programadas:
https://ferialibromadrid.com/programacion/
* Miguel Pang es ilustrador del cartel y reside en Barcelona.
Gastón Segura
Políticos de ida y vuelta
Desde niños nos enseñan que,
estando de visita, debemos comportarnos de forma más decorosa y prudente que la
exhibida en nuestra casa, pero a la señora Díaz Ayuso, tal vez mal aconsejada o
tal vez eufórica por el pródigo agasajo de sus anfitriones, se le olvidó y
practicó en México un descaro que, si bien encuentra buena acogida aquí, sentó
a rayos a las autoridades de allá; al punto que debió interrumpir, de forma más
bien intempestiva, su tournée por aquellas tierras. Un lastimoso incidente
tanto para México como supongo que para la propia presidenta de la Comunidad de
Madrid, aunque no se avenga a admitirlo o lo haga a regañadientes. Y no me
extraña, porque es una fea y extendida costumbre entre nuestros actuales
dirigentes, aun sabiendo que reconocer los errores, templa el carácter y
sosiega la conciencia.
No obstante; este lamentable
patinazo de Díaz Ayuso donde menos debiera escandalizar es en México, cuya
historia como república no es sino un cúmulo de truculentos excesos: dos
emperadores fusilados, un par de invasiones de potencias extranjeras, una
revolución que, entre corrido y corrido, dejaba un rastro de matanzones y
canalladas, y posteriormente, una sucesión de crueles abusos que han abocado,
en nuestros días, en ese espanto impuesto, en muchos de sus Estados, por los
narcos. Pero si de todos estos desmanes hay uno que a los españoles nos suele
resultar desconocido, es la Guerra de los Cristeros, de la que, en agosto, se
cumplirá el centenario de su estallido.
Curiosamente, aquella insurrección, bajo la proclama de «¡Viva Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe!», duró, con la intermitencia de un frágil armisticio disfrazado de amnistía, casi tres lustros —o sea; el doble que la célebre Revolución—; aunque sus causas, apenas las indagamos, nos remontan al gobierno de Benito Juárez, allá por 1859, cuando al incautar los bienes eclesiásticos y promulgar las secularizadoras Leyes de Reforma, el Vaticano rompió sus relaciones diplomáticas para los siguientes ciento treinta años. Naturalmente; tal gesto germinó un anticlericalismo gubernamental y liberalote, acrecentado tanto durante el Porfiriato como en la Revolución. Pero no sería hasta la Constitución de 1917 cuando quedó palmariamente sancionado, al restringir ciertas ceremonias, acotar el número de sacerdotes, expropiar más bienes y otros derechos eclesiásticos, y hasta expulsar a las ordenes monásticas. Con todo y pese a que el presidente Plutarco Elías Calles había alentado la fundación de una iglesia nacional mejicana en 1925, la revuelta de los cristeros no prendió hasta agosto del año siguiente cuando, promulgado un nuevo Código Penal, la república mejicana disponía por fin de los instrumentos para aplicar aquellas anticatólicas disposiciones constitucionales a lo largo de su extensísimo y dispar territorio. Así se alumbró un trienio sangriento —al que escaparon solo los Estados norteños y la península del Yucatán—, que devoró más de doscientas mil vidas entre el ejército regular y sus oponentes, un fervoroso gentío de humildes campesinos. Y aunque se llegara en 1929 a un supuesto acuerdo entre ambas partes, pues continuó el furtivo asesinato de cristeros, de nuevo Calles, en 1934, ya no como presidente, sino como gran manejero de la república desde su jefatura del partido institucional, lanzó el Grito de Guadalajara, donde exigía una educación «socialista». Otra vez se alzaron los Estados centrales del Pacífico, aunque sin la misma potencia y practicando un combate más bien montuno y de emboscada, cuyos más perjudicados fueron los maestros estatales, mutilados y hasta linchados. Aquella lucha de partidas fue languideciendo a partir de 1939, tras un entendimiento entre el obispo de México y el presidente Cárdenas, y al filo de 1940, quedó sofocada. Aún así, este segundo rebrote se cobró otras tres mil almas y una ingente cuenta de sevicias.
Sin embargo, todo este
conflicto ha tenido, contra lo sucedido con la Revolución, una parca huella
literaria; tal vez porque los mismos mejicanos hayan querido orillarlo, si no
ya silenciarlo, avergonzados por la vileza sanguinaria que desencadenó;
básteles al caso, repasar alguno de los reportajes gráficos sobre aquella
barbarie. Pero verán; entre el contado material literario sobre este conflicto
destaca El poder y la gloria (1940), en buena medida por la nombradía de su
autor: Graham Greene. Aunque, ciertamente, siempre me interesó mucho más su
adaptación cinematográfica, titulada El fugitivo (1947), de John Ford; el único
film que le conozco rodado en México, y donde un Henry Fonda, impecable,
interpreta a un cura acobardado y prófugo de las tropas federales, y donde
destacaría también a ese mendigo delator, entre repelente y digno de toda
nuestra piedad, encarnado por el Indio Fernández. La película, por lo demás,
impresiona por la maestría fordiana para utilizar el expresionismo que, en sus
momentos netamente simbolistas, resulta sencillamente estremecedora; y donde,
desde luego, conviene mencionar la soberbia fotografía de Gabriel Figueroa, el
operador de Los olvidados (1950), de Luis Buñuel.
Y al acercarme al punto y
final, percibo cómo desde un torpe percance pasajero, por desgracia, como casi
todos cuantos ocupan nuestra política presente, he llegado a rememorarles
terribles quebrantos, dentro de poco, centenarios, y aun anteriores. La verdad,
soy el primer sorprendido, y todavía lo estoy más de no haber incurrido en la
defensa de Hernán Cortés; por lo que ha llegado el momento: lean Las cartas de
relación (1519-26) y admírense ante quién fue un político magistral. Y, luego,
si les quedan ganas, compárenlo con los actuales de aquí y, sobre todo, de
allá. Huelgan los comentarios.
Artículo publicado por el "Imparcial" el lunes 25 de mayo de 2026
*Gastón Segura, es
licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en
1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la
literatura.
Ricardo Gil Otaiza
No hay nada peor que un profesor que no esté a la altura de las circunstancias: se lo comen vivo sus alumnos, y eso no me pasaría por nada de esta vida
“La vida es como un árbol frondoso
que con solo sacudirlo deja caer
los asuntos a montones; pero uno puede
apenas recoger y convertir en arte
unos cuantos, los que verdaderamente
lo conmueven.”
Augusto Monterroso
La
vaca
La enseñanza es un arte que
muchos disfrutan (yo entre ellos), pero enseñar aquello que todavía nos toca
aprender es una osadía mayúscula, y esto a propósito de las clases de
literatura (cuento y ensayo) que me propusieron dictar hace ya muchos años
(finales del siglo pasado), en una céntrica biblioteca de una institución
pública, y sin más credenciales que tener en mi haber unos cuantos libros
publicados (en aquel entonces no más de cuatro), acepté, y me veo entonces
documentándome, buscando material para fotocopiar y entregar a los alumnos, con
la tensión propia de quien hacía frente a un grupo diverso, cuyos miembros
indagaban acerca de lo humano y lo divino y me interpelaban en mi propia
experiencia literaria, como parte y todo de un nutrido palco: expectante,
crédulo e incrédulo, malicioso y también ansioso por aprender.
Como en aquel entonces era
profesor universitario activo a dedicación exclusiva, con un férreo horario que
cumplir, solo disponía de mis horas de descanso para acometer el compromiso con
la palabra escrita, lo que se traducía, como cabría de esperarse, el tener que
echar mano de mis horas nocturnas, cuando ya el cansancio del día pesaba sobre
mí como una enorme piedra y, así y todo, debía presentarme ante el grupo
heterogéneo (gente muy joven, pero también señores y señoras que podrían tener
la edad de mis padres) con mi cara bien lavada y fresca como si acabara de
levantarme, y con la mente despejada y lúcida para enfrentar las constantes
embestidas sapienciales, que me hacían ver como a un tímido reo en el banquillo
de los acusados.
Aquella tarde estaba
inquieto, no había podido prepararme con la detención acostumbrada, y ya casi
tenía encima la hora de inicio de la jornada (7:00 pm), así que decidí ir a la
biblioteca a la buena de Dios: confiado en que todo saldría bien, que mi experiencia
docente me permitiría zanjar con dignidad las expectativas de aquella noche, en
la que estudiaríamos el cuento breve, subgénero nada fácil, como muchos
supondrán erróneamente, porque requiere de una concreción y perfección rayanas
en lo divino para alcanzarlo, y en este campo hay verdaderos maestros en
América Latina que intimidan: Augusto Monterroso, Julio Cortázar, Jorge Luis
Borges, Juan Carlos Onetti, Salvador Garmendia, Álvaro Mutis, Julio Garmendia,
Arturo Uslar Pietri, Denzil Romero y Horacio Quiroga, entre muchos otros.
Al llegar a la biblioteca me
sentía aterrado e inseguro, pero lógicamente hacía un enorme esfuerzo para
disimularlo y que no lo advirtieran (no le daba la mano a nadie para que no se
notara que la tenía helada), porque no hay nada peor que un profesor que no
esté a la altura de las circunstancias: se lo comen vivo sus alumnos, y eso no
me pasaría por nada de esta vida, así que respiré hondo, di las buenas noches a
todos con voz potente, anuncié la temática de la jornada y me paré cerca de una
ventana panorámica que daba a una avenida marginal, en cuyos costados había
unos cuantos hoteles de paso a los que iban las parejas furtivas a desahogar
sus urgencias y apetitos sexuales.
De inmediato, y como ráfaga
destellante, aquella imagen me llamó poderosamente la atención y, para mi
suerte (el universo conspira a nuestro favor), en ese preciso instante se asomó
una pareja a través de la ventana de uno de los hotelitos del frente, y como quien
sacude el árbol frondoso del que nos habla Monterroso en el epígrafe, el asunto
de aquella noche me cayó del cielo para salvarme en la raya.
Sin hacer alarde ni
aspaviento, les dije a los participantes que con cautela y sin llamar la
atención, se asomaran uno a uno a la ventana para que vieran a la pareja, y así
lo hicieron, luego les dije: tomen lápiz y papel y en una cuartilla cuenten lo
que aquella imagen les inspira como historia. Les di media hora para el
ejercicio y plena libertad creativa: podían escribir un cuento irónico,
satírico, triste, gótico, humorístico, hiperbólico, fantástico, distópico,
policial, erótico, épico, urbano, realista, mágico, paródico y hasta político.
Cumplido el plazo, les dije
a todos: dejen de escribir y vamos ahora a leer y a comentar cada uno de los
cuentos, y así se hizo, y créanme, esta clase, cuya temática cayó de lo alto (o
del árbol sacudido), ha sido una de las más divertidas, libérrimas e
interesantes que he dictado en el complejo campo de la literatura, porque
rompió con la cuadratura de lo meramente académico, para internarse en los
hondos intersticios de lo creativo: nos reímos a más no poder, reflexionamos y
hasta hubo lágrimas furtivas: hubo cuentos muy buenos, otros geniales, otros
meros ejercicios, pero aprendimos aquella noche que la literatura no es ajena a
la vida, sino que se realimenta de ella, es su imagen especular, porque por más
que echemos mano de lo fantástico y hasta de lo mágico, siempre estará de por
medio lo humano.
Pasados los años de todo
aquello, y ya cerrado el ciclo de estos talleres de escritura creativa, que
durante décadas fueron canteras de autores y de textos narrativos, ensayísticos
y poéticos, abrí una prestigiosa revista literaria editada en Buenos Aires y,
para mi sorpresa, hallé uno de los cuentos de aquella memorable noche. ¿Qué
cómo lo supe? Al pie estaba esta nota: “dedico al joven profesor Ricardo,
quien, en un lejano taller de Venezuela, nos hizo ver en una furtiva pareja de
un hotel de paso, lo que los demás no podían ver y lo que verdaderamente nos
conmueve.”
Me eché a llorar.
*Escritor y académico venezolano
rigilo99@gmail.com
Gabriel Jiménez Emán
Hart Crane y su poema "EL PUENTE"
La vida de Hart Crane se
encontró muy influida por su homosexualidad, y de hecho su preferencia por
Nueva York venía en parte por la tolerancia que esta ciudad mostraba por la
comunidad gay durante esta época. Sin embargo (y recordando que su madre le
inculcó profundamente el cristianismo), siempre se sintió por este motivo un
paria con respecto a la sociedad, y se refería a sí mismo como un fracasado. No
obstante, aceptó todo esto porque consideraba que era necesario para proseguir
su actividad como poeta (como insinúa en el poema Repose of Rivers). Pero
incluso este pensamiento fue incapaz de evitar que se sintiera un desgraciado.
Por la beca Guggenheim pasó un tiempo en México, época en que se sumió
profusamente en la bebida (en ello influyeron las feroces críticas a su obra
cumbre,. " El puente".
Solo mantuvo una relación heterosexual, con Peggy Cowley, la mujer de su amigo Malcolm Cowley, y ese período de su vida se consideró bastante estable. Sin embargo, acabaron rompiendo y Crane volvió a mantener relaciones homosexuales. En 1932, cuando se encontraba realizando en barco el viaje de vuelta desde México a Nueva York, trató de establecer relaciones con un marinero, lo cual hizo que la tripulación le pegara una paliza. Convencido definitivamente de que no podía ser feliz debido a su condición de homosexual, se arrojó pocas horas después desde la borda del barco delante de decenas de testigos gritando "¡Adiós a todos!".
Su cuerpo nunca fue
recuperado; este suicidio inspiró varios trabajos de Jasper Jones (Periscope,
Diver) y algunos poemas del poeta y escultor Carl Andre, como "Sónnet on a
Drowned Poet" (1959). (Wikipedia)
EL PUENTE
Hart Crane
(Traducción de Gabriel
Jiménez Eman)
Cuántas auroras, frías en su
descanso ondulante,
cómo alas de gaviota se
sumergirán y pivotarán,
derramando blancos anillos
de tumulto, erigidos en lo alto,
sobre las encadenadas aguas
de la bahía, la Libertad —
Luego, con curvas
inviolables, abandonarán nuestros ojos
tan aparentes como velas que
pasan
alguna página por archivar;
— hasta que los ascensores
nos dejan caer de nuestro día...
Pienso en los cines y sus
ardides panorámicos
con multitudes inclinadas
hacia alguna escena centelleante
Jamás revelada, pero
apresurada una vez más,
vaticinada por otros ojos en
la misma pantalla;
Y Tú, a través del puerto,
de pasillos plateados
como si aún el sol caminara
sobre nosotros,
y aun así dejara algún
movimiento inagotable
en tu zancada,— tu libertad
deteniéndote!
De alguna pequeña trampa de
metro, celda o desván
un loco corre hacia tus
parapetos,
inclinándose allí por un
momento, su camisa chillona hinchándose,
hacia Wall Street; desde la
viga hasta la calle se filtra el mediodía,
un diente desgarrado del
acetileno del cielo;
toda la tarde las grúas de
nubes vuelan...
Tus cables respiran aún en
el Atlántico Norte.
Oscuro como aquel cielo de
los judíos,
tu recompensa... El galardón
de anonimato que otorgas
el tiempo no puede elevar:
Con la vibrante tregua y el
perdón que tú muestras.
Oh arpa y altar, fundidos en
la furia.
(¡cómo pudo el simple
trabajo alinear tus cuerdas corales!)
terrible umbral de la
promesa del profeta,
plegaria del paria y clamor
del amante,—
De nuevo las luces de
tráfico rozan tu veloz
idioma indivisible,
inmaculado suspiro de estrellas,
perlando tu senda — se
condensa en la eternidad:
y hemos visto a la noche
alzarse en tus brazos.
bajo tu sombra, junto a los
muelles, esperé;
solo en la oscuridad sobre
tu sombra clara.
Los paquebotes de fuego de
la Ciudad todos deshechos,
ya la nieve sumerge un año
de hierro...
Oh, Insomne como el río que
corre bajo tus pies,
bóveda sobre el mar, suelo soñador de las praderas,
hacia nosotros, los
humildes, desciende alguna vez, baja
y de tu curvatura toma
prestado un mito para ofrecerlo a Dios.
Hart Crane
(Trad.Gabriel J Eman)
*Gabriel Jímenez Emán, es escritor, narrador, poeta, ensayista, compilador y traductor venezolano, destacando más en el ámbito de la narrativa y la poética, la cual ha sido traducida a varios idiomas y recogida en antologías latinoamericanas y europeas.
Madrid.- 21 de mayo de 2026
Presentación del libro en la Fundación Ramón Menéndez
Pidal
Cela, Soler y Rojas con Baroja al fondo
del escritor Gastón Segura
Después de haberse presentado en el mes de febrero, en La Biblioteca Municipal de Villena y en Caudete, nuevamente el pasado 19 de mayo Gastón Segura, presentó en la Fundación Ramón Menéndez Pidal su nueva obra, Cela, Soler y Rojas con Baroja al fondo. Con la intervención de conocidos intelectuales, entre ellos: Jesús Antonio Cid, Carmen Caro, Jon Juaristi, Julio Guillen y el autor. Abrió el acto Jesús Antonio Cid, presidente de la Fundación y luego intervinieron los otros participantes. Al contrario de ser un acto académico frio, el evento se convirtió en un apasionante coloquio sobre los secretos epistolares del siglo XX.
Gastón Segura, ha realizado un trabajo de investigación literaria, en la que ha rescatado una serie de cartas de Cela, Rojas y Soler, transformando esta investigación en una crónica humana. Es un curioso epistolario real. El libro recoge las cartas y otros documentos que nos permiten conocer relaciones entre todos estos personajes. Entre preguntas y respuestas, finalizó el coloquio de esta presentación del libro, para luego pasar a un brindis.
| Izda.Julio Guillen, Carmen Caro, Jesús Antonio Cid, Jon Juaristi y Gastón Segura |
*Gastón Segura nació en Villena en 1961. Se trasladó a Caudete a los siete años, y entre ambos pueblos pasó su vida hasta que, a su debido tiempo, marchó a Valencia para licenciarse en Filosofía. En 1990, se instala en Madrid, y tras probar suerte en diversos oficios, en 1996 decide dejarlo todo para dedicarse a la escritura.
En 1999, resultó finalista absoluto del XXIII Premio
Azorín con su primera novela, Las calicatas por la Santa Librada, editada en
2019. Ha publicado las crónicas africanas A la sombra de Franco (2004) e Ifni:
la guerra que silenció Franco (2006), también la crónica local, El coro de la
danza (2006), y el ensayo Gaudí o el clamor de la piedra (2011), que resultaría
seleccionado como lectura recomendada en los cursos de doctorado de Escuela
Superior de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid, más la novela
Stopper (2008), que también sería distinguida como «lectura imprescindible» por
el Dpto. Lenguas Modernas de la Universidad Estatal de California.
Posteriormente ha editado Los cuadernos de un amante ocioso (2012), y las
novelas Las cuentas pendientes (2015), Un crimen de Estado (2017), Los
invertebrados (2021) y Saga nostra (2024).
Del 21 al 24 de mayo
Llega la 41.ª Feria del
Libro de Fuenlabrada
Ana Merino, Nieves Herrero,
Concha Calleja, Estrella Alonso y Santiago Díaz forman parte de la programación
literaria de la nueva edición de una de las ferias más antiguas de España
La Feria del Libro de Fuenlabrada llega a la 41.ª edición con un programa repleto de actividades gratuitas y la participación de Ana Merino, Nieves Herrero, Concha Calleja, Estrella Alonso y Santiago Díaz entre más de cuarenta autores y autoras que celebrarán encuentros con el público y firmarán sus obras a partir del próximo jueves 21 de mayo. Desde entonces, y hasta el domingo 24 de mayo, la Plaza de España acogerá más de una veintena de casetas de venta de librerías y comercio local, instituciones, entidades y editoriales invitadas como Nórdica y Huerga&Fierro, y otras de nueva incorporación como Maeva. La Asociación de Revistas Culturales (ARCE) dispondrá de caseta propia y la editorial Lecturia traerá por primera vez la lectura fácil, un avance más hacia una feria inclusiva, una feria para todos.
La programación de animación
y fomento de la lectura se llevará a cabo en las diferentes estancias del
Espacio Joven La Plaza, ubicado en la misma plaza.
“La 41.ª Feria del Libro de
Fuenlabrada se consolida, un año más, como una de las citas culturales más
relevantes de nuestro municipio y de la Comunidad de Madrid, reafirmando su
calidad, diversidad y plena vigencia en el panorama literario actual. Lejos de
ser únicamente un evento comercial, esta Feria se configura como un verdadero
espacio de encuentro donde conviven propuestas consolidadas con nuevas voces y
proyectos independientes, enriqueciendo así la vida cultural de nuestra ciudad
y fomentando el amor por la lectura en todas sus formas”, en palabras del alcalde
de Fuenlabrada, Javier Ayala.
Cristina Mora, quinta
Teniente de Alcalde, responsable de Área Ciudad Viva, subraya que, “tras más de
cuatro décadas, la Feria del Libro de Fuenlabrada demuestra su solidez y
capacidad de renovación. La ubicación en la Plaza de España, junto con el apoyo
del Espacio Joven La Plaza, contribuye además a generar un entorno accesible y
dinámico, que invita a la ciudadanía a vivir la cultura en el espacio público.
Esta cercanía con el público es clave para entender el éxito y la continuidad
de este evento que tan cuidadosamente preparamos año tras año”.
Citas literarias
destacadas
La jornada inaugural del 21
de mayo contará con la participación destacada de la Asociación de Editores de
Madrid (AEM), que ha convocado sendos encuentros de Nuevos editores madrileños,
a las 19:00 h, en la Sala Las Artes, y de editores de fantástico, Hablan los
editores: el auge de la fantasía junto al terror y la ciencia ficción, a las
19:45 h, en la Sala La Participación, seguidos de un cóctel de bienvenida. El
viernes 22 de mayo habrá un coloquio de Introducción a la Lectura Fácil:
acercar la literatura a las personas con dificultades de comprensión lectora,
con Javier Alcázar de Lecturia, en la Sala Las Artes, a las 18:00 h. A partir
de las 19:30 h, en esta misma ubicación, se hablará de “Memoria histórica,
jóvenes y mujeres”, en la presentación de la novela La verja roja (Espasa) de
Estrella Alonso, que combina el retrato íntimo de una joven que busca entender
quién es con la exploración del trauma y la memoria colectiva de un país,
conectando con el debate sobre la memoria histórica y el peso del pasado en las
nuevas generaciones desde una mirada contemporánea y femenina. A las 20:00 h,
en la Sala La Danza, tendrá lugar la presentación de La travesía del mar del
Este de A. J. Ogayas (Apache Libros).
La mañana del sábado 23 de
mayo contará con la visita de Fuenli, que realizará una ruta de cortesía por
todas las casetas, firmará autógrafos, interactuará espontáneamente con el
público y repartirá fotos como recuerdo oficial de la feria; y con la actuación
de El carro de cómicos del Teatro Destellos, dedicada a Gulliver y sus
aventuras.
A las 11:30 h, se hablará de
“Criminología, investigación y casos reales” en la Sala Las Artes con la
periodista, perito judicial y escritora Concha Calleja, que presentará su obra
más reciente, El psicópata invisible (Sekotia), y abordará algunos de los casos
más mediáticos del panorama internacional, analizando la trastienda de la
investigación criminal. Recordará sus otros libros tales como La maldición de
los Windsor, Diana, réquiem por una mentira y Objetivo, Michael Jackson. A las
12:30 h, en la misma ubicación, se conversará sobre “Novela histórica femenina.
Misterio, pasión y glamur” con la reconocida periodista y escritora superventas
Nieves Herrero, que presentará su nueva novela La prometida (ediciones B), una
obra repleta de misterios con la boda de Fabiola y Balduino de Bélgica de telón
de fondo y el tema del amor como arma de doble filo, que pone tras la pista de
la hija desaparecida de unos marqueses por los círculos selectos de Madrid y
París al filo de los años 60, desde el atelier de Balenciaga hasta el salón de
la vidente que conoce todas las confidencias de la alta sociedad. A la tarde,
será el turno del autor fuenlabreño Jorge Sánchez, que presentará su novela Fin
del juego (RBA), en la Sala de Las Artes, a las 17:00 h; y se dará paso a los
Diálogos de ciencia ficción de Apache Libros con los autores de referencia
españoles Dioni Arroyo, Eduardo Vaquerizo y Ramón San Miguel, a las 20:00 h.
El domingo 24 de mayo se
charlará sobre “Mujeres, del desamor a reinventarse” con Ana Merino. Será a las
12:00 h, en la Sala de las Artes, cuando la polifacética escritora, Premio
Nadal 2020, presentará su novela El camino que no elegimos (Destino), que habla
de tres mujeres que deben hallar su nuevo lugar en el mundo: de Juana que acaba
de cumplir 50 años cuando su marido Connor la deja tras dos décadas de
matrimonio; de su amiga Cécile, reacia al compromiso pero que siente gran
atracción por el policía Marco; y de la joven Lieke que ha dejado atrás su país
y a su pareja, e inicia una relación con Connor. También tendrá lugar la
presentación de El amo de Santiago Díaz (Alfaguara), a las 12:15 h, en Sala La
Participación.
Gastón Segura
Una enciclopedia de poesía
Las páginas periodísticas
padecen fatalmente de urgencia. Su destino es perecer sepultadas en las
hemerotecas. Luego, raramente resucitan en una antología sobre su autor o en
una crónica sobre el caso que las ocupó hace décadas, o en las siempre
sugerentes notas al pie de un ensayo, donde, constreñidas por su codificación
académica, presentan, para mi fastidio, la adusta apariencia de una esquela;
por lo que no hay forma de que los escritos para un diario se sacudan de encima
el fúnebre sello de la caducidad. Bueno; esto sucedía antaño, en la actualidad,
con la proliferación de los periódicos digitales, ignoro donde se archivan las
gacetillas y los artículos para la posteridad, pero seguro que las eminencias
de Sillicon Valley ya lo tienen resuelto. Ahora bien; cuando estas páginas
perecederas son redivivas en compendios, siempre cobran un sentido novísimo y,
además, del todo aleccionador; básteme citar como ejemplos la inmensa mayoría
de los títulos del maestro Azorín o las correrías y averiguaciones que
procuraron la manduca a ese zascandil socarrón que fue Josep Pla.
Sin ser de semejante
urdimbre a las compilaciones de estos prohombres de nuestra prensa, Sonidos de
otras lenguas, de mi amigo Jaime Siles, pertenece al mismo género: la
recopilación de artículos; pues lo constituye cerca de un cuarto de siglo de
reseñas, aparecidas en su mayoría en el suplemento cultural del diario ABC,
dando noticia de las traducciones de poemarios en los más diversos idiomas;
desde el chino y el japonés, hasta los eslavos y el árabe, abundando,
naturalmente, los más próximos —las provenientes del anglogermano, o del
italiano, o del francés, o del catalán, y, por supuesto, de nuestros maestros
ancestrales, el latín y el griego—.
Como supondrán, anunciar
ponderadamente una novedosa versión al español encierra mucho de azaroso,
porque deja escaso margen a la elección: el crítico se halla al albur de cuanto
le brinda el momento y, a menudo, bajo la indicación del director de la
sección. Sin embargo; estos más de trescientos artículos, al agruparse en este
tomazo de mil cien hojas, cobran una singularidad independiente de su ocasional
y hebdomadario origen; es más, Sonidos de otras lenguas, con su recién ganada
unicidad, conquista el venerable e ilustrado timbre de enciclopedia.
Y en absoluto es un vacuo
halago; es mera y abrumada conclusión tras su lectura. Al punto que su
copiosidad en nombres, herencias y escuelas me impele no solo a calificarlo de
tesauro, sino a emparentarlo, tantos siglos después, con las orientadoras
doxografías de Teofrasto y sus peripatéticos menores o con la inspiradora
Biblioteca (s. II a.C.) de Apolodoro, pues, como aquellos cartapacios
helénicos, más que una intrincada selva donde extraviarse, es un inagotable
portulano para emprender las más sugestivas sendas por el arte lírico.
En efecto; Sonidos de otras
lenguas presenta el neto aire de vademécum dispuesto para cualquier novel y
entusiasta poeta, porque las reseñas de Siles, sobre el cotejo erudito de la
traducción en cuestión con las editadas anteriormente en español, y las más o
menos breves notas biográficas del autor y hasta del traductor, señala lo más
valioso: la estética exhibida por el poemario en su lengua original; acotación
indispensable para sopesar el acierto de la versión, mientras engarza, al
tiempo, algo muy sustancioso y tentador para un liróforo novato: la relación
del texto y su creador con otros versificadores —de quienes fue legatario o
sobre quienes influirá—, reparando con atención en los deudores en nuestra
lengua. En estas constataciones y ligaduras se halla la inapreciable invitación
para acceder a otros tonos que procuren la exacta expresividad a quien,
sintiéndose poeta y obsesionado, ronda, acecha, paladea, pero todavía no
alcanza.
No es mi caso por mi torpeza
para cualquier ritmo, pues bien sé que, desde Enheduanna de Ur —y ya han
llovido sus cuarenta y tantas centurias—, la poesía no es sino palabra cantada;
a pesar de las obnubilantes ingeniosidades de aquellos termodinámicos
vanguardistas, empeñados en convertirla en encantadoras mangas y celestes
capirotes, cuando Europa aún usaba el salacot para visitar sus colonias y el
jazz era un frenesí traído en discos de pizarra, pues de la melodía —o sea, del
sutil manejo de las tónicas y de sus pautas estróficas— emana el embrujo
ancestral del poema y cuanto procuró que, durante milenios, los pueblos alabasen
—y sigan alabando— a la divinidad, y hasta recordasen, con los ojos inflamados
de lágrimas, quienes eran y de dónde venían. Tanto es así que, en la ingenua
sublevación de la emoción, se halla la tarea esencial del poeta. Y aun cuando
con el devenir de los tiempos, la poesía se haya enmascarado de coqueta, de
divertida, de rijosa y hasta de hermética, ese anhelo de «volver, en un feliz
olvido de sí mismo, al todo», como escribió Hölderlin, permanece inconmovible.
Y en concordancia con Martin Heidegger y María Zambrano, Jaime Siles, desde su
acendrado conocimiento de exquisito poeta y de enorme filólogo, lo sabe, y tal
es el criterio que, bajo el torrente de datos, ahorma secretamente esta
portentosa summa.
Y resulta paradójico
descubrir que esta remotísima e inmarcesible verdad nos retorne entre las
páginas efímeras de los diarios, por la crítica de unos cientos de traducciones
y, en su mayoría, sobre escritores más bien recientes; o quizá se deba a que,
como sentenció Heráclito, los dioses habitan en el lugar más insospechado;
entonces, solo debería saberse cómo invocarlos. Ah; pero eso ya es potestad del
poeta.
Artículo publicado por el
"Imparcial" el domingo 10 de mayo de 2026
*Gastón Segura, es licenciado en Filosofía por la
Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos
trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.
Ricardo Gil Otaiza
Confesión
in pectore
Quien esto cuenta, halló la
carta en un antiguo archivo shakespereano, y desea darla a conocer como
homenaje póstumo a Christopher Marlowe, el verdadero creador, pero execrado por
la gloria
“¿Qué hay en un nombre? Lo que
llamamos rosa
con cualquier otro nombre
olería igual.”
William Shakespeare
(Romeo y Julieta, Acto II, Escena
II)
Nadie miente en su lecho de
muerte, a menos que esconda algo tan importante, que cambie el rumbo de la
historia, por lo que no podrá jamás conocerse la verdad y el supuesto hecho
quedará asentado como fidedigno e inamovible por los siglos de los siglos, pero
las estadísticas revelan, con cierta precisión (y digo “cierta”, porque la
estadística no es una ciencia exacta sino aplicada; algo así como una
herramienta para…), que mucho de lo dicho por agonizantes famosos, era cierto,
y encerraba el deseo explícito de redimirse frente a ese “algo” que lo
atormentaba por años, y solo deseaba liberarse de esa carga pesada que le
quemaba el pecho como un —y con el perdón por el pleonasmo— tizón encendido.
Según los datos que tenemos
a la mano, el poeta y dramaturgo William Shakespeare murió en
Stratford-upon-Avon (Reino de Inglaterra) el 23 de abril de 1616, esto según el
calendario juliano (en vigor para aquel entonces en Inglaterra), y según el
calendario gregoriano adoptado por otros países, sería con precisión el 3 de
mayo el día de su muerte, y lo hizo a la temprana edad de 52 años, aunque para
la época una persona de esa edad era considerada una anciana, porque la
esperanza de vida estaba entre los 35 y 40 años.
Pero volviendo al asunto de
la muerte de Shakespeare, hemos de precisar, que “coincidió” con apenas un día
de diferencia con la de otro grande de las letras, el español Miguel de
Cervantes, ya que según el calendario gregoriano, vigente en España desde 1582,
su muerte ocurrió el 22 de abril de 1616 y fue enterrado el 23, y, por
convenciones asumidas por diversas circunstancias de orden histórico, se toma
el 23 (a pesar de la diferencia de días de acuerdo a los dos calendarios) como
la fecha de la muerte de ambos hombres, y la misma se adoptó como día del
libro.
Volvamos a nuestra historia.
Shakespeare está moribundo
aquella aciaga madrugada del día 23 (o del 3, como queramos), y alrededor de su
lecho de enfermo hay el corre-corre típico de los infaustos momentos: la luz
del candelabro dibuja en las paredes espectros y sombras, y lo más oscuro del
ser aflora ante la inminencia de lo impostergable. En el rostro del poeta se
otea ya la muerte, produciendo a sus facciones el cambio irreversible y
doloroso de quien tiene un pie en el umbral de lo desconocido.
Pero… quienes son testigos
de aquello, observan en el moribundo una inquietud acezante, como si quisiera
expresar algo y la voz estertórea quedara aletargada, vacilante, bronca y
espasmódica; algo que emana desde las profundidades del poeta quiere aflorar,
pero el acceso de tos acalla su intención, y a ratos se duerme en el
inconfundible sopor de lo improbable, aunque certero.
A hurtadillas, llaman a un
cura para que William reciba la extremaunción, porque a pesar de que se definía
como miembro de la iglesia anglicana (y era su obligación en la Inglaterra de
entonces), la leyenda confirma que era un católico a las sombras, y en ese
momento de la verdad no hay espacio para la ambigüedad (paréntesis: esto al
parecer había sido su voluntad, cuando aún no había caído en el ingrato sopor
de la muerte), así como también —al parecer— tal deseo estaba asentado en su
testamento espiritual, que muy pocos conocían y que luego de su muerte no
apareció en los archivos.
Aprovechose así la
oportunidad de que el cura obrara el milagro de que el poeta dijera algunas
palabras, para preguntársele al oído acerca de ese “algo” que desde hacía unas
cuantas horas quería expresar, y que no había podido, pero siempre cauto y
receloso, aún in extremis, Shakespeare indicó con un dedo que se retirara el
clérigo: no deseaba tener a un extraño como testigo de lo que quería confesar a
su mujer, por más que lo uniera a él una estrecha amistad de larga data, pero
una cosa es lo religioso y otra lo literario. Igual para el médico de cabecera,
quien tuvo que salir cabizbajo de la habitación.
Una vez a solas con su
mujer, Anne Hathaway, le pide que tome la pluma y el pergamino y transcriba sus
palabras:
“A mi muy amada esposa, la buena Anne,
consuelo de mis días. Sabed, señora mía, que estas palabras no nacen del
capricho, sino del peso que por años ha gravado mi pecho. Y así, antes de que
el tiempo me reclame como temo ahora, quiero que quede en vuestra memoria lo
que jamás osé decir ante otros.
En toda mi vida no he
escrito una sola línea de las comedias, tragedias y versos que el vulgo y los
señores atribuyen a mi nombre. No fue mi pluma la que dio voz a príncipes
atormentados ni a amantes desdichados; no fue mi ingenio el que pobló los
teatros de reyes, brujas ni fantasmas.
El verdadero artífice de
tales obras es Christopher Marlowe, hombre de genio ardiente y atendimiento sin
par. El mundo le cree muerto desde aquel infausto año del Señor de 1593, mas yo
afirmo —y ante Dios lo sostengo en esta hora sin par— que no murió entonces, ni
yace en tumba alguna. Vive aún, oculto de miradas indiscretas, y bajo mi nombre
ha dejado correr su caudaloso talento que por mi intermediación apreciáis.
Yo he sido, en esta empresa,
sombra y máscaras; él, la llama secreta. Si algún día la verdad saliera a la luz,
sabed que no obré por ambición sino por necesidad, pues tiempos recios exigen
ardides extraños.
Guardad esta confesión con
prudencia y no la confiéis sino a quien juzguéis digno de tal secreto.
Vuestro esposo que os ama,
William Shakespeare”
Dicho esto, el poeta entregó
su alma al Creador y su mujer guardó en su seno la enigmática carta, y a partir
de entonces nada se supo de ella, la buena de Anne no dijo ni una sola palabra
al respecto y la misiva se perdió en la neblina de los tiempos.
Quien esto cuenta, halló la
carta en un antiguo archivo shakespereano, y desea darla a conocer como
homenaje póstumo a Christopher Marlowe, el verdadero creador, pero execrado por
la gloria. Solo Dios sabe que no miento.
*Escritor y académico
venezolano
rigilo99@gmail.com
Gabriel Jiménez Emán
Margot
Benacerraf y la Cinemateca: Una vida por el cine
(En
los 60 años de la Cinemateca)
En algunas de las crónicas
que he escrito sobre el séptimo arte, he referido circunstancias de mis
encuentros con viejas películas cuando nuestro padre Elisio nos llevaba, a mi
hermano Ennio y a mí, a presenciar obras que se exhibían en salas del centro de
Caracas, trabajos sobre personajes históricos o mitológicos como el Cid
Campeador, Hércules, Moisés, Sansón y Dalila, Odiseo o Aquiles, cuyas cintas se
exhibían en cines de Caracas ya desaparecidos. Luego, en la adolescencia,
aquella fiebre fílmica se trasladaría al cine Broadway de Sabana Grande o en
los “multi-cines” del Centro Comercial Chacaíto; el cine Altamira, el cine del
Centro Plaza (donde solían ofrecer ciclos de cine francés) odel Teatro del Este
en Plaza Venezuela, donde veíamos buena parte de las películas producidas en
Hollywood y producciones italianas, francesas o alemanas.
Justamente,los filmes
europeos del llamado Cine de Autor comencé a disfrutarlos en la Cinemateca,
ubicada en la Galería de Arte Nacional de Caracas y en el Cine Arte de la
Universidad de los Andes en Mérida, durante mis años de estudiante de Letras,
donde presenciamos grandes ciclos de cine europeo y latinoamericanoy a
formarnos ideas claras acerca de los desarrollos cinematográficos en estos
países, también en lo relativo a novela, cuento, ensayo o música y la relación
de éstos con la fotografía, el arte y el teatro. Bien recuerdo los ciclos
fílmicos en la Cinemateca Nacional cuando nos dirigíamos a aquella sala en cuya
pantalla se proyectaban ciclos completos de Orson Welles, Luis Buñuel,
Michelangelo Antonioni, Federico Fellini, cineastas de la Nueva Ola francesa de
los años cincuenta como FrancoisTruffaut, Jean-Luc Godard, Jacques Rivette,
Eric Romer, Alain Resnais o Claude Chabrol; disfrutando también del viejo cine
expresionista alemán en artistas como Fritz Lang (Metrópolis es una joya de la
ciencia ficción), Ernst Lubitchtz, Robert Wiene o Frederick Murnau (padre del
cine de terror con Nosferatu),cuyos filmes fundaron la tradición
cinematográfica europea de donde también participaban directores soviéticos
como Kuleshov,Pudovkin, Vertov y Eisenstein (El acorazado Potiemkim es película
de culto).
Tendencias naturalistas,
vanguardistas y experimentales de diversos países nos permitieron obtener, así,
una idea clara de la tradición cinematográfica del siglo veinte, incluyendo en
ella la del cine estadounidense, bien
fuera a través de los westerns considerados clásicos --como los de John Ford o
Edwin Porter--, las geniales comedias de los hermanos Marx o disfrutar de
clásicos como El nacimiento de una nación de David Griffith, --llamado también
“padre del cine moderno”-- y otros tantos fundadores de la expresión fílmica
como los hermanos Auguste y Louis Lumiére en Francia. Aparte, por supuesto, de la nutrida tradición
del cine mexicano que tanto influjo ejerció en la cultura de la América Latina,
o la del cine brasilero que abrió otras compuertas a nuestra sensibilidad
social y personal. Justamente, en estos días ha estado circulando en formato
digital un volumen de mi autoría donde ventilo este y otros temas sobre el
séptimo arte, titulado "El síndrome cinéfilo" (2025).*
En este sentido, la
Cinemateca Nacional y distintas cinematecas regionales, tanto como
departamentos de cine de varias universidades, fueron verdaderas cátedras para
quienes deseábamos disfrutar o estudiar la naturaleza del fenómeno fílmico. Por
supuesto, tal recorrido nos hizo tomar conciencia de aquello que debíamos
forjar para el cine de nuestra América Latina, donde Venezuela también aspiraba
a obtener un reconocido lugar. Viendo con atención --en estos días y en
retrospectiva- -numerosas películas venezolanas del siglo veinte vía You Tube
debo decir que –con sus altos y bajos- hemos conquistado un lugar bastante
honroso en el cine de nuestro continente.
La iniciativa de Margot
Benacerraf de fundar este primer espacio para el cine en Venezuela, el cual
constituyó la Cinemateca --a objeto de promover y preservar el patrimonio
fílmico de nuestro paísy de América Latina-- pasó a consolidar a esta
institución como un centro cultural de avanzada, precedida por conversaciones
de Margot con el cineasta francés Henry Lanclois de la Cinemateca de Paris,
quien apoyó el proyecto para su fundación, en el año 1966. A la par de
estimular la cultura cinematográfica, Margot abogó por la preservación de
películas y, sobre todo, por crear un ambiente afable y positivo hacia la
producción del cine venezolano, que consiguió el respeto y el reconocimiento de
quienes la trataron de cerca. Aun cuando yo no disfruté de ese privilegio, si
estuve cerca de ella en algunas ocasiones, en reuniones o fiestas con amigos
escritores en Caracas en las casas de Hugo Baptista, Rodolfo Izaguirre,
Salvador Garmendia o Rodolfo Santana. También me enteré,años después, que
Margot visitaba con frecuencia la ciudad de San Felipe para visitar aquí una
pequeña posada de ambiente campestre donde disfrutaba del paisaje y el clima de
Yaracuy.
Aprovecho la invitación que
me ha extendido la Cinemateca a participar de este homenaje a nuestra cineasta,
poniendo de relieve sus conocidas películas "Araya" (1959) y
"Reverón" (1952). La primera se presenta como un documental sobre la
principal planta salina de Venezuela, pero la obra no se queda allí; se trata
más bien de una narración mágica y sugestiva sobre el trabajo que gente del
oriente del país ha llevado a efecto en el seno de ese paisaje, presentándolo a
modo de fresco narrativo con visos poéticos, donde la portentosa voz de José
Ignacio Cabrujas va hilando una suerte de épica cotidiana, un suceso social con
tintes emotivos: hombres, mujeres y
jóvenes cuyos gestos y afanes confluyen mientras se entregan a trabajar la
salina:todo ello resuelto en destellos ciertamente sugestivos y emocionantes,
donde se compendia buena parte de lo que Alejo Carpentier definiera como
"lo real maravilloso americano".
La repercusión de este filme
en el Festival de Cannes en 1959 tuvo gran resonancia, pues compitió con
películas de cincuenta países, obteniendo juicios elogiosos por parte del
jurado de calificación, emanados de la Comisión Superior Técnica. Tal
reconocimiento le sirvió de impulso a nuestra cineasta para cumplir posteriores
invitaciones a festivales, en Venecia y Moscú.
La otra película escrita y
dirigida por Margot, "Reverón" (1952) es obra de montaje compartido
con Francino Grubert y música de Guy Bernard, fotografía de Boris Doroslovackiy
voz narradora de Carlos Augusto León. Se trata de un documental de treinta
minutos sobre la personalidad de este gran artista plástico de la primera mitad
del siglo veinte, cuya compleja condición mental forjó una personalidad única e
hipersensible con rasgos de santo, poeta, pintor y creador de trazos
impresionistas del trópico, ejecutados en su vivienda en El Castillete de
Macuto. El filme también obtuvo el reconocimiento de varios países, contando
con proyecciones en Francia, Alemania o Bélgica, yla participación en los
Festivales de Cannes y Edimburgo. El filme formó parte, asimismo, del programa
Studio Etoile de Paris, de la Colección Permanente de la Cinemateca Eastman
House en Nueva York y de la Cinemateca Francesa en Paris.
Al intentar captar el
complejo mundo de Reverón, la cineasta opta por interpretar el espacio anímico
del artista, optando por recrear su mundo simbólico e indagandoen sus latencias
recónditas. El filme comienza presentando uno a uno los ambientes del
Castillete: las muñecas, los bohíos, la pequeña capilla, Juanita dormitando en
la hamaca, Reverón yendo de un lado a otro y tomando sus pinceles para plasmar
su autorretrato, en medio de un magnífico juego de espejos. Conocida es la
compleja condición mental del artista, tratada por reconocidos psiquiatras de
entonces. Opta entonces la cineasta, en esta oportunidad, por concentrar su
atención en una de las crisis creativas del pintor de Macuto que, en cuanto se
recupera, se estimula a culminar uno de sus mejores autorretratos, el último de
los suyos. Memorable es, ciertamente, la escena del artista dando pinceladas
frente a un espejo mientras la cámara lo capta desde distintos encuadres, que
convergen en una sumatoria de imágenes dramáticas. Apartándose de esquemas
narrativos lineales, Benacerraf se interna en la complejidad existencial de
nuestro gran artista, logrando así crear un clima sugestivo en un filme de
enorme delicadeza plástica, bien matizado consoberbios toques dramáticos,
realzados por la música de Guy Bernard. Se trata de un verdadero clásico del
cine nuestro.
Según hemos advertido en
algunas entrevistas concedidas por la cineasta, otras dos películas suyas
quedaron pendientes de realizarse, debido a inconvenientes o despropósitos de
última hora: una sobre la personalidad de Pablo Picasso acordada con el gran
artista español, y otra sobre un cuento del narrador colombiano Gabriel García
Márquez: "La cándida Eréndira y su abuela desalmada". En ambos casos,
se realizaron contactos y acuerdos iniciales para llevar a cabo los filmes,
pero debido a equívocos o inconvenientes de última hora, no pudieron lograrse
los objetivos. Lo que si logró Margot, --y con creces--en los últimos años de
su vida, fue el lanzamiento de una Biblioteca sobre cine creada en Venezuela
con el apoyo de la Embajada Argentina, la cual pasó a formar parte de los
espacios de la Cinemateca Nacional, a través de la cual Margot aspiraba
contribuir al estudio y difusión del cine latinoamericano. En este sentido,
siempre fue y será lugar donde albergan nuestros sueños, para continuar
recorriendo los rumbos de la creación.
Algunos de los presidentes
de la Cinemateca en las décadas iniciales de su funcionamiento han sido, luego
de Margot Benacerraf (1996-68), Rodolfo Izaguirre (1968-1988), Carmen Luisa
Cisneros (1968), Ricardo Tirado (1988-1990), Ildemaro Torres (1990-1991), Oscar
Lucien (1991-1994), Fernando Rodríguez (1994-1999) y Jacobo Penzo (1999-2002).
Siendo presidente Fernando Rodríguez –hombre ameno, culto y educado- visité la
institución a ver si era posible llevar a cabo una edición de un libro mío,que
al fin apareció con el título de "Espectros del cine" (1998) y recoge
varios ensayos míos sobre el tema. En cierto modo, esta publicación significó
mi ingreso informal a la gran familia de la Cinemateca.
Aun cuando no tuve la suerte
de tratarla personalmente, siempre le admiré en secreto, celebrando su festiva
sonrisa y su jovial personalidad, su aplomo y su porte de dama elegante,
discreta e inteligente, que los venezolanos celebramos hoy honrando su legado,
y reconociendo en su labor uno de los aportes sustanciales y significativos
para la cultura venezolana.
*Gabriel Jímenez Emán, es
escritor, narrador, poeta, ensayista, compilador y traductor venezolano,
destacando más en el ámbito de la narrativa y la poética, la cual ha sido
traducida a varios idiomas y recogida en antologías latinoamericanas y
europeas.
De la editorial Betania
Presentación de Las Crónicas de Juan Tanamera. De Cuba traen un cantar, de Manuel Rodríguez Ramos
El Centro Cultural Cubano de Nueva York invita a la
presentación del libro Crónicas de Juan Tanamera. De Cuba traen un cantar, del escritor cubano
Manuel Rodríguez Ramos (Jatibonico, 1953). Con la actuación del reconocido
actor Juan Sandor.
Manuel Rodríguez Ramos (Jatibonico, 1953). Narrador,
dramaturgo y cineasta cubano. Doctorado por la Universidad de Arizona, ejerce
la docencia universitaria en Estados Unidos, donde reside. Entre su filmografía
destacan los documentales: Lezama, inalcanzable vuelve (1998), Retrato de
Gastón Baquero (2024) y Las vivencias poéticas de Francisco Brines (2016).
Autor de la novela Las estaciones del viajero (Verbum,
2017). En 2024 se lleva a escena su obra El rey de las aves en LA NACIONAL de
Nueva York, escrita en 1989 y estrenada en la Casa de la cultura de La Habana.
Fecha: miércoles 13 de mayo (2026).
Hora: 6.30 pm.
Lugar: La Nacional (239 W. 14 St. e/ 7ma y 8va Ave. Nueva
York).
Entrada gratis, aforo limitado.
Madrid, 07 de mayo 2026.
Sonia Muñoz Guevara
Presentación del libro
“Del
esplendor de la lengua española”, de Gonzalo Celorio
En el Instituto Cervantes se ha llevado a cabo, el acto de la presentación del libro, “Del esplendor de la lengua española”, ante distinguidas personalidades de la literatura, catedráticos, profesores y demás instituciones e invitados que asistieron el pasado 27 de abril.
Los intervinientes a participar en esta conferencia, fueron: Esperanza Gutiérrez Redomero, Vicerrectora, de La Universidad de Alcalá de Henares, Manuel Lazcano Ávila, director del Fondo de Cultura Económica, Gonzalo Celorio, premio Cervantes 2025, Jesús Marchamalo, escritor y periodista, y Juan Cruz, narrador y periodista.El escritor mexicano Gonzalo Celorio, recientemente ha
sido reconocido con el Premio Cervantes 2025, en el Paraninfo de la Universidad
de Alcala de Henares, el 23 de abril, por su trayectoria como escritor
integral, destacando su labor intelectual y contribución al idiomas español.
Celorio es el séptimo escritor mexicano en recibir este prestigioso premio.
Durante su participación el escritor, nos ha contado sus anécdotas de familia de sus doce hermanos, sobre memoria, en donde su sentido de de humor, estuvo presente en la conversación. Ha sido una velada agradable. Luego la firma de sus libros.
Mas fotos:https://www.facebook.com/lagaterapress/?locale=es_ES
Madrid.- 04 de mayo de 2026
48ªedición
Feria del Libro Antiguo y de Ocasión
![]() |
Ilustrador, Juan Berrio |
La edición de 2026 cuenta con
la participación de 37 librerías especializadas procedentes de distintos puntos
de España: 22 de Madrid, cinco de Barcelona, tres de Valencia, dos de Granada y
una de Sevilla, Pamplona, Salamanca, Zaragoza y Huesca, respectivamente.
Durante más de dos semanas,
el público podrá descubrir una amplia oferta bibliográfica y documental que
abarca desde libros de segunda mano y títulos descatalogados hasta volúmenes
antiguos, primeras ediciones firmadas, incunables, manuscritos originales,
grabados, mapas, ediciones raras, periódicos y revistas, cómics y piezas de
coleccionismo en papel. La propuesta se completa con restos de edición,
conocidos como libros de saldo.
Lugar: Paseo de Recoletos,
Madrid.
Fechas: Del 30 de abril al
17 de mayo de 2026.
Madrid.- 30 de abril de 2026
Por Gastón Segura
Las tribulaciones de un cordobés
Entre el estruendo bélico
internacional y los no menos estridentes testimonios ante nuestros más altos tribunales,
ignoro si habrán sabido que, bajo el auspicio de varias instituciones públicas
y privadas andaluzas, más la colaboración de la Casa Árabe, se está
conmemorando el noningentésimo aniversario del nacimiento de Averroes; quien,
con Séneca, constituye la pareja de pensadores nacidos en el solar hispano —y
ambos, concretamente, en Córdoba—, que más prolongada influencia tuvieron, al
menos, en Occidente. En el caso del andalusí, incluso decisiva. Por tanto, es
una benemérita y oportuna celebración, independientemente del acento político
—siempre espurio y pasajero— que alguno de los organizadores pretenda darle,
pues el eco de Averroes, si en un terreno fue determinante, y donde permanece
como un incólume jalón, es en el devenir de la Metafísica y, derivadamente, en
la recuperación del quehacer científico, durante aquellas centurias oscuras del
Medievo. Y no lo tuvo fácil.
Averroes nació en 1126; o
sea, al poco de cumplirse un siglo del estallido de la Fitna; es decir, de la
gran revuelta —o, si prefieren, de la guerra civil— de los ochenta años en
al-Ándalus. Verán; tras la muerte de Almanzor, en 1002, se desataron las
tensiones entre sus mercenarios bereberes y los habitantes de Córdoba, que se
elevarán, una década después, a un encarnizado enfrentamiento, cuya
consecuencia no solo fue el asalto y destrucción de Medina Azahara y la
desacralización del califa, sino la irreversible partición del imperio en
diversos señoríos por las principales facciones en liza —hispanomusulmanes,
magrebíes y esclavos—; en fin, las Taifas —que significa literalmente
banderías—. Circunstancia manejada en su momento con pingüe habilidad por
Alfonso VI —el primer rey cristiano que ejercitó verdaderamente una política—,
pues alquilaba sus mesnadas a todos los bandos contendientes; al punto que las
batallas se disputaban casi entre castellanoleoneses y vencía, claro es, la
Taifa que conviniese pecuniariamente al monarca leonés. Esta situación, sobre
chocante, quebrantó al alza el sistema tributario prescrito por El Corán (656);
por tanto, no solo inflamó sublevaciones religiosas en Toledo y en otras
capitales andalusíes, sino que fue la ocasión para la llamada, en 1086, de los
rigoristas almorávides, con los que sacudirse la usufructuante opresión
alfonsina. Pero el auxilio de los hombres velados del Sahara se tradujo en una
ocupación y de tan escaso acomodo para sus correligionarios ibéricos, que
propició, entre 1147 y 48, su deposición por los todavía más dogmáticos
almohades.
Y reparen en que, durante la
sucesión de una invasión africana por la siguiente, transcurrió la juventud de
Averroes. Y aunque no le impidiesen proseguir la carrera de juez como su padre
y su abuelo, aquellos exaltados creyentes permearon decisivamente su ingenio.
Pues a pesar del parecer reinante en el Islam, alentado por la Refutación de
los filósofos (1093), de Algacel, donde, sobrepasando el platonismo de Avicena,
se defendía, contra cualquier razonamiento, un abandono místico como única
forma de comprender la Creación, dado que las disputas entre los distintos
pensadores no evidenciaban sino sus errores, Averroes acometió la restauración
de la razón —inesperadamente inducido por el sultán almohade Abu Yaqub Yusuf—
con sus comentarios a la obra general de Aristóteles. Es más; para superar al
imperante misticismo, expuso la llamada, por Sigerio de Brabante, tesis de la
«doble verdad», donde proponía que la doctrina religiosa —o sea, exotérica o
revelada— ocultaba entre sus palabras otro mensaje esotérico igualmente veraz,
y cuya develación solo era posible mediante un escrupuloso análisis lógico.
Con este postulado de la
doble manifestación de la verdad pretendía salvar el conocimiento racional,
descrito por Aristóteles, de la voraz creencia, al que añadiré su concepto del
intelecto agente o universal, que permite, sobre el intelecto receptivo o
individual, formular abstracciones a los hombres y, en consecuencia, el saber.
Ambas propuestas convulsionaron las universidades cristianas tras su
divulgación por los sefardíes establecidos en Francia y las consiguientes
traducciones de Jacob Anatoli y de su cuñado Moisés ibn Tibbon. Así, a través
de un Averroes por manos hebreas, aconteció la gran exégesis del fisicismo
aristotélico; o sea, la escolástica con sus disputas entre averroístas y
antiaverroístas. Y, durante el siglo siguiente, con las agudas objeciones a los
anteriores de Duns Scoto y de Tomás de Occam —impulsores del nominalismo—, el
camino hacia una ciencia empírica.
Y les decía que Averroes no
lo tuvo fácil porque sus exposiciones siempre suscitaron el recelo de los
doctores de la ley coránica, quienes aprovecharon la estancia en Córdoba del
sucesor de Abu Yaqub Yusuf, soliviantado por la expansión de Alfonso VIII más
allá de Calatrava, para obtener su condena pública por herético, la quema de
sus libros y su confinamiento entre Lucena y Cabra, en 1195. Y aunque un par de
años después fuera recuperado para la corte de Marraquech, donde apenas alcanzó
a vivir sus últimos diez meses, su obra padeció siempre aquella sórdida
tachadura, por cuanto se vio cercada por las sucesivas corrientes místicas que
han prevalecido en el Islam, cuando no, simplemente olvidada. De modo que
Averroes nos aparece como el último filósofo —en el sentido helénico del
término— surgido bajo ese credo, a la par que su pérfida persecución quizá fije
el momento preciso cuando el Islam se apeó del progreso de la Historia. Pues
este derrotero ha sido impulsado por los posteriores descubrimientos
científicos, y estos fueron obra del escueto empleo de esa razón que rescató,
contra el sentir dominante de su tiempo, aquel talento cordobés.
Artículo publicado por el "Imparcial" el lunes 27 de abril de 2026
*Gastón Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.
Por Ricardo Gil Otaiza
Cuando aparezcan las sombras
En el libro, Castro Picón
trata la crisis en sus distintas facetas: economía, sanidad, democracia,
ecología, vivienda, derechos ciudadanos, fascismo, racismo, la violencia contra
la mujer, y muchas otras
Cuando nos acercamos al
término apocalipsis, nos estremecemos ante sus hondas implicaciones, no en vano
el Diccionario de la Lengua Española (23ª ED), de la RAE, nos dice al respecto
(en sus dos primeras acepciones): 1. “El fin del mundo”, y 2. “Una situación
catastrófica ocasionada por agentes naturales o humanos, que evoca la imagen de
destrucción total.”, y traigo esto a colación a propósito del libro La fiesta
del fin del mundo. Apocalipsis cultural en periodo de crisis (España,
2008-2023), de Natalia Castro Picón (Menorca, 1989), con el que obtuviera el
importante Premio Anagrama de Ensayo 2025, y que publicara la propia editorial
a finales de ese año en su colección Argumentos.
De entrada, intimida su
extensión: 445 páginas en apretados caracteres, pero, a medida que nos
adentramos en ellas, nos insertan en una suerte de oleaje, que nos lleva por
diversidad de temas y circunstancias, de los que no podemos desentendernos,
porque sencillamente nos atañen como ciudadanos de un mundo complejo, cruzado e
interconectado por cientos de variables, que se entretejen para hacer de
nuestra realidad todo un fresco de posibilidades de múltiple orden.
Aborda la autora una
temática puntillosa, difícil de tratar en medio de una época intransigente y
ciega frente al poder de las ideologías y las telecomunicaciones, que se van a
los extremos (tanto la izquierda como la derecha; aquí no cabe el centro ni el
fiel de la balanza que pueda mover los platillos), que obnubilan los sentidos y
la razón, hasta llevarnos por oscuros callejones de mentiras disfrazadas de
verdades, y que asumimos sin pensar, como si fueran parte del paisaje, pero que
nos afectan hasta lo indecible y hacen de nuestra existencia una suerte de
mural al que, cada uno, y según sus “apetitos” (de toda laya), da una pincelada
del color de su preferencia, pero el que a la postre termina destruido,
tergiversado: rotos su eje e intención, y desdibujado hasta la náusea.
En el libro, Castro Picón
trata la crisis en sus distintas facetas: economía, sanidad, democracia,
ecología, vivienda, derechos ciudadanos, fascismo, racismo, la violencia contra
la mujer, y muchas otras. Yerra la autora al sesgar el análisis ideológico, y
no insertar la problemática de la izquierda radical, cerrada a cal y canto a
todo aquello que no exprese su misma narrativa, lo que produce, ni a qué
dudarlo, el choque de trenes entre los extremos que hoy se atrincheran como en
épocas que creíamos superadas, de allí la tragedia política de muchas naciones, de la que no
escapa España, su objeto de estudio, y que la llevan al borde del abismo.
Hay, no faltaba más, el
imaginario del fin, o apocalíptico, y cuyo discurso toca (no tangencialmente,
por cierto) aspectos tan relevantes como los medios, las artes visuales, la
literatura, la música, que inciden de manera determinante en el qué y en el
cómo pensamos, que nos mueven en el día a día, que guían y ralentizan (aunque
no lo creamos) nuestro comportamiento y nuestras acciones; de allí la crisis
presente no tan soterrada, como algunos políticos ultrosos quieren, y por la
que se frotan las manos y sacan sus cuentas, y que se refleja en un afán de
supremacía y poderío que aterra, que abre cauces a situaciones indeseadas, que
busca el quiebre del “orden establecido” para obtener rédito político o
crematístico (o ambos, por supuesto), lo que trae a mi mente un libro capital
del pasado, pero que hoy cobra plena vigencia, que leí hace ya unos cuantos
años con enorme perplejidad y desconcierto, y, que por cierto, no aparece en la
bibliografía de este libro que reseño (motivado, tal vez, a su data): me
refiero a El choque de las civilizaciones. Y la reconfiguración del orden
mundial de Samuel Huntington.
A pesar de lo grueso de la
temática tratada, la prosa de la autora discurre, se deja leer, permite asentir
y disentir, y se observa algo que luce interesante, como es su estilo juvenil y
fresco (ella es una mujer muy joven), lo que no va en contraposición con los
estándares exigidos para el género ensayístico, y lo que dice mucho a favor de
la obra y del jurado que la valoró. Es más, a veces el lenguaje tiene atisbos
de lo lúdico (hallamos al respecto metáforas e imágenes muy gratas y festivas,
no en balde aparece el vocablo fiesta en el propio título).
En este sentido, apocalipsis
y festín se mecen al unísono en la obra: uno deriva del otro (y en ambos
sentidos) en un ejercicio de realimentación, que nutre y enriquece las páginas,
lo que aleja toda posibilidad de lo fatídico y desesperanzador en un ejercicio
literario pleno y sensorial, en cuyo trasiego se nos abren boquetes y
vislumbres de lucidez, así como del anhelo de los tiempos por venir, que
tendrán que ser mejores que los actuales, ya que las nuevas generaciones de
intelectuales asumen, con rigurosidad y método, la densa trama del devenir, y
se atreven, de manera colectiva, a llevar las riendas de procesos que conlleven
cambio y apertura, que orienten en medio de la pérdida de los hilos históricos,
que afecta al presente.
El celebérrimo nihilismo de
muchos intelectuales (entre ellos el ya citado Huntington) se cae a pedazos en
esta obra, porque en ella la autora no se vanagloria de mostrarnos la puerta
del averno, y su trabajo es, si se quiere, alentador, porque indaga más allá de
los referentes epocales, para decirnos que podemos otear futuros diversos de
tomarse ya soluciones y correctivos, que ahuyenten el miedo a los extremos
políticos (que deberán trabajarse con tino y voluntad política), para
reinventar el ahora sobre bases firmes que, como las de esta obra, nos sirvan
de espejo en el que podamos mirarnos cuando aparezcan las sombras.
*Escritor y académico venezolano
rigilo99@gmail.com
Por Gabriel Jiménez Emán
Díalogo postrero entre Sancho Panza y Alonso Quijano, oído por el autor del Quijote
Cide Hamete, autor de
"El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha", escribió un diálogo
para este libro que hasta ahora no se había dado a conocer, y es dado hoy a la
luz con la intención de agregarlo a la célebre obra, y así todas las villas y
lugares de la Mancha, de España y del mundo compitan entre sí por divulgar y
hacer suyas su fama y su memoria.
Dicho episodio comienza
cuando Sancho Panza se encuentra ahogado en mares de llanto, viendo a don
Alonso Quijano postrado en su lecho, pocas horas antes de morir.
En una de esas pausas de
llanto en que Sancho fue a procurarse un poco de vino para mitigar su sed, don
Alonso sorpresivamente se inclinó, le vio a Sancho y le hizo señas de que se
acercase a su lecho. Sancho, ni corto ni perezoso, se acercó a su amo; aquel le
tomó de un brazo y con una sonrisa pícara le susurró al oído:
—Sancho, de haber nacido
otra vez, ¿quién habrías querido ser?
—¿Yo, mi señor?
—Sí, Sancho, dime quién.
—Pues usted, mi señor, en
otra vida me gustaría ser usted y cabalgar por los campos de Castilla y de
España junto a Sansón Carrasco y Sancho Panza.
—¿Estás hablando en serio,
Sancho, o de nuevo estás diciendo disparates?
—No, mi señor Alonso
Quijano, ya que usted recuperó la cordura y ahora se arrepiente de sus locuras,
yo le digo que si mi Dios Jesucristo me permitiera nacer otra vez, me gustaría
ser Don Quijote de la Mancha y volver a recorrer los caminos del mundo y ganar
batallas y los amores de bellas mujeres.
¿Y usted, señor mío, si a
usted le dieran la oportunidad de vivir su vida otra vez, quién le hubiera
gustado ser?
—Pues tú, Sancho, me hubiera
gustado ser Sancho Panza, un buen hombre que se atrevió a creer en la locura de
otro hombre porque sí, sin más esperanza y herencia que ser gobernador de una
isla que no existe.
—Pues entonces estamos a
mano, amo y señor mío, nuestras vidas están cumplidas y nuestros destinos
realizados, creo yo.
—Así es, Sancho, así lo
quiso nuestro señor Jesucristo, que es grande y sabio.
Alonso Quijano dijo esto y
después expiró. Sancho tomó el brazo de su amo —que había permanecido hacía
pocos segundos temblando sobre su hombro— y lo colocó suavemente en el pecho
exánime de don Alonso.
Cide Hamete, el escritor, y
el bachiller Sansón Carrasco los contemplaban a ambos cuando esto tuvo lugar;
ellos fueron únicos testigos de las postreras palabras que cruzaron Sancho
Panza y Alonso Quijano. Entre Hamete y Carrasco hubo el acuerdo tácito de que
tales palabras debían ser insertadas en la novela, pero por algún desconocido
percance el diálogo no pudo ser incluido en la edición que el impresor Juan de
la Cuesta hizo de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, en 1615.
Mientras se dirigían a hacer
los preparativos para dar cristiana sepultura a don Alonso, Sansón Carrasco
preguntó a Cide Hamete Benengeli cuál de los tantos personajes que había creado
la febril imaginación del Quijote, y que él había recogido en su pluma, le
habría gustado ser.
—Me habría gustado ser el
Caballero de los Espejos, que es justamente el personaje que tú creaste
disfrazándote, para divertirte y darle más vida a Don Quijote. Ese es un
invento genial, te lo aseguro. Por ello te doy las gracias. Fue el único
Caballero que logró vencer en batalla limpia a Don Quijote.
¿Y usted, Sansón, quién le
habría gustado ser de entre todas esas fantásticas aventuras imaginadas por Don
Quijote?
—Pues le digo con toda
sinceridad que más bien me hubiera gustado ser un escritor diestro como usted,
maestro Hamete, con tanta facilidad para manejar esa pluma, la misma que
parecía decir «para mí sola nació Don Quijote, y yo para él; él supo obrar y yo
escribir; solo los dos somos para en uno, a despecho y pesar del escritor
fingido».
—Le agradezco mucho su
elogio, bachiller, pero me parece que otorga usted más honores a esa pluma que
a mi persona —replicó Cide Hamete, sonriendo apenas y al unísono con el
bachiller Carrasco, mientras se encaminaban ambos a contribuir con los arreglos
del sepelio. Hamete re-cogió estos hechos y palabras postreros y los mantuvo
largo tiempo consigo, atesorados en un manuscrito de pergamino.
El mencionado manuscrito fue
hallado hace poco en el anaquel de una vieja posada de Madrid, donde un tal
Miguel de Cervantes solía pasar largas horas descansando o escribiendo, por
aquel año de 1615.
( Del libro "Historias
imposibles", Monte Ávila Editores. Caracas).
*Gabriel Jímenez Emán, es escritor, narrador, poeta, ensayista, compilador y traductor venezolano, destacando más en el ámbito de la narrativa y la poética, la cual ha sido traducida a varios idiomas y recogida en antologías latinoamericanas y europeas.
Madrid.- 27 de abril de 2026
Carabaña(Madrid)
La Gatera Press
Encuentro con el escritor Juan Miguel Sánchez Vigil
![]() |
| Izda.Alcalde Mario Terrón, escritor Juan M.Sánchez Vigil y Cjal.de cultura Luis Moraleda |
En una sala concurrida, se dieron cita a esta charla literaria, para escuchar al autor sobre la evolución del municipio del pueblo de Carabaña,y así mismo comentarnos sobre su fotografía.
Ha publicado una veintena de libros de temática diversa (historia de la
fotografía, viajes, literatura infantil y juvenil), El valle del Tajuña, España en blanco y negro, Cuentos y leyendas de la
comunidad de Madrid, Marabo el último bandolero, Historias de San Torondón, El
universo de la fotografía, Carabaña. Documentación histórica, es
continuación y complemento a la obra, Carabaña.
De la prehistoria al siglo XXI, como indica el insigne profesor Fernández
Álvarez en el prólogo, un interesante corpus
para el estudio de la historia de España desde la perspectiva local.
Juan Miguel Sánchez Vigil
Es doctor en Ciencias de la
Información por la Universidad Complutense, profesor del Departamento de
Comunicación, de esa Facultad, documentalista gráfico de la editorial Espasa
Calpe y fotógrafo profesional. Ha sido comisario de varias exposiciones de
fotografía, entre ellas las dedicadas al académico Alfonso Sánchez Portela, y a
la dinastía Calvache, y jurado del prestigioso premio Kaulak que otorga el
Ayuntamiento de Madrid.
Catedrático de la UCM.
Doctor en Ciencias de la Información (1995, UCM); Doctor en Historia del Arte
(2005, Universidad de Castilla la Mancha); y Doctor en Geografía e Historia
(2020, UCM). Editor, fotógrafo, documentalista gráfico. Imparte docencia desde
el año 1997 en las Facultades de CC. de la Información y CC. de la
Documentación de la UCM, con especialidad en Documentación Fotográfica y
Editorial. Es profesor de Grado, Máster y Doctorado.
Ha sido un placer, conocer al
autor y darnos una charla bastante enriquecedora y llena de recuerdos del pueblo de Carabaña.
GONZALO CELORIO, recibe el
PREMIO CERVANTES 2025
Entregado por los Reyes de España: Felipe VI y Leticia Ortiz
El 23 de abril, ha sido entregado el Premio Cervantes, al escritor mexicano, ensayista y novelista Gonzalo Celorio, en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá, convirtiéndose en un ambiente literario y de fiesta, Alcala de Henares.
Autoridades municipales y
representantes institucionales, presentes en esta acto, para recordar el aniversario del fallecimiento de
Cervantes, en el año 1616, la alcaldesa Judith Piquet, la directora general del
libro Maria José Galvez, el ministro de cultura Ernest Urtasun, la presidenta
de la comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, Luis García Montero: Escritor y
director del Instituto Cervantes, Sergio Ramírez, escritor nicaragüense y
Premio Cervantes 2017, Luis Mateo Díez: Escritor español y Premio Cervantes
2023, Santiago Muñoz Machado: Director de la Real Academia Española (RAE) y
familiares del premiado de Gonzalo Celorio, y representantes y personalidades
del gremio universitario y cultural.
Gonzalo Celorio (Ciudad de México, 25 de marzo de 1948) es un editor, ensayista, narrador, catedrático y crítico literario mexicano. Desde febrero de 2019 se desempeña como director de la Academia Mexicana de la Lengua. De 2000 a 2002, fue director del Fondo de Cultura Económica.
Obtuvo la licenciatura en
lengua y literatura por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y el
doctorado en literatura iberoamericana por la misma universidad.
Es autor de las novelas Amor
propio (1992), Y retiemble en sus centros la tierra (1999), la trilogía Una
familia ejemplar, formada por Tres lindas cubanas, El metal y la escoria
(2014), Los apóstatas (2020), Mentideros de la memoria (2022), entre otros más.
Celorio se convirtió en el
séptimo mexicano en recibir el premio Cervantes, luego de Octavio Paz, Carlos
Fuentes, Sergio Pitol, José Emilio Pacheco, Elena Poniatowska, y Fernando del
Paso
“La nacionalidad mexicana no
puede disociarse de la historia y la cultura españolas”, dijo, el escritor
ganador del Premio Cervantes. Aplausos grandes para este escritor, designado
con este merecido premio.
Madrid.- 22 de abril de 2026
La GateraPress
Homenaje
Vargas Llosa: una vida
A un año de su fallecimiento
14 de abril 2025, su hijo Álvaro Vargas Llosa, ha querido hacerle un homenaje, en
el Ateneo de Madrid.
Se ha llevado a cabo, el 13 de abril de 2026, en este lugar emblemático, como es el Ateno de Madrid. Su hijo Álvaro Vargas y el Ateneo, le han rendido un cálido homenaje a una de las voces mas importantes de la literatura latinoamericana, “Mario Vargas Llosa: una vida”.
Abrió el acto el poeta y novelista, Joaquín Pérez Azaústre , Gerardo Bongiovanni y Raul Tola, y luego intervino Álvaro Vargas Llosa, quien condujo la conferencia. Entre los participantes, se encontraban: Mercedes Monmany, Juan Gabriel Vásquez, Sergio Ramirez, Carlos Granés, Magüi Mira, Maribel Luque, David Gallagher, Gina Montaner, Roberto Salinas, y el actor José Sacristán, quien participo en pantalla y fue grabada su participación. Después de dar cada uno de ellos su opinión y contar sus anécdotas de cómo conocieron y la relación, que mantuvieron con el escritor homenajeado. Luego se procedió a las lecturas dramatizadas, por parte de cada uno de los exponentes.
Álvaro
Vargas Llosa, definió a su padre como un hombre que la vida le quedaba chica, un
hombre inquieto, en conocer las artes, cine, teatro, también destaco, que la
constante búsqueda de experiencias, le llevo a “poner patas arriba” a su propia familia, pero siempre reconocerlo
arrepentirse y pedir perdón por sus errores.
Luego entre brindis y amigos, disfrutaron de una velada literaria.
Madrid.- 21 de abril de 2026
Llega
a librerías 'La muerte de la autora'
de
Nnedi Okorafor
Es la esperada novela de una de las más importantes
autoras internacionales de ciencia ficción, que combina la mejor ficción
especulativa con una fuerte base de narrativa contemporánea.
Compleja, trepidante, rompedora. Es un ambicioso metadrama sobre qué nos hace humanos. Integra un mundo posapocalíptico de robots e Inteligencia Artificial que sigue reafirmando a Nnedi Okorafor como una de nuestras grandes creadoras de mundos.
El título está inspirado en el ensayo La muerte del autor
de Roland Barthes. Pertenece al subgénero del africanfuturism.
Es el relato de una mujer en los márgenes que lo arriesga
todo para ser escuchada. Excéntrica, impredecible y adorable.
Destaca la fuerte dimensión metaficcional: reflexión
sobre la autoría y la creación literaria en el siglo XXI, incluyendo la idea de
la obra dentro de la obra.
Explora otros temas: la identidad individual, el
feminismo, la discapacidad y su relación con la tecnología, el impacto de la
tecnología en la vida y la cultura; también el éxito, la fama y la presión
pública en la era digital, las redes sociales y la cultura de la cancelación.
Argumento
Zelu es una mujer
parapléjica de treinta y dos años con un máster en escritura creativa, aunque
de pequeña quería ser astronauta. De ella ya no se espera gran cosa, se siente
una marginada en el seno de su familia, que es amorosa pero muy exigente y
tradicional, criticada e incomprendida por sus padres y sus cinco hermanos.
También se siente sobreprotegida, debido a su discapacidad. La vida le ha dado
algunos golpes, pero cuando la despiden de su trabajo y rechazan su última
novela, su vida da un vuelco. No sabe qué va a ser de ella, y entonces toma una
decisión arriesgada: escribir un libro muy diferente a los demás. Será su
primera historia de ciencia ficción, sobre androides e inteligencia artificial
tras la extinción de la humanidad. Y todo cambia. Lo que viene después es una
historia de amor y pérdida, fama e infamia, y acontecimientos extraordinarios
en un mundo y en otro, donde la línea entre la ficción y la realidad se
difumina.
Madrid.- 15 de abril de 2026
Por Gastón Segura
Melodía de arrabal
Podría titularse así, como
este artículo y como aquella película protagonizada por Carlos Gardel e Imperio
Argentina para la Paramount, en 1933; como también podría llamarse Recuerdo de
los olvidados o hasta El rastro de los sin huella, o cualquier otro de los
muchos títulos que se me ocurren en este momento; sin embargo, se titula
Singapur por una canción de Tom Waits. Se trata de la reciente novela de mi
amigo Alfons Cervera. Y como quiera que no pude acudir a su presentación, hace
tres o cuatro sábados, en la madrileña Sin Tarima, del incombustible Santiago
Palacios, me propongo escribirle, como disculpa y también como fraterno abrazo,
estas líneas, que no dejan de ser —qué duda cabe— una invitación para que se
conmuevan con las vidas que, como si fuesen los caliches o los papelorios
viejos o esas otras mil inmundicias que arrastra una súbita ventolera, asoman a
retazos en sus páginas o en esa plazuela del confín de los sueños, donde solo
unos cuantos bancos proclaman que hasta allí llegó, nadie recuerda cuándo, el
impulso municipal; luego, el consistorio se olvidó del paraje para siempre.
Suele suceder.
Sí; el relato se centra en
una plaza suburbial, que se abría por un flanco a los cegadores descampados
donde se avista un horizonte de puro hastío y, por el otro y al final de una de
sus callejas, a una autovía de turismos veloces y camiones abarrotados, que
imponía la infranqueable frontera con el mundo de la algarabía multicolor de
las luces nocturnas, del fulgor destellante de los tentadores escaparates y del
rumor confortable de las cafeterías acristaladas, donde los clientes sonríen
acomodados sobre un mañana que nunca llegará allí, a aquella cuadrangular y
desamparada linde donde asoman una barbería, la del Josito; un bar con
mostrador de cinc e imponente cafetera cromada, el del Rodri, y hasta un
quiosco de aquellos que vendían el Interviú, entre la prensa diaria, el Marca y
el Lib, donde las estrellas del destape, por solo veinte duros, procuraban un
amanuense y solitario desahogo con que ir mitigando la frustración de saberse
ese donnadie en quien nunca se fijarán, ni para pedirle fuego, unas mujeres tan
descaradas y tan de bandera como aquellas.
Un lugar de esos donde
nacían, respiraban y deambulaban —a veces, incluso soñaban— los desheredados
desde la cuna; ajenos al mundo entorno si no era para dar un palo o celebrar
una boda con todo el postín que se les alcanzaba, exhibiendo una desgreñada
libertad —pero libertad, al fin y al cabo— que solo se truncaba cuando se les
jodía un trinque en esa joyería de la barriada vecina o se empleaban en una
chapuza ocasional para remediar sus incesantes aprietos. Una plazoleta y un
grupo de tipos que van desde la barbería del Josito al bar del Rodri, o al
garaje donde vigila una escuadrilla de autobuses el Lomax; un paisaje de cuitas
y anhelos que nos refiere de inmediato a la trilogía barojiana La lucha por la
vida (1904-5), en una época, cuando esta especie de hombres ya no encontraba
incentivos para esa lucha, porque el mundo que los postergaba rebosaba de
golosinas, y bastaba con alargar sigilosamente la mano en un descuido o, si era
necesario, enseñar el filo del pincho. En fin; un rincón sin preocupaciones
porque sus habitantes acumulaban tantas y tan elementales que su cuenta sería
eterna.
Pero si por algo merece la
pena que lean Singapur es por su estilo; tan coloquial y tan pegado al aliento
de todos ellos, desde su innominado protagonista —quien evoca a los demás desde
vaya usted averiguar dónde, y como se recuerdan los fragmentos de la vida
cuando se transita a contratiempo de la necesidad, por momentos pasajeros y sin
ilación— hasta su amante la Lola, pasando por la entusiasta y cantarina Alma, o
por el tronado del Búnker, que desnucó al Silvio de una trompada, o por el
Márshal, un pasma que boxeó, cuando los días del NO-DO, con el gran Fred
Galiana, o por el Chispa que leía novelitas del Oeste y era todo un intelectual
entre aquellas almas raquíticas desde el Bautismo y que bailoteaban sus
alegrías de dos perras gordas ante el junkebox del café del Rino o en el
karaoke que montaron donde el Rodri, para matar a gorgoritos su tiempo difunto
de antemano. Un estilo que te va encogiendo las tripas a base de convertirte en
su colega por la sórdida desventura. Una prosa que, en su decir lastimero y sin
calendarios, enraíza en Mientras agonizo (1930) o en Desciende Moisés (1942),
ambas de Faulkner, y que supone, para cualquier novelista, todo un reto
mantenerla sin la menor quebradura durante el manojo de folios que imponga este
romance de ciego con acompañamiento de cassettes de bar de carretera; por
supuesto, guindados al desgaire entre las risas de un canuto bien cargado. Y
Alfons lo ha conseguido.
En fin; el retrato de esa
gente que cuando la Transición llamábamos el lumpen —entonces es que éramos muy
leídos y doctrinarios— y ahora, perroflautas; y que son esos perdularios que si
no fuese por novelistas como Cervera, o como Baroja, o como Marsé, no dejarían
huella, porque solo figuran en las gacetillas de sucesos —desde luego, servidas
por agencia—, donde se estila, muy pulcramente, mencionarlos por las iniciales,
para que su condena al anonimato se mantenga por los siglos de los siglos,
amén.
Artículo publicado por el "Imparcial" el domingo 12 de abril de 2026
*Gastón Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.
Por Ricardo Gil Otaiza
Cuando
aparezcan las sombras
En el libro, Castro Picón
trata la crisis en sus distintas facetas: economía, sanidad, democracia,
ecología, vivienda, derechos ciudadanos, fascismo, racismo, la violencia contra
la mujer, y muchas otras
Cuando nos acercamos al
término apocalipsis, nos estremecemos ante sus hondas implicaciones, no en vano
el Diccionario de la Lengua Española (23ª ED), de la RAE, nos dice al respecto
(en sus dos primeras acepciones): 1. “El fin del mundo”, y 2. “Una situación
catastrófica ocasionada por agentes naturales o humanos, que evoca la imagen de
destrucción total.”, y traigo esto a colación a propósito del libro La fiesta
del fin del mundo. Apocalipsis cultural en periodo de crisis (España,
2008-2023), de Natalia Castro Picón (Menorca, 1989), con el que obtuviera el
importante Premio Anagrama de Ensayo 2025, y que publicara la propia editorial
a finales de ese año en su colección Argumentos.
De entrada, intimida su
extensión: 445 páginas en apretados caracteres, pero, a medida que nos
adentramos en ellas, nos insertan en una suerte de oleaje, que nos lleva por
diversidad de temas y circunstancias, de los que no podemos desentendernos,
porque sencillamente nos atañen como ciudadanos de un mundo complejo, cruzado e
interconectado por cientos de variables, que se entretejen para hacer de
nuestra realidad todo un fresco de posibilidades de múltiple orden.
Aborda la autora una
temática puntillosa, difícil de tratar en medio de una época intransigente y
ciega frente al poder de las ideologías y las telecomunicaciones, que se van a
los extremos (tanto la izquierda como la derecha; aquí no cabe el centro ni el
fiel de la balanza que pueda mover los platillos), que obnubilan los sentidos y
la razón, hasta llevarnos por oscuros callejones de mentiras disfrazadas de
verdades, y que asumimos sin pensar, como si fueran parte del paisaje, pero que
nos afectan hasta lo indecible y hacen de nuestra existencia una suerte de
mural al que, cada uno, y según sus “apetitos” (de toda laya), da una pincelada
del color de su preferencia, pero el que a la postre termina destruido,
tergiversado: rotos su eje e intención, y desdibujado hasta la náusea.
En el libro, Castro Picón
trata la crisis en sus distintas facetas: economía, sanidad, democracia,
ecología, vivienda, derechos ciudadanos, fascismo, racismo, la violencia contra
la mujer, y muchas otras. Yerra la autora al sesgar el análisis ideológico, y
no insertar la problemática de la izquierda radical, cerrada a cal y canto a
todo aquello que no exprese su misma narrativa, lo que produce, ni a qué
dudarlo, el choque de trenes entre los extremos que hoy se atrincheran como en
épocas que creíamos superadas, de allí la tragedia política de muchas naciones, de la que no
escapa España, su objeto de estudio, y que la llevan al borde del abismo.
Hay, no faltaba más, el
imaginario del fin, o apocalíptico, y cuyo discurso toca (no tangencialmente,
por cierto) aspectos tan relevantes como los medios, las artes visuales, la literatura,
la música, que inciden de manera determinante en el qué y en el cómo pensamos,
que nos mueven en el día a día, que guían y ralentizan (aunque no lo creamos)
nuestro comportamiento y nuestras acciones; de allí la crisis presente no tan
soterrada, como algunos políticos ultrosos quieren, y por la que se frotan las
manos y sacan sus cuentas, y que se refleja en un afán de supremacía y poderío
que aterra, que abre cauces a situaciones indeseadas, que busca el quiebre del
“orden establecido” para obtener rédito
político o crematístico (o ambos, por supuesto), lo que trae a mi mente
un libro capital del pasado, pero que hoy cobra plena vigencia, que leí hace ya
unos cuantos años con enorme perplejidad y desconcierto, y, que por cierto, no
aparece en la bibliografía de este libro que reseño (motivado, tal vez, a su
data): me refiero a El choque de las civilizaciones. Y la reconfiguración del
orden mundial de Samuel Huntington.
A pesar de lo grueso de la
temática tratada, la prosa de la autora discurre, se deja leer, permite asentir
y disentir, y se observa algo que luce interesante, como es su estilo juvenil y
fresco (ella es una mujer muy joven), lo que no va en contraposición con los
estándares exigidos para el género ensayístico, y lo que dice mucho a favor de
la obra y del jurado que la valoró. Es más, a veces el lenguaje tiene atisbos
de lo lúdico (hallamos al respecto metáforas e imágenes muy gratas y festivas,
no en balde aparece el vocablo fiesta en el propio título).
En este sentido, apocalipsis
y festín se mecen al unísono en la obra: uno deriva del otro (y en ambos
sentidos) en un ejercicio de realimentación, que nutre y enriquece las páginas,
lo que aleja toda posibilidad de lo fatídico y desesperanzador en un ejercicio
literario pleno y sensorial, en cuyo trasiego se nos abren boquetes y
vislumbres de lucidez, así como del anhelo de los tiempos por venir, que
tendrán que ser mejores que los actuales, ya que las nuevas generaciones de
intelectuales asumen, con rigurosidad y método, la densa trama del devenir, y
se atreven, de manera colectiva, a llevar las riendas de procesos que conlleven
cambio y apertura, que orienten en medio de la pérdida de los hilos históricos,
que afecta al presente.
El celebérrimo nihilismo de
muchos intelectuales (entre ellos el ya citado Huntington) se cae a pedazos en
esta obra, porque en ella la autora no se vanagloria de mostrarnos la puerta
del averno, y su trabajo es, si se quiere, alentador, porque indaga más allá de
los referentes epocales, para decirnos que podemos otear futuros diversos de
tomarse ya soluciones y correctivos, que ahuyenten el miedo a los extremos
políticos (que deberán trabajarse con tino y voluntad política), para
reinventar el ahora sobre bases firmes que, como las de esta obra, nos sirvan
de espejo en el que podamos mirarnos cuando aparezcan las sombras.
*Escritor y académico
venezolano
rigilo99@gmail.com
Por Gabriel Jiménez Emán
Ética y psicoanálisis en Erich Fromm
La historia de la filosofía
occidental se puebla a menudo de altibajos conceptuales, propiciados por las
propias categorías creadas por los filósofos. Desde este punto de vista
categorial, nos pudiéramos perder en un laberinto. En este sentido, valdría la
pena observar el desarrollo que estas involucran para desentrañar un poco más
ese arduo camino. Con la aparición de la psicología como "ciencia" o
disciplina humana, la historia de la filosofía estaría dando un vuelco, creo,
cuando se funda la psicología a finales del siglo XIX con Wilhelm Wundt
(1832-1920), y a principios del siglo XX con la publicación de La
interpretación de los sueños (1900) de Sigmund Freud, basada ante todo en una
investigación sobre el inconsciente, y otras obras de Freud en pro de la
comprensión de la mente humana, como el sexo y las patologías surgidas de la
vida cotidiana. Todas estaban dedicadas al estudio de la psique al usar una
serie de categorías a través de las cuales se inauguraría un nuevo modo de
investigar no solo la mente o la personalidad, sino también el propio
desenvolvimiento de lo que hoy conocemos como filosofía moderna.
Uno de los discípulos más
aventajados de Sigmund Freud fue Erich Fromm (Alemania, 1900-1980), quien
justamente hace énfasis en el desarrollo de las potencialidades sensitivas y
emocionales para posibilitar luego las intelectuales y creativas, y estas a su
vez hiciesen posible una plenitud humana basada en la productividad y la
creación, y con ellas la libertad; es decir, cada ser humano sería el autor de
su propia realización. En este sentido, la obra de Fromm se perfila en todo el
siglo XX como una de las más coherentes, al adentrarse en la naturaleza del
amor, la identidad o la trascendencia. Desde que en mi juventud leí El arte de
amar (1956) o El miedo a la libertad (1941), sus ideas fueron para muchos de mi
generación una revelación. Fromm es autor de numerosas obras sobre filósofos
como Karl Marx, Sigmund Freud, corrientes como el budismo zen y otras
reflexiones profundas sobre el humanismo como utopía real, ética, política, la
condición humana y la crisis del psicoanálisis. Otras relevantes obras suyas
son La revolución de la esperanza (1970) y El corazón del hombre (1981).
Trabajó con pensadores de la llamada Escuela de Fráncfort (Benjamin, Adorno,
Marcuse). Estando en Ciudad de México, impartió clases en la Universidad
Autónoma y fundó allí la Sección Psicoanalítica en la Escuela de Medicina.
Hoy quiero hacer referencia
a Ética y psicoanálisis (1947), libro que me ha acompañado en los últimos años,
donde he hallado explicaciones impresionantes sobre las personalidades
psicológicas del ser humano. Me ha sido central para comprender procesos y
fenómenos que antes se me presentaban muy abstractos o velados por
categorizaciones abstrusas o deliberadamente complicadas. No dispongo aquí de
espacio para llevar a cabo una mediana meditación sobre el contenido de este
libro, donde se tratan diversos tópicos: el problema de la ética humanista; la
ciencia aplicada al arte de vivir y su conexión con la tradición y el psicoanálisis,
para luego dirigirse a la naturaleza humana, el carácter y su debilidad
biológica, la dicotomía existencialista e histórica en el hombre, la
personalidad, el carácter y, finalmente, los problemas de la ética humanista:
egoísmo, conciencia, placer, felicidad, fe, asuntos morales y ética relativa.
El pequeño volumen que siempre releo ha sido editado en la colección Breviarios
del Fondo de Cultura Económica de México, en el año 2013. De sus 269 páginas,
extraigo el siguiente fragmento:
La felicidad es la
indicadora de que el hombre ha encontrado la respuesta al problema de la
existencia humana: la realización productiva de sus potencialidades, siendo
simultáneamente uno con el mundo y conservando su propia integridad. Al gastar
su energía productivamente, acrecienta sus poderes; "se quema sin ser
consumido".
La felicidad es el criterio
de excelencia en el arte de vivir; de virtud, en el sentido que posee para la
ética humanista. La felicidad es considerada con frecuencia como lo opuesto
lógicamente al pesar y al dolor. El sufrimiento físico o mental es parte de la
existencia humana y el experimentarlo es algo inevitable. El reunir la pena a
toda costa solo puede lograrse al precio de un aislamiento total, el cual
excluye la capacidad para experimentar la felicidad. Lo opuesto a la felicidad
no es, por consiguiente, el pesar o el dolor, sino la depresión que resulta de
la esterilidad interior y de la improductividad.
Erich Fromm
Libros libres,publicado el 02 de marzo de 2026
*Gabriel Jímenez Emán, es escritor, narrador, poeta,
ensayista, compilador y traductor venezolano, destacando más en el ámbito de la
narrativa y la poética, la cual ha sido traducida a varios idiomas
y recogida en antologías latinoamericanas y europeas.
Madrid.- 06 de abril de 2026
Santa Cruz de Tenerife
La Real Academia Canaria de Bellas Artes publica un libro sobre las sociedades recreativas en Santa Cruz
La Real Academia Canaria de
Bellas Artes de San Miguel Arcángel (Racba) publica el libro “Las sociedades
recreativas en Santa Cruz de Tenerife”. Una alternativa de autogestión
sociocultural (1902-1925), escrito por el académico Conrado Álvarez Fariña y
que será presentado mañana martes, 7 de abril, a las 19.00 horas en la sede de
la institución académica en Santa Cruz de Tenerife (plaza Ireneo González, 1).
El acto, que cuenta con la colaboración del Gobierno de Canarias, será presidido por el propio autor junto con la doctora en Geografía e Historia Pilar Carreño Corbella.
El libro “demuestra cómo los
residentes de Santa Cruz de Tenerife, especialmente a través de las actividades
y acciones de animación cultural organizadas por las sociedades Ateneo, Círculo
de Amistad XII de Enero, Juventud Republicana y Salón Frégoli, fueron
determinantes en la configuración del paisaje cultural que hoy reconocemos como
propio e identitario”, asegura Álvarez Fariña, quien añade que “una de las
consecuencias del regeneracionismo del reinado de Alfonso XIII y sus políticas
culturales en Canarias fue la autogestión y el cooperativismo ciudadano, que
redundó en el empoderamiento social”.
Durante este período, y a
pesar del lastre que significaba la capitalidad provincial, “los ciudadanos
lograron desarrollar, como manifestación de progreso social, altos niveles de
ocio, entretenimiento y cultura, a pesar de las carencias, dificultades y
premuras de toda índole”, asegura el autor. La investigación indaga sobre las
programaciones acometidas por estas sociedades, una buena muestra del poder del
asociacionismo y el altruismo de los santacruceros en la conformación de la
historia cultural contemporánea.
Conrado Álvarez Fariña es
académico numerario de la Real Academia Canaria de Bellas Artes, diplomado en
Protocolo, Eventos y Relaciones Institucionales por la Universidad Miguel
Hernández de Elche, graduado en Historia del Arte por la Universidad de La
Laguna y graduado en Gestión Cultural por la Universidad Internacional de La
Rioja. Es también gestor cultural y docente.
Pilar Carreño Corbella es
doctora en Geografía e Historia, ha sido profesora titular en el departamento
de Historia del Arte de la Universidad de La Laguna. En los últimos años, se ha
centrado en su faceta de investigadora en arte contemporáneo, especializada en
las vanguardias, y en la de autora-editora de libros como Óscar Domínguez en
tres dimensiones. Catálogo razonado de obras (2010); Los surrealistas en
Tenerife (2015) y El triángulo de las artes. Barcelona-Madrid-Tenerife (2018),
entre otros muchos. Actualmente prepara las ediciones de los libros Círculo de
Bellas Artes: vanguardia y retaguardia 1925-1939 y una revisión de la biografía
de Óscar Domínguez.
Por Gastón Segura
De
Fráncfort a Blade Runner
Sin que este par de páginas
tenga la intención de convertirse en un obituario, debo volver a recordarles,
por la magnitud de sus indagaciones y propósitos, a un recién fallecido: Jürgen
Habermas; el más eminente continuador de la Escuela de Fráncfort —o también
conocida como la Teoría Crítica—, que fue una revisión desengañada del marxismo
desde los años treinta, cuando, casi de inmediato, sus integrantes tuvieron que
hacer las maletas y salir de naja de la ciudad del Meno.
A grandes trazos, aquellos
pensadores no pretendieron sino recuperar la actitud de la Ilustración. No en
balde, encontraban en la Iluminación —pues así se dice en alemán: Aufklärung—
dieciochesca tanto un momento previo al enajenante maquinismo capitalista como
una postura ecuánimemente crítica con la que oponerse al autoritario y anulador
bolchevismo moscovita, tan extendido en aquella Europa entre los movimientos
obreros, como a su embriagador y beligerante rival, el recién surgido fascismo.
Pues, según ellos, aquel espíritu analítico del Setecientos había arrumbado
todas las subyugaciones que atenazaban el pensamiento humano hasta entonces,
como, a su vez, había abierto la posibilidad, con el criticismo kantiano, para
cumplir, por fin, una atávica aspiración humana: la emancipación. ¿O acaso
tanto Adorno, como Horkheimer, Fromm o Marcuse no persiguieron con sus
reflexiones, a veces demasiado procelosas, pero siempre agudas y provocadoras,
otra cosa que no fuera la liberación consciente y vigorosa del hombre?
Y emancipación; ¿de qué? ¿De
lo material, como en el marxismo clásico; del lenguaje, con su centenaria e
imborrable carga semántica; o de las ambiciones con el egoísmo «objetualizante»
que comporta?
Y no una de estas facetas,
sino todas, con mayor o menor amplitud, fueron materia de las dilucidaciones de
aquellos integrantes del Instituto de Ciencias Sociales de Fráncfort. Sin
embargo; cuando Habermas se incorpora a estas investigaciones, allá por
mediados de los cincuenta de la pasada centuria, lo hace con una visión más
porosa y abarcante, pues incluyó de forma sustancial tanto las perspectivas de
otras escuelas filosóficas del s. XX, ajenas al marco socioeconómico que había
ocupado a sus predecesores en la Teoría Crítica, como el neopositivismo y la
hermenéutica, sin dejar de empaparse de otras nuevas disciplinas como la
lingüística y, especialmente, de la gramática generativa. Así, Habermas fue
componiendo una crítica bien trabada a las sociedades del postrocapitalismo —o
también llamado capitalismo tardío— con una propuesta denominada la «democracia
deliberativa». Este concepto y la construcción teórica que encierra, formulada
paso a paso desde su libro más significativo Conocimiento e interés (1968),
hasta su Teoría de la acción comunicativa (1981), con jalones tan ejemplares
como Problemas de legitimación en el capitalismo tardío (1973), pretende
regenerar las democracias representativas con que nos gobernamos, y para ello
propugna un modus operandi —esto es: un debate— igualitario,
imprescindiblemente racional y necesariamente comprensivo, donde el ciudadano
vuelva a recuperar activa y decisivamente el ejercicio político, para disolver
la deslegitimación producida al delegar la gestión de las cuestiones
comunitarias —es decir, del poder— en la mal llamada clase política —o según la
despectiva denominación italiana: la casta—, como sucedía —y sigue sucediendo—
en nuestras sociedades desarrolladas; cuya consecuencia, como ya señaló nuestro
autor en su discurso ante el Congreso de los diputados, en 1984, era —y es,
añado yo— tanto un recelo e incluso desdén hacia los políticos, cuanto la
emergencia y hasta preferencia de los votantes por opciones radicales,
propugnadoras de soluciones tan tajantes como milagrosas; es decir, el hoy
llamado populismo.
¿Y no les recuerda todo esto
a la principal reivindicación que animó aquel ilusionante e ingenuo 15-M que
acampó, hace ahora exactamente tres lustros, en algunas de las más señeras
plazas de nuestro país? Desde luego; pues en su lema, «no nos representan»,
latía mucho de las denuncias de Habermas, pero, desgraciadamente, carecía de la
solidez intelectual de su propuesta. Pues la mayoría de los reunidos en
aquellas manifestaciones era de una candidez —como escenifiqué en mi novela Los
invertebrados (2021)— digna si no de sonrojo, al menos de la fraterna
compasión; mientras que una minoría de avispados, encaramada oportunísimamente
en Podemos, vio la ocasión para granjearse un holgado y hasta suntuoso modus
vivendi, con lo que aquel saludable estallido sucumbió, avergonzado hasta los
tuétanos, en un chabacano chalet de Galapagar.
En cuanto a nuestra
actualidad, inmersa en la Galaxia Digital, que nos arroja a una representación
del mundo e incluso de la misma condición humana, ¿qué papel juega la basta y
compleja obra de Habermas, tan lastrada de eticidad y universalismo en un
tiempo envuelto de arriba abajo por una incesante espiral de simulaciones,
percibida, a menudo fervorosamente, desde la más caprichosa individualidad,
cuando no, desde el más hermético egotismo? No es fácil de responder a esta
cuestión; pero me atrevo a decir que Habermas aqueja, en este ámbito, una
cierta miopía, heredada de la obra de Theodor Adorno, al concebir la
instrumentalización de la técnica por los intereses dominantes, sin
interiorizar, al contrario de cuanto vislumbró Heidegger en 1938, que la
técnica convertida, en nuestra época, en tecnología encierra una inercia
transformadora de sí misma que no solo escapa a quienes estamos sumidos —si no
es ya sojuzgados— por ella, sino también a quienes la dominan; es decir, la
tecnología se desarrolla y revitaliza desde sí y en neta competición consigo, y
el hombre, a la inversa de cuanto nos pudiera parecer, ya no es su creador y
dueño, sino su mero subordinado. Escalofriante, ¿verdad?
Artículo publicado por el "Imparcial" el lunes 30 de marzo de 2026
*Gastón Segura, es licenciado en Filosofía por la
Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos
trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.
Por
Ricardo Gil Otaiza
El
señor Galleta
En el cuento de R., el niño se vuelca ansioso sobre la
caja de galletas con la intención de comérselas de un tirón, pero una de ellas,
la de jengibre, salta de la caja y cobra vida
El
señor Galleta, nacido entre especias
y
fuego, sabía que hasta la masa más frágil
puede
desafiar al destino.
De autor anónimo
El niño R. va en la fila con sus compañeros de clases en
plena avenida, lleva una cosquilla en el estómago porque anida un
presentimiento, la maestra al frente no logra disimular su cara de fastidio, al
tener que salir a la calle con sus alumnos, porque está cansada de tanto
trabajo: en pie cada día desde la madrugada para llegar a las 7 a la escuela,
sus propios hijos y el marido (que es como si fuera otro hijo), las reuniones
con la directora, los exámenes, las boletas de notas, la rivalidad con sus
colegas que son todos unos chismosos (amén de insustanciales), el sueldo que a
duras penas le llega para aportar a la casa, los años que no pasan en vano, los
anhelos truncados de otro destino y, en fin, muchas cuestiones, pero este es ya
otro asunto del que podríamos hablar luego.
El niño R. es, por su tamaño, el primero de la fila, y
es, además, asustadizo, pero esa mañana se siente feliz y seguro en medio de la
calle, y su seguridad no es tanto por estar con sus compañeros y la maestra,
que, si se quiere, le son bastante ajenos e incómodos, sino porque la ilusión
lo sostiene y esa noción, aunque invisible y volátil, yace dentro como una
llama y lo mueve a esperar lo mejor de la vida, porque a esas edades tempranas
no existen todavía los claroscuros que matan, que envilecen y dañan, sino que
reina —¿cómo decirlo?— una liviandad inexplicable con palabras, porque solo el
que la vive se hunde en ella como en nubes de algodón y flota en el aire a sus anchas,
y esto es precisamente lo que siente el niño: que flota ingrávido mientras
cruzan la avenida con rumbo al taller de títeres.
Los títeres le gustan, de más está decirlo, y eso lo
alegra, pero la cosquilla que siente en la barriga no es precisamente de la
emoción de ver un espectáculo más de títeres (de los muchos que había visto en
su corta existencia), o de presenciar cómo Javier Villafañe, el famoso
titiritero venido de la Argentina, los fabricaba en su consabido taller de la
universidad (en el que contaba además hermosas historias), sino porque esa
mañana el propio Villafañe dará el veredicto del concurso de cuentos infantiles
convocado por su taller (en el que R. participó, al igual que algunos de sus
compañeros), y que escenificará con sus muñecos, porque en esto consiste
precisamente el premio: que el cuento ganador, así como los finalistas, sean
puestos en retablo allí mismo: con los autores de las obras y las maestras como
espectadores.
Villafañe era un personaje estrafalario y a la vez
maravilloso, y no tan solo por su manera de vestir, o por sus modos
desenfadados y a gritos, sino porque hacía reír a los niños y a los adultos con
sus humoradas y ocurrencias, y en aquella mañana estaba circunspecto, porque
daría un veredicto literario, y con esa cara serísima, que nadie se creía,
intentaba darle al evento un cariz de mucha altura, y ¡lo tenía!, porque ese
público infantil y la maestra estaban igualmente prestos y expectantes, y en el
ambiente flotaba un aire algo tenso porque en pocos minutos se sabría el título
del cuento ganador, así como el de los finalistas.
Los niños fueron ubicados sobre el piso de manera
estratégica, de forma tal que pudieran acceder con facilidad al escenario los
que fueran llamados para la premiación, y todos vieran con comodidad la
función, mientras que R. lucía atento en la primera fila, con los ojos
vidriosos y las manos sudadas: las cosquillas en la barriga habían pasado a
francos retortijones, que de vez en cuando lo obligaban a doblarse sobre sí
para soportar sus embestidas.
Como se estila en estos actos, Villafañe nombró de
primero al segundo finalista, y así hasta llegar al ganador. Cuando en su
acento porteño dio el título del mejor cuento para ser llevado a las tablas, R.
sintió que las piernas le flaqueaban, que no podían sostenerle, y pudo subir a
la pequeña tarima luego de un breve desmayo (Villafañe y la maestra fueron en
su auxilio y solo entonces despertó en medio del alboroto de sus compañeros).
Su cuento, El señor Galleta, era el vencedor.
Poco le importaba a R. el diploma que recibiría como
constancia de su triunfo, solo quería ver en la puesta en escena al señor
Galleta y al niño, sus dos personajes. De pronto, Villafañe pidió a todos que
hicieran silencio, se metió tras bastidores y segundos después se asomó frente
al público el niño de la historia, que lucía muy feliz porque había recibido de
regalo de Navidad una magnífica caja de galletas. En ese punto del cuento los
niños y la maestra se rieron muchísimo, porque era como ver al propio R., pero
en versión títere: pequeño y flaco, muy blanco, de labios rosados, grandes ojos
marrones y una sonrisa retorcida.
En el cuento de R., el niño se vuelca ansioso sobre la
caja de galletas con la intención de comérselas de un tirón, pero una de ellas,
la de jengibre, salta de la caja y cobra vida. Incrédulo, el niño muerde una de
sus piernas, y la galleta da un grito de dolor. Espantado, el niño quiere salir
corriendo para contárselo a su madre, pero la galleta lo ataja y le dice con
voz aflautada: —“No temas, niño, soy el señor Galleta, gusto en conocerte” —y
le tiende su pequeña mano.
A partir de entonces, el niño y el señor Galleta se
hicieron buenos amigos y, como era un gran caballero, le contaba aleccionadoras
historias, le ayudaba a hacer las tareas y a ordenar su cuarto. Cada vez que R.
partía para el colegio, dejaba al señor Galleta sobre la mesita de noche, y al
regreso le gustaba observar sus ojos negros y redondos, su nariz grande y roja,
su tímida sonrisa, el hermoso corbatín verde jaspeado en rojo, y la cofia
blanca que le daba carácter e importancia.
Sin lugar a dudas, no ignoraba el señor Galleta lo
efímero de su vida, solo que le gustaba desafiar el destino.
*Escritor y académico venezolano
rigilo99@gmail.com
Por Gabriel
Jiménez Emán
JULIO CORTAZAR: Encuentro en Caracas
Breve diálogo con el
Cronopio Mayor
1976. Me encuentro bajando
enseres de un departamento, en Caracas. Mi familia y yo acabamos de hallar una
nueva residencia para establecernos. Nos mudamos. Antes de llegar a la nueva
casa, me detengo en la vía y compro el periódico. Allí leo la noticia de la
visita de Julio Cortázar a la ciudad, donde me entero de que viene a dar unas
charlas. Se encuentra alojado en un hotel, a pocas cuadras de donde estoy. No
puedo casi creer que el gran escritor argentino a quien tanto admiro ande por
ahí, cerca. El narrador que cambió mi vida con sus cuentos, con aquellos libros
como Final del Juego, Todos los fuegos el Fuego o El Perseguidor, con su figura
desenfadada y sus valientes y reveladoras declaraciones políticas y literarias,
Cortázar luce para nosotros entonces como el escritor completo; creador de un
mundo propio y fantástico, al tiempo que se compromete también con las causas
sociales de América Latina, sus revoluciones, sus cambios, sus ilusiones. Es un
hombre altísimo, barbado, de mirada franca y serena y de aspecto juvenil.
Contiene en sí varias
nacionalidades: nacido en Bruselas (en 1914) y criado en Buenos Aires, marcha
en su juventud a París, donde se adapta y escribe sus principales obras: la
magistral Rayuela, (al decir de Lezama Lima es “el Ulises de América”), La
vuelta al día en ochenta mundos, Las armas secretas, Bestiario, Queremos tanto
a Glenda, Historias de cronopios y de famas, libros heteróclitos donde se
respira una fiesta del lenguaje, en plena libertad de géneros y formas
cambiantes.
Me ducho en el nuevo apartamento, me pongo
fresco y voy en busca de Julio Cortázar. Está en un pequeño hotel de la
urbanización Bello Monte, en Caracas, recién inaugurado. Pregunto por él en
recepción, casi temblando de emoción. Sí, se encuentra ahí, me dicen, y luego a
él que abajo lo espera un joven que se identifica como escritor. Qué
pedantería, identificarme como tal con Julio Cortázar. Que ya viene bajando, me
dicen.
Aparece el hombre, con una camisa manga corta
muy holgada, que deja ver sus largos brazos y grandes manos; una de ellas se
tiende hacia mí y me invita a una salita de estar. Se sienta, abre un paquete
de cigarrillos, enciende uno, aspira largo, larguísimo, y luego expele el humo
lentamente. Le digo mi nombre, no sé de qué hablarle, se me ocurre decirle que
me gustó su prólogo a la obra de Felisberto Hernández aparecido en Biblioteca
Ayacucho de Caracas; me dice que Ángel Rama también ha hecho un prólogo muy
bueno en Argentina, y hablamos un rato sobre el entrañable uruguayo Felisberto.
Más tarde le digo que he
conocido hace un año a José Lezama Lima en La Habana, y se alegra; le cuento
algunas anécdotas con Lezama y el rostro se le ilumina. Salí del apuro citando
a dos grandes, y me felicito. El gran escritor cuenta entonces en ese año 1976
con 62 años, y el pichón de escritor que soy 26, la cifra inversa. Todo un 62
modelo para armar, otra broma feliz del azar concurrente.
Después le obsequio unas
revistas venezolanas y un libro mío, Los dientes de Raquel. Me lo agradece. Me
anuncia que en unos momentos José Balza viene a buscarlo para llevarlo a la
Universidad Central a una cita con los estudiantes. Le tiendo una edición de
Prosa del observatorio para que me la firme.
–Nunca dedico libros—me dice. Discúlpeme
usted. Pero le anoto mi dirección en Paris, por si va por allá me visita.
Y pone la dirección en el
libro suyo que tengo a la mano, Prosa del observatorio.
–Gracias, le digo.
Entonces me despido.
–No, quédese mientras llega Balza- me dice.
Ordena dos cafés, saca y se prepara a encender
otro de sus casi míticos galoises, los fuertes cigarrillos franceses.
–Me gustan el clima y el paisaje de Venezuela-
dice. -Tengo planes de ir a Mérida y a Cumaná, también a Guayana.
Le hablo descriptivamente de esas regiones.
Tomamos los cafés y él fuma su galoise. Le digo que en Cumaná fabrican muy
buenos habanos, que harían las delicias suyas y de Lezama. Mientras fuma su
cigarro me dice que Lezama es quizá el escritor más culto de América, y cómo
todo lo que nombra lo transforma en conocimiento o en literatura.
Hace comentarios sobre La Habana, sobre los
olores de la ciudad mezclados al mar. Se levanta. Yo también. Entonces me
despido, estrecho su mano y me doy vuelta, bajo los escalones hacia un pequeño
jardín y me voy silbando hacia Sabana Grande. Busco una buena barra en un bar
cercano y bebo una cerveza fría, para disfrutar a solas de mi buena suerte. Ya
les contaré a mis amigos de este encuentro, con un escritor que para mí
entonces era como una suerte de deidad, como Rubén Darío lo era para los
modernistas.
Releo sus libros Historias de cronopios y de
famas, Prosa del observatorio –donde acaba de poner su firma y de anotarme su
dirección (B.P. 33 75022 Paris I Cedex 01 FRANCIA)– y Deshoras. Me deleito con
sus dos últimos libros, Salvo el crepúsculo y Los autonautas de la cosmopista.
Me preparo a escribir un ensayo sobre ellos, titulado “Últimas pistas de Julio
Cortázar”, proyecto que voy posponiendo hasta hoy, y que ve su resultado en la
revista Imagen (N° 1 Nueva Época, Caracas, 2011)
Sigue Cortázar con su
intensa vida, asistiendo a encuentros en universidades, y a eventos
internacionales donde aboga por la independencia social y espiritual de América
Latina y, ante todo, por una defensa de la literatura en todo su espectro:
social, humano, intelectual. Dediqué a Cortázar varios escritos, uno titulado
“Cortázar de vuelta” en la revista española Quimera, ampliado luego para mi
libro Diálogos con la página en 1984.
Supe de sus visitas a
Venezuela mucho después, y quise saludarle de nuevo en una ocasión en que
formaba parte del Tribunal Russell, para lograr la libertad de escritores
encarcelados por razones políticas; o por intelectuales que han sido víctimas
de persecución. Era tal la afluencia de público en un auditorio de Parque
Central en Caracas, que no me atreví a acercarme. Yo estaba allí con mi hermano
Ennio y el poeta Rafael Garrido. Cortázar fue invitado a pasar al proscenio, le
tocaba intervenir. Nosotros estábamos de pie.
Él se levantó y miró hacia atrás por un
momento, saludó y a mí me pareció que era para mí. Le respondí nerviosamente,
sin estar seguro de ello. ¿Sería a mí de verdad?, consulto a mis hermanos. Sí,
Gabriel, fue a ti, me aseguran ellos. Qué gran memoria, qué gran regalo, les
digo. Oímos su discurso. Los medios de comunicación se vuelcan sobre él.
Abandonamos la sala de conferencias en busca de un restorán donde hablar y
refrescarnos.
Aquel saludo fue para mí uno de los mejores
estímulos para proseguir en mi trabajo literario, este difícil camino de la
escritura, contra viento y marea, desde lo profundo, aquel saludo que llevaré
siempre tatuado y que se fue haciendo más fuerte desde su adiós físico en 1984,
justo a los 70 años. En Venezuela se celebra el 12 de febrero el día de la
juventud, una fecha para mí inolvidable porque fue el día en que nació mi
madre. Es también la fecha del fallecimiento en París de Julio Cortázar, quien
sufría de una enfermedad que le hacía parecer siempre joven. Una feliz
enfermedad, digo, que contagió a su literatura, joven por siempre. Su mujer,
Carol Dunlop, había fallecido hacía pocos meses, y según parece, Julio no pudo
con tanta soledad. Habían realizado juntos un viaje intemporal París-Marsella
que reseñaron en Los autonautas de la cosmopista, ejercicio vital de “dos
cronopios que por puro amor recorrieron durante un mes la autopista más
transitada del mundo, con un propósito que cualquier persona consideraría
absurdo y disparatado, donde la enajenación de lo cotidiano se rompe para dar
lugar a la inventiva, a la reflexión, a la búsqueda de lo humano por lo humano,
al encuentro constante de una auténtica escritura”.
Ese texto de presentación, creo, pudiera
aplicarse a toda su obra literaria.
El fallecimiento de Cortázar en 1984 me dolió
mucho entonces, pero también afianzó mi vocación y mi destino. Gracias, Julio,
ya hace rato cumpliste los cien y te queremos tanto, siempre andas por ahí.
*Gabriel
Jímenez Emán, es escritor, narrador, poeta, ensayista, compilador y traductor
venezolano, destacando más en el ámbito de la narrativa y la poética, la cual
ha sido traducida a varios idiomas y recogida en antologías latinoamericanas y
europeas.
Madrid.- 25 de marzo de 2026
Santa Cruz de Tenerife
La
presentación de los nuevos tomos será el miércoles 25, a las 19.00 horas, en el
Centro de Arte La Regenta
Gaspar de Quevedo y Fabiola Ubani se incorporan a la Biblioteca de Artistas de Canarias
La presentación de los
libros será el miércoles 25 de marzo, a las 19.00 horas, en el Centro de Arte
La Regenta, con entrada libre. En el acto intervendrá el viceconsejero de
Cultura del Gobierno de Canarias, Horacio Umpiérrez, el director de la BAC,
Carlos Díaz-Bertana, la artista Fabiola Ubani y los autores de los estudios
críticos.
Los monográficos podrán
adquirirse en librerías, así como consultarse en las diferentes bibliotecas del
archipiélago a través de la red BICA.
Gaspar de Quevedo fue un
pintor tinerfeño del siglo XVII. Aunque en los primeros estudios sobre la
plástica canaria antigua su nombre aparecía apenas de manera tangencial,
finalmente se ha consolidado como un referente fundamental de la historia del
arte en Canarias.
Explica el investigador
Carlos Rodríguez Morales que el mayor conocimiento de su figura y legado ha
venido gracias a diversas exposiciones desde 1964 hasta la actualidad. Destacan
entre ellas la presentación de obras restauradas a finales de los años sesenta
en el Palacio Insular de Tenerife, así como la primera muestra monográfica
dedicada a él en el Museo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife en marzo de
1977, bajo el título Pinturas religiosas de Gaspar de Quevedo, coincidiendo con
la publicación de la monografía de Fraga González.
En 1991, con la edición de
su segunda monografía, se organizaron tres exposiciones simultáneas —en Santa
Cruz de Tenerife, Puerto de la Cruz y Las Palmas de Gran Canaria— que reunieron
dieciocho pinturas y una escultura, reforzando su reconocimiento como artista
del barroco canario.
Más allá de estas muestras
excepcionales, la mayor parte de su obra puede contemplarse hoy sin dificultad,
ya que forma parte del patrimonio de la Iglesia católica y se conserva en
templos y museos. Cabe destacar que, hasta finales de los años sesenta, el
Museo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife carecía obra suya y solo tras
la recomendación de Tarquis, quien propuso adquirir la obra que permanecía en
el oratorio doméstico de los Lercaro en La Laguna, se incorporó a la colección
pública, convirtiéndose en la única pieza del artista en una galería de titularidad
pública
Fabiola Ubani: la
experimentación
Fabiola Ubani (1956) se
licenció en la Facultad de Bellas Artes de San Jordi (Barcelona). Es doctora
por la ULPGC y máster PhotoEspaña de proyectos fotográficos. Durante cuatro
décadas ha compaginado su labor creativa con la enseñanza, siendo la
universidad pública de Gran Canaria donde desempeña casi la totalidad de su
docencia.
Esta es la primera
monografía dedicada a la artista, por lo que, en palabras de la historiadora
del arte Laura Morales, “hemos querido reflejar el significado y la
trascendencia de su trabajo a lo largo de toda su trayectoria, mostrando de
manera ordenada su evolución estilística desde los inicios hasta el desarrollo
pleno de su discurso actual”.
A pesar del considerable
volumen de referencias hemerográficas y otros textos dedicados a Fabiola Ubani
durante casi cuarenta años de carrera, la mayoría se ha centrado, salvo
excepciones, en la presentación de sus proyectos. En este sentido, cobran
especial valor los catálogos de sus exposiciones, cuyos textos incluyen las
inestimables colaboraciones de artistas y literatos cercanos a ella. Estos
aportan la inmediatez propia de la emoción nacida de la experiencia estética en
el momento y el contexto en que la obra fue creada.
Madrid.- 20 de marzo de 2026
Llega
a librerías
'Paty
Centella y el círculo de las hadas'
de
Antonio Sánchez-Escalonilla
La
editorial Palabra completa con este volumen la trilogía de fantasía de
aventuras de Paty Centella para convertirla en su buque insignia de fomento de
la lectura infantil y juvenil.
“Creo
que me ha visitado una banshee. Un hada oscura que se asoma a la ventana de los
moribundos y les anuncia la muerte con un aullido. Su propia muerte o la de
personas queridas”
Paty
Centella
Todo comenzó en el primer libro (Paty Centella y el
enigma de la roca lunar, 2023) con una máquina de escribir mágica, abandonada
en un desván, que aguardaba a que Paty la despertarse con su poder para
imaginar historias.
Convertida en maestra escritora a los once años, Paty
está llamada a liderar una sociedad secreta de exploradores con sus amigos
Íñigo y Tina, a la que se unirá otro más: Guille, que está atrapado entre el
presente y los años 70.
Tras su paso por el Reino Estelar y el Reino Legendario
en el segundo libro (Paty Centella y el mapa de las islas perdidas, 2024), los
cuatro niños se enfrentarán en el tercer libro, Paty Centella y el círculo de
las hadas, a la Reina de las pesadillas que es una hechicera que escribe sueños
oscuros y anuncia la muerte.
Sus armas: un cubo de Rubik, un frasco vacío y un espejo
sucio. Se reencontrarán con sus maestros mentores para preparar la gran batalla
final. Tendrá lugar en el Reino Mágico, contra los enemigos que amenazan el
mundo humano y el de los cuentos de hadas.
Más viajes por el multiverso, bosque animado gallego y
folclore irlandés, y nuevos peligros fantásticos en esta aventura definitiva. A
la vez que Paty afrontará en el hospital la última fase de tratamiento de su
enfermedad, su auténtico dragón.
Familia, amistad, amor preadolescente, un niño fantasma y
la perrita Wendy. Nadie sabe qué sucederá el día en que se reúnan los tres
talismanes dentro de un puerto mágico.
¿Qué puede salir mal?
Antonio Sánchez-Escalonilla es experto en guion y relatos de fantasía de aventuras. Se formó en la Universidad de California en Los Ángeles y actualmente dirige el Máster en Guion Cinematográfico y Series de TV de la Universidad Rey Juan Carlos, donde ejerce como catedrático de Artes y Humanidades. Es autor de la trilogía sobre Paty Centella, una chica de 11 años con poderes sobre una extraña máquina de escribir, capaz de transportarla a ella y a su equipo de exploradores hasta mundos fantásticos.
Ha publicado una biografía sobre Steven Spielberg y las
novelas La palabra impronunciable, El príncipe de Tarsis y Ana y la Sibila,
dirigidas al público infantil y juvenil, que han sido leídas en numerosos
colegios españoles y latinoamericanos. Su manual Estrategias de guion
cinematográfico ha conocido catorce ediciones y es un clásico en asignaturas de
narrativa audiovisual. Su último libro sobre cine es Planeta Hollywood.
American Dream y sueño espacial.
Sus personajes favoritos son los héroes y heroínas
corrientes que descubren sus propios poderes. Más allá de las aulas
universitarias, también mantiene sesiones con jóvenes lectores en colegios e
institutos.
Madrid.- 18 de marzo de 2026
Por Gastón Segura
Ha
muerto el continuador de Faulkner
Miren que lo han pretendido muchos, no digo convertirse
en sus divulgadores, esos sumamos legión; no, me refiero a aquellos que
intentaron seguir la traza tortuosa que William Faulkner imprimía a sus relatos
como un lamento irreparable de quejas y rencores que, en su atrabiliaria
miseria, se emborrascaba de leyenda, y, la verdad, ninguno que haya conocido lo
consiguió, salvo António Lobo Antunes; como ya sabrán, fallecido hace un par de
semanas.
Todavía recuerdo cuando supe por primera vez de su
existencia. Fue una noche de hace unos cinco lustros, en una de aquellas
Mandragoras (1997-2001) que dirigía, para la televisión estatal, Félix Romeo,
entre un obtuso decorado de sofás rescatados de un chamarilero y neones de
colorín para darle un toque de estridente actualidad, cuando apareció, sentado
sobre una de aquellas aparatosidades de felpa un hombre rubianco, de mirada
fatigada y de un laconismo renuente, tras la credencial de novelista portugués.
Y contra cuanto normalmente me sucedía y me sucede, que apenas escucho un par
de termodinámicas y pretendidamente ingeniosas respuestas del entrevistado,
pierdo cualquier gana por saber qué publicó y por supuesto de cuanto le quede
por publicar, aquel hombre mereció mi atención, pues se expresaba con la
desgana propia de quien ha palpado demasiadas piltrafas de humanidad como para
no verter, línea tras línea, la larga y repetida cuenta de los sórdidos errores
de sus congéneres desde los días en que Dios, creado el mundo y sus criaturas,
se retiró a descansar.
De inmediato, no solo memoricé su nombre, sino cuando
tropezaba con uno de sus títulos recién editado, pasaba las manos por sus
cubiertas como si en el manojo de hojas que encuadernaban se encontrasen los
arcanos más veraces y pesarosos de nuestras almas. Y, por supuesto, las páginas
de cuantos de estos tomos fui leyendo a salto de mata, nunca me defraudaron,
porque sus personajes atorados, como la mayoría de nosotros, en un renuncio
estruendoso del pasado, deambulaban por la tristeza o, aún peor, por un hastío
sin redención posible. Era algo tan faulkneriano, como el otro elemento casi
constante de sus novelas: las posesiones africanas y sus guerras de
independencia, donde Lobo Antunes había servido como oficial médico en Angola,
y donde descubrió el problema de la sumisión del negro, a la vez provocador de
la mala conciencia cuanto enemigo acechante en las entrañas de la selva, y de
cuya presencia en la memoria de tantos combatientes como él mismo, Portugal ya
no podría desprenderse ni aunque hubiese abandonado aquellas inmensidades
australes como un vetusto imperio, y tan derrotado que su dictadura, de casi
medio siglo, se desplomó una madrugada de abril, con una alegría tan contagiosa
y popular que dejó estupefactos a los jerarcas de este lado de la raya.
De modo que lo racial con sus aversiones y sus
culpabilidades, o el desmoronamiento de un Estado de altisonantes proclamas
sobre una escombrera de pobretería y analfabetismo, o las consiguientes utopías
de un signo u otro condenadas luego, por el trantrán inexorable de los
calendarios, al desván polvoriento de los ayeres traicionados, siendo asuntos
constantes en Lobo Antunes, no se me antojaron sino la traslación a este lado del
Atlántico de aquel derrumbe del Dixie, que tanto había subyugado a William
Faulkner como para dedicarle toda su narrativa, excepto esas dos primeras
novelas que si no fuera porque viene impreso su nombre en la portada y por su
conocida y fracasada experiencia como piloto de combate, nadie se atrevería a
atribuirle.
Claro que con los argumentos y sus devaneos, sean
sórdidos o esplendentes, no basta; se precisa de un tipo peculiar de expresión,
y como en Faulkner, Lobo Antunes recurrió a la voz —normalmente a varias— que
nos van desvelando en su decir un corazón arrepentido u ofuscado que se
retuerce acosado por sus heridoras claudicaciones o por sus secretísimas
crueldades, e incluso que busca astutamente nuestra caridad en la justificación
obsesiva de sus fechorías. De ahí que Lobo Antunes mantuviese su desinterés por
las peripecias y su preferencia por los sentimientos como los grandes motores
de toda narración; es decir, como los verdaderos impulsores del personaje; a
fin de cuentas, dueño absoluto de una novela cuando merece llamársela
cabalmente así. Y entre los sentimientos, sin duda, Lobo Antunes reparó siempre
en los más pérfidos por su ineludible y avergonzadora flaqueza y por su mácula
indeleble para lo que resta de vida. ¿No les suena todo esto a cuánto nos
estremeció en Mientras agonizo (1930), en Luz de agosto (1932), en ¡Absalón,
Absalón! (1936), en Desciende Moisés (1942)…?
Entonces; ya me dirán si no debo considerar a António
Lobo Antunes el más esforzado continuador de una forma de relatar practicada
incesante y, a la vez, proteicamente por William Faulkner. Una manera
admirable, pues si empleaba cuantos recursos el arte narrativo acababa de
ensayar durante el recién nacido s. XX, lo hacía con la singular habilidad de
retrotraer al relato a la más elemental experiencia del contar; aquella que
paladeamos al pronunciar los primeros libros bíblicos o los grandes poemas
épicos que los precedieron, donde el decir memorioso es tan ineludible como la
exigencia de un auditorio turbado por los hechos que se van a evocar, dado que
el argumento, por variadas vicisitudes que presente, no será sino la conciencia
de los desdichados límites del hombre y de cuantos quebrantos acarreó todo
intento por superarlos; ¿o acaso conocen otra preocupación más genuinamente
humana?
Artículo publicado por el "Imparcial" el
domingo 15 de marzo de 2026
*Gastón Segura, es
licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en
1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la
literatura.
Por Ricardo Gil Otaiza
La montaña roja
Lentamente, la mujer se fue adentrando hasta quedar
sumergida en las aguas, que ya no eran gélidas ni paralizantes, sino
aclimatadas por la temperatura corporal, y entonces sintió un placer indescriptible
El tiempo no estaba como
para ir de playa, pero ella se empeñó y tenía razón, porque una tarde a orillas
del Atlántico canario es una experiencia que marca en lo profundo (y el asunto
de las nubes grises, podría dar un vuelco en pocos minutos y esfumarse a
nuestro favor) y, si se tiene su edad, unos setenta y dele (casi ni recuerda la
fecha de su nacimiento), pues con mayor argumento, ya que a esas alturas de la
vida no se tienen por delante todas las oportunidades del mundo, y cada
instante hay que vivirlo con denodada pasión.
Claro, las coyunturas
adoloridas e inflamadas de Mariluz, requerían más que unos baños de mar (tal
vez fisioterapia, masajes linfáticos, esteroides y paremos de contar, aunque
ese sea otro asunto del que podríamos hablar luego), pero ella tenía muy claras
las palabras de su médico de cabecera la tarde de su última consulta: “Cuando
pueda, mi niña, dese unos baños de mar, que le sentarán muy bien para esas
piernas encalambradas e hinchadas”, pero lo que no le había dicho su médico, y
aquí estuvo su error (de ella, me refiero), fue que se marchara sola a la
playa, porque hay edades, como la suya, que requieren de compañía y de apoyo,
porque cualquier detalle, por nimio que parezca, a esas alturas se magnifica a
extremos un tanto peligrosos.
A eso del mediodía, Mariluz
comió algo frugal, no fuera a darle un paro digestivo con el mecerse de las
aguas: pescado sancochado, papas al vapor y arroz seco, cada uno en su justa
medida (poco en verdad, ya que con la edad le había entrado una inapetencia que
no lograba desterrar de su vida), pero se sintió satisfecha, que es lo más
importante, y muy alegre llamó al taxista de confianza para que la llevara a la
playa, con el compromiso de que la regresara a casa en unas tres horas como
máximo, ya que el frío y las corrientes de aire de las postrimerías del otoño,
se hacen fuertes en este lado del mundo al acercarse las fiestas navideñas.
Una vez en el coche, el
chofer le preguntó el nombre de la playa a la que deseaba ir, y cuando ella le
dijo “llévame a La montaña roja”, el hombre no pudo contener la risa, cuestión
que le llamó poderosamente la atención a la doña, porque él siempre había sido
callado y discreto, y al notar que seguía riendo, le preguntó el motivo para su
risotada: él, sonrojado le dijo: “Ay, mi doña, perdóneme por esto, pero no sé
si usted sabe que es una playa…”, y no terminó la oración, y al cabo de unos
segundos agregó: “Mi niña, cuando esté en la playa usted sacará sus propias
conclusiones”.
Media hora después, el
chofer dejó a Mariluz casi a orilla de mar, porque si bien es cierto que los
coches quedan aparcados a mucha distancia de la playa, él se tomó el trabajo de
acompañarla con paciencia por entre los arenales, montarle la sombrilla y
dejarla instalada y lista para el baño y, con respecto al tiempo, ambos notaron
que había mejorado: los nubarrones se habían desvanecido muy pronto, y un cielo
despejado se abría frente a ellos y daba a la playa un tinte de verano.
Mariluz estaba dichosa,
deseaba ardientemente meterse en el mar y así tener la sensación de ingravidez
de quien nada: olvidarse por instantes del torturante reumatismo, sentir que
sus brazos y piernas se movían con destreza como en sus años juveniles y
activar, ¿por qué no?, una que otra técnica de nado aprendidas en su
prehistoria, cuando el mundo se mostraba ante ella con el esplendor de la
esperanza y de una vida llena de enormes desafíos.
La mujer se quitó con
parsimonia la ropa que llevaba encima, y dejó ver el traje de baño: una pieza
entera y colorida que su nieta única le había enviado desde una lejana isla
griega, y que había reservado para una gran oportunidad, y esa tarde de playa
en La montaña roja, sin duda lo era, porque la sacaba del mutismo y del
ensimismamiento del piso, que le agarrotaban los huesos y la hundían en una
extraña sensación de melancolía que ya tardaba en desaparecer.
Sin mirar a los lados,
Mariluz se acercó a la orilla, metió un pie en el agua y la sintió fría, luego
metió el otro y soportó con entereza la templanza de aquellas aguas profundas,
empozadas en hermosos recodos que las hacía transparentes y diáfanas, y juraba,
si sus ojos no la engañaban, que veía hermosos ejemplares de peces de múltiples
tamaños y colores, que se acercaban con cautela a ella y luego se marchaban a
sus destinos.
Lentamente, la mujer se fue
adentrando hasta quedar sumergida en las aguas, que ya no eran gélidas ni
paralizantes, sino aclimatadas por la temperatura corporal, y entonces sintió
un placer indescriptible.
Pudo bracear y nadar, se
sentía renovada y juvenil, las rodillas no le dolían y percibía la liviandad
propia del espíritu (pensaba mientras avanzaba y se alejaba de la orilla), y
luego, sin percatarse siquiera, fue golpeada bruscamente por una ola y quiso
levantarse, pero no fue posible, y con voz estertórea gritó ¡auxilio! para
quien pudiera oírla, pero el ruido ensordecedor del mar acallaba su voz y
sintió que era el final: que sería devorada por las olas, que su cuerpo inerme
sería llevado al fondo donde las algas y otras vidas marinas le harían compañía
para siempre.
A duras penas, Mariluz nadó
hasta la orilla, pero sus fuerzas pronto la abandonaron y cayó de rodillas en
la arena: las olas la golpeaban con furia y no podía levantarse. En ese
instante, dos hombres jóvenes que la veían: la tomaron cada uno por un brazo y
la ayudaron con rapidez a ponerse de pie. Para su asombro, pudo ver muy cerca
de su rostro la desnudez felina de aquellos cuerpos tersos e impávidos, así
como el vaivén frenético de los miembros viriles frente a sus ojos, entonces sintió
vergüenza, y fue en ese aciago momento cuando comprendió que se hallaba en una
playa nudista y, entre dientes, maldijo a su chofer.
*Escritor y académico venezolano
rigilo99@gmail.com
Por Gabriel Jiménez Emán
Ser, Dolor y Utopía en César Vallejo
Deuda con un poeta
Desde hace tiempo le debía –y me debía a mí mismo— una reflexión a la poesía de César Vallejo. Han pasado muchos años desde que en mi adolescencia veía, junto a poetas de mi generación, la figura de este escritor sentado en el banco de una plaza en Paris en actitud absorta, percibiéndolo acaso como un símbolo de la poesía americana, (un indio triste que vagaba y escribía en Europa) y representaba para nosotros una especie de esencia de la poesía americana por toda la carga anímica, histórica e intelectual que aportaban su figura y su obra para la configuración cultural de nuestra literatura, en momentos ciertamente cruciales para América.
Sin embargo, su obra no conquistó en su momento los lectores suficientes ni fue interpretada a cabalidad. Tampoco, creo, en las décadas iniciales del siglo XX, cuando aparecieron sus primeros libros (1920-1930), ni en las sucesivas (1940-1950) aun cuando su poesía ya fue reconocida, se le dedicaron estudios críticos que calibraran de manera suficiente sus aportaciones. Ni poetas coetáneos suyos como Vicente Huidobro, Oliverio Girondo, Pablo Neruda o Jorge Luis Borges, ni posteriores como Octavio Paz, Gonzalo Rojas, José Lezama Lima, Juan Liscano o Vicente Gerbasi, dotados todos para el ensayo crítico, le dedicaron trabajos críticos de relevancia.
Aparecieron, sí, prólogos enjundiosos a su poemas completos (Folios, en Francia; Ayacucho, en Venezuela) y estudios críticos en diversas publicaciones universitarias de escasa circulación; pero en general la poesía de César Vallejo se ha dado por entendida e interpretada. Sus amigos Xavier Abril, Antenor Orrego, André Coyné, Juan Larrea, José Bergamín y José Carlos Mariátegui en un primer momento, y mucho después Enrique Ballon Aguirre, Guillermo Sucre, Américo Ferrari, Julio Ortega, Saúl Yurkievich o Fernando Alegría emprendieron trabajos de suficiente peso.
Nos propondremos examinar en este ensayo algunas de las temáticas, motivos y líneas maestras de la poesía de César Vallejo mediante el tratamiento ensayístico, de riesgos y vaivenes, aunque intentando releer esta obra desde una perspectiva que nos permita ofrecerla a los lectores de un modo libre e imaginativo, no exento de voluntad crítica.
Para ello nos detendremos en cada libro siguiendo un orden cronológico, explorando en cada uno de ellos los signos que nos parecen significativos. Aclaro que se trata de una lectura personal, de recepción directa del texto original y no de una valoración exhaustiva soportada en una estructura académica prefigurada.
Índice de la obra
Deuda con un poeta, 6
1. Cronología vital, 7
2. Omnipresencia de la muerte, 11
3. Dicotomía espiritual, 15
4. Impacto de Los Heraldos negros, 17
5. La aventura verbal y existencial de Trilce, 29
6. Poemas en prosa, la narración lírica, 46
7. Poemas humanos, la expresión depurada,56
8. La utopía social de Vallejo, 63
9. Cartas a Pablo Abril, 64
10. Contexto y condición cultural de América, 68
11.Vuelta a Poemas humanos, 69
12. La solidaridad: España, aparta de mí este cáliz, 78
13. La prosa de ficción, 83
14. Obra periodística, 93,
15. Vallejo ante la crítica, 96
16. Coda metafísica, 11
Índice de la obra Ser.Dolor y Utopía en César Vallejo,
Fábula Ediciones, Coro, Venezuela, 2020
*Gabriel Jímenez Emán, es escritor, narrador, poeta, ensayista, compilador y traductor venezolano, destacando más en el ámbito de la narrativa y la poética, la cual ha sido traducida a varios idiomas y recogida en antologías latinoamericanas y europeas.
Madrid.- 13 de marzo de 2026
La Gatera Press
Martín
Chirino y Rafael Monagas:
La
fragua de la amistad
El pasado 5 de marzo se presentó en la Delegación del Gobierno de Canarias en Madrid, el acto sobre el libro La fragua de la amistad, dedicado a la relación sobre la trayectoria artística de la escultura y pintura, de estos dos grandes artistas Martín Chirino y Rafael Monagas.
![]() |
Izda. Rafael Monagas, consejera de Cultura Migdalia Machín, y Antonio Puente. |
Martín Chirino (Las Palmas de Gran Canaria, 1925- 2019) y
Rafael Monagas, (1947, Vega de San Mateo,Gran Canaria) pintor, colaborador y
amigo cercano del escultor en hierro forjado.
Entre recuerdos, arte, palabras compartidas, y anécdotas,
el acto evocó la atmósfera de la casa-taller de Morata de Tajuña, donde nació
una amistad marcada por el respeto, la inspiración mutua y el diálogo constante
entre escultura y pintura.
Un homenaje a la creación, pero también al valor profundo
de la amistad en la trayectoria del arte de estos artistas.
La presentación contó con la intervención del propio
artista Rafael Monagas, el Vice consejero de Cultura y Patrimonio Cultural del
Gobierno de Canarias, Horacio Umpiérrez, la consejera de Universidades, Ciencia
e Innovación y Cultura, Migdalia Machín, y el editor del libro Antonio Puente.
Con ensayos firmados por Nilo Palenzuela, Javier Durán, Sonia Mauricio,
Christian J. Perazzone, Idalmy González y Antonio Puente.
Entre artistas, profesores, amigos e invitados, canarios
y no canarios, se llevó a cabo esta presentación, en coincidencia de su
centenario del nacimiento de Martín Chirino.
Madrid.- 04 de marzo de 2026
Por Gastón Segura
El Tirano cumple cien años
Cuando este 2026 llegue a su fin se cumplirá el centenario de la publicación de Tirano Banderas, de Valle-Inclán. Lo apropiado hubiese sido abstenerme hasta el próximo quince de diciembre para recordarlo entonces; sin embargo, tras un rápido vistazo al presente, no me cupo ninguna duda de que era más gozoso anticiparles la conmemoración de ese prodigio de nuestra narrativa y aliviarles, con estas dos páginas, del estruendo de escándalos que nos acucia.
En cuanto a la portentosa
singularidad de Tirano Banderas, indudablemente emana de su transformación de
un relato en un retablo. Esta maña le fluía con soltura a Valle-Inclán hacía un
par de años cuando, con Luces de bohemia (1924), había cuajado un lenguaje
forjado durante casi una década, entre el artificio y la germanía,
indispensable para el discurrir sobresaltado del esperpento, que si bien
concibió para el teatro, empleó deslumbrantemente en esta novela y en las
posteriores; es decir, en su ciclo inconcluso de El ruedo ibérico (1927-34). Un
lenguaje impostado en cuyo seno, hasta las muchas voces americanas empleadas en
esta novela, lejos de anclar la trapisonda en aquella realidad supuestamente
tropical, contribuyen a levantar un guiñol hiperrealista. Un atrevimiento
arriesgado porque, al menor descuido, la narración podía derrotar hacia la
ridiculez, o bien alcanzar, como es el caso, la ejemplaridad de la fábula.
Tanto es así que Tirano Banderas, desde su grotesca ucronía, devino en el
germinador de toda una saga: las novelas del sátrapa americano.
Suman un buen puñado de
títulos, que más o menos dista desde Odisea en tierra firme (1931), de Mariano
Picón, hasta La fiesta del chivo (2000), de Vargas Llosa. Entre todos ellos
escogería El Señor Presidente (1946), de Miguel Ángel Asturias, y El otoño del
patriarca (1975), de García Márquez. Es más; opino que ambas narraciones se
pueden codear sin rubor con la afantochada corte del general Santos Banderas de
Valle-Inclán; pues para comenzar, tanto Asturias como García Márquez
abandonaron desde la primera página cualquier pretensión realista,
transponiendo todo calendario concreto e incluso el país, para ubicar sus
relatos en una imprecisa y calenturienta América caribeña, de semejante manera
a Valle-Inclán, que situó Tirano Banderas en la imaginaria República de Santa
Fe de Tierra Firme, y para proseguir, también ambos necesitaron urdir una
portentosa y genuina forma expresiva. Verán; si Valle-Inclán se asentó sobre un
lenguaje propio, el del esperpento; Asturias, previo a la escritura, recurrió a
una melopea que se repetía incesantemente por los cafés parisinos hasta
memorizarla; mientras que García Márquez optó por una multitud anónima cuyas
voces, más que una biografía, ensueñan, página tras página, una leyenda.
Y no obstante, contra el
padrinazgo que se le reconoce entre la crítica y que le acabo de atribuir, ese
de ser la precursora de las novelas del tirano americano, les precisaré que la
peripecia del general Santos Banderas no fue la primera narración en abordar
este asunto, pues la habían precedido Amalia (1851), de José Mármol; El
conspirador (1892), de Mercedes Cabello; El cabito (1909), de Pedro María
Morantes, La máscara heroica (1923), de Rufino Blanco-Fombona, y la sucederá
casi de inmediato La sombra del caudillo (1928), de Martín Luis Guzmán; todas
concebidas y escritas por hispanoamericanos. Y aunque influidas por la estética
de su época; o sea, desde el romanticismo de Amalia hasta el realismo, más o
menos mitigado y postrero, de La sombra del caudillo, todas mantienen un afán
de verosimilitud y de denuncia opuesto al espíritu bufonesco que vierte
Valle-Inclán. Al punto que, aun reconociendo tanto Blanco-Fombona como Martín
Luis Guzmán la singularidad artística de Tirano Banderas, no dejó de
antojárseles una caricatura de los temibles gerifaltes que sojuzgaban sus
países, tejida con prejuicios europeos de cartón piedra; en resumen, un
folletón compuesto por un gachupín, ajeno del todo a aquellas destrozantes
tragedias. Desconozco, y es lástima, qué opinó Guzmán —Blanco-Fombona ya había
muerto— cuando veinte años después vio la luz El Señor Presidente en México,
pues la monumental novela de Asturias recurrió sin recato, como Tirano
Banderas, al estampado en agua fuerte como la mejor manera de universalizar a
un tipo y a una sociedad; en definitiva, se acogió a la hipérbole. Idéntico
recurso, pero rebozado en la salaz eutrapelia, al empleado, tres décadas
después, por García Márquez para su cuenta de la desmemoria inmemorial del
general Zacarías Albarado.
Empero, ese guarecerse bajo
la exageración de apariencia desvergonzadamente deshumanizada para ir trabando
una farsa o goteando las mayores crueldades de un viejo insomne, que no
respondía sino un enigmático «ajá» a cuanto le planteaban alarmados sus ujieres
y edecanes, nos las tornan en relatos iluminadores —o sea, explicativos por su
creación de un prototipo— de cuantos cabecillas montunos se adueñaron
sucesivamente de aquellas repúblicas, por medio de cargas a degüello o de
sigilosas emboscadas nocturnas, durante el último par de calamitosas centurias.
Incluso hoy, sujetos como Alejandro Toledo disfrazado de Inca para oficiar un
estrafalario ceremonial al Sol o el sandunguero Nicolás Maduro, muy puesto de
chándal, impartiendo consejos domésticos por la televisión, mientras en El
Helicoide amontonaba almas descerrajadas de cualquier esperanza, son fieles
calcos de aquellos patriarcas de la patria retratados con una guasa ácida y sin
concesiones a la caridad por Valle-Inclán, Asturias y García Márquez. Porque la
moraleja y su correlato vocinglero, la política, se sublevarán de improviso en
nuestras conciencias cuando bisbiseemos sus puntos y finales. De modo que
échenles una leída y estremézcanse tras la última carcajada.
Artículo publicado por el "Imparcial" el
domingo 01 de marzo de 2026
*Gastón Segura, es
licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en
1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la
literatura.
Por Ricardo Gil Otaiza
La atemporalidad en M.
Nuestra protagonista es una
figura cuasi fantasmal, apenas la inicial de un nombre, M., que vive exiliada
en la ciudad B., debido a la guerra que su país natal lleva adelante con su
vecino
La aventura intelectual de
leer trae consigo inesperados encuentros, gratas experiencias y cierre de
abismos, y en esta última categoría incluyo el poder acercarnos a autores
desconocidos, que se erijan frente a nosotros como grandes retos, y el solo
hecho de poder llegar a la otra orilla con la sensación de disfrute estético y
de enriquecimiento luego de la travesía, es valor agregado y se agradece de
veras, y es lo que me ha pasado con la novela breve Desaparecer (Acantilado,
2025), de María Stepánova (Moscú, 1972), con traducción de Jorge Ferrer,
inserta en la colección Narrativa del Acantilado, 389, que pude leer de un
tirón.
Nuestra protagonista es una
figura cuasi fantasmal, apenas la inicial de un nombre, M., que vive exiliada
en la ciudad B., debido a la guerra que su país natal lleva adelante con su
vecino: es una mujer de mediana edad, escritora (pero con una suerte de bloqueo
creativo que la mantiene inactiva) y es invitada a participar en un evento
literario en otro país, pero una serie de circunstancias le impiden llegar a su
destino, y en el ínterin se abre ante ella un espacio inusitado y, si se
quiere, liberador, porque en lugar de maldecir su suerte al no poder leer la
conferencia que había preparado para la ocasión, se deja abrazar sin mayores
reticencias por la realidad que tiene ante sus ojos, y se entrega a ella
dispuesta a emprender una nueva vida.
No se nos dice de manera
explícita, pero intuyo que M. es nihilista, o una escéptica visceral, que se
cuestiona todo lo que la rodea, que nada la ata, ni siquiera el recuerdo de su
país al que en varias oportunidades califica de bestia, y del que se ha
marchado sin mirar atrás: ni siquiera a su familia o afectos; vive un presente
reflexivo, eso sí, de allí su permanente revisión y crítica a lo establecido, y
sus días transcurren como si de una sucesión de hechos fugaces se tratara, que
va sorteando con sobresalto, es muy cierto (y de esto va la trama novelesca),
pero con la convicción (que no es tal en el sentido lato del vocablo) de vivir
a como se vayan presentando las cosas, capoteando aquí y allá el vendaval, pero
siempre dispuesta a seguir adelante muy a pesar de los innumerables obstáculos
que halla en el camino.
La prosa de María Stepánova
es lineal y sin retruécanos o inesperados giros lingüísticos, o cambios en la
temporalidad, lo que nos permite seguir la historia con la sensación de
placidez propia de un texto que busca en esencia comunicar, llegar al lector y
que lo conecte sin mayores dificultades, lo que sin duda se agradece, pero la
clave de esta novela de apenas 148 páginas es, ahora que lo pienso, dejar
sentado que nada podemos asumir como definitivo, que no hay un destino que nos
aguarde de manera estática, sino que somos presas de la sinuosidad del vivir,
que nuestros días serpentean por agrestes caminos, que hoy estamos aquí y
mañana veremos o quién sabe, que lo establecido (como ese lugar al que debemos
llegar desde nuestra propia experiencia y que la cultura nos machaca a partir de
la tierna infancia), es un sofisma, un alegato pueril y engañoso, que busca
hacer de nosotros piezas clave de un ajedrez del que no tenemos ningún control,
a menos que, como M., decidamos romper con la cuadratura del círculo, y echar a
andar sin mucha carga encima y exentos de una brújula que nos marque el
derrotero.
La novela está narrada en
tercera persona, y tal circunstancia le permite a la autora tomar distancia
frente a lo que cuenta (aunque sabemos que lo autobiográfico está presente con
desgarradora fuerza a todo lo largo del texto) y a pesar de contarnos episodios
en la vida de una mujer perdida en su presente, deslastrada de añejos
atavismos, desprejuiciada de su realidad y lo que se espera de ella (o que ella
esperaría de sí misma), hay atisbos de unos valores que le llegan desde su
cultura, y ellos, si se quiere, mueven a su antojo los hilos de la historia y
de su devenir, lo que nos lleva a los lectores al necesario cotejo entre lo que
se anhela y lo que se alcanza, de allí la tensión que percibimos en la
historia; de allí la subjetividad que se patentiza en cada página como cruel
estigma personal y colectivo.
Nunca un título ha sido más
pertinente que el de este libro: Desaparecer, verbo regular que funciona como
intransitivo, nos dice la gramática española, porque conjunta en sí mismo lo
que nos plantea la autora: su personaje M. busca dejar de estar a la vista de
los suyos y de los otros, y el propio hecho de que ni siquiera tengamos un
nombre, apenas una inicial, se conjuga en una misma intención de carácter
filosófico: “ser y no ser”; reconocernos humanos con expectativas y proyectos
de vida, pero que en ciertos momentos de nuestro tránsito terrenal quisiéramos
esfumarnos, estar y no estar: vivir sin que apenas se note; ser presas de una atemporalidad
que haga de nosotros esencia y olvido a la vez.
Me llamó poderosamente la
atención la traducción de Jorge Ferrer, que supo, con indudable maestría,
trasladar la novela del ruso al español, sin las asperezas propias del enorme
salto “cualitativo” que conlleva una y otra lengua (¿y por qué no?: una y otra
cultura), y la sutileza de su trabajo nos permite asomarnos a la vida de M.
desde una óptica y referentes propios de lo humano: deslastrada de lo meramente
argumental, a pesar de tener que sortear aspectos esenciales como la fonética,
los modismos y la sintaxis, y evitar la literalidad, que a los ojos y oídos del
lector en lengua española, introducen ruidos y desfases, que torpedean la
unidad textual y resquebrajan el disfrute de lo estético.
*Escritor y académico
venezolano
rigilo99@gmail.com
Por Gabriel Jiménez Emán
Diálogo con SALVADOR GARMENDIA :
" He estado perseguido continuamente por la poesía”
Salvador Garmendia, uno de
los referentes notables de la novela y del cuento hispanoamericanos del siglo
XX, fue uno de mis maestros y gran amigo. Le conocí en Mérida en el año 1972,
cuando yo cursaba estudios de Letras en la Universidad de los Andes; solía
frecuentarlo en las oficinas de la revista “Actual”, en el conocido edificio
administrativo de la ULA, donde también estaban la Galería La Otra Banda, el
Departamento de Cine y de Radio de la Universidad, y en la planta baja el grato
cafetín “Ohm 2000” donde nos dábamos cita artistas, escritores, cineastas,
músicos y gente de la cultura para compartir con profesores y estudiantes.
Recuerdo que Salvador vivía a pocas cuadras de allí con su mujer Amanda, en el
edificio “Hermes”, situado diagonal a la plaza Bolívar de Mérida, donde íbamos
a visitarlo con frecuencia. Por entonces, la capital andina era una de las ciudades
más culturalmente activas del país; además de su prestigiosa Universidad había
un ambiente bohemio, fresco, repleto de actividades deportivas y turísticas que
donaban a la ciudad una fisonomía extraordinaria, complementada por su
extraordinario clima, la cordillera con sus picos nevados y otros paseos y
lugares de esparcimiento únicos en el país.
Salvador Garmendia fue
figura central de la narrativa venezolana; articulista, cronista, escritor de
guiones para televisión y cine, ganado también a las tertulias, a decir cuentos
y anécdotas con las cuales nos hacia reír a carcajadas, y ello lo convertiría
también en un narrador oral de extraordinaria dimensión.
Además de su conocido ciclo
de novelas sobre la ciudad compuesto por Los
pequeños seres (1959), Día de ceniza
(1964), Los habitantes (1961), La mala vida (1968) y Los pies de barro (1973), Salvador
también es autor de un prominente conjunto de volúmenes de cuentos, entre los
cuales destacan Doble fondo (1965),
-el primero de sus libros que yo leí-, luego Difuntos, extraños y volátiles (1970); luego, la colección de Los escondites (1972), por la cual
recibiría el Premio Nacional de Literatura. De ahí en adelante, su producción
cuentística desplegaría su poder, alcanzando los importantes títulos Memorias de Altagracia (1974), El inquieto Anacobero, El
brujo hípico y otros relatos (1979), Enmiendas
y atropellos (1979), El único lugar
posible (1981), Hace mal tiempo
afuera (1986), La casa del tiempo (1986), Cuentos cómicos (1991), La gata y la señora (1991) y
La media espada de Amadís (1998), amén de las numerosas crónicas que
publicaba en revistas como “El sádico ilustrado” y en el Diario de Caracas;
otra colección de crónicas publicada en la ULA bajo el título de La vida buena
(1995) y una buena cantidad de cuentos para niños, género del cual decía era el
más difícil.
Acerca de algunos de éstos
escribí ensayos en su momento: sobre su libro de microrrelatos Hace mal tiempo afuera (donde me dedica
uno); sobre su novela Día de ceniza,
y un prólogo para una colección de sus cuentos realizada para Monte Ávila
Editores bajo el título de El inquieto
Anacobero y otros relatos (2004) que realizara su compañera Elisa Maggi.
Fue conocida la amistad y admiración que Salvador tuvo hacia Daniel Santos, uno
de los boleristas más importantes del caribe, a quien apodaban “el inquieto
Anacobero”; Salvador escribió un relato basado en la figura bohemia y
transgresora del cantante, que causó un escándalo en la moral pública oficial,
y Salvador fue llevado al banquillo de los acusados, como un Gustave Flaubert
cualquiera.
*Gabriel Jímenez Emán, es escritor, narrador, poeta,
ensayista, compilador y traductor venezolano, destacando más en el ámbito de la
narrativa y la poética, la cual ha sido traducida a varios idiomas
y recogida en antologías latinoamericanas y europeas.
Madrid.- 04 de marzo de 2026
La Gatera Press
Jerónimo Saavedra, el último prócer, presentado en el Ateneo de Madrid
Con numerosa asistencia fue presentado el pasado 16 de febrero en la Sala Pérez Galdós del Ateneo de Madrid, el libro Jerónimo Saavedra, el último prócer.
Jerónimo Saavedra (Las Palmas de Gran Canaria 1936-2023) político, abogado laboralista y académico español, desempeñó en la Presidencia del Gobierno de Canarias en dos ocasiones, 1983 a 1987, y nuevamente de 1991 a 1993.
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| Marta Saavedra |
El libro fue presentado por la autora Marta Saavedra, sobrina del escritor canario y senadora por Gran Canaria y portavoz de Cultura por el grupo socialista en el Senado. También fueron invitados:
Francina Armengol, presidenta del Congreso, Ángel Víctor Torres , Ministro de Política Territorial y Memoria Democrática. Entre anécdotas de los invitados, se llevó a cabo la presentación, para dar la última palabra, la escritora Marta Saavedra.
El contenido del libro se basa en cuarenta entrevistas a personalidades de la política, cultura, el arte, la música, la masonería, la homosexualiad y la libertad.
El libro ha sido diseñado por la ilustradora María Luisa Hodgson, y el prólogo de Pedro Sánchez, editada por Los libros de la Catarata.
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| Mª Luisa Hodgson Iustradora de la portada del libro |
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Ángel Víctor Torres y Francina Armengol |
Madrid.- 20 de febrero de 2026
El 24 de febrero en el Teatro La Latina
La empresa de creación, gestión y promoción cultural celebra su trayectoria con reconocimientos y renovación institucional de su compromiso al servicio de la ciudadanía
Doce premios culturales en
la gala del 40 aniversario de Tritoma
Luis Alberto de Cuenca,
Raquel Lanseros, Fernando Vicente, “El Brujo”, Manuel Galiana y Karmele
Aramburu serán algunas de las personalidades galardonadas durante el acto de
celebración de los cuarenta años de recorrido que tendrá lugar el próximo 24 de
febrero en el Teatro La Latina (Madrid).
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Desde 1986, Tritoma Gestión Cultural viene desarrollando en Madrid una línea de trabajo de crecimiento y expansión sobre campos tan diversos como la gestión cultural, los programas de educación y formación, las actividades dirigidas a la infancia y la juventud, los servicios sociales y la cooperación al desarrollo. A lo largo de estas cuatro décadas, “ha sabido acuñar un modelo profesional que entiende y respeta la Cultura como un pilar estructural de la sociedad”, en palabras del nuevo director gerente, Pablo Martínez García, que actualmente lidera un equipo de más de 600 personas dedicadas a poner en pie, “con rigor y sensibilidad”, una programación para el ciudadano, “rica y diversa, desde una perspectiva participativa, constructiva, global e intercultural”.
El brindis “por el éxito
logrado y un futuro de excelencia” tendrá lugar el próximo 24 de febrero, en el
Teatro La Latina de Madrid. Será a las 19:00 h cuando arranque el festejo
grande con el que se inaugurará oficialmente este año conmemorativo para la
empresa. Esta gala del 40 aniversario de Tritoma estará presidida por los
socios fundadores, José Luis Manzanares López y Paloma Sousa Leal, junto a Pablo
Martínez García. Contará con varias actuaciones musicales, un monólogo y la
entrega de varios reconocimientos a personalidades de relevancia por su
contribución a la Cultura. Rafael Álvarez “El Brujo” (actor), Manuel Galiana
(actor), Karmele Aramburu (actriz), Luis Alberto de Cuenca (escritor), Raquel
Lanseros (poeta), la Fundación Excelentia, Isabel Rubio (directora de
orquesta), Fernando Vicente (ilustrador), la Asociación Española de Pintores y
Escultores, Raúl Cancio (fotoperiodista), Marisa Flórez (fotoperiodista), Jesús
Fernández Úbeda (periodista y escritor) serán los premiados.
Al acto se sumarán otras
autoridades relacionadas con los ámbitos de actuación de Tritoma, destacados
miembros de consistorios como el Ayuntamiento de Torrejón de Ardoz y
concejales-presidentes de las diferentes Juntas del Ayuntamiento de Madrid,
además de invitados de empresas del sector y afines, y compañías de teatro,
música y danza.
La Cultura por bandera
En este aniversario,
“Tritoma no solo mira al pasado con legítimo orgullo por haber logrado un
porfolio con los valores de calidad y sostenibilidad sino que también proyecta
su experiencia hacia un horizonte de grandes posibilidades que se compromete a
continuar explorando con responsabilidad, vocación de servicio y el objetivo
fundacional de salvaguardar y fortalecer el acceso plural de todas las capas de
la sociedad a la Cultura”, afirma el director gerente, Pablo Martínez García.
“Celebrar estas cuatro décadas es reivindicar el peso de la Cultura como
herramienta de cohesión, desarrollo y pensamiento crítico, y, ahora, además,
posicionarse a la vanguardia con el apoyo de las nuevas herramientas digitales
entre las que destacan nuestros canales de Instagram y YouTube con más de
20.000 suscriptores”, concluye.
Tritoma también seguirá
enfocando parte de su actuación en programas de educación y formación,
actividades dirigidas a la infancia y la juventud, servicios sociales y
cooperación al desarrollo mediante su colaboración con la Fundación Asha-Kiran,
entidad sin ánimo de lucro que apoya a los niños más desfavorecidos de India.
Madrid.- 19 de febrero de 2026
Por Gastón Segura
Cuentos
chinos
Durante buena parte del
siglo pasado, la mención de China suscitaba un mundo misterioso y lejano, que
reducíamos aquí a magos que recorrían el país serrando a su ayudante metida en
un baúl o se tragaban antorchas enteras sin que se les quemase ni el hanfu ni
el guanmao, y que, normalmente, solían ser un señor de Albacete o de Plasencia,
que, por un mal trance o por una pasión desbocada por las candilejas, se había
enrolado en una compañía de variedades para cubrir el número de adivinación,
disfrazado con los vistosos restos de la guardarropía de la zarzuela
Chin-Chun-Chan (1904) o de la imponente Turandot (1926). No obstante; fuera
mejor o peor ataviado aquel improvisado taumaturgo, los carteles lo señalaban
muy sonoramente como chino y él abusaba del lambdacismo sobre el escenario para
que al respetable no le cupiese ninguna duda. Solo así se certificaba la verosimilitud
de sus asombrosos poderes, pues eran ingénitos a cualquiera nacido en China;
siempre entenebrecida por densos pebeteros de sándalo y por gongs retumbando
entre inacabables estancias palaciegas; es más, ese halo enigmático cobró su
anverso y su reverso en el cine con las aventuras, por un lado, del flemático
Charlie Chan —una especie de Hércules Poirot de las costas del Pacífico— y, por
otro, del pérfido Fu Manchú y su cohorte de sicarios, capaces de los más
acrobáticos jeribeques para rebanarte el pescuezo. Por su parte, la realidad,
impresa en revistas y diarios, se presentaba carente de cualquier embrujadora
intriga, con un Mao Tse-Tung, asomado a las almenas de la Ciudad Prohibida,
saludando a una inmensa multitud sonriente que levantaba sus brazos agitando el
Libro rojo (1964). Todos, la verdad, parecían la mar de contentos; luego
supimos que no, que era un cuento chino. Pero cuando nos desengañamos, se
habían cumplido un puñado de calendarios y los chinos se habían vuelto
habituales entre nosotros con sus restaurantes aposentados en los bajos más
destartalados de nuestras ciudades, y hoy, qué decirles, cuando no queda pueblo
donde no se halle un comercio cuyas estanterías están abarrotadas por los más
dispares productos para salvarnos de cualquier imprevisto, porque su horario ni
respeta fiestas ni encuentra momento de cierre, y tras cuya caja registradora
nos aguarda un chino de una impenetrable displicencia, como garantía de su
sempiterna fama de misteriosos e impenetrables.
Sin embargo; siendo ecuánime,
el epíteto “cuento chino” como sinónimo de trola encuentra su genuino exponente
en el Libro de las maravillas (1298), de Marco Polo, tan desmentido luego como
fascinante en su tiempo y aún ahora. En cambio, quien no recurrió a fantasía
alguna en su extraordinaria Relación de las cosas de China (1602), para el
prepósito general de su orden, Luis de Guzmán, fue el jesuita Diego de Pantoja.
Tal es así que en pocos años y por su impresión a las distintas lenguas
continentales se convirtió en el gran vade mecum de las cortes europeas sobre
los dominios del Hijo del Cielo. Y no obstante, no fue Pantoja el primer
español que dio veraces noticias de aquel mundo sino el agustino Martín de
Rada, con su Relación verdadera de las cosas del reino de Taibin por otro
nombre China y del viaje que a él hizo (1575), como tampoco quien debutó en la
traducción del chino a una legua occidental o en trasladar a ideogramas algún
doctrinal cristiano; también en estos menesteres se le adelantó otro agustino
hispano, Juan Cobo, con su Beng Sim Po Cam, que quiere decir Espejo rico del
claro corazón (1590) o con su Bian zhengjiao zhenchuan shiku [Testimonio de la
verdadera religión] (1593). Aun así, la aventura de Pantoja y de su superior en
la misión jesuita de Pekín, el italiano Matteo Ricci, y de las singulares
aportaciones de ambos a la corte del emperador Wanli, en cartografía y
conocimiento del mundo exterior a China, en pequeña y casi socorrida ingeniería
hidráulica, en cronometría y relojería, en matemáticas y geometría, e incluso
en música, conocimientos que fueron sus seguros avales para poder penetrar en
la Ciudad Prohibida; aunque, asombrosamente, nunca contemplasen al emperador,
como tampoco Wanli a ellos, por cuanto su divina majestad encargó retratos de
ambos jesuitas.
A pesar de estas
contradicciones y otros impedimentos que encontró aquel primer establecimiento
europeo en la capital de China, su estancia se prolongó más de quince años y
sus frutos fueron no solo esas aportaciones arriba citadas, o el método de aprendizaje
de aquel idioma redactado por Pantoja en caracteres latinos pero con la
ingeniosa innovación de escribirlo sobre una escala tonal, pues sin observar
las modulaciones silábicas, esa lengua resulta incomprensible, cuanto, ante
todo, por su novísima y entonces casi herética decisión de adaptarse al mundo
chino para conseguir su evangelización, no solo armonizando el credo cristiano
al confucionismo, sino tomando nombres nativos (Ricci fue Lì Mǎdòu, y Pantoja, Shunyang Diwo Pang) y, por
descontado, indumento de mandarines, como nuestro mago del principio pero sin
descerrajar a nadie sobre un escenario ni hacer más adivinaciones que las
presfebrerocriptas por el álgebra y los astrolabios. En fin; una aventura que
encontrarán expuesta, por doce especialistas, en todos sus pormenores y
consecuencias en el tomazo Diego de Pantoja (1571-1618), agente de
Globalización en China (2024), que han editado mi amigo Pedro Bonet y el
profesor Ignacio Ramos, y que de cuento chino no tiene sino la circunstancia,
porque introducirse en aquel reino secularmente hermético y cautivarlo solo
puede calificarse de admirable gesta.
Artículo publicado por el "Imparcial" el domingo 15 de febrero 2026
Por Ricardo Gil Otaiza
La guagua 467
Durante tres días, el padre
se quedó varias horas sentado en la misma parada, a la espera de un “algo” que
solo él sabía definir: recibía el calor y el frío, la pegajosa humedad del
verano, el frescor de los vientos al atardecer, y el reflejo de la luna
El niño subió de primero al
bus y detrás el padre, luego este se detuvo un instante frente al chofer y
pagó. La unidad estaba sobrecargada, no cabía nadie más, y cuando el padre
entró a la cabina el bus arrancó de pronto y debió agarrarse con fuerza de un
tubo para no perder el equilibrio. Miró a su alrededor, pero no vio a su hijo:
era pequeño y tremendo, con apenas cinco años de edad. Sin preocuparse, miró
aquí y allá, buscó entre la gente, indagó en los puestos laterales y en los del
fondo, miró en cada rincón y no perdió la calma, sabía por lógica deducción que
su hijo tenía que estar allí, que no se podía esfumar en el aire.
Sin demostrar que estaba en
pánico, el padre miró debajo de los asientos, entre los espaldares y las
piernas de los pasajeros, en los escondrijos en donde se metían los bolsos y
las mochilas, escudriñó a cada persona, miró al techo y al piso, y muy pronto
se le agotaron las posibilidades. Si bien la unidad era bastante grande, con
dos vagones enlazados por una suerte de acordeón que permitía la articulación y
el movimiento en cada curva y redoma, no halló en dónde más buscar y decidió
acercarse al chofer para notificarle lo que pasaba.
De entrada, el chofer no le
hizo mucho caso al padre, le dijo que no había buscado bien, que era imposible
que un niño se perdiera en un bus herméticamente cerrado, que aún no había
llegado a su primera parada y que no había abierto todavía ninguna puerta por
donde pudiera escaparse. No obstante, cabría la posibilidad de que hubiese
salido inmediatamente por la puerta trasera una vez que entró. Al ver en los
ojos la desesperación del padre, el chofer decidió contravenir las normas de la
empresa: detuvo el bus en un sitio seguro, bajó de su puesto de mando y junto
al padre se dio a la tarea de buscar al niño a lo largo y ancho del mismo.
La indagación de ambos no
trajo resultados, el niño no fue hallado, entonces el chofer decidió
preguntarles a los pasajeros si vieron salir a un niño, si se percataron de su
presencia, y en los rostros de los presentes se dibujó el desconcierto. El
chofer decidió enfrentar al padre y recriminarle en tono irónico que les
hiciera perder el tiempo a todos, porque él no entró con ningún niño.
El padre, iracundo, apeló al
ticket de pago de los pasajes, y se lo mostró al chofer. Este, con un amago de
sonrisa en los labios, chequeó el comprobante y corroboró lo que pensaba: que
efectivamente el hombre solo había pagado su pasaje. Incrédulo frente a la
evidencia, y completamente descontrolado, el padre dijo a gritos que él era
testigo de que había entrado al bus con su pequeño hijo y de que algo extraño e
inexplicable había sucedido dentro de la unidad para que no estuviese allí con
él. Miró a los pasajeros y los increpó para que lo apoyaran o a que lo
desmintieran, pero nadie dijo nada.
El calor arreciaba en el
bus, así como la impaciencia de los pasajeros, y fue así que el chofer le dijo
al padre que lo dejaría en la primera parada porque estaba perturbando la paz y
la tranquilidad. El hombre le respondió que, de ninguna manera, que él no se
bajaría del bus hasta que le devolvieran a su hijo. El chofer dio el parte a la
policía y a los pocos minutos se presentó en el sitio una patrulla con dos
funcionarios, y sacaron al hombre a empujones de la unidad.
No hallaron rastro del niño,
al parecer nadie en la unidad lo vio, y no había cámaras que pudieran verificar
la versión del padre. El niño parecía nunca haber existido. El padre se
obsesionó con encontrarlo y cada día esperaba el bus en la misma parada en la
que lo tomó aquel aciago día. A veces se topaba con el mismo chofer, quien sin
inmutarse le daba entrada y proseguía en su ruta. Él no se sentaba y como
autómata se daba a la desconsoladora tarea de recorrerlo y revisarlo.
Cada vez que entraba un niño
a la unidad, el hombre se quedaba perplejo, sumido en el letargo, rebobinando
su tragedia. Recordaba con claridad que el niño entró de primero y que él se
quedó con el chofer pagando los pasajes, pero en su recuerdo no había más
elementos, por lo que todo entraba en una suerte de vacío y oscuridad: como una
película detenida en un punto preciso de la historia.
El padre imprimió carteles
con el rostro del niño y con la ayuda de un amigo los pegó en los postes de luz
cercanos a la parada de buses, así como en las paredes y veredas, y pidió
permiso a la Alcaldía y a la empresa para pegarlos en las unidades de
transporte. Su hijo era real, tenía en su poder el documento de nacimiento y
con él en la mano increpó al chofer del bus y le dijo que no se lo había
inventado, que su hijo existía, que era de carne y hueso, a lo que el chofer
replicó con dureza, que no lo ponía en duda, solo que no había entrado con
ningún niño en el bus.
Una mañana, al observar
varios de los carteles que había fijado, pudo percatarse de que había en ellos
señales inquietantes y a la vez alentadoras, aunque imperceptibles para los
demás: dibujos de animales y corazones, el sol y las estrellas, un papá y un
niño subiendo en un bus, y de inmediato supo que se trataba de su hijo.
Durante tres días, el padre
se quedó varias horas sentado en la misma parada, a la espera de un “algo” que
solo él sabía definir: recibía el calor y el frío, la pegajosa humedad del
verano, el frescor de los vientos al atardecer, y el reflejo de la luna.
Ya desalentado, se levantó
de la parada y decidió marcharse, y fue así cuando escuchó una voz que lo
llamaba ¡papá! Volteó y vio a alguien muy parecido a él. Esperaba al niño de
cinco años que perdió en el bus pocos días antes, y, para su asombro, halló a un
hombre casi de su misma edad.
*Escritor y académico
venezolano
rigilo99@gmail.com
Por Gabriel Jiménez Emán
Nihilismo y crítica social en Allen Ginsberg
I
Hay dos figuras
referenciales en el mundo de Allen Ginsberg: Walt Whitman y Vachel Lindsay.
Ambas sembraron en él nutrientes para construir una poética alimentada con las
mejores fuentes de rebeldía en los Estados Unidos. A Whitman lo encuentra cien
años después en los pasillos de Un supermercado en California hurgando entre
frutas, duraznos, el neón, las penumbras y los corredores con maridos o bebés,
donde de paso se topa a García Lorca junto a las sandías. Ginsberg puede
pintarnos a Whitman, viejo solitario y crápula, hurgando entre las carnes en el
refrigerador y mirando de reojo a los muchachos del almacén. En este poema en
prosa – donde Ginsberg se identifica con la homosexualidad de su maestro-- recorre con él el supermercado probando
golosinas, y después fuera del local van ambos por las calles solitarias
soñando con una América perdida. En este poema hay una prefiguración de otro
que no por casualidad tiene el título de América: nación inmersa en la “guerra
humana” que usa la bomba atómica y sobre la que el poeta se pregunta: “América,
¿por qué tus bibliotecas están llenas de lágrimas? / Me disgustan tus locas
exigencias (…) Tu maquinaria es demasiado para mí / tú me hiciste querer ser un
santo”.
En Vachel Lindsay se inspiró
Ginsberg para recorrer Estados Unidos leyendo sus poemas ante grandes
auditorios, e intentando recuperar la condición de bardo de multitudes, de
trovador acompañado de música y gestos teatrales, como lo hacía Lindsay yendo
de casa en casa y diciendo sus poemas a cambio de comida o alojamiento. A
Vachel le dedicó un poema “A Lindsay”, donde al final le ve sentado con sus
tirantes en una cama: “la sombra de tu mano levanta una pistola sobre tu cabeza
/ tu sombra cae sobre el piso”, dice de modo conmovedor.
Ginsberg y sus amigos del
grupo Beatnik, (Ferlinghetti, Kerouac, Burroughs, Kesey y Corso, entre otros,
no todos necesariamente escritores) emularon esta actitud de bardos públicos
que combinaban su nihilismo con la crítica social en un momento tan decisivo
para la cultura del siglo XX como la década de los años 60 en el siglo XX, en
que la política bélica de las potencias y las megacorporaciones de Estados
Unidos estaban causando estragos en el mundo (lo cual no cesa hoy, y es por
ello, entre otras cosas, que están tan vigentes), los beatniks coparon entonces
la escena con sus actitudes contestatarias, rebeldes y bohemias que motivaron y
movilizaron no sólo a numerosos jóvenes de su país, sino de varios países
americanos y europeos donde su radio de influencia se dejó sentir,
especialmente en Francia y en América Latina. Venían los beatniks de admirar a
los músicos de jazz (negros que habían logrado una expresión a contracorriente
de la cultura blanca) y luego pasarían a formar parte de una serie de
movimientos donde se destacan los hippies, el underground, los happenings, el
camp, el action painting, la experimentación con drogas (que dio origen al arte
psicodélico y al pop, y no a una mera drogadicción), el rock ácido y el cine
francés de la nouvelle vague irían todos ellos a constituir un movimiento
contracultural donde participaban movimientos filosóficos o psicológicos como
el marxismo, el existencialismo, el budismo oriental y el psicoanálisis en
autores como Jean Paul Sartre, Albert Camus, Theodore Rozack, Herbert Marcuse,
Norman Brown, Alan Watts o Susan Sontag.
Tales experiencias atentaban contra la cultura institucional (rígida, heredada,
diseñada y difundida por los mass media para que nada cambiara) y a la postre
vendría a definir el mercantilismo aupado por el capitalismo, la dominación
ideológica llevada cabo por el cine de Hollywood (al cual los beats llamaban
disneynisación) y el uso de una tecnología desenfrenada, propiciadora del
consumismo.
Justamente, Allen Ginsberg
se convierte en uno de los adalides de esta nueva actitud, expresada a través de sus desenfadados versos
torrenciales, enumeraciones delirantes y un brillante coloquialismo,
imperfecciones deliberadas que llevan implícitas una crítica al arte “hecho” o
“equilibrado” que ostentan los perfeccionismos formales europeos como el
clasicismo, el simbolismo y luego el modernismo hispanoamericano. En 1955,
Ginsberg publicó su Aullido en Inglaterra y al año siguiente en San Francisco,
donde se deja llevar por una marea de asociaciones libres de la mente, por un
caudal que puede ser violento o estridente (aunque diferenciado del
surrealismo) pero también musical y encantatorio, poblado de prosaísmos
vigorosos que implican todos ellos una tensión. “Estoy contigo en Rockland /
donde las facultades del cráneo ya no admiten los gusanos de los sentidos (…)
Estoy contigo en Rockland / donde golpeas en el piano catatónico que el alma es
inocente e inmortal y no debería morir impíamente en un manicomio armado.”
Asimismo, Ginsberg deja ver
lo más desnudo de su condición judía en Kaddish y otros poemas (1960), libro donde a partir del lamento por la
muerte de su madre, hace una descarnada autocrítica donde predomina una visión
caleidoscópica de la realidad que incluye descripción de calles,
establecimientos, estaciones, oficinas, carreteras, bahías y paisajes de todo
tipo; recurso que le permite la identificación plena de lugares determinados, y
con ello la precisión de un topos muy suyo (Ginsberg nació en New Jersey en
1926) pero también una condición mental interior: “Polvosos sacos de correo
llenándose / 1948 N.Y. octava avenida fue / o cuando Peter conducía el camión /
de corres 1955 / desde el anexo rincón / resplandor de luces brillantes en el
parabrisas / temblor de adrenalina en los hombros (…) No será ocioso anotar que
Ginsberg, antes de estudiar en Columbia, fue portero, cafetero, marino y
reseñador de libros en la revista Newsweek. También un activo fotógrafo y
memorialista de su generación, con varios libros de fotografías editados.
Muchas de éstas fueron expuestas en el Museo Whitney de Nueva York en 1995,
dentro de una gran exposición que se dedicaría al revolucionario grupo. Otros
libros suyos que debemos mencionar son Espejo vacío (1960), Sándwiches de
realidad (1963) y Noticias del planeta (1969). El poeta dejaría de existir en
1997.
Creo que le debemos a este
poeta el haber realizado una crónica alucinante de la realidad, una lectura
transfiguradora que es a su vez una mirada lúcida y crítica de su país, con
todo lo que ésta logra cuando desnuda desde conflagraciones bélicas hasta la
vida en tugurios, burdeles y aventuras amorosas y existenciales, experiencias
con drogas en textos que pueden parecer letanías, evocaciones o constituir en
si mismos imágenes abigarradas de ciudades que revientan en su paradoja de lujo
y miseria, de placer y muerte, de amor y de horror.
II
En el año 1985 estuve en Roma,
Italia, asistiendo a un Festival Mundial de Poesía en Villa Borghese, junto a
los poetas venezolanos Carlos Contramaestre, Ramón Palomares y Enrique
Hernández D’ Jesús. Había escritores de diferentes nacionalidades. Entre los
muy conocidos que recuerdo estaban Juan Gelman, Alberto Moravia, Allen
Ginsberg, Gregory Corso (a quien Ginsberg salvó de la locura por medio de la
catarsis poética) y Leroy Jones (Amiri Baraka) a quienes me acerqué un rato
para charlar con ellos. Saludé a Ginsberg y a Corso; recuerdo que Corso libaba
frenético de una botella de whisky y me ofreció un trago, que inmediatamente
acepté. En cambio Ginsberg aspiraba extasiado un cigarrillo de marihuana; al
rato subió al escenario pero no a leer sus poemas, sino a tocar el banjo. Acompañó
con el instrumento a un grupo de jazzistas y cantantes country, y lo hizo muy
bien.
En el fondo, los beatniks
fueron unos trovadores que decían a la gente sus poemas o canciones, como lo
habían hecho Whitman o Lindsay, y como luego lo harían Bob Dylan, John Lennon o
Tom Waits; en América Latina serían Víctor Jara, Violeta Parra, Mercedes Sosa,
Silvio Rodríguez, Alí Primera, Ismael Rivera, Juan Luis Guerra o Rubén Blades;
en España Joan Manuel Serrat o Joaquín Sabina; en Francia Georges Moustaki y en
Canadá Leonard Cohen. En fin, cantautores, trovadores y jazzistas influirían en
un buen número de escritores y músicos en varios países; en Venezuela los ecos
de Ginsberg y los poetas beat se hacen notar en la poesía de Víctor Valera
Mora, Caupolicán Ovalles, William Osuna, Jorge Nunes, Julio Valderrey, Gabriel
Jiménez Emán, Benito Mieses y Antonio Robles, entre otros. En el fondo, a
quienes hacemos caso omiso de los convencionalismos cívicos y de las poses de
poetas “exitosos” laureados o premiados por academias (incluyendo al aburrido
Premio Nobel, al que Jean Paul Sartre rechazó con toda razón) le debemos algo a
Ginsberg, principalmente por haber tuteado a nuestro abuelo Whitman e invocado
al entrañable García Lorca, pero también por incluir en su lista nada menos que
a Mahoma y a Cristo: los acercó a todos ellos a nosotros y con ello nos
aproximó también a una actitud más fresca y sincera de apreciar la literatura;
a ser más humanos y auténticos en el momento de asumir nuestras
responsabilidades personales, sino con
el objeto asumir un compromiso social como agentes históricos que somos, renunciando a los clisés e imposiciones del
poder, y poder despojarnos de prejuicios para vislumbrar, con mayor
ecuanimidad, caminos más libres de transitar la condición humana.
*Gabriel Jímenez Emán, es escritor, narrador, poeta,
ensayista, compilador y traductor venezolano, destacando más en el ámbito de la
narrativa y la poética, la cual ha sido traducida a varios idiomas
y recogida en antologías latinoamericanas y europeas.
Por Samir Delgado

La lluvia roja
Hay flechazos de Cupido que
son instantáneos, los amoríos a primera vista tienen un hechizo especial, todo
cambia para siempre. Así en el amor como en la vida, también están las saetas
profundas y perpetuas que se clavaron en el cuerpo de San Sebastián, cuyas
heridas nunca cicatrizan en el tiempo de los mitos. Sucede igual con los libros
y los viajes, la experiencia de compartir las imágenes que provienen de un
mundo en constante devenir hace que muchas historias sean seductoras, quien las
cuenta hace de su vida un espacio de sinceridad íntima, cada testimonio es un
arco con flechas con una tensión permanente a la espera de nuevas atracciones,
posibles desenlaces y enamoramientos más allá de cualquier frontera.
En estos días de febrero, se
ha conocido el fallecimiento del escritor europeo Cees Nooteboom, uno de los
grandes y últimos viajeros que hizo de todos sus libros un tintero infinito de
sensaciones, en sus pliegos de papel latieron el arte y los paisajes que
cautivan todavía a la mirada del ser humano. Nació en La Haya, una de las
ciudades de los Países Bajos, ese país que está bajo el nivel del mar, la misma
patria del pintor Vincent van Gogh, quien nació a una hora de distancia,
ochenta años antes que él, en el territorio onírico de los tulipanes. La voz
del escritor neerlandés sonó en español, amó desde sus años de juventud los
paisajes de la península ibérica y estuvo en México, exactamente hace diez
años, en un festival de Querétaro, donde cautivó a lectores y lectoras con su
obra literaria.
Entre novelas, ensayos y
poesía, Cees Nooteboom siempre tuvo un guiño vital sobre su propia vida, en un
peregrinaje constante que le llevó a visitar países exóticos como Japón, Brasil
y Australia, además de cartografiar casi todos los museos de Europa, a la
búsqueda incesante de la belleza y de las gradaciones de su luz. Muchos de sus
libros, publicados en varios idiomas, se articulan como susurros y cadencias,
un hilo de narración que contempla a la vez los cuatros puntos cardinales del
planeta. El ensueño y la pasión del autor siempre fueron viajar y escribir. De
hecho, su compañera de vida, la fotógrafa Simone Sassen, puso el objetivo en
cada instante fulgurante que pensó necesario para acompañar a las páginas de
algunos de sus libros, como aquel de la visita a tumbas de poetas y las
crónicas de la Alemania antes y después de la caída del muro de Berlín.
Y el amor a un horizonte se
concretó en la vida de Cees Nooteboom en torno a la isla mediterránea de
Menorca, en el archipiélago de Baleares, allí pasaba los días de una parte
importante de cada año, era su doble vida, allí murió. En su libro “Lluvia
roja”, en holandés se pronuncia “Rode regen”, legó a las futuras generaciones
el enigma de todas las islas y el mar, con el viento de la tramontana que
capturó su vigilia hasta la eternidad. Entre esa lluvia roja, el poeta Cees
Nooteboom describió con elocuencia que en las islas, “el mundo se divide en
salado y dulce”, además de que la luz allí es “de verdad, brillante y
omnipotente, un poder”. En los inviernos de su casa de Ámsterdam, donde acumuló
premios literario y se convirtió en una de las voces más singulares de la
literatura contemporánea, a veces le asaltaba la nostalgia y cerraba los ojos,
para pensar en su jardín, un lugar mágico que se encontraba “en el camino de la
luna”. Lo dejó escrito, y en su paz halló el refugio del nómada incansable, el
coleccionista de cruces de caminos, un hombre que hizo suyo el pálpito de todos
los atardeceres, en la isla sucedió el principio y el final de su flechazo de
la vida.
Artículo publicado por el "Sol de Durango" el viernes, 13 de febrero de 2026
* Samir Delgado (Las Palmas de Gran Canaria
1978) es un poeta y ensayista español especializado en arte y literatura contemporánea.
Premio Internacional de Poesía
Tomás Morales y
el Premio Internacional de Literatura Antonio Machado en su edición 2020. Licenciado en Filosofía por la
Universidad de La Laguna y especialista en Bellas Artes de la Universidad de
Castilla-La Mancha.
Madrid.- 12 de febrero de 2026
Sonia Muñoz Guevara
La magia poética de Álvaro Pombo, en la Real Academia Española
Fotos: La Gatera Press
Izq.Presidente de la RAE, Santiago Muñoz Machado, el poeta Álvaro Pombo, Gema Igual Ortiz,
alcaldesa de Santander, y el escritor Juan Antonio González Fuentes.
El poeta y novelista, santanderino Álvaro Pombo, Premio Cervantes (en el año 2024), estaba en la sala de acto, dispuesto a leernos sus poemas, de su nueva publicación de la antología titulada Substancia. (Renacimiento-Fundación Gerardo Diego).
El acto fue presentado por el presidente de la RAE, Santiago Muñoz Machado, la alcaldesa de
Santander, Gema Igual Ortiz y presidenta de la Fundación Gerardo Diego, y
el escritor- editor, Juan Antonio
González Fuentes, quién mantuvo la
conversación, con el poeta.
Álvaro Pombo, nos recitaba de memoria sus poemas, a sus
87 años, y con su humor característico en él, se nos hizo corta la noche.
Es reconocido como un escritor culto, cuidadoso en los
aspectos formales, con una obra narrativa y poética de gran riqueza. Maestro
indiscutible de la literatura española contemporánea.
Álvaro Pombo (Santander, 1939) es licenciado en Filosofía por la Universidad de Madrid, Bachelor of Arts por el Birkbeck College de Londres y miembro de la Real Academia Española. Ha publicado varios libros, entre ellos , “El héroe de las mansardas de Mansard”, " El hijo adoptivo", "El parecido", "Relatos sobre la falta de sustancia", “Los delitos insignificantes”, “El metro de platino iridiado”, “Contra natura”, “El exclaustrado”, “La fortuna de Matilda Turpin”, entre otros muchos más libros, siendo traducidos a numerosos idiomas.
A la salida, la llovizna continuaba, acompañada del silencio de la noche, por las calles céntricas de Madrid.
Madrid.- 05 de febrero de
2026
Más que hastiado, desolado,
escribo estas líneas mientras el gobierno, en un pérfido ejercicio de huida,
busca denodadamente a alguien a quien endosarle el atroz descarrilamiento de
los trenes en Adamuz —en este momento, sus argumentos, aún titubeantes, apuntan
hacia un anónimo soldador de vías—. Cuando a estas alturas, todos sabemos de
sobra cómo, desde hace un trienio, menguó la conservación de los trayectos, y
no solo de este tipo de complejísima circulación, sino hasta de las cercanías y
del largo recorrido, y que el par de «trenes auscultadores», encargado de la
revisión de toda la excesiva, para la potencia económica de nuestro país, red
de Alta Velocidad, estaba fuera de servicio por averías y otras razones
técnicas. De modo que resulta, sobre patético, sumamente indignante el papel de
bausán a punto de la quema mantenido durante la semana pasada por Óscar Puente.
Mientras, el parlamento —máximo representante de los ciudadanos y, por
consiguiente, su leal defensor— ya debería de haber iniciado los trámites
reglamentarios —sin atender a algo más que no fueran sus conciencias como
individuos— para la destitución no ya de este ministro, sino del gobierno en
pleno. ¿O acaso no acumula demasiadas catástrofes —con su lacónica y
estremecedora lista de estragos y mortandad— durante su ejercicio?... No lo
hará; de sobra lo sé. Diputados y senadores se parapetarán tras esa añagaza
llamada «disciplina de partido» y el resto de embustes de leguleyo para
permanecer impertérritos; por cuanto desacreditarán con esta miserable
pasividad al actual sistema y lo empujarán, tantaleante y andrajoso, hacia su
agonía y su desplome.
Y, créanme, intentando
eludir cualquier pensamiento sobre ese desastrado porvenir que se anuncia,
repaso los diarios con desgana hasta que reparo en una noticia resumidora de
cuanto sucede: «El gobierno usa una ley de violencia infantil para vetar a los menores
en los toros» (ABC, 28 de enero). Según parece la ministra de Juventud e
Infancia, doña Sira Abed Rego, se conoce que solidarizada con el señor Puente
y, por tanto, muy dispuesta a compartir aunque sea un cacho de la ira
ciudadana, está redactando una Ley Orgánica de Protección Integral a la
Infancia y la Adolescencia, donde por recomendación del Comité de los Derechos
del Niño, de la ONU, pretende prohibir la entrada e incluso la enseñanza de la
tauromaquia a los menores porque, según dicta el preámbulo del proyecto de ley,
«la exposición temprana a la violencia puede desensibilizar a las personas
menores de edad frente al sufrimiento ajeno, afectando negativamente el
desarrollo de la empatía, normalizando la violencia como una forma de
entretenimiento, influenciando la percepción de las personas menores de edad
sobre la resolución de conflictos y el uso de la fuerza, con efectos duraderos
en su bienestar emocional». Perplejo, primero, al enterarme de la existencia de
un ministerio cuyo cometido debe de ser algo parecido a la revisión de los
parques de atracciones, de las películas de dibujos animados y de las
PlayStations, porque billares donde enseñarse a liar canutos como Dios manda, a
jugar al futbolín con cara de matachín de esquina y a completar una carambola a
tres bandas sin que te tiemble ni un milímetro la ceniza del pitillo ya no
quedan; así que ustedes me dirán en qué emplea el tiempo tal departamento.
Luego, más centrado en el texto, deduzco que doña Sira, sus sesudos asesores y
esas eminencias de la ONU debieron de sopesar la morbosa distorsión en la
sensibilidad que produjo la asistencia a las corridas en Goya, Ramón Casas,
Valle-Inclán, Picasso, García Lorca, Gómez de la Serna, Ortega y Gasset,
Bergamín y Orson Welles; por no enumerar a los más recientes, como Vargas
Llosa, Miquel Barceló, Joaquín Sabina, Gómez Pin, Albert Boadella, Fernando
Savater, Félix de Azúa y otra multitud más bullanguera entre la que me cuento,
quienes, según se desprende de tal preámbulo, además de observar el mayor
desprecio por cualquier sentimiento e impelidos por nuestras irrefrenables
ganas de emular a Harry el Sucio, guardamos una Magnum del 42 bajo la almohada,
con el gravísimo riesgo para la comunidad de que una noche, por un quítame allá
esas pajas con la parienta o por una desastrosa tarde de Morante, salgamos a la
calle dispuestos a freír a balazos al primer insensato que nos endilgue una
palabra intempestiva, mordiendo aquello de «Venga; alégrame el día».
En fin; una manía casi
clerical por prohibirnos las gozosas aficiones con el remilgado pretexto de
proteger nuestra salud; mientras que ellos, el gobierno, nos desprotegen con
total descaro de cuanto tienen encomendado como deber fundamental; basta con un
repaso a sus acciones durante el estallido y propagación del covid, o al
retraso en la ayuda a los palmeros, o a su demora de cuatro días en el socorro
a la huerta sur de Valencia, o a su privación de medios a los cuerpos
policiales, o a su sordera ante las advertencias técnicas del posible apagón, o
a su descuido de la maleza de los montes, o, ahora, al horrible y sangriento
descubrimiento de su desidia en el mantenimiento de las vías. Claro que
prohibir es barato; basta con escribirlo en el BOE y enviar, luego, a los
guardias a detener —ángel mío— al desavisado infractor. En cambio, defendernos
—o, al menos, auxiliarnos presurosa y correctamente— de catástrofes como las
enumeradas arriba, requiere no solo de dinero, sino de cierta moralidad y de
una indispensable capacidad intelectual; algo, al parecer, ausente en este
gobierno.
Artículo publicado por el "Imparcial" el martes 03 de febrero de 2026
Josue
y el santo de Hipona
Josue, vuelve otra vez al tenso
rostro de San Agustín: aquel ser perdido en la neblina de los siglos, y ante él
se materializa con pérfida insolencia, como quien reclama a su creador el
porqué de la apuesta a su ya olvidada figura
Montado en un andamio,
mientras modelaba los detalles en el rostro del que se revelaría en pocos días
como el gran San Agustín de Hipona (escritor, teólogo y filósofo cristiano, y
reputado eje del pensamiento occidental), Josue se entregaba a su tarea
artística sin dar tregua a la fatiga, olvidando que tenía que comer, abstraído
por completo en un oficio que, no aprendió en las aulas universitarias (no
tenía aún edad para ello), sino que emergió de su ser siendo muy pequeño,
cuando poseído por el deseo de tener un juguete que su familia no podía darle,
aceptó a cambio la caja de plastilinas que le obsequió su padre, y él mismo
esculpió sus sueños.
Desde entonces, Josue hizo
de la plastilina su mundo, y comprendió que todo aquello que anhelaba lo podía
hacer realidad con sus propias manos, que ellas respondían presurosas a sus
deseos: dóciles y gráciles iban de aquí a allá, reptaban en sus artificios
erigidos en portento, como queriendo hallar en cada palmo de su obra
escultórica, un inaudito (¿y quizá posible?) hálito de existencia.
Josue buscaba la talla perfecta
y, como toda perfección requiere de un esfuerzo enorme (y sobrenatural), se
internaba en las noches a solas en su taller, arrancando a la arcilla todo
aquello que podía darle: textura, rasgos, edad, presencia ultramundana, latido
y movimiento, mientras la ciudad dormía sus pesadillas y acallaba sus ecos, en
una suerte de extraña complicidad y simbiosis, que llevaba a ambos a una
reciprocidad inaudita y pocas veces vista.
La familia y los amigos lo
llaman, pero él ignora sus voces. Se siente (y está) poseído por los demonios
de la creación. Nada de lo que afuera acontece, lo toca, sus ojos y demás
sentidos se concentran en la obra, y ningún hecho logra arrancarlo de las entrañas
de una pasión que lo desborda, que tira hacia adelante, que va más allá del
tiempo y del espacio en una rueda sinfín que aterra a quienes le conocen, al
observarlo ya fuera del alcance de su presente y de su realidad: meciéndose en
las alas de una dimensión inasible y etérea. Ellos intuyen; es más, lo saben,
que la creación artística es eternidad patentizada en el ahora.
Mientras talla y
perfecciona, Josue percibe movimientos en la periferia: inquieto mira a su
alrededor y solo ve el silencio, que pesa más que las toneladas de arcilla,
hierro, cemento, piedra, arena, madera, fibra de vidrio y mármol, que en sus
manos son objeto de profunda metamorfosis, hasta hacer de ellos imagen y
esencia, presencia y corporeidad estética.
Mira de nuevo, y todo bien,
pero se siente observado, un leve frío le estremece la nuca y pierde la
abstracción, entonces abre y cierra los ojos como queriendo espabilar el
cansancio y las conjeturas. Continúa así, no sin temor, con sus estecas,
punzones y espátulas sobre la arcilla.
Josue, vuelve otra vez al
tenso rostro de San Agustín: aquel ser perdido en la neblina de los siglos, y
ante él se materializa con pérfida insolencia, como quien reclama a su creador
el porqué de la apuesta a su ya olvidada figura: en su mirada le pide, le
ruega, le exige que lo deje descansar en paz, que ya no golpee con ímpetu su
atormentado rostro, que su lúgubre existencia hundida en camándulas, folios y
libros, está, por la fuerza del glorioso y necesario paso del tiempo, asentada
en los anales de la historia, y ya no requiere de más pedestales ni artificios.
Josue se sobresalta, la
escultura gira ligeramente la cabeza y lo mira, pero la imagen desaparece
cuando el artista parpadea con fuerza. Gracias a que está atado al andamio con
arneses, no cae por el susto de bruces al vacío. Ya agotado, desciende
lentamente de las alturas, y se dispone a marcharse.
Repuesto, Josue intenta
recoger sus cosas y cambiarse de ropa, pronto llegará su padre a buscarlo para
llevarlo a casa, pero en ese instante se percata, no sin terror, que las
esculturas en ciernes, y las ya acabadas, cobran vida. Lo rodean y lo arrastran
hacia una Galería que parece hecha de sueños y de mármol, donde todo es irreal,
pero tangible como la vida.
Cada escultura tiene
conciencia de sí misma: San Agustín de Hipona perorata sin parar de rezos y
teología, de griegos y romanos, San José Gregorio Hernández se quita el
sombrero y habla con pausa y sentido de la ciencia, de las tribulaciones
médicas de algunos de sus pacientes, José Antonio Abreu mueve la batuta de
arriba a abajo queriendo arrancarle notas musicales al silencio del recinto,
Yulimar Rojas gira sus largas piernas como aspas de viejos molinos de viento, y
se dispone a saltar la verja que separa a la Galería de la calle.
Josue Benjamín grita, y su
grito rompe con vaga estela la estulticia de la noche caraqueña. El guardián
recurre presuroso en su ayuda, y le explica que los artistas que se obsesionan
quedan atrapados en su propia obra. Deberá elegir —le advierte capcioso— entre
terminar la obra y quedar atrapado, o destruirla para así escapar y volver al
regazo de los suyos.
No sabemos cómo, pero Josue
logra escapar, aunque parte de su esencia queda en la Galería. Al volver al
mundo real ve a sus esculturas moverse ligeramente, y esto ya no lo inquieta;
todo lo contrario: lo toma como parte de su ancestral oficio. Para el bien de
la cultura, finalizó la gigantesca obra de San Agustín de Hipona, y desde la
entrada de Guacara, estado Carabobo, en donde fue colocada, observa silente a
sus habitantes, y cuentan, quienes la visitan y se hacen selfis con ella, que
sienten como si tuviera vida, como si sus ojos los siguieran, y dicen también
que escuchan broncos quejidos, rezos truncados e ininteligibles peroratas
filosóficas, pero ya nadie le teme a eso.
*Escritor y académico
venezolano
rigilo99@gmail.com
JAMES JOYCE
(Del libro : "El Ulises
de James Joyce, Una revolución narrativa. A 100 años de una obra maestra")
James Joyce viene a
representar a veces ese tipo de escritor cuya obra oculta, de alguna manera, la
personalidad humana de su autor; una obra que casi devora la humanidad de quien
la creó, que existe porque se alimentó a expensas de su autor, quien debió
sortear penurias, limitaciones materiales, fracasos y enfermedades para poder
alcanzar la expresividad aun a costas de la posible felicidad de quien la concibió.
En cierto modo James Joyce y otros escritores de su generación, aparecen en la escena literaria de Europa y los Estados Unidos signados por una serie de circunstancias históricas y culturales que los impulsaron a construir un nuevo modo de asumir el mundo y, sobre todo, de expresarlo. Aquí entonces la literatura recobra su función de recrear la vida humana frente al mundo, buscando plasmar voces que puedan trascenderla en el tiempo.
En este sentido, la literatura viene a cumplir
una función mayor, al moverse con el lenguaje de la ficción o la poesía, la
literatura integra en si (sin proponérselo muchas veces) a las demás ciencias
sociales, en ella convergen los mejores momentos del arte o la filosofía, para
convertirse en una de las artes más completas de las creadas por el ser humano,
pues puede integrar a otras disciplinas hacia su centro: la música, la pintura
y el cine se contemplan tantas veces en el espejo de la literatura, asumen la
responsabilidad de captar aquellos lenguajes particulares para incorporarlos a
su cauce significante, convirtiéndolos en matrices generadoras.
En cierto modo, James Joyce
fue un escritor que vivió para la literatura;
sacrificó todo por ella. En
ese sentido fue ambicioso, hollando un territorio pocas veces frecuentado. Así
lo entendieron sus compañeros de generación.
Ezra Pound, T.S. Eliot y
John Madox Ford, Silvia Beach o Wallace Stevens, entregados a sus obras
creadoras como pocos, alcanzando una expresividad inédita hasta entonces.
Su obra gravita ciertamente
sobre su ciudad natal, Dublín, sus ambientes, personajes e instituciones,
tomando pronto conciencia de cuanto le ocurre y rodea: familia, escuela,
iglesia, situación social y guerras permanentes, y todos estos se convierten
para él en fuentes de conflictos creadores, que van juntándose en un dédalo de
experiencias. Este laberinto personal de latencias se convierte, poco a poco,
en obsesión y él va dedicando su minuciosa atención de absorber los conflictos
que le dominaron a lo largo de su vida.
El nombre de su personaje
más conocido, Stephen Dedalus, intenta acopiar toda una serie de intuiciones,
sensaciones, ideas y creencias compartidas con otros personajes también harto
conocidos como Poldy, Buck Mulligan, Molly y Leopold Bloom. Joyce tomó parte de
un movimiento de vanguardia moderna anglosajona y americana que compartió con
muchos contemporáneos suyos, e intentaron abrir nuevos caminos para la
literatura desde una perspectiva surgida del conflicto de las dos guerras
mundiales, llevando consigo un cúmulo de concepciones cristianas, católicas,
medievales o renacentistas, o bien recogiendo fragmentos del romanticismo
visionario, lo cual proveyó a la vanguardia europea de elementos transgresores,
menos amoldados al canon clásico, y al mismo tiempo replantea las mejores vetas
del romanticismo, para salirle al paso a un realismo que, dicho sea de paso,
constituye con seguridad la principal tradición novelística de Occidente.
Las vanguardias históricas
se permiten, entonces, abrir compases de innovación para no perecer frente al
realismo y a las nuevas crisis surgidas en la sociedad industrial. Mientras
T.S. Eliot muestra en su Tierra baldía una versión despojada (y despiadada) de
la poesía inglesa de su época --ofreciendo una visión desolada de la sociedad
moderna-- y Ezra Pound en sus Cantares conducía a la poesía inglesa a nuevos
territorios parodiando formas, idiomas y lenguas occidentales, James Joyce
hacía lo suyo desde la prosa de ficción.
"Retrato del artista
adolescente", su primera novela, es una obra perteneciente en cierto modo
a las novelas de formación (Bildungsroman) pero con un toque distinto en la
forma, mucho más festivo y humorístico. El artista adolescente, personaje
inmaduro que se siente poseído por el genio, portento en estado puro, se
reconoce en la obra inicial de Joyce, donde se advierte su peculiaridad
transgresora, mediante un poder verbal poco frecuente en el momento de abordar
el tema de la formación interior del ser humano en su proceso de alcanzar la
madurez, debiendo antes atravesar la fase problemática de la adolescencia, tema
central de la Bildungsroman europea.
Si deseas leer todo el ensayo, existe una versión del mismo en la revista SEPARATA de Quito Ecuador. disponible en el siguiente enlace:
*Gabriel Jímenez Emán, es escritor, narrador, poeta, ensayista, compilador y traductor venezolano, destacando más en el ámbito de la narrativa y la poética, la cual ha sido traducida a varios idiomas y recogida en antologías latinoamericanas y europeas.
Madrid.- 03 de febrero de 2026
Jueves 5 de febrero, a las 18:30 h.
Concha
Calleja presenta ‘El psicópata invisible’
en
el IAACC Pablo Serrano de Zaragoza
La escritora, perito judicial y especialista en
psicología forense, presentará su investigación más reciente, publicada por
Sekotia, en el Instituto Aragonés de Arte y Cultura Contemporáneos el próximo
jueves 5 de febrero, a las 18:30 h, con la colaboración de la librería
Albareda.
La escritora Concha Calleja, una de las expertas españolas más reconocidas en Criminología y análisis de casos mediáticos, visitará Zaragoza para charlar sobre El psicópata invisible (Sekotia). Será el 5 de febrero cuando el tour de presentaciones del libro recale en la sala de conferencias del IAACC Pablo Serrano (Paseo de María Agustín, 20), donde la autora ofrecerá una charla exclusiva sobre esta guía divulgativa que ofrece claves para detectar a esos lobos sociales que tenemos a nuestro lado y parecen normales, que están en la empresa, en la política y en los vínculos más íntimos, que no llevan cuchillo sino carisma, y no dejan huellas sino efectos.
El lado oscuro del éxito
social
El
psicópata invisible es una denuncia de esas personas que no
sienten culpa, que no empatizan y que saben exactamente qué botón pulsar, con
estrategia y precisión, para obtener lo que quieren. A veces, en palabras de la
escritora, “solo vienen a conseguir lo suyo y tú estás en medio”, y el
perjuicio que te puedan ocasionar en la esfera profesional, familiar o personal
será un efecto colateral que no les provocará ningún remordimiento.
Estas páginas, por tanto, se
refieren a relaciones tóxicas, figuras públicas y el lado oscuro del éxito; y
advierte que “el psicópata integrado no aparece en la escena del crimen porque
su escenario es otro: una oficina, una relación, una campaña electoral, una
sala de juntas”. No necesita recurrir a la violencia física porque maneja la
violencia emocional y simbólica con una destreza mucho más eficaz”.
En palabras de Calleja, esta
obra que sirve para conocer las diferencias entre los perfiles psicopáticos,
“no solo nos ayudará a identificar a los que nos acechan sino que también nos
proporcionará las herramientas necesarias para anticipar sus movimientos y
poner en marcha medidas preventivas”. Porque saber a qué tipo de psicópata nos
enfrentamos cambiará completamente el enfoque de cómo gestionamos nuestra
interacción con él y podremos actuar “con más claridad, más firmeza y, lo más
importante, con mayor seguridad”. La
comprensión de los perfiles psicopáticos “nos otorgará el poder de ver más allá
de la fachada, de entender lo que realmente motiva a estas personas, y, sobre
todo, de poner límites”.
Violencias cotidianas
“La violencia no siempre
tiene forma de puño. A veces tiene forma de ascenso, de adulación, de silencio,
y de relación que te dejó vacía, sin entender por qué”, escribe la autora. En
este marco, ¿hay un único psicópata? Los perfiles, según Calleja, obedecen a
diferentes patrones, cuyos rasgos explica en un amplio abanico: los hay
impulsivos, controlados, emocionales, supervivientes (uno de los más complejos
y difíciles de detectar), encubiertos, narcisistas y paranoicos.
¿Se puede hablar de un
número estimado de psicópatas? La estadística más repetida durante años es la
que fija la prevalencia de la psicopatía en torno al 1 % de la población
general, uno de cada cien. En el caso de España, con más de 47 millones de
habitantes, “estaríamos hablando de al menos 470.000 personas con rasgos
psicopáticos lo bastante marcados como para hacer daño. No hablo de gente con
mal genio ni de jefes estresados, hablo de sujetos sin empatía, sin
remordimiento, sin conciencia moral. Personas que te usarían como una silla;
útil mientras les sirves, prescindible cuando ya no”, explica Calleja.
Casos como el de Bernie
Madoff, que diseñó una estafa piramidal a nivel mundial durante décadas sin ser
detectado y arruinó vidas sin pestañear; Elizabeth Holmes, que sedujo a
inversores con bata blanca y promesas vacías, o Jeffrey Epstein, que manipuló a
las élites internacionales, muestran a juicio de la autora “hasta qué punto la
psicopatía puede ser premiada con poder y prestigio. Incluso figuras icónicas
como Steve Jobs, cuya genialidad iba de la mano de un trato despótico, revelan
cómo el carisma eclipsa el coste humano”, afirma Calleja.
El nuevo ego psicopático
A través de un lenguaje
claro, conciso y directo, ampliamente divulgativo, Concha Calleja explora los
territorios más íntimos, como es el de la familia, donde el psicópata puede
anidar en forma de madre manipuladora o cónyuge destructivo y alcanza los
escenarios colectivos, como son las empresas dominadas por líderes sin alma o
gurús espirituales y coaches que disfrazan la explotación bajo la etiqueta de
“autoayuda”. Abre debates (“¿hay cura para el lobo”), y también expone cómo las
redes sociales son hoy el nuevo teatro del ego psicopático. Frente a ello, el
libro ofrece herramientas de autodefensa emocional, ayuda para reconocer las
señales invisibles y estrategias para sobrevivir sin caer en la paranoia.
Concha Calleja es escritora
y perito judicial especializada en Criminología, Psicología forense y perfiles
criminales. Investiga casos reales de crímenes sospechosos con gran repercusión
internacional. Actualmente, colabora en
el programa Fiesta (Telecinco), en el canal Divinity y en el diario digital H50
Policial. Sus libros sobre la duquesa de Alba sirvieron de base para la serie
La duquesa, y su libro La mujer morena inspiró un documental emitido en
televisión. Entre sus títulos más recientes destacan Diana, réquiem por una
mentira, Objetivo: Michael Jackson, Contagiados y Tres reinas.
Madrid.- 27 de enero de 2026
La Gatera Press
Conferencia
Tenerife-Arona
‘Una vida dedicada al noble arte de la escritura’, conferencia del escritor Juan Manuel de Prada
El próximo jueves 29 de enero, a las 18:30 h. en la Sala Guaza del Centro Cultural de Los Cristianos, Arona, será el escenario de un encuentro literario abierto al público. El invitado será el escritor Juan Manuel de Prada (Baracaldo, Vizcaya, 8 de diciembre de 1970), Premio Planeta 1997, una de las voces más reconocidas de la literatura española contemporánea.La intervención del autor se
centrará en la fuerza de la palabra como herramienta de pensamiento, creación y
posicionamiento crítico, abordando la escritura no solo como técnica, sino como
vocación y responsabilidad intelectual. A partir de su trayectoria literaria y
ensayística, Juan Manuel de Prada reflexionará sobre el papel del escritor en
la sociedad actual y sobre la vigencia de la literatura en un contexto marcado
por la inmediatez.
El acto será presentado por
el periodista Roberto González, quien contextualizará la figura del autor y
acompañará el desarrollo de la conferencia, concebida como un espacio de
reflexión abierto a la ciudadanía y al público interesado en la literatura y el
pensamiento contemporáneo.
El concejal de Cultura,
Turismo y Patrimonio Histórico del Ayuntamiento de Arona, Naím Yánez, ha
señalado que “esta cita refuerza la apuesta del municipio por una programación
cultural que fomenta el pensamiento crítico y acerca a la ciudadanía propuestas
literarias de primer nivel, consolidando nuestros espacios culturales como
lugares de encuentro y reflexión”.
Con esta iniciativa, el
Ayuntamiento de Arona continúa impulsando una oferta cultural de calidad,
orientada a fortalecer el acceso a la literatura, el pensamiento y el debate
cultural en el municipio
Entrada libre, hasta
completar aforo.
Madrid.- 22 de enero de 2026
Coloquio sobre el libro Saga nostra de Gastón Segura
En este coloquio, los intervinientes serán: Jesús Antonio Cid, Gabriel Tortella, Francesc de Carreras y el autor escritor Gastón Segura.
Jesús Antonio Cid, es Presidente de la Fundación Ramón Menéndez Pidal y Catedrático del departamento de Literaturas Hispánicas y Bibliografía de la Universidad Complutense.
Gabriel Tortella, Catedrático emérito de Historia de la economía en la Universidad de Alcalá de Henares. Presidente de la Asociación de Historia Económica. Premio Rey Juan Carlos I de Economía 1994. Promotor de la Revista de Historia Económica. Fue Presidente del "Academic Advisory Council" de la Asociación Europea de Historia Bancaria. Expresidente de la International Economic History Association y de la Asociación de Historia Económica.
Es miembro de la Academia Europea de Ciencias y Artes desde 2003. Doctor honoris causa por la Universidad de Alicante (2014).
Francesc de Carreras, Jurista, catedrático, es miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, desde el año 2016. Escritor y articulista en varios medios de prensa.
Fue secretario general de la Universidad Autónoma de Barcelona (1980-1981) y director del Departamento de Ciencia Política y Derecho Público en la Facultad de Derecho de la dicha universidad (2001-2004).
Gastón Segura
Nació en Villena en 1961. Se trasladó a Caudete a los siete años, y entre ambos pueblos pasó su vida hasta que, a su debido tiempo, marchó a Valencia para licenciarse en Filosofía. En 1990, se instala en Madrid, y tras probar suerte en diversos oficios, en 1996 decide dejarlo todo para dedicarse a la escritura.
En 1999, resultó finalista absoluto del XXIII Premio Azorín con su primera novela, Las calicatas por la Santa Librada, editada en 2019.
Ha publicado varios libros, entre ellos Los cuadernos de un amante ocioso (2012) Las cuentas pendientes (2015) Un crimen de Estado (2017), Los invertebrados (2021), Saga nostra (2024) y el último Cela, Soler y Rojas con Baroja al fondo (2025)
Sinopsis de la novela
Saga nostra (Drácena ediciones) relata tres días, durante el final de la pandemia del covid-19, en la vida de Agustín Cañizares, un ingeniero gerundense, bastardo de una poderosa familia catalana del sector turístico. A través de sus recuerdos, vividos o escuchados, conocemos cómo se creó ese emporio económico en las postrimerías de la Guerra Civil y en los primeros años de la Dictadura hasta llegar a su actual pujanza.
Contada desde la intimidad dolida de un hombre y sobre las intimidades, con sus sórdidos secretos, de cuantos le rodean, Saga nostra se convierte sin pretenderlo en el retrato de la sociedad catalana y, por ende, de su compleja y, a menudo, conflictiva circunstancia.
Con un pulso narrativo cada vez más acelerado hasta el inmediato presente, la novela avanza sobre una cuenta de sorpresas que, por cotidianas, desvelan la humanidad de sus personajes cuanto acrecientan el interés por su desenlace.
De las masas al solipsismo virtual
Este giro anímico, en cambio, lo percibo y a velocidades de vértigo desde 2007 con la propagación de los smartphones. Su uso ha creado una morbosa dependencia —y no solo entre los adolescentes— de las llamadas redes sociales —que de sociales tienen poco, pues solo han exacerbado un grotesco egotismo entre sus adictos—, tanto como están saturando a las conciencias con una ridícula fantasmagoría icónica —abocándonos sobre una «Nueva Edad Media»— en detrimento de la comprensión lectora, porque el empleo de este más que teléfono portátil, prodigioso artilugio polivalente, lleva aparejado una raquitización del léxico empleado en el habla general de nuestras sociedades, cuya consecuencia es un veloz empobrecimiento de nuestra capacidad de definir y de razonar; o dicho paladinamente, una galopante analfabetización. Pero aún hay más; si se leen el artículo de Víctor Gómez Pin, titulado «Palabras sin peso», publicado en el diario El País, el martes 6 de enero, colegirán como esta depauperación del lenguaje ha impregnado la política mundial hasta situarla sobre un escenario donde la minusvaloración de las palabras impone el factum desnudo como la única y acreditada manifestación posible.
De modo que esa Weltanschauung que adivinaba ausente en la combinación entre los descomunales atentados de Manhattan y la Globalización, ahora sí la percibo nítidamente en la conjugación entre el dominio sobre nuestra individualidad por la Galaxia Digital y la sorprendente captura de Nicolás Maduro por un comando norteamericano; es decir, que considero al arresto del sátrapa sandunguero de Venezuela —por quien no siento sino el mayor desprecio, como por la corte de acólitos que ha dejado sobre este país hermano— como la inauguración efectiva del siglo XXI y, además, con premoniciones más bien lúgubres; al menos, para Europa.
Más allá del debate de si Trump ha violentado el Derecho Internacional o de si los gringos han vuelto a ejercer el más descarado imperialismo —discusiones, a mi parecer, absolutamente bizantinas—, lo radicalmente singular, como habíamos ya contemplado con la asombrosa eliminación por la seguridad israelí del jefe de Hamas, Ismaíl Haniya, y de los cuadros dirigentes y organizativos de Hizbulá —que no se olvide: causó el inmediato desplome de la tiranía siria—, es el imperio absoluto de la actual tecnología digital. Esa misma tecnología que es tanto sustento de nuestros smartphones —por consiguiente, acaparadora y mutadora de lo más íntimo del individuo— como creadora, simultáneamente, de una nueva realidad mundial. Una tecnología, además, desarrollada por un puñado de empresas localizadas en un restringido grupo de países —EEUU, Israel, China, Taiwán, y quizá Corea y el Japón— que está postergando, por su expansión incontenible, al resto de los Estados de la estructuración y dominio del actual siglo.
Y si a lo largo de la historia contábamos con sobrados ejemplos sobre cómo la posesión de una técnica innovadora —preferentemente bélica— impulsó a naciones e incluso a pequeñas repúblicas como Roma a elevarse a avasallantes imperios, la peculiaridad de la actual no es solo su poder para reordenar la política mundial, sino su inmensa capacidad para controlar los movimientos de todos los individuos que la emplean —la casi totalidad de la humanidad— cuanto su ductilidad para persuadirlos sobre sus decisiones más cotidianas o incluso para proveerlos de envolventes y mendaces realidades virtuales. Circunstancia que torna a los dueños de esas empresas desarrolladoras de la nueva tecnología en una oligarquía mundial como jamás se había conocido, por sus poderes sutilmente coercitivos sobre individuos y gobiernos. En fin; en sus manos poseen aquello anhelado sempiternamente por los grandes sacerdotes de la antigüedad: el dominio sobre las conciencias de los súbditos y, ante cuyos oscuros designios, el emperador —fuera cual fuese— no podía sino plegarse.
Así la Galaxia Digital está postergando a la Galaxia Gutenberg y, con ella, a la Ilustración y a las formas políticas alumbradas por la civilización de la letra impresa. Y si el siglo XX descubrió a las masas con su convulsa presencia, este siglo XXI empacha a los individuos con un incesante torrente de información, indiscernible en su intencionalidad —o sea, en su verdad o en su falsedad—, hasta clausurarlos en un solipsismo digital. Esta condición de una conciencia vigilada y, a la vez, complacida y anegada por una avalancha de datos, cuyo motivo y certidumbre resultan imposibles de señalar, constituiría la nueva situación existencial del hombre en el siglo XXI; y ante cuyo advenimiento, apenas cabe defensa, salvo que optásemos por convertirnos en primitivos eremitas.
Artículo publicado por el "Imparcial" el domingo 18 de enero de 2026
*Gastón Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.
Poe, en edición impagable
Recibí hace algunos días un
maravilloso libro, que quería desde hacía varios meses, se trata de los Cuentos
Completos (Edición Comentada e Íntegra) de Edgar Allan Poe (Páginas de Espuma,
2025). Ha hecho esta casa un esfuerzo enorme, porque se trata de una edición de
lujo dirigida por Fernando Iwasaki y Jorge Volpi, con prólogos de Mariana
Enriquez y Patricia Esteban Erlés, y que estrena traducción, esta vez a cargo
de Rafael Accorinti Gorillo.
De entrada, como bibliófilo,
lector y autor no venzo la tentación de solazarme con la belleza y el cuidado
del objeto (o pieza) como tal: pasta dura, papel de primera calidad,
marcapáginas de seda, ilustraciones de Arturo Garrido y comentarios de cada
cuento por parte de figuras de las letras en lengua española.
Son 1164 páginas que nos llevan por el
universo literario de Poe, que es, qué duda cabe, uno de los autores clásicos
norteamericanos más queridos y recordados por los lectores en diversas orillas
y de todos los tiempos, que ha influido en descollantes figuras de las letras y
que, a 175 años de su fallecimiento (de su inaudito y misterioso
fallecimiento), se le reconoce aún como a un maestro del relato breve de
misterio y de horror, y como el precursor del género policial, tan en boga en
nuestros días.
Los cuentos de Poe los he
leído y releído a todo lo largo de mi existencia, y son parte del material del
que echo mano en mis talleres literarios. Es decir, su encanto no se agota, y
es, por expresar lo menos, un autor cantera y espléndido, que en su corta
existencia (apenas 40 años) escribió una obra en literatura breve que lo
eternizó. Por supuesto, sus textos se insertan en diversos géneros (poesía,
cuento, ensayo, artículo y discurso), pero son sus relatos el ineludible gancho
que nos lleva de la mano por disparatados mundos, que no se quedan anclados en
su admirable y reconocida veta gótica, sino que se diversifican y se
contraponen para hacer de ellos enclaves de lo diverso y lo múltiple, en un
espectro que se pierde en el horizonte.
Esta espléndida edición de
los Cuentos Completos de Poe, que nos entrega Páginas de Espuma, marca un hito
literario que debo resaltar, ya que se aparta de una versión ya fijada desde
finales de la década de los años 50 del siglo pasado, cuando un atribulado
Julio Cortázar, mudado de Francia a Italia, tradujo hasta el agotamiento (y en
tiempo record) los cuentos para el público hispanohablante, y que hasta hoy
considerábamos inamovibles y definitivos.
No se trata, como se ha
dicho en las redes, de una adaptación de la obra breve de Poe a la lengua
española contemporánea. Eso es inexacto y malicioso. Es verter del inglés
decimonónico en el que fueron escritos y publicados los cuentos, a la lengua
española del presente, todas las potencialidades de unos relatos que deberán
hablarnos y movernos a los lectores del nuevo siglo. En este sentido, pasados
ya 70 años del ingente esfuerzo de Cortázar, nos comenta el traductor Rafael
Accorinti en Descendientes. A modo de presentación, lo siguiente: “Nuestra
mirada lectora, sin embargo, nos advierte de que todo autor clásico merece una
traducción contemporánea. Así, traducir una vez más a Poe, dejando que el
tiempo haga reposar y atemperar los cuentos, es ser consciente de una
descendencia literaria, de un legado histórico, editorial y lector”.
Hay consenso entre los
estudiosos de la obra del autor de Boston, en que son 67 la totalidad de sus
cuentos. Por supuesto, nada podría descartar que apareciese por allí alguna
nueva pieza inédita, guardada en un cajón, oculta entre la bruma documental de
alguna biblioteca privada, familia o linaje. Su primer relato, titulado
Metzengerstein, vio luz en el Saturday Courier de Filadelfia en 1832 y tenía
Poe 23 años (había nacido en 1809) y, su último relato, La cabaña de Landor,
apareció en Flag of Our Union (de Boston) el 9 de junio de 1849, a escasos
cuatro meses de su fallecimiento. Es decir, toda su obra en cuento la
desarrolló el autor en 17 años.
La edición que reseño, ha
sido celosa en respetar el orden cronológico de aparición de cada cuento y,
como lo expresé párrafos arriba, a cada pieza narrativa le antecede un
comentario de un autor hispanohablante, tanto de América Latina como de España,
entre quienes destacan: Leonardo Valencia, Fernando Iwasaki (quien también es
editor), Ignacio Padilla, Edmundo Paz Soldán, Mayra Santos-Febres, Andrés
Newman, Manuel Vilas, Esther Cross, el venezolano Juan Carlos Méndez Guédez,
Espido Freire, Patricia Esteban Erlés (además, prologuista), Santiago
Roncagliolo, Andrea Maturana, Juan Gabriel Vásquez, Jorge Volpi (también
editor), y Alejandro Zambra. Ah, se agregó un Epílogo, titulado: Noche de
brujas en Baltimore de Iwasaki, que cierra el volumen.
Debo expresar con franqueza,
que lo primero que hice al recibir el tomo, fue leer mis cuentos favoritos
(alrededor de diez), y no pude refrenar la inquietud del cotejo con las
versiones cortazarianas. Nunca había sentido con mayor fuerza y contundencia la
certeza que siempre tuve, de que la lengua es un organismo vivo, que palpita al
pulso de los tiempos, que emerge como lava ardiente con cada texto revisitado.
Que, como lo expresa Accorinti, somos descendientes de nuestros clásicos, que
ellos nos hablan también en el ahora, que su expresión y sentir no son muy
distintos a los nuestros, y que sus susurros y voces al oído, son inteligibles
a pesar del paso del tiempo (o gracias a ello), de allí el gozo con esta nueva
edición, así como el agradecimiento a Páginas de Espuma por poner de nuevo a
Poe en nuestras manos, y en una edición impagable.
*Escritor y académico venezolano
rigilo99@gmail.com
Julio Cortázar: Encuentro en Caracas
Breve diálogo con el Cronopio Mayor
1976. Me encuentro bajando enseres de un departamento, en Caracas. Mi familia y yo acabamos de hallar una nueva residencia para establecernos. Nos mudamos. Antes de llegar a la nueva casa, me detengo en la vía y compro el periódico. Allí leo la noticia de la visita de Julio Cortázar a la ciudad, donde me entero de que viene a dar unas charlas. Se encuentra alojado en un hotel, a pocas cuadras de donde estoy. No puedo casi creer que el gran escritor argentino a quien tanto admiro ande por ahí, cerca. El narrador que cambió mi vida con sus cuentos, con aquellos libros como Final del Juego, Todos los fuegos el Fuego o El Perseguidor, con su figura desenfadada y sus valientes y reveladoras declaraciones políticas y literarias, Cortázar luce para nosotros entonces como el escritor completo; creador de un mundo propio y fantástico, al tiempo que se compromete también con las causas sociales de América Latina, sus revoluciones, sus cambios, sus ilusiones. Es un hombre altísimo, barbado, de mirada franca y serena y de aspecto juvenil. Contiene en sí varias nacionalidades: nacido en Bruselas (en 1914) y criado en Buenos Aires, marcha en su juventud a París, donde se adapta y escribe sus principales obras: la magistral Rayuela, (al decir de Lezama Lima es “el Ulises de América”), La vuelta al día en ochenta mundos, Las armas secretas, Bestiario, Queremos tanto a Glenda, Historias de cronopios y de famas, libros heteróclitos donde se respira una fiesta del lenguaje, en plena libertad de géneros y formas cambiantes.
Me ducho en el nuevo apartamento, me pongo fresco y voy en busca de Julio Cortázar. Está en un pequeño hotel de la urbanización Bello Monte, en Caracas, recién inaugurado. Pregunto por él en recepción, casi temblando de emoción. Sí, se encuentra ahí, me dicen, y luego a él que abajo lo espera un joven que se identifica como escritor. Qué pedantería, identificarme como tal con Julio Cortázar. Que ya viene bajando, me dicen.
Aparece el hombre, con una camisa manga corta muy holgada, que deja ver sus largos brazos y grandes manos; una de ellas se tiende hacia mí y me invita a una salita de estar. Se sienta, abre un paquete de cigarrillos, enciende uno, aspira largo, larguísimo, y luego expele el humo lentamente. Le digo mi nombre, no sé de qué hablarle, se me ocurre decirle que me gustó su prólogo a la obra de Felisberto Hernández aparecido en Biblioteca Ayacucho de Caracas; me dice que Ángel Rama también ha hecho un prólogo muy bueno en Argentina, y hablamos un rato sobre el entrañable uruguayo Felisberto. Más tarde le digo que he conocido hace un año a José Lezama Lima en La Habana, y se alegra; le cuento algunas anécdotas con Lezama y el rostro se le ilumina. Salí del apuro citando a dos grandes, y me felicito. El gran escritor cuenta entonces en ese año 1976 con 62 años, y el pichón de escritor que soy 26, la cifra inversa. Todo un 62 modelo para armar, otra broma feliz del azar concurrente.
Después le obsequio unas revistas venezolanas y un libro mío, Los dientes de Raquel. Me lo agradece. Me anuncia que en unos momentos José Balza viene a buscarlo para llevarlo a la Universidad Central a una cita con los estudiantes. Le tiendo una edición de Prosa del observatorio para que me la firme.
–Nunca dedico libros—me dice. Discúlpeme usted. Pero le anoto mi dirección en Paris, por si va por allá me visita. Y pone la dirección en el libro suyo que tengo a la mano, Prosa del observatorio.
–Gracias, le digo.
Entonces me despido.
–No, quédese mientras llega Balza- me dice.
Ordena dos cafés, saca y se prepara a encender otro de sus casi míticos galoises, los fuertes cigarrillos franceses.
-Me gustan el clima y el paisaje de Venezuela- dice. -Tengo planes de ir a Mérida y a Cumaná, también a Guayana.
Le hablo descriptivamente de esas regiones. Tomamos los cafés y él fuma su galoise. Le digo que en Cumaná fabrican muy buenos habanos, que harían las delicias suyas y de Lezama. Mientras fuma su cigarro me dice que Lezama es quizá el escritor más culto de América, y cómo todo lo que nombra lo transforma en conocimiento o en literatura. Hace comentarios sobre La Habana, sobre los olores de la ciudad mezclados al mar. Se levanta. Yo también. Entonces me despido, estrecho su mano y me doy vuelta, bajo los escalones hacia un pequeño jardín y me voy silbando hacia Sabana Grande. Busco una buena barra en un bar cercano y bebo una cerveza fría, para disfrutar a solas de mi buena suerte. Ya les contaré a mis amigos de este encuentro, con un escritor que para mí entonces era como una suerte de deidad, como Rubén Darío lo era para los modernistas.
Releo sus libros Historias de cronopios y de famas, Prosa del observatorio –donde acaba de poner su firma y de anotarme su dirección (B.P. 33 75022 Paris I Cedex 01 FRANCIA)– y Deshoras. Me deleito con sus dos últimos libros, Salvo el crepúsculo y Los autonautas de la cosmopista. Me preparo a escribir un ensayo sobre ellos, titulado “Últimas pistas de Julio Cortázar”, proyecto que voy posponiendo hasta hoy, y que ve su resultado en la revista Imagen (N° 1 Nueva Época, Caracas, 2011) Sigue Cortázar con su intensa vida, asistiendo a encuentros en universidades, y a eventos internacionales donde aboga por la independencia social y espiritual de América Latina y, ante todo, por una defensa de la literatura en todo su espectro: social, humano, intelectual. Dediqué a Cortázar varios escritos, uno titulado “Cortázar de vuelta” en la revista española Quimera, ampliado luego para mi libro Diálogos con la página en 1984.
Supe de sus visitas a Venezuela mucho después, y quise saludarle de nuevo en una ocasión en que formaba parte del Tribunal Russell, para lograr la libertad de escritores encarcelados por razones políticas; o por intelectuales que han sido víctimas de persecución. Era tal la afluencia de público en un auditorio de Parque Central en Caracas, que no me atreví a acercarme. Yo estaba allí con mi hermano Ennio y el poeta Rafael Garrido. Cortázar fue invitado a pasar al proscenio, le tocaba intervenir. Nosotros estábamos de pie. Él se levantó y miró hacia atrás por un momento, saludó y a mí me pareció que era para mí. Le respondí nerviosamente, sin estar seguro de ello. ¿Sería a mí de verdad?, consulto a mis hermanos. Sí, Gabriel, fue a ti, me aseguran ellos. Qué gran memoria, qué gran regalo, les digo. Oímos su discurso. Los medios de comunicación se vuelcan sobre él. Abandonamos la sala de conferencias en busca de un restorán donde hablar y refrescarnos.
Aquel saludo fue para mí uno de los mejores estímulos para proseguir en mi trabajo literario, este difícil camino de la escritura, contra viento y marea, desde lo profundo, aquel saludo que llevaré siempre tatuado y que se fue haciendo más fuerte desde su adiós físico en 1984, justo a los 70 años. En Venezuela se celebra el 12 de febrero el día de la juventud, una fecha para mí inolvidable porque fue el día en que nació mi madre. Es también la fecha del fallecimiento en París de Julio Cortázar, quien sufría de una enfermedad que le hacía parecer siempre joven. Una feliz enfermedad, digo, que contagió a su literatura, joven por siempre. Su mujer, Carol Dunlop, había fallecido hacía pocos meses, y según parece, Julio no pudo con tanta soledad. Habían realizado juntos un viaje intemporal París-Marsella que reseñaron en Los autonautas de la cosmopista, ejercicio vital de “dos cronopios que por puro amor recorrieron durante un mes la autopista más transitada del mundo, con un propósito que cualquier persona consideraría absurdo y disparatado, donde la enajenación de lo cotidiano se rompe para dar lugar a la inventiva, a la reflexión, a la búsqueda de lo humano por lo humano, al encuentro constante de una auténtica escritura”.
Ese texto de presentación, creo, pudiera aplicarse a toda su obra literaria.
El fallecimiento de Cortázar en 1984 me dolió mucho entonces, pero también afianzó mi vocación y mi destino. Gracias, Julio, ya hace rato cumpliste los cien y te queremos tanto, siempre andas por ahí.
*Gabriel Jímenez Emán, es escritor, narrador, poeta, ensayista, compilador y traductor venezolano, destacando más en el ámbito de la narrativa y la poética, la cual ha sido traducida a varios idiomas y recogida en antologías latinoamericanas y europeas.
Madrid.- 16 de enero de 2026
Coloquio sobre el libro Saga nostra de Gastón Segura
En este coloquio, los intervinientes serán: Jesús Antonio
Cid, Gabriel Tortella, Francesc de Carreras y el autor escritor Gastón Segura.
Jesús Antonio Cid, es Presidente de la Fundación Ramón Menéndez
Pidal y
Catedrático del departamento de Literaturas Hispánicas y Bibliografía de la
Universidad Complutense.
Gabriel Tortella, Catedrático emérito de Historia de la
economía en la Universidad de Alcalá de Henares. Presidente de la Asociación de
Historia Económica. Premio Rey Juan Carlos I de Economía 1994. Promotor de la
Revista de Historia Económica. Fue Presidente del "Academic Advisory
Council" de la Asociación Europea de Historia Bancaria. Expresidente de la
International Economic History Association y de la Asociación de Historia
Económica.
Es miembro de la Academia Europea de Ciencias y Artes
desde 2003. Doctor honoris causa por la Universidad de Alicante (2014).
Francesc de Carreras, Jurista, catedrático, es miembro de la Real Academia de Ciencias
Morales y Políticas, desde el año 2016. Escritor y articulista en varios medios
de prensa.
Fue secretario general de la Universidad Autónoma de
Barcelona (1980-1981) y director del Departamento de Ciencia Política y Derecho
Público en la Facultad de Derecho de la dicha universidad (2001-2004).
Gastón Segura
Nació en Villena en 1961. Se trasladó a Caudete a los
siete años, y entre ambos pueblos pasó su vida hasta que, a su debido tiempo,
marchó a Valencia para licenciarse en Filosofía. En 1990, se instala en Madrid,
y tras probar suerte en diversos oficios, en 1996 decide dejarlo todo para
dedicarse a la escritura.
En 1999, resultó finalista absoluto del XXIII Premio
Azorín con su primera novela, Las
calicatas por la Santa Librada, editada en 2019.
Ha publicado varios libros, entre ellos Los cuadernos de un amante ocioso (2012)
Las cuentas pendientes (2015) Un crimen de Estado (2017), Los invertebrados (2021), Saga nostra (2024) y el último Cela, Soler y Rojas con Baroja al fondo
(2025)
Sinopsis de la novela
Saga
nostra (Drácena ediciones) relata tres días, durante el final
de la pandemia del covid-19, en la vida de Agustín Cañizares, un ingeniero
gerundense, bastardo de una poderosa familia catalana del sector turístico. A
través de sus recuerdos, vividos o escuchados, conocemos cómo se creó ese
emporio económico en las postrimerías de la Guerra Civil y en los primeros años
de la Dictadura hasta llegar a su actual pujanza.
Contada desde la intimidad
dolida de un hombre y sobre las intimidades, con sus sórdidos secretos, de
cuantos le rodean, Saga nostra se convierte sin pretenderlo en el retrato de la
sociedad catalana y, por ende, de su compleja y, a menudo, conflictiva
circunstancia.
Con un pulso narrativo cada
vez más acelerado hasta el inmediato presente, la novela avanza sobre una
cuenta de sorpresas que, por cotidianas, desvelan la humanidad de sus
personajes cuanto acrecientan el interés por su desenlace.
Madrid.- 12 de enero de 2026
Presentación del poemario de Cicatrices que sangran de Laia Chamorro
El próximo jueves 15 de enero a las 20:00 h, en El Camba-
Chamberí Bar, Restaurante y otros menesteres, ubicado en la
calle Santísima Trinidad, 26 Madrid. Se presentará el poemario de Laia Chamorro,
titulado Cicatrices que sangran. Estará presentado por el poeta Antonino Nieto
Rodríguez, y la música a cargo del cantautor José Luis Pardo.
La poesía hidrata al vacío/ pone piernas y brazos y
vientre al corazón del diente:/ del sueño, ese sueldo, aún por vencer /o es por
celebrar/ del grito la sed /del basta la hambruna/ la poesía viste al polvo/ y
enrostra a la alegría/ esa desnudez/ encala al tiempo, a la verdad/ y a su más
prolífica dictadura: a la muerte///
Antonino Nieto Rodríguez
Los esperamos a todos los amantes de la poesía a
disfrutar de una velada, entre amigos e invitados el jueves 15 de enero en el
Camba-Chamberí
Madrid.- 07 de enero de 2026
Por Gastón Segura
Una sugestiva tentación
A nadie le cabe la menor
duda que ha irrumpido en nuestra cotidianidad de un modo transformador. Su
facilidad de manejo y sus múltiples aplicaciones en casi todos los ámbitos de
nuestras vidas es y será decisiva en el porvenir humano y por tan radical
circunstancia surge continuamente en la prensa y, por supuesto, en cualquier
conversación; me refiero a la Inteligencia Artificial. Ya les hablé aquí sobre
este prodigio tecnológico con motivo de la trigésima edición de Artfutura que instaló,
hace apenas un año, en Madrid, Montxo Algora. Sin embargo; en aquella ocasión
solo les comentaba mi admiración ante sus creaciones visuales que preludiaban
una mutación tan radical en la concepción y la factura de la cinematografía
como la que supuso la introducción del sonido en este arte.
Ahora bien; hay un terreno
donde su uso se torna especialmente vidrioso: el conocimiento; además, aquí su
manejo se ha incrementado fulgurantemente tanto en los sectores mercantiles
como en la investigación. Ante tal apabullante presencia, me gustaría que
reparasen por un instante en su funcionamiento: algoritmos capaces de modificar
sus respuestas y adecuarlas según la información que se va vertiendo en la red,
puesto que la velocísima solución que ofrecen es la síntesis de una exhaustiva
búsqueda, en segundos, entre todos los datos circulantes o depositados en este
inmenso canal y soporte. Hecho, en principio utilísimo, porque lo mismo ofrece
—repito, en segundos— un raro porcentaje estadístico, como una fórmula
físico-matemática o un dato histórico; por no hablar de reseñas biográficas u
otras menudencias que nos asaltan en un momento de duda y que se nos despejan
con una rápida consulta al smartphone o al ordenador. Pero imagínense que
veinte o treinta avezados talentos en el manejo de la red desde distintos
puntos del planeta se aliasen para trucar estos datos a su antojo.
No es difícil de suponer; ¿o
acaso uno de los deseos más antiguos y repetidos de los hombres no ha sido
reescribir la Historia según sus apetencias? Basta con recordar como algunos
faraones borraron los cartuchos de sus predecesores para sustituirlos por los
suyos como el método más eficaz para atribuirse un suntuoso monumento o una
victoria bélica, y desde entonces no ha habido monarca, sátrapa o tiranuelo que
no haya sucumbido a la tentación de imponer un relato donde sus fechorías
fuesen elevadas a hazañas o simplemente disimuladas, si no ya ocultadas. Sin
embargo; hasta hace unas décadas, estas falsificaciones, de clara índole
propagandístico, solo estaban al alcance de los poderosos, mientras que en el
presente y gracias a la red pueden convertirse en el divertimento de unos
cuantos perversos geniecillos anónimos. Les bastaría con operar con la
suficiente cautela para evitar su inmediato descubrimiento.
Imagínense, por ejemplo, que
este puñado de hábiles gamberros tomasen como modelo un artículo de una
prestigiosa revista científica o la ponencia de un congreso internacional de
especialistas en una disciplina (arqueología, economía, física…), permutasen
sus datos por falsificaciones o variasen sus conclusiones, la firmasen con el
nombre de un imaginario profesor de universidad y le añadiesen una referencia
bibliográfica (fecha, paginación y edición) también falseada y el producto lo
introdujesen en Internet. Llegados a este punto, con uno o varios bots solo les
bastaría hacerlo «escalar» en la red hasta que no solo cualquier incauto se
tragase el embeleco, sino también la misma Inteligencia Artificial divulgase su
estafa.
En muy poco tiempo y por el
uso incontenible de este sistema de obtención de soluciones, ese puñado de
artículos falsos —encima in crescendo por semanas— circularía privilegiadamente
para armar tal pandemónium que la comunidad científica no ganaría para
desmentidos y denuncias. Y aun así, siempre permanecería imperturbable el
reducto de los llamados conspiranoicos sosteniendo, en sus panfletos y
plataformas de difusión, ante esa multitud, tan crédula como suspicaz, que
integran sus seguidores en todo el planeta, que la academia —por descontado,
obedeciendo a los grandes poderes ocultos— solo pretendía silenciar la
«auténtica verdad», que no sería sino los camelos puestos en circulación por la
pandilla de duchos subversivos, quienes, desde luego, estarían partidos de la
risa ante la colosal confusión creada.
Y aun cuando esta fabulación
pudiera antojárseles un delirio, les puedo asegurar lo contrario. Verán;
durante la redacción de mi último título, Cela, Soler y Rojas con Baroja al
fondo (2025), me encontré entre la documentación descargada de la red con la
referencia a un artículo, publicado en Cuadernos Hispanoamericanos, donde se
señalaban algunos gravísimos errores y otros deslices indecorosos cometidos por
Camilo José Cela acerca de la correspondencia objeto de mi libro. He aquí que
ese número de la revista no era accesible por la red, ni tampoco se encontraba
en la bien nutrida hemeroteca municipal de Madrid; solo di con él en la
Nacional y, para mi perplejidad, descubrí que no existía dicho artículo. No
obstante, ahí permanece ese documento —una pretendida ponencia congresual—
insinuando un puñado de infundios sustentados en un artículo inexistente. Y no
solo me he tropezado con este flagrante caso, sino que, de las variadas
consultas realizadas a la Inteligencia Artificial, al menos en una cuarta parte
he recibido respuestas erróneas o tergiversaciones bastante chocantes de los
datos reales.
En definitiva; que se
prevengan ante las respuestas de la Inteligencia Artificial y que, en caso de
necesidad, crucen varias fuentes —a ser posible impresas— como se ha hecho
siempre. En cuanto al futuro, constatada nuestra incontenible dependencia de la
IA, mejor ni pensarlo.
Artículo publicado por el "Imparcial" el 04 de
enero de 2026
*Gastón Segura, es
licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en
1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la
literatura.
Por Ricardo Gil Otaiza

Comerse el mundo
El tiempo iba pasando y se
hacía mayor, y las fuerzas ya no eran las mismas de antes, pero no cejaba en su
empeño de querer triunfar en América y en conquistar un destino que se le
resistía a cada instante
Ramón Puertas era el
encargado de abrir y de cerrar las puertas de la Casa Hogar en la que vivía, y
había llegado a tal posición sin pretenderlo, por azares del destino, cuando la
soledad y los años se presentaron ante él como fuerzas ineludibles, y no le
quedó otra opción sino quedarse con los sueños y las ilusiones rotas
El paso del tiempo fue
mitigando en él la tristeza, hasta hacerse, si se quiere, indispensable y mano
derecha de las religiosas que regentaban desde el siglo anterior aquel apretado
espacio para ancianos desamparados, en el que era huésped y empleado a la vez
desde hacía varias décadas.
Abrir y cerrar las puertas
fue de pronto una actividad no tal maquinal, al hacerse amigo de muchas
personas, sobre todo de aquellas que, como él, habían emigrado desde España en
la década de los años cincuenta, y se hallaban en el aire, atadas a un pasado
reciente y doloroso, aunque también a un hilo de esperanza frente al futuro al
que se agarraban con fuerza, pero con previsible incertidumbre.
Llegó solo a América y en su
hogar quedaron su esposa y dos pequeñas hijas. Hizo de todo para mantenerse en
su nueva tierra, con el anhelo de poder ahorrar lo suficiente y llevarse
consigo a su familia, pero la vida se le convirtió poco a poco en veinte horas
de duro trabajo sin descanso, en faenas extenuantes que dejaban en Puertas la
sensación de fracaso, de estar nadando a contracorriente en un mundo complejo y
pintado en escala de grises.
El tiempo iba pasando y se
hacía mayor, y las fuerzas ya no eran las mismas de antes, pero no cejaba en su
empeño de querer triunfar en América y en conquistar un destino que se le
resistía a cada instante. Con todo y eso, seguía en ello una y otra vez,
empeñado como el que más, mientras que año a año daba largas a su retorno. A
cada carta de su mujer pidiéndole que regresara, y en las que le decía que ella
envejecía y que las hijas se hacían mujeres y lo extrañaban, respondía con la
vaga promesa de un pronto retorno.
Las cartas de su mujer se
fueron espaciando, hasta que se cortó toda comunicación entre ambas orillas y
cada uno fue haciendo como pudo su propia vida. De vez en cuando la esposa lo
recordaba y quería saber de él: tomaba lápiz y papel y le escribía una breve
carta o un telegrama, que presurosa llevaba al correo, pero que jamás tenían
respuesta.
Fue tan honda la brecha
abierta entre ellos, que la esposa llegó a pensar que Puertas había muerto, y
pudo contactar a algún conocido quien, con pocas palabras, le notificó que su
marido había tenido que ingresar a un hogar de ancianos menesterosos, y que
allí cumplía la labor de portero. Para su fortuna, agregó el conocido, su
marido conservaba intactas sus facultades físicas y mentales, y esto le
permitía tener una vida sin las ataduras de una cama o de una silla de ruedas.
A partir de entonces, y en
cada Navidad, la esposa enviaba a la dirección de la Casa Hogar San Juan de
Dios una carta dirigida a la madre encargada, preguntándole si su esposo aún
vivía y, si bien es cierto, que la pregunta le molestaba cada vez que la
hermana se la refería, sabía que tal interrogante no era descabellada, que él
tenía la culpa de todo por no responder a las cartas, por desentenderse de su
mujer y de sus hijas, por aferrarse a un sueño imposible y por no haber regresado
a España cuando todavía estaba a tiempo de reparar los jirones de su vida.
Vistas las cosas en retrospectiva, no podía esperar otra pregunta.
Nadie recuerda ya cuándo
dejaron de recibirse las cartas de la mujer y Puertas en cada Navidad le
preguntaba a la religiosa si había algo para él, entonces la hermana,
conocedora de su historia y de su tragedia, por toda respuesta lo miraba
compungida y guardaba silencio. Él regresaba a su puerta cabizbajo, arrastrando
los pasos, y se recriminaba en voz baja por su absoluta estupidez.
La ancianidad trajo consigo
soledad y tristeza, y Puertas supo en uno de sus no tan esporádicos ataques de
melancolía, que debía regresar. ¿A dónde? No lo sabía. No tenía una dirección
familiar a la cual recurrir, ni tampoco la de algún amigo de la vieja guardia,
al suponer (con razón) que ya habían muerto.
Una tarde, Puertas salió de
la Casa Hogar sin decir nada, y caminó con dificultad hasta la papelería de
unos viejos paisanos y amigos. Luego de muchos rodeos y vueltas, así como de
prolongados silencios, les pidió con rostro avergonzado y mirada esquiva, que
lo ayudaran a reunir el dinero para comprar un pasaje porque quería regresarse
a España.
Los amigos echaron a andar
el proceso en el Viceconsulado español, pero no resultaba nada fácil el
retorno: Puertas no tenía al día ningún documento y mucho menos un pasaporte,
lo que requería de unos cuantos meses de trámites con extranjería y el
Consulado en la capital. Su edad y su condición mendicante, así como la figura
del español retornado, sirvieron para que los trámites se agilizaran y se
consiguiera el dinero, y tres meses después todo quedó resuelto para que
pudiera viajar.
Compungido, Puertas entregó
las llaves de las puertas, se despidió de todos sus compañeros y de las
religiosas, pero antes lo hizo con los pocos amigos que le quedaban en la
ciudad. Un sábado en la mañana fue acompañado hasta el aeropuerto local rumbo a
la capital, y en la tarde de ese mismo día pudo abordar el avión que lo
llevaría a Madrid.
Tal y como había sido
acordado, Puertas tomó un taxi que lo llevaría a su nuevo hogar de ancianos.
Pensó: “vuelta a comenzar, pero sin la fuerza ni el empuje para comerme el
mundo”.
Suspiró…
El taxista dio el parte a
las autoridades españolas de la repentina muerte del pasajero.
*Escritor y académico venezolano
rigilo99@gmail.com
Por Felipe Lázaro
Reinaldo Arenas: 35º Aniversario de su muerte en el exilio
En la Cuba “revolucionaria”
de 1980 se produjo un masivo éxodo de ciudadanos cubanos, huyendo literalmente
por el puerto del Mariel hacia el “enemigo del norte”, que representó un
gigantesco puente marítimo de un pueblo que escapaba del ya entonces fracasado
modelo estalinista; copiado burdamente por el castrismo desde los años 60.
Lo cubanos que huyeron en
esa estampida popular ya no eran batistianos ni siquiera latifundistas o
burgueses. Mucho menos comerciantes o propietarios, pues ya todos habían sido
eliminados. En realidad, por el Mariel salió el pueblo llano y pobre
(trabajadores, funcionarios, estudiantes, etc.) porque para esa fecha ya en la
isla no quedaba ningún vestigio del capitalismo prerrevolucionario (que fue
erradicado entre 1960 y 1968). Tampoco había “cuentapropistas” ni
“emprendedores”, porque en ese año todo el pueblo cubano trabajaba para el
Estado opresor y, sencillamente, esta descomunal huída a través del Estrecho de
la Florida fue una gran espantada (unos 125.00 cubanos) que buscaron el camino
de la libertad y el progreso que se les negaba en su patria.
En esa trayectoria de días
(una verdadera odisea) salieron decenas de escritores, pintores y artistas
cubanos. La lista de autores cubanos que se marcharon en ese inmenso éxodo ha
crecido por su obra intelectual posterior, publicada ya en exilio, y que hoy
son reconocidos en sus respectivos campos de creación, conformando
orgullosamente la extraordinaria generación del Mariel.
No obstante, debemos
resaltar -con rotundidad- que estos compatriotas jamás fueron emigrantes, sino
cientos de miles de nuevos exiliados políticos, sumándose a un largo exilio
histórico que ya contaba con varios millones desde 1959. Vale recordar que las
autoridades norteamericanas consideraron a esos ciudadanos cubanos como
solicitantes de asilo y no los catalogaron como emigrantes económicos, sino
como refugiados.
Solo la lista de creadores e intelectuales cubanos
que escaparon en esa arriesgada travesía es una muestra de la gran pérdida de
apoyo popular que afrontaba el régimen castrista tras los sucesos de la
embajada del Perú y su consiguiente éxodo marítimo.
Reinaldo Arenas en Betania
Como nuestra casa editora se
fundó siete años después de esos hechos históricos, en 1987, no fue hasta
finales de los 80 y principio de los 90, que publicamos a algunos autores de
este bien valorado grupo exiliado, como la poesía casi completa del ícono de
esa generación, el narrador y poeta cubano Reinaldo Arenas (Holguín, 1943-
Nueva York, 1990):Voluntad de vivir manifestándose (1989) y Leprosorio.
Trilogía poética (1990). También los poemarios de «marielitos»: Acrobacia del
abandono (1988) de Rafael Bordao y Venías (1990) de Roberto Valero. Además, de
Arenas publicamos otros dos libros: Conversación con Reinaldo Arenas (1990) del
profesor cubano Francisco Soto y el libro de documentos: Un plebiscito a Fidel
Castro (1990) en colaboración con el reconocido pintor cubano Jorge Camacho,
como coautor. La edición de este libro fue un proyecto personal de Arenas, al
cual dedicó -con sumo ahínco- sus
últimos meses de vida. Obra que se difundió gratuitamente entre intelectuales
españoles e hispanoamericanos, preferentemente políticos y periodistas,
escritores y profesores, etcétera.
Ejemplares impresos de estos
cuatro libros mencionados los recibió su autor en su apartamento de Nueva York
(antes de su suicidio) y me consta –como su editor- que se involucró en su
difusión y promoción, dentro de las posibilidades de ese momento final de su
vida. Un año antes de su partida, visitó Madrid donde Betania organizó una
presentación de su ya mencionado poemario Voluntad de vivir manifestándose en
la prestigiosa Tertulia Literaria Hispanoamericana, dirigida por el ya
fallecido poeta español Rafael Montesinos; celebrada en noviembre de 1989 en el
Instituto de Cooperación Iberoamericana (ICI) de Madrid.
Como simpática anécdota de
esa velada madrileña (y noche cubana, porque asistió casi toda la nutrida colonia de intelectuales cubanos
exiliados, encabezados por Gastón Baquero -sentado en primera fila- además de
José Mario, Pío E, Serrano, Luis Cartañá, Waldo Balart, Pancho Vives, Edith
Llerena, Carlos Manuel Suárez Radillo, etcétera) recuerdo que en medio de la lectura se fue la luz y Reinaldo
Arenas que leía con su cadencia habitual, gritó, como horrorizado. “¡Dios mío,
por un momento pensé que todavía estaba en Cuba!” y siguió declamando sus
poemas –de memoria y sin luz- lo que motivó que tan pronto se acabara el
apagón, un sonoro aplauso del público le premió por continuar leyendo a pesar
de la adversidad de la oscuridad.
Además de estas obras de
Arenas en Betania, hay que señalar que
poemas suyos fueron seleccionados por Felipe Lázaro para la antología Poetas
cubanos en Nueva York (1988) con prólogo del profesor cubano José Olivio
Jiménez: “Aportes”, “Sinfonía”, “Premio”, “Cuando te dijeron”, “Un cuento” ,
Esas espléndidas diosas” y “Voluntad de vivir manifestándose”. También, Lázaro
seleccionó poemas de Arenas para Al pie
de la memoria. Antología de poetas cubanos muertos en el exilio, 1959-2002
(2003 y 2026) con prólogo del poeta cubano Manuel Díaz Martínez y Prefacio de
la escritora cubana Uva de Aragón: “Aportes”, “Voluntad de vivir
manifestándose”, Cuando le dijeron”, “Mar”, “El otoño me regala una hoja” y
“Autoepitafio”.
Referente al libro de poesía
Voluntad de vivir manifestándose, este se divide en cuatro partes: Esa sinfonía
que milagrosamente escuchas, Sonetos desde el infierno, Mi amante el mar y El
otoño me regala una hoja, mientras que el poemario Leprosorio. Trilogía poética
tiene tres divisiones: El Central (Fundación), Morir en junio y con la lengua
afuera (Ciudad) y Leprosorio (Éxodo). Es de destacar que Arenas sumó a esta segunda entrega betaniana su
primer poemario publicado con anterioridad en España: El Central (Barcelona:
Seix Barral, 1981). O sea, que estos dos poemarios betanianos (Voluntad… y
Leprosorio) reunían toda la producción poética de Arenas hasta la edición de
Inferno. Poesía completa (Barcelona: Lumen, 2001) y su segunda edición
(Argentina, 2018) con prólogo del escritor cubano Juan Abreu.
Algún crítico ha señalado de
Arenas fue un poeta tardío porque publicó su primer libro de poesía –el citado
El Central (1981)- a sus 38 años, pero con toda certeza podemos afirmar que ya
escribía poesía desde su llegada a La Habana a principio de los años 60, aunque
no la pudo publicar por la represión imperante. Como se sabe, él publicó su
primer libro con 24 años: su reconocida novela Celestino antes del alba (1967),
única obra publicada en la Cuba castrista, pues su segunda novela El mundo
alucinante (1969) la tuvo que publicar en el extranjero y con su destierro de
1980 publica (en cascada) toda su
magnífica obra: innumerables novelas y libros de cuentos, ensayos y teatro,
además de su mencionada poesía que suman una extensa bibliografía y lo
convierten en una de las voces literarias más representativas del siglo XX cubano.
Sin embargo, como autor
cubano (él siendo tan cubano y guajiro confeso) tuvo que publicar la mayoría de
su obra literaria en el destierro hasta su temprana muerte a los 47 años en su
exilio neoyorkino (1990) cuando hizo pública su estremecedora carta de
despedida, donde culpaba al dictador Fidel Castro de su tragedia personal y la
todo un pueblo.
Hoy en día, no solo sus
libros siguen censurados por el oficialismo cultural castrista y no se publica
nada de él, sino que su obra está prohibida y borrada, como si no existiese,
pero todo este intento represor ha sido en vano, pues Reinaldo Arenas ya es un
símbolo de la lucha de los cubanos por su libertad.
35º Aniversario de su muerte
en el exilio
Al cumplirse otro
aniversario del fallecimiento de Reinaldo Arenas (un 7 de diciembre, como la
muerte de Maceo) hay que destacar que su trayectoria literaria ya ha
trascendido a su muerte con una obra espléndidamente lúcida y rebelde, atrevida
y contestataria, profundamente cubana, de una constante oposición al régimen
del 59. Su genuina literatura siempre ha sido disidente y su narrativa, poemas,
ensayos y teatro han desafiado a todo poder represor, pero, sobre todo su vida
y sus obras son irrefutables testigos y veraces testimonios que condenan al
Estado totalitario castrista que lo machacó sin piedad -lo trituró en vida-
tanto en la isla, como en el exilio.
*Felipe Lázaro, es cubano. Poeta, narrador y editor de Betania. Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid. Graduado de la Escuela Diplomática de España. Máster en Administración de Empresa por el Instituto de Empresa de Madrid.
Por Myriam García-Grande Carromero
El tirano y sus tiranicidios
El «pueblo» tiene a veces una reprochable admiración por el que toma y detenta el poder incluso enfrentándose a la ley, y como no, por la fuerza.
La historia nos muestra el
furor popular apoyando un golpe de estado. La Grecias y Romas clásicas son
buenos ejemplos y que decir del mundo actual.
Hay países, tan actuales
como las redes sociales, que configuraron su territorio por las armas,
ofreciendo incluso dinero. Y si no se avenía a razones el futuro expoliado,
entonces por las armas, con el mismo coste o mejorando el saldo. Sus pobladores
se sienten mayoritariamente orgullosos de ese malquehacer doloso.
Con ese deteriorado
curriculum moral nos han gobernado desde la distancia estos ladrones del orden
institucional que predican de puertas adentro y roban a los de afuera.
Y antes de Reyes, esa fiesta
que nos quieren quitar nuestros vecinos del norte por singularidad, hemos
observado atónitos otro acto tirano que ha abocado en un tiranicidio chapucero.
¿Cómo detectamos a los
tiranos? Son gente de difícil parlamento, con un ego expansivo que ocupa todo
el espacio del mundo mundial e imposibles de contrariar. Personajes así, es
cierto, hay muchos, incluso fuera de la esfera política. Pero estos de los que
hablamos hoy tienen el poder de las armas, de las instituciones y hasta del
pueblo. Poco a poco las adhesiones se van enfriando y entonces evolucionan
eliminando instituciones y dando paguitas desde al ejército a los
«vulnerables».
Los que no «tragan» se
exilian económicamente, primero, y luego hasta políticamente. Esto último a
veces solo por acelerar el papeleo.
Si ves diásporas de una
nacionalidad, detrás hay un tirano.
Pero cuidado, que también
hay tiranos en política internacional. Su población no emigra, pero donde posan
sus reales no vuelve a crecer la yerba, digo, la democracia. Esos elementos se
pasan el día creando y eliminando países con una escuadra y un cartabón, y
siempre con fuerzas multilaterales de apoyo, al final, para disimular.
La tiranía no es territorio
exclusivo de lo que conocemos por dictadura. Hay tiranos al frente de
democracias liberales. La diferencia es que a estos últimos les leen la
cartilla varios poderes y no se mantienen en el poder decenas de años. El
tiempo es un factor fundamental.
Vuelvo a la madrugada del 3
de enero. Una organizada acción militar con apoyo de la CIA y la DEA invadió el
espacio aéreo de un país ajeno sin contar con la aprobación de su congreso ni
del país invadido, aun menos de la ONU o cualquier organismo internacional.
Obvio, te dirán algunos, si
así lo hiciera, el merluzo objeto de la operación habría «volado». Y es verdad,
ese capón no estaría ahora en la cazuela.
El tema es quién determina
el «sexo político» de los enemigos del planeta. Y de qué lado del planeta son
enemigos.
Lo del día 3 de enero ha
sido una patada en la boca al derecho internacional, incluso habiendo, y lo
hay, un gran consenso en el mundo liberal sobre el carácter tirano del que hoy
es reo.
El otro tirano, el
institucional, se ha permitido el lujo de amenazar a tres países más de la
región, algunos con un pasado narco muy superior al hoy defenestrado, y otros
con más escarapelas de tiranía.
A todos se les tiene muchas
ganas, sin embargo, ¿es lícito que una potencia extranjera se meta en los
asuntos de sus vecinos hasta el grado de deponer a sus dirigentes?
De los tres países
mencionados, dos son ricos en materias primas. El tercero es un maldito
incordio.
Alguno, en un sueño húmedo,
ha visualizado el Delta Force sobre el palacio presidencial de su país. El
rollo se le ha terminado rapidito: los tiranos de afuera colocarían a un
vicepresidente como presidente interino.
No quiero imaginarme a
algunos/as vicepresidentes/as defendiendo al presidente «extraído» con su
gracejo verbal. Maldita pesadilla.
Lo del día 3 ha pasado otras
veces, pero esta vez ha habido más «sinceridad». Han declarado con empacho que
lo han hecho por el petróleo. El tirano «sustraído» tiene las infraestructuras
hechas un asco y eso hay que arreglarlo. Respecto al gobierno, la figura
externa será la «vice» aunque esté condenada internacionalmente, empero
controladita por el hombre del presi del país más fardón del planeta.
Y con ese tono chulesco, ha
declarado que van a hacer grande de nuevo al país usurpado.
Las elecciones se van a
celebrar en los próximos meses con toda la oposición que sea capaz de
organizarse.
¿Y de los presos políticos?
—Coño, presi, que se nos han
olvidado.
—Marco, hijo, no seas
pelotudo y disfruta. Podemos hacer lo que queramos. Tenemos más armas y más
gordas.
*Myriam García-Grande Carromero, es escritora de ficción y novelista.
Madrid.- 27 de diciembre de 2025
Por Gastón Segura
Discursos sobre una lengua
Camilo José Cela repitió en
varias ocasiones que no se habla con frases sino con palabras; toda una
advertencia contra ese español que hoy cunde ufano y engalanado con el fugaz
relumbre de la pedantería. Desde luego, porque cuenta con el aval de nuestros
políticos y periodistas; y, claro, ante tan acreditada vitola, quienes
pretenden presumir de «informados» no pierden ocasión en exhibirlo y, de
seguido y por consuetudinaria imitación, el siempre sufrido paisanaje.
Se trata de ese puñado de
modismos bastante abstrusos cuanto enemigos de cualquier llaneza, y supongo
que, por mera correspondencia —pues pensamos con palabras—, de todo
razonamiento. Me refiero tanto a esos absurdos pleonasmos como «a día de hoy»
(por simplemente «en este momento» o «en la actualidad», o el sencillo
«ahora»), o «amigo personal» (¿cuándo un amigo no ha sido personal?), o «todos
y cada uno» (si son todos, está incluido hasta el último miembro del conjunto);
como esas otras locuciones engoladas de «poner en valor» (por «ponderar»,
«valorar», «significar», «destacar»…), o «poner en riesgo» (por «poner en
peligro», o simplemente por su verbo: «arriesgar»), u «hoja de ruta» (por el
escueto y acertado «plan» o «proyecto»), o aquella con tintes metafóricos de
«líneas rojas» (por «límite», «tolerable», «linde»…). Además, quienes alardean
de su uso, para no apearse de la petulancia, sazonan su discurso con esas
nuevas voces —todas de una fatua vacuidad— como «sostenible», «empoderar»,
«impactar» o «evento», cuyo abuso, en consonancia con los anteriores giros,
también han ocultado —si es que no han borrado ya— el manejo de una variedad de
designaciones mucho más atinadas con la circunstancia de la que se habla o
trata en cada ocasión.
Con esta protesta no
pretendo ni pasar por purista y menos por filólogo —de hecho, no lo soy—, pero
hace unos años un fontanero, mientras me desembozaba la cañería de la cocina,
me dijo:
—El tema del atasco es…
Me quedé estupefacto al
escuchar un culto helenismo mezclado con la mugre que obturaba el desagüe. Poco
a poco comprobé por la calle que «tema» se había convertido en el enfático y, a
la vez, vulgarísimo aditamento para cualquier sustantivo, mermando su
significado de asunto de un discurso o de contenido de una exposición
didáctica. Es más; desde el episodio con el fontanero comencé a prestar atención
—incluso a coleccionar— estas expresiones propias de un personaje del más
genuino esperpento vallinclaniano, cuyo pernicioso vicio consiste en atiplar
ridículamente el limpio discurrir de nuestra sintaxis, al punto de conducir, a
sus más consumados practicantes, hacia estrafalarios galimatías de difícil
comprensión. Válgales como toda una obra maestra de este tipo de alocución
ininteligible, el video promocional de sus cursos universitarios, colgado en
Youtube, por la esposa del actual presidente del Gobierno; constituye una pieza
tan absolutamente inimitable como modélica para su género.
Consecuentemente, me he
interesado cuanto me ha sido posible por nuestra lengua y su bamboleante
devenir, buscando mucho más que la corrección de mi expresión, las intrigantes
causas de estas chocarreras distorsiones. Y por esta razón y por mi gran afecto
por la institución, acudí al ciclo de seis conferencias sobre la «Historia de
la lengua española», organizado por la Fundación Ramón Menéndez Pidal, bajo la
dirección de la académica Inés Fernández-Ordoñez, que se ha impartido durante
estos dos últimos meses con el patrocinio y en el salón de actos de la Ramón
Areces. Con la mejor intención didáctica, las lecciones siguieron un orden
cronológico, y así comenzaron con la huella euskérica en el castellano,
impartida por Jon Juaristi, para entrar ya en el nacimiento e índoles de su
escritura durante la Edad Media, a cargo de los profesores Rodríguez Molina y
Fernández-Ordoñez, pasando por las curiosas disputas filológicas del Siglo de
Oro, expuestas por la doctora Lola Pons, o por el alumbramiento del español
moderno durante el s. xviii, según Pedro Álvarez de Miranda, para concluir con
los enrevesados avatares de nuestro habla en la época digital, dictada por
Carlota de Benito. Como quiera que no asistí a todas las disertaciones, remedié
mis ausencias acudiendo a sus grabaciones insertas en la página WEB de la
Fundación Ramón Areces, cuanto les animo a emprender —en
www.youtube.com/user/FundacionAreces— a quienes que por esta o aquella
coyuntura no hayan podido presenciarlas. Les aseguro que no se arrepentirán; al
contrario, apreciarán mejor y casi reconfortados ese valiosísimo y etéreo
instrumento que urde no solo nuestro cavilar sino cuanto somos y podemos decir
sobre nosotros mismos.
Y respecto a esas ridículas
expresiones del comienzo, sobre demostrarme el tamaño del engreimiento de
quienes las gastan, solo me acreditan su acendrada ignorancia. Sin embargo;
contra mi desprecio, son también valiosa materia de estudio para los filólogos
porque caracterizan nuestro habla actual. Así, su etimología o proveniencia —a
menudo, transposiciones del inglés mercantil norteamericano—, su ámbito de
difusión y empleo, y su pervivencia y alcance entre los hispanos de aquí y de
ultramar —pues es palpable que allá también las han adoptado con el mayor
desparpajo— constituyen el acervo investigativo de los lingüistas, quienes las
trasladarán a los diccionarios, para plasmar, con sus escrupulosas anotaciones,
la atinada radiografía del pensamiento oficial —si tal concepto cupiese— de
nuestra sociedad. Mientras, desconozco cual será su vigencia pero, recordando
las muchas que las precedieron y hoy olvidadas, estoy convencido de su
caducidad, como también de su substitución por otras, todavía más
descacharrantes, con la insaciable y humanísima pretensión de seguir metiendo
bombo a la fanfarria.
Artículo publicado por el "Imparcial" el domingo
21 de diciembre de 2025
*Gastón Segura, es
licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en
1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la
literatura.
Por Ricardo Gil Otaiza

La razón poética en Fermín Higuera
Hallo a un autor culto (y el
detallazo me fascina), que tira de la prosa y del verso con un cuidado y
sutileza que echo de menos en muchos autores, y esto no es cualquier cosa,
sobre todo cuando pienso en los hilos que mueven al hecho literario...
Termino de leer un libro
interesante, de un autor interesante y diverso, que me atrevería a catalogar
como inclasificable, porque si bien hay en él poesía libre, prosa poética,
narrativa y ensayo, hurga en los densos territorios de la épica, de lo atávico,
de lo telúrico y de lo testimonial, así como de la creación literaria libre de
ataduras y corsés, que rompen, sin más, la cuadratura del denominado canon:
hablo de Metamorfosis de la espada (Palabras al límite, 2025), del nuevo amigo
tinerfeño Fermín Higuera (1961), quien además es músico y profesor de
conservatorio, y tiene, para mi sorpresa, su propio récord personal, al haber
publicado con apenas 19 años su primer poemario que tituló La carne de las
hojas (1980).
Fermín divide su obra en dos
etapas productivas y bien marcadas. La primera comienza con el ya citado
poemario, al que le siguen: El idilio de los ausentes (1991), Querella del
dolor (1994), El hijo del ir (1996), Bisagras en la hoguera (antología, 2002),
y lo cierra Sangre al cielo (s/f). La segunda etapa se abre con Roto está el
cordón de la plata (2007), Religare (2010) y Sinfonía de la sombra blanca
(2013). Asumo que Estratos de la llama y el libro que hoy reseño, ambos de este
año, formarán parte (por el hiato que los antecede) de una tercera etapa.
De entrada, hallo a un autor
culto (y el detallazo me fascina), que tira de la prosa y del verso con un
cuidado y sutileza que echo de menos en muchos autores, y esto no es cualquier
cosa, sobre todo cuando pienso en los hilos que mueven al hecho literario,
tejidos con la palabra que busca eternizarse en el texto, y cuan más la golpea
hasta el estropicio, creyendo que con esto le imprime a lo plasmado una huella
personal imperecedera; y quizás sea una marca, pero en el sentido negativo de
la impronta, y deja en quien lee una sensación de vacuidad imposible de sortear
desde la lógica del lenguaje.
El libro, de 134 páginas, se
divide en varias partes (u otros “libros” de pequeña extensión, que no
capítulos: porque no hay en ellos el necesario continuum en la razón de los
textos), estos son: Domus (el más copioso), Cuchillo casi flor, Luces sobre las
zozobras del enojo, Vuelven los acantilados sobre el esquife, Meteorología de
las metáforas y Liturgia del filo y los badajos, y a pesar de esa
discontinuidad señalada (o precisamente por ella), hay ejes articuladores y
vasos comunicantes que permean a cada texto, que les insufla fuerza y lírica,
que nos llevan por los territorios de la memoria, del pasado, del retorno a la
tierra de los ancestros, y de la épica de lo que se nos narra.
Percibo en este libro un
juego caleidoscópico de metáforas, que se sumerge en los abismos del ser y
busca redimirlo, salvarlo de su destino, hacer de él fuerza atávica que renazca
desde las sombras, y que luego se yerga por sobre su realidad y la transforme y
la asemeje al sueño y al anhelo. “Dame otro lugar / en el que mi canción / no
sea prerrogativa / de mi cautiverio / sino expresión / de la libertad del cielo
/ abrazo diferente / desconocida entonación”, nos dice el poeta casi agónico y
acezante, presa de la angustia óntica frente a lo inefable.
Es Fermín poeta de la razón
y lo profundo: en sus textos hay un latir que lo impulsa a denodadas simas, y
esa dicotomía, propia del creador que se enfrenta a la sublimidad de la obra y
a la aridez de la existencia, se metamorfosea en espíritu que, como ave Fénix,
se levanta de las cenizas y sobrevuela con las aristas que hacen del “ahora”
esencia y necesidad del vivir, del estar y del sentir, de la memoria y del
olvido que son, qué duda cabe, parte y todo de nuestro tránsito por este mundo.
“¿Cómo separar la llama /
del fuego sin sofocarla? // ¿Cómo segregar un tronco / del tumulto de la
hoguera?”, se pregunta el poeta, y acudimos en su ayuda en la proximidad del
ahora, y en tales circunstancias enarbolamos la esencia que todo lo dirime, que
nos conjunta aquí y allá, que hace de nosotros objeto y sujeto a la vez: denso
claroscuro en el que no podemos discernir la luz de la tiniebla sin alterar
para siempre los procesos, sin desnaturalizar la intención de la realidad
poética, y que parecieran contrapuestos, pero que se hacen uno cuando se
asientan en el ser.
La razón poética en nuestro
autor es parte consustancial de lo escrito y lo vivido, de la alternancia
propia de una existencia forjada entre la palabra escrita y la nota musical,
que en él se erigen en carta de presentación, en camino bifurcado entre Madrid
y Tenerife, en texto asentado en la página y en pieza articulada para el piano,
en las secuelas de una veta poética precoz, nacida del asombro del imberbe
joven quien se asoma al abismo y se lanza sin pudor ni temor al vértigo o a la
caída, y allí se queda: ensimismado, perplejo, oteando en las neblinas de su
interioridad.
La Metamorfosis de la espada
que nos entrega Fermín Higuera, no es otra entidad que el cambio de piel: el
asumir un antes y un después sin interpelarse por la ambivalencia prosa-poesía,
que en él se mecen y reafirman sin importar los vacíos y hallan en estas densas
páginas el fuego que macera y funde al mismo tiempo, que erige y depura, que
libera al espíritu de aquello que lo inflama, y a cambio lo transforma y empina
en obra literaria, en razón y pasión sublimadas en espíritu, en letra y
melodía, que en sí mismas son grietas a través de las cuales escapa aquello que
le otorga un sentido del ser, una noción de su tiempo y al mismo tiempo un
nombre, y, como nos dice en un fino verso: “…así canta la alegría / que decide
despedir a la zozobra”.
*Escritor y académico venezolano
rigilo99@gmail.com
Por Gabriel Jiménez Emán
La personalidad múltiple y transgresora...
de Fernando Pesoa
Hay escritores para quienes
la literatura es una manera de ganarse la vida, forjar una profesión o tener un
oficio determinado; para otros, ella sería un modo de existir, una ética o un
apostolado; incluso pueden llegar a considerarla un compromiso consigo mismos,
o una pasión. Grandes figuras de la antigüedad clásica, de la Edad Media o el
Renacimiento, hasta arribar al Romanticismo o al impresionismo, desde autores
como Dante Alighieri, Shakespeare, Shelley, Keats, Yeats, Cervantes, Quevedo, y
luego Goethe, Flaubert, Balzac o Marcel Proust, Kafka, T.S. Eliot, César
Vallejo, Miguel Hernández, Juan Antonio Pérez Bonalde, José Antonio Ramos Sucre
o Fernando Pessoa, podrían constatar lo que afirmo en cuanto a dignidad
ético-estética de la literatura.
Hoy deseo rendir un mínimo
homenaje a quien considero cima de la literatura europea: el portugués Fernando
Pessoa, nacido en Lisboa en 1888 y fallecido, aún joven, en 1935. Se dedicó
Pessoa al ocultismo, la astrología, el ensayo y la poesía, asumiendo diversos
nombres y personalidades —llamados heterónimos— como Alberto Caeiro, Ricardo
Reis o Álvaro de Campos, a través de los cuales desarrolló una literatura y un
estilo que podríamos calificar de asombrosos, no solo por la multiplicidad y
riqueza de sus voces, sino también por su osadía y carácter transgresor. Con el
tiempo, la obra de Pessoa no ha hecho sino crecer en trascendencia, a medida
que ha venido siendo exhumada y reconocida en todo el mundo, aun cuando toda
ella posee valor inmenso, de acuerdo a sus peculiares búsquedas y registros
vanguardistas, que incluyen orbes estéticos, filosóficos y éticos; cuestiones
que logra usando el más fino e inteligente humor que pueda imaginarse, y le
permite a su autor moverse por cualquier espacio o tiempo, a través de una
sensibilidad detonante.
Hoy deseo evocar y reseñar
su Libro del desasosiego, cuyo manuscrito se mantuvo inédito hasta 1982 y
constituyó poco menos que una revelación en el panorama de las letras
contemporáneas. La edición que manejo de esta obra es la de Seix Barral
(Biblioteca Breve, 1997), cuya traducción del portugués al castellano
corresponde a Ángel Crespo, quien además se ha encargado de la organización y
notas del volumen y realizado una introducción brillante a esta obra donde
desglosa, mediante una indagación lúcida, varios de los motivos y razones que
la hicieron posible. Anota Crespo al inicio de este volumen: “La historia de la
redacción y la publicación del que en adelante llamaremos Libro del
desasosiego, a la que enseguida he de referirme, me parece de gran importancia,
no solo desde el punto de vista filológico, sino también desde el punto de
vista artístico, y ha condicionado, por supuesto, el trabajo de traductor y
publicista en castellano que me ha sido encomendado y al que tanta devoción y
cuidado he puesto”.
Se trata de un volumen de
casi cuatrocientas páginas, donde he hallado un universo completo (y complejo)
de sugerencias creadoras y donde la prosa adquiere cimas o rangos elevados que,
a mi manera de ver, sobrepasan cualquier expectativa del lector; Pessoa puede
moverse de modo inesperado de la melancolía a la alegría, de la depresión al
éxtasis de manera encantatoria, dejando al lector completamente impregnado de
halos mágicos.
“He rechazado siempre que me
comprendiesen. Ser comprendido es prostituirse. Prefiero ser tomado en serio
como el que no soy, ignorado humanamente, con decencia y naturalidad.
“Nada podría indignarme
tanto como que me extrañasen en la oficina. Quiero gozar conmigo la ironía de
que no me extrañen. Quiero el cilicio de que me crean igual a ellos. Quiero la
crucifixión de que no me distingan. Hay martirios más sutiles que aquellos que
se mencionan de los santos y de los eremitas. Hay suplicios de la inteligencia
como los hay del cuerpo y del deseo. Y de estos, como de los otros suplicios,
existe una voluptuosidad”. (Fernando Pessoa)
*Publicado el 21 de
diciembre de 2025 por Ciudad Caracas, en la columna Libros Libres
*Gabriel Jímenez Emán, es
escritor, narrador, poeta, ensayista, compilador y traductor venezolano,
destacando más en el ámbito de la narrativa y la poética, la cual ha sido
traducida a varios idiomas y recogida en antologías latinoamericanas y
europeas.
Madrid.- 19 de diciembre de 2025
‘El
psicópata invisible’ (Sekotia) ya está a la venta
La escritora Concha Calleja,
una de las expertas españolas más reconocidas en Criminología y análisis de
casos mediáticos en España, presenta El psicópata invisible (Sekotia), una guía
divulgativa con claves para detectar a esos lobos sociales que tenemos a
nuestro lado y parecen normales, que están en la empresa, en la política y en
los vínculos más íntimos, que no llevan cuchillo sino carisma, y no dejan
huellas sino efectos.
El lado oscuro del éxito
social
El psicópata invisible, por
tanto, se refiere a relaciones tóxicas, figuras públicas y el lado oscuro del
éxito; y advierte que “el psicópata integrado no aparece en la escena del
crimen porque su escenario es otro: una oficina, una relación, una campaña
electoral, una sala de juntas”. No necesita recurrir a la violencia física
porque maneja la violencia emocional y simbólica con una destreza mucho más
eficaz”.
En palabras de Calleja, este
libro que sirve para conocer las diferencias entre los perfiles psicopáticos,
“no solo nos ayudará a identificar a los que nos acechan sino que también nos
proporcionará las herramientas necesarias para anticipar sus movimientos y
poner en marcha medidas preventivas”. Porque saber a qué tipo de psicópata nos
enfrentamos cambiará completamente el enfoque de cómo gestionamos nuestra
interacción con él y podremos actuar “con más claridad, más firmeza y, lo más
importante, con mayor seguridad”. La
comprensión de los perfiles psicopáticos “nos otorgará el poder de ver más allá
de la fachada, de entender lo que realmente motiva a estas personas, y, sobre
todo, de poner límites”.
Violencias cotidianas
“La violencia no siempre
tiene forma de puño. A veces tiene forma de ascenso, de adulación, de silencio,
y de relación que te dejó vacía, sin entender por qué”, escribe la autora. En
este marco, ¿hay un único psicópata? Los perfiles, según Calleja, obedecen a
diferentes patrones, cuyos rasgos explica en un amplio abanico: los hay
impulsivos, controlados, emocionales, supervivientes (uno de los más complejos
y difíciles de detectar), encubiertos, narcisistas y paranoicos.
¿Se puede hablar de un
número estimado de psicópatas? La estadística más repetida durante años es la
que fija la prevalencia de la psicopatía en torno al 1 % de la población
general, uno de cada cien. En el caso de España, con más de 47 millones de
habitantes, “estaríamos hablando de al menos 470.000 personas con rasgos
psicopáticos lo bastante marcados como para hacer daño. No hablo de gente con
mal genio ni de jefes estresados, hablo de sujetos sin empatía, sin
remordimiento, sin conciencia moral. Personas que te usarían como una silla;
útil mientras les sirves, prescindible cuando ya no”, explica Calleja.
Casos como el de Bernie
Madoff, que diseñó una estafa piramidal a nivel mundial durante décadas sin ser
detectado y arruinó vidas sin pestañear; Elizabeth Holmes, que sedujo a
inversores con bata blanca y promesas vacías, o Jeffrey Epstein, que manipuló a
las élites internacionales, muestran a juicio de la autora “hasta qué punto la
psicopatía puede ser premiada con poder y prestigio. Incluso figuras icónicas
como Steve Jobs, cuya genialidad iba de la mano de un trato despótico, revelan
cómo el carisma eclipsa el coste humano”, afirma Calleja.
El nuevo ego psicopático
A través de un lenguaje
claro, conciso y directo, ampliamente divulgativo, Concha Calleja explora los
territorios más íntimos, como es el de la familia, donde el psicópata puede
anidar en forma de madre manipuladora o cónyuge destructivo y alcanza los
escenarios colectivos, como son las empresas dominadas por líderes sin alma o
gurús espirituales y coaches que disfrazan la explotación bajo la etiqueta de
“autoayuda”. Abre debates (“¿hay cura para el lobo”), y también expone cómo las
redes sociales son hoy el nuevo teatro del ego psicopático. Frente a ello, el
libro ofrece herramientas de autodefensa emocional, ayuda para reconocer las
señales invisibles y estrategias para sobrevivir sin caer en la paranoia.
“La violencia no siempre
tiene forma de puño. A veces tiene forma de ascenso, de adulación, de silencio,
y de relación que te dejó vacía, sin entender por qué”
Madrid, 11 de diciembre de 2025
Por Gastón Segura
El
rescate de unos títulos
Lo sé por experiencia; las
obras completas siempre están en peligro. De pronto, se difunde el hallazgo de
un original descarriado y quedan cojitrancas y como contristadas por la
ausencia de esa pieza que, sin ser capital, cobra, por la intriga de su
extravío bajo largas y sepultadoras décadas, una importancia cautivante. Y
tanto da que se trate de un epistolario sobre cotidianidades insulsas, o de un
borrador desechado y plagado de indescifrables correcciones, o de un terne y
desmerecedor folleto editado durante un arrebato juvenil, porque su ausencia,
entre los tres o cuatro tomazos donde se reunía, hasta ayer mismo, la totalidad
de los títulos de uno de nuestros autores predilectos, crece y crece sin cesar
ante nuestra defraudada mirada, al punto que, apenas tropezamos con sus
tejuelos, nos embarga esa porfía casi infantil por el venturoso día cuando una
editorial anuncie la inmediata publicación del recién aparecido, para que
nuestras incompletas obras queden, por fin, restauradas.
De vez en cuando se propaga
uno de estos turbadores descubrimientos; sin ir más lejos, hace un par de
semanas y, además, doblemente y de géneros y autores de índole distinta. Verán;
con motivo de la próxima inauguración de la exposición por su centenario en la
Biblioteca Nacional, la institución divulgó entre la prensa el hallazgo del
profesor Álex Alonso Nogueira, en los archivos de la censura, de dos novelas de
Ignacio Aldecoa: Ciudad de tarde (1952), premiada con el Café Gijón de ese año,
y la misteriosamente ignota, El gran mercado (1953), presentada para su
aprobación por la editorial Planeta. Pocos días después, en las páginas del
diario ABC, de Madrid, se daba cuenta de la recuperación en su
completud de un poemario
primerizo de Manuel Machado, de los dos que imprimió a medias con Enrique
Paradas, & (1895). Y si la vida de Paradas, hilvanada por oficios de
una provisionalidad errabunda —desde cochero de punto a fotógrafo ambulante,
pasando por partiquino escénico y acabando de librero de lance—, daría tanto
para un reportaje de varias páginas cuanto más para una entusiasmante
biografía, el hallazgo del poemario de título tan breve como extravagante: Et
—a la tironiana; con anterioridad denominado Etcétera—, carece de estos
vagabundajes bohemios, porque se debe, como las novelas de Aldecoa y como
tantos otros hechos semejantes, a la silenciosa perseverancia de un estudioso.
De &; —o antes,
Etcétera— se conservaba un original en la Biblioteca Machado de la Real
Academia Burgalense, sobre el que el estudioso Miguel D’Ors ya había señalado,
en un artículo de 1979, no solo el error en su intitulación sino la sospecha de
que estaba mermado, pues no se justificaba la coautoría del mayor de los
Machado cuando solo presentaba seis páginas suyas. Eran unas tesis para y entre
machadianos que, en 2022, un seguidor del poeta y del profesor, Manuel Márquez
de la Plata, certificó en todos sus supuestos cuando adquirió en una librería
de viejo un ejemplar sin mermas del poemario. En efecto; no solo autentificaba
su título sino que el libro constaba de 191 páginas, de las que setenta y una,
contra las seis conocidas, estampaban la firma machadiana. Tuvo la gentileza de
enviarle unas fotocopias al profesor y ahí quedó el asunto hasta esta
primavera, cuando otro investigador, Víctor Olmos, habló con D’Ors, quien lo
animó tanto a contactar con el dueño del original íntegro como a que ambos
divulgasen su existencia.
Lo sorprendente de esta mínima
peripecia entre eruditos es la demora de un trienio en su difusión, aunque, al
menos, la noticia se haya convertido en el espléndido colofón al bienio
machadiano. Por su parte; la publicidad del rescate de las novelas de Aldecoa
ha sido casi consecutiva a su hallazgo, durante este verano, por el
investigador de la Universidad de Nueva York. Empero; ambos descubrimientos se
han producido durante notables celebraciones de sus autores para dotarlas de un
elemento más duradero y consistente que las exposiciones y catálogos por
extraordinarios que nos resultasen.
Personalmente también me
cumple haber intervenido en otro rescate: el de Pólvora mojada (1972), de
Andrés Berlanga. Esta magnífica novela, por descatalogada, se encontraba en el
circuito de libros usados soportando aún los cortes de censura. Raúl Pereda y
yo nos empeñamos, hace más de una década, en reeditarla sin estas atrabiliarias
podas. Andrés Berlanga —novelista de obra corta, aunque magistral en su manejo
de la oralidad— nos escuchó con cierta guasa y prometió legárnosla en su
testamento. ¡Quién nos iba decir que desdichadamente moriría dos años después!
Pero, cuando se había vencido casi un decenio, retomamos nuestro empeño y
telefoneamos a su hijo Juan, quien, para nuestro pasmo y alegría, nos respondió
que nos la tenía reservada, cumpliendo así la palabra de su padre. Y de ella
disponen, desde 2024 en Drácena, sin las tachaduras del censor.
Pues Pólvora mojada relata
algunos caracterizadores sucesos de aquella Universidad Complutense, en vísperas
de 1969 —el año del Estado de Excepción y del asesinato de Enrique Ruano—,
cuanto presenta ahora, con la celebrada serie sobre la novela de Javier Cercas
y, sobre todo, por la infausta conmemoración de la muerte del dictador para
ocultar varios estropicios gubernativos y, de paso, entenebrecer arteramente la
coronación de Juan Carlos I, un interés singularísimo, porque, al recoger de
forma exacta el lenguaje de los estudiantes del momento y sus hoy peregrinos
proyectos políticos, preserva intacta una sensibilidad indispensable para
entender el prodigioso septenio de la Transición.
Artículo publicado por el "Imparcial" el lunes 08 de diciembre de 2025
*Gastón Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.
Por
Ricardo Gil Otaiza

Los imposibles
Hoy deseo referirme a la
categoría que denomino “los imposibles”, es decir, aquellos libros que por más
que les pongamos el ojo, el diente y todo lo que queramos, no logramos
domesticar
Como en todo, en el mundo de
los libros hay categorías, y no me refiero solo a las que la crítica, los
expertos, las propias editoriales y los organismos culturales etiquetan, como
multipremiados, best sellers, long sellers, incunables, novedades, clásicos, y
paremos de contar, sino aquellas que llegan desde la experiencia de los
lectores, que somos el último eslabón en la cadena de comercialización del
libro y, por lo tanto, estamos “facultados” (por decir lo menos) para expresar
muchas cuestiones acerca de los libros que leemos.
Hoy deseo referirme a la
categoría que denomino “los imposibles”, es decir, aquellos libros que por más
que les pongamos el ojo, el diente y todo lo que queramos, no logramos
domesticar, porque es tal su complejidad, densidad, trama, laberintos y
escondrijos, que no les llegamos, y tenemos entonces que huir de ellos como la
plaga, porque, tantas energías nos han robado, que quedamos exhaustos,
realmente cansados (y hasta fastidiados), sumergidos en el desconcierto y la
desesperanza, de allí que sea importante cerciorarnos antes con fuentes dignas
de crédito (ajenas a las propias editoriales, por supuesto) de las
posibilidades que tenemos con una obra: bondades y caminos para su abordaje.
Ya lo dije acá: me costó
mucho leer el Libro del desasosiego de Fernando Pessoa, y cuando digo mucho, es
mucho, poco más de tres décadas, lo cual pareciera exagerado, pero esta fue mi
experiencia lectora con este clásico universal, que terminé porque sí: me
planté frente a él y me dije: “¡no va a poder conmigo!”, y así fue. Estaba en
una verdadera encrucijada, porque era inminente mi emigración, y para mi salud
mental decidí cerrar ese proceso iniciado en mi lejana juventud y, como soy
quien más me conoce, sabía que, si dejaba ese libro a mitad de camino, sería
una traición a mi ejercicio intelectual y lector, y una mañana de comienzos del
2024 lo abrí de nuevo y no lo cerré hasta que lo terminé. ¿Cuál era la razón
que se interponía entre el libro de Pessoa y yo? Pues, su tristeza, su pena y
desconsuelo, la oscuridad que brota muchas veces de sus páginas, y yo, que
tiendo a la melancolía, me hundía en una suerte de purgatorio inexpugnable, del
que me costaba enorme esfuerzo salir, y hallaba mil razones para dejarlo de
nuevo a medio camino: a la espera de un momento propicio para su prosecución.
Otro libro que me costó
mucho leer fue Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, y la dificultad
partía del hecho de la intrincada genealogía del texto, que hacía que me
perdiera en largos laberintos y que terminara por abandonarlo. Cometía el error
de interrumpir la lectura para mirar el mapa de los ancestros, y así saber cuál
de los Aurelianos tenía frente a mí en cada circunstancia. Como lector
experimentado que soy, opté por varias estrategias que me sacaran a flote, y
una de ellas fue la de comprar diversas ediciones, para ver si por esta vía me
topaba con la versión que me diera el empujón final, y hallé la maravillosa
Edición Conmemorativa de la Real Academia de la Lengua y la Asociación de
Academias de la Lengua Española (Alfaguara, 2007), que mucho disfruté, pero el
truco para su lectura sin mayores tropiezos, fue olvidarme de los hilos
genealógicos de la estirpe de los Buendía, y me adentré en esta obra maestra
absoluta con un gozo pocas veces alcanzado en mi larga travesía como lector
(que parte de mi niñez).
Una obra que se resistía a
mis sucesivos intentos era Madame Bovary, de Gustave Flaubert: siempre la
dejaba a mitad de camino y me ponía a leer otro libro, y en el ínterin de mi
salida, como me pasó con el de Pessoa, comencé de nuevo con la obra y pude
leerla y disfrutarla, y esta vez lo hice con la edición de Planeta y El
Nacional (2000). Ahora que lo analizo, la circunstancia de mi partida hizo que
me enseriara con el libro, que sacara de mi cabeza las enormes reticencias
frente al estilo un tanto arcaico de la narrativa, y de las circunstancias
contadas. En esta nueva oportunidad, Emma y Charles se erigieron frente a mí y
me contaron su vida, y ese hiato que se abre entre los dos personajes me mostró
en todo su esplendor todo aquello que nos presenta Flaubert: la infidelidad, la
hipocresía de un mundo machista y oscuro, así como la mentira y la simulación
frente a los atavismos sociales, que terminaron por conducir sus destinos hacia
la tragedia.
El último “imposible” es muy reciente, la novela La península de las casas vacías de David Uclés, que compré hace tres semanas, azuzado por el enorme despliegue propagandístico montado a su alrededor, y confieso (no sin rubor) que no pude con ella: me senté para internarme en ese complejo mundo y de inmediato supe que no la finalizaría, que sería una lectura frustrada como muchas otras, y en esta oportunidad no me resigné a mirar el libro de soslayo, acomodado en el anaquel, sino que fui a la librería y lo cambié por otro, y hasta ahora ese “otro” fluye con tropiezos, pero, ¡vamos!, fluye.
*Escritor y académico venezolano
rigilo99@gmail.com
Por Nelson Rivera
Sobre
el poeta cubano-venezolano Julio E. Miranda (1945-1999)
Amigos
lectores:
I.
De las distintas versiones
que he leído sobre el periplo de Julio Enrique Miranda Luque, seguiré el relato
que él hizo a Teresa Casique, en una entrevista de 1988 (incluida en esta
edición). Nació en La Habana en junio de 1947. A los 16 viajó a Miami, donde
vivió un año. Allí un dominico lo convenció de tomar el camino del sacerdocio.
Enviado a España, hizo vida conventual durante cuatro años dedicado al estudio,
primero en Córdoba y luego en Granada. Tras un castigo, derivado de la publicación
de su primer libro, el seminarista dejó el convento. Le siguió un duro período
de sobrevivencia: Madrid, París, Bruselas. En 1968 llega a Venezuela y
permanece poco tiempo. A continuación, vive un año en España y cinco en Bélgica
(“conseguí un trabajo en la radio-televisión belga, haciendo programas de radio
para América Latina”). En 1976 regresa y se residencia en Venezuela. A partir
de 1981 se instala en Mérida, ciudad que haría suya.
II.
Pienso en la obra de Julio
E. Miranda y me conmueve. No sólo por el volumen de libros y artículos
publicados (Miranda aceptaba sonriendo el diagnóstico del crítico y ensayista
Francisco Rivera: grafómano). Me refiero al torrencial activismo lector,
creativo y escritural que puso en movimiento durante sus 24 años de vida
venezolana, hasta su tempranísimo fallecimiento en 1998, con apenas 53 años de
edad. Mientras armaba el dossier en su homenaje, posible por la ayuda militante
de Ednodio Quintero, Josune Canales -esposa de Miranda- y Ainara Miranda
Canales -hija de ambos nacida en 1990-, releyéndolo o conversando con amigos
sobre el profuso y peculiar carácter de su obra, he pensado: oculta tras su
inagotable sentido del humor y su abrumadora productividad, había en Julio E.
Miranda una generosidad intelectual, una forma civil e intelectual de
apostolado, que lo impulsó a poner su sensibilidad despierta y su aguda
capacidad crítica en los empeños de escritores y cineastas venezolanos. Miranda
desparramó su inteligencia entre nosotros sin esperar retribución alguna.
III.
Fue poeta, narrador,
ensayista, crítico literario, crítico de cine, traductor, profesor
universitario y responsable editorial (como jefe de redacción u otros cargos
afines) de las revistas Zona Franca, Letras Nuevas, Con-Texto, Solar y
Criticarte. Más: Asesor Literario de Biblioteca Ayacucho, integrante del
Consejo de Redacción de la revista Babilonia, del Consejo Literario de
Editorial Planeta Venezolana y del Comité Editor de la Revista de Literatura
Hispanoamericana. Y, por fortuna, un autor reconocido: Premio CONAC de Poesía
en 1982, Premio Fundarte de Ensayo en 1991, Premio de Cuentos de la Bienal
Mariano Picón Salas en 1991, Premio de Ensayo de la Bienal Mariano Picón Salas
en 1993, Premio Narrativa Breve del Instituto de Cooperación Iberoamericana en
1994, Premio Unesco 50º Aniversario en 1995, Premio Municipal de Cuento del
Distrito Federal en 1996 y Premio de Novela corta de la Bienal Mariano Picón
Salas en 1997.
IV.
Además de su fundamental
obra como poeta (unos quince o más títulos si sumamos los cinco libros
publicados en España antes de 1976); narrador (una novela y tres libros de
relatos, si no me equivoco); ensayista (¿cuatro, quizá cinco títulos?); y
traductor (de Cesare Pavese, Henry Michaux y Claude Simon, entre otros), me
resultan sorprendentes los ocho o nueve títulos sobre el cine venezolano, y no
sabría afirmar con precisión si fueron nueve o diez las antologías que produjo
de narrativa y de poesía venezolana. Y he aquí que debo advertir: estoy seguro
de que a esta relación le faltan cosas. Los 24 años de Miranda en Venezuela son
excepcionales. Me devuelven a señores como Pedro Grases, Graziano Gasparini,
José Del Rey S.J. o Pedro Cunill Grau, autores que vinieron de otros países ya
adultos, y produjeron obras enormes y significativas. Julio E. Miranda
pertenece a esa liga, nada menos.
V.
El poeta y crítico literario
español Pedro Provencio se refiere, en su texto incluido en nuestro dossier, a
la facilidad de Julio Miranda para escribir. Una tarde de 1988, llegó Miranda a
la oficina que Pablo Antillano tenía en la Avenida Andrés Bello. Allí hacíamos
Lectores, suplemento de libros que circulaba encartado en el Diario de Caracas.
Estábamos en la hora cierre, cuando Miranda declaró: no tengo mi artículo
todavía, dame una máquina y media hora y lo resuelvo. Se sentó y veinte minutos
después había terminado un limpio híbrido -un poco reseña, un poco ensayo-
sobre Oscar Rodríguez Ortiz. Cuento esto para redondear mi tesis: Miranda tenía
de apóstol y de mago.
VI.
El dossier va de las páginas
1 a la 9. Arranca con El cubano invisible, texto de Miranda que publiqué en
abril de 1997. Entonces organicé una serie titulada Autorretratos, en la que
participaron 17 autores. El cubano invisible indaga en su identidad (“Uno va
siendo, entonces, venezolano, español, cubano, sin ser del todo ninguna de esas
calificaciones pero también sin dejar de ser alguna de ellas. Y al pensarlo,
reconoce un extraño sistema de equivalencias vitalmente establecidas entre
Granada en España y Mérida en Venezuela, o entre el mar Caribe y el mar
Mediterráneo. Uno va siendo un mediterráneo del Caribe o un caribeño del
Mediterráneo. Sobre todo, uno va siendo”), cargado de ingenio y paradojas.
VII.
Siguen los textos de:
Ednodio Quintero: Para un
homenaje en tres tiempos a Julio Miranda.
Rowena Hill: Julio Miranda.
Pedro Provencio: Amistad
parapoética.
Miguel Ángel Campos: En el
umbral y más allá.
Margarita Arribas: Julio en
Maracaibo.
Estela Aganchul: Mi
amigo-confidente.
Ainara Miranda Canales: Para
Julito.
Fran G. Matute: No se hagan
ilusiones. Los años “españoles” de Julio Miranda.
Teresa Casique: Confesiones
de un grafómano.
Antonio López Ortega: Tres
instancias.
VIII.
Este dossier incluye,
además, retratos de Miranda de sus años previos a 1976, realizados por dos
fotógrafos españoles fundamentales:
Demetrio E. Brisset y Publio López Mondéjar, ambos sus amigos. Por último,
quiero agregar dos recomendaciones. Una, la revista Calle del aire, número 4
(abril de 2022) publicó un documentado ensayo de Fran G. Matute, Maquillando el
cadáver español de Julio Miranda, sobre sus años españoles. Dos: en la revista
Encuentro de la cultura cubana, números 12 y 13, 1999, está Desapareció un
cubano invisible, homenaje de Demetrio E. Brisset a Miranda, en el que señala:
“dejó diez textos inéditos, entre ellos, dos novelas”. Ambos están disponibles
en la web. Insisto por una consideración obvia: nuestra visión de Julio E.
Miranda queda incompleta si no nos hacemos cargo de sus libros y avatares antes
de que se estableciera en Venezuela.
IX.
La página 10 trae un
artículo de la actriz, directora teatral, guionista y periodista Yoyiana
Ahumada Licea dedicado a Profundo, la obra de José Ignacio Cabrujas
(1937-1995): “De esta tribu se sirve Cabrujas para exponer la superstición, la
cultura del azar y la creencia en un milagro capaz de procurar riqueza
instantánea, en una operación mágica que se erige como mito en el inconsciente
colectivo nacional: la de que por generosidad de la providencia Venezuela es un
país rico, en el que el estado es un rey Midas sin fecha de caducidad”.
X.
En la parte superior de la
página 11 viene El espía que amó a una venezolana, la más reciente entrega de
la columna de Oscar Hernández Bernalette, Memorias de un diplomático. Cuenta el
caso de un oficial de los servicios de inteligencia de Egipto, cuando el
militar se enamoró de una venezolana, y las consecuencias que ello produjo
sobre la delegación diplomática de Venezuela en El Cairo, donde Hernández
Bernalette se desempeñaba durante el gobierno de Luis Herrera Campíns.
XI.
Escribe Rodrigo Lares Bassa
sobre Ana Teresa Torres: “Si en La herencia de la tribu el problema era la
herencia del héroe, en Desterrados es la orfandad del alma. La frase de Torres
—“el futuro siempre será, paradójicamente, pretérito”— mantiene hoy su filo, pero
el foco se ha desplazado: ya no se trata de una nación que repite sus mitos,
sino del sujeto que ha perdido su lugar en un mundo que no cesa de
fragmentarse”. Parte inferior de la página 11.
XII.
Se cumplen 30 de Sucre,
película dirigida por Alidha Ávila, en la que Luigi Sciamanna interpretó a José
Antonio Sucre, y Guillermo Díaz Yuma a Simón Bolívar. En la página 12
reproducimos fragmentos de los diarios de Sciamanna correspondientes a los días
de 1994, en que la película era filmada: “Puerto Cabello. En medio de esta
tribu he encontrado la paz. Una extraña y profunda paz que me hace estar en
silencio, disfrutar del ver y del oír. A mi alrededor estos hombres y mujeres
se divierten y trabajan. Entre ellos, en medio de ellos, con ellos, yo he
abandonado mi alma al encuentro del mártir cumanés. Y al volver de la dura
jornada, que a pesar de todo me deja una dolorosa insatisfacción, caigo de
rodillas en mi estancia y agradezco al
señor por tanta mágica y potente revelación”.
XIII.
Listo, pacientes lectores.
Ojalá disfruten: hay tela.
Publicado en Papel Literario, suplemento literario del periódico El Nacional(Caracas, 7 diciembre 2025).
* Nelson Rivera. Periodista e
investigador venezolano. Es miembro fundador del Consejo Editorial del diario
El Nacional (1993), en Venezuela, y desde 1995 dirige su suplemento cultural:
Papel Literario.
Madrid.- 01 de diciembre de 2025
Conferencia
El CINE EN EL CAMINO DE SANTIAGO

El pasado domingo 30 de
noviembre, se presentó en el Ateneo de Madrid, la conferencia sobre "El cine en
el Camino de Santiago".
La conferencia trató sobre una descripción comentada de todo lo filmado para la grande y pequeña pantalla, sobre el Camino de Santiago, de interés para caminantes y estudiosos de la historia del Camino, así como para los amantes del cine. Supone un reconocimiento al género Cine Xacobeo a través de 50 títulos que incluyen películas, series de televisión y documentales desde 1915 a 2022.
La ponente fue Pilar Falcón, periodista, escritora y gestora cultural. Es Doctora en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Ha sido profesora de Historia del Periodismo en dicha Universidad. Está Diplomada en Marketing y Publicidad por la Universidad Autónoma de Barcelona. Es la directora de Relaciones Institucionales y Actividades Socioculturales del grupo PSN.Presidenta del Club de Periodistas Gallegos de Madrid. Pertenece a la Asociación de Prensa de Madrid y a la Asociación de Periodistas Europeos. Academia de número de la Academia Xacobea. Destacan entre sus obras: “Desde mi ventana”, “Mujeres transparentes” “Un camino de cine Xacobeo. La mejor recopilación del Camino de Santiago” y los libros de cuentos” Faustino”, ”El lagarto”, ”Run, Run” y “Besos de Miel”.
Moderó el acto Juan López, Consiliario de Educación de la Agrupación Agustín Argüelles del Ateneo de Madrid.
Santa
Cruz de Tenerife
Presentación
del libro Islas de Ángel Lobo Rodrigo
Día 04 a las 18:00 h.
El autor de esta novela es
nuestro compañero Ángel Lobo Rodrigo, colegiado del ICATF y profesor de Derecho
Administrativo de la Universidad de La Laguna.
El acto estará presidido por
nuestro decano, José Manuel Niederleytner, acompañado de la secretaria de la
Junta de Gobierno del ICATF, Esther Medina Castilla.
La presentación del libro correrá a cargo de nuestro compañero abogado Gerardo Pérez Sánchez, profesor de Derecho Constitucional en la ULL.
El escritor se desliza por
la cuestión del nacionalismo utilizando la universalidad del surf como hilo
conductor de un relato que ensalza los lazos familiares y el amor como vías de
redención. Con un ritmo que parece ajustarse a la cadencia del oleaje, Ángel
desgrana historias que suceden en distintas épocas, pero dan la impresión de
discurrir en paralelo.
El encuentro entre
personajes con orígenes diversos sirve de coartada para desmitificar el
aislamiento al que se ven condenadas las sociedades por motivos políticos, sea
durante el proceso independentista catalán o en una isla de la Polinesia que no
aparece enlo s mapas y cuyos habitantes viven en la creencia de ser únicos y
especiales.
Ángel logra desenmascarar
las contradicciones de quienes sueñan con una patria separada del resto por
muros mentales que aspiran a construir un paraíso excluyente. El triángulo
formado por las trayectorias vitales que se desarrollan entre Canarias, País
Vasco y Cataluña, reúne los ingredientes necesarios para plantear una
reflexiónsose gada sobre la identidad.
La figura materna aparece
como elemento catalizador que otorga un nuevo y sorprendente sentido de unión
dentro de ese mar desordenado que tan bien describe Ángel subido a su tabla de
pensador. Las olas, trasfondo filosófico del tiempo en su continuo fluir,
determinan la evolución de Pau, personaje principal y alter ego del autor en
una novela muy coral.
Madrid.- 26 de noviembre de 2025
Por Gastón Segura
La merienda de los pescadores
Apenas se detengan a
pensarlo con detenimiento, pronunciarán: colapso. No es una exageración: el
gobierno carece de presupuestos, de modo que se halla imposibilitado —ellos
dirían, con su profiláctica jerga, discapacitado— para su más elemental
ejercicio; en tanto, el parlamento permanece atenazado por el rechazo a toda
iniciativa legislativa —sea del gobierno o de la oposición— de los siete
escaños obedientes a Puigdemont. Mientras, este reconocido prófugo vive en
Flandes y, además, a cuerpo de president, con el consentimiento de la Unión
Europea y, de lo que es peor, de nuestra pretendida defensa, la OTAN, cuando
encima no tienen forma de inhibirse porque ambos ampulosos organismos ubican
sus majestuosas sedes cabe la residencia de este, si no ya pregonado traidor,
al menos individuo peligrosamente sedicioso para un Estado asociado. O quizá su
disimulo se deba a que nuestro inválido gobierno le enviaba rumbosos
embajadores —uno de ellos, para aumentar esta farsa, ahora imputado por
suculentas mangancias—; en fin, una circunstancia digna de una fabulación de
Witold Gombrowicz o, volviendo la vista a España, de una desternillante novela
de Jardiel Poncela o de Jorge Llopis, cuando existe —al menos, en la
Constitución— una salida para todo este bufonesco embrollo en donde hemos
caído; además, la mar de oportuna y, encima, la supuestamente más democrática
de todas: unas elecciones.
Digo supuestamente porque
según parece el gobierno, como las viejas dictaduras de aquí y de ultramar,
asegura que persevera en su esforzadísimo cometido por nuestro bien y que,
claro, si nos dejase votar, constatados nuestros descabellados antojos,
podríamos instaurar el caos. ¡Y hasta ahí podía llegarse; hasta interrumpir el
progreso de la nación!; aunque al país, durante el trayecto, se le fundan los
plomos o se le socarren los bosques, le aumenten los precios de los productos básicos
cada semana o los jóvenes, aun teniendo trabajo, recurran a un alquiler
compartido —a veces, en tumulto— como la única manera posible de lograr una
pizca de independencia; en fin, grotesco.
Y toda esta parálisis —si no
es ya la agonía terminal de nuestro sistema—, me recuerda mucho a los llamados
«años de plomo» de Italia —aquí, ese epíteto, llegó luego, como el de la
«casta»; se conoce que lo copiamos todo de los italianos—, cuando se erigían
gobiernos de penta y hasta heptapartidos, que apenas duraban un puñado de meses
y entre los que siempre figuraba el incombustible —bueno; esta cualidad la
conservó hasta la detención de Toto Riina— Giulio Andreotti, quien le explicó a
Alfonso Guerra la virtud de la finezza en política. Después, ya conocen lo sucedido:
con finezza y todo, uno tras otro, se suicidaron —judicial o silenciosamente—
cuantos partidos habían gobernado desde la II Guerra Mundial, sin dejar más
rastro que las ejemplares novelas de Leonardo Sciascia y esas estremecedoras
películas sobre la Tangentopoli. Y valga esto como aviso a todos esos
navegantes y otros corsarios que transitan por las mullidas alfombras de
nuestras instituciones con el pecho inflamado de hondas vanidades y altas
aspiraciones.
Y hablando de cine y de
Andreotti, Paolo Sorrentino —quien acaba de estrenar por los festivales una
nueva película, La grazia— rodó una memorable etopeya sobre aquel sinuoso e
impenetrable político, titulada Il divo (2008). Personalmente la considero su
mejor obra, aunque presente el gaje de disfrutarse hasta el último detalle por
quienes aún recordamos a don Giulio, no digo ya quienes lo padecieron; esos
debieron entusiasmarse durante sus proyecciones como escolares en una
confitería. En efecto; sostengo que Il divo es un film mucho más acertado y
agudo no ya que Partenope (2024), sino incluso que la tan celebrada La gran
belleza (2013) y, por descontado, muy superior, hasta en su común intención, a
su largo y demasiado dislocado retrato de Berlusconi, Silvio y los otros
(2018). Pues a pesar de la sorprendente cromática elegancia de sus planos y
hasta de los muy sugestivos episodios independientes que van hilvanando la
trama principal, siempre encuentro en estas otras películas de Sorrentino algún
defecto recóndito o explícito en el resultado final que, por más interesantes y
hasta recomendables que me resulten, me dejan un pálpito de insatisfacción;
mientras, durante y tras la visión de Il divo, no sentí el menor atisbo de ese
sentimiento; muy al contrario, me embargó una profunda admiración por este
relato sobre un tipo tan opaco como refractario a cualquier intento de
narrarlo. ¿O acaso no es toda una temeridad pretender rodar un divertimento
fílmico sobre un alma tan inaccesible, incluso cuando sonreía, como la de
Andreotti? ¿Y no es ya una proeza que, durante casi dos horas, uno no aparte
los ojos de la pantalla, sin discernir bien si está reviviendo sus recuerdos de
aquel hombre singularmente encorvado y de cauteloso paso cardenalicio, o si más
bien está descubriendo subyugado cuánto le intrigaba cada vez que aparecía al
fondo de las fotografías oficiales, siempre velado tras sus gruesas gafas de
oscuro teólogo?
Y en cuanto al actual
colapso nacional, recuerdo una anécdota que casa de molde con estas erráticas
líneas: un financiero norteamericano telefoneó alarmado a Berlusconi, cuando
todavía era un prominente constructor e incipiente empresario de la televisión:
—Acabo de saber que estáis
sin gobierno; ¡menuda catástrofe!
—En absoluto —le respondió
Il Cavaliere—; estamos mejor que nunca.
Y si, al itálico modo, nuestra estéril coyuntura es la óptima para los Berlusconis locales, ya supondrán que nos hallamos en el turbio trance de «a río revuelto, merienda de…
Artículo publicado por el "Imparcial" el domingo 23 de noviembre de 2025
*Gastón Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.
Por Ricardo Gil Otaiza

El
que voy siendo
No hay nada más complejo en
este mundo que escribir un libro autobiográfico y de memorias (y tiene su
lógica, por las reticencias propias de quien se muestra sin ropajes ante la gente).
Y lo digo yo que no soy principiante en las artes de la escritura
Mi infancia no fue feliz,
las intemperancias de mi padre así como su endemoniado carácter, hacían que
viviera aterrado y presa de fantasmas que me acechaban por doquier. Eso generó
en mí un oscuro rencor, que se prolongó hasta bien entrada la adolescencia,
cuando comenzó a desvanecerse ese abismo abierto entre los dos y que llegó a su
culmen cuando yo ya era un adulto, y él comenzó entonces a verme de manera
distinta al díscolo hijo menor que se empeñaba en contradecirlo, porque en el
fondo no se parecía a él.
Pero el tiempo pasa y es
cuando uno comienza a ver la realidad con otros ojos. Ahora que me aproximo a
la temprana edad que mi padre tenía cuando se fue de este mundo, mi mirada
introspectiva luce deslastrada de rencores y de críticas, y me acerco a su
figura con otros lentes: los de la comprensión y la nostalgia. A la luz de mi
madurez de hoy siento que él tenía razón en muchas de las cuestiones que en
aquel entonces me desarticulaban y sacaban de las casillas, pero que no podía
entender, porque no estaba preparado para ello en la dura y auspiciosa escuela
de la vida.
En el 2020, en plena
pandemia, terminé de corregir un libro que me costó demasiado trabajo escribir,
que titulé Pronto llega octubre. Memorias, que publicó en hermosa edición
JustFiction! Edition ese mismo año. Sí, me costó mucho escribirlo. Había
comenzado a redactarlo años atrás, y cada vez que me acercaba a sus páginas
terminaba cambiando todo y reescribiéndolo, en un afán por precisar sin ruidos
lo que había sido mi vida.
No hay nada más complejo en
este mundo que escribir un libro autobiográfico y de memorias (y tiene su
lógica, por las reticencias propias de quien se muestra sin ropajes ante la
gente). Y lo digo yo que no soy principiante en las artes de la escritura, y
que tengo sobre mis hombros una extensa obra literaria. La dificultad que hallé
estaba en el tono que no lograba articular, y con el que estuviera identificado
y me hiciera sentir en plena libertad de expresar lo que llevaba dentro.
Primero ensayé con la tercera persona del singular (tratando de buscar
distancia), y terminé por fastidiarme y aburrirme al sentir que todo resultaba
impostado, como aquellos sonetos que tienes que ponerles una camisa de fuerza
para que rimen, y terminan perdiendo su encanto y la poesía misma.
Poco a poco fui depurando el
libro (no tan extenso: 230 páginas). Y como el oficio me ha enseñado, lo dejaba
enfriar y regresaba a él para encontrarme con la penosa sensación de estar
errado en la perspectiva. Un ruido gigantesco se atravesaba en mi camino y
terminaba por rehacer de nuevo lo escrito. En ese proceder transcurrieron unos
tres o cuatro años, hasta que me pregunté a mí mismo, ¿qué era lo que pasaba?,
y la respuesta no tardó en llegar: no es fácil desnudarse frente a los lectores
y temía mostrarme, caer en el vacío.
Cuando lo entendí, y tomé la
decisión de lanzarme sin frenos ni atavismos, todo comenzó a fluir. Como por
arte de magia se desvanecieron las brumas, y con la excusa de la pandemia y de
su larga encerrona, logré por fin ponerle punto final a un libro que me parecía
imposible terminar. No obstante, a pesar de lo alcanzado, algo flotaba en las
páginas y no daba con ello. Dejé enfriar el texto por enésima vez y con la
claridad de una versión definitiva, capté lo que había pasado: mi padre
regresaba del pasado y me interpelaba con cariño.
Sin proponérmelo, mi padre
era el gran protagonista de la obra. No hallé un solo capítulo en el que él no
apareciera jugando un papel importante y articulando hechos. No podía creerlo,
pero allí estaba, patentizado en la obra, traído de nuevo a la vida y esta vez
para saldar nuestras cuentas pendientes. Su figura en cada página me mostraba,
no ya al hombre de carácter atrabiliario que marcó con fiereza mi niñez, sino
al hombre generoso, capaz de dar a los demás lo que tenía y lo que no tenía, el
hombre desprendido que disfrutaba haciendo el bien, aunque en casa sacara sus
peores humores.
Comprendí entonces su manera
de ser, el porqué de sus drásticas decisiones, y le agradecí por hechos que en
mi juventud me parecieron que me dañaban, pero que a la postre fueron por mi
bien. Mis memorias se convirtieron así en una carta de despedida, en un cierre
de ciclos, en un mágico reencuentro en el que la palabra reconciliación no está
presente, pero no hacía falta, porque es el eje central de un libro que escribí
de memoria, sí, pero con adrenalina y sobresalto, con la certeza de avistar
nuevos horizontes, así como cerrar hiatos presentes desde mi lejana niñez, y
que no había podido conjurar por el temor a destapar la botella y dejar así
escapar los demonios que nos atenazan a todos.
El niño que llevo dentro
renació en mis páginas, así como también el adolescente tímido que se
ruborizaba con facilidad, y el adulto que se abrió camino sin tirar codazos a
nadie, pero eso sí: ayudando a los otros sin mezquindad alguna. El hombre de
hoy cuya juventud quedó muy atrás, pero que se reconoce y se palpa en cada
palabra puesta con suma dificultad en la obra, y que lo relativiza, lo
contextualiza y lo lleva en volandas a otear otros caminos. El hijo que se ve
en el espejo de su padre, al que ya se parece en lo físico, aunque los
distancien estilos y atavismos, humores y sobresaltos. El hombre que en definitiva
voy siendo, en medio de alegrías y tristezas, de aciertos y de enormes errores,
pero sin perder las esperanzas por un nuevo renacer del país y del mundo, que
hoy se caen a pedazos atenazados por lo más atrabiliario y oscuro del corazón y
del espíritu humano.
*Escritor y académico venezolano
rigilo99@gmail.com
Por Gabriel Jiménez Emán
EL CÓNSUL
El cónsul viene cada mañana
a desayunar. Ordena algo pero no logra comer; prefiere mirar una nube cruzando
el lago, allá lejos, o hacia un árbol cercano con pájaros, que a veces logran
sacarle alguna sonrisa por un solo lado de la cara. Con esa primera sonrisa
comienza el rito: tiene a la mano un cuaderno y un lápiz, y muy pronto las
líneas aparecen en la página, corregidas luego sin descanso.
El cónsul tiene una mirada
clara. Con sus ojos azules parece que desviara el curso de la mañana. Nosotros
le vemos desde aquí, desde la barra del Café y no podemos interrumpirle ni
siquiera si le hablamos. El nos mira y sonríe brevemente, y no dice nunca casi
nada, excepto algunas frases aisladas como “un poco más de agua”, u “otra caja
de cigarrillos”. Mira el reloj con intervalos de treinta minutos –eso cuando
permanece dos horas a la mesa- aunque casi nunca se está menos de media hora
sentado, cavilando, haciendo notas, tomando algún refresco o infusión. Le gusta
mucho el café, pero ha dejado de ingerirlo hace tiempo porque aumenta su
insomnio, según nos confesó alguna vez.
En ocasiones algunos jóvenes
se acercan a la mesa a saludarlo y él los atiende, aunque no los invita a
sentarse. Les fija día y hora de la cita y luego los precisa en su agenda, que
siempre coloca bajo el cuaderno de notas.
Eso lo digo como si lo
estuviese viendo ahora mismo, pero ocurrió hace mucho tiempo. Recuerdo bien que
le llegaba una sorpresa al rostro cada vez que estos jóvenes se le acercaban,
llamándole profesor o poeta.
Abandonaba la mesa a las
nueve o diez de la mañana, y durante el día no regresaba. En los años que tengo
regentando este café a las orillas del lago aquí en Ginebra, nunca he visto en
Suiza una persona más atildada. Aquí impartía clases de español a los
estudiantes, sin cobrar nada. Ejerció sus funciones de Cónsul sin permitir que
ningún detalle en su quehacer diplomático se descuidara, según supe por las
palabras de un compañero suyo de trabajo. Me narró este amigo que el Cónsul era
infeliz por las noches. Dormía solo en una habitación de hotel. Dormir no es el
verbo exacto: más bien pasaba la noche, pues es sabido que el Cónsul no
descansaba, sino que se vigilaba a si mismo; no soñaba, pero sí sufría de
pesadillas; no se entregaba al benéfico abrazo de Morfeo ni viajaba con
liviandad por el laberinto de Oneiros. El apenas lograba captar las voces
dulces de las sirenas muy de vez en cuando, al salir estas de las historias
mitológicas de los libros hacia la habitación, buscando acaricias las horas de
su noche.
Mi hija Belinda se enamoró
de él. Tenía apenas dieciséis años, y sufría. Pero el amor de él estaba volcado
a una prima suya, que nunca le correspondió. Una vez Belinda, muy diligente, le
preguntó al Cónsul qué platos y qué sazones le gustaban especialmente. El
estuvo un poco atónito durante un rato, sin poder responder nada, y finalmente
le dijo: “Una ensalada verde muy mezclada con artificios dulces y salados, frutas,
aceitunas y queso de cabra, rociada de fragante limón y aceite de oliva”.
Aquellas palabras fueron
suficientes para que mi hija hiciera una ensalada magnífica, cuya preparación y
sabor sobrepasan todo lo imaginable. Eso fue lo que degustó el Cónsul un buen
día, y aquella delicia fue suficiente para que él dejara caer unas lágrimas
sobre el plato.
Sus ojos agradecidos miraron
a Belinda desde el fondo de una música que casi hizo desfallecer a mi hija. Un
día por fin él se atrevió a invitarla a salir, le compró flores y le regaló un
libro de poemas clásicos.
A mí me costaba comprender
que un hombre así hubiese nacido en un país de América llamado Venezuela, del
cual nunca obtuve muchos comentarios. Me gustaba el sonido del nombre y también
el de la ciudad donde había nacido el Cónsul, Cumaná. Cada vez que este hombre
los pronunciaba, una franja de colores translúcidos atravesaba su rostro y su
voz cobraba una hermosa cadencia. En una ocasión –la única en que le ví alegre
de verdad- estaba hablando como hablaban los cumaneses y aquello fue una
especie de fiesta para nosotros, oír los sonidos armonizados en una lengua de
un país tan lejano.
No sabíamos español, pero él
traducía sus poemas al francés y luego al alemán, para ilustrar la sonoridad de
cada idioma.
Tiempo después supe que se
encontraba con algunos amigos por los mercados y plazas, y que en las noches
compartía mesas en las tabernas. Pero no era un bebedor; envidiaba a los
bebedores, quienes le aconsejaban el alcohol para dormir. Pero él sentía horror
de las alucinaciones etílicas; les temía a éstas mucho más que a las
pesadillas.
Belinda perdió a su héroe
predilecto. Yo perdí a mi cliente matutino, pero gané para los hijos de mi hija
–que ahora corretean alegremente por el café- la historia de un poeta que
sufría de males y extrañamientos del trópico.
Descanse en paz allá, en su
tierra solar.
(En homenaje a José Antonio
Ramos Sucre)
*Gabriel Jímenez Emán, es escritor, narrador, poeta, ensayista, compilador y traductor venezolano, destacando más en el ámbito de la narrativa y la poética, la cual ha sido traducida a varios idiomas y recogida en antologías latinoamericanas y europeas.
Madrid.- 21 de noviembre de 2025
Sabores,
historias y cine: un fin de semana para disfrutar en Eñe
Este fin de semana, Eñe celebra el placer en
todas sus formas, con la gastronomía y el cine como protagonistas. Madrid y
Pinto se convierten en escenarios donde el sabor, la memoria y la narrativa se
entrelazan para ofrecer experiencias que se disfrutan tanto con el paladar como
con la mirada.
El viaje continúa en Pinto,
donde el fin de semana gira en torno al chocolate como relato y símbolo: su
dulzura, su historia y esa mezcla entre lo luminoso y lo oscuro que lo
convierte en un ingrediente lleno de significados.
El domingo se suma el cine
como un nuevo territorio del placer: en los Cines Embajadores se proyectará El
crimen del padre Amaro, dentro del ciclo dedicado al cine portugués, una
ocasión para disfrutar en pantalla grande de uno de los títulos más
emblemáticos surgidos de la literatura lusa. Además, el cine portugués volverá
a esta sala la próxima semana con la proyección de La metamorfosis de los
pájaros. Ambas proyecciones llegan a Eñe gracias al impulso del ICA – Instituto
do Cinema e do Audiovisual.
Un
homenaje a Walt Whitman en el Teatro de la Abadía
En la tarde del domingo, el
Teatro de La Abadía reunirá a Hugo Mujica, María Gómez Lara, Manuel Vilas,
María José Bruña y Ginés García Millán en una evocación colectiva del espíritu
de Walt Whitman, celebrando “el placer de la euforia” desde la palabra, la
poesía y la escena.
Y la próxima semana...
La próxima semana el
festival seguirá desplegando una agenda muy rica, con encuentros que cruzan
música, literatura y pensamiento. Carlos Ares y Virginia Díaz llevarán su
mirada musical a FNAC Callao; Héctor Abad Faciolince regresará con varias
conversaciones en la ciudad; y en Serrería Belga se reunirán Rodrigo Leão y
Santiago Hernández Junto a ellos pasarán por el festival, entre otros, Aleksandra Lun, Margaryta Yakovenko, Ana
María Shua, Victoria Gabaldón y Catarina Vasconcelos, dibujando una semana que
mantiene el placer como hilo conductor.
Ver Programa
Madrid.- 20 de noviembre de 2025
Santa Cruz de Tenerife
Diálogos
en La Granja
Conversaciones
literarias con José Ramón Sampayo
En 1986 publicó un curioso y
documentado ensayo, Rasgos erasmistas de La locura del Licenciado Vidriera, en
la editorial alemana Reichenberger de Kassel.
En 2007 se establece en
Tenerife, para trabajar como profesor en el IES Tegueste. Recupera su
investigación sobre lo real maravilloso de Alejo Carpentier, dándole formato de
tesis doctoral. En una de sus visitas a León escribe su primera novela de viaje, Cuaderno feriado.
Fue director del Libro Fórum
en el TEA de Santa Cruz de Tenerife entre 2009 y 2010.
Se jubila y pone en marcha
una nueva etapa del Libro Fórum Canario en Tegueste, con el apoyo de la
Alcaldía y del Área de Cultura. Participa como Profesor/Coordinador en el
Taller literario La Escritura Desatada de Tejina desde 2014. Colabora con un
relato creativo propio, “Ida y Vuelta”, en el libro narrativo creado por el
Taller en el curso 2016/17, titulado La soledad acompañada, publicado en 2017
por M.A.R. Editor, Madrid.
Será
entrevistado por el escritor, ensayista, promotor cultural y crítico literario
Antonio López Ortega.
Invitamos
a todos, a esta conferencia literario-cultural, que nos trae Diálogos en La Granja. La entrada es libre,
hasta completar aforo.
Madrid.- 15 de noviembre
Hasta
el 16 de noviembre, en Casa del Lector (Matadero Madrid)
La exposición ‘Legendaria II’ y la III Feria del Libro de Géneros Especulativos arrancan el fin de semana del festival Sui Generis Madrid
Una decimoséptima edición
consagrada a la memoria, la imaginación y la disidencia que cuenta con un
centenar de autores entre los que se encuentran los internacionales Fonda Lee
(EE UU), Gabino Iglesias (Puerto Rico), Luciano Lamberti (Argentina), María
Fernanda Ampuero (Ecuador), Aliette de Bodard (Francia) y Ramiro Sanchiz (Uruguay).
La programación de fin de
semana de la XVII edición del festival internacional de géneros especulativos
Sui Generis Madrid, dirigido por Marjorie Eljach, se desarrollará durante tres
jornadas con el lema de “Futuros rotos, pasados vivos”. Se explorarán nuevos
temas como la raza y la diáspora, la dictadura y la represión, el sincretismo
religioso o el colonialismo y la migración.
Desde el viernes 14 de
noviembre, se celebra la III Feria del Libro de Géneros Especulativos con la
participación de editoriales como Albo & Zarco, Apache Libros, Applehead,
Caja Negra, Cicely, Cuadernos del Laberinto, Trama, FCE, Hermenaute,
Impedimenta, Insólita, La Biblioteca de Carfax, La Biblioteca del Laberinto, La
Máquina que hace ping!, Libros de las Malas Compañías, Pez de Plata, Runas, SM,
Edebé y Edelvives. También se podrá visitarse la exposición Legendaria II en la
Nube de Casa del Lector. Se continúa explorando el rico catálogo de mitos y
criaturas fantásticas de España en una nueva entrega de la muestra, tras el
éxito de la primera edición de Legendaria (2022-23) que superó 25.000 visitas
en cinco meses en Casa del Lector y se extendió posteriormente por las
bibliotecas de la Comunidad de Madrid (2023-24).
Entre los hitos destacados
del programa, se concederá el Premio Sheridan Le Fanu 2025, en la categoría de
creación, a los escritores P. Djèlí Clark y Rubén Sánchez Trigos, y en la de
divulgación al proyecto La Nave Invisible. La entrega tendrá lugar el sábado 15
de noviembre, a las 19 h, en el Auditorio FGSR, frente a Casa del Lector
(Matadero).
Se dará clausura el domingo
con la mesa redonda Rascacielos, autopistas y catástrofes: la vida según J.G.
Ballard con los expertos Beatriz García Guirado, Andreu Navarra, Alberto
Santamaría y Mario Ramos Vera, moderados por el periodista Sergio Fanjul.
Toda la programación del
festival, información sobre venta de entradas y eventos gratuitos en
https://www.suigenerismadrid.com/
Madrid
ebetania
Roberto
Ferrer, in memoriam
En este mes de noviembre ha
fallecido el poeta cubano Roberto Ferrer (La Habana, 1951 – Miami, 2025)
dejando tras de sí una obra poética y ensayística que merece no ser olvidada.
En Cuba estudió Agronomía e
Historia en la Universidad de La Habana, donde se licenció en Filología en la
especialidad de Literatura Cubana. Trabajó por más de veinte años en la
Editorial de Ciencias Sociales, donde realizó, entre otras, las funciones de
editor y Jefe de Redacción. Formó parte del equipo de redacción de La Revista
del Libro Cubano.
Ya en el exilio, publicó los
poemarios Numeritos (2007) y Palabras (2009). Poemas escritos en Cuba y que
fueron salvados del naufragio. Persiguiendo el instante raro de la poesía o
tocado por ella, estos poemas se fueron conformando en estos dos volúmenes de
versos hasta su edición, después de que los tenía confinados –durante
años- en una gaveta en su patria. Pero
sus circunstancias y su vida cambiaron y pudo publicar en el destierro con
absoluta libertad.
En 2014, publicó su libro de ensayo Estudios
Literarios (Enrique Serpa, Carlos Felipe, José R. Brenes, Antonio Machado, René
López, Francisco de Arango y Parreño, César Vallejo, J. D. Salinger y Lino
Novás Calvo) reflexiones en torno a la poesía, el teatro y la narrativa. En
estas páginas desfilan autores y obras entrañables para el autor.
Roberto Ferrer nos dejó escrito uno de los poemas más desgarradores de estas seis décadas de tragedia cubana. Como un homenaje al poeta, ofrecemos este poema a nuestros lectores:
NI POR PIEDAD
Murió ciego y solo en su
exilio.
Dicen que por su propia
mano.
En el vecindario casi todos
conocen la historia
menos su madre
que a ratos
-de año en año-
húmedos los ojos
nos dice:
No llega ni una carta de
Manolito
ni por piedad
escribe.
¡Descansa en paz, Poeta!
Madrid.- 15 de noviembre de
2025
De la editorial Maeva
En las librerías El cine ambulante de Mr. Saito, de
Annete Bjergfeldt
Maeva selecciona cada año
una novela que pone el colofón al calendario editorial. Es EL LIBRO DEL AÑO DE
MAEVA, que destaca por su calidad y el éxito internacional que le precede.
El cine ambulante de Mr. Saito de la escritora, compositora y cantante danesa Annette Bjergfeldt se alza en 2025 como la elegida y tiene los elementos para convertirse en gran favorita de los lectores españoles.
Una novela con la que
conmemorar el 40º aniversario de la editorial, y que ya es un éxito
internacional en más de veinte países.
La historia trae un nuevo
realismo mágico a nuestras vidas lectoras a través de la voz imaginativa de una
niña, Lita, que trata de entender el mundo de los adultos, a veces con toda su
dureza.
Llena de reflexiones filosóficas e
inspiradoras, describe un recorrido de madurez personal, en el que un cine
ambulante y su misterioso dueño marcan los destinos.
Las localizaciones en Buenos
Aires y Canadá son el punto de partida para el desarrollo de extraordinarias
atmósferas de ficción que serán, a la vez, intimistas y acogedoras.
La seducción del tango, el
amor al cine que rompe fronteras y te abre al mundo, el encanto de lo cotidiano
en comunidades pequeñas, la importancia del hogar para ser feliz, el valor de
los sueños, la fuerza de la amistad entre mujeres, y el amor por la aventura y
los destinos inesperados, con un toque de romance y otro de leyenda, son
algunos de los temas.
Las protagonistas son
mujeres excepcionales, inolvidables y asombrosamente libres.
Se trata de un cuento de fin
de año que invita a disfrutar del placer de la lectura y a la relectura en
calma. Pensado para los que echan de menos escuchar relatos en voz baja.
Santa Cruz de Tenerife
Alfonso
García Ramos, propuesto como figura para protagonizar el Día de las Letras
Canarias en 2026
La propuesta, formulada por
una comisión de expertos, será elevada al Consejo de Gobierno para su
aprobación
La comisión ha estado
conformada por José Ramos Arteaga, Alicia Llarena González, Beatriz Morales
Fernández, Katya Vázquez Schröder, Humberto Hernández Hernández, María Isabel
García Bolta, Marcos Martín Hormiga, Eduardo García Rojas y Lázaro Santana Nuez.
Día de las Letras Canarias
Desde 2006, el Gobierno
autónomo rinde homenaje cada año, a través del Día de las Letras Canarias, a
una figura destacada de la literatura del Archipiélago. Durante doce meses, se
le dedica un amplio programa de actividades que ayuda a difundir su obra y
poner en valor su legado.
La agenda arranca cada 21 de
febrero con el acto institucional que recuerda la fecha del fallecimiento de
José de Viera y Clavijo, en 1813. En ediciones recientes, han sido
protagonistas de esta celebración autores de gran relevancia como Ángel Guerra,
Alonso Quesada y, en 2026, Alfonso García Ramos.
Impulsor del periodismo
contemporáneo en Canarias
Alfonso García Ramos fue un
escritor, periodista y crítico literario tinerfeño, considerado una de las
voces más significativas de la narrativa canaria de la segunda mitad del siglo
XX. Nació en Garachico (Tenerife) en 1930, y desde muy joven mostró una
profunda sensibilidad hacia la realidad social y cultural de las Islas
Canarias, un interés que marcaría toda su obra.
Tras estudiar Filosofía y
Letras en la Universidad de La Laguna y más tarde en Madrid, desarrolló una
destacada carrera periodística. Fue director de la revista Gaceta de Arte y
colaborador habitual en medios como La Tarde, El Día y La Gaceta del Norte,
donde destacó por su rigor intelectual y su mirada crítica, siempre atenta a
los problemas de la identidad canaria y al papel del arte en la sociedad
contemporánea.
‘Guad’
En el ámbito literario,
García Ramos alcanzó reconocimiento con su novela ‘Guad’ (1971), considerada
una de las cumbres de la narrativa canaria moderna. En ella, aborda temas como
la insularidad, el conflicto entre tradición y progreso, y la búsqueda de
sentido en un mundo en transformación, todo con un estilo sobrio, poético y
profundamente reflexivo. Su obra se caracteriza por una prosa cuidada, de tono
existencial y humanista, y por su capacidad para captar las tensiones entre lo
local y lo universal.
Además de su faceta
literaria, fue un intelectual comprometido con la cultura de su tierra:
participó activamente en la vida cultural de Tenerife, impulsó proyectos
editoriales y contribuyó al debate sobre la modernidad en Canarias durante el
tardofranquismo y la transición democrática.
Murió prematuramente en
1980, dejando una obra breve pero influyente, y un ejemplo de integridad
intelectual que lo convirtió en referencia para las generaciones posteriores de
escritores canarios.
Madrid.- 12 de noviembre de 2025
Por Gaston Segura
Una atenta cortesía
El viejo adagio de
«rectificar es de sabios», en la actualidad, cuenta con escaso crédito, porque
ese gesto, corregirse, desprende un vago tufo a derrota; o eso, al menos, le
enseñaba Roy Cohn —su maestro en argucias— a Donald Trump; es más, le
aconsejaba que, ante cualquier metedura de pata, hiciese lo inverso a cuanto la
caballerosidad impone: en lugar de pedir disculpas, arremeter con toda
vehemencia contra el menor asomo de suspicacia. Y según parece no es un
proceder que haya usado solo y con la mayor desenvoltura el actual presidente
de los EEUU, sino que también los nuestros han gastado tal actitud pero bajo
una colorida variedad de tonalidades, que va desde la meliflua ambigüedad del
«salvo alguna cosa» de Rajoy hasta la chulesca desfachatez del actual habitante
de La Moncloa, muy a pesar de que sepamos todos —incluido ellos— lo torpe que
resulta eso de «sostenella y no enmendalla».
A allá cada cuál con su
proceder, pero por mera consideración a ustedes, que me conceden unos minutos
de sus vidas leyendo este par de páginas, debo rectificar y, en este caso, lo
más rápidamente posible. En mi anterior entrega, titulada «Entre el
hombre-masa», afirmaba que don José Ortega y Gasset murió hace setenta y cinco
años; no es cierto, fue hace setenta; en concreto, el 18 de octubre de 1955.
Dos buenos amigos —uno de ellos hasta me comentaba en su advertencia que había
asistido al entierro– me lo comunicaron de la forma más discreta, apenas
leyeron mi estrepitoso resbalón. De inmediato, me invadió el bochorno y me
propuse redactar estas líneas; no solo eso, ya puesto a pedirles disculpas, les
confesaré también que otro muy buen amigo, hace unos meses, me indicó que el
bosque caminante de Macbeth (1606) no es el de Birman —como también había
escrito en el artículo titulado «A la luz de Shakespeare», publicado aquí, el
pasado 8 de junio—, sino el de Birnam. Quizá se les antoje un leve error, y
como el anterior, debido a mi apresurada lectura...Qué más da; lo importante —o
al menos para servidor— es, contra los usos del momento, reconocerlo cuanto
antes; desde luego, con el secreto afán de obtener su indulgencia.
Pero si estas enmiendas mías
quedan entre nosotros, la de Bill Gates, por el contrario, ha desconcertado al
mundo entero. En efecto; el poderosísimo autor de Cómo evitar un desastre
climático (2021), se inclina ahora —según un comunicado divulgado el pasado 28
de octubre— por investigar otras formas de producir «energía limpia» menos
costosas y por reducir el alarmismo; es más, afirma que «la perspectiva
catastrofista hace que gran parte de la comunidad climática se concentre
demasiado en los objetivos de emisiones a corto plazo [desviando] recursos de
las cosas más eficaces que deberíamos estar haciendo». Y como remate añade: «la
temperatura no es la mejor forma de medir nuestro progreso sobre el clima»; en
fin, una tajante censura al vaticinio apocalíptico del «cambio climático», que
Gates ha corroborado con su ausencia de la COP30 de este año, donde había
figurado siempre como imprescindible.
Y, al margen de sus nuevos
intereses económicos, ¿no sucederá queel señor Gates acumula sobre su mesa
demasiadas pruebas no solo sobre los estropicios producidos por la doctrina del
cambio climático, como de que, en tal fenómeno, no intervienen tan
decisivamente los llamados gases de efecto invernadero producidos por la
industrialización, sino otros colosales factores —las leves variaciones del eje
del planeta, las tormentas solares, las erupciones volcánicas…— ajenos a la
acción humana? Válganos como ejemplo que en época de Carlos III, Las Alpujarras
permanecían, como mínimo, aisladas tres meses por la nieve, o que en la
antigüedad, Mileto se alzaba sobre tres puertos y desde hace algunos siglos se
halla a varios kilómetros de la costa; asombrosas alteraciones térmicas y
geográficas donde no pudo intervenir la reciente contaminación industrial.
Con esto no pretendo que
desistamos de nuestro empeño por conseguir procesos productivos exentos de
polución, ni que nos abstengamos de incorporar disciplinados hábitos cotidianos
contribuyentes a la preservación del medio; al contrario, debe ser una causa
común de la humanidad, pero con el exacto ritmo marcado por la ciencia y sus
eficaces aplicaciones técnicas, y en absoluto bajo el cerril trágala impuesto
por un dogmatismo. Pues basta sopesar como implantaron desde los poderes un
puñado de lemas más que conceptos —sostenibilidad, resiliencia, transición
energética…—, por supuesto, tan vacuos como sojuzgadores, para percibir de
inmediato como la preocupación por la conservación del planeta había devenido
en un avasallador dogmatismo, ante el que no cabía sino doblar la cerviz so
pena de ser acusado de negacionista. Y si sofocaron cualquier crítica, no
pudieron con sus desastrosos resultados: graves daños a sectores industriales o
la reciente y vergonzosa vuelta de Europa al consumo a todo meter de
«combustibles fósiles», porque las fuentes renovables, por sus impredecibles
alteraciones, no satisfacen la demanda energética. En cuanto a España; las
avenidas intempestivas de aguas, o aquella interrupción general del flujo
eléctrico, o los últimos y devastadores incendios constatan suficientemente sus
mortíferos efectos.
No obstante; supongo que
tras la rectificación de Gates, sumada a esos notorios fracasos donde sobresale
señero el coche eléctrico, sosegará este furor climático hacia una vía más
efectiva y práctica para la conservación del planeta. En cuanto a mi
rectificación, al lado de la suya, se reduce a una atenta cortesía; hábito
imprescindible ahora que los tiempos arrecian en su contra.
Artículo publicado por el "Imparcial" el lunes 10 de noviembre de 2025
*Gastón Segura, es
licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en
1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la
literatura.
Por Ricardo Gil Otaiza

Una autora enorme
Esta obra podría ser
definida además como un libro de crónicas y, desde esta perspectiva, se pierde
en los meandros de historias acaecidas, muchas veces (posiblemente) cotejables
con la realidad, contadas desde la perspectiva propia de una autora
Todo un descubrimiento en mi
carrera literaria ha sido la lectura de Los íntimos (Memoria del pan y las
rosas), Anagrama 2024, de la autora española Marta Sanz. Hallo así a una
escritora singular: precisa, contundente, conocedora de la naturaleza humana,
desinhibida y a veces lenguaraz (y procaz), que nos lleva con fuerza por los
territorios de la memoria literaria y libresca. En poco más de quinientas
páginas, se pasea Sanz por diversos períodos de su historia literaria, que son
al mismo tiempo los de la literatura hispanoamericana, que ella conoce en
detalle por ser testigo (a veces protagonista en primera fila) del ir y venir
de toda una generación de autores, que han marcado huella en las letras en
ambas orillas.
Resulta difícil definir el
género de la obra. De entrada, y como el subtítulo lo enuncia, es memorialístico,
y desde lo más profundo del ser sanzgesiano, brotan en estas páginas un sinfín
de recuerdos, anécdotas, experiencias (buenas y malas), éxitos y fracasos, así
como todos aquellos sueños que ha acariciado, y la impulsan a seguir por el
nada fácil derrotero de las letras. Hay también una denodada ensayística en
estas páginas, y desde este género dilucida con agudeza e incisión las etapas
vividas, los sinsabores hallados en el camino, la complejidad de un arte que no
da tregua a la dinámica existencial, y la empuja por disímiles encrucijadas
hasta hacer de sus protagonistas sujetos (y también objetos) de inusitados
destinos.
Hallo además diarismo en
este libro, lo que le permite relatar el día a día de episodios vividos en Cali
(Colombia), cuando visitaba a aquel país en su permanente deambular planetario
(a pesar de afirmar que no le gusta viajar); en su constante ir y venir por los
caminos de la vida (que dicho sea de paso acercan la obra a los linderos del
libro de viajes). Hay, qué duda cabe, narrativa, y con ella busca equilibrar
los altibajos propios de una lectura que, muchas veces, se torna cuesta arriba
(diría que sobran unas cien páginas en este libro), pero que no resta brillo a
una obra que se abre ante el lector como un panóptico pluridimensional,
fríamente hilado, tejido desde una astucia y un brillo que pocas veces
observamos en la literatura contemporánea: sujeta, qué más da, a los dictámenes
de una industria que pide “gancho” a más no poder, y que no siempre piensa en
el hecho literario como una suerte de valor intangible (intelectual y
espiritual), sino que se pierde en lo crematístico y en los senderos de lo
meramente bursátil.
Esta obra podría ser
definida además como un libro de crónicas y, desde esta perspectiva, se pierde
en los meandros de historias acaecidas, muchas veces (posiblemente) cotejables
con la realidad, contadas desde la perspectiva propia de una autora, que no
requiere de ir a las fuentes para verificar los recuerdos y así poder contar
con “propiedad” su verdad. Por cierto, no hay linealidad en estas páginas, Sanz
brinca de aquí a allá y, desde su admirable destreza de narradora, logra
hilvanar, conjuntar y aglutinar la lluvia de hechos que se pierde en el tiempo
y en el espacio, y que el lector no se extravíe en sus densos entramados.
En cuanto al estilo de la
autora, su prosa es honesta, directa y de enorme fuerza léxica, echa mano de
oraciones cortas y contundentes, lo que le insufla rapidez y ritmo a lo
contado. Se nota en falta el uso de las metáforas y de otras figuras retóricas
(y en realidad no las necesita, al contar sus propios recuerdos y debido a las
características y al conocimiento que tenemos los lectores de muchos de sus
personajes, que son figuras públicas por todos admiradas), habla desde la
primera persona del singular, lo que nos lleva a establecer con ella una suerte
de intimidad, que la hace cercana, afable, horizontal y familiar. Hay énfasis
en mucho de lo que cuenta, y esto mantiene en vilo al lector, quien a pesar de
la extensión del libro (excesiva, ya lo expresé), avanza sin mayores tropiezos.
La personalidad de Marta Sanz, seduce, encanta, nos lleva a sentirnos empáticos
frente a las circunstancias vividas, al echar mano del autorreproche y la
flagelación, que la llevan a reconocer sin más su finitud y sus propios
límites, y ello la humaniza ante los ojos del lector, la hace reconocible e
“igual”, y todo esto se agradece y valora.
Desfilan en estas páginas
decenas de escritores y personajes de la cultura española y de América Latina,
la mayoría de ellos conocidos e identificables para el común de los lectores, y
esta precisa circunstancia hace de este libro una suerte de vitrina, en la que
se transparenta un mundo reconocido y reconocible, entrañable y afable, que
busca poner sobre la mesa toda una época de esplendor. La memoria de Sanz trae
consigo a figuras como Javier Marías, Javier Cercas, Manuel Vilas, Sara Mesa,
Almudena Grandes, Mario Vargas Llosa, Isaac Rosa, Jorge Herralde, Gabriel
García Márquez, Héctor Abad Faciolince, Arturo Pérez Reverte, Juan Benet, y
Rosa Régas, entre otros. Asimismo, entre idas y vueltas, nos cuenta acerca de
la hechura de su obra, de los trasiegos en su conquista, de la huella que cada
uno de estos libros ha dejado en su piel y en su espíritu: Black, black, black,
Clavícula, Daniela Astor y la caja negra, La lección de anatomía, Farándula
(Premio Herralde de Novela), Pequeñas mujeres rojas, y Persianas metálicas
bajan de golpe (entre otros), se entretejen acá en una sutil red de afectos y
de logros, de la que los lectores nos regocijamos y también nos hacemos
cómplices, hasta caer rendidos y ganados frente a su atrevida propuesta
literaria.
*Escritor y académico venezolano
rigilo99@gmail.com
Por Gabriel Jiménez Emán
HISTORIAS
24 de agosto
Dizque hoy cumple años Borges,
dicen por ahi, bueno pues, entonces refresco su memoria con este
pequeño homenaje dónde recopilo textos suyos que el ha titulado
HISTORIAS
Índice
Prólogo. Algunas célebres
historias de Borges, por Gabriel Jiménez Emán,
De Historia universal de la
infamia
Un teólogo en la muerte,
La cámara de las estatuas,
Historia de los dos que
soñaron,
El brujo postergado,
El espejo de tinta,
Un doble de Mahoma,
El enemigo generoso,
Del rigor en la ciencia,
El impostor inverosímil Tom
Castro,
El asesino desinteresado
Bill Harrigan,
Historia de la eternidad,
Historias de jinetes,
Historia del tango,
Historia del guerrero y de
la cautiva,
Historia de los ecos de un
nombre,
Historia de Rosendo Juárez,
Historia de la noche,
Dossier. Dos textos sobre el
arte de narrar,
El arte de contar historias,
El arte narrativo y la
magia,
Prólogo (Fragmento)
ALGUNAS CÉLEBRES HISTORIAS
DE BORGES
Existen interesantes
peculiaridades en los dos libros que Jorge Luis Borges escribió, titulándolos
con el común nombre de "Historia", y quizá no es casual que éstos se
encuentren publicados sucesivamente. El primero, Historia universal de la
infamia, en 1935, y al año siguiente Historia de la eternidad, en 1936, creo
que con una clara intención de crear contrastes entre ellas. La primera de
éstas peculiaridades reside en que, aún llamándose ambas "Historias",
no poseen entre ellas similitudes temáticas: las historias a que eluden los
textos, en Historia universal de la infamia, son ficciones, mientras que en
Historia de la eternidad se trata de un solo ensayo que da título al libro,
donde se revela una voluntad de historiar, cronológicamente, el concepto de
eternidad en la tradición filosófica occidental. Los demás trabajos del libro
son independientes, y poco tienen que ver con el ensayo principal. La tendencia
de Borges a titular muchos libros suyos con el nombre de un solo cuento se
produjo ante todo luego de la publicación de éste último; así, tenemos a El
aleph, El libro de arena, El informe de Brodie y El hacedor, entre otros.
También, en muchos de sus
libros de poesía observamos esta inclinación, aunque todo esto no pase de ser
una observación puramente formal o secundaria.
Quizá lo resaltante en Historia universal de
la infamia es su unidad de estructura narrativa, rasgo no muy visible en la
mayoría de los libros de Borges, caracterizados por reunir trabajos
heterogéneos (cuentos, ensayos y poemas), que pueden tomar sus nombres
aleatoriamente de alguno de ellos. En el Prólogo a la primera edición (1945),
Borges fija que ha escrito los textos que lo componen entre 1933 y 1934,
desarrollando luego su peculiar entonación para los prefacios, donde cita
lecturas, admite influencias, torpezas y enumera características, casi siempre
en tono autocrítico. Resonancias de Chesterton, Stevenson, y aún de las
películas de Joseph Von Sternberg son citadas, ampliado este tinte
cinematográfico a su célebre cuento Hombre de la esquina rosada, en el que
acusa un "propósito visual". Se halla en este brevísimo prólogo la
conocida frase suya: "A veces creo
que los buenos lectores son
cisnes aún más tenebrosos y singulares que los buenos autores".
Casi veinte años después,
Borges llama a estas páginas "el irresponsable juego de un tímido que no
se animó a escribir cuentos, y que se distrajo en falsear y tergiversar (sin
justificación estética) ajenas historias", haciendo de paso un duro
alegato contra el estilo barroco, lo cual hace notar en el título del volumen.
Dice nada menos que "el barroco es aquel estilo que deliberadamente agota
sus posibilidades y que linda con su propia caricatura". De no ser por el
adverbio "deliberadamente", el barroco sería para Borges algo poco
menos que execrable, además de constituir esa "etapa final de todo arte,
cuando éste exhibe y dilapida sus medios", es decir, un estilo puramente
intelectual. De todo ello se disculpa Borges, especialmente de "la infamia
que aturde en el título", de su apariencia y de su "superficie de
imágenes".
Sirva todo ello para afirmar que los excesos
de este libro no son precisamente barrocos; más bien corresponden al repertorio
de historias exageradas de algunos personajes que crean en sí mismos actitudes
infames o reprobables: un espantoso seductor, un impostor inverosímil, un
asesino desinteresado, un proveedor de iniquidades, un incivil maestro de
ceremonias, un tintorero enmascarado y una viuda pirata. En pocos libros suyos,
Borges cumple un esquema narrativo tan unitario, al menos en el capítulo así
titulado para el conjunto de historias de la primera parte; a saber, fragmentos
breves donde se intenta precisar lugares, personajes, fenómenos o hechos para
cada tipo o carácter.
Valga citar el de uno solo a modo de ejemplo:
para El impostor inverosímil Tom Castro tenemos los siguientes acápites
"El idolatrado hombre muerto", "Las virtudes de la
disparidad", "El encuentro", "El carruaje" y "El
espectro", los cuales sirven de guías a las distintas secuencias del
relato, o como diría Borges, "la seducción de la vida entera de un hombre
en dos o tres escenas", donde revela el ya referido propósito visual tan
propio del cine. Para los demás personajes, Borges cumple con un parámetro
similar. Los citados filmes de Von Sternberg y sus procedimientos
expresionistas, bien valdrían un estudio aparte. Por lo pronto, anotemos que
esta peculiaridad es básica en el momento de acercarse a los textos de Borges
donde privan las referencias a las técnicas fílmicas, como la ya citada en
Hombre de la esquina rosada.
En mi ensayo Borges y el
cine he rozado algunos puntos de la relación del autor con el mundo
cinematográfico, a partir de un trabajo titulado Films, que éste incluyó en su
libro Discusión (1932). Mi trabajo puede leerse en el libro Espectros del cine
(1999).
*Es escritor, narrador,
poeta, ensayista, compilador y traductor venezolano, destacando más en el
ámbito de la narrativa y la poética, la cual ha sido traducida a varios idiomas
y recogida en antologías latinoamericanas y europeas.
Por Myriam García-Grande Carromero
El mal gusto de morirse
Hace mucho tiempo en ese
lugar llamado Iberia un señor bajito se moría. El sujeto estaba por no llevarle
la contraria a la parca, más que nada porque llevaba una vida de mierda, pero
el resto de los vivos que usufructuaban del status que no estaban por la labor.
Desde que tuvo la mala idea
de clavarse en un sillón para ver un mundial de fútbol, lo suyo iba de mal en
peor.
Que si flebitis, que si las
heridas de guerrero en el bajo vientre, que si Parkinson, candiditis,
insuficiencia coronaria… y otra larga lista hasta que una sepsis se lo llevó
por delante.
En los últimos días de su
mala muerte se convirtió en una fuente de fluidos que los derrochaba tiñendo de
rojo tapices, alfombras y resto de mobiliario.
Ni aún con estas muestras
evidentes de sufrimiento pararon las torturas. Fue intervenido a vida y muerte
en tres ocasiones en el último mes de su no fallecimiento.
Su cuerpo fue envuelto en
una alfombra que chorreaba sangre para operarlo en un botiquín de pueblo.
Se le extrajo el estómago y
once ulceras sangrantes. Se le sometió a una bajada de temperatura y consumo
basal para mantener el corazón latiendo. O para mantener la esperanza a un
régimen muerto.
Ni todas esas atrocidades
pudieron salvar al dictador de la hora temida.
Su muerte fue una gran
mentira a la vida. Incluso la fecha real fue trucada por unas horas para seguir
la lírica del régimen y sus símbolos.
Muchos han dicho que fue una
lástima que muriera en la cama. No sé qué decir porque murió en una cama de
hospital troceado como un gorrino.
En esas últimas horas de
lucidez no sé si le dio tiempo a arrepentirse de sus ejecuciones, torturas y
sometimiento de un pueblo a la voluntad de un montón de viejos mitómanos.
A lo mejor solo recordó las
películas de su amada manchega, las marchas militares que escuchó con su médico
para vencer el sedentarismo o el sueño que nunca alcanzó: ser eterno sin
sufrir.
Este mes y este año se
cumple el cincuenta aniversario de una práctica antihumana: mantener vivo a
toda costa a un muerto.
*Myriam García-Grande
Carromero, es escritora de ficción y novelista
Madrid.—11 de noviembre de 2025
XVII Festival Sui Generis Madrid
Del 13 al 16 de noviembre en Casa del Lector (Matadero)
![]() |
| "Sankofa" (detalle). Imagen del XVII Festival Sui Generis Madrid creada por BillyPhobia © Besarilia 2025 |
El XVII Festival Sui Generis Madrid está consagrado a la memoria, la imaginación y la disidencia. Junto a nuestros temas habituales, exploramos otros como la raza y la diáspora, la dictadura y la represión, el sincretismo religioso, o el colonialismo y la migración en los géneros especulativos. Un plan resumido en un lema que os invitamos a recitar como un mantra de supervivencia: "Futuros rotos, pasados vivos".
Programa XVII Festival Sui Generis Madrid
Del jueves 13 al domingo 16 de noviembre
Casa del Lector (Matadero)
Acceso por Paseo de la Chopera, 14.
Jueves 13 de noviembre
10:45 - 11:00 h.
La Nube, Casa del Lector (planta inferior)
Presentación del Encuentro de Editores a cargo de la Asociación Cultural Besarilia y la Asociación de Editores de Madrid.
11:00 - 12:00 h.
La Nube, Casa del Lector (planta inferior)
"Publicar terror en la contemporaneidad". Diálogo entre Fernando Navarro, escritor y guionista, y Enrique Redel, editor de Impedimenta. Más sobre el Encuentro de Editores.
11:00 - 12:15 h.
Saint Ignacio Hall Auditorium, SLU-Madrid
"Using fantastic literature as a critical thinking tool" (Broken futures, alive pasts). Round table with authors Fonda Lee and P. Djèlí Clark (USA). Exclusive event for Saint Louis University-Madrid students. Read more.
12:00 - 13:00 h.
La Nube, Casa del Lector (planta inferior)
"El pulp nunca muere", a cargo del autor y editor Javier Alcázar (Albo&Zarco) y del ilustrador Fernando Vicente. Más sobre el Encuentro de Editores.
12:30 - 13:45 h.
Aula por confirmar, SLU-Madrid
Creative Writing Meeting / Coffee with students. Exclusive event for Saint Louis University-Madrid students. Read more.
13:00 - 14:00 h.
La Nube, Casa del Lector (planta inferior)
"El relato especulativo entre la apuesta independiente y la resistencia comercial". Mesa redonda con el escritor Ángel Luis Sucasas, los editores José Luis del Río (Apache Libros) y Ángel Luis Fernández (Jot Down Magazine), y la escritora Marjorie Eljach. Más sobre el Encuentro de Editores.
16:30 - 18:00 h.
La Nube, Casa del Lector (planta inferior)
"1001 aventuras en la punta de tu bolígrafo: Taller para empezar a escribir novelas de fantasía (y que una editorial te publique)". A cargo del escritor R. G. Wittener y Cicely Editorial. Próximamente más información del taller. Más información sobre este taller. Más sobre el Encuentro de Editores.
18:00 - 19:00 h.
La Nube, Casa del Lector (planta inferior)
"La ciencia ficción como herramienta crítica política", con los escritores Dioni Arroyo Merino y Ramón San Miguel. Modera José Luis del Río (Apache Libros). Más sobre el Encuentro de Editores.
19:00 - 20:30 h.
La Nube, Casa del Lector (planta inferior)
Preguntas abiertas del público a autores internacionales, con invitados al XVII Festival Sui Generis Madrid: Luciano Lamberti (Argentina), Fonda Lee y P. Djèlí Clark (Estados Unidos), y Gabino Iglesias (Puerto Rico). Más sobre el Encuentro de Editores.
Continuar con la programación en este enlace
https://www.suigenerismadrid.com/
Santa Cruz de Tenerife.-11 de noviembre de 2025
La publicación editada por el Gobierno de Canarias se presenta el miércoles 12, a las 18.30, en el Círculo de Bellas Artes de Tenerife
La marca Discos Manzana marcó una época imborrable en la memoria de varias generaciones de Canarias, especialmente de Tenerife. La historia de la mítica empresa discográfica es tan intensa que da para mucho. Por eso, el Gobierno de Canarias ha querido apoyar la edición de un libro que, bajo el título ‘Y en eso llegó Manzana’, se cuenta su trayectoria en una publicación llena de recuerdos, fotografías, testimonios y anécdotas, escrita y coordinada por Alberto J. González Segura.Una edición de 272 páginas,
con prólogo de José Manuel Pérez Lorenzo e introducciones de los periodistas
Carmelo Rivero y Juan Cruz Ruiz, que será presentada el miércoles 12 de noviembre,
a las 18.30 horas, en un acto que tendrá lugar en el Círculo de Bellas Artes de
la capital tinerfeña, con entrada libre hasta completar aforo.
La presentación contará con
la intervención de Cristóbal de la Rosa, director general de Innovación Cultural
e Industrias Creativas del Gobierno de Canarias, y con los principales
protagonistas de su historia, Alberto y Javier Segura, que prometen dar alguna
que otra sorpresa para conmemorar los 50 años del grupo, con el periodista
Carmelo Rivero como maestro de ceremonias.
El libro, en formato de tapa
dura, ha sido editado por el área de Cultura del Gobierno, a través del
Instituto Canario de Desarrollo Cultural (ICDC), y estará a disposición del
público em las bibliotecas públicas, así como en varias librerías de las islas.
Asimismo, al término del acto de presentación sus autores se desplazarán a su
actual tienda de vinilos y vintage ‘El Cinematógrafo’, localizada en la cercana
plaza del Chicharro, para la firma de ejemplares.
Discos Manzana fue un negocio
mítico. Abrió sus puertas en La Laguna, en septiembre de 1975, por lo que la
publicación viene a coincidir con los 50 años de su fundación. Durante casi
tres décadas revolucionó la música en Canarias. Llegó a tener 25 locales de
venta de discos y un sello discográfico propio con los que editó los mayores y
mejores éxitos de múltiples grupos.
La publicación recoge
infinidad de imágenes míticas, anécdotas y testimonios de una época irrepetible
de la música y sirve de homenaje a una experiencia que muchos denominan
“extraordinaria”. Alberto Segura, ideólogo, junto a su hermano Javier, del
grupo Manzana, describe en estas páginas cómo fueron los inicios, con
referencias a muchas de las personas con las que, de una manera y otra, le
acompañaron en el camino.
También cuenta la fuerte
huella que supuso el cierre del grupo en 2002, una experiencia que “con la
perspectiva de los años creí oportuno mostrarla, no solo para el recuerdo, sino
para la constancia de un posible legado a nuevas generaciones, que caminan por
un mundo que nada tiene que ver con el que se vivió en aquellos años dorados de
los ochenta, incluso los noventa”.
Madrid.- 11 de noviembre de 2025
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| Izda.Samir Delgado y Joaquín Pérez |
Samir Delgado, autor del libro ALONSO QUESADA. La Irremediable Temperatura Universal
Con motivo del centenario de Alonso Quesada en Madrid desde 1925-2025, el pasado 3 de noviembre, el libro ALONSO QUESADA. La irremediable temperatura universal, del autor canario Samir Delgado, se presentó en la Delegación del Gobierno Canario en Madrid, con la apertura de Rosa María Aguilar, delegada de esta institución, intervino también el escritor Joaquín Pérez Azaústre, locutor del reconocido podcast 'No eran molinos' de RNE, que obtuvo el Premio Nacional de Fomento de la Lectura.
‘Alonso Quesada: la irremediable temperatura universal’, una obra que profundiza en la vida, el contexto y la creación literaria del autor homenajeado en el Día de las Letras Canarias 2025. El libro se ha presentado en varios lugares de Canarias, entre ellas, la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, con la participación de Beatriz Morales, y en la Biblioteca Pública del Estado en Santa Cruz de Tenerife, acompañado por Ramiro Rosón Mesa.
El libro ha sido publicado en 2025, por el Gobierno de Canarias.
Del 6 al 9 de noviembre
I Festival de Novela de Aventuras en el Centro Cultural Sanchinarro-Hispanidad
El I Festival de Novela de Aventuras (Centro Cultural Sanchinarro-Hispanidad, Madrid) arrancará el jueves 6 de noviembre de la mano de Tritoma y Literocio. Será la inauguración a las 19 h con la mesa literaria ¡Al abordaje! Piratas de la Isla del Tesoro, mujeres piratas y una princesa prometida, en la que participarán el poeta Luis Alberto de Cuenca, reciente Premio José Luis Sampedro, el novelista Lorenzo Silva, que cuenta en su haber con el cuento Mis viajes con papá (Bruño) y la adaptación juvenil de La isla del tesoro de Robert Louis Stevenson (Destino); y Claudia Casanova, directora editorial de Ático de los Libros, responsable de la publicación en España de La princesa prometida de William Goldman y de Como desees del actor Cary Elwes.
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| Fernando Vicente,autor del cartel |
Continuará la siguiente jornada del viernes 7 de noviembre, a las 19 h, con la mesa redonda peterpaniana, de libros y cine, ¡Todo recto hasta el amanecer! en la que participarán la poeta, novelista y ensayista Noemí Trujillo, autora de La maternidad era eso (Destino); y el catedrático Antonio Sánchez-Escalonilla, autor de la serie juvenil de fantasía de aventuras protagonizada por Paty Centella (Palabra). Los expertos hablarán del pirata Garfio, Peter Pan y Wendy en la obra de James Matthew Barrie, y de infancia, nostalgia del paraíso perdido y maternidad, entre otros temas.
La última mesa redonda, el sábado 8 de noviembre, a las 12 h, se dedicará a la literatura infantil y juvenil con la participación de la escritora Ana Alcolea (premio Cervantes Chico 2016 y Premio de las Letras Aragonesas 2019) y el ilustrador David Guirao (premio Artes y Letras LIJ 2016). Charlarán de libros que han publicado (Anaya) como El pirata de Alcolea, la adaptación de La vuelta al mundo en 80 días de Julio Verne que ilustró David Guirao, y sus obras conjuntas como El maravilloso mundo de los libros.
Habrá venta y firma de ejemplares de los autores participantes en los distintos coloquios literarios del festival, que serán gratuitos, de libre acceso hasta completar aforo.
La jornada del sábado concluirá a las 18 h, con la adaptación de La isla del tesoro de Robert Louis Stevenson por la compañía de teatro infantil La Maquineta, cuyas entradas ya se encuentran a la venta.
Homenajes a C.S. Lewis y Tolkien
Durante todas las mesas redondas, pero especialmente en la última, se recordará la figura del escritor C.S. Lewis, por ser noviembre el mes de su nacimiento y fallecimiento (1898-1963). Especialmente en la matinal de sábado dedicada a la LIJ, se celebrará la nueva publicación de Las crónicas de Narnia por HarperCollins Ibérica, que también estarán a la venta.
Asimismo J.R.R. Tolkien tendrá su espacio, el domingo 9 de noviembre, a las 12 h, gracias al concierto teatralizado de clausura de El Fuego Secreto que sumergirá al público en el mundo mitológico tolkieniano, a través de las melodías y atmósferas inspiradas en la Tierra Media. Una experiencia inmersiva donde la música, la narración y la interpretación se combinarán para evocar la magia, el heroísmo y la belleza de los relatos de Tolkien. Con esta propuesta, Endor Lindë invitará a conectar la literatura y la música, despertando la imaginación y acercando el universo de Tolkien a espectadores de todas las edades, y las entradas ya se encuentran a la venta.
Toda la programación del festival, información sobre venta de entradas de la obra de teatro y el concierto, y eventos gratuitos en: noveladeaventurasmadrid.es
Madrid.- 05 de noviembre de 2025
Con motivo de la reciente presentación del libro: Alonso Quesada. La Irremediable Temperatura Universal, del escritor-poeta Samir Delgado, en la Delegación del Gobierno de Canarias en Madrid, el día 3 de noviembre.
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| Imagen del poema y la fotografía inédita localizada del primer ejemplar de 'El lino de los sueños' que está en Alicante. CORTESÍA DEL ARCHIVO SÁNCHEZ MONLLOR |
"El sueño se hizo pan entre tus manos"
El archivo Sánchez Monllor de Alicante atesora una primera edición del poemario 'El lino de los sueños', aquel volumen prologado por Unamuno que representó el estreno lírico del poeta grancanario Rafael Romero Quesada. Publicado en 1915, con el apoyo infinito de su amigo Luis Doreste Silva desde Madrid, tuvo una cuidada edición patrocinada por Luis García Bilbao, a quien dedicará Alonso Quesada sus versos en varias ocasiones. El ejemplar del libro quesadiano ha permanecido entre el patrimonio de la familia de Gabriel Miró, el destinatario de una correspondencia vital y cuyas cartas firmadas por Alonso Quesada desaparecieron tras la trágica muerte de Félix Delgado en la Barcelona de 1936. Las cartas entre ambos autores representaban el diálogo crucial entre el Mediterráneo y el Atlántico, nunca llegaron las cartas a José Bergamín que tenía previsto publicarlas una década después de la muerte del poeta, fallecido un 4 de noviembre de 1925, en Santa Brígida.
En el libro de Alonso
Quesada, aparece una dedicatoria a Clemencia Miró, junto al retrato del poeta
canario, y en su interior de modo sorpresivo ha aparecido una fotografía
inédita de Rafael Romero junto a su esposa Rita Suárez y la pequeña Amalia. Una
imagen inédita de la joven pareja que emprendía su nueva vida con ilusión,
aunque la enfermedad de la tuberculosis sería protagonista en la agonía final
del escritor modernista. Años atrás había fallecido Tomás Morales, el poeta
médico, Quesada dedicó a su amigo nuevos versos y la publicación de las obras
teatrales habían tenido un capítulo esencial en la escritura quesadiana. Agaete
y Teror fueron un escenario vital del escritor y sus últimos días transcurrieron
en Santa Brígida, el poemario 'Los caminos dispersos' quedó finalista del
Premio Nacional de Poesía, resultando ganador Rafael Alberti con su 'Marinero
en tierra'. No vería la luz hasta 1944, en edición del Gabinete Literario de
Las Palmas.
Los dos libros de poesía de
Alonso Quesada se han significado como un eslabón imprescindible para
comprender el desarrollo de las poéticas de la modernidad insular, justo en el
umbral histórico de la efervescencia de las vanguardias. Junto a la fotografía
inédita se encontraban unos versos manuscritos dentro del libro del archivo
alicantino, un poema inédito no aparecido en libro que muestra el sentir del
poeta Alonso Quesada en aquellos momentos, como cuenta Gabriel Miró en sus
cartas, la pequeña Clemencia Miró había convertido 'El lino de los sueños' en
uno de sus libros favoritos, el autor grancanario remitió fotos, versos,
confesiones, incluso un huacal de plátanos para su amigo alicantino, exponente
singular de la novela española, con su personaje paradigmático, Sigüenza, cuyas
andanzas por la cartografía mediterránea representaban el auge de la nueva
sensibilidad.
Los poetas de la generación
del 27, en la conocida reunión fundacional de la cita sevillana en homenaje a
Góngora, remitieron una postal firmada por sus integrantes a Gabriel Miró, ahí
estaban Federico García Lorca, Alberti, Jorge Guillén, Luis Cernuda, una
constelación de voces que tendrían en sus libros el gran capítulo de la poesía
española en años previos a la II República. Quesada murió en 1925, acompañado
en su lecho de muerte por el gran amigo Saulo Torón, su obra literaria ha
vuelto a ser noticia en fechas recientes por la edición en la prestigiosa Visor
de un volumen de poesía reunida al cuidado de Andrés Sánchez Robayna. Además de
la aparición del 'Poema truncado de Madrid' en la editorial sevillana
Renacimiento, un hito que ha llevado a que la obra quesadiana cobre plena
actualidad.
En estos días, el escritor
Joaquín Pérez Azaustre, locutor del reconocido podcast 'No eran molinos' de RNE,
que obtuvo el Premio Nacional de Fomento de la Lectura, dedicó un nuevo
programa al escritor Alonso Quesada, varias reseñas nacionales se han publicado
sobre el autor y en el libro 'Alonso Quesada, la irremediable temperatura
universal' publicado por el Gobierno de Canarias, se ha incluido un amplio
ensayo sobre la vida, obra y legado de Alonso Quesada. Entre los autores de
mayor influjo que han trasladado en su quehacer poético la estela del poeta
insular, figuran Lázaro Santana como artífice del rescate de la obra literaria
de Rafael Romero, así como Manuel Padorno, quien dedicó multitud de poemas y
textos al oficinista del banco inglés.
El poema inédito de Alonso
Quesada se suma a nuevas cartas que han visto la luz, sus libros traducidos a
varios idiomas y la publicación de nuevas piezas teatrales han sido logros
impulsados por el Cabildo de Gran Canaria, en un año marcado por el centenario
luctuoso de uno de los escritores más singulares de las letras atlánticas.
Numerosos críticos han dedicado su mirada a Alonso Quesada: María Rosa Alonso,
Ventura Doreste, Oswaldo Guerra Sánchez, Yolanda Arencibia, Jorge Rodríguez
Padrón. Y la herencia de la obra de Rafael Romero se ha diseminado entre sus
libros de prosa y verso, configurando su legado una de las referencias de mayor
trascendencia para la futura historia de la literatura de todas las islas del
mundo.
Como dicen su último verso
inédito hasta la fecha en una página del libro 'El lino de los sueños',
dedicado a Clemencia Miró: «el sueño se hizo pan entre tus manos».
Fuente:https://www.canarias7.es/cultura/libros/samir-delgado-sueno-hizo-pan-tus-manos-20251105124815-nt.html
Madrid.—05 de noviembre de 2025
XVII
Festival Sui Generis Madrid
Del
13 al 16 de noviembre en Casa del Lector (Matadero)
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| "Sankofa" (detalle). Imagen del XVII Festival Sui Generis Madrid creada por BillyPhobia © Besarilia 2025 |
Programa XVII Festival Sui
Generis Madrid
Del
jueves 13 al domingo 16 de noviembre
Casa del Lector (Matadero)
Acceso por Paseo de la
Chopera, 14.
Jueves 13 de noviembre
10:45 - 11:00 h.
La Nube, Casa del Lector
(planta inferior)
Presentación del Encuentro
de Editores a cargo de la Asociación Cultural Besarilia y la Asociación de
Editores de Madrid.
11:00 - 12:00 h.
La Nube, Casa del Lector
(planta inferior)
"Publicar terror en la
contemporaneidad". Diálogo entre Fernando Navarro, escritor y guionista, y
Enrique Redel, editor de Impedimenta. Más sobre el Encuentro de Editores.
11:00 - 12:15 h.
Saint Ignacio Hall
Auditorium, SLU-Madrid
"Using fantastic literature
as a critical thinking tool" (Broken futures, alive pasts). Round table
with authors Fonda Lee and P. Djèlí Clark (USA). Exclusive event for Saint
Louis University-Madrid students. Read more.
12:00 - 13:00 h.
La Nube, Casa del Lector
(planta inferior)
"El pulp nunca
muere", a cargo del autor y editor Javier Alcázar (Albo&Zarco) y del
ilustrador Fernando Vicente. Más sobre el Encuentro de Editores.
12:30 - 13:45 h.
Aula por confirmar,
SLU-Madrid
Creative Writing Meeting /
Coffee with students. Exclusive event for Saint Louis University-Madrid
students. Read more.
13:00 - 14:00 h.
La Nube, Casa del Lector
(planta inferior)
"El relato especulativo
entre la apuesta independiente y la resistencia comercial". Mesa redonda
con el escritor Ángel Luis Sucasas, los editores José Luis del Río (Apache
Libros) y Ángel Luis Fernández (Jot Down Magazine), y la escritora Marjorie
Eljach. Más sobre el Encuentro de Editores.
16:30 - 18:00 h.
La Nube, Casa del Lector
(planta inferior)
"1001 aventuras en la
punta de tu bolígrafo: Taller para empezar a escribir novelas de fantasía (y
que una editorial te publique)". A cargo del escritor R. G. Wittener y
Cicely Editorial. Próximamente más información del taller. Más información
sobre este taller. Más sobre el Encuentro de Editores.
18:00 - 19:00 h.
La Nube, Casa del Lector
(planta inferior)
"La ciencia ficción
como herramienta crítica política", con los escritores Dioni Arroyo Merino
y Ramón San Miguel. Modera José Luis del Río (Apache Libros). Más sobre el
Encuentro de Editores.
19:00 - 20:30 h.
La Nube, Casa del Lector
(planta inferior)
Preguntas abiertas del
público a autores internacionales, con invitados al XVII Festival Sui Generis
Madrid: Luciano Lamberti (Argentina), Fonda Lee y P. Djèlí Clark (Estados
Unidos), y Gabino Iglesias (Puerto Rico). Más sobre el Encuentro de Editores.
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Canarias-La Gomera
El Cabildo acoge este martes la presentación del libro ‘El viaje de las momias canarias’
Esta obra colectiva profundiza en el recorrido histórico de las momias canarias y su expolio a lo largo de los siglos
El próximo martes, 4 de noviembre, el Salón de Plenos del Cabildo, a partir de las 19:00 horas, será escenario de la presentación del libro ‘El viaje de las momias canarias’, una obra colectiva que profundiza en el recorrido histórico de las momias canarias y su expolio a lo largo de los siglos. La presentación contará con la presencia de los autores y colaboradores, y estará abierta al público hasta completar aforo.
Coordinado por el catedrático de Arqueología y Premio Canarias, Antonio Tejera Gaspar, el libro ha sido fruto de un riguroso trabajo de investigación desarrollado durante tres años por un equipo multidisciplinar de especialistas integrado por Ángel Ignacio Eff-Darwich Peña, Dolores Delgado Miranda, Nathalie Le Brun, Pedro Luis Pérez de Paz, Manuel Fariña González, Daniel García Pulido, Daniel Méndez Rodríguez y Pedro Fernández Goicochea.
La publicación se estructura en dos partes principales. La primera analiza las técnicas de embalsamamiento utilizadas en las momias de Tenerife, Gran Canaria y La Palma, así como el expolio histórico al que fueron sometidas, motivado por el interés de coleccionistas y gabinetes científicos europeos de los siglos XVIII y XIX.
La segunda parte documenta el viaje y la localización actual de momias procedentes de Canarias que fueron trasladadas a Madrid, Guipúzcoa, Alemania, Argentina, Austria, Canadá, Cuba, Dinamarca, Francia, Holanda, Inglaterra, Rusia y Suiza, algunas de las cuales se encontraban hasta ahora sin una ubicación conocida.
‘El viaje de las momias canarias’ destaca por su rigurosidad documental y su amplitud de contenidos. Con un total de 328 páginas, la obra incluye numerosas fotografías, anexos e índices temáticos que permiten una lectura dinámica y flexible, invitando al lector a adentrarse en cualquiera de sus más de veinte capítulos o cincuenta epígrafes.
Para su elaboración se han consultado miles de documentos históricos, más de 400 libros y las principales bibliotecas digitales del mundo, incorporando más de 530 citas bibliográficas que en su mayoría permanecían inéditas. Además, el proyecto ha contado con la colaboración de personal científico de más de treinta universidades y museos internacionales, un esfuerzo conjunto que ha permitido documentar la salida de cerca de cincuenta momias canarias actualmente conservadas fuera del archipiélago.
La publicación ha sido posible gracias al respaldo del Gobierno de Canarias, a través de la Dirección General de Cultura y Patrimonio Cultural, así como a la implicación de los Cabildos de Tenerife, Gran Canaria, La Palma, La Gomera y El Hierro, más de treinta ayuntamientos del Archipiélago, y la Fundación Canaria Cajasiete - Pedro Modesto Campos.
‘El viaje de las momias canarias’ constituye una aportación fundamental al conocimiento y la preservación del patrimonio arqueológico y antropológico de las Islas, y supone un homenaje a la memoria histórica de los antiguos pobladores canarios, así como una llamada a la reflexión sobre la necesidad de proteger y recuperar los testimonios materiales de nuestro pasado.
Madrid.- 31 de octubre de 2025
Del 11 al 26 de nov. Madrid y del 26 al 30 de nov. Málaga
eñe
Festival
internacional de literatura y creación
Placer, una reivindicación subversiva.
Eñe celebra el deseo, la
belleza y la emoción como formas de resistencia.
Literatura, arte, música,
cine y pensamiento se unen en una gran fiesta del placer sin culpa.
Eñe. Festival internacional de literatura y creación es la gran cita de la literatura en español. Cada otoño, Madrid y Málaga se convierten en escenarios de creatividad, encuentro y celebración, con más de 100 actividades gratuitas que reúnen a escritores, editores y miles de lectores apasionados.
Premios Festival Eñe 2025
El Festival Eñe celebra la palabra en todas sus edades.
El gran hispanista Ian Gibson, maestro de la biografía y
la memoria cultural, recibe el Premio Eñe 2025 por una vida dedicada a iluminar
nuestras letras.
La poeta Andrea Abello, autora de Duende, obtiene el
Premio Festival Eñe – Fundación Antonio Gala 2025 por una voz nueva que
emociona y renueva la mirada sobre el mundo.
Con el apoyo de la Fundación Belondrade Arte y Vino y la
Fundación Antonio Gala.

El festival se celebra en más de 30 sedes emblemáticas de Madrid y Málaga, como: Círculo de Bellas Artes, Museo del Prado, Teatro de la Abadía, Instituto Cervantes, Real Academia Española, Centro Cultural Generación del 27, La Térmica, Biblioteca Nacional de España, Ateneo de Madrid, Biblioteca Regional de Madrid Joaquín Leguina, Fundación Ortega-Marañón, Casa de América, Librerías de Madrid.
Más de 20 días de
actividades culturales de acceso gratuito para disfrutar de la literatura en
todas sus formas.
Portugal, país invitado
En el marco de la
Programación Conjunta Portugal–España: 50 años de Cultura y Democracia
Portugal es el país invitado
del Festival Eñe 2025, una edición que celebra la riqueza y diversidad de la
literatura en lengua portuguesa y su proyección internacional. A lo largo de
diferentes encuentros, autores y artistas portugueses dialogarán con creadores
españoles e iberoamericanos para explorar los vínculos que unen nuestras
lenguas, historias y sensibilidades.
Madrid.- 29 de octubre de 2025
Entre el hombre-masa
Hace poco más de una semana
se cumplió el septuagésimo quinto aniversario del fallecimiento de Ortega y
Gasset en su último domicilio madrileño de la calle Monte Esquinza. Lo supe por
una «tercera» de Andreu Jaume en ABC, mientras ningún otro de los grandes
diarios de la capital daba la menor cuenta del mismo; ¿y acaso no hubiese
merecido al menos un par de páginas, si no ya una conmemoración institucional?
Por descontado; pues para calibrar lo desidioso de este olvido, basta con un
vistazo a su portentosa labor como editor, donde sobresalen las todavía vivas
Espasa-Calpe o Revista de Occidente, sin olvidar otras muy estimables cabeceras
fenecidas, como el semanario España o el diario El Sol y sus continuadores
durante la II República, Crisol y Luz; puñado de publicaciones donde Ortega y
Gasset cobró una envergadura social y política señera en aquella España del
primer tercio del siglo pasado.
Su empeño por europeizar —o
sea, por modernizar e higienizar— las mentalidades nacionales comenzó sobre
1907, apenas vuelto de Alemania y en compañía de Gabriel Maura, con un intento
por reformar el esclerotizado liberalismo del momento hacia una nueva
concepción donde cupiesen algunas notables reivindicaciones —hoy incorporadas a
nuestro acontecer— de la socialdemocracia alemana. No hubo manera; y don José
hasta rompió con el diario de su familia, este mismo Imparcial —el más
importante del país en aquellos días—, y acometió sucesivamente las ya
mencionadas iniciativas editoriales —algunas con el sólido apoyo del empresario
papelero Nicolás María de Urgoiti—, a la par que también empresas de un sesgo
declaradamente didáctico —según los postulados de la Institución Libre de
Enseñanza de la que era tan deudor—, como su pródiga participación en la recién
nacida Residencia de Estudiantes o la fundación, en 1913, de la Liga de
Educación Política Española, donde se integraron personajes decisivos en el
inmediato discurrir del país, como Manuel Azaña, o Luis Araquistáin, o Fernando
de los Ríos... En cuanto a su paso por la política activa, tras una distinguida
adscripción al Partido Reformista, de Melquiades Álvarez, cobrará todo su
empuje con la Asociación al Servicio de la República, que le procuró un escaño
durante las cortes constituyentes de 1931 y también un inmediato y amargo
desengaño, como testimonia su celebre artículo «Un aldabonazo», de 9 septiembre
de 1931, en las páginas de Crisol. Y aunque nunca abandonase su defensa del
régimen republicano, desde febrero de 1932 se abstuvo de cualquier intervención
hasta la guerra, cuando emprendió un temprano y cauteloso exilio, con la
consiguiente animadversión de ambos bandos, y cuyo agrio resultado fue la
postergación de todo reconocimiento oficial y aun de cualquier empleo estatal a
su regreso, durante el verano de 1945.
Entre tanto, desde su
cátedra de Metafísica había forjado la llamada Escuela de Madrid de filosofía
(Zambrano, Zubiri, García Morente, Gaos…) y, sobre todo, un impulso admirable:
refundar esta disciplina, raquitizada desde el Renacimiento, en el solar y en
la lengua hispana. Lo prodigioso —y en parte disipador— es que no lo hizo solo
desde las aulas de la Central, sino también y constantemente desde esas mismas
publicaciones mencionadas antes y con un decir distante del críptico
academicismo, pues trasladó su lectura de la fenomenología —conocida durante su
viaje de 1911 a Alemania— a un español llano, salpicado de iluminadoras
metáforas y, solo en ocasiones, remontado por cultismos y casticismos
oportunos. Es decir; don José impartía la más reciente y radical gnoseología al
alcance de cualquier entendimiento; de ahí que su recordadísimo «yo soy yo y
mis circunstancias» no sea sino una atinada anticipación —con las precisiones
oportunas— del cáustico dasein heideggeriano.
Pero si hay parcelas de su
pensamiento de una vigencia, a mi parecer, indudable, son su indagación sobre
la técnica y su concepto de hombre-masa, que en esta era digital, como en su
obra, se nos presentan indiscerniblemente ligadas. ¿O acaso no estamos rodeados
de ese hombre-masa —o casi abocados a serlo—; de ese «niño mimado» ansioso de
todo y «con derecho a todo», inconsciente de que su «circunstancia» es el
producto de un esfuerzo técnico milenario para vencer la necesidad? Ese
desfachatado olvido incubaría una brutalidad, por su molicie y su avaricia,
finiquitadora de nuestra civilización. Pensamiento expuesto primero en La
rebelión de las masas (1930) y completado en su curso «Meditación de la
técnica» (1933), donde Ortega, desde la anterior conclusión, tacha también a la
técnica de déspota ignorante de su origen: la perseverancia científica; ese
anhelo de «verdad».
Y aunque Ortega afirmase lo
distante que se hallaba del pensador de la Selva Negra durante las conferencias
de Darmstadt, de agosto de 1951, estas conjeturas nos suscitan demasiado a la
«existencia inauténtica» y a la «consumación de la metafísica en la
tecnología», de Martin Heidegger; empero, por la sencillez orteguiana nos
desvelan hoy y más nítidamente nuestra subyugación a este presente digital, que
no es solo una vacua y cambiante representación del mundo, sino también una
clausura del ingenio donde aquel hombre-egregio, que reclamaba don José como
reacción al hombre-masa, exige de un extenuante esfuerzo heroico; en fin, de un
vivir alejado de los «páramos del mundo», como señaló Heidegger en sus últimas
obras.
¿Y no merecía quién apuntó,
hace casi un siglo, reflexiones tan palpitantes, al menos un recuerdo, cuando
la semana pasada se cumplió el septuagésimo quinto aniversario de su
fallecimiento? Claro que pudiera suceder que tan desmerecido silencio solo
indicase nuestra definitiva inmersión entre el hombre-masa.
Artículo publicado por el
"Imparcial" el domingo 26 de octubre de 2025
*Gastón Segura, es licenciado en Filosofía por la
Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos
trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.
Por Ricardo Gil Otaiza

La cultura como industria
En lo particular, prefiero
pensar que el lector no es un cliente (hay quienes me apoyan conceptualmente en
esta percepción, sobre todo los románticos, amantes de la literatura y de las
artes en general)
Décadas atrás, las artes y
las letras (que no entiendo por qué las separan, si las letras son una forma de
arte) eran parte de un oficio artesanal: erigidas desde la paciencia de quien
se entregaba por completo a construir una obra en solitario, y, que una vez
concluida, podía permanecer en un estudio, taller o despacho un tiempo
indefinido, hasta que ocurriese el “milagro” del descubrimiento, que la diera a
conocer al mundo. Pero podía ocurrir el no-descubrimiento (dado en montones de
artistas, que hoy son tomados como clásicos), y la obra quedaba olvidada y era
el azar el que se encargaba del antes y el después. El gran pintor neerlandés
Vincent van Gogh, pudo vender en vida una sola de sus pinturas, titulada El
viñedo rojo, y alrededor de este hecho, y de todo lo que fue su vida, hay toda
una polémica y una suerte de teorías aun por clarificar, pero lo cierto fue que
se autopercibía como un fracasado, y, tal “sensación”, solo fue matizada gracias
a la ayuda de su hermano Theo, quien era marchante de arte y anhelaba darlo a
conocer al mundo.
En el caso de la literatura,
los autores tenían que echar mano de la autoedición (Borges fue uno de ellos,
con su primer poemario Fervor de Buenos Aires, por citar a una figura
universalmente emblemática), porque no existía una industria que tomara el
texto y lo pusiera a volar por infinitos destinos, hasta que su nombre lograra
(o no) el reconocimiento. En Venezuela está el caso del merideño Tulio Febres Cordero,
quien al tener una imprenta editaba con celo sus propios libros. La obra
fundamental de Franz Kafka (El castillo, El proceso y América) fue publicada (y
modificada) de manera póstuma por su amigo Max Brod, contraviniendo así el
expreso deseo del novelista de que fuera destruida (cuestión que hoy se debate,
porque bien pudo él mismo hacerlo y dejó en manos de su amigo la decisión,
impulsado, tal vez, por el vivo deseo de que no se perdiera).
En el caso específico de la
literatura, hoy en día se da también el fenómeno de la autoedición (Amazon hizo
de él un hecho menos bochornoso, sobre todo para quienes no han tenido la
“suerte” de hallar una editorial, que se interese por sus libros, y, dicho sea
de paso, algunos de ellos se han convertido en best sellers: toda una
realimentación). Empero, quienes sí logran insertarse en la rueda sinfín del
negocio editorial, transforman sus textos en libros que se hacen mercancía en
el contexto global, y podemos ver a autores que alcanzan a vender cientos de
miles de ejemplares, que no siempre responden a los criterios estrictamente
literarios (ya me he referido a este aspecto en anteriores entregas), sino que
forman parte de una categoría un tanto indefinida de “materiales de consumo”
para lectores no tan exigentes, o que solo buscan entretenimiento y pasar un
buen rato.
Ahora bien, surge una
interrogante: ¿es el lector un cliente? Visto desde el ángulo de lo
mercantilista, algunos teóricos del área afirman que sí entra en tan compleja
categoría, porque compra un libro en una casa comercial (librería), que se
surte de una editorial o distribuidora al por mayor, y que a su vez deben dar
razón de su venta al autor (que, dicho sea de paso, recibe un bajo porcentaje
por cada ejemplar). Por lo tanto, desde la visión del marketing el lector es el
consumidor final del producto. Claro, tal concepción queda en entredicho cuando
pensamos en las bibliotecas públicas, que prestan servicios comunitarios casi
siempre sin costo alguno para los lectores. Pero… ¿de quién es cliente el
lector? ¿De la librería? ¿De la casa editorial? ¿Del autor?
En lo particular, prefiero
pensar que el lector no es un cliente (hay quienes me apoyan conceptualmente en
esta percepción, sobre todo los románticos, amantes de la literatura y de las
artes en general). El lector es un consumidor de un bien cultural, transijo,
pero si partimos de la noción inicial de las artes y de las letras de la que
hablara al inicio, definitivamente no lo es, porque ser lector es ya una
categoría única y pluridimensional, que no admite derivaciones de esta
naturaleza, porque es alguien que se acerca a una obra de arte con fines de
disfrute estético de la misma, y eso no tiene precio. Como no es un cliente
quien paga un boleto de entrada para ver las obras en los museos. Como no lo es
tampoco, quien entra a un concierto sufragando una onerosa entrada.
Pero, más allá del ámbito
romántico (al que me adhiero, como queda dicho), el libro es un producto, y
como tal se comercializa. Así pasa con la plástica, con la música, y paremos de
contar. Independientemente de que yo, Ricardo, prefiera sentirme como lector en
su concepción práctica y filosófica, como también espiritual, y que tal
circunstancia ha producido en mi vida (y en la de muchas personas) un impacto
inmedible e incuantificable, lo que no podemos negar es que la cultura es una
poderosa industria, que mueve cuantiosos capitales en todos los órdenes del
acontecer humano, y que tal desbordamiento (la industria editorial en España es
poderosa, así como en Francia, EEUU, Argentina, México y Colombia, entre muchos
otros, y ni se diga de la industria audiovisual, cuyos alcances se pierden de
vista), hace de la misma centro de interés planetario.
Años ha, la cultura era una
burbuja a la que no todos tenían acceso, y hoy se ha masificado. Sin embargo,
surge así la realidad de su carácter crematístico, y la incidencia en la
pérdida de la calidad y del halo sublime (y hasta beatífico) de antes. ¿A cuál
de los eslabones corresponde, entonces, poner el cascabel al gato?
*Escritor y académico venezolano
rigilo99@gmail.com
Por Gabriel Jiménez Emán
ODA
A LOS LICORES EN LAS TABERNAS
A Orlando Araujo y Livio
Delgado
Luego
de una noche parecida a un día despierto
Me
dirigí a una de tantas barras
A
consultar el oráculo de la existencia
Y
éste me dijo lo siguiente sobre mi porvenir en las cálidas barras:
De
la cerveza que remoja la memoria en canciones de antes
Es
una cerbatana saltando de una a otra hoja húmeda del cuarto de baño
Una
dulce agua egipcia para refrescar el alma
Con su espuma densa y seca
ha sido nuestra cónyuge desde el bachillerato
Lloviendo
sobre cada suspiro y cada congoja
Del
whisky como oro en los placeres desconocidos debo decir que nunca
Me
ha dejado plantado el muy pícaro siempre me sigue a las alcobas
Tratando
de interpretar mi corazón
Salta
sobre las sábanas como un animal rubio
Los
hielos lo aman licúan sus lágrimas en la mañana
En
cambio el transparente vodka me devuelve la memoria
Sobrelleva
los recuerdos y los conduce por pasillos brillantes
Desenfunda
sus limones y pone a conversar los tonics en patios verdes
Siempre
es una promesa que me nombra con sus labios fragantes
La
olorosa ginebra le hace competencia en tardes de piscinas
Transparencias
turquesas se ahogan en los crepúsculos tratando de salir a flote
Nadando
de la cosmopolita Italia viene el Campari a buscarnos
En
la adolescencia nos hace probar su amargo sabor de mujer
Entonces
nos sentimos más despiertos para compartir la sinuosa tarde
La
ancha tarde de los bulevares primorosos
Cuba
cubata libre azarosa de rones del trópico
Me
hiciste sentir un marino en medio de puertos que decían adiós
Me
hiciste oler a barril envejecido de barcos
A
trasatlántico asombrado que se pierde en el humo
Mientras
las melancólicas gaviotas custodian los caprichos del mar
Y
qué decir de los bosques perdidos del anís
Donde
la adolescencia se esfumó entre los tocadiscos en plazas y parques
Ahí
donde la música salsosa nos sorprendió estudiando biología
Pero
era más parecido a la palabra álgebra
El
anís turgente blanqueado a veces con el cálido hielo del espíritu
La
menta la fragante menta verdiblanca que en el centro de las mesas del gran
restorán
Se
desliza bajo los manteles y sopla con su aliento de golosinas callejeras
Y
el brandy aquel que se derramaba en el páramo en busca de las nieves
Su
olor espeso por sí solo me hacía palpitar las sienes y tenía que dejarlo
Qué
lástima por ti brandy aunque pude vengarme en España por obra de los carajillos
De
los cafés de las cinco de la tarde a orillas de las ramblas
Y
dónde están ahora vinos míos arenques misteriosos reclamados por las uvas
En
los prados de Francia o Chile
Qué
importa son ellos vinos blancos en botellas ámbar ahora descorchadas quienes me
permiten recordar
Los
queridos diciembres míos donde baño mi nostalgia en vino tinto
En
sedoso vino que curte mi lengua y la hace apta para el amor
Para
probar la lengua de mujer con aliento de guanábana
El
vino afrutado que busca a su hermano el queso en los rincones de las cocinas
Y
las migas de pan en los desórdenes de la mañana
Uva
amada mía madre de todos los vinos de esta tierra increíble
Yo
te amo en tu verde dulce pequeñito o en tu glotón estado de rojo gozoso
En
tu rosado paso por la brevedad de la vida
O
tú lujoso champán que suenas en las fiestas donde van mujeres
Con
jugosos senos orlados de vestidos negros y rubias pelucas
Joya
de la espuma champán te pareces a un príncipe solitario te pareces
A
los campos fértiles donde los buenos libros explayan su luz
Licores
de todos los nombres vosotros me habéis dado de puntapiés en la conciencia
Me
habéis castigado duro con vuestro terrible alcohol
Me
habéis hundido en gloriosas pesadillas y hecho delirar al borde del viaje
En
los ríos en las habitaciones desoladas de los suburbios
En
los departamentos alquilados por viudas de ojos tristones
En
los penthouses de los hoteles de cinco estrellas cabizbajas
En
la soledad de las cocinas donde cavilo mientras trabo amistad con las moscas
Enajenado
por el dulce suicidio he dejado mi pistola de píldoras
Al
borde de la mesa de noche
Y
he vuelto otra vez a la vida He caminado por las aceras como si
Estuviese
naciendo
Naciendo
ahora estoy al invocarlos compañeros crueles
Que
aguardáis en las tabernas tan quietos
Tan
míos y puntuales
Como
mi nombre
Gabriel
Jiménez Eman
*Es escritor, narrador, poeta, ensayista, compilador y traductor venezolano, destacando más en el ámbito de la narrativa y la poética, la cual ha sido traducida a varios idiomas y recogida en antologías latinoamericanas y europeas.
Por Myriam García-Grande Carromero
18
de octubre
Hace diez días fue 18 de
octubre y ni una letra pude escribir para recordarlo. Leí las opiniones de uno y otro lado, porque
siempre hay extremos.
Ninguno contó el miedo, la
sensación de abismo que se creó, la perdida de referencias para muchos cabros
chicos, el abuso al que nos sometieron unos supuestos desconocidos que nos
quemaban el metro, las calles, los negocios y la libertad.
Si, la libertad, la libertad
de movernos sin que tuvieras que bailar para unos ¿payasos? que se habían
convertido en los dueños de la calle. La libertad de llegar a casa a la hora
que te saliera del cogote, sola, sin miedo a una trifulca de megalómanos que
cortaban calles y las incendiaban. La libertad de comprar en tu tienda de toda
la vida que ahora habían calcinado. La libertad de tener un pequeño negocio y
vivir de él, cuando este ya no existía. La libertad de opinar sin que la nueva
autoridad, la brutalidad, te cortara de
raíz la opinión con violencia verbal e incluso física porque la razón solo
estaba en un lado, en quien ejercía la fuerza. La libertad de analizar los
hechos desde la objetividad sin televisores ni medios que nos trataban como
menores de edad, medios que extasiados por el horror anunciaban eufóricos el
destrozo a puros combos de cada trozo de Santiago.
La libertad fue el tesoro
que perdió Chile ese 18 de octubre. En realidad, no lo hemos vuelto a recuperar
porque el miedo está ahí.
En qué pasará otro 18. En si
ganan los «unos» o los «otros», entonces, ¿qué ocurrirá?
Mi mirada pasea por las
iglesias quemadas, el patrimonio destrozado, las calles violadas con pintadas
del tipo «All Cops Are Bastards». Escucho las canciones monotemáticas: «El
estado es un macho violador», y lloro. Lloro con un caudal inagotable.
El mismo 18 de octubre de
este año inauguraron una de las estatuas destrozadas durante el mal llamado
estallido social: la Fuente Alemana del Parque Forestal. Inmaculada duró horas.
La volvieron a vandalizar con una pintada en forma de arenga: «Ni perdón ni
olvido».
A lo mejor, los artistas del
rayado creen que el ciudadano pacífico olvida y perdona, quizás porque no
arremete con un machete contra la injusticia.
No, tampoco perdonamos ni olvidamos. Y lo más
importante, no dañamos.
La libertad nunca se gana
con violencia, cabros. Nunca.
*Myriam García-Grande Carromero, es escritora de ficción y novelista
Madrid.-27 de octubre de 2025
El
Gobierno de Canarias presenta ‘Alonso Quesada: la irremediable temperatura
universal’
El Gobierno de Canarias presenta el ensayo de Samir Delgado, ‘Alonso Quesada: la irremediable temperatura universal’, una obra que profundiza en la vida, el contexto y la creación literaria del autor homenajeado en el Día de las Letras Canarias 2025. El libro se dará a conocer en dos actos públicos que tendrán lugar el 30 de octubre en la Universi-dad de Las Palmas de Gran Canaria, con la participación de Beatriz Morales, y el 31 de octubre en la Biblioteca Pública del Estado en Santa Cruz de Tenerife, acompañado por Ramiro Rosón Mesa. Ambas presentaciones arrancarán a partir de las 19.00 horas.
En este ensayo, Delgado
ofrece una reflexión amplia y documentada sobre la figura de Alonso Quesada,
abordando tanto su trayectoria vital como su entorno histórico y literario. A
través de una mirada crítica y contemporánea, el autor establece conexiones
entre Quesada y otros escritores de su tiempo, destacando su relevancia en el
panorama cultu-ral de las Islas y su proyección más allá del contexto insular.
Asimismo, el libro plantea
una propuesta de lectura innovadora que sitúa a Alonso Que-sada como un autor
macaronésico y vinculado a las letras caribeñas, subrayando la im-portancia de
la insularidad como elemento central en su obra. Con esta publicación, el
Gobierno de Canarias reafirma su compromiso con la difusión y el estudio de las
figuras esenciales de la literatura del Archipiélago, promoviendo una
revalorización crítica de Alonso Quesada dentro de la cultura universal y en el
marco de su protagonismo en el Día de las Letras Canarias.
Presentación de ‘Turisferia’
Aprovechando la visita del
autor, residente en México, se presentará también su libro ‘Turisferia’, un
ensayo que forma parte de la colección Clavijo y Fajardo del Gobierno de
Canarias. En esta obra, Samir Delgado explora el imaginario compartido entre la
literatura del turismo y el arte contemporáneo, abordando cómo ambos campos
dialogan en la sociedad actual. A través de una reflexión histórica sobre la
insularidad, el autor propone una lectura que revela la polifonía de voces e
imágenes que conforman el devenir de Canarias como un espacio esencial de
mestizaje y cultura cosmopolita.
Las presentaciones de
‘Turisferia’ tendrán lugar el miércoles 29 de octubre, a las 19.00 horas, en el
Centro Cultural de Maspalomas, junto a Pedro Franco y Jorge Millares. El 10 de
noviembre, a las 19.00 horas, el encuentro se desarrollará en el Instituto de
Estu-dios Hispánicos del Puerto de la Cruz, acompañado por el investigador en
turismo Pa-blo Estévez.
Madrid.- 27 de octubre de 2025
PON TU PENSAMIENTO EN MÍ
de Cesiah Hernández y León De la Hoz
Como dice la contraportada,
es un libro contracorriente, y también novedoso, que enfrenta el criterio en
boga y corrompido de que todo te saldrá bien si eres positivo, y adopta una
racionalidad distinta para la felicidad. Ni se trata de ser positivo ni de
querer ser feliz, según los autores, sino de encontrar la armonía donde también
podría estar la felicidad, mediante la mentalización que es una forma distinta
de conocernos, interpretarnos y comprendernos.
Los autores, valiéndose de
la hermenéutica de los filósofos Heidegger y Gadamer, fundamentalmente, han
dado un giro a la Mentalización, que es un método terapéutico para enfrentar
trastornos mentales como el de la personalidad, y lograron adaptar sus
fundamentos para el uso de las personas sanas, poniendo en las manos del lector
un libro que si bien no es de autoayuda, nos permite desarrollar una conciencia
nueva de nuestros actos y las relaciones con los demás para facilitar una
convivencia mejor.
Aunque la Dra. Hernández y
De la Hoz, ya habían trabajado juntos en un manual de auxilio para una
situación concreta en Ejercicio de Convivencia: Guía emergente para sobrevivir
al virus sin morir de aburrimiento (2020), en este nuevo libro abarcan todas
las situaciones y las relaciones en las que el bienestar depende de nosotros.
Han hecho un esfuerzo porque el libro no fuera para entendidos, ni un manual,
según nos dicen en la «Introducción», sin embargo cada capítulo cuenta con
ejemplificaciones prácticas, más una sección final dedicada a ejercicios para
mejorar la mentalización en situaciones y con fines concretos.
El libro está disponible en
Amazon en ambos formatos de papel y digital.
Cesiah Hernández tiene un
doctorado en Psicología General y un Máster en Ciencias, ambos en Estados
Unidos. Es Licenciada en Psicología de La Universidad de La Habana, Cuba. Es
Facilitadora del Círculo de Seguridad para Padres. Es Licenciada en Salud Mental
y Consejera en el Estado de Carolina del Norte donde actualmente radica.
Es miembro del Consejo
Asesor del Gobernador sobre el Envejecimiento en el Estado de Carolina del
Norte, y Miembro de IAN UK – Reino Unido. Ha publicado Ejercicio de
convivencia: Guía emergente para sobrevivir al virus sin morir de aburrimiento.
(Betania. Madrid, 2020). Es creadora del Programa “Abuelitas 911”.
León De la Hoz, escritor y
periodista. Ha publicado entre otros: La poesía de las dos orillas, Cuba
(1959-1993), Cuerpo divinamente humano, La semana más larga, Los indignados
españoles: Del 15M a Podemos, Vidas de Gulliver, La mano del hijo pródigo,
Fragmentos del descuartizador, Gastón Baquero, lo que no se ve.
Ganó entre otros los premios
de poesía David (1984) y Julián del Casal (1987), ambos de la UNEAC, Cuba. Su
obra ha sido antologada en diferentes ocasiones. Dirigió la revista cultural La
Gaceta de Cuba, en La Habana y tuvo a su cargo el Consejo Técnico Asesor del
Ministerio de Cultura.
https://ebetania.wordpress.com/
Madrid.- 23 de octubre de
2025
En otoño, el soplo del león
Aslan nos devuelve a Narnia
“Las
crónicas de Narnia: La silla de plata” de C.S. Lewis
¡vivirán la penúltima
aventura de Narnia!
Ya está a la venta Las
crónicas de Narnia: La silla de plata (Libro 6), antesala de La última batalla.
La historia cuenta que en el
país de Narnia vive un rey anciano, un viejo conocido: Caspian Décimo, que está
triste porque no tiene heredero debido a que le robaron a su único hijo hace
muchos años. Será el mismísimo Aslan quien encomiende a dos niños humanos,
Eustace Scrubb y Jill Pole, la misión de encontrar al príncipe perdido.
El último libro que
completará la serie de publicará el 29 de octubre. Los siete títulos cuentan
con las impecables traducciones de Gemma Gallart, así como nuevas y
espectaculares cubiertas a cargo del diseñador norteamericano Owen Richardson.
En el 75 aniversario del
comienzo de la saga, se trata de una gran apuesta de HarperCollins Ibérica que
devuelve a la actualidad esta serie heroica para todas las edades.
Un embajador para la leyenda
Nada me resulta más estimulante que recorrer las ciudades y detenerme contra los escaparates de cualquier comercio; tanto me da ante los que venden sugerentes chismes electrónicos, cada vez más escuálidos, para integrarnos con diligencia en la nueva realidad digital, como ante los reviejos tabucos, donde en un batiburrillo entre dickensiano y vallinclanesco me admiran ajadas bolsas de golf, gorras de marinos ya fallecidos cuando se botó el Titanic, ingenuos juguetes de hojalata y otros mil artilugios como esa lánguida bailarina de porcelana con el brazo tronchado en mitad de un pas de deux, que me suscitan vaga, pero hondamente, a quienes un día los poseyeron. En fin; desvaríos de paseante.
Durante esos recorridos hacia algún recado también me entretengo, si ando holgado de tiempo, en leer las placas callejeras, sean campanudas lápidas de mármol en labrada caligrafía inglesa o esas otras romboidales y de latón que ha colocado el ayuntamiento para que sepamos del paso o del aposento en este o en aquel edificio de alguna celebridad, cuando hace un par de domingos, atravesando la Plaza de la Paja, me sorprendió una que decía: «En este lugar estuvieron las casas del madrileño Ruy González de Clavijo embajador de Enrique III ante el gran Tamorlán de 1403 a 1406».
¿Quién era este intrépido González de Clavijo?; ¿cómo fue que viajó tan lejos, ni más ni menos que a la Bactria, y en tiempos del temible Tamerlán? Esas dos preguntas me dejaron tan fascinado como para dedicarles este par de páginas, sospechando que quizá muchos de ustedes permanezcan aún ayunos de aquella memorable empresa, pues no consistió sino en surcar, apenas nacía el s. XV, mares y tierras hasta los confines del mundo conocido entonces. Y no debería de serlo, pues tras casi dos siglos de andar la crónica del viaje traspuesta por nobilísimos legajos, en 1582, Gonzalo de Argote, imprimió el infolio, y desde entonces se han publicado unas cuantas ediciones —la última por Castalia, no hace ni ocho años—, y cada vez con mejores y más jocundos comentarios al texto de Clavijo o de uno de sus acompañantes, el dominico Alfonso Páez de Santamaría. Pero fuere escrito por puño de uno o del otro, figura a nombre de Clavijo y redactado apenas pisó Castilla, en marzo de 1406, tras un trienio de trotar por tierras ignotas cuando no, ensoñadas; de lo que el texto —al contrario de muchos pasajes del Libro de las maravillas (posiblemente 1298), de Marco Polo— da cuenta con un pormenor ejemplar y enemigo siempre de la fabulación; cuanto lo emparenta con el patrón marcado por la Historia (sobre el 430 a.C.), de Heródoto, donde, sobre el sucinto memorando historiográfico, prima la afanosa descripción de naciones y lugares; en suma, de cuanto hoy llamamos antropología.
Más allá de la muy estimable relación del viaje, el origen de aquella embajada a Tamerlán es del todo asombroso: tras la terrible derrota de los cruzados de Segismundo de Hungría en Nicópolis, al borde del Adriático, Bayaceto I y sus turcos se afirmaban soberbiamente sobre los Balcanes para aislar, por un lado, a su ansiada Constantinopla, y aterrorizar, por otro, a la desavenida cristiandad. Y ahí, Enrique III, a pesar de su juventud y de los enrevesados problemas intestinos de la Castilla de su tiempo, atisbó en la incontenible irrupción de Tamerlán por la retaguardia del atemorizador otomano un formidable salvavidas. Rápidamente envió dos emisarios a tantear algún tipo de pacto con aquel caudillo que, victoria tras victoria, se estaba apoderando de Asia entera; eran Pelayo de Sotomayor y Fernando de Palazuelo. Los castellanos no solo llegaron a encontrarse con el ya legendario descendiente del gran kan, sino a contemplar su triunfo sobre los turcos en Angora y el apresamiento del desvelo de los monarcas cristianos: Bayaceto. Sobre este inmenso alivio, regresaron a España con tres nobles húngaras esclavizadas por el sultán otomano en Nicópolis: doña Angelina, doña Catalina y doña María; casadas recién llegadas a la corte del joven Trastamara; la primera y del linaje real de Hungría, con el corregidor de Segovia; el otro par de damitas, con los heraldos que las trajeron.
Pero sobre este suceso que daría materia para un puñado de novelas de esas llamadas históricas, les acompañó hasta el trono de Enrique el Doliente un legado del Tamerlán, Mohamad Alcagi; salvoconducto imprescindible para la inmediata embajada de nuestro González de Clavijo y su séquito de doce dilectos castellanos entre los que se encontraba el dominico Páez de Santamaría, se supone que como políglota y erudito en los variados pueblos que habrían de encontrar durante el trayecto. En cuanto a las vicisitudes de la peripecia, se relatan en esta crónica, titulada habitualmente Embajada al Tamorlán, incluidas observaciones de lo más sagaces como el señalamiento del lugar donde fue Troya, perdido entonces y aun en los siglos posteriores, o los fastos por la boda del nieto y sucesor del imponente Tamerlán, Ulug Beg. Y sobre esto, el propio Clavijo, quien concita personajes nada despreciables, como su mujer, doña Mayor Arias, una de las primeras, si no es la primera poetisa en castellano, o don Enrique de Villena el Nigromante, acogido en su casa —dónde figura la placa— durante un tiempo, e introductor del Renacimiento en los reinos hispanos.
En fin; un tipo admirable que debiera figurar como el primer embajador del reino. Por si lo dudasen, lean su crónica y lo comprobarán.
Artículo publicado por el "Imparcial" el lunes 13 de octubre de 2025
*Gastón Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.
Por Ricardo Gil Otaiza

Lo demás es historia
Un buen mediodía, estando a la mesa almorzando, mi esposa recibió una llamada en casa, y al otro lado de la línea una voz ahuecada y bronca preguntó por mí, ella me pasó el auricular y al decir ¡aló! la persona expresó con fuerza: ¡soy Juan Liscano...!
Por azares del destino, hoy recordé a Juan Liscano Velutini (Caracas 1915-2001). Y digo “por azares del destino”, ya que no tuve acceso a alguna imagen, texto o libro que me lo recordara, sino que de pronto llegó a mi mente su rostro y quise rendirle un pequeño homenaje, en primer término, por ser un amigo a quien quise mucho, y luego, por su impronta de figura capital de la cultura en Venezuela y América Latina.
Conocí a Juan Liscano en una de las tantas oportunidades en las que fue a Mérida, y en aquel entonces (21 de septiembre de 1993) lo hizo de nuevo para asistir a un homenaje que le ofrecería la Universidad de Los Andes, con motivo de su trayectoria y a propósito de presentar una Antología Poética publicada ese año por Monte Ávila Editores Latinoamericana. Por supuesto, adquirí el libro y en el brindis me colé en la mesa de la directiva, y le pedí con timidez (qué le puedo hacer, los grandes personajes me intimidan) que me lo dedicara. No tengo a la mano el ejemplar para verificarlo, pero recuerdo que fue una nota breve y genérica que decía: “A Ricardo Gil muy cordialmente, en recuerdo de este homenaje que me favoreció y al cual él asistió”. Estampó su firma y agregó la fecha: 21/9/93. Guardo con celo el tomo en mi biblioteca de Venezuela, por tener para mí un profundo significado intelectual y espiritual.
En 1996, el Consejo de Publicaciones de la Universidad de Los Andes publicó mi primer libro de cuentos, titulado Paraíso olvidado, que dejó en mí una huella profunda, porque fueron relatos que causaron un magnífico impacto en los lectores y recibió diversos textos elogiosos en la prensa regional y nacional. Un bueno amigo común, el también escritor Alberto Jiménez Ure, me facilitó gentilmente su directorio personal de escritores venezolanos y de América Latina, con direcciones postales, números telefónicos y demás, para que les enviara un ejemplar de mi libro; tarea a la que me entregué de inmediato y con empeño.
Como cabe suponerse, metí dentro de sobres manila tamaño carta más de ochenta ejemplares de mi libro, y los remití a sus destinos por correo ordinario, y uno de esos envíos era para el gran Juan Liscano. No mentiré acá, recibí pocas respuestas (o por lo menos, no tantas como aspiraba), y eso no me amilanó (a pesar del ego autoral del que he hablado acá), y seguí con mi vida de profesor universitario, escritor y columnista de prensa regional y nacional.
Un buen mediodía, estando a la mesa almorzando, mi esposa recibió una llamada en casa, y al otro lado de la línea una voz ahuecada y bronca preguntó por mí, ella me pasó el auricular y al decir ¡aló! la persona expresó con fuerza: ¡soy Juan Liscano, quiero hablar con Ricardo Gil Otaiza! Pensé que era una broma de mi amigo Jiménez Ure, con quien me chanceaba siempre, y le dije: ¡sí, Alberto, mame gallo! (una expresión coloquial muy nuestra, que denota guasa y camaradería), y al otro lado me dijeron con mayor énfasis aún: ¡que soy Juan Liscano, páseme a Ricardo! Luego de otros vanos intentos por descubrir la broma de Alberto, caí en la cuenta de que no era tal, y que se trataba nada más y nada menos que del gran Liscano.
Ese mediodía comenzó nuestra amistad, que fue breve pero intensa en lo intelectual y espiritual. Recuerdo como si fuera hoy, su entusiasmo juvenil por mi libro (tenía para entonces 80 años), y sus palabras se quedaron dando vueltas en mi cabeza como partículas enloquecidas. Me habló de cada uno de los relatos, del impacto que le produjeron los personajes, de la prosa sencilla, pero de hondura ontológica y metafísica (esas fueron exactamente sus palabras). No exagero al decir acá que aquella conversación duró no menos de hora y media (yo me pasaba el auricular de una a otra oreja). Me prometió que escribiría para la prensa nacional un artículo acerca de mi libro, pero, que era tanto su entusiasmo por la lectura, que no podía esperar para decirme muchas cuestiones acerca de aquellas páginas.
El artículo, que tituló Cuentos fuera de serie. El Paraíso Olvidado por Ricardo Gil Otaiza, salió en el extinto diario El Globo de Caracas el 24 de octubre de 1997, y después de una serie de consideraciones de orden técnico e intelectual (recordemos que era, amén de poeta y ensayista, un enorme crítico literario), cerró su ensayo con una expresión que me electrizó: “Paraíso reencontrado, obra de la descripción inspirada de un joven escritor a quien rindo, gustoso, este tributo de reconocimiento”.
Nunca antes me habían rendido un tributo por mi escritura; es más: prácticamente me estrenaba en el oficio públicamente (mi primera novela, Espacio sin límite, había salido un año antes, es decir, en 1995, aunque ya era desde hacía años atrás columnista de prensa y escribía furtivamente mis primeros cuentos).
¿Qué tecla pulsé con mi libro de cuentos, que movió a tal extremo a un hombre curtido en las letras como Juan Liscano, de una trayectoria gigantesca, que se aprestaba pronto a cerrar su ciclo vital, para reconocer a un pichón de escritor como lo era yo para entonces? Lo digo con palabras que ya expresé hace tiempo en esta misma columna: Liscano estaba de regreso de los caminos de la vida y se hallaba en una búsqueda interior. Encontró en mi libro “iluminación lírica y espiritual”, amén de una elevada carga filosófica y ontológica. Escribió en su artículo-tributo: “La narrativa venezolana discurre, en general, por otros cauces que los de las preguntas fundamentales del Ser, de la Filosofía, de las religiones…”
Eran tantos los libros que le llegaban a Liscano, que sin abrir los paquetes los lanzaba a la papelera (así me lo contó). Un “algo” que él ni yo supimos, lo impulsó a abrir el sobre. Lo demás es ya parte de la historia: por lo menos de mi historia personal.
*Escritor y académico venezolano
rigilo99@gmail.com
Por Myriam García-Grande Carromero
Quitapesares y una Moto
El viento frío de la sierra golpea mi cogote y yo recién salida de la peluquería. Ni el pañuelo que llevo Gme protege del destrozo. Me agarro muy digna a la cintura de Pablo que maneja esta Vespa infernal como si corriera las 24 Horas de Le Mans, ajeno a la mochila que lleva detrás. Intento mantener la postura a la señorita sin perder el poco decoro que todavía lucha mano a mano con la velocidad y mi avanzado estado.
Como una ráfaga, veo el cartel del Quitapesares; montones de imágenes se amontonan en mi cabeza: habitaciones blancas, soledad y miradas perdidas.
Mi antojadiza imaginación me impide visualizar a un par de presentes tricornios que hacen signos a Pablo para que detenga su bólido. Hasta que no siento el derrape de su pie contra la tierra anaranjada, no entiendo por qué me abalanzo sobre él.
Recupero la posición de princesa y recojo bajo el pañuelo los mechones maltratados por la frenada.
Y los veo: cuatro botas negras que se interrumpen por cañas envueltas en pantalones de tejido verde oliva.
Pablo parlamenta con los uniformados, les explica que vamos al hospital a la visita mensual al ginecólogo. Total, nos quedan unos pocos kilómetros, argumenta.
Pero a los oficiales no les bastan las apostillas y el más pequeño me ayuda a descender de la moto, cuidando mis movimientos de porcelana china envueltos en paso de paloma.
Me conduce galante hasta el coche celular sin dejar de mirar mi abultado vientre. El compañero me cede el asiento delantero. Por el rabillo del ojo huelo el mosqueo de Pablo que pisotea con rabia el suelo.
Monta en Petrita, la Vespa, y nos sigue con cara de malas pulgas y una multa en el bolsillo.
Detrás dejo a Quitapesares y sus locos con carné. Los que estamos fuera, bastante tenemos con mantenernos vivos, mastico mientras mis nalgas rememoran el zumbido de Petrita.
Acaricio a mi bebé, casette de mi vientre, con los dedos de la imaginación, a Myriam, mi pequeña salvaje. Descubro por el retrovisor mi desnuda melena mientras mi pañuelo vano yace yerto sobre mis manos .
Hay una sensación obsesiva que me persigue. Incluso dentro del coche de la Benemérita persiste en mis sentidos la locura blanca de las paredes del Quitapesares mientras el edificio se aleja. Aprieto con aprensión mi vientre.
Quitapesares, que bello nombre para un falso descanso…
A traición, somnolienta a raíz de las conversaciones formales de mis nuevos tutores, siento la primera patada con sabor a gol que rompe mis quimeras, empapando de agua salada mis piernas hasta inundar el habitáculo móvil.
Ahora son los agentes los que corren que se las pelan con mi pañuelo resucitado como señera al viento. Mi melena desatada por el aire que se arremolina por las ventanillas abiertas me deja ciega mientras concentro mis sentidos en lo que está próximo a suceder.
Mi pequeña salvaje nace en primavera bajo la insignia lunática de otra espantada. Entre contracciones y empujones, solo deseo una cosa: que nazca calva.
*Myriam García-Grande Carromero, es escritora de ficción y novelista
Por Luis de la Paz
Roberto Cazorla El Poeta
Poeta descarnado, intenso, apasionado, poseedor de un dominio del lenguaje, del ritmo y la emoción, además de visceralmente anticastrista, pasó gran parte de su vida en Madrid, donde trabajó por 40 años para la agencia de noticias EFE. Desde la capital española escribía varias columnas semanales para Libre, medio de su coterráneo Demetrio Pérez Jr. (1947-2023), en la que abordaba la situación cubana, la europea y temas de personalidades de la farándula.
Nació en un pueblo muy pequeño donde pasó muchas vicisitudes. En 1999 expresó sobre su novela autobiográfica Ceiba Mocha (1997): “Es un libro que me había prometido escribir a mí mismo. Son los primeros 12 años de mi vida, que los pasé en aquel pueblo. No tuve niñez ni adolescencia. Me pasaba el tiempo huyendo del entorno, especialmente de mi padre, que era el ser más cruel que he conocido en mi vida. Disfrutaba torturando a mi madre, y mi madre era mi adoración. Terminé de escribirlo en 1984. No quise publicarlo mientras viviera mi madre. Porque ella era un personaje clave; además en él hago confesiones de mi niñez que le hubieran podido herir”.
Roberto Cazorla fundó en la ciudad de Matanzas el grupo teatral Atenas: “Yo tenía 9 años y repartía los once periódicos a los suscriptores que había en Ceiba Mocha. Todas las tardes iba a la Carretera Central y recogía el paquete con 15 ejemplares que tiraba un ómnibus de la Flecha de Oro. Pero antes de repartirlo, leía desde la primera hasta la última página. Estaba al corriente de todos los movimientos artísticos de La Habana. Soñaba con ser actor. Cuando me trasladé a Matanzas viajaba dos veces a la semana a la capital para estudiar Arte Dramático. Fundé en Matanzas el grupo Atenas, con el que representábamos obras en los centros culturales y por los pueblos de la provincia. Cuando la hiena del Caribe (léase Fidel Castro) se apoderó de Cuba, yo estaba en muy buen momento como actor, y no pude continuar. Luego partí al exilio. La poesía evitó que yo muriera de nostalgia por el teatro”.
De Cazorla escribí que parecía un niño enorme, amistoso, desbordado y tierno. Era una de esas raras personas que al conocerlas, se convierten de pronto en un amigo que ha de ser desde ese preciso instante, alguien entrañable. Y así fue para mí Roberto Cazorla, un ser especial.
Afirmaba ser “un poeta visceral”. Decía: “Para mí escribir poesía es un tormento. Salvo raras excepciones he escrito un poema feliz. Cada verso es una herida que me abre la piel. Reflejo en ella mi entorno. Durante mi estancia en Chicago (década del 60) escribí el libro de poemas Subir de punto, por el cual me gustaría que me recordaran”.
El poeta editó la mayoría de sus libros con la Editorial Betania, fundada y dirigida en España por el poeta Felipe Lázaro. Allí publicó casi la totalidad de su poesía. El último de esos libros fue No llueve. Dios se está lavando la conciencia (2023).
Su editor Felipe Lázaro expresa: “Conocí a Roberto Cazorla a finales de los años 70 en Madrid. En ese entonces, era uno de los poetas cubanos más activos en la capital española con lecturas y reuniones poéticas en su Tertulia Carilda Oliver Labra y su reconocido Premio de Poesía. Como editor, debo resaltar que Cazorla es uno de los autores más prolífico que hemos publicado en Betania con sus 15 poemarios y su libro de relatos autobiográficos Ceiba Mocha, que es su obra más importante, aunque su extensa obra poética es un ejemplo de un prolongado quehacer poético y quizás resume los dos amores de su vida: Cuba y la poesía”.
El narrador Humberto López y Guerra, residente en Estocolmo, Suecia, escribió en Facebook: “A Roberto lo conocí a mediados de la década de 1950, en Matanzas, cuando comencé como joven actor en el Grupo Teatral Atenas, que él había fundado. Los domingos hacíamos radioteatro en directo en Radio Menocal. Volvimos a encontrarnos años después en Madrid, durante la presentación de mi novela El traidor de Praga. Que en paz descanse, mi querido Roberto”.
En un correo electrónico la poeta Sara Martínez Castro, muy amiga y admiradora del escritor matancero escribió: “Muy triste noticia. Me faltan las palabras para expresar tantas emociones. Que Dios bendiga el recuerdo de mi querido amigo y hermano del alma Roberto Cazorla”.
El escritor José Abreu Felippe señala: “Sensibilidad, sencillez, ternura y dureza, caracterizan a Roberto Cazorla, un gran amigo, inquieto y anticastrista hasta la médula. Es triste que haya muerto en el exilio. Pero nos queda su obra”.
En una reseña de Abreu Felippe sobre el relato de Cazorla «Una blancura empecinada», publicado en Cuentistas del PEN (Alexandria Library, 2011) resaltó que se trataba de: “un bellísimo texto sobre una época y un sitio que ya sólo existen en la memoria”.
Roberto Cazorla tomó el camino del exilio en 1963, estableciéndose en Chicago, luego estuvo en Nueva York y se trasladó a Madrid, donde se desempeñó como periodista para la agencia de noticias EFE por cuatro décadas hasta su jubilación. Su obra literaria es fundamentalmente poética. Entre sus libros de poesía se encuentran Que me cante un gallo para morir en colores, Una cruz de cenizas en el aliento, Le puse alas al mar para que viniera a verme y La isla que me llamaré siempre.
El escritor y editor Pío Serrano, que llegó a Madrid en la década del setenta resalta: “Cazorla, un gran tipo, buen amigo y creador insaciable desde su juventud matancera. Fue el primer poeta cubano exiliado en Madrid y a todos los que íbamos llegando nos ayudaba a abrir las puertas”.
El escritor y preso político José A. Albertini reaccionó a la triste noticia: “Lamentable pérdida la de Roberto Cazorla. Aunque lejos de Cuba y su amado terruño matancero, en España desarrolló una intensa labor periodística. También nos deja sus poemas y crónicas, todas ellas de añoranza y amor por su Cuba querida. Un cubano más que parte a la eternidad desde una tierra prestada. Cuba espera”.
El escritor fue miembro del PEN Club de Escritores Cubanos en el Exilio y fue distinguido con la Medalla Excelencia Nacional Cubana (2022), que le entregó el Instituto San Carlos de Cayo Hueso, patronato creado por el Dr. Rafael Peñalver, a profesionales que por su ejecutoria enaltecieron a la República de Cuba. A lo largo de su extensa vida recibió también otros importantes reconocimientos.
La medalla tuvo contratiempos en el correo y me escribió: Querido Luis: Estoy convencido que últimamente me ha picado una mosca verde. Bastaba la ilusión que me hacía recibir la medalla que, gracias a ti, me concedieron, para que no me haya llegado ni su sombra. En cuanto averigüe en correo te dejo saber, yo no estoy en condiciones de subirme a una guagua ni al Metro, soy hipocondriaco y lo del virus me tiene más enfermo aún”.
Ha fallecido Roberto Cazorla, Cuba está más sola, a la poesía le falta una de sus voces. Que en paz descanse.
Publicado en Exclusivo para LIBRE. (Miami, 8 de octubre de 2025)
*Luis de la Paz, narrador cubano residente en Miami
Canarias- Santa Cruz de Tenerife.- 16 de octubre de 2025
Alicia Llarena y el amor ciego: el Gobierno de Canarias homenajea a la autora por el Día de las Escritoras
Con este reconocimiento se pone en valor su compromiso con la creación literaria y la divulgación de autoras anteriores como Mercedes Pinto.
El acto Por ello, se organizará un acto abierto el miércoles 22, a las 19.00 horas, el Teatro Guiniguada
Una vida viajando entre el pasado y presente de la literatura. Alicia Llarena, escritora y emblemática profesora de Filología en la ULPGC, es la autora distinguida este año por el Gobierno de Canarias para el Día de las Escritoras, efeméride que se conmemora el lunes 13 en todo el territorio español. En las islas, se celebra a través de un acto con música y teatro en torno a la obra de Llanera, abierto al público de forma gratuita y que tendrá lugar el miércoles 22 de este mes, a las 19.00 horas, en el Teatro Guiniguada de Las Palmas de Gran Canaria.
El acto se completará con intervenciones de expertos académicos y representantes del área de Cultura del Gobierno, que acercarán a la ciudadanía la importancia de Alicia Llarena como escritora y también su faceta de una vida dedicada a difundir la obra de otras autoras. La elección tuvo lugar a través de una comisión experta, que puso de relieve que su “destacada figura y trayectoria la consolidan como una indiscutible figura de las letras canarias”.
Palabras importantes
Llarena comenzó su trayectoria literaria en 1979 publicando poemas en ‘Cartel de las letras’ del Diario de Las Palmas. Su primer poemario, ‘Vuelo libre’ (1981), recibió la Mención de poesía en el VIII Certamen ‘Miguel de Cervantes’. Durante los años 80 publicó regularmente en medios canarios y participó en los principales recitales literarios de las islas.
En 1995 obtuvo el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Santa Cruz de La Palma con ‘Fauna para el olvido’. Posteriormente publicó ‘El arte de las flores secas’ (2009), ‘El amor ciego’ (2019) y ‘Las palabras importantes’ (2022).
En narrativa, Llarena ha sido reconocida con múltiples premios, entre ellos el Primer Premio de prosa en el certamen ‘María Agustina’ (1985) y el Primer Premio en el I Certamen de Narrativa Corta Casa de Venezuela (1985). Su libro de relatos ‘Impresiones de un arquero’ fue publicado en 1991 por el área de Cultura del Gobierno de Canarias en la colección ‘Nuevas escrituras’.
Su obra forma parte de numerosas antologías y volúmenes colectivos de poesía y narrativa canaria. Ha participado en festivales internacionales y recitales en países como México, Estados Unidos, El Salvador e Italia, y en exposiciones de arte colectivo en Canarias desde 2005 hasta 2022.
Yo por ellas, madre, y ellas por mí
Comprometida con la visibilización de las escritoras de las Islas Canarias, Alicia Llarena ha desarrollado una destacada labor de recuperación y estudio de dos autoras fundamentales: Mercedes Pinto y Pino Betancor. De la escritora, poeta y dramaturga Mercedes Pinto, ha impulsado diversas reediciones de su obra —entre ellas ‘El divorcio como medida higiénica’—, así como estudios y ensayos dedicados a su figura, como ‘Yo soy la novela: vida y obra de Mercedes Pinto’. Además, dirige la Biblioteca Mercedes Pinto, colección de la editorial Renacimiento que busca preservar y difundir su legado.
Su trabajo ha sido igualmente decisivo en la revalorización de Pino Betancor, gracias a su labor de selección, estudio y edición de los poemarios de la autora y artista fallecida en 2003.
Además, junto a esa vertiente de rescate y difusión, sus líneas de investigación también exploran figuras contemporáneas como Alexis Ravelo, Santiago Gil, Dolores Campos-Herrero, Andrea Abreu, así como la poesía y narrativa insular de los años 80.
Día de las escritoras
El Día de las Escritoras es una conmemoración de carácter anual, que se celebra desde 2018 en Canarias con el objetivo de visibilizar y reconocer el legado de las autoras. La celebración se convoca en torno a la festividad de Teresa de Jesús, el 15 de octubre. Con esta ya son ocho las ediciones de reconocimiento protagonizado por primera vez por Elsa López, y que posteriormente estaría dedicado a Isabel Medina, Olga Rivero Jordán, María Teresa de Vega, Roberta Marrero, Cecilia Domínguez, María Joaquina de Viera y Clavijo y, ahora, Alicia Llarena.
Madrid.- 05 de octubre de 2025
Del polvo no he venido, del poeta cubano Omar Rodriguez García
Por Manuel C.
Díaz
Publicada en Betania 2025, la antología poética Del polvo no he venido del poeta cubano Omar Rodríguez García (Remedios, 1952-2009) publicada en el Nuevo Herald (Miami) el 28 de septiembre.
Los
propósitos de las antologías son múltiples. Uno de ellos, quizás el más
importante, es la conservación y difusión de la obra del antologado. Sin
embargo, cuando esa antología es la de un poeta que, como el cubano Omar
Rodríguez García, fue marginado y condenado al ostracismo en su propio país, el
propósito inicial se convierte entonces en algo todavía más importante: la
reparación de una injusticia.
Y es
justamente eso lo que la editorial Betania acaba de hacer al publicar en España
Del polvo no he venido, una abarcadora antología en la que se incluyen no solo
poemas escogidos de sus libros -tanto de los publicados como de los inéditos-
sino también aquellos que el autor, en su vital y azarosa andadura, fue dejando
olvidados en el camino.
La antología,
cuya selección y prólogo estuvieron a cargo de la licenciada Mirladys Ventura
Portal, comienza con los del libro, Pequeña epopeya de un ángel, escrito en
1980, pero nunca publicado. Como muestra, escojo el verso que, además de dar
título al volumen, sienta el tono de sufrimiento y desesperanza de los que le
siguen: “Del polvo no he venido,/ ni del barro procedo con mis alas de sol, /
que a pesar de sus mustios revuelos de penumbras, / son mis alas de ser, de
sufrir, de soñar/, y de acusar de paso con dedo inquisidor/ los crímenes del
viento”.
De su segundo
libro, De flor y soledad (Editorial Capiro, 2003), la licenciada Ventura Portal
escogió acertadamente una veintena de logrados sonetos cuyos endecasílabos
parecen cantarle, primero, al amor: “Bien sé de una mujer, quizás de estrella,
/ quizás mejor de rosa vespertina. / Mujer de soledad, casi divina, / por quien
pasa el dolor sin dejar huella. / Bien sé de esa mujer, y sé por ella, / que es
de cielo el amor, que el cielo existe; / y a veces triste, como un ángel
triste, / resulta siempre esa mujer tan bella”.
Solo para,
enseguida, retomar la angustia y el desamparo que siempre permearon sus versos:
“¿Qué soy, que a veces pienso en mi locura/ -en mi eterna locura de egoísmo-, /
que no existe el amor, que es espejismo, / de aquello que sin ser, es
desventura?”.
Rodríguez
García no solo dominó, como ya vimos, el difícil subgénero del soneto, sino
que, también, lo hizo con la décima. Una prueba de ello son las del titulado,
Casi al estilo de Dios, en las que, a caballo entre el reclamo histórico y el
elogio merecido, hace desfilar líricamente a los personajes populares de San
Juan de los Remedios, su ciudad natal.
O las que
aparecen en Para no perder la locura, donde le canta una vez más a su terruño:
“Vieja ciudad, con balcones / de estrellas en los vitrales, / como ensueños
coloniales / de pasadas ilusiones”.
En A cielo
errante, su último libro -inédito como casi todos- regresa al soneto. Y lo hace
retomando algunos de sus viejos temas, como el propósito y el sentido de la
vida: “¿Entonces qué de mí, si no distingo/ mi divina porción, mi Yo soñado? /
¿Soy por fuerza no más el resultado/ de la alquimia del polvo en que me
extingo?”.
Escojo como
cierre el que escribió, ya casi al final de su vida, en la Prisión Provincial
de Santa Clara: “He soñado un país inexistente, / utópico tal vez por
soberano;/ de plena libertad, sin presidente. / Que pueda devenir después
tirano”.
Del polvo no
he venido no solo es una muestra cuidada y representativa de la obra de Omar
Rodríguez García, sino también, en mi opinión, una merecida respuesta a la
forma injusta en que las autoridades culturales de Cuba lo trataron. Y es,
también, una excelente y oportuna manera de otorgarle póstumamente el
reconocimiento que nunca le dieron en vida.
*Manuel C.
Díaz, escritor y crítico literario cubano residente en Miami
Madrid.- 30 de septiembre de 2025
La
huida de un robot
La ópera presenta una
suntuosidad y un aparato que, no siendo italiano, ineludiblemente me abruma;
incluso, cuando escucho una transmisión, sea en casa o sea en un automóvil, sus
exquisitos agudos o sus tonantes graves me empequeñecen. En fin; que es un arte
que siempre me exige la etiqueta. Quizá por eso me alegre tanto que mi amigo
Pedro Halffter haya representado de nuevo —esta vez sobre la tarima de la sala
de cámara del auditorio de Tenerife— su Klara (2022), hace apenas tres semanas.
Y no crean que es una adaptación para escenario reducido, al contrario; las
peculiaridades de esta composición lírica para dos pianos y soprano lo permiten
sin modificaciones, y hasta su escueta escenografía, constituida por una
sucesión de etéreos hologramas, ideados por Antón Armendáriz, tampoco sufre
menoscabo. En cuanto a su música, prefiero ceder la palabra al gran Arturo
Reverter, quien escribió, tras su segundo reestreno, en San Lorenzo del
Escorial, el 18 de julio de 2023 —cuando Halffter había perfeccionado y
ampliado la partitura original presentada, en Villafranca del Bierzo, un año
antes— que es «detallista y siempre al servicio de la historia, a la que
colorea, subraya y explica. Parte de una base tonal constantemente modulante
con un desarrollo en principio repetitivo, de raíz minimalista, pero de aire
muy informal […] Aunque hay partes en los que el espectro se ensancha, se
espesa y nos lleva a mundos armónicos en los que creemos escuchar lejanas
resonancias wagnerianas»; mientras que sobre su argumento y su recitado —obra
del mismo Halffter— ya me permito opinar con toda desenvoltura.
Trata de un androide, Klara,
de los calificados de «última generación» que, por un incidente casual —el
tropiezo con un desgalichado espantapájaros—, se descubre doloridamente —por su
apariencia femenina— tan cercano a los humanos como tarado para sentir
conceptos que maneja y que hasta es capaz de simular su rostro: el amor y la
tristeza. Tal incapacidad y sobre emociones tan vitales, lo empuja hacia una
búsqueda agónica; o sea, hacia la huida. No hace falta que les indique que tan
breve y trágica peripecia si, por un lado, nos evoca de inmediato al esclavo de
la caverna platónica que contempla por primera vez el sol, por otro y más
cercano en los siglos, a la conclusión de Frankenstein (1818), de Mary Shelley,
cuando el monstruo, hastiado de su forzosa soledad, confiesa al capitán Walton
su propósito de inmolarse para hallar al fin el sosiego en la nada. Aunque si
tratásemos de androides o de robots conscientes, quizá no los haya más
populares en el presente que los cinematográficos «replicantes» de Blade Runner
(1982), de Ridley Scott, desesperados por vencer su caducidad, o el HAL, de la
serie 9000, de 2001 (1968), de Stanley Kubrick, aquel hipócrita suspicaz, cuya
lente escarlata y cuya agonía final entonando Daysie Bell (1892) —por otra
parte, la primera melodía cantada por un ordenador IBM, en 1961— todavía me
estremece.
Y no obstante, Pedro
Halffter cuando se propuso escribir Klara no quería abundar sobre la tan
debatida, desde hace varias décadas, posibilidad de construir robots
sintientes, sino de darlo por hecho para invertir la situación. Es decir;
convertir a la máquina con conciencia en la dramática alegoría de nuestro
sometimiento cada vez mayor a la tecnología, donde la realidad, como ya
pronosticó Martin Heidegger en La época de la imagen del mundo (1938), será —si
no lo es ya— una mera representación o, en términos de Jean Baudrillard, un
simulacro; y como tal espejismo tecnológico no solo nuestras palabras, sino
hasta nuestros sentimientos, hayan devenido en vacuas menciones —una especie de
flatus vocis— tras las que no hallemos ya sino un leve rastro de las emociones
que las suscitaron en su origen.
Sin embargo; Pedro Halffter,
al permitirle a su androide la fuga final hacia un «no se sabe dónde», esboza
una vaga esperanza, cuando los últimos avances tecnológicos, tan útiles y
conformadores de nuestra cotidianidad, sumergen al individuo en una Galaxia
Digital que, contra la preterida Galaxia Gutenberg de la página impresa, lo
instalan en un presente fugaz y, por lo excesivo de su información y por su
índole primordialmente icónica, borrador de toda memoria. Sin hablar de la tan
en boga «inteligencia artificial», que prestamente sirve un conocimiento
filtrado y compuesto «por no se sabe quién» o de las adictivas redes sociales;
un par de instrumentos que, por su fácil manejo y por su «ilusión»
globalizadora, paradójicamente, encapsulan al individuo en un extenuante
solipsismo narcisista, como ha expuesto recientemente Byung-Chul Han. Por
cuanto esa huida esbozada por Halffter en su ópera se nos dibuja como un
tornarnos en Prósperos shakesperianos o en unos Peter Klein de Auto de fe
(1936), de Elias Canetti; por tanto, en personajes trágicamente pervertidos.
Lo peor es que, optemos por
permanecer en esta Galaxia Digital, subyugados por sus estimulantes e
incesantes simulacros, u optemos por fugarnos —sea hacia el místico y aislado
silencio, sea hacia una hermética y selecta biblioteca como los quebrantados
personajes que acabo de citar—, se nos disuelve siempre el sentimiento de
comunidad; en definitiva, de la más elemental e inmediata política; ¿y no dictó
Aristóteles que el hombre es un animal político? Y a fuer de pecar de
apocalíptico; ¿no sería ese el gran reto del porvenir: recuperar lo netamente
humano? Empero, no soy capaz de atisbar cómo, salvo anotándoles, por manidas e
incluso ya fracasadas, un puñado de torpes soluciones.
Artículo publicado por el "Imparcial" el lunes 29 de septiembre de 2025
*Gastón Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.
Por Ricardo Gil Otaiza
La lectura no es solo un mero acto de entretenimiento, sino un ejercicio dialéctico, un intercambio activo (punto de encuentro); una manera de reescribir la obra desde nuestra propia interioridad
1.Nos dice Milan Kundera en
Los testamentos traicionados (TusQuets, 2023): “El recuerdo es una forma de
olvido”, y pareciera una antinomia, una magra contradicción, pero el recordar
implica que estamos dejando a nuestras espaldas lo vivido, que todo aquello que
formó parte de nuestra existencia se va quedando atrás, se va desdibujando,
porque cada vez que evocamos lo hacemos como un ejercicio del intelecto, pero
también como una forma de invención (literatura en estado puro), ya que
adornamos todo aquello, lo reacomodamos, le insuflamos una luz y un brillo que
en realidad no tiene, porque recordar implica también sacar lo que llevamos
guardado en el abismo de la melancolía: que es hondo, inmensamente denso y
tejido por claroscuros, y los recuerdos son apenas ráfagas de una verdad
contenida que es y no es, que serpentea y nos juega malas pasadas, y con dolor
a veces tenemos que reconocer que lo recordado es un olvido jamás aceptado por
el orgullo y la razón, que intenta mantenernos en pie, sostenernos, hacernos
creer que es un “algo” inamovible e inconmovible, y no es así: en eso nos
equivocamos, caemos en su trampa y nos dejamos arrastrar como hojas que lleva
el viento.
2. El autor español Fernando
Aramburo, expresa en una entrevista hecha por el periodista y autor tinerfeño
Juan Cruz Ruiz, para su libro Secreto y pasión de la literatura. Los escritores
en primera persona de Borges a Almudena Grandes (TusQuets, 2025), lo siguiente:
“Los libros suelen morir pronto en este país”, y no le quito razón, porque la
industria del libro es tan poderosa y de tal impacto mediático en España, que
el mundo de la novedad es una suerte de espuma, o de nube de algodón, porque
salen tantos libros al mercado semanalmente, que a los avezados lectores nos es
imposible estar al día (y resulta cuesta arriba por los altos precios de los
libros), y al poco tiempo de estar en las vidrieras y mesones de las novedades
en las librerías con bombos y platillos, muchos de ellos pasan a la trastienda
y se pierden en las neblinas del olvido, y solo algunos (los más
“afortunados”), los de los poderosos grupos editoriales, los de las
“luminarias” (falsas, muchas de ellas), se mantienen en las listas de los más
vendidos durante semanas y, entre ellos, muy pocos se convierten en los
llamados “superventas”, y estos son los tocados por la varita de la suerte y de
la magia, que los multiplica edición tras edición (con tirajes fabulosos),
presentaciones aquí y allá, notas arrebatas y exultantes en la prensa (pagadas
casi siempre por las más conocidas casas editoriales), ferias en todo el país y
en el extranjero, ruido mediático, y un sinfín de estrategias de marketing.
Por cierto, el propio
Aramburo vivió con deleite el impacto de su libro Patria
(en el 2016): una cantera en ventas, que estuvo una muy larga temporada en los
tops de la prensa y de las revistas especializadas, hasta que lentamente cesó
su ruido e impacto y hoy es considerado un clásico. Ahora bien, luego de su
estruendoso éxito literario, sus nuevas publicaciones no han contado (ni de
cerca) con la misma atención del público ni de los medios, y me imagino que su
“queja”, expresada en la entrevista con Juan Cruz, destila un poco la amargura
de ver sus novedades morir a poco de nacer, de recibir escasa atención, de no
poder sentir hervir su sangre por la efervescencia de las emociones
encontradas, de ser durante meses (incluso algunos años) el centro focal de la
prensa ávida de noticias y de “novedades”, que realimentan a la gran maquinaria
editorial y tanto placer nos proporcionan a los lectores, y a la industria
editorial enriquece hasta el hartazgo.
3. La lectura no es solo un
mero acto de entretenimiento, sino un ejercicio dialéctico, un intercambio
activo (punto de encuentro); una manera de reescribir la obra desde nuestra
propia interioridad. Cuando relatamos lo leído (o cuando lo recordamos), lo
hacemos desde nuestra visión del mundo y, al hacerlo, engrandecemos la obra,
aportamos referentes y experiencias, transformamos el libro en parte de nuestro
ser: lo asimilamos, lo asumimos como nuestro, nos hacemos coprotagonistas y
coautores, y en este ejercicio hay también la recreación de los personajes (y
la fábula dada a nuestra manera), de allí la enorme importancia de leer.
La forma de acercarnos a una
obra (sucede también con las otras artes) jamás será objetiva, o libre de
sujeciones ulteriores, porque se echan a andar mecanismos insospechados, que
interconectan lo leído con lo vivido (incluso con lo visto en otras obras), y
esto nos hace crecer, cambiar referentes en nosotros: nos lleva a estadios de
extrapolación que modifican la percepción del mundo de relaciones y, sin
saberlo, nos conecta con dimensiones sutiles del Ser: eleva nuestro espíritu,
acelera el flujo de ideas y hace de nosotros presas de nuevas y ricas
experiencias vitales.
Cuando somos lectores (el
subrayado exalta su importancia) nos convertimos en jueces de lo acaecido en
las páginas, pero también optamos por ponernos en la piel de los personajes, y
ello nos lleva a ser los buenos y los malos, la mujer o el hombre, el asesino o
el santo, y con esta multiplicidad nace la confluencia de los hechos y las
circunstancias, así como la visión caleidoscópica que nos lleva a atisbar
derroteros e intenciones, coincidencias o divergencias, desenlaces y finales,
porque la lectura activa (tiene que ser activa, no me canso de afirmarlo) nos
hace ver el “todo” desde el terreno y a la vez tomar distancia (el hecho
complejo), de allí nuestro poder e importancia.
*Escritor y académico venezolano
Por Gabriel Jiménez Emán
Ser, Dolor y Utopía en Cesar Vallejo
Deuda
con un poeta
Desde
hace tiempo le debía –y me debía a mi mismo— una reflexión a la poesía de César
Vallejo. Han pasado muchos años desde que en mi adolescencia veía, junto a
poetas de mi generación, la figura de este escritor sentado en el banco de una
plaza en Paris en actitud absorta, percibiéndolo acaso como un símbolo de la
poesía americana, (un indio triste que vagaba y escribía en Europa) y
representaba para nosotros una especie de esencia de la poesía americana por
toda la carga anímica, histórica e intelectual que aportaban su figura y su
obra para la configuración cultural de nuestra literatura, en momentos
ciertamente cruciales para América. Sin embargo, su obra no conquistó en su
momento los lectores suficientes ni fue interpretada a cabalidad.
Tampoco,
creo, en las décadas iniciales del siglo XX, cuando aparecieron sus primeros
libros (1920-1930), ni en las sucesivas (1940-1950) aun cuando su poesía ya fue
reconocida, se le dedicaron estudios críticos que calibraran de manera
suficiente sus aportaciones. Ni poetas coetáneos suyos como Vicente Huidobro,
Oliverio Girondo, Pablo Neruda o Jorge Luis Borges, ni posteriores como Octavio
Paz, Gonzalo Rojas, José Lezama Lima, Juan Liscano o Vicente Gerbasi, dotados
todos para el ensayo crítico, le dedicaron trabajos críticos de relevancia.
Aparecieron, sí, prólogos enjundiosos a su poemas completos (Folios, en
Francia; Ayacucho, en Venezuela) y estudios críticos en diversas publicaciones
universitarias de escasa circulación; pero en general la poesía de César
Vallejo se ha dado por entendida e interpretada. Sus amigos Xavier Abril,
Antenor Orrego, André Coyné, Juan Larrea, José Bergamín y José Carlos
Mariátegui en un primer momento, y mucho después Enrique Ballon Aguirre,
Guillermo Sucre, Américo Ferrari, Julio Ortega, Saúl Yurkievich o Fernando
Alegría emprendieron trabajos de suficiente peso.
*Gabriel Jiménez Emán escritor, narrador, poeta, ensayista, compilador y traductor venezolano, destacando más en el ámbito de la narrativa y la poética, la cual ha sido traducida a varios idiomas y recogida en antologías latinoamericanas y europeas.
Myriam García-Grande Carromero
América, Poesía en Español: El Volcán Encendido
Cuando era niña, atravesaba, con el corazón
encendido, el pequeño sistema
montañoso para alcanzar la casa de mi abuela. Cruzaba el puerto, Navacerrada, y
todas las cumbres tenían nombre: Siete Picos, Pico del Lobo, Almanzor, Cuerda
Larga… la Mujer Muerta.
Era
ese nombre y esa montaña en concreto la que hacía volar mi imaginación con más
intensidad. La mujer yacente, con el vientre abultado, la cara mirando al cielo
siempre azul de Castilla, vigilando quizás a todos los que franqueábamos sus
dominios. Y entonces cambie su
tratamiento, ya no sería Mujer Muerta, si no, Mujer Dormida, la que guardaría
mis sueños.
Y
fue esa costumbre de buscar la poesía en los topónimos, mi primer contacto con
las palabras acróbatas, con aquellas que abandonan su significado literal para
crear la emoción, ese gusanito que se demora en las entrañas.
Caí
rendida al ritmo que imponían aquellas pequeñas gotas de locura, a los sonidos
que evocaban, a las imágenes que imprimían. Y entonces pensé, qué regalo más
increíble he recibido sin tan siquiera saberlo: una lengua que canta,
estremece, sueña, vibra y glotona, crece con los riachuelos que recibe de
nuevas voces.
Sin
darme cuenta me vi arrullada por las aguas rápidas de esas láminas saltarinas
entre montañas y empecé el viaje de esta mestiza, tragona de fonemas y
evocadora de historias no vividas.
Desde
una primitiva embarcación, escuché los ecos de las botas romanas mientras
luchaban con los naturales y se les caían de la boca los primeros vocablos, que
esta tierra fértil en impregnarse de todo, acogió y modificó.
En
mi viaje, mi pequeña barca no dejó intacto espacio alguno en la tierra de las
columnas de Hércules. Me detuve en los monasterios donde el conocimiento creó
miniaturas hermosas mientras el imperio romano se hacía piedra. Allá, en
aquellas salas de silencio y oración, me aprovisioné, ansiosa, de una Vulgata
buscando las glosas de aquel primer romance primitivo.
Tragaldabas
de vocablos melosos, sentí que el río que me arrastraba engordaba con cada
fonema, con cada rima, con cada ritmo. En Córdoba, me atiborré con la esencia
del amor con un empedrado elegante de poemas en árabe, El collar de la paloma.
En Castilla, las hazañas de un héroe proscrito, Mio Side, recuperaba la honra a
través de una rima asonante con versos de extensión caprichosa.
El
río que me arrastraba cada vez era más caudaloso, tan pronto de épica galante;
otras, desatado discurso del amante de Dios, a veces, verdulero y jocoso,
riendo a la muerte, y llorando la vida.
Una
tremenda corriente me arrastró a un océano plagado de naos y carabelas. Y en la
Santa María me escabullí. A la lengua que me había llevado hasta allí le pedí
que nos llevara al mar ignoto, a encontrar otras tierras donde seguir yantando.
Con la gramática de Antonio de Nebrija y la barriga abierta en canal, lamí las
costas de aquel continente imprevisto al que otros llamaron las Indias
Occidentales, y dejé de ser corriente, para ser manantial de nuevas lenguas con
la mochila de la décima espinela canturreando en mi cabeza.
Escuché
de un Ercilla que hacía mito al supuesto enemigo en el poema más bello de la
fiera tierra de Chile. Sor Juana Inés de la Cruz componía versos llenos de
pasión si no a Dios, a su representación del amor infinito. El Inca Garcilaso
hacía de la epopeya y la utopía su bandera. Y así mi nave se vió empujada a una
poesía salvaje, unas veces, otras, moderada dentro de la demasía. Y las más de
las veces, única, brillante y explosiva.
Sin
apenas sentirlo, me zambullo en la tierra que me acoge y me hago barro
subterráneo, ojos de agua en la profundidad. Me usan como himno de nuevas
repúblicas y luego como letra de constituciones imperfectas. Desde mi
escondrijo, mantengo los vocablos de los naturales aprisionados entre mis
enaguas, mientras recibo voces de otras tierras que se pegan a mi piel.
Y
llega el siglo de las luces, de la letra que envuelve de oro, tierra, verde y
agua. El realismo mágico tira de mí a la superficie, pero estoy tan gorda, tan
llena de sal y agua que solo dejo que me vean unos pocos. Los agradecidos con
mi donosura, descubren un mundo de exaltación donde la palabra se convierte en
artista de circo y en acrobacias mortales, crea el código de los iluminados con
las voces sin límites.
De
lago subterráneo me convierto en explosión, los volcanes de toda América escupen
mi mensaje. La tierra duele y yo soy fuego incombustible. A veces salpico de
humor mi glosa, otras de ira, y siempre, de belleza.
América
me duele y solo la poesía me calma. Las mujeres desnudan sus almas envueltas en
mi lengua de ira, amor, sensualidad y deseo.
El volcán está listo para explotar y seguir descubriendo la belleza
desde los extremos.
Si
tú lo estás, si tú también estás listo para explotar, es porque perteneces a
esta lengua mestiza, hija de gramáticas latinas rebozadas en lenguas de tierra
y mar.
Bienvenidos
todos, poetas, a mi volcán encendido, a
mi excéntrica singladura.
Resumen
presentación en el XLIV Congreso Mundial de Poetas.
Madrid.- 29 de septiembre de 2025
Sonia Muñoz Guevara
Presentación del libro:
Negra
sangre del Sáhara, de Manuel Jiménez Delgado
La Asociación Cultural Espiques Itinerantes, nuevamente
nos presentan otra actividad cultural, el día 3 de octubre, en el Auditorio Sala Contemporánea del Municipio de Adeje, c/La Huerta s/n, a las 19:00 h. Javier Velázquez director de esta asociación cultural, y Sita Sánchez, promocionan
este acto literario. La presentación y entrevista, al autor Manuel Jiménez
Delgado, estará a cargo del escritor Alberto Linares.
Negra
sangre del Sáhara, de la editorial Almuzara, es la última
novela, después de haber escrito: Y las
cartas dejaron de llegar, Siroco 1957 y Humo en el cielo.
Descripción
El Aaiún, 1961. En pleno corazón del Sahara español, un asesinato sacude la aparente tranquilidad de la capital del desierto. Lo que parece un simple crimen esconde una intrincada red de conspiraciones donde el petróleo, el poder y las ambiciones se entrelazan con traiciones y secretos enterrados bajo las arenas. Fernando Ramírez de Viedma, un comisario marcado por su oscuro pasado en los servicios secretos, se enfrenta a un caso que lo llevará a los rincones más turbios de una sociedad en transformación, donde ricos empresarios, militares y viejas alianzas dictan las reglas del juego. A medida que tira del hilo, descubre que la verdad no solo es peligrosa, sino que puede costarle todo. "Negra sangre del Sáhara" es una novela histórica cargada de suspense y tensión, que nos traslada a una época de intrigas políticas y sociales en un entorno tan fascinante como implacable. Un crimen, un secreto y un escenario único que te atraparán desde la primera página.
Manuel Jiménez Delgado,
nacido en Adeje, Tenerife en la década de los setenta. Es licenciado en Pedagogía
por la Universidad de La Laguna en 2002. Ha publicado tres novelas. En la
actualidad reside en el municipio que lo vio nacer, trabaja como bibliotecario
desde hace dos décadas en la Biblioteca Municipal. Apasionado de la historia de
España, comparte su amor por la escritura con el mundo del modelismo, la
pintura y el cine, mientras retoca varias historias que espera ver convertidas
en libros pronto.
No olviden, este viernes 03 de
octubre a las 19:00 h. en el Auditorio Sala Contemporánea del Municipio de
Adeje, c/La Huerta s/n
Invitados quedan.
Poesía
Recitada
Nadia Ghulam
De Fonoteca de Poesía
La Tradición oral en Afganistán: una antorcha y un grito
por M. Carmen Gascón B.
Nadia Ghulam es escritora
afgana,
activista por los Derechos
Humanos.
Desde la organización
Puentes por la Paz dirige aulas clandestinas y talleres de costura donde
mujeres en Afganistán aprenden a leer y se expresan a través del arte; también
crea redes para alfabetizar a mujeres afganas que actualmente viven fuera de su
país.
Ante tantos escombros y dolor en el mundo, cuando nuestra alma se tambalea y te preguntas si hay grietas de luz, el testimonio de Nadia Ghulam es una antorcha; quedamos con ella para conversar sobre la importancia de la transmisión oral en Afganistán, para que nos recitara algunos landai, ese tipo de poesía oral normalmente anónimo, que expresa amor, dolor... y que se compone de dos versos con 22 sílabas aleatoriamente distribuidas. Muchos de esos poemas se improvisan y se anclan en la memoria colectiva. Cada frase que Nadia Ghulam nos dice es grito, relámpago o llama.
Os invitamos a escucharle y a caminar con ella construyendo puentes de paz.
https://fonotecapoesia.com/wp-content/uploads/2025/09/nadia-ghulam-170-ok.mp3
Proponemos
leer el libro de Nadia Ghulam El secreto de mi turbante y también a la poeta
afgana Rabia Balkhi, que vivió en el siglo X.
Promovido
por la Fonoteca Española de Poesía hemos recitado en los últimos años algunos
landai en encuentros de sanación poética, en reuniones por la Paz... Han
servido de base el libro El Suicidio y El Canto. Poesía popular de las mujeres
pastún de Afganistán. Escrito por Sayd Bahodín Majruh. Versión de Clara Janés.
'Las crónicas de Narnia:
La travesía del Viajero del Alba'
de C.S. Lewis
El mes de septiembre sorprende a Lucy y a Edmund, los más pequeños de los hermanos Pevensie, surcando grandes olas en un barco con cabeza de dragón, junto al niño Rey de Narnia, Caspian.
En la tripulación estará el Gran Ratón Reepicheep, el más valiente de todas las Bestias Parlantes, y el insoportable primo Eustace.
¡Unidos en la búsqueda de los siete señores de Narnia y el país del gran león Aslan!
Ya está a la venta Las crónicas de Narnia: La travesía del Viajero del Alba (Libro 5), otra de las entregas más famosas de esta saga de fantasía épica gracias a la adaptación de Michael Apted hace 15 años.
La historia cuenta cómo Narnia cumple la promesa de traer una vez más de regreso a los menores de los Pevensie, Edmund y Lucy, que se reembarcan en una nueva misión con Caspian, que también tiene que cumplir su promesa. El día de su coronación, juró que si conseguía instaurar la paz en Narnia, zarparía para encontrar a los amigos de su padre desterrados. En caso de que hubieran muerto, habría de vengarlos. Más allá, una esperanza aún más grande: alcanzar el extremo más oriental del mundo para encontrar el país de Aslan.
Los dos libros restantes de la colección harán su aparición el próximo mes de octubre. Los siete títulos cuentan con las impecables traducciones de Gemma Gallart, así como nuevas y espectaculares cubiertas a cargo del diseñador norteamericano Owen Richardson.
En el 75 aniversario del comienzo de la saga, se trata de una gran apuesta de HarperCollins Ibérica que está devolviendo a la actualidad esta serie heroica para todas las edades.
Una tripulación de valientes héroes pone rumbo al este, más allá del fin del mundo, van en busca de los siete señores de Narnia, injustamente desterrados. Su travesía los llevará hasta aguas inexploradas y tendrán que enfrentarse cara a cara con sus miedos más profundos y los grandes peligros que se les presentan.
Y esto es solo el comienzo de la aventura.
Más de 115 millones de ejemplares vendidos en 70 países y el próximo estreno de un ciclo de películas y serie de televisión, avalan su plena vigencia.
Madrid.- 29 de septiembre de 2025
POEMAS:
Luis Josè
Oropeza
Me perdonaron
por error
desde mi casa
derrumbada
y me
lastimaron
las esquirlas
del aguacero
que se colaba
desde el techo
de las olas
como un mar.
De todos
modos
comencè a
sentir
desde
entonces
mi corazón
deteriorado.
Mi jaula
se mecía
sin romperse
y mis pájaros
tristes
se marcharon.
Si me es
posible
llegaré a
tiempo
para leerte
el último
capítulo
de mi novela
antes de que
me vaya
por el mar de
los lamentos
y me tope con
un misil...
Si me es
posible.
Cuánto quiero
leer de nuevo
esta campana
y su badajo
a la hora del
Ángelus
antes del
último disparo.
Mi casa
es una trampa
bajo el
cosmos
de los
amuletos.
Un río
de excusas
acecha
bajo sus
adoquines
solitarios.
Madrid.-
17 de septiembre de 2025
Arena-s de Carmen Paloma Martínez, circula por Madrid
El pasado 12 de septiembre, se presentó el poemario Arena-s de Carmen Paloma Martínez, en la Librería Mujeres, de Madrid. La periodista y poeta Aida González Rossi, presentó el poemario.
Carmen Paloma Martínez, nació
en Madrid y pasó años de su infancia en Andalucía y en otras
provincias españolas.
Es
licenciada en Dirección de Empresas Turísticas, realizó sus estudios en Madrid.
Vivió durante casi quince años en La Habana y reside desde hace 2005 en
Tenerife.
«Hay una suerte de apocalipsis rondando
cada poema. Un cielo que tiembla. El fin de un ciclo. La tierra elevando una
queja agonizante, mostrando su desesperanza, su pérdida de fe en ese ser humano
que también muere». Rosa M.
Ramos Chinea
Ha
presentado su obra en varios lugares de Tenerife: Librería de Mujeres en Santa
Cruz de Tenerife, en La Laguna, Librería El Refugio, en el Centro Cultural de
Los Crisitanos, (Arona) y ahora en Madrid, en la Librería Mujeres. Para luego continuar
con un circuito por las islas Canarias.
Desde
La Gatera Press, les deseamos muchos éxitos en sus futuras presentaciones.
Madrid.- 17 de
septiembre de 2025
Por Gastón Segura
Evocación de un grafómano
Por
estas fechas, hace veinte o treinta años y en mitad de una columna, Francisco
Umbral solía contar que ya había enviado a Planeta el libro que nos había
anunciado poco antes de agosto; mes aprovechado para el remate de estos tomos
anuales gracias al asueto de la paginita diaria en El Mundo, y antes en El
País, y mucho antes, en La Vanguardia y, remontando calendarios, hasta llegar a
las oficinas de El Norte de Castilla y a la revista del SEU, cuando apenas
sumaba veintidós años y Ava Gardner sublevaba las pistas del Pasapoga y del
Casablanca, de taxi en taxi y con un enano rijoso. Desde entonces, Umbral jamás
descansó; no podía. Pues, como me lo definiera Javier Krahe una noche de
velador y whisky, Umbral no era un escritor sino un grafómano. Cesar de teclear
su Olivetti, aunque fuese por un día, le suponía descender a la insoportable
desolación de una infancia avergonzada y enfermiza allá, en Laguna de Duero, a
una escolaridad interrumpida para eludir estrecheces y a las hoscas soledades
de una Valladolid de sesión continua, tufo a zotal y cantos imperiales que
sonaban más bien a almas desnutridas. Un tiempo demasiado acerbo para no
sepultarlo jornada a jornada ametrallando palabras sobre la máquina portátil. Y
tanto daba que fueran ingeniosidades del golfillo del final de la barra o extraídas
al albur de una gruesa antología de poetas con gola velazqueña, lo excepcional,
lo que convertía a Francisco Pérez Martínez en Paco Umbral es que aquellas
palabras escogidas por su rabia de perpetuo hospiciano para redondear una frase
o para estampar a un preboste tomando posesión siempre sonaban con una gracia
tan nueva y tan precisa que, a la mañana siguiente, ya las propagaban las
emisoras del país y, de inmediato, el paisanaje entero con una asiduidad
imprevista.
Umbral
no fue un intelectual; no pudo; primero las precariedades y luego las urgencias
de redacción se lo impidieron; de modo que sus concepciones ideológicas no
superaron lo escuchado en una conferencia o en un circunspecto cocktail o en un
libro de esos de candente actualidad. Tampoco un novelista; sus relatos no
excedieron a un Umbral trasladado a ámbitos ensoñados o entrevistos, y menos
todavía, un biógrafo; sus títulos de este género se quedaron en sutiles
etopeyas y astutas relecturas de sus autores predilectos, donde el dato concreto
se ausentaba por innecesario. La verdad; Umbral, con un empeño insomne, no
escribió otra cosa que sus memorias, veras o ficcionadas, y con tal descaro y
porosidad —su oficio de jornalero de la página se lo imponía— que se tornaron
en el escaparate donde la nación descubría, cada mañana, desde lo más
empingorotado hasta lo más chocarrero tras un dengue de malicia. De manera que
Umbral no alcanzando para escritor de género, acabó siendo un género en sí
mismo; nacido de la intuición y del oído, del aprecio por lo insólito y la
atención ante lo nuevo, y por encima de todo, del apremio por la entrega
cotidiana de las cuartillas al periódico de turno para ganarse la manduca.
Visto así, su mérito es enorme, porque, ante tal aprieto, incurrir en lo manido
es lo corriente, pero convertir lo consabido y lo vulgar en resultón y hasta en
sorprendente es lo excepcional; y ahí se ubicó cimero Umbral. Lo malo ha sido
la secuela de imitadores que nos empalagan todos los días con sus
cotidianidades de puro bostezo en los periódicos del país e incluso en las
televisiones, dándoselas de ingeniosos cuando su prédica no va más allá de la
de un feriante sin fortuna y, a veces, ni eso.
En
cuanto a Umbral, a la par de sus memorias interminables, le fue naciendo el
personaje; sus admirados Valle-Inclán y Gómez de la Serna se lo habían
prescrito, y su mentor en tantas lides, Cela, se lo explicó sin decírselo, y
tras todos estos, aquel niño desvalido y ocultado en un pueblo friolento de la
alta Castilla se lo exigía con aullidos de dolor. Y ante tales demandas no
cabía otra que transformarse en el Paco Umbral mundanal y callejero: un tipo
que lo mismo se retrataba en cueros vivos bajo sus gafas de culo de vaso o que
despotricaba con aquella voz de autoridad en trance de suspender la fiesta; un
personaje construido en los espejos de la egolatría y en el aspaviento de la
impertinencia, y con tal tino que acabó convirtiéndose en imprescindible para
cualquier sarao gubernamental o aristocrático. No obstante, detrás había otro
hombre llamado Francisco Pérez Martínez, frágil hasta la temeridad y anhelante
de comprensión. A ese Francisco fue a quien traté una tarde de agosto, cuando
los pájaros del Paseo de Recoletos se desmayaban bajo un calor vietnamita y
Madrid dormitaba un vacío espectral. Hablamos —o mejor y para mi asombro, hable
yo; él escuchaba con meticulosa atención— de literatura, sin tiempo y con
esmero. Quedamos en vernos más veces para proseguir donde lo habíamos dejado;
no hubo ocasión. Una verdadera lástima.
Quizá
por eso, por esa cita pendiente, ahora, varias décadas después y vencido este
último agosto, recuerde aquella tarde en el Gijón y con el gran Pepe Díaz como
sobresaliente de espadas; o quizá, por habérseme pasado, durante este mes de
abril, que hace veinticinco años le concedieron el Cervantes, premio enjugador
de muchas de las amarguras de Francisco Pérez Martínez; sobre la pasarela y en
los anaqueles, Paco Umbral.
Artículo publicado
por el "Imparcial" el lunes 15 de septiembre de 2025
*Gastón Segura, es licenciado en Filosofía por la
Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos
trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.
Madrid.- 17 de
septiembre de 2025
Por Ricardo Gil Otaiza
Matrimonio fantasma
Como
lo indica la tradición ancestral china en remotas zonas campesinas, si un joven
muere sin haberse casado, su existencia ultraterrena será solitaria y
desafortunada, por lo que su familia deberá buscarle una esposa muerta o también
viva...
La
familia y los amigos estaban reunidos para celebrar el cumpleaños número veinte
de Yong-ai y así dar continuidad a la vieja tradición de la China campesina
(ancestral y profunda), de desear a cada miembro larga vida. Los fideos de la
longevidad (o shòu miàn) los preparó la madre en la sopa para ser comidos con
cuchara, y así evitar que, al pretender comerlos con palillos, se rompieran al
comienzo o por la mitad, lo cual significaría un mal presagio; un terrible
presagio para el cumpleañero.
En
realidad, los asistentes al festejo eran personas en su mayoría ancianas
(incluso, algunas casi centenarias), con mucha experiencia en este tipo de
tradición milenaria, que se ha preservado pese a la fuerza del cambio epocal,
que incluye ya en muchas familias, aposentadas en la ciudad, cuestiones propias
de Occidente, como las tartas, las velitas y el canto del Cumpleaños Feliz.
La
madre de Yong-ai, alborozada y dispuesta, sirvió los fideos más allá del
mediodía, y todos se sentaron alrededor de una rústica mesa para comerlos y
llevar adelante el ritual. No se sabe qué sucedió en realidad, pero en el
preciso momento en el que su hijo se llevó la primera cucharada a la boca,
cayeron en el plato parte de los fideos: destrozados, cortados en muchas
partes, mutilados en su larga estructura moldeada en trigo y huevo. Ni qué
decirlo, la madre entró en llanto, y los asistentes comprendieron en el mismo
instante, lo que tal cuestión auguraba.
Por
su parte, Yong-ai, impávido y, si se quiere, inmune a la vieja creencia, no le
dio importancia al hecho y continuó su festejo sin mayores preocupaciones.
Pronto lo sucedido quedó en el olvido.
Una
mañana, a escasos tres meses del cumpleaños, la madre extrañada de que Yong-ai
no se hubiera levantado, fue hasta su estera y no pudo despertarlo. El corrillo
dio cuenta de que el joven murió pacíficamente durante el sueño por una causa
desconocida. La madre lo lloró y enterró en silencio, y desde entonces su vida
cambió: su presencia era casi fantasmal y ensimismada, y sus ojos ya no veían
el mundo. La tristeza se había instalado para siempre.
Como
lo indica la tradición ancestral china en remotas zonas campesinas, si un joven
muere sin haberse casado, su existencia ultraterrena será solitaria y
desafortunada, por lo que su familia deberá buscarle una esposa muerta o
también viva, para que le haga compañía. Sin mayor demora, y para así evitarle
sufrimiento al difunto, la madre de Yong-ai fue a la casa de un médium conocido
en su zona, para que le ayudara a buscarle una esposa a su hijo.
El
médium entró en trance y le dijo a la mujer que por ahora no había disponible
una difunta con la que pudiera casar a su hijo, y que tendría que hallarla
entre los vivos. En este punto del encuentro, puso los ojos en blanco y le
dictó paso a paso lo que tenía qué hacer, le dio el santo y seña del alma
gemela de su hijo y la alertó de que tendría que emprender un viaje para
buscarla en una población vecina de la misma provincia de Hebei. Su trabajo
consistiría en convencerla para que aceptara desposarse con el difunto y, una
vez convencida, él oficiaría la ceremonia del matrimonio fantasma.
La
madre, agradecida, emprendió de inmediato el camino hacia el poblado, tomó un
destartalado bus que salía una sola vez al día, y con las señas del médium
llegó a la puerta de la casa de la mujer. La recibió de malas maneras una
anciana quien, reticente y desconfiada, llamó a gritos a su nieta, y pronto
tuvo frente a sí a una joven espléndida: hermosa y bien plantada, que la miraba
con desconcierto y duda.
La
madre le contó de la tragedia y le dijo a la chica que, si aceptaba casarse con
el fantasma de su hijo, honraría a sus ancestros y a los de él, y que se
liberaría para siempre de tener que casarse con un vivo, con todo el empeño y
el trabajo que traen consigo el llevar adelante una casa. Le dijo, además, que
ganaría una nueva familia, y que cuando partiera de este mundo lo poco que
tenía pasaría a sus manos. No dejó escapar la oportunidad para decirle que, en
muchos años, cuando ella falleciera, tendría en el más allá a un compañero que
prolongaría su felicidad, ya que así lo dice su nombre: Yong-ai es amor eterno.
La
joven no aceptó la propuesta de la madre y molesta le pidió que se marchara. La
mujer entristecida tomó el mismo bus de la mañana y fue en busca del médium
para contarle lo sucedido. Éste, sin inmutarse, le dijo que, si el alma gemela
de su hijo no aceptaba en vida unirse con él en matrimonio, tendría que hacerse
con ella difunta. Habría entonces que matarla, o él sería para siempre muy
desdichado.
Aunque
alarmada, la mujer aceptó la idea por el bien de su amado hijo, pero no sabía
cómo hacerlo. El médium le dijo que no se preocupara, que por poco dinero él
conseguiría quien hiciera el trabajo: dos amigos suyos la secuestrarían y se la
llevarían a su casa, y que ella debería tener todo listo para la ceremonia del
matrimonio fantasma, que debería hacerse con el cadáver fresco. Él la
oficiaría.
Llegado
el día, la madre de Yong-ai tenía dispuesto todo para el matrimonio, mientras
que la joven yacía casi agonizante sobre la antigua estera de su difunto hijo.
De pronto, entró de manera intempestiva el médium y con el rostro mofletudo y
demudado le dijo a la mujer, que él se había equivocado, y lo supo al conocer
el nombre de la joven: Fei-lin, que significa “volar como un ave”. Ella no es
el alma gemela de Yong-ai —agregó—: su sacrificio será en vano, él no tendrá
con ella la compañía que necesita en la eternidad.
*Escritor
y académico venezolano
rigilo99@gmail.com
Madrid.-
17 de septiembre de 2025
Por Myriam García-Grande Carromero
Cuando la guerra era tan solo una palabra
Algunos
creerán que estoy loca, incluso yo lo temo. Vivo en una ansiedad angustiosa
producto del bombardeo de noticias atroces desde el año 2019.
¿Por
qué desde el 2019?
Quizás
no lo saben, pero ese año el mal se escapó de la corteza terrestre y nos
intoxicó a todos. Los pequeños ángeles caídos en la trampa de Lucifer llevaban
décadas preparándolo. Como alquimistas del mal y del disfraz, nos tentaban con
experimentos de tiranía y autocracia sin darnos tiempo al espanto mientras sus secuaces
movían los hilos para mantener el arte tradicional de la guerra.
Sin
embargo, en ese año, en el 2019, ocurrió algo excepcional, aunque pasó
desapercibido para parte de Occidente: varios países sudamericanos fueron
golpeados por una violencia inaudita que salió de las cloacas para zumbar a sus
ciudades principales. En cosa de horas las calles fueron tomadas por el fuego y
una horda enfurecida reclamaba bajadas de combustibles, o del billete del
metro, para pedir, sin tiempo a la reflexión, una utópica igualdad largo tiempo
esperada.
Yo
viví en uno de esos países. Cuando ya me había acostumbrado al humo de las
barricadas y a la tiranía de elementos con pasamontañas que me obligaban a un
óvolo o a bailar para transitar por la calle, el demonio se inventó otra
trampa: una pandemia con nombre codificado, COVID19.
Sin
haber podido asimilar mi pérdida de derechos constitucionales me los volvieron
a arrebatar bajo el miedo a una muerte segura si desobedecía. A cambio podía
cantar todas las tardes desde el balcón en medio de caos de la excentricidad.
Convertida
en campo de pruebas médicas como sacrificio para poder viajar, me sometí a
vacunas, palitos por la nariz, escupir en una probeta y rellenar infantiles
formularios para traspasar fronteras.
Tan
absorta estaba en esos procedimientos burocráticos propios de la corte de
Tolomeo que mi mente estaba anestesiada. No era capaz de predecir el siguiente
movimiento del maligno.
Y
ocurrió, una mañana nos levantamos y un señor bajito vestido de verde anunció
que estaba en guerra con otro señor igual de bajito con la cara hinchada.
Ambos
justificaban, cada uno por su lado, la acción ofensiva y defensiva en afrentas
basadas en la cochina historia, origen de todos los males. Puertas mal cerradas
por donde sigue pasando la corriente hasta que alguien decide abrirlas y se
monta la gorda.
Desde
el Occidente evangelizador se hicieron llamados para aumentar los presupuestos
militares. Nos explicaron que la paz sólo era posible con la acumulación de
violencia metálica y digital.
Sin
haber digerido esta pesadilla, la televisión nos brindó otra nueva una mañana
de octubre. Octubre es un mes maldito. Los medios audiovisuales del planeta nos
regalaban imágenes de jóvenes, mujeres embarazadas, bebés y ancianos mutilados,
antes perseguidos como conejos, luego transportados al modo de basura codiciada
en camiones abiertos.
Sus
cuerpos pisoteados por los ultrajantes se mostraban de forma obscena en todos
los medios del mundo y otro conflicto, este agazapado en una red de túneles, se
exhibía a cielo abierto, provocando la mayor mortandad de civiles nunca antes
vista en el siglo XXI.
Al
finalizar la noticia creí notar un aroma a azufre, luego confirmé que era
pólvora.
Otra
guerra sin fuego recorría el mundo: la opinión. Unos pocos se movilizaron para
ayudar en lo que pudieran, aunque la mayoría estorbaba con sus blanquecinas
opiniones de salón.
Mientras
todo esto ocurría, una nueva sorpresa nos abofeteó sin piedad: el tirano sirio
había huido, Damasco había sido tomada por los extremistas islámicos y
Occidente aplaudía.
El
bien y el mal viven en ósmosis continua y los demonios intercambian sus
uniformes. El péndulo tiene todavía mucha energía y sigue visitando los
extremos enfrentados, los hace afines.
La
guerra, hasta hace poco, era solo una palabra. Ahora golpea las puertas de
Occidente y la industria armamentística aumenta el PIB de nuestros salvadores.
Decenas
de drones recorren los cielos del mundo, amedrentando, vigilando. Me pregunto,
atolondrada por el aluvión informativo: ¿Cuánto durará este impase o tregua?,
¿cuándo la guerra dejará de ser una palabra digital o de papel cuché? ¿cuándo
la sangre dejará de ser una imagen congelada en el televisor?
Estas
preguntan golpean mi conciencia antes de entrar en anestesia, y al instante
contesto despreocupada:
—No
sé, ahora no tengo tiempo para pensar. Tengo que contar todo esto, alimentar de
“stories” a mis pequeños diablos: mis seguidores de Instagram.
*Myriam
García-Grande Carromero, es escritora de ficción y novelista
Madrid.- 17 de septiembre de 2025
Por Juan López
Educación para el Diálogo
“La
educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana en el
respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y
libertades fundamentales” Artículo 27.2 de la Constitución Española.
La
educación es efectivamente esa tarea que consiste en formar personas
responsables y libres, activamente democráticas, conscientes del significado de
la profunda dimensión de la dignidad del ser humano. Por eso es una tarea capaz
de dar sentido a toda una vida, pues su objetivo último es precisamente ayudar
a descubrir el sentido de la vida a nuestros alumnos y alumnas.
Se
trata de enseñarles lo que significa el hecho de ser persona, de poseer la
profunda dimensión de la dignidad del ser humano, nuestra gran riqueza, la que
nos hace merecedores a todos por igual del más profundo respeto ,
independientemente del color de nuestra piel, de nuestro origen social o
cultural, de nuestra religión, ideología u opinión, de nuestro género o nuestra
edad, de nuestra posición coyuntural en la sociedad.
En
la actual crisis de alejamiento de la sociedad de la vida política es necesario
enseñar a nuestros jóvenes, que han nacido ya en democracia y que pueden creer
que la democracia es algo natural, que no sólo la democracia no es algo
natural, sino que ha sido y es una conquista continua de la humanidad, una
conquista de algunos pueblos, que ni siquiera disfrutan todas las sociedades,
que ha supuesto muchos dolores y sacrificios y, que como toda conquista humana,
como las propias relaciones personales, puede debilitarse o perderse, si no se
cuida, si no se realimenta, si no se rejuvenece cada día.
Se
trata de explicar a nuestros alumnos y alumnas por qué la democracia es la
forma de gobierno que mejor garantiza los derechos humanos, con el objetivo de
movilizar la vigilancia para fortalecer y mejorar nuestra calidad de vida democrática.
Y debe hacerse desde la educación para el diálogo, que nace de la conciencia de
que es mucho más lo que nos une que lo que nos separa, que es mucho más lo que
nos une a los demócratas que lo que nos separa, que es mucho más lo que une a
las diversas culturas del mundo que lo que las separa.
Una
educación para el diálogo y la convivencia en las aulas y en los patios de
nuestros centros educativos, para mantener a nuestros jóvenes activamente
alerta contra cualquier forma de exclusión racial o social, a partir de una
formación dirigida al desarrollo de su capacidad para ejercer la libertad y la
responsabilidad, la solidaridad y el respeto a las personas, que constituyen la
base de nuestra vida en sociedad.
Para
formar ciudadanos libres, que piensen y decidan por sí mismos, libres de
estereotipos y de los condicionamientos de raza, frontera,sexo o condición
social. Alumnado que sepa comprender la realidad social en que se vive,
cooperar, convivir y ejercer el diálogo para construir proyectos compartidos en
una sociedad plural, así como comprometerse a contribuir a su mejora.
Capacidad
de diálogo para construir la unidad en la toma de decisiones en las más
diversas situaciones y para responsabilizarse de las decisiones adoptadas. Para
construir desde el diálogo el juicio moral para elegir y ejercer activa y
responsablemente los derechos y deberes de la ciudadanía, desde una comprensión
crítica de la realidad que exige experiencia, conocimiento y conciencia de la
existencia de distintas perspectivas al analizarla.
Sabiendo
que los conflictos de valores e intereses forman parte de la convivencia y
deben resolverse con actitud constructiva y tomando decisiones a partir de una
escala de valores construida mediante la reflexión crítica y el diálogo. Ello
exige conocerse y valorarse, saber comunicarse en distintos contextos, expresar
las propias ideas y escuchar las ajenas, ser capaz de ponerse en el lugar del
otro y comprender su punto de vista aunque sea diferente del nuestro.
Por
eso, educar en el diálogo no es otra cosa que educar para el pluralismo, porque
la democracia también se debilita cuando se debilita el pluralismo, porque el
pluralismo se fundamenta en el rechazo a que nadie se imponga o perjudique a
nadie. En definitiva, en el respeto a los derechos inalienables de las personas
y a su dignidad. Sabiendo además que si no hay reciprocidad no hay relación de
respeto. Pues el pluralismo se apoya en el respeto a la diversidad y valora la
disensión y, la transforma en elemento de unidad, que es el éxito final de toda
convivencia.
Por
eso nuestra propuesta es educar en el diálogo como modo de participación
social, partiendo de un modo de construir la sociedad desde lo que nos une y no
desde lo que nos separa.
Trabajar
desde el diálogo nos lleva a sentir la opinión y la posición del escuchar
atentamente al otro como posible portador de una contribución válida,
conscientes de que cabe objetivamente la posibilidad de que nuestra posición
pudiera no ser acertada.
*Juan
López, es Inspector de Educación
Consiliario
de Educación del Ateneo de Madrid
Santa Cruz de
Tenerife.- 17 de septiembre de 2025
Abierto el plazo de propuestas para elegir la figura protagonista del Día de las Letras Canarias en 2026
Instituciones culturales, académicas y administrativas de Canarias podrán proponer candidaturas antes del 30 de octubre
El Gobierno de
Canarias, a través de la Viceconsejería de Cultura, invita a academias, centros
culturales y de investigación, universidades, ayuntamientos y cabildos
insulares a presentar propuestas para la elección de la figura protagonista del
Día de las Letras Canarias 2026.
Las candidaturas deberán presentarse al área de Cultura del Gobierno de Canarias antes del 30 de octubre por sede electrónica. Una vez cerrado el plazo, serán valoradas, por primera vez, por una comisión asesora, compuesta por nueve destacadas personalidades de la literatura canaria.
Este órgano estará conformado por José Ramos Arteaga, Alicia Llarena González, Beatriz Morales Fernández, Katya Vázquez Schröder, Humberto Hernández Hernández, María Isabel García Bolta, Félix Martín Hormiga, Eduardo García Rojas y Lázaro Santana Nuez. Así, la comisión evaluará la calidad, relevancia y aportación innovadora de las obras presentadas y seleccionará tres finalistas. La propuesta definitiva se presentará al Consejo de Gobierno, y se dará a conocer públicamente antes del antes del 30 de noviembre.
El Día de las Letras
Canarias es una cita anual que celebra y difunde el legado literario de las
Islas, rindiendo homenaje a figuras que han dejado una huella imborrable en la
cultura del archipiélago. Instituido en 2006, este reconocimiento incluye un
amplio programa de actividades que se desarrolla durante todo el año, con un
acto institucional que tiene lugar cada 21 de febrero, fecha en que se
conmemora el fallecimiento de José de Viera y Clavijo en 1813.
En sus últimas
ediciones, el Día de las Letras Canarias ha estado dedicado a nombres
destacados como Ángel Guerra, Félix Francisco Casanova o Alonso Quesada,
escritor protagonista en 2025.
'Las crónicas de Narnia:
El príncipe Caspian'
de C.S. Lewis
¡Cuatro hermanos de regreso a la escuela!Ha transcurrido un año desde que Peter, Susan, Edmund y Lucy volvieran del mundo maravilloso que descubrieron al abrir la puerta de un armario mágico, donde vencieron a la Bruja Blanca, reinaron y batallaron por la libertad bajo los designios del gran león Aslan. Ahora están de camino a la rutina escolar, esperando el tren en la estación… ¡pero Narnia les llama de nuevo!
Ya está a la venta Las crónicas de Narnia: El príncipe Caspian (Libro 4), una de las entregas más famosas de esta saga de fantasía épica gracias a la adaptación de Andrew Adamson en 2008.
La historia cuenta que, un año después de la primera aventura, es decir, mil años después en tiempo narniano, los cuatro niños a quienes conocimos en El león, la bruja y el armario son convocados para defender al legítimo heredero del trono de Narnia, que ha sido usurpado por un tirano. Los hermanos Pevensie ayudarán al príncipe Caspian a reinar como le corresponde, habrá un combate de honor que decidirá el destino de todo un mundo… y ésta será la última aventura en Narnia de dos de los niños.
Los tres libros restantes de la colección harán su aparición a lo largo de este trimestre. Los siete títulos cuentan con las impecables traducciones de Gemma Gallart, así como nuevas y espectaculares cubiertas a cargo del diseñador norteamericano Owen Richardson.
En el 75 aniversario del comienzo de la saga, se trata de una gran apuesta de HarperCollins Ibérica que devuelve a la actualidad esta serie heroica para todas las edades.
Más de 115 millones de ejemplares vendidos en 70 países y el próximo estreno de un ciclo de películas y serie de televisión, avalan su plena vigencia.
Canarias-La Gomera
San Sebastián de La Gomera abre el plazo para participar en el IV Concurso Literario Félix Casanova de Ayala
La
cuarta edición de este certamen literario se enmarca en la celebración de las
Fiestas de Octubre 2025
El plazo de presentación de
obras finaliza el 26 de septiembre y toda la información está disponible en la
sede electrónica https://eadmin.sansebastiangomera.org/
El Ayuntamiento de San Sebastián de La Gomera abre el plazo para participar en la cuarta edición del Concurso Literario Félix Casanova de Ayala con motivo de la celebración de las Fiestas de Octubre 2025. El plazo de presentación de las obras, tanto de relato corto como de poesía, finaliza el 26 de septiembre y tiene una dotación de 300 euros para cada modalidad.
La alcaldesa de San
Sebastián, Angélica Padilla, adelantó que esta edición contará con la
celebración del "Encuentro Literario Félix Casanova de Ayala", una
jornada en la que se debatirá y anunciará el veredicto del certamen con la
participación de Dulce Xerach, escritora de novela negra y ensayo, y de la
poeta Irina Daria.
Creadoras del movimiento
denominado 'Generación i', las dos autoras canarias compartirán este punto de
encuentro literario que servirá para dialogar sobre sus respectivas
trayectorias y analizar las nuevas tecnologías en el proceso creativo. Además,
presentarán el proyecto de "Neuroliteratura" que estudia, entre otras
cuestiones, las diferencias neurológicas en el procesamiento de la lectura, desde
la comprensión, la empatía y la memoria hasta la capacidad sanadora de la
literatura terapéutica.
Angélica Padilla remarcó que
este certamen literario tiene, entre sus objetivos, la promoción de la creación
literaria vinculada a la isla de La Gomera, "para que podamos descubrir y
apoyar a nuevos talentos en el ámbito de las letras en nuestro archipiélago,
ofreciéndoles esta plataforma para dar a conocer su obra".
Aday Herrera, concejal de
Cultura, añadió que "es un homenaje que debemos rendir a uno de los
poetas, novelistas y ensayistas más importantes de nuestro panorama literario,
reconocido por su trabajo a nivel internacional y con una extraordinaria bibliografía.
Félix Casanova de Ayala, popularmente conocido por su novela 'El Collar de
Caracoles', es un referente indiscutible de la creación literaria de nuestra
isla".
Herrera informó que, dentro
de la programación de las Fiestas de Octubre de San Sebastián de La Gomera,
"la cuarta edición de este concurso literario tendrá como temática
principal las fiestas, la tradición y la idiosincrasia de la isla. Solo pueden
participar autores mayores de edad y las obras deben ser originales e inéditas,
tanto en la modalidad de poesía como en la de relato corto".
En la modalidad de poesía,
la extensión mínima deberá ser de 12 versos y la máxima de 30, mientras que en
el relato corto la extensión mínima se establece en 3 folios y la máxima en 5,
que deberán presentarse en un tamaño de letra de 12, en tipografía Times New
Roman o Arial.
Tan solo podrá presentarse
una obra por modalidad y deberá hacerse en la Oficina de Registro de Entrada o
a través de la Sede Electrónica del Ayuntamiento de San Sebastián de La Gomera.
Cada relato deberá presentarse en sobre cerrado, por cuadruplicado y en páginas
numeradas. Además, deberá incluirse otro sobre, también cerrado, en cuyo
anverso figure el seudónimo y, en su interior, se adjuntará el nombre del autor
o autora, fotocopia del DNI, documento acreditativo de su residencia en
Canarias, dirección postal, número de teléfono y correo electrónico.
Las bases que rigen la
convocatoria de este concurso literario están disponibles en la sede
electrónica del Ayuntamiento de San Sebastián de La Gomera:
https://eadmin.sansebastiangomera.org/publico/edictos/2025000084
Por Gastón Segura
Entre los perdedores
—No
gana nadie; solo unos pierden más que otros.
¿Recuerdan
esta lacónica respuesta de Harry Moseby a su mujer, cuando le preguntó quién
vencía en aquel partido de fútbol americano que estaba mirando en el televisor?
En efecto; sucedió en mitad de aquella —al menos para mí— admirable La noche se
mueve (1975), de Arthur Penn. Y desde que se la escuché al defraudado detective
interpretado por Gene Hackman, una tarde de un sábado cualquiera, inapetente y
tumbado sobre un tresillo de skay de un destartalado apartamento de
estudiantes, la he masticado ya demasiadas veces; siempre, por un suceso tan
catastrófico como lo fuera, apenas unos meses antes, evitable.
Este
verano, contemplando las imágenes de los incendios que han devastado de norte a
sur la raya con Portugal, volví a morderla como lo que es para mí: una
siniestra y resignada jaculatoria. Al momento y para levantarme el ánimo y, de
paso, distraerlos —primera obligación de estas líneas— se me ocurrió que podía
dedicarle este par de páginas a la película. Además, me venía de molde al
cumplirse su cincuentenario. El resto era detallarles porque considero a La
noche se mueve una de las más sugestivas narraciones del cine negro, con
Chinatown (1974), de Roman Polanski, y El Ojo Público (1994), de Howard
Franklin, desde que este género se envolvió en el todo color y abandonó, en el
trasunto, la desgalichada trinchera y el embriagador stetson de ala ancha, ante
el que se elevaban las sinuosas volutas de un Lucky Strike o de un Camel
desemboquillado.
Pero
he aquí que, mientras cavilaba sobre esto y aquello para armar el artículo, se
me cruzó la tribuna, en el diario El País (del jueves 21 de agosto de este
año), «Apostar por la seguridad climática», de Teresa Ribera, la máxima
responsable de esta consunción de nuestros bosques y, apenas echando un vistazo
hacia atrás, de la mortífera anegación de la Huerta Sur de Valencia. No en
balde, ha sido secretaria de Estado de Cambio Climático (2008-11) y ministra
para la Transición Ecológica (desde junio de 2018 a septiembre de 2024; es
decir, hasta antes de ayer). Huelga decirles que la tribuna era un repertorio
de sentenciosas vacuidades para enmascarar la inutilidad del gobierno ante las
colosales igniciones de nuestros bosques, comenzando con el apocalíptico cambio
climático y siguiendo con el bálsamo de Fierabrás de la transición energética,
y por ahí todo seguido, el resto de petulancias: la sostenibilidad, la
resiliencia, la transversalidad, y de cuando en cuando, hasta la solidaridad
con las víctimas. En suma; una proclama tan fatua como inoperativa y, por
descontado, de todo punto indignante ante la mera constatación de la voracidad
incontenible de las llamas, a las que, por supuesto, no dedicaba ni una línea
no fuera a salpicarle alguna pavesa.
Más
estupefacto que enojado, me puse en contacto con los verdaderos peritos en el
asunto: un par de amigos ingenieros de Montes, quienes, sobre sus cualificados
criterios, me enviaron tres diagnósticos de otros tantos colegas suyos. Los
cinco —y de diversas adscripciones políticas— coincidían en determinar las
causas de la devastación: la ingente masa forestal —acumulación excesiva de
biomasa, así la llaman técnicamente— por la «deshumanización» de las forestas
españolas; es decir, por la carencia de todo aprovechamiento —prohibidísimo por
la rimbombante Ribera y sus acólitos, escudados tras las directrices europeas y
otros celebrados prontuarios internacionales—, cuya consecuencia es una
selvatiquez que, sobre emitir diversas partículas excesivamente combustibles,
produce una abigarrada acumulación leñosa, combinación indispensable para una
ignición veloz e intempestiva, apenas se produce un aumento momentáneo de las
temperaturas. Para lo demás, para su ingobernable y aterradora propagación,
basta con un repentino ventarrón o de una intrincada escarpadura del terreno.
Entretanto,
se ha perseguido despóticamente a los ganaderos y a los agricultores —recuerden
las manifestaciones de esta primavera—, oficios que más aprovechan y
transforman el bosque, al compás de una disminución hasta la ridiculez de la
inversión en la limpieza invernal de estas superficies y de otros medios de
intervención como retenes de bomberos especializados y sus dotaciones técnicas
(drones, maquinaria…), con el añadido de la dificultad para la obtención de
subvenciones con fines de desbrozamiento para aquellos terrenos que son de
propiedad privada —proporción muy elevada en el caso de Andalucía—. Por tanto;
más le hubiese valido a Teresa Ribera haberse preocupado por estos remedios
menos campanudos y más inmediatos o por el fomento de un mercado leñero —por
cupos y debidamente regulado— con que alimentar industrias que transformasen
los ramajes y los árboles sobrantes en fuente energética alternativa para los
establecimientos rurales, y suplir, al tiempo, el secular consumo de esta
materia y estimular un nuevo usufructo y la consiguiente limpieza de las masas
forestales; todo esto, sin mencionar el olvido de cualquier repoblamiento de
los bosques con especies herbívoras silvestres o domesticadas. En fin;
soluciones sencillas y al alcance durante su mandato, y tal vez no nos hubiese
legado estos estropicios de auténtico pavor.
No
obstante, estas calamidades se me antojan irremediables mientras el presidente
del gobierno, converso del catecismo de la fantasiosa Ribera, siga emperrado en
el pacto de Estado sobre el cambio climático; algo tan efectivo contra esta
oleada de incendios —y cuantas se vaticinan— como lo de las rogativas al santo
cuando aquello de la pertinaz sequía. De modo que, como Moseby, no me queda
sino mascullar:
—No
gana nadie; solo unos pierden más que otros.
Algunos
hasta la vida.
*Gastón Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.
Madrid.- 03 de septiembre de 2025
Por Ricardo Gil Otaiza
La cultura como
industria
En
lo particular, prefiero pensar que el lector no es un cliente (hay quienes me
apoyan conceptualmente en esta percepción, sobre todo los románticos, amantes
de la literatura y de las artes en general)
Décadas
atrás, las artes y las letras (que no entiendo por qué las separan, si las
letras son una forma de arte) eran parte de un oficio artesanal: erigidas desde
la paciencia de quien se entregaba por completo a construir una obra en
solitario, y, que una vez concluida, podía permanecer en un estudio, taller o
despacho un tiempo indefinido, hasta que ocurriese el “milagro” del
descubrimiento, que la diera a conocer al mundo. Pero podía ocurrir el
no-descubrimiento (dado en montones de artistas, que hoy son tomados como
clásicos), y la obra quedaba olvidada y era el azar el que se encargaba del
antes y el después. El gran pintor neerlandés Vincent van Gogh, pudo vender en
vida una sola de sus pinturas, titulada El viñedo rojo, y alrededor de este
hecho, y de todo lo que fue su vida, hay toda una polémica y una suerte de
teorías aun por clarificar, pero lo cierto fue que se autopercibía como un
fracasado, y, tal “sensación”, solo fue matizada gracias a la ayuda de su
hermano Theo, quien era marchante de arte y anhelaba darlo a conocer al mundo.
En
el caso de la literatura, los autores tenían que echar mano de la autoedición
(Borges fue uno de ellos, con su primer poemario Fervor de Buenos Aires, por
citar a una figura universalmente emblemática), porque no existía una industria
que tomara el texto y lo pusiera a volar por infinitos destinos, hasta que su
nombre lograra (o no) el reconocimiento. En Venezuela está el caso del merideño
Tulio Febres Cordero, quien al tener una imprenta editaba con celo sus propios
libros. La obra fundamental de Franz Kafka (El castillo, El proceso y América)
fue publicada (y modificada) de manera póstuma por su amigo Max Brod,
contraviniendo así el expreso deseo del novelista de que fuera destruida
(cuestión que hoy se debate, porque bien pudo él mismo hacerlo y dejó en manos
de su amigo la decisión, impulsado, tal vez, por el vivo deseo de que no se
perdiera).
En
el caso específico de la literatura, hoy en día se da también el fenómeno de la
autoedición (Amazon hizo de él un hecho menos bochornoso, sobre todo para
quienes no han tenido la “suerte” de hallar una editorial, que se interese por
sus libros, y, dicho sea de paso, algunos de ellos se han convertido en best
sellers: toda una realimentación). Empero, quienes sí logran insertarse en la
rueda sinfín del negocio editorial, transforman sus textos en libros que se
hacen mercancía en el contexto global, y podemos ver a autores que alcanzan a vender
cientos de miles de ejemplares, que no siempre responden a los criterios
estrictamente literarios (ya me he referido a este aspecto en anteriores
entregas), sino que forman parte de una categoría un tanto indefinida de
“materiales de consumo” para lectores no tan exigentes, o que solo buscan
entretenimiento y pasar un buen rato.
Ahora
bien, surge una interrogante: ¿es el lector un cliente? Visto desde el ángulo
de lo mercantilista, algunos teóricos del área afirman que sí entra en tan
compleja categoría, porque compra un libro en una casa comercial (librería),
que se surte de una editorial o distribuidora al por mayor, y que a su vez
deben dar razón de su venta al autor (que, dicho sea de paso, recibe un bajo
porcentaje por cada ejemplar). Por lo tanto, desde la visión del marketing el
lector es el consumidor final del producto. Claro, tal concepción queda en
entredicho cuando pensamos en las bibliotecas públicas, que prestan servicios
comunitarios casi siempre sin costo alguno para los lectores. Pero… ¿de quién
es cliente el lector? ¿De la librería? ¿De la casa editorial? ¿Del autor?
En
lo particular, prefiero pensar que el lector no es un cliente (hay quienes me
apoyan conceptualmente en esta percepción, sobre todo los románticos, amantes
de la literatura y de las artes en general). El lector es un consumidor de un
bien cultural, transijo, pero si partimos de la noción inicial de las artes y
de las letras de la que hablara al inicio, definitivamente no lo es, porque ser
lector es ya una categoría única y pluridimensional, que no admite derivaciones
de esta naturaleza, porque es alguien que se acerca a una obra de arte con
fines de disfrute estético de la misma, y eso no tiene precio. Como no es un
cliente quien paga un boleto de entrada para ver las obras en los museos. Como
no lo es tampoco, quien entra a un concierto sufragando una onerosa entrada.
Pero,
más allá del ámbito romántico (al que me adhiero, como queda dicho), el libro
es un producto, y como tal se comercializa. Así pasa con la plástica, con la
música, y paremos de contar. Independientemente de que yo, Ricardo, prefiera
sentirme como lector en su concepción práctica y filosófica, como también
espiritual, y que tal circunstancia ha producido en mi vida (y en la de muchas
personas) un impacto inmedible e incuantificable, lo que no podemos negar es
que la cultura es una poderosa industria, que mueve cuantiosos capitales en
todos los órdenes del acontecer humano, y que tal desbordamiento (la industria
editorial en España es poderosa, así como en Francia, EEUU, Argentina, México y
Colombia, entre muchos otros, y ni se diga de la industria audiovisual, cuyos
alcances se pierden de vista), hace de la misma centro de interés planetario.
Años
ha, la cultura era una burbuja a la que no todos tenían acceso, y hoy se ha
masificado. Sin embargo, surge así la realidad de su carácter crematístico, y
la incidencia en la pérdida de la calidad y del halo sublime (y hasta
beatífico) de antes. ¿A cuál de los eslabones corresponde, entonces, poner el
cascabel al gato?
*Escritor
y académico venezolano.
rigilo99@gmail.com
Madrid.- 03 de
septiembre de 2025
Por Myriam García-Grande Carromero
Fuego
Este
verano la noticia es el fuego, algo que como la sequía no se anticipa; se sufre
y se comenta.
Bares
y demás tribunas imparten sentencia sobre lo sucedido y la manera de solucionar
este mal que como los ríos de estiaje es novedad predecible: cuando las lluvias
de estación anegan las huertas milenarias, hay que prepararse para el desastre.
El
fuego es parte de la historia del mundo, en general, y en particular, de esta
península de múltiples climas y alocadas ideas. El fuego es el hipnotizador con
el que celebramos la muerte de lo viejo y la llegada de lo nuevo: el solsticio
de verano.
El
fuego o su manejo es una herramienta para eliminar plagas, para repartir
semillas e incluso para preservar el crecimiento de bosques que lo necesitan
para crecer, para ser reciclados. Pero también es una herramienta de
destrucción y cambio que el hombre usa para su interés, el que sea, por necio
que el motivo parezca.
Para el hombre es un hito en su desarrollo el descubrimiento del fuego. Quiere decir, aunque no se atreve, de su control. Pero en realidad, solo sabemos encenderlo. Apagarlo es mucho más difícil.
Abrumada
por el ruido vacío de cotorras tanto oficiales como oficiosas, mi cabeza vuela
a Yosemite, al Parque Nacional protegido por el Capitán, el domo invencible. Me
veo años atrás, con mi familia, delante de un marshall que nos explica la
necesidad del fuego en ese ecosistema, en el parque de coniferas y pastos. Un
parque invadido por tomas de agua y caminos de asfalto, con grupos de bomberos
equipados a lo Fahrenheit 451 para provocar el fuego que extinguen horas
después. Pero a veces el fuego es indisciplinado y corre juguetón entre los
enormes secuoyas. Lame y marca sus troncos; las columnas más atrevidas, sus
copas.
En
muchos países boscosos, el fuego tiene una institución gubernamental que lo usa
con diligencia. No veo instituciones de
ganado que hagan esa función y me confunde.
El
fuego solo es noticia cuando el hombre no ha podido dominarlo o festejarlo,
como en San Juan. Y digo repetidamente hombre porque la mujer es minoría en
este gremio.
Desde
el aire, con nuestros intrépidos artilugios, arrojamos tierra, espuma y agua.
Desde la tierra, entregamos vidas y esperanzas.
Después
mi mente caprichosa recuerda los fuegos indomables que todos los años acosan a
Los Ángeles, la Amazonía, Siberia, la Patagonia o a grandes superficies de
Australia.
Evoco
lo lejano y no puedo mirar lo que tengo al lado.
Hasta
Madrid, la ciudad borbónica e hija de Habsburgo, hasta ese pedazo de tierra que
no es ciudad sino villa, el fuego ha asediado a sus vecinos despreocupados en
este fatídico 2025. Año y desgracias que pronto se olvidarán por el aluvión
precipitado de nuevas tragedias.
Y
yo no quiero verlo. Cuando mire la montaña chata de nuevo quizás sea solo pasto
de ceniza, y no quiero verlo.
Desde
la España calcinada hasta la España inaudita, todos hemos sido pedernal y
lumbre, alguna vez.
Lo
sorprendente de esta vez, de este año de milagros tecnológicos, es que el
hombre desde el poder no ha querido ser protagonista —¡terrible patriarcado! —,
y le echa la culpa al empedrado: al
cambio climático o al comodín del
publico.
El
nuevo puritanismo nos condena al fuego, inundaciones y mares desatados mucho
antes del próximo milenio. El planeta se calienta, claman hordas amaestradas
que no ven el fuego arrancando páginas de historia convertidas en virutas. ¿Es
irremediable? Mientras unas cabras diligentes abren cortafuegos en algunos
lugares olvidados y ahuyentan las hogueras.
El
ser humano, patriarcal o no, lo quiere controlar todo: la naturaleza, los prójimos y a la historia.
Sin embargo, si no puede hacerlo, se acuerda de Dios, y entonces es una
maldición.
A
las cabras se les están uniendo unas vacas trepadoras que huyen del ardiente
sol, y siguen pastando, construyendo nuevas heridas en los chisqueros para
convertirlos en ignífugos.
Estas
nuevas maldiciones, las de un planeta que ya no nos quiere, ya no se arreglan
con el rezo y el arrepentimiento: se transforman en castigo y se olvidan
vociferando.
Estos
nuevos chamanes despellejaran tierra y gargantas con estos infalibles métodos,
y el próximo año de lluvias pródigas y estiaje extremo, el fuego nos volverá a
quemar con la ayuda del hombre.
Las
ovejas se han unido al resto de rumiantes, son un ejercito que ara el follaje,
lo machaca, mastica, digiere, excreta y deja pelada la tierra. Son los últimos
supervivientes de la tierra yerma que florecerá la próxima primavera.
*Myriam García-Grande Carromero, es escritora de ficción y novelista.
Madrid.- 03 de septiembre
de 2025
Por Peter Schmidt Bubath
La peregrinación del nombre Bubath
Existen
nombres que, como guijarros en la corriente de la historia, se desgastan hasta
perder su forma. Y existen otros que, como un cristal duro, viajan a través de
los siglos – raros, inconfundibles, un destello en la oscuridad.
Así
es el nombre Bubath.
Apenas
aparece – cinco veces en la guía telefónica alemana, como un puñado de semillas
en un mar de Schulze, Schmidt y Müller. Pero cuanto más raro se muestra, más
clara resulta su huella.
¿Su
origen? Quizá allí donde el Nilo brilla al sol. En Bubastis, la ciudad de la
diosa gata Bastet, se alzaba un templo que ya en la Antigüedad era venerado:
Per-Bastet, la casa de Bastet. Allí estaba la fuente. Un nombre envuelto en la
fuerza de la gata: protectora del hogar, guardiana del misterio, tierna y a la
vez salvaje.
De
allí, cuenta la leve leyenda, los hombres llevaron el nombre consigo.
Quizá
judíos que tuvieron que abandonar Egipto. Quizá comerciantes en ruta. O quizá
solo un hombre, que en tierra extraña fue nombrado con esa palabra en los
labios: “Bubathis… uno de allí”.
La
huella conduce a Tesalónica. Un puerto, un laberinto de callejuelas, un refugio
para refugiados y mercaderes. Allí vuelve a aparecer el nombre, como “Bubat-”
con múltiples sufijos – todavía en la guía telefónica de 2005, como raíces que
se ramifican bajo las casas de la ciudad. Tesalónica fue el puente: una ciudad
que guardaba lo que otros expulsaban.
Y
luego, un salto hacia el norte. Durante siglos, a través de matrimonios, destierros,
azares – el nombre se encontró en el Báltico, en Lituania. Allí se convirtió en
el apellido de un cochero, que en un invierno gélido perdió la paciencia. El
señor lo dejaba helarse en el pescante mientras él se entretenía en estancias
cálidas. Unos tragos de vodka encendieron su valentía – y así lanzó a su amo
las viejas palabras:
„Laižyk
man subinę!“ – „¡Lámeme el culo!“
Una
frase que rompió el orden. Un insulto tan poderoso que retumbó como un trueno a
lo largo de las generaciones. El cochero perdió su empleo, la familia su lugar
– pero el nombre Bubath permaneció. Viajó de boca en boca, de corazón en
corazón.
La
memoria de la sangre
No
solo viajó el nombre, también la sangre.
Fluía
por los cuerpos, millones de veces en círculo, siempre por el corazón, el
órgano de la sensación. Así no llevaba solo vida, sino también recuerdo.
La
sangre era como un disco duro del carácter – un depósito del alma de grupo.
Y
esta herencia era pesada.
En
la sangre de esta familia corría una melodía oscura:
una
dureza que no sabía perdonar,
una
memoria que conservaba cada ofensa,
una
voluntad que no quería soltar el pasado.
Así,
en el corazón – donde la sangre late siempre de nuevo –
no
se alimentaba calor, sino la vieja brasa del rencor.
La
ofensa no se perdía,
se
deslizaba por las venas
y
buscaba otro corazón, otro rostro –
hasta
la “tercera generación”.
Era
una herencia como una maldición:
implacable,
rencorosa, inflexible.
Una
corriente que no quería olvidar.
Pero
esa misma corriente que puede conservar,
también
puede transformar.
Porque
la sangre no es solo memoria,
es
también presente.
No
lleva solo la vieja melodía,
espera
el instante
en
que alguien la reconozca –
y
la conduzca a otra tonalidad.
Así vive el nombre.
De
Bubastis a Tesalónica, del Báltico hasta hoy – a través de siglos y
generaciones. Es un pequeño templo, un eco de la diosa gata Bastet, un insulto
en la nieve, un sello familiar en tierra ajena.
Y
en ti comienza la corriente que no solo guarda esa melodía,
sino
que la transforma.
Madrid.- 19 de agosto de
2025
Por Gastón Segura
Nenia
por un patriota
Bajo este calor de agosto,
cuando apenas se habían desvanecido los vuelos fugaces de las Perseidas, se
consumaba en el cadalso de Roa de Duero uno de los hechos más vergonzosos de la
historia de la nación y, a mi parecer, también sino de cuánto sucederá en los
dos siglos que han transcurrido ya desde aquella aciaga tarde. Juan Martín El
Empecinado, a quién, salvo su vehemencia y su inabdicable independencia, poco
puede reprochársele; ni crueldades, tan propensas en el ejercicio irregular de
las armas, ni tampoco la rapiña desmesurada, pues sus botines se atuvieron
siempre a lo estipulado por la Junta Central y de la Regencia; y acaso,
revolviendo aquí y allá, solo le encontrásemos una lacha: su pasión por las
mujeres. Los tres hijos concebidos fuera del matrimonio y aquel primerizo
secuestro, cerca de Carabias, de una aristócrata francesa, que penó con cárcel
en El Burgo de Osma, son prueba de esta mácula —si cupiese considerarla así por
alguien—; pero nada más hay que pueda ensombrecer su peripecia en defensa de la
patria, y sobre esta, de la libertad de los españoles. Y, sin embargo, como una
bestia sanguinaria, amarrado de brazos y tirado desde un caballo, fue llevado
desde Olmos, donde se le capturó —cuando se creía amnistiado por Fernando VII—,
la noche del 22 de noviembre de 1823, en casa de su hermano, hasta Roa de
Duero, donde, tras subirlo a un tablado para el vilipendio y la laceración
pública, padecería diecinueve meses de presidio en un torreón y, por medio,
juicio sentenciado ya por aquella frase del rey felón: «Ya es tiempo de […]
despachar al otro mundo a Chaleco y al Empecinado»; luego, vino la ejecución
injuriosa de malhechor —como al mismo Riego, dos años antes, en Madrid—, con
paseo sobre un burro desorejado y entre una multitud venida para desfogarse y
complacerse con su óbito, hasta que llegado al pie del cadalso, «dio tan fuerte
golpe con las manos, que rompió las esposas —según relata con vil gracejo el
alcalde de Roa—. Se tiró sobre el ayudante del batallón para arrancarle la
espada, que llegó a agarrar; pero no pudo quedarse con ella porque el ayudante
no se intimidó y supo resistir. Trató de escapar entonces en dirección a la
Colegiata y se metió entre las filas de los soldados […] Por fin, los
voluntarios realistas pudieron sujetarlo y lo colocaron en el mismo sitio donde
estaba cuando rompió las esposas, esto es, junto a la escalera de la horca. Los
sacerdotes intentaron exhortarle, pero, viendo que no les hacía caso, y, por el
contrario, parecía burlarse, el fray Ramón, dirigiéndose al público como si
echase una plática cristiana, gritó:
—¡No recéis por este perverso, que muere condenado! [...] Entonces, para evitar forcejeos y trabajos, se trajo una gruesa maroma y se ató por medio del cuerpo, y así se le subió hasta el punto donde tenía que hacer su trabajo el ejecutor de la justicia, que, ayudado por algunos voluntarios realistas, le sujetó fuerte, cogiéndole por los cabellos, y le preparó bien los cordeles [...] y quedó colgado con tanta violencia que una de las alpargatas fue a parar a doscientos pasos de lejos, por encima de las gentes. Y se quedó al momento tan negro como un carbón».
Porque no faltara traición
contra quien fuera mariscal de España y laureado de San Fernando, ese fray
Ramón se plugo en relatar los secretos de su última confesión por escrito a los
absolutistas. Claro que, en la vida de El Empecinado, se cruzó Domingo
Fuentenebro; quien ya lo encausara con encono cuando el episodio de la
francesita, e incluso cuando era caudillo invicto del Bajo Aragón, la Alcarria
y la Manchuela emitió, desde Sigüenza, gruesos pliegos en su contra a la Junta
Central, y en su último juicio, corrió a Roa para encargarse de la alevosa
instrucción; destruida al poco, para no dejar testimonio de su avilantez y de
la de su señor y soberano, que le premió al punto con una muy suntuosa
corregiduría. Y ha sido triste para todos, como les decía al principio, que
durante estos dos siglos no se hayan sucedido en los estrados sino fray ramones
y fuentenebros; esos bufeteros, ávidos de despacho público, y que en la
administración y en los partidos se pliegan abyectos al superior mientras miran
con torva inquina al insumiso; ¿o acaso me negarán que las cortes no se hallan
cuajadas de ellos?; ¡si hasta un altísimo tribunal es presidido por quien se
afana en emularlos!
Qué distintos de aquel
hombre, espejo de lealtad a su pueblo y a la libertad, que conocida la traición
del rey y ante las proposiciones de títulos y enormes capitales que le ofrecía,
los rechazó con: «Diga usted al rey que si no quería la constitución, que no la
hubiera jurado; que el Empecinado la juró y jamás cometerá la infamia de faltar
a sus juramentos». Por eso les ruego que este martes, cuando se cumplirá el
bicentenario de aquella ignominia en Roa, tengan un recuerdo para este héroe,
ofendido por nuestra cobardía de entonces y, por lo visto, de ahora; tanto que
ni el monumento de Burgos, levantado por suscripción pública y donde reposa, ni
tampoco el de Alcalá de Henares, enjugan esta vergüenza. Y luego piensen que,
pese al desgobierno venal vigente, aún disponemos de ejemplos en nuestro pasado
para reconstruir la honra.
Artículo publicado por el "Imparcial" el domingo 17 de agosto de 2025
*Gastón Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.
Madrid.- 19 de agosto de
2025
Por Ricardo Gil Otaiza

Linchamiento en las redes
Los autores de calidad, que
son también enormes vendedores de libros, lo son (o lo fueron) por su densidad
y hondura argumental, por contar grandes y conmovedoras historias, por echar
mano del ingenio y del talento
Ya no se requiere de un
garrote para acallar al otro, o para ponerlo a la fuerza al servicio de una
determinada causa (sea esta de cualquier calibre), porque las redes sociales se
han convertido de un tiempo a esta parte en una trinchera oprobiosa, desde la
que se busca acallar la voz que no conviene, la que molesta a los oídos de
muchos, la que se atreve a pensar y a expresar distinto a la mayoría (y la
contraviene), la que se singulariza precisamente por decirlo todo sin filtros
ni tapujos, y es entonces cuando una masa ciega (muchas veces anónima y
analfabeta) se vuelca contra esa voz solitaria y le cae a piñazos, la insulta,
la erige en punto focal para sus constantes arremetidas, sin importarle si con
ello se destruye un nombre y una reputación, porque la masa no piensa, solo
sigue sus instintos, y cuando se topa con una víctima, pues la transforma en
carne de cañón.
No es la primera vez que por decir algo en Facebook, en Instagram, o en X (no sigo otras redes, por fortuna), soy víctima de insultos, sobre todo cuando me atrevo a ir a contracorriente en muchos territorios, particularmente en el político. No obstante, curado como estaba de esos fantasmas, porque desde hace años juré no patinar en las pistas de la declaración política o electoral, me replegué en la literatura, en la que me siento holgado y cómodo (y con mucha cancha: toda la vida trajinando las letras), pero con un criterio estético que va más allá de lo comercial, para insertarme en una crítica basada en mi experiencia, y también en la realidad literaria del mundo global, que hoy adquiere dimensiones avasallantes y también esperpénticas.
Me atreví (debo reconocerlo:
soy un atrevido e iconoclasta, y a mí me cuesta un tanto callarme cuando siento
que tengo una verdad en mis manos) a criticar a la escritora chilena Isabel
Allende, autora superventas que es idolatrada en muchos contextos de América
Latina y de Europa, de quien expresé en Instagram que es una escritora mediocre
y una mercantilista del libro. La reacción y linchamiento no tardaron mucho en
darse, por la instantaneidad de lo electrónico, y los mensajes, todos subidos
de tono, se salieron del contexto literario para adentrase en lo personal y en
el insulto. Claro, no soy de los que se quedan callados, repito (y a veces es
aconsejable dejar pasar si no deseamos quebraderos de cabeza), y las trincheras
se armaron en mi contra, hasta el punto de que pocos me apoyaron y el aluvión
me cayó en encima, sin que se lograra entender el sentido de mi crítica.
La masa no piensa, se deja
arrastrar por la emoción, y si hay quienes azucen la bandera (por diversas
circunstancias) de la “dignidad de la pobre mujer vapuleada por un don nadie,
machista para menor ventaja y envidioso del éxito ajeno”, ya me dirán del
zafarrancho que se armó, y al que tuve que desistir por fastidio, porque no me
daban tregua ni un ápice de condescendencia, sino el ataque frontal para
hacerme pagar la supuesta afrenta hecha a la Allende, que a entender de algunos
es “una gran escritora” y, por ende, intocable por los cuatro costados.
Lo que jamás comprenderán los supuestos defensores de la autora (y digo supuestos, porque muchas veces quienes participan en tales reyertas, jamás conocen a fondo la materia tratada, sino que se suman mecánicamente a ella, para “gozar” y jorobar la paciencia a un fulano que osó ir más allá de lo aceptado), es que vender muchos libros no es un hecho necesariamente reñido con la calidad de una obra, y ejemplos hay montones en la historia de la literatura que lo avalan. Vendieron muchos libros luminarias como Vargas Llosa, Javier Marías y Julio Cortázar, por solo nombrar algunos autores, y enormes obras de la literatura se venden hoy como pan caliente y nadie, en su sano juicio, se atrevería a dudar de su calidad: El Quijote de Cervantes, Ulises de James Joyce, El lobo estepario de Hermann Hesse, Cien años de Soledad de Gabriel García Márquez, Romeo y Julieta de William Shakespeare, Crimen y castigo de Fiódor Dostoyevski, Cumbres Borrascosas de Emily Brontë, Madame Bovary de Gustave Flaubert, y dejo hasta acá la lista.
¿Es Isabel Allende una
autora clásica y entrará en una lista como la anterior, por el solo hecho de
vender cientos de miles de ejemplares de sus novelas a una masa informe y
decididamente fanatizada? Perdónenme de nuevo, pero no. Y no lo digo yo
solamente (no es algo que yo tenga entre ceja y ceja o en su contra, y exude mi
veneno como un oscuro elixir): la crítica en general es unánime al expresar,
que la novelística de la autora es comercial y de una medianía abismal; como
abismal es la calidad de la obra total de un superventas como Paulo Coelho, que
ha hecho una fortuna colosal comercializando sus libros, que son un río, aunque
de un centímetro de profundidad.
Los autores de calidad, que son también enormes vendedores de libros, lo son (o lo fueron) por su densidad y hondura argumental, por contar grandes y conmovedoras historias, por echar mano del ingenio y del talento, alcanzando así belleza en el lenguaje y elevadas cimas de madurez humana. La literatura que hoy es clásica, fue posible porque toca con maestría el espíritu del hombre y de la mujer, en donde se cuecen las emociones, así como la alegría de vivir, pero también su tragedia y dolor. Son libros que, a pesar del paso del tiempo (o gracias a él), les siguen hablando con fuerza a las sucesivas generaciones, y nunca envejecen, porque son universales: muchos nos miramos en su espejo y nos vemos reflejados, tocados también por el inasible espíritu del arte.
*Escritor y académico
venezolano.
rigilo99@gmail.com
Madrid.- 19 de agosto de 2025
Myriam García-Grande
Carromero
El rugido de la tierra, la garganta subterránea que templa caldos mineros
Desde Linares a Cartagena,
el pico y el barreno desmenuzaron la roca en terrones, glebas antaño de azada
que escondían plata, oro, plomo o zinc. El que debía ser siglo de la
ilustración, compaginó las guerras de leyes viejas, religión y atisbos de
liberalismo, con la explotación soterrada de la madre tierra.
Faenas olvidadas sacaron
huesos de nuestros ancestros, como Atapuerca; otros agujeros naturales nos
descubrieron las pinturas más bellas del mundo, Altamira, a base de tintura de
la tierra, el fuego y las huellas del cuerpo.
Unos pocos se afanaron en
exprimir las vetas, a golpe de martillo y sudor, para extraer el metal que
construye útiles, o el combustible para olvidar el viento helado de las láminas
yermas.
Los valles se cuajaron con
el estruendo de la dinamita y el repicar cadencioso del pico y el martillo,
ritmo antiguo, binario, casi animal, versos melódicos sobre quintillas o
cuartetos octosílabos.
“Ay que adónde andará mi
muchacho,
Ay, hace tres días que no lo
veo
dime dónde está este
muchacho
sí estará bebiendo vino
o andará por ahí borracho
ay, o una niña me lo habrá
comprometido.”
Y bajo la tierra apretada,
apalancada entre marcos de madera, allá abajo, en la soledad del eco de las
palabras, fandangos y otros palos se ciñeron a las margas para ahogar el quejío
eterno de los sepultureros de su propia sombra.
“Hay que madrugar
Madrugar y trabajar
Subir y bajar la cuesta
A mí me da poco el jornal
Eso no me llega la cuenta
A la mina no voy más.”
Las coplas cambiaron de
ritmo y se volvieron boquetes en las gargantas. La tristeza de la pérdida, la
soledad, el miedo, la pasión maldita y hasta la ausencia de honra se cantó
desde las entrañas, con litros de alcohol barato y algún canario como
impredecible aviso de la muerte.
Había nacido el cante
minero, la taranta, los tarantos, la cartagenera, los levantinos, la murciana.
El flamenco había salido de Andalucía para desentrañar caldos de cantes
emparedados en el miedo de no ver al sol.
“Conchita la Peñaranda
la que canta en el café,
ha perdío la vergüenza
siendo tan mujer de bien”
Las letras eran y son
anónimas, incluso acuñadas improvisaciones del día a día en forma de faena
hercúlea, cantadas y modificadas por cada cantaor. Versiones sin derechos de
autor, arte sin teatro, voces que templaban sin maestros ni fastos. Los
primeros autores fueron los propios mineros que acompañaban el llanto de sus
herramientas con las gargantas rotas por la niebla eterna de la galería.
Las mujeres fueron la vigía
del minero enterrado para seguir vivo, para luego cantar con dignidad sus
desdichas. Las que, con la prole y el recuerdo del cálido abrazo, obligaban al
hombre a bajar día sí, día también, a enfrentarse con sus miedos. Más tarde
fueron protagonistas en primera persona, producto de la viudez y la soledad-
El maestro Chacón, y luego
otros, dio estructura a estos nuevos caldos, los perfeccionó y lo entroncó con
el futuro nuevo flamenco. Creó el concepto de autoría sin eliminar nunca la
raíz coral de este canto que es de todos. Don Juanito Valderrama los sacó del
olvido, retando a sus compañeros de faena a sacar de la tierra amarga el canto
silenciado por abandono y también por los nuevos ritmos, ritmos sin hondura,
sin pasión, cantados mientras las manos de las mujeres enrojecían bajo el agua
helada o los fogones ardientes. Rojo el
Alpargatero grabó las letras en el fondo de las minas y se hizo inmortal. Y
Concha la Cartagenera se convirtió en mito.
Este año, en verano, se
celebrará otra vez un festival que nos recuerda un pasado cercano, en tierra
que fue de minas, en La Unión. Transito
entre el calor de fuego del asfalto y los viajes a lejanas latitudes con el
canto de esta tierra domesticado en un pendrive.
Escucho a la gran Linares, a
doña Carmen, recordar al minero que canta en la mina, por una oscura galería, y
recuerda que dejó a su prenda durmiendo. El maestro Camarón se atreve con
minera de la Unión y escucho el invisible zapateo de un taranto de la reina sin
igual del género, la inmensa Carmen Amaya. Los cantos y bailes ya tienen
algunos apellidos e incluso algún nombre propio, pero todos, todos son fruto
amargo de un sentir colectivo, de la tradición oral de un canto que se
transmite de minero en minero, de viuda a viuda, de maestro a sus discípulos.
Los intérpretes colorean con sus voces la creación colectiva que no anónima de
este canto sin fin. Las minas hace tiempo que muchas cerraron, pero la memoria
sigue viva, el chorro de voz es hoy más fuerte que nunca, el quejío duele como
barreno que explotara en nuestras entrañas.
Contagiada por esta magia,
traigo las alforjas llenas con estas letras y estos ritmos, y se las presento a
ustedes, desvelando un secreto, un patrimonio inmaterial que quizás
desconocían.
Lo comparto con todos
ustedes a modo de rito y reto, a modo de inspiración, para que ustedes creen
sus propias coplillas que el tiempo y la humedad doliente de la mina
convertirán en patrimonio doliente, anónimo y permanente.
“Tu una joya y yo el joyero
Tu eres el agua y yo la
corriente
Tu una joya y yo el joyero
Tu el pueblo y yo soy la
gente
Tú la maquina y yo el fuego
Ay, que tu el pecaor y yo el
penitente.”
*Myriam García-Grande Carromero, es escritora de ficción y novelista.
Madrid.- 19 de agosto de
2025
Por Juan López
JORGE
VOLPI: La Poesía como terapia
Jorge Luis Volpi, es un escritor
mexicano , miembro de la llamada Generación del Crack, movimiento de novelistas
mexicanos que con El Manifiesto Crack pretende renovar la estética del “Boom
latinoamericano” de los Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez,
y Mario Vargas Llosa, de gran éxito editorial en Europa y en todo el mundo,
planteando un nuevo modo de creación literaria alternativo.
Se integran en la Generación
del Crack, además de Jorge Volpi, Ignacio Padilla, Eloy Urroz, Pedro Ángel
Palou, Ricardo Chávez Castañeda, Alejandro Estivil y Vicente Herrasti.
Titulado en Derecho por la
Universidad Autónoma de México y doctor en Filología hispánica por la
Universidad de Salamanca, Jorge Volpi es un escritor genuinamente atípico,
interesado por la política y el pensamiento actual y apasionado del mundo de la Ciencia y sus
implicaciones, como su padre, médico, con quien confrontó ideológicamente, pero
del que aprendió la admiración por el funcionamiento del organismo humano. Sus
novelas tienen siempre un trasfondo de reflexión ética.
Recibió el Premio
Planeta-Casa de América en 2012 por una de sus obras más definitorias: “La
tejedora de sombras” sobre su relación con Henry Murray, el director de la
Clínica Psicoanalítica de Harvard, creadores ambos del Test de Apercepción
Temática.
Además ha cultivado el
ensayo con obras como “La imaginación y el poder”, “Una historia intelectual de
1994”, donde aborda la Revolución Zapatista o “El manuscrito de Jorge Cuesta”,
que le valió el Premio Plural de Ensayo.
Jorge Volpi cuenta, además,
entre otros, con el prestigioso Premio
Iberoamericano de las Letras “José Donoso” y
el reconocimiento de la Orden de Isabel La Católica en 2016.
Actualmente es el Director
del Centro de Cultura Contemporánea “Conde Duque” de la Comunidad de Madrid.
Jorge Volpi describe de
forma profunda las relaciones del organismo humano, con la psicología y la vida
interior, así como la función terapéutica de la literatura tanto para el
creador como para el lector, singularmente la poesía, la parte más significativa
y, para quien esto escribe, la más bella y admirable.
Su última gran obra “Exámen
de mi padre”, su libro más íntimo, nos desvela el de su vocación literaria y de
sus aficiones, las controversias ideológicas con él, en un contexto de autopsia de México.
*Juan López, es Inspector de
Educación.
Consiliario de Educación del
Ateneo de Madrid
Madrid.- 11 de agosto de
2025
Sonia Muñoz Guevara
A 6 años de su ausencia
![]() |
| José Carlos Cataño |
El poeta y también artista plástico, nació en San Cristóbal de La Laguna (Tenerife), el 30 de agosto de 1954 y nos deja el 08 de agosto del año 2019 en Barcelona.
Todavía me cuesta creer, que nos haya dejado este gran hombre, de una sensibilidad extraordinaria, tanto para sus poemas, diarista, narrador, ensayista y también artista plástico, en la fotografía, pintura y collage.
En el Centro Cultural de
Los Cristianos, (Arona)Tenerife, en el año 2005 del 17 de junio, presenta su libro Los que cruzan el mar,
aunque anteriormente ya lo había conocido, en una de las Ferias del Libro, en
Santa Cruz de Tenerife. Conversamos de todo y así de sencillo, y contento de
estar nuevamente en Tenerife. Por la noche, el público estaba esperándolo en la
sala, para hablarnos de su obra.
Sus estudios, los llevó a cabo en la Escuela de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife, luego se licenció en Filología Románica en la Universidad de Barcelona en el año 1977. Se convierte al judaísmo en Marruecos, lo que influyó notablemente en su obra y pensamiento.
Fue miembro honorario de la Academia Canaria de la Lengua desde 2009. También fue director del ciclo cultural El papel de Canarias en Barcelona, en los años 1993 y 1996, impulsando la literatura canaria fuera del archipiélago.
Su poesía está marcada por la insularidad, el mar y la isla son figuras recurrentes que atraviesan su poesía, narrativa y diarios. En una entrevista dijo: “Escribo para conocerme y desconocerme, pero sobre todo por una necesidad vital”
Entre sus poesías,
destacan: Disparos en el paraíso, Muerte
sin ahí, El cónsul del mar del Norte, A las islas vacias, entre otras mas.
En Narrativa: De tu boca a los cielos, Madame.
Entre sus diarios: Los que cruzan el mar. Diarios 1974-2004
(2004), De rastros y encantes, La próxima vez.
Ensayos: Aurora y exilios. Escritos,1980-2006 (2007)
![]() |
| Izda. Reynaldo Perez So, Candido Hdez. Sonia Muñoz G. y José Carlos Cataño |
Con estas líneas, recuerdo a este amigo-poeta y también amante de los gatos, para suavizar la tristeza, que me ocasionó, el día que nos dejó, en su residencia de Barcelona.
A sus familiares y a su compañera Carmina de Luna, mi abrazo grande.
https://www.youtube.com/watch?v=MSlKPLsVMpE
AMORES ILUSTRES
(de El cónsul del mar del Norte, 1990)
Yo
también podría decir algo acerca de eso.
Guardaos
vuestras estrellas polares, vuestras
interminables
noches de amor, vuestras damas
exquisitas,
vuestras hembras calientes como,
una
mañana por Nyangabulé. Tanto me da.
Acaso
el amor sea el instante en que tiemblan
dos
cuerpos demorando derramarse el uno en
el
otro, los ojos en los ojos, la lengua en el
secreto
previo al desfallecimiento.
José
Carlos Cataño
MI
COPA DE VINO
(de Disparos en el paraíso, 1982)
Alguien,
si alguna vez, tan
intensamente
fue, como el recuerdo
gime,
arde tan lejos que ya lo
creo
verdadero en la distancia.
Quise arder sobrevivo de su cuerpo
que no fue. Mas mi empeño,
de dañarlo.
José
Carlos Cataño
Madrid.- 06 de agosto de
2025
Por Gastón Segura
UNCIDOS
A LA PROEZA
Apenas se había cumplido
mes y medio de la boda entre Catalina de Bora y Martín Lutero, suceso
estupefactante para la Iglesia, pues ambos eran, sobre proclamados herejes,
monjes exclaustrados, partía de La Coruña la flota —ni más ni menos que siete
naos— bajo el mando de quien también se le titulaba freyre por profeso
caballero de Malta, García Jofre de Loaysa. Esta expedición llevaba dos grandes
cometidos: asentar plaza en las Molucas —entonces posesión portuguesa— y,
entretanto, averiguar qué había sido —y en su caso, rescatar— a los tripulantes
de la Trinidad; aquel otro barco que partiera, tres años antes y a la par que
la Victoria de Elcano, de Tidore, bajo el mando de Gómez de Espinosa, pero con
rumbo inverso; es decir, desde poniente a levante para arribar, sobre el
extensísimo Pacífico, a las costas mejicanas. Por lo demás, la salida de esta
escuadra de La Coruña supuso tal acontecimiento en la ciudad y en la corte
imperial que hasta se pensó en abrir allí nueva y exclusiva Casa de
Contratación para el pingüe comercio de las especias.
Y aunque supongo que
habrán tenido ya noticias por la prensa, pues hace unos quince días se celebró
su quingentésimo aniversario, no me he resistido a dejarles estas líneas por lo
hazañoso de la aventura y, sobre todo, por los personajes enrolados en la
misma, que, cuanto menos, son señeros jalones de nuestra historia. Por lo
pronto; mencionaré a Juan Sebastián Elcano, vero conocedor de los mares del
viaje, quien, contra toda prudencia, no era el almirante sino solo el capitán
de la Sancti Spiritus. Y no es que Loaysa fuese un estafermo puesto al gobierno
por su pariente fray Francisco García de Loaysa, confesor de Carlos I y
presidente del Consejo de Indias; al contrario, contaba con una muy conveniente
experiencia diplomática para pactar con los aborígenes y los comandantes lusitanos,
adquirida durante sus embajadas ante la Sublime Puerta, en Estambul. Pero aun
así, la travesía era ignota, dado que constituía la segunda navegación por
aquel derrotero. Y para muestra lo sucedido: apenas embocaron el estrecho de
Magallanes, la Sancti Spiritus se desbarató contra los farallones. Visto el
tamaño de los tumbazones antárticos, la Anunciada desertó rumbo al cabo de
Buena Esperanza y jamás se supo de ella; mientras la San Gabriel, más cauta,
giró de bordo y para España. Así que de siete, quedaron cuatro navíos ante el
Pacífico, cuando una nueva tormenta los dispersó: de la San Lesmes perdióse
todo rastro; en cambio, la Santa María del Parral, aunque desgajada, afirmó su
propósito y arribó a las islas Célebes, donde sus tripulantes fueron
esclavizados, y en cuanto al patache Santiago, en cabotaje andino, ascendió
hasta la Nueva España; total, que tras aquel turbión, la Santa María de la
Victoria, la capitana, se halló absolutamente desmerecida; y más al mes
siguiente, cuando el 30 de julio moría en su cámara Loaysa, y a las cinco
jornadas, su sucesor en el mando, Juan Sebastián Elcano.
Tal que bajo un capitán de
improviso, el contador Martín Íñiguez de Carquizano, llegó a las Molucas el 29
de octubre de 1526 —tras un año, tres meses y cuatro días de navegación—, con
ciento cinco hombres, entre los que se hallaba el grumete Andrés de Urdaneta.
Les aguardaba por delante una década de pugna con los portugueses, porque, en
efecto, lograron alzar fuerte y bojear el archipiélago de la especiería, y
todavía más allá cuando apareció, desde Zihuatanejo, al norte de Acapulco, la
Florida, al mando de Saavedra Cerón, quien tentará en dos ocasiones el
tornaviaje, por Nueva Guinea al sur y por el norte hasta Cipango, para dejar de
estos conatos una enjundiosa relación que servirá años después a Urdaneta.
Este mozo con su último
capitán en las Molucas, Hernando de la Torre, pisó al cabo Castilla en junio
1536, huidos de Lisboa, donde Urdaneta fue despojado de toda su valiosa
documentación, pero en absoluto de la memoria. Con su minucioso recordar rehízo
lo vivido y sabido durante aquellos diez años ante el Consejo de Indias; luego,
recibió compensación acorde y hasta licencia para retornar a América. Ya en la
Nueva España, ofició como capitán y corregidor hasta 1553, cuando con cuarenta
y cinco años se enclaustró como agustino en el cenobio de México. De allí
saldría, dos lustros después, por real orden para servir, como reconocido
peritador de las geografías australes, de cosmógrafo en la expedición de López
de Legazpi, cuyo objetivo era afirmar el aposento de las Filipinas. Y allí
arribaron el 13 de febrero de 1565. Aunque llegado el 1 de junio, Urdaneta
acometió el segundo mandato de la empresa, donde habían fracasado tanto la
Trinidad como la Florida de Saavedra. Y zarpó de Cebú con la San Pedro rumbo
norte hasta superar la latitud de Cipango. Allí aguardaba, según sus antiguas
noticias aquilatadas durante decenios, que la corriente de Kuro-Shivo lo
pusiese a la vista de La California. Así ocurrió en septiembre, y frente a
Acapulco, el 8 de octubre; una derrota de apenas cinco meses; asombroso.
Acababa de trazar el
tornaviaje del célebre Galeón de Manila, que cambiará la economía de China y de
Europa, mientras convertía, durante los dos siglos siguientes, a México en la
ciudad donde el derroche y la suntuosidad no conocían parangón en el mundo. Y,
a su través, este manojo de proezas que debiéramos evocar cada tanto, aunque
fuese por mero orgullo.
Artículo publicado por el "Imparcial" el domingo 04 de agosto de 2025
*Gastón Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.
Madrid.- 06 de agosto de
2025
Por Ricardo Gil Otaiza
COMO LAVA ARDIENTE
Vistas las circunstancias,
pronto concluí que hay libros que se escriben para la mera contemplación (de
allí el título), y que la misma te coteja con el “Yo”, te enfrenta con dureza a
tu realidad y hace que reacciones
Quienes escribimos, no
necesariamente lo hacemos para exponer nuestros textos a la vindicta de un
lector, sino como una manera de reconciliarnos con nosotros mismos, de
establecer en nuestra interioridad una suerte de hilo conductor, que nos
amalgame y haga de nuestro ahora un espacio para la vida, y para esto nada
mejor que los diarios, en donde asentamos el día a día, y vamos concretando a
largo plazo un relato de nuestra propia historia.
En realidad, nunca me
había planteado llevar un diario, hasta que un recordado profesor de mi primera
maestría, quien era consultor personal y psicólogo, nos invitó a escribir un
diario, y la experiencia me gustó: esos textos están en el cuaderno de gran
formato de tapas duras y negras que compré para la ocasión (por sugerencia del
mismo profesor), y que dejé en Venezuela, y créanme que jamás estuve tentado a
publicar todo lo que allí asenté, que fueron unas cuantas páginas (tal vez unas
cincuenta) con cuestiones personales y familiares, y con el correr de los meses
el ejercicio perdió fuerza y sin percatarme abandoné su escritura.
Por supuesto, si hoy me
propusiese transcribirlo y publicarlo, pues no me reconocería, porque estaría
hablando del hombre que fui y que ya no soy, del hombre que dio un giro de
ciento ochenta grados a su existencia, y no me sentiría “identificado” con
aquellas entradas que daban cuenta (sobre todo) de mis lecturas asociadas con
episodios del día a día, y hasta la prosa sería para mí algo ininteligible,
porque cambié drásticamente mi manera de escribir, de relatar hechos e
historias, y no sentiría en ese libro que estuviese hablando de mí mismo, sino
de otro; posiblemente de un heterónimo.
Años después (el 1 de
enero de 2019) emprendí la dura tarea de llevar un diario en una hermosa agenda
que compré para tal fin (me gustan las agendas), y no hubo un solo día en el
que, a pesar de la fatiga y del cansancio por mis obligaciones (y por la
inmensa crisis nacional que teníamos encima, que me doblaba los hombros casi
hasta derrumbarme), no asentara mis emociones y sentimientos que salían de lo
más profundo de mi ser, y el 31 de diciembre de aquel año (el más duro de mi
existencia, ya que mi familia había emigrado y yo me hallaba solo en la casa),
puse el punto final al libro.
Sí, trescientas sesenta y
cinco páginas que palpitaban como un corazón herido, que me llevaban a
recomponer (si es que aquello era posible) los girones de mi vida quebrada
hasta más no poder, desgastada y avasallada por los acontecimientos personales
y familiares, lacerada hasta la total pesadumbre, y fue así como en el 2020 me
di a la fatigosa y compleja tarea de transcribir y de corregir los textos, de
darles (a veces) la coherencia y la lógica que la rapidez de la escritura
resquebrajaban, de insuflarles el reacomodo y la vitalidad inexistentes en un
espíritu trastocado como el mío, que sentía cómo su mundo se había ido a fondo
y que ya no había vuelta de página posible; que todo estaba consumado.
Cada entrada era un
tormento, y no por la autocompasión, precisamente, tan común en estos casos,
pero que jamás ha sido mi consejera (por fortuna), sino porque me sentía
vaciado del espíritu, exento de energía y de fuerzas, carente de aquella
animosidad con la que desde siempre acometía la preparación de un libro (y que
me lanzaba en los brazos del sueño y de la esperanza), y sin ilusión no hay
posibilidad alguna de una obra, aunque esta sea un libro diario, que daba
cuenta de tantas cosas: buenas y malas, de obras ajenas y propias, de proyectos
y de realizaciones en los que había invertido todos mis sueños.
Apurado como estaba, y en
medio de una espantosa epidemia (que se sumó con codicia a mis subyacentes
males del espíritu), pronto contacté a una editorial mixta (de aquellas que
editan bajo demanda y que colocan el libro en versión electrónica en las
plataformas) y les mandé mi libro, que titulé: La imagen que me contempla.
Diarios 2019, que supongo nadie habrá leído en papel (cada impresión es muy
costosa), pero que trajo a mi ser una paz inexplicable: una serenidad que hacía
tiempo no recordaba, y que surtió en mí una suerte de catarsis emocional y me
dejó una insospechada liviandad, que tardó mucho tiempo en marcharse.
Vistas las circunstancias,
pronto concluí que hay libros que se escriben para la mera contemplación (de
allí el título), y que la misma te coteja con el “Yo”, te enfrenta con dureza a
tu realidad y hace que reacciones, aun en medio de difíciles circunstancias, y
esto es sencillamente sanador.
Claro, es sanador si los
diarios son de veras, es decir, escritos en el día a día, lo que trae consigo
fluctuaciones, declives y hasta elevadas cimas (como habrá de suponerse),
porque la vida no es tabula rasa, sino la genuina representación de una
sinuosidad, que muchas veces nos desborda hasta el desvarío, y otras tantas nos
lleva por los insospechados territorios del alma, que no siempre se muestran
iluminados sino en medio de terribles sombras.
Hay también los falsos
diarios, que se escriben con fines literarios, que buscan diversificar los
intereses temáticos bajo la figura de entradas con sus fechas, y, que, dicho
sea de paso, se disfrutan enormemente, como La letra e de Augusto Monterroso,
que he leído infinidad de veces y que ya es un clásico.
Y hay también, finalmente,
los diarios que jamás se publican y se quedan durmiendo en las gavetas (como
los primeros que llevé), pero que nos llevan a disciplinar la escritura y el
pensamiento, a discernir situaciones, a dejar que aflore todo aquello que nos
posee como lava ardiente.
rigilo99@gmail.com
Madrid.- 06 de agosto de
2025
ZIZEK
La creciente notoriedad
del esloveno Slavoj Zizek se debe sobre todo al permanente empleo de medios
masivos de comunicación para transmitir sus ideas. Se ha valido del cine y del
video para poner ejemplos concretos acerca de lo que está exponiendo, y lo ha
hecho con brillantez y osadía. Sus películas y videos le han servido para hacer
hincapié en los problemas que desea elucidar, y con ello ha ganado un auditorio
importante. Posee gran sentido del humor, es desenfadado y desaliñado, y eso
gusta a los jóvenes. Se ubica de modo presencial en los escenarios de crisis y
desde ahí emite sus juicios y valoraciones, que le han dado la vuelta al mundo.
Es prolífico y no tiene miedo a equivocarse; es blanco de críticas y acusado de
plagio, rectifica, va hacia adelante.
La formación de Zizek es
esencialmente marxista. hegeliana y psicoanalítica, y su estilo barroco y
suntuoso; hace permanentes parodias y se involucra con el tema a tratar hasta
quedar exhausto. Así lo ha mostrado en sus numerosos libros, de donde citamos
Porque no saben lo que hacen. El goce como factor político (1998), El acoso de
las fantasías (1999), Reflexiones sobre el multiculturalismo (1998), La
revolución blanda (2004), El espinoso sujeto. El centro ausente de la ontología
política (2001), Amor sin piedad. Hacia una política de la verdad (2005).
En todos ellos hay
aseveraciones inquietantes y acaso sorpresivas (o sorprendentes), pero dotadas
de un fuerte sustento conceptual. Me ha gustado especialmente su libro El
discreto encanto de la ideología (1989), uno de sus primeros trabajos, obra
donde aborda uno de los nudos gordianos de la contemporaneidad: el monstruo de
la ideología; monstruo que ha devorado casi todos los demás estamentos:
historia, cultura, política, poder: todo ha sido pasto de la ideología. En ésta
hay páginas admirables que discurren observando primero lo que Zizek llama el
“Síntoma”, por donde desfilan acercamientos a Marx y Freud, el fetichismo de la
mercancía, la risa totalitaria, el cinismo como forma de ideología, la fantasía
ideológica y la objetividad de la creencia; también nos presenta a Kafka como
crítico indirecto de Althusser y a la fantasía como soporte de la realidad;
luego lo que él llama el plus-valor y plus de goce. En la segunda parte del
volumen nos encontramos con lo que él llama la falta en el otro, la identidad
(el colchón ideológico), la anamorfosis ideológica y la retroactividad del
significado, la fantasía como pantalla para el deseo del Otro y la fantasía
social. Para finalizar esta sección, hace parodia de una película de James
Bond: Sólo se muere dos veces (la película se titula Sólo se vive dos veces):
entre éstas dos muertes se hallan la revolución como repetición, el amo y el
dirigente. En la parte tercera de este notable libro nos encontramos con un
acercamiento al sujeto: el significante fálico, el antagonismo como encarnación
de lo Real, la opción obligada de la libertad y el sujeto supuesto,
intercalados con un “chiste” hegeliano (no olvidemos que Zizek tiene como uno
de los referentes de su filosofar a Hegel) y el supuesto saber. En fin, el
filósofo esloveno se da gusto en la titulación provocativa de sus enunciados,
para concluir con la lógica de la sublimidad; “la riqueza es el yo”, “el
espíritu es un hueso”; rematando con varias postulaciones y presuposiciones que
pueden ser intercambiables, en este permanente juego conceptual que realiza
Zizek para encantar al lector. Lo que me atrae más de Zizek es que en su
discurso coloca a todos los filósofos en el mismo rasero, no tiene preferencia
por ninguno, disfruta pensando, todos dialogan en él por igual.
También acierta Zizek
cuando emplea el método psicoanalítico –especialmente el
lacaniano- lo aplica a la posmodernidad y a la sociedad global del siglo XXI.
Mediante un estilo provocador, ha conseguido atraer una nueva atención hacia la
filosofía, que había entrado en una especie de hibernación pública, y ello
tiene su mérito. En todo caso, ha puesto de nuevo a nuestra disciplina en la
palestra y ha hecho que muchos jóvenes se interesen en ella no como mera
curiosidad (se hallan embebidos muchos de ellos en los medios visuales, a punto
de convertirse en ágrafos) encontrando en Zizek a un interlocutor ideal para
ventilar sus preocupaciones.
Zizek no ha creado
propiamente categorías, sino conceptos atractivos adaptados a nuevas
realidades, sin la pretensión eurocéntrica (él es de Europa del este, zona
afortunadamente marginal) de alzarse con demasiadas ideas originales, hace
énfasis en la naturaleza de lo real (real-simbólico; real-real; real-imaginario)
en donde asoma diversas nociones para pensar nuestra sociedad, mediante la
observación de grandes películas de la historia del cine, usando el
psicoanálisis y desmembrando por momentos el núcleo duro de lo real. Similar
procedimiento emplea con lo simbólico; se refiere a la pantalla de televisión o
al interfaz como mediadores entre el observador y el material cultural
observado.
Creo que, con ello, Zizek
ha realizado contribuciones al pensamiento del siglo XXI cuando habla sobre
fenómenos como el ciberespacio, las realidades virtuales o las pandemias. En
esta dirección se han editado sus obras La guía perversa del cine (2006) y La
realidad de lo virtual (2004) y Guía perversa de la ideología (2012) y Pandemia
(2020).
Zizek sigue activo como
cineasta, apoya los procesos soberanistas de Europa y ha ocupado importantes
cátedras en varias universidades europeas.
© Copyright 2022 Gabriel
Jiménez Eman. Tomado del libro "Del logos moderno a la razón global".
Coedicion Fabula-Oikos. Incudef, Coro Falcón, 2022.
*Gabriel Jiménez Emán escritor, narrador, poeta, ensayista, compilador y traductor venezolano, destacando más en el ámbito de la narrativa y la poética, la cual ha sido traducida a varios idiomas y recogida en antologías latinoamericanas y europeas.
Madrid.- 06 de agosto de
2025
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«Parte meteorológico»
Nuria Ruiz de Viñaspre (España)
Madrid.- 29 de julio de 2025
En ocasión de las Fiestas Patrias del Perú, celebrado ayer 28 de julio, el poeta peruano, Manuel Ramirez Santos, y fundador de SPNB (Sábados Poéticos la Nueva Barraca), nos envía su poema
TUPANANCHISKAMA
Un día marché a lo
desconocido,
dejando mis playas, mis
cordilleras y mis selvas,
volé por el aire y desde
el aire pude despedirme,
despedirme de mi mundo, de
mis padres, de mis
amores y de mi presente
hasta entonces.
El viento me llevó a un
mundo que solo conocía
en sueños y desde allí
solo quedó
el recuerdo de mi vida
pasada.
El aroma a monte,
algarrobo y retama
aún están presente en mi
vida.
Pasarán los años y seguiré
recordando aquel día
en el que subí a las nubes
para llegar hasta aquí.
Seguiré recordando el
llanto amargo que de los
ojos de mi madre brotaban
y la seriedad y el
silencio de mi padre.
Pasarán los años y hasta
el día en que mi espíritu
vuele por última vez y
vuelva a ver,
una lágrima asomará tímidamente
por mis mejillas.
Ese día volaré tras mis
pasos, pisaré verdes montañas
regadas de retamitas,
hundiré mis pies descalzos en
cálidas y candentes
arenas, aspiraré un olor a mar y a
selva, miraré el palacio
de la plaza mayor de la gran
Lima, haré una reverencia
a la catedral y
caminaré por ese largo
jirón hasta llegar a la otra
gran plaza, la plaza San
Martín.
Allí miraré el teatro
Colón y las tres gracias,
mientras la garúa moja mis
cabellos.
Volaré también hacía el
cerrito de Acuchimay
desde donde miré una noble
Huamanga,
desde donde vi los bailes
de sus hijos.
Sin pensarlo volaré
también sobre el desierto de
Sechura, escucharé un
chilalo cantar y mi corazón
se regocijará al cruzar el
puente viejo de mi bella
Piura.
Mi vuelo llegará a su fin,
mi espíritu se marchará
agradecido por haber
podido volar por última vez,
tras mis pasos del ayer.
Tupananchiskama, hasta
volver a ver.
Madrid.- 25 de julio de
2025
Presentado el libro:
Viajes de Autor por España
obra
colectiva de 14 autores.
Una jornada memorable con
la Federación Mundial de Periodistas de Turismo en España,(FIJETEspaña) que
presentó el pasado 16 de julio al mediodía su nueva obra colectiva Viajes de Autor por España en el
emblemático Círculo de Bellas Artes de Madrid.
El acto fue presidido por
Miguel Ángel González Suárez, presidente de FIJETEspaña; Enrique Sancho,
director de Open Comunicación; y el decano del periodismo español, Rafael Ansón
Oliart.
Viajes de Autor por España,
es
una colección única que presenta una visión caleidoscópica, de nuestro país a
través de la pluma de experimentados periodistas especializados en turismo.
Cada uno de los 14 autores aporta su perspectiva personal y profesional,
creando un mosaico literario que revela los secretos, historias, y rincones más
fascinantes de la geografía española.
Los autores participantes son:
Adrián González Padilla, Diana
Isabel Esteban Alonso, Diego Caballo Ardila, Enrique Sancho Blanes, Hernán
Dobry, Joaquín Muñoz Coronel, Luis José López Paadín, María del Carmen
Cespedosa Sánchez, María José Cavadas Gormaz, Miguel Ángel González Suárez,
Miguel Ángel Sánchez De La Morena Del Olmo, Momo Marrero, Néstor Luis Trujillo
Herrera, y Nuria Alberti.
Por Gastón Segura
La resurrección de un creador
Cuando, tras cuatro meses
de emprenderla innumerables veces, Stanley Kubrick por fin había terminado su
respuesta a una carta laudatoria de quien tanto admiraba, descubrió, entre
atónito y desolado, cuán inútil había sido aquel largo devanarse ante el papel,
porque su destinatario, Akira Kurosawa, acababa de morir.
Esta anécdota valdría como
prueba del imponente respeto que suscitaba el japonés entre los grandes
directores (Fellini, Polanski, Bergman…); es más, los barbudos yankees de la
generación de los setenta (Lucas, Coppola, Spielberg, Scorsese…) le produjeron
—o buscaron el modo de producirle— sus últimas y epopéyicas obras: Kagemusha
(1980), Ram (1985) y Los sueños (1990); y después, aún le quedaron fuerzas e
ingenio, pese a sus ochenta y tres años, para rodar Madadayo [Aún no] (1993) y
para escribir los guiones de El mar nos mira (1993) y de Después de la lluvia
(1995), que ya se filmarán póstumamente.
Sí; porque Akira Kurosawa
había nacido el 23 de marzo de 1910, en el barrio tokiota de Higashioi y se
había introducido en el oficio en parte por la influencia de su hermano Heigo,
crítico de cine hasta su suicidio en 1933, y en parte porque su desafiante
solicitud de trabajo, en 1935, a los recién fundados estudios Photo Chemical
Laboratories (luego rebautizados Toho) causó una simpática curiosidad en el
realizador Kajiro Yamamoto, bajo quien aprenderá los rudimentos del menester
hasta completar en solitario el film, entre comercial y propagandístico, La
leyenda del gran judo (1943). Por lo demás y como saben, su nombre cundió por
primera vez entre la profesión y los aficionados —y con él, la atención por la
filmografía nipona, hasta entonces ignorada en el circuito internacional—
cuando Giuliana Stramigioli, representante de una productora italiana en el
Japón, se le ocurrió incluir a Rashomon (1950) en el Festival de Cine de
Venecia de 1951, donde ante el asombro general —comenzando por el propio
Kurosawa, recién despedido de Daiei, la productora, por considerar aquella
narración, amén de incomprensible, injustificadamente cara— recibió el León de
Oro. De seguido; la RKO la distribuyó por EEUU, y aquello ya se tornó, sala
tras sala, en una marcha triunfal.
Les cuento todo esto
porque pasado mañana se cumplirá el cincuentenario de la concesión del Gran
Premio del Festival internacional de cine de Moscú a, quizá, su película más
popular: Dersu Uzala (1975). Y es que Dersu Uzala, más allá de la inmensa
humanidad que respira la aventura por la taiga del «Capitán» y del cazador
hezhen, es la resurrección de Kurosawa para el cine y, sobre todo, para sí
mismo.
Desconozco exactamente por
qué el estudio estatal soviético Mosfilm se empeñó en rodar de nuevo la crónica
del explorador y topógrafo Vladimir Klavdievich Arseniev, cuando en la URSS ya
lo había sido en 1961, y por qué eligieron a Kurosawa, pero en cambio puedo
asegurarles cuán devastado se hallaba entonces el gran maestro, al punto de
haberse intentado suicidar sangrientamente el 22 de diciembre de 1971; y no
tanto por la indiferencia de sus paisanos —pese a los premios y menciones
internacionales— ante su primera película en color, Dodesukaden [¿Dónde estás?]
(1970), como por el profundísimo desengaño, ocasionado un par de años antes,
por el desbarate del más emocionante proyecto que jamás se le hubiese ofrecido:
Tora! Tora! Tora! (1970).
Se trataba de una
producción de la 20th Century Fox sobre el ataque a Pearl Harbor; la acción del
lado imperial la narraría Kurosawa, mientras que de los estragos y el caos en
la base hawaiana se encargaría ni más ni menos que David Lean; ¿cómo no iba a
entusiasmarse ante una propuesta así, que podría convertirse en la más
extraordinaria de cuantas películas bélicas pudiesen verse?
Pero cuando Kurosawa
llevaba algo más de un semestre, con Ryuzo Kikushima y Hideo Oguni, enfrascado
en el guion de su porción de metraje, el presupuesto se redujo drásticamente y
sus cuatro horas planificadas se vieron comprimidas de un tajo a noventa
minutos; en cuanto a la participación de Lean, también se desveló como una mera
ilusión porque el contratado finalmente para aquella otra mitad del film era
Richard Fleischer; y si a todo esto le añadimos que los métodos de
preproducción —incluidos los meticulosos ensayos— de Kurosawa no se conjugaban
de ninguna manera con las exigencias prácticas de los ejecutivos
hollywoodienses, obtenemos el resultado: apenas habían transcurrido tres
semanas de rodaje cuando la 20th Century anunció que Kurosawa abandonaba el
proyecto por enfermedad. Una socorrida manera de despedirlo. Y, por supuesto,
su nombre ya figuraría para siempre en la lista de los directores reprobados
por la industria, con Orson Welles o Joseph Losey o tantos otros creadores,
salvo milagro… Y ese fue Dersu Uzala.
Ahora comprenderán mis
ganas por recordarles el lanzamiento mundial de esta cinta, hace cincuenta
años, en Moscú, avalado, luego, por un taquillaje internacional espléndido para
tratarse de un producto soviético, y cuya consagración —con un ineludible eco a
abochornada disculpa— fue la concesión del óscar a la Mejor película en lengua
extranjera.
Después, como ya mencioné
antes, vinieron sus casi operísticas Kagemusha y Ram, apoyadas por los jóvenes
revitalizadores de los grandes estudios de Los Ángeles, y con las que Kurosawa
se desquitó doblemente de su reconcomida necesidad de acometer no solo una
majestuosa superproducción sino de mostrar al mundo cuán deslumbrante podía ser
su manejo del color. Ya solo un deseo le quedó por cumplir: morir rodando; una
desgraciada caída se lo impidió.
Artículo publicado por el "Imparcial" el domingo 20 de julio de 2025
*Gastón Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.
Madrid.- 23 de julio de
2025
Por Ricardo Gil Otaiza
Y los he llorado
Si algo me enseñó la vida
en materia de libros, es no comprar a ciegas; es decir: sin haber constatado
una y mil veces que es realmente necesario para mis intereses literarios tener
un determinado título
Por cuestiones propias del
algoritmo, me llegó un viejo video en TikTok del escritor español Arturo
Pérez-Reverte (grabado en su biblioteca), y a la pregunta: “Y tú prestas
libros?, el autor responde contundente: “No prestaría ningún libro, ninguno de
estos libros saldrá de aquí jamás, nunca, cuando era joven cometí el error de
prestar libros, y los perdí para siempre. No, no, aquí no hay nada que prestar,
cada cual que…, yo oriento, enseño, muestro, señalo, me preguntan, digo,
recomiendo, pero jamás dejaría un libro de mi biblioteca, jamás.”
Déjenme decirles que yo
era de la misma opinión (y sigo pensando como él), pero cuando tienes que
emigrar, porque sí, tu biblioteca entera no cabe en una maleta, y te encuentras
angustiado pensando con cuáles de tus libros te quedarás. De toda esa gran
cantidad de espléndidos volúmenes que están frente a ti, necesariamente deberás
escoger los que se irán contigo, y la punzada directa al corazón te llega
cuando tienes que devolver a los anaqueles aquellos que no podrán viajar (que
son la gran mayoría de ellos), y aunque los ames, aunque sean parte de tu ser,
aunque estén inscritos con cincel en la historia de tu vida, no pueden
acompañarte en tu larga travesía personal, y eso es tan doloroso para los
amantes de los libros como yo, que debo reconocer la tristeza que llevo encima
por haber dejado atrás miles y miles de tomos que atesoré toda la vida (unos
cuatro mil quinientos, que no son tantos si los comparo con los veinte mil de
un amigo), que cuidé con esmero, que evité (como Pérez-Reverte) dar en préstamo
para no perderlos, y así no tener que llorarlos jamás.
Y los he llorado
(metafóricamente hablando), qué le puedo hacer, ya habrá un punto de quiebre en
el que el dolor amaine y diga mirando al horizonte: “haré una nueva biblioteca,
recuperaré ediciones originales, me haré de aquellos tomos que para mí son
fundamentales”. Pero el problema, queridos lectores, es que toda mi biblioteca
es esencial en mi tarea como escritor e intelectual. Créanme: cada vez que me
pongo a escribir, siento la atávica pulsión de levantarme para ir a mi
biblioteca y hacer las inevitables consultas, y me he visto a mitad de pasillo
camino hacia mi ya fantasmal biblioteca dejada atrás, y de pronto reacciono,
tomo conciencia del asunto y me recrimino (no sin pesadumbre): “¿qué haces
Ricardo?”
En eso estoy, me explico:
armando otra vez la que será una pequeña biblioteca (nunca como la que dejé,
aunque por ahora he repetido dos volúmenes imprescindibles: El Quijote de
Cervantes, que con esta nueva edición suman ya cuatro las que he adquirido en
mi vida, y El infinito en un junco de Irene Vallejo), y pienso ampliar el
espectro y sumar a mi acervo libresco e intelectual las obras de otros autores,
a los que en este contexto puedo alcanzar sin mayores dificultades. Compré Los
diarios de Emilio Renzi, del argentino Ricardo Piglia (en edición de bolsillo),
y que desde hacía años me apetecían y no podía conseguir. He de agregar, que de
Piglia tengo en Venezuela más de doce obras imprescindibles en narrativa, que
leí con absoluta e inefable fidelidad.
Compré el primer tomo de los Diarios. A ratos perdido 1 y 2 del autor español Rafael Chirbes (lamentablemente fallecido): todo un tomazo que todavía no he empezado a leer, pero cuyos referentes son sencillamente extraordinarios. A Chirbes no lo conocía, pero sé que su obra es considerada por muchos críticos como verdaderos clásicos, y su nombre podría alcanzar mayor relevancia en los próximos años. Leo en estos días la más reciente obra (2024) de la escritora madrileña Marta Sanz, que me tiene agarrado del cuello: Los íntimos (Memoria del pan y las rosas).
Si algo me enseñó la vida
en materia de libros, es no comprar a ciegas; es decir: sin haber constatado
una y mil veces que es realmente necesario para mis intereses literarios tener
un determinado título, y no prestarle demasiada atención a la promoción de las
editoriales comerciales, que, lógicamente, buscan vender sus productos así sean
mediocres, así como tampoco a los premios de las propias casas, porque suelen
pagarse y darse el vuelto sin ningún escrúpulo.
Por supuesto, y no lo voy
a ocultar, sigo indagando embelesado los catálogos y me gustaría contar con
mucho dinero para tener los libros que anhelo, solo que ya no estoy en la edad
en la que pueda decir sin rubor alguno: “lo leeré algún día”, y debo ser más
racional en los planes de lectura. A ver si me explico: mi interior clama por
comprar desaforadamente como lo hacía hace cuarenta años, que no me medía y
llegaba a mi casa con una torre de libros y la dejaba sobre mi mesa con cara de
triunfo; hoy, ya maduro, y emigrante para colmo de males, una voz interior me
aconseja que no caiga de nuevo en el vicio y la tentación, y que adquiera con
mesura y criterio de responsabilidad los libros que humanamente pueda leer.
Esto no quiere decir que
haya sido un irresponsable en mi juventud al adquirir tantos libros, porque leí
la mayoría (muchos los releí hasta el hartazgo), me formé intelectualmente,
eché a andar mi propia carrera como autor y académico, y todo ello ha sido
maravilloso y me ha marcado con huella profunda. Hoy espero, eso sí, continuar
con la labor libresca, pero con mayor sosiego, intentando recapitular en muchos
aspectos de mi ser, y no perder el ímpetu interior que me ha convertido en un
amante extraviado (y enloquecido) de la palabra impresa, y en el triste dueño
de una biblioteca que quedó atrás, pero que sigue latiendo en mi pecho como me
acontecía en lejanos días de esplendor.
rigilo99@gmail.com
Madrid.- 23 de julio de
2025
Por Gabriel Jimenez Emán
Libros libres | La creación proteica de Juan Calzadilla
Mi memoria viaja tratando
de atrapar ahora imágenes y momentos de aquellos años en que Juan Calzadilla
llegó a Mérida a laborar en el Taller Literario de la Escuela de Letras de la
ULA, donde muchos escritores participamos con él de las sesiones, compartiendo
con tantos jóvenes escritores de entonces. Después, la cercanía con Calzadilla
se produjo cuando yo laboraba en la revista Imagen en Caracas, cuando las
oficinas de esta publicación funcionaban en el Edificio Macanao de Las
Mercedes. Juan habitaba en otra residencia cercana con su familia y
compartíamos momentos efusivos en estos espacios con otros poetas como Eli
Galindo, Luis Sutherland, Baica Dávalos, Víctor Valera Mora y Ángel Ramos
Giugni. También es muy conocida la estadía de Juan en La Vela de Coro en el
estado Falcón, donde dictaba talleres de poesía a escritores jóvenes, para
regresar luego en Caracas, ciudad adonde había viajado Juan muy joven desde su
natal Altagracia de Orituco en el estado Guárico, para hacerse escritor en los
años 60 del siglo XX, formando parte de grupos y revistas de vanguardia como El
Techo de la Ballena, junto a otros destacados escritores y artistas,
convirtiéndose, de paso, en uno de los más agudos críticos de arte, cuestión
probada en una bibliografía profusa y lúcida que aún no ha sido igualada en
nuestro país, donde resaltan, sobre todo, sus acercamientos a la obra de
Armando Reverón.
Juan Calzadilla se
convierte en uno de los escritores que renuevan la poesía nuestra,
introduciendo elementos distintos, urbanos, absurdos, abstractos, paradójicos,
alejándose de los lirismos al uso y empleando construcciones en prosa, textos
yuxtapuestos y complejos que nos remiten a otros niveles de comprensión y donde
campean el humor negro y amargo, la ironía, la permanente paradoja del hombre
de la ciudad expresada en títulos como Dictado por la jauría (1962), Malos
modales (1965), Las contradicciones sobrenaturales, Ciudadano sin fin (1969),
Oh smog (1978), Minimales (1993), Bicéfalo (1978), Diario sin sujeto (1999) y
tantos otros libros sobre arte como El ojo que pasa (1979), obras todas cuyo
influjo se hizo sentir en las nuevas generaciones; junto a sus trabajos sobre
nuestro Armando Reverón, donde destacan Voces y demonios de Armando Reverón
(2004). Tales actividades le harían merecedor del Premio Nacional de Artes
Pláticas y del Premio Nacional de Literatura.
Conocido también como “el
más joven de los viejos poetas venezolanos” por su afabilidad y alegría, Juan
Calzadilla nos ha legado sus dibujos, collages y pinturas –las cuales tuvieron
acogida nada menos que en la Bienal de Venecia (Italia)–, su obra crítica y su
natural desenfado y permanente cercanía con las nuevas generaciones, dejándonos
el compendio elocuente de un ser humano que vivió desde y para la cultura, la
reflexión y la creación en nuestro país, con influjo expansivo en otras
latitudes, sobre todo en Colombia, Argentina, Chile y otros países de la
América Latina, donde su obra crecerá, estoy seguro, en los tiempos venideros.
El que huye de la ciudad
huye de sí
Entiendo que hay un golpe
que no sabe renunciar
A la tinta de escribir con
sangre
un golpe en voz alta que
reside en el ojo de la tormenta
desde cuya empuñadura nos
mira.
Advierto que sus aristas
al rojo vivo
entran en el cálculo de
las probabilidades matemáticas.
Un golpe cuyo efecto no
será juzgado
por la clarividencia del
eco
y cuya sonoridad ciega
omite todo exceso
de retórico alrededor de
lo acontecido.
Un golpe que no deja lugar
para los ejercicios de la
memoria.
Bien dibujado en el
extremo opuesto de la forma
que toman en el puño al
ser arrojado.
Un golpe para el que la
estupefacción
es solo el recibo que él
nos pasa.
Juan
Calzadilla
*Gabriel Jiménez Emán escritor, narrador, poeta, ensayista, compilador y traductor venezolano, destacando más en el ámbito de la narrativa y la poética, la cual ha sido traducida a varios idiomas y recogida en antologías latinoamericanas y europeas.
Madrid.- 23 de julio de
2025
Por Juan López Mártinez
La prensa como instrumento
educativo
La prensa escrita es un medio de información que impulsa el análisis objetivo de la realidad, su gran tarea es ser la conciencia crítica de la sociedad, que transforma las diferentes situaciones , sino también para interpretar textos que fomenten la capacidad crítica y analítica de los estudiantes y su propia autonomía de pensamiento.
La prensa puede
convertirse en un medio de aprendizaje importante en las aulas, pues no solo
sirve para ampliar información, sino también un instrumento para enriquecerse y
aprender la propia Lengua.
En las aulas, frente al
torbellino de noticias de televisión y la fugacidad de la comunicación
audiovisual, el periódico permite la creación de un espacio personal de
lectura, que da ocasión a reflexionar sobre la noticia y sus consecuencias para
el conjunto de la sociedad.
Por otro lado, es
importante que el alumnado adquiera el hábito de leer críticamente los medios
de comunicación, en el caso de la prensa que nos ocupa, analizando las
diferentes formas de tratar la noticia en los distintos medios periodísticos.
A finales de los años 60,
el escolapio José Luis Corzo, voluntario de un programa de apoyo extraescolar
para chavales de una humilde barriada romana, descubrió en la obra de D.
lorenzo Milani, “Carta a una maestra”,
como luchar contra el fracaso escolar de origen social, aplicando la
lectura de la prensa como vínculo de la escuela con la realidad y como cultivo
de la palabra. Decía Corzo: “No se trata de utilizar los periódicos en la
escuela, sino de usar la escuela para poder entender la actualidad que está en
los periódicos”.
- Se trata, pues, de:
- Introducir el periódico como elemento motivador para el aprendizaje.
- Adaptar las actividades sobre el periódico de manera creativa.
- Llevar diferentes periódicos para realizar comparaciones y acceder también a periódicos on-line.
- Trabajar alguna noticia en grupos cooperativos.
- Relacionar acontecimientos actuales con otros de la Historia, en dicha asignatura.
- Estudiar el contexto geográfico del acontecimiento para aprender dicha materia.
Y como actividad final:
Crear un periódico escolar, que sirva al
alumnado para aprender a redactar y a analizar cuestiones, que suceden en su
entorno escolar y social.
EL PERIÓDICO ESCOLAR
supone un trabajo cooperativo, que educa en el debate como arma de pensamiento
, en la escucha mutua, en la selección de ideas y en la participación
democrática desde la libertad de expresión. Ayuda al alumnado a profundizar en
el conocimiento del medio y facilita la adquisición de la competencia en el
ámbito de la expresión y la comunicación. Aprendizaje en el que se realizan
procesos cognitivos, a partir de la interacción con fuentes diversas y variadas
de información, donde dominar el acceso a la misma y la adecuada utilización de
las fuentes es un aspecto básico del aprendizaje, pues se trata de aprender a
aprender.
Supone la posibilidad de
desarrollar destrezas relacionadas con la búsqueda, selección, recogida y
procesamiento de la información, destrezas de razonamiento para organizar,
analizar y comprender la misma y la valoración positiva del uso de la información, para poder intervenir en los
procesos de cambio social. Así como la utilización de la lengua propia en
diferentes contextos y situaciones comunicativas diversas, como instrumentos de
comunicación escrita, de aprendizaje y socialización,
Leer y escribir incluye
las habilidades que permiten buscar, recopilar y procesar información y ser
competente para comprender, componer y usar distintos tipos de textos escritos.
La contribución de la
COMPETENCIA LINGÜÍSTICA al desarrollo de la persona, se produce desde el triple
valor que se le concede como instrumento para la construcción personal de
saberes, para organizar el propio pensamiento y para aprender a convivir con
ideas distintas a las nuestras.
El periódico escolar puede
servir para favorecer actitudes de tolerancia, en el conjunto de saberes
actitudinales y axiológicos en relación con los otros: saber escuchar,
contrastar opiniones, tener en cuenta las ideas de los demás y también con uno
mismo: favorecer la expresión, la precisión del lenguaje y la confianza para
expresarse en cualquier contexto y situación.
Como decía eL gran periodista Luis del Olmo: “el periódico y la radio escolares son las mejores Escuelas de periodismo”. Radio escolar con atributos semejantes al periódico escolar, de la que el gran Gonzalo Estefanía fue su gran valedor desde muy jovencito.
Madrid.- 19 de julio de
2025
Betania participa en el II Encuentro con el Libro Cubano Exiliado (Dr. Juan Clark, in memoriam) que se celebra en Miami.
Lugar: Centro Comunitario
Rebeca Sosa de West Miami.
1700 SW 62nd Ave. Miami 33155
Fecha: sábado 19 y domingo
20 de julio (2025).
Horario: de 9.00 a.m. - 5.00 p.m.
Son libros cubanos libres
que deben ser leídos en Cuba y el exilio.
Además, el sábado de 19
julio (a las 3.45 p.m.) se celebra el PANEL titulado "Betania, poesía
cubana desde el exilio", moderado por el Dr. Eduardo Lolo, donde los
betanianos Mireya Goñi Camejo, Milena Ferrer Saavedra y Carlos Ramos Gutiérrez
leerán sus poemas.
Felipe
LázaroEditor-DirectorEditorial Betania (Fundada en 1987)
Por Ricardo Gil Otaiza
Repetición
y sinonimización
No he hallado mejor método
en mi larga carrera como escritor profesional (de más de treinta y cinco años),
que leer tomando notas o subrayando en la página
Escribir no es nada fácil;
bueno, me refiero a escribir para publicar: que llegue a los otros y toque
fibras muy íntimas en quienes leen los textos, que comunique con precisión y también
con belleza aquello que anhelamos transmitir, y así nuestras palabras queden en
las cabezas de los demás, orbitando, dando vueltas y vueltas, horadando
conciencias, generando sinapsis, produciendo destellos que se transformen en
imágenes imborrables, y puedan (hipotéticamente) impactar la vida de la gente:
su mundo interior, su manera de pensar y de sentir.
Para que todo esto acontezca, se requiere de varios elementos, no necesariamente tangibles, pero, es a través de lo que vemos, cómo podemos llegar al público y alcanzar los objetivos que nos hemos trazado, entiéndase: objetivos comunicacionales, y en ellos entra, ni qué dudarlo, la literatura (en todos sus géneros), pero también esto que escribo en este instante (una crónica o artículo de opinión), que muchos (como mi querido Augusto Monterroso, el mismo Borges y otros grandísimos escritores) aceptan como parte de la literatura, mientras que otros la (o lo) incluyen en lo meramente periodístico. Pero óiganme, hay textos periodísticos que son parte de la gran literatura, y en este punto recuerdo libros como Crónica de una muerte anunciada y Noticia de un secuestro, del escritor colombiano Gabriel García Márquez, quien con su magia transformaba todo lo que tocaba en “algo” digno y de enorme belleza.
En lo tangible entra, ni
qué dudarlo, la escritura (aunque también es intangible, cuando toca nuestro
“yo” interior y nos mueve o impele a entrar en otros mundos y dimensiones del
Ser), y a ella nos debemos quienes trajinamos la palabra y hacemos de ella instrumento
a través del cual mostramos la realidad, pero también la fantasía, que, dicho
sea de paso, nos posee para bien o para mal (depende de la visión). Y como lo
expresé de entrada, plasmar la palabra por escrito (y también oralmente, aunque
no me detendré en ello) no resulta muy sencillo, porque debemos cuidar la
lengua, mostrarla en todo su esplendor, articularla de tal forma, que su
conjunto resulte armonioso y elegante, sugerente y atractivo, cautivante y
ensoñador, pero hay estructuras gramaticales que necesariamente rompen de
manera drástica o sutil con lo establecido y lo llevan a inexploradas
fronteras.
En este sentido, quiero
detenerme un poco en la repetición y la sinonimización, como estrategias de la
escritura que buscan enfatizar algo, derivar situaciones, llevar al lector a
estadios de mayor hondura argumental. Repetimos, o nos vemos en la necesidad de
hacerlo, cuando queremos que en la mente de nuestros lectores quede una noción
clara acerca de algo; cuando buscamos dejar asentada una tesis o postura
intelectual o académica, o de mera cortesía. Ejemplo de esto sería cuando
escribimos: “Nunca, pero nunca debemos tutear a las personalidades, y menos si
acabamos de conocerlas”.
Cuando en una pieza
literaria o crónica periodística, aparece en un mismo párrafo (ni se diga en
una frase) repetido un vocablo, la maestra de la escuela primaria (en mi caso,
fue mi madre la de primer y segundo grado) solía tacharnos con lápiz rojo la
repetición y nos ponía al margen de la hoja un sinónimo, y de paso nos bajaba
nota, porque, decía ella (y estaba en toda la razón), que repetir palabras en
una misma oración va contra las normas morfosintácticas, y nos recordaba de la
riqueza de nuestra lengua, de los sinónimos: de la variedad de vocablos que
podrían sustituir nuestra socorrida palabra, sin caer en el sonsonete
cacofónico que tanto ruido nos hace, y le resta belleza y cadencia al texto.
Créanme, no hay mayor
quebradero de cabeza para un autor, que las fulanas repeticiones, y en mi
experiencia leo mil veces cada frase a la caza de tales “gazapos”. Ahora bien,
fíjense que he puesto gazapos entre comillas, porque la dinámica de la
escritura es más o menos la misma que la de la oralidad y, en la segunda, la
repetición no nos hace tanto ruido y forma parte del habla cotidiana. Si
tomamos nota de los discursos de los políticos (y de algunas figuras públicas),
en los mismos hay toneladas de repeticiones, y es lógico que las halla, porque
el inventario lingüístico del habla cotidiana no suele ser muy rico (con sus
excepciones, por supuesto): nos conformamos con lo que tenemos a la mano, y
siempre sacamos de ese arsenal y nos expresamos sin preocuparnos de
diversificar el habla.
La cosa se pone cuesta
arriba cuando tenemos que enfrentarnos con la página en blanco, porque tales
repeticiones plasmadas en la página electrónica o de papel, suelen verse como
vicios de la escritura y como pobreza léxica (y lo son, sin duda alguna), y es
nuestra obligación buscar resolverlas. No he hallado mejor método en mi larga
carrera como escritor profesional (de más de treinta y cinco años), que leer
tomando notas o subrayando en la página. Hago lo primero y no lo segundo,
porque no me gusta rayar mis libros (aunque en un lejano tiempo lo hice), y no
contento con esto, busco nuevos vocablos, indago en los diccionarios e intento
hacer un ejercicio mnemotécnico que aprendí en mis lejanos tiempos de la
escuela, y es repetir la nueva palabra incorporándola en el habla en disímiles
o posibles situaciones
La repetición y la
sinonimización son dos caras de una misma moneda, y ambas buscan hacer de la
escritura territorio de lo posible, en el que la correcta expresión y la
belleza del texto se den la mano, y hagan de la experiencia de la lectura un
suceso intelectual o artístico que nos marque para siempre.
rigilo99@gmail.com
| Poesía Recitada |
«Reverso de la cordura»
Aura Re (Argentina)
https://www.youtube.com/watch?v=YgXFE2GdZk4
Madrid.- 08 de julio de 2025
Por Gastón Segura
Un par de Alfonsos duodécimos
Huyendo de la ofuscación —si no es ya del destrozo— en donde ha sumido a
la nación y a su patrimonio histórico e institucional este Gobierno, por el
afán de su presidente de sobrevivir en el cargo hasta configurar su impunidad y
la de sus familiares, me refugio en el pasado, que siempre presenta algo de
consolador. Y no tanto por releer hechos consumados e incapaces ya de suscitar
la menor inquietud, sino por cuanto de grato y hasta ensoñador encierra el mero
ejercicio de la curiosidad. Y apenas ojeo unas páginas, reparo en que este año
se ha cumplido —sin que nadie lo proclame debidamente— el exacto siglo y medio
de la toma de posesión del trono de Alfonso XII, sobre un país quebrantado no
solo por el catastrófico final de la I República sino por la crudeza de la
última y encorajinada Guerra Carlista.
Por lo demás; la parca década de su reinado nos testimonia a un joven
esforzado por comprender a la nación y en enjugar los muchos quebrantos
acarreados por aquel siglo; básteme recordar su viaje de socorro a la Murcia
anegada por la riada de 1879, o a la Andalucía desbaratada por el terremoto de
1884, o su propio auxilio a los contagiados por el cólera en Aranjuez, cuando
ya la tisis lo carcomía, en agosto de 1885. Pero he aquí que mientras husmeaba
entre estas iniciativas caritativas, absolutamente inusuales en aquella época e
incluso contrarias a los mandatos del Gobierno, que quiso siempre resguardar al
enfermizo monarca en el palacio de Oriente, no dejaba de tropezarme, aquí y
allá, con otro Alfonso XII precedente, al que raramente se menciona y menos
acompañado del título de duodécimo o del mote con que lo señala Jorge Manrique
en las inmortales Coplas (sobre 1480): el Inocente. Y si la biografía del joven
y restaurado Borbón suma, sobre los mencionados antes, otros sucesos dignos del
folletín y hasta convertidos en cuplé, la de este otro pretérito Alfonso es más
bien un novelón y con todos los alicientes de la más lúgubre intriga.
En efecto; si el Renacimiento italiano, en política, no deja sino de
parecer un agotador cúmulo de conspiraciones y batallas entre grandes señores
locales, monarcas hispanos y franceses más el solio pontificio, quien en
absoluto se privó de echar también su cuarto a espadas y bombardas, con lo que
no quedó ciudad o posesión al margen de estragos y combates, el solar ibérico
era otro tanto y más espinoso pues los soberanos cristianos estaban
emparentados durante varias generaciones y sucesivos enlaces harto enrevesados,
donde predominaba un linaje, los Trastamara —entronizados en Castilla, Aragón
y, por este, también en Navarra— con constantes injertos de los Avís
portugueses. Entre esas disputas familiares, avivadas astutamente por la
codicia de los nobles, que estallaron fragorosamente en la primera batalla de
Olmedo, durante 1445, llega al trono Enrique IV; un rey merecedor de toda
compasión por su apodo, el Impotente, que se conjuga al dedillo con su
desangelado final en el alcázar madrileño, allá por el invierno de 1474, cuando
ya era un endeble fantasma despreciado por todos. Pues bien, este don Enrique
contó desde su juventud con un gran amigo y valedor, don Juan Pacheco, primer y
gran marqués de Villena, quien superada aquella mocedad cuando fueron uña y
carne, se tornó en su feroz enemigo al ver peligrar su privanza y con ella, el
gobierno de Castilla, por don Beltrán de la Cueva y otros caballeros. Entonces
rescató al medio hermano de Enrique del confinamiento en Arévalo —tramado por
él mismo—, y lo proclamó rey con aquella pantomima injuriosa motejada como la
Farsa de Ávila. Este es el Alfonso XII de aparición intermitente mientras
repasaba algunos apuntes sobre el Borbón. Lo conmovedor de aquel chiquillo es
su muerte a los catorce años: tras un trienio de mantener corte paralela a la
de Enrique IV, falleció, según lenguas, envenenado —cuanto el reciente análisis
de sus huesos no ha desmentido— por el mismo Pacheco que le había encasquetado
la corona en el tablado de Ávila. Pero cuando Enrique IV, tras la segunda
batalla de Olmedo, recobró su pujanza, al taimado marqués ya le estorbaba su
rey de juguete para amistarse de nuevo con su antiguo compañero de galopadas.
Es más; con la desaparición del Inocente, lo consiguió al punto.
En cambio; el moderno Alfonso XII acabó con el sobrenombre del
Pacificador, porque, desde el exilio, sus pasos fueron tutelados por un hombre
de moralidad bien distinta a la del Pacheco: Antonio Cánovas del Castillo.
Quien, desde La Vicalvarada de 1854, había ido perfeccionando su proyecto
integrador, de clara inspiración británica, donde cupiesen desde los carlistas
hasta los republicanos templados y que se plasmó en la Constitución de 1876 y,
tras la muerte de su rey, con el Pacto del Pardo y su casi mecánico turnismo
—con cuantos gajes hoy queramos oponerle— de dos partidos moderados —uno,
conservador, y el otro, de cariz aperturista—, cuyo cometido primordial era la
construcción de un Estado fuerte que, por su eficaz existencia, aboliese toda
tentación de un pronunciamiento militar o de una sublevación revolucionaria.
Vistas las biografías de ambos Alfonsos duodécimos, se nos alumbra cuan
funesto es confiar los gobiernos a hombres como el Pacheco, cuyo exclusivo
provecho rige sobre ualquier otra consideración, incluso sobre la unidad y la
paz del reino; ¿y acaso no nos hallamos ahora ante tan graves aprietos?
Artículo publicado por el "Imparcial" el 07 de julio de 2025
*Gastón Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.
Madrid.- 08 de julio de 2025
Por Gabriel Jimenez Emán
Un día 16 de junio del año 1904 tiene lugar la acción de una de las
obras más revolucionarias de la literatura del siglo veinte: la novela ULISES
del escritor irlandés James Joyce, la cual vendría a ser publicada en 1922 y en
cuyo centenario yo escribí un ensayo periodístico
cuya portada aprecian aquí. De ahí extraje unos pocos párrafos como los que
siguen.
Dublín, centro del mundo
James Joyce se propuso profundizar en su voluntad de experimentación que
ya había mostrado en Dublineses y Retrato del artista adolescente y se volcó
por completo en el Ulises (1922), donde lleva a cabo una de las parodias más
ambiciosas de la literatura moderna. En efecto, se propuso imitar los estilos
del periodismo, los cánones clásicos, los poemas, cartas, informes, narraciones
orales o radiales, jergas, juegos fonéticos del habla cotidiana presentados en
toda su frescura y naturalidad, y a los personajes haciendo sus cosas de todos
los días. Al mismo tiempo, debe dotarlos de profundidad simbólica, y entonces
se da a la tarea de tener como modelo al héroe más célebre de la literatura
occidental: Odiseo. El personaje debe cumplir su periplo por la vida, un viaje
completo; pero ese trayecto no es tan dilatado en el tiempo, pues también puede
ser el trayecto que el personaje cumple en su interioridad en un solo día, en
una ciudad. Y esa ciudad es Dublín; ni siquiera se propone recorrer toda la
ciudad sino apenas una parte de ella, el centro, sus bares, calles, cafés,
lupanares, barrios; viejas casas; sus héroes no llevan atuendos militares ni
armas ni artimañas para atacar o defenderse; son personas del común con sus
ropas de diario; solo van a enfrentarse a su cotidianidad, a sus habitaciones,
sus fiestas, sus charlas, sus dudas, sentimientos, afectos, traiciones, juegos,
y sobre todo a sus conversaciones.
Van a estrechar sus sentimientos de amistad, de deseo o de sexo, van a
hablar, a conversar, a intercambiar palabras y diálogos, quieren retar a la
realidad, ponerla a tope, hacer bromas y chanzas, jugar con el lenguaje,
divertirse con las palabras.
Joyce se enfrenta a la realidad de Dublín y a la realidad de Irlanda,
que es a su vez la realidad de Europa y posiblemente la realidad de su tiempo,
a la situación política de Irlanda frente a Inglaterra y frente al mundo. Joyce
se había esmerado en estudiar en la Universidad y de instruirse en bibliotecas
para indagar sobre lenguas e idiomas. Ha descubierto la infinita riqueza del
idioma inglés y debe incluir la mayor parte de esa fuerza verbal en su libro, teniendo
el cuidado de narrar una historia. Pero esa historia no es sólo una historia
deacciones o procederes, sino también la historia de lo que piensan o desean
aquellos personajes, incluso de aquello que dejan de hacer. Debe incluir en esa
historia sus presentimientos, intuiciones o pesadillas. Piensa dejar allí
plasmado no sólo un fresco social o intelectual, sino también un fresco de la
cotidianidad del hombre corriente, justamente para probar que tal hombre no es
tan corriente como se ofrece a primera vista, que los seres humanos ejecutan
odiseas cotidianas en medio de guerras constantes, enfrentados a nuevos
monstruos y peligros, nuevos azares y nuevos tipos de represión.
El héroe de Joyce es un héroe corriente (no un antihéroe
existencialista), ni tampoco un héroe absurdo como el de Kafka, sino un héroe
más sensual, un hombre libertino y apasionado.
Pero este héroe no es uno solo. Ese Ulises es Leopoldo Bloom y es
Stephen Dedalus y es incluso Molly Bloom y Poldy y es Buck Mulligan. Son todos
ellos héroes que buscan cosas distintas, pero convergen en las mismas calles.
El héroe joyceano es un héroe múltiple o multiplicado. Es a la vez un
héroe hecho de lenguaje, de aquello que dice y de aquello que no dice (es
decir, de su silencio) y sobre todo un héroe hecho de aquello que piensa o
presiente, y de aquello que sueña. El llamado flujo de la conciencia se
incorpora al lenguaje literario como elemento de primer orden: el lenguaje en
Joyce pasa a configurar a los personajes más que sus propias acciones, y de
este modo la escritura se enriquece como nunca antes. Con ello, Joyce inaugura
una serie de técnicas narrativas, multiplicando su influjo en otros modos de
contar que serán decisivos para el desenvolvimiento de la prosa en la segunda mitad
del siglo XX y comienzos del XXI, pues en lugar de verse empobrecida por las
expresiones visuales o musicales de su tiempo, la prosa de Joyce se vuelve a poner a la vanguardia de
las experimentaciones lingüísticas y de las infinitas posibilidades del
lenguaje oral.
Escultura de Joyce en una calle de Dublín
Hay dos elementos implícitos en la narrativa de Joyce. La ambigüedad y
la significación progresiva. En Joyce la realidad visible está cuestionada por
el lenguaje (como lo está en Portugal por un contemporáneo suyo, Fernando
Pessoa, también acechado por las utopías del lenguaje) y éste a su vez funciona
como una herramienta para re-semantizar la realidad, es decir, para ubicarla
primero en un plano fantasmagórico, luego trascenderla y otorgarle un rango
cómico o trágico, para dotarla de sentidos, no para explicarla o analizarla. La
realidad en Joyce no admite conclusiones; está ahí para aparearse a ella, para
disfrutarla en toda su inescrutable magnitud. En cierto modo, la realidad no es
tan real como parece; más bien se parece a una suerte de enciclopedia de
consulta, para regocijarse en ella, sin más ni más.
A su vez, Joyce multiplicó su influjo en las narrativas de los países de
lengua inglesa, además de Inglaterra, Irlanda o Escocia, también en Estados
Unidos y los países del caribe angloparlante y luego también en la literatura
de lengua francesa, italiana, alemana o castellana; pues las técnicas de Joyce
se universalizaron y sirvieron para dar frescura a los diversos lenguajes
orales de cada país. Los discípulos más visibles de Joyce sean tal vez Samuel
Beckett, Flann O`Brien, WilliamFaulkner, Virginia Woolf, Carlo Emilio Gadda,
Ítalo Calvino, y en la prosa hispanoamericana del siglo XX es visible su
influjo en escritores como Alejo Carpentier, Julio Cortázar, Carlos Fuentes y
todas las narrativas experimentales europeas, sobre todo francesas, Joyce
cumplió un papel de venero de formas.
La resonancia de James Joyce se extendió también al cuento y al cine,
donde las narraciones interruptas, fragmentarias o yuxtapuestas son requeridas
para plasmar la complejidad de la experiencia humana. Desconozco cuales son en
verdad los héroes literarios de James Joyce, pero desde mi personal punto de
vista creo que puede haber estado influido por Laurence Sterne, Marcel Proust,
Fedor Dostoievski y Henry James, aunque esto no lo puedo demostrar ahora. No me
atrevo a aludir en este caso al genio de Honoré de Balzac o al de Gustave
Flaubert, quienes influyeron en prácticamente todos los narradores del siglo
XX, incluso por oposición o contraste, querámoslo o no, todos le debemos algo a
estos genios irrepetibles. Refiero estos posibles influjos sólo de manera
indirecta, apelando a la acertada noción expuesta por Harold Bloom sobre la
angustia de las influencias, cuya idea central es que los grandes escritores
siempre ocultan o disfrazan sus verdaderas influencias citando a otros autores,
y no a aquellos que los han influido directamente.
Por supuesto, a los lectores hispanoamericanos nos resulta complicada
una primera lectura del Ulises debido a la comprensión previa que debemos
poseer de sus contextos históricos, culturales o religiosos, que son los
contextos de la Irlanda de Joyce; importa, en todo caso, la manera de captar y
expresar la vida humana en estos contextos: es un asunto de forma, no de fondo,
para ponerlo más sencillo; podemos “aplicar” las técnicas de Joyce a nuestros
propios contextos para transmitir al lector la sensación de vida que respira
esta obra maestra, al hacer de la ficción un vehículo importante para
comprender la existencia humana y sus avatares, razón última de toda obra
literaria que se precie de tal.
Las obras que conozco más directamente influidas por Joyce son, como ya
anoté más adelante, La boca pobre y En nadar-dos-pájaros de Flann O`Brien;
Desciende Moisés de William Faulkner; El zafarrancho aquel de Via Merulana de
Carlo Emilio Gadda; y en la narrativa en castellano la novela Larva del español
Julián Ríos, Rayuela de Julio Cortázar (que, según la opinión del cubano José
Lezama Lima es “el Ulises de América”) y en la novela del venezolano Luis
Britto García Abrapalabra pueden
observarse ecos de la técnica joyceana.
Del libro "El Ulises de James Joyce. Una revolución narrativa. Cien
años de una obra maestra" por Gabriel Jiménez Eman, ediciones Fabula, Venezuela, 2022.
*Gabriel Jiménez Emán escritor, narrador, poeta, ensayista, compilador y traductor venezolano, destacando más en el ámbito de la narrativa y la poética, la cual ha sido traducida a varios idiomas y recogida en antologías latinoamericanas y europeas.
Madrid.- 08 de julio de 2025
Por Ricardo Gil Otaiza
Lo heteróclito en Nery Santos Gómez
La prosa de la autora es fluida y cuidada (así como su poesía), y está
en perfecta correspondencia con su manera de sentir y de expresar la vida bajo
el abrigo de lo literario
Narrar sin la sujeción a lo que en la teoría literaria se conoce como
“unidad genérica”, es la propuesta que nos trae la querida colega y amiga
venezolana (naturalizada estadounidense) Nery Santos Gómez, en su libro
Fronteras desdibujadas (Pigmalión, 2021), y que he leído con inmenso disfrute
estético. Si bien, no es la primera vez que esto se intenta (lo hicieron
Borges, Cortázar, Monterroso, Bolaño, Vila-Matas, Tabucchi, Chirbes, Piglia,
Garmendia, Cadenas, Febres Cordero, Romero, y muchos otros entre clásicos y
contemporáneos), en el presente caso observo un eje temático, que busca
describir la vida desde disímiles flancos: enlazar sucesos e historias teniendo
como punto de referencia la memoria.
No contenta con esto, la autora conjuga realidad y ficción, sin que se
noten sus linderos y costuras (allí observo maestría: y no me refiero solo a la
noción de verosimilitud, sino también a que no hay discordancia entre lo
contado desde distintas perspectivas, lo que rompería sin más con la intención
literaria), y que el “todo” sea una suerte de artefacto literario, que nos
lleve de la mano por diversos mundos (los de la infancia y la juventud, entre
otros), y que la multiplicidad de géneros se amalgame, hasta hacer de la
experiencia de la lectura un viaje maravilloso y sin retorno.
En las 181 páginas de la obra, hallamos múltiples textos de disímil
calibre y tesitura, y en ellos nos topamos con cuentos, microrrelatos, poesía
en prosa y en verso, crónicas, reflexión ontológica, autoficción, aforismos, y
otros de difícil clasificación literaria. Esta versatilidad, deliciosa y
sorprendente por demás, nos impele a romper a cada instante con la normal
ilación a la que aspira el lector común y desprevenido, y lo sumerge en
territorios insospechados, en los que el Ser enfrenta con gallardía (y mucho
juicio) su destino: nada hay azaroso, aunque lo pareciera, y en cada recodo del
texto hallamos las claves que nos permiten desvelar la intención, así como
rehuir al fardo del extravío.
La prosa de la autora es fluida y cuidada (así como su poesía), y está
en perfecta correspondencia con su manera de sentir y de expresar la vida bajo
el abrigo de lo literario, hay en estos textos múltiples registros y busca con
cada uno de ellos, ¿qué dudas caben?, tocar las fibras más íntimas del lector
(y lo logra). En lo particular, me conmovieron algunas de sus narraciones
(Máscara, De basura a basura, El más dulce e inolvidable caleño, El universo es
nuestro), y no porque la escritora eche mano de viejos artilugios sensibleros
(que los hay en nuestro oficio, sin duda), sino porque hallo en ellos hondura,
emoción y sentimiento, y por muy duros que seamos y que estemos vacunados
contra la lágrima furtiva (como es mi caso), pues se escapa con libertad, y muy
pronto estamos sumergidos en inenarrables emociones.
Hay fuerza en la obra de Nery Santos, y no me refiero solo a la calidad
de su escritura per se, como queda dicho, sino a lo que la sustenta: su
interioridad, sus vivencias (ergo, la memoria), la manera de plasmar lo
cotidiano con elegancia y gracia (lo que solemos denominar como “andadura”), la
pasión que brota de cada frase con ímpetu juvenil, la alegría de vivir (la
autora es una trotamundos y coleccionista de buenos momentos), y la fe que
hallamos tras su propuesta escritural, que busca dejar huella en el lector,
moverlo a reconocer en cada texto a la vida misma, a interpelarlo en el “ahora”
(como la única posibilidad que se tiene de la existencia), a ganarlo para
siempre a la causa de su propuesta, y que ese lector vuelva a reencontrarse una
y otra vez con sus libros y personajes.
Es posible que los textos incluidos en este tomo hayan sido escritos en
épocas distintas, y que terminaran constituyendo, exprofeso, una misma obra,
pero lo que se puede observar a medida que recorremos sus páginas, es una
perfecta unidad en medio de las diferencias en los registros, y este punto
preciso resulta interesante y capital, porque no hallé disonancias, a pesar de
la pluralidad de géneros, y esta “armonía” (no encuentro otro vocablo) es
crucial, ya que el lógico rompimiento luego de cada inserción genérica (me
refiero a la discontinuidad dada como propuesta artística sin fronteras), se
muestra sin mayores traumas: el lector lo asume como parte del “juego”
intertextual planteado, y avanza sin dificultades hacia el final.
Empero, el lector puede abordar el libro de manera arbitraria (aunque no
fue esta mi experiencia: siempre me gusta ir de menos a más en las obras
heterogéneas, por muy interdependientes que sean sus constituyentes),
seleccionando cada texto con base en sus preferencias y estética personal y, a
pesar de esto (o gracias a ello: tal vez encuentre otras opciones), siempre
habrá un eje articulador, que busque conjuntar lo disjunto y congregar lo que
en principio es autónomo y libérrimo, de allí la magia y lo acertado en la obra
de nuestra autora, que se mece en un tablero en el que podemos trajinar cada
pieza a nuestro real entender.
Quedan sobre mi mesa dos libros más de Nery Santos Gómez, que cierran su
trilogía: Almazuela (Fronteras desdibujadas II), 2023 y ¡Pruébame!
(Desdibujando fronteras), 2024, que me propongo leer en los siguientes meses, y
que terminarán de desvelar su propuesta heteróclita, pero a la vez unitaria,
que desnuda el alma humana y nos lleva por territorios inexplorados del Ser:
aquellos que anidan en la memoria, pero que están a flor de piel y diluyen las
fronteras genéricas y temáticas, y en su recorrido reinventan la existencia.
rigilo99@gmail.com
Madrid.- 08 de julio de 2025
Por Felipe Lázaro
Recordando a David Lago
Conocí al poeta cubano David Lago González en el año 1982 cuando llegó
como exiliado a Madrid. En esos años, nos reuníamos con frecuencia un nutrido
grupo de escritores exiliados, entre otros José Mario y Pío E. Serrano. Benita
C. Barroso y Roberto Cazorla, y asistíamos a las reuniones-fiestas en la
casa-estudio del pintor cubano Waldo Balart en la calle San Cosme y San Damián
(y después en San Ildefonso).
Durante tres décadas (desde los alegres años 80, pasando por los 90,
hasta principios de este siglo) coincidíamos siempre en los actos del exilio
cubano en Madrid (presentaciones de libros, lecturas de poesía o exposiciones
de pinturas de artistas plásticos cubanos) en Casa América, El Ateneo, Círculo
de Bellas Artes, Centro Cubano, la Fundación Hispano Cubana, en la calle
Orfila, y los primeros domingos de cada mes en la tertulia cubana que
coordinaba la Dra. Martha Frayde en el Café Central. Siempre recuerdo al bueno
de David Lago en la Tertulia que organizaba nuestra casa editora en el bar
SUNSET BOULEVARD (cerca de la SGAE) donde nos reuníamos escritores y artistas
cubanos exiliados junto a otros hermanos latinoamericanos y españoles. Esa
infinidad de actividades culturales (cubana exiliada) de esos años madrileños
nos permitieron soñar que aún seguíamos en nuestra patria o que, al menos,
estaba más cercana.
Cuando comencé el proyecto antológico Poesía Cubana Contemporánea
(Catoblepas, 1986) como coordinador internacional de esa casa editora,
seleccioné cinco poemas inéditos de David Lago, que aún no tenía ningún libro
publicado. Los poemas eran: "Camagüey", ·Matajíbaro", "Aire
frío", "Aditamentos", y "La víspera" . Años más tarde,
al año de fundar Betania, también lo incluí en la antología Poetas Cubanos en
España (Betania, 1988) donde incluí seis poemas: "Júbilo (desde la Plaza del Mercado de
Abastos de Santa Rosa", Being There ", "Una idea dividida",
Desde un pueblo de España", "La mano cae al igual que la hoja" y
"La blanca meseta azulejada".
Con posterioridad, como editor, le publiqué sus primeros dos poemarios:
Los hilos del tapiz (Betania, 1994) con Prólogo de Rolando D.H. Morelli; libro
que Gastón Baquero considerara entre los diez mejores títulos leídos por él en
ese año (La Esfera del periódico El Mundo:Madrid,17 de diciembre de 1994) y La
resaca del absurdo (Betania, 1998) con Prólogo de Carlos Victoria. También
seleccioné tres largos poemas de él en la antología Poesía cubana: La Isla
Entera (Betania, 1995 y 2024): "Tríptico de la noche musical en la isla
del siguaraya", " La tertulia de los fantasmas roza el nombre de otra
noche" y "Performance".
Años más tarde, David Lago funda dos editoriales artesanales, caseras,
donde publica sus próximos libros. En las Ediciones Timbalito publicó sus
poemarios: La fascinación de lo difícil (1999),
La mirada de Ulises (2000), Tributos (2000), Jazz Session (2000), Lobos
(2000). y en la editorial OFFOFFShores Unlimited otra entrega suya: Hilos,
tapices y telares. Ebriedades y resacas ( 2001). Es de destacar que en las
Ediciones Timbalito pubicó poemarios de otros poetas cubanos, como: El lado humeante (2000) de Antonio Desquirón
Oliva, Foxtrot. Sombras y variaciones (2000) de Raúl Ibarra Parladé y Coral
Reef. Voces a la deriva (2001) de Rolando H Morelli.Sobre la obra poética de
David Lago recomiendo la lectura de un excelente artículo sobre la poesía de
David Lago que merece ser leído: "El exilio del paisaje y el paisaje del
exilio: la poesía de David Lago y Felipe Lázaro" de la profesora cubana
Mirza L. González (De Paul University, de Chicago) y publicado en la Revista
Hispano Cubana (Madrid, Nº 33, 2009, págs. 145-160.
El reconocido narrador cubano Carlos Victoria comentó: "David Lago
es uno de los mejores poetas cubanos en el exilio. Su dominio del lenguaje, la
originalidad de sus imágenes, sus sutiles consideraciones acerca de los
fundamentos humanos y sus significados, su afinado oído para el ritmo poético,
crean en el lector una impresión duradera". También el profesor y escritor
cubano Rolando D.H. Morelli señaló en el prólogo a su primer poemario
betaniano: "Si la historia que nos han obligado a escribir con mayúscula
llegara a pesar demasiado, si mañana la isla en peso desapareciera arrastrada
por tanto como se acumula y pesa sobre ella, quedarían estos vestigios
imborrables que la poesía y el amor hacen posibles y perdurables". Y,
finalmente, un breve comentario que se publicó en la revista literaria cubana
Linde Lane Magazine (Vol.VII. Nº 2, 3 y 4, abril-diciembre, 1988): "Su
poesía es abierta como un abanico donde cupiera el dolor, el amor y la muerte
con la misma intensidad que la mirada extraviada por el paisaje novedoso".
La poeta y editora cubana, exiliada en Francia, Margarita García Alonso
publicó ocho poemarios a David Lago y en su blog puede leerse mucha
información, poemas y reseñas de sus libros:
https://editionhoynohevistoelparaiso.wordpress.com Tras el inesperado
fallecimiento de David Lago en su destierro madrileño, el poeta cubano León de
la Hoz escribió un sentido texto en su blog:
https://leondelahoz.com/2011/10/11/david-contra-goliat/ Más tarde, Ladislao Aguado y el citado León
de la Hoz publicaron en el segundo número de la revista literaria OTROLUNES
(Madrid) un sentido homenaje al poeta camagüeyano. También De la Hoz escribiría
otro texto: "Celebro con el poemario 4C el 63 aniversario de David Lago
González, el poeta condenado por honesto", en el blog:
https://editionhoynohevistoelparaiso.wordpress.com/2013/05/23-celebro-con-el-poemario-4C-el-63-aniversario-de-david-lago-gonzalez-el-poeta-condenado-por-honesto/
Como celebración al amigo que me honró con su amistad, compartiendo este
larguísimo destierro madrileño, ofrecemos un poema suyo, de uno de sus libros
betanianos:
El hombre está partiendo
Un hombre está partiendo,
un hombre siempre está partiendo, alejándose
de la orilla,
como un náufrago que va y viene en su balsa,
bajo el quitasol que ha fabricado en su afán
por sobrevivir
en un mar que por dentro y fuera le devora.
Un hombre está partiendo,
recogiendo constantemente sus aperos,
la diminuta poesía que forma su vida,
la gravedad del misterio que le lleva hacia la
lejanía del que mira
marchar la orilla, fuera ya de toda vuelta de
olas.
Las aguas que ascienden, boca que traga su
figura y sombra,
hacen de un hombre arena que asoma y se
hunde.
Él y la orilla nunca se encuentran: un hombre
que siempre parte
y una orilla que al parecer se detiene cuando
en realidad se aleja
fantasmagóricamente, como una gran fragata
requerida por un aviso monárquico.
El hombre, aunque amado más el deseo de vivir
que la misma vida,
reconoce que las verjas por donde puede
comenzar su nuevo mundo,
la isla que él mira y que le mira,
será también gota del mar,
un irretenible fustazo de luz bajo las olas.
*Felipe Lázaro, es de La Habana, Cuba, Licenciado en Ciencias Políticas
y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid, y es editor-director de
la editorial Betania, con mas de 30 años de experiencia.
Madrid.- 03 de julio de
2025
Por Ricardo Gil Otaiza
Borges: una veta salvífica
Borges es universal porque
sus textos hablan desde la pluridimensionalidad del Ser, desde la perspectiva
de diversas aristas que se entrecruzan para hacer de sus textos lecturas del
disfrute y del asombro
Me gusta mucho contar esta
historia, que es parte de mi historia personal y literaria, y es la referida a
mi encuentro con el gran Jorge Luis Borges desde su portentosa obra, que me
llevó a descubrirlo, a desvelar su narrativa, su ensayística y su poesía, para
hacerme su admirador indiscutible; y uno de sus fieles y más devotos
seguidores. Corre el año 1991, estoy recién casado con la mujer más maravillosa
de la que me haya podido enamorar en mi vida, con quien llevo casi treinta y
siete años de matrimonio, es el Día del Amor y la Amistad, jueves 14 de
febrero, nos hallamos en el pequeño Centro Comercial Glorias Patrias de la
ciudad de Mérida, en el que tenía su sede la vieja y emblemática Librería
Selecta, hoy lamentablemente desaparecida, y mi esposa y yo nos acercamos a la
muy abastecida vidriera de las novedades. Y ella, que tanto me conoce, sabe en
dónde están puestos mis ojos aunque lo disimule, me toma de una mano y entramos
en el pequeño local. Sin pensarlo dos veces le dice a la dueña que “queremos
saber el precio de un libro que está en la exhibición”, y lo señala. La atenta
señora va hasta la vidriera de las novedades y saca el ejemplar, nos da el
precio y a la vez nos alerta de que es el único ejemplar en existencia.
Se trataba de las Obras
Completas (1923 – 1972) de Borges, editadas en 1974 por Emecé de la Argentina
en un único tomo de 1161 páginas, pasta dura verde con sobrecubierta glasé del
mismo color, en ella podíamos observar por contraste a un Borges mirando al
infinito, con la boca un tanto abierta en la que se muestran los dientes de
inferiores, el labio que sobresale y las arrugas del cuello (que revelan la
avanzada edad del autor). Ya en el interior pudimos ver la imagen de Borges con
más detalle: la luz le llega desde la izquierda, lleva una corbata a rayas que
está bastante torcida, la camisa blanca deja ver las extravagantes puntas
aladas a la usanza de la época, el paltó se halla separado del cuello, la mano
izquierda luce como agarrotada sobre una superficie, como si estuviera
manipulando un mouse de computadora (que tardaría todavía muchos años en
llegar), y por detrás se pueden observar libros en un anaquel. El grueso tomo
congrega los siguientes libros: Fervor de Buenos Aires, Luna de enfrente,
Cuaderno de San Martín, Evaristo Carriego, Discusión, Historia universal de la
infamia, Historia de la eternidad, Ficciones, El Aleph, Otras inquisiciones, El
hacedor, El otro, el mismo, Para las seis cuerdas, Elogio de la sombra, El
informe de Brodie y El oro de los tigres.
Al llegar a la casa mi
esposa estampó en la página de guarda una hermosa dedicatoria, que eterniza
aquél día y hace de este magnífico tomo un regalo que he apreciado desde
entonces al unirse a una emoción y a un profundo sentimiento. No me canso de
afirmar que me hice borgeano (o borgesiano) por amor, y lo sigo siendo, porque
siempre regresé al gran autor y al tomo de aquel entonces, que luce fatigado,
para usar un vocablo propio de Borges, a pesar de haber atesorado años después
otras versiones de las Obras Completas, que se hicieron necesarias por la
aparición de nuevos escritos, así como por los denominados “textos recobrados”,
que aumentaron ostensiblemente las primeras tentativas en vida del autor.
Llegaron a mi existencia las Obras Completas editadas por RBA – Instituto
Cervantes en dos tomos en el año 2005, así como una versión de la Editorial
Planeta en cuatro tomos y estuche de 2008.
Borges es Borges. Tal vez
suene a lugar común, pero la expresión conjuga su esencialidad, su fina
originalidad, su poder de seducción, los intrincados caminos en prosa (me
concentraré en ella) que nos llevan por mundos ignotos jamás explorados por
otros narradores. Si bien sus cuentos son perfectos desde la técnica, amasan
diversidad de elementos que los hacen únicos: intelecto y erudición
(demasiados, diría yo), profusa fantasía, historia, obsesiones (el tiempo, la
muerte, la eternidad, el universo), acertijos, la cábala, la realidad como
sueño, el desvarío, símbolos (laberintos, la rosa, espejos, bibliotecas,
números, tigres), la mitología griega, la antinomia, la cosmogonía, el
ocultismo, el coraje y la valentía, la ambivalencia del existir, y todo aquello
que nos muestra un mundo en el que todo es posible, incluso la vasta cultura
libresca como leitmotiv de la creación literaria (la autarquía propia de su
rica propuesta estética).
Borges es universal porque
sus textos hablan desde la pluridimensionalidad del Ser, desde la perspectiva
de diversas aristas que se entrecruzan para hacer de sus textos lecturas del
disfrute y del asombro. Borges le habla, no al argentino o al latinoamericano,
sino que se empina sobre su realidad y su tiempo y otea mucho más allá de sus
fronteras naturales, para hacerse consustancial con lo humano, con aquello que
lo inquieta y mueve, con lo que subyace en su interioridad y lo hace desde un
mensaje encriptado, cuya clave está en manos de cada autor y de cada lector, de
allí que su obra jamás sea de grandes masas, ni la más vendida, sino que se
hace esencial en grupos de iniciados cuyos espectros se expanden hasta alcanzar
nuevas fronteras. A Jorge Luis Borges lo citan miles, pero esos miles de seguro
no lo han leído (o lo han hecho de manera parcial y superficial), sólo que su
halo y su brillo son tan generosos e inmensos, que dan hasta para ser citado
desde lo que otros leyeron con inmenso gozo personal. Lo mismo pasa con Don
Quijote, o con el Ulises de Joyce, y esto hay que decirlo sin rubor y con la
alegría de quien descubre una veta salvífica.
rigilo99@gmail.com
'Las crónicas de Narnia:
El caballo y el muchacho'
de C.S. Lewis
Un viaje a la Edad de Oro de Narnia para disfrutar de los personajes
más queridos de la saga de fantasía épica más famosa de todos los tiempos.
Nuevos protagonistas, la historia más medieval y un destino heroico.
Todos harán frente a una invasión a fuego y espada de traidores en una
batalla inolvidable para defender la libertad.
Después de las dos primeras entregas, se publica Las crónicas de
Narnia: El caballo y el muchacho
(Libro 3), que vio la luz por primera vez en 1954.
La historia sucede durante el reinado de los hermanos Pevensie, a
quienes conocimos en el anterior libro El
león, la bruja y el armario. Arranca en el país de Calormen, donde el joven
Shatsa, que desconoce su verdadero origen, siente el extraño deseo de viajar a
las tierras del norte. Junto a dos caballos parlantes y una muchacha de alta
alcurnia que huye de un matrimonio indeseable, responderá a esa llamada del
destino bajo los designios del león Aslan, el gran libertador que ya acabó
antes con la bruja y el invierno.
Todos a una defenderán la libertad de los pueblos norteños de
Archeland y Narnia, con la ayuda de personajes inolvidables como el ermitaño de
la Linde Meridional.
Los cuatro libros restantes de la colección harán su aparición en
los próximos meses hasta final de año. Los siete títulos cuentan con las
impecables traducciones de Gemma Gallart, así como nuevas y espectaculares
cubiertas a cargo del diseñador norteamericano Owen Richardson.
En el 75 aniversario del comienzo de la saga, se trata de una gran
apuesta de HarperCollins Ibérica que devuelve a la actualidad esta serie
heroica para todas las edades.
Madrid.- 28 de junio de
2025
Canarias-La Gomera
Vallehermoso
acoge la presentación de los libros ‘Vallehermoso, una mirada matemática’
El acto tendrá lugar el
lunes 30 de junio, a partir de las 18.00 horas, en el Salón de Plenos del
Ayuntamiento de Vallehermoso
Los autores de la obra, Gara Verónica Molina Mendoza y José Molina González, invitan a descubrir el municipio gomero a través de las matemáticas aplicadas
El próximo lunes 30 de
junio, a las 18:00 horas, el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Vallehermoso
será el escenario de la presentación del libro ‘Vallehermoso, una mirada
matemática’, de José Molina González y Gara Verónica Molina Mendoza.
El acto se enmarca en la
programación de las Fiestas Lustrales de Vallehermoso 2025 y cuenta con la
colaboración del Cabildo de La Gomera, el Ayuntamiento de Vallehermoso, y la
Comisión de Fiestas, como parte de su compromiso con la divulgación cultural y
científica desde el ámbito local.
Esta obra ofrece una
propuesta innovadora que vincula ciencia, territorio y divulgación educativa.
En ‘Vallehermoso, una mirada matemática’, los autores invitan a descubrir el
municipio gomero a través de las matemáticas aplicadas: desde sus calles,
plazas, arquitectura y simbología, hasta la vegetación autóctona o la
estructura de los bancales. Se trata de un recorrido visual y analítico que
revela patrones geométricos, simetrías, proporciones y modelos matemáticos
presentes en el paisaje cotidiano.
La obra busca fomentar el
interés por la ciencia de forma accesible, contextualizada y visualmente
atractiva, además de poner en valor el patrimonio natural y urbano de
Vallehermoso a través de una lectura multidisciplinar del territorio.
Desde la Institución
insular se invita a la ciudadanía a participar en este acto cultural que une
tradición, ciencia y educación en un mismo espacio.
Madrid.-28 de junio de
2025
Conferencias
"RAÍCES DE LAS LETRAS
VERACRUZANAS"
y "MEMORIA Y LITERATURA"
El próximo miércoles 02 de julio, a las 19:00 horas en el Instituto Cultural de México y la Embajada de México, en España, en la carrera de San Jerónimo 46, Madrid, el académico mexicano Raúl Hernández Viveros impartirá las conferencias “Raíces de las letras veracruzanas” y “Memoria y literatura” en el Instituto Cultural de México en España, ubicada en carrera de San Jerónimo 46 Madrid.
Raíces de las letras
veracruzanas. Las letras veracruzanas tienen sus raíces en la labor educativa
de los jesuitas durante la época colonial, quienes fundaron colegios como el
del Espíritu Santo en Puebla y promovieron la creación literaria. En el Puerto
de Veracruz arribaron los primeros libros clásicos, fundamentales en la
formación intelectual. Escritores veracruzanos continúan nutriéndose de esta
tradición hispánica.
Memoria y literatura. La
narrativa personal permite explorar la memoria como un espacio creativo donde
el tiempo se reconstruye. La escritura organiza recuerdos y experiencias, entre
la historia y la imaginación, como una forma de resistir el paso del tiempo y
enfrentar el envejecimiento. Esta labor simbólica convierte la autobiografía en
un puente entre la vida y la muerte.
Madrid(Arganda del Rey).- 25 de junio de
2025
La Gatera Press
POESÍA VIVA EN ARGANDA
El pasado 14 de junio, se llevó a cabo en
el Centro de Mayores de Arganda del Rey, el recital Poesía Viva en Arganda, a cargo de Francisco Luque, colaborador y
socio de la Asociación Cultural "Sábados Poéticos la Nueva Barraca.
14 poetas participaron en este recital,
entre ellos:
Álvaro Rodríguez, Ana María López, Antonio Machado, Antonio
Ruíz, Antonio Villar, Cristóbal Cobo, Emi Martín, Feli Moreno, Francisco Luque,
Gonzalo Vásquez, Manuel Ramirez, Rosa Saumell, Serafín Aznar y Chega Gómez (cantautora).
Francisco Luque Bonilla, agradeció a los
asistentes:
En primer lugar, quiero expresar mi más profundo agradecimiento al Excmo. Ayuntamiento de Arganda del Rey. Gracias por abrirnos las puertas de este Centro de Mayores y ofrecernos este espacio acogedor para celebrar la poesía.
Su apoyo es fundamental para la cultura en nuestra ciudad. Pero hoy, sobre todo, el agradecimiento más sentido va dirigido a vosotros, queridos participantes y asistentes. Su presencia aquí, compartiendo sus versos o escuchando con el corazón abierto, es el alma de este recital. Su generosidad es inmensa. Esto es especialmente cierto para aquellos que han hecho el esfuerzo de desplazarse desde Madrid y otros puntos, para estar hoy con nosotros. Su viaje es un regalo que valoramos enormemente. Sabemos que este compromiso con la poesía se suma a tantos otros que ya tienen. Muchos de vosotros dedican su tiempo y energía a incontables actividades vecinales, sociales y culturales, tejiendo día a día la red solidaria y vibrante de nuestras comunidades. Hoy, aquí, ese compromiso toma la forma de versos.
Vemos representada esa labor
incansable en miembros de la Asociación Vecinal de la Poveda, la Asociación de
Vecinos de Arganda del Rey, la asociación de artistas y escritores "Arte
Total" de Madrid, la asociación cultural "Océanos de Tinta" de
Alcalá de Henares. Y especialmente a la asociación "Sábados Poéticos la
Nueva Barraca" Gracias a todas estas asociaciones por ser semilleros de
creación y encuentro.
En sus 101 años de su deceso, me acuerdo otra vez de mi
héroe literario.
Por Gabriel Jiménez Emán
Mutaciones íntimas del
hombre-insecto
Dentro del relato La metamorfosis de Franz
Kafka coexisten varios niveles de lectura en los que vale la pena detenerse,
pues estos contienen, además de una acerba mirada crítica a la sociedad donde
Kafka vivía, una serie de detalles autobiográficos tratados con una técnica
narrativa que no vacilo en tildar de expresionista, la cual va armando (y
desarmando a la vez) tejidos anecdóticos que, a mi modo de ver, inauguran en el
siglo XX un tipo de relato objetual con el cual Kafka inaugura un estilo nuevo,
suyo, propio, que no se asemeja a ninguno de los estilos ni modos de escribir
empleados en la literatura alemana y europea de su tiempo, dominados unos por
el realismo y otros por la fantasía romántica o el impresionismo. Kafka, gran
lector de la literatura del siglo XIX, encauzó toda su energía en su relato más
conocido, La metamorfosis, donde conjuga recursos para examinar su experiencia
personal profunda, tanto en el plano familiar y afectivo como en el social y
existencial, de donde derivan otros asuntos eminentemente morales, por un lado,
y estéticos por otro, que conviene ir observando en la medida que nos
adentremos en el relato.
Se ha advertido en la escritura de esta obra, el hecho de que sus interpretaciones estén dotadas de demasiados psicologismos; sin embargo, no es posible evitar algo fundamental que se irá desmontando a lo largo de nuestro comentario, y es la relación con su padre, luego con su hermana y su madre, quienes conforman el triángulo de figuras afectivas reales (a las que habría que agregar el nombre de su novia Felice Bauer) que engendrarán a su vez los personajes del relato con características ficcionadas, y quienes van a proyectar en él (en su papel de hijo y hermano) una serie de movimientos anímicos que van a aparecer en el texto de ficción de manera transfigurada, elaborada literariamente, para configurar un texto que se ha vuelto representativo de la literatura del siglo XX, cuestión que probablemente Kafka ni siquiera sospechaba.
Kafka escribió este texto
cuando contaba apenas 32 años, en plena juventud.
No son aleatorios los
datos que nos dicen que estudió y se licenció en Derecho y que trabajó en una
Compañía de Seguros. La relación con su padre fue extremadamente difícil, pues
éste era una persona autoritaria y tiránica, (y a su vez representaba a una
sociedad similar); el joven Kafka sufrió de tuberculosis, no pudo nunca formar
familia propia y tuvo una vida amorosa accidentada, por no decir traumática. No
vamos a adelantarnos a realizar un catálogo de las carencias de Kafka antes de
adentrarnos en la observación de su relato, pues ello equivaldría a tomar
ventajas conceptuales en torno al fenómeno.
Desde el primer párrafo de
La metamorfosis, Kafka nos ubica en el terreno fantástico, al presentarnos a un
hombre –un comerciante de telas en un almacén— convertido en un monstruoso
insecto. No se nos anuncia cómo ni por qué se ha operado tal transformación;
del modo más natural ya el personaje ha mutado. Sigue pensando como humano, un
viajante de comercio dedicado a su oficio, guiado por un imperioso deber:
mantener a su familia. Tiene una obligación material y moral y la cumple a
cabalidad; sin embargo, ya está convertido en insecto y esto le impide seguir
trabajando; se preocupa por ello y por el daño que por esta razón está causando
a su familia. Está siendo testigo de la vida que lleva, pero no puede moverse
bien. Intenta seguir cumpliendo con sus obligaciones y de pensar
razonablemente, aun dentro de una situación extrema.
Entre la humillación, el hambre y la
abyección Gregorio no quiere asustar a
su familia con su aspecto. Quiere sobre todo protegerla, aun cuando sean
personas sanas, una madre robusta, una hermana joven, un padre aún sano, todos
con capacidad para trabajar y mantenerse por sí mismos. Se preocupa también por
lo que pudiera estar ocurriendo en el almacén de telas donde trabaja. Ha
cumplido su rutina laboral por años, sin faltar un solo día.
Aún convertido en insecto,
Gregorio dice a su jefe y su familia que sólo sufre de “una ligera
indisposición”, y poco a poco va tratando de acostumbrarse a su nueva forma
animal. Lo notable es cómo Kafka logra que se acepte una nueva realidad
(insólita, absurda, fantástica o asombrosa) de la manera más natural, en lo
cual reside la primera apuesta narrativa de Kafka: la verosimilitud llevada al
límite. El insecto-hombre posee un gran vientre y unas patas pequeñas; tiene un
dolor en el abdomen, pero ello no le preocupa: debe adquirir pronto habilidades
para moverse;
lo que realmente le
preocupa es la felicidad de sus padres y saberse incluido entre los seres
humanos. Aún humillado, agradece al cerrajero y al médico que han acudido a
verle, el primero para abrir la puerta y el segundo a hacerle indicaciones de salud.
Éstos le desprecian con sus palabras y aun así él les ruega no preocuparse,
pues sólo se trata de “un bajón”
También, ya lo dijimos, le preocupa su puesto
en el almacén de telas, pues su empleo fijo y su ingreso se encuentran
amenazados.
Pero muy pronto Gregorio
comienza a padecer peores humillaciones: el padre le golpea con el bastón;
después queda atascado en la puerta, y su padre le da un empujón para meterlo
en el cuarto; más adelante lo vemos ostentando una llaga en un costado, o
soportando una habitación llena de polvo y suciedad. Todo ello lo tolera al
límite, cuando exclama: “¡Qué vida tan tranquila lleva mi familia!”.
Después se mete debajo de
un sofá, donde se siente más a gusto. Su cuerpo está estrujado, pero a él no le
importa; sólo le anima el hecho de comer y de que su hermana Grete le visite y
le lleve leche.
Del libro EL LABERINTO ENSIMISMADO DE FRANZ KAFKA
*Gabriel Jiménez Emán escritor,
narrador, poeta, ensayista, compilador y traductor venezolano, destacando más
en el ámbito de la narrativa y la poética, la cual ha sido traducida a varios
idiomas y recogida en antologías latinoamericanas y europeas.
Madrid.- 24 de junio de 2025
Por Ricardo Gil Otaiza
Una pequeña y gran obra
Lo importante acá es que
la tragedia de los personajes nos llega, nos toca desde lo humano y nos vemos
impelidos a ponernos del lado de ellos y hacernos parte y todo del drama
contado
Napoleón Chicomóztoc
desaparece el primer domingo de septiembre y se despliega ante nosotros el
drama de Lobina, su madre, quien en medio del abatimiento se da a la tarea de
buscarlo. Su hijo es un adulto, pero como si no lo fuera, porque como lo
expresa el novelista “le patina la sesera”, y no por culpa suya, o de algún
insospechado vicio, sino como herencia de su padre, Rito Cué, quien también
anduvo perdido en las inconsistencias de la mente y fue hallado muerto
(muertito, como diría Monterroso) a la semana de la búsqueda, y lo único que le
quedó a su mujer y a su hijo, aparte de la casa, fueron dos fotografías que
ella clavó con tachuelas sobre la cama de Napoleón, para que supiera que alguna
vez hubo un padre.
La madre solo halló de su
hijo la bicicleta amarilla en la que se marchó de la casa, y que había sido un
regalo de su mejor amigo (el Plebe, que había conocido en sus tiempos de la
secundaria), y cuando se cumplieron los cien días de su desaparición, ya todo
estaba consumado: su hijo no regresaría, se había marchado a perseguir la
lluvia una mañana de septiembre “en pleno calorón”. Se marchó y la dejó a ella,
llorando la pena, inmersa en los recuerdos, anhelando que todo aquello no fuera
más que una pesadilla. Atrás quedó, no solo su Napoleón, sino también el
“Popito”, su nieto: el niño de más de un año que su vástago había tenido con la
mujer que amaba, y quien en plena crisis psicótica de su marido tomó al niño en
los brazos y se marchó para siempre.
Napoleón Chicomóztoc era
un muchacho bueno, de clara inteligencia, y su madre se perdía en la ilusión de
que al terminar la secundaria se inscribiría en la universidad y se iría a
estudiar junto con su amigo, pero esos sueños lentamente se dispersaron por los
vientos del desquiciamiento, que pronto le llegaron y lo hundieron para siempre
en las crisis del desvarío: solo atenuadas con las altas dosis de
psicotrópicos.
Una vez desaparecido el
hijo, Lobina se dijo, sin más, que estaba muerto, que “algo” en su interior,
tal vez la intuición, se lo gritaba, así que su búsqueda era en los manglares,
en las redes de sus tentáculos, con el desasosiego propio de quien espera
hallar un cadáver descompuesto como le ocurrió con Rito Cué. Lo buscó
largamente, su tiempo lo entregó a esa causa, pero poco a poco el ánimo se
desvaneció, y a los cien días de la desaparición aquella certeza se le vino al
piso y hasta pensó que podría hallarlo vivo. En una oportunidad las autoridades
la llamaron para que fuera a reconocer un cuerpo encontrado en la costa, y con
las tripas en las manos se atrevió a mirarle el rostro al cadáver, y supo que
no era su hijo, que su búsqueda continuaba, que la vida entera la daría hasta
darle sepultura a su Napoleón.
La novela está fragmentada
en tres partes: la primera, titulada “El plano”, se subdivide a su vez en
veintiún capítulos; la segunda, “La línea”, en cuarenta y nueve, y la tercera,
“El punto”, en veinticinco, lo que le imprime al libro una inaudita fluidez, y
he de expresar que lo que más me impactó del texto fue la prosa de Rojas
Rebolledo, su estilo es personal y en extremo perfecto: cada palabra y cada
frase han sido estudiadas con milimétrica precisión: nada sobra y nada falta,
en él la lengua es un hermoso tablero de ajedrez en el que juega con absoluta
maestría y dominio.
He de confesar, que pocos
autores pueden preciarse de un ejercicio tan libérrimo de la prosa literaria,
que nos lleva con cautela a recorrer los escenarios de lo narrado, y es tal su agudeza
estilística, que somos arrastrados por las palabras a cada rincón como si
pudiéramos ver lo contado a través de una ventana, o desde las imágenes
proyectadas en una pantalla, lo que resulta maravilloso, porque esta novela
podría llevarse perfectamente al cine, debido a su nitidez y clara estructura
literaria.
He sido un constante
predicador de que una novela no tiene por qué ser un amasijo de palabras y de
circunstancias (algo así como una densa red de acaecimientos, que buscan
innecesariamente la complejidad), que el ahorro argumental y de lenguaje
resultan esenciales a la hora de plasmar una historia, y que esta pueda ser
seguida sin mayores problemas por parte del lector, para que dé razón, sin
obstáculo alguno, de su eje argumental.
Y apenas nada es una novela con criterios muy
sencillos: una historia que podría ser la de muchas personas en cualquier
ámbito rural de América Latina (incluso de Europa o de otros continentes; ergo,
la universalidad de lo contado). Lo importante acá es que la tragedia de los
personajes nos llega, nos toca desde lo humano y nos vemos impelidos a ponernos
del lado de ellos y hacernos parte y todo del drama contado. A pesar de que en
el libro hay muchos vocablos del habla popular y autóctona de México, esto no
es obstáculo alguno para su correcta comprensión, porque la esencia de lo
contado es tan profunda, tan honda, que podría afirmar, sin caer en el
exabrupto, y sin sesgo alguno, que hay en ella una densidad metafísica y
filosófica propia de una gran obra, que celebro con alegría, porque me ha dado
un inmenso gozo como lector y como autor.
rigilo99@gmail.com
Canarias-La Gomera.- 23 de
junio de 2025
El Archivo Insular acoge la presentación del libro ‘Memorias de una treintañera’, de la autora Paola Díaz
La periodista
hispanovenezolana afincada en La Gomera dará a conocer su primera obra el
próximo jueves, 26 de junio, a partir de las 20:30 horas
"Memorias de una
treintañera" es una colección de relatos breves, con títulos que recorren el
abecedario de la A a la Z, basados en hechos reales
Licenciada en Comunicación
Social, Paola Díaz combina su formación profesional con una vocación literaria
que ya ha recibido reconocimientos. En 2023, fue galardonada con el segundo
premio en la categoría regional del Concurso de Relato Hiperbreve Ruiz de
Padrón convocado por el Cabildo insular, con la obra ‘Una sobreviviente
empoderada’, consolidando así su proyecto de autora en el panorama literario
insular.
"Memorias de una
treintañera" es una colección de relatos breves, con títulos que recorren el
abecedario de la A a la Z, basados en hechos reales. Cada texto ofrece un
vistazo íntimo a distintas etapas y experiencias de la autora, en un ejercicio
de memoria y autoafirmación. Con honestidad y sensibilidad, Paola honra el
legado de la niña que fue, de la que hoy se siente orgullosa, y evalúa con
admiración a la mujer en la que se ha convertido.
El acto contará con la
participación del prologuista de la obra y vicepresidente primero del Cabildo,
Adasat Reyes, y estará moderado por la periodista gomera Sheila Herrera,
especializada en marketing de contenidos para comunidades lectoras y
estrategias digitales para el sector editorial.
Esta cita, con entrada
libre hasta completar aforo, servirá al público para descubrir una obra que
invita a la reflexión, al recuerdo y al autoconocimiento, desde la mirada
cálida y personal de una periodista que ha encontrado en La Gomera su hogar y
su fuente de inspiración.
Madrid.- 19 de junio de 2025
PoeMorias de Luis Alberto de Cuenca
Poesía recitada
De Fonoteca de Poesía
Cuando un admirador de la poesía épica universal
camina con
Tintín
y se pone al volante con “Línea Clara”.
M. Carmen Gascón
Baquero
La colección PoeMorias de
la FONOTECA ESPAÑOLA DE POESÍA son diálogos sin prisa en los que grandes
figuras de la poesía relacionan su vida y su literatura; con luz matizada nos
leen poemas, descubren huellas y alguna confidencia.
En esta ocasión entramos
con Luis Alberto de Cuenca a una de sus bibliotecas. Tú, lector y oyente de la
Fonoteca, también estás invitado.
La colección PoeMorias de la FONOTECA ESPAÑOLA DE POESÍA son diálogos sin prisa en los que grandes figuras de la poesía relacionan su vida y su literatura; con luz matizada nos leen poemas, descubren huellas y alguna confidencia.
En esta ocasión entramos
con Luis Alberto de Cuenca a una de sus bibliotecas. Tú, lector y oyente de la
Fonoteca, también estás invitado.
Es marzo de 2025; dos
meses después gana el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Según el
jurado se ha premiado la carrera literaria de De Cuenca por “mostrar una
profunda erudición literaria y un estilo que se mueve entre la reflexión
filosófica, la exploración de la cultura clásica y la introspección personal”.
Agradecemos el tiempo que Luis Alberto nos regala; nos va a conducir por la “Línea Clara”, esa poesía natural, sin retórica y, en su caso, enraizada en lo mítico, en lo más profundo de todos los tiempos y lugares.
En su biblioteca nos
esperan personajes trovadorescos junto a protagonistas de cómics. Cine y
literatura se abrazan, los héroes de Homero se sientan junto a los gansters del
siglo XX. Es una aventura donde no hay límites pero sí tiempo para escuchar
lírica irónica, satírica, elegante.
Él, que es filólogo,
ensayista, poeta, traductor… sabe que la razón no es suficiente para comprender
el mundo. Qué lujo escuchar a un escritor capaz de titular un poema “El editor
Francisco Arellano disfrazado de Humphrey Bogart tranquiliza al poeta en un
momento de ansiedad recordándole un pasaje de Píndaro”. Y sólo es un ejemplo.
En algún momento se
respira la grisura moral contemporánea pero mientras le escuchamos nos sentimos
a salvo de las inclemencias del exterior ¡y eso que algunas estanterías rebosan
Terror fantástico!
Sus respuestas incitan
incluso a estudiar más sobre los guionistas de grandes películas como Star
Wars. Su poesía concilia la mitología clásica con las mitologías actuales. Nos
habla de algunos hilos de Ariadna que todavía nos ayudan a caminar por el
laberinto de 2025, por esos mitos que se adaptan para explicar las sociedades
del momento.
Nos cuenta cómo entró en
el mundo de la canción, sobre los poemas suyos que han sido musicados y sus
letras de canciones.
Luis Alberto nos habla
como un trovador sin miedo ni esperanza que ha abordado la vida con humor
inteligente, con romanticismo feroz; es una invitación a disfrutar de la vida y
como norma exhorta al lector a convertir la memoria en escenario del triunfo
del goce sobre el dolor.
Vamos a escucharle y ojalá
sepamos convertir lo vivido en literatura porque tal vez ello nos sirva para
convivir mejor y también, al tomar distancia, para que no nos duela tanto el
desamor y la existencia conflictiva. Cuando terminemos de escuchar estas
PoeMorias, Luis Alberto seguirá escribiendo, corrigiendo, rescatando poemas… y
nosotros, que habremos escuchado su poema matemático “El teorema de Pitágoras”
nos miraremos en un juego de espejos y saldremos de esta conversación con
nuevos anhelos, sueños, amores y necesidades. ¿Irrumpirá lo cotidiano y nos
sentiremos un poco héroes?
Luis Alberto de Cuenca
Doctor en Filología Clásica
Profesor de investigación del CSIC
Académico de número de la Real Academia de la Historia
Director de la Biblioteca Nacional (1996-2000)
Premio de la Crítica por “La caja de plata”
Premio Nacional de traducción por su versión del cantar
de Valtario
Premio de la Comunidad de Madrid por la totalidad de la
obra poética
Premio Nacional de Poesía por “Cuaderno de vacaciones”
Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana por su
carrera literaria.
Tenerife-Arona.-
17 de junio de 2025
El 20 de junio
Presentación del poemario ARENA-S de Carmen Paloma
Martínez
Este viernes 20 de junio, a las 20:00 h. en el Centro Cultural de Los Cristianos, Arona,Tenerife,
se presenta el poemario ARENA-S, de su autora Carmen Paloma Martínez, editado
en Escritura de las Nubes, de Elena Morales.
Continuando su circuito de presentaciones, después de
haberse presentado en la Librería de Mujeres, (Santa Cruz de Tenerife), Librería
El Refugio(La Laguna), y ahora el sábado 20, será en el Centro Cultural de Los
Cristianos, para continuar en otros municipios de la Isla y de Canarias, para
luego ser presentado en Madrid
Arena-s: una misiva apocalíptica
Nos comenta su editora Elena Morales. Arena-s, el nuevo libro de Carmen Paloma Martínez, que acaba de ver la luz en Escritura entre las Nubes, es un poemario, sí, pero también es un canto elegíaco, un manifiesto, una crítica feroz y ardiente, un rezo, un conjunto de sentencias, un aviso, una llamada urgente a la cordura. Es, tal vez, una premonición, una misiva apocalíptica, un viaje lírico y visceral que entreteje imágenes de origen y ruina, infancia y catástrofe, delicadeza y violencia. Según su autora, en esta obra, «es la Tierra quien nos habla». Como comenta, en el magnífico prólogo, Rosa M. Ramos Chinea: «Hay una suerte de apocalipsis rondando cada poema. Un cielo que tiembla. El fin de un ciclo. La tierra elevando una queja agonizante, mostrando su desesperanza, su pérdida de fe en ese ser humano que también muere».
Para entender este libro ꟷque
se divide en los bloques temáticos
«Arena - Agua», «Desierto
- Fuego», «Ceguera», «Desasosiego», «Expolio» y «Polvo»ꟷ, hay que sumergirse en
sus arenas con la mente limpia. Porque estamos ante un poemario que requiere
una inmersión, un buceo profundo. Y cuando logras abrir la mente y adentrarte
en las entrañas del poemario, entonces te das cuenta de que estás frente a una
obra de una densidad que asusta, una poesía que interpela, con un mensaje que
sacude…
Nada tiene que ver que su
autora sea una mujer empresaria, empoderada, cariñosa, alegre, luchadora. Ella
mira a la realidad y pone ante nuestros ojos un libro sumamente original y provocador, tan críptico como sugestivo.
La obra se abre con esos
versos: «En mis noches persigo sueños. / Mas / tal vez la puerta no se abra en
billones de años». Y, a continuación, en seguida, constatamos, como la palabra
se convierte en arena que se escurre (es una arena fugaz, inútil para la
construcción); la palabra se convierte, asimismo, en agua, que puede ser portadora
de vida, pero también es agua que inunda; saliva que suplica, espuma que
libera.
La riqueza de sus figuras
retóricas, el ritmo irregular deliberadamente no uniforme, con rupturas,
espacios tipográficos, y versificación libre otorga un carácter performático a
la voz lírica, que se mueve entre el canto, el grito y la plegaria.
El texto nos confronta con
lo inevitable: la disolución, la muerte, la pérdida de sentido, pero también
nos recuerda la persistencia del niño que insiste, sin cesar, en construir su castillo
de arena.
La arena, en el libro,
representa lo finito, lo erosionado, el desgaste del tiempo y de la memoria. Es
símbolo de descomposición ecológica y espiritual. El agua, por su parte, es
fluido primordial, matriz de la vida y la muerte, fuente y amenaza.
Sus referencias a lo
afroespiritual introducen, en uno de sus poemas, un ligero peso ancestral y
religioso, nos induce a evocar lo sagrado femenino, lo cíclico, lo oceánico.
«Yemayá» representa la madre, el origen, el útero acuático que contrasta con la
aridez de la arena.
La autora combina, en su
intertextualidad, referencias occidentales muy conocidas por todos (Octavio
Paz, Jorge Luis Borges, Rafael Cadenas, Alberti…) junto con guiños orientales a
Lao-Tsé.
En el poemario, la autora
alude al fuego como destrucción (ardor, desierto), a la ceguera espiritual y
ética del ser humano contemporáneo, donde el deterioro interior se proyecta en
un mundo que también se desmorona desde dentro y desde fuera, desde lo
individual y desde lo colectivo.
Así mientras que en el
poema «Desasosiego», Carmen Paloma Martínez se centra en su viaje
intrapsíquico, en «Expolio» se desplaza hacia una voz colectiva, que se funde
con la Tierra ultrajada, los pueblos oprimidos y los elementos cósmicos.
Encontramos ꟷen
las páginas de Arena-sꟷ,
imágenes de tormentas, tifones y mareas
que devoran, lo que remite al desequilibrio de los ecosistemas y la
imposibilidad humana de contener las consecuencias. Y es que estamos frente a
un texto complejo, pero humano y necesario en su intento de nombrar el caos y
encontrar sentido entre las ruinas.
Su último bloque o
apartado, «Polvo», no busca consolar, sino confrontar. Funciona como un colofón
perfecto para una obra que está atravesada por la crítica a la ceguera moral,
el deterioro espiritual, la violencia estructural y la desconexión con lo
sagrado (no necesariamente religioso, sino ético y vital). Es un cierre
contundente, oscuro y honesto, que nos habla de la necesidad de ver el abismo
para tal vez, alguna vez, empezar de nuevo. Y así, como culmina la autora: «La
voraz serpiente / hinca su colmillo en tus labios de trapo: / Tachar-te del
mapa / –abrupta salvajemente–». Y termina con un guiño al inicio, y una
estructura, por tanto, circular, que al final resulta ambigua, o, al menos, no
tan pesimista como se podía pensar en un principio: «En mis noches persigo
sueños… / El más persistente se repite: / sueño con una «Nueva Humanidad».
Desde la revista de
cultura y noticias La Gatera Press, les enviamos toda clase de éxitos.
La entrada es gratis, y
será una tertulia amena, entre poesías, lecturas y los amigos y amantes de la poesía,
que deseen asistir.
![]() |
| Izda.Carlos Aganzo, Gastón Segura, Gabriel Tortella y Jordi Canal. |
Madrid.- 17 de junio de 2025
La Gatera Press
Gastón Segura, autor del libro Saga Nostra, y los historiadores Gabriel Tortella y Jordi Canal, en el coloquio sobre la Vida íntima del Procés
Madrid.- 16 de junio de 2025
Betania presenta libro en Miami
El 21 de junio
De orillas, robles y
madreselvas de
la escritora cubana Mireya Goñi Camejo, residente en Miami.
Quedan invitados a la presentación del poemario De
orillas, robles y madreselvas (Betania, 2025) de la escritora cubana Mireya
Goñi Camejo, residente en Miami.Se llevará a cabo el sábado 21 de
junio de 2025, a las 20:30 horas, en la sala ARTEFACTUS, ubicada en 123028SW
133 rd Ct. Miami, Fl.
Este poemario es su
segunda entrega poética, tras publicar Magras Estaciones. Poemas del amor y de
la vida (2022) que se puede adquirir en AMAZON.
En esta ocasión, la autora
divide esta obra en cuatro partes: Poética armónica, del destierro, de la angustia y familiar que totalizan 36 poemas que
conforman este nuevo libro.
Como muestra de su buen
quehacer literario, ofrecemos un poema:
Simplemente
Nos consumamos la humedad de los deseos
entre el miedo y tanto amor desperdiciado.
Vivaldi suena en sus violines
y ayer te estuve
deseando.
Tuvimos miedo de formarnos ataduras,
en la huida del calor,
extraño tus palabras.
La poesía me sumerge,
esa noche roja me sorprendió
pensando en hijos.
Mi mano te llama.
Vivaldi suena.
Me desvelé en el irremediable
curso de tu nombre,
en los incansables acordes del violín,
en el deseo húmedo del beso.
Madrid.- 12 de junio de 2025
La Gatera Press
Presentación del VII FESTIVAL HISPANOAMERICANO DE ESCRITORES, en Casa de América
Ayer miércoles 11 de junio, se ha convocado, ante los medios de prensa, y algunos invitados, a la presentación de la VII edición del Festival Hispanoamericano de Escritores, que se llevará a cabo los días del 22 al 27 de septiembre de 2025, en Los Llanos de Aridane, en la isla de La Palma, Canarias, siendo el país invitado en esta edición España.
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Izda.a dcha.: Javier Serena, Moisés Morera, León de la Torre, J.J. Armas Marcelo, Horacio Umpiérrez, Pablo Díaz Cobiella, y Nicolás Melini. Foto cedida por Casa de América |
Por su parte, el director
del festival, Nicolás Melini, ofreció el listado de invitados, que este año ha
sido potestad del presidente del festival y de la Orden Galdosiana, J.J. Armas
Marcelo. 50 escritores y escritoras entre los que se encuentran los novelistas
Juan Bonilla (Premio Bienal Vargas Llosa de Novela), Jesús Ferrero (Premios
Azorín, Plaza y Janés, Anagrama y Fundación José Manuel Lara, entre otros),
Andrés Ibáñez (Premio de la Crítica a la mejor novela) Miguel Ángel Hernández
(finalista del Premio Herralde de novela) y Gonzalo Hidalgo Bayal; los poetas
Olvido García Valdés (Premio Reina Sofía de Poesía), Jaime Siles (premios
Teresa de Ávila, de las Letras Valencianas, Andrés Bello y UNESCO España,
concedidos los cuatro al conjunto de su obra), Elsa López (Premio Canarias de
Literatura), el ex ministro César Antonio Molina y el multipremiado Pedro
Flores.
Destaca también la
participación de escritores y periodistas, como Sergio del Molino (Premio
Alfaguara de Novela) y Jesús Ruiz Mantilla, ambos colaboradores de El País. Los
editores Joan Tarrida (Galaxia Gutemberg), Phil Camino (La Huerta Grande),
María José Solano (ZendaEdhasa) y Valerie Miles (Granta en español). Este año,
además, el Hispanoamericano contará con una nutrida nómina de nombres canarios,
en una edición en la que además se homenajeará a tres figuras imprescindibles
de la literatura escrita por canarios, los recientemente desaparecidos Luis
Alemany, Andrés Sánchez Robayna y Yolanda Arencibia: a los canarios ya
mencionados más arriba hay que añadir al narrador Anelio Rodríguez Concepción,
al poeta y cuentista Bruno Mesa, al novelista y decano de la prensa de Canarias
Emilio González Déniz, al poeta Iván Cabrera Cartaya, al novelistta y crítico
Jonathan Allen, Santiago Gil, que además de periodista ha publicado una obra
extensa en novela, cuento y poesía, Javier Hernández Velázquez, autor de novela
negra, la poeta e investigadora Alicia Llarena, el autor de teatro Toni
Tabares, los poetas Tina Suárez Rojas, Acerina Cruz y Federico J. Silva, el
narrador David Cabrera, el director de escena y productor teatral Cuco Afonso,
la investigadora teatral Carmen Márquez, la novelista debutante Lana Corujo y
la joven poeta Alba Tavío.
Habrá también una pequeña
representación hispanoamericana: el novelista Alonso Cueto (Perú) acudirá para
homenajear a su gran amigo y compatriota Mario Vargas Llosa, la narradora
Mónica Lavín (México) acudirá para homenajear al desaparecido narrador Hernán
Lara Zavala, y participarán los novelistas David Toscana (México, Premio Bienal
Vargas Llosa de Novela) y Karla Suárez (Cuba). Entre los que se encuentran
especialmente vinculados al periodismo, la crítica y el estudio de la
literatura, estarán Marcedes Monmany (ABC), Rubén Gallo (Universidad de
Princeton), la rumana Mariana Sipos (ex embajadora de Colombia), Miguel Ángel
Santamarina (revista Zenda), Eduardo García Rojas (Diario de Avisos), Lourden
Ventura (ABC) y Mónica Uriel (Agencia ANSA Latina). Nombres importantes para
esta edición son también los de la novelista Irene Gracia, la novelista y
articulista Carmen Posadas, la jovencísima narradora Irene Reyes Noguerol, el
poeta Aurelio Major, el novelista y cuentista José María Conget (Premio de las
letras aragonesas), el novelista de novela negra Enrique Montiel y la
especialista en literatura infantil Paula Acuña.
Madrid.-11 de junio de 2025
Llega el esperado regreso de un clásico
'Las
crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario' de
C.S.
Lewis
El libro más popular de la saga de fantasía épica más famosa de todos los tiempos ya está a la venta con nuevas y espectaculares cubiertas en librerías.¡También en la Feria del Libro de Madrid!

Tras la primera entrega Las crónicas de Narnia: El sobrino del mago (Libro 1), se publica la siguiente y más conocida, adaptada al cine por Andrew Adamson hace 20 años.
Los cinco libros restantes de la colección harán su
aparición a lo largo de los próximos meses hasta final de año. Todos cuentan
con las impecables traducciones de Gemma Gallart, así como nuevas y
espectaculares cubiertas a cargo del diseñador norteamericano Owen Richardson.
En el 75 aniversario del comienzo de la saga, se trata
de una gran apuesta de HarperCollins Ibérica que devuelve a la actualidad esta
serie heroica para todas las edades.
Más de 115 millones de ejemplares vendidos en 70 países
y el próximo estreno de un ciclo de películas y serie de televisión, avalan su
plena vigencia.
Cuatro hermanos atraviesan un misterioso armario y
entran en la tierra mágica de Narnia, un país que sufre a la cruel Bruja
Blanca. Solo el regreso del gran león Aslan conseguirá poner fin a la tiranía
de la bruja y restaurar la paz. Pero para que el invierno llegue a su fin y
vuelva la primavera, habrá que hacer un sacrificio…
Madrid.- 10 de junio de 2025
Por Juan López Mártinez
Don
Quijote, paradigma educativo
La Mancha como territorio
literario, va asociada inevitablemente a D. Quijote.
El protagonista, Alonso
Quijano, D. Quijote, es un símbolo de lucha contra las injusticias y defensa de
ideales nobles y, desde ese punto de vista, es un paradigma educativo.
Su trascendencia educativa
está, en que nos hace reflexionar sobre los grandes temas de la condición
humana como la fe, la justicia, la realidad social, el amor y el libre
albedrío. Y, por eso, es un material propicio para una Escuela que pretenda
educar en valores.
El proyecto de la OCDE
sobre “Competencias y saberes que deben adquirir los alumnos de la enseñanza
obligatoria” incluye entre las ocho que propone ”la competencia cívica”, que es
“la que facilita la convivencia democrática” en palabras textuales de la OCDE.
Su adquisición supone, en el ámbito profesional, el desarrollo de la
autoestima, la dignidad, la libertad y la responsabilidad. Y, en el ámbito
relacional, la aceptación de las diferencias, la tolerancia y el respeto por
los otros (sus valores, lengua y cultura).
Es una competencia básica
para convivir, asociada a los derechos democráticos y comprometida con los Derechos
Humanos.
La competencia cívica
incluye el conocimiento y compresión de los códigos de conducta para la
construcción de una sociedad cohesionada, libre, equitativa y justa.
Me decía mi abuela
Cándida, hija de Romanones (Guadalajara), un pequeño pueblo de 500 habitantes,
cuando yo era ya profesor de Instituto: “Ahora, Juanito, mucho saber, mucha
enseñanza, pero muy poca educación”. Tal vez, se refería a esto que recomienda
la OCDE y que según dicho organismo” exige aceptar y practicar normas sociales,
comportamiento cívico, reclamar derechos a la vez que se cumplen los deberes
ciudadanos”.
Porque el ejercicio de la
ciudadanía, efectivamente, supone comportamientos responsables.
Adquirir esta competencia
supone poner en práctica el respeto. Decía Fernando de los Ríos “la revolución
pendiente en España es la revolución del respeto”. El Quijote nos enseña la
importancia del respeto hacia los demás. Siempre trata a las personas con resto
y cortesía, incluso a sus enemigos. Nos enseña la importancia de la educación.
D. Quijote es un hombre culto y educado. Su amor por la lectura y la cultura
nos muestra la importancia de la educación en la vida. D. Quijote nos enseña la
valentía ante la adversidad. A pesar de las múltiples situaciones difíciles que
enfrenta, siempre se mantiene firme en su propósito y capaz de enfrentar miedos
y temores, para defender lo que cree justo.
Por todo ello, D. Quijote
es una referencia para una Escuela que pretenda educar en Valores. Porque somos
lo que es nuestra educación, “somos nuestra educación” decía ya Marco Aurelio.
Porque Educación son conocimientos y valores, que nos permiten situarnos ante
el mundo, ante la historia, ante la sociedad y ante nosotros mismos. Educación
es comprender la trascendente dimensión de la persona, del ser humano, de su
dignidad. Comprender que lo mejor que nos ha pasado en la vida es ser personas.
Porque, por ser personas, todos merecemos la misma consideración yrespeto,
independientemente del color de nuestra piel, de nuestro sexo, religión, origen
social o cultural, imagen física o posición social. Por eso nuestra mayor
riqueza es nuestra dignidad y también por eso no hay mayor pobreza que la
indignidad.
Educación es comprender
que lo mejor del ser humano “no se ve con los ojos de la cara, sino con los
ojos del corazón” como nos dice El Principito de Saint-Exupéry. Educación es
comprender hasta qué punto la felicidad es, sobre todo, una aventura interior,
que se basa en lo que damos, mucho más que en lo que recibimos.
Educar es, pues, formar
ciudadanos responsables y libres, críticos y autocríticos, capaces de pensar,
de soñar, de hacerse preguntas. Como nos dice el profesor Fernando Robles,
Hector Alterio, en la película de Adolfo Aristarain “Lugares comunes”: “Enseñar
es mostrar, es dar información, pero, a la vez, enseñando el método para
entender, analizar, razonar y cuestionar esa información. Pónganse como meta,
les dice a sus estudiantes de Pedagogía, enseñar a sus alumnos y alumnas a
pensar, que duden, que se hagan preguntas. No les valoren por sus respuestas en
los exámenes. Las respuestas no son la verdad. Valórenles por sus preguntas.
Cumplan esta misión: despierten en ellos el dolor de la lucidez, sin límites,
sin piedad”
Y añado yo, modestamente,
tienen ustedes un oficio como maestros: sigan a D. Quijote, escuchen y enseñen
su mensaje atemporal de valores universales, siempre pertinentes y actuales.
Juan
López Martínez, es Inspector de Educación y miembro de la Unión Nacional de Escritores de
España.
Madrid.- 10 de junio de 2025
A
la luz de Shakespeare
Les iba a contar que hace
unos diez días se cumplieron los tres cientos años de la muerte de don Juan
Manuel Fernández Pacheco y Zúñiga, duque de Escalona y marqués de Villena,
fundador y primer director de la Real Academia de la Lengua, y para
amenizarlos, alguna que otra anécdota sobre sus notorias peculiaridades y sus
variadas andanzas como virrey de aquí y de allá. Con ello pensaba celebrar con
toda solemnidad la entrada en esa docta casa de mi amigo Luis Alberto de Cuenca.
Pero, vaya, los hados se pronunciaron —por decirlo de un modo fino— aviesamente
adversos, y ni él ni el otro candidato obtuvieron el refrendo necesario para
ocupar el sillón «o»; y ahí quedó esa «o» vacante, en más minúscula y desairada
que nunca.
Triste episodio —al menos,
para mí— que seguramente les habrá pasado inadvertido ante las últimas e
indignantes revelaciones publicadas por la prensa sobre esos conchabeos del
jaez más tabernario, para chantajear —pues no era otro su propósito— a jueces,
a fiscales e incluso a un alto mando de la policía judicial, en este caso,
perteneciente a la Guardia Civil. Y todo para torcer las investigaciones sobre
las sólidas evidencias delictivas en las variadas, y en ocasiones hasta
delirantes —como pretenderse docente sin titulación que lo acredite—, conductas
de los más cercanos colaboradores e íntimos familiares del presidente del
Gobierno; quien según se han vertido y se vierten los testimonios —algunos de
auténtico bochorno; bástenos de muestra la declaración de su hermano David ante
la juez de Badajoz— solo se le concibe como gran aval —si no es ya impulsor— de
cada una de estas pútridas componendas.
Y si en un principio,
todos los casos conocidos nos insinuaban un chusco abuso de su alta
magistratura, y aun asentadas sus fundadas sospechas, fueran solo merecedoras
de su inmediata dimisión más la imputación por un posible delito menor; este
último complot contra altos funcionarios del Estado para que alterasen sus
indagaciones a cambio de no enterrar sus carreras o incluso de no mancillar sus
intimidades, de confirmarse, como se han ido confirmando todos los anteriores
chanchullos, le granjearía calificativos más contundentes mientras lo
implicaría en infracciones penales muy graves. Por cuanto, acorralado por la
indeleble y rotunda sospecha, no le quedaría sino, como a Macbeth, resistir con
cada vez más saña contra la tenebrosa sombra de la acusación e incluso contra
el propio Estado, hasta el avance final de su singular bosque de Birman. Lo
terrible sería el destrozo que causaría al país y a las instituciones durante
ese tiempo de ira baldía.
En cuanto a mí y atisbando
esta desazonante circunstancia, no me corresponde sino vaticinarles lo lesivo
de ese posible porvenir tanto como proclamar mi hartazgo de un gobierno que ha
demostrado sobradamente no solo su incapacidad sino su desprecio al pueblo
español. ¿O de que otro modo puede interpretarse la inexistencia todavía de la
prometida auditoría donde se iban a peritar las excepcionales medidas adoptadas
durante la pandemia —por ejemplo; la razón para decretar la extraña fecha de la
cuarentena, el computo exacto de fallecidos, los contratos del material
sanitario…—, o qué decir de la provisionalidad de la población de La Palma o de
la desdeñosa demora para restablecer las infraestructuras públicas y privadas
en los municipios devastados por la atroz riada de otoño, por no mentar las
averías cotidianas de los ferrocarriles, o las silenciadas causas del reciente
apagón cuando cualquier ingeniero te las explicaba a las horas escasas de
producirse, o ese otro insólito corte telefónico; sobre otros aconteceres menos
estruendosos pero no exentos de sumo peligro, como es la privación de medios a
los cuerpos policiales para su arriesgado aunque fundamental cometido, con el
menoscabo de su seguridad en primer lugar y, en segundo y más importante, de la
de todos nosotros? Y, entre tanto, el desfachatado incumplimiento de su primer
mandato constitucional: la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado;
cuanto implica de facto, ni más ni menos, que las administraciones han quedado
al albur del improviso y del recurso extraordinario. En definitiva; que no hay
gobierno.
Este sucinto memorial de
agravios, donde si a la oposición pudiera achacársele su notoria torpeza para
denunciarlo y propagarlo con eficacia entre los ciudadanos, en cambio no deja
la menor duda de quien es su único culpable: el grupo parlamentario socialista.
Porque cualquiera adivina que ellos deben saber muchos y más perniciosos
extremos sobre todos estos sucesos, y aun así y pudiéndoselos evitar al pueblo
antes de que afloren para estupor general y degradación de su formación y sus
siglas, soportan a semejante presidente, cuando les resultaría tan fácil
sustituirlo por otro camarada; ¿o acaso deba recordarles a sus señorías la
advertencia de Casio en la inmortal Julio César (1599): «¡La culpa, querido
Bruto, no es de nuestras estrellas, sino de nosotros que consentimos en ser
inferiores!»?
Pero si a ellos, como
parece, los retiene de acometer tan higiénica medida el pancístico —y de todo
punto indigno— «ande yo caliente y ríase la gente», nos corresponde, entonces,
a nosotros componer ese caminante bosque de Birman, pues no solo últimamente se
han detallado, en sucesivos y enjundiosos estudios, los acechantes enemigos de
nuestro sistema de gobierno, sino que ya Platón, en el Libro VIII de La
República (s. IV a.C.), pronosticó que toda democracia, presa de la
arbitrariedad y el capricho, se conduce irremediablemente hacia la más feroz
tiranía.
Artículo publicado por el "Imparcial" el 08
de junio de 2025
*Gastón Segura,
es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid
en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a
la literatura.
Madrid.-10 de junio de 2025
Por Ricardo Gil Otaiza
El
ego, motor de la creación
La escritura es un arte,
pero nadie podrá negar que en ella (como en tantas otras) es el ego el motor
que nos mueve a acrecentar la obra, a volver las noches días por el mero afán
de ver la sumatoria de páginas, que es en sí misma un éxito personal
1. Leí del escritor cubano
Leonardo Padura, en una entrevista que le hiciera el también autor y periodista
tinerfeño Juan Cruz Ruiz, para su reciente libro Secreto y pasión de la
literatura (TusQuets, 2025), la siguiente frase: “Mi biografía son mis libros”,
y me sentí bastante identificado, porque la obra se escribe a lo largo de
nuestras vidas, como producto de un denodado trabajo en el que dejamos mucho de
nosotros, y cada uno de sus componentes representa parte importante de nuestro
trajinar. No en vano, los libros se convierten en nuestros interlocutores, en
las voces autorizadas que logran traspasar la barrera del tiempo y del espacio:
ellos son nuestras mejores cartas de presentación frente al potencial lector (y
ante la fantasmal e hipotética posteridad), quien se asoma con curiosidad en
sus páginas y establece —sin pretenderlo— una suerte de diálogo con nosotros, y
se hace (aunque no siempre se alcanza) cómplice y aliado.
2. Desde que trajino las
letras me he preguntado: ¿hasta qué punto un texto literario es estrictamente
realidad o ficción? Compleja la interrogante, porque siempre habrá atajos,
vacíos, hiatos, lagunas, que nuestra mente (la del escritor) busque llenar
desde la invención. A ver: no de manera deliberada, sino como vicio mental,
como vía expedita para conferirle fluidez a lo contado; como tabla de salvación
frente a la caída en el abismo de la insustancialidad y de la nada. Se cuentan
hechos reales, porque sucedieron, pero en el proceso narrativo se impregnan de
imágenes, figuraciones, detalles, y vislumbres de lo que pudo ser. Es decir, no
hay texto narrativo químicamente puro, exento de los elementos propios de la
imaginación: ergo, de la ficción, y ella exige necesariamente verosimilitud, y
no, consecuentemente, la verdad como hecho incontrovertible.
Se cree en la verdad y se
cree en la buena ficción: entre ambas categorías hay límites precisos, así como
reglas de todo tipo (incluso, legales y hasta morales), solo que las líneas de
lo real y de lo literario son tan sutiles e indecisas, que las pasamos sin
apenas enterarnos. A veces, de manera paradójica, creemos en la ficción y no
así en la realidad, y para que esto suceda han de presentarse muchas
cuestiones, pero lo básica es el pacto que deberá establecerse entre el emisor
y el receptor: en la ficción, que sea tan buena que convenza, a pesar de
tratarse de hechos claramente fantasiosos; en la segunda, que sea tan traída de
los cabellos (perturbadora, descabellada y transgresora), que quienes se enfrenten
a ella sientan que es imposible que pase el filtro de la razón, y
automáticamente la cataloguen como mera ficción.
Realidad y ficción
establecen así una interesante dialógica, que se entreteje y anuda como en una
extraña simbiosis, que es en sí, atisbo de la vida misma. A diario nos topamos
con hechos tan sorprendentes, que para definirlos solemos decir con
naturalidad: “no me lo puedo creer”, los sentidos nos engañan, somos presas de
una alucinación, pero está allí frente a nosotros y no podemos menos que
asombrarnos frente a tal portento. Visto así, no tendría que exigírsenos a los
narradores la “verosimilitud” como artificio, es más, tal noción (lejana en el
tiempo) debería desaparecer, porque al narrar la vida lo hacemos también con
sus propios portentos, y si a todo ello le aunamos lo que nuestra mente recrea
en su afán totalizador como queda dicho (desde la propia vida, porque no somos
marcianos ni venusianos, sino sencillamente terrícolas contando desde nuestra
propia piel), pues estamos ante un hecho realmente desafiante: la existencia
contada en todo esplendor, por maravilloso o aterrador que parezca.
3. Ser lector es ser el
bueno y el malo de la novela o del cuento; es ser todos los personajes, porque
infinidad de veces nos sentimos atraídos por seres recreados que representan,
en nuestra interioridad, la antítesis de la bondad o del sacrificio personal, y
de pronto nos vemos aplaudiendo a la callada las malas acciones, o sonriendo y
disfrutando ante las picardías de un ser recreado por el autor, y sin
percatarnos declaramos con ello que la existencia es un drama o una comedia, y
en ambas circunstancias respondemos desde nuestros propias creencias y
referentes, desde nuestras ambiciones y anhelos, desde nuestras certezas y
dudas, y ello es la vida en bruto, sin imposiciones dogmáticas ni filosóficas
ni morales: se expresa nuestro lado oscuro, nuestra sombra.
4. La escritura es un
arte, pero nadie podrá negar que en ella (como en tantas otras) es el ego el
motor que nos mueve a acrecentar la obra, a volver las noches días por el mero
afán de ver la sumatoria de páginas, que es en sí misma un éxito personal,
independientemente de cuál sea su recepción (eso declaramos, pero en realidad
no es así).Todo artista tiene un ego bastante desbalanceado (yo diría,
desproporcionado) y cuando publicamos una obra (o nos la publican, en todo
caso) nos sentimos el centro del mundo, como si todo girara a nuestro
alrededor, que lo alcanzado es superior a lo visto hasta ahora y que nada podrá
desmeritar tamaño esfuerzo, so pena de “reconocer” en ese otro a un ser infame,
carcomido por el innoble sentimiento de la envidia. Poco dura esta emoción: ese
trance que se mece entre la razón y lo sutil del espíritu, y pronto caemos en
un vacío inconmensurable, que solo podrá ser llenado por un nuevo proyecto, que
nos insufle renovadas energías y nos devuelva a esa suerte de “nirvana” que es
el ego, que nos obnubila, es cierto, pero nos mueve a seguir creando desde el
fuego interior.
rigilo99@gmail.com
Madrid.- 10 de junio de 2025
Jornada académico-cultural "Cantinflas en España"
Programa de la jornada:
11 de junio (18:00 h). Instituto Cultural de México en España
Inauguración de la jornada académico cultural “Cantinflas en España”.
Mesa redonda "Pensar en español: Cantinflas en el debate académico". Participan: Dr. Alberto Vital, Dra. Yolanda Guasch, Dr. Ángel Bahamonde y Dr. José Francisco Mejía. Modera: Emb. Laura Beatriz Moreno Rodríguez.
Inauguración de la exposición “¡No se olvide joven que somos hispanos! Presencia de Cantinflas en España”. La muestra podrá visitarse también el 12 de junio.
12 de junio (19:00 h). Casa de América
Proyección de la película "Ahí está el detalle" de Juan Bustillo Oro y protagonizada por Cantinflas.
Presentan: Emb. León de la Torre, Dr. José Francisco Mejía y Min. Jorge Arturo Abascal Andrade.
La jornada “Cantinflas en España” es organizada por el Acervo Histórico Diplomático de la Secretaría de Relaciones Exteriores del Gobierno de México, la Embajada de México en España (a través del ICME), la Embajada de México en Chile, el Seminario Iberoamérica Contemporánea del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe de la UNAM, la Subdirección de Archivos Estatales del Ministerio de Cultura del Gobierno de España y el Museo Mario Moreno Cantinflas.
Madrid.- 10 de junio de 2025
La Gatera Press
La Feria del Libro de Madrid continúa hasta el DOMINGO 15 DE JUNIO
Aunque este año, se ha
visto varias incidencias, por motivo de la condiciones meteorológicas, por el fuerte
calor, o algunos vientos, como el mismo día de la inauguración por la tarde, que
se tuvo que cerrar, luego al día siguiente se abrió una hora más, en el horario
de la tarde, y ayer lunes 09 de junio, a las 18:00 se cerró por precaución a
las alertas del calor. No es nada favorecedor para el sector de los libreros
como el de las editoriales, que sus ventas se vean reducidas, si este año, ha
sido afectada por las fuertes olas del calor, el año pasado fueron las lluvias.
La Feria continua y como siempre la firma de autores, esa alegría tan cercana, que siente el lector a acudir a conocer a su autor preferido, y sale contento con el libro en su brazo. También las conferencias, mesas redondas o podcast en vivo, que se llevan a cabo en los estands, de CaixaBank, Iberoamérica, o el del pabellón Europa, igualmente la Biblioteca Eugenio Trías, ofrece los talleres para los niños, y otras presentaciones de libros.
La música está presente,
como el grupo Emeterians reague, que se presentó en días pasados, en el stand
de RTVE.
Este año, el lema ha sido
para “New York ilumina la feria”
Desde las primeras horas de la
mañana hasta la noche, el Parque del Retiro se convierte en una fiesta de
libros, intercambiando ideas y opiniones, y acompañados del
calor!.
Para ver la programación, pueden entrar a este
enlace:
Feria del Libro de Madrid
La
ganadora del premio SM El Barco de Vapor firma en la #FLMadrid25
Ledicia Costas es la ganadora del Premio SM El Barco de
Vapor 2025 con Feriópolis “por proponernos un viaje en una montaña rusa que
transita desde la inquietud hacia la empatía y la esperanza, pasando por un
camino lleno de emociones y personajes inolvidables; una historia que crea un
universo fantástico donde se da voz al mundo interior de los niños en toda su
complejidad, ofreciéndoles un refugio”
Firma: Ledicia Costas -'FERIÓPOLIS'
Sábado, 7 de junio – de 18 a 21 h.
Caseta Número 123 (SM)
Madrid.—06 de junio de 2025
Feria del Libro de Madrid
Nando
López firma 'Teníamos 15 años'
en la #FLMadrid25
Novela literaria + novela gráfica. Ofrece un formato de
novela con cómic que lleva las ilustraciones de Nicolás Castell.
"Teníamos 15 años" - Nando López
«Necesitaba volver a esos 90 que tantos vivimos desde
una periferia que fingía no serlo, en medio de un país cuya modernidad encubría
una inminente crisis. Y reflexionar sobre cómo nos mentimos cuando recordamos,
pero también sobre la amistad que nos sostiene y la ficción que —ya sea una
novela, una película o una tdk con temas grabados de la radio— nos ayuda a
construirnos». Nando López
Sinopsis
Manu regresa como profesor al instituto donde estudió
en los años 90 tras una excedencia que ha aprovechado para escribir y dibujar
la novela gráfica de su época adolescente. En ese viaje de vuelta se enfrenta a
dos tiempos vitales: el ahora, una lucha necesaria; y el ayer, un territorio
difícil en el que perdonarse a uno mismo y asumir que nuestros errores, sobre
todo los que cometimos cuando tuvimos 15 años, son parte inevitable de esta
asignatura siempre pendiente que es vivir.
Una novela sobre cómo nos marcan esos 15 años en los
que nos creemos eternos y donde cada primera vez es un paso más hacia un futuro
al que tenemos tanta prisa por llegar como miedo de que suceda.
Firma:"Teníamos 15 años" - Nando López
Sábado 7 de junio de 12 a 14 h.
Caseta Número 244(Loqueleo Santillana)
Madrid.- 06 de junio de 2025
Jornada
académico-cultural "Cantinflas en España"
Programa de la jornada:
11 de junio (18:00 h).
Instituto Cultural de México en España
Inauguración de la jornada
académico cultural “Cantinflas en España”.
Mesa redonda "Pensar
en español: Cantinflas en el debate académico". Participan: Dr. Alberto
Vital, Dra. Yolanda Guasch, Dr. Ángel Bahamonde y Dr. José Francisco Mejía.
Modera: Emb. Laura Beatriz Moreno Rodríguez.
Inauguración de la
exposición “¡No se olvide joven que somos hispanos! Presencia de Cantinflas en
España”. La muestra podrá visitarse también el 12 de junio.
12 de junio (19:00 h).
Casa de América
Proyección de la película
"Ahí está el detalle" de Juan Bustillo Oro y protagonizada por
Cantinflas.
Presentan: Emb. León de la
Torre, Dr. José Francisco Mejía y Min. Jorge Arturo Abascal Andrade.
La jornada “Cantinflas en
España” es organizada por el Acervo Histórico Diplomático de la Secretaría de
Relaciones Exteriores del Gobierno de México, la Embajada de México en España
(a través del ICME), la Embajada de México en Chile, el Seminario Iberoamérica
Contemporánea del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe de
la UNAM, la Subdirección de Archivos Estatales del Ministerio de Cultura del
Gobierno de España y el Museo Mario Moreno Cantinflas.
Madrid.- 06 de Junio de 2025
Por Ricardo Gil Otaiza
UNA NUEVA REALIDAD
Realidad y ficción se dan
la mano siempre, en todas las circunstancias de nuestras vidas, y más todavía
en lo literario (que es en sí una expresión de la creatividad humana)
A propósito de la más
reciente novela del escritor español Javier Cercas, El loco de Dios en el fin
del mundo (2025), que no he leído, y que nació gracias a que un representante
del Vaticano contactó al autor y lo invitó a acompañar al papa Bergoglio a un
viaje a Mongolia, y que de ello escribiera un libro con plena libertad, la
editorial Random House nos informa, que no se trata de ficción: todo lo contado
en el libro es “tal cual” como sucedió. Al respecto, me permito algunas
consideraciones de carácter eminentemente teórico.
Presumo que los personajes
que aparecen en la obra están tomados de la realidad, y que conservan sus
propios nombres y responsabilidades (empezando por el Papa), y ello le imprime
a lo contado fuerza y verosimilitud. Hasta aquí, todo bien. Empero, desde el
ángulo de la literatura, aquello que entre en ese portentoso artefacto llamado
novela, independientemente de su técnica, estructura y noción, alcanza por la
magia de lo contado la categoría de ficción y de obra de arte, y en el caso
contrario no podríamos hablar de novela; tal vez de crónica (un tanto en
desuso, por cierto).
No obstante, asumiéndose
que se trate de una crónica, recordemos que ella es en sí misma una narración
histórica o un relato (también: un artículo periodístico, pero esto es otra
cuestión), y que muchas veces quienes las escriben ponen de su inventiva para
aderezarlas y hacerlas inteligibles a los lectores, y esos elementos extraños a
lo acaecido (artísticos, sin más), la acercan a lo ficcional, por lo que lo
contado se mece en una suerte de media verdad. De hecho, los límites entre
ambos géneros (aunque la crónica nunca recibiera de buena gana tal categoría), siempre
fueron difusos: recordemos las deliciosas crónicas de los viajeros de Indias,
en las que los autores relataban toda clase de portentos, muchos de ellos
sobrenaturales, que vistos hoy podrían perfectamente entrar en lo que llamamos
“ciencia ficción”, tal vez “realismo mágico”, y hasta de lo “real maravilloso”
(ergo, literatura). Mario Vargas Llosa, en su siempre ponderada obra La verdad
de las mentiras, es categórico en este sentido, y el propio título del libro da
razón del eje central de su posición intelectual: verdad y mentira se dan la
mano para hacer de lo contado una nueva “realidad”.
Por tanto, y volviendo al
libro de Cercas, hasta su propio título da fe de lo aquí expuesto: el autor
denota elementos claramente literarios (“El loco de Dios” y “en el fin del
mundo”: ni Dios es loco, ni el Papa lo es, y el mundo no tiene un punto de
llegada que denote su fin), ajenos por completo a la noción de lo que sería una
gira del Sumo Pontífice en aquellos apartados rincones de mundo, en los que,
dicho sea de paso, los católicos pueden contarse en pocos miles, lo que hace a
la gira vaticana una verdadera quimera, digna de la vieja serie hollywoodense
Indiana Jones, en la que el magnífico actor Harrison Ford azuzaba mi mente
infantil y juvenil, al introducirme en un mundo de ensueños, con mil aventuras
y peligros, con escollos imposibles de salvar, pero que, gracias al séptimo
arte, era tan reales y verosímiles, como enfrentarme por ejemplo a las
dificultades propias de aquellos años: la escuela y el colegio, el bullying por
mi absoluta incapacidad deportiva y mi baja estatura (siempre fui el más
pequeño de la clase).
Realidad y ficción se dan
la mano siempre, en todas las circunstancias de nuestras vidas, y más todavía
en lo literario (que es en sí una expresión de la creatividad humana). Suele
pasarme con frecuencia, que cuando cuento algo que me ha sucedido, me pillo
agregándole detalles que en realidad no acaecieron, y si tengo que contar el
hecho varias veces, pues esa montaña de agregados (no deliberados, solo que mi
mente me hace esas pasadas) crece hasta lo risible y la historia se deforma
para convertirse en otra.
Eso “otro” que resulta de
nuestra clave imaginativa, es en sí mismo una nueva realidad, que se emparenta
con su origen, pero constituye un universo aparte, que hace de lo contado un
“algo” inédito y a veces novedoso (digo a veces, porque pudieran salir meras
tonterías y estupideces), y esto es un artificio literario. Es decir, sin
pretenderlo, todos, sin excepción (unos más que otros), literaturizamos la
existencia, la adornamos con elementos que la hagan posiblemente más atractiva
(en otros casos repulsiva, pero bajo la égida de la creación).
En cuanto a lo
“repulsivo”, tengo que detenerme un instante, y con esto culmino, porque hay
autores y hay obras que son producto de la sombra de lo humano, del lado oscuro
de la vida, de los fondos menos explorados de nuestra propia interioridad, y el
resultado es: historias terribles, descarnadas y profanas, pero que dicen mucho
a todo un espectro de lectores. Y sin ir muy lejos, varias de estas historias
han pasado a la posteridad como literatura del horror, como textos que muestran
el lado pérfido de todo y, querámoslo o no, están ahí como signo de las luces y
sombras que nos habitan.
En este sentido, no soy
especialmente admirador de la literatura del autor estadounidense Stephen King,
pero no puedo obviar su huella e importancia, y que como pocos se ha adentrado
en la literatura del horror, de lo sobrenatural y del misterio (muchas veces de
la ciencia ficción), y que goza de una respetabilidad propia de un escritor
creativo y diverso, que ha sabido desvelar aquello que subyace, pero que se
oculta en el Ser, y su obra resulta toda una amalgama de realidad y ficción, de
allí el atractivo de su arte, así como su legado y renombre.
rigilo99@gmail.com
La Gatera
Press
Después de
inaugurado el pasado 30 de mayo, La Feria del Libro de Madrid, por la reina
Letizia y demás autoridades, se inicia la apertura de esta 84ª edición, y continuará
hasta el 15 de junio.
El Parque de El Retiro, se convierte en una biblioteca
Este fin de semana ha sido
muy concurrido el Parque de El Retiro, a pesar del calor, como si fuera un
pleno agosto.
Se esta llevando a cabo esta 84ª edición en el Parque de El Retiro, y la temática central es “Nueva York ilumina la Feria”, destacando la influencia de la literatura hispana en esta ciudad estadounidense.





La firma de libros siguen siendo el gran atractivo para el público. Con mas de 300 escritores participan en sesiones diarias. Autores reconocidos como Juan Eslava Galán, Elvira Lindo, Ray Lorgia, Irene Vallejo, Julia Navarro, Javier Cercas, Luis Alberto de Cuenca, entre otros mas escritores.
Para mañana
martes 03 de junio por la tarde se tiene previsto la firma de los autores:
Carolina Pecharróman, Juan Eslava Galán, Adri Contreras y Lourdes Tello, Gregorio
Planchuelo, entre otros mas escritores.
También en
esta edición, Canarias participa en La Feria del Libro de Madrid, a nivel
institucional como literario. Así el Cabildo de Lanzarote ha acudido por
primera vez a esta feria.
Participan
destacados autores como, Rafael-José Díaz, Jose Luis Correa, Pablo Martín
Carbajal, Nicolas Mellini, Santiago Gil, Pascal Buniet, entre otros mas.
El pabellón Iberoamericano,
se ha inaugurado en esta edición, es una
iniciativa promovida por el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y
Cooperación de España, con el fin de fortalecer los lazos culturales y lingüísticos
entre los países iberoamericanos. Homenaje a los escritores, Vargas Llosa,
Carmen Martín Gaite, Federico García Lorca, Paul Auster y Gabriel Mistral y las
charlas de editoriales y conferencias.
Para obtener
más información puedes entrar a la página web de la feria del libro de Madrid,
o entrar a su programación:
https://ferialibromadrid.com/programacion/
Madrid.- 02 de junio de 2025
“Desde las orillas: escritoras canarias en el centro literario”
El acto contará con la participación de las escritoras Aida González Rossi, Melania Domínguez, Elena Correa y Lana Corujo, y será moderado por Felicidad Batista. La presentación institucional estará a cargo de la consejera de Cultura del Gobierno de Canarias, la Sra. Migdalia Machín.
Este encuentro forma parte del compromiso del Gobierno de Canarias con la proyección cultural de nuestras creadoras y se enmarca en la Agenda Canaria 2030.
Fecha: miércoles 4 de junio a las 18.00 h.
Lugar: Delegación del Gobierno de Canarias en Madrid, C. Fernanflor 8
Madrid.- 02 de junio de 2025
Se ha presentado en la Librería Laurel
"Desde
mis sábanas lilas"
La escritora grancanaria Mayte Martín-Feo, ha presentado el jueves 29 de mayo su libro "Desde mis sábanas lilas" en la Librería Laurel. Acompañada por amistades y algunas personas del club de lectura de la librería que dirigen Loli y Alfonso, fue una velada emotiva, con lecturas y debate de sus microrrelatos. Le acompañó en la presentación el también escritor madrileño, Miguel Ángel González, quien formuló varias preguntas e hizo algunas reflexiones sobre el libro editado por Mercurio y que está siendo un éxito entre el público. A la presentación en Madrid le precedió la de Las Palmas de Gran Canaria, donde también hubo mucha participación e interacción con la autora.


Un libro que además de los textos de prosa poética con perspectiva de género y mucha reivindicación van acompañados del trabajo de 30 fotógrafos y fotógrafas canarios, nacionales e internacionales que han cedido sus obras para ilustrar algunos de los textos.
La escritora y periodista
canaria estará próximamente firmando en la Feria del Libro de Madrid, el día 15
de junio en horario de 10.30 a 12.30 en la caseta de Diwán número 91.
Madrid.- 02 de junio de 2025
HarperCollins
Ibérica es la nueva casa editorial de ‘Las crónicas de Narnia’
Tras una larga espera, la famosa saga de fantasía épica
de C. S. Lewis vuelve a las librerías españolas en un ambicioso proyecto que
arranca esta semana y culminará a final de año
HarperCollins Ibérica es
el nuevo editor en España de Las crónicas de Narnia de C. S. Lewis, que
volverán a publicarse en nuestro país siguiendo el orden natural de los hechos
narrados en la historia (y no el cronológico del lanzamiento original), el más
coherente para su lectura, y con el que el propio autor creyó estar más de
acuerdo.
Serán siete entregas mensuales hasta octubre, que arrancan este mes de mayo con el lanzamiento de El sobrino del mago, a la que seguirán en meses sucesivos: El león, la bruja y el armario, El caballo y el muchacho, El príncipe Caspian, La travesía del Viajero del Alba, La silla de plata y La última batalla.
La serie, que mantiene la
traducción de Gemma Gallart, llevará nuevas y espectaculares cubiertas con
ilustraciones realizadas por el diseñador norteamericano Owen Richardson.
Conserva plena vigencia para lectores de todas las edades a partir de 8 años.
‘Las crónicas de Narnia:
El sobrino del mago (Libro 1)’
Es la sexta crónica en el
orden de publicación original, la primera en el orden de lectura. Más conocida
como la precuela de El león, la bruja y el armario (1950) por ser ésta la
primera que vio la luz y la más popular, El sobrino del mago (1955) es la
novela fundacional que narra el momento de la creación del mundo mágico de
Narnia, puro y radiante, y cómo las fuerzas malignas penetran en él apenas
cinco horas después. Se registra la primera aparición de la Bruja Blanca,
presentada como la malvada reina Jadis, hechicera y destructora de Charn; y se
sientan las bases de todas las idas y venidas que acontecerán entre nuestro
mundo y el de Narnia, iniciadas con la exploración del misterio de los portales
de acceso. También se refieren los antecedentes del armario que será la puerta
a Narnia en la siguiente aventura, y del icónico farol que marcará el camino,
popularizado por la primera adaptación cinematográfica de las crónicas por el
cineasta Andrew Adamson en 2005.
La narración de C. S.
Lewis tiene más de cuento de hadas que de alegoría en sentido estricto. A la
simbología platónica, la impronta indeleble de su formación cristiana y la
remisión de su lectura a títulos como El paraíso perdido de John Milton, el
autor británico suma la influencia de clásicos
paganos, referencias de la mitología del mundo griego, romano y nórdico,
del mundo antiguo y medieval, e influencias de la literatura inglesa y europea, así como reminiscencias
folclóricas irlandesas, e inspiraciones en las atmósferas de George MacDonald o
los animales parlantes de Beatrix Potter y El viento en los sauces de Kenneth Grahame,
entre otras.
Argumento
Digory Kirke se ha mudado,
junto a su madre gravemente enferma y a punto de morir, a la casa del tío
Andrew y la tía Letty Ketterley en pleno Londres victoriano. Dan comienzo las
vacaciones del verano más frío que se recuerda, pero conocerá a su vecina Polly
Plummer, que tampoco irá a la playa ese año, y se divertirán juntos a cubierto
de la lluvia. Sus juegos caseros les conducirán hasta el estudio prohibido del
tío Andrew, que se descubrirá como un mago cruel y les hará protagonistas
involuntarios de un experimento con unos anillos que funcionan como un portal
mágico. Será el principio de una serie de peligrosas aventuras entre mundos
desde un bosque intermedio. Los niños conocerán la desolación pero también
contemplarán hechos maravillosos como la creación de Narnia por el magnífico
león Aslan, gran rey de las bestias parlantes, cuya misteriosa canción
despertará una nueva esperanza y un mundo nuevo, que se verá muy pronto
amenazado por la malvada reina Jadis. Digory habrá liberado accidentalmente de
su hechizo a esta bruja feroz, soberbia y sedienta de poder, que está dispuesta
a esclavizar a todas las criaturas, destruir a todos los seres vivos y todos
los mundos. Digory aceptará la misión de proteger Narnia de ella bajo las
instrucciones de Aslan y partirá junto a Polly a buscar una manzana mágica, a
lomos de un caballo alado. Es el inicio de las hazañas heroicas y batallas
épicas entre el bien y el mal que se desarrollarán en las siete crónicas con un
telón de fondo propio de la pluma de Lewis, entre la alegría y la nostalgia
inconsolable.
Madrid.- 02 de junio de 2025
“Desde
las orillas: escritoras canarias en el centro literario”
El acto contará con la
participación de las escritoras Aida González Rossi, Melania Domínguez, Elena
Correa y Lana Corujo, y será moderado por Felicidad Batista. La presentación
institucional estará a cargo de la consejera de Cultura del Gobierno de
Canarias, la Sra. Migdalia Machín.
Este encuentro forma parte
del compromiso del Gobierno de Canarias con la proyección cultural de nuestras
creadoras y se enmarca en la Agenda Canaria 2030.
Fecha: miércoles 4 de
junio a las 18.00 h.
Lugar: Delegación del
Gobierno de Canarias en Madrid, C. Fernanflor 8
Madrid.- 02 de junio de 2025
Presentación
del libro
La
Máscara Invisible de Estela González
Una máscara oculta, pero
a la vez da fuerza y poder. La máscara invisible y otros relatos revelan desde
esa energía que busca protegerse: la migración, las voces y el habla de
diferentes partes de América Latina, así como el sentir de su gente se filtra
entre sus páginas para crear espacios que nos invitan a conocer, pensar y
entender el movimiento de nuestro continente. Estela González, con una potente
voz, se levanta entre los narradores contemporáneos para dar también a la
experiencia LGBTQ+. El presente volumen dejará al lector con sabores de la
diversidad que nos abren a nuevas posibilidades.
Evento en colaboración con
la Editorial Textofilia.
Madrid.- 02 de junio de 2025
Del 28 de mayo hasta el 07 de septiembre 2025
Obras maestras de la BIBLIOTECA DE LÁZARO
El 28 de mayo, ha sido inaugurado por la directora del
Museo Lázaro Galdiano, Begoña Torres y Carmen Peguero de la Biblioteca y el
archivo de la Fundación Lázaro Galdiano.
Izda.Begoña Torres y Carmen Peguero



Una exposición excepcional que muestra una treintena de ejemplares representativos de las colecciones de Madrid, París y Nueva York, reunidas por José Lázaro en las diferentes ciudades en las que residió. Será la primera vez que se expongan juntas, reconociendo la labor del coleccionista y su deseo de que permaneciesen unidas.


En ella, se podrán contemplar, entre otros, ejemplares como uno de los más bellos del Siglo de Oro, el Libro de retratos de Pacheco, maestro y suegro de Velázquez, quien pretendió mantener viva la memoria de algunos de los más insignes ingenios de la época en este libro; Livre des propiétes des choses, un manuscrito miniado, copia lujosa de principios del s. XV de carácter enciclopédico, con miniaturas al comienzo de cada capítulo y una encuadernación herádica en terciopelo sobre tabla del siglo XVI; Cartas de Goya a Zapater, su amigo de juventud en Zaragoza, donde trata temas personales e incluye dibujos entre el texto, revelando el lado humano del genio; un grupo de hojas profusamente iluminadas que forman parte del conjunto de manuscritos persas; el Libro de horas de William Hastings, un manuscrito flamenco encargo de William Hastings, Grand Chamberlain de Edward IV; o el Liber Chronicarum, del humanista e historiador alemán Hartmann Schedel (1440-1514), quien llevó a cabo una extraordinaria labor de recopilación de tradiciones orales que sirvieron de fuentes para esta obra monumental, en la que se ilustra la historia del mundo, desde la Creación hasta finales del siglo XV.
La exposición estará
abierta al público hasta el 07 de septiembre, 2025
En el Museo Lázaro
Galdiano, de la C. de Serrano 122-Madrid
Madrid.- 29 de mayo de 2025
La Gatera Press
Arranca este viernes 30 de mayo
La Feria del Libro de Madrid, ha sido declarado como Bien de Interés Cultural, por El Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid
La Feria del Libro de Madrid 2025, un puente literario entre Madrid y Nueva York
La 84ª edición de la Feria del Libro de Madrid se inaugurará el 30 de mayo a mediodía, como siempre por la reina Leticia, y terminará el 15 de junio, en el Parque de El Retiro. Bajo el lema “Nueva York ilumina la Feria” destacará la presencia del español en la ciudad estadounidense, promoviendo el intercambio cultural con universidades como Columbia, NYU y YaleSe contará con mas de
2.000 firmas donde autores como: Julia Navarro, Joël Dicker, Lorenzo Silva y
Maria Dueñas, entre otros más autores, compartirán sus obras con los lectores.
Se llevará a cabo además de
las tradicionales firmas, y presentaciones de libros, actividades culturales y
académicas. Mesas redondas, charlas y debates, promoviendo el intercambio de
ideas y experiencias entre autores, lectores y profesionales del sector
editorial.
La ilustradora argentina
Coni Curi ha diseñado el cartel de este año, inspirándose en la estética
vintage de principios del siglo XX, evocando la conexión entre Madrid y Nueva
York. Un oso abrazando un rascacielos neoyorquino, que simboliza la acogida y
el mestizaje cultural que caracteriza a estas ciudades.
La programación lo pueden
consultar en la web de la Feria del Libro de Madrid
Presentación del libro HOY 29 de mayo-hora 19:00
'Paisajes del alma', de Eduardo García Rojas
“Paisajes del alma” toma su título por sugerencia de uno de los directores entrevistados, José Víctor Fuentes, que a su vez lo había leído de un libro de Miguel de Unamuno, y que durante la entrevista le indicó la idoneidad de “bautizar” así esta obra en la que se ha invertido un año de trabajo.
Como apunta Eduardo García Rojas en la presentación, ninguno de los cineastas entrevistados declinó participar en esta obra, un libro en el que se cruzan variedad de opiniones en torno a un cuestionario más o menos común entre todos los que aceptaron finalmente colaborar. En este sentido, Paisajes del alma cuenta con las voces de directores ya consagrados como son Teodoro y Santiago Ríos (Guarapo, Mambí y El vuelo del guirre) con otros que comienzan a despuntar. Las opiniones que vierten unos y otros resultan en algunos de los casos muy diferentes pero esta diversidad es lo que refuerza el interés por una obra pionera en el archipiélago ya que, nos consta, se trata de la primera que reúne las voces de 23 directores/as de cine nacidos o residentes en las islas.

Los cineastas entrevistados son Mercedes Afonso, Javier Fernández Caldas, Jenifer Castañeda, Lucas Fernández, Juan Carlos Fresnadillo, José Víctor Fuentes, Manuel González Mauricio, Raúl Jiménez, Andrés Koppel, Daniel León Lacave, Iván López, Fátima Luzardo, Dácil Manrique de Lara, Estrella Monterrey, Miguel G. Morales, Sergio Morales, Elio Quiroga, David Pantaleón, Armando Ravelo, Omar Razzak, Teodoro y Santiago Ríos, Luis Roca y Josep Vilageliu.
El libro se complementa con un apéndices que incluye una selección de críticas cinematográficas de algunas de las películas dirigidas por los directores entrevistados así como un breve apéndice fotográfico.
Madrid.- 28 de mayo de 2025
Premio Bibliodiversidad de honor 2025 para ediciones Morata, por su centenario
Es el arranque oficial de
un calendario conmemorativo para celebrar que Ediciones Morata cumple 100 años
en 2025.
Los Premios
Bibliodiversidad fueron creados por la Comisión de Pequeños Editores de la
Asociación de Editores de Madrid para reconocer a las instituciones, medios de
comunicación y personalidades que apoyan la edición independiente.
La entrega al editor Paulo Cosín tendrá lugar
el próximo 4 de junio, en el marco de la Feria del Libro de Madrid.
La Comisión de Pequeños
Editores de la Asociación de Editores de Madrid (AEM) ha fallado los Premios
Bibliodiversidad 2025.
El Premio de Honor se ha
otorgado a Ediciones Morata “al cumplir un siglo de existencia, consolidándose
como uno de los catálogos más prestigiosos de España en materia de ciencias
sociales, psicología y pedagogía, con obras y autores de prestigio
internacional. Morata, creada por Javier Morata Pedreño, cuya labor continuaron
con empeño y talento sus dos hijas, Flora y Caridad, ha sabido mantener y
renovar su oferta editorial en el siglo XXI con la llegada de Paulo Cosín a la
dirección editorial de la empresa, ampliando su repertorio hasta superar más de
400 referencia vivas.” Como ha expresado Manuel González, presidente de la AEM,
“los editores de Madrid queremos reconocer con este galardón la trayectoria
editorial de Morata, que cumple cien años ofreciendo, desde el rigor académico
de sus contenidos, elementos de reflexión y análisis acerca de la educación, la
salud mental y la justicia social en estos tiempos tan necesitados, como hace
un siglo, de valores y saberes que contribuyan a lograr un mundo más humano y
solidario”.
Cien años haciendo
Historia
El proyecto comenzó con
fundación de la librería Minerva, en 1920, por Javier Morata Pedreño. El primer
producto que vendió fue la Enciclopedia Espasa por volúmenes. Cinco años
después comenzaba su trayectoria como editorial publicando su primera obra en
1925, Presente y futuro de la UGT en España, de Largo Caballero. Desde entonces,
esta editorial independiente ha tenido como objetivo ayudar a comprender el
mundo, visibilizar a los más desfavorecidos y aportar las claves para la
construcción de una sociedad más justa. Tras el fallecimiento de su fundador,
fueron sus hijas Flora y Caridad quienes asumieron la dirección, y después lo
haría la nieta, Florentina Gómez Morata, en 1974. Será en 2005 cuando tome la
dirección Paulo Cosín, que en 2016 adquiere la editorial con el compromiso
personal de garantizar su continuidad.
Cosín defiende que “es una
editorial de relevancia incuestionable en la Historia y que, a día de hoy,
sigue haciendo Historia”, y concluye: “Nuestra identidad viene marcada por
estos cien años que han aportado un catálogo único, capaz de entrelazar el
pensamiento reflexivo de las Ciencias Sociales con la Educación, la
Investigación y la Psicoterapia Familiar”. Más allá de un proyecto editorial
con más de cuatrocientos títulos vivos en su catálogo, Ediciones Morata se
manifiesta como grupo humano que mantiene un compromiso personal permanente con
la sociedad por la difusión de la cultura, la educación y la ciencia en siglo
XXI en todos los países con los que compartimos nuestra lengua.
Madrid.- 27 de mayo de 2025
Lecciones de una mujer
Este recién vencido
domingo se cumplió el centenario de una mujer excepcional. Era mejicana y aun
siendo una precursora —si no es la gran precursora— del feminismo en su país,
aquí, en España, y a pesar de cuanto se escribe sobre el asunto, apenas escucho
su nombre: Rosario Castellanos. Básteme contarles que se licenció en Filosofía
con la tesis Sobre cultura femenina, leída el 25 de junio de 1950; es decir, al
año siguiente de la publicación del crucial ensayo sobre la materia, El segundo
sexo, de Simone de Beauvoir; título que Castellanos no conocerá hasta un
sexenio después, cuando se edite su traducción allá, en México. Y aunque a bote
pronto entre ambas escritoras asoman notables semejanzas —por ejemplo; el
empeño común por la creación literaria sobre la exposición reflexiva—, en la
comiteca observo peculiaridades que me la convierten en mucho más sugerente;
sin ir más lejos, la ironía exhibida durante toda su docencia universitaria y
hasta en algunos de sus poemas y en casi todos sus ensayos, por no mencionar su
indiferencia, si no era ya un rehuir la etiqueta de feminista; quizá, por
considerarla solo eso, un manoseable calificativo, cuando para ella, saberse y
vivir como mujer, desde su niñez en Chiapas, constituyó una circunstancia
trágica en el más original sentido helénico.
No había cumplido los ocho
años cuando falleció su único hermano, y sobre el inmediato espanto y el dolor
posterior, pesó durante el resto de su infancia el tácito reproche de sus
padres por no haber sido ella, la hembrita, la elegida por la guadaña. Absurdo
y doliente remordimiento acrecentado por la costumbre estanciera de confiarla a
una tata tzeltal y acompañada de una «cargadora» —una niña, también maya, de su
misma edad como divertimento y juguete—. Tal despego familiar, la imbuyó, sin
apenas apercibirse, de su condición desmerecida de mujer cuanto de la ínfima de
las indias. Y fue esa gelidez doméstica, donde solo la ausencia de su hermano
pequeño palpitaba entre los salones, el acicate para que, con apenas quince
años, alumbrase sus primeros poemas en el periódico chiapaneco El Estudiante;
oficio —como ella lo consideraba— de poeta que ejerció hasta un bienio antes de
su muerte, cuando publicará el poemario En la tierra de en medio, incluido en
la primera y última compilación de toda su lírica: Poesía no eres tú (1972).
Pero, sobre la evolución
de sus versos desde un primer intimismo hasta lo comunitario de los últimos,
quería hablarles de su narrativa que tanto me fascina; en concreto, de su
segunda novela, Oficio de tinieblas (1962). Y no es que Castellanos se
prodigase, como en el periodismo o en la poesía, en el relatar; solo contamos
con dos títulos grandes Balún Canán (1957) —editado en España por Cátedra con
un magnífico prólogo de mi querida Dora Sales— y Oficio de tinieblas
—póstumamente, debo sumarles Rito de iniciación (1997), escrito en 1964 pero
desechado como fallido por ella misma—, más sus tres colecciones de cuentos:
Ciudad Real (1960), Los convidados de agosto (1964) y Álbum de familia (1971).
En cuanto a su primera novela, Balún Canán, trata del tanteante descubrir de
una niña, estremecida por la muerte de su hermanito, del conflicto entre los
criollos y los tzeltales, agudizado por la reforma agraria del presidente
Cárdenas; una situación vivida por la escritora y similar, si reparamos en el
desamparo afectivo de los protagonistas, a Los ríos profundos (1958), de José
María Arguedas; aunque el relatar poético de la comiteca nos la diferencia
sobradamente de esta última gran novela peruana. Oficio de tinieblas es costal
aparte; inspirado en la rebelión chamula de 1867, pero solo inspirado porque
Rosario Castellanos amoldó aquellos hechos a la misma época de Balún Canán,
para servirse de su bien conocida pujanza del enfrentamiento entre grandes
finqueros y desposeídos indios como la aparente trama de la narración, cuando
es solo el cúmulo de acciones en cuyo envés transcurre la verdadera y sinuosa
urdimbre de esta novela: la cadena de cerriles envidias entre sus mujeres; sean
causadas por la amarga esterilidad o sean por la posesión del macho. Al punto
que ese discurrir, disimulado hasta la mendacidad, de rencores y míseras
ambiciones se torna, inopinadamente, en el detonante de la sangrienta
sublevación indígena, tras un sacrificio iniciático y envalentonador —tomado de
aquella antigua insurrección en la meseta chiapaneca— que todavía me asalta, de
cuando en cuando, con toda su espantosa crueldad.
En suma; un constatar cómo
la mujer mejicana se veía condenada a conjurar mucilaginosamente y en lo más
oscuro para obtener sus aspiraciones, y tanto daba que fuera una india como
Catalina Díaz Puiljá, la proclamada sacerdotisa por sus desvaríos furiosos, o
unas blancas como la adúltera jaquetona Julia Acevedo o la alcahueta con
pretensiones señoritiles Mercedes Solorzano; todas, duchas en lo torcido,
porque no se les permitía mejor proceder. Así, con Oficio de tinieblas, Rosario
Castellanos emerge como una soberbia maestra, pues su disección de estas almas
extraviadas en mezquindades ofrece, ante todo, una lección para novelistas
sobre cómo desde la minucia ocasional, entrevista apenas bajo la altisonante y
varonil pugna por la tierra, traba un relato conmocionador. Un relato, por
demás, desbordador de cualquier epíteto, como pudieran ser los de indigenista o
feminista, por su radical e inclemente muestra de la desdicha humana. Eso sí;
tan a la chita callando, que no consigue sino paralizarnos de estupor y que no
admite otro adjetivo que admirable.
Santa Cruz de Tenerife.- 27 de mayo de 2025
Presentación del libro el 29 de mayo-hora 19:00
'Paisajes
del alma', de Eduardo García Rojas
“Paisajes del alma” toma su título por sugerencia de uno de los directores entrevistados, José Víctor Fuentes, que a su vez lo había leído de un libro de Miguel de Unamuno, y que durante la entrevista le indicó la idoneidad de “bautizar” así esta obra en la que se ha invertido un año de trabajo.
Como apunta Eduardo García Rojas en la presentación, ninguno de los cineastas entrevistados declinó participar en esta obra, un libro en el que se cruzan variedad de opiniones en torno a un cuestionario más o menos común entre todos los que aceptaron finalmente colaborar. En este sentido, Paisajes del alma cuenta con las voces de directores ya consagrados como son Teodoro y Santiago Ríos (Guarapo, Mambí y El vuelo del guirre) con otros que comienzan a despuntar. Las opiniones que vierten unos y otros resultan en algunos de los casos muy diferentes pero esta diversidad es lo que refuerza el interés por una obra pionera en el archipiélago ya que, nos consta, se trata de la primera que reúne las voces de 23 directores/as de cine nacidos o residentes en las islas.
Los cineastas
entrevistados son Mercedes Afonso, Javier Fernández Caldas, Jenifer Castañeda,
Lucas Fernández, Juan Carlos Fresnadillo, José Víctor Fuentes, Manuel González
Mauricio, Raúl Jiménez, Andrés Koppel, Daniel León Lacave, Iván López, Fátima
Luzardo, Dácil Manrique de Lara, Estrella Monterrey, Miguel G. Morales, Sergio
Morales, Elio Quiroga, David Pantaleón, Armando Ravelo, Omar Razzak, Teodoro y
Santiago Ríos, Luis Roca y Josep Vilageliu.
El libro se complementa
con un apéndices que incluye una selección de críticas cinematográficas de
algunas de las películas dirigidas por los directores entrevistados así como un
breve apéndice fotográfico.
Madrid.- 27 de mayo de 2025
Por Ricardo Gil Otaiza
Sapos y culebras
La lengua es un patrimonio
común y en el caso de la nuestra, pues con más razón, ya que, según el
Instituto Cervantes, constituye la segunda materna del mundo y la cuarta en el
cómputo mundial de hablantes, pero no todos estamos conscientes de esto
La violencia sobre el
idioma, las notas disonantes, la jerga gruesa: ¿lo embrutecen?, ¿lo dañan?
Analicemos. Podría adelantar que lo llevan más allá de sus propias fronteras,
lo fuerzan a buscar nuevos derroteros. Quedarse con lo que hay y sin nuevas
exploraciones en todas las orillas, lo petrifican, lo convierten en algo
estático y obtuso, y lo condenan tarde o temprano a su extinción. La riqueza de
nuestra lengua estriba no solo en que es compartida por millones de personas en
distintos continentes, sino en la diversidad que ello representa: giros,
neologismos, ensayos lingüísticos y amalgamas dialécticas le otorgan fuerza y
dinamismo, y lo impelen a explorar fuera de sus propios linderos y
posibilidades.
Ir más allá de lo
establecido por la norma podría ser un desafío que, ante la mirada de algunos,
condena a la lengua a su pérdida y transformación, pero otros nos sentimos
motivados a hacerlo como muestra de su plasticidad, de cambio permanente, de
reto frente a los tiempos y las circunstancias. Cuando leemos el Quijote nos
topamos con frases, expresiones y hasta páginas enteras de disonancias con
respecto al “ahora”, lo que significa evolución (como mejora), que es inherente
a la vida misma, y la lengua es una de sus expresiones.
Esos más de cuatro siglos
que nos separan de la obra máxima de las letras españolas, son muestra de su
latir, porque en ese ir y venir nos hemos topado con una lengua capaz de
reinventarse, de extender sus propios territorios, de metamorfosearse al extremo
de la ruptura con el pasado (sin olvidar sus raíces), pero que no significa
pérdida, ni daño, ni mucho menos derrota, sino las pulsaciones de una lengua
viva, que lucha por abrir trochas, que busca con curiosidad asomarse a la
oscuridad y al vacío, sin tener que dejar por ello su esencia primigenia y su
impronta de ser lo que en verdad es: una extraordinaria herramienta de
comunicación, un instrumento que hace inteligible el paso del tiempo y sus
complejos avatares.
Esa disonancia entre el
ayer y el ahora es, precisamente, el vaso comunicante entre ambos, lo que
posibilita recomponer en el presente lo que se dijo en otrora (con diferente
lenguaje), y que hoy ya no resulta incomprensible gracias precisamente (y
volviendo al caso del Quijote) al ejercicio literario, a su permeabilidad y
atajos (figuras retóricas), al cambio epocal traducido en nuevas formas (no así
el espíritu) y convencionalismos. El hoy es el ayer, pero bajo una mirada
distinta, que permite articular sin mayores traumas todo aquello que dibuja el
espíritu de lo humano.
La lengua expresa y da
sentido a la existencia, es ella, no solo el mecanismo de articulación entre
los momentos (presente y pasado), sino que recompone los hiatos propios de la
experiencia civilizatoria; de allí su importancia capital; de allí su huella
perenne, pero también busca proyectarse en el hipotético futuro y tiende
puentes con lo que ha de venir. Empero, ya para entonces no será la misma, su
propia dinámica y elasticidad la llevan a reinventarse, a ser lo que por la
fuerza de las circunstancias tendrá que ser, y en esta realimentación halla su
destino.
Es por ello, que la
literatura ha de ser en todo caso exploradora de abismos, osada en sus formas
expresivas, sagaz en cuanto a sus fisonomías y maneras, y que busque siempre ir
más allá para así otear nuevos horizontes. No hablo, como ha de suponerse, de
un mero ejercicio rompedor de moldes per se, que solo busque la mirada
instantánea y la moda con fines crematísticos, sino de una manera de mecerse en
el vacío: siempre intentando expandir los linderos de lo posible.
Es la literatura un
termómetro que permite determinar la fuerza, la belleza y la eficacia de la
lengua en la que está escrita, y es por esto que su vitalidad y preciosismo lo
serán también para las claves lingüísticas que subyacen tras cada vocablo,
frase y oración, de allí el enorme compromiso autoral frente a su lengua,
porque ella tiende puentes con el habla cotidiana (como también lo hacen los
medios y los artilugios tecnológicos del presente), y se realimenta a su vez de
ella, y en este complejo juego dialógico, imperceptible para el común, pero de
potente efecto persuasivo y modificador, se organizan y consolidan las bases
civilizatorias.
La lengua es un patrimonio
común y en el caso de la nuestra, pues con más razón, ya que, según el
Instituto Cervantes, constituye la segunda materna del mundo y la cuarta en el
cómputo mundial de hablantes, pero no todos estamos conscientes de esto, y es
una lástima, porque ella podría erigirse en mecanismo de conjunción y no solo
de disyunción, y la vida cambiaría enormemente, haciendo del día a día una
fuente permanente de crecimiento y de disfrute en medio de las normales
diferencias personales y culturales.
Podemos lanzar aquí y allá
barrabasadas, altisonancias y maledicencias (“echar sapos y culebras por la
boca” es una expresión que ya aparece en el diccionario de Esteban Terreros de
1787), y esto puede que enriquezca la lengua con inusitados giros y neologismos
propios de cada localidad (los hay interesantísimos, sin lugar a dudas), solo
que la comunicación se bloquea al extremo de la inquina y del odio, al ser
proferidos sin ton ni son en cualquier instante, sin mediar el juicio y bajo la
égida del cerebro reptil.
Como se desprende, nuestra
lengua alcanza insospechados territorios de belleza, riqueza léxica e ingenio,
incluso con el lenguaje grueso y malsonante, y nosotros somos co-creadores de
tales portentos. Ahora bien, por ingeniosas que sean las palabrotas, no dejan
de serlo.
rigilo99@gmail.com
Santa Cruz de Tenerife.- 21 de mayo de 2025
«Arena-s»,
el nuevo poemario de Carmen Paloma Martínez
El libro, que ha visto la luz en Escritura entre las
Nubes, será presentado por la poeta Rosa M. Ramos Chinea
El volumen se presentará el próximo viernes, 23
de mayo, a las 19:00 horas, en la Librería de Mujeres de Canarias, radicada en
la calle Sabino Berthelot, 42, de Santa Cruz de Tenerife. El acto será
introducido por la poeta Rosa María Ramos Chinea, experta en la obra de Carmen
Paloma Martínez, y también intervendrá, junto a la autora, la editora de la
obra, Elena Morales.
El volumen se divide en
varios bloques temáticos: «Arena - Agua», «Desierto - Fuego», «Ceguera»,
«Desasosiego», «Expolio» y «Polvo».
Como comenta, en el
prólogo, Rosa M. Ramos Chinea: «Hay una suerte de apocalipsis rondando cada
poema. Un cielo que tiembla. El fin de un ciclo. La tierra elevando una queja
agonizante, mostrando su desesperanza, su pérdida de fe en ese ser humano que
también muere».
Asimismo, la prologuista concluye: «La gran pregunta
que flota en la atmósfera de este excelente libro es: ¿Nos queda tiempo? Y la
gran sentencia que nos deja en un estado de esperanza es el verso «Y una nueva
humanidad poblará la Tierra».
Madrid.- 21 de mayo de 2025
Por Ricardo Gil Otaiza
Nos topamos con la
crónica, que pretende contar lo real, pero que casi siempre se hunde en los meandros
de la ficción, que la desnaturaliza hasta hacer de ella un pesado fardo
ininteligible y atroz.
He trabajado casi todos
los géneros: unos con mayores aciertos que otros, pero hay historias en las que
la vida fluye a la ene potencia, y otras en las que discurre o se queda
detenida en un pretérito imperfecto, capaz de doblarle los hombros a cualquier
autor no avezado. Aunque parezca sencillo echar mano de nuestras pretendidas
capacidades narrativas, es difícil sostener el ritmo, pero, cuando se logra, es
una auténtica delicia, porque nada podrá detenerte a menos que se agote el
argumento y caigamos en el espantoso vacío, que todo lo arruina y echa por
tierra. Por cierto, y en contra de la creencia generalizada (y que parezca una
contradicción por lo que acabo de afirmar), es más sencillo narrar en pretérito
imperfecto que en el perfecto (y lo disfruta más el lector), y de esto ya habrá
tiempo para ahondar un poco más en futuras entregas.
El género narrativo más
socorrido suele ser el de la narrativa breve, llamado también cuento (relato
corto, brevísimo, minimalista, short story, etcétera), pero es el más complejo
desde mi perspectiva autoral, porque como lo decía Augusto Monterroso hasta el
cansancio (y él era un maestro en estas artes), un vocablo de más podría
liquidarlo: así de frágil es su estructura. Si en la primera línea no atrapas
al lector, lo perderás para siempre, y de nada te valdrá que hagas magia en las
líneas subsiguientes, porque se habrá roto ese “continuum” (inasible, por
cierto), que muchos desdeñan, pero que es esencial a la hora de asumir un
relato y que sea exitoso. En el relato breve no hay chance para las
digresiones, ni para las disyunciones, y mucho menos para las divagaciones, y
ese extracto condensando en pocas páginas deberá contener la vida misma; de
otro modo es inservible.
En la novela otra es la
historia, porque aquí la compresión de nada nos servirá, ya que se busca
prolongar en extensión todo aquello que pretendemos contar, pero esto es en sí
mismo el mayor escollo del género (hoy todavía tan en boga), porque se requiere
echar mano de todas nuestras argucias para mantener la atención del lector (a
veces tan frágil como un cristal), y al menor descuido de nuestra parte lo
lanzaremos fuera de nuestro radar y lo habremos perdido. Narrar in extenso es
toda una aventura, y para ello debemos articular infinidad de variables, muchas
de las cuales las ponemos en nuestra contra sin percatarnos siquiera.
La enorme ventaja de este
género es que no requerimos de entrada el tener la historia completa en nuestra
cabeza, sino que, a medida que vayamos avanzando, la misma dinámica literaria
nos empuja en una suerte de caída libre, pero que a veces nos sobrepasa y
truncamos lo que en principio era tremendo y prometedor.
La novela nos permite ir
desvelando en medio de la oscuridad; nada está dado (aunque a veces acontezca):
el ritmo se hace cadencioso y acompasado, solo que en esa dinámica podemos caer
en el exabrupto de ir agregando más y más, hasta convertir nuestro libro en un
bodrio elefantiásico, engullidor de cientos de páginas (muchas veces
innecesarias), que le arruinan la vida al lector que busca finalizar a toda
costa, porque es como hallarse perdido en medio de un espeso bosque.
Nos topamos con la
crónica, que pretende contar lo real, pero que casi siempre se hunde en los
meandros de la ficción, que la desnaturaliza hasta hacer de ella un pesado
fardo ininteligible y atroz. La crónica, como género periodístico (también
sumido en la magia literaria como queda dicho), busca narrar historias
acontecidas en un tiempo y en un espacio determinados, y se supone que sus
personajes son reales (de carne y hueso), con nombres y apellidos, con fechas
de nacimiento y de muerte, solo que en cada cronista hay un cuentista en
potencia (algunos deslenguados los llaman cuentistas frustrados), y sin
percatarse siquiera se zambulle en los predios de la fábula, y luego de la
lógica batalla que deberá darse con las fechas y los hechos (ergo, la verosimilitud),
se halla en medio de un artefacto perfectamente hilvanado entre la realidad y
la ficción, en el que es casi imposible separar lo acontecido de lo recreado;
ergo, los límites entre uno y otro género.
Algo parecido acontece con
la biografía, que es un género historiográfico, pero que, al igual que el
anterior, se mece entre la realidad y la ficción, entre lo indagado y lo
recreado, entre lo contrastable y lo insondable. De hecho, muchos asumen la
biografía como un género literario, y créanme que no están tan descamisados,
porque algunos biógrafos en lugar de atenerse a lo investigado (que debería dar
para narrar la historia sin ningún tipo de artilugio), se sienten en el aire y
echan mano de lo que tienen más cercano, y llenan los normales hiatos de toda
historia con vagas suposiciones, digresiones, extrapolaciones y datos
imposibles de verificar, lo que impregna al texto de un halo novelesco que no
se comparece con la naturaleza primigenia del género, y pone en duda su
autenticidad histórica; su verdad.
Y, por último, me referiré
a la autobiografía, que da para todo: para mentir y para confesarse (el
denominado mea culpa), para discurrir y para regodearse, para hacer un mero
ejercicio literario sin las ataduras propias de lo historiográfico, y así explayarse
en un sinfín de situaciones que podrían colindar también con lo novelesco (y
que casi siempre acontece). El onanismo autobiográfico se presta para todo,
porque es la palabra del autor (juez y parte de lo contado) contra la del
lector, que le observa atónito y muchas veces incrédulo ante su ceguera y
desmesura.
rigilo99@gmail.com
Madrid.- 15 de mayo de 2025
La Gatera Press
Luis Alberto de Cuenca, Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2025
El 8 de mayo de 2025, el poeta español, ensayista y traductor Luis Alberto de Cuenca ha sido distinguido con el XXXIV Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, el máximo galardón otorgado a una trayectoria literaria en el ámbito hispano y luso. Este reconocimiento, es otorgado por la Universidad de Salamanca y Patrimonio Nacional.El jurado destacó su obra por su erudición literaria, su reflexión filosófica y su capacidad para entrelazar la cultura clásica con la contemporánea. Su estilo se caracteriza por una lírica irónica y elegante, a veces escéptica, en la que lo trascedental convive con lo cotidiano.
Nacido en Madrid en 1950,
es filósofo helenista, traductor ensayista, columnista, crítico, editor
literario y ex político. Además ha ejercido diversos cargos en instituciones
culturales como la Biblioteca Nacional y el Museo del Prado.
Desde La Gatera Press, nos unimos en desearle muchas felicidades.
A continuación, les dejamos
un poema, que invita a mirar hacia adelante con esperanza, a valorar los
momentos felices y a aprender de las experiencias vividas, adoptando una actitud
positiva ante los desafíos de la vida.
OPTIMISMO
Luis Alberto de Cuenca
No dejes que la vida te
maltrate.
No dejes que te engañe el
corazón.
No digas “sí” cuando debas
decir “no”.
No firmes un contrato que
te ate.
Que nadie te desmonte el
andamiaje
donde se asienta tu
filosofía.
Que no te importe lo que
diga un traje
sobre ti, ni la iglesia,
ni la espía.
Camina por el borde de la
acera
si eso es lo que te gusta.
Sé valiente.
Defiende lo que amas. No
prospera
quien vive de perfil,
aunque lo intente.
Sé tú, sin más, a plena
voz y cara,
aunque el mundo te ladre y
te disparen.
Sé tú, sin más, y no te
importe nada.
Que la vida son dos días.
O ni eso.
Madrid.- 15 de mayo de 2025
DE
ORILLAS, ROBLES Y MADRESELVAS de Mireya Goñi
Este poemario es su
segunda entrega poética, tras publicar Magras Estaciones. Poemas del amor y de
la vida (2022) que se puede adquirir en AMAZON.
En esta ocasión, la autora
divide esta obra en cuatro partes: Poética armónica, del destierro, de la angustia y familiar que totalizan 36 poemas que conforman
este nuevo libro.
Como muestra de su buen
quehacer literario, ofrecemos dos poemas a los lectores.
Simplemente
Nos
consumamos la humedad de los deseos
entre
el miedo y tanto amor desperdiciado.
Vivaldi
suena en sus violines
y ayer te estuve deseando.
Tuvimos
miedo de formarnos ataduras,
en
la huida del calor,
extraño
tus palabras.
La
poesía me sumerge,
esa
noche roja me sorprendió
pensando
en hijos.
Mi
mano te llama.
Vivaldi
suena.
Me
desvelé en el irremediable
curso
de tu nombre,
en
los incansables acordes del violín,
en
el deseo húmedo del beso.
Abismo
Deseos
de cristales, sonidos, espejos.
El
cielo refleja una isla en su celo.
Acordes
extraños, números enteros.
Una
seguidilla de dolores muertos,
Punzón
de aguijones, ojos que arden dentro.
Exilios,
garrotes, torturas, lamentos.
Desaparecidos,
locos, botas, cientos.
Niños
que no saben, repiten contentos.
Padres
temerosos, callan, muerden lento.
Hermanos
que huyen, nadan, mueren, viento.
Fronteras
cerradas, abiertas, intentos.
Mar,
monte, montaña, vuelo, cruce incierto.
Llegadas
tardías, fortuitas, de invento.
Inviernos
de fuego, veranos de hielo.
Almas
extasiadas, corazas de inciensos.
Nostalgias
baldadas, cicatrices lejos.
Puentes
invisibles, abismos mugrientos.
Nubes
en fracaso, pechos, juramentos.
Credos
encerrados, hambrientos, violentos.
Gritos
de cenizas, alientos segmentos.
Cuerpo
incinerado, recuentos, sedientos.
Mireya Goñi Camejo se suma
a esa pléyade de poetas cubanas que conforman el fondo editorial, como las
fallecidas: Dulce María Loynaz, Ana Rosa Núñez, Arminda Valdés Ginebra, Lilliam
Moro, Lourdes Gil, Aimée G Bolaños,
Alina Galliano, Lucía Ballester, Benita C. Barroso y Ada Bezos. Y a las que siguen aumentando sus respectivas
obras poéticas, como: Magali Alabau, Lina de Feria, Carlota Caulfield, Iraida
Iturralde, Maya Islas, María Elena Blanco, Laura Ymayo, Margarita García
Alonso, Daína Chaviano, Juan Rosa Pita, Amelia del Castillo, Ena Columbié,
Yairen Jerez Columbié, Laura Domingo Agüero y Milena Ferrer, entre otras. Con
la presencia de estas voces femeninas en el catálogo, queda patente el interés
constante de Betania por la literatura cubana escrita por mujeres.
Fotos de Sandra Rossi
Brito (La Habana, 1967) ilustran la portada y páginas interiores, enriqueciendo
este cuaderno de poesía.
Madrid.- 14 de mayo de 2025
Por Gastón Segura
Sin embargo, más allá del
rimero de anécdotas sucedidas a su lado, entre las que figura la escritura de
un libreto de zarzuela (El revoltoso [1991]), preferiría que reparasen en
Javier Krahe como poeta. Y no se confundan; no lo califico de tal por devota
amistad o, como es habitual, por engolado y gratuito elogio, no. Lo digo muy
justificadamente porque contemplé noche tras noche su habilidad para la rima y
la métrica; o sea, para el veraz y sólido manejo del oficio. Pero a Javier, en
su momento, le pudo más su propensión para la broma y el trajín, y en ningún
lugar para que confluyan tales facetas de la vida —si hay suerte y las cosas se
enredan— como en los escenarios. Y bajo este afán y con una determinación de
acero —porque zancadillas le pusieron; algunas de puro bochorno— llegó a convertirse
en el cantante que durante un puñado de años y, encima, consecutivos, más
actuaciones ofreció en España. Y no obstante, a Javier Krahe el marchamo de
cantautor no le casaba —o le casaba mal—, porque ni su irreductible
independencia, ni su cultura cosmopolita, ni su deslumbrante ingenio se
compaginaban con el tópico de practicante de la queja y del himno coral, a ser
posible con el puño levantado. Exactamente como a su generación poética
coetánea, los novísimos, superadores de la poesía social por mera sensibilidad
y conocimiento; por tanto, de encuadrarlo en algún movimiento poético,
debiéramos de situarlo ahí, cuando además, aparte de conocer su escritura,
Javier Krahe nunca se alejó de la sensibilidad proteica que los caracteriza.
Pero esta natural atención por lo inmediato, no le restaba un ápice de interés
por los clásicos, máxime si la etiqueta de jocosos los precedía. Tal es que, en
una ocasión, me lo encontré enfrascado con Marcial, cuyos epigramas aún me
resultan intraducibles en toda su punzante gracia por el manejo de los
sobrentendidos y coloquialismos de la Roma donde vivió. Y todo esto mientras su
oído permanecía avizor a una romanza de zarzuela, o a un éxito de la radio, o
al estribillo estruendoso de un grupo punk; nada, ni siquiera la quedona
réplica de esquina le era extraña si le venía de molde para acentuar la
comicidad de un verso. Eso sí; antes comprobaba minuciosamente los escurridizos
significados por los diccionarios. A este respecto, solo le sacaban de quicio
los latiguillos habituales entre los más petulantes y supuestamente bien
hablados, como cuando le preguntó Gerardo Pérez, al verlo entrar en el Café
Central de mal humor, qué le había sucedido. Le respondió:
—Han dicho en el
telediario que robaron una sucursal a punta de pistola; ¿desde cuándo las
pistolas tienen punta?
Imagínense qué juicio le
merecería cualquiera de esas homilías, embarulladas por una abstrusa y
esclerotizada jerigonza, que nos endilga, en cuanto afrontamos una catástrofe,
nuestro actual presidente del Gobierno o alguna de sus termodinámicas
vicepresidentas.
Sí; Javier Krahe era
escrupuloso en la selección de las palabras tanto como lo era para escoger las
estrofas, quienes, de por sí, le prescribían —consideradas las licencias
utilizadas— los ritmos musicales idóneos; desde un pasodoble a un twist,
pasando por un chotis o una habanera. En cuanto a los contenidos; la vida
misma, repleta de ridículas contradicciones, proporcionaba a su inteligentísima
mirada argumentos a mansalva; de modo que no necesitaba sino pasear ante los
escaparates, leer las gacetillas de sucesos o escuchar a hurtadillas una
conversación en el Metro, y ronda que te ronda, con ingenio y destreza,
componía una canción con que arrancarnos una carcajada.
Pero, ay, el Retiro
continúa un poco entristecido sin su estatua, allí, donde la Casa de Fieras.
Yo, en este momento, algo menos, porque le acaban de conceder a otro amigo,
Luis Alberto de Cuenca —precisamente, uno de los novísimos—, el Premio Reina
Sofía de Poesía Iberoamericana. Y me basta con recordar cómo Javier Krahe me lo
elogió y hasta me descubrió la manera adecuada para recitar sus poemas, una
mañana de hace treinta y tantos años, para adivinar, ante esta noticia, su
sincera sonrisa de complacencia.
Artículo publicado por el "Imparcial" el 12 de mayo de 2025
Tenerife-Granadilla de
Abona.- 14 de mayo de 2025
Granadilla
de Abona despliega su VIII Feria del Libro el próximo domingo 18 de mayo
La plaza de El Médano
acoge esta iniciativa cultural que contará con librerías, presentaciones,
firmas, teatro, talleres y música
El Ayuntamiento de Granadilla de Abona, a través de la concejalía de Cultura, despliega su VIII Feria del Libro el próximo domingo, 18 de mayo, en la plaza de El Médano. Este evento está dedicado en esta edición a los escritores canarios y su madrina será la escritora granadillera, Balbina Rivero.
La Feria del Libro de El
Médano es un proyecto cultural que nació en 2017, celebrándose desde entonces
en la plaza de este núcleo costero, a pocos metros de la playa, por lo que siempre
ha ofrecido una imagen inusual en este tipo de actos culturales, al ser su seña
de identidad la mezcla de libros, escritores, turistas y playa.
El alcalde, José Domingo
Regalado, y el concejal de Cultura, Carlos Abismael Díaz Barrero, presentaron oficialmente
hoy esta feria, que se desarrollará de 10:00 a 20:00 horas, y que ofrecerá una
jornada repleta de propuestas literarias para todos los públicos. Los
asistentes podrán disfrutar de la participación de librerías locales y de otros
puntos de la Isla; editoriales y autores, quienes presentarán y firmarán sus
obras.
Además, se han programado
una serie de actividades como talleres infantiles y cuentacuentos, así como
actuaciones musicales y teatrales, todo ello con el objetivo de crear un
ambiente festivo y cultural en esta parte costera del municipio.
El alcalde, José Domingo
Regalado, invita a las familias a participar en esta cita cultural, que nació
hace ya ocho ochos para enriquecer la vida cultural del municipio, a través de
una amplia programación que refleja la firme apuesta del Ayuntamiento por
acercar la literatura a la ciudadanía, fomentando la participación activa de la
comunidad en eventos culturales.
Por su parte, Carlos
Abismael Díaz Barreto explica que desde sus orígenes ha sido un evento
literario que ha tenido una gran acogida y señala que se ofrecerá una
programación variada para todas las edades y para el disfrute en familia, lo
que propiciará una dinamización cultural de la costa durante toda la jornada
del domingo.
Esta iniciativa se ha
convertido en una cita ineludible y en un referente cultural en el municipio,
promoviendo el hábito lector y el disfrute de la literatura entre los vecinos y
vecinas de Granadilla de Abona. Para más información y detalles sobre la programación
se puede consultar la página oficial del Ayuntamiento de Granadilla de Abona.
Madrid.- 14 de mayo de 2025
Poesía recitada
«La metáfora del llanto» Sandra Galina Fabela Poblano
(México)
Madrid.- 12 de mayo de 2025
Por Ricardo Gil Otaiza

La maestría de Pombo
Logra Pombo hundirse en la
psique de sus personajes y, desde el narrador omnisciente, nos pone al tanto de
su intimidad y desvaríos: en un perderse sin remedio en un laberinto de
circunstancias, que crean una enorme tensión en la trama
Termino de leer El
exclaustrado (Anagrama, 2024), del autor español Álvaro Pombo, Premio Cervantes
2024, y me ha dejado múltiples sensaciones, como si hubiera estado inmerso en
un mundo de tal complejidad, que todo lo que se nos cuenta es y no es; como si
cada personaje asumiera de pronto diversos roles frente a sus circunstancias, y
eso nos descolocara como lectores, al no poder asumir, de entrada, un perfil
que cambia en el tiempo (como cabría suponerse), pero que aquí se da a tal
velocidad y a tal grado, que no sabemos qué pensar frente a una historia
desconcertante, realmente dura, que se desgrana desde una visión “beatífica” y
desasosegada a la vez, que busca por todos los medios cotejar luz y oscuridad
sin espacio para los tonos de grises, ni para un espectro que pueda orientarnos
frente a lo que subyace en las profundidades del libro: la eterna lucha entre
el bien y el mal.
Narra Pombo con maestría
una historia que nos atrapa de entrada, que intenta, y lo logra, ¿qué dudas
caben?, sentarnos en primera fila para ser espectadores de una trama burlesca,
a veces absurda, irónica y sinsentido, que hace de nosotros testigos de
excepción de un “algo” que conocemos e intuimos, pero que no termina de darse
hasta muy avanzada la obra, cuando ya no hay posibilidad alguna de
desentenderse, a menos que abandonemos su lectura: cuestión realmente
imposible, por esa gruesa atmósfera que logra el narrador que atrapa y toca
fibras muy humanas y sensibles en el lector, quien dicho sea de paso se siente
a veces identificado con un personaje, y pocas páginas después cambia de
opinión, porque no halla en cada uno de los cuatro protagonistas de la novela,
referentes fácticos y ontológicos que le permitan asumir su pensamiento y sus
acciones como propias.
El personaje principal es
Juan Cabrera, un exclaustrado ya anciano quien busca escapar de años y años de
encierro conventual, y para ello no encuentra otro camino que internarse en su
pequeño piso de Argüelles, con sus libros teológicos y filosóficos (y con su
propia conciencia), pero sin contacto alguno con el mundo. Es decir, se ha
exclaustrado para enclaustrarse otra vez, pero de otra manera: sin tener que
cumplir con normas y preceptos, sin tener que entregarse a horas de oración y meditación
cuando algo por dentro se había roto: no la fe, sino “el cómo” en aquella
comunidad conventual se buscaba el encuentro con el infinito, algo que para él
resultaba ya un tanto cuesta arriba.
Antón Rubial es un
personaje crucial en la trama, porque siendo muy joven y con aspiraciones a
convertirse en monje, a causa de unas acusaciones hechas por Cabrera ante la
jerarquía del convento, de haberlo hallado bañándose desnudo en un rio con
algunos de sus compañeros novicios, fue expulsado sin miramientos y lanzado a
la nada del rencor perpetuo que, con el correr del tiempo, intentará zanjar
desde la venganza.
Hallamos a Petri Guillard,
una chica un tanto díscola y disparatada, quien no halla un lugar en el mundo y
quema su tiempo y su juventud en un antro llamado Machupichu, haciendo el papel
de “periquita”, que atrae y seduce a algunos clientes. Y es precisamente allí
en donde se topa con Rubial, quien, haciendo uso de sus estratagemas y don de
palabra (por ser ahora un admirado profesor universitario), la enamora y se
casan, pero pronto lo abandona, a pesar de cumplir con él su viejo sueño de
tener una casa bien al lado de un esposo que la respete y la ame. Pero, Rubial
ni la respeta ni la ama, solo juega con ella y la manipula como a una
marioneta; igual intenta hacerlo con todo aquel que se le acerque.
En el ínterin, hace su entrada
al escenario Jaime, sobrino de Cabrera, estudiante de derecho y alumno de
Rubial. Jaime llama a su tío con quien no tiene ninguna relación desde hace
mucho tiempo, y decide ir a su piso a visitarlo. Claro, lo hace con
reticencias, al saber de la personalidad huidiza y sombría de aquél, pero dicha
impresión poco a poco cambia y comienza a sentir afecto por el viejo
ensimismado y lúgubre, a quien no le hace mucha gracia la idea, pero no le
queda otra alternativa que recibirlo ese día, y varios días después.
Pronto Rubial echa a andar
su plan de venganza contra el viejo exmonje, y para ello lo urde desde su
propio sobrino, a quien manipula a su antojo. Y no oculta su molestia al
enterarse de que Petri, su esposa huida, sale con Jaime en un supuesto noviazgo
que poco tiempo después se hará trizas. Se teje así una trama en la que los
cuatro personajes se dan a la tarea de armar el enorme rompecabezas de sus
propias existencias, y se mueven en un espectro de emociones que van de la
certeza absoluta y la felicidad, al extravío de la incertidumbre y el dolor.
Logra Pombo hundirse en la
psique de sus personajes y, desde el narrador omnisciente, nos pone al tanto de
su intimidad y desvaríos: en un perderse sin remedio en un laberinto de
circunstancias, que crean una enorme tensión en la trama, y nos llevan con los
nervios de punta a un inesperado e impredecible desenlace. Hay solidez en la
novela, y la misma nos llega por la vía del circunloquio del exclaustrado,
quien echa mano de aspectos de raíz metafísica y filosófica y nos pone en
contacto con los misterios de la vida conventual y su compleja relación con
Dios. Empero, no nos olvidemos que Rubial fue novicio, y desde su formación
conventual truncada por la intolerancia y cerrazón mental de Cabrera, así como
desde sus estudios universitarios, establece a distancia con el exclaustrado
una suerte de dialógica por los inescrutables senderos de la intelectualidad,
que ninguno de los dos logra dejar sentados ni concluidos.
A medida que nos acercamos
al cierre de la novela, la claridad y las certezas se esfuman, para dar paso a
la insignificancia de los personajes y de nosotros mismos, lanzándonos sin
miramientos por el tobogán de la desazón y el vacío. Nada es seguro en la
realidad, pero la ficción no escapa a este derrotero plenamente humano.
rigilo99@gmail.com
Tenerife-Arona.- 07 de mayo de 2025
La Gatera Press
Espiques Itinerantes, en el Museo de Historia de Granadilla
Presentación del libro:
Nuevamente La Asociación Cultural Espiques Itinerantes, nos traen en su recorrido cultural, otra actividad literaria, la presentación del libro De Corchos y Colmeneros. La tradición apícola en Arafo. Editado por LeCanarien, en el municipio del Ayuntamiento de Granadilla de Abona.
Descripción
Comenzamos nuestro recorrido explicando la dilatada relación simbiótica del hombre con la abeja, para centrarnos posteriormente en esta actividad en el Valle de Güímar en general y la Villa de Arafo en particular.
Iniciamos nuestro estudio poco tiempo después de finalizada la conquista castellana, con los primeros asentamientos de colonos. Continuamos dejando patente el gran valor económico que esta actividad representó para el municipio y sus habitantes. Recogemos testimonio de primera mano de personas que han dedicado su vida a este oficio y que nos han relatado sus recuerdos, conocimientos y anécdotas. Finalizamos dejando constancia del presente y posible futuro de este sector, con los esfuerzos que se realizan para fomentarlo y los peligros que lo amenazan.
Varios autores expertos conocedores de esta materia, acompañan en este libro:
ARNOLDO SANTOS GUERRA, es Dr. en
Biología Premio Extraordinario de Doctorado por la ULL; Licenciado en Geografía
e Historia, también por la ULL. Con más de 50 años de experiencia en
investigación. Ha participado en numerosos proyectos relacionados con la flora
y vegetación canaria.
RAMÓN A. RODRÍGUEZ
BETHENCOURT y ANA C. MARTÍ DUCHEMENT, investigadores etnográficos, espeleólogos
y montañeros con más de 30 años recorriendo caminos, las cumbres y cavidades de
Canarias, coautor entre otros, de diversos artículos sobre vulcanoespeleología,
colmenas o sobre los pozos de nieve.
JUAN ANTONIO CURVELO
RIVERO, es técnico de medioambiente del Ayuntamiento de Arafo, uno de los
mayores conocedores de la orografía del Valle de Güímar y promotor de varios
proyectos relacionados con la recuperación de espacios naturales y plantas
autóctonas.
La cita será el día
viernes 9 de mayo a las 19:00 h. en el Museo de Historia de Granadilla, C/Arquitecto
Marrero 11. La entrada es gratis.
Invitados quedan a asistir,
y disfrutar un rato ameno, y de conocimientos, de este sector de la apicultura
y colmenas. Organizado por Espiques Itinerantes, y la colaboración de la
Asociación Artística Granadilla.
Los esperamos.
Madrid.- 02 de mayo de 2025
Por Gastón Segura
La
oportunidad para un desagravio
Cuando era niño se decía
mucho que este país era muy desagradecido con sus hijos más ilustres, y a
continuación se despachaba aquello de «ya se sabe que nadie es profeta en su
tierra». Al escuchar el cenizo refrán, todos los circunstantes asentían con
resignada mala conciencia y el orador ya podía meterle otro trago al vermuth
con el meñique en ristre, y acto seguido, abandonar el casino sintiéndose un
Demóstenes o un Castelar, que entonces también se citaban a menudo en la
prensa; ahora creo que no; que ya no se estila mentar a nadie que no aparezca
en una teleserie o —los más finos— en el noticiero de la CNN. Pero como las
décadas pasan y todo encuentra su arreglo —normalmente a destiempo y cómo se
puede—, en estos días se les presenta una ocasión para enmendar esa desabrida
conseja.
Verán; la fundación de su nombre ha reeditado por fin la Historia de la lengua española, de don Ramón Menéndez Pidal. Son un par de tomazos que suman dos mil y pico páginas, pero donde no hallarán línea de sobra y sí mucho y acertado conocimiento de un saber, la filología, y sobre todo, un afán vital, tanto que ocupó sus noventa y nueve años. Comenzó con sus investigaciones iniciales sobre la épica popular (La leyenda de los infantes de Lara [1896] o el conocido Cantar del mío Cid: texto, gramática y vocabulario [1908-12]), seguida de la renovación científica de la lingüística nacional con la fundación, en 1914, de un precioso instrumento, la Revista de Filología, donde dar cabida y divulgar internacionalmente los trabajos de sus colaboradores y alumnos; algunos tan insignes como Tomás Navarro Tomás, Américo Castro, Antonio Rodríguez Moñino, Rafael Lapesa… e incluso, otros, que no siéndolo sino de pasada y entre apuros biográficos, como el mejicano Alfonso Reyes, les aprovecharon de tal manera sus enseñanzas que, al retornar a sus países, se auparon a patriarcas de los jóvenes literatos.
Nos cuenta Diego Catalán en «Una catedral para una lengua (Introducción a la Historia de la lengua de Menéndez Pidal)», nieto y editor de esta magna obra póstuma —y, por descontado, a quién debemos agradecérsela casi página por página—, que don Ramón dejó una nota, encabezada por «Planes, 10 julio 1901», donde enumeraba las investigaciones que pensaba publicar durante los siguientes veinticinco años —todas, asombrosamente, precedidas por la fecha prevista de conclusión—; en séptimo lugar figura: «1912: Historia del idioma español». Cuando redactó aquel propósito aún faltaban seis años para la creación de la Junta para la Ampliación de Estudios y nueve para que se alumbrase en su seno el Centro de Estudios Históricos, regido desde entonces por don Ramón hasta que, por una envenenada confusión, fue cesado en 1937 por aquella ya desbaratada II República, mientras se hallaba en Nueva York.
Y fue allí, en ese peregrino desterrarse por América y por Francia para huir de las temibles ventoleras de los piquetes del mono azul, cuando comenzó a compendiar, fiándose de su memoria y desvalido de su valiosísimo archivo —un verdadero patrimonio nacional, por fortuna conservado— esta monumental obra. Tarea proseguida con su documentación a mano durante su retorno y a pesar de ser sometido por los vencedores al Tribunal de Responsabilidades Políticas, de donde salió privado de su jubilación de catedrático de la Central —lo había sido desde 1899— y destituido de la Real Academia —elegido en 1901 y su director desde 1925—. Un oprobio que debería pesar sobre todos nosotros —adscribámonos donde nos queramos adscribir—, aunque Pemán y Casares —según cuenta Pedro Álvarez de Miranda— lo subsanasen, con visita al Pardo incluida, en 1947, cuando fue repuesto en el sillón «b» y nombrado ipso facto director hasta su muerte en 1968, con la continua aquiescencia y admiración de sus miembros.
En cuanto a esta Historia quedó haciéndose en carpetas, mientras don Ramón publicaba El idioma español en sus primeros tiempos (1942), La lengua de Cristóbal Colón y otros ensayos (1942)… Y sobre todo retomaba un proyecto colectivo de 1935, que no verá su término hasta este siglo: la enjundiosa Historia de España, en cuarenta y tres tomazos (la mayoría divididos en dos y hasta tres voluminosas entregas), donde tantas veces he encontrado la sólida guía para ganarme la manduca.
Al año siguiente de concluir la edición de esta colosal empresa, en 2005, Diego Catalán, bajo el auspicio de la Real Academia, publicaba esta Historia de la lengua española. Llevaba trabajando en los apuntes dejados por su abuelo desde 1998, con el delicado imperativo de quien, sin modificar nada, debe conjugar escritos a veces inconclusos o que remiten a otros pretéritos hasta ahormar un corpus coherente. Por eso aproximadamente un tercio de esta obra ya era conocida por anteriores títulos de don Ramón; sin embargo, aguardaban otros muchos asuntos —la exposición sobre el s. XV o los capítulos dedicados al ceceo y al seseo y al conceptualismo y el conceptismo— que aquí ven la luz. Y aún cuando otras historias posteriores sobre la materia la hayan superado en algunos apartados, no deja de ser, por su peculiar llaneza y amenidad y por su profundo conocimiento, un jalón inexcusable y, a la vez, avinanteza para reparar aquellos agravios a quien con mayor perseverancia y más certeramente contribuyó a que los españoles conociésemos los fundamentos constitutivos de nuestra nación; aunque él, humildemente, se considerase «otro más del noventa y ocho».
Artículo publicado por el "Imparcial" el 27 de abril de 2025
Madrid.- 02 de mayo de 2025
Por Ricardo Gil Otaiza

El escribidor
Me quedo con el Mario
Vargas Llosa creador literario, articulador de fábulas, artífice del
perfeccionismo de la lengua, que supo convertir en obra de arte sus vivencias y
fantasmas, así como su trasiego existencial
Cuando los medios
anunciaron el fallecimiento del notable narrador peruano-hispano Mario Vargas
Llosa, sentí una suerte de conmoción: como si un “algo” en mi interior se
hubiera quebrado, como si parte de mi mundo de las letras desapareciera con su
partida, y era de esperarse, habiendo sido su ferviente lector en mis años de
formación literaria, y admirase su figura como un claro referente estético e
intelectual que había que seguir porque sí. Por supuesto, eran los años en los que
como aprendiz de escritor buscaba con ansias figuras que marcaran mi norte,
voces que anunciaran con fuerza los derroteros propios de un oficio que no se
enseña en las aulas universitarias, sino que se aprende sobre la marcha y ello
es a veces caminar en medio de la oscuridad, otear aquí y allá en lo que otros
han hecho, devorar libros en la búsqueda
de un grial que no es fácil de hallar, a menos que se deje en ello años tras
año de esfuerzo intelectual y creador.
Fueron los años en los que
cayó en mis manos La ciudad y los perros, en edición de Seix Barral de España,
que venía de ganar el relevante premio de dicha editorial, que leí con
fruición, no exenta de envidia y de espanto, porque era tal la maestría
desplegada por Vargas Llosa en aquel
libro (que de paso era su primera novela), que sentí sobre mis hombros
el pesado yunque de lo imposible. A esta obra siguieron otras, aunque no en
orden cronológico, ya que los lectores leemos como podemos y cuando las
circunstancias se prestan para que este hecho se dé: La guerra del fin del
mundo, La casa verde (ganadora del Premio Rómulo Gallegos), ¿Quién mató a
Palomino Molero?, El hablador, Lituma en los Andes (ganadora del Premio
Planeta), Conversación en La Catedral (cuya complejidad me distrajo largo rato
y me robó placer), Pantaleón y las visitadoras (un libro magistral con el que
Vargas Llosa se reinventa como novelista), Los cuadernos de don Rigoberto (una
novela con una poderosa carga erótica y de humor que disfruté enormemente),
Travesuras de la niña mala (una novela menor), El héroe discreto (una novela
menor) y La fiesta del Chivo. Detengo aquí la lista para señalar, que de todas
estas obras la que más me gustó y a mi parecer es una obra maestra absoluta, es
la última de las citadas, con la que alcanzó el autor una elevada cima estética
y fue, qué duda cabe, su mayor punto de inflexión y dio paso (hay que decirlo
sin titubeos) a su declive como narrador.
Años después leí Tiempos
recios (que pretendió ser una continuación de La fiesta…), pero que no alcanzó
ni su impacto ni su resonancia, y en mí no dejó mayor eco interior. Y ni se
diga de Le dedico mi silencio, su última novela, que leí poco antes de
marcharme de Venezuela, y que disfruté, claro que sí, pero no con el arrobo ni
la exaltación estética y espiritual de los años anteriores, por carecer, ¿qué
se le podía hacer?, de la fuerza y de la garra que caracterizaron las
narraciones vargasllosianas. Como un maravilloso complemento al vacío de su
última novela, pude acceder a comienzos de 2024 a un libro compilatorio de
algunos de sus más relevantes cuentos, en Obra reunida. Narrativa breve,
editado por Alfaguara (que estaba perdido en los intersticios de mi biblioteca
y que hallé con sorpresa), y volví al disfrute esencial de su narrativa.
Leí al Vargas Llosa
ensayista, y en este género también era un maestro. El primero que cayó en mis
manos fue El pez en el agua (una especie de amalgama entre ensayo y
autobiografía), que publicó como desquite a su intento fallido de hacerse con
la presidencia del Perú, y que le devolvió al autor su vena literaria, perdida
en los tejemanejes esperpénticos de la política, a la que jamás debió entrar.
Le siguieron: La orgía perpetua. Flaubert y Madame Bovary, La verdad de las
mentiras (al que siempre regreso buscando el tono en mi propia escritura), La
utopía arcaica. José María Arguedas y las ficciones del indigenismo, Cartas
para un joven novelista, La tentación de la imposible. Víctor Hugo y los
miserables, El viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti, La civilización
del espectáculo, La llamada de la tribu, y Conversación en Princeton con Rubén
Gallo (entrevista).
Leí al Vargas Llosa
articulista de prensa: no perdía sus crónicas originalmente publicadas
quincenalmente en El País de España (en su columna Piedra de toque), y que en
Venezuela reproducía El Nacional. En ellas podía constatar, a veces con alegría
y otras tantas con estupor, sus contradicciones: su ir y venir en el complejo
tablero de la política, sus enormes aciertos como crítico y analista, pero también
sus frecuentes metidas de pata al apoyar a personajes de la política, que a la
postre se erigieron en autócratas y depredadores de la cosa pública. Su giro de
la izquierda marxista leninista, que abrazó con fuerza en la juventud, a su
postura de derecha liberal (rayana a veces en el más clásico conservadurismo),
y que asumió en su madurez y ancianidad, le ganó detractores y enemigos, así
como la pérdida paulatina de su credibilidad ideológica.
Me quedo con el Mario
Vargas Llosa creador literario, articulador de fábulas, artífice del
perfeccionismo de la lengua, que supo convertir en obra de arte sus vivencias y
fantasmas, así como su trasiego existencial. Me quedo con el escritor (o
escribidor como le gustaba decir) que ubicó en la más empinada cumbre de las
letras universales, el mundo de la esquilmada y vapuleada América Latina, que
no termina de emerger de sus propias cenizas, como aspiraba, con justicia, este
entrañable e ilustre hijo de la república del Perú.
rigilo99@gmail.com
Madrid.- 02 de mayo de 2025
Charla
del escritor MARIO VARGAS LLOSA, y
aniversario de la Revista Digital LA GATERA PRESS
Abril, fecha importante,
en las letras, celebrándose el 23, Día
del Libro, conferencias, charlas, presentaciones de libros, han sido como todos
los años bastante notorias, contagiándose hasta el mes de Mayo e inclusive hasta
Junio, como es el caso de la Feria del Libro, en el Retiro (Madrid), que será
desde el 30 de mayo al 15 de junio 2025.

En muchos lugares, se han visto, se están viendo y se verán, estas actividades literarias, que nos traen diferentes centros culturales, bibliotecas entre otros más lugares, para celebrar el Día del Libro.
Así también, el pasado 24 de abril, fui invitada, por el Ayuntamiento de Carabaña, a través de su Concejalía de Cultura, que dirige, el concejal Luis Moraleda, a una Charla sobre el escritor peruano Mario Vargas Llosa, fallecido recientemente, (Arequipa 28 marzo, 1936- Lima-Perú del 13 de abril -2025 ). Uno de los más importantes novelista y ensayistas contemporáneos.
Y la otra charla, fue sobre el recorrido del nacimiento de la Gatera Press , desde sus inicios (Tenerife, 23 de abril 2010), para continuar en Madrid.
Muchas gracias, por esta invitación, a la Concejalía de Cultura, y Biblioteca, del Municipio de Carabaña,(de la Comunidad de Madrid), por esta charla, en ocasión del Día del Libro.
Madrid.- 02 de mayo de 2025
Del 30 de abril al 11 de junio
Nuevas
exploraciones del género fantástico con el festival 'Sui Generis Madrid
Itinerante'
Llega la programación
itinerante de Sui Generis Madrid, festival dirigido por Marjorie Eljach, que
sigue expandiendo su universo más allá de su edición anual. Regresa con la
nueva gira literaria de SGM Itinerante para descubrir caras inéditas del terror
a nuevos públicos. Desde el 30 de abril, llevará el género fantástico a
bibliotecas públicas de distrito de la Comunidad de Madrid con una travesía a
cargo voces imprescindibles de nuestro terror contemporáneo: Layla Martínez,
Ismael M. Biurrun, Rubén Sánchez Trigos y María Fernanda Ampuero. A través de
esta serie de encuentros y charlas, de la mano de David Hidalgo, coordinador de
literatura de SGM, se explorará el género desde múltiples ángulos como la carga
política, el regreso de los fantasmas, la reinvención del mito zombi y cómo el
horror refleja los miedos y realidades de su tiempo.PROGRAMA ‘SGM ITINERANTE’
Miércoles, 30 de abril-Los
sótanos del terror. Una historia política del género
Invitada: Layla Martínez.Horario:
De 19 a 20 h.
Biblioteca Pública José
Hierro (Usera).Entrada gratuita.
Recorrido por las
metáforas políticas de algunas obras clave del género para revelar cómo vienen
siendo (re)interpretadas con sus mitos, desde el vampiro hasta la posesión,
pasando por la casa encantada. La escritora invitada, Layla Martínez (Madrid,
1987), es también editora en el sello independiente Levanta Fuego. Ha publicado
el ensayo Utopía no es una isla (Episkaia) y la novela Carcoma (Amor de Madre),
traducida a 17 idiomas y en proceso de adaptación a cine y teatro.
Martes, 13 de mayo
¿Para qué sirve un
fantasma?
Invitado: Ismael Martínez
Biurrun.
Horario: De 19 a 20 h. Biblioteca
Pública Elena Fortún (RETIRO).
Calle del Doctor Esquerdo,
189 (Madrid, 28007)
Entrada gratuita.
Encuentro sobre los
simbolismos, significados y funcionamientos de la figura del fantasma y otros
mitos de lo fantástico a través de la literatura y el cine. El escritor
invitado, Ismael Martínez Biurrun (Pamplona, 1972), es autor de nueve novelas
(Infierno nevado, Rojo alma, negro sombra, Mujer abrazada a un cuervo, El
escondite de Grisha, Un minuto antes de la oscuridad, Invasiones, Sigilo, Solo
los vivos perdonan y Duración de un fantasma) y coautor del ensayo Soy lo que
me persigue: el terror como ficción del trauma.
Miércoles, 21 de mayo
El camino del muerto
viviente: de la cultura universal al papel
Invitado: Rubén Sánchez
Trigos.
Horario: De 19 a 20 horas-
Biblioteca Pública Luis Rosales (Carabanchel)
Calle Antonia Rodríguez
Sacristán, 7-9 (Madrid, 28044).
Entrada gratuita.
Viaje por la figura del
muerto resucitado a lo largo de la Historia, desde el folclore hasta su
irrupción en la literatura popular del siglo XX. El escritor invitado, Rubén
Sánchez Trigos (Madrid), es doctor en Comunicación Audiovisual con una tesis
sobre el cine de zombis españoles. Especializado en narrativa fantástica, de
terror y ciencia ficción, ha publicado las novelas Bajo el barro (Planeta), La
noche de Venus (Dolmen) y Vuelve a mí (Grijalbo, 2025). Como guionista, ha
colaborado en películas como Verónica (Paco Plaza).
Miércoles, 11 de junio
La noche de los fascistas
vivientes
Invitada: María Fernanda
Ampuero.
Horario: De 19 a 20 horas-Biblioteca
Pública Pedro Salinas (Centro)
Glorieta Puerta de Toledo,
1 (Madrid, 28005). Entrada gratuita.
Charla sobre los miedos
cercanos y su canalización a través de la literatura y el cine de terror que
vienen haciendo crítica de su tiempo desde Frankenstein y el miedo a la
tecnología, a la soledad, al desamor o el racismo. La invitada María Fernanda
Ampuero (Guayaquil, Ecuador, 1976) fue elegida una de las latinoamericanas más
relevantes de Madrid, donde vive desde hace veinte años. Su primer libro de
relatos Pelea de Gallos, traducido a varios idiomas, recibió el premio Joaquín
Gallegos Lara; y sus últimas publicaciones son la novela Visceral y la
antología Dantescas.
Colabora la Red de
Bibliotecas de la Comunidad de Madrid
Madrid.- 02 de mayo de 2025
Uno de los mayores logros de nuestra casa editora ha
sido publicar tres libros del narrador cubano Daniel Iglesias Kennedy (La
Habana, 1950), como: La hija del cazador
(1995), Esta tarde se pone sol (2001)
y Espacio Vacío. Novela testimonial
(2003).
Daniel
Iglesias Kennedy en Betania
Como un rescate de esa
nueva narrativa cubana, de entonces, ofrecemos unas breves reseñas o síntesis
de cada una de estas entregas:
La hija del cazador
cuenta la historia de la convulsa vida interior de una adolescente que vive en
la Cuba de finales de los años ochenta. Su obsesión por hallar respuestas
dentro de un ambiente social claustrofóbico y asfixiante, sin puntos de
referencia ni de contacto con los demás personajes, con una familia rota, la
desidia de un padre que marchó a la guerra de Angola y la hostilidad de un
entorno donde predominan la delación, la superchería y la ausencia de apoyos
humanos con los que poder identificarse, empujan a la protagonista de esta
novela a una progresiva enajenación como única salida posible para escapar de
un pueblo que se hunde en la mediocridad y el fanatismo. Este libro es, además,
una reflexión sobre la soledad, el fracaso y el desamor a una edad
especialmente difícil: los dieciséis años.
Esta tarde se pone el sol es una novela que cuenta un día en la vida de Jacobo, un muchacho de dieciocho años, pesimista e irreverente, que subsiste como un náufrago en La Habana de 1968. Como Holden Caulfield, el emblemático personaje de Salinger, Jacobo lucha por asegurarse un espacio donde poder respirar, mientras intenta eludir el compromiso con una sociedad y una familia demasiado exigente en sus expectativas y que él percibe como fuerzas hostiles que ahogan su libertad. Se siente solo; ninguna ayuda puede llegarle del exterior. Las frustraciones, el desarraigo y el escepticismo que transmiten el comportamiento y los recuerdos del protagonista, un alter ego del propio autor, lo colocan en el polo opuesto al ideal de hombre nuevo elaborado por el Che Guevara y que fue durante años el estandarte propagandístico del régimen cubano. (Esta novela fue censurada en Cuba y retirada del Concurso Casa de las Américas en 1973 antes de que llegara a manos del jurado internacional).
Espacio vacío
(Novela testimonial) es como un testimonio autobiográfico con la estructura de
una novela de intrigas donde se desvelan los métodos utilizados por los
servicios de inteligencia cubanos en contra de los intelectuales y de los
extranjeros que viajan a Cuba como turistas, así como la implicación de estos
servicios en el tráfico de drogas y el contrabando de personas hacia Estados
Unidos, y la elección del territorio español como lugar de inversión y refugio
en la etapa postcastrista. El autor aprovecha su relato para reflexionar sobre
diversos conceptos como la amistad, el proceso creativo, las trampas de la fe,
el vértigo del poder, la traición, la obsesión por la venganza, la falacia del
patriotismo y por supuesto el amor, desarrollando un proyecto literario que
resulta en una apología de la libertad y en la lucha individual de un hombre
por conseguirla.
Daniel Iglesias Kennedy se
gradúo en Literatura Inglesa por la Universidad de La Habana y es Doctor en
Filología Inglesa por la Universidad Complutense de Madrid. Obtuvo la Beca
Cintas concedida por el Institute of International Education de Nueva York.
Desde 1985 reside en España, actualmente en Talavera de la Reina (Toledo),
donde fundó y dirigió un Instituto de Idiomas. Ha ejercido la docencia, la
traducción y ha realizado documentales para las televisiones inglesa y canadiense.
Bibliografía: La ranura
del horizonte en llamas (Tusquets, 1987), El gran incendio (Tusquets, 1989), La
hija del cazador (Betania, 1995), Esta tarde se pone el solo (Betania, 2001),
Espacio vacío (Betania, 2003), El marmitón apacible (Aduana Vieja, 2006). Autor de diversos textos sobre lingüística
aplicada en publicaciones especializadas, como: “El apoyo del cine al
aprendizaje de la lengua inglesa”, Los ejes paradigmáticos y sintagmático:
aplicaciones en la confección de diccionarios bilingüe” y “Los anglicismos en
el lenguaje deportivo”.
Madrid.- 29 de abril de 2025
‘ARTILECTURA’ DE PAULO COSÍN EN EL DÍA DEL LIBRO
Desde la Filosofía, como
capacidad exclusiva del ser humano, la Artilectura le permite encontrar sentido
a la vida. La Artilectura se lanza como una vía de empoderamiento del lector
como artista: le orientará hacia una nueva dimensión transformadora en la que
será capaz de detectar oportunidades de crecimiento personal que, a su vez, le
irán abriendo puertas de la dimensión existencial y ética. Desde el punto de
vista terapéutico, la Artilectura se describe como una actividad sanadora, que
contiene la dimensión fundamental de la salud y el bienestar.
“Al ser arte, la lectura
transforma y nos trasforma”, argumenta Cosín. Tomada como herramienta de
activismo, estas páginas explican que la Artilectura facilita la reflexión profunda
sobre la justicia social en toda su amplitud. Más allá del acto individual,
pasa a ser una acción creativa compartida, dinámica, multimodal e ilusionante,
cuyo sentido nos lleva a la participación para la configuración de una sociedad
democrática plena.
“Como Artilectura, una
biblioteca escolar o pública se convierte en algo más que un lugar de
almacenamiento de libros, un centro de estudios o un lugar de encuentro y
conexión wifi. Podemos imaginar a un grupo de jóvenes grabando un pódcast en
radio, viendo una película, en un debate, montando un vídeo, representando un
musical, una obra de teatro, pintando o haciendo una escultura, escribiendo un
guion todo alrededor de la palabra escrita, esto le aporta una dimensión de
comunidad, ciudadanía y democracia porque la Artilectura construye una sociedad
lectora”, en palabras de Paulo Cosín para dar una imagen clara de cómo la
Artilectura “es ese proceso artístico en el que conviven múltiples formas de
expresión artística interconectadas y en el que la lectura es una parte
esencial”.
Respecto a la felicidad,
Cosín la relaciona con la experiencia lectora “entendiendo la lectura como un
instrumento imprescindible para encontrar la vida que queremos, para hallar
plenitud, que es algo que va más allá del disfrute o placer”.
La lectura es el arte
entendido como “el proceso que nos permite construir relaciones entre lo que
percibimos por nuestros sentidos y las emociones que nos producen, a las que
damos forma a través de los sentimientos, nuestros pensamientos y nuestros
actos. Es decir que relaciona los cuatro dominios: perceptivo, afectivo,
cognitivo y conductual”. Desde un marco teórico interdisciplinar, Artilectura,
destinada a un público general a partir de 18 años, se desarrolla en cinco
capítulos que se cierran con una guía del pódcast que es la semilla germinal de
este libro, Leer te da más, “donde encontrarás todo lo que necesitas saber para
estimular la lectura en jóvenes que dicen que no les gusta leer”. Porque, junto
a las dos obras anteriores, Para qué leer (Morata, 2022) y La emoción de leer
(Morata, 2023), Artilectura conforma una serie ensayística orientada al fomento
de la lectura que nació para apoyar dinamizar a las comunidades adolescentes y
apoyar en las acciones a educadores, padres y madres.
Este año que se conmemora
el centenario de Morata, “Artilectura es un libro homenaje a este momento de
esta editorial que ha hecho Historia y seguirá haciéndola en la construcción de
una sociedad con relaciones humanas más satisfactorias para toda la sociedad
mediante un catálogo amplio de libros que son un instrumento esencial de
profesionales de la educación, psicoterapeutas, investigadores sociales,
trabajadores sociales y profesorado”, explica Cosín. “Todos los libros que
hemos publicado, así como las experiencias personales y profesionales que he
tenido en los 20 años que llevo dirigiendo esta editorial han contribuido al
proyecto de fomento de lectura que forma la trilogía que cierra Artilectura, el
pódcast Leer te da más y las conferencias que imparto en España y Latinoamérica
sobre este tema”.
Madrid.- 22 de abril de 2025
Del autor Alejandro Varderi
Desde Manhattan: Visiones a contracorriente
Alejandro Varderi, es un
escritor venezolano radicado en Nueva York, desde hace 30 años aproximadamente.
Desde Manhattan: Visiones
a contracorriente. reúne conversaciones, entrevistas, ensayos y
publicaciones del medio literario, cine y arte en general de Nueva York.
Alejandro Varderi, un
destacado escritor, ensayista y académico venezolano, se formó como economista,
pero su pasión por las letras, lo desarrolló en una prolífica carrera
literaria.
Es profesor e imparte
clases de Estudios Hispánicos en la Universidad de New York.
La presentación de este libro, Desde Manhattan: Visiones a contracorriente, es editado por Five Point, 2025.
Esta es la información para conectarse, via Zoom, este viernes 25, a las 4:00 de la tarde ((hora NY).
https://bmcc-cuny.zoom.us/j/81992690939
Clave:
076721
Desde España, estaremos
viendo esta presentación, en el horario de 6 horas de diferencia, por delante
de N.York, que sería, a las 10 de la noche en España.
Invitados quedan, para ver cómodamente desde su casa.
Madrid.- 22 de abril de 2025
Celebra el Día del Libro y Sant Jordi con
‘TENÍAMOS 15 AÑOS’, DE NANDO LÓPEZ
Una novela sobre cómo nos marcan esos 15 años en los que nos creemos eternos y donde cada primera vez es un paso más hacia un futuro al que tenemos tanta prisa por llegar como miedo de que suceda.«El Miguel Hernández sigue siendo el Miguel Hernández. Las mismas paredes verde lánguido. Los mismos pupitres en idéntico verde, como si se hubiera decidido convertir ese color, aparentemente inofensivo, en la amenaza cromática de las seis horas al día que, durante los próximos nueve meses, aguarda a sus dueños». Manu regresa como profesor al instituto donde estudió en los años 90 tras una excedencia que ha aprovechado para escribir y dibujar la novela gráfica de su época adolescente. En ese viaje de vuelta se enfrenta a dos tiempos vitales: el ahora, una lucha necesaria; y el ayer, un territorio difícil en el que perdonarse a uno mismo y asumir que nuestros errores, sobre todo los que cometimos cuando tuvimos 15 años, son parte inevitable de esta asignatura siempre pendiente que es vivir.
Nando López (1977) es novelista,
dramaturgo y doctor en Filología Hispánica. En 2010 fue finalista del Premio
Nadal con La edad de la ira, un long-seller convertido en serie televisiva de
éxito internacional —Francia, Italia, Bélgica, Grecia…— con el que inició una
sólida trayectoria narrativa en la que figuran Los elegidos, Presente
imperfecto, Cuando todo era fácil, El sonido de los cuerpos o Hasta nunca,
Peter Pan. Galardonado con el Premio
Arcoíris 2023, el Premio Triángulo Cultura 2022 y el Premio Gran Angular 2020
por La versión de Eric, es un reconocido autor de libros juveniles (Nadie nos
oye, Por qué tiene que ser todo tan difícil, El río de las primeras veces, El
reino de las Tres Lunas o la trilogía La leyenda del Cíclope).
Como dramaturgo, ha sido finalista en tres ocasiones a los Premios Max de Teatro (por #malditos16, Desengaños amorosos y Tito Andrónico) y sus obras teatrales se han estrenado en numerosos países (Estados Unidos, Chile, Perú, Costa Rica, Panamá, México…).
Además, también ha abordado la creación audiovisual como guionista y productor ejecutivo de contenido en Red Flags, serie basada en una idea original suya. www.nandolopez.es
GIRA NACIONAL
23 abril - Barcelona - Sant Jordi
11 mayo - Boadilla - Feria del Libro
15 mayo - Zamora - Librería Ler
17 mayo - Madrid - Feria de Vallecas
18 mayo - Fuenlabrada - Feria del Libro
22 mayo - La Unión - Festival La Unión
2 julio - Santander - Feria del Libro
6 julio - Gijón - Semana Negra
Madrid.- 16 de abril de 2025
El Instituto Cervantes lamenta la muerte del escritor y premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa
García Montero agradece la «calidad» de las novelas y la «lucidez literaria» del autor, que tuvo una carrera «ejemplar»
El director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, ha lamentado este lunes 14 de abril el fallecimiento del escritor hispanoperuano y premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, a los 89 años de edad, con unas palabras en las que agradece su carrera «ejemplar»:«Como lector, agradezco a
Mario Vargas Llosa la calidad de sus novelas y la lucidez literaria de sus
ensayos. Como director del Instituto Cervantes, le agradezco su ayuda generosa
y su compromiso. Como amigo, siempre le agradecí que la diferencia de opiniones
políticas no supusiese un motivo de enemistad.
Lo que ha sido ejemplar a
lo largo de la carrera de Mario Vargas Llosa es una conciencia doble. Por un
lado, su compromiso con la renovación literaria y, por otro, su constante
vigilancia para no degradar la calidad.
Ha sido ejemplar su última
época, cuando comprendió que estaba perdiendo capacidad y escribió una última
novela, Le dedico mi silencio.
También fue ejemplar la
decisión de dejar de publicar sus artículos, porque entendió que lo mejor, en
esos momentos, era su silencio.
Podemos destacar muchas
obras suyas como La ciudad y los perros, que le convirtió en un autor de
referencia, La fiesta del chivo o Conversación en La Catedral. El próximo
Congreso de la Lengua Española se celebrará en Arequipa (Perú) este otoño a
instancias de él, que como buen arequipeño la sugirió como sede de esta gran
fiesta del español».
El Instituto Cervantes ya
está preparando un homenaje en el Congreso con la publicación del Diccionario
Vargas Llosa, en el que se ha pedido a 100 escritores una palabra que le
defina. Además, durante este evento está previsto celebrar unas jornadas sobre
el autor peruano en su faceta como articulista, que se desarrollarán en la
Biblioteca Mario Vargas Llosa de la ciudad blanca.
Una
vida vinculada al Cervantes
Vargas Llosa formó parte
del Patronato del Cervantes desde el año 1992 y siempre ha estado vinculado a
esta institución. Con motivo de la concesión del Premio Nobel de Literatura
2010, el escritor hispanoperuano ofreció una rueda de prensa en el centro de la
institución en Nueva York tras conocer la noticia.
En ese encuentro, aseguró
que el Nobel «no sólo premia a un escritor, también a lo que lo rodea», en
referencia a «la maravillosa lengua española en la que hablan más de 500
millones de personas, que une a gente de países, tradiciones, costumbres y
creencias distintas y que es una de las más dinámicas, enérgicas y creativas en
el mundo moderno».
Vargas Llosa recibió
también un homenaje en octubre de 2020 en el Instituto Cervantes de Madrid
cuando se cumplió una década de la concesión del Nobel. El autor de La fiesta
del Chivo mantuvo entonces una charla con su hijo, el escritor y periodista
Álvaro Vargas Llosa y amigos, colegas y personalidades del mundo de la cultura
participaron de forma presencial o en vídeo para dedicar unas palabras al
autor.
También el pasado 11 de
abril del año 2023 tuvo lugar su última participación en un acto público en la
sede madrileña del Cervantes. Vargas Llosa asistió al inicio de la jornada
doble titulada como uno de sus libros, El fuego de la imaginación, y en la que
fue homenajeado a través de autores contemporáneos como Sergio Ramírez o Carlos
Granés.
Santa Cruz de Tenerife.- 16 de abril de 2025
Presentación el 19 abril de 2025
'La
lección de las ruinas', por Susan Stewart
El museo TEA Tenerife Espacio de las Artes recibe el sábado 19, a las 12:00 horas, a la poeta y crítica literaria de la Universidad de Princeton, Susan Stewart, que impartirá la conferencia titulada La lección de las ruinas: una introducción. Esta ponencia está inspirada en su libro más reciente, La lección de las ruinas: significado y materia en la cultura occidental (2020), una obra que aún no ha sido traducida al español y en la que reflexiona sobre el valor de ruinas que van desde antiguas inscripciones de sociedades ya extintas hasta monumentos conmemorativos del avance de la modernidad. El interés de Stewart pasa por comprender las causas de la fascinación que todavía generan las ruinas, sus imágenes y las interpretaciones que de ellas han hecho algunas de las voces más prominentes de las artes y la literatura contemporáneas. Esta actividad, que forma parte del programa No-Todo: crítica y negatividad, es de acceso libre.
Susan Stewart recorre las
formas inquietantes que describen las ruinas, recalando en las alegorías y
leyendas fundacionales de las que estos materiales suelen rodearse. Consciente
de cómo Occidente ha moldeado durante siglos las representaciones más comunes
que tenemos del pasado, su lectura incide en algunas de sus creaciones
culturales más representativas, con el objetivo de mostrar cómo lenguaje y
pensamiento son indispensables para la existencia del deseo de perdurar.
Para esta autora, las
ruinas son materia trascendente debido a que suelen utilizarse como ejemplo de
la existencia de algo que las sobrepasa, sobre todo cuando son tomadas en
consideración desde una perspectiva eminentemente histórica. En sus propias
palabras, “el pasado narrado sigue siendo un recurso abierto para la
experiencia futura”, cuyo desconocimiento nunca es suficiente para eximirnos de
nuestra necesidad de significación.
Madrid.- 15 de abril de 2025
Por Gastón Segura
Desde hace unos veinte
años barajo, de cuando en cuando, la pregunta: ¿un sistema de gobierno
concebido durante la Ilustración es capaz de digerir la nueva era digital o
acaso lo fulminará? Me surgió simplemente mirando cómo los transeúntes de la
calle manejaban el teléfono móvil con la mayor desenvoltura. Además, ya me
constaba que los ordenadores personales habían superado el ámbito laboral para
ir asentándose como un nuevo y singularísimo electrodoméstico, y en algunos
hogares disponían de, al menos, un par, más algún portátil.
Por el contrario, nuestro
sistema de gobierno, la democracia representativa, había sido trazado durante
la expansión de la llamada Galaxia Gutenberg por Marshal McLuhan, cuya
aspiración y, a la vez, sustento era la alfabetización de todos los hombres
hasta convertirlos en ciudadanos libres; en consecuencia, el fomento y la
práctica de la lectura eran inherentes a este tipo de gobierno, en tanto su
ejercicio, al exigir la traducción de las grafías para su comprensión, imponía
un mínimo sosiego y un necesario cavilar. Sin embargo; este otro nuevo paisaje
de telefoneadores callejeros, incrementado vertiginosamente desde la llegada de
los smartphones hasta permear la intimidad, donde ha germinado incluso
dependencias morbosas, ha mutado aquella Galaxia Gutenberg en una Galaxia
Digital. Y uno de los síntomas más notables de este novísimo periodo es
precisamente la veloz disminución de la lectura de los diarios; hábito —la
adquisición de información con exigencias de veracidad— casi imprescindible para
cualquier ciudadano, consciente de su poder decisorio en una sociedad
democrática.
Y aunque esta nueva
circunstancia hubiese sido vaticinada por Martin Heidegger en su célebre
conferencia «La época de la imagen del mundo» (1938), donde pronosticó un porvenir
sometido a la tecnología, no me suponía el menor consuelo, cuando su
consecuencia, en palabras de Jean Baudrillard, ha sido tornar la realidad en
mero simulacro. Bastaría con que observásemos la proliferación de los avatares
y otras invenciones virtuales como las criptomonedas o la más monumental y
regidora de todas: el mercado financiero mundial, basado en especulaciones y
expectativas sobre valores fluctuantes, para captar cómo se disipa el topos
llamado realidad y cómo la existencia va deviniendo en una mera representación.
De ahí que sea muy significativo escuchar con suma frecuencia el uso del
término relato —con cuanto de ficción conlleva— suplantando las voces de
exposición o de explicación. Paralelamente, las aplicaciones o plataformas de comunicación
instaladas en los smartphones, alentadoras del mensaje breve, han restringido,
por su constante uso, el campo lingüístico de sus practicantes, cuya notoria
consecuencia es la esclerotización de la habilidad para argumentar; corolario:
se va imponiendo, como tajante sustituta de todo razonamiento, la escueta
aserción. ¿Y quienes si no los publicistas son los más capacitados en el
alumbramiento de la frase corta eficaz —el slogan— y en la mostración de un
mundo tan falso como placentero —el spot—?
Es más, su presencia como
prescriptores no tanto de la apetencia —la campaña de ventas— sino hasta del
lenguaje y los juicios cotidianos se siente incluso antes de la implantación de
esta nueva Galaxia Digital; reparen, por ejemplo, en la divulgación desde hace
lustros entre la prensa y los políticos —y luego, naturalmente, entre los
ciudadanos— de una voz propia de su jerga profesional: impacto; después
prolongada en verbo, impactar, y hasta en feo calificativo, impactante,
postergador de otros muchos y contradictorios (estremecedor, sobrecogedor,
abrumador, sorprendente, entusiasmante…). Una difusión constatadora de la
simbiosis de los publicistas con los otros dos oficios —políticos y
periodistas— tan fundamentales, por otra parte, para nuestro sistema de
gobierno. Al punto que los políticos, durante las campañas, precisaban y
precisan de las certeras orientaciones de los publicistas para persuadir a la
muchedumbre a través de los mass media. Y por esta vinculación, tan semejante a
la de Mefistófeles y Fausto, descubrieron ambos —publicista y político— en cuán
obsoletas habían devenido las ideologías y en cuán formidable para sus
embaucadores propósitos era un reciente e imprevisto fenómeno: la mella causada
por las aplicaciones digitales en la capacidad de razonamiento del elector,
encima embotado por la avalancha de mensajes —sean verosímiles o no—
depositados diariamente en su imprescindible teléfono móvil y donde podían
intervenir a conveniencia.
Y si por un momento
admitiésemos la célebre sentencia de McLuhan «el medio es el mensaje»; y el
mensaje —o sea, el slogan— no es más que un simulacro ocasional para obtener el
favor de las urnas; entonces, ¿cómo no deducir que el propio político —el
medio— es otro simulacro? Esto aclararía el advenimiento de figuras como Donald
Trump —adiestrado para el manejo del simulacro durante sus años de showman
televisivo— allá, y más acá, de Pedro Sánchez, quien carente de esas
habilidades, utiliza la propagación de consignas galvanizadoras de la opinión
pública que duran desde tres a quince días, sin importarle si incurren en
estruendosas falsedades, pues su pretensión es disimular constantemente la
incapacidad injerta en su gobierno por su forzado origen; aun cuando el recurso
permanente a estos burdos mensajes ha acabado desvelando lo grotesco del
empeño. Algo sumamente dañino para el imaginario pacto social donde descansa
nuestro sistema; y sin esa ilusión admitida por los ciudadanos, la democracia
representativa queda en el entredicho y al borde de su desplome. Lo fatídico de
tal amenaza máxime cuando, para sucederla, no se ha pensado todavía un sistema
capaz de asimilar la Galaxia Digital sin menguar derechos— atañe a las cómodas
libertades disfrutadas hoy por todos, que resultarían sepultadas durante ese
calamitoso derrumbe.
Artículo publicado por el "Imparcial" el 13 de abril de 2025
La Gatera Press
Sonia Muñoz Guevara
MARIO
VARGAS LLOSA
NOS DEJA A SUS 89 AÑOS, EL ESCRITOR MAS DESTACADO EN LA
HISTORIA DE LA LITERATURA HISPÁNICA.
El escritor peruano, de nacionalidad española y también dominicana, Premio Nobel de Literatura en el año 2010, reconocido con otros muchos títulos a lo largo de su carrera de escritor, nos ha dejado el 13 de abril, 2025.
Entre sus obras se han
destacado, Conversación en la Catedral,
La fiesta del chivo, La guerra del fin
del mundo, La ciudad de los perros, entre otras mas obras, siendo su última
novela, Le dedico mi silencio
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| Foto:Redes Sociales |
Arequipa(Perú), 28 de
marzo de 1936, muchos años viviendo en España, para luego regresar a su país natal,
según dijo, regresaré a mi país a morir, como hacen los elefantes. Alli, acompañado
por sus hijos y esposa, en el hermoso barrio y bohemio distrito de Barranco
(Lima), con vista hacia el mar Pacífico, ha sido su hogar, su refugio, para
esperar su último día.
Conocí, a este gran
escritor, en Tenerife, en una conferencia, llevada a cabo en una de las salas
de La Pirámide de Arona, ubicada en la Playa de Las Américas, (Tenerife sur), muy
cerca a la playa de El Camisón, sala repleta, con más de dos horas de
conferencia, pocas personas fueron dejando la sala, quedándome hasta el
final, y poder saludarlo. Una experiencia agradable e inolvidable.
Nos quedan sus numerosos
libros, y recordar a uno de los escritores que más influencia ha tenido en la
literatura hispánica. Que en paz descanse.
«El mar ya no es» Marcelo Gatica Bravo (Chile)
Madrid.- 12 de abril de 2025

El fantasma de Javier Marías
En un abrir y cerrar de
ojos lo que era la existencia de una pareja feliz (con los traspiés propios del
devenir de dos seres muy distintos entre sí, que se habían puesto de acuerdo
para hacer el mismo recorrido a pesar de ello), se rompe para siempre...
Hallé un libro “raro” de
la pequeña editorial Reino de Redonda, creada por el fallecido escritor español
Javier Marías (1951-2022) para recuperar libros olvidados, y de inmediato lo
pedí desde una librería en físico, se trata de Duelo sin brújula (2024), de Carme
López Mercader, viuda del gran autor. En este bello y pequeño tomo (de apenas
126 páginas con tapa dura y papel glasé) expresa una suerte de catarsis
emocional frente al vacío dejado por su marido al fallecer a una edad (71 años
no cumplidos) en la que mucho se esperaba aún de su pluma. No se trata, como lo
pensé antes de comprarlo, debo confesarlo, de esos libros curiosos, en los que
a modo de obituario los legatarios de una figura pública se dan a la tarea de
desnudar a sus difuntos (voyerismo, lo llaman algunos), y así contarnos
detalles acerca de su vida para alimentar el morbo de los lectores. Nada de
eso. Si bien encontré sutiles tips que nos acercan al Marías humano y autor, y
que la prensa jamás reseñó, estas páginas buscan cerrar en López Mercader un
ciclo de toda una vida de camaradería y acompañamiento, con una de las figuras
más importantes de las letras hispánicas de las últimas cinco décadas.
No hay en Duelo sin brújula ansias de hacer literatura o de lucimiento estilístico por parte de la autora (es más: hay ciertos descuidos de forma e innecesarias repeticiones), solo el denodado empeño de despedirse de un amor y reiterarle desde el más acá (ella afirma que es escéptica en cuestiones paranormales) su pasión y admiración, así como dejar constancia de un dolor que solo a ella le incumbe, y que nada de lo que le digan para consolarla podrá rebajar ya la pesadumbre anclada para siempre en el alma. Nos dice casi al final del texto (que, por cierto, pone candado a nuevas publicaciones, por ser un proyecto económicamente inviable) algo realmente conmovedor: “Me compadezco bastante de mí misma, de hecho diría más, me doy un montón de pena, porque soy consciente de que quiero tanto estar con él que hasta estoy dispuesta a suspender la incredulidad y aceptar la presencia de un fantasma a mi lado para lograrlo.”
Esto cobra sentido cuando
recordamos que a Javier Marías le fascinaban los fantasmas, hasta el extremo de
titular a dos de sus libros como Literatura y fantasma y Vida del fantasma, y
en los que indagó, desde lo literario, su peso e importancia en nuestra
cultura. Eso sin contar con otras publicaciones en las que se asoman figuras
fantasmales, que buscan ahondar en ese otro lado de la moneda de la existencia.
Nos aclara López Mercader, que aun teniendo su esposo esa “pasión” por la
creencia en los fantasmas, nunca dio pie a explicaciones desde lo esotérico,
mediúnico o desde el espiritismo (jamás se entregó a la charlatanería): lo suyo
era un encanto por una figura que le atraía desde lo literario, y que le
llegaba (especulo yo) desde la propia infancia. Agrega la autora: “No temía al
no mundo, porque para él éste no consistía en la nada. Por el contrario, sus
muertos lo poblaban y acompañaban, muertos siempre amables, quizás porque
habían sido muy queridos por él y a su vez lo habían querido.” Empero, tal
certeza no hizo de Marías un ser hundido en la melancolía o pesadumbre: era
divertido porque amaba la vida.
Cuando dije al comienzo
que hallé “un libro raro” me refería, en todos los sentidos, a una pieza que
tiene como centro de atención a una figura clave de las letras en lengua
española, pero que no habla de ella ni ahonda mayormente en su persona. El
novelista es sólo la excusa. La viuda se ensimisma en unas páginas en las que
gravita por doquier el “fantasma” de Javier Marías, y es ella la que de manera
tangencial (aunque protagónica) busca con este libro una razón para seguir
creyendo en la vida, con la válida sentencia de su enorme pena. Es, qué duda
cabe, un texto autorreferencial (autobiográfico) y el libro es una autoedición
(la editorial ahora es suya) y con él discurre sin mostrarse en demasía: dice
bastante, pero es más lo que calla, quiere contar muchas cosas, pero las
palabras se quedan en la travesía de un texto doloroso y denso, que muestra los
quiebres y hendiduras del espíritu humano.
El título, Duelo sin
brújula, es significativo, porque en realidad no hay un norte definido, un
objetivo literario o meramente biográfico, o un eje que articule las piezas del
rompecabezas; hay, qué dudas caben, un deambular sin coordenadas por dos vidas
que estuvieron enlazadas varias décadas y ahora una de ella se queda a la zaga
en el camino, y no le queda a la sobreviviente otra opción que seguir adelante
y volar con plomo en el ala, recomponer los jirones de su proyecto vital,
juntar las piezas de su tragedia personal y familiar, y emprender nuevos
derroteros, muy a pesar de su desesperanza. En un abrir y cerrar de ojos lo que
era la existencia de una pareja feliz (con los traspiés propios del devenir de
dos seres muy distintos entre sí, que se habían puesto de acuerdo para hacer el
mismo recorrido a pesar de ello), se rompe para siempre y comienza un duelo
desgarrador, profundo y escatológico, que descarta alivios y frases hechas o
baratas, que llegan de familiares, conocidos y amigos, y que intentan paliar la
desdicha sin éxito.
Atrás queda la vida en
común, los pisos que los cobijaban en Madrid y Barcelona, los muebles, libros y
recuerdos de años de unión y complicidad. Pronto llegó el ocaso de una relación
que marcó en ambos huella profunda, y ahora queda ella con la mente convulsa y
el alma deshecha en recuerdos y en cavilaciones, tal vez: lo que quedó por
decirse, lo que se emprendió y no se concluyó, el saludo no respondido y el
abrazo no dado por las urgencias propias del existir. Que sea la autora la que
cierre con las líneas finales de su libro: “Que me lleve a creer en esa
eternidad que Javier decía concebir sólo conmigo exista y que él esté
aguardándome pacientemente en ella. Que me haga soñar con lo que no puede ser.
Y sin embargo…”
rigilo99@gmail.com
Madrid.- 07 de abril de 2025
Casa América, rinde
homenaje a la escritora Elsa López
Mañana día martes 8 de abril, a las 19:00 horas, en el Anfiteatro Gabriela Mistral. Acceso por C/ Marqués del Duero, 2, de esta destacada institución cultural, se le rendirá un homenaje bajo el título Poetas con Ñ: Mujeres en verso, homenaje a Elsa López”, quien estará acompañada por las escritoras Gioconda Belli, de Nicaragua y Valeria Correa, de Argentina.
Elsa López nació en 1943
en Fernando Poo, Guinea Ecuatorial, y en 1947 se mudó a la isla de La Palma,
donde en 2018 recibió el reconocimiento de Hija Adoptiva. Es poeta, narradora,
profesora y activista. Es autora de una extensa obra entre la que se cuentan
más de 40 títulos: 17 poemarios, tres novelas, cinco guiones, 11 libros de
antropología y dos biografías, además de centenares de artículos de prensa.
Elsa López, como digna representante de la identidad canaria, ha sabido
reflejar en su obra el carácter mestizo y atlántico, reivindicando la esencia
de Canarias como un espacio de confluencia entre España, África y América
Latina. Elsa no es solo poeta de su tierra, es también un puente hacia
Iberoamérica. Su diálogo con las letras latinoamericanas, su afinidad con
autores y culturas del otro lado del Atlántico, han enriquecido su visión poética
y la han convertido en embajadora de un sentir compartido. Elsa López es, entre
otras menciones, Doctora Honoris Causa de la Universidad de La Laguna,
Académica Honoraria de la Academia Canaria de La Lengua y Premio Canarias de
Literatura 2022.
La bienvenida estará a
cargo de Moisés Morera, director de la Programación de Casa de América.
Los participantes: Sergio
Rodríguez Fernández, presidente del Cabildo Insular de La Palma. Juan Jesús
Armas Marcelo, escritor y periodista. Elsa López, poeta y editora española. Gioconda
Belli, escritora nicaragüense y Valeria Correa, escritora argentina.
La presentación estará por
Adriana Bertorelli, escritora y gestora cultural. Juan Carlos García-Sampedro,
creador audiovisual.
Presentación en Madrid:
Miércoles 9 de abril
Librería Rafael Alberti (Tutor,57), 19:00 h.
LOQUELEO publica‘TENÍAMOS 15 AÑOS’ de Nando López
Ofrece un formato de novela con cómic integrado que lleva las ilustraciones de Nicolás Castell.
Una autoficción sobre cómo marca la adolescencia (robada o existente), con sus primeras veces: a los jóvenes que lo fueron en los 90, a la Generación Alfa.
Sobre la necesidad de la conciencia de clase y del activismo para construir el futuro desde los barrios y las periferias.
Sobre la amistad que nos sostiene, cómo nos mentimos al recordar y la ficción —ya sea una novela, una película o una TDK con temas grabados de la radio—para (re)construirnos.
Nando López
Manu regresa como profesor al instituto donde estudió en los años 90 tras una excedencia que ha aprovechado para escribir y dibujar la novela gráfica de su época adolescente. En ese viaje de vuelta se enfrenta a dos tiempos vitales: el ahora, una lucha necesaria; y el ayer, un territorio difícil en el que perdonarse a uno mismo y asumir que nuestros errores, sobre todo los que cometimos cuando tuvimos 15 años, son parte inevitable de esta asignatura siempre pendiente que es vivir.
Madrid.- 01 de abril de
2025
Por Gastón Segura
La
aspirina de Cristino Mallo
Cuando Cristino Mallo,
sentado en la grada que preside la entrada del Café Gijón, pedía a los
camareros una Aspirina, suponía el inicio de un breve ceremonial: luciéndola
casi como una sagrada hostia, entre la pinza de su pulgar y su índice, se la
llevaba a la boca con ostensible y geométrico gesto. Acto seguido, aclaraba al
soslayo, por si le rodeaba algún desavisado: «Es que tengo que visitar a mi
hermana». Su hermana, por supuesto, era la inefable Maruja Mallo.
Les cuento esto porque en
la espléndida exposición de la Fundación Mapfre, Otros surrealismos, donde se
exhiben algunas significadas piezas de Dalí, de Óscar Domínguez, de Remedios
Varo y de tantos otros; incluso un par de documentales de 1930; el célebre
Esencias de verbena, de Giménez Caballero, con la insustituible comicidad de
Gómez de la Serna, y otro no menos interesante aunque más ignorado, Comiendo
erizos, de Luis Buñuel, donde el padre de Salvador Dalí es orondo protagonista,
encontrarán también tres óleos y un dibujo de Maruja Mallo. Todos pertenecen a
las vísperas y al regreso de su viaje a París; o sea, a su turbulenta serie
Cloacas y campanarios (1929-31), y a la siguiente, Arquitecturas minerales
(1932-3).
Si cuando Maruja Mallo se
fue para la capital francesa ya era un personaje descollante entre aquella
muchachada —como ella decía—, conocida luego como Generación del 27 —no en
balde, es la única persona a quien don José Ortega y Gasset le procuró en 1928
una exhibición de sus Verbenas y Estampas, en los salones de Revista de
Occidente—, cuando volvió lustrada por la admiración del genuino núcleo
surrealista —André Breton, el gran patriarca y fundador, incluso le había
comprado el óleo Espantapájaros (1929)— ya encontrará asiento en todas las
tertulias de Madrid, tanto en la del Mirlo Blanco de los Baroja, como en la
pudibunda del Gato Negro de Azorín y Benavente, y por descontado en la que le
era más propincua, la de Alberto Sánchez y Benjamín Palencia en el Gran Café de
Oriente, ante la estación de Atocha; punto de partida para sus frecuentes
excursiones a los desmontes de Vallecas, en busca de una integración telúrica
sobre aquel secarral y de las que tomará nombre este grupo de pintores merodeadores,
la Escuela de Vallecas. Momento cuando, amén de prodigarse como ilustradora en
tantas revistas de la época (La Gaceta literaria, Alfar, Revista de
Occidente…), iniciará sus incursiones en las escenografías de La Barraca y de
las Misiones Pedagógicas, que culminará con los telones y los figurines para la
inédita —por el estallido de la Guerra— y luego perdida ópera bufa, Clavileño
(1935), de Rodolfo Halffter; en suma, que durante aquel quinquenio republicano,
Maruja Mallo se entronizará como la gran vanguardista, que desde un incipiente
surrealismo había ido tentando una expresión al borde mismo de la militancia
política; algo, la verdad, inconjugable con sus querencias por lo esotérico y
lo gnóstico, cuanto nos muestra la irreductible singularidad del personaje.
Pues bien; entre 1934 y 35
inicia su duradera amistad con Pablo Neruda y también otra, mucho más carnal y
de más honda huella, con Miguel Hernández. Si Maruja Mallo había sido la amante
de Rafael Alberti desde 1925 hasta la irrupción de María Teresa León sobre
1930, y cuya presencia es ineludible en Sobre los ángeles (1929), lo será de
forma mucho más deslumbrante y decisiva en El rayo que no cesa (1936), de
Hernández, por más que este poemario aparezca dedicado a su prometida, Josefina
Manresa. Esta relación entre la fulgurante pintora y el joven poeta se produce
durante la segunda estancia del oriolano en Madrid, cuando trabaja para la
monumental Los Toros (publicada en 1943), de José María de Cossío, goza de la
protección de Vicente Aleixandre y frecuenta la tertulia de María Zambrano,
donde se unirá a otro joven —entonces aprendiz de liróforo—, Camilo José Cela,
que nos legó unas notas —quizá escasas aunque gamberras— de los fogosos abrazos
entre la desinhibida pintora y el virginal Hernández en Memorias,
entendimientos y voluntades (1993).
Sin embargo, para mí —y
quizá vera causa de estas líneas—, Maruja Mallo es un personaje de aquella
inmensa pandiculación nacional que fue la Transición. Entonces, convocada en
más de una ocasión por Paloma Chamorro a sus programas, nos asombraba por su físico
menudo, su nariz de tucán y sus maquillajes faraónicos, y claro es, por su
incontenible y estrafalaria locuacidad, que me confirma Ignacio Gómez de Liaño,
entre risas, como su más señera característica, quien la trató durante aquellas
fechas en casa de Inés Ortega. Sí; Maruja Mallo forma parte de aquellas figuras
que despabilaron al país hasta 1982, desde un underground desgreñado y
autóctono, como fueron Ocaña, Jaume Sisa, Pau Riba o el cine de Iván Zulueta o
de Bigas Luna, o aquel Fernando Savater apostolando un anarquismo nietzschiano
por los paraninfos o Dragó con su proceloso Gárgoris y Habidis (1978) bajo el
brazo, o el regreso del parisino Arrabal con sus descacharrantes vocinglerías
escénicas, y claro, la misma Maruja Mallo, emergiendo en las recién coloreadas
pantallas de los televisores como el exacto reverso de una moneda encarada por
Salvador Dalí. En fin; un sexenio libérrimo y entusiasmante, sepultado para
siempre bajo aquel otoño de los diez millones de votos y la acharolada insulsez
de la Movida Madrileña. Y ahora, qué decirles con tanto oportunista
insolentándonos con sus chabacanerías. ¡Cómo no echarte de menos, Maruja!
*Gastón Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.
Madrid.- 01 de abril de 2025
Gastón
Baquero: lo que no se ve (Betania, 2024) de León de la Hoz
Por: Gabriela Díaz Gronlier
Publicada en su blog
elcopoylarueca.com
«Qué pasa, que está
pasando siempre debajo de la sombra…». Gastón Baquero
Tres amigos, tres
intelectuales que han enriquecido con su labor la cultura cubana, y que fueron
bautizados por el dios Apolo en tiempos distintos, se reúnen en este espejo
revelador de inquietudes, de pensamientos y de emociones que es Gastón Baquero,
lo que no se ve. Es este libro el salón de una tertulia donde la voz
protagónica es la del autor que da nombre a la antología.
Los poemas de Gastón
Baquero (1917-1997), el prólogo de León de la Hoz y las dos entrevistas que
componen el Epílogo—Conversaciones de Gastón con Felipe Lázaro las nombra el
editor —hacen del título que hoy reseño anzuelo para almas ansiosas de cantos.
Las antologías, en nuestro
mundo de prisas y de titulares, son útiles, porque son como breves biografías
de obras que nos permiten apreciar la evolución de un autor: las antologías son
caleidoscopios que ofrecen una secuencia ininterrumpida de cambios de estilos,
de temas recurrentes y de temas que anidaron en la mente del creador para
después volar.
Pero las antologías tienen
también una misión subliminal: ahogan el vértigo que provoca una edición a
solas, mostrando, al hacerlo, el alma de los que participan en ella.
León de la Hoz, por
ejemplo, decidió complacer al amigo y dio preferencia a «lo intelectual» y no a
«lo sentimental», aunque, como bien afirma en el prólogo, estas voces en la
obra poética de Gastón son permeables —Gastón Baquero, quien seccionó su poesía
en dos partes, arropó los versos que incluyó en lo que llamó «lo sentimental».
Leyendo Gastón Baquero, lo
que no se ve descubrí que al autor le motivaban las estaciones del año, de modo
que he seleccionado, para poner tentación a tus pupilas, los poemas donde se
cuelan la primavera, el verano y el otoño. He añadido, aunque no está en el
libro, el soneto dedicado al invierno. Y, cómo no, El río, porque es de mis
preferidos. Los ilustro con pinturas de Joan Miró.
Gastón Baquero, lo que no se ve es pájaro en vuelo que ahoga silencios con su aleteo.
OTOÑO
Las hojas caen, caen, como
de la distancia,
así como lejanos jardines
en los cielos
que empiezan a secarse.
Y la pesada tierra por las
noches cae
de todas las estrellas
hacia la eternidad.
Todos caemos. Esta mano
ahí cae,
y contemplas las otras: en
todas es igual.
Y sin embargo hay Uno que
en sus manos
infinitamente suave
sostiene este caer.
PRIMAVERA EN EL METRO
Entre Goya y Velázquez
se detuvo de súbito lo
oscuro.
Sentimos que brotaban
amapolas detrás de los ladrillos;
una revelación sonora, un
himno, un telón descorrido de repente nos transportaba
de la noche al alba, de la
melancolía al júbilo, de la indiferencia a la sorpresa.
¡Cuánta luz de repente
entre Goya y Velázquez!
Y el Metro transformado
en plazoleta de oro para
el muchacho ciego,
en alegre pan tierno para
el anciano solo;
columpiado de la sombra a
la luz, mágicamente,
siendo otra cosa ya en un
instante:
carroza de las hadas,
corcel, jardín al mediodía.
Entre Goya y Velázquez,
¡todos felices de pronto,
todos gozosos
devorando el asombro de la
luz!
Yo había descendido con
pensamientos de invierno
—sonetos de Quevedo y
cenizas de Paul Klee—;
y cada cual, ceñudo, leía
entre vaivenes para olvidar el tiempo.
Un son inesperado, un
aviso imperioso, una luz que cantaba,
nos arrastró de un golpe
hacia regiones áureas:
del carbón de Goya pasamos
en un vuelo al aire de Velázquez.
Y el Metro danzaba
jubiloso, como si escuchase
poemas de Jorge Guillén
musicalizados por Vivaldi;
y el serio oficinista
cerraba su ABC,
y la joven de lentes
desdeñaba un final de Agatha Christie,
y —¡prodigio!— los novios
dejaban de mirarse,
y los niños se hastiaban
de Supermán y volvían a ser niños
¡todos gozosos, mudos por
felices,
sentíamos que el planeta
derramaba de nuevo su luz sobre nosotros,
como vuelca una aldeana
sobre sus hojaldres una jarra de miel!
Sí: entre Goya y
Velázquez, en el Metro, una mañana,
yo he asistido al
nacimiento de la Primavera.
Madrid.- 01 de abril de
2025
Por Ricardo Gil Otaiza

Benedicto XVI
Su Introducción al
cristianismo no es sólo lo que anuncia el título, ya que, más que un pórtico
para adentrarse en la fe cristiana, es en sí el anuncio de una esperanza, cuyo
impacto ha significado un enorme punto de inflexión en la historia
Cada vez que me acerco a
la figura del papa Francisco, más echo en falta al gran Joseph Ratzinger,
Benedicto XVI, cuya trayectoria trasciende el hecho puntual de haber llegado a
Papa, para internarse en el mundo de las ideas, de la abstracción filosófica y
teológica, de la comprensión del papel de la Iglesia en un mundo complejo como
el nuestro, que requiere de sus líderes claridad y perspectiva del momento
histórico, así como pulso firme frente a sus enormes desafíos.
Seguí a Ratzinger desde sus
tiempos cuando era prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe en
Roma, y me llamó poderosamente la atención su firmeza en cuanto a la doctrina,
pero a la vez su extraordinaria flexibilidad para adentrarse en un contexto que
cambiaba a paso vertiginoso, y hacía de la Iglesia un punto focal desde el cual
articular acciones que le permitieran anclarse verdaderamente en la modernidad,
sin perder su esencia y núcleo: Jesús, y su mensaje salvífico.
Fue el cardenal Ratzinger
mano derecha de Karol Wojtyla, el Papa polaco, y desde su preeminente posición
supo anteponer los intereses reales de la Iglesia y su proyección a futuro, a
las modas light, que buscan siempre lo efímero en aras de la atracción
mediática (frente a hechos intrascendentes pero atractivos), olvidando,
peligrosamente, lo que subyace, lo que da contenido y sustancia a una
institución fundante de lo civilizatorio.
En Joseph Ratzinger es
clave su obra intelectual, que se adentra en los territorios del Ser, que va
más allá de lo conocido como “verdad” para intentar desvelar, con fina y densa
prosa, su propuesta doctrinaria que, si bien, no fue rompedora de lo
establecido para fundar su propia escuela, buscó con afán impregnarla de nuevos
aires, refundarla con base en novedosos argumentos, hacerla más cercana a los
ojos de un mundo cada vez indiferente a la noción de un Dios cercano y amigo,
inmanente y siempre presente, aunque intangible y silencioso desde los cánones
de una humanidad ahíta de mensajes e imagen.
Su Introducción al
cristianismo no es sólo lo que anuncia el título, ya que, más que un pórtico
para adentrarse en la fe cristiana, es en sí el anuncio de una esperanza, cuyo
impacto ha significado un enorme punto de inflexión en la historia de la
humanidad. Si bien es cierto que en su prosecución se han cometido infinidad de
errores y tropelías, que hoy son parte del lado oscuro de su largo recorrido,
ha significado para millones de personas fuente de inmensa alegría y confianza.
El Jesús de Nazaret del
tímido y circunspecto Benedicto XVI, es una obra esencial para la comprensión
de la cualidad humana y divina del hombre de Nazaret, cuya figura dividió la
historia universal en un antes y un después, y queda expuesto en estas
magníficas páginas sin artificios ni piruetas; todo lo contrario: la sencillez
y diafanidad de la obra contrasta con la importancia de lo que nos cuenta, lo
que la hace cercana, asequible al mundo; adecuada a una cristología exenta de
todo aquello que pudiera elevarla a una insuperable ininteligibilidad argumental.
En sus ocho años de
pontificado, Benedicto XVI publicó apenas tres encíclicas: Deus caritas est,
Caritas in veritate y Spe Salvi, empero, son de tal importancia, que en su
momento llegaron a editarse con tirajes sorprendentes (millones de ejemplares
en todo el mundo y en todas las lenguas) y aún hoy siguen siendo fuente de
interés y de consulta, así como una cantera de relevancia para la comprensión
de su mensaje: la esperanza cristiana lanzada a un mundo de intereses
divergentes, que marcha hacia un futuro incierto carente de rumbo y de
objetivos vitales.
La personalidad afable y
sencilla de Benedicto XVI “chocó” con el mundo, tan habituado a la manipulación
y a la farsa, su palabra certera (que a su entender “debe estar ahí siempre
para la gente”) buscó erigirse en vaso comunicante, en eje articulador de la
noción de Dios y la realidad del mundo, y era a menudo tan sugerente, pero tan
sutil y brillante, que pasaba como mero artificio propio de la pompa y la
vanidad de un cargo tan relevante como el que ostentaba, y para muchos coló
inadvertida su portentosa hondura, su afilada estatura intelectual, su elevada
carga cristológica y salvífica, desperdiciándose (quizás para siempre) la
valiosa oportunidad de convertirla en guía en medio de las tinieblas.
Hace ya dos años de la
partida de este mundo de Benedicto XVI (para entonces papa emérito), ocurrida
el 31 de diciembre de 2022 a los 95 años, en el monasterio Mater Ecclesiae del
Vaticano, y dejó tras de sí un legado filosófico, teológico y pastoral a
cuestas tan portentoso y admirable, que hoy tirios y troyanos (entiéndase:
amigos y detractores) coinciden en afirmar que ha sido una de las obras de
mayor envergadura en toda la historia de los pontificados, que lleva ya unos
cuantos siglos.
A muchos sorprendía su
brillo personal (que era enorme), su hablar pausado y voz musical aflautada, su
mirada y sonrisa tímidas a más no poder (había perdido la visión de su ojo
izquierdo), sus movimientos torpes sobre el estrado (que para Peter Seewald, su
más conspicuo biógrafo, eran propios de un Charlie Chaplin), su trato cordial y
sin ambigüedad, su saber escuchar a los otros, su absoluta ausencia de
arrogancia o de aires de superioridad; todo hacía de él una figura entrañable y
discreta.
La renuncia al trono
petrino por parte de Benedicto XVI, independientemente de sus razones
personales (miedo a la llegada de los “lobos”, como lo había anunciado con
bastante anterioridad, su estado de salud y su deseo de volver a ser uno más en
la viña del Señor para orar, leer, tocar al piano y cuidar a sus gatos), fue un
acto de desprendimiento al poder y a la gloria del mundo, como pocas veces se
ha visto en los anales de la historia eclesiástica (y ni se diga de la
universal), que lo eleva a la categoría de un ser de excepción.
Fue, —¿qué dudas caben? —,
un gran doctor de la Iglesia y, posiblemente, un beato y un santo.
rigilo99@gmail.com
Madrid.- 26 de marzo de
2025
Presentación del libro:
Y
apenas nada de Eduardo Rojas
Se presentará este jueves 27 de marzo, a las 19:00 h. en la Librería Juan Rulfo, C/Fernando el Católico, 86. Madrid
Intervienen el escritor
Gastón Segura y el autor del libro Eduardo Rojas.
Y apenas nada no es sino el lamento de una madre
por la espectral desaparición de su hijo, Napoleón Chicomóztoc, una tarde, en
el médano de las afueras de su aldea costera del Golfo de California. ¿Pero
quién era Napoleón Chicomóztoc? Un tipo inútil, aquejado de una aguda
neurastenia y abandonado a su nulidad hasta por su esposa con su único bebé,
del que ya no queda sino esa bicicleta y el intenso desgarro de su madre que se
resiste a creer que no vaya a regresar nunca.
Contra esta sencillez argumental, Eduardo Rojas, como en su anterior novela, La mujer ladrillo (2016), levanta una melancólica relatoria casi magistral, donde la añoranza con que discurren cada una de sus frases no hace sino avivar el pobre desamparo en que yacen sus personajes. Al punto que Rojas, en su manejo de esta peculiarísima prosa, no solo frisa la obra maestra sino que hasta establece una modalidad para la narrativa hispana y que, tanto por su sencillez como por su hondura dolorida, podríamos llamar el «realismo poético».
Hacemos extensiva esta
invitación a los que deseen asistir, y pasar una tertulia literaria, entre
amigos y escritores. Los esperamos.
Madrid.- 18 de marzo de 2025
Por Gastón Segura
Un pícaro con peluca y chupa de damascos
Como ningún otro, su
apellido, Casanova, evoca al libertino, y si me apuran, incluso a una corte más
que su propio rey y emblema, Luis XV; aquella de las pelucas blancas y las
caras empolvadas con insinuante lunar en la mejilla. Sin embargo, pocos han
alcanzado hasta la última línea de las más de cuatro mil páginas que suman las
memorias —inconclusas por defunción— que le otorgaron esta nombradía, Historia
de mi vida (1798), a pesar de constituir, sobre sus pregonados lances de
coyunda, el más minucioso catálogo de los hábitos europeos, durante la segunda
mitad de aquel siglo llamado de las Luces. No en balde, se conservan en Praga
las detalladas anotaciones de estas andanzas de cuarenta años y aun de las
posteriores. En esos cartapacios figuran desde la compra del más insólito
adminículo hasta el abono de la más copiosa cena, suceda en San Petersburgo o
en Madrid, pasando por los imponentes Versalles y Sanssouci, sin escatimar
postas de aldea, truhanescas timbas de tugurio o tentadoras celdas de convento.
En cualquier parte donde se albergó este, sobre escritor, agudo farsante tanto
en lo íntimo como en lo social —ostentó el título de Caballero de Seingalt, se
ignora con qué legitimidad—, apuntó sus gastos y sus encuentros; siempre bajo
el sino de aspirante perpetuo a lograr un confortable acomodo en cualquier
palacio, fuese papal o imperial. Y cuando estas anotaciones las convirtió en su
truncada autobiografía, durante sus postreros años como bibliotecario del castillo
de Dux, en la alta Bohemia, expuso sin pudor y hasta con un atropellado gracejo
sus astucias de granuja y de conseguidor de lo más disparatado; valga al caso
que inventó la lotería para aliviar las estrecheces monetarias de aquel
antepenúltimo Capeto o si la situación apremiaba —circunstancia casi perpetua
en su trashumante vida— no despreció oficiar como confidente de la Inquisición
aun siendo masón o simulándolo a conveniencia. Ya ven, un consumado embustero,
pero tan humanísimo como Lázaro de Tormes, aunque con pretensiones y dengues
del gran señor que nunca consiguió ser, y que nos divierte casi a uña de
caballo porque nada lo detiene. De modo que, tras los nuestros, no encontrarán
otro pícaro más genuino, por páginas que lean, como Giacomo Casanova.
 Porque no olviden
que su ocupación más socorrida fue la de tahúr sin desdeñar los menesteres ya
mencionados, y aún tentar otros de mayor vitola como el de tratadista político
—ahí nos queda su Historia de las turbulencias de Polonia (1772)—, y hasta el
de nigromante, aun cuando desenmascarara en Soliloquio de un pensador (1786),
uno de sus casi treinta títulos —la mayoría en su dislocado francés—, al más
famoso de su tiempo, Cagliostro, y a otro no menos célebre entonces, el conde
de Saint Germain.
 Pues bien; en un
par de semanas se cumplirá el tricentenario de su nacimiento en Venecia, de
donde también huyó a los treinta años, como cuenta en su relato más popular en
vida, Historia de mi fuga de la prisión de Venecia llamada Los Plomos (1788)…
En suma; una existencia entre la trampa y el exceso, acorde con su estatura de
uno noventa, cuanto convertía en indisimulable su presencia, acompañada siempre
de una sarcástica retranca y de una insaciable glotonería que asombrará, dos
siglos y pico después, al mismo Camilo José Cela.
 Desde 2009
disponemos de la versión española del manuscrito original de sus memorias,
realizada para la editorial Atalanta por mi amigo Mauro Armiño, con un prolijo
aparato de notas y un amplísimo índice onomástico, que le valió el Premio
Nacional de traducción. Se precede de un espléndido prólogo de Félix de Azúa,
donde subraya el vitalismo proclamado, renglón a renglón, por quien había sido
rutilante centro de tantas tertulias galantes y que se veía, mientras los
escribía, preso de austeros y gélidos muros —hoy remozados de un ampuloso
rococó— y bajo los plúmbeos e interminables inviernos bohemios. Su época más
patética, retratada como una fantasía operística por Federico Fellini en su
Casanova (1976); la más desbordante y prodigiosa de las veintitantas películas
donde el gran libertino ha figurado como protagonista o, al menos, como
personaje sustancial, aun cuando prefiera La noche de Varennes (1982), de
Ettore Scola, donde Marcello Mastroianni nos lo torna sencillamente conmovedor.
 Esta novela de
Catherine Rihoit, elevada a extraordinario film por los ingenios de Scola y
Amidei, cuenta cómo, por un torpe accidente, Casanova se verá en una diligencia
que sigue la ruta de Luis XVI, recién escapado de Las Tullerías, y acompañado
de Restif de la Bretonne, el autor de Las noches de París (1788-94), la crónica
más vivaz de aquellos días del Terror revolucionario, y del también escritor
Thomas Paine, ferviente defensor de los nuevos e insurgentes tiempos con su
tratado Los derechos del hombre (1791). Feliz encuentro que, conforme avanza el
metraje, se convierte en una impecable alegoría sobre la caída de cualquier
régimen, pues los variados ocupantes del carruaje se nos descubren como la
representación de todas las clases sociales, con sus afanes y sus temores, ante
cualquier profunda mudanza social. Y al compás, certero retrato de aquel
decrépito Casanova, tan uncido por biografía y devoción al Ancien Régime, y
cuyo desdén por el ventarrón que sacude Francia es fiel resumen de los juicios
vertidos por los rincones de sus colosales memorias. En suma; un luminoso
homenaje, incluyendo su retruécano final del conocido cuento de Hans Christian
Andersen.
Artículo publicado por el "Imparcial" el 16 de marzo de 2025
*Gastón Segura, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia, Se trasladó a Madrid en 1990, donde ejerció diversos trabajos hasta que en 1990 se dedicó de lleno a la literatura.
Madrid.- 18 de marzo de 2024
SOLO CON EL FUEGO, de LUIS MARCELINO GÓMEZ
La editorial Betania, nos trae este título del escritor cubano Luis Marcelino Gómez
Sinopsis de SOLO CON EL FUEGO
Solo con el fuego es una
obra que rompe con el canon clásico de la novela. Es onírica, metafictiva,
polifónica, iconoclasta, carnavalesca. Tiene dos temas que confluyen, uno
contemporáneo (viaje desde Estados Unidos a los Llanos venezolanos), y otro
histórico (reinado de Felipe II de España). El punto de vista narrativo no es
convencional. Como trasfondo presenta el desprendimiento amoroso del
protagonista que llena su retiro con personajes, escenarios y aventuras.
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| Foto de X |
Luis Marcelino Gómez (Holguín, 1950). Escritor, psiquiatra y Doctor en Letras Hispánicas.Se desempeñó como profesor de Español, Portugués y Escritura Creativa en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill.
En 1985 se le confirió el Premio Nacional de Cuento en La Habana, Cuba. En 2007 fue Finalista del Premio de Cuento Juan Rulfo en París, Francia.
Bibliografía: Ha publicado varios poemarios, entre ellos Hambre de Pez (Betania, 1999) y tres libros de relatos: Donde el sol es más rojo (1994), Oneiros (2002) y Cuando llegaron los helechos (2009). Una narración suya aparece en la antología Isla tan dulce y otras historias. Cuentos cubanos de la diáspora (La Habana, 2002).
Editorial Betania-Colección NARRATIVA.
PV: 20.00 euros.
Madrid.- 18 de marzo de 2025
Por Ricardo Gil Otaiza
El señorío de la imagen
Hoy no importan tanto las
sinapsis neuronales logradas desde la reflexión y el estudio serio y sistemático,
sino el mostrarnos con poca ropa y así atraer automáticamente las miradas y los
likes
Busco en una página de la
Web el concepto de Imagología, y encuentro que se la define como “estrategias
de posicionamiento de imagen ante los públicos”, todo esto basado, como ha de
suponerse, “en conocimientos psicológicos, de comunicación, mercadotecnia,
Relaciones Públicas y negocios. Con la finalidad de enfocar los recursos hacia
la mejora y cambio de imagen de una marca, empresa o persona”. Y todo esto
viene a cuento, por tres razones fundamentales: terminé de leer la estupenda
biografía que escribió y publicó Florence Noiville, titulada: Milan Kundera. Un
retrato íntimo (TusQuets, 2024), en la que el extinto novelista habla de dicho
concepto, y su visión con respecto al mismo era la de la obsesión por la imagen
y la comunicación, y que para él sustituye a la ideología (y yo diría que a las
ideas). En segundo lugar, porque termino de ver en un viejo video (1979) una
entrevista que se le hizo al autor de Pedro Páramo y El llano en llamas, el
mexicano Juan Rulfo, y mi gran conclusión luego del disfrute de esta pieza
antológica de la comunicación, es que en este autor había un afán de no hacerse
notar, de pasar desapercibido, de bajar las expectativas de quienes se le
acercaban con inmensa admiración e intentaban halagarlo desde la peligrosa
trampa de la hipérbole. En tercer lugar, porque tengo en proceso de lectura un
librazo: Benedicto XVI. Últimas conversaciones con Peter Seewald (Ediciones
Mensajero, 2016) y en él Joseph Ratzinger, el gran papa alemán, minimiza en
cada oportunidad su papel protagónico y los méritos que le atribuimos sus
seguidores y admiradores (entre ellos Seewald). Hay, en sus respuestas, si se
quiere, el ánimo, la intención y la fuerza interior de dejar sentado para la
“posteridad” (en la que no creo, ya lo dije en esta columna) que era un ser
humano como el resto, que sus logros y hazañas intelectuales (libros,
encíclicas, estudios, discursos y carrera como Cardenal y Pontífice) fueron el
mero producto de un esfuerzo continuado que dio “algún resultado”.
Me interesa el tema,
porque en nuestro tiempo histórico es la imagen y su posicionamiento con fines
diversos (a veces, francamente deleznables), el eje alrededor del cual gira el
interés civilizatorio. Cuan más quiere mostrar y mostrarse, hacerle ver a los
otros (y al mundo) lo “importante” que es, la valía que tiene, lo mucho que
gana y las propiedades que posee; hay, obviamente, ostentación, burda
manipulación mediática, interés por impactar desde la imagen que muestra,
aunque no haya mucho de fondo ni de contenido. Somos presas del poder de la
imagen, a veces sus esclavos, consumimos horas en ver las pantallas de nuestros
móviles y quemamos un tiempo precioso que podría servirnos para alcanzar,
sólidamente, nuestros objetivos personales. Hoy no importan tanto las sinapsis
neuronales logradas desde la reflexión y el estudio serio y sistemático, sino
el mostrarnos con poca ropa y así atraer automáticamente las miradas y los
likes, que nos llenan de falso orgullo y de la vaga sensación de logro, pero
que al final caen en el vacío. Claro, transijo, muchos monetizan así, es decir:
por tantos seguidores y descargas el sistema y el algoritmo van sumando
numeritos (y más seguidores), lo que a la postre se transforma en divisas, y
son muchos los que desde su supina vulgaridad han alcanzado una notoriedad que
ya muchos investigadores, académicos, profesionales y artistas (entre tantas
categorías), quisieran alcanzar. Nuestro mundo está al revés, nada es lo que
debería ser, aunque en este orden comprenda que todo ha cambiado en los últimos
años y que los referentes no sean los mismos del pasado, siento que no estamos en
el camino correcto, que desviamos y equivocamos el rumbo, que vamos directo al
fracaso, y de no parar o enmendar la tarea, tendremos un mundo enloquecido, en
el que la imagen, y solo ella, sea el aval que nos empuje a seguir, aunque esté
construida sobre medias verdades y falsas premisas.
Volviendo al comienzo,
cuando analizo los tres casos esbozados (Kundera, Rulfo y Ratzinger) siento que
ellos sí tenían muy claro su papel, su égida y su impronta, y para nada estaban
interesados en mostrarse al mundo “inflados”, mediatizados y exaltados, aunque
todos sepamos que dejaron un legado inmenso en sus respectivas áreas, y que su
contribución fue sencillamente magistral e imperecedera. No sé en realidad si
cada uno de ellos en su trato directo fuera arrogante, altanero o distante,
pero lo que sí sé (y sabemos) es que la imagen que deseaban proyectar era de
una sencillez impagable, de una horizontalidad precisa y de una diafanidad que
hoy nos conmueven. Me imagino que como artistas (los dos primeros casos) y como
religioso (el tercero) estaban conscientes de su propia valía, de los límites
entre lo anhelado y lo conseguido desde el esfuerzo, de lo trascedente e
intrascendente en sus caminos, pero no usaban la imagen como instrumento de
exaltación, ni de manipulación.
Ahora bien, no deseo dejar
aquí la sensación de que estoy en contra de la imagen como mecanismo de la
comunicación (todo ello lo he estudiado, tanto en maestría como en el
postdoctorado), pero lo que sí anhelo transmitir, es que hacer un uso equivocado
de ella nos podría llevar al abismo (fraudes, estafas, distorsión de la noción
de la realidad, frustración, desengaño, bloqueo, y paremos de contar), o ser
víctimas de sus encantos. La imagen por la imagen misma (su señorío) no es lo
ideal ni lo sano, porque se parte de la falsa premisa “que somos sólo lo que
proyectamos”, cuando sabemos de sobra que dentro de cada uno de nosotros bulle
todo un mundo de posibilidades, que una imagen muchas veces no está en la
capacidad de transmitir de manera correcta (por exceso o por defecto). Diría
que la imagen y su cotejo certero con el accionar en cada ámbito (ejecuciones y
obra), podrían erigirse en una dupla interesante, que nos conduzca, sin mayores
riesgos, por el camino de la realización personal y del éxito.
rigilo99@gmail.com
Madrid.- 12 de marzo de 2025
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| Foto:LaGateraPress |
Presentación de la I Feria del Cómic de Madrid
Se ha presentado oficialmente la I Feria del Cómic de Madrid, ayer a mediodía. Durante los días del 27 al 30 de marzo, se llevará a cabo en el Matadero Madrid, y está organizada por el Área de Cultura, Turismo y Deporte del Ayuntammiento de Madrid y la Asociación de Librerías de Madrid, en colaboración con la Fundación Germán Sánchez Ruipérez
Luis Miguel Tigeras, presidente de la Asociación de Librerías de Madrid, la delegada de Cultura del Ayuntamiento de Madrid, Marta Rivera de la Cruz, y la comisaria Elisa McCausland, han hecho hincapié que no había, esta feria, ya que siendo una gran tradición en el mundo de la historieta, se sienten orgullosos y felices, de haber organizado esta primera Feria del Cómic.
Será un encuentro para los amantes del cómic, creadores, creadoras, editoriales y librerías especializadas, celebrando la riqueza y diversidad del noveno arte. Como parte activa de la industria del entretenimiento incluye desde superhéroes hasta manga.
Uno de los momentos más
esperados será la conversación inaugural con el diseñador gráfico
estadounidense y colaborador de The New Yorker Richard McGuire, autor de Aquí,
quien abrirá la Feria como invitado con una charla junto a la periodista de la
Cadena SER Pepa Blanes y Elisa McCausland, seguida de la proyección de la
adaptación cinematográfica de su obra, Here, dirigida por Robert Zemeckis.
Durante los cuatro días,
el público podrá disfrutar de mesas redondas, entrevistas con los autores y
autoras, talleres, proyecciones de cine, asi como también los programas de
radio y pódcasts en directo.
Matadero Madrid, del Paseo
de La Chopera 14, metro Legazpi.La entrada es gratis.













































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Me alegra ver de nuevo La Gatera. Le auguro larga vida. Me contenta ver a Dario Lancicni ..nuestro Dario Lancini venezolano--- rondando por La Gatera con sus geniales palindromos. Todos son magistrales, pero el que mas me gusta es ADAN ALABA LA NADA. Un saludo cordial de
ResponderEliminarGabriel
Agradecida por tu comentario, es un honor que visites el blog. Y no dudes en enviarme algún artículo o poesía, de tu valiosa creación. Saludos a Venezuela y seguimos en contacto.
EliminarHace solo unas semanas vi un comentario sobre el Dr. Azaka Solution Temple, alguien hablando sobre cómo la ha ayudado en su relación también lo contacté porque estaba enfrentando el mismo problema en mi relación, hoy puedo recomendar con valentía la solución del Dr. Azaka Templo para alguien que también enfrenta una ruptura en su relación para contactarlo hoy para obtener ayuda porque me ha ayudado a restablecer mi relación a la normalidad, aquí están sus datos de contacto: Azakaspelltemple4@gmail.com o whatsapp +1(315)316-1521, gracias señor Dios lo bendiga.
ResponderEliminarTambién es importante no desanimarse si las cosas no salen según lo planeado. Las solicitudes de préstamo pueden ser rechazadas por diversas razones, y esto no significa necesariamente que una persona no sea solvente. En estos casos, puede ser beneficioso buscar la ayuda de un experto financiero, como Daniel Heinz. Información: +49 176 3421 5369 o envíe un correo electrónico a la dirección de la empresa: danielmheinz5@gmail.com
ResponderEliminarGreetings:
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Reciba nuestros saludos. ¿Está listo para unirse a los Illuminati en busca de riqueza, fama, poder, protección, sabiduría y la satisfacción de todos sus deseos? Solicite su membresía Illuminati hoy mismo y disfrute de sus beneficios. Únase a nosotros hoy y comience a recibir $800,000 ($800,000) como su primer beneficio de membresía. Y aún hay más esperándole. Si está interesado o desea saber más sobre la organización, por favor responda con un SÍ. ¡¡¡Nota!!! La distancia no es una barrera para unirse a los Illuminati y no se realizan sacrificios humanos con sangre. Número de WhatsApp: +675 8169 4374 🔺🔺🔺
ResponderEliminarBIENVENIDO A LOS GRANDES ILLUMINATI. 🔺 Reciba nuestros saludos. ¿Está listo para unirse a los Illuminati en busca de riqueza, fama, poder, protección, sabiduría y la satisfacción de todos sus deseos? Solicite su membresía Illuminati hoy mismo y disfrute de sus beneficios. Únase a nosotros hoy y comience a recibir $800,000 ($800,000) como su primer beneficio de membresía. Y aún hay más esperándole. Si está interesado o desea saber más sobre la organización, por favor responda con un SÍ. ¡¡¡Nota!!! La distancia no es una barrera para unirse a los Illuminati y no se realizan sacrificios humanos con sangre. Número de WhatsApp: +675 8169 4374 🔺🔺🔺
ResponderEliminarQuiero unirme a los Illuminati de Nicaragua. Publicar comentario 2026.
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